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	<title>ideología archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Tue, 05 Oct 2021 00:22:56 +0000</lastBuildDate>
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	<title>ideología archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Bolsonaro o el Regreso de las Ideologías &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Nov 2018 17:26:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[Bolsonaro]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[ideología]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carlos Caramello sostiene en esta nota que Jair Bolsonaro no encarna lo antipolítco sino que, muy por el contario, expresa la política de la ideología explícita, la barbarie serial y las promesas de violencia fáctica.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/bolsonaro-o-el-regreso-de-las-ideologias-por-carlos-caramello/">Bolsonaro o el Regreso de las Ideologías &#8211; Por Carlos Caramello</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Carlos Caramello sostiene en esta nota que Jair Bolsonaro no encarna lo antipolítco sino que, muy por el contario, expresa la política de la ideología explícita, la barbarie serial y las promesas de violencia fáctica.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em> </em></strong><strong>Por Carlos Caramello*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>La visión de la vida </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>ha devenido en la ideología </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>que crea la ilusión </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>de que ya no hay vida.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Theodor Adorno</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No tengo nada que ver con Jair Bolsonaro. No podría estar más en las antípodas de su pensamiento y su acción. Detesto su misoginia explícita, su homofobia de homosexual reprimido, su xenofobia tan idéntica al miedo <em>al otro</em>, su desprecio por los pobres, los discapacitados, los débiles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siento una repugnancia sorda por este personaje. A la distancia, sin haberlo visto más que en algún video por las redes, reconozco en él la síntesis de esas personas con las que siempre siempre tuve (y tendré) problemas <em>de piel</em>. Me espanta. Me enferma. Su triunfo es lo peor que me ha pasado en un año particularmente malo para la Argentina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero&#8230; ¡Atención! Bolsonaro es la Política. Al menos, la base de la política, que es la Ideología. No se dónde andará esa <em>melange</em> de japonés con Harvard llamado Francis Fukuyama pero, donde esté, quiero avisarle que no sólo no han muerto las ideologías sino que han regresado para ganar elecciones y adueñarse de las construcciones políticas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“<em>Creíamos que Adolf Hitler había perdido y no es verdad. Perdió una batalla, pero todavía gana sus guerras. Los líderes Rodrigo Duterte (Filipinas), Jair Bolsonaro, Donald Trump, Matteo Salvini (Italia) y Víktor Orbán (Hungría) representan los signos de un nazismo emergente y triunfante en todo el mundo</em>”, sostiene el filósofo italiano Franco Berardi, autor de <strong><em>La Fábrica de la Infelicidad</em></strong>, una despiadada crítica al neoliberalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿De dónde sacan, entonces, los <em>analistas cool</em> que Bolsonaro es la anti-política? ¿Tienen un corpiño en los ojos, que no ven? ¿Una bigornia en los oídos, que no escuchan? ¿Piensan que el Nacional Socialismo fue <em>antipolítico</em>? El Partido Nacionalista Obrero Alemán obtuvo, en 1933, casi el 44% de los votos, 288 escaños, lo que le dio a Hitler la mayoría necesaria para gobernar a su antojo, con la esperanza de que sacara a Alemania del estancamiento político y económico en el que se hallaba desde 1930. O sea…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El nuevo presidente de Brasil es de todo menos la negación de la política. Tal vez se lo pueda definir como lo <em>anti-stablishment político</em>. Porque en lugar de bailar un minué con reverencias, ha ido al hueso de lo ideológico. No hay medias tintas en él. Cortito y al pie. Brutal, en el sentido más amplio de la palabra. Feroz en sus concepciones. Bestial en su manejo discursivo. Bárbaro por donde se lo mire… pero, político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No en el sentido de la negociación (insisto), que, de negociar, nada. Pero sí en lo que la mayoría de los mortales -que no pertenecen al áulico círculos de los <em>partidos pseudo social demócratas</em> de estos tiempos-, entienden por política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Bolsonaro es un muestrario de posturas ideológicas extremas. Un abanico de negros y blancos. Un nazi con todas las de la ley. Nada de fascismo disfrazado de progresía. Nada de mentirillas de campaña. Nada de marketing del engaño. Así, a lo bestia. Sin medias tintas, sin dobleces.