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	<title>excedente archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>excedente archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Entre Keynes y Marx: la doble deserción de Axel Kicillof &#8211; Por Oded Balaban</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 14:11:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Oded Balaban]]></category>
		<category><![CDATA[excedente]]></category>
		<category><![CDATA[Keynes]]></category>
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		<category><![CDATA[Marx]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Oded Balaban sostiene en este trabajo que en su libro "Volver a Keynes" Axel Kicillof realiza una doble deserción: hacia Keynes y hacia Marx. Keynes no se reconocería en ese fundador de la teoría del valor; Marx no reconocería su crítica en una teoría que hace nacer la ganancia de la escasez. En su objeción Balaban plantea que no mide a Kicillof con una vara ajena, sino con las dos varas que él mismo eligió.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entre-keynes-y-marx-la-doble-desercion-de-axel-kicillof-por-oded-balaban/">Entre Keynes y Marx: la doble deserción de Axel Kicillof &#8211; Por Oded Balaban</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60cf52ab4adac62d102db8d62ac5ca39 wp-block-paragraph" style="color:#5e07e3"><strong>Sobre «Fundamentos de la Teoría General» &#8211; Volver a Keynes</strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5435ffa35e059dc7fde779ad1ef8248f wp-block-paragraph"><strong><em>Oded Balaban sostiene en este trabajo que en su libro «Volver a Keynes» Axel Kicillof realiza una doble deserción: hacia Keynes y hacia Marx. Keynes no se reconocería en ese fundador de la teoría del valor; Marx no reconocería su crítica en una teoría que hace nacer la ganancia de la escasez. En su objeción Balaban plantea que</em></strong> <strong><em>no mide a Kicillof con una vara ajena, sino con las dos varas que él mismo eligió.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79be461342ebbab3026e4bf6d0cc5ea5 wp-block-paragraph"><strong>Por Oded Balaban*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b151b1a0712c0ecdb79c9546cf0659e3 wp-block-paragraph" style="color:#4007e3"><strong><em>La deserción de Keynes</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cd2b691e3ab857c7b703333ebcf8950c wp-block-paragraph"><strong>Un proyecto de dos pies</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-665b1a3835b56fbe0aacafd640af99af wp-block-paragraph">Axel Kicillof dedicó a John Maynard Keynes una sola investigación, que recorre su tesis doctoral (<em>Génesis y estructura de la Teoría General de Lord Keynes</em>, 2005), el libro que la continúa (<em>Fundamentos de la Teoría General</em>, Eudeba, 2007) y su reelaboración posterior (<em>Volver a Keynes</em>, 2012; Siglo XXI, 2024). El objeto es siempre la <em>Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero</em>, de 1936. Contra el consenso de que la <em>Teoría General</em> es un libro confuso e inconsistente, Kicillof sostiene que es un sistema coherente, y su reconstrucción es fiel al texto. No es ahí donde hay que buscarle la falla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84306b6f77a633cb7c25da0f5a361958 wp-block-paragraph">La falla está en el proyecto, y el proyecto tiene <em>dos pies</em>. Por un lado, Kicillof reconstruye a Keynes. Por el otro, no se conforma con el «modelo» de determinación del empleo: quiere llegar a los <em>fundamentos</em> —»develar el origen del interés y de la ganancia» (Kicillof, 2007: 37), las <em>formas económicas fundamentales</em>, «otra economía detrás de la economía» (2007: 14)—. Ese segundo pie no es de Keynes: es de Karl Marx. Es la <em>crítica de la economía política</em>, la búsqueda del origen del excedente detrás de las categorías. Y Kicillof lo sabe y lo reivindica: en el prólogo confiesa que sus intereses «se inclinaban hacia Smith, Ricardo y especialmente hacia Marx» (2007: 13); enseñó Economía Marxista; sus maestros —Pablo Levín, Juan Iñigo Carrera— vienen de esa tradición. Su tesis última es que Keynes <em>converge</em> con la teoría del valor fundada en el trabajo. Kicillof, en suma, lee a Keynes con las herramientas de Marx, y reclama las dos herencias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3570f8e6628a0762e000ed324ba96680 wp-block-paragraph">Sostengo una sola tesis: <em>Kicillof se para en Keynes y en Marx, y no es fiel a ninguno.