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	<title>Heidegger archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Mon, 10 Mar 2025 16:12:36 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Heidegger archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Entre el psicoanálisis, la filosofía y la política: Deuda y culpa &#8211; Por Mario Casalla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Jun 2021 20:18:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mario Casalla]]></category>
		<category><![CDATA[deuda existencial deuda circunstancial]]></category>
		<category><![CDATA[deuda externa]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El filósofo Mario Casalla analiza en este artículo y desde un marco epistemológico que vincula la filosofía y el psicoanálisis, las complejas relaciones y diferencias entre la deuda y la culpa. Casalla sostiene que como resultado de la sucesiva toma de deuda cuyo pináculo es la contraída durante el gobierno de Mauricio Macri, el argentino ya no sólo tiene una deuda sino que cada tanto “es” deuda. En el texto se resalta que deuda y culpa no son lo mismo, y que en cualquier negociación con el FMI será clave distinguir estos dos términos. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entre-el-psicoanalisis-la-filosofia-y-la-politica-deuda-y-culpa-por-mario-casalla/">Entre el psicoanálisis, la filosofía y la política: Deuda y culpa &#8211; Por Mario Casalla</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El filósofo Mario Casalla analiza en este artículo y desde un marco epistemológico que vincula la filosofía y el psicoanálisis, las complejas relaciones y diferencias entre la deuda y la culpa. Casalla sostiene que como resultado de la sucesiva toma de deuda cuyo pináculo es la contraída durante el gobierno de Mauricio Macri, </em></strong><strong><em>el argentino ya no sólo tiene una deuda sino que cada tanto “es” deuda. En el texto se resalta que deuda y culpa no son lo mismo, y que en cualquier negociación con el FMI será clave distinguir estos dos términos. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mario Casalla*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Para Mario Cafiero, in memoriam</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #003366;">E</span></strong>n plena y compleja negociación de la deuda externa (heredada del macrismo y de la enorme irresponsabilidad del FMI en otorgarla violando sus propios estatutos), más la del Club de París que le está atada, es lógico que recrudezcan las discusiones acerca de su legitimidad o no, de si corresponde su pago y de la forma correcta de hacerlo sin lastimar aún más el ya dolorido tejido social de nuestro pueblo. En estas discusiones predominan –como también es lógico- el discurso económico y el jurídico, por tanto, economistas y abogados son los consultores privilegiados en la discusión política y gubernamental. Permítasenos terciar en ella desde otras posiciones epistemológicas que estamos seguros – de ser escuchadas- tendrían bastante que aportar al respecto sobre el fondo de estas cuestiones. Me refiero a la filosofía y al psicoanálisis en mutua relación, pero tomados ambos no <em>in abstracto</em>, sino también en relación y con cabal conocimiento – por parte de éstos- de lo que se discute tanto en lo jurídico como en lo económico. Tuve oportunidades de participar en anteriores experiencias muy similares y puedo dar fe de la pertinencia política de estos entrecruzamientos epistémicos, cuando son llevados con buen sentido de la oportunidad y de la necesidad. Pero aquí sólo referiré cierto marco teórico general que entonces resultó muy pertinente.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong><em>1. Sobre la deuda en general.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parto de algunas pocas consideraciones de tipo filológico y lingüístico. En primer lugar, quiero llamar la atención sobre un hecho que –en mi entender- dista de ser menor o insignificante: si bien la “deuda” y la “culpa” han sido pensadas siempre juntas (sobre todo desde las denominadas filosofías existenciales y desde el psicoanálisis), esa reiterada unidad conceptual no siempre se repite en el nivel lingüístico. <strong><em>Hay idiomas donde en un mismo término están contenidas las nociones de “deuda” y de “culpa” y, en cambio, hay otros donde existe un término diferente para cada cosa.</em></strong> La procedencia sajona o latina, aquí una vez más divide aguas. En los idiomas sajones, en general, <em>deuda</em> y <em>culpa</em> están contenidos en un solo término. La voz alemana <em>schuld</em>, dice a la vez deuda y culpa. Otro tanto ocurre en el inglés con la palabra <em>fault</em>. Su mayor proximidad con el griego se muestra también en esto. Recordemos que en griego <em>opheílema</em> se traduce literalmente por “deuda” y que no existe una voz específica que diga “culpa”. El verbo <em>ophliskáno</em>, significa “ser deudor”, “tener que pagar”; aunque bueno es hacer notar también que en algunas de sus acepciones está ya incluida la noción de “culpa”.<em> Ophliskáno</em>, significa también “estar condenado”, “perder el proceso” y “hacerse culpable”. De manera general podemos afirmar entonces que en estos idiomas, deuda y culpa van de la mano y se las piensa casi siempre en mutua pertenencia. No es éste, como veremos, un detalle menor. En cambio, en el latín –de donde como se sabe deriva nuestro castellano- las cosas cambian. Allí hay términos diferenciados: <em>debita </em>es la voz latina que dice <em>deuda </em>(cuya primera acepción es “obligación” y tan sólo luego dice también –como en el griego- “culpa, ofensa&#8230;”); pero he aquí que aparece en latín una palabra específica para decir <em>culpa</em>, que ha llegado hasta nosotros (“colpa”). La culpa es definida –a diferencia de la deuda- como “una falta hecha a sabiendas”, es decir con <em>intención.</em> De aquí su relación directa con <em>offensa</em> (de donde viene nuestra “ofensa”), la cual a su vez es la sustantivación del verbo <em>offendere </em>(nuestro “ofender”) cuya significación etimológica es “maltratar, golpear a alguien. Denostar, injuriar”. De ésta escisión latina entre <em>deuda </em>y <em>culpa</em>, nacen no sólo nuestros términos castellanos, sino también -y entre muchas otras- las diferenciaciones idiomáticas en el francés (entre, <em>dette,</em>” deuda” y <em>faute, </em>“culpa”) y en el italiano (<em>debita,</em> “deuda” y <em>colpa</em>, “culpa”).</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>2. De las palabras a las cosas: pensar esa diferencia.