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	<title>Diarios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Diarios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Los enemigos menos pensados: Sarmiento y Mitre &#8211; Por César «Tato» Díaz y Juan Francisco Díaz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Oct 2021 23:50:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[César "Tato" Díaz]]></category>
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		<category><![CDATA[Prensa militante]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En este artículo los autores analizan un hecho histórico que se oculta desde la historia “académica” y casi se desconoce por parte de quienes están en desacuerdo con ella: se trata de la profunda enemistad que se profesaron Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, quienes antes fueron amigos y militantes políticos representantes de los mismos intereses.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-enemigos-menos-pensados-sarmiento-y-mitre-por-cesar-tato-diaz-y-juan-francisco-diaz/">Los enemigos menos pensados: Sarmiento y Mitre &#8211; Por César «Tato» Díaz y Juan Francisco Díaz</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En este artículo los autores analizan un hecho histórico que se oculta desde la historia “académica” y casi se desconoce por parte de quienes están en desacuerdo con ella: se trata de la profunda enemistad que se profesaron Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, quienes antes fueron amigos y militantes políticos representantes de los mismos intereses.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por&nbsp;César «Tato» Díaz* y Juan Francisco Díaz**</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La historia brinda narraciones muy variadas: procesos,&nbsp;&nbsp; acontecimientos, batallas, etc. Insumos indispensables para construir un sentimiento de pertenencia para cualquier país. Es cierto también que, existen tensiones sobre la objetividad de los resultados alcanzados en dichas indagaciones. En nuestro caso adherimos a la noción de que la historia es una fenomenal “herramienta política” para quien busca y logra imponer una idea cierta del “pasado nacional” y, por eso mismo, se producen panegíricos, invisibilizaciones, tergiversaciones de algunos hechos históricos. De estas interpretaciones surgirán luces y sombras que serán proyectadas por el enfoque del investigador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Existe un viejo apotegma que expresa: “dime quién es tu enemigo y te diré quien eres”. En este artículo pondremos en tensión dicha sentencia dado que, conforme nuestro entender no siempre se puede deducir correctamente de quién se trata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Consideramos analizar un ejemplo histórico que –sistemáticamente- &nbsp;se oculta desde la historia “académica” y casi se desconoce por parte de quienes están en desacuerdo con ella: se trata de la profunda enemistad que se profesaron Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, quienes -cabe aclarar- antes fueron amigos y militantes políticos representantes de los mismos intereses.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Se conocieron en el exilio chileno y luego combatieron bajo las órdenes de J. J. Urquiza contra J. M. Rosas. Sarmiento fue gobernador de San Juan durante la administración Mitre y juntos lucharon con “malas armas” contra los caudillos de aquellos tiempos. Prácticas que se utilizaron para combatir sobre todo a Vicente Ángel –el Chacho- Peñaloza, a quien le sustrajeron el carácter de líder político y lo enfrentaron haciéndole “guerra de policía” como si fuera un bandolero. En fin, estos son los hombres que veremos en adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Aunque dicha amistad tendría su punto de inflexión al momento de elegir el sucesor presidencial de Mitre. La controversia surgió dado que el presidente saliente poseía su “delfín” –Rufino de Elizalde-, el cual tomó notoriedad pública, a través de lo que luego se conocería como el “Testamento político de Mitre”. Dicho artículo, extensísimo, fue publicado en noviembre de 1867 en el diario <em>«La Nación Argentina».</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Empero, sorpresivamente y gracias al apoyo de Adolfo Alsina, quien concitaba las simpatías populares bonaerenses, y un grupo de oficiales encabezado por Lucio V. Mansilla, emergió la candidatura del sanjuanino -quien ni partido político tenía-. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Con todo, el autor del Facundo, pretendía acceder a la primera magistratura desde bastante tiempo antes. Existen registros que testimonian que Sarmiento habría expresado que si el primer turno presidencial fuera para el porteño, a él le tocaría el segundo; y volvería a manifestarse en ese sentido hacia el año 1863.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Que ambos personajes se conocían muy bien, no hay duda alguna, y, acaso por ello, la anécdota de Belín Sarmiento, al editar las Obras Completas de su abuelo Domingo Faustino guarda un alto grado de veracidad, cuando afirma haber escuchado de éste que, al aceptar el ofrecimiento efectuado por el presidente Mitre de ser embajador en los E.E.U.U. expresó: “Te embromastes. Seré igual presidente. Mejor desde lejos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Como en la actualidad, si se desea rastrear algunos indicios de&nbsp; una enemistad política, nada mejor que recurrir a las amarillentas columnas de los periódicos. Para que el lector se ubique rápidamente, se consignará que respondían a Mitre el diario de José M. Gutiérrez, <em>“La Nación Argentina”</em> (1862-1869) que luego pasará a manos de una empresa conformada por el ex presidente Mitre y nueve amigos, los cuales el 4 de enero de 1870 lo rebautizaron como <em>«La Nación»</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mientras los defensores del “gran educador” eran <em>“El Nacional</em>“(1852-1893) -dirigido por Vélez Sarfield- y <em>“La Tribuna”</em> (1855-1880), -por Mariano Varela-, ambos ministros de Sarmiento. Aunque, es preciso señalar que quien más respondió a los ataques de la prensa mitrista fue el mismo presidente Sarmiento, camuflado, en ocasiones detrás de algún seudónimo o por la utilización de la tercera persona del singular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Al enterarse el diario mitrista de la candidatura inminente por parte de Sarmiento editorializó en noviembre de 1867: <em>“Un triste deber pone hoy en nuestra mano la pluma con que debemos atacar, como candidato para la presidencia de la Nación, al hombre cuya vida pública le hace acreedor a la estimación de todos los amigos de la causa liberal en el Río de la Plata»</em>. Líneas más adelante, sin embargo, recurría a una pregunta retórica con el fin de tensionar lo antes dicho: <em>«¿Para qué sirve y para qué no sirve Sarmiento?»</em>. Respondiéndose con tono mesurado: <em>“Sarmiento es el hombre de la lucha, de la reforma, del movimiento, y por decirlo en una palabra, de la revolución. Y tal vez por lo mismo que Sarmiento es el gran revolucionario, le está vedado acaso ser el gran hombre de gobierno”</em>. La severa argumentación requería, necesariamente, de una buena explicación: <em>“Sarmiento, el gran batallador, no podría estar quieto en su silla. Si no tiene un diario donde batirse contra la barbarie; si no tiene una tribuna donde batirse contra una política;&nbsp; si solo ve a su alrededor el recinto de la casa de gobierno, su espíritu inquieto&nbsp; buscará siempre un adversario y la República será su eterno palenque. He ahí el peligro”</em>. Rematando la sutil impugnación:<em>”carece del tacto exquisito y de las calidades que de él derivan y que son indispensables en el hombre de estado que se destina a dirigir, por su propio pensamiento, la política de una nación”</em>. Se debe recordar que, la objeción poseía visos de probabilidad, a juzgar por uno de los apelativos más populares del candidato <em>“el loco”</em>, es decir, carecía de las cualidades de un buen jefe de gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por supuesto, el clima beligerante fue <em>in crescendo</em> desde el mismo momento que el presidente electo pisó, nuevamente, tierra el 29 de agosto de 1868 tras una larga ausencia como embajador en los Estados Unidos. Ni bien&nbsp; desembarcó, improvisó unas palabras y no ahorró críticas hacia su antecesor. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Transcurrieron pocas jornadas y debieron encontrarse en un banquete masónico. Allí Mitre pronunció un pequeño discurso, recuperado por “La Tribuna”. <em>«A medida que habla, señala los símbolos masónicos: las puertas sagradas del templo, las dos columnas, que toca con la espada y el martillo, y el compás. [&#8230;] Poco habla del presidente electo, ¿Qué es Sarmiento? un pobre hombre como yo, un instrumento como este -dice levantando el compás- que la providencia toma en sus manos para producir el bien»</em>. El discurso de Sarmiento, en tanto, &nbsp;produce mayor impresión, y logra -como lo dice con franqueza- lo que principalmente desea: <em>«tranquilizar a los timoratos, que ven una amenaza a sus creencias religiosas»</em>. Y sin vacilación alguna expresa: <em>«si la masonería ha sido instituida para destruir el culto católico, desde ahora declaro que yo no soy masón»</em>. Expresiones que lejos estuvieron de ser ciertas, dado que, por caso, escribió en 1869, seis artículos en <em>“El Progreso”</em>, una revista masónica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Se puede establecer, sin duda alguna que, lo más resonante ha sido la iniciación del duelo entre el presidente y Mitre. Este combate durará 6 años y, habiendo empezado por la pluma, terminará por las armas.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.urgente24.com/p/972541922594d190202366c1521d013e/adjuntos/319/imagenes/002/095/0002095504/1200x900/smart/domingo-faustino-sarmiento-y-bartolome-mitre.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Sarmiento y Mitre: fundadores de la «prensa militante”</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><a>Los desencuentros entre ambas figuras son innumerables, a menudo apelando a chicanas y acusaciones cruzadas. Pero nos detendremos en las que consideramos que la opinión pública no debe desconocer -y si las conoce debe recordarlas-</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Días antes de que asumiera la presidencia Sarmiento, <em>“La Nación Argentina”</em> reproduce bajo el título “El cuerpo del delito” un artículo que había sido publicado el 4 de mayo de 1849 en el periódico chileno <em>«La Crónica».</em> En su bajada, el periodista ubica al lector argentino: <em>«Sarmiento ha sido el abogado de un gobierno extranjero contra su propio país y él ha sugerido, a propagado y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de sus territorios”</em>. Y concluía la transcripción del artículo, añadiendo que: <em>“Sarmiento, después de eso, inició en la prensa la tarea de probar que no pertenecían a la República Argentina, sino a Chile, los territorios de la Patagonia que hoy Chile señala en sus mapas bajo el nombre de Chile Oriental»</em>. Curiosamente, el aludido no tomó la pluma para defenderse.&nbsp; Sin embargo el director de <em>“El Nacional”</em> procuró poner paños fríos a la cuestión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De hecho, el sanjuanino, varios años antes había deslizado objeciones políticas a quien era, por entonces, su amigo y confidente. Un biógrafo del porteño apunta que en enero de 1864 Sarmiento le escribía a Mitre: <em>“por La Nación [Argentina] y El Nacional veo que se fomenta en Buenos Aires un mal espíritu local que tiende a subvertir el gobierno nacional. Las elecciones de Buenos Aires son piedra de escándalo, y contra los que hablan de la mayor o menor capacidad de los pueblos para las instituciones libres puede citarse que en la República Argentina la población más rica e ilustrada es la más atrasada en la inteligencia y respeto de las instituciones. Esas elecciones tal como se practican allí consuetudinariamente, y sin pudor, deshonrarían al último pueblo del mundo”</em>. Debe observarse que Mitre fue presidente desde 1862 a 1868, de forma que él era el responsable de tales anomalías.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Naturalmente, el general porteño ponderaba en su justa medida la importancia de contar con su propio medio de comunicación para que como supo señalar Homero Manzi «le cuidara las espaldas». Tal es así que vale apuntar la leyenda que aún hoy imprime el matutino <em>“La Nación”</em> en la cabecera de su sección editorial: “será tribuna de doctrina”. En buen romance confiesa que “adoctrinará” a sus lectores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Su primer editorial afirma categóricamente que: <em>«La Nación se propone, pues, ser la celosa guardiana de nuestras instituciones democráticas»</em>. Sin embargo, a tan solo cuatro años se desdice de su apotegma y encabeza un “golpe de Estado” que fracasa. En efecto, el mismo general Mitre conduce un movimiento sedicioso que desconoce el triunfo del Presidente N. Avellaneda. A quien, por