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	<title>eurocentismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sun, 14 Mar 2021 16:19:32 +0000</lastBuildDate>
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	<title>eurocentismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Las dos historias de los Derechos Humanos &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Mar 2021 23:47:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[colonialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[eurocentismo]]></category>
		<category><![CDATA[Hegel]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Zaffaroni]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Raúl Zaffaroni sostiene en este artículo que existe una historia del derecho internacional de los Derechos Humanos, eurocentrista y colonial, pero que también existe otra historia no oficial que es la de su gestación ideológica, en la que tiene especial relevancia nuestra idea de estos derechos gestados en las múltiples tácticas de resistencia y de supervivencia a sus violaciones.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/las-dos-historias-de-los-derechos-humanos-por-e-raul-zaffaroni/">Las dos historias de los Derechos Humanos &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Raúl Zaffaroni sostiene en este artículo que existe una historia del derecho internacional de los Derechos Humanos, eurocentrista y colonial, pero que también existe otra historia no oficial que es la de su gestación ideológica, en la que tiene especial relevancia nuestra idea de estos derechos gestados en las múltiples tácticas de resistencia y de supervivencia a sus violaciones. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">A</span></strong>ntes de la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, el derecho internacional se ocupaba de las relaciones entre Estados, pero no de lo que éstos podían hacer con sus habitantes. En las décadas siguientes se fueron poniendo en vigencia tratados –leyes internacionales- que configuraron el sistema universal y los tribunales regionales (europeo, americano, africano). El relato de este proceso es la <em>historia del derecho internacional de los Derechos Humanos</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero hay otra <em>historia de los Derechos Humanos</em>, que es la de su <em>gestación ideológica</em>, que explica cómo se desarrolló la idea de estos derechos, pues sin una <em>idea previa </em>no hubiesen podido concretarse en leyes.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por cierto, las <em>dos historias </em>no son independientes, sino que después de 1948 se siguen entrelazando hasta el presente. Los diversos tratados internacionales –como cualquier ley- no pasan del <em>deber ser</em> normativo al <em>ser real</em> en el mundo, es decir, no cobran eficacia plena en forma automática. Si los tratados de Derechos tuviesen plena eficacia en el plano del <em>ser</em>, viviríamos en sociedades ideales, pero esto dista de ser realidad. En estos –como en general respecto de todos los derechos- la eficacia se obtiene por <em>lucha</em>, como decía Jhering en el siglo XIX.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y en materia de Derechos Humanos, la lucha continúa porque las propias disposiciones de los tratados siguen siendo materia de controversias interpretativas, distorsiones, tergiversaciones y racionalizaciones, es decir que son materia de confrontaciones de poder envueltas en diferentes sistemas de ideas. Los tratados son <em>instrumentos</em>, pero esta rama del derecho –como todo el derecho- siempre fue y sigue siendo <em>lucha </em>y, en particular, <em>lucha ideológica</em>.    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando preguntamos por la historia de la gestación de la idea de los Derechos Humanos, se nos suele ofrecer el <em>relato o narración</em> de una paulatina toma de conciencia de la especie humana que, impulsada por el <em>motor</em> de la <em>razón</em>, habría atravesado sucesivas etapas de creciente madurez, en un proceso cuyo origen y delantera la tuvo Europa, que asumió la función de punta de lanza de este <em>continuo curso progresivo</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Así, nos <em>relatan</em> que las primeras vueltas del motor de la <em>razón </em>se dieron en Grecia, de allí pasó a Roma y, luego de una etapa más o menos oscura, retomó su ritmo y desde 1492 se extendió a América. Luego, la revolución industrial europea perfeccionó la idea de un ser humano consciente de su <em>libertad</em>, configurándose un <em>Occidente </em>que se expande al mundo, frente a un <em>Oriente </em>un poco atrasado.