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	<title>Hernán Brienza archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Hernán Brienza archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El Peronismo y el desafío de construir un neo-humanismo &#8211; Por Hernán Brienza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Aug 2020 22:39:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Brienza]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nota Hernán Brienza analiza las diversas transformaciones mundiales con las que el Peronismo tuvo que dialogar a lo largo de sus 75 años de vida política, y afirma que los desafíos por venir están representados por la incorporación del Kirchnerismo al devenir del propio suceder histórico del peronismo, y a la construcción de un neo humanismo que incluya a un nuevo sujeto atravesado por la experiencia de la transmodernidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-peronismo-y-el-desafio-de-construir-un-neo-humanismo-por-hernan-brienza/">El Peronismo y el desafío de construir un neo-humanismo &#8211; Por Hernán Brienza</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En esta nota Hernán Brienza analiza las diversas transformaciones mundiales con las que el Peronismo tuvo que dialogar a lo largo de sus 75 años de vida política, y afirma que los desafíos por venir están representados por la incorporación del Kirchnerismo al devenir del propio suceder histórico del peronismo, y a la construcción de un neo humanismo que incluya a un nuevo sujeto atravesado por la experiencia de la transmodernidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Hernán Brienza*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una vez más, a lo largo de sus 75 años de vida política, el Peronismo debate su futuro, sus continuidades, sus rupturas y sobre todo su rol fidedigno. Alguien podría preguntarse, también, sobre cuestiones más esencialistas respecto de sus características como movimiento político: una forma de “ser y estar” en el tablero de la política. Quizás hoy, el principal punto en cuestión es de qué manera esa continuidad sintetiza, asimila, digiere, el último fenómeno interpretativo, aparecido con el nombre de Kirchnerismo, y lo incorpora al devenir de su propio suceder histórico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nacido como partido de orden, el Peronismo en su primera década se construyó a si mismo desde el aparato del Estado y generó consensos de formas verticales y horizontales al mismo tiempo. En esos términos, Juan Perón comprendía a su movimiento como el inicio de un nuevo orden, pero también como una continuidad de la construcción del Estado Nación cimentado en el siglo XIX. Su desafío era justamente el de generar un sistema hegemónico con capacidad funcional a lo largo del tiempo. La inclusión de los trabajadores al sistema político fue, al mismo tiempo, su principal vertebración y lo que le valió la incomprensión y la enemistad de los sectores dominantes en competencia, lo que el propio Peronismo denominó “la oligarquía”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El golpe de 1955 concluyó con los sueños de esa alianza policlasista y ese consenso triangular ya largamente enunciado entre Iglesia-Ejército-Movimiento Obrero. Y al mismo tiempo creó una segunda configuración del “ser y estar” del Peronismo. La proscripción y la represión que sufrió el movimiento político lo convirtió en un fenómeno contracultural. En ese sentido, entre 1955 y 1989, con sus vaivenes, con sus enfrentamientos internos, con su dialéctica interna orden-contraorden o izquierda-derecha, “apresurados o retardatarios”, el Peronismo emergió como la representación  de lo negado y lo derrotado en la historia en la segunda mitad del siglo XX. Gobernó diez años desde el Estado y sufrió el poder del Estado en contra, al menos, durante 25 años, con todas las consecuencias que ello conlleva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La llegada de la democracia significó un cambio de paradigma que el Peronismo no supo comprender en los primeros años de los años ochenta. La Renovación Peronista logró modernizar sus formas y sus prácticas internar y externas, conjugarlas con tiempos más apaciguados, recuperarlo de ese largo proceso contracultural en el que fue sumergido y al mismo tiempo enaltecido a partir del 55. Lo cierto es que recién a fines de la década pudo elaborar una pragmática que lo conectara con el