</em> No a Keynes, cuyo proyecto traiciona al convertirlo en lo que Keynes se negó a ser —un crítico de la economía política, un teórico del origen de la ganancia—, con lo que pierde al Keynes vivo para un país como la Argentina: el de Raúl Prebisch. Y no a Marx, cuya <em>pregunta</em> adopta —el origen del excedente— pero cuya <em>respuesta</em> rechaza: en lugar del plusvalor, contesta con la <em>escasez</em> de Keynes, un modo de explicar la ganancia por la circulación, que Marx ya había refutado. Es una doble deserción. Keynes no se reconocería en ese fundador de una teoría del valor; Marx no reconocería su crítica en una teoría que hace nacer la ganancia de la escasez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6fff31236b06fac96c9e1f03f09d02ac wp-block-paragraph">La crítica que sigue no mide a Kicillof con una vara ajena, sino con las <em>dos varas que él mismo eligió</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1dc91722daeaaa14cbfcaed8721f8929 wp-block-paragraph"><strong>Lo que Kicillof hace bien: la reconstrucción de Keynes</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e122ab5e1acb670dcd4d522402001b5 wp-block-paragraph">Conviene empezar por lo sólido, para que lo que sigue no discuta con una caricatura, sino con la versión más fuerte de su lectura. La reconstrucción que hace Kicillof de la teoría keynesiana del capital y del interés es fiel y precisa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06cc7794f38747710377194152126e29 wp-block-paragraph">Kicillof muestra cómo Keynes desmonta la teoría «clásica» —ricardianos y marginalistas, con Alfred Marshall en el centro (2007: 158, n. 7)— del capital y del interés. La teoría clásica hacía descansar el rendimiento del capital en dos atributos presentados como naturales: la <em>productividad</em> y la <em>prospectividad</em> o <em>espera</em> (la abstinencia que merece retribución). Keynes derriba ambos: ni la espera es un sacrificio que deba pagarse, ni los métodos de producción más prolongados son por fuerza más eficientes (2007: 429-441). En su lugar coloca una tesis propia, que Kicillof pone en el centro: el capital rinde porque es escaso, no porque es productivo (2007: 443). La tasa de interés es el «dique» que mantiene esa escasez (2007: 450-451). De ahí la conclusión reformista de Keynes —la <em>eutanasia del rentista</em>—: si se vuelve abundante el capital, su rendimiento se extingue sin violencia (2007: 473). A esto Kicillof suma la escisión de la clase propietaria en empresarios y rentistas (2007: 69-75) y la teoría monetaria del interés: el interés es «la recompensa por desprenderse de la liquidez» (2007: 455). Todo esto es correcto como lectura de Keynes, y hay que concederlo.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSjZe5mtqTOVnGjz7QHUreXNWKLD5SnysqRFjLA5IJgOuwI6Kyu7GaTv2ni&amp;s=10" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>John Maynard Keynes</em>.</figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3765ecdb954ab92785cc2d73415ef572 wp-block-paragraph"><strong>La primera deserción: el proyecto que Keynes no tuvo</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-30b1b5bff7eb56aee7eb16eaeea005ac wp-block-paragraph">El problema no está en cómo Kicillof reconstruye el modelo, sino en el papel que le asigna a Keynes. Kicillof convierte a Keynes en un teórico de los <em>fundamentos</em> —del valor, del capital, del origen de la ganancia—. Y ese es, precisamente, el proyecto que Keynes <em>rechazó</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4ebbbc6f0faf0594a29e06ca8b3414c wp-block-paragraph">Keynes no quiso fundar una teoría del valor. Su objeto declarado era otro: «la teoría de la ocupación y de la producción como un todo». Por eso eligió como únicas unidades de su sistema las del trabajo y el dinero, esquivando de manera deliberada lo que llamaba las arenas movedizas de la teoría del valor. No buscaba la sustancia del valor detrás de los precios; buscaba explicar el nivel del producto y del empleo. La pregunta de Kicillof —¿cuál es el origen de la ganancia? — no es una pregunta keynesiana: es la pregunta de la economía política clásica y de Marx.