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	<title>Deodoro Roca archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Deodoro Roca archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>LA MEMORIA INVOLUNTARIA DE LA LENGUA &#8211; POR DIEGO TATIÁN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Sep 2024 14:34:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudad de Córdoba]]></category>
		<category><![CDATA[Deodoro Roca]]></category>
		<category><![CDATA[Hoarcio Quiroga]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La lengua que hablamos, sostiene este texto, es resultado de un diálogo entre los vivos y los muertos que atesora una memoria involuntaria capaz de resistir<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-memoria-involuntaria-de-la-lengua-por-diego-tatian/">LA MEMORIA INVOLUNTARIA DE LA LENGUA &#8211; POR DIEGO TATIÁN</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a3624b9f25bddb4a9e6bbfdc5f9d06f"><strong><em>La lengua que hablamos, sostiene este texto, es resultado de un diálogo entre los vivos y los muertos que atesora una memoria involuntaria capaz de resistir la miseria de los tiempos y abrir un porvenir desconocido.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3fadab3a01e2871e4d77d33437f797d"><strong>Por Diego Tatián*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ad5e70b5447aeb3ef25300c3741b287">Desterrado en Chile durante el rosismo, Domingo Faustino Sarmiento publicaba por entregas el <em>Facundo</em>. Tras vibrantes páginas de escritura torrencial se llega al capítulo séptimo, donde el sanjuanino contrapone Córdoba y Buenos Aires, pues para comprender a Quiroga -sostiene con singular ortografía, que mantendremos en las citas-, es necesario “trazar la carta jeográfica de las ideas i de los intereses que se ajitaban en las ciudades”. El contraste entre ambas no puede ser mayor. “En cada cuadra de la suscinta ciudad -dice de Córdoba- hai un soberbio convento, un monasterio, o una casa de beatas o de ejercicios. Cada familia tenia entónces un clérigo, un fraile, una monja, o un corista” –lo que no impedía que esos conventos y monasterios estuvieran rodeados de rancherías contiguas en las que “mulatillas de ojos azules, rubias, rozagantes, de pierna bruñida como el marmol; verdaderas circasianas dotadas de todas las gracias” sirvieran como “cebo a las pasiones humanas, todo para mayor honra i provecho del convento a que estas huríes pertenecían”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65dc50a8471de142077989558076258b">De un solo trazo, la topología sarmientina establece los puntos principales de un boceto menos urbano que espiritual: hacia el poniente un estanque “de aguas muertas” encerrado por verjas de hierro; en la plaza principal la Catedral y a una cuadra de ella el convento de la Compañía de Jesús, donde desembocan túneles que se extienden por debajo de toda la ciudad para disimular calabozos en los que “la Sociedad&nbsp;sepultaba vivos a sus reos”. Y rodeada de conventos, la célebre Universidad de la que, dice Sarmiento, han salido muy distinguidos abogados, “pero literatos ninguno que no haya ido a rehacer su educacion en Buenos-Aires i con los libros modernos”. Una ciudad que no tiene teatro, que no conoce la ópera y en la que no hay de diarios: “Córdova no sabe que existe en la tierra otra cosa que Córdova”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7855ba1470aa3262368f3b5671ac3709">El <em>Facundo</em> interroga así dos ciudades a través de sus palabras. Mientras en Buenos Aires -“una ciudad entera de revolucionarios”- el <em>Contrato social</em> (que Moreno había traducido o hecho traducir en 1810) va de mano en mano, y Voltaire, Montesquieu, Tocqueville y Adam Smith circulan como el pan, en ese “claustro encerrado entre barrancas” que lleva el nombre de Córdoba “la conversacion de los estrados rueda siempre sobre las procesiones, las fiestas de los santos, sobre exámenes universitarios, profesion de monjas, recepcion de las borlas de doctor”; el <em>ergo</em> se oye en las cocinas y se desprecia los idiomas vivos, no sólo en la Universidad: también los artesanos, los mendigos, los ganapanes y los locos de la ciudad están inmersos en el latín y razonan en sus disputas como lo hacen los tratados teológicos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-99f3a897c5d1250bc09bdf989f13add6">Frente a la ciudad comercial y revolucionaria del puerto, se yergue una “catacumba española” sumida por completo en una lengua muerta. “No sé -agregaba por fin Sarmiento no sin desesperación- si en América se presenta un fenómeno igual a este; es decir, los dos partidos, retrógrado i revolucionario, conservador i progresista, representados altamente cada uno por una ciudad civilizada de diverso modo, alimentándose cada una de ideas estraidas de fuentes distintas: Córdova, de la España, los Concilios, los Comentadores, el Dijesto; Buenos-Aires, de