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	<title>Ingmar Bergman archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Ingmar Bergman archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Caminando con Ingmar Bergman &#8211; Por Hugo Presman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2020 20:06:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hugo Presman]]></category>
		<category><![CDATA[Ingmar Bergman]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una crónica personal de Hugo Presman que camina por una Buenos Aires desierta, mientras reflexiona sobre la generosidad y la derrota de una generación, el retroceso brutal de Argentina, acompañado por Ingmar Bergman, con el recuerdo de dos de sus magníficas películas: “El séptimo sello” y “Cuando huye el día”. En su recorrido se encuentra con Woody Allen, Mario Benedetti y Jorge Luis Borges. La presencia omnipotente de la muerte en el escenario de la pandemia que es funcional al neoliberalismo. El doloroso parto de ingreso al siglo XXI y la gigantesca incertidumbre sobre el futuro.       </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/caminando-con-ingmar-bergman-por-hugo-presman/">Caminando con Ingmar Bergman &#8211; Por Hugo Presman</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Una crónica personal de Hugo Presman que camina por una Buenos Aires desierta, mientras reflexiona sobre la generosidad y la derrota de una generación, el retroceso brutal de Argentina, acompañado por Ingmar Bergman, con el recuerdo de dos de sus magníficas películas: “El séptimo sello” y “Cuando huye el día”. En su recorrido se encuentra con Woody Allen, Mario Benedetti y Jorge Luis Borges. La presencia omnipotente de la muerte en el escenario de la pandemia que es funcional al neoliberalismo. El doloroso parto de ingreso al siglo XXI y la gigantesca incertidumbre sobre el futuro.       </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Hugo Presman*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Camino en una Buenos Aires increíble, un sábado con sol otoñal. Voy caminando, desde Almagro, donde vivo desde hace cincuenta años, a mi oficina en Tribunales, para buscar elementos imprescindibles que necesito para mi otra profesión, la de Contador Público. Camino por calles desiertas en las que nos esquivamos cuando aparece otro ser humano, abriéndonos cada uno en sentido contrario. Aquel preciso slogan <em>“La Patria es el otro”</em> que acuñó Cristina Fernández, está suprimido en el tránsito peatonal. El enemigo es el virus, pero como es invisible y en cambio es muy visible el que pueda portarlo, el sospechoso es ese otro que puede contagiarnos. Ciudad espectral con calles vacías y gente con barbijos. El virus no sólo nos expropia las exteriorizaciones de cariño, los besos y abrazos, el acercamiento más cercano del apretón de manos que hoy se reemplaza por el distanciamiento social. El barbijo oculta la nariz y la boca y el caminante pasa a ser un cuerpo con ojos donde hasta la sonrisa ha sido proscripta. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El virus es tan perverso que cuando nos enferma y llega la ambulancia, esa despedida de la pareja o los hijos, puede ser la última. La soledad es la única compañía. Si la situación se agrava y se pasa a terapia intensiva, la soledad se incrementa mientras la muerte espera imperturbable, tan segura de su triunfo que da una vida de ventaja. En todo ese período los familiares del enfermo sólo reciben informes sobre la evolución de la enfermedad en tiempos impredecibles. Y si finalmente la muerte triunfa, la despedida final queda reducida a mínimas expresiones en el cementerio. La cuarentena y el temor al contagio son barreras inexpugnables. Solo se muere, casi solo te despiden. Si la vida es un milagro, la muerte es un misterio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Camino por esta ciudad que amo y que transito desde el año 1964, cuando llegué de Entre Ríos, para ingresar a la Facultad de Ciencias Económicas y empecé a vivir en una pensión de Córdoba y San Martín. La vida era estudio y militancia política, junto a una inmersión profunda y constante en la vida cultural de una ciudad que en la materia no tiene nada que envidiarle a Nueva York, Londres o París. Y mientras camino no puedo evitar lagrimear sobre una derrota gigantesca de una generación generosa (y en vastos sectores equivocada en los métodos), que decidió por diferentes medios cambiar una sociedad que hoy sería una meta a llegar y no un punto de partida, como entonces, para transformarla. Allá, en los primeros años de los setenta, la pobreza y la desocupación no llegaban a 5%.  