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	<title>filosofía archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>filosofía archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Comunicar la verdad o comunicar la mentira. Esa es la cuestión &#8211; Por Angelina Uzín Olleros</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jul 2019 13:47:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Angelina Uzín Olleros]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Fake News]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Verdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Verdad y mentira juegan un papel importante cuando debemos proteger los derechos, cuando tenemos que cuidar los corazones para enseñar un camino de noblezas y virtudes. En un mundo virtual las fake news, son las estrellas en el firmamento de los medios y las redes pueden utilizar filosofías que advirtieron acerca de las dificultades humanas para hallar las verdades, pero esa operación es hipócrita y profundamente dañina.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Verdad y mentira juegan un papel importante cuando debemos proteger los derechos, cuando tenemos que cuidar los corazones para enseñar un camino de noblezas y virtudes. En un mundo virtual las fake news, son las estrellas en el firmamento de los medios y las redes pueden utilizar filosofías que advirtieron acerca de las dificultades humanas para hallar las verdades, pero esa operación es hipócrita y profundamente dañina.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Angelina Uzín Olleros*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La búsqueda por la verdad involucra tanto a la ciencia como a la moral, algunas posturas han puesto énfasis en distintas cuestiones, una identifica la verdad con las ideas porque entiende que ellas son universales y al mismo tiempo otra perspectiva acentúa la importancia de la experiencia sensible del mundo; alcanzar la verdad puede significar un arduo trabajo de abstracción para elaborar una teoría o, por el contrario, llegar a la adecuación de nuestro entendimiento con las cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un elemento importante es el principio de autoridad, es dios o es el ser humano el artífice de lo existente, ya sea naturaleza o sociedad, esa autoridad no debe ser desafiada, conocemos historias al respecto, Giordano Bruno o Galileo Galilei por una parte condenados por contradecir el verbo divino; Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud por lastimar el narcisismo del hombre moderno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En cada bloque histórico, tanto los científicos como los filósofos, trazaron caminos y métodos para hallar la verdad; un humanismo ingenuo creyó en la existencia de saberes desinteresados y un positivísimo cientificista aclamó la tarea de una ciencia neutra necesaria para alcanzar conocimientos objetivos de la realidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las cosas pasaron a ser objetos cuando el individuo se convirtió en sujeto, una cosa ya no es lo que era en sí misma sino que se distancia de su esencia para ser lo que el sujeto cognoscente dice que es. Entre el escepticismo de los que afirman que no hay verdades porque la precariedad de la experiencia sensible imposibilita su acceso, y el dogmatismo que considera que las leyes que rigen la naturaleza y la moral son inconmovibles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay un punto intermedio entre los que dudan radicalmente y los que creen sin dudar jamás, son los críticos que examinan al sujeto que hace ciencia y al mismo sujeto que se constituye como alguien moralmente bueno. El idealismo de fines del siglo XVIII cree en un sujeto universal, en una ciencia universal y una moral universal, ese sujeto acompañado del sueño de la razón cosmopolita imagina un futuro sin guerra por obra y gracia del imperativo categórico: actúa de manera tal que tu acción sirva de máxima universal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta categoría universalista es, precisamente, cuestionada y erosionada en el siglo XIX por los maestros de la sospecha al decir de Paul Ricoeur: Nietzsche, Marx y Freud  que en su crítica a la religión lastiman la fe del creyente y lo llevan a reconfigurar su idea de Dios y la relación que con él establece en su interioridad; la sospecha a la que se refería Ricoeur recae fundamentalmente en la imagen del sujeto que la filosofía occidental venía forjando desde René Descartes, imagen que conservaba sus principales referentes de justificación en la ontología platónica como en la metafísica y la moral cristiana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Encontrar y comunicar la verdad se tornaba cada vez más complicado, a comienzos del siglo XX el giro lingüístico centraba el problema en el lenguaje y desde entonces se abren nuevas puertas, funciones o estructuras, construcciones o deconstrucciones, decir la verdad tenía que ver con una neutralidad lógico-matemática o una complejidad inconsciente que no devela a simple vista o a primera escucha lo que el sujeto no puede saber a pie juntillas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pensamiento y leguaje estaban contaminados por un proceso de colonización y dominación que postula verdades convenientes para un sector y profundamente inconvenientes para otro. Hacer el bien sin mirar a quién ya no estaba en los planes de los grandes monopolios, sin embargo hacer el mal mirando a quién es parte de un proyecto que justifica la mentira para su propio beneficio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cada uno de estos autores dejó un legado, el nihilismo puede ser traducido de diversas maneras; el materialismo histórico también; la práctica psicoanalítica fue ampliada desde un sujeto singular a un sujeto social. Reconocer que predomina el sinsentido, admitir que la mercancía convierte en efímera materialidad los intercambios y repartos, acceder a un supuesto saber que debe ser revisado en sus límites subjetivos,  de ningún modo pueden ser utilizados para crear el contexto de justificación de la mentira.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si el que habla y en consecuencia comunica una supuesta verdad pero se equivoca por ignorancia, por haber sido estafado en su buena fe, por creer fervientemente en una información que resulta ser falsa, entonces no miente. Admitamos también que en cuestiones de comunicación es cierto que predominan muchos malentendidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero si el que miente sabe que miente y justifica esas mentiras en lo que cree una causa justa o un objetivo primordial, está cometiendo una falta grave, un delito que debe ser sancionado. La problemática del castigo en estos casos suele ser muy laxa y debemos reconocer la existencia de artilugios de la vieja doctrina liberal que puede presentar la condena a las mentiras voluntarias como un acto de censura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Verdad y mentira juegan un papel importantísimo cuando debemos proteger los derechos, cuando tenemos que cuidar los corazones para enseñar un camino de noblezas y virtudes. En un mundo virtual las fake news, son las estrellas en el firmamento de los medios y las redes; pueden utilizar filosofías que advirtieron acerca de las dificultades humanas para hallar las verdades, pero esa operación es hipócrita y profundamente dañina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una versión renovada en el universo desregulado de las comunicaciones trae un nuevo episodio de  «La guerra de los mundos» del legendario Orson Welles, cómo actuará la ley con los mentirosos profesionales y hasta dónde llega el poder de los medios de comunicación en la actualidad es parte de nuestra realidad: todavía no sabemos cuánto pánico puede causar ver  que los extraterrestres ya están entre nosotros.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre Ríos, 5 de julio de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Dra en Ciencias Sociales. Máster en Filosofía. Docente en UADER y UNR. Escritora.</em></span></p>
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		<title>Un tiempo para las preguntas &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 14:41:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[UBA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los problemas que, a mi entender, afrontamos habitualmente en la facultad de filosofía y letras de la UBA es que solemos dar por sentado que ahí somos todos, de una u otra forma, de izquierda. De una u otra forma, pero de izquierda, siempre de izquierda, todos de izquierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A menudo, probablemente, puede que en efecto sea así, que lo seamos; pero no es una eventual comprobación empírica lo que me interesa, sino las condiciones discursivas que tal premisa (justificada o no) establece de hecho (aunque de todos modos, basta con que uno solo de los presentes asuma otra perspectiva ideológica, para que dicha premisa se torne, no sólo falsa, sino también prepotente y mortificante).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las condiciones generales de nuestros intercambios nos entrenan pues hasta la experticia para debatir cuestiones de izquierda en todas sus variantes y en todos sus matices (izquierda y peronismo, desde ya; pero también proletariado y campesinado, vanguardia y revolución, redefiniciones de la noción de trabajo, foquismo y obrerismo, etc., etc., etc.).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, somos también, y por las mismas razones, bastante ineptos, o enteramente ineptos, para enfrentar argumentos de derecha. Que son, por cierto, los que, fuera de la facultad y su notorio microclima, bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general. Ante posturas netamente reaccionarias, las que en ese afuera abundan, no sabemos discutir tan bien, no estamos tan bien preparados para hacerlo, por la sencilla razón de que no forma parte de nuestros hábitos de polémica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso me resultó más que significativo un hecho que aconteció el otro día, en una de las sesiones de unas jornadas sobre cuerpo y violencia. En una de las aulas de la facultad, y en el tramo dedicado a preguntas y comentarios al cabo de una de las mesas de ponencias, una de las asistentes desplegó con marcado énfasis varios de los criterios que se reconocen como propios de la derecha: la percepción de que la inseguridad cunde sin control, la plena justificación de un estado de miedo respecto del delito, el reclamo de mano dura, la protesta porque los delincuentes son liberados de inmediato, la defensa de la justicia por mano propia y la suspensión de las garantías constitucionales. Algo hubo de Blumberg en su planteo, algo de Patricia Bullrich y algo de Eduardo Feinmann. La intervención casi no recibió objeciones. Me pareció incluso que se la daba por buena. Pienso que habría que preguntarse por qué.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>La filosofía en cuarentena &#8211; Por Roque Farrán</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/la-filosofia-en-cuarentena-por-roque-farran/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Apr 2020 17:07:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En tiempos de coronavirus y cuarentena Roque Farrán nos propone transitar una práctica de la filosofía más ajustada a nuestras condiciones actuales de existencia: compartir lecturas, escrituras, ejercitarnos en meditaciones, etc. Cualquiera puede devenir filósofo, en tanto practique un modo de subjetivación ligado a una verdad que lo implique en acto.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-filosofia-en-cuarentena-por-roque-farran/">La filosofía en cuarentena &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En tiempos de coronavirus y cuarentena Roque Farrán nos propone transitar una práctica de la filosofía más ajustada a nuestras condiciones actuales de existencia: compartir lecturas, escrituras, ejercitarnos en meditaciones, etc. Cualquiera puede devenir filósofo, en tanto practique un modo de subjetivación ligado a una verdad que lo implique en acto.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un amigo comenta un poco fastidiado que ya leyó el ultimísimo análisis filosófico acerca del coronavirus. En parte lo entiendo: tiene razón en sentirse insatisfecho por los materiales de lectura que se acumulan bajo nuestros pies (en realidad en nuestras computadoras, pero permítaseme el forzamiento de la imagen) mientras avanzamos inexorablemente de espaldas hacia un futuro incierto, como el ángel benjaminiano de la historia. La filosofía, exigida a responder por la urgencia en nombre de sus ilustres representantes, no hace más que exponer la impotencia de saberes reciclados sin poder elevarla todavía a la imposibilidad que nos afecta (así definía Lacan la operación clave del análisis: transformar la impotencia en imposibilidad). Se nos vuelve imprescindible entonces la filosofía práctica, la práctica de la filosofía (junto al psicoanálisis): la que se calla y escucha, lee y escribe, sin pretender ser original ni ostentar ninguna lectura sorprendente: simples ejercicios materiales para soportar el presente de la mejor manera posible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace no mucho los filósofos se habían cargado los crímenes del siglo veinte sobre sus espaldas y habían decidido declararse culpables; demasiada omnipotencia del pensamiento y credulidad, señalaba Badiou. Asimismo, el maestro francés trataba de reactivar un deseo filosófico más modesto pero sistemático, volcado sobre prácticas y condiciones no filosóficas: arte, ciencia, política y amor. Hoy de nuevo nos somos convocados a responder por todo y por todos, y ya observamos elevarse nuevamente los tribunales que juzgan nuestra insuficiencia para resolver los problemas mundiales. Delirios mediáticos y de histeria en redes. Los filósofos, por supuesto, como todo el mundo tenemos derecho a opinar, lo cual no quiere decir que nuestros enunciados sean filosóficos en todo momento. Para no entrar en la lógica de juicios y castigos apresurados, propongo transitar una práctica de la filosofía más ajustada a nuestras condiciones actuales de existencia: compartir lecturas, escrituras, ejercitarnos en meditaciones, etc. Cualquiera puede devenir filósofo, en tanto practique un modo de subjetivación ligado a una verdad que lo implique en acto. No es necesario convocar a ningún genio iluminado que nos explique hacia dónde nos dirigimos y cuál es el sentido último del mundo; sino apenas compartir con amigos, compañeros y maestros eventuales, que están movilizados por el mismo