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	<title>Enrique Raab archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Enrique Raab archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>EL CRONISTA DEL ACONTECIMIENTO &#8211; POR CONRADO YASENZA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Feb 2025 03:14:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura Militar]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Raab]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Enrique Raab, periodista todoterreno y cronista ejemplar, el anunciador del acontecimiento capaz de observar aquello que para los demás se torna invisible.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-cronista-que-veia-por-conrado-yasenza/">EL CRONISTA DEL ACONTECIMIENTO &#8211; POR CONRADO YASENZA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d596b0467cb5728e72fb5bf5c43bf709 wp-block-paragraph"><strong><em>Enrique Raab, periodista todoterreno y cronista ejemplar, el anunciador del acontecimiento capaz de observar aquello que para los demás se torna invisible.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-66ab79cf876837c3ccd84b902044942c wp-block-paragraph"><br><strong>Por Conrado Yasenza*</strong><br><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5e84a5051fe1a3b11c0948b9d8d59766 wp-block-paragraph">Toda aproximación a un ser extraordinario tiene algo de inquietante y azaroso. Más aún cuando se avizora la presunción de que no muchos, por no decir sólo algunos, conservan vivo el recuerdo de ese mismo ser. Y se torna todavía más desafiante cuando el descubrimiento pasa por la propia dificultad de acercarse al conocimiento de uno de los tantos que el terror de esta tierra asolada por dictaduras recurrentes, quiso desaparecer en la penumbra del olvido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0941304302edc223b2baa2c0de84b49c wp-block-paragraph">Es el caso de Enrique Raab.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4399ace1ce4ebe8af594670a08d7308c wp-block-paragraph">Y la pregunta, a esta altura es ya obvia: ¿Quién es Enrique Raab?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6fe71d7687c187b2ff4a223a1cc5192 wp-block-paragraph">Variedad de respuestas iniciales: crítico de cine y teatro, periodista, cineasta, cronista de la calle y el acontecimiento &#8211; acontecimiento entendido como devenir, como hecho latente, por descubrirse, por revelarse. Es decir: Enrique Rabb como un periodista con una cualidad que lo distingue del resto. El cronista todoterreno, como lo definió con maestría María Moreno, del cual hasta no hace mucho tiempo el canon cultural y periodístico dejó fuera de ese panteón broncíneo al cual ingresan a algunos para lavarlos y luego momificados. Raab, el periodista que poco se lee y estudia en las carreras de comunicación o periodismo. María Moreno hace algunas preguntas al respecto: “¿Por qué no hay un mito Enrique Raab? O, aunque sea un mayor reconocimiento. Quizás porque él desconfiaba de las palabras sacralizadas que viven entre las solapas de los libros y no cultivó la novela —ese género fálico que permite pisar los papers— o la investigación a lo grande… ¿Será porque no pertenecía al grupo mayoritario en la militancia revolucionaria? ¿Porque su desobediencia a la heterosexualidad obligatoria no favorecía el mito para una izquierda que aún trata de asimilar a un Néstor Perlongher… ¿O porque los cronistas populares suelen ser populistas y él no era ni una cosa ni la otra?”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1762bd80a72b8b80bfa45689b2c52ef5 wp-block-paragraph">Carlos Ulanovsky, que trabajó junto a Raab en <em>Panorama</em> y en <em>La Opinión</em>, y de quien aprendió los secretos del periodismo, define la cualidad que distinguió a Enrique Raab de la siguiente manera: “Una de las virtudes más destacadas de Rabb era el punto de vista periodístico, que no es ni el ojo avizor ni el olfato certero, sino aquello que hace realmente distinto a un periodista entre otros tantos: su posibilidad de ver en ciertos hechos lo que otros no ven.