poder económico,  político, cultural y mediático de la Argentina tradicional y hegemónica. Eso significó precisamente el menemismo en la continuidad histórica del Peronismo: la puesta en común, la convergencia, la “concordancia”, en términos de asimilación “alvearista” de la dirigencia del movimiento con la elite dominante argentina. En cierta forma, produjo la domesticación, vía maridaje, de su “burocracia”, si es posible usar ese término para un partido cuyos integrantes vivieron a los saltos, entre dictaduras y persecuciones, con el sistema político hasta casi el fin de siglo. El Peronismo parecía estar finalmente asimilado al entramado del poder real en el país. Sus dirigentes estaban asociados, o en el peor de los casos se contentaban con administrar desprejuiciadamente –incluso con cierta simpatía transgresora- las directivas de los poderes económicos reales. El Peronismo le debe a Menem la “rehabilitación” de su dirigencia y su militancia por parte de lo establecido en el entramado de dominancias del sistema político. Esto significó, por un lado, el disciplinamiento del movimiento, pero, por otro lado, la posibilidad de reconstruir un poder económico y fáctico, vía poder territorial y económico, que estuviera en condiciones de disputar, si lo deseaba, espacios de hegemonía a la clase dominante.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" src="https://i0.wp.com/www.paraguaymipais.com.ar/imagenes/2015/10/kirchner-per%C3%B3n.jpg?fit=600%2C382&amp;ssl=1&amp;resize=1200%2C764" alt="Mausoleos de Juan Perón y Néstor Kirchner - Paraguay Mi Pais" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Kirchnerismo y después</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y ese desafío llegó con el Kirchnerismo. De las entrañas del Peronismo surgió el desafío de pensar y ejecutar un orden diferente al del Neoliberalismo y los grupos económicos tradicionales y los surgidos del nuevo ordenamiento. Una elite política intentaba negociar, marcar la cancha, disputar la toma de decisiones a “los que mandan”, como los llamó el sociólogo José Luis de Imaz en los años sesenta. El Kirchnerismo intentó disputar –como en la década 1945-1955- los resortes económicos, culturales y políticos en la Argentina, y amenazó con la posibilidad de que emergieran nuevas reglas de juego. Pero, una vez más,  el sueño peronista de la modernización productiva, del arribo a las costas de un capitalismo industrial con ciertos rasgos autonómicos, se encontró con el límite de no poder cambiar la matriz productiva en el frente externo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es necesario poner un acento en la competencia de élites porque eso tiene un alto grado de significancia para el Peronismo en la historia argentina. Más que una cuestión estrictamente ideológica -el movimiento nacional tiene una maleabilidad sustantiva, debido, sobre todo, al carácter estratégico heredado del propio Juan Domingo Perón-, su principal rol histórico consiste en disputar el liderazgo social a los grupo dominantes locales emergidos del Orden Conservador instaurado durante el proceso de organización nacional entre 1860-80.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es esa la razón de su “ser y estar” en el mundo. Ya sea como modelo industrialista disputando la renta agraria a la “oligarquía” en los 40, ya sea en los setenta, acompañando los movimientos de liberación nacional del mundo, o en los noventa, acoplándose a los negociados de la clase dominante cuando cualquier alternativa al neoliberalismo parecía imposible, o en el 2003-15 generando una redistribución diferente de los ingresos del Estado, de los grupos contratistas, de las rentas extraordinarias del monocultivo o del capital simbólico a través de los medios de comunicación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dentro de este marco de análisis, la cuestión en los próximos años es descubrir cuál será el rol del Peronismo, en tanto clase dirigente política. Es decir, si será capaz de disputar las reglas de juego a los poderes económicos y diseñar un modelo diferente de distribución política –lo que incluye una nueva estructuración del Estado-, de acumulación económica y de transformación productiva, o si en cambio, se va a conformar con asimilarse en las próximas décadas y administrar las formas de concentración y centralización económica en los nuevos ciclos capitalistas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para el