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	<title>Fabiola Yañez archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Fri, 27 May 2022 14:30:41 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Fabiola Yañez archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La letra F &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Aug 2021 20:01:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Fabiola Yañez]]></category>
		<category><![CDATA[foto de Olivos]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[oposición]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El psicoanalista Sebastián Plut afirma en esta nota que el único valor que tiene hablar sobre el hecho que develó en la derecha la santísima trinidad de la F: Fernández-fiesta-foto, se cumple si lo transformamos en objeto de reflexión genuina, profunda, sincera. De lo contrario, solo nos lleva al descrédito, el lamento y la queja.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-letra-f-por-sebastian-plut/">La letra F &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El psicoanalista Sebastián Plut afirma en esta nota que el único valor que tiene hablar sobre el hecho que develó en la derecha la santísima trinidad de la F: Fernández-fiesta-foto, se cumple si lo transformamos en objeto de reflexión genuina, profunda, sincera. De lo contrario, solo nos lleva al descrédito, el lamento y la queja.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">E</span></strong>l origen de cualquier evento humano o natural suele permanecer escondido, ajeno a nuestra percepción y, a veces, también a nuestro entendimiento. El punto de partida de la foto que estos días agita a las almas bellas es difícil de determinar. Al parecer, resulta fechable la toma, aunque no el derrotero que llevó a su “hallazgo” reciente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como sea, la oposición se extasía por su descubrimiento, por haber develado la santísima trinidad de la F: Fernández-fiesta-foto. No se crea que el desplazamiento arbitrario, al que nos tiene acostumbrados la invisible garra del mercado, demorará mucho en retornar a su pasión por la K. Al cabo, ella también es Fernández.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La F también nos permite indagar otras escenas concurrentes, entre ellas, la falsedad de algunas indignaciones, los fantasmas que se proyectan y revelan, y también los fracasos que súbitamente se dibujan como éxitos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre el desmedido pedido de juicio político y los reclamos moralizantes, optamos por otro camino, el de la reflexión mesurada, única manera de dimensionar lo que solo por la ciencia ficción que copó la realidad se agigantó con la forma e intensidad de un tsunami.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos líneas argumentativas se hicieron oír: la de quienes observan un “error” del Presidente y la de quienes denuncian su “transgresión”. Entre los primeros hay grados, pues algunos diagnostican un fallo mayúsculo y otros lo relativizan, algunos lo disculpan de inmediato y otros lo condenan a la hoguera, algunos prevén consecuencias ominosas y otros lo minimizan frente a la devastación macrista. Los integrantes de la segunda corriente interpretativa, en cambio, ven en la trilogía Fernández-fiesta-foto un acto de impunidad sin par, y advierten sobre la enajenación de quienes se suponen una excepción, una presunta casta que siente que no debe atenerse a regla alguna.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Usemos otra F, la que nos permite preguntarnos sobre dónde hacer foco. Por ejemplo, ¿cómo entender las relaciones posibles entre los dichos y los hechos? ¿cuáles son los grados esperables de coincidencia y cuáles los niveles aceptables de divergencia? Y también, ¿todas las distancias entre realidades y lenguaje son iguales? Por caso, ¿son de la misma especie las mentiras del Macrismo y la brecha entre las instrucciones presidenciales por la cuarentena con el festejo de cumpleaños de su compañera?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sería muy extenso explicarlo aquí, pero, sin duda, no hay semejanza alguna, y no se trata de doble vara, ni de doble moral. Sencillamente, Fernández no es un doble de Macri. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hagamos un pequeño ejercicio: ¿alguno piensa que Fernández no creyó que la cuarentena fue la medida acertada mientras no había vacunas? Su error/transgresión (como prefiera el lector) no desmiente su pensamiento ni sus dichos. Efectivamente, es consistente atribuirle una convicción sólida sobre las pautas de cuidado que el gobierno instrumentó desde marzo del año pasado. Ahora bien, ¿alguien imagina que los ahora denunciantes de la trilogía de verdad creen en lo que dicen cuando vociferan por el descuido de Fernández?