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a18553b9ac82cb72f65c2662b43a8df wp-block-paragraph">Y Keynes lo sabía, porque conocía esa tradición y la mantuvo a distancia. A Marx lo trató con desdén: lo relegó, junto a Silvio Gesell y el mayor Clifford Hugh Douglas, al «mundo subterráneo» de los herejes de la economía (cap. 23 de la <em>Teoría General</em>), y dedicó más páginas a Gesell que a Marx. Fuera de la <em>Teoría General</em> fue más brusco: rechazaba una doctrina «que erige como su biblia, por encima y más allá de la crítica, un libro de texto económico obsoleto, que sé que es no sólo científicamente erróneo, sino sin interés o aplicación para el mundo moderno» —esa biblia era <em>El Capital</em>— (Keynes, 1988 [1925]: 262).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f7472a1b309bf17bafc3e2129e3ef1d wp-block-paragraph">Aquí conviene aclarar. Kicillof tiene ganchos textuales: en el capítulo 16 Keynes escribe que «simpatiza» con «la doctrina preclásica de que todo es producido por el trabajo», y en el 21 llama «falsa» a la división entre la teoría del valor y la del dinero. Un defensor dirá, con razón, que Keynes <em>rompió</em> con los clásicos. Es cierto. Pero la ruptura de Keynes fue <em>instrumental y acotada</em>: le servía para desnaturalizar el rendimiento del capital y justificar una reforma —la eutanasia del rentista—, no para edificar una crítica de las categorías ni una teoría del origen del excedente. Keynes simpatizó con el valor-trabajo del mismo modo en que se simpatiza de lejos: sin adoptarlo. Kicillof toma esa simpatía y la infla hasta hacer de Keynes lo que Keynes no fue. Esa es la primera deserción: la letra de Keynes, fielmente reconstruida, puesta al servicio de un proyecto —marxiano— que Keynes había repudiado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-682f77ba7a3e9122ed5f8c7e107aed22 wp-block-paragraph"><strong>La prueba concreta: el Keynes que no vuelve</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b8c5ef3927699dc1551a19054269dab4 wp-block-paragraph">La primera deserción tiene una prueba que no se discute, y es la más grave tratándose de un economista argentino: <em>la ausencia de Prebisch</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f2f0ac548504e4d0bd8a6cea056a72e wp-block-paragraph">El uso vivo de Keynes para un país como la Argentina no fue una teoría del valor: fue el desarrollismo. Prebisch tomó a Keynes y lo llevó a la periferia —el deterioro de los términos de intercambio, la restricción externa, la industrialización— y de ahí salió la economía estructuralista de la CEPAL, que efectivamente cambió a la Argentina. Ese es el Keynes que importaba acá.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b8f80860ca31a0a3abbfe3faa80e21b wp-block-paragraph">En el libro de Kicillof no está. No hay industria nacional, no hay exportación de manufacturas, no hay términos de intercambio en sentido estructural, no hay restricción externa. Las palabras «industrialización», «CEPAL», «sustitución de importaciones» no figuran en el argumento. Queda fuera, así, toda la literatura que estudió el desarrollo industrial argentino —su auge, su retroceso y sus dilemas—, de Prebisch a Bernardo Kosacoff y Mariana Fuchs (2024). Y Prebisch aparece una sola vez, en la bibliografía, como autor de una <em>Introducción a Keynes</em>: el Prebisch manualista, no el teórico del desarrollo periférico. Un libro titulado <em>Volver a Keynes</em>, escrito en la Argentina, que sepulta a Prebisch en la bibliografía, vuelve a un Keynes vaciado de lo único que lo hacía útil aquí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bb05b9721777f17091ddf08043cb78ac wp-block-paragraph">Esta es la prueba de la primera deserción: no es que Kicillof lea mal a Keynes, es que vuelve a un Keynes abstracto —el de los «fundamentos»— y abandona al Keynes concreto y desarrollista que fue su legado real para la periferia. La ironía es exacta: es Prebisch quien mostró que no se puede «volver a Keynes» sin más en una economía primario-exportadora, porque la restricción de balance de pagos invalida la aplicación mecánica del manejo keynesiano de la demanda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9417aa3a4421e3f6d3352999552a7b84 wp-block-paragraph">Hasta aquí, el primer pie. Kicillof reconstruye con fidelidad la letra de Keynes, pero la pone al servicio de un proyecto que Keynes rechazó —el de una teoría del origen de la ganancia— y, al hacerlo, deja fuera al único Keynes que le sirvió a la Argentina: el de Prebisch. Queda el segundo pie, el que se apoya en Marx. A él dedico la segunda parte.