Peronismo, en sentido amplio, es necesario que ese entramado sea lo suficientemente audaz y generoso para lograr una formación electoral y política seriamente competitiva pero, al mismo tiempo, lo más compacto posible en términos de elaboración ideológica, si el cruce de estas dos variables es posible. Porque ese también es un desafío para el movimiento nacional: ser lo más coherente posible hacia el propio interior en el marco de un mundo que vira hacia la liquidez política y hacia la incertidumbre, pero que, al mismo tiempo, tenga capacidad de reinvención y de renovación de ideas y de formas de presentarlas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://static2.diariouno.com.ar/media/2019/07/alberto-cristina1-700x395.jpg" alt="Cómo fue la división de espacios de poder entre Alberto y Cristina ..." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Lo que viene</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aclarado este punto, creo que es posible que la pandemia signifique una vuelta de página en la política argentina y conlleve, además, un proceso de trasvasamiento generacional no traumático hacia el interior del peronismo. La experiencia del 2003-2015 fue protagonizada por hombres y mujeres que atravesaron las formas de hacer política de los años 70, 80 y 90 del siglo pasado. Hoy, la mayoría de los hombres y mujeres de Estado iniciaron su militancia en tiempos de la Renovación cafierista y el menemismo, pero en apenas unos pocos años más, el grueso de la dirigencia peronista habrá sido exclusivamente tallada por los tres gobiernos kirchneristas del siglo XXI.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esa nueva generación deberá afrontar nuevos desafíos en el mundo post pandémico y los recursos deberá encontrarlos en la fragua en la que forjó a sus cuadros como militantes y dirigentes. Las respuestas, entonces, tendrán sin lugar a dudas reflejos de los años kirchneristas. Y lo que habrá que descubrir, obviamente, es cuáles son y serán las respuestas que deberán aportar los hombres y mujeres que protagonicen ese periodo.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin dudas los desafíos son muchos y variados:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">a) Un escenario geopolítico post pandémico diferente al mundo diseñado por la conferencia de Yalta y que plantó a Estados Unidos, en los años 80, como potencia emergente. De la misma manera que el siglo XIX vio emerger a Gran Bretaña como potencia occidental tras la caída del Imperio Español y el fracaso de la experiencia napoleónica, y el siglo XX fue hegemonizado por la instalación de Estados Unidos, el siglo XXI también comienza a mostrar sus primeros movimientos en la capa teutónica de la historia. En el siglo XIX, Argentina pudo complementarse al principal mercado occidental aunque sea de manera dependiente; en el mundo diseñado por Washington, nuestro país no estuvo siquiera invitado al banquete; en los próximos años, esa generación deberá realizar una jugada estratégica que decida el destino de los próximos cien años.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">b) En materia social, los y las nuevos y nuevas peronistas deberán lidiar –ya muerto el sujeto político y social único de la clase trabajadora- con el desafío de administrar las interrelaciones de distintos sujetos sociales y creadores de demandas particulares y/o encadenadas (como diría Ernesto Laclau) que surgen del despiezamiento del mundo del trabajo. Ya no se trata solo de la desaparición de la “clase” como concepto, ni de la multiplicidad de formas de trabajo, sino también del fenómeno del trabajador individual y la irrupción del “teletrabajador”, o sea, el trabajador aislado, desvinculado de formas tradicionales de mediatización de su conciencia política. Pero la apelación colectiva no se ve desmembrada únicamente por el híper-individualismo sino además por nuevas formas de convocatorias colectivas como los feminismos, los neo-federalismos, los precarizados estructurales, las comunidades virtuales, las redes de identidades creadas por whatsapp, instagram, tik tok y twitter. En ese sentido, reflexionar sobre la pluralidad y la diversidad también implica un salto en pensar a grandes sectores de la sociedad como sujetos aislados con interconexiones –y por lo tanto identificaciones- efímeras y líquidas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">c) La crisis global del neoliberalismo que la pandemia del