otra parte, <em>La Nación</em> denunciaba como una candidatura oficial, sin apoyo del verdadero pueblo, sostenida por una confabulación de autoridades o “Liga de gobernadores”. En paralelo, Sarmiento vociferaba al proclamarse la candidatura de Avellaneda: <em>«estoy vengado. Los mitristas me han ridiculizado y estropeado desde que subí al poder. Tomen ahora lo que les dejo, pues: un segundo yo»</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Mitre, a quien sus adversarios irónicamente calificaban como “jefe de una montonera”, supo escribir en <em>La Nación</em> que: <em>“la peor de las votaciones legales vale más que la mejor de las revoluciones”</em>. En fin, al juzgar por las propias palabras de los “paladines de la República”, la coherencia entre el decir y el hacer no se puede contar entre sus “virtudes”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El Primer Mandatario argentino, por su parte, esgrimía la pluma casi diariamente -en lo que hemos denominado en otro estudio <a href="http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/98274">“periodismo de estadista”</a>-, pues ejercía el poder Ejecutivo y el periodismo al mismo tiempo. Pero ante el desconocimiento de las elecciones por parte de Mitre en septiembre de 1874, su ex amigo, daría inicio a una producción periodística demoledora. El principio del fin se dio con una medida estrictamente política: Sarmiento declaró el Estado de Sitio y clausuró a los diarios rebeldes <em>“La Nación”</em>, <em>“La Prensa”</em> y &nbsp;<em>“La Pampa”</em>. Incluso, hizo lo propio con su principal vocero, <em>“El Nacional”</em>, que incurrió en un grave error publicando informaciones falsas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Al carecer de su diario, recurrió, como tantas veces, a <em>“La Tribuna”</em>. Desde esas columnas atacó sin miramientos a su antiguo camarada. &nbsp;Allí plasmó una frase que los argentinos ubicamos 80 años después, acaso por desconocer el “aporte” sarmientino. El “Padre del aula” grabó en letras de molde un pensamiento que, “la tribuna de doctrina” jamás desmintió, pero tampoco reprodujo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sarmiento realizaría un relevamiento de la cantidad de ciudadanos empadronados para poder votar y cuantos votos se adjudicaba a cada una de las fuerzas, afirmaría taxativamente que: <em>«Los 9000, pues, de 1852 eran la obra del fraude patriótico, la creación del director de las elecciones D. Bartolomé Mitre, único responsable de los extravíos posteriores del pueblo a quien lanzaba en aquella vía tortuosa”</em>. Sí mi estimado/a lector/a, lo que usted está leyendo: “fraude patriótico” en 1852 y no en 1930. Un responsable, B. Mitre, y una elección que no podía presentar “votos sinceros”. De no&nbsp; creer, ¿no?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Lo cierto fue que, el autoproclamado “defensor de las instituciones” no dudó en tomar las armas en el mes de septiembre y alzarse contra las instituciones democráticas establecidas, en el ocaso del gobierno de Sarmiento.&nbsp;</p>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZNe2viEEYo8/TUiePM0kG3I/AAAAAAAACnY/Ds99OLEdYJA/s640/Mitre+sarmiento+caricatura+fumando.jpg" alt=""/></figure></div>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>“El Manifiesto que no manifiesta nada”</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En rigor, el sanjuanino, conocedor de estas “agachadas políticas”, sabía que el golpista necesariamente daría a publicidad un “manifiesto” donde fundamentaría su insostenible actitud. El momento llegó y el presidente saliente recurriendo al terreno que más cómodo le quedaba, emprendería una batalla discursiva arrolladora contra su principal rival.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cuando el mandatario tuvo en sus manos el “Manifiesto de Mitre”, comenzó su replica con contundencia, dejando frases como: <em>“aquí tenemos el manifiesto que no manifiesta nada”</em>. Con seguridad, impactarían en los ojos atónitos de los receptores quienes continuarían leyendo una crítica descarnada a la figura del sedicioso. <em>«Al fin tenemos el tan anunciado manifiesto del general D. Bartolomé Mitre. Está en él retratado el personaje. Su gobierno pasado, su vida entera vienen en esta pieza”.