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	<title>El mal archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sun, 28 Jun 2026 14:22:04 +0000</lastBuildDate>
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	<title>El mal archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>ESPECTADORES Y PROTAGONISTAS &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 15:14:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[El huevo dorado]]></category>
		<category><![CDATA[El mal]]></category>
		<category><![CDATA[La desaparición]]></category>
		<category><![CDATA[Tim Krabbé]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Podemos, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas.?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/espectadores-y-protagonistas-por-david-sibio/">ESPECTADORES Y PROTAGONISTAS &#8211; POR DAVID SIBIO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37646f7ea002b18d7217d330c0a1b0ef wp-block-paragraph"><strong><em>¿Podemos, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas.?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c03e3f24eaf9a693b05f1d05434f75c7 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc46dfbfd6eaddcd9b410cfff9f57407 wp-block-paragraph">La novela corta <em>Het gouden ei</em> (<em>El huevo dorado</em>) del neerlandés Tim Krabbé, que en castellano fue editada con el título <em>La desaparición,</em> narra una perturbadora historia que podría concebirse como una ficción en torno al problema del mal. Podríamos decir que la novela de Krabbé funciona como un testimonio. El mal es algo de lo que puede hablar quien lo ha experimentado: un testigo… Solo el testigo perfecto puede saber qué es eso. “Testigo perfecto” es cómo el filósofo italiano Giorgio Agamben llama a Primo Levi, el superviviente del campo de exterminio de Auschwitz.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6803715ae746574475a2137a92220648 wp-block-paragraph">En <em>La desaparición</em>, una pareja de neerlandeses, Rex y Saskia, viajan por vacaciones desde Ámsterdam hacia Francia. El medidor del tanque de combustible no funciona y el auto se queda sin nafta en un túnel oscuro porque Rex no prestó atención al cuenta kilómetros con el que controlaba el consumo del vehículo. Esto conduce a una discusión de la pareja y Rex deja el auto, bidón en mano, en busca de combustible. Luego retoman el viaje y se detienen en una estación de servicio para llenar el tanque y disipar la tensión que quedó entre ambos. Saskia, que hasta ese momento hacía de copiloto, se dispone a conducir. Pero antes, va a la cafetería de la estación de servicio en busca de unas bebidas. Rex se queda en el auto y Saskia nunca regresa. <em>Desaparece</em>, como si se la hubiera tragado la tierra. Tres años más tarde, Rex continúa la búsqueda. Recorre caminos y carreteras, y deja carteles con la foto de Saskia. Rex <em>necesita</em> saber qué pasó con ella. Sale en los medios de comunicación con la esperanza de encontrar una pista, o de que el responsable de la desaparición de Saskia brinde alguna información sobre su destino. En un programa de televisión, Rex interpela, mirando a cámara, a la persona responsable de la desaparición de Saskia&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-443ef85ffd88bd2d1242260ae103a167 wp-block-paragraph">Lo que sucede a continuación, sin entrar en mucho detalle, es que el responsable de la desaparición de Saskia decide contactarlo. El nombre del responsable de la desaparición de Saskia es Raymond Lemorne, un ciudadano francés, profesor de química, un hombre común y corriente como cualquier otro hombre común y corriente, a quien conocemos desde el principio de la historia; un hombre de clase media, con esposa e hijas, e insospechado de haber cometido crimen alguno. Pero Raymond Lemorne es un asesino despiadado que se oculta a la vista de todos: es un hombre de familia y profesor de instituto al que nadie sería capaz de adjudicarle siquiera una falta leve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1cfabf7e00a7d646dc46e870799c9b49 wp-block-paragraph">Sin embargo, cuando Raymond Lemorne tenía dieciséis años —nos cuenta Tim Krabbé en su novela— “había ido con su madre a la casa de sus tíos en Dijon” y una mañana de domingo los adultos salieron y él quedó solo en la casa. “Estaba en la segunda planta del edificio. Había llevado una silla de la cocina al balcón y leía un libro. Al cabo de un rato dejó la lectura y fue a apoyarse en la barandilla. Debajo había un jardín pequeño con el césped recién cortado […] Se preguntó