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://c.files.bbci.co.uk/2BC5/production/_101150211_marx.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Karl Marx.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d35319d8ebfe3c68b635c09c58da3e1b wp-block-paragraph" style="color:#3107e3"><strong><em>Segunda parte:</em></strong> <strong><em>La deserción de Marx</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25ac2a319e248bc21925a3ec228f13eb wp-block-paragraph">En la primera parte mostré la deserción de Keynes: cómo Kicillof lo convierte en el teórico de los fundamentos que él nunca quiso ser. La segunda deserción es simétrica y apunta a Marx. Kicillof adopta la pregunta marxiana —¿cuál es el origen de la ganancia?— pero rehúsa la respuesta de Marx y la reemplaza por la escasez de Keynes, la idea de que el capital rinde por ser escaso y no por ser productivo. Conviene empezar por esa escasez, porque es la pieza donde se juega todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6c7d4940274fffa5086b645d6820bfe wp-block-paragraph"><strong>La escasez: un peaje, no un fundamento</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5c95409f68e33ac13bdc3134b6a8c wp-block-paragraph">La escasez, que en Keynes cumplía una función acotada, debe ahora, en Kicillof, sostener el peso de un <em>fundamento</em>. Y no puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80c3c14aa6f2515a4bba4e4f427a9a6a wp-block-paragraph">La escasez es una determinación relativa: algo es escaso siempre respecto de la demanda. Una determinación relativa puede <em>repartir</em> una masa de riqueza dada, pero no puede <em>crearla</em>. Pertenece a la esfera de la circulación —del precio que se aparta del costo—, no a la de la producción. El propio Keynes lo delata con su imagen: el capital rinde como la tierra rinde renta, por ser escaso. Pero la renta no crea riqueza; es un peaje que captura una fracción de la riqueza producida en otra parte. Decir «la ganancia es una renta de escasez» nombra una captura y deja sin nombrar lo capturado y a su productor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-87aafc99c5339894096fa833ed64272a wp-block-paragraph">Lo notable es que Kicillof lo ve y lo escribe: la teoría de la escasez «sirve para representar una redistribución del ‘excedente’, pero no puede indicar cuál es su fuente» (2007: 475; 2024: 577); «es incapaz de dar cuenta del origen del excedente» (2007: 487). La ubica, incluso, en el linaje mercantilista de la «ganancia por enajenación» —comprar barato y vender caro— (2007: 474-475). Es el error que la economía política clásica y luego Marx refutaron: la clase capitalista en su conjunto no puede enriquecerse cobrándose de más entre sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b49d66bbae58d48a25de95a24e38ed26 wp-block-paragraph">Aquí las dos varas se cruzan. Como pieza de la reforma keynesiana, la escasez está bien: para eutanasiar al rentista basta con mostrar que su ingreso no es natural. Pero Kicillof no la usa así: la usa como <em>fundamento</em>, como respuesta a la pregunta por el origen de la ganancia. Y para esa pregunta —que es la de Marx— la escasez es un no-responder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0248f583bdd5d5177f0e881edaac3db4 wp-block-paragraph"><strong>La segunda deserción: la pregunta de Marx sin la respuesta de Marx</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36de90a40c591620407cf4752d2492af wp-block-paragraph">Kicillof plantea la pregunta marxiana —el origen del excedente— y luego se niega a darle la respuesta marxiana. Ahí está la segunda deserción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b031faa7e1afafe96fbc97f76e97794 wp-block-paragraph">Un defensor objetará que nada obliga a Kicillof a contestar con el plusvalor: quizá le basta un excedente al modo de Piero Sraffa. La objeción se disuelve con una disyuntiva, y sus dos vías son internas al propio texto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98b4131eff676198f0459e2754bc80f2 wp-block-paragraph"><strong>Primera vía.