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y claro, seguramente no es esto lo que le gusta a la política melindrosa de la posmodernidad. Pero: ¿y a los que votan? Esa frontalidad parece deslumbrarlos. Cansados, quizá, de tanto mensaje endulzado para <em>envaselinarles las resistencias</em>, el Pueblo, posiblemente prefiera este tipo de animales que les va de frente. O, por lo menos, lo prefiera por un rato: el necesario para ganar en las urnas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Habría que preguntarse, entonces, qué piensa hacer la <em>política sensible</em> frente a estos mensajes. Porque Trump ganó más o menos con las mismas herramientas y contra el mismo stablishment partidario-empresarial. Y Putin asumió su cuarto mandato con argumentos similares. Y nada tiene que ver con el costado ideológico de Donald ni de Jair.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Pasa por expresar una ideología con claridad; con rigor; con pasión? ¿Y de hacerlo de verdad? ¿Y mantenerlo a rajatabla? Preguntas retóricas. No importa si la progresía intelectual de los medios se tapa la boca y abre los ojos copiando el gesto de los emojis de sorpresa; ni si el Mercado levanta su dedo acusador (el mismo que usa para <em>violar</em> <em>consumidores</em>): el buen entendedor (léase Pueblo) quiere más autenticidad y menos corrección. Eso es la Política como la entiende la mayoría de los mortales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso Bolsonaro gana de la mano de la <em>ideología explícita</em>. De la <em>barbarie serial</em>. De las promesas de <em>violencia fáctica</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De <em>esa</em> Política… que no hacen el resto de los políticos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de Noviembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros <em>“Zonceras argentinas al sol”</em> y <em>“Zonceras argentinas y otras yerbas”</em>, y <em>“Los profetas del odio”. Conductor del programa radial Tuit-Eros, RadioHache.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Neoliberalismo: una Ideología que rechaza la política &#8211; Por Nora Merlin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Mar 2019 21:31:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nora Merlín]]></category>
		<category><![CDATA[ideología]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Odio]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nora Merlin afirma en esta nota que frente a la ideología neoliberal basada en el odio y desconectada de la verdad, la política irrumpe como herramienta de deconstrucción y transformación, y sostiene que en la batalla cultural que la democracia tiene como asignatura pendiente, habrá que arrancar el núcleo thanático de odio sedimentado por el neoliberalismo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Nora Merlin afirma en esta nota que frente a la ideología neoliberal basada en el odio y desconectada de la verdad, la política irrumpe como herramienta de deconstrucción y transformación, y sostiene que en la batalla cultural que la democracia tiene como asignatura pendiente, habrá que arrancar el núcleo thanático de odio sedimentado por el neoliberalismo.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Nora Merlin</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Slavoj Zizek, basándose en el psicoanálisis lacaniano, afirmó que la ideología constituye el marco a través del cual experimentamos y significamos el mundo. El “fantasma ideológico”, afirma, no es una ilusión falsa que oculta la realidad social, sino un soporte que la organiza y la estructura. Se trata de una construcción imaginaria que funciona como una pantalla que llena el vacío de lo que es imposible al saber. No se puede no tener ideología, a pesar de lo que profetizaba el neoliberalismo en los años ´90 sobre su desaparición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Planteamos que, si bien la ideología es un dispositivo singular, presenta como una de sus características que por vía de la identificación configura un sistema cerrado de ideas que tiende a hacer masa. No es que la masa “tiene” una ideología, sino más bien a la inversa: la ideología, sistema de ideas compartido, produce psicología de las masas. Los miembros colocan un mismo objeto &#8211; que puede ser una persona, una causa, una idea, etc. &#8211; en el lugar del ideal, que es la instancia desde donde cada uno se ve mirado, posibilitando que los integrantes se identifiquen entre sí. En la masa, el ideal es un punto nodal que totaliza, fija el sentido y produce la significación ideológica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La ideología conforma un sistema cerrado, uniforme, eminentemente libidinal, basado en la sugestión