</em> Y sin dar siquiera un instante al lector construye una analogía devastadora al compararlo con: <em>“El tipo americano de los pronunciamientos, el lenguaje convencional de todos los generales mexicanos la fuerza, la fraseología invariable de los demagogos vulgares, todo ello revela la falta de nociones de gobierno, de libertad, de propósito siquiera”</em>. Posteriormente, buscando el efecto natural en un público liberal, arremetía: <em>“Antes de entrar en la historia del individuo debemos recordar lo que la generación presente ignora, y es que el futuro escritor y publicista no escribió jamás contra Rosas”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El espíritu polémico de Sarmiento no vacila ante nada y como ha quedado dicho, apelando a la tercera persona del singular, se compara con su oponente: <em>“s</em><em>i escribe un libro, el Facundo, es para desmoralizar una misión diplomática de Rosas a Chile; si el general Mitre escribe la historia de Belgrano, es para emplear sus ocios y aprovechar de sus estudios [&#8230;] La vida de Belgrano no responde a nada”</em>. Para rematar tajantemente: <em>«esta comparación es necesaria porque sirve a señalar la diferencia de política, que ambos presidentes han seguido y sus futuras aspiraciones»</em>. Se podría manifestar que el publicista era temerario, audaz, o bien como considera un biógrafo: <em>“</em><em>El pe­riodismo fue en él vocación, profesión, costumbre, necesidad, arma, tribuna, regocijo, y la más constante forma de su acción pública”</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El final de esta contienda llegaba con el triunfo de la Constitución Nacional. El presidente saliente traspasaba el poder institucional al presidente electo y el “golpista” iba a la cárcel, de la cual saldría por las importantes influencias que aún tenía y mantendría hasta el final de sus días.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero tamaña ofensa a las instituciones republicanas repercutirá letalmente en la figura de Mitre. Ello puede ilustrase en la opinión que daría Juan María Gutiérrez, uno de los máximos exponentes de la intelectualidad decimonónica, al escribirle a Mariano Sarratea en octubre de 1874: <em>«Como hombre público, Mitre murió para siempre. Había de llegar el día en que habría de caérsele la máscara […] siento de veras que haya caído tan bajo y se arrastre por el fango, un hombre a quien una parte crecida de sus paisanos, han proclamado como sabio y héroe. Ojalá hubiera sido en realidad ambas cosas. Ahora no es más que un canalla más en la procesión de nuestra canalla política; en las democracias la basura sube arriba, por la ley de su propia gravedad»</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">De modo que, bien podríamos apuntar que nuestro objetivo como pregonaba Arturo Jauretche de combatir la “ignorancia aprendida”, tiene aquí un pequeño escalón más para contraponer a los «iluminados de siempre» que al fin y al cabo son quienes a lo largo de la historia más han practicado el adoctrinamiento. Ya fuera por medio de la construcción de un relato histórico, ya&nbsp; a través de sus multimedios, ya valiéndose de “voceros” incapaces de reflexionar sobre sus propias creencias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En suma, el panteón de liberales impolutos, parecería que no posee una base argumental sólida, pues con releer lo que los mismos “Padres Fundadores” han escrito, se puede tranquilamente comprobar las inconsistencias históricas que pretenden replicar en el presente.</p>



<div style="height:34px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La Plata, 3 de octubre de 2021</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Dir. de la Biblioteca del H. Cámara de la Prov. de Buenos Aires. Dir. CEHICOPEME, Facultad de Periodismo y Comunicación Social UNLP.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">**Docente de Derecho Constitucional, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UNLP. Integrante del CEHICOPEME.</p>
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		<title>SILBIDOS DE UN VAGO 16: La dolorosa soledad de la Puna y la tentación argentina de crear diarios &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Oct 2021 23:06:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[Crtica]]></category>
		<category><![CDATA[Diarios]]></category>
		<category><![CDATA[La Nación]]></category>
		<category><![CDATA[La Tupac Amaru]]></category>