Es cierto que las mayorías populares estaban sin representación política porque Perón estaba proscripto y exiliado, y que muchos de los aspectos de la democracia post 1983 no existían. La resistencia peronista escribía páginas memorables, pero incluso con los aspectos muy regresivos de las dictaduras de 1955 y 1966, la fortaleza del modelo engendrado de 1945-1955 resistía a ser desmantelado. Pero más allá de gobiernos que fueron islas de reconstrucción política y económica, la destrucción de la dictadura establishment-militar, el menemismo y el macrismo, han reducido al país a una colonia con cifras económicas y sociales pavorosas. Lo que se destruye con convicción no logra ser reparado con las limitaciones y fenomenales obstáculos que se levantan contra los gobiernos populares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Camino por la calle Sarmiento desolada y en esta Buenos Aires espectral de la pandemia, no puedo evitar un escalofrío pensando la hecatombe económica planetaria que dejará esta crisis sin precedentes. Nuestro país en términos de pandemia tenía todos los factores de riesgo que se mencionan para las personas, después de los cuatro años de Cambiemos: inmunodeprimido, presión alta, diabetes, problemas cardíacos, insuficiencia renal, y la lista sigue y es muy extensa. Por eso el futuro es mucho más incierto de lo que es habitualmente en la Argentina. Con caída estruendosa del PBI, aumento importante de la desocupación y centenares de empresas que van a cerrar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo único seguro es que el antiperonismo visceral acompañará al peronismo como la sombra al cuerpo. Incluso es fácil imaginar que un joven de 20 años que en el 2040 le pregunte a su abuelo porteño y gorila cómo fueron aquellos años de la pandemia, éste le responda: “Fue la época en la que los peronistas nos mantuvieron presos en nuestras casas.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estamos transitando los primeros meses del siglo XXI. Buena parte de lo que ahora añoramos de la vida cotidiana se quedaron en el siglo XX. Mientras camino, más que por una ciudad por un cambio de siglo, hago un alto y leo un párrafo de un buen trabajo de Ignacio Ramonet, referido al planeta: “Lo que parecía distópico y propio de las dictaduras de ciencia ficción se ha vuelto “normal”. Se multa a la gente por salir de su casa por salir de su casa a estirar las piernas o por pasear el perro. Aceptamos que nuestro móvil nos vigile y nos denuncie a las autoridades. Y se está proponiendo que quien salga a la calle sin su teléfono sea sancionado y castigado con prisión” Se me empañan los anteojos y supongo que estoy leyendo no un ensayo sobre lo que sucede, sino un párrafo de alguna novela de Ray Bradbury o Isaac Asimov.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Camino por la calle Corrientes desierta, entre desconcertado y estupefacto. Y de pronto siento que el director sueco Ingmar Bergman camina a mi lado. El genial director sueco cuyo mayor reconocimiento fuera de su país se realizó en Montevideo y Buenos Aires. Fueron Homero Alsina Thevenet, un periodista y crítico uruguayo radicado en Buenos Aires quien “lo descubrió”, y luego Alberto Kipnis quien de boletero pasó a programador del cine Lorraine, un templo cultural cinematográfico de la calle Corrientes, donde Bergman alcanzó el nivel de un director de culto. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://democresia.es/wp-content/uploads/2018/02/TheSeventhSeal1_source.jpg" alt="El Séptimo Sello: el silencio de Dios y la existencia en Ingmar ..." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>EL SÉPTIMO SELLO </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recuerdo a esa película filmada en el año 1957. Bergman ubica el escenario en Suecia, en la época de las Cruzadas, plena Edad Media, siglo XIV. La enfermedad se desarrolla con intensidad entre 1348 y 1351. Europa estaba asolada por la peste negra, que exterminará, siendo optimistas, alrededor de un tercio de la población europea. Años antes se había producido una matanza generalizada de gatos considerados encarnación de Lucifer, lo que allanó el camino a la proliferación de las ratas. La peste entra por la bellísima Venecia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Regresa de Jerusalén un caballero llamado Antonius Block con su escudero Jons. Block dice: “La peste es el horror de todos. El apestado intenta arrancarse el bubón que le sale en el cuello.” Es como consecuencia de que las pulgas que transportaban las ratas al picar producían una inflamación de los ganglios. Eso originaba fiebre altísima y los bubones negros en distintas partes del cuerpo. Block relata que los afectados trataban de arrancarse con las uñas los bubones y al romperse el líquido tenía un olor hediondo. El cruzado que se había salvado de morir en distintas batallas, a su regreso es sorprendido por la presencia de la muerte. Decide jugar su vida con La Parca en una partida de ajedrez. Y así se van registrando en distintos momentos los movimientos de las piezas en el tablero de la partida. Mientras tanto el fundamentalismo religioso, la ignorancia de la época, las procesiones con castigos, flagelaciones, muestran el miedo y la desorientación. Block es creyente pero racional. Dice: “Quiero entender, no creer”. En un momento intenta confesarse y cuenta su próxima jugada ajedrecista, pero no es el cura quien lo confiesa sino la muerte quien le advierte que ya sabe cuál es la próxima jugada. Así<em> La Invencible </em>desbarata la jugada y lo deja cerca de un jaque mate.  Block intenta voltear las piezas del tablero, para ganar tiempo y salvar a una pareja joven y lo logra, pero la muerte reconstruye la distribución de las piezas. Le advierte que la próxima vez le dará el jaque y se llevará a él y sus amigos. Cuando Block le pregunta sobre ella, la muerte le responde: <strong>“Yo no tengo nada que revelar.  Yo no soy nada”.</strong> Y poco tiempo después cumple su palabra. Bergman, quien se interroga a lo largo de muchas de sus obras sobre la existencia de Dios, aquí da tal vez una respuesta, poniéndola en boca de la muerte: “yo no soy nada”. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sigo caminando por Corrientes y doblo por Paraná. Me pregunto ¿no estamos jugando todos, una partida de ajedrez con la muerte? A pesar de los notables avances científicos, el único medio preventivo es la cuarentena como en la peste negra, casi 800 años antes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me sorprende y me alegra una ráfaga de optimismo porque después de la peste negra hubo una revalorización de la ciencia y una profunda crítica a las religiones dogmáticas. Un siglo después llegó el Renacimiento ¿pasará lo mismo ahora? ¿Tendremos una sociedad donde se privilegie lo público, desde la salud a la educación, donde se tienda a la real igualdad de oportunidades, donde el Estado se considere mayoritariamente una propiedad colectiva y respetada, donde los científicos sean valorados y los trabajadores el núcleo fundamental de una sociedad, en el que los grandes empresarios tengan una visión de país inclusivo y se consideren parte y no los dueños del país, con una justicia que no sea la prolongación del poder económico, con medios que no sean meros voceros del establishment, con viviendas dignas para todos?  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me sonrío. Esto sería mucho más sorprendente en el futuro que lo escrito por Ramonet sobre el increíble mundo actual diseñado por la pandemia    </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://inmendoza.com/wp-content/uploads/2018/08/unnamed-4.jpg" alt="Cuando huye el día – INmendoza" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>CUANDO HUYE EL DÍA </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vuelvo por Lavalle. Tengo más de 70 años. Soy integrante de un grupo denominado “de riesgo”; eso que el neoliberalismo denomina descarte. La pandemia es funcional al neoliberalismo: ataca a los viejos aliviando el peso de los sistemas de previsión social al tiempo que se multiplica entre los pobres disminuyendo la gente que hay que subsidiar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En términos futbolísticos estoy jugando tiempo