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Es un hecho accidental esta distinción o, por el contrario, habilita también a pensar algo diferente en el orden del pensamiento? Y esto que supuestamente nos habilitaría a pensar, ¿tiene alguna importancia hoy y aquí para nosotros? A ambas preguntas respondemos con un sí. Y esto porque la posibilidad de pensar (en ciertos casos) la <em>culpa </em>como separada de la <em>deuda</em>, abre un par de expectativas políticamente muy interesantes: en primer lugar, la de pensar una deuda (una “obligación”) que no necesariamente genere “culpa” (es decir una imperiosa y moral necesidad de cumplirla, o satisfacerla); y, en segundo lugar, la posibilidad de sentir una “culpa” que, no necesariamente, se origina en una “deuda”. Esto, en nuestra actual situación argentina y latinoamericana, me parece de gran importancia, tanto en el orden del <em>ser</em> como en el del <em>estar</em>. Distinción que tampoco poseen los idiomas sajones y en la que no voy a detenerme por cuestiones de espacio, aunque también me parece de una importancia analítica de primer orden tener una voz para decir <em>ser </em>y otra para decir <em>estar, </em>algo que en los verbos sajones también permanecen unidos (el <em>to be</em>, en inglés; el S<em>ein</em>, en alemán). Volviendo al tema de la deuda (de las “obligaciones”) correspondería entonces distinguir entre aquélla <em>deuda existencial </em>(que legítimamente origina la culpa y por estructural resulta inextirpable de la existencia) y las <em>deudas circunstanciales </em>(es decir históricas, concretas y puntuales) que –montadas en esa <em>posibilidad deudora </em>que es el <em>Dasein</em> (el hombre) &#8211; no siempre son legítimas antecesoras de la culpa. Así, mientras que la primera es siempre legítima (ya que se origina en el “sí-mismo” y funda la “autenticidad”) y es también siempre impagable (a no ser con la “muerte propia”), con algunas deudas en particular no ocurre lo mismo. No siempre son legítimas y no siempre “obligan” a su pago. Se diferencian también por el tipo de “acreedor” que ambas tienen. Mientras que en la primera (en la deuda existencial) el acreedor es al mismo tiempo el deudor ya que, <em>es el propio hombre </em>quien se reclama a sí mismo (mediante la “invocación de la conciencia”), en la segunda, acreedor y deudor se separan. Por esto mismo es que sólo <strong><em>en este tipo de deudas (ónticas o circunstanciales) es posible (y necesario) discutir la culpa y el pago, la licitud e ilicitud de la misma y hasta la forma de cumplirla. Así mientras que la primera es innegociable, la segunda lo es por su propia esencia. </em></strong>Sin esa <em>trabajosa conformidad</em> no hay pago (o cobro) posible. Y en este trabajo que es el cobro de toda deuda, no es casual que deudores y acreedores confundan (intencionadamente o no) esos dos sentidos tan distintos del término “deuda”. De aquí también las negociaciones “contractuales” que suelen preceder a esas deudas de segundo orden (donde cada uno trata de asegurar lo suyo); mientras que, en cambio, aquella <em>deuda existencial </em>no requiere negociación previa alguna y se adquiere por el sólo hecho de nacer.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://resizer.glanacion.com/resizer/XyGjkQigj-1Ny9IX3B89NAJOjMA=/768x0/filters:quality(80)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/lanacionar/54777AWYTJFDPP24RIVNKP367E.jpg" alt="Arte: retrospectiva de Carlos Alonso en el Bellas Artes - LA NACION" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ilustración: Carlos Alonso.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>3. Una mirada desde la filosofía</em></strong><em>.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este caso recurriremos a Heidegger (1889-1976), quien junto a Jaspers, Sartre, Benjamin o Arendt, constituyen una pléyade de pensadores quiénes -en el inicio del siglo pasado- se abocaron a este tema existencial de la culpa. Heidegger ha dedicado el parágrafo 58 de <em>Ser y Tiempo</em> (su más importante obra filosófica publicada en 1927) a esta distinción elemental. Ese parágrafo se titula: <em>“El comprender de la llamada y la deuda”</em>. Así lo tradujo José Gaos en 1951; casi medio siglo después el chileno Jorge Eduardo Rivera traducirá <em>“Comprensión de la llamada y culpa”</em>. ¡Y en ambos casos estará formalmente bien! (no nos olvidemos que Heidegger, en alemán, tenía un sólo término para aludir a ambas cosas: <em>shuld</em>, a la vez “deuda” y “culpa”). Heidegger en ese parágrafo de <em>Ser y Tiempo </em>distinguirá entre un <em>“concepto existenciario”</em> de deuda y lo que él mismo denomina el <em>“concepto usual o cotidiano” </em>de la misma. El primero está referido a aquélla deuda original (existencial), que no puede ser pagada (¿cómo pagarse a sí mismo?) y que generará una culpa que (debidamente asumida por el hombre es positiva, en cuanto nos abre el camino del “sí mismo”, de lo que él denominará “existencia auténtica”. En cuanto al concepto “usual o cotidiano” de deuda, dirá que éste es propio del <em>“ser-con”</em> (los otros) y que tiene a su vez dos desinencias de sentido: por un lado, el <em>“adeudar”</em> (algo a alguien) y por otro el <em>“tener la culpa”</em> (¡adviértase ya aquí la diferencia posible entre deuda y culpa!). Del <em>adeudar</em> dirá que son formas del “ser-con”, del tipo del “aportar o proporcionar” (o sea del “dar”), lo cual abre a su vez las “posibilidades” (en el sentido existencial de este término) de “sustraer, el quedarse con lo prestado, el reservarse, el quitar, el robar”, es decir “el de no satisfacer los derechos de propiedad”. En cambio -y esto es para nosotros lo esencial aquí- señala que, en ese terreno fáctico, <strong><em>el “tener la culpa” no necesariamente está atado con la deuda.</em></strong> Y al respecto deslinda tres situaciones muy significativas. En primer lugar, lo que denominaríamos la <em>deuda imaginaria</em>, o el considerarse deudor sin realmente serlo. Nos dice al respecto: “se puede ‘ser deudor’ sin ‘adeudar’ nada al otro, o ‘endeudarme’ en nada con otro”. En segundo lugar, lo que podríamos llamar la <em>deuda involuntaria</em>, o sea aquélla deuda que se origina en la relación con en el otro sin que mediara formalmente un “préstamo efectivo”. Y dirá sobre esto mismo que “se puede adeudar algo a otro, sin tener uno mismo la culpa de ello”. Los consultorios psicoanalíticos, los hospicios y las cárceles suelen estar llenos de estos tipos de “deudores” imaginarios o involuntarios! Pero Heidegger distingue también un tercer tipo de deuda sin culpa, a la que bien podríamos denominar “<strong><em>deuda externa”, </em><em>en el sentido de ser una deuda contraída sin mi concurso efectivo, ni mi pedido, ni mi consentimiento expreso.