coronavirus ha puesto en evidencia, coloca a los Estado-Nación ante un nuevo reto: la reelaboración de las convocatorias a las identidades nacionales, pero por sobre todas las cosas al tipo de Estado que podría surgir en las próximas décadas. Así como la crisis del liberalismo tradicional a principios del siglo XX encontró respuestas en formas políticas diversas como el socialismo real, el nazismo, los fascismos, los nacionalismos y el Estado de Bienestar occidental, es posible que en el siglo XXI, tras un proceso de globalización abrupto (1990-2020), se produzca un nuevo repliegue de las unidades políticas hacia nuevas formas de Estado-Nación, de recuperación de apelaciones colectivas tradicionales, con los mismos o con nuevos significantes culturales, ideológicos e inclusive territoriales. Es decir, un repliegue a la idea de Nación, aun cuando se trate de concepciones diferentes a las del siglo XIX y XX. Por último, la aventura más importante de las próximas décadas es la estructuración de un tipo de Estado que supere el tártaro social que significó el neoliberalismo incluso para los países centrales y para el propio capitalismo. Tras el derrumbe de la razón neoliberal -que su fracaso político, social, económico, cultural y valorativo ha dejado en evidencia-, es posible imaginar que las diferentes dirigencias occidentales añoren los años gloriosos del capitalismo (1945-1975) y que incluyen, obviamente, a su Estado de Bienestar. Algunas de las medidas tomadas por el gobierno alemán, el francés y el del propio peronismo parecen ir en ese sentido específico. Claro que el Estado de Bienestar tenía como sujeto de derecho a la familia patriarcal y a las ideas tradicionales de nación, por lo que deberá, al menos, cambiar en sus apelaciones discursivas; pero el concepto de renta universal ya nos habla de una convocatoria de tipo individual más que estrictamente colectiva.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" src="https://i.pinimg.com/originals/b0/00/99/b00099a442a69f2a895b47a0ff922029.jpg" alt="Pin en pin de noticias" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las transformaciones del mundo obligaron al Peronismo a dialogar con la modernidad entre los años 40 y 70, con la postmodernidad en los años noventa y con su declinación en el siglo XXI, y seguramente en los próximos lustros lo deberá hacer con la transmodernidad, que incluye un nuevo sujeto, posiblemente post-humano, en el que la inteligencia artificial campee libremente entre el amasijo de carne con madera de los hombres y mujeres de hoy. El gran desafío será dialogar con las diferentes virtualizaciones del mundo futuro. Nada nuevo para el Peronismo. Se sabe: ningún movimiento político en la Argentina está más capacitado para esa conversación. Nada hay más humano –en el mejor y el peor sentido de la palabra humano- que el Peronismo. Por eso, frente a la deshumanización –aislamiento del ser político- no hay movimiento mejor preparado para elaborar un neo humanismo incluyente que el creado por un sonriente coronel hace exactamente 75 años. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 21 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Politólogo y periodista.</span></p>
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		<title>¿El ocaso del Estado de Malestar? &#8211; Por Hernán Brienza</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/el-ocaso-del-estado-de-malestar-por-hernan-brienza/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2020 19:01:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Brienza]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Estado de bienestar]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mark Fisher]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hernán Brienza reflexiona en este artículo sobre la posibilidad de que lo que conocemos como Neoliberalismo pueda llegar a su final para dar paso a la construcción de una alternativa creíble, exitosa y por lo tanto realista, capaz de superar al realismo capitalista que con su racionalidad voraz e insaciable ha sembrado de males el mundo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-ocaso-del-estado-de-malestar-por-hernan-brienza/">¿El ocaso del Estado de Malestar? &#8211; Por Hernán Brienza</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Hernán Brienza reflexiona en este artículo sobre la posibilidad de que lo que conocemos como Neoliberalismo pueda llegar a su final para dar paso a la construcción de una alternativa creíble, exitosa y por lo tanto realista, capaz de superar al realismo capitalista que con su racionalidad voraz e insaciable ha sembrado de males el mundo.