</strong> Kicillof suscribe, con Keynes, que «el trabajo, y solo el trabajo, es la fuente del valor y la riqueza» (2007: 442). Pero si el trabajo es la única fuente del valor, el excedente que el capitalista obtiene por encima del costo, no puede ser otra cosa que trabajo no pagado. El plusvalor no es una exigencia externa: es la consecuencia estricta de la teoría del valor que él mismo adoptó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f2e1a13b4bf62daecf4ab2034f4ff976 wp-block-paragraph"><strong>Segunda vía.</strong> Si se repliega a un excedente siguiendo a Sraffa —un dato físico que la distribución reparte—, entonces el origen queda entre paréntesis por construcción: Sraffa no pregunta de dónde sale el excedente; lo toma como dado y estudia su reparto (Sraffa, §44: 55-56). Con lo cual tampoco alcanza el «fundamento» que prometió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-53a249c8beda7f938f851e3298dcad56 wp-block-paragraph">Por cualquiera de las dos vías, la pretensión de haber llegado al origen de la ganancia queda incumplida. Y esto no es una exigencia mía: es adonde conduce la propia ambición de Kicillof.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d7eefff198de324ce317fe3718944f7 wp-block-paragraph">¿Cuál era la respuesta que Marx sí da, y que Kicillof reclama y no entrega? El obrero trabaja una jornada; con una parte reproduce el valor de su salario, y el resto —el plustrabajo— no se le paga. La ganancia no nace en el mercado, donde sólo se cambian equivalentes, sino en la producción. Conviene fijar aquí una distinción, porque de ella depende la precisión.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a> <em>Plustrabajo</em> y <em>plusvalor</em> no son lo mismo: el plustrabajo (<em>Mehrarbeit</em>) es la magnitud de trabajo excedente; el plusvalor (<em>Mehrwert</em>), el valor que ese plustrabajo crea y el capitalista se apropia. Marx lo fija:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c42e1afd325658f68b9f44a02731d867 wp-block-paragraph"><em>El segundo período del proceso laboral, que el obrero proyecta más allá de los límites del trabajo necesario, […] no genera ningún valor para él. Genera plusvalor […]. Llamo a esta parte de la jornada laboral tiempo de plustrabajo, y al trabajo gastado en él, plustrabajo. Así como para comprender el valor en general lo decisivo es concebirlo como mero coágulo de tiempo de trabajo, como nada más que trabajo objetivado, para comprender el plusvalor es necesario concebirlo como mero coágulo de tiempo de plustrabajo, como nada más que plustrabajo objetivado. </em>(Marx, 1975 [1867], t. I: 261)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-807300450f382f24ffae82c874eb32b2 wp-block-paragraph">Y ese excedente único se escinde: una parte va al capitalista financiero como <em>interés</em>, otra al capitalista industrial o productor como <em>ganancia empresarial</em>, sin nivel «natural» que lo regule —»no existe una tasa natural del interés» (Marx, 1977 [1894], t. III: 463)—; el capital que devenga interés lleva la lógica al extremo, «D — D’, dinero que genera más dinero», «la forma más enajenada y fetichista» del capital (Marx, 1977 [1894], t. III: 499). Ahí, y sólo ahí, el antagonismo entre capital financiero e industrial deja de ser un contraste institucional y se vuelve la división de un mismo excedente producido en la explotación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4e3be667ee9decc70d11dc0e0d73010 wp-block-paragraph">Nada de esto está en Kicillof, y no por desconocimiento: su bibliografía incluye a Paul Mattick (<em>Marx and Keynes</em>), a Isaak Illich Rubin, a Anwar Shaikh, y remite a trabajos propios sobre Marx. Pero no hay plusvalor en el argumento, no hay categoría del capital que devenga interés, no hay una sola cita del Libro III de <em>El Capital</em> —donde Marx desarrolla la escisión de la ganancia entre dos tipos de capitales, el industrial y el financiero—. Es el propio Kicillof quien cierra el libro confesando: «Este libro no contiene una exposición positiva de estas cuestiones teóricas» (2024: 588). Reclamó el manto de Marx y no rindió su