		<category><![CDATA[Milagro Sala]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De Milagro Sala a Frondizi y la prensa escrita. La Nación, La prensa, Crítica y Página/12. Los Silbidos, las aguafuertes de Noé Jitrik.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/silbidos-de-un-vago-16-la-dolorosa-soledad-de-la-puna-y-la-tentacion-argentina-de-crear-diarios-por-noe-jitrik/">SILBIDOS DE UN VAGO 16: La dolorosa soledad de la Puna y la tentación argentina de crear diarios &#8211; Por Noé Jitrik</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>De Milagro Sala a Frondizi y la prensa escrita. La Nación, La Prensa, Crítica y Página/12. Los Silbidos, las aguafuertes de Noé Jitrik.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Anotación de hace unos meses: Ayer, 6 de julio de 2021, comenzó a realizarse en Plaza de Mayo un acampe de organizaciones de diverso tipo, unas cuantas venidas de Jujuy, por la libertad de Milagro Sala, presa durante 2000 días, fuera de toda justificación jurídica, política y moral. Me habría gustado ir ahí –finalmente fui- y ver a toda esa gente, sus caras rudas y firmes, sentir sus decisiones, enfrentando con pocas palabras pero con firmeza una causa justísima, pero no pude, la pandemia por supuesto pero también otros impedimentos que no vale la pena señalar pero que no me gusta sentir, la idea de que hay cosas en las que uno debería estar y ya no lo puede hacer no es agradable, puedo rebelarme con ello pero ni modo, debo aceptarlo. Pero, en el caso, no me impide evocar el momento en que estuve cerca de esa mujer y tuve incluso que hablar en público junto a ella que, impasible, escuchaba lo que venía de un profano, así me sentí. Se trataba de un libro de fotografías de la obra que había realizado la Tupac Amaru, obra suya, creadora y animadora, espíritu vigilante, mezcla de voluntad y de sabiduría. Me sentí pequeño junto a ella, la sentí historia, me conmovió pero no disipó la diferencia, es muy probable que yo no pudiera jugar mi vida hasta ese punto, ella sí, admirarla no me redime, no me transporta a las dolorosas soledades de la Puna, me reduce a una vida urbana que transcurre pero no mucho más.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Un amigo, que acompañó a Arturo Frondizi cuando estaba retirado y seguramente enfermo, me hizo llegar el texto de una conferencia que impartió en 1989 en la Academia Nacional de Historia, sobre John F. Kennedy, de quien había sido, según reza el texto, amigo cercano, si los políticos de ese tamaño tienen amigos cercanos. Hacía tiempo que no había pensado en él y cuando me sucedía venía acompañado de un ligero sentimiento de culpa, no fui a verlo a Martin García, como lo había hecho mi entrañable Falucho Luna ni después, tampoco me acerqué a él cuando lo vi conversar animadamente con un obispo o algo semejante. Pese a que había trabajado junto a él y con él los dos años previos a la Presidencia me había dejado de lado cuando llegó a la Rosada, nunca supe por qué, nunca se me ocurrió que pudiera haber despreciado mis cualidades y méritos. Pero todo eso, como habría dicho el mencionado Luna, es historia y no importa frente a la visión que trata de ofrecernos respecto de Kennedy y su relación con él. Es curioso pero me parece que cuando refracta ciertos comportamientos de Kennedy parece borrar por completo los suyos, navega por aguas tranquilas mientras su Presidencia fue un torbellino de contradicciones, ideas inconclusas, compromisos asumidos y decisiones antagónicas de todo lo que parecía haberle sido propio antes de ser presidente. Da para un volumen de carácter contrastivo, entre cómo se presenta en ese discurso y lo que fue su presidencia y cómo fue su pasado. No mencionemos el tema del petróleo, ya muy trasegado, lo que va de <em>Petróleo y política</em> y la oposición a los proyectos del agonizante peronismo a sus concesiones a los tigres del petróleo internacional; pero podemos mencionar, cosa que él no hace, la designación de Alsogaray como Ministro de Economía y su olvido total del golpe militar que cortó ese proclamado sueño industrialista o industrializante que se llamó “desarrollismo”, el pacto con Perón, el plan Conintes y varias agachadas más. No hay rencores en su historia y por eso todo respira bondad, militares, curas, empresarios, los Estados Unidos pero no Cuba. ¿Sabiduría? ¿O aceptación? Debe ser por eso que el “modus” macreoideo lo menciona de cuando en cuando, como no tiene dioses adopta un santo. ¿Debía ir a visitarlo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El