qué pasaría si saltaba. Sopesó detenidamente los pros y los contras, albergando en su interior el oscuro convencimiento de que acabaría saltando. Aquello le pareció extraño: ¿cómo podía estar tan seguro, si saltar era a todas luces un disparate?” Saltar era la única forma de mostrar que podría hacerlo. Estuvo sentado media hora en la barandilla y de pronto saltó. Eso le costó seis semanas en el hospital, con una pierna rota y una fractura doble en el brazo. <em>Saltar lo hizo experimentar una libertad sin límites</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-48be26dcedd4744ce5dc7bfbde985f6a wp-block-paragraph">Veintiún años más tarde, Lemorne tuvo una experiencia parecida. Durante un paseo, en unas vacaciones con su familia, volvió a saltar, pero esta vez lo hizo para salvar a una niña pequeña que se ahogaba en el canal de un río. Luego de salvarla, mientras paseaba nuevamente con su familia, Lemorne se preguntó si sería igualmente capaz de cometer un crimen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c71eec67da14d7f38bce22550548f2c wp-block-paragraph">“Se imaginó el acto más cruel que pudo concebir.” Y durante tres años, todos los días pensó en eso. Al igual que la vez que saltó desde el balcón, el solo hecho de tener un pensamiento, aunque este sea un pensamiento criminal, venía acompañado de una obligación: debía pasar al acto, transformar el pensamiento en una acción. Raymond Lemorne no se quedaba fantaseando, ejecutaba el pensamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a8deeb911e2209f19ac12cc9010208e wp-block-paragraph">La novela de Krabbé fue llevada al cine y estrenada en 1988 con el título <em>Spoorloos</em> (que significa “sin dejar rastro”). Allí, como en la novela, Lemorne ensaya la forma de secuestrar a una mujer y cometer el acto más cruel que alguien pueda concebir. Saskia es la víctima que Lemorne logra atrapar y adormecer con cloroformo. Cuando, años más tarde, Lemorne se contacta con Rex, le ofrece conocer qué fue lo que le hizo a Saskia. Pero no le cuenta qué le pasó, le ofrece experimentar <em>exactamente lo mismo</em> que le pasó a Saskia. Para eso, Rex debe beber un café que tiene un somnífero. Si no lo hace, Lemorne nunca hablará, ni podrá ser atrapado porque no hay pruebas que lo incriminen. Y si Rex decide matarlo, tampoco sabrá qué fue lo que pasó con Saskia. Así que Rex decide asumir el riesgo y toma el café. <em>Necesita saber qué fue lo que le pasó a Saskia</em>. El somnífero hace efecto y luego de un sueño se despierta encerrado en una caja estrecha, en posición horizontal, en la oscuridad total y sin posibilidad de escapar porque Raymond Lemorne lo ha enterrado vivo. <em>Exactamente</em> como hizo, tres años antes, con Saskia. Lemorne convierte a Rex en un “testigo perfecto” del mal, del acto más cruel que pudo concebir. Un testigo que paradójicamente no podrá dar testimonio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-514767166eee64e7199184be8299119c wp-block-paragraph">La novela de Tim Krabbé fue adaptada dos veces a la gran pantalla. La versión de 1988 es fiel al texto original, y termina con Rex enterrado vivo y con Lemorne, como encarnación del mal, impune. Años más tarde, en 1993, se estrenó la versión norteamericana de la película, un <em>remake</em> titulado <em>The Vanishing</em>, también dirigido por George Sluizer, el mismo director de la versión de 1988, aunque esta versión contaba un final distinto. En la segunda versión, a diferencia de la primera, Lemorne no se sale con la suya y Rex es rescatado del espantoso destino. Por eso puede volver para dar su testimonio sobre el mal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ef3b93df441334196b0936c5129ded1 wp-block-paragraph">Creo que el “final feliz” del <em>remake</em> no debe leerse simplemente como un final “hecho en Hollywood” en el que todo termina bien cuando el mal es derrotado. La versión de 1993 debe ser pensada como otra cosa: se trata de un sueño de Rex cuando está enterrado dentro de la caja, allí sueña que es norteamericano y que se parece al actor Kiefer Sutherland. Sueña cómo deberían haber sido las cosas si todo fuera como Hollywood lo cuenta: luego de haber sido rescatado de su tumba, Rex (que en la versión norteamericana se llama Jeff) se hace escritor y lo primero que publica es una historia que nos permite, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas. Esa es la suerte que tenemos lxs espectadores, y el precio que deben pagar siempre lxs protagonistas.</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d909a3c2f5411fa4e8f1d3acb2f3f19e wp-block-paragraph">Buenos Aires, 4 de abril de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