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af7f3cb2f0335622ebb6be90fd5d24ff wp-block-paragraph">«Dejar al desnudo a los acomodaticios que quisieron hacer creíble la teoría de los dos demonios ante la realidad de víctimas y victimarios. Eran los mejores. » dijo Osvaldo Bayer al referirse a Raab.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0569d92be17263adb904363f56385b4d wp-block-paragraph">Un anunciador del acontecimiento, que se anticipa a su manifestación y lo describe a través del registro casi fílmico de la realidad. Porque sus crónicas están construidas bajo ese registro óptico, el de la captación del detalle en la vida singular del individuo de la calle entrelazado con determinada realidad política, con determinados hechos objetivos o circunstancias históricas dadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-581ee3c10549f3298aa5e52a2b14dd83 wp-block-paragraph">Un narrador exquisito, culto y al mismo tiempo cotidiano, observador y sensible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-66a3a415c01a04ccd58c719207f6d832 wp-block-paragraph">Ana Basualdo, en el prólogo de su libro <em>Crónicas ejemplares</em>, dice de la escritura de Raab:</p>



<p class="has-text-align-left has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f93408de8324b48468f2e99b66d2aa1 wp-block-paragraph">«La fuerza de la escritura de Raab está en la rapidez, el fogonazo, el » travelling» de frases que persiguen multitudes peronistas hacia Plaza de Mayo y que captan, en cortes abruptos, el drama de la JP ante un Perón que se le muestra siniestro, sin máscara, en el último acto que compartieron (el 1º de Mayo de 1974)…. «Frases como cámaras que van detrás de las multitudes de Mar del Plata que se arrastran exhaustas y paran y se enfilan ante puertas de restaurantes de dos tenedores o vagan por la explanada del casino sin saber qué hacer en un día gris… Ubicuo, como debe ser un reportero, lo averigua y lo muestra todo…».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c0bd4061177a2dac3817bb99a2f46f25 wp-block-paragraph">Enrique Raab es un periodista que averigua y muestra todo. Cubre en 1975, las elecciones provinciales en Posadas, elecciones en las que los Montoneros participaron bajo el nombre de Partido Auténtico, luego de la muerte de Perón. En estas crónicas puede observarse el registro del color local, el timbre de un dialecto, la descripción topográfica, el sabor de ciertas bebidas, etc. Y todo elaborado desde un punto de vista firme, como lo señala Ana Basualdo: «Sin ganas, los recursos del oficio no sirven para decorar. Tampoco sirven sin un punto de vista secreto y firme… Energía y punto de vista son en realidad los útiles de este oficio…».</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.lanacion.com.ar/resizer/v2/S2G2HQJWFBGPPOF3BFNCGH5YOM.jpg?auth=a342535cec058ca1b6f341a0ce06306b388df9297fadea32881753a5763ebdeb&amp;width=880&amp;height=586&amp;quality=70&amp;smart=true" alt=""/></figure>
</div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b3914c71b1f9bef6684f8020441703a wp-block-paragraph">Al leer las crónicas de Enrique Raab uno comprende aquello que Elías Canetti, filósofo y poeta alemán, escribió alguna vez: «El verdadero poeta se entrega a su época, cae en su servidumbre…». Raab, a través de sus crónicas, en las que no dejaba dato sin consignar y a las que se entregaba con total energía, dio cuenta de su época vinculando su gran estilo de escritura con la militancia activa, tampoco reconocida o no considerada revolucionaria en términos del pasaje del periodista al militante que abrazó la causa de las armas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9a2872d54d3551399530f20427be6e44 wp-block-paragraph">Es aquí donde se nos presenta la oportunidad de no caer en la falsa ingeniería del blanqueo del pasado, porque Raab también fue un militante de revolucionario &#8211; fue militante del PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores)- , aunque mal