prueba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00b5708be9ab15c49ef5ce895c6a665c wp-block-paragraph">El detalle terminológico lo confirma: en su argumento Kicillof no emplea «plusvalor» ni «plusvalía», sino los términos neutros «excedente» y «el plus o excedente de valor» (2007: 450) —compatibles con Ricardo, con Sraffa y con la escasez de Keynes—. Nombra el resultado y calla la fuente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef99a1f866ddcccf0f1ab6dadbfabccb wp-block-paragraph"><strong>Doble fuego, y un rédito político</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f2c9144bc750df55aea2a2b4461b3bf wp-block-paragraph">La doble deserción tiene un correlato: Kicillof es criticado desde los dos flancos, y por razones opuestas. Mariano Ciafardini —marxista, del propio arco político de Kicillof— objeta no el contenido sino el título: «El título […] lo condena», porque Keynes explicó la etapa industrial, pero es insuficiente para la financiera; «hoy no se puede volver a Keynes» (Ciafardini, <em>La Tecl@ Eñe</em>, 2026). Del otro flanco, Jacques Rueff había atacado a Keynes desde el liberalismo («Las falacias de la Teoría General de Lord Keynes»). Entre uno y otro, Kicillof queda golpeado por izquierda y por derecha: el espejo exacto de un libro que reclama a Marx y a Keynes y no honra a ninguno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-abc8c6d49ebb12693a23b5ea553c8bb1 wp-block-paragraph">Lo que sigue no se demuestra con el texto; se ofrece como hipótesis. Quedarse en el éter de los «fundamentos» —sin bajar ni al plusvalor ni al desarrollo— tiene un rédito político. La escasez convierte el rendimiento de todo capital en un peaje indistinto y deja al villano cómodamente circunscripto a las finanzas: el villano funcional a un reformismo nacional-popular que enfrenta al «capital productivo» con la especulación. Y —esto es inferencia, no dato— el silencio teórico sobre Prebisch rima con una práctica que, más allá de la retórica industrialista, se apoyó en la renta primaria y no hizo del desarrollo industrial su eje. Y esa desindustrialización no es coyuntural: es de largo plazo —la pérdida de participación y de competitividad de la industria que Kosacoff y Fuchs (2024) documentan desde el fin de la sustitución de importaciones—, y atraviesa gobiernos de distinto signo. La teoría abstracta y la política concreta se sueldan por un título, no por un argumento.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQSyZDobCDEg-qnyho1E4ALpPS7eZarfVZ5t5eUOE-orIrw0C4zWhBIdzN5&amp;s=10" alt=""/></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6a0848b41ea91a4c05ee34218cfc0d7 wp-block-paragraph"><strong>Conclusión: entre dos tumbas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f8a785c8396b62b7291bb5ec1545f46 wp-block-paragraph">Kicillof hizo lo más difícil: leyó la <em>Teoría General</em> como un sistema y la condujo hasta el umbral de su fundamento. Pero para llegar a ese umbral tuvo que pararse en dos pies que no se sostienen juntos. Le pidió a Keynes que fuera lo que Keynes rechazó ser —un crítico de la economía política, un teórico del origen de la ganancia—; y le pidió a Marx la pregunta, pero no la respuesta, resolviendo el origen del excedente con la escasez que Marx había refutado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f7243d1b62bc0d341bbc80bd43105207 wp-block-paragraph">De un lado, Keynes no se reconocería en ese fundador de una teoría del valor, y menos aún en un «regreso a Keynes» que entierra a Prebisch, es decir, al único Keynes que sirvió a la Argentina. Del otro, Marx no reconocería su crítica en una teoría que hace brotar la ganancia de la escasez, esto es, de la circulación, allí donde él demostró que no nace valor alguno. Los dos maestros se revuelven en la tumba, y por razones opuestas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0af44aefd17df0076b851a68c5a0715 wp-block-paragraph">La escasez, que en Keynes era una ganzúa para abrir una puerta —desnaturalizar el ingreso del rentista—, en Kicillof aspira a ser la llave maestra de todas las cerraduras. Y no lo es. La pregunta por el origen de la ganancia, que el libro abre en su primera página, sigue esperando en la última. Y el Keynes que la Argentina necesitaba —el de Prebisch— sigue esperando afuera.