deseo, aquellos pensamientos que permiten interrogarnos y constituirnos a nosotros mismos. <em>Cuidar de nosotros es cuidar de los otros</em>, como bien dijo Alberto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Seguir en cuarentena entonces es muy importante. Proteger a quienes están en situación de riesgo es muy importante. Amonestar a quienes se hacen los vivos es muy importante. Permanecer calmos y mesurados, atentos para escuchar a los otros, es muy importante. Asistir, investigar, encontrar urgente la vacuna o el remedio, sin dudas, es muy importante. Hacer de la necesidad virtud y aprovechar la anomalía del confinamiento para vacunarnos contra la propia estupidez, enfrentados a ella cara a cara y sin escapatoria alguna, también es muy importante. La filosofía práctica es justamente eso, incluso más práctica que el psicoanálisis en este punto. Sobre todo ahora que no hay presencia del analista que haga de semblante y tenemos que arreglárnosla con los medios virtuales. Medios que hacen más patentes que nunca la virtualidad de los semblantes, y que lo real pasa por otro lado. Siempre me pareció excesivo pensar la filosofía como una cosmovisión o una forma de vida, prefiero tomarla como una serie de ejercicios materiales concretos que, a través de la lectura, la escritura, la meditación, las pruebas y la escucha, permiten constituirse a sí mismo. No hay filosofía vieja o nueva, la filosofía siempre ha sido la misma y sus efectos dependen de cómo y para qué se lee. Estamos a tiempo, <em>este es el tiempo</em>: por más perdonados que estemos por el papa y la iglesia, si no alcanzamos la eternidad en un instante, lo mismo daría acabar en el infierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El viejo lema peronista “de casa al trabajo y del trabajo a casa” se ha actualizado e intensificado abruptamente, ahora es: “en casa trabajo y el trabajo en casa”. Si esto no es elevar la política de los cuidados a paradigma ejemplar, hacer de la necesidad virtud, no sé qué otra cosa sería. Lo público y lo privado, el individuo y lo colectivo, lo finito y lo infinito, la ética y la política se entrelazan. Igualmente, en este momento, es como si toda la materia estuviese sometida a un punto de presión y condensación máxima, a punto de reventar: o nos transformamos o desaparecemos. Podríamos preguntarnos, en consecuencia, respecto a la finitud: ¿El ser-para-la-muerte o el ser para la muerte? La diferencia sutil de escritura (con o sin guiones) muestra que el ser puede estar orientado y subordinado al amo absoluto o puede pararlo y usarlo como consejero. Otro tanto pasa con el sí mismo: puede abismarse en un individualismo mortífero en el que el superyó no cesa de demandarle cosas y escupirle palabras, o puede constituirse como punto nodal descentrado que distiende y redistribuye las palabras y las cosas en un proceso de subjetivación infinito. Lo cual puede habilitarse a través de diversos procedimientos: artísticos, científicos, psicoanalíticos, políticos, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, ahora que se liberan obras de arte y pensamiento, es importante saber algo crucial: su costo sigue siendo inaccesible para quienes se limitan a consumirlas en función de la lógica del valor y sus pre-supuestos. Cualquier obra que toca una verdad transmundana se conecta con el infinito actual y prescinde de aquellos. Una cita con o del infinito no tiene precio, su costo se evalúa en función del grado en que el sujeto renuncia a su estupidez espontánea. Así lo expone Badiou: “Lo infinito sirve para que el ser humano no esté condenado a su pequeña vida mortal. Mediante el arte, las matemáticas, la creación, el amor también, el ser humano es capaz de cosas que tienen un valor infinito, a su manera. Somos capaces de infinito. Una obra de arte contiene una promesa de infinito. No digo que estemos siempre en lo infinito, rara vez estamos allí. Vivimos el encanto del mundo finito, pero somos capaces de infinito en el pensamiento y en la creación. Si no fuéramos capaces de eso, el mundo sería de todos modos más triste y mucho menos interesante”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El psicoanálisis es clave también en esta empresa materialista que ha de producir el entrelazamiento justo y solidario entre diversas prácticas e instancias. El problema es que está de moda, entre algunos psicoanalistas menores, hablar en contra de la eternidad. Por supuesto, se trata para ellos de asumir una posición netamente sofística de juego lenguajero y contingencia burda para tratar cualquier cosa. No soportan lo real y no tienen idea verdadera de nada; “viven sin idea”, diría Badiou, y por eso resultan ser sirvientes sufridos de los dispositivos institucionales en los que encuentran su lugar. La eternidad no tiene nada que ver con la duración ni con las esencias de las cuales los estultos se burlan; la eternidad es la esencia absolutamente singular que se capta en un instante de peligro, cuando se asume lo real en juego, en cualquier lugar donde toque en suerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recordemos cómo finalizaba <em>La comunidad organizada</em> de Juan Domingo Perón, entre Hegel y Spinoza, conciliando el individuo y la colectividad, la espiritualidad y la materia, la libertad y el bien general, el instante y la eternidad:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Al principio hegeliano de realización del yo en el nosotros, apuntamos la necesidad de que ese “nosotros” se realice y perfeccione por el yo. Nuestra comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento, busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente, indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad. La náusea está desterrada de este mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo pueda realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza: “[Sentimos,] experimentamos que somos eternos”.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tenemos que recuperar ese gesto materialista.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 4 de abril de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Investigador Adjunto (CONICET). Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET)</span></p>
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		<title>Escucharnos &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2020 23:10:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[Agamben]]></category>
		<category><![CDATA[Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de un artículo de Jorge Alemán, “¿Qué ocurre con Agamben?” publicado en el diario Página 12, Roque Farrán se pregunta: ¿por qué no pensarnos y citarnos más entre nosotrxs?, ¿para cuándo la generosidad y la confianza en nosotrx mismxs?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>A partir de un artículo de Jorge Alemán, “¿Qué ocurre con Agamben?” publicado en el diario Página 12, Roque Farrán se pregunta: ¿por qué no pensarnos y citarnos más entre nosotrxs?, ¿para cuándo la generosidad y la confianza en nosotrx mismxs?.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A diferencia de lo que ha sugerido Jorge Alemán en un artículo reciente (“¿Qué ocurre con Agamben?”), pienso que este confinamiento en cuarentena se parece bastante a una especie de “internación colectiva”; solo que en lugar de ofrecerlo como paradigma del estado de excepción y el control absoluto, considero que podemos apreciar cómo, en situaciones extremas, podemos afinar los modos de cuidado: la atención de sí y de los otros. En ese mismo sentido, comparto la inquietud de Donna Haraway: las opiniones de Zizek, Agamben o Han me resultan insulsas, repetidas, aburridas o paranoicas, ¿por qué entonces seguir haciendo alusión a ellos?, ¿por qué no nos pensamos y citamos más entre nosotrxs?, ¿para cuándo la generosidad y la confianza en nosotrx mismxs? Más que preguntarnos qué le ocurre a Agamben, si tenemos que leer a Chul Han o es una pérdida de tiempo, creo que tendríamos que preguntarnos qué nos ocurre a nosotros mismos. ¿Por qué es tan difícil armar una escena de pensamiento local, donde nos citemos para marcar nuestras diferencias o convergencias, pero donde esencialmente nos tengamos en cuenta?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se trata de un problema meramente académico, el pensamiento material es asunto de vida o muerte. La vida y la muerte no son solo temas para estudios especializados en biopolítica o eruditos helenísticos, sino cuestiones cruciales que atañen a todo el mundo. Hoy más que nunca la filosofía se hace práctica concreta. Pues la fórmula de la biopolítica se desbalanza aun más peligrosamente bajo la modalidad de gobierno neoliberal-neofascista: ya nada de hacer vivir, solo dejar morir de a miles, como vemos espantados ocurre en Brasil o EEUU. Estamos ante una novedosa mutación de la lógica mortífera de gobierno: pura desidia que ni siquiera implica movilizar recursos destructivos, más bien todo lo contrario. Ante esa desafectación radical, la política de cuidados encarada por nuestro gobierno y en especial por el presidente, atento al respeto por los muertos (que no se reducen a meras cifras) y a valorar el esfuerzo de los vivos (con consideración especial por las diferencias de clase, género o edad), muestra que es posible otro modo de encarar la biopolítica y administrar los recursos: biopolítica popular enlazada a prácticas de cuidado. Hay que estar atentos a valorar las singularidades y a no despreciar masivamente al Estado porque lo que se está jugando no son simples relatos teóricos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Voy a relatar una experiencia personal que viene al caso, no solo por la política de los cuidados aludida, sino por cómo me he implicado en ella hace tiempo. Recuerdo esto: había despertado hacía muy poco del coma inducido, tenía dificultad para respirar, me habían hecho una traqueotomía, o sea tenía un agujero a la altura de la garganta y una válvula, tosía bastante seguido, me daban accesos de tos porque además tenía líquido en los pulmones y todavía no se habían dado cuenta, hacía picos de fiebre también, temblaba mucho, mientras querían que empiece a moverme, pararme e intentar caminar algo, lo cual me parecía imposible, pues apenas me podía sostener en pie; en algún momento vino a verme el cirujano que me había operado, había pasado a curar las heridas y al abrir el vendaje se espantó: me había eventrado de nuevo por la tos, o sea mis órganos se habían abierto paso a través del abdomen, dijo que tenía que entrar a quirófano urgente y mientras conseguían lugar, porque todo allí era muy precario y no había gran disponibilidad de recursos, otro médico-enfermero me dijo que tenía que entrenar los pulmones para salir mejor de la operación, me enseñó un ejercicio que consistía en soplar un recipiente lleno de agua mediante una cánula, que no dejara de hacerlo, insistió; casi no tenía fuerzas pero me comprometí a pleno con ese ejercicio. Fue clave para recuperar el ritmo respiratorio luego de la anestesia. Esa sensación de ausencia radical de aire es indescriptible: respirar mecánicamente es como un dolor de otro mundo. Y no obstante también pasa, supongo que es eso o la muerte. Lo cuento así porque no hay nada que alguien no pueda soportar, porque si no lo soporta ni siquiera se dará cuenta. No hay que asustar a nadie; hay que prevenir y ejercitarse. Tampoco tiene sentido victimizarse por nada del mundo. La muerte nos toca a todos sin excepción, tarde o temprano, y es un proceso de disolución natural. Mejor conciliarse con esa idea materialista. Luego están todas las significaciones y valoraciones sociales de las que hay que apartarse rápidamente, porque incluso en los dispositivos asépticos de intervención médica, por acción u omisión, se infiltran de manera fastidiosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La disposición estoica o materialista ante la muerte, no implica cultivar una suerte de pesimismo ontológico o hipocondría generalizada, al contrario, ello nos habilita a encontrar la alegría en cada singular gesto de amor. El contento o amor de sí, por ejemplo, <em>es una alegría que brota apenas de considerarse a sí mismo y la propia potencia de obrar</em>. Es un afecto crucial que está en la base de lo que para Spinoza es la máxima sabiduría y virtud humana, la felicidad o libertad: alcanzar la beatitud. Estos términos pueden tener ciertas resonancias religiosas, pero Spinoza muestra su concatenación racional geométricamente: los afectos son tratados como puntos, líneas y planos. He estado pensando mucho en estos afectos últimamente. Recuerdo que cuando desperté del coma, en un estado de precariedad e inermidad absolutas, la más mínima función o acto corporal se me aparecían como un imposible: respirar, hablar, caminar, comer, etc. Y también recuerdo la alegría indescriptible que me produjo cada vez, pese a la incertidumbre respecto al estado general de mi cuerpo, recuperar la voz, el alimento, el movimiento, la respiración, el deseo. El considerarse a sí mismo y la propia potencia de obrar no es algo místico ni banal, son esos pequeños gestos materiales los que nos constituyen. Son actos simples que damos muchas veces por hechos, automatizados o naturalizados, pero que quizás solo en la privación absoluta o en el ejercicio de las prácticas de sí podemos valorar como corresponde. Para mí no fue un segundo nacimiento, como me dijeron algunos, sino el verdadero nacimiento, porque el anterior ni siquiera tenía consciencia o valoración alguna de lo que adquiría y luego perdería abruptamente: ninguna imagen ideal o trascendente, sino ejercicios vitales concretos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre esos ejercicios vitales la escritura, como una constante, siempre me acompaña. Al despertar en la sala de internación, recuerdo también haber intentado garabatear algo. Entre tantas luces y ruidos de tosidos, me costaba mucho dormir. El mayor alivio vino cuando pude salir de terapia y luego retornar a casa. Por eso, algo que aprecio mucho de la nueva situación es el silencio nocturno; dormimos mejor. Incluso tenemos más tiempo y estamos más atentos a los estados de ánimo, a lo que pensamos y sentimos, nos preguntamos seguido: “¿Cómo estás?”. Mi hija sigue aprendiendo a su ritmo, siempre un poco más adelantada que la suposición escolar, así que las tareas que nos mandan son un complemento a veces entretenido, otras no tanto. La escritura de sí continúa por otros derroteros; me desperté la otra noche con una pregunta: ¿qué prácticas de sí se pueden reconocer en el campo popular? Muchas veces hablamos de saberes, legados y tradiciones populares, en términos muy amplios, pero sería bueno conocer y compartir el detalle: ¿cómo hace cada quien para resistir a la barbarie, a las inclemencias del tiempo, para cultivar una mínima felicidad que dé sentido a la vida? Algunos hablan de “estrategias de supervivencia”, pero yo creo que es otra cosa: hay sabiduría popular y es vital, si no, no estaríamos acá; hay que tomar nota de ella.