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	<title>El otoño de los genocidas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>El otoño de los genocidas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El otoño de los genocidas &#8211; Por Ricardo Ragendorfer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:39:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Ragendorfer]]></category>
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		<category><![CDATA[Patricia Bullrich]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este texto, que La Tecl@ Eñe publica en carácter de adelanto, se trata del prólogo que Ricardo Ragendorfer escribió para la edición conmemorativa al quincuagésimo aniversario del golpe de 1976 de su libro "El otoño de los genocidas", publicado por primera vez en 2017. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-otono-de-los-genocidas-por-ricardo-ragendorfer/">El otoño de los genocidas &#8211; Por Ricardo Ragendorfer</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ace70b03b046818c58e073cfdadfbc4a"><strong><em>Este texto, que </em>La Tecl@ Eñe<em> publica en carácter de adelanto, se trata del prólogo que Ricardo Ragendorfer escribió para la edición conmemorativa al quincuagésimo aniversario del golpe de 1976 de su libro «El otoño de los genocidas», publicado por primera vez en 2017.&nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e44fcfec01836d06351bf7ce320318d"><strong>Por Ricardo Ragendorfer*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-904984c7c0c311da536a262f87ac41e7">La del 4 de febrero de 2026 fue una noche sin estrellas. Bien a tono, la zona porteña que ocupa la Plaza del Congreso estaba militarizada. Más de trescientos</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef0ea787964f456f1ecbbd304099fc68">mastines antropomorfos con escudos y armamento de toda clase cubrían hasta el último rincón, en medio de camiones hidrantes y patrulleros. También había agentes de civil en automóviles no identificables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a01fefcbfa86c7c058026d1859be7f1">¿Acaso acababa de estallar un golpe de Estado?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-733c9cabdfef5c00c624e0817f912f79">La respuesta es negativa. Era, solamente, el dispositivo de seguridad en previsión a la marcha de los jubilados que, todos los miércoles, el gobierno de Javier Milei reprime con saña y fervor casi deportivo. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a8a3c110e9992f9511613373bfcf0c3">Pero la escena remitía a los años de plomo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d266116e269039f50691ec5d7365a7a2">De hecho, si en un milagroso ejercicio de clarividencia, el general Jorge Rafael Videla hubiera podido apreciar este paisaje desde su época, al menos por un instante, quizás creería que la dictadura encabezada por él supo prolongarse sin interrupciones hasta el presente. Una simple ilusión óptica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38bc614997dc9f4cde8df8bf82f22b75">Pero en semejante escenografía anidaba una paradoja. Para explorarla, es necesario retroceder medio siglo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e31a547807e663c494dc4c6d5280abf">En ello, por cierto, reside el valor de esta nueva edición de <em>El otoño de los genocidas</em>, publicada por primera vez en 2017.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7af58807c472217c0899b1030149f4fa">Es que, desde entonces, han ocurrido cosas que resignifican de manera palmaria su sentido original. A veces, los libros tienen vida propia; un fenómeno independiente a la voluntad de sus autores.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c464cb64d2b236a9dfe565118b97b3f8">II</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04ddb3f676e1b8ad85ec20f364d469bc">A dos días de empezado el otoño de 1976, la caída del orden constitucional se deslizaba ante los ojos de la llamada opinión pública. De hecho, aquel martes, la portada del diario <em>Clarín</em> anunció: “Inminencia de cambios en el país”. Y ya en la mañana siguiente, su único título de tapa, con tipografía catástrofe, tenía dos palabras: “Nuevo gobierno”. Era el 24 de marzo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-315f992a7d677b26466e020acdcd9655">Hay quienes jamás olvidaron el color opaco de esa jornada. Ni la niebla. Ni las calles desiertas. Ni los tremebundos acordes de la <em>Marcha de Ituzaingó</em> como preludio del “Comunicado Nº1 de la Junta Militar”, leído por un locutor que parecía estar transmitiendo desde las tinieblas. Su arranque: “Las Fuerzas Armadas han tomado el control operacional del país”. Al rato, los