complementario. La pandemia es como el incidente en una cancha que obliga a suspender por un tiempo el partido cuando nuestro equipo está perdiendo 2 a 0. Sueño con vivir los años que me quedan, pudiendo abrazar y besar cuando quiera, a mi compañera, a mi hijo, a mi nuera, a mi nieto, a mi hermana y su marido, conversar cara a cara con mis amigos; viajar, irnos de nuevo de vacaciones; leer (me quedan tantos libros que quiero leer antes de la partida, tantas notas por escribir). Todo arrasado por el corona virus. La pandemia, para los viejos, es como saltear el tiempo complementario de un partido de fútbol e ir a definir directamente por penales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este regreso a Almagro, otra vez siento que me acompaña Ingmar Bergman. La película también es de 1957. Su nombre original fue <em>Fresas Salvajes</em>. Aquí se la denominó mejor: “<em>Cuando huye el día”.</em> La vi en Concordia en el cuarto año del secundario cuando apenas tenía 17 años. Un mundo mucho más lejano que los 58 años pasados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es la historia de un médico en el otoño de su vida que tiene que ir a recibir una distinción. Y tiene un sueño. Está en una calle desierta como esta Buenos Aires que camino. Hay un silencio absoluto. No hay banda sonora. Quiere saber la hora, pero el reloj que está en la calle carece de manecillas. Mira su reloj de bolsillo, después de levantar su tapa y también carece de manecillas. Cae un poste de la luz pública. De pronto se escuchan los cascos de los caballos sobre el empedrado. Es un coche fúnebre. Cuando pasa delante de él, cae el ataúd y se corre la tapa. El médico se acerca para mirar al muerto. Observa que es él mismo quien le estira la mano para introducirlo en el cajón. En ese momento se despierta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada más parecido a la muerte que la ausencia del tiempo, de los relojes sin manecilla.           </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En Lavalle y Pasteur me despido de Ingmar Bergman y me encuentro con Woody Allen en Plaza Miserere. Le cuento lo que acabo de pensar y luego voy a escribir, y me dice socarronamente: “No le tengo miedo a la muerte. Sólo que no me gustaría estar ahí cuando ella venga”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Camino por Rivadavia, y llegando a Medrano,  Mario Benedetti se abraza con Jorge Luis Borges y escucho que el escritor uruguayo recita: “Tus ojos son mi conjuro/ contra la mala jornada/ Te quiero por tu mirada/ que mira y siembra futura/ Tu boca que es tuya y mía/ tu boca no se equivoca/ Te quiero porque tu boca/ sabe gritar rebeldía”. El argentino, con su humor entre irónico y metafísico, con su decir balbuceante e ingenioso,  le responde: “Nada mejor que una muerte para mejorar una vida.”    </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Coconductor del programa radial EL TREN, con más de 16 años en el aire. Contador Público recibido en UBA. Fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la misma Universidad. Es Periodista. Sus trabajos son publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Es autor del trabajo de investigación <em>“25 años de ausencia” </em>y participó con trabajos en los libros <em>“Damián Carlos Álvarez Pasión por el libro”</em> e <em>“Insignificancia y autonomía”.</em> Debates a partir de Cornelius Castoriadis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Además es coautor del libro <em>“Bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Emancipación Americana».</em></span></p>
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		<title>TANTEOS EN LA SOMBRA 10 – De la interna al silencio &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Jul 2022 04:22:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
