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	<title>ecosistemas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Wed, 09 Sep 2026 13:49:32 +0000</lastBuildDate>
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	<title>ecosistemas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Entre Disney y Darwin. Sensibilidades urbanas y cultura rural frente al mundo animal &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Sep 2026 13:42:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre la sensibilidad urbana hacia los animales y la realidad cotidiana del mundo rural existe una distancia cada vez mayor. Mientras la vida animal se percibe muchas veces a través de mascotas, redes sociales y representaciones culturales, en el campo forma parte de sistemas productivos y ecológicos donde nacimientos, enfermedades, depredación y muerte son experiencias concretas. Bruno Carpinetti plantea en el siguiente artículo que el desafío es superar esta brecha y construir una ética capaz de cuidar a los animales sin perder de vista los ecosistemas, los territorios y a quienes viven de ellos.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/entre-disney-y-darwin-sensibilidades-urbanas-y-cultura-rural-frente-al-mundo-animal-por-bruno-carpinetti/">Entre Disney y Darwin. Sensibilidades urbanas y cultura rural frente al mundo animal &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3012c786cb50ab93fb86cd7eb611647 wp-block-paragraph"><em><strong>Entre la sensibilidad urbana hacia los animales y la realidad cotidiana del mundo rural existe una distancia cada vez mayor. Mientras la vida animal se percibe muchas veces a través de mascotas, redes sociales y representaciones culturales, en el campo forma parte de sistemas productivos y ecológicos donde nacimientos, enfermedades, depredación y muerte son experiencias concretas. Bruno Carpinetti plantea en el siguiente artículo que el desafío es superar esta brecha y construir una ética capaz de cuidar a los animales sin perder de vista los ecosistemas, los territorios y a quienes viven de ellos.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1cda3be6b6a3225d9f02abbe127ac10b wp-block-paragraph">La Argentina es, al mismo tiempo, uno de los países más urbanizados del planeta y una nación cuya historia, economía e identidad se encuentran profundamente ligadas al mundo rural. Esta aparente paradoja no es un dato menor. En ella reside buena parte de las tensiones contemporáneas en torno a la relación entre las sociedades humanas y los animales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-717607060be051ed71ad78c71c400025 wp-block-paragraph">Durante las últimas décadas, la expansión de los movimientos de protección animal y de las corrientes filosóficas vinculadas a los derechos de los animales, modificó sustancialmente la manera en que amplios sectores sociales conciben la vida no humana. Lo que hasta hace poco parecía un asunto restringido a especialistas o militantes se transformó en un tema central de la agenda pública. La sensibilidad frente al sufrimiento animal se amplificó, las demandas sociales crecieron y comenzaron a cuestionarse prácticas históricamente naturalizadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-505959d5941674f05a3e0bc2676337a7 wp-block-paragraph">Sin dudas, este proceso produjo avances significativos. La visibilización del maltrato animal, la incorporación del bienestar animal a las políticas públicas y la creciente condena social hacia formas de crueldad antes toleradas, constituyen conquistas culturales difíciles de discutir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00502d2c36ac744c67b9601863bcf3f2 wp-block-paragraph">Sin embargo, junto con estos avances emergió otro fenómeno menos explorado: la creciente distancia entre las percepciones urbanas sobre la naturaleza y las experiencias cotidianas de quienes habitan y trabajan en los territorios rurales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4790c85c266020d5bcee68f9ba4fbda5 wp-block-paragraph">Más del noventa por ciento de la población argentina vive actualmente en ciudades. Para millones de personas, el vínculo con los animales se construye fundamentalmente a través de mascotas, medios de comunicación, redes sociales o productos culturales. La naturaleza aparece así mediada por imágenes, emociones y representaciones simbólicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2af92ccc714b1986efb1e3e8e2493f05 wp-block-paragraph">En contraste, las poblaciones rurales mantienen relaciones sustancialmente diferentes con el mundo animal. Agricultores, pescadores artesanales, trabajadores forestales, pastores y ganaderos conviven diariamente con nacimientos, enfermedades, depredación, mortalidad, fluctuaciones poblacionales y conflictos entre fauna silvestre y actividades productivas. Para estos sectores, los animales no son únicamente individuos portadores de sensibilidad moral; forman parte de sistemas ecológicos complejos de los cuales depende, muchas veces, la propia subsistencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-477750fcfda283cc71abab85a4f2f1cc wp-block-paragraph">Esta divergencia de experiencias produce inevitablemente diferentes marcos éticos. Mientras gran parte de las corrientes urbanas contemporáneas privilegian una ética centrada en el individuo animal, muchos actores rurales suelen pensar los problemas desde una escala poblacional, territorial o