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Más que atosigarnos entonces con encuestas de opinión o dilemas morales que fijan a los sujetos en soluciones tan predeterminadas como falsas, tendríamos que indagar en los modos efectivos y afectivos que inventan los sujetos para responder al malestar imperante: modos que nos pueden transformar realmente en lugar de reproducir lo peor. La filosofía que es por definición <em>amor a la sabiduría</em>, nos predispone mejor a esa escucha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La filosofía está al alcance de cualquiera porque es un conjunto de prácticas, ejercicios y herramientas que nos constituyen. Así, suele recurrirse a la imagen del martillo para exponer problemas filosóficos básicos, por ejemplo la distinción entre teoría y práctica: ¿quién sabe en efecto lo que es un martillo, el ingeniero que dispone de los conocimientos físico-mecánicos para fabricarlo o el carpintero que lo usa cotidianamente en su trabajo? También se ha usado la imagen del martillo para brindar una idea de la génesis, precisamente, de la idea o del conocimiento: tener una idea verdadera es como tener un martillo, no nos preguntamos cómo llegamos a fabricarlo suponiendo que deberíamos haber necesitado antes otro martillo para hacerlo, etc., porque entonces caeríamos en el círculo vicioso del escepticismo: el conocimiento o la adquisición de ideas, como la fabricación de herramientas, resultarían imposibles. Sabemos, sin dudas, que para arribar al martillo actual ha habido todo un proceso de desarrollo tecnológico: habrá sido construido primero con materiales más toscos o precarios, palos o piedras que luego ayudaron a forjar otros metales, etc. La idea quizás está en el golpe primero: un elemento que choca con otro elemento y lo inserta. O quizás al principio el choque produce solo una chispa de inspiración. Tampoco se trata de salir a golpear necias cabezas, o de romper ídolos (por más huecos que estén): la filosofía a martillazos. Las ideas suceden de golpe, ¡es así!, luego uno va aprendiendo a perfeccionarlas de a poco, a insertar unas en otras, a transmitir el conocimiento que resulta de ello, a mejorar los materiales y las aleaciones, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En fin, escuchémonos más entre nosotros, hagamos cajas de herramientas que sean cajas de resonancias para producir conceptos que nos transformen, en lugar de salir a rebatir o repetir ídolos que se caen solos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 14 de mayo de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Investigador Adjunto (CONICET). Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET)</em></span></p>
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		<title>Zoon Politikon &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2020 16:13:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Horacio González* (para La Tecl@ Eñe) &#160; La Agencia El nombre apareció de repente. Mientras cualquier ciudadano estaba en su casa, descansando o mirando el<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La Agencia</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El nombre apareció de repente. Mientras cualquier ciudadano estaba en su casa, descansando o mirando el techo (no es lo mismo, hay más angustia en un acto que en el otro, aunque son esencialmente parecidos), algunos cerebros de misteriosas Agencias Publicitarias estaban inventando un nombre para esas “salas virtuales de reunión” que eran tema diario de conversación. Precisamente porque eran un método para generar una industria, la industria de la conversación. Que una Agencia reuniera a todos sus creativos -así se llamaban- para buscar un nombre, solía llamarse <em>Brain Storming</em>. Tormenta de ideas, que era la versión empresarial de las cenas dadaístas, donde cualquier tontería podía pasar por una frase célebre y todo el teatro clásico podía ser destrozado para extraerle la médula que el mercado de ideas precisaba. Así se podía usar <em>El Grito</em> del pintor Munch, para representar el asombro de un consumidor ante el generoso Plan de Precios Rebajados para este Fin de Semana. Después, los nombres ostentosos se cambiaron prudentemente para no alarmar a las buenas gentes, incluso a los empresarios. La Tormenta de ideas pasó a llamarse simplemente TI o BS (“por sus siglas en inglés”). Era habitual escuchar en los pasillos laberínticos de la Agencia “hoy hay TI” o bien “hoy hay BS”, según el idioma que se prefiriese, pero ya no había idiomas sino partículas fonéticas. Era cómodo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquel día alguien dijo <em>¡Zoom!</em> El murmullo entrelazado de opiniones patafísicas repentinamente cesó. Eso ocurría muy pocas veces y ese silencio súbito señalaba que una palabra había surgido del magma borrascoso, donde toda estupidez, toda tontería, toda frase trunca y hasta un escupitajo insolente, todo, todo había contribuido a que surgiera la idea sin autor. Su autor era la lengua anónima de la Agencia, el pozo profundo de donde surgía una idea luego de atravesar franjas nauseosas, las aguas servidas del lenguaje. Del barrullo grasiento de nuestras conversaciones, sale el nombre providencial. ¡Zoom! ¡La lente del cine que se acerca o se aleja a su objetivo! El acercamiento, la distorsión de la distancia, el primer plano absoluto, el manejo de la imagen para arrancarla de sus proporciones con el espacio. Eso mismo era lo que hicieron los grandes fotógrafos del cine con <em>El ciudadano</em>, con <em>Easy Rider</em>… en esas y en muchísimas películas brilló el <em>zoom</em>   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora, es necesario explicar qué estaba pasando en esa Agencia publicitaria. Había recibido un urgente pedido, de una empresa nueva, “surgida ayer” según dijo chistosamente el dueño de la Agencia, y esa empresa precisaba un nombre (“un Nombre y un Logo”) para un nuevo producto, una consola visual informática para comunicaciones de imágenes parlantes a distancia, entre dos o más personas, llegando hasta mil o dos mil, con alentadoras perspectivas de que el sistema cubra cien mil. “Un concierto de Roger Waters, ejemplificó el CEO, entusiasta y juvenil, o cuatro Rívers”, aquí sí populachero y exagerado. Pero un “Ríver” con cada uno en su casa -se frotó las manos. Y con perspectivas aún más amplias en el futuro. La idea era “no te prives de hablar con quién quieras y cuanto quieras aun en cuarentena”. Esta larga y aburrida frase dio lugar a <em>Zoom</em>. Nombre y Logo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todos se felicitan mutuamente, la creación colectiva da sus frutos. Nadie sabía quién había dicho la palabra propiciatoria, la de los dioses -¡zoom! – pero se convino en que no fuera entre signo de admiración para hacerlo más sobrio, menos vulgar. Por lo demás, sí, se sabía quién lo había lanzado en medio de la tormenta, pero todos disciplinadamente, consideraban que la totalidad era siempre superior a la voz final, la del remate. Era Anónima, era de Todos, del grupo, del equipo que originó el torbellino, el huracán de ideas que se entrega al mundo de la confusión babélica, una palabra que convulsionará al mercado de las conciencias ansiosas de novedades. La regla de la Agencia era invulnerable, aunque fuera alguien concreto y visible el que musitara con timidez poderosa una voz final, y ella perteneciera a una persona determinada, la creación era “colectiva”. Con el tiempo, esa persona sabida por todos pero anulado por el imperativo categórico de la Agencia -lo que se le ocurre a uno es la parte esotérica de la tempestad colectiva-, se iba imponiendo y cuando ya era demasiado evidente que la idea era personal y con un propietario simbólico hecho de secreto y envidia, silencio y complicidad a voces, el interesado, el Autor, tenía que irse, creaba otra Agencia, y los demás seguían en ese pacto provisorio, donde el vendaval creativo solo salía del “invulnerable ciclón de la comunidad creativa”. Pero lo que interesaba ahora es que el Vocablo mágico que conmovería a todos y todas. &#8211;<em>For all and all</em>-, ya estaba allí. Nombre: <em>Zoom</em>. Logo: una camarita cuyo diseño visual tampoco demoró. Líneas severas, abstractas, casi con un cuidado infantil, pero la percepción inconsciente llevaría a una cámara de filmación “moderna”, es decir, atemporal. Todo listo.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://gestion.pe/resizer/4a1lzB3g7u0FoOrEgGqMVj46VAE=/980x528/smart/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/IOQQSQGA6BGDFDZSMHTAWUR52M.jpg" alt="Todo sobre Zoom: qué es, cómo funciona, cómo descargarlo y trucos ..." /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los jóvenes que participaba de esas ráfagas donde más de una docena de personas expectoraban estupideces necesarias que entre estupidez y estupidez originarían la palabra de oro, esa señal mesiánica del millón, era un Ex-Estudiante de Ciencias Políticas y anacrónico cinéfilo. Cuando mágicamente cesó el tifón ideológico y se hizo silencio ante <em>Zoom</em>, exclamó que era “un homenaje a una de las técnicas más internastes del cine, exceptuando el montaje de Eisenstein”. Este novel entusiasmo no fue cercenado por el Director Ejecutivo con enojos o desplantes, como algunos podrían pensar, sino con pedagogía llana. “Recuerde amiguito que esto es un verdadero salto civilizatorio, el cine dijo lo suyo y ahora nos presta sus palabras, y zoom no será la única, esa “toma” que disloca la distancias. Pero lo nuestro es otra revolución… como le diría, una revolución en el modo de reunirse, de hablar, de gesticular, de pensar un fondo con libro o con flores, y recortado en él, el orador, escenógrafo de sí mismo y si usted quiere, simbolizando el fin de la oratoria política en inútiles paraninfos, mediocres cámaras legislativas. ¿No le parece que hay diferencias entre los vulgares oradores que vemos hoy y el modo en que se acota la intervención de cada uno en el Zoom? Controlada, pautada, con un micrófono que si no lo respetamos se puede apagar desde el cerebro central. Cada uno con su <em>speech</em>, como muñecos congelados, y el que se molesta vuelve al día siguiente al Zoom. Siempre te da revancha el Zoom. ¡Una revolución muchachos! ¡Cuatro <em>Rivers</em>!” No se entusiasmen con el pasado, lo respetamos y siempre nos da algo. Pero miren la maravilla que el cine le tenía reservada a esta nueva época. ¡El zoom, el zoom!”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> Y el Ceo, el Gerente, el Director Ejecutivo -unos días antes, había dicho por la bajo, no me digan CEO, no es que sea un error, pero por el momento suena mal, y entonces se produjo una real incerteza sobre cómo llamarlo-, se retiraba con el goce de la tarea cumplida. El que no quedó contento fue el Ex-Estudiante, al que le gustaba el cine clásico. Se quedó pensando si había hecho bien en abandonar la UBA por la Agencia. Se iba cabizbajo. Incluso el neologismo “Rivers” lo amargó un poco, no porque tuviera otras inclinaciones futbolísticas sino por la facilidad con que palabras muy establecidas podían volverse un chicle masticable.  La Secretaria del CEO (“no le digas más así, solo el nombre de pila, ni siquiera el más simple de Director, él es simplemente uno más”) se le había acercado notando que caminaba preocupado hacia la salida, como si fuera e<em>l Exit</em> que ponen en la puerta de los cines. “Mirá, le dijo, la empresa que nos contrata es muy importante pero no tiene sede en ningún lado concreto. ¿Viste? Es como el aire que respiramos, ¿comprendés? A partir de ahora esa empresa se llamará <em>New Zoom for All and All</em>, es muy serio todo esto. Nosotros somos su cable a tierra. Pensálo. El cine no desaparecerá, cuando lo nuestro se afirme todo será más fácil, no se precisarán Hitchcock ni Rosellinis, cada uno será el administrador de su propia imagen y tendrá sus 5 minutos con derecho a una extensión de dos minutos, para c/u decir lo suyo. Democratización total, ¿no lo ves? Habrá un nuevo cine, será sumatorio, lineal, que enhebrará como nadie lo hizo, millones de rostros parlantes que al montarse en los futuros Bancos de Rostros, finalmente nos dará una humanidad de Rostro Único, el Rostro de todos los Rostros parlantes. Imaginate un Eisenstein del Zoom, o sea, de la condensación de rostros. Dará la verdadera identidad y razón de ser de los humanos en su existencia terrenal”. Y le volvió a repetir. “Pensálo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Filosofía Griega</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El joven Ex Estudiante y fanático de Hitchcock y del cine italiano de los 60 asintió, no estaba de acuerdo, pero quería proteger su carrera incipiente y con suerte, quizás llegaría ser ese montajista del zoom que produciría la humanidad viviendo de un Solo Rostro. Ese Rostro único e imposible que el Ceo General había mencionado, llevando a recorrer un camino ultra místico, esa dimensión del capitalismo financiero que ya alcanzó la plusvalía absoluta, la del Rostro de todos los rostros, la tarjeta electrónica única que cada vez debía renovarse para readquirir una identidad propia pero provisoria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> No es necesario decir que el Ex -Estudiante pronto entendió que nada tenía que ver con el momento de felicidad que atravesaba la Agencia. Ya solo en su casa, al Ex Estudiante se le ocurrió declararse en rebeldía. No es fácil narrar este proceso delicado y lento, que estalla en un momento inesperado, así que es mejor dejarlo establecido sin ahondar en el casi imposible propósito de detectar los sombríos pasos que da una conciencia, en medio de sus tinieblas, para reacomodar todo de un solo golpe. Decidió entonces ofrecer sus servicios de coordinador -en adelante se llamaría Administrador- del mencionado Zoom, cuyas claves conocía, a grupos políticos y de militancia social que había conocido en la <em>Facu</em> (la Facultad). Varios se acercaron, distribuyó horarios y arengó sobre las ventajas del método que haría “que no desapareciese la conversación política durante la cuarentena, ni nunca más.”