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Hernán Brienza*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Y si lo que conocemos como el Neoliberalismo puede llegar a su final? La pregunta no es mera retórica. Es decir, lo que se trata de desentrañar es si el mundo diseñado por el Consenso de Washington, dibujado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher con su “no hay otra alternativa”, esté viviendo sus últimos estertores. La hipótesis no abarca a el capitalismo como sistema económico, político y social sino estrictamente a las formas que adquirió tras la crisis del petróleo y el final de los “años gloriosos” del Estado de Bienestar (1945-1975). Disciplina fiscal, achicamiento del Estado, suspensión de las inversiones sociales de los gobiernos, fin del incentivo de la demanda, supuesta libertad de mercado, son algunas de las características del proyecto de globalización que prometía ser exitoso. Pero las verdaderas consecuencias que hoy padecemos los humanos –más allá de los deseos imaginarios de sus propagandistas- son una brutal concentración de la riqueza, el empobrecimiento relativo de sectores mayoritarios, Estados a disposición de las corporaciones económicas, fundamentalmente trasnacionales, un sobredimensionamiento del capitalismo financiero por sobre el productivo, las transformaciones hacia el interior del mundo del trabajo (el denominado post-fordismo) y un mundo de aislamiento, de híper-individualismo, auto-explotación y virtualización enajenante (esto último bajo sospecha de que lo verdaderamente enajenante no sea la propia realidad). Y a esto hay que sumar una pandemia como la del Coronavirus que estaría suspendiendo los lazos comerciales y productivos tradicionales, y marcando la emergencia de dos nuevos jugadores internacionales como China, ya principal potencia económica, y la siempre “regresante” Rusia en todas sus versiones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Y si no hay neoliberalismo qué? Si se analiza el flujo y reflujo de ciclos capitalistas, en términos macro históricos, se podrían establecer cuatro grandes momentos: a) creación de mercados nacionales como consecuencia de la Revolución Industrial, b) expansión del Estado liberal clásico a mediados del siglo XIX, exportación del librecambismo, división internacional del trabajo, primera etapa de globalización a través de las políticas imperialistas de las grandes potencias, democracias de baja intensidad, c) repliegue sobre los nacionalismos, Estados de Bienestar o de compromiso, neokeynesianismo, inyección de demanda, políticas de pleno empleo, procesos de democratización en Occidente luego del trauma de los totalitarismos d) Neoliberalismo, estados neo gendarmes, segunda globalización a través de corporaciones financiero internacionales, exportación del modelo cultural neoliberal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la historia cumpliera cierta lógica pendular, si se repitiera en ciclos amplios, la próxima etapa del capitalismo debiera –aunque se trata solo de una prescripción fáctica más que de una hipótesis- replegarse sobre nuevas formas de reparación del sistema de demanda y de consumo, de protección social y de repliegue sobre las estructuras productivas por sobre las financieras. Esta hipótesis puede efectivizarse si la racionalidad política primara sobre el egoísmo de las principales riquezas globalizadas. Pero no pareciera ser la lógica del capitalismo en sus siglos de vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que las lógicas de cada una de las etapas no reproduce con identidad los procesos de las formas precedentes; solo vehiculiza en una dirección determinada. Y asume diferentes compromisos. Porque hay algo que es necesario tener en cuenta: excepto para aquellos que han logrado acumular riquezas extraordinarias, el capitalismo neoliberal ha sido un fracaso absoluto: no ha generado un mayor aumento, en términos absolutos, de riquezas que los 30 años gloriosos del Estado de Bienestar, empeoró las condiciones de desigualdad, no ha generado más libertades para las personas sino una restricción vía pobreza de las posibilidades de acción de los individuos ni tampoco la reducción del Estado ha redundado en mejoras sustanciales para las economías ajustadas. Es decir, el Neoliberalismo no ha demostrado ser ni más eficiente ni más eficaz que el Estado de Bienestar. Y la pandemia del Coronavirus ha empeorado las cosas.</span></p>