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una primera conclusión entonces: como sea que califiquemos la mentada celebración, hay un sujeto (Fernández) que cree en lo que dice, aun cuando sus actos no siempre coincidan con sus palabras con una prolijidad inmaculada que solo es exigible a la divinidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestra tarea es no caer en el escepticismo, alimentado y aprovechado día a día por la derecha. En ese sentido, el único valor que tiene hablar sobre el evento se cumple si (y solo sí) lo transformamos en objeto de reflexión genuina, profunda, sincera. De lo contrario, solo nos lleva al descrédito, el lamento y la queja.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Comprender los límites de la subjetividad es uno de los horizontes que puede guiarnos. Límites que, como ya hemos señalado, no permiten que deseos-palabras-hechos (una trilogía más fecunda para el análisis) tengan entre sí una identidad absoluta, cual si fueran los nombres de un mismo concepto, cual si hubiera entre ellos una ecuación exacta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El otro horizonte propicio es insertarlo en la narrativa política, en el contexto actual, historizando los sucesos: estamos en período electoral, Fernández aludió a internet como un servicio público y CFK también estuvo exhibiendo sus dotes de estadista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por uno u otro camino hay un esfuerzo que debemos hacer y que consiste en resistir a la tentación de que una imagen valga más que mil palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Consideremos ahora otro punto. Parece indudable que la vara para calificar a los gobiernos populares es más alta que la utilizada para evaluar la necropolítica de la derecha. Y así lo escuchamos de ambos lados del antagonismo, lo cual delata alguna verdad. La ética de un gobierno popular es mayor que la de sus adversarios y, por lo tanto, la expectativa es más elevada. Sin embargo, también hay un riesgo o, más bien, un objetivo a veces logrado de la derecha: anestesiar nuestras reacciones frente a su avasallamiento. Lo que nunca debemos olvidar, entonces, y retomo algo ya señalado antes, es que nada de lo que digan es creíble.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las trampas, a veces, se hacen a escondidas y, en ocasiones, se presentan como paradojas que pueden pasar inadvertidas. Una de ellas es ver en el festejo denunciado un acto de injusticia. Y de nuevo, véalo el lector como error o transgresión, nuestro pensamiento iría hacia la banquina si percibimos una injusticia. Las redes explotaron de comentarios del tipo “yo no pude velar a mi padre, y el presidente hace una fiesta en Olivos”. Resulta notable que quienes así se manifiestan no cuestionan que el presidente se arriesgó al contagio (y que, por lo tanto, por ese motivo no debió hacer esa reunión) sino que lo utilizan para un reclamo retrospectivo: “yo debería haber podido hacer…”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No estamos aquí justificando ningún hecho o decisión ajena. No nos interesa ni corresponde esa acción. Esta aclaración vale porque, de hecho, no entendemos que la justificación sea la orientación necesaria para no caer en una crítica demoledora. Ni una ni otra son opciones útiles, al menos en esta ocasión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Educar, gobernar y analizar eran, para Freud, profesiones imposibles. Y eso es, precisamente, lo que puso en evidencia la trilogía Fernández-fiesta-foto. ¿En qué radica la imposibilidad? Sin duda, anida en la inevitable insuficiencia que alcanza todo propósito de reglamentar el goce, ya que no es posible una solución acabada para sostener aislados el goce y las decisiones intelectuales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay allí, entonces, una distancia abismal entre un gobierno popular y la derecha. Mientras el primero hace un esfuerzo constante por sostener el mencionado aislamiento, la derecha hace un permanente trabajo por explotar su propio goce a costa de las mayorías.