</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo cuajó, un nuevo bólido comenzó a funcionar paralelamente a la Agencia, sin que la Agencia se enterase. El Ex-Estudiante no solo le tomó el gusto al manejo de un simple botonero digital que daba el permiso para el uso de la palabra a cada participante, sino que se iba dando cuenta que los secretos de la política le eran cada vez menos misteriosos. No se puede decir que no lo favoreciera el cese de las sesiones parlamentarias, el cierre de los bares, la ausencia de grupos de discusión en los locales sociales o clubs de barrio, la anulación total de las reuniones “presenciales” -pronunciaba esta palabra con cierta ironía-, y la demora sin plazo de las clases universitarias y euforias de cualquier otro orden, de yoga, de tarot, de ocultismo aplicado. Las clases y los actos políticos son el modo en que la Gran Ciudad tiene para darle un cincel elegante a los infinitos e irresolubles debates, inherentes al vivir, a las existencias públicas. Desde siempre hubo lugares urbanos destinados a tal efecto, cerrados o abiertos, legales o ilegales, aireados o asfixiantes, donde se producían las artes de la decisión política. ¿Y si por el momento no los hubiera? La gente le comenzó a tomar el gusto (el gustito, un gusto con algo de pícaro y sensual, travieso) a hablar por <em>Zoom.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para evitar problemas con la Agencia cuyas ramificaciones le eran desconocidas inventó otra marca, y en este caso sin tormentas mentales. Simplemente lo ayudó Aristóteles. El <em>zoon politikón</em>. “El hombre como animal político”. La Política de Aristóteles. Pasaba de arruinar el Cine a arruinar la filosofía Griega. Pero era preferible. ¡Las posibilidades que esto tiene van a ir muy lejos! El empalme de Aristóteles, con su ética política, rescatando a Hitchcock -o a Orson Welles, le acotó su voz interna-, con el cruce infinito de los hilos de los análisis políticos sobre Black Rock, Fidelity, Templeton. Imagínense, los gerentes de esos fondos de inversión hablando por el mismo medio de los que los atacan. No importan cuanto sean de un lado o del otro. <em>Y en esto no hay nada de arbitrario, porque lo mismo en el hombre que en todos los demás animales y en las plantas existe un deseo natural de querer dejar tras sí un ser formado a su imagen. </em>¿Quién habrá dicho esto?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Digamos también que hacía tiempo la civilización registraba una acentuada decadencia que hacía sufrir y acaso extinguir al viejo oficio del Orador Público. Había ahora oradores que se llaman profesores, o sea, los que admiten interrupción o ellos mismos, cuentan anécdotas que no tienen por qué ser alegorías de misteriosos conocimientos de envergadura, a los que ya no habría interés en alcanzar. Años de Medios de Comunicación Uniformes habían pasado su inflexible aplanadora sobre las lenguas mundiales. El terreno ya estaba abonado. La ciudad semi vacía favoreció el zoom, uno de los inventos recientes de ese complejo mundo digital que originó la palabra conectividad. ¡Él sabía lo que es una palabra nueva! Cuando era más ingenuo las empleaba continuamente, estructuralismo, deconstruir, articular. Pero luego, más experimentado, las fue ajustando, las decía como distraído o hacía como que la había olvidado, haciéndolas decir al incauto que llenaba con autoridad su deliberada distracción y creía que contribuía a la continuidad del conocimiento.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdn.culturagenial.com/es/imagenes/el-hombre-es-un-animal-politico-og.jpg" alt="Significado de El hombre es un animal político - Cultura Genial" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Grupos sociales, culturales y políticos encerrados en ciudades sin teatros, cafés, subterráneos llenos, miedo en la calle, armaron sus foros o sesiones de <em>Zoon Politikón</em>. Era tiempo comprado al ocio, a la conversación banal. El Administrador había puesto una pyme -como se decía en algunos países periféricos- llamada <em>Zoon Politikon</em>. Todos los interesados por la cosa pública sabían que allí se podía hablar tranquilamente y había Aplicaciones (un genio había puesta esta palabra de las peluquerías en un lugar tan complejo) que al comprar el espacio-tiempo, podían especificarse. Tono de voz, uso de metáforas a lo Quintiliano a lo Hobbes, enojo, enojo con pedido de disculpas final, pedido de disculpa inicial y enojo posterior, corrección automática de frases imperfectas o inconexas. Justamente la Aplicación más solicitada fue la del uso de un corrector automático para adivinar y proseguir las frases truncas que lo traicionan a cualquier orador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De la Aplicación surgió otra pyme aliada a <em>Zoon Politikon</em>. Se trataba de <em>Automatik Correcktion and Discursive Machine Inc</em>., que no era otra cosa que un depósito general de frases ya configuradas, obtenidas de un examen general de millones y millones de grabaciones de debates parlamentarios en todo el mundo, de lo cual quedó un enjambre preciso y bien hilvanado de dos centenares de  elocuciones que respetaban mecánicamente la coherencia expresiva, por lo que bastaba con pronunciar la primera sílaba de una mera intención (ni siquiera una frase ya pensada) que después el mecanismo se encargaba de seguir la oración con total autonomía del orador, que sola había aportado tono, la sílaba y la facticidad de la “saliva primitiva”. Así se la llamaba científicamente. Incluso había un largo discurso, por el cual podía optarse marcando la palabra “hermetismo” en la botonera. “Presionando el botón correspondiente, que versa sobre la muerte del orador y pronuncia severas pero ininteligibles frases al respecto, por lo que todo queda igual que antes”. Algunos lo escucharon emocionados y pronunciaban la primera sílaba originaria que desataba el mecanismo y lloraban cuando lo escuchaban.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El cajoncito de manzanas</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Administrador iba diversificando su mercado y <em>Zoon Politickon</em>, que había nacido de una costilla aristotélica, se convirtió para la inmensa mayoría de los interesados, en un lugar para pensar la relación de la naturaleza con el estado y la relación del hombre con los animales y las plantas. Las comunicaciones a distancia (o remotas) se convirtieron en un hit. Parecía que un narcótico había invadido todo, pero se sospechaba un límite. Por otro lado la Agencia había lanzado sus investigadores (dirigidos por la Secretaria del CEO) por toda la ciudad y sobre las universidades, para neutralizar lo que ya era una competencia intolerable.  Pero el Administrador estaba también intranquilo. Un día salió a tomar aire, más que nada porque su perrito se lo podía, pues para él el encierro metafísico en <em>Zoon Politikon</em> era lo mejor, y vio en la calle un grupito animado de jóvenes que se repartían papelitos, escuchó la palabra panfleto, que le era vagamente familiar, y también vio a alguien subida en un cajoncito de manzanas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada de qué preocuparse, pero la conjunción de eso objetos inesperados despertó su curiosidad. De repente una jovencita subida a esa improvisada tarima ejerció el arte olvidado, una voz en presencia haciendo el llamado, pronunciando las palabras que tantos y tantas habrán dicho y oído a lo largo de un camino abrupto pero no olvidado. <em>Compañeras y compañeros, es preciso otra vez que tomémos la historia en nuestras manos</em>. No eran muchas las personas que estaban alrededor. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volvió a su oficina -trabajaba en solitario para no despertar sospechas de los sabuesos de la Agencia- y pensó que tenía dos caminos. Uno era crear otra Aplicación (Aplication) que llamó <em>cajoncito de manzana</em>, que le diera al usuario de <em>Zoon Politikon</em> la ilusión concreta de las viejas oratorias callejeras ya extintas. No era fácil, había que usar máquinas más delicadas, reproductores tridimensionales y visores de materialización subjetivas. Esas micro fábricas de objetos ilusorios había que importarlas, todavía no se fabricaban en el país, aunque se decía que varios laboratorios ya tenían la fórmula, y que no era robada de ningún otro emporio de virtualidades de Corea del Sur o alguna otra potencia mundial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No era fácil crear lo que podríamos llamar metáforas físicas. Y poner en marcha nuevas estéticas oratorias que comenzaran con <em>“compañeros y compañeras”</em> y luego el Corrector Automático fuera trazado rumbos hipotéticos pero posibles, un reclamo de comedores escolares, un llamado al fin del capitalismo, una denuncia a las Corporaciones, una predicción sobre el fin del mundo o un análisis del Brexit. Es decir, un rumbo de izquierda, otro de derecha, otro de centro, otros de centro izquierda. Lamentó que todas esas distinciones provenían la de un tablero plano y de aquellas falsas tormentas que había conocido en la Agencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La otra solución era abandonar esa Aplicación y salir a la calle. ¡Es lo que hizo! No sabemos bien lo que ocurrió después, pues algo más de gente se arremolinaba alrededor de la oradora, que simplemente estaba juntado voluntarios para los comedores de “los hombres y mujeres que son los desesperados, nuestros hermanos y hermanas”. No es seguro lo que digo, pero el Ex -Estudiante, el inventor vicario de <em>Zoon Politikon</em>, empresa exitosa e ilegal, sintió que debía sumarse a esa otra marcha, sin aplicaciones infinitas y sin situaciones ilusorias. Sintió un nuevo vértigo, recordó nuevamente a Hitchcock y con un gesto ligero se secó una imperceptible lágrima que apenas asomaba.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 20 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional. </em></span></p>
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		<title>Promesa del agua. Escuchar a Liliana Herrero en cuarentena &#8211; Por Diego Tatián</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Aug 2020 03:49:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Liliana Herrero]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Tatián escribe: Compartir el tiempo con Liliana Herrero y su música es adentrarse en una larga conversación sobre todas las cosas, que se acompaña de una promesa de comunidad; quizá esa comunidad sea el “reino bajo el agua”, del que habla un sauce en la canción de Osiris Rodríguez Castillos. Será la busca de ese reino lo que permite comprender la confianza en el agua de Liliana Herrero, “hembra litoral”, incluso cuando habla de cualquier otra cosa.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/promesa-del-agua-escuchar-a-liliana-herrero-en-cuarentena-por-diego-tatian/">Promesa del agua. Escuchar a Liliana Herrero en cuarentena &#8211; Por Diego Tatián</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Diego Tatián escribe: Compartir el tiempo con Liliana Herrero y su música es adentrarse en una larga conversación sobre todas las cosas, que se acompaña de una promesa de comunidad; quizá esa comunidad sea el “reino bajo el agua”, del que habla un sauce en la canción de Osiris Rodríguez Castillos. Será la búsqueda de ese reino lo que permite comprender la confianza en el agua de Liliana Herrero, incluso cuando habla de cualquier otra cosa. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Diego Tatián*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>E</strong>l repliegue a la intimidad de las casas establece una cierta lentitud, una suspensión de lo que percibíamos y sabíamos -o creíamos saber-, la posibilidad de experimentar formas de extrañamiento con solo estar. También una fragilidad, que se hallaba oculta, o aturdida, y con ella una disponibilidad para tomar en serio la pregunta acerca de cómo vivir juntos, de otro modo a como lo hacemos en la llamada normalidad. ¿De qué modo, dónde, con quién, para quién, pasando el tiempo cómo, haciendo qué, querríamos vivir?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quizá la recuperación de la mortalidad sea la ofrenda más preciosa a la que podríamos aspirar luego de habernos sobrepuesto a la muerte que hoy se abate sobre las personas y sobre el mundo. Si fuéramos inmortales -o si estuviéramos completamente capturados por una ficción de inmortalidad- tal vez no haríamos esas preguntas, ni hablaríamos, ni desearíamos cambiar la vida, ni seguramente tendríamos memoria. Tampoco pasiones. Ni acaso existiría la extraña e indefinible manifestación humana que llamamos <em>arte</em>. Arte: producción de significados sin concepto; presentación de lo impresentable; pensamiento de lo que no podemos conocer; testimonio de lo que nos concierne y nos falta&#8230; Todo lo que pueda decirse fracasa. En última instancia, el arte es un coloquio con la muerte. Y con los muertos. Es necesario detenerse a pensar cuántas cosas hacemos a pesar de vivir, <em>mientras</em> lo hacemos: es decir, no tanto por ser vivientes como por ser murientes. Arte, por ejemplo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y los legados del arte popular son una huella extraordinaria de la interrogación humana por la finitud, las marcas preciosas que las generaciones dejan en la cultura antes de desaparecer. La pura gratuidad de las palabras dichas y las cosas hechas más allá del reino de la necesidad, confronta a quien las recibe con la responsabilidad más alta de preservar, inventándolas, esas reliquias del reino de la libertad que sólo los hablantes, es decir los mortales, podemos dar y recibir en testimonio. Por eso, el comentario de una miríada poética (una vez escuché que Liliana Herrero decía de sí misma ser una “comentarista”) tiene tantas implicancias -existenciales, políticas, filosóficas, y no sólo estéticas-. O tiene una implicancia única en la que todo eso está indiferenciado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La pregunta cómo vivir -vivir juntos, no hay otra manera de hacerlo-, cuenta con insistentes sentidos que atesora el inagotable coloquio de la humanidad consigo misma a través del pensamiento y el arte. Cómo vivir es la pregunta que plantea, y si escuchas bien también responde (aunque no pueda traducirse a ninguna otra manera de decirlo), la música de Liliana Herrero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué le hace el canto de Liliana Herrero al idioma de los argentinos? Lo hace pensar, lo vuelve un lenguaje pensante, una lengua que parece hacer del silencio el secreto de sí misma, como si a través del hilo de una plegaria se llegara a un lugar remoto y no obstante común, a una comunidad que ha perdido completamente su evidencia. Una comunidad en la que sentimos quisiéramos vivir. Liliana Herrero canta como si lo hiciera en una lengua extranjera. Revela así que la tradición no instituye tanto una pertenencia como una libertad, y persevera no tanto gracias al poder del mito como por la capacidad de inventar. A no ser que consideremos el mito