ecosistémica. No se trata necesariamente de una oposición entre sensibilidad e insensibilidad, ni entre protección y explotación. Se trata, más bien, de perspectivas construidas desde experiencias materiales profundamente distintas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d475c7697f108cbeae8664e706ce0d58 wp-block-paragraph"><strong>La ética del consumo y el ocultamiento de la producción</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6698b05a8ece8f9b75aa8df0599783fb wp-block-paragraph">La creciente distancia entre las percepciones urbanas y rurales sobre los animales no puede comprenderse sin considerar una transformación más profunda: el progresivo desacople entre los espacios de consumo y los espacios de producción de alimentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bccef75250e71a2e84116ada8bd15e44 wp-block-paragraph">Las sociedades urbanas contemporáneas se caracterizan por una creciente desvinculación material y simbólica respecto de los sistemas agrarios. La inmensa mayoría de la población accede diariamente a carnes, lácteos, huevos, cereales, frutas y hortalizas a través de góndolas de supermercados, comercios o plataformas virtuales de distribución, sin contacto directo con los procesos biológicos, ecológicos y productivos que hacen posible esa oferta alimentaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5a7f10ff676de3d7d5f11f07f1a7a6b wp-block-paragraph">La producción de alimentos se ha vuelto, en gran medida, invisible. La muerte de animales destinados al consumo, las prácticas sanitarias, el control de predadores, el manejo de especies que ocasionan daños a los cultivos o transmiten enfermedades, e incluso los inevitables impactos ambientales asociados a cualquier sistema productivo, permanecen alejados de la experiencia cotidiana de los consumidores urbanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d747e290aa2ab4cfd9492588b2ba5238 wp-block-paragraph">Como consecuencia, se configura una paradoja característica de las sociedades contemporáneas: sectores sociales que demandan crecientemente estándares éticos elevados respecto del trato hacia los animales, continúan sosteniendo, mediante sus patrones de consumo, sistemas agroalimentarios que necesariamente implican distintas formas de intervención sobre la vida animal y los ecosistemas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b5b8fcc13ee3f1545ce61e5a48e2009 wp-block-paragraph">La sensibilidad urbana hacia el sufrimiento animal convive así, en numerosos casos, con una profunda desconexión respecto de las condiciones ecológicas y productivas que permiten la disponibilidad permanente y accesible de alimentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa7d1b5f9c68a4fb2b2efb2edf3deae9 wp-block-paragraph">Diversos autores de la ecología política han señalado que la urbanización masiva favoreció una creciente externalización material y moral de los costos ambientales de la producción. Los impactos ecológicos, las pérdidas de biodiversidad, los conflictos con la fauna silvestre y las decisiones de manejo necesarias para garantizar la producción de alimentos, ocurren mayoritariamente lejos de los centros urbanos, en territorios que resultan socialmente poco visibles para quienes consumen esos bienes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0462af6a771053ad58a1daed47039045 wp-block-paragraph">Este fenómeno se expresa claramente en la percepción social de la mortalidad animal. Mientras la muerte de un animal silvestre, en un contexto de manejo poblacional, puede generar una intensa reacción pública, la mortalidad asociada a la producción agropecuaria intensiva —incluyendo el control de plagas, las labores agrícolas, la protección sanitaria de rodeos o la eliminación de animales enfermos— suele permanecer fuera del debate social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-688e6733c0ed29abbca6410ebece94a7 wp-block-paragraph">Ello no implica relativizar las preocupaciones éticas vinculadas al bienestar animal. Por el contrario, invita a complejizar la discusión y reconocer que toda sociedad que consume alimentos depende, inevitablemente, de transformaciones sobre los ecosistemas y de decisiones de manejo que involucran la vida y la muerte de organismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b6fb41298b66c256e23b5d29b7fdce9 wp-block-paragraph">La cuestión central, entonces, no radica en la ilusoria posibilidad de producir alimentos sin impactos ni mortalidad, sino en cómo construir sistemas agroalimentarios ecológicamente sustentables, socialmente justos y éticamente responsables.</p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image is-style-rounded">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://periodico-assets.tadevel-cdn.com/62e3f75b499e98b6b0e57ca7/720.jpeg" alt="" style="aspect-ratio:1;object-fit:cover;width:566px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Mural de Alfredo Segatori.