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<p><img decoding="async" src="https://vientosur.info/wp-content/uploads/2020/07/EVvN09RWsAIV_wr-1-1280x640.jpg" alt="La segunda muerte del neoliberalismo | Viento Sur" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya son varias las señales de “retiradas estratégicas” de líderes neoliberales. El presidente francés Emmanuel Macrón, hasta hace poco tiempo un líder indiscutido de la centro derecha europea, homenajeó cuando comenzó la pandemia al viejo sistema de salud del Estado de Bienestar. Y su par alemana Ángela Merkel, la locomotora económica del continente, anunció que estudia la posibilidad de instaurar un “ingreso ciudadano universal por tres años”. Es decir, en Europa están repensando la condena absoluta al tipo de Estado que garantizó no sólo los negocios de las grandes empresas sino que también homogeneizó los servicios sociales y, como si fuera poco, mantuvo tasas de crecimiento no registradas desde hace varias décadas por lo menos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien ¿fue el Estado de Bienestar el paraíso? Ya en los años 80 y 90, los politólogos Anthony Giddens y Claus Offe habían marcado sus limitaciones y contradicciones: la rebelión de los contribuyentes, es decir, el desgaste del concepto de “solidaridad social”, el conformismo y abulia de los sectores medios y protegidos, la irracionalidad fiscal, el engorde de una burocracia ineficaz, los supuestos desincentivos para la inversión que suponían las cargas fiscales, la sobrecarga de la demanda y las pujas distributivas. A estas críticas generadas desde el neoliberalismo conservador en los años setenta, se les deben sumar los cuestionamientos de la izquierda: su carácter represivo y la construcción de un entendimiento falso de la realidad social y política dentro de la clase obrera. Evidentemente, el Estado de Bienestar encontró sus limitaciones y por eso se produjo su declinación, por lo tanto, al no dar respuestas adecuadas no constituyó una panacea perdurable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que viendo el estado general de los sectores ligados al trabajo productivo, me refiero a esa gran clase de precarizados por el neoliberalismo que van desde los desocupados a los pequeños y medianos empresarios que sufren los procesos de desapropiación y centralización de la riqueza, aquel viejo Estado de Bienestar puede ser mirado con nostalgia. Pero esa melancolía debe extenderse a las sociedades que lo hicieron posible: el sistema de producción fordista, la familia patriarcal como unidad básica social y el Estado Nación como paraguas o justificación de una solidaridad colectiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy esos tres elementos están prácticamente desaparecidos. Un mundo del trabajo atomizado, híperindividualista, tecnologizado y vinculado al área de servicios; una unidad familiar pluralizada y/o diversificada y con un alto porcentaje de hogares unipersonales; y por último, un concepto de nacionalidad que ha ido perdiendo lenta pero inexorablemente su fuerza como elemento aglutinador y solidario. Por lo tanto, aquel viejo Estado de Bienestar no tiene ya dónde regresar. Pero las grandes preguntas a hacerse son: ¿Es posible reinventar un Estado protector y recrear los lazos de solidaridad social mínimos desde el individualismo en el que estamos encerrados desde antes de las cuarentenas? ¿Qué políticas pueden llevarse adelante más allá de las identidades sectoriales y los reclamos de minorías? ¿Es posible pensar con un grado mínimo de factibilidad el ingreso universal ciudadano mínimo? ¿Cuál es el nuevo sujeto político merecedor de los derechos básicos que tenía el consumidor en el viejo sueño americano? ¿Cómo se reconstituyen las prácticas y los discursos de lo público tras la pandemia neoliberal? ¿Qué apelaciones colectivas deberán construirse para convocar a la solidaridad de los “contribuyentes” que pagan sus impuestos “para que los pobres tengan hijos y cobren planes”? ¿Qué amenazas serán necesarias –como lo fueron los totalitarismos y el comunismo soviético en la segunda posguerra mundial- para obligar a las corporaciones a pactar una nueva redistribución de riquezas a través de los estados?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volver al viejo Estado de Bienestar resulta imposible. Conformarse con el actual Estado de malestar resulta invivible. Es necesario ser creativos para constituir una alternativa creíble, exitosa y por lo tanto realista. Porque solo una posibilidad realista podrá enfrentar, como diría el malogrado Mark Fisher, al realismo capitalista que, con su racionalidad voraz e insaciable ha sembrado de males el mundo y está punto de esterilizar la Tierra, como diría el poeta Thomas S. Eliot.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 18 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Politólogo y periodista.</span></p>