Bentham, Rousseau, Montesquieu i la literatura francesa entera”, así diferenciadas por los libros y por las palabras que se pronuncian en una y otra. Puesto que no era una ciudad precisamente balbuciente, tampoco podía Córdoba ser simplemente considerada la capital de la barbarie sino más bien algo peor: una anomalía de la civilización, un exabrupto contranatura, un monstruo cultural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37235c86f990c597ec0ed6e401663342">Extraída de esta página -no resultará insignificante añadir que cuando escribió el <em>Facundo</em> su autor jamás había estado en Buenos Aires, ni en Córdoba-, una línea establece la incertidumbre que perdura desde entonces: “Hasta donde puede esto influir en el espíritu de un pueblo ocupado de estas ideas durante dos siglos, no puede decirse…”.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="750" height="450" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento.jpg" alt="" class="wp-image-13874" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento.jpg?v=1727274819 750w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento-300x180.jpg?v=1727274819 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento-243x146.jpg?v=1727274819 243w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento-50x30.jpg?v=1727274819 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/09/Domingo-Sarmiento-125x75.jpg?v=1727274819 125w" sizes="(max-width: 750px) 100vw, 750px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Domingo Faustino Sarmiento.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-330c71b6940e8db8a6b711e9215b668c">Años más tarde, en uno de los grandes textos que fue capaz de producir, Córdoba se debatía exactamente contra esa tradición de lenguaje y la denostación cultural de la Revolución, que es su mayor implícito. En las primeras líneas del <em>Manifiesto liminar</em>, que Deodoro Roca escribe pero no firma, se da por consumado un acto que no carece de vínculo con la página sarmientina que comentamos, y que consta de dos momentos: haber roto “la última cadena”, y haberse decidido a “llamar a las cosas por su nombre”. Una emancipación historicopolítica -romper con “la antigua dominación monástica y monárquica”, a la vez que “borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de mayo”-, y una liberación del lenguaje. Las palabras de las que el texto se vale para llamar “por su nombre” al estado de cosas universitario que acaba de ser destituido (“mediocridad”, “ignorancia”, “insensibilidad”, “burocracia”, “rutina”, “anacronía”, “sumisión”…), enseguida dejan paso a otras que procuran nombrar positivamente lo que aún no tiene nombre, el acontecimiento del que ese texto de intervención dirigido a “los hombres libres de Sudamérica” es el registro inmediato, casi simultáneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-34972a22c600fa4d846d7b16177c7295">El “sagrado derecho a la insurrección” que en 1918 se activa una vez más contra un “régimen administrativo”, contra un “método docente” y contra un “concepto de autoridad”, parece inmediatamente experimentar una excedencia que busca su propia comunicación, su expansión en el espacio y su transmisión en el tiempo. Se vive como una “revolución de las conciencias” que se abisma más allá de ellas hacia lo inexperiementado, en todas direcciones: reforma social, revolución cultural, fraternidad continental. Rareza innominada que, con prosa casi exhausta, la última línea del <em>Manifiesto</em> llama “la obra de la libertad”. Una obra no <em>de</em> Córdoba sino <em>contra</em> Córdoba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0c463bf0e9548c371ccc3570c91e486">El contrapunto entre dos ciudades de palabras tan distintas que Sarmiento detecta -o imagina- con precisión y brutalidad a la vez, no ha sido ajeno a la formación de un “idioma de los argentinos”, si es que esa singularidad jovenborgiana realmente existe. Desde entonces le han sucedido muchas cosas –le han sucedido la literatura y la muerte; le ha sucedido la historia. En escritores como Macedonio Fernández, Juanele Ortiz o Borges mismo es posible sentir un estado de felicidad de la lengua -no así por ejemplo en la de Arlt ni en la de Quiroga, que tuvo una vida rodeada de muerte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da6b404cc75914880586704f0deb83fe">Siendo niño, Horacio Quiroga vivió durante casi cinco años en Córdoba. Pocos meses después de haber nacido en la ciudad uruguaya de Salto, su padre -que era nieto de Facundo- se mató accidentalmente con la escopeta al finalizar un día de caza. Ocurrió frente a toda la familia, incluido el pequeño Horacio. Poco después, su madre decidió mudarse a Córdoba con los cuatro niños que debía criar. Ningún rastro queda de ese paso por la ciudad que Sarmiento había definido como un “claustro encerrado entre barrancas”. En su biografía de Quiroga, Pedro Orgambide sólo menciona un recuerdo -que no es un recuerdo cualquiera, como si el espíritu más íntimo de la ciudad hubiera sido captado por el pequeño Horacio-: el de una procesión a la que acude con su madre. “Le impresionan los rostros, las mujeres vestidas de negro, el sacerdote que imparte la bendición, las beatas arrodilladas en las veredas”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. En Córdoba, donde vivió hasta la edad de cinco años, Quiroga -podemos presumir- aprendió a hablar y hasta quizá alcanzó a contraer la característica tonada, que habrá perdido de inmediato tras el regreso a Salto en 1883.