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta es la <em>historia oficial,</em> <em>eurocéntrica</em> o –más claramente dicho- <em>colonial</em>, que desde la literatura infantil y adolescente nos enseñaron de diversas maneras. Creemos que su más fino narrador –no superado hasta hoy- fue Hegel en sus famosas <em>Vorlesungen</em> o <em>Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Según la narración hegeliana, nuestra región no tuvo historia hasta 1492, porque estaba habitada por millones de originarios que se desintegraron al <em>soplo</em> del europeo, pues eran débiles, como nuestra geografía, húmeda, con montañas que, al no correr como las europeas, hacen que todo se <em>pudra</em>, incluso todo lo que se trae, hasta el mismo europeo se debilita en ella. También no dice que los africanos subsaharianos –negros- son peores que nosotros, pues es difícil reconocer en ellos la humanidad, por lo que se les hizo un favor esclavizándolos, dado que así estarán mejor que en sus tribus.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blog.up.edu.mx/hubfs/Lo-que-Hegel-puede-ensenarnos-sobre-el-coronavirus.jpg" alt="Lo que Hegel puede enseñarnos sobre el coronavirus" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Hegel</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay algo demasiado contradictorio en esta narración: no es coherente que el <em>soplo</em> de la razón que impulsa lo que Hegel llama el <em>espíritu</em> (el <em>Geist</em>) que anunciaría lo que hoy llamamos Derechos Humanos, legitime la supresión de millones de originarios y la esclavitud de los africanos. ¿Qué clase de <em>razón</em> es esta, que motoriza un <em>espíritu</em> genocida? ¿Esto es un <em>espíritu</em> o un espectro?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo indica que debe haber otro <em>relato</em> o <em>narración, </em>pero no porque el de Hegel sea del todo falso, pues si bien omite datos (los <em>ausenta</em>), en general los restantes son verdaderos: acabaron con millones de indios, esclavizaron africanos, todo lo cual es verdad, sólo que los interpreta (<em>relata, narra</em>) desde su posición de <em>prusiano del siglo XIX. </em>Es obvio que debe haber otra narración más coherente de los Derechos Humanos, que incorpore los datos <em>ausentados</em> por Hegel y <em>relate</em> de modo diferente los que éste menciona. Si desde el centro que colonizó nuestra región y luego el resto del planeta se relata esta historia, no pueden faltar las narraciones de los colonizados y, en efecto, hay narraciones que reconstruyen esa historia desde Oriente y desde África y, por supuesto, también desde nuestra región.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto obedece a que el historiador selecciona hechos del pasado, pero no todos (no le interesa si a Colón lo picaron los mosquitos), sino sólo los que son <em>significativos</em> desde <em>su presente</em> y en <em>el lugar</em> en que <em>relata su historia. </em>Desde ese <em>ser-ahí </em>le otorga <em>significación</em> (lo toma en cuenta) y <em>significado</em> (lo interpreta). Y desde nuestro <em>ser-aquí</em> no podemos dejar de caer en la cuenta de que la selección e interpretación (significación) de los hechos del relato <em>eurocéntrico</em>, pretende narrarnos que el colonialismo gestó la idea de los Derechos Humanos mientras cometía las peores violaciones de esos mismos derechos.       </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si este relato se repite entre nosotros, es porque el poder colonialista nos condiciona para pensar, valorar y adquirir saberes conforme a su epistemología, nos limita como sujetos de conocimiento y valoración. Llamamos <em>colonialidad</em> a ese condicionamiento que nos limita el conocimiento, como el <em>efecto colonizador</em> de nuestro equipo psicológico.