como lo hicieron los primeros románticos: sustraído de cualquier violencia sacral, autoritaria y coactiva, para considerarlo como el espacio de una experiencia emancipatoria; como un avatar inapropiable que ha perdido su carácter de fundamento para volverse apenas apertura y puesta en escena de lo múltiple. No remisión a una presunta esencia que estuvo siempre ahí, sino más bien a una ausencia, incluso a un caos, a una libertad y, en última instancia, a la nada. El mito y la tradición misma son así desplazados de la plenitud y la normatividad a una producción mitopoiética inagotable y sin origen, a una experiencia nómade que no suprime la diferencia ni el conflicto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La operación de dejar que entre el silencio donde había una palabra no es sólo musical ni sólo poética sino también filosófica, en cuanto nos confronta sin quererlo con el vértigo de la pregunta por la nada. ¿Por qué hay música, y lenguaje, y no más bien silencio y solo nada? El canto de Liliana Herrero obtiene su eficacia estética y política de hacer con la música una conjetura sobre la espera de sentido que encierra la vida humana, una conjetura sobre esos lugares de intimidad remota cuyo hallazgo hace posible la experiencia de una gratitud por que los seres sean quienes son. Los que están en torno, los que transitan el tiempo junto a nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esa experiencia nada tiene que ver con la utopía mediática hacia la que marchamos, o tal vez en la que nos hallamos ya: la de una vida donde la “música” no se detiene ni por un instante. A esta omnímoda musicalización de las rutinas, al estrépito de la “cultura”, la manera de cantar de Liliana Herrero antepone la interrogación: por la lentitud, por el silencio, por los sonidos que desaparecen, por la fragilidad de las palabras que se quiebran, por el misterio de la voz&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Será por eso que una instintiva confianza en el agua parece acompañarla siempre, incluso cuando canta sobre la tierra o el cielo. El agua lleva y trae lo inesperado, y su imagen es una manera de sensibilizar el tiempo, tan antigua y tan elemental que difícilmente podemos concebirlo de otro modo que no sea como un río. Menos obvio es pensar como agua la tradición, también ella un dios niño que lleva y trae.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Liliana Herrero es una artista popular de fundamental importancia para la cultura latinoamericana, que ha dotado a esta palabra -“popular”- de una enorme exigencia, recuperándola de acepciones reaccionarias que condenan la sensibilidad de las personas a inmediatismos sin sorpresa estética, sin resistencia a la apropiación de la música por la pura mercancía y sin ruptura política. Por eso es que no hace música para todos, ni para la mayoría, ni para unos pocos: hace música para cualquiera. Y para cualquiera renueva la ofrenda del arte popular, la huella extraordinaria de la interrogación humana por la finitud, las marcas preciosas que las generaciones dejan en el río del tiempo, antes de desaparecer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cultura popular, enseña Liliana -o quizás es lo que se aprende de ella sin que ella misma enseñe nada- es experimentación y fragua de lo que no se ha dicho aun; deseo de escuchar otra cosa, aunque se trate de melodías o de ideas muy antiguas que se transmiten sin norma, sin que sea posible saber cuándo se perderán para siempre. Cultura popular: lo que libera de la captura en lo mismo, de la condena a la repetición,  de lo que ya no queremos oír.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Compartir el tiempo con Liliana Herrero y su música es adentrarse en una larga conversación sobre todas las cosas, que se acompaña -como si se tratara de una sombra tenue o del rastro sutil que dejan todas sus canciones- de una <em>promesa de comunidad</em>. Una comunidad sin restricciones, una comunidad de las cosas errantes, de lo universal y de lo íntimo, la “armonía introspectiva” de una vieja zamba y la letanía por un dios extraño. El sobresalto vivo del idioma en una página de Juanele y la tranquilidad de una antigua sabiduría aristotélica; Babilonia y Villaguay. En una línea escrita como al descuido dice Stendhal que “el arte es promesa de felicidad”. En esa línea, me parece, lo decisivo no es la palabra felicidad sino la palabra promesa -cuya naturaleza es la de poder no cumplirse, y por eso en ella se entrevera el dolor-.</span></p>
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<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone wp-image-6056 size-full" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1.jpg" alt="" width="960" height="960" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1.jpg 960w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-150x150.jpg 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-300x300.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-768x768.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-146x146.jpg 146w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-50x50.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-75x75.jpg 75w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-85x85.jpg 85w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2020/08/herrero1-80x80.jpg 80w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:960px) 100vw, 960px" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible escuchar la música de Liliana Herrero como una promesa y como una resonancia, conmovida también ella por una promesa, de algo quizás más allá de los sonidos y de las palabras; más allá de la música y de la filosofía: la isla de las sirenas -la isla del tesoro-; el cuerpo de la madre en los inviernos de la niñez; el recuerdo de algo no completamente humano que acompaña la vida humana… Algo desconocido en lo que nos podemos abandonar confiados y cuya tentación, a la vez, nos precipita y nos pierde.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde el fondo del tiempo el poder de la música está vinculado a la pérdida, a la precipitación, al placer de caer sin importar lo que suceda después. Precipitación en lo desconocido, precipitación sin retorno. Sin embargo, a diferencia de los remeros de Ulises que taparon sus oídos, nosotros escuchamos y continuamos remando. Remamos y remamos. Nunca o casi nunca nos precipitamos como hubiera querido hacer Ulises y como según Apolonio sí lo hizo un marinero griego más desconocido llamado Butes, al escuchar el canto de la isla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Promesa de felicidad equivale a promesa de comunidad, es decir deseo de otros, querer ser con otros en el descubrimiento de lo común, que nunca está dado y es siempre una tarea. La música de Liliana Herrero es tarea de lo común y no sólo promesa de comunidad, resto llegado quién sabe cómo de un país en el que querríamos vivir; un país que tal vez nunca existió ni existirá -a no ser como augurio, como recuerdo, o como el indeterminado “Había una vez…” de los relatos infantiles-.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">O quizá la aldea en la que vive esa desconocida comunidad entrañable de la que llega la música de Liliana Herrero existe ahora mismo pero nosotros estamos destinados a no encontrarla nunca, a no ser por un despojo de sonidos y silencios que desarregla el orden de las cosas en el que vivimos sin precipitarnos hacia otros mundos detrás de una promesa. Una aldea de antepasados en algún lugar nos lega unos pocos restos misteriosos pero suficientes para producir una breve perplejidad en nuestra existencia de remeros hacia ninguna parte y sin tiempo para preguntar cómo vivir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">O tal vez la música de Liliana Herrero deba ser pensada de otro modo: como la precedencia de una población por venir; como el canto de un pueblo de no nacidos que debemos entonces oír como si los antepasados fuéramos nosotros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En un caso o en el otro una comunidad que nunca será nuestra y de la que tenemos noticias por sus vestigios o sus brotes; por estar acompañados por el recuerdo de lo que nunca sucedió o el anhelo de lo que jamás veremos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">O acaso esa comunidad sea el “reino bajo el agua”, del que habla un sauce en la canción de Osiris Rodríguez Castillos. Será la busca de ese reino lo que permite comprender la confianza en el agua de Liliana Herrero, “hembra litoral”, incluso cuando habla de cualquier otra cosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que en el lugar en el que nos tocó en suerte vivir alguien haya podido escribir en una <em>Canción del que no hace nada</em>: “Yo estoy nomás / me va tapando los ojos / la eternidad”; y que Liliana Herrero, en ese mismo país, haya inventado palabras antiguas para todos nosotros y para los que van a escuchar dentro de muchos años, nos hace sentir atesorada la promesa que no debemos perder. Y nos hace sentir también, de un modo misterioso, que si no resignamos la pregunta y si aprendemos a escuchar estaremos salvados, suceda lo que suceda.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 16 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba y doctor en ciencias de la cultura (Scuola di Alti Studi Fondazione Collegio San Carlo di Modena, Italia), es investigador del Conicet y profesor de filosofía política en la Universidad Nacional de Córdoba.</em></span></p>
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		<title>Lo que arde &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Sep 2020 01:03:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cómo hacer notar a un pez lo que es el agua? Siendo el filósofo igualmente un pez sumergido en las mismas aguas ideológicas, solo podría exponérselo a los demás saliendo del medio y mostrando el ahogo que en efecto se produce. No hay salida completa de la caverna, como fantaseaba Platón, porque la apnea no se soporta demasiado tiempo; el asunto es entender dónde nos encontramos y la calidad del medio que nos circunda. Todos los impulsos autodestructivos y conspiranoicos están ligados a esa falta de entendimiento, a la idealización fantasmática de los espacios que es su correlato.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/lo-que-arde-por-roque-farran/">Lo que arde &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>¿Cómo hacer notar a un pez lo que es el agua? Siendo el filósofo igualmente un pez sumergido en las mismas aguas ideológicas, solo podría exponérselo a los demás saliendo del medio y mostrando el ahogo que en efecto se produce. No hay salida completa de la caverna, como fantaseaba Platón, porque la apnea no se soporta demasiado tiempo; el asunto es entender dónde nos encontramos y la calidad del medio que nos circunda. Todos los impulsos autodestructivos y conspiranoicos están ligados a esa falta de entendimiento, a la idealización fantasmática de los espacios que es su correlato.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">I.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todavía guardo un viejo casete, grabado en el 87, donde se escuchan las voces de mis hermanos pequeños contando anécdotas, chistes, cargadas y yo, el mayor, leyendo aquella grave declaración del jefe indio Seattle que anticipa toda la debacle ecológica que vendría, legible ya en los modos del hombre blanco. “Aquí termina la vida y comienza el sobrevivir”, concluía la declaración. Era una preocupación clave en las militancias de la posdictadura, cuyas consignas y contradicciones mi infancia absorbía como esponja: el problema medioambiental que hoy nos incinera el rostro. Pero más acá de los negocios y voracidades que siempre han existido, de las responsabilidades y omisiones estatales que las han acompañado, el viejo jefe indio ya había dado en la tecla: el problema mayor era –y sigue siendo– el modo de ser del hombre blanco. Lo que con el tiempo y el estudio entendí, gracias a varixs, se trataba de un problema material de subjetivación que nos atraviesa a todxs: no importa la ideología, la formación, el color o el género. Lo más grave es que en la distracción permanente, ante el terror a la angustia y la estupidez mediatizada, aun no pensamos, aun no nos subjetivizamos; esa es la marca indeleble del hombre blanco.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">II.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante estos días circularon muchas fotos del desastre ecológico, fotos dantescas de la tragedia que estamos viviendo, y pensaba en el problema de que hasta fuesen terriblemente bellas esas imágenes: un goce estético que se alimentaba como los mismos incendios imparables. La naturaleza política y económica de los incendios es inocultable, donde se quema un bosque nativo luego nace un <em>country</em>, el problema es cómo seguimos echando nafta al fuego con nuestras idealizaciones típicas: la naturaleza no es el idílico lugar donde cantan los pajaritos, corren arroyos y los árboles dibujan hermosos paisajes, la naturaleza es la base material concreta de nuestra subsistencia, donde sea que vivamos necesitamos del agua y el aire como insumos básicos; las inundaciones y contaminaciones que van a venir con mayor intensidad nos van a terminar extinguiendo; luego, como hemos visto, la naturaleza renace desde las cenizas, poco importa lo que hagamos nosotros. En fin, nos dañamos a nosotros mismos, eso es lo terrible de la estupidez humana. Y si bien hemos visto diez mil veces la misma película, hay algo irreductible que insiste, pese a todo, imposible de relatar: cómo iba a ser la temporalidad múltiple, difusa y abrupta a la vez, de eso que llamábamos <em>fin del mundo</em>. Ahora lo estamos viviendo: nuestras subjetividades se acomodan, como pueden, a sostener las rutinas diarias y el mediano plazo, mientras el futuro se abisma cada vez más en los terribles acontecimientos del presente. Pero quién sabe: quizás aun quede algún margen que no vendrá, seguro, de contarnos historias, al menos no de esas películas que vimos miles de veces. “No contarnos historias”, como decía el viejo Althusser, nos dispone a pensar materialmente los acontecimientos en cualquier lugar donde ocurran.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">III.