hecho de que <em>La Prensa </em>y <em>La Nación</em> hubieron visto la luz cuando el periodismo, tal como lo conocemos ahora, más o menos, estaba dejando muy atrás a los periódicos casi unipersonales del siglo XIX, les aseguró una posición imbatible. <em>La Nación </em>era el diario de las grandes subastas de tierras y ganados y la información de los fallecidos, <em>La Prensa</em>, lo era de los avisos de trabajo. Tal era su imperio que por un lado imprimían modos de pensar, uno en las clases “decentes”, el otro en las clases medias, y gravitaban sobre procesos políticos; consideraban, también, cuestiones culturales, leer uno u otro demandaba tiempo, pero no se podía prescindir de ellos si se contaba, naturalmente, con los centavos que costaban, la “Biblioteca La Nación” no es para nada de despreciar, tengo algunos volúmenes que irrumpían en la modestia literaria de fines del XIX y comienzos del XX. Entrado el Siglo XX hubo uno o dos intentos de romper esa hegemonía: <em>Crítica</em>, escándalos atractivos, plumas vanguardistas, <em>Noticias </em>Gráficas y <em>La Razón. Tod</em>os relacionados con un público o buscando público o creyendo que había un público. El público al que se dirigían, les era fiel y todo ese idilio empezó a fracturarse con la llegada del peronismo a la escena política y social. Al peronismo no le gustaba ninguno de ellos y, a medida que consolidaba su poder, los empezó a ver como problema, les redujo público, les quitó audiencia, un modo de pensar diferente empezaba a rechazar su pedagogía y su influencia y los obligó a reformular su estrategia comunicativa; ninguno de ellos fue favorable y en un proceso no muy largo algunos fueron perdiendo presencia y desaparecieron, los más fuertes, <em>La Nación</em> y <em>La</em> <em>Prensa</em> subsistieron, el primero cuidaba su lengua, el segundo se indignaba y enfrentaba al ya gobierno y éste, en una decisión tal vez arrebatada, lo cerró y lo convirtió en oficialista dando comienzo a su lenta desaparición aun cuando en 1955 los antiguos dueños pudieron recuperarlo.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.infoveloz.com/storage/13/11/25/06/fit722x442/1563503563_527014.jpeg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Otras tentativas para contar con diarios propios, como <em>La Época,</em> no prosperaron, no hay nada más efímero que un diario oficialista, y no lo es porque no se dirige a nadie en particular sino a proclamar virtudes propias y vicios ajenos y eso no funciona ni siquiera con los santos cuando explican lo que quieren hacer. En ese panorama a alguien, Roberto Noble, un político de origen demoprogresista, se le ocurrió que había una vacancia y creó un diario, <em>Clarín</em>, que no iba para un lado ni para el opuesto, que ponderaba y no definía y que, navegando en ese mar, subsistía y crecía hasta, lo estamos viendo en estos tiempos, convertirse en una potencia, con un poder absoluto en la prensa escrita y supongo que en otras y negocios millonarios y un poder de decisión que es la fuente de casi todas las desgracias políticas nacionales. Y, con eso, le va bien, ha capeado temporales, con sólo proponerse destruir a Cristina como objetivo supremo es un rector de la vida nacional, no afloja ni un centímetro, es poder y negocios y eso, al parecer, determina creencias y convicciones, o se negocia con él o la guerra. Es lo que está pasando.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La tentación de crear diarios es permanente en la Argentina; siempre hay alguien que no acepta la hegemonía de los dos grandes; así fue con <em>Crítica, </em>con <em>Democracia, </em>con <em>La Época</em> y con numerosas publicaciones menores, además de semanarios, algunos con mucha fortuna, otros menos y de diferente tipo. Pero el intento más logrado hasta ahora fue, creo, el de <em>Página/12</em>, fundado en 1987 y vigente todavía. Explícitamente diferente de los otros dos, en estilo como en pensamiento y en exigencias formales, implícitamente dirigido a un público urbano y más o menos ilustrado, con exigencia de lectura, de espíritu crítico y susceptible al humor, sin desdeñar sino al contrario, un trasfondo literario en el tono ensayístico de las presentaciones, no ha logrado superar la modestia de su formato ni la orfandad de apoyos publicitarios que lo sostienen, o contribuyen a su sostenimiento. El hecho de que la propiedad del diario es desde