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13ad92970510082036dd51555b5a8525">Muchos años después imaginó para sus cuentos un título abismal -quizá uno de los puntos más altos de nuestra lengua. En el primer tomo de sus aluvionales <em>Recuerdos de la vida literaria</em> Manuel Gálvez relata que en 1916, inmediatamente después de fundar la Cooperativa Editorial Buenos Aires, le propuso a su amigo editar allí un libro suyo. Parco, Quiroga seleccionó algunos cuentos ya publicados en <em>Caras y Caretas</em> y se los entregó con este título: <em>Cuentos de amor de locura y de muerte</em>, “y no quiso que le pusiera coma alguna entre las palabras”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>. Así logró mantenerse en la edición original de 1917, pero desde entonces, tal vez por la demencia que trasunta, los editores suelen domesticarlo de este modo: <em>Cuentos de amor, de locura y de muerte,</em> que el mínimo añadido de la coma después de “amor” destruye completamente. La perfecta prescindencia de ese signo en el nombre original produce una circularidad vertiginosa y voraz en la que casi no es posible hacer pie: amor por la locura, locura que ama; amor por la muerte, muerte que ama. La íntima inherencia del amor, la locura y la muerte lograda por apenas la sustracción de la coma es destruida por su reposición, que convierte un título arrebatado al infierno en una simple enumeración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-48fd36608f99db07a127e34e227dcd5a">La importancia para su literatura de Tolstoi y Dostoievski; de Conrad y Melville; de Baudelaire y Verlaine; de Emerson y Thoreau; de London y Kipling (aunque sea verdad que Borges haya dicho lo que se le atribuye: “Quiroga es en realidad una superstición uruguaya que escribía mal lo que Kipling escribió bien”), hace que la tradición en la que se reconocen sus cuentos en la selva sea “el universo entero”. El universalismo quiroguiano se desvía el postulado por Borges en “El escritor argentino y la tradición”, y lo tensa. Pero no hay ningún deliberado color local en sus historias, sin embargo, locales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d657f092292bcc4aa566d9204affe7f1">Un campo de fuerzas literarias se forma en Buenos Aires en 1926. En ese año preciso Güiraldes publica <em>Don Segundo Sombra</em>, Arlt <em>El juguete rabioso</em> y Quiroga -que había vuelto de la selva misionera tras el suicidio de su primera mujer- <em>Los desterrados</em>. Como la de tantos otros libros, su marca en lo que decimos y el modo en que lo decimos es incierta, pero abona una memoria involuntaria de la lengua que se independiza de ellos y de su lectura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d27e4d6ca88f371d7ce0750eb36f2c45">Los que hablamos una lengua somos el campo de batalla diferido de los que la hablaron alguna vez, en el sentido en que los vivos lo son de los muertos según enseña Marx en el comienzo del <em>Dieciocho Brumario</em> –con la salvedad de añadir que, como los vivos, los muertos están en guerra entre sí y no sólo conjuran las revoluciones, a veces las inspiran. No obstante su indisponibilidad -o gracias a ella-, la memoria involuntaria de una lengua atesora sentidos incodificados con los que hacer frente a la “pesadilla” que inhibe el deseo de abrir el mundo hacia un porvenir desconocido. O al menos resistir la miseria de los tiempos y la derrota cultural que se intenta imponer para siempre: la pérdida de todo interés por la vida de los otros.</p>



<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a15d701128acede2b29128ec81caf80"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Pedro Orgambide, <em>Horacio Quiroga. Una biografía</em>, Planeta, Buenos Aires, 1994, p. 16.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da9350ba17822466a0bff059df9d46e8"><a id="_ftn2" href="#_ftnref2">[2]</a> Manuel Gálvez, <em>Recuerdos de la vida literaria (I)</em>, Taurus, Buenos Aires, 2002, p. 269.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a87e4cacce74f8d0733fc1125037f3c">Córdoba, 25 de septiembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86997aadc3dd5f97c08c35d29319c36c">*El autor es investigador del Conicet y docente de la UNSAM.</p>