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para concluir, recurramos a otra F, la de fin. Cualquiera sea el fin que tuvo la reunión cumpleañera, los fines de la derecha les son propios y en nada se corresponden con lo que, con palabras tan consistentes como un cartón, dicen sobre la fiesta. El fin de la derecha es su propia fiesta, su propia foto. El trabajo y el pensamiento es nuestro fin, y este es el fin de este texto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 16 de agosto de 2021</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Director de la Diplomatura en el Algoritmo David Liberman (UAI). Miembro Fundador del Grupo Psicoanalítico David Maldavsky. Coordinador del Grupo de Investigación en Psicoanálisis y Política (AEAPG).</span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Ladran, Sancho&#8230; &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Aug 2021 00:34:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[Fabiola Yañez]]></category>
		<category><![CDATA[Foto en Olivos]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[oposición]]></category>
		<category><![CDATA[uso político]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La fotografía del magno acontecimiento del cumpleaños de la “Primera dama”, un tema “olivodense” que amenazó con convertirse en “hollywoodense”, todavía no tiene una respuesta al acertijo de cómo impactará en las próximas elecciones; recién entonces se podrá medir hasta dónde llegó este episodio.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La fotografía del magno acontecimiento del cumpleaños de la “Primera dama”, un tema “olivodense” que amenazó con convertirse en “hollywoodense”, todavía no tiene una respuesta al acertijo de cómo impactará en las próximas elecciones; recién entonces se podrá medir hasta dónde llegó este episodio.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">C</span></strong>uando era chico bastaban algunas nubes amenazantes y un conato de lluvia para no ir a la escuela; otra razón poderosa eran los cumpleaños, no sólo el propio, sacratísimo, sino el de prójimos en una escala bastante amplia, los hermanos, los padres, los abuelos y hasta los tíos. Los maestros, fieles del mismo credo, aceptaban respetuosos esos argumentos haciendo temblar los restos de Sarmiento que se había desgañitado codificando las obligaciones escolares. Pero Sarmiento fue derrotado, el cumpleaños sigue siendo venerado en las clases medias argentinas y celebrarlo no es algo cuya importancia se discuta en las honestas casas donde comparte, como si fuera una verdad revelada, otras instancias igualmente potentes, la fiesta de los 15 años de las niñas, el viaje a Disneylandia, los viajes de fin de curso y las enjundiosas bodas en las que esforzados padres se endeudan para que parientes y amigos de los novios ingurgiten la inevitable lengua a la vinagreta y en el no menos previsible lomito con papitas esféricas, regado el todo por el nacional y popular Bianchi, un conjunto de destacadas acciones del pensamiento mesocrático. Pero no es que “todo el mundo” acepte esos rigurosos capítulos; quienes se rebelan son descalificados, “no comprenden lo que esas celebraciones significan”. El problema se presenta cuando no habiendo condiciones propicias para tales prácticas algunos se empeñan en llevarlas implacablemente a cabo: una fiesta de 15 cuando se ha muerto en la casa el abuelito solicitaría al menos una postergación pero si se celebra cerca del féretro del muerto resulta algo chocante: es el triunfo de la ideología por sobre su enemigo predilecto, la realidad. Y cuando algo semejante tiene lugar en época de una pandemia para conjugar cuyos riesgos “no debe haber reuniones”, darse ese amable gusto de ser objeto de regalitos y de buenos deseos se convierte en un problema político. Me estoy acercando, como se puede comprender, al tema “olivodense” que amenaza con convertirse en “hollywoodense”. Extraída una fotografía del magno acontecimiento del cumpleaños de la “Primera dama”, del arcón de los recuerdos un año después, con el diabólico propósito de condenar al Presidente por aquello de “haz lo que yo digo, no lo que yo hago” y su variante “borrar con el codo lo que se escribió con la mano”, en las cercanías de un proceso electoral, se armó un tole tole de contenido aparentemente ético del que, si uno es realmente sincero, no se escapa casi nadie: el único problema es ser descubierto pero, salvo eso, habría que visitar todos los confesionarios, los juzgados y los consultorios de los psicoanalistas, para confeccionar un mapa de esa contradicción tan tradicional. Cuando la esposa del presidente de México se hizo llevar en un avión ad-hoc un piano de cola de color blanco a otro país para ejecutar interesantes solos, muchos se burlaron pero nadie cuestionó al