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		<title>Postemillas: Variaciones sobre el mal &#8211; Por Vicente Muleiro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Jun 2026 19:03:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Vicente Muleiro]]></category>
		<category><![CDATA[El mal]]></category>
		<category><![CDATA[Hanna Arendt]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
		<category><![CDATA[Trump]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cualquier repaso somero en torno del mal, sus grandes estudios filosóficos, psicológicos y religiosos, se prestan para hacer veloces relaciones con el mileísmo y su banda torva.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/postemillas-variaciones-sobre-el-mal-por-vicente-muleiro/">Postemillas: Variaciones sobre el mal &#8211; Por Vicente Muleiro</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c55e9e2c07a53e3da3edca506a9820e2 wp-block-paragraph"><strong><em>Cualquier repaso somero en torno del mal, sus grandes estudios filosóficos, psicológicos y religiosos, se prestan para hacer veloces relaciones con el mileísmo y su banda torva.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b796af429457b6fd41e1bb5b5c6f10f5 wp-block-paragraph"><strong>Por Vicente Muleiro*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:72px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2cc8f5aae88f754e603dd675d7f7c449 wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><em>Postemilla. Absceso que supura. 2 Punta visible de un tumor.</em></p>



<div style="height:49px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f7eda1060b2a36987b14e1c44a67e28 wp-block-paragraph"><strong>Los eslóganes</strong>. Cualquier repaso somero en torno del mal, sus grandes estudios filosóficos, psicológicos y religiosos, se prestan para hacer veloces relaciones con el mileísmo y su banda torva. Se pueden encontrar perlas. Por ejemplo, para Hanna Arendt uno de los motores del mal son los eslóganes, esas vagas envolturas ideológicas para encubrir el sadismo. Entre nos, el hallazgo de figuras como «casta» o «degenerados fiscales» implica, para quien las enuncia, la pose del juramentado que va a por ellos. Pero ese es, en verdad, el arnero que intentará tapar la misión de fondo: formar la propia casta para asaltar al fisco y otras cajas disponibles como las que proveen el narcotráfico y la moneda cripto. Los eslóganes arman la ideología distractiva y en el mismo movimiento develan el verdadero objetivo. Otra línea discursiva es el eticismo –que no la ética-: todo turro que se precie siempre hablará de cruzada moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-02683eb9dbf7667e47c5b254dd61148a wp-block-paragraph"><strong>Dicen que la distancia es el olvido.</strong> El gran estudio, acaso el más calificado sobre el tema, «El mal o el drama de libertad» del filósofo y ensayista alemán Rudiger Safranski (1945), propone que la cultura de una sociedad se mide por su distancia al horror (menciona Auchwitz y se pueden agregar los genocidios de la colonizaciones, las matanzas de las dictaduras, Hiroshima, entre tantos). La catástrofe humana sería entonces aquello terrible que no puede ni debe repetirse. Si esto es así, en nuestro país, y en esta tercera década del siglo XXI, estamos chapoteando en el espanto porque nuestra vara es la última dictadura militar del siglo XX. Sí, esa que hoy es oficialmente reivindicada y que guarda demasiados vasos comunicantes (represivos, socioeconómicos) con el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f0c85c23dc0bbdad6a6a50ec49b1ce0 wp-block-paragraph"><strong>Los hdp</strong>. Uno de los estudios que se derivan de los análisis del mal es el que se dedica a indagar en la escarnecida categoría del&nbsp;hijo de puta. El poeta y ensayista portugués Alberto Pimenta (1937)&nbsp;escribió un heterodoxo opúsculo que tituló «Discurso sobre el hijo de puta»<strong>. </strong>Al acercar la lupa al cruce hijoputez-política, coloca la piedra fundamental en una acción que por aquí conocemos hasta la humillación y el hartazgo: «Los&nbsp;negocios públicos hechos con fines privados y los negocios privados hechos con fines públicos».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-142b6675cd4ce679e096ed73931e2821 wp-block-paragraph"><strong>Lo grande y lo pequeño. </strong>Alberto Pimenta expresa su temor a lo que podría denominarse la línea de los sargentos de la sociedad.