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		<title>“¿Yo no sabía lo que estaba pasando?” &#8211; Por Hernán Brienza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:55:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Hernán Brienza]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Golpe 1976]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría de los dos demonios]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, Hernán Brienza sostiene que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/yo-no-sabia-lo-que-estaba-pasando-por-hernan-brienza/">“¿Yo no sabía lo que estaba pasando?” &#8211; Por Hernán Brienza</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-72b1f3a1f17c48c6f7e1cc20568a4f5b"><em><strong>A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, Hernán Brienza sostiene que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-337278e284c04752cf6931e82ed66ce9">Por Hernán Brienza*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e8bb393fe5f03a3896dcfa749eaa1fb">No siempre el pasado se presenta como una evocación. Ni como un discurso racional premeditado, sesudo y bien pensante. A veces creo que la dictadura militar está agazapada en el cajón más oculto del inconsciente con sus microterrores y sus micromandatos, como si se tratara de un manojo de miedos atávicos. En la misma vereda del edificio en el que vivo, hay una baldosa que recuerda que, en 1977, fue secuestrado de su departamento un militante del PRT. La colocación de ese cenotafio fue un acontecimiento en el barrio, fue un festival de argentinidad. Los nuevos vecinos se anoticiaban de que la historia pasaba por la puerta de su casa y los que aún quedaban de aquella época entre aquellos que siempre supieron –sin distinción de ideologías- y los que no sabían nada, o se habían olvidado, y recién se enteraban que se había tratado de un hecho vinculado a la represión ilegal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1e999c8248cf9ada7a559d61c48f182">Yo me acordaba del caso. Mi abuela vivía en ese edificio y nos había contado lo sucedido. No estaba muy al tanto de los pormenores del hecho, pero mis padres, trabajadores con conciencia política, pero sin militancia activa, interpretaron rápidamente lo sucedido. No conocían los detalles, pero sí la intencionalidad de lo ocurrido. Pero, más allá de la experiencia personal, cotidiana, casi intrascendente, lo que me resulta interesante son las formas en las que la dictadura militar -y casi todos los Estados Terroristas- se sumergen y quedan anegados allí en los terrenos de las micro supervivencias: desde el silencio temeroso hasta los olvidos cómplices, o los apoyos sigilosos y risueños; desde los terrores mínimos hasta la desconfianza razonable o la indiferencia un poco cobarde hacia la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09de15615296a9cefb1a76c5a7066a77">Hace más de veinte años, escribí para la editorial Marea el libro “Maldito tú eres. El caso Von Wernich.”. Allí escribí: De mi gente me aterra esa facilidad para esconder la tierra debajo de la cama. Porque hay algo que no funciona claramente en una sociedad si en 1973 aplaude mayoritariamente a Montoneros, en 1976 apoya la dictadura militar y en 1983 se despierta anonadada por la violación a los derechos humanos y se justifica argumentando: ‘Yo no sabía nada de lo que pasaba’. Ese mecanismo se repite preocupantemente en democracia: algo similar ocurrió con el menemismo y volverá a ocurrir una y otra vez. Y de esa manera, nadie paga las consecuencias. Nadie se hace responsable. No hay posibilidad de reflexionar sobre nuestro pasado reciente por la sencilla razón de que la ignorancia, supuestamente, da certificado de inocencia. No es posible reflexionar sobre lo que no se sabía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d8fbdaba2af657e74aa8a23d7b0df5c">Pero, ¿y