</em></strong> En ese mismo parágrafo 58 de <em>Ser y Tiempo, </em>dirá que hay casos en que <em>“Un tercero puede contraer deudas ‘por mí’ con otros”.</em> O sea, una deuda que es estructuralmente “externa” al que termina padeciéndola como “culpable”, en tanto fue contraída por <em>uno</em> (que no soy yo)<em> con “otro”, </em>De aquí que en el texto heideggeriano el “por mí” esté entre comillas, indicando así su uso impropio y por ende la alineación de existencia que ello comporta. De esa deuda no sólo <em>no soy culpable</em>, sino que también soy <em>externo</em>, por ende, si intentase “honrarla” (confundiéndola con la existencial) sólo conseguiría <em>deshonrarme a mí mismo;</em> o dicho en términos más concretos: enajenaría mi vida en el otro (el supuesto “acreedor”) dejando así en sus manos lo que más me pertenece: la propia existencia. “Posibilidad de la imposibilidad” que en este caso hasta me sería negada en su acepción más digna. Es que, en este sentido preciso, <strong><em>ser deuda es ser de otro, hasta la muerte. </em></strong>Si el diván de los psicoanalistas está lleno de falsas deudas (de deudas imaginarias e involuntarias) que agregan un plus de dificultad a lo que ya de por sí es dificultoso (esto es, vivir en plenitud la propia existencia), estas “deudas externas” complican y rebajan aún más la vida de los pueblos, sobre todo de los del “mundo no desarrollado”, o como prefiera llamárselos. A esta dimensión esencialmente <em>política </em>de la “deuditud” quisiéramos referirnos ahora, desde nuestra situación argentina y latinoamericana (es decir específica, propia, situada).</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2019/04/18130737/Carlos-Alonso.jpg" alt="Carlos Alonso: pincel y corazón de un artista universal - Infobae" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>“Sin pan y sin trabajo” (1966), Carlos Alonso.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>4. Sobre la deuda argentina en particular.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si bien al comienzo de este breve texto partí de <em>palabras</em> (porque las palabras son algo más que “palabras”), ahora partiré de una <em>cifra </em>que es algo más que un número. No pocas veces nuestra “deuda externa” llegó a superar el 100% del Producto Bruto, esto es que –materialmente hablando- debíamos más de todo lo que la Argentina junta puede producir por año. Los dos gobiernos de Carlos Menem (1989-1999, acompañado por Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, sucesivamente, como vicepresidentes) y el de Fernando de la Rúa (1999-2001, acompañado por Carlos Álvarez como vicepresidente, entre 1999 y el año 2000) fueron especialmente “endeudadores externos”. Lo hicieron con una especial fruición y convencimiento y ambos lo ejecutaron a través de un mismo ministro de Economía: <strong><em>Domingo Felipe Cavallo</em></strong>.  En aquellos años alcanzamos un tope del cual nunca pudimos zafar del todo y que condicionó en buena medida las décadas siguientes: <strong><em>si hipotéticamente hubiese sido posible “vender” el país con todos sus habitantes adentro, aun así no hubiésemos podido  saldar de inmediato nuestra deuda</em></strong>. Deberíamos seguir penando por años y años. Si se soporta escucharlo de una manera más cruda: en términos económicos llegamos a ser un <em>quebranto</em>, esto es un negocio que casi no tenía futuro, ya que, repartiéndonos en una eventual <em>convocatoria </em>de acreedores, ni aun así estos podrían ser resarcidos en plenitud. Después -mediante un formidable e inteligente esfuerzo de pueblo y gobierno- volvimos a tenerlo, durante la “década ganada” (2003-2015). Pero  nuevamente sobrevino la frustración: Macri, su compinche Donald Trump y con la complicidad del inefable FMI, volvieron a endeudarnos (sin que tengamos tampoco esta vez la “culpa” directa, ni el merecimiento ético colectivo). Peor aún, un caballero de ese gobierno, de apellido Caputo (a quien el presidente Macri llamaba “hermano del alma”) firmó un bono con deuda a un siglo de pago y encima tuvo la caradurez de presentarlo como “un símbolo de la confianza que los acreedores nos tienen”! Pero la rueda sigue girando y henos aquí a nosotros, otra vez tratando de zafar como podamos. Si bien la deuda no alcanza ahora al 100% de nuestro producto bruto (a pesar del <em>pandemomium</em> que todo lo envuelve) es otra vez muy abultada, por cierto. En la <em>cifra</em> que va teniendo está también <em>cifrado </em>un núcleo axial de nuestra existencia, de nuestro “ser argentino” hoy. <strong><em>El argentino ya no sólo tiene una deuda, sino que cada tanto “es” deuda</em></strong><em>.</em> Y entonces a aquélla deuda existencial que le corresponde soportar por el sólo hecho de ser humano, se le agrega una circunstancial (y muy concreta) que reduplica su “deuditud” y su culpa. Así, la gran mayoría de los argentinos (pero no todos!) <strong><em>somos deuda</em></strong> por partida doble. Por esto cuando la deuda ha embargado de modo tal nuestro ser, ésta deja de ser un elemento más de la existencia cotidiana y se transforma en una situación que todo lo impregna: “ser argentino” hoy implica habitar una muy peculiar <em>condición deudora.</em> Esta <em>condición </em>(“ofeilemática”) -a diferencia de la existencial- no se extingue con la muerte propia, sino que pasa a nuestros hijos, nietos y bisnietos. Recordemos que una anterior renegociación (una estafa en realidad) del 2001 –denominada popularmente como “megacanje”- no sólo la aumentó considerablemente, sino que estiró su hipotético pago hasta después del año 2030. Por ende, se trata de una deuda que no se “paga” con una vida, sino con varias. Por eso mismo cada argentino que nace lo hace con esta <em>doble condición deudora</em>: la existencial y la circunstancial. <strong><em>Nace debiendo dos veces: a sí mismo y al Otro</em></strong>. De un lado lo “invoca” la voz de la propia conciencia (llamándolo a la autenticidad); del otro el “acreedor” (externo) reclamándole el pago. En aquel 2001 cada argentino recién nacido -sin haber efectuado aún ninguna transacción comercial- “debía” no obstante aproximadamente 5000 dólares. Ahora no he vuelto a hacer la cuenta, pero sin duda debe ser muy abultada. He aquí –como pueblo- nuestra “circular” <em>condición deudora</em>: no la extingue la muerte de varias generaciones y ya nacemos con la <em>cifra </em>marcada en la frente; “marca” de la Bestia, sin la cual –como bien decía San Juan en el <em>Apocalipsis</em>&#8211; “nadie podrá comprar ni vender si no está marcado”, exhortando a los sabios para que la <em>“interpreten”.