&nbsp;Ha relevado que el hdp tiene siempre a su cargo una operación de fiscalización «de entradas o salidas, de compras o de ventas, de acuerdos, pagos y otros servicios». Lo que teme el poeta es que en ciertas coyunturas –sobre todo cuando el hdp se siente apañado por un poder autoritario- es que se conviertan en mayoría. Por nuestros pagos, el politólogo Guillermo O’ Donnell supo hablar de microdepotismos. Es gente sin uniforme que se dedica –en palabra y acto- a reproducir el poder coactivo. Perejiles, piojos resucitados, pobres de solemnidad, sargentones de manzana o edificio y pedantones al paño (Machado) que aprueban con delectación las bravuconadas de simpatiquísimos criminales públicos a los que, además, y desgraciadamente, votan. A ese personaje Pimenta le dedicó estos versos: «Es el pequeño/hijo de puta/el que da al grande/todo aquello que él/precisa/para ser el gran hijo de puta».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23a980642a6ce217aa1d5acd2c2a16e9 wp-block-paragraph"><strong>Un buen bife a tiempo</strong>. El médico, fisiólogo y escritor argentino Marcelino Cereijido (1933),&nbsp;nacionalizado mexicano en 1993, en su ensayo «Hacia una teoría general de los hijos de puta»<em>,</em> sostiene que una de las artes mayores de su objeto de estudio es «restringir adecuadamente» y ejemplifica esta pulsión con ciertas tareas rurales como domar caballos a rebencazos o castrar toros para que arrastren el arado. Recuerda que la Biblia aporta lo suyo. «El que ama a su hijo, lo azota sin cesar». Trasvasadas estas tendencias a la acción política se llega a la tortura y a la aniquilación. Para Cereijido la «obediencia debida» es una consabida táctica de la hijoputez. También el socorrido argumento de que la realidad «no deja otra alternativa» o que «hay que poner orden en la ciudad». Desde ya que se concluye, por ejemplo, reventando ancianos y discapacitados. Se trata de una estratagema &nbsp;táctica e hipócrita común a todos los hijos de puta que en el mundo han sido.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8fc6ec2419c1d876bcf785eb94cc2f44 wp-block-paragraph"><strong>Cómo identificar a un imbécil. </strong>En su libro «Trump, ensayo sobre la imbecilidad»<em>, </em>el doctor en filosofía y profesor en Harvard Aaraon James (1952) dice que una de las constantes de tal imbecilidad es la esforzada gestualidad y la inflamada verba para «parecer superior a los ojos del próximo». Su trayectoria frecuente comienza por asimilarse al mundo del espectáculo para terminar como payaso bobo. Otra característica que señala el doctor James -y en la que coinciden el pato Donald y el león Javier- es la total falta de respeto por la verdad. Aunque no siempre engañan de manera consciente ya que se confunden en su pose de <em>number one:</em> no tienen claro si quieren fungir de Presidente o de «animador en jefe». Y una más: esta novísima concepción del poder espectacular lleva, a quienes la abrazan, a manejar obsesivamente una de las cumbres del humorismo involuntario, a saber, la más crasa pedantería.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16e372a692cfd00970ae0b700f0aa48a wp-block-paragraph"><strong>Orgullo y prejuicio</strong>. Es mucho más trabajoso para los politólogos, los periodistas, los ensayistas, los sociólogos, los panelistas, los profesores, los conferencistas de café y los encuestadores saber por qué la sociedad soporta a los hdp. A la hora de arriesgar juicios se profieren insultos generalistas (boludos, idiotas, ignorantes, escupidores para arriba, tiradores a los pies, desclasados etc.) Las calificaciones son muy funcionales a la catarsis, a la superioridad política, intelectual y moral para ponerse a salvo de la grey escarnecida. Un comediante e intelectual de por acá nomás dice: «Somos un país hermoso, con una sociedad de mierda, y una gente divina que somos nosotros». Culposo, enseguida se corrige: «Un poco elitista ¿no?». Por lo cual queda navegando, como todos nosotros, en una perplejidad hasta aquí tan ardua de disipar.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-467e1d2344d57ead54cbef542d795f79 wp-block-paragraph">Miércoles, 24 de junio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://www.loqueleo.com/ar/uploads/2023/07/resized/800_mul.jpeg" alt="" style="aspect-ratio:1;object-fit:cover;object-position:51% 28%;width:141px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3aeafade5d97cd485893acdf4d7fd306 wp-block-paragraph">*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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