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero nuestro <em>ser-aquí</em> es golpeado con una vivencia cotidiana demasiado brutal que nos expulsa del cómodo dejarnos llevar por el <em>se dice</em> (<em>on dit, das man</em>) del relato de la <em>colonialidad</em>. No podemos eludir que no sólo <em>estamos aquí</em>, sino que <em>somos</em> en un continente que los europeos llamaron <em>América</em> y que luego subestimaron agregándole <em>Latina</em>, en sociedades muy estratificadas, con enorme concentración de riqueza (con los coeficientes de Gini más altos del mundo); con selectiva distribución de la sanidad y de la educación; donde los más ricos en melanina se concentran en los estratos pobres, en las cárceles y en los muertos violentos; con muy marcada discriminación de género y violencia contra mujeres y personas de orientación sexual no binaria; con culturas originarias marginadas y sitiadas por explotaciones agrícolas y mineras que las privan de sus medios de supervivencia; con sectores poblacionales que carecen de alimentación adecuada y de proteínas en los primeros años de la vida; con sistemas represivos de alta letalidad, con desapariciones forzadas, torturas, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recibimos este fuerte <em>cachetazo</em> de la visión presente, sabiendo que el presente es sólo una línea que separa el pasado del futuro –recordemos la aporía agustiniana-, pero que nos exige una explicación que obliga a dirigir la vista hacia el pasado, del que emerge otra narración diferente, que muy cerca en el tiempo nos muestra los asesinatos masivos de aldeas en Centroamérica y las desapariciones forzadas y ejecuciones clandestinas en las dictaduras sudamericanas, productos del <em>neocolonialismo de seguridad nacional</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si nuestra vista se aleja más en el tiempo, vemos <em>repúblicas oligárquicas</em>, masacres de campesinos del Farabundo Martí, la <em>guerra del perejil</em> de Dominicana, la <em>campaña al desierto</em> argentina, la represión de <em>Canudos</em> en Brasil, la vergonzosa <em>guerra de la Triple Alianza</em>, la esclavitud apenas abolida en 1888, nuestros latifundistas sometiendo la región al <em>neocolonialismo oligárquico</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Saltando otros muchos crímenes estatales de letalidad masiva, si nos extendemos hasta el <em>colonialismo originario</em>, nos aparece el desbaratamiento de los sistemas políticos y económicos originarios, el etnocidio del Anáhuac y el Tawantisuyo, la muerte por explotación y contaminación de millones de originarios en servidumbre y el transporte esclavista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Desde aquí</em> no podemos menos que <em>resignificar</em> estos hechos como medio milenio de violaciones de Derechos Humanos, ni tampoco dejar de observar que el colonialismo originario jerarquizó <em>racialmente</em> nuestras sociedades: en la base los indios y negros, un poco más arriba los mestizos y mulatos, luego los hijos de los europeos y en la cima estos últimos, sin contar con la previa <em>subhumanización</em> de media población, debida a la fortísima misoginia traída por el colonizador. No se explica que Europa haya gestado la idea de los Derechos Humanos, cuando su colonialismo <em>subhumanizó</em> a la mayor parte de la humanidad: el 50% de mujeres más todos los colonizados del mundo.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestras independencias llevaron a los <em>blancos </em>descendientes de europeos a ocupar el lugar de éstos, pero hacia abajo nada cambió. Por eso pretendieron imponer modelos estatales copiados a los colonizadores, en los que no cabían los indios ni los negros y siguieron adelante cometiendo masacres, porque esos modelos no podían funcionar sin negarlos o eliminarlos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los modelos estatales del norte resultaron de la lucha de las burguesías contra las noblezas, que nada tienen que ver con nuestro <em>aquí, </em>donde nunca hubo monarca ni nobleza, sino elites racistas de sociedades estructuradas como inmensos campos de trabajo forzado. Por eso, nuestras luchas no son del todo <em>clasistas</em>, pues las <em>clases capitalistas </em>surgieron en la etapa que en el norte generó el <em>proletariado</em>, pero que <em>aquí</em> no se dio, en razón del desarrollo periférico de nuestro capitalismo. Nuestras sociedades siguen siendo marcadamente <em>racistas</em>, lo que se observa en la riqueza de melanina en los barrios precarios y las prisiones, en contraste con las universidades, el funcionariado y los barrios residenciales de nuestras urbes.