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		<title>Dos apuntes de Deodoro Roca sobre la Doctrina Monroe &#8211; Por Diego Tatián</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 10 Jan 2026 14:54:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Deodoro Roca]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina Monroe]]></category>
		<category><![CDATA[Petróleo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Conocido como el alma intelectual de la Reforma Universitaria de 1918, Deodoro Roca lo es menos como escritor político involucrado en los dramas y dilemas históricos de los que fue contemporáneo. Su prosa de intervención es una cantera de ideas críticas, de renovada actualidad ante un mundo en el que el imperialismo y el fascismo no son meras cosas del pasado.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/dos-apuntes-de-deodoro-roca-sobre-la-doctrina-monroe-por-diego-tatian/">Dos apuntes de Deodoro Roca sobre la Doctrina Monroe &#8211; Por Diego Tatián</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c315335718ed1091a9561d158f838a57"><strong><em>Conocido como el alma intelectual de la Reforma Universitaria de 1918, Deodoro Roca lo es menos como escritor político involucrado en los dramas y dilemas históricos de los que fue contemporáneo. Su prosa de intervención es una cantera de ideas críticas, de renovada actualidad ante un mundo en el que el imperialismo y el fascismo no son meras cosas del pasado.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3fadab3a01e2871e4d77d33437f797d"><strong>Por Diego Tatián*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2b16e87ce0002df0035beb981d3d20a0">La explícita rehabilitación de la Doctrina Monroe por parte del presidente de los Estados Unidos como justificación de la agresión a Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro, no es un simple anacronismo político. Se trata más bien de una regresión a formas de colonialismo que revelan la fragilidad y la impotencia del derecho internacional para contrarrestar la fuerza de la pura fuerza, y hace uso, nuevamente, de ese recurso geopolítico enunciado por el presidente norteamericano James Monroe hace más de doscientos años. Se abre en América Latina un tiempo de amenaza ubicua y permanente de invasiones militares para el saqueo de recursos, que fue el objeto real de la doctrina Monroe, desde el despojo a México de más de la mitad de su territorio hasta la apropiación del canal de Panamá y la invención de la Guerra del Chaco Boreal entre Paraguay y Bolivia en la que murieron decenas de miles de combatientes de ambos países -una masacre sangrienta motivada en la disputa por el petróleo entre las empresas Standard Oil y Shell.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b7d232d890dc02749a542329117bcab6">El imperialismo norteamericano enmascarado en la Doctrina Monroe y su daño para los países de América, fue objeto de una persistente reflexión crítica de Deodoro Roca a lo largo de toda su vida. Su Tesis para obtener el grado de Doctor en Derecho, defendida el 31 de octubre de 1915 (quizá su primer escrito), lleva por título «Monroe – Drago – A. B. C. Reflexiones sobre la política continental», y comienza con un epígrafe de Theodore Roosevelt: “Debemos administrar la hacienda, recaudar las rentas y proveer a los gastos de ciertas repúblicas pródigas, manteniendo al propio tiempo un perfecto orden en su seno”. De manera intermitente pero constante -y se diría que casi obsesiva-, Deodoro vuelve a la crítica de la doctrina Monroe en un conjunto de escritos breves -todos los de él lo eran- durante los años ´20 y ´30 del siglo XX. Algunos de ellos son: “El imperialismo invisible” (1925)<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a>, “El drama de América” (1928)<a id="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>, “Mr. Monroe viaja a sus colonias” (1928), “El imperialismo del petróleo” (1935) o -el más esperanzado de la pronta caducidad de ese instrumento de saqueo- “La levita de bronce” (1936)<a id="_ftnref3" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba7d69a2fe2a943f04e1a482f754872a">Revisar esos textos cien años después resulta impresionante y desalentador. Vuelven a ser actuales por la sórdida evocación reciente de la doctrina que enfrentaban. Se experimenta una sensación de estar parados en el mismo punto, aunque esta vez sin el ánimo de un mundo en disputa en el que la fraternidad de los pueblos y la emancipación del dominio colonial -y otras formas de dominación- es lo que habrá de prosperar inexorablemente por el trabajo de los seres humanos en la historia. El punto es el mismo y no lo es. En un caso, la tarea crítica afronta con valentía una adversidad experimentada como provisoria y se orienta por la convicción de un nacimiento; en el otro, despojado de esa esperanza, el infortunio se acompaña de descreimiento e impotencia -lo que en un texto reciente Giorgio Agamben nombra con las antiguas palabras griegas <em>oligopistos</em> (disminución de la creencia) o directamente <em>apistía</em> (ausencia de toda creencia)<a id="_ftnref4" href="#_ftn4">[4]</a>. De aquí en más, será tarea del pensamiento y trabajo de la política no sólo la confrontación de la nuda violencia sobre las vidas precarias, sino antes la refundación de un horizonte de sentido no apenas declamativo ni puramente voluntarista, que movilice los corazones y las acciones hacia un mundo menos brutal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa7776a643eb2dcd97806e966627ef0a">Transcribimos a continuación dos de los escritos de Deodoro Roca antes mencionados, tomados de la edición más reciente de sus textos por la Universidad Nacional de Córdoba en 2009-2012.