y la fascinación enamorada, que conduce a la servidumbre amorosa y acrítica. Freud advierte en su Conferencia 35ª (“En torno a una cosmovisión”) que la ideología puede transformarse en una cosmovisión que prohíbe toda indagación crítica y funcionar como una religión con reglas rígidas y consejos para la conducta en la vida. La ideología tiende a un funcionamiento totalitario en el que lo diferente se rechaza y se vuelve objeto de un odio apasionado. El objeto odiado vela el conflicto político y el antagonismo social se desplaza hacia la figura del enemigo interno que lo sustituye: el judaísmo en el nazismo y el kirchnerismo en la Argentina actual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fuerza fascinante de la ideología se fundamenta en la relación libidinal con el ideal, la satisfacción narcisista de los que funcionan como uno, el odio a lo diferente y la pasión por la ignorancia que es conservadora y opera instalando certezas inquebrantables. Por efecto de la ideología hay hombres inconmovibles en sus opiniones, inaccesibles a la duda e insensibles a los sufrimientos. Una ideología triunfa cuando los hechos que la contradicen son justificados como argumentaciones a su favor; un absolutismo indiscutible que sobrevive y se defiende contra toda prueba en contrario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un riesgo de la ideología es que se constituya en un sistema tan comprometido con el Bien, que llegue a convertirse en el mayor Mal, entendido como cualquier dogmatismo fanático. El Mal en general se ejerce en nombre del supremo Bien y va de la mano del odio a todo lo que no se corresponde con esa idea del Bien.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La política en cambio es discursiva y tiene como condición permanecer como una causa abierta sin conformar un sistema.  La política y la ideología no se complementan, más bien la primera agujerea a la ideología, que tiende al cierre imaginario sin fisuras. La política es la herramienta que impide que lo ideológico funcione como un imperativo moral, una sustancia hipnótica que obliga a adormecerse y permanecer en una ceguera viscosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El fin de las ideologías anunciado por el neoliberalismo de los ´90 no se cumplió, ese sistema no fue solo la implementación de un modelo económico sino también de una ideología que se fundamenta en el rechazo de la política, lo que condujo al “colmo de la ideología”. El neoliberalismo logró avanzar a nivel global, imponerse en las culturas y manipular lo social por la violencia que implica una concentración de poder económico, jurídico, militar y comunicacional. Un dispositivo ilimitado que se apropia de los Estados, se disfraza de ley y en lugar de regular el consumo y el odio entre los semejantes, administra las directrices impartidas por el poder financiero sobre los cuerpos. Un funcionamiento “como si” de las democracias y de los mecanismos políticos de regulación, deja que el mercado decida y gestione el modelo de vida y de muerte de la población, quiénes y cómo deben vivir o morir. Se trata del cálculo thanático de la exclusión llevado hasta sus últimas consecuencias: una parte de la población no tiene lugar, sencillamente “no entra”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Frente a la cínica ideología neoliberal basada en el odio y desconectada de la verdad, la política rechazada retorna, irrumpe como herramienta de deconstrucción y transformación. En la batalla cultural que la democracia tiene como asignatura pendiente, no alcanzará con refutar la ideología neoliberal situando el texto ideológico, no será suficiente con denunciar cómo se naturalizaron prácticas mostrando la red simbólica. Habrá que arrancar el núcleo thanático de odio sedimentado por el poder neoliberal, aislarlo, sacarlo del contexto gracias al cual ejerce su poder de fascinación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En una cultura organizada por Eros, por la política, y no por la ideología neoliberal, la humanidad tal vez podrá advenir.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de marzo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Psicoanalista. Magister en Ciencias políticas. Autora de <em>Populismo y Psicoanálisis, Colonización de la Subjetividad</em> y <em>Mentir y colonizar</em>. <em>Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal</em></span></p>
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		<title>De la muerte de la realidad al síntoma de lo real &#8211; ¿Cómo reparar (una vez más) lo dañado? &#8211; Por Claudio Véliz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Oct 2021 18:23:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Claudio Veliz]]></category>
		<category><![CDATA[Claudio Véliz]]></category>
		<category><![CDATA[Derrota electoral del Frente de Todos]]></category>
		<category><![CDATA[fantasmática]]></category>