hace unos cinco o seis años del llamado “Grupo Octubre”, cuyo directivo es Víctor Santa María que al mismo tiempo es un dirigente importante del peronismo de la Capital, incide de alguna manera en la atención que el diario presta al material que presenta; pareciera que su carácter crítico, que está en su filosofía inicial, se centra en lo que importa al peronismo en general y al de la Capital en particular sin que ceda su apoyo al gobierno. De hecho, sería casi el único órgano de prensa que sin ser obsesivamente oficialista muestra lo que los otros medios ocultan o tergiversan pero, al mismo tiempo, no concede mucho espacio a registros que importarían a públicos parciales. Esa distribución es significativa y por momentos parece suplir aquello a que no presta atención apelando a material extra local, como si su público estuviera esperando información sobre lo que pasa en el mundo, en particular en el mundo de la cultura, el cine sobre todo, el rock, la sexualidad, la moda. No hay otra forma de escapar de las estrategias opositoras que niegan paladinamente lo que es más que evidente, así fue y sigue siendo el tema de la pandemia y la vacunación, que acudir a <em>Página/12</em> y apoyarla pero también extraña que excluya de su atención lo que importa a sectores de la sociedad argentina para los que el cine norteamericano, el rock, la moda, el lenguaje inclusivo, las sexualidades, son mucho menos interesantes que lo que pasa en el interior del país o en el corazón de la pobreza o en los rigores de la ciencia y la cultura. </p>



<div style="height:47px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 13 de octubre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></p>
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		<title>CRUCIGRAMA &#8211; POR MARTÍN KOHAN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2023 16:21:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Goloboff]]></category>
		<category><![CDATA[crucigramas]]></category>
		<category><![CDATA[Diarios]]></category>
		<category><![CDATA[información]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lateclaenerevista.com/?p=11991</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un diario a veces informa, aunque no donde se supone que lo haría.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/crucigrama-por-martin-kohan/">CRUCIGRAMA &#8211; POR MARTÍN KOHAN</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Un diario a veces informa, aunque no donde se supone que lo haría.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Martín Kohan*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es miércoles 22 de noviembre. En un bar de Recoleta, paso un rato leyendo el <em>Clarín</em>, que es el diario que en este sitio ofrecen a la consulta de los parroquianos. Examino con dispar pormenor sus secciones sucesivas: “Tema del día”, “El País”, “El Mundo”, “Opinión”, “Sociedad”; “Deportes”. Casi en el final, llego a la sección “Pasatiempos”, integrada por un “Sudoku”, el “Autodefinido”, “Trivialidades” (¿recién ahora?) y la “Claringrilla”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Me aboco a la Claringrilla. No es difícil, y por eso me sale: al cabo de pocos minutos, completo los diecinueve casilleros, valiéndome de las diecinueve definiciones. La frase que se formó, “un pensamiento de Henry Clay”, reza: “La patria de un hombre libre es el mundo entero”. Algo hace que no me remita al cosmopolitismo, que fue acaso la intención de Clay, sino a una eventual conexión entre sentirse libre y despegarse de la patria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Repaso las palabras que empleé para completar el crucigrama del día. Subrayo más de la mitad: “Desempate”, “Novedoso”, “Abombado”, “Prorrogar”, “Embaucar”, “Lastimoso”, “Hondonada”, “Terremoto”, “Recesión”; “Represión”. Las releo, las hilvano: desempate, novedoso, abombado, prorrogar, embaucar, lastimoso, hondonada, terremoto, recesión, represión. Prorrogar, embaucar, recesión, represión. Prorrogar, embaucar, recesión, represión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Todo esto en la sección “Pasatiempos”, con palabras que en otras secciones no están. Un diario a veces informa, aunque no donde se supone que lo haría.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 26 de noviembre de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</p>
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