mandatario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Claro que aquí es otro cantar: tratándose de un presidente que trasunta virtudes la cosa cambia y el panorama se hace barroso, cada explicación es peor que la precedente y no se le ve la salida: el Presidente no puede aplicarse la ley que él mismo estableció pero tampoco puede mirar para otro lado y meramente declarar que “no se dio cuenta” y asistió benevolentemente a una fiestita que se hizo en su propia casa: pocos admiten una excusa, quienes lo hacen incurren en lo mismo, miran para otro lado y el malestar se reproduce. ¿Será que se dejó llevar por la ideología mesocrática? ¿Será que no controla lo que se decide en su propia casa? ¿Es tan grave el punto como para afectar una credibilidad que, por otra parte, es permanentemente atacada por los enemigos de sus propuestas más importantes?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Podría ser pero habría que ver: para la oposición es un favor que le ha hecho, para sus amigos un incordio, un inesperado dolor de cabeza que deberá resolverse, pero cómo. ¿A quiénes el asunto les importa? ¿Qué debería decirse y hacerse para quitarse el mal gusto de la boca?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Puede ser un incidente de ruta, un momento de debilidad, después de todo se trata de seres humanos que no cuentan con otros recursos que los que están en su cabeza, valores heredados, creencias, pasiones, pero, contrariamente, podría ser más decisivo, pero quién tiene la medida. Y no mucho más: la respuesta al acertijo se producirá en las próximas elecciones, entonces se podrá medir hasta dónde llegó este episodio y, en consecuencia, unos quedarán satisfechos y otros decepcionados, siempre ha sido así y muchas veces por cuestiones harto más importantes que un cumpleaños.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por fin, el Presidente se hartó del manoseo y declarándose culpable del espantoso delito se enojó; un seguramente probo fiscal, no parece que sea el transparente Stornelli, investigará lo que ya está declarado y pondrá a disposición del Señor Juez la causa. Si dicho magistrado es el impecable Ercolini examinará el extraño caso y dictaminará sin duda con todo el rigor de la ley, “Dura lex sed lex”, más severo que cuando juzgó a los pobres “necesitados” coimeros de Techint; no podrá meterlo preso, aplicará una multa,  y entonces el Presidente, con toda elegancia, la pagará y asunto terminado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hasta por ahí nomás, porque tras el golpe vendrá, ojalá, el contragolpe que consistirá en poner en las manos de quizás el mismo Juez una demanda contra los que a propósito del cumple propiciaron sedición, golpe de estado, renuncia del Presidente, sapos y víboras que brotaron de las bocas de los límpidos periodistas y los políticos que no tienen ninguna cuenta que pagar en sus sacudidas trayectorias, entre políticas y monetarias. A ver cómo se las arregla para moverse entre tanta basura y encuentra el modo de salir del paso, cómo hará para enfrentarse con todos los éticos que tuvieron su momento de gloria en <em>La Nación, Clarín, Infobae </em>y sus réplicas televisivas. Al menos estará ocupado y convocará a los que ocuparon la escena del “anticumple” dando trabajo a los abogados que, como se sabe, tienen mucho menos trabajo a causa de la pandemia. Como conclusión del episodio teatral y retomando la respiración, el Presidente podría decir, recordando al inmortal Quijote, “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 21 de agosto de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></span></p>
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		<title>Notas al margen o en el envés de una trajinada foto &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 May 2022 14:30:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Fabiola Yañez]]></category>
		<category><![CDATA[fotos cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre el hecho fotográfico del cumpleaños de Fabiola Yáñez en la residencia presidencial de Olivos, en julio de 2020.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/notas-al-margen-o-en-el-enves-de-una-trajinada-foto-por-martin-kohan/">Notas al margen o en el envés de una trajinada foto &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre el hecho fotográfico del cumpleaños de Fabiola Yáñez en la residencia presidencial de Olivos, en julio de 2020.