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El psicoanálisis como la crítica ideológica o la filosofía práctica inquietan, no porque sustituyan las cómodas explicaciones o racionalizaciones de la conciencia burguesa por contenidos ilustrados inconfesables: alienación, explotación, servidumbre o goce incestuoso; sino porque señalan algo mucho peor: la causa está irremediablemente perdida, es la torsión misma del espacio simbólico donde se halla –y se pierde– el sujeto, tan próxima que da pavor, tan vacía de contenidos que no hay goce que la colme (el psicoanálisis no propone una nueva perversión ni la crítica ideológica una sociedad sin clases). Pero el movimiento de pasar por ahí y no sucumbir, pese a todo, nos da una alegría bárbara, expresable, transmisible como un virus: ideas mucho más consistentes que las estupideces que se cuentan los neuróticos –junto a los canallas– para gozar de sus pobres terrores –o de los otros. No es que la intervención filosófica crítica sea exagerada por puro gusto o placer, es un problema ideológico de base: ¿Cómo hacer notar a un pez lo que es el agua? Siendo el filósofo igualmente un pez sumergido en las mismas aguas ideológicas, solo podría exponérselo a los demás saliendo del medio y mostrando el ahogo que en efecto se produce. No hay salida completa de la caverna, como fantaseaba Platón, porque la apnea no se soporta demasiado tiempo; el asunto es entender dónde nos encontramos y la calidad del medio que nos circunda. Todos los impulsos autodestructivos y conspiranoicos están ligados a esa falta de entendimiento, a la idealización fantasmática de los espacios que es su correlato.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" src="https://2.bp.blogspot.com/-1ESzGJDh5xg/XQ_NtmQqu8I/AAAAAAAAU0g/PI-4-QFqrQcOKHIq9COSeHbWp5xFkGWagCK4BGAYYCw/s1600/1352.jpg" alt="Guerra i poder en Nietzsche. | Filosofia." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">IV.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Bifo dice que el Estado es impotente ante el capitalismo, que no tiene ningún poder; sin embargo, desde múltiples lugares se repite una y otra vez: “El Estado es responsable”. Nos está costando mucho pensar en términos de relaciones, el poder y el Estado; entender que cada Estado es singular y las fuerzas que se anudan en él son múltiples: hay pujas, tensiones y orientaciones diversas al interior del Estado. El pensamiento se ha empobrecido al extremo, solo circulan notas con títulos altisonantes en diarios o <em>papers</em> que comentan “estados de la cuestión” de los comentarios de obras que ya nadie lee. Tendríamos que hablar con más fuerza de la responsabilidad empresaria, de la responsabilidad académica, de la responsabilidad del Mercado: no puede ser que nos gobierne <em>Clarín</em>, por ejemplo. Foucault pensó el poder en términos relacionales, no sustanciales. Y así mismo tenemos que pensar caso por caso, lugar por lugar, situación por situación. Si hoy el modo de poder dominante actúa bajo el paradigma del control, eso no quiere decir que los otros modos de poder no existan. Como bien sabía Foucault: la soberanía, la disciplina, la biopolítica operan en un nudo sobredeterminado, intensificado ahora en la especificidad de estos nuevos dispositivos tecnológicos. En este momento, acá en Argentina, el presidente quiere congelar soberanamente las tarifas de telefonía, internet y cable, mientras el grupo mediático más poderoso, la verdadera oposición, no está de acuerdo y planea un golpe de Estado climático y subjetivo. Quizás no hagan falta las viejas historias de interrupciones institucionales que nos cuentan anacrónicos personajes (dizque psicotizados), porque las lógicas de gobierno las exceden ampliamente, lo vemos a diario: las quemas de bosques y pastizales propiciadas por el agronegocio, junto a las quemas de cabeza propiciadas por periodistas mercenarios. Hay que poder leer los nudos del poder en su materialidad concreta, porque la libertad no surge de la mera ignorancia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">V.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero maticemos un poco la gravedad de la hora. Surgen disputas por doquier a raíz de cualquier tema, es la lógica tuiter que lo ha tomado todo, entonces se hacen juicios sumarios por declaraciones irresponsables en cualquier instancia. A nivel cultural, por ejemplo, ¿cualquiera puede decir cualquier cosa? Y si es así, ¿cuál es el problema? Ya no hay marcos simbólicos que regulen, solo <em>feedbacks</em> y algoritmos que replican: querellas sobre cualquier cosa y discusiones pavotas. Mientras, en lo real: incendios, enfermedades, muertes, tragedias por doquier. Lo sabemos. Entonces, mejor: silencio e indiferencia sobre lo primero, atención y preparación sobre lo segundo. La ética y la política, como nunca antes, pasan por saber con quiénes, cómo, dónde y cuándo componer; mientras haya ganas, deseo, vida. Como canta Miss Bolivia: “A la gilada ni cabida”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">VI.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por último, el movimiento político que encarna históricamente este <em>saber hacer</em> <em>allí</em> es, sin dudas, el peronismo. Siguiendo con el tono cultural adoptado, en el día del nacimiento de Borges, Emmanuel Rodríguez planteó la siguiente pregunta: “¿Qué hubiese escrito Borges de haber sido peronista?” Encontré una posible respuesta. “Una antigua enciclopedia china, donde está escrito: ‘los peronistas se dividen en a] pertenecientes al Justicialismo, b] kirchneristas, c] anarcokirchneristas, d] anarcotroskokirchneristas, e] comunistas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación y no incluidos, i] que se agitan como locos y meten las patas en las fuentes, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de Santoro, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen multitudes y de cerca lo son’.” La célebre paradoja de los conjuntos que atormentó a lógicos y matemáticos durante el siglo pasado: “El conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos”, encuentra su respuesta en el peronismo; claramente para confusión de los otros conjuntos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 31 de agosto de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo</span></p>
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		<title>Lo real: un nudo justo &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Apr 2021 19:58:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Roque Farrán]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[memoria verdad y justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una de las verdades por las que la práctica filosófica se cultiva y transforma, es la política. Y en Argentina, la política de Derechos Humanos, la lucha de Abuelas, Madres e Hijos de Desaparecidos constituye un paradigma de subjetivación militante. Aquí encontramos el nudo justo de lo real en su historicidad presente.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/lo-real-un-nudo-justo-por-roque-farran/">Lo real: un nudo justo &#8211; Por Roque Farrán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Una de las verdades por las que la práctica filosófica se cultiva y transforma, es la política. Y en Argentina, la política de Derechos Humanos, la lucha de Abuelas, Madres e Hijos de Desaparecidos constituye un paradigma de subjetivación militante. Aquí encontramos el nudo justo de lo real en su historicidad presente.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1.</strong> ¿Por qué los sujetos de derecha ahora se hacen pasar por críticos y rebeldes, asumen posiciones “políticamente incorrectas” y hasta se proclaman “antisistema”, capaces de decir cualquier barbaridad con total libertad e impunidad? Pues, porque hemos dejado que la crítica y el pensamiento se empobrezcan al punto de devenir mero criticismo y juzgar valorativo. Lo real, en este kantismo pauperizado y generalizado, permanece inaccesible. La crítica materialista sólo tiene sentido y oportunidad si se orienta afectivamente, no sólo por la supuesta inteligencia o erudición, sino por los nudos sintomáticos donde se ahoga una palabra, un gesto, una acción, y se abre la posibilidad de actos concretos de liberación guiados por lo que aumenta la potencia de obrar. Lo real como afecto y acto, no simple proposición o argumento. Si sólo nos dedicamos a adorar ídolos y establecer tribunales del buen gusto, siempre podrán venir otros bárbaros a demolerlos con desparpajo y nos encontraremos en la difícil posición de justificar nuestra reacción policial.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2</strong>. Noto un problema real en la transmisión, que no encuentra su despeje adecuado al reponer solamente argumentos, conceptos o ideas, para confrontarlos entre sí y ver quién lleva la razón última (o el relativismo en que los puntos expuestos se anulan mutuamente); ni tampoco se aclara mejor al contextualizar las ideas, darles un marco histórico a las discusiones, contando las trayectorias diversas y las biografías (donde todo lo vivido y pensado queda, en el mejor de los casos, como una vieja película más o menos simpática). El problema es cómo eso que se ofrece a la consideración puntual, lectura o estudio, implica a los sujetos que lo enuncian o reciben en el mismo acto de enunciación: el valor práctico y formativo de una verdad cualquiera. Hemos perdido los marcos referenciales y quizá no sea tan malo como parece, pues no se trata de añorar ahora los “buenos y viejos tiempos” en que había criterios más rigurosos que la exigua medida del narcisismo contemporáneo para evaluar obras, gestos, pensamientos. En esta crisis irremediable, nos encontramos con una oportunidad única para acceder a los saberes que importan y decidir en nombre propio la asunción del riesgo que implica plantear una verdad en la formación. Es el momento de crear, no de banalizar o venerar. Por supuesto que esto no se puede hacer solo, pero entraña asumir la irreductible soledad de lo real que nos singulariza.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>3.</strong> A veces, no siempre, somos eternos: “experimentamos la eternidad”, diría Spinoza. La eternidad no dura demasiado porque consiste nada más y nada menos que en acceder, por un instante, al conocimiento de lo absolutamente singular y su conexión con lo infinito que se abre en todas las direcciones. No es el “sentimiento oceánico” de Rolland ni la “sublime fuerza de la naturaleza” de Kant, sino la captación en un pliegue cualquiera de la materia (o del pensamiento) de todas las conexiones necesarias por las que existe en el seno del universo. La absoluta necesidad de una brizna o mueca insignificante “cuya inexistencia haría vano el universo” (retomando una frase lacaniana). En este punto las cuestiones epocales se vuelven indiferentes, no porque existiría una idea de lo real plasmada en un plano superior que declinaría luego en los distintos sustratos históricos, sino porque lo real nos encuentra en cualquier parte y momento, es sorpresivo. La sorpresa del encuentro se develará pronto, no obstante, como un engaño: <em>habrá sido necesario que así suceda</em>; la eternidad de cada cosa singular se muestra retroactivamente por el conocimiento afectivo, y no de manera a priori o esquemática. La historia y el pasado se resignifican en esos gestos materiales.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>4.</strong> Igualmente, hay ejercicios de preparación para el encuentro con lo real: ejercicios de imaginación materialista, prácticas de sí, etc. Existe un pequeño contrapunto entre Hadot y Foucault respecto a los antiguos que tiene que ver justamente con la memoria, el pasado y las tradiciones. No debería extrañarnos, y quizás ese sea el prejuicio de Hadot, que Foucault el archivista, incluso en su estudio de las prácticas de sí, haga un uso particular del pasado. Pero no es el que Hadot le atribuye para desmerecer un poco su lectura de los venerados antiguos. Cuando Foucault trabaja y resalta la importancia de la escritura de sí (<em>hypomnématas</em> y cartas), en un sentido mucho más enfático que el especialista en filosofía antigua, muestra que el uso de las tradiciones y del pasado se hace para constituir un cuerpo (<em>corpus</em>) presente: un lugar de ejercicio no sólo de la memoria, sino de la constitución de sí atenta a lo que sucede, para adquirir una voz y pensamiento propios. Nada hay más ajeno para los antiguos que la avidez por la novedad y el futuro que nos asola hoy día (en términos apocalípticos y poco meditativos o imaginativos, cabe decir), en eso concuerdan ambos, pero la concentración ascética en el presente, en vivir cada día como si fuese el último, se nutre selectivamente de legados y tradiciones que se incorporan al modo de quien filosofa. Hacer un cuerpo, una voz y un pensamiento propios, para abordar con el <em>coraje de la verdad</em> el arduo vivir en el presente, exige una relación con el pasado y las tradiciones, no de veneración o imitación, sino de cuidado y uso para liberar la <em>palabra justa</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>5.</strong> En la filosofía práctica que propongo, la ontología cumple una función fundamental o elemental (literal) y no fundamentadora o aseguradora de las proposiciones (consistencia lógica argumental); se trata de realizar ejercicios de meditación racional que nos hagan perder la forma humana y sus valoraciones meridianas. Tratar las pasiones como puntos, líneas o planos en el espacio (Spinoza); tomar cada cosa que se nos presenta en su conjunto, nombrar sus elementos y descomponer sus partes hasta que no quede nada más valioso que el resto (Marco Aurelio); remontarnos hacia la cima del mundo o del universo para contemplar la insignificancia de nuestras gestas en el ínfimo espacio en que nos debatimos, o la infinita repetición de los gestos históricos que han quedado sepultados en el olvido (Séneca); considerar cada ente como una serie de conjuntos de conjuntos, vacíos e infinitos, o distintos tipos de infinito (Badiou). Una serie de ejercicios materiales que nos disponen a leer los nudos históricos críticamente, y así, poder detectar caso por caso cuáles son los puntos sintomáticos olvidados en las valoraciones humanas, demasiado humanas; como también practicar en cada situación concreta modos de reflexividad ética que nos permitan formarnos a nosotros mismos en función de preceptos que tomamos como verdades mundanas, no porque las consideremos absolutas e infalibles, sino en tanto prácticas delimitadas por el ejercicio de lo ab-soluto (vacío e infinito). En definitiva, propongo una filosofía práctica sistemática que anuda y se nutre de tres fuentes distintas: ontología, crítica y ética. A esa práctica le llamo Nodaléctica.