</em> Parco como era, dejó una sola y enigmática pista: <em>“Se trata de un hombre y su cifra es 666”.</em> ¡Labor analítica por excelencia: descubrir el Nombre y el Número de la Bestia! Para terminar, agreguemos un dato –sólo un dato más- para completar este cuadro singularmente perverso. Esta peculiar <em>condición deudora</em> que atraviesa hoy el “ser argentino”, cumple estrictamente con los requisitos de la “deuda no culposa” de las que hablaba Heidegger en aquél parágrafo 58 de <em>Ser y Tiempo</em>: <strong><em>fue contraída en “nuestro nombre” por algunos con otros y sin nuestro consentimiento expreso</em></strong><em>. </em>Efectivamente, hace ya muchísimas décadas, “algunos” decidieron que la deuda de ellos era en realidad la de todos: <strong><em>así se estatizó la deuda externa privada, transformándola en pública</em><em>. </em></strong>El texto de este “pase” no figura en ningún evangelio, claro está, sino que fue un breve Comunicado (“técnico”) del Banco Central de la R.A (el A-251 de noviembre de 1982, para ser más precisos; ratificado luego, a los apuros, por el decreto-ley 22749 de febrero de 1983, en los últimos días de la dictadura militar iniciada en 1976. Otro de los “presentes griegos” que debió soportar la renacida democracia. A partir de allí “todos” los argentinos nos hicimos cargo de la deuda de algunos (¡como si con la “existencial” que ya teníamos no fuese suficiente!). Aquél día el Ángel que sirvió a la Bestia tuvo nombre: para que la burla no tuviese fin, su nombre coincidía con el del día de la semana dedicado al Señor, con el séptimo día: <strong><em>Domingo</em></strong>. Y fue así como comenzó esta larga <em>peregrinación” argentina”</em> que llega hasta nosotros. “Argentina”, nombre equívoco por excelencia. Nos encontraron buscando lo que aquí no había (<em>argentum, </em>plata); un cura borracho y mujeriego nos nombró así por primera vez, en un poema tan largo como malo (Martín del Barco Centenera, en 1602); dos siglos después hicimos de ese adjetivo (falso) un sustantivo (impropio): “argentino” (Vicente Fidel López en 1813). Nunca nos corregimos y terminamos llamándonos por lo que no había: <em>argentum, </em>plata, “argentino”). Más que un “ser” lo que contrajimos fue una tarea: <em>hacer “algo” con esa falta</em>; <em>inventarnos un “ser” todos los días</em>; <em>improvisar o morir.</em> Sólo un “argentino” sabe lo pesado que es eso: aquí lo insoportable no es la “levedad del ser”, sino su ausencia, lisa y llana. Por eso, porque no hay “nada”, es que forzosamente debemos ser campeones en “todo”. Inventar para mañana y sin plata; atarlo con alambre y que funcione, un imposible día por medio. Por la mitad de esto –pensado en inglés o en alemán, idiomas donde además “deuda” y “culpa” se dicen igual y alimentan recíprocamente- un europeo o un norteamericano se volvería irremediablemente “loco”. Nosotros, por suerte y al menos todavía, seguimos hablando en castellano y es aquí donde los senderos se bifurcan: una cosa es la <em>Deuda </em>y otras las deudas. De la primera –como todo hombre o mujer- nos hacemos cargo como podemos y temblando de angustia; con las segundas –cuando no razonamos con el manual del acreedor y pensamos en castellano, donde deuda y culpa se dicen diferente- hemos producido nuestros mejores libretos, al menos para seguir viviendo. Es cierto que no es mucho. Es cierto que los europeos o los norteamericanos lo harían de otra manera, hasta quizás “mejor” que nosotros (no olvidemos que en el FMI se habla en inglés). Pero, así como somos, no hay más remedio que tenernos paciencia. Esta es también una forma del “crédito”; la más adecuada acaso para poder localizar a la Bestia que firmó por todos y nos puso el sello en la frente. No el de la angustia, sino el del número falso: el “666”. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 21 de junio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Doctor en Filosofía y Letras por la UBA.</span></p>
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		<title>SILBIDOS DE UN VAGO 18 – El discurso político y el sueño de poder de los intelectuales &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Nov 2021 03:47:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[Discurso político]]></category>
		<category><![CDATA[filósofos]]></category>
		<category><![CDATA[Heidegger]]></category>
		<category><![CDATA[intelectuales]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Qué vincula el discurso político a intelectuales y filósofos de la talla de Platón, Martin Heidegger o José Ortega y Gasset, aunque también, en Argentina, haya unido al hijo de un gran filósofo con el macrismo; el filósofo que no pudo ser ni Platón, ni Heidegger ni Ortega y Gasset, aunque se aproximó a Duran Barba.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/silbidos-de-un-vago-18-el-discurso-politico-y-el-sueno-de-poder-de-los-intelectuales-por-noe-jitrik/">SILBIDOS DE UN VAGO 18 – El discurso político y el sueño de poder de los intelectuales &#8211; Por Noé Jitrik</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Qué vincula el discurso político a intelectuales y filósofos de la talla de Platón, Martin Heidegger o José Ortega y Gasset, aunque también, en Argentina, haya unido al hijo de un gran filósofo con el macrismo; el filósofo que no pudo ser ni Platón, ni Heidegger ni Ortega y Gasset, aunque se aproximó a Duran Barba.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No es ninguna novedad que lo que conocíamos como discurso político ha ido cambiando, tanto el que empleaban los políticos propiamente dichos como los diversos comentadores, periodismo de todo tipo y aun opinadores domésticos o vecinales: es como si hubiera perdido espesor o identidad. Salvo contados casos si se consideran sus efectos, podemos sentir que lo tiene pero eso tampoco parece importar demasiado, importan más las decisiones, de quienes tienen que tomarlas, y los propósitos, de quienes están a la caza de las declinaciones o puntos débiles que pueden tener sus enemigos. Pero, en cuanto a su definición, siempre ha sido así porque en ningún momento de su historia ese discurso tuvo una forma propia, siempre dependió de otros discursos que le daban sustento. En cierto momento se nutrió de teatralidad, también de “deportivismo”, en ocasiones, desdichadas, de militarismo, más recientemente de “economicismo” y por fin, pero eso no termina, de “comunicacionalidad”. Lo que observo