		<category><![CDATA[ideología]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[realidad y síntoma]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Tras la reciente derrota electoral del oficialismo, el autor de esta nota propone relativizar el peso de la “variable económica” en los intereses y motivaciones de los electores. Véliz entiende que para ensayar una lectura atenta de los resultados electorales, convendría no subestimar la configuración fantasmática de nuestra psiquis, además de detenernos a desentrañar “los silencios y las voces” de los más castigados por las recetas neoliberales. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/de-la-muerte-de-la-realidad-al-sintoma-de-lo-real-como-reparar-una-vez-mas-lo-danado-por-claudio-veliz/">De la muerte de la realidad al síntoma de lo real &#8211; ¿Cómo reparar (una vez más) lo dañado? &#8211; Por Claudio Véliz</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Tr</em></strong><em><strong>as la reciente derrota electoral del oficialismo, el autor de esta nota propone relativizar el peso de la “variable económica” en los intereses y motivaciones de los electores. Véliz entiende que para ensayar una lectura atenta de los resultados electorales, convendría no subestimar la configuración fantasmática de nuestra psiquis, además de detenernos a desentrañar “los silencios y las voces” de los más castigados por las recetas neoliberales.</strong> </em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Claudio Véliz*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Es la economía, idiota?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Durante algún tiempo, muchos creímos, a pie juntillas, en la determinación “económica” de las preferencias subjetivas, en la persistencia de una variable que, “en última instancia”, orientaba las decisiones políticas de los actores sociales. Así, nos inclinábamos a pensar que en tiempos de “bolsillos flacos”, los electores tendían a castigar con su voto a los gobiernos o candidatos responsables de dicha situación, y que, a la inversa, premiaban a quienes les brindaron un mayor bienestar. Nuestras lecturas de Gramsci, Adorno, Althusser o Bajtín vinieron a relativizar y a problematizar dichas convicciones, al introducir categorías menos reduccionistas y más adecuadas al análisis de la complejidad social: <em>hegemonía</em>, <em>constelación</em>, <em>sobredeterminación</em>, <em>heteroglosia</em>. Pero quizá sea la teoría psicoanalítica la que venga a brindarnos las herramientas más punzantes para intentar comprender las motivaciones y aspiraciones de los sujetos y sus modos de intervención en el ámbito de lo público.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El primer gobierno de Menem estuvo signado por las políticas de austeridad, el achicamiento del Estado, la apertura comercial, la entrega del patrimonio y los recursos soberanos, el ajuste fiscal, el ascenso sostenido de los indicadores de pobreza, desempleo y desigualdad (muy especialmente, a partir de la <em>crisis del Tequila</em>), y la privatización de los fondos de jubilación. No obstante, el 14 de mayo de 1995, el entonces Presidente fue reelegido por casi el 50% de los votos. A la inversa, en las elecciones presidenciales del año 2015, tras doce años de crecimiento inclusivo, incremento del empleo registrado, políticas industrialistas, asignaciones sociales, desendeudamiento externo, disminución de la pobreza, la desocupación y la desigualdad, la mayor cobertura previsional de toda Nuestra América y los salarios más altos de la región, el candidato oficialista fue derrotado por una alianza que había sido crítica de todas estas políticas. Y como si aún no resultara evidente el eclipse de la “variable económica”, en las elecciones legislativas de 2017 volvió a imponerse un gobierno que ya había mostrado todas sus cartas: devaluación, tarifazo, inflación descontrolada, endeudamiento, fuga de capitales, pérdida del poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, destrucción de empleo, quiebra de miles de empresas y comercios, etc., etc. Por otra parte, cuando la catástrofe ya no podía ser minimizada/blindada, el oficialismo macrista conservó el 40% de las preferencias a pesar de perder las elecciones de 2019. En síntesis, podríamos afirmar que aquello que hemos dado en llamar una “elección racional” fundada en “intereses económicos” debía ser revisado. Por consiguiente –reiteramos–, los aportes del psicoanálisis (y muy especialmente, la freudiana <em>psicología de las masas</em> con su énfasis en la <em>identificación</em>, y la lacaniana teoría del sujeto) se tornan imprescindibles para nuestro análisis (siempre y cuando los ponderemos como una contribución productiva y no como la verdad última capaz de explicar la totalidad de lo social).</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿La realidad ha muerto?