si la ignorancia es pura complicidad? ¿cómo se puede ver lo evidente y no saber? Milan Kundera escribió: “Los pueblos también son culpables de lo que deciden ignorar”. La frase, me parece, es aplicable a todas las veces que los argentinos decidieron olvidar las consecuencias de un sistema político autoritario o de un modelo económico devastador para la economía nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc52484eec8fd6b3bde770a7e7bce8a6">Si alguien decide ignorar, decide repetir. Por eso también es necesario volver sobre lo sucedido durante la dictadura militar para comprender, sin justificar, para analizar también las interpretaciones autocomplacientes y, sobre todo, con aquellas construcciones de tipo mitológicas para explicar el mal radical aplicado por la dictadura durante la represión ilegal. Hoy, a 50 años del golpe, los argentinos no podemos seguir repitiendo la teoría de los dos demonios ni siquiera la teoría de un solo demonio. Creo que es hora de devolvernos una humanidad brutal a todos los argentinos: a los que participaron de la violencia política, a los que fueron cómplices, a los que decidieron ignorar. Fuimos muy humanos, demasiado humanos. Incluso, los hubo fieramente humanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9100ef44d9e165366550b05517ab8d2e">La filósofa italiana Simona Forti escribió en su libro “Los nuevos demonios. Repensar el mal y el poder”: “Cada vez que se pone en tela de juicio el estatuto dostoievskiano del mal, la imagen dicotómica se complica; resulta difícil trazar límites fuertes entre los demonios absolutos y las víctimas inermes. Y, cuando se abandona el dualismo político y moral, hay que indagar en la subjetividad. No tanto ni solo porque sea portadora de malas intenciones, sino porque muy seguido sirve de soporte involuntario de la dominación. (…). El libro de Primo Levi, “Los hundidos y los salvados”, se podría leer como el contratexto de “Los endemoniados” y de la “Leyenda del Gran Inquisidor”: desmiente aquella concepción maniquea que abre un abismo entre la febril voluntad de potencia del malvado y la indiferente pasividad de la masa (…). Nuestro deseo de distinguir de modo neto y claro al amigo del enemigo es tanto más fuerte cuanto más necesitamos protegernos de la complejidad que nos confunde. En efecto, como hemos observado muchas veces, nada simplifica más la realidad que el acto de separar el bien y el mal (…). Hay que tener el valor de ejercitar un espíritu menos blando que el que representa a los demonios en los habitáculos del poder: hay que mantener fija la mirada en la normalidad y sobre la banalidad de los hombres, tomados siempre en una ficticia red de relaciones”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62c49935bf09d3a3380c6fb71fc787d5">A cincuenta años del golpe del 24 de marzo que dio inicio a la dictadura más brutal del siglo XX, creo que es necesario endurecer el espíritu y abandonar la teoría de los demonios para dar lugar a lecturas e interpretaciones que nos permitan comprender nuestra propia condición humana, por un lado, y por otro, reconocer las “zonas grises” que dejan la caída de este tipo de interpretaciones que han marcado a varias generaciones en democracia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-955da1b25887888374f77076c30c5d85">Abandonar el paradigma dostoievskiano y la teoría de los demonios obliga a ocupar esos espacios y lagunas de sentido vacantes con algún tipo de respuestas y explicaciones acertadas. Lo primero que creo que es necesario aclarar es que allí donde antes había demonios y víctimas, hoy debemos colocar a hombres y mujeres en su contexto histórico personal, económico y social. Parece una nadería, pero no lo es. Es más fácil imaginar a seres sobrehumanos o subhumanos, a entidades perversas disfrutando del mal, o demonios abstraídos por la ideología que pensar en seres simplemente humanos a los que la circunstancias los llevaron a cometer crímenes horrendos. Pero, sobre todo, a tomar decisiones, a elegir entre distintas opciones y, aunque suene aterrador, creyendo que elegían la mejor opción. Aunque fuera una opción brutal, terrorífica o simplemente de complicidad vergonzante.</p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-260e2951872936f85c48bc758a823292">*Periodista, escritor, politólogo y ensayista.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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