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="wp-image-7257 size-full aligncenter" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia.jpg" alt="" width="714" height="714" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia.jpg 714w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-150x150.jpg 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-300x300.jpg 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-146x146.jpg 146w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-50x50.jpg 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-75x75.jpg 75w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-85x85.jpg 85w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/04/memoria-verdad-justicia-80x80.jpg 80w" sizes="(max-width:767px) 480px, 714px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>6.</strong> Sucede que a veces no sabemos lo que hacemos ni entendemos cuál es el material adecuado para hacerlo. La filosofía no da respuestas definitivas, pero nos ayuda a orientarnos. Cuenta Valéry que el pintor Degas andaba lleno de ideas y no lograba hacer un poema, hasta que Mallarmé le dijo: “No es con ideas, mi querido Degas, con lo que se hacen versos. Es con palabras.” Me imagino igualmente a un amigo con ganas de hacer política, también lleno de ideas, y a un militante que con sabiduría práctica le responde: “No es con ideas, mi querido amigo, con lo que se hace política. Es con cuerpos movilizados y organizados que desean mejorar sus condiciones reales de existencia.” Y así con cada práctica: se trata de encontrar el material adecuado y la eficacia específica. Porque es cierto que todos tenemos ideas, pero hasta la más abstracta -en apariencia- de todas las prácticas: la filosofía, encuentra su materialidad, no en la idea, sino en las verdades que cuida y de las cuales se nutre para transformarse a sí misma.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>7.</strong> Una de las verdades por las que la práctica filosófica se cultiva y transforma, es la política. Y en Argentina, la política de Derechos Humanos, la lucha de Abuelas, Madres e Hijos de Desaparecidos constituye un paradigma de subjetivación militante. Aquí encontramos el nudo justo de lo real en su historicidad presente. Siempre digo que Memoria, Verdad y Justicia hacen un nudo que es irreductible en sus términos y condiciones. La Memoria nos conduce a un pasado vivo: las huellas de una herida inmensa que no es mero archivo o monumento, sino indagación en el presente por medio de actos concretos de selección y rememoración activa; la Verdad, por eso mismo, se despliega como una militancia inventiva: conecta la indecidibilidad propia del acontecimiento (la potencia y el horror) con los múltiples presentes afectados por su ocurrencia, decidida como tal y hecha sujeto, cada vez; pero no es sólo presentismo y militancia local, si no hay una apertura incondicional hacia la Justicia, siempre por venir: en la cual las heridas de la humanidad y su reinvención radical encuentren el modo de hacer otro cuerpo, sin excluidos, marginados ni desaparecidos; porque, si no es así, habremos sido derrotados definitivamente (ni siquiera nuestros muertos están a salvo). Por eso, tenemos que reinventar los modos de anudar Memoria, Verdad y Justicia en las condiciones actuales, cada vez, atendiendo a nuestra singularidad histórica y a los cambios mundiales; pues entre lo virtual y lo real, lo individual y lo colectivo, el adentro y el afuera, siempre pasa ese tercer hilo sutil que permite anudar y hacer las conexiones solidarias en las que se cumple la máxima materialista y amorosa irreductible: <em>si uno se suelta los demás también lo hacen</em>. Es así, ahora y siempre.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 1° de abril  de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Filósofo</em></span></p>
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		<title>Karl Marx, un morocho nacido junto al Mosela &#8211; Por Mario Casalla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 May 2021 00:17:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mario Casalla]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Marx]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[infancia]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mario Casalla visitó hace veinte años Tréveris, la ciudad natal de Carlos Marx,  con una firme convicción filosófica: un sistema de ideas (una Filosofía), no sólo es inevitablemente hija de su tiempo, sino que es también inseparable de la vida personal de su creador, de su existencia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/karl-marx-un-morocho-nacido-junto-al-mosela-por-mario-casalla/">Karl Marx, un morocho nacido junto al Mosela &#8211; Por Mario Casalla</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Mario Casalla visitó hace veinte años Tréveris, la ciudad natal de Carlos Marx, con una firme convicción filosófica: un sistema de ideas (una Filosofía), no sólo es inevitablemente hija de su tiempo, sino que es también inseparable de la vida personal de su creador, de su existencia.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mario Casalla*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">H</span></strong>ace aproximadamente unos veinte años -estando en Köln para dar una conferencia- no puede resistir la tentación de ir a Tier<em> (Tréveris</em>) la ciudad natal de Carlos Marx, uno de los padres fundadores del pensamiento contemporáneo. No me animaba la mera curiosidad, ni el turismo, sino una firme convicción filosófica: que un sistema de ideas (una <em>Filosofía</em>), no sólo es inevitablemente hija de su tiempo, sino que es también inseparable de la vida personal de su creador, de su <em>existencia. </em>Para algunos esto va de suyo; no tanto para los filósofos de manual y mucho menos para aquellos sólidamente amurallados en el discurso universitario de la Filosofía. Una filosofía que –como decía Hegel- “<em>pinta gris sobre gris”</em> y que entonces “<em>ha envejecido como formación vital (y) no se deja rejuvenecer, sino sólo reconocer”</em>, diagnóstico crítico que Carlos Marx elevará a los extremos. Por eso mismo ese viaje a Tréveris se enmarcaba dentro de mi opción por una “<em>lectura culturalmente situada</em>” (en materia de Filosofía). Esto presupuso la necesidad de pensar la universalidad como <em>situada </em>y de proponer el concepto de “<em>universal situado</em>”, categoría no sólo epistemológica, sino también ontológica. Podría decirse entonces que aquélla vez iba a Tréveris con el propósito de ver y respirar –al menos por unos días- la <em>atmósfera</em> (geográfica y cultural) que rodearon los primeros 17 años de vida de Carlos Marx. Por cierto sabiendo perfectamente que un sistema de pensamiento no es sólo segregado por esa atmósfera física (como pretenderá luego ese “<em>materialismo</em>” burdo que Marx siempre criticó y que tantos errores cometió, no pocas veces en su nombre). Pero tampoco había que descartar esa materialidad (sin conocerla), error harto común del “<em>idealismo abstracto</em>” que el muchacho de Tréveris le criticará a Hegel desde sus años berlineses. Cuando hablo de “<em>situación</em>”, apunto a un concepto nacido de esa <em>tensión</em> y que ve en ésta no un problema, sino el inicio de otra manera de pensar y de actuar. Con esas ideas en la cabeza iba yo a Tréveris, para una suerte de trabajo <em>in situ</em>. Algo de eso pretendo compartir aquí.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>ENTRE FRANCIA Y PRUSIA</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El niño Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818, en el número 10 de la calle Brückenstrasse en Tréveris, una ciudad situada en la provincia del Rin (antiguo Reino de Prusia) frente a Luxemburgo y a sólo 35 km de Francia. Enclavada así en el mismísimo <em>punto de fricción</em> (física y cultural) entre los dos modelos (políticos y sociales) que conmocionaron toda la Europa del siglo XIX y muy especialmente a la renacida Prusia (más tarde Alemania). Los valores de las <em>Luces</em> y de la <em>Revolución Francesa</em> -que tanto conmovieron a Kant, al Idealismo Alemán (Fichte, Schelling, Hegel)- y esa atmósfera contradictoria (de algunos alemanes admirando a los invasores de su propio territorio!) provenientes de la cercana Francia. Esa <em>atmósfera</em> es la que vivió aquél muchacho de Tréveris en cuya búsqueda vamos. Hasta tres años antes que naciera Carlos, Tréveris había estado bajo ocupación francesa (durante once consecutivos). Aquélla atmósfera burguesa y liberal de inspiración francesa, se tornaba ahora rígida y autoritaria bajo la cultura prusiana. Napoleón ya estaba desterrado en Santa Elena y en casi toda Europa terminaban los tiempos de la Revolución y nacían los de la <em>Restauración</em>. Los reyes volvían a sus tronos (después del Congreso de Viena de 1815) y en los territorios del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico nacía la <em>Deutscher Bund</em> (la “Confederación Alemana”) que agrupaba a 39 estados soberanos en una Confederación bajo la presidencia de la Casa de Austria. <em>Tréveris </em>es la ciudad más antigua de Alemania, había sido fundada en el año 16 a. C por el emperador Augusto, de allí su nombre de pila: <em>Augusta Treverorum</em>. De hecho en ella uno se encuentra ante un magnífico conglomerado de monumentos arquitectónicos romanos y tesoros artísticos. La propia casa natal de Carlos Marx estaba muy cerca de la famosa <em>Porta Nigra</em>, la Puerta de ciudad mejor conservada de la antigüedad y el actual emblema de Tréveris, erigida junto al río Mosela. Sin dudas que –políticamente hablando- el niño nacía culturalmente a contracorriente y contra ella habrá de luchar incansablemente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>UN PADRE Y SUS CIRCUNSTANCIAS </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En casa de la familia Marx se vivía el tono delicado y armonioso del <em>Biedermeier</em>, ese singular movimiento literario y artístico –representativo de la cultura burguesa- reinante en Austria y Alemania durante los inicios del siglo XIX. Pero no se trataba de una burguesía revolucionaria (a la francesa), sino más bien conservadora y apolítica, cercana al poder de turno antes que a la oposición. El niño Karl Heinrich pudo en parte seguir disfrutando de aquél liberalismo prudente porque su padre Heinrich Marx (un abogado que gozaba de prestigio social, en esa pequeña ciudad de 15000 habitantes) supo adaptarse al “signo de los tiempos”: la <em>Restauración</em> monárquica e imperial. Sus antepasados maternos y paternos eran rabinos de varias generaciones, incluso en la misma Tréveris. Pero Heinrich no siguió la tradición judía de su familia sino que –el año anterior al nacimiento de su hijo Carlos- se convirtió al cristianismo y dentro de él optó por el protestantismo luterano, culto que consideraba más compatible con la “libertad de pensamiento”. Lector ávido de Voltaire, Rousseau y Kant, se fue alejando rápidamente de la sinagoga y de la cultura judía aunque no del deísmo. Siempre aconsejó a sus hijos “<em>la pura creencia en Dios</em>”, ese Dios de la Razón tan bien acogido por los sistemas de Locke, Newton y Leibniz, y bautizó a sus hijos como protestantes el 26 de agosto de 1824. En cambio su esposa, Henriette Pressburg, recién lo hizo al año siguiente, luego de la muerte de su padre que también era rabino. Henriette (la madre de Carlos) era una judía holandesa, semianalfabeta y provenía de una familia de prósperos negociantes (la que más tarde fundaría el emporio mundial Philips). Por cierto que ese bautismo luterano le implicó al padre la ruptura total con la familia, ya que su hermano Samuel era por entonces el rabino de Tréveris. No debería verse en esto sólo una postura acomodaticia con el nuevo poder que se avecinaba, Heinrich era -existencialmente hablando- un hombre de Luces, por tanto veía al cristianismo, igual que el poeta Heine, como “<em>la puerta de ingreso en la cultura europea</em>”. Pero le fue muy útil aquella conversión a la familia Marx-Pressburg: la restaurada cultura prusiana era decididamente antijudía y avanzaba a pura bota militar. Más aún, tras la caída de Napoleón los judíos fueron apartados de todos los cargos públicos y las cosas se pusieron mucho peor cuando (el 4 de mayo de 1816) un decreto del ministro del Interior colocó en esa categoría a los abogados y a los farmacéuticos, aun cuando ejercieran por fuera del empleo público (un verdadero atropello). Y tampoco hicieron caso a la recomendación de la Comisión Delegada de Justicia para que ese abogado prestigioso de Tréveris (el padre de Carlos)  fuera excluido de tal decreto. En estas circunstancias el bautismo como protestante -además de una decisión teológica- fue una necesidad social casi inexcusable. Estaba entre la espada y la pared y el Dr. Heinrich se bautizó luterano. Esto sin embargo no lo alejó de las ideas liberales y hasta fue opositor al restaurado “espíritu prusiano” (como lo era entonces buena parte de la sociedad de Tréveris). Más aún, por haber participado como orador en un acto del Club Social (en cuyo final se cantó la Marsellesa y otras “canciones infames” según el régimen) fue denunciado a la Policía. Ésta lo investigó y fichó como uno de esos hombres “<em>de cuyo comportamiento y compromiso nada cabía esperar”</em>. En tanto su hijo Karl había cumplido 16 años y terminado el bachillerato en el colegio de los padres jesuitas (el Instituto Friedrich Wilhelm, también de orientación liberal y algunas veces allanado por la Policía). Al año siguiente se iría de Tréveris para estudiar en Berlín, pero la figura de ese padre siguió siendo rectora por el resto de su vida. Se escribían muy a menudo y si bien resistió sus dos mandatos básicos (estudiar Derecho y ser un hombre de racional fe religiosa), sí heredará de papá Heinrich su ideal por los valores libertarios de la razón moderna, sus contradicciones con la cultura judía y su firme voluntad de lucha social en pos de la justicia y el mejoramiento de la vida humana en todos los órdenes. En cambio, no tuvo esa misma relación con su madre (Henriette). Si bien en alguna esporádica correspondencia la trata de “<em>madrecita”</em> y hasta de “<em>madre angelical</em>”, a la muerte de su padre los lazos familiares se rompieron y sólo mantuvo contacto con su hermana mayor (Sophie), acaso porque a través de ella conoció y se relacionó con su futura esposa: Jenny von Westphalen, una baronesa de la clase dirigente prusiana que rompió su compromiso con un joven alférez aristocrático para estar con él.​ Así, su suegro fue el barón Ludwig von Westphalen (consejero privado del Gobierno, pero hombre también de orientación liberal como su padre). Esta fue la segunda gran influencia que tuvo Marx en aquellos años juveniles. Con el barón Westphalen leía los líricos griegos y a Shakespeare y de esas lecturas encontraremos profundas huellas en su obra posterior. Años más tarde Marx le dedicará su tesis doctoral <em>Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro</em> (1841) y se casará con la hija Jenny en la Iglesia de San Pablo (en Bad Kreuznach), siete años más tarde. ​Jenny será su compañera de vida y según la correspondencia, toda la familia fue muy feliz al lado de “<em>Mohr</em>”, apodo con que se llamaba a Karl Mark en la intimidad del hogar (a raíz de su piel morena y su barba crecida, de un negro casi azabache). Algo como se sabe poco común en tierra germánica, donde predominaban hombres y mujeres de tez muy blanca, cabellos rubios y ojos celestes. Ese apelativo significa en alemán <em>“moro” o “negro</em>” y hoy –en Europa- sería absolutamente despectivo y “políticamente incorrecto”. Entre nosotros no tanto, pero está lejos de mí sugerirle amigo lector que <em>Mohr</em> (quien sabía algo de español, entre muchos otros idiomas) se sonreiría de la cariñosa expresión “<em>cabecita negra</em>”. Aunque me temo que -con su muy conocido sentido del humor- Marx entendería muy bien de qué se trata.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de mayo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Doctor en Filosofía y Letras por la UBA.</span></p>