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo esto obliga a revisar la usual clasificación de los Derechos Humanos por generaciones, según la cual los habría de primera generación (individuales), de segunda (sociales) y de tercera, el principal de los cuales es el derecho al desarrollo progresivo. Para nosotros, este último es el primero, porque llevamos medio milenio de subdesarrollo colonial, hasta al <em>tardocolonialismo financiero</em> actual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como consecuencia del subdesarrollo sufrimos un <em>genocidio por goteo</em> en acto, con los índices de muertes violentas más altos del mundo en algunos países, con muertos por deficiencias sanitarias y atención selectiva de la salud, por suicidios, por inseguridad laboral, por falta de infraestructura vial, etc. Si sumásemos todos los cadáveres anuales que produce el subdesarrollo, veríamos que no es para nada exagerado hablar de un <em>genocidio por goteo</em> y a veces por <em>canilla libre</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero escribiendo desde el fondo del sur, no faltará quien observe que no todos somos indios, negros, mulatos ni mestizos, lo que es verdad. ¿Pero entonces, quiénes somos? Aunque la <em>colonialidad</em> dificulte asumirlo, la verdad es que somos el producto de muchas más <em>subhumanizaciones</em> del colonialismo planetario.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://espacio-redo.es/wp-content/uploads/2014/10/sueno-de-una-tarde-dominical-en-la-alameda-1947.jpg" alt="Desigualdad, igualdad y Derechos Humanos - REDO" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Diego Rivera</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si ponemos a Hegel de cabeza, veremos que <em>narra</em> desde la superioridad de la burguesía de una Europa poderosa, pero oculta que su continente, encerrado por turcos y árabes en el siglo XV, se volvió poderoso y colonizador merced a la colonización y al esclavismo genocidas cometido <em>aquí</em>, que lo proveyó del oro y la plata que generaron sus burguesías y su revolución industrial. Desde esa posición, subestima todas las culturas anteriores a la europea: los orientales por teocráticos, los árabes por sensuales, los judíos por sometidos, los latinos europeos por no alcanzar su nivel de fineza.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo que sucede es que la <em>narración del norte</em> es la de todo el <em>colonialismo planetario</em>, de cuyas múltiples <em>subhumanizaciones</em> provenimos todos los habitantes de nuestra región que no somos indios ni negros, aunque la jerarquización racista de nuestras sociedades se lo oculte a muchos. No olvidemos que marginados eran también los propios colonizadores, provenientes del sur de la Península recién <em>reconquistada</em>; lo eran los prófugos traídos por los portugueses; los chinos esclavizados por el Pacífico; los judíos de los <em>progroms</em> europeos; la emigración masiva expulsada del sur europeo atrasado en la acumulación de capital; los emigrados de la disolución del imperio otomano; los armenios víctimas del genocidio; todos los que llegaron escapando de las guerras mundiales y, sin duda, omitimos otros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muchos de los descendientes de los que llegaron son víctimas fáciles del condicionamiento de la <em>colonialidad, </em>porque su pobreza de melanina les hace creer que están destinados al privilegio en las sociedades racistas. Muy pocos lograrán los privilegios, pero nuestras sociedades no superarán su subdesarrollo mientras no caigan en la cuenta de que nuestra narración debe ser la otra, la del <em>sur</em>, la de <em>nuestro aquí</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por último, no podemos dejar de señalar que la narración <em>desde aquí</em> tiene otro importante efecto sobre nuestra perspectiva de los Derechos Humanos, pues nos obliga a reparar una <em>enorme ausencia</em> que oculta la narración colonial: <em>nuestra idea de estos derechos se gestó y se sigue gestando en las múltiples tácticas de resistencia y de supervivencia a sus violaciones.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestra idea de Derechos Humanos se empezó a gestar con los indios cimarrones, los palenques y <em>quilombos</em> de esclavos prófugos, las sublevaciones de los indios, la revolución de Túpac Amaru, las luchas por la independencia; se continuó con las resistencias populares, las huelgas y una larga lista de tácticas de resistencia y supervivencia que llega hasta las Madres de Plaza de Mayo, sigue hasta el presente y seguirá enriqueciéndose en el futuro, como valiosísimo bagaje cultural latinoamericano. Esta es la verdadera historia <em>no oficial</em> de la gestación de la idea de nuestros Derechos Humanos. Como indicamos al principio citando a Jhering: <em>el derecho es lucha</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 10 de marzo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Profesor Emérito de la UBA</span></p>
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