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Martín Kohan*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Ante el dolor de los demás</em> es la fórmula a la que apeló Susan Sontag, en 2003, para revisar las posturas que había sostenido en 1977 en <em>Sobre la fotografía</em>. Indicaba así una manera particular de ubicarse frente a determinadas imágenes y de dejarse afectar por ellas. Tal vez quepa reformular ahora esa expresión y reescribirla como “ante la indolencia de los demás”, si se trata de pensar en las fotografías de aquel festejo de cumpleaños de Fabiola Yáñez en la residencia presidencial de Olivos en julio de 2020, epicentro pandémico, cuando las coordenadas del cuidado habían virado: ya se podía salir a la calle, manteniendo una distancia precautoria, porque se sabía que el riesgo mayor estaba en los espacios cerrados, en las reuniones en espacios cerrados, sin barbijos y encimados (justo eso que se veía, justo eso que se ve).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No estoy pensando en los hechos, sobre los que ya se ha dicho tanto, sino en las propias fotografías, en las fotos como tales -que respondieron, como pocas veces, a esa certificación del “esto ha sido” de la que habló Roland Barthes en <em>La cámara lúcida</em>. Esas fotos aparecieron en su momento para zanjar una incipiente lucha de versiones y hacer pasar del “esto no pasó” refutatorio al “esto no debió pasar” de la retractación. ¿No debió pasar? Pero pasó. Y eso que efectivamente pasó, que no debió pasar pero pasó, la idea que nos hacemos de ello, la imagen que nos hacemos de ello, la manera en que lo imaginamos (sobre la relación entre imaginación e imágenes fotográficas escribió admirablemente Georges Didi Huberman) se ven fuertemente determinadas por esas fotografías que se volvieron, no ya icónicas, sino emblemáticas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Tenemos entonces lo que pasó y también las fotos de lo que pasó. Lo que pasó estuvo mal. Pero además, cabría agregar, como nota al pie o como comentario al margen, también las fotos están mal. Quiero decir, son malas fotos, están mal sacadas; quien las sacó (porque hay uno al que no vemos pero estuvo ahí, y es el que sacó las fotos) lo hizo con impericia, con especial falta de gracia. El enfoque no resulta, desencuadra más que encuadra; deja demasiado espacio a los lados (esas sillas relegadas), demasiado espacio arriba (ese techo, tanto techo). Y en especial, significativamente, demasiado espacio entre el que fotografía y los fotografiados (más que esa “distancia social” de la que tanto se hablaba, más bien una especie de distancia asocial): esa fea separación que hace que los retratados luzcan especialmente lejos, apartados de quienes acuden a contemplar la imagen. Tomados, por otra parte, un poco al bies, y no en una visión más frontal, se produce una línea de fuga tanto en la disposición de la mesa como en la secuencia de las dos lámparas de techo, que no hace sino aumentar el efecto de lejanía. Un punto de fuga que lleva a un hueco, a un lugar vacío por la ubicación de los participantes, al sitio donde no hay nadie, en cierta forma a ningún lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La cumpleañera, el marido, los invitados: están todos apartados; entre ellos se arraciman, de nosotros quedan a imprudente distancia. Están lejos y no exactamente de frente. Están lejos y torcidos. Sus miradas, aunque dirigidas a la cámara, es decir, hacia afuera, hacia los eventuales contempladores, para nada nos incluyen; al revés, nos dejan especialmente afuera. No funcionan en absoluto como las miradas de “Las meninas” de Diego Velázquez que, según analizó Michel Foucault en <em>Las palabras y las cosas</em>, incluyen al contemplador en la escena que contempla. Aquí por el contrario excluyen, aquí por el contrario expulsan. Tan simple como que, incluso desde un posible encierro, no dan ganas de haber estado en esta fiesta. Con pandemia o sin pandemia, no resulta tentador sumarse a una reunión así. Luce tan poco atractiva como la torta que, apenas con una tajada, luce desatendida en un raro primer plano, tan sosa como los tenedores, tan neutra como la pila de platos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En un borde de “Las meninas”, recordarán, hay un perro. En esta imagen también. Pero el perro aquel luce laxo, distendido, ausente, despreocupado. Este otro, por el contrario, luce erguido, tenso, atento. Como si en cierta forma intuyera, diferenciándose de tal modo del resto, que algo había en este asunto que no estaba nada bien.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 27 de mayo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</p>
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