televisores exhibieron, en blanco y negro, tres siluetas fantasmagóricas junto a un escribano y un cura, al jurar en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Había que ver el rostro calavérico de Videla y su porte tieso, con el cuello estirado hasta lo imposible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef9626eb068bab4d06c4f5dbdc6e68cc">El jueves, la portada del diario <em>Clarín</em> exhibía el siguiente título: “Total normalidad”, sobre una foto de la peatonal Florida profusamente transitada. Y en el epígrafe señalaba: “Las calles del centro mostraron su aspecto habitual”. Hasta hubo espacio para una noticia futbolera: “Argentina derrotó a Polonia”. Aquí no había pasado nada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2fa8975034cf6d0886cea80693b059cb">Tanto es así que, durante la noche del viernes, el restaurante Hermann, frente al Jardín Botánico, estaba colmado como en vísperas de cualquier otro fin de semana. Salvo por detalle: el bullicio de las conversaciones sonaba más cauteloso que de costumbre. Hasta que un vozarrón congeló la escena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-817dd132ce200e34e8ec34b23a1534a4">– ¡Si Videla no la fusila a Isabel, hay que fusilarlo a Videla! –bramaba un sexagenario con mandíbula cuadrada desde el fondo del salón, ya con unas copas de más. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc1dd3cffce7c5e9fe0419d1650a00c7">El hombre, que compartía la velada con su esposa y otra pareja, repitió la frase, esta vez golpeando la mesa con la palma de la mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1269738ee46ea2d86dc10952c261f3bc">La concurrencia evitó mirarlo. Los mozos, con gran disimulo, buscaban refugio al costado de la barra. El aire se podía cortar con una navaja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-861f5987209f8ff7264dd61dbd1a2bf7">Ese lugar, de pronto, se había convertido en un laboratorio social.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b28ab524b23a021744cd0bb5f806936">III</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf76cead2b284ae552fb06025d674078">Lo cierto es que si bien en el funcionamiento de la última dictadura intervino, a la par de los uniformados, un mosaico de actores civiles –desde empresarios hasta curas, pasando por dueños de medios, comunicadores e intelectuales que legitimaron sus prácticas– no está de más poner el foco en el comportamiento de quienes no fueron parte del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b98f40706ed7e24831bd57c50d7007ea">Claro que los interrogantes al respecto no apuntan hacia la culpabilidad de este vasto sector de la población, sino al campo de las actitudes sociales que tuvieron, sin soslayar sus fragmentaciones ideológicas, etarias y de clase. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-88f8a6307055c6a598915072f09a3cf9">¿Cómo se percibía la represión generalizada o la política económica o la censura, entre otras disfunciones de aquella burocracia autoritaria? Y desde un punto de vista más amplio: ¿cómo se razonaba en medio de un genocidio?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-385570ca88948bbd71c2e1763a476ff5">A continuación, una postal callejera: corría la tarde del 21 de mayo de 1976, cuando un hombre ya entrado en años descendía de su automóvil luego de estacionarlo en la calle San José, a metros de Alsina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8e1f378843d271f2f44c7b388401d51">“En aquel momento –según su relato– oí lo que interpreté como falsas explosiones de motor; después, un clamoreo de voces enfáticas; voces que se aproximaban, hasta que vi un tropel de personas que corrían hacia donde yo estaba. Iba adelante un individuo con traje holgado, color ratón. Y al subir la vereda, tropezó y cayó. Uno de los perseguidores (todos de civil), le aplicó un puntapié extraordinario y le gritó “¡Hijo de puta!”. Otro le apuntó desde arriba, con la pistola de caño más grueso y largo que he visto, y comenzó a disparar. Las cápsulas servidas caían a mi alrededor. Yo me alejé”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-339b041539915a4a72ff38137e7b13ee">Luego –siempre de acuerdo con su relato– alguien le dijo:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-855fbcf4d207b0cfbe3167232c8b0f8c">&nbsp;–Esos eran los tiros que mataron a un hombre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdef2a36f45eb1178e10fc88065b4b59">Entonces, él contó lo que pudo ver.