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-81a2ac091fe8ce556252f51cf771b0dd wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dda65af803834008bc6bfb5dcd708252 wp-block-paragraph">Ciafardini, Mariano (2026), «A propósito del libro de Axel Kicillof <em>Volver a Keynes</em>«, <em>La Tecl@ Eñe</em>, 30 de julio de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84ba977e17ba3e190ec0cd74991574e0 wp-block-paragraph">Keynes, John Maynard (1988 [1925]), «Breve panorama de Rusia», en <em>Ensayos de persuasión</em>, Barcelona, Crítica [trad. Jordi Pascual].</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b9abc6f1f39ad940f993a9f72e27925 wp-block-paragraph">Keynes, John Maynard (2005 [1936]), <em>Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero</em>, México, Fondo de Cultura Económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-45f43dda3343b96c5d41d025a11f5cb5 wp-block-paragraph">Kicillof, Axel (2005), <em>Génesis y estructura de la Teoría General de Lord Keynes</em>, tesis doctoral, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0647d7fefa6249beddb1392584852e07 wp-block-paragraph">Kicillof, Axel (2007), <em>Fundamentos de la Teoría General. Las consecuencias teóricas de Lord Keynes</em>, Buenos Aires, Eudeba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67903a100fe1f58ab4bb282eabe6efbb wp-block-paragraph">Kicillof, Axel (2024 [2012]), <em>Volver a Keynes</em>, Buenos Aires, Siglo XXI.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d35e111df35017538a3a7a08aae768d4 wp-block-paragraph">Kosacoff, Bernardo y Fuchs, Mariana (2024), «Argentina: Building New Capabilities and Competitive Advantages in a Challenging Macroeconomic Landscape», en Edmund Amann y Paulo N. Figueiredo (eds.), <em>Innovation, Competitiveness, and Development in Latin America</em>, Oxford, Oxford University Press.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-411410d2c538d928396e0b43c26df51e wp-block-paragraph">Marx, Karl (1975 [1867]), <em>El capital. Crítica de la economía política</em>, tomo I, México, Siglo XXI [ed. y trad. Pedro Scaron].</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7aa51a7d2c354301275821bb57abeee8 wp-block-paragraph">Marx, Karl (1977 [1894]), <em>El capital. Crítica de la economía política</em>, libro tercero (tomo III), vol. 7, México, Siglo XXI [ed. Pedro Scaron, trad. León Mames].</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1787e263ac52a638877c8946f3b692e9 wp-block-paragraph">Prebisch, Raúl (1947), <em>Introducción a Keynes</em>, México, Fondo de Cultura Económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b9eb8d7d5edf8517a10a077cf8d5ab6 wp-block-paragraph">Rueff, Jacques (1988 [1947]), «Las falacias de la Teoría General de Lord Keynes», <em>Revista Libertas</em>, V(9), Buenos Aires, Instituto Universitario ESEADE.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed731141ffb6e95810137881a49b8802 wp-block-paragraph">Sraffa, Piero (1966 [1960]), <em>Producción de mercancías por medio de mercancías. Preludio a una crítica de la teoría económica</em>, Barcelona, Oikos-tau.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d868c0dbbd397767db9acdf155ac560c wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Cito *El Capital* por la edición crítica de Siglo XXI (edición de Pedro Scaron), que traduce el *Mehrwert* de Marx como «plusvalor» —y no como la «plusvalía» habitual en el Fondo de Cultura Económica—, para evitar la confusión con la «plusvalía» del lenguaje corriente, que designa la revalorización de un bien. En la misma línea, esta edición dice «plustrabajo», «ganancia empresarial» y «el capital que devenga interés».</p>



<div style="height:54px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-616f27c35baa155d6cd3245a919f6690 wp-block-paragraph">12 de agosto de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://seul.ar/wp-content/uploads/2026/02/balaban.jpg" alt="" style="width:160px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb10cbdb0db8b60e35fd8a6e1fac61ff wp-block-paragraph">Profesor emérito de Filosofía en la Universidad de Haifa. Especialista en epistemología, filosofía política y Hegel. Premio Straniak de Filosofía (1995).</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>
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