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" width="1024" height="423" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-1024x423.jpg" alt="" class="wp-image-18342" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-1024x423.jpg?v=1768056417 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-300x124.jpg?v=1768056417 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-768x317.jpg?v=1768056417 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-1536x635.jpg?v=1768056417 1536w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-260x107.jpg?v=1768056417 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-50x21.jpg?v=1768056417 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01-150x62.jpg?v=1768056417 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro01.jpg?v=1768056417 1800w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b628ce4bba466d5a2f27af51afec4e7f"><strong><em>Mr. Monroe viaja a sus colonias</em></strong> <strong><em>(1928)</em></strong><a id="_ftnref5" href="#_ftn5">[5]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6578367e531760c0a5128c544069daa7">La doctrina de Monroe –esa “impertinencia internacional”, como la llamara Bismarck; ese “estado intolerable”, como la calificara el gran jurista yanqui Whilton– consiste en una supersoberanía que se arrogan los Estados Unidos sobre todo el continente americano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc8a3e8dc9c4c9fd728ae21981813205">Es la más hipócrita de las doctrinas imperialistas. El mismo Polk –aquel que inició la marcha imperial para despojar a México– en una de sus fugas cínicas decía: “Ha nacido para tomarse lo que conviene que Europa no se tome”. Para los enunciados de los puritanos plutócratas, devotos de Monroe, América permanece niña. Es un mundo sonrosado, virginal, indefenso, incauto. Y Monroe su tutor. Lo que no impide que la gracia de su juventud enturbie los deseos y viole a su pupila.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-294a83f14d4abf1b8e2d2d8d4e9bd6d5">El problema de los pueblos latinoamericanos que no quieren caer en los declives de la imperial barraganía –análogo al de la inexperiencia juvenil– consiste en cobrar conciencia de los peligros que los rodea. El imperialismo afila sus garras en los Tratados que, a cambio de empréstitos públicos, autorizan a una potencia extranjera a intervenir en las aduanas y en ciertos conflictos interiores. Es la técnica de esas “violaciones” internacionales. El problema consiste también en evitar que las fuentes vitales de riqueza –la tierra, el subsuelo, los transportes– sean monopolizadas por sindicatos extranjeros; en incitar a la juventud a que siga las carreras especiales de la economía moderna, en redimir la economía del predominio extranjero de tipo imperial organizándola con técnicos y capitales propios. Y para ello es necesario en “nuestra América” otra estructura internacional: construir un mundo de nacionalidades libres e interdependientes. No una anfictionía política, como soñaba Bolívar, sino una anfictionía económica de naciones latinoamericanas, ahorrando en su raíz toda tentación imperialista. Más bien para “Nuestra América” pudo lanzar el gran Jefferson aquel apotegma: “El precio de la libertad es una eterna vigilancia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5271fd78e894720ec775a4675d78913e">Embriagada por su fácil y peligrosa prosperidad, América no vigila y fía su defensa en el propio milagro de su prosperidad. Entre las extraordinarias revelaciones ofrecidas al mundo por la reciente conferencia de La Habana, se cuenta la resistencia de los Estados Unidos al proyecto de codificación del Derecho Internacional Americano sancionado <em>ad referéndum </em>por la conferencia de Río. Cuando los plenipotenciarios de Versalles salvaron la de Monroe como “doctrina regional”, aludieron a la gran tradición federalista y significaron que los Estados Unidos estarían obligados a reconocer en el internacionalismo regional interamericano un procedimiento colectivo y mutuo de garantías. Jamás un derecho intervencionista, unilateral e individual, para su exclusivo uso. Aludieron en esa reserva a una garantía solidaria de seguridad e