ahora, muy parcialmente, es la aparición de palabras o expresiones&nbsp; que proceden de lugares diferentes pero que se emplean con gran convicción. No es mi objeto describir con la amplitud que lo merece esa invasión terminológica, me basta evocar algunas pocas palabras para llegar a lo que en este caso me interesa y que iré diciendo. Así, con toda soltura, abunda la expresión “asignatura pendiente”, de origen escolar, “marketing”, del comercio (importado), “mediático” de los medios de difusión, “digital”, de la informática, “las y los, ellas y ellos, todas y todos”, del feminismo, “tuits y/o facebook”, de la comunicación, “coachear”, del deporte, importado desde luego, “meritocracia”, y muchas más, sería fastidioso enumerarlas pero, entre ellas, una que me parece importante, es “modelo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Que, como se sabe, tiene una multiplicidad de sentidos&nbsp; aunque el predominante es el equivalente a ejemplo. No lo tomo en ese sentido sino en el del papel que desempeña en el discurso político: cuando los políticos se ponen serios lo emplean en esta solemne frase: “nuestro modelo de país”, que difiere, naturalmente del que dicen otros que dicen que lo tienen. Pero, ¿hay un modelo de país, o sea “modelado”, lo que querría decir “configurado” o “conformado” o, peor, un “país modelo”? Si quien lo dice tiene claro lo que quiere que sea el país es porque cree tener o tiene una idea de lo que debe ser, es decir que “todavía” no está conformado, lo cual no es algo que sea un ejemplo y, en consecuencia, no puede ser modelo de nada. Si me equivoco y estoy improvisando no habría nada que decir pero si no es así la palabra no tiene sentido y se emplea irresponsablemente, lo que no deja de ser importante porque es engañosa y eso, en política, tiene un costo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En los comienzos del nazismo el ya célebre Heidegger creía, al parecer, en la oscura ensalada de imágenes que profería el ya delirante Hitler. ¿Creía? Si creía eso duró poco: fue expelido rápidamente del cargo que le habían asignado, Rector de la Universidad de Heidelberg, y se refugió en su cabaña de la Selva Negra, se supone que mascullando su decepción mientras caminaba, solitario, pensando, filosofando en su caso. No lo dejaron ser el filósofo de cabecera del nazismo, no le permitieron ser quien podría darle el verdadero sentido que él creía que tenía esa demencia, debe haber creído que en ese amasijo de amenazas que en forma de bramidos estaba seduciendo a gran parte de la población alemana residía una verdad trascendental: quiso ser como Platón, cuando aconsejaba a los tiranos, pero no resultó. No fue el único que tuvo parecida idea: a José Ortega y Gasset, otro filósofo, que no era Platón ni Heidegger, se le ocurrió lo mismo, creyó que podría convertirse en el cerebro de Franco convencido de que en el de Franco no había nada. Pero tampoco resultó. ¿Pensó lo mismo Alejandro Rozitchner, que no era Platón, ni Heidegger, ni Ortega y Gasset, pero había sido hijo de un filósofo, cuando se acercó a Macri? Tuvo un poco más de suerte: no salió expelido de esa vecindad pero tampoco su teoría de la felicidad tuvo un gran eco, pasó nomás y sólo le sirvió para perder amigos, cosa que también les había ocurrido a los nombres mencionados, en particular al alemán.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muchos intelectuales, filósofos o escritores y aun poetas tuvieron esa brillante idea que partía, naturalmente, de un prejuicio, el de que los políticos que llegan al poder son por lo general deficientes, o sólo astutos si no son simplemente dementes y que nada costaría soplarles en los oídos lo que tendrían que pensar o, al menos, aparentar que piensan. Omitían el hecho de que de una manera u otra, por pertenencia, por intuición, por presión, representaban pensamientos de otros, más fuertes, me refiero a intereses, la sucia economía quiero decir, cada día que pasa más robusta al mismo tiempo que más anónima, eso que llaman “capital transnacional”, o “monopolio” o, como se decía antes, “imperialismo”. Es como un sueño de poder esa creencia de ciertos intelectuales, no creo que hubiera tenido éxito alguna vez. Por lo general vuelven a casa heridos, despechados, despreciando más claramente que antes a quienes creían que eran seres inferiores, que no se daban cuenta de sus méritos, bastos, ignorantes o, en el mejor de los casos, corruptos. Y digo “en el mejor de los casos” porque al menos los corruptos tuvieron la habilidad de encontrar la ruta, “per la selva oscura”, como escribió Dante Alighieri, para encontrar el tesoro escondido. No creo que fuera el caso de Heidegger ni, por supuesto de Platón, ni de Durán Barba, creo, ni de Vasconcelos, ni de Rogelio Frigerio, creo, y menos del desgraciado Ezra Pound, que ni siquiera se debe haber acercado a Mussolini.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://loff.it/wp-content/uploads/2014/10/loffit_ezra-pound_10.jpg" alt=""/><figcaption><em>El poeta Ezra Pound.</em></figcaption></figure></div>



<div style="height:1px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Quedarse encerrado en casa desde hace tantos meses, no sólo aquí –aquí muchos piensan que esta desgracia sólo a nosotros nos pasa- sino en el mundo entero, tiene dos aspectos que se conjugan: uno es estar solos y, en gran medida, incomunicados –no del todo porque tenemos teléfono, celulares, computadoras, televisión, que nos hacen creer que no lo estamos tanto-, el otro, que somos vulnerables, más que de ordinario. Los efectos de tal conjugación son variados: tendencia a deprimirse, fastidio, furia, dormir mal, empezar a tener síntomas de variado tipo y pensar que no será fácil conseguir médico que atienda, pero quienes conservan la calma responden sin amilanarse, siempre que llovió paró y esa sabiduría que tanto ayuda a conjurar los fantasmas. Todo eso se conoce hasta el hartazgo, no conduce a ninguna parte volver sobre esta estadística implacable.