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	<title>Fractura política archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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		<title>Los amigos del barrio &#8211; Por Rafael Bielsa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 May 2026 11:18:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Siempre existieron las pandemias naturales, pero ahora podemos diseñar patógenos más letales, ya sea intencionalmente o por accidente. Unos pocos líderes pueden aniquilar la civilización global<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-amigos-del-barrio-por-rafael-bielsa/">Los amigos del barrio &#8211; Por Rafael Bielsa</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef01cb3c82864ca19bac309c17570c39"><strong><em>Siempre existieron las pandemias naturales, pero ahora podemos diseñar patógenos más letales, ya sea intencionalmente o por accidente. Unos pocos líderes pueden aniquilar la civilización global en cuestión de horas mediante armas nucleares u otros medios de destrucción masiva. Aunque resulte más placentero permanecer en el presente a trancas y barrancas, es necesario mirar hacia el futuro y constatar el rigor mortis que se avecina.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-debc3133f6c0249b6719c0166e0ac8d0"><strong>Por Rafael Bielsa*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bf7973ffefde9901febb2d670b2b936b">El astrofísico Michel Mayor afirmó: “La gente piensa que la humanidad es eterna. Pero la verdad es que somos animales y nos vamos a extinguir”. Como cualquier otra forma de vida, estamos sujetos a las mismas leyes naturales que rigen al resto de las especies. Una de nuestras penas es reclamar salvadores excepcionales en lugar de adoptar responsabilidades elementales; precisamente porque no hay mayor desgracia que merecerla, en lugar de vislumbrar un futuro lejano, conviene caracterizar el que nos espera. Michel Mayor estima que “podemos durar un millón de años más, como mucho”. Es más magnánimo que Stephen Hawking, quien advirtió que, si la humanidad continúa con su rumbo actual, la Tierra podría volverse inhabitable en menos de 600 años. La fatalidad no se nos abalanza por algo que hacemos, pero nos oprime si no hacemos algo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9707dcc6014ea907a0470ebd7fc07bdf">En el actual Occidente geopolítico fracturado, la autocomplacencia escénica de sus líderes, combinada con el individualismo y la banalización del fiasco por parte de los liderados, genera un horizonte de sentido que acuña ideas, arte, instituciones y moral, al tiempo que oculta la gravedad de los problemas. Se trata de un occidentalismo que, durante décadas, buscó &#8211; a menudo con arrogancia &#8211; occidentalizar al resto del mundo; todavía se perciben las consecuencias de haber intentado aplicar nociones planas de democracia jeffersoniana en Irak y Afganistán. Vivimos en el siglo en que la especie humana ha adquirido, por primera vez, el poder tecnológico de provocar su propia extinción o un colapso civilizatorio irreversible. Escribió Dylan Thomas: “No entres dócil en esa buena noche; rabia, rabia contra la agonía de la luz”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d9307d059d4001cc769e4fccf374f19">Siempre existieron las pandemias naturales, pero ahora podemos diseñar patógenos más letales, ya sea intencionalmente o por accidente. Unos pocos líderes pueden aniquilar la civilización global en cuestión de horas mediante armas nucleares u otros medios de destrucción masiva. El cambio climático provocado por la actividad humana podría llevarnos a puntos de no retorno, con migraciones masivas, colapso de los sistemas alimentarios y una grave degradación de la biosfera. A estos riesgos se suman los derivados de la inteligencia artificial no alineada, la biotecnología avanzada, la nanotecnología y otros avances tecnológicos que podrían escapar a nuestro control. En este contexto, el florecimiento humano &#8211; que, según Martha Nussbaum, requiere no sólo la ausencia de obstáculos, sino oportunidades reales para ejercer nuestras facultades más valiosas en relación con los demás y con el mundo &#8211; se torna cada vez más abstracto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d47683426b4b755ac56d1b9b123b264">Hay quienes sostienen que la Organización Mundial de la Salud (OMS) es esencial y que “si no existiera, habría que crearla” (Real Instituto Elcano): imperfecta, pero indispensable. Se trata de un bien público global cuya utilidad está limitada por la falta de autoridad vinculante, la dependencia de financiamiento voluntario (gran parte de él privado) y la lentitud burocrática. Otros afirman que la OMS actuó con excesiva cautela en momentos críticos (declaración de emergencia, reconocimiento de la transmisión aérea, etc.); por eso, hay que fortalecerla (Helen Clark y Ellen Johnson Sirleaf). Otros expertos en salud global, como Lawrence O. Gostin, señalan que sus limitaciones son fundamentalmente políticas y financieras, lo que reduce su efectividad ante amenazas transfronterizas; su valor depende de que los Estados le brinden un respaldo real. Donald Trump dijo que la OMS era un “títere de China” y que había encubierto la gravedad del virus durante la pandemia de COVID-19 para “proteger a Pekín”. El presidente argentino acusó a la OMS de cometer “delitos de lesa humanidad” durante la gestión de la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus SARS-CoV-2. De la tradición oral de África Occidental proviene el refrán: “Lo que hace el mono hace el monito”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b22b95816aebc49e8f295d5916c46949">El virólogo y microbiólogo congoleño