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-155e40707e2a5506eae4361130c31a61 wp-block-paragraph"><strong>La mirada de la ecología</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a62af59283bec2717316111db7c96fa8 wp-block-paragraph">La ecología contemporánea ha demostrado que los ecosistemas funcionan a partir de complejas redes de interacciones. Natalidad y mortalidad, competencia y cooperación, depredación y reproducción constituyen procesos inherentes a toda comunidad biológica. La muerte forma parte de la dinámica natural. Ningún ecosistema existe sin mortalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-32ebc6bb4c47f79676372172119d601a wp-block-paragraph">Desde una perspectiva científica, la conservación no persigue evitar toda muerte individual, sino preservar la estructura, funcionalidad y resiliencia de los sistemas ecológicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1f403d2de8ea4c6f70ea79002cd0e23 wp-block-paragraph">En determinadas circunstancias, la ausencia de regulación poblacional puede generar impactos severos. Poblaciones sobreabundantes de herbívoros pueden impedir la regeneración de bosques, simplificar comunidades vegetales, alterar procesos ecosistémicos y reducir la biodiversidad. Del mismo modo, especies exóticas invasoras pueden desencadenar profundas transformaciones ecológicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d00e3de2377b50cdfc17265e56d611aa wp-block-paragraph">Por ello, la eliminación selectiva de individuos constituye, en numerosos contextos, una herramienta legítima y necesaria de manejo ambiental.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee8dbef4e4eb500d521c8c0665fd7c0 wp-block-paragraph">Por ejemplo, en la Argentina, especies como el jabalí (<em>Sus scrofa</em>), el castor canadiense (<em>Castor canadensis</em>), el ciervo axis (<em>Axis axis</em>) o el conejo europeo (<em>Oryctolagus cuniculus</em>) generan importantes impactos ecológicos, sanitarios y económicos. Su control poblacional puede resultar indispensable para proteger especies nativas, disminuir daños productivos y reducir riesgos epidemiológicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4170b731bdacf1acd6f7e959ad5a708e wp-block-paragraph">Lejos de representar una contradicción ética, el manejo poblacional puede orientarse precisamente a proteger la integridad de los ecosistemas y la persistencia de otras especies.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1bed408b9f3811578aa2b1a1e8aac3a7 wp-block-paragraph">Esto no supone ignorar el sufrimiento animal. Por el contrario, las ciencias veterinarias y la biología de la conservación coinciden en la necesidad de desarrollar protocolos que minimicen el dolor y el estrés asociados a cualquier intervención humana sobre animales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0ff55ded3ccb8d965a91fe371963f995 wp-block-paragraph">El verdadero desafío consiste, quizás, en abandonar falsas dicotomías. Ni toda intervención letal constituye necesariamente crueldad, ni toda política inspirada exclusivamente en la compasión produce resultados ambientalmente deseables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cac0da1f8ad22b7270d3bfffcf7ac10b wp-block-paragraph"><strong>Hacia una ética socioecológica</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37b39fb57af87cbbea56e7937dd65b9c wp-block-paragraph">La discusión contemporánea sobre los animales exige ampliar la mirada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ca5421897d389ffdab13c21833d9680 wp-block-paragraph">La ética ambiental ha mostrado que los individuos no existen aislados, sino integrados en comunidades ecológicas complejas. Hace casi un siglo, Aldo Leopold proponía una «ética de la tierra» capaz de extender la comunidad moral hacia suelos, aguas, plantas y animales, entendidos como partes de un mismo sistema biótico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-281440d3ba0ad7bd9ed17c3b679e7028 wp-block-paragraph">Recuperar hoy esa mirada implica reconocer simultáneamente el valor de los individuos y la importancia de conservar los procesos ecológicos que sostienen la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e881b79bb4091c5beedaa17407671741 wp-block-paragraph">La Argentina necesita construir una ética socioecológica capaz de articular conocimientos científicos, sensibilidades sociales y experiencias territoriales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3fbd08b4a64e228645736b9d7cfa0f72 wp-block-paragraph">Las políticas públicas sobre fauna deberían surgir de procesos participativos que incorporen las voces de científicos, productores, comunidades rurales, organizaciones ambientalistas y gestores públicos. Ningún sector posee, por sí solo, el monopolio de la legitimidad moral ni del conocimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d43a0c325380271bb36e41375a7cafd wp-block-paragraph">Porque, en definitiva, la pregunta no es solamente cómo proteger a los animales. La pregunta es cómo habitar responsablemente una naturaleza compartida, profundamente transformada por la acción humana, sin perder de vista que la conservación de la vida exige pensar no sólo en individuos aislados, sino también en comunidades, ecosistemas y territorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6eaadfab9206a65a3dd8078dbf7a74ac wp-block-paragraph">Y, sobre todo, exige reconocer que quienes viven y trabajan cotidianamente en esos territorios tienen algo imprescindible para aportar a la conversación.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e128fd717b8c10b39f8fe165887ffeb wp-block-paragraph">9 de septiembre de 2026<strong>.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWgvX6iMbQzwoEKmoGv27CQkrmpvL7VarqDKR0e2pLXg&amp;s" alt="" style="width:157px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:31px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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