<br><br>Dar un paso al costado y pensar en términos categoriales a muchos los ofende, pero, inveterada costumbre, no puedo dejar de hacerlo y ahora pienso en el teléfono. Es cierto que no suena con la frecuencia de antaño, también lo es que uno lo extraña y espera los llamados y cuando los hace y no hay respuesta se produce una frustración. De ello se infiere que se establece un circuito de dos términos, espera y respuesta, que son dos dimensiones del hecho comunicativo. El primero, la espera, está vinculado directamente con la distancia, más lejana más tensa y deseada, que en lo personal equivale a ausencia; el segundo a la cercanía, que equivale a presencia. A partir de ahí brotan innumerables variantes. La espera puede ser ansiosa o calma, serena y resignada u obsesiva: la respuesta puede ser urgida y tranquila o exigente; en ambos casos, cuando no es comprendida y justificada, es motivo de reproche, en cambio produce una particular satisfacción cuando la espera concluye rápidamente y la respuesta es satisfactoria, cálida y restablecedora. Entre esos dos términos transcurre la vida social y detenerse en sus más y sus menos da lugar a dramáticas o a felicidades deseadas que de pronto resplandecen. En los tiempos que corren ambos términos están presentes, yo diría que en todas las casas pero también en el ámbito social y político: yo espero todos los días que disminuyan los contagios, otros que aumenten los  salarios y no los precios, todos esperan que las próximas elecciones sean una respuesta a la pregunta implícita, qué va a pasar, el gobierno una confirmación, la oposición un fracaso. Y, por fin, de ello, un comportamiento, el gobierno, Cristina en particular, algunas propuestas políticas como respuesta a dificultades insólitas y a ataques grotescos, la oposición a obstinados ataques y a un despliegue de irracionalidad apurado, que hace de la espera un caldero y no la atención calma de quien podría cosechar algún fruto, comible por todos.       </p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 6 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></p>
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		<title>TROPAS DE ASALTO (Segunda Parte) &#8211; POR CARLOS CRUZ          </title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/tropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Mar 2025 15:58:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Amigo-enemigo]]></category>
		<category><![CDATA[Heidegger]]></category>
		<category><![CDATA[Nacionalsocilaismo]]></category>
		<category><![CDATA[Tropas de asalto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al igual que acontece en nuestros días de Gobernanza Global Corporativa, el discurso autoritario a la vez de señalar al enemigo, haciendo uso del aparato estatal, procura instalar al orador en una suerte de “liberador” mesiánico.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/tropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz/">TROPAS DE ASALTO (Segunda Parte) &#8211; POR CARLOS CRUZ          </a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-664f62302343ef543a7f046e74a5b1ea wp-block-paragraph"><em><strong>Al igual que acontece en nuestros días de Gobernanza Global Corporativa, el discurso autoritario a la vez de señalar al enemigo, haciendo uso del aparato estatal, procura instalar al orador en una suerte de “liberador” mesiánico.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0295c204f8fc37912833122e4e566e98 wp-block-paragraph"><strong>Por Carlos Cruz*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e51db814181350258a52f9093a99beb3 wp-block-paragraph"><em>(Para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:61px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe79b8049f3bc4f4a9786cfab313a69f wp-block-paragraph"><strong>Síntesis de la Primera Parte</strong></p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e9c7a6f3d4a9c06d4a98ef2e6f182a2 wp-block-paragraph">Asistimos a tiempos de barbarie confesional, en que para presentarse como <em>“Brazo armado” neoliberal</em>, se invoca a “<em>Las fuerzas del cielo”</em> ‒ <em>las fuerzas</em> <em>de la Casa de Dios</em>” (Antiguo Testamento- Macabeos)<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> o a la <em>serpiente</em> (<em>Dan</em>) que ataca al caballo desde atrás y hace <em>caer al jinete</em> (Génesis 49:17)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f14318890c84670a7ae6c2605f59e0d wp-block-paragraph">En este contexto, destacamos ciertos mandatos que las Corporaciones económicas imparten a sus Estados Gendarmes. Mandatos estos encaminados a incrementar los Poderes punitivo (estatal y paraestatal) en resguardo del Modo de producción capitalista. Referimos también ‒más allá de cortes sincrónicos‒: que este Modo de producción recurre, en distintos momentos, a diversas formas de “Orden económico”‒de Organización económico-político-jurídica‒ (Estado de bienestar democrático, Liberalismo totalitario, Fascismo) y desde esa perspectiva subrayamos, algunos casos paradigmáticos que ilustran el apoyo que algunas Corporaciones multinacionales brindaron, de manera simultánea,&nbsp; al <em>III Reich</em>&nbsp; y a varios movimientos libertarios.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0394e69117b1ce79af64725c9a0e8488 wp-block-paragraph"><strong>1. La cultura de las armas</strong>. &#8230; C<em>uando escucho la palabra cultura quito el seguro de mi Browning. </em>Esta frase, de la pieza teatral <em>Schlageter,</em> retumbó, la noche del 20 de abril de 1933, en la sala de Teatro Estatal de Berlín. Esa obra, del dramaturgo alemán Hanns Johst ‒presidente de la <em>Kampfbund für Deutsche Kultur,</em> un organismo orientado a combatir “degeneraciones culturales”<em>–</em> resultó estrenada en una atmósfera de celebraciones por el 44º cumpleaños de Adolfo Hitler. La representación escénica, escrita en el estilo patriótico de “poesía <em>völkisch</em>» que caracterizó a su autor, constituyó un homenaje a Alberto Leo Schlageter <em>–</em>un miembro destacado de las Tropas de Asalto antimarxistas <em>freikorps</em> (<em>cuerpos libres</em>)<em> – </em>considerado un símbolo del heroísmo nazi y cuya figura, hoy, sigue siendo motivo de tributo en terrenos totalitarios.</p>