Jean-Jacques Muyembe-Tamfum, conocido como “el mayor cazador del virus más letal del mundo” (Ébola), fue pionero en el uso de la transfusión de sangre de sobrevivientes para infundir anticuerpos a los enfermos. Esta aproximación constituyó la base del primer anticuerpo monoclonal aprobado por la FDA, la agencia reguladora de medicamentos de Estados Unidos. Muyembe-Tamfum advirtió recientemente que “el riesgo de que el virus se extienda será mayor que lo que presencié en 1976”, porque “el virus no perdona la demora”. Es que los virus son naturales, pero las catástrofes son sociales. En este contexto, sostiene que “la salud es un asunto de soberanía”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b91e9a336361c50809a6ca9c67f44eff">En cuanto a las confrontaciones bélicas, algunos argumentan que los más indicados para buscar la paz son aquellos que han guerreado. Benjamín Netanyahu, combatiente en la unidad de élite Sayeret Matkal, parece desmentir esta idea. Otros, por el contrario, afirman que son los que nunca han combatido. Refuta esta tesis el caso de Itamar Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional, quien fue excluido del servicio militar por integrar un grupo supremacista que incitaba al racismo. La historia ofrece otros ejemplos. Churchill, político, fue un gran líder bélico; De Gaulle, militar de carrera, resultó mejor líder en la paz (Richard Vinen). Entonces, ¿quién es el mejor para alcanzar la paz? Existe un dicho: “No puedes elegir la paz si no reconoces tu capacidad de violencia”, porque tanto la paz como la violencia son decisiones. La muerte de civiles durante un episodio bélico &#8211; como las estudiantes de Irán u otros casos actuales &#8211; viola normas centrales del derecho internacional humanitario (DIH), también llamado “derecho de la guerra”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af1df6d05682f0febf215cb9470690e1">La idea central de poner fin a la impunidad de los crímenes más graves contra la humanidad, fundamentan el Estatuto de Roma (1998) y la creación de la Corte Penal Internacional (CPI). No sólo se trataba de la experiencia histórica de atrocidades masivas &#8211; desde los juicios de Núremberg y Tokio tras la Segunda Guerra Mundial hasta los genocidios de Ruanda y la ex Yugoslavia -, sino también la aceptación de que no sólo los Estados, sino también los individuos, deben responder por violaciones graves del derecho internacional. Israel firmó el Estatuto de Roma el 31 de diciembre de 2000, pero retiró su firma en 2002, al igual que Estados Unidos. Sudán también firmó en 2000, aunque posteriormente notificó que no tenía intención de ratificarlo. Rusia firmó el Estatuto en 2000, pero retiró su firma en 2016. Por distintas razones, ni China ni India han ratificado el tratado. El principio de la revelación especial sostiene que Dios se comunica con el ser humano para orientarlo. Sin embargo, frente a la ferocidad recurrente de la humanidad, la idea muestra limitaciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5db1ecded77d0edf1fda764640831513">Respecto del asedio de Sarajevo (1992-1996), en el marco de la Guerra de Bosnia, han surgido denuncias según las cuales ciudadanos italianos adinerados (principalmente del norte de Italia) y de otros países (como Estados Unidos, Canadá y Rusia) habrían participado en lo que se denominó “safaris humanos” o “francotiradores de fin de semana”. Estos participantes pagaban elevadas sumas de dinero a milicias serbobosnias para disparar contra civiles en la conocida como “Avenida de los Francotiradores” <em>(Sniper Alley).</em> Estas alegaciones, que incluyen tarifas diferenciadas según el tipo de víctima (niños, mujeres u hombres), han sido objeto de investigaciones recientes por parte de la Fiscalía de Milán en Italia. La tecnología multiplica nuestras inclinaciones como especie, sin tomar partido entre cuáles son las mejores o las peores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-492d3a15f6c463b3ee30aa75f898d2ae">El cambio climático antropogénico ha convertido a los seres humanos en una plaga sobre la Tierra. Somos lo suficientemente poderosos como para crear mundos y destruirlos poco después, tal como advirtió David Attenborough. Las emisiones de gases de efecto invernadero han alterado los fundamentos del sistema acoplado atmósfera-océano-hielo, lo que conlleva un aumento de los extremos climáticos. Se sabe que las preguntas suelen tener un ímpetu que las respuestas rebajan, como el agua al vino. Elie Wiesel, en su “Trilogía de la Noche”, relata las falsas luces y las sombras artificiales de Times Square en Nueva York: “Los afiches de neón decían continuamente que beber esto o aquello era bueno para la salud, para la felicidad, para la paz del mundo, del alma y no sé qué más”. Aunque resulte más placentero permanecer en el presente a trancas y barrancas, es necesario mirar hacia el futuro y constatar el rigor mortis que se avecina. Como cantaba Charly García: “Los amigos del barrio pueden desaparecer / Pero los dinosaurios van a desaparecer”. El problema es que ya desaparecieron los amigos del barrio y los dinosaurios. Nosotros, nos estamos pareciendo cada vez más a los últimos que a los primeros.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8ff440dbfd1de8a25b6939da08cc51c">Miércoles, 27 de mayo de 2026,</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://static.eldiario.es/clip/3ee1b5a2-dbd1-4558-ab9d-efee8623132b_avatar-200-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" style="width:109px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b9783b88ea6a58387b4ce114a2d3a0a">*Abogado y escritor.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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