tramitado por las mismas organizaciones armadas, y en el sentido en que lo manifiesta Edgardo Cozarinsky: “Un intelectual sensible – aunque no el único &#8211; a la politización integral de toda experiencia, un espejismo de finales de los años sesenta que a principios de la década siguiente derivó en militancia armada. Judío y homosexual, se acercó a grupos donde abundaban el antisemitismo y la homofobia”; un ser humano atravesado por las fuertes concepciones ideológicas de un tiempo pasado &#8211; pero no desechable – que buscó en la justicia un profundo deseo de verdad, belleza y felicidad. Raab fue un militante de la izquierda revolucionaria que dio cuenta del conflicto establecido entre concentración y exclusión, es decir, incorporó el conocimiento profundo de los acontecimientos y sus consecuencias como principio superador de una mirada unívoca; promovió una teoría del conflicto vinculada a la mirada crítica de los hechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0ff683b8cf8c2c54046dcc5a7fdb911d wp-block-paragraph">Otro testimonio, expresado en este caso por el periodista Carlos Alfieri:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f45f90c7e5f490c74389c1e7c49c66e wp-block-paragraph"><br>«Creo que, en su caso, la militancia revolucionaria era la extensión de la estética por otros medios. No fue esta su debilidad: fue su grandeza, una acción muy seria que buscaba, como sus crónicas, entrelazar todos los pedazos sueltos del mundo. A ella le consagró su vida con espantosa despreocupación».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-332bb0aa7c719dd93e8a4a54b8428f8c wp-block-paragraph"><br>Ética y estética unidas a un cuerpo dedicado no sólo al goce de la vida, sino al análisis crítico de entramados sociales diversos que se entregan en la escritura de Raab a la formidable contaminación entre “alta cultura” y cultura de masas; un periodismo de cruces y comparaciones, que, como escribió el periodista Claudio Zeiger “lo llevó a detenerse, por ejemplo, en la figura del gordo Porcel como una representación acabada del hombre argentino de los 70, o indagar en la popularidad de Palito Ortega, o criticar fuertemente la cinematografía de Leonardo Favio, o auscultar la precariedad actoral y estética de Juan José Camero en la constelación del cine argentino”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c849b7860765d232a08a178b98d87b6a wp-block-paragraph">Encontrándose en Cuba, Raab escribió una serie de crónicas que el diario <em>La Opinión</em> no publicó, y que luego aparecerían agrupadas en un libro que, en el año 1975, Ediciones de La Flor editaría bajo el nombre «Cuba, vida cotidiana y revolución».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d4cd24bc3dc4894c413273d4e4c0341 wp-block-paragraph">Entre 1962 y 1975, Enrique Raab trabajó en las siguientes publicaciones: las revistas semanales y mensuales <em>Primera Plana</em>, <em>Panorama</em>, <em>Todo</em>, <em>Confirmado</em>, <em>Adán</em>, <em>Siete Días</em>, <em>Análisis </em>(revista de economía hasta el año 1968), y en los diarios <em>La Opinión </em>y <em>El Cronista Comercial</em>.</p>



<div style="height:28px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://resizer.glanacion.com/resizer/v2/en-rodaje-raab-que-empezo-su-carrera-como-critico-CM226ENTQ5HHXHYK7MZCWLM2YU.jpg?auth=9c87d944d55a282303db9fd843b1fac7ba0e7b6642e722862b65aa61c1172d1d&amp;width=780&amp;height=600&amp;quality=70&amp;smart=true" alt=""/></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0279a7be5e8a128139964c2c65a7ae75 wp-block-paragraph">Hacia el año 1971, Enrique «Jarito» Walker fundó la publicación clandestina <em>Nuevo Hombre</em>. Raab trabajó en ella, y también se sumó a otro proyecto de Walker, el cual naufragó sin siquiera partir de sus costas luego del golpe de 1976: La revista <em>El Ciudadano</em>. Al respecto, el poeta Alberto Szpunberg comentó:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da1acd39fba7adcf6472d3b073bd9f8e wp-block-paragraph">«La revista se iba a llamar <em>El Ciudadano</em>, y la cabeza visible (se decía que también financiera) era una tal Borenholtz… Los militares ya habían dado el golpe. Según nos habían dicho, el proyecto era apoyado políticamente por toda la izquierda, incluyendo a los Montoneros, el PRT y hasta un sector del PC. Su objetivo era reivindicar la democracia… Eran días de superplomo. Ya habíamos empezado a pensar artículos y entrevistas, discutíamos el editorial, pero era evidente que nada de eso tenía sentido ya. Teníamos la sensación de que los milicos iban a entrar en cualquier momento. Un día Enrique llegó con la noticia de que habían secuestrado a Timerman. Entonces decidimos abandonar el local…».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff4dfce289f382514460a1ee4ee5680 wp-block-paragraph">Desde aproximadamente el &#8217;74, Enrique Raab guardaba cartas que la siniestra Triple A de José López Rega le enviaba. Misivas en las cuales Raab habrá leído para sí las perversas anunciaciones del final: «Estás muerto», «comunista», «rusito», «judío». Claros ejemplos de la jerga lingüística propia de las bandas parapoliciales que desde esos años ya operaban con total impunidad en el país. Mensajes, cartas, amenazas que es conveniente recordar siempre, de lo contario la memoria puede esfumarse como polvo en el viento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98630561a0a209a6d29a5ac36c3b6b24 wp-block-paragraph">«Mi mamá le decía:» te tenés que ir, te tenés que ir.». Todos sus amigos ya se habían ido… ¿Por qué no se fue? Le mandaban cartas de Francia diciéndole que había trabajo para él. Pienso a veces que quedarse fue una especie de suicidio. Algo muy grande lo retenía aquí: de lo contrario no puedo explicarme por qué no tomó la decisión de irse». Testimonio que Evelina Raab de Rosenfeld, hermana de Enrique, le brindó a Ana Basualdo para su libro <em>Crónicas ejemplares.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9252b4b6af44d3d0b6f8d7d92686f095 wp-block-paragraph">Hacia el año 1977, Raab vivía en un departamento de la calle Viamonte. El 16 de abril de 1977 lo secuestraron y desde esa fecha hasta hoy es uno de los más de cien periodistas desaparecidos en nuestro país.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da5e9450cd79a72a0e4e54073fa0dccd wp-block-paragraph">La finalidad deseada de esta escasa investigación, de este rescate del olvido de una obra cuyos valores, como sostiene Ulanosvky, “no los desaparece nadie”, es la de confrontar con las ideas estáticas, a pesar de la velocidad del desarrollo tecnológico, de un presente que ofrece como manifestación dominante la queja individual y aislada, y el irrefrenable impulso argentino hacia la aceptación de lo dado como un hecho insuperable y definitivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed8febd1b8c0925544faaae43ea1c2b2 wp-block-paragraph">Tal vez el propósito de este texto se halla reflejado en la frase de Osvaldo Bayer: Rescatar del olvido a uno de los mejores.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ccb616fa8bf5c820a25badc30a851d5c wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong> <strong>consultada:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b39b28e7a3f30f8aa4054d70d1570e75 wp-block-paragraph"><br>-Basualdo, Ana, <em>Crónicas ejemplares, diez años de periodismo antes del horror (1965-1975)</em>, Buenos Aires, Perfil Libros, 1999.<br>-Carlos Ulanovsky, Enrique Raab, texto que forma parte del libro <em>Con vida los queremos</em> editado por la UTPBA en 1986.<br>-Camaño, Juan Carlos y Bayer Osvaldo, <em>Periodistas desaparecidos</em>, Buenos Aires, Norma, 1998.<br>-María Moreno. <em>Enrique Raab. Periodismo todoterreno</em>, Editorial Sudamericana.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3ba770202584f8780c0494b4702070e wp-block-paragraph">Avellaneda. 14 de febrero de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc373d20aa0c09acffb7ec63b9f1bdb4 wp-block-paragraph">*Periodista. Docente en UNDAV.</p>
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