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Durante su primera conferencia de Roma (1953), Lacan introdujo la terna “simbólico-imaginario-real” como tres registros de lo psíquico. En virtud de dichas dimensiones, podríamos asociar a <em>lo real</em> (aunque su estructura enigmática e inasible nos impida representarlo) con lo <em>in</em>soportable, lo <em>in</em>soluble, lo que retorna siempre al mismo lugar, lo que asedia, lo que disloca, lo que provoca angustia, lo que carece de sentido, lo no simbolizable, lo que encuentra en el <em>síntoma</em>, su único modo de significar. Precisamente por ello, para sobrellevar lo que no podemos soportar, para conjurar el asedio espectral, para aliviar la angustia de lo indecible, erigimos <em>la realidad</em>, una instancia construida en el nivel simbólico y soportada por el <em>fantasma</em>. Y como esta realidad “social” no difiere demasiado de la realidad política (es decir, de eso que los politólogos suelen denominar <em>la</em> política para distinguirlo de <em>lo</em> político-<em>real</em>), nos convendría explorar el fantasma de <em>la promesa</em>, del compromiso político (“utópico”) con una sociedad armoniosa/reconciliada. Es aquí donde se pone en evidencia la organización y administración del <em>goce</em>, una satisfacción pulsional reticente a cualquier argumentación racional y/o crítica ilustrada. El fantasma –sostiene Lacan– es la respuesta de un sujeto dividido, incompleto, inconsistente (<em>barrado</em>) frente a la presión coercitiva e invasiva del <em>deseo del otro</em>; es el refugio construido por el sujeto para “soportar” el encuentro entre su existencia viviente-palpitante y el acceso al lenguaje. Y precisamente por ello, es el fantasma el que organiza el juego de las relaciones del sujeto con el <em>goce</em>, produciendo sentidos ajenos a la intencionalidad del sujeto hablante. En tanto no logremos <em>atravesar</em> dicho entramado (sin que ello signifique la posibilidad de una vida no-fantasmática) continuaremos reproduciendo determinadas querellas imaginarias, temiendo cierta hostilidad del otro, sufriendo el asedio de voces singulares. Y es de esta fantasmal materia prima –tal como suele argumentar Jorge Alemán– de la que se nutre la interpelación ideológica para asegurar dicha <em>reproducción</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Estas complejidades nos invitan a reformular las concepciones economicistas relativas al “interés objetivo”, según las cuales, los sujetos deciden en virtud de sus respectivas determinaciones de clase o bien, de sus <em>posiciones</em> en el aparato productivo. Para decirlo brutalmente: en ningún caso –según dichas formulaciones–, un asalariado, un pequeño comerciante, un jubilado o un pobre podrían optar por alternativas “de derecha”: conservadoras o neoliberales (1). Sin embargo, tal como afirma Freud, los individuos se movilizan por cuestiones que se hallan “más allá del principio del placer”; de modo que es posible realizar el propio interés narcisista aun identificándose con una propuesta ajena y contradictoria con la posición social. Cuando decimos que algunos sujetos “votan en contra de sus intereses”, cometemos el error de asociar dicho interés, exclusivamente, con el interés económico y/o de clase. Son las operaciones del fantasma y la ideología las que pueden conectar el interés “objetivo” con alguna práctica no regulada por el principio del placer: satisfacción narcisista, goce sádico, masoquismo moral, etc. La condición de la constitución fantasmática es el rechazo de <em>lo real</em>, una reacción que se pone de manifiesto en fenómenos como el racismo, la violencia misógina o el odio a los pobres (2).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero estas circunstancias, que podríamos llamar transhistóricas u ontológicas, se han visto <em>con-movidas</em> por la producción histórica-contingente de la subjetividad por parte de las usinas neoliberales. Para imponer su impronta y aplicar sus recetas, el neoliberalismo no dudó en utilizar todas las herramientas de las que logró disponer: la violencia, las instituciones “democráticas”, el poder mediático concentrado, las redes sociales, las tecnologías digitales, la sistemática agitación de odios y temores, la construcción de un enemigo peligroso, etc. En virtud de su expansión arrolladora e ilimitada, procuró apropiarse hasta de nuestros atributos más íntimos: el lenguaje, la sexualidad, la experiencia de la finitud, la sensibilidad, el mundo perceptivo, la imaginación, el intelecto… La aparatología neoliberal no cesa de producir sujetos fragmentados, ensimismados, egoístas, emprendedores, meritócratas, abiertamente hostiles a los lenguajes de la crítica, de la política y de las solidaridades asociativas o gremiales. Paradójicamente, su promesa de felicidad (eternamente diferida) convive con una lógica sacrificial sustentada en las conductas sádicas y masoquistas. Precisamente por ello, la construcción de un chivo expiatorio responsable de todos los males (populista, planero, vago, negro, piquetero) se torna ineludible. En virtud de esta eficacia productiva, <em>la realidad </em>(tal como la entendía Lacan) se fue vaciando de su contenido simbólico (de sus anclajes, sus construcciones de sentido, sus cartografías, sus intuiciones racionales, sus tramas argumentativas, sus horizontes críticos) hasta quedar sostenida por su estructura fantasmática. Así, se (re)construyó como un orden puramente ficcional configurado por la reiteración ensordecedora de fórmulas, eslóganes, frases vacías, consignas sin sentido, falsas noticias. La “íntima convicción” de una buena parte de la ciudadanía (sumergida en dicha burbuja cognitiva) se erigió como el único régimen de veridicción, como el modo exclusivo de legitimación de los “saberes”. Esta indubitable ficción <em>posverdadera</em> acabó por imponerse en tanto novedosa modalidad del anudamiento entre fantasma e ideología.</p>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/copesa/SUIZDCSF3NCU7LHFOIIK6IIZ5Y.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Cuando lo real hace síntoma</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Primero nos tocó (¿o elegimos?) sufrir cuatro años de destrucción sistemática del salario, del empleo, de la producción nativa, de las prácticas sindicales, de las solidaridades colectivas, de los abrazos reparadores, de los sueños compartidos. Y luego, como si esta monstruosidad no hubiese alcanzado para dinamitar nuestra resistencia, nos invadió una pandemia inédita para completar la demolición macrista. En este marco, el flamante gobierno de Alberto Fernández dispuso una expansión agresiva del gasto público destinada a auxiliar a los más vulnerables, equipar los hospitales, conseguir vacunas, sostener la producción y el empleo. Pero tanto por impericia propia como por la contundencia de la canallada ajena, no logró torcer el pulso de los formadores de precios quienes, en nombre de la “libertad”, no vacilaron en sacar provecho de las desdichas populares. Unos pocos “vivos” volvieron a quedarse con el esfuerzo de millones y millones de almas dolientes y desamparadas. De todos modos, la hostilidad de las inevitables reclusiones no solo logró resquebrajar las tripas ya desvalidas sino también las expectativas y las voluntades de los más castigados. Debimos convivir con una peste que arrasaba con nosotros y con nuestros seres queridos; toparnos con una muerte sin duelo, con un dolor imposible de asimilar. Tuvimos que renunciar a los encuentros callejeros, a las manifestaciones barriales, a las complicidades vecinales. Nos ganó la angustia, la impotencia, la desazón infinita. Fue en este contexto que el oficialismo perdió las elecciones primarias de medio término a manos de quienes agitan sistemáticamente el odio hacia los vulnerados por <em>sus</em> políticas. Por supuesto que los “bolsillos flacos” hicieron su parte (¿qué duda cabe?), pero deberíamos ponderar, en su justo término, los jirones de una humanidad dañada, de un tejido social desgarrado, de una comunidad privada de encuentros y de abrazos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ciertamente, ni las más agudas conceptualizaciones de la filosofía europea ni los más geniales hallazgos de la teoría psicoanalítica, logran dar cuenta, acabadamente, de las prácticas, los sentires y las experiencias populares de nuestras geografías. No obstante dicha limitación, venimos a proponer una <em>apropiación</em> que, lejos de trasladar mecánicamente categorías de un modo ortodoxo, nos permita su <em>traducción</em> (heterodoxa) a los lenguajes, los ritmos y los <em>hedores</em> de nuestra patria. Y precisamente por ello, es imprescindible auscultar (<em>también</em>) los latidos plebeyos, escuchar las voces silenciadas, renovar el pacto “secreto” entre generaciones (igualmente oprimidas). Solo así podremos recomponer un tejido dañado, reparar las violencias sufridas, suturar las heridas infligidas en los tiempos de desolación neoliberal (o quizá deberíamos decir <em>neofascista</em>) y en la actual encrucijada de brote pandémico.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">(1) Aunque debemos reconocer que dicha intuición sí aplica taxativamente –por razones que no estamos capacitados para desarrollar aquí– para el caso de quienes se hallan en el otro extremo de la pirámide social: los terratenientes, patrones, banqueros o grandes empresarios <em>jamás</em> eligen alternativas socialistas o populistas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">(2) Ver Alemán, J. (2021): <em>Ideología. Nosotras en la época. La época en nosotros</em>, Edit. La Página S.A., Buenos aires.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Avellaneda, 2 de octubre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">* Sociólogo, investigador, docente / claudioveliz6<a href="claudioveliz65@gmail.com">5@gmail.com</a></p>
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