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		<title>Contar hasta tres, antes del fin &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 May 2021 18:53:46 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El filósofo Roque Farrán sostiene que aunque no es privativo de las redes el dominio binario exclusivo, allí se ha sistematizado un proceder típico de las instituciones, en su peor faz. Al contrario, para pensar materialmente tenemos que asumir el anudamiento cada vez, donde sea que podamos hacerlo. Reanudando conceptos y tradiciones en nombre propio, sin operar exclusiones o jerarquizaciones espurias. Y afirma Farrán, que es necesario saber contar hasta tres y anudar, antes del fin, donde sea.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El filósofo Roque Farrán sostiene que aunque no es privativo de las redes el dominio binario exclusivo, allí se ha sistematizado un proceder típico de las instituciones, en su peor faz. Al contrario, para pensar materialmente tenemos que asumir el anudamiento cada vez, donde sea que podamos hacerlo. Reanudando conceptos y tradiciones en nombre propio, sin operar exclusiones o jerarquizaciones espurias. Y afirma Farrán, que es necesario saber contar hasta tres y anudar, antes del fin, donde sea.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué no pensar que Google es nuestro Oráculo moderno? Después de todo, por estructura cada quien recibe del Otro en forma invertida su propio mensaje. El régimen de verdad reside allí donde una comunidad de hablantes deposita un supuesto saber hacia el cual dirigirse cuando lo necesita. Nos puede parecer pobre la realidad virtual en la que convivimos, pero hoy por hoy se ha vuelto nodal y el modo de conducirnos en ella resulta clave. La diferencia de calidad en las indagaciones no pasa por el lugar en sí mismo, sino por los procedimientos que se despliegan en torno a ese Otro: los modos de plantear las preguntas y el uso cuidado de esa palabra que nos vuelve más o menos enigmáticamente. En definitiva: qué se hace con eso. El “conócete a ti mismo” sigue siendo una indicación técnica muy actual: “Ten cuidado de lo que vas a preguntar o decir, no vaya a ser que una vez formulado no haya vuelta atrás”. En este sentido, la reciente incorporación en <em>Twitter </em>de una instancia mínima de reflexividad resulta interesante: antes de compartir un contenido que puede ser agresivo la red social pregunta si se está seguro de hacerlo. Por supuesto, el dispositivo no garantiza nada y la decisión sigue dependiendo de la formación del sujeto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cada quien tiene su pequeña visión del mundo, su marco teórico y sus referencias privilegiadas; sea una mirada desde la alcantarilla o desde un elevado púlpito; desde un insignificante lugar en la red o la tribuna de algún medio conocido. Cada quien se cree justificado en algún punto por la miseria que le tocó en suerte, e injustamente discriminado o infravalorado respecto de algún círculo de pertenencia en el que desearía ser reconocido como se merece. Todo lo sólido se desvanece en el aire, desde hace tiempo, aunque los modos de infatuación y valoración imaginarios son más persistentes e insidiosos que todos los medios de producción juntos y sus máquinas de cómputo disolventes: fantasmas operantes y recurrentes que habitan en las psiquis más retorcidas u obtusas del planeta. De izquierda a derecha, pasando por el centro y adentro, bien adentro, de la ideología personal de cada uno (que hace masa a su modo). Las redes no hacen más que agravar la cosa. Solo la perspectiva de la eternidad, la disolución de absolutamente todos los círculos, curvaturas o ángulos, nos daría la templanza necesaria para entrar en los juegos de poder-saber (regímenes de verdad) con la justa distancia: una geometría del agujero por donde pasan los cuerpos y se anudan inexorablemente, dejando caer toda cuenta en el vacío. Lo que nos da una idea material de esa geometría flexible es el nudo borromeo, donde cada término está enganchado a los otros de manera tal que si uno se suelta el conjunto entero lo hace. Es válido preguntarse, no obstante, si es posible practicar los anudamientos que conectan el vacío y el infinito en un ámbito donde dominan los bits de información y la lógica binaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque no es privativo de las redes el dominio binario exclusivo, allí se ha sistematizado un proceder típico de las instituciones, en su peor faz. Al contrario, para pensar materialmente tenemos que asumir el anudamiento cada vez, donde sea que podamos hacerlo. Reanudando conceptos y tradiciones en nombre propio, sin operar exclusiones o jerarquizaciones espurias. Imaginación, razón e intuición en Spinoza; saber, poder y subjetividad en Foucault; imaginario, simbólico y real en Lacan; ser, acontecimiento y sujeto en Badiou; etc. Entender cada concepto en su especificidad; captar el desplazamiento oportuno; llegar hasta el final del movimiento y anudar el conjunto sin darle prioridad explicativa a ninguno de ellos (ni siquiera al último). Luego recomenzar por cualquier parte o materia que nos convoque en situaciones concretas. Esa es la libertad y al mismo tiempo rigurosidad del pensamiento materialista, que no es decir cualquier cosa: se alcanza en el ejercicio de hacer cuerpo una verdad que nos implica. Hay que saber distinguir, tomar posición y escribir como nos parezca más adecuado. Incluso apelando a lo que nos afecta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El pensamiento materialista no excluye la ideología, sino que la incorpora y entiende su irreductibilidad. Ideología es un concepto que entrelaza tres dimensiones: 1) el conocimiento entendido como imaginación (impresiones ligadas a cosas vistas u oídas, universales abstractos, etc.); 2) el poder asumido como subordinación (naturalización de estructuras jerárquicas, hábitos y fijaciones); 3) la subjetividad reflejada en el reconocimiento (especularidad e interpelación en los modos de identificación). Es, como tal, irreductible: el primer nudo que nos constituye. Por eso tenemos que aprender a deshacerlo, abriéndolo, excediéndolo y reanudándolo en función de otras dimensiones: 1) el conocimiento de las nociones comunes y las singularidades; 2) el poder en sus múltiples juegos y dispositivos; 3) la subjetividad como modo de constituirse a sí mismo. El primer nudo no se desecha completamente, solo se complejiza cada vez más con nuevas anexiones: potencias del pensamiento, formas de acción, y modos de cuidado que igualmente son frágiles y pueden cortarse de un solo golpe, pero cuyo índice de eficacia toca la eternidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El psicoanálisis no es ciencia ni ideología, tampoco filosofía, pero responde a un modo materialista del pensar que comprende tres ámbitos de producción al mismo tiempo: una práctica clínica, un método de investigación ligado a la cultura, una teoría sobre el psiquismo y su modo de funcionamiento. Los tres ámbitos se anudan y retroalimentan mutuamente, ninguno es más importante que el otro, porque ninguno se sostiene en sí mismo. Siempre hay disputas entre quienes tienen más inclinaciones por uno de ellos en detrimento de los otros, en función de lógicas externas al psicoanálisis, principalmente vinculadas a inserciones institucionales, juegos de poder o prestigios fatuos; pero el psicoanálisis <em>stricto sensu</em> consiste en su práctica conjunta y los verdaderos aportes al campo provienen de quienes así lo han entendido y practicado. Mediante la práctica, el estudio y la investigación psicoanalíticas podemos aprender a contar hasta tres en vez de caer rendidos ante el malestar en la cultura imperante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante la caída del Uno (muerte de dios y demás correlatos trascendentes), hemos quedado prendidos de la imposibilidad del Dos y la fantasía correlativa de que haya relación por algún lado; eso genera una serie de violencias y forzamientos innecesarios, frustraciones y reproches inútiles. Dar un paso más y asumir el Tres, la terceridad como posición relativa pero necesaria, nos muestra en acto que no hay relación ni proporción entre las palabras, los cuerpos y las cosas; lo que hay son anudamientos entre irreductibles. Por lo cual, cada término es necesario para sostener a los otros: una trama abierta y trenzada sin cierre ni totalización. Plantear la declinación del Nombre del Padre por el lado de los distintos modos de asumir la terceridad, la ley de los anudamientos alternados, implica renunciar a los significantes amos que ordenan el reparto; pero también a la fantasía del Dos autogestivo que necesita siempre un Otro al cual oponerse (generalmente la ley o el Estado). Una nueva institucionalidad y otra afectividad se abren allí. Para eso necesitamos entender los afectos en su dinámica singular.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.lasnuevemusas.com/wp-content/uploads/El-pr%C3%B3jimo-en-la-visi%C3%B3n-de-Baruj-Spinoza-y-Sigmund-Freud-1200x720.jpg" alt="El prójimo en la visión de Baruj Spinoza y Sigmund Freud » Las nueve musas" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El odio es una tristeza ligada a la idea de una causa exterior: odiamos a quienes imaginamos disminuyen o perjudican nuestra potencia de obrar. Es decir, detrás del odio hay alguien que está triste e imagina una causa inadecuada o parcial de su padecimiento. Esto no se puede disolver mágicamente ni voluntariamente, no se troca odio por amor ni tristeza por alegría en un acto mágico o voluntario, y si variaran por una contingencia de poco serviría; el punto de incidencia es pasar de los afectos que se padecen, o sea las pasiones, a los afectos por los cuales se obra, o sea las acciones. El conocimiento adecuado de las causas es una acción, aun si uno se encuentra sentado, acostado o encerrado mirando una pantalla. Ser causa adecuada de lo que nos afecta resulta de percibir clara y distintamente el efecto que se sigue de ella, no de manera confusa o parcial, aunque no se domine en absoluto lo que suceda (accidentes, dones, enfermedades o muerte). El conocimiento de lo singular que activa los afectos, nuestra complexión afectiva, salva del padecimiento (triste o alegre). También es posible ejercitarse en prácticas cotidianas que nos permitan tomar distancia de los afectos para entenderlos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mirada desde lo alto, por ejemplo, es un antiguo ejercicio espiritual que Hadot nos muestra era practicado por diversas escuelas de pensamiento en tiempos y lugares distantes. Consiste en imaginar que remontamos vuelo o vemos todo desde una alta cúspide y así podemos apreciar, de a poco, la pequeñez de todas nuestras empresas y gestas humanas: el comercio, las guerras, los imperios, las epidemias, etc. Ponernos a escala del universo entero, como cada tanto lo hace algún chiste gráfico, es algo más que la consabida herida narcisista que afectó al geocentrismo: es el golpe de gracia que nos destituye también del fin de la evolución o de la consumación de cualquier forma humana (no solo la consciencia o la significación fálica que sitúa el psicoanálisis), como ejercicio concreto a recomenzar incesantemente. Eso también atempera la tristeza que nos ocasiona la repetición insensata de todos los males y violencias históricas a los que nos sometemos por ser humanos, demasiado humanos, y paradójicamente genera un afecto de alegría por comprendernos como parte de lo que nos excede ampliamente. Nos da una certeza indubitable: por más duro que sea, esto también pasará.</span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;">***</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Camila (6) vio la </em>Ética<em> sobre la mesa y me preguntó qué significaba esa palabra, cuando le expliqué que se refería al modo de comportarse, de entender las cosas que nos afectan, se acordó que le había dicho de hacer un “Emocionario” (diccionario de emociones), porque el que ella tenía era bastante flojo y estereotipado. Le pregunté cuál quería que fuese la primera palabra, el primer afecto, si empezábamos por la A o por el que a ella más le gustara. Me dijo que la primera palabra fuera: Ternura. Un afecto que la define, sin dudas. En otra oportunidad, escribió lo que había soñado y me insistió que quería acordarse de cuándo lo había soñado, le dije que anotar la fecha era infalible para eso. Ella escribe seguido: cuando ve una receta por televisión; cuando escucha un nombre raro en los dibujos animados; cuando quiere acordarse de una canción que le gusta; cuando quiere expresar un sentimiento, etc. Tiene muchas libretitas y cuadernos donde deja sus notas. La escritura es parte natural de todo lo que va haciendo. Escribe y dibuja. Lucha y canta. Dice que cantar es su pasión. Y tiene una voz muy dulce. Pero lo que más me sorprende es cómo piensa. Una vez me dijo: “Pienso en alguien que a su vez está pensando en alguien que está pensando en alguien, y así al infinito”. Es como si escribiera, dibujara, luchara y cantara al mismo tiempo. A veces no cuento más porque temo que me digan exagerado, que no entiendan, o piensen que es la regla general: “todo padre…”, etc. No podría ser padre, mucho menos todo, lo poco que he ido siendo ha sido gracias al arte de escuchar y escribir, también en torno a esa potencia que emerge y lleva el nombre de Camila. Antes casi nada, ahora no-todo: el cuidado de ser quien cuida y es parte de lo que sucede. Nada más.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 22 de mayo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Filósofo</em></span></p>
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