inviolabilidad para todas las repúblicas americanas. El pretexto de la resistencia fue “la especialísima organización federal” de los Estados Unidos. La razón cierta y oculta fue la de no ligar a una norma de derecho, mutuo y codificada, su hipócrita libertad de acción en un mundo de infinitas reservas y punto de apoyo a su indispensable expansión imperialista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bf6f99600028340857dbddb2513693be">La elasticidad de la doctrina Monroe es admirable. Flexible, ondulante, cambiante, ha servido ajustadamente a todas las necesidades de la Unión. Es la columna vertebral de la política americana y la más perfecta ganzúa internacional. Los “14” puntos de Wilson –el demócrata puritano– o los zarpazos de Theodore Roosevelt –esa clásica y magnífica fiera rubia– o ese apacible pescador de caña del “Maryland”, disimulan un mismo e idéntico espíritu.</p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-18344" style="width:594px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-1024x1024.jpg?v=1768056612 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-300x300.jpg?v=1768056612 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-150x150.jpg?v=1768056612 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-768x768.jpg?v=1768056612 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-146x146.jpg?v=1768056612 146w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-50x50.jpg?v=1768056612 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-75x75.jpg?v=1768056612 75w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-85x85.jpg?v=1768056612 85w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11-80x80.jpg?v=1768056612 80w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/01/Deodoro-11.jpg?v=1768056612 1350w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b3f1f2329bfdb85db002a3af70a21e8d"><strong><em>El imperialismo del petróleo (1935)</em></strong><a id="_ftnref6" href="#_ftn6">[6]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0bbe54a7d6c8408622b4953e811b84d">Cuando el cañón comenzó a tronar en 1914, el carbón y el hierro dominaban Europa y el mundo. Era un reinado de siglos. La firma de la paz fue también la de su derrota. A Su Majestad el Carbón ha sucedido Su Majestad el Petróleo. Sobre todo, después del invento de Diesel. Vivimos en la era del petróleo y sus esencias conducen nuestro destino. La historia de la próxima generación será la historia de la lucha por el petróleo. Los puntos vitales del mapa político mundial no serán ya París, Nueva York, Londres, Berlín, sino Bakú, Persia, Venezuela, México, Bolivia, Argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dee80f45acd4741570af07470bca4c16">El petróleo ha fomentado revoluciones en México, ha derribado presidentes y ha llevado a sus fronteras escuadras y ejércitos enemigos. El petróleo ha actualizado y, en parte, ha “creado” el problema de límites entre Bolivia y sus vecinos, o sea entre la “Standard Oil Company”, Argentina y Paraguay, convirtiendo el Chaco misterioso en una tolvanera. Con luz de petróleo se han alumbrado las últimas contiendas electorales en las provincias del extremo Norte argentino. La doctrina de Monroe –siguiendo la ruta de Hoover– llegará muy pronto, en uno de los barcos petroleros de la Unión, a las costas del Plata. Y llegará con fecha anticipada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84f4d3dc283878a07e64d755c3b933fe">En esa gran lucha de Leviatanes –la “Standard Oil Company” y la “Shell Company”– acaso el episodio más dramático haya sido el librado por la dominación de los petróleos rusos. Rusia es actualmente el punto de mira de todos los petroleros del mundo. Aparte de Rusia, los recursos de Europa –en petróleo– son muy limitados. Los Estados Unidos tienen que importarlo de México para su consumo. No es imposible que antes de diez años los Estados Unidos se vean forzados a importar petróleo de Rusia y Persia. Cuando un hombre está embriagado suelen asomar sus verdaderos instintos. Obra y habla conforme a su más sustanciosa verdad. Lo mismo ocurre con una nación en época de guerra o con los grupos industriales en tiempos de lucha. Durante las conferencias de Génova y La Haya los <em>trusts </em>internacionales del petróleo estaban en abierta pugna por la conquista de los yacimientos rusos. La historia de esas reuniones es la historia de sus intrigas y de sus propósitos. La más ilustrativa es la de Génova. Fue el punto de reunión de todos los petroleros de la tierra. Los reyes del petróleo, grandes y pequeños, se dieron cita en la ciudad italiana. Grandes figuras de la política mundial peroraban y dramatizaban las sesiones. Pero los petroleros mandaban. En La Haya los representantes de las naciones rectoras fueron expertos de segunda o tercera mano. Ni Lloyd George, ni Alphand, ni Cattier, ni ninguno de sus colegas eran conocidos o influyentes. Pero los grandes magnates