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6c96358737c6b7149f3c0c9e0472ec58">–No cuente eso –contestó su interlocutor–. Mire si Todavía lo llevan de testigo. O si no quieren testigos, le van a hacer algo peor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ca3e4adb93a1c057cbab0bbff78fed1">A pesar del frío, él se sacó el sobretodo para ser menos reconocible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-96de5bad611de81367cc97d4a176f68e">El testigo en peligro era nada menos que Adolfo Bioy Casares. Y dicha vivencia la volcó en sus diarios íntimos, que fueron compilados en 2001 por Daniel Martino con el título <em>Descanso de caminantes</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-066731c9d67406c163af067f74e916e1">No es una exageración decir que aquel episodio había repercutido en su conciencia. El 13 de agosto de 1980, las Madres de Plaza de Mayo publicaron en <em>Clarín</em> su primera solicitada. Y entre los firmantes estaba nada menos que él. El horror a veces toma impensadas formas de coraje.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-677349123b3acae1c667fd23c5227090">IV</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edd3498c7a305e9e17dc19bff6e53458">Retomemos ahora la imaginaria visión de Videla durante aquel martes de 2026, cuando la jauría policial desarrollaba el “protocolo antipiquetes” de la ministra Patricia Bullrich que a él tanto deleite le hubiera causado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2d7ca628432c01a35cb873f342b21da0">¿Qué decir, entonces, sobre la satisfacción que sentiría por la llegada de un ser como Victoria Villarruel, a la vicepresidencia de la Nación?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cffea1232b689c94a56bb8ee68d676b3">O ante la terquedad del propio Milei por poner en duda, cada vez que puede, la cifra de 30 mil desaparecidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d3afdcc409f9c817c3f27540f6f3df0">&nbsp;O ante personajillos como José Luis Espert y su lema de “cárcel o bala”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5706530e5eb19859c8790e57ed68b703">Ocurre que el negacionismo y la glorificación de la “mano dura” son en la actualidad parte del discurso oficial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed35309f2c0c7cc07b978c403991a20b">Ello nos conduce hacia un interrogante: ¿acaso el régimen libertario es la (tardía) etapa civil de la última dictadura?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ffb0202b502f497394f97daf0f0a191">En el plano económico no hay ninguna duda al respecto. Y, además, su imaginario punitivista flota en el aire y también en el lenguaje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1ee1ca3024ced401f5659b6b3fd2250">Sin ir más lejos, hacía apenas unos meses, la Policía Federal adujo que un usuario de <em>X</em> (antes <em>Twitter</em>), detenido por subir a esa red alguna incorrección, exhibe “una ideología apegada a la propaganda de la ex Unión Soviética (sic)”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c85fc20d2b0f9171ac97bdcab3c16086">Pero la de Milei no es (aún) una dictadura sino, apenas, una democracia de baja intensidad, cuyos desbordes represivos son en clave herbívora. O sea, todavía sin asesinatos (habida cuenta de los dolores de cabeza que le causaron al régimen macrista las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel).&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a7a1cdaa0b2925662bcf9ca4bd304e02">A diferencia del viejo terrorismo de Estado –de naturaleza clandestina y con acciones cifrados en el ocultamiento de sus crímenes–, las “operetas” del gobierno de La Libertad Avanza (LLA) se basan en el exhibicionismo, quizás con la idea pedagógica de que la letra con sangre entra. Un ejemplo: la profusa difusión fotográfica de las requisas tipo Bukele en una cárcel santafecina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d3031da302e886b9005a8f1c15d9d4d0">En resumen, se trata del reemplazo de la vieja “Doctrina de la Seguridad Nacional” por lo que se podría llamar “Doctrina de la Seguridad Urbana”, un terrorismo de Estado arrabalero, sustentado en tres ejes: el control casi maníaco del espacio público, del disciplinamiento social y la criminalización de quienes no son criminales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc8da01c601b20a94b6fa219b6c96185">Tal es el clima que se respira en estas latitudes, al cumplirse 50 años de que las Fuerzas Armadas tomaran “el control operacional del país”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-47b43fcbde32fd46d70ea66d2b6b3048">Bienvenidos, entonces al regreso de <em>El otoño de los genocidas</em>.</p>



<div style="height:53px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18829aaa27fdbff64f07ab2095ee0ad2">*Periodista y escritor.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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