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		<category><![CDATA[Universidad de la Ciudad]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Acerca de la “interna” en el Frente de Todos, la “Universidad de la Ciudad” como proyecto de producción de engendros empresariales, y el silencio como necesidad y como refugio, y hasta como estrategia.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Me resulta muy extraño, y poco interesante, el asunto de las pugnas en el FDT –las que se producen en JxC carecen de relieve “histórico” diría, son meras cuestiones de poder, mientras que las que ocupan la escena en el campo de la izquierda son esperables- o sea lo que en la jerga política local se conocía como “internas”. Lo siento como la expresión de un llamado al fracaso: a la mitad del mandato de una administración que apenas ha podido respirar brotan las discrepancias, que no se sabe bien en qué consisten pero que han de ser gravísimas o bien intrascendentes, se puede elegir unas y otras para explicar que hayan surgido cuando parecía, languideciente –ojalá- la pandemia, que se podía esperar el esplendor del gobernar. Brota como para que no se pueda, incontenible manifestación de actitudes finalistas, las puertas del fracaso abiertas y luego un laborioso recomenzar como, tediosamente, tantas veces ha ocurrido. Y no es cuestión de echar culpas me parece, ocurre fatalmente en experiencias de esta índole, por oposición al drama, si es que lo es, de las derechas, que jamás frustrarían voluntariamente la posibilidad de recuperar lo que pueden haber perdido, vaya uno a saber si realmente perdieron algo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No sé si ya existía o es una novedad una llamada “Universidad de la Ciudad”. Se ve, si es el anuncio de algo nuevo, que la ciudad, o sea la CABA por mal nombre, no quiere quedarse atrás respecto de las nacionales que proliferan en los alrededores de Buenos Aires aunque lo que ofrecen es una muy otra cosa. Las nacionales se sabe lo que son y lo que buscan, ésta hace propaganda, quiere vender. Su filosofía, o sea los fundamentos de su creación y su propuesta es un conjunto de afirmaciones recogidas de lo que podría llamarse el discurso progre: no aranceles, no exclusiones, investigación, intereses nacionales, formación para la competencia, etcétera, ninguna novedad que pudiera ser cuestionable: palabras, palabras, palabras. Llama la atención que en el ofrecimiento de las carreras junto a sus nombres, “Profesorado Universitario ‘para’ el secundario” es un ejemplo, aparece, en todas, esta preposición, “para”, como si estuviera clara la finalidad del curso que se quiera seguir y, además, contrariamente a lo que se espera de las universidades ya establecidas, el nivel que sería académico, aquí es la enseñanza secundaria: formación para enseñar. El lenguaje es melifluo, como de buena gente, como si se quisiera hacer pasar como Universidad lo que podría ser una preparatoria pero, aceptada como Universidad, pasa a formar parte del conjunto, el CIN, con voz y voto, lo mismo que poseen en ese conjunto las más viejas y consolidadas. El objetivo no deja de ser político y se parece bastante, aunque en mayor silencio, con la que pasó y pasa en el Consejo de la Magistratura. Tal vez no sea para desconfiar; en todo caso, parece evidente que el espíritu que guía a esta Universidad es muy semejante al que rige las diversas Universidades, o algo así, de la empresa, creo que así se llaman, y otras semejantes, cuyo proyecto, su telón de fondo es el ”animus macristae”, es producir engendros empresariales, robots del dinero y olvídense de pensar, de saber y de comprender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Vi, con reticencia y temor, en altas horas de la noche y en el compacto silencio del frío del mes de mayo, la película de Bergman “Persona”. Con temor pues sabía que podía hacerme daño esa situación angustiante de una mujer que no habla, no quiere o no puede, sencillamente no sale sonido de su boca. Pero más que eso temor a sentirme por debajo de la densidad filosófica que propone, de acobardarme por mi propia superficialidad que, con benevolencia, puedo creer que obedece a que yo soy solar, o de tierra cálida, y la hondura es propia de los países fríos en los que la muerte vigila a todo lo que camina y conduce a pensar sólo en eso, como si eso fuera el objeto y la materia del filosofar. Creo que eso, esa peligrosa densidad no está ausente en lo que puede desencadenar el silencio de esa mujer, que no parece arbitrario, no está fuera de una historia y quizás de lo que la llevó a ese gélido rincón de un sí mismo: ese silencio es helado y no ratifica nada, no lleva a ninguna conclusión, de nada sirve la vieja y gastada relación del efecto y su causa. ¿Impotencia del psicoanálisis? ¿O