del petróleo aparecieron en primera fila: sir Henry Detterding, presidente de la Royal Dutch; sir Walter Samuel, presidente de la “Shell”, y una multitud de monarcas menos importantes. El verdadero interés de las reuniones internacionales se desplaza hacia los “expertos” que asesoran a los diplomáticos. Son éstos los verdaderos representantes de las profundas realidades sobre las cuales aquéllas se deslizan. Mientras las grandes figuras internacionales dan el “do” de pecho, en las conferencias, los “tramoyistas” componen la escena del mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ced93c5e0707f6abfc08a00390b975fc">En el pequeño simulacro de estos días, compuesto para uso de paraguayos y bolivianos, nada cuentan los Siles o Guggiaris. Son apenas ingredientes de la fiereza ancestral o de la fácil embriaguez del Trópico, disparados como proyectiles por los expertos artilleros de la “Standard Oil”. Bolivia, en cierta ocasión, fue borrada de los mapas ingleses. Los yanquis, más eficaces, la han hecho desaparecer bajo una lluvia de oro. Sus aguas conducen a Yacuiba. El asunto es que en esas aguas no naveguen sino los marinos de la Unión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce7eceaf54e2ecc3a1573f40d186b79a">Ha sido un hábil simulacro, movido desde “Wall Street”, para experimentar su política futura en ese confín del Continente, empapado de petróleo. El incauto juego de afinidades y repulsiones servirá para corregir viejos y groseros esquemas de la América latina.</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-896d3c29879048e8b707d1131c5e7a9f"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Allí escribe con un dejo de ironía: “…en Washington comienza ya a insinuarse que la doctrina de Monroe se opone igualmente a la concesión de yacimientos petrolíferos situados en América, realizada en beneficio de naciones no americanas. Y simultáneamente se abre generosa la espita del capital yanqui y éste se derrama espléndidamente sobre todos los países americanos de habla española –principalmente sobre los que poseen yacimientos petrolíferos– y de pronto los ferrocarriles, las minas, las empresas de transportes, las industrias madres y aun los grandes servicios públicos son absorbidos por el capital yanqui que con un avance incontrarrestable se apodera de la dirección y control de nuestra economía…”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d0f051b7cc01be1fe35e96ed44caa010"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> “Esa cambiante y ondulante misión es el tentáculo de la doctrina Monroe, columna vertebral de la política internacional expansiva de los Estados Unidos. La acción continua de la oficina panamericana es el mal sutil y adecuado instrumento para lograr y legalizar determinadas medidas del sojuzgamiento yanqui”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40781cb2fa020a03ca316225b2c1a161"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> “Monroe va dándose cuenta de que su doctrina carece ya de vitalidad y de fuerza. La adhesión al pacto de la Sociedad de las Naciones de parte de todos los países del Continente, ha significado un golpe mortal para la famosa doctrina. No más tutela frente a la libre comunidad de naciones. Tarde o temprano, Monroe tendrá que llevar sus papeles a Ginebra”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb7de4f794e993ac877c33aac78ef05b"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Giorgio Agamben, “Creer y no creer”, en <em>Ficción de la razón</em>, 7/1/ 2026 (https://ficciondelarazon.org/2026/01/07/giorgio-agamben-creer-y-no-creer/)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5069db77f5c3e7896c9a410683b8213a"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> <a>Deodoro Roca, <em>Obras reunidas IV. Escritos políticos</em>, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2012, pp. 110-112.</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05f63756aae8b7a09d10d28a0d66dae5"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Deodoro Roca, <em>Obras reunidas IV. Escritos políticos</em>, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 2012, pp. 113-115.</p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bbe407f75c5f8ea733870eb2be1db12e">Sábado, 10 de junio de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86997aadc3dd5f97c08c35d29319c36c">*El autor es investigador del Conicet y docente de la UNSAM.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



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		<title>Libros: Las spinozistas “lecturas imaginarias” de Diego Tatián &#8211; Por Mariano Pacheco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Jan 2026 13:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mariano Pacheco]]></category>
		<category><![CDATA["Lecturas imaginarias"]]></category>
		<category><![CDATA[Cordobazo]]></category>