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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="402" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis-e1741621762136.jpg" alt="" class="wp-image-15077" style="width:523px;height:auto"/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ca5cdeff68014820d05807420faf8352 wp-block-paragraph"><strong>2. Criminales del arte.</strong><em>&nbsp; </em>Al igual que en <em>Mein Kampf</em>, el “Programa de Los 25 puntos” del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán” (4 de febrero de 1920) hizo explícito el repudio&nbsp;&nbsp; de los nazis hacia quienes caracterizaban de: “parásitos criminales de la cultura”. En esa misma dirección, durante un&nbsp; Congreso partidario, el <em>Führer</em> reiteró: “<em>Una revolución engendra un Estado y a la vez se esfuerza por hacer germinar una nueva cultura&#8230;&nbsp; una vez ajustadas cuentas con los criminales de la cultura, no tendremos que seguir por más tiempo litigando con estos pervertidores de nuestro arte. Desde hace mucho tiempo la decisión era irrevocable: nunca nos dejaremos envolver en discusiones sin fin con hombres que –a juzgar por sus obras– eran o locos o estafadores</em>” (Núremberg, setiembre de 1935).&nbsp; Categorías estas en que quedarían incluidos, y perseguidos, entre tantos otros: Pablo Picasso, <a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a> Bertolt Brecht, Victor Hugo, Rudolf Hilferding, Maximo Gorki o Ernest Hemingway. Igualmente, podemos mencionar, a título ejemplificativo de represión cultural fascista: la condena a prisión de Antonio Gramsci (en las cárceles de Mussolini-1937); el asesinato del miembro del movimiento “Escritores proletarios”: Tajiji Kobayashi (Tokio-1933)<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a> o el asesinato del&nbsp; bibliotecario anarquista Joaquín Penina (fusilado por la policia del neofascita José Félix Uriburu, en el puente de Saladillo de Rosario-9 de setiembre de 1930)<a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-87404de606a8163be988c19649d6dd28 wp-block-paragraph">La política del gobierno nacionalsocialista ambicionaba que el pueblo alemán “hiciera suyos”: la cultura, los intereses económicos y planes militares que sostenía el <em>Tercer Reich</em>. Objetivo este que no solo se expresó en el ejercicio del Poder punitivo (a cargo del Estado y grupos paraestatales), sino, también, en la “lucha por el sentido y las relaciones de poder”; la construcción de subjetividad; la vigilancia de contenidos comunicativos y la supervisión educativa en sus diferentes niveles. Precisamente, apenasproducido el arribo del nazismo al poder en 1933, y luego de manipular a legisladores pusilámines o venales –en línea con el pensamiento de Carl Schmitt–lograron sancionar la mencionada “Ley habilitante”, del 24 de marzo de 1933. Ley que facultó al <em>Reich</em> para dictar normas al margen del Parlamento y legitimó, <a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a> la persecución de lo que fuera “distinto”; del pensar crítico, de la negritud.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e634ed0fc0ebaea680bd64774f5a988b wp-block-paragraph">En estos escenarios de <em>Gleichschaltun</em>g –de sincronizar ideología y política– la afirmación de la superioridad de la raza germana; la voluntad y el instinto, mezclada con&nbsp; &nbsp;&nbsp;invocaciones esotéricas de las SS, convocaron a círculos ocultistas y todo tipo de ideólogos &nbsp;reaccionarios. En esos caminos, teóricos y escribas se sumaron al repudio de “la educación de tipo sexual y de los elementos que condujeran a la destrucción de la familia”, a la par de combatir el “<em>peligro comunista</em>”.<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a> Así, podemos destacar, entre los intelectuales que realizaron diversos aportes al nacionalsocialismo, las figuras de Martin Heidegger y Carl Schmitt.<strong>&nbsp;</strong></p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://s3.abcstatics.com/media/cultura/2015/12/07/mate2_xoptimizadax--620x349.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El filósofo Martin Heidegger</em>.</figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73ad08910fabe2adb770b7dd6538a6c3 wp-block-paragraph"><strong>3. El Discurso del Rectorado.&nbsp; </strong>En ese “espíritu de época”,&nbsp; y con el fin de reforzar el “principio de autoridad incondicional del líder” (<em>Führergrundsatz</em>), Martin Heidegger –devenido en miembro del <em>Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán </em>(NSDAL) – es designado al frente de la Universidad de Friburgo. Nombramiento que nos remite al momento en que el autor de <em>Ser y Tiempo</em> asume el Rectorado: un día después de realizar su arenga en homenaje a Alberto Schlageter (el personaje central de la referida obra de Johst) y al poco tiempo de llevarse a cabo, en 34 ciudades universitarias germanas, un nuevo culto a la quema de libros (10 de mayo de 1933). De esta forma, una gris jornada de <em>Freiburg</em>, encuentra a Heidegger desplazándose, enfundado en su&nbsp; negra toga ritual, camino a cruzar los portales de aquella Universidad a fin de “tomar posesión” de la función (27 de mayo de 1933). Lo hace encabezando una compacta columna de profesores y estudiantes, rodeados por las camisas pardas de la <em>Sturmabteilung </em>(SA), en una atmosfera de antorchas encendidas y cruces gamadas. Atmosfera esa que da marco al polémico discurso de Heidegger respecto de <em>La autoafirmación de la Universidad Alemana </em><a id="_ednref7" href="#_edn7">[vii]</a><em>. </em>Alocución donde va a sostener los principios de la <em>Kriegsideologie</em>&nbsp; (Ideología de Guerra) al exponer: la Universidad alemana solo llegará al poder cuando los servicios “del trabajo, las armas y el saber se reúnan originariamente en una única fuerza”. Para finalizar recurriendo –conforme ya destacara José Pablo Feinmann–<a id="_ednref8" href="#_edn8">[viii]</a> a la frase en que Platón expresa: “Todo lo grande está en <em>peligro</em>”– a fin de &nbsp;resignificarla: “Todo lo grande está en medio de la <em>tempestad</em>”. De esta manera, en el texto alemán introduce, subrepticiamente, la palabra <em>Sturm</em>, que puede traducirse como <em>tempestad,</em> pero que también tiene la acepción de <em>asalto</em>. Por consiguiente, él, en su carácter de <em>Rektor</em>, ocupa la centralidad del acto, en medio de las <em>Tropas de asalto </em>(<em>SturmTtruppen</em>) de Ernst Röhm.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="698" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis11-1024x698.jpg" alt="" class="wp-image-15082" style="width:501px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis11-1024x698.jpg?v=1741622146 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis11-300x204.jpg?v=1741622146 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis11-768x523.jpg?v=1741622146 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/03/nazis11.jpg?v=1741622146 1380w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-94cb167eece2a6f1f030734cc512847b wp-block-paragraph"><strong>4.- El enemigo.