Suecia como zona atormentada y en el cine de Bergman metaforizada por las rocas sobre las que se vuelca un mar feroz y la nieve que, por su lado, encarna igualmente un silencio invencible? Porque si el mar ruge la nieve calla y nada se puede reclamar. ¿Es difícil ser, o es sólo incomprensible, así como somos todos incomprensibles en nuestros intentos de ser? El silencio, entonces, como angustiosa respuesta en ese caso pero, por otro lado, indispensable como la pausa, como lo que hace inteligible la voz humana. Y más aún, el silencio como necesidad y como refugio y hasta como estrategia, ”sobre lo que no se puede hablar es mejor callar”, sostenía Wittgenstein en una frase que se consagró, y el remoto Abate Dinouart, que proclamó “El arte de callar”. Y, por fin, un silencio que “aturde”, como me señala Facundo Giuliano y que, por lo tanto, obtura una revelación que se espera y no se produce cuando de quien se espera, como Cristina Fernández, que hable, guarda silencio cuando debería saltar la voz que lo rompiera y diera lugar a una decisión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay tres caminos que recorremos durante nuestra vida: el de las obligaciones, el de las rutinas y el de los atractivos. En ciertas ocasiones se entrecruzan, un atractivo puede convertirse en rutina, una obligación en atractiva, depende, creo, de momentos y circunstancias y de cómo se encaran. En su conjunto, discurrir sobre estos conceptos permitiría comprender, así sea muy parcialmente, un poco más en qué consiste vivir y, en los actuales tiempos, sobrevivir. Las obligaciones no son equivalentes a la necesidad: hay algunas impuestas por la vida social, pagar los impuestos por ejemplo, votar; otras son las que cada uno se impone, cuidar a un enfermo, respetar normas de salud, aprender y cientos más, difícil enumerarlas. Pasamos gran parte de nuestro tiempo cumpliendo con ellas aunque también puede suceder que algunas adquieran otro carácter, verificar que el Banco no se haya aprovechado de nuestros errores nos puede generar cierto placer, votar por determinado candidato nos puede regocijar y así siguiendo. Las rutinas son más difíciles de abordar: se trata de la repetición de ciertos actos que no es que carezcan de sentido ni de función pero lo que las caracteriza es que se establecen, comienzan con actos que parecen justificarse y que luego es difícil abandonar; lo obvio de su efecto es en parte la autosatisfacción de quien las realiza, preparar diariamente el desayuno, tomar todas las píldoras, llamar a la familia o pasear todos los días con el perro o cumplir con determinados ritos, los cumpleaños, produce cierto ambiguo placer, es posible que se sienta que las rutinas son como riendas que dirigen la cabalgadura que somos y de las que no podemos, ni queremos liberarnos porque completan de algún modo el empleo del tiempo sin que estrictamente sean una admisión de lo que es vivir el tiempo y en el tiempo, en otras palabras la vida misma. El camino de los atractivos es, en principio, el del espacio de la libertad: se produce y parece, por eso, ser elegido pero quizás esté sólo determinado por la naturaleza: para un niño que despierta a la vida todo es atractivo, la cara de los padres, el sonido del cascabel, la hoja que cae y, luego, el dibujo que se diseña, el libro que se lee, el amigo que apunta, el temblor de la mirada del otro, el juego. Pero con el paso del tiempo otros objetos devienen atractivos, incluso algunos obligatorios y rutinarios hasta que comienza a disminuir esa energía y de pronto, sorpresivamente, muchas cosas que la tenían pierden intensidad, poco va quedando, el universo se va achicando y poco y nada atrae. Y si esto describe un recorrido no es de desdeñar el papel que desempeñan ciertos acontecimientos que poseen un poder vampírico, la decepción, la renuncia, la enfermedad por ejemplo: no es un misterio que la pandemia ha desempeñado ese papel sin que en la mayor parte de los casos se lo haya medido del todo y atenuado su efecto devastador. Quizás se termine pero quedará un regusto a un “ya no más”, a “ya no importa”, amigos, &nbsp;bellezas, sobresaltos, sueños. </p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 23 de julio de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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