		<category><![CDATA[Deodoro Roca]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Tatián]]></category>
		<category><![CDATA[Spinoza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En "Lecturas imaginarias" Diego Tatián logra entramar, desde el trabajo que viene realizando desde hace décadas en torno al filósofo Baruch Spinoza, una colección de relatos que transitan en un híbrido que va y viene entre la filosofía y la literatura, estableciendo conexiones inéditas entre libros, recorridos biográficos y escenas históricas.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a41eed5d6fa29d3ae08b8e2f2439cff"><strong><em>En </em>«Lecturas imaginarias» <em>Diego Tatián logra entramar, desde el trabajo que viene realizando desde hace décadas en torno al filósofo Baruch Spinoza, una colección de relatos que transitan en un híbrido que va y viene entre la filosofía y la literatura, estableciendo conexiones inéditas entre libros, recorridos biográficos y escenas históricas.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd2385edfca9a2f1129cf00ec36a9fa3"><strong>Por Mariano Pacheco</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a6d0349d270c76bba6b6c81d1c319ee">Si en su trabajo específico con el concepto la filosofía nos permite situarnos críticamente (políticamente) en el mundo. En su abordaje de las fabulaciones de las que los seres humanos somos capaces, la literatura propicia un ensanchamiento de la imaginación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dd5dc1868c332adbd65e60861f4bbf39">En este caso, a través de veintiún nombres, y fechas, y lugares, se estructuran veintiún relatos, publicados en formato libro en 2020 por la editorial platense EME en su colección madriguera. Algunos de esos nombres, que aparecen zurcidos por los hilos de Spinoza en este trabajo de escritura/ imaginación que realiza Diego Tatián, son los de John Berger, Romain Rolland, Paul Celan, George Eliot, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Deodoro Roca, Wichy El Rojo (Luis Rogelio Nogueras), Elsa Morante, Malcon X, Roland Barthes, Zbigniew Herbert, Lu Andreas Salomé, Gustave Flaubert…</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc41cc775e720e8ec4c33aa40e8b2100">En tiempos de cerrazón de la mirada histórica, el autor de <em>Lecturas imaginarias</em> logra abordar la cuestión de la imaginación, no tanto desde una textualidad conceptual, sino desde la literatura. Así, el problema filosófico aparece trabajado desde un tipo de relato en el cual la imaginación es desplegada, puesta en juego en la escritura misma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f1acf344c2a6809100b44f73b871b0b3">Un ejemplo: Nueva Delhi, 11 de agosto de 1926, Roman Roland. Tatián plantea que, aunque el texto mismo no lo diga así, nada veda imaginar que el joven bengalí de esa historia que está contando, preso por resistir la ocupación británica en su tierra, apela al “relámpago Spinoza” para nutrir de lucidez filosófica el combate por la liberación. Así, el filósofo “pulidor de lentes” aparece, se hace presente, en una “imprevista ofrenda a la insumisión” que un olvidado activista, en las horas solitarias de su encierro, encuentra a través de la palabra escrita la posibilidad de formar comunidad con un desconocido escritor francés llamado Romain Roland, que había narrado su experiencia con la lectura de la <em>Ética</em> en un texto traducido al bengalí, llegado a sus manos por azar, y acaso sin saberlo, formaba asimismo comunidad “con miles de rebeldes de muchos tiempos, ya muertos e incluso aún no nacidos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac5fd49d249a08eca1699ea0e906a8aa">Otro ejemplo: Clarice Lispector, Virginia Woolf. Escribe Tatián: ese día, en un lugar alejado de allí, una joven de 20 años llamada Clarice comenzaba a vivir su vida y acababa de descubrir a Spinoza en un pequeño libro que leyó, como sucede con los libros que marcarán la vida para siempre, por casualidad. Virginia había leído el nombre del filósofo holandés en alguno de los libros que estaba presentes en la biblioteca de su padre, el escritor Leslie Stephan. De allí que entonces conjeture: “aunque las separaban 40 años, Clarice Lispector y Virginia Woolf se hubieran entendido, o al menos hubieran tratado de entender juntas la adversidad que se abate sobre criaturas tan delicadas como lo fueron ellas”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3669e89a4bc00999b75bfcdca84e4d98">Más cerca nuestro, al menos en la geografía, parece ser ese otro relato situado en Montevideo, el 3 de noviembre de 1943. “Aunque libros de ética hay muchos, nos gustaría imaginar que el volumen destacado en la biblioteca de esa obra, llamada <em>Constructivo con Flores y Reloj</em>, sea la <em>Ética</em> de Spinoza”, escribe Tatián, refiriéndose a una pintura de Joaquín Torres García, pintada sobre cartón, en Uruguay, luego de haber pasado un tiempo en Europa. “Que haya sido precisamente ese el libro descabalado