&nbsp; </strong>Los postulados de laPlataforma del NSDAL también fueron precisos al establecer: “Algunos residentes de Alemania no pueden ser ciudadanos, sólo los ciudadanos tienen derechos igualitarios”. Enunciado este que dio sustento a prédicas que, vociferadas en una <em>jerga soez y violenta</em>, van a centrarse en cualquier ser humano estigmatizado de: “judío”, “homosexual”, “artista”, “negro”, “comunista”; enemigo o “legislador chusma de partido”. Por tanto –al igual que acontece en nuestros días de <em>Gobernanza Global Corporativa</em>– el discurso autoritario “a la vez de señalar al enemigo” –haciendo uso del aparato estatal– procura instalar al orador en una suerte de “liberador” mesiánico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4d8c6483db4d9897a8a83a184972eec wp-block-paragraph">El problema de la relación “amigo-enemigo”&nbsp; reconoce, hacia fines del siglo XIX, distintos abordajes. Dentro de los cuales podemos mencionar al Positivismo criminológico italiano que, de la mano de las publicaciones de Garoffalo (1882) y Enrico Ferri (1884), va a caracterizar al “anormal hombre delincuente” ante quien el Estado está habilitado para anticiparse a sus actos y privarlo de su libertad o bien incapacitarlo. Ese camino, de persecución de “personas desprovistas de <em>valor vital</em>” (Karl Binding-1906), <em>anormales</em> o <em>Unnütze esser</em> (bocas inútiles)<a id="_ednref9" href="#_edn9">[ix]</a> condujo, entonces, hacia <em>Dachau </em>y los campos crueles destinados a encarcelar a seres humanos calificados como: “raleas urbanas enemigas del Estado”. En lo tocante a este tema, el aporte teórico de Carl Schmitt (miembro del Partido nacionalsocialista, considerado <em>Kronjuris</em>t del Tercer Reich) contribuyó para legitimar al <em>Fuhrerstaat, </em>de la misma manera que, hacia fines del siglo pasado, ejerció su influencia &nbsp;ideológica sobre algunos adeptos de un <em>Derecho penal del enemigo. </em>En este aspecto, su <em>Teoría del Estado totalitario</em> desarrolla la construcción dialéctica <em>amigo- enemigo</em>, donde el enemigo (<em>feind</em><strong>), </strong>corporizado en el “otro” –el “extraño”– otorga unidad a la comunidad política ante <em>ese</em> enemigo al que debe enfrentar. Asimismo, su&nbsp; defensa del “Principio de Liderazgo» (<em>Fuhrerprinzip)&nbsp; lo llevó a sostener que Hitler no hacía leyes sino que adoptaba medidas ejecutivas o administrativas –como diríamos hoy: “Decretos”, como el DNU 70/23 o la designación de cortesanos por el poder ejecutivo–. “Medidas” decididas por fuera de la división de poderes y ajenas al principio de legalidad iluminista, que no implicaban sino una Defensa del Derecho por parte del Líder&#8230; del Supremo señor de la justicia.&nbsp;&nbsp;</em></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-701ca48635f2c29539a3e248b854de5a wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> “<em>En una batalla la victoria no depende</em> del número de soldados” sino <em>del poder que viene del cielo </em>–<em>de la fuerza que Dios</em> /la casa de Dios “nos da” (Antiguo Testamento, Libro I de los&nbsp; <em>Macabeos </em>– Capítulo&nbsp; 3, Versículo 19), que refiere la revuelta de un movimiento judío de liberación contra el ejército griego (año 166 AC).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3a47d211b27f27ba0fc07a5febb73e7 wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Clark, Toby (2001).&nbsp;<em>Arte y propaganda en el siglo XX</em>,&nbsp; Akal.&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/ISBN">ISBN</a>&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Especial:FuentesDeLibros/978-84-460-1150-7">978-84-460-1150-7</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1edab202f5c305ee0a23aaa69016d903 wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a>&nbsp; Sardegna, Miguel (director), <em>Bajo un cielo oscuro cargado de nieve</em>, Ed. también el caracol, Buenos Aires 2020, pp. 20 y 28.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf99fbc425ac3e7ef985461140ef547a wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a>&nbsp; Tarcus, Horacio, <em>Diccionario biográfico de la izquierda argentina</em>, Emecé, Buenos Aires, 2007, pp. 500</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af5738c743bda5b6078361ce2cc34c5c wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a>&nbsp; Ley<em>del 26 de mayo de 1933- RGB, I, 293</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-71df55902b66364b525e05ef616295c0 wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a>[vi]<strong> </strong><a href="http://constitucionweb.blogspot.com/2013/10/discurso-del-rectorado-martin-heidegger.html">http://constitucionweb.blogspot.com/2013/10/discurso-del-rectorado-martin-heidegger.html</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ad4c5c4bc01209be3528a9c6ab2aabd wp-block-paragraph">[vi]ii &nbsp;Rafecas, Daniel, “<em>El aporte de los discursos penales a la conformación de Aus</em>chwitz”, Nuestra Memoria Año XI · Nº 25 · Junio 2005 &#8211; Museo del Holocausto. Argentina, pp. 139 y siguientes.) <a href="https://museodelholocausto.org.ar/private/pdf/nuestra-memoria/nuestra-memoria-25.pdf">https://museodelholocausto.org.ar/private/pdf/nuestra-memoria/nuestra-memoria-25.pdf</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b9528ee5e9fae09a7a92509ed4501927 wp-block-paragraph">&nbsp;[vi] iii&nbsp; Feinmann,&nbsp; José Pablo, <em>La filosofía y el barro de la historia</em>; Ed. Planeta, Buenos Aires, 2008, p. 385.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-66dbe8cbf1a32776910699d66a649d44 wp-block-paragraph">Buenos Aires,&nbsp; 10 de marzo de 2025</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36aadb4e65650b965afb10a204fac7f5 wp-block-paragraph">*Doctor en Derecho-Universidad de Buenos Aires. Profesor Consulto, Facultad de Derecho &#8211; UBA. Presidente de la Asociación de Abogados/as de Buenos Aires (2011-2013).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-de27348ec0a8bc4c34d4cdface0ff32f wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7"></a>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8"></a>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref9" id="_edn9"></a>&nbsp;</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&amp;linkname=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Ftropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz%2F&#038;title=TROPAS%20DE%20ASALTO%20%28Segunda%20Parte%29%20%E2%80%93%20POR%20CARLOS%20CRUZ%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%C2%A0%20%C2%A0" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/tropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz/" data-a2a-title="TROPAS DE ASALTO (Segunda Parte) – POR CARLOS CRUZ          "></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/tropas-de-asalto-segunda-parte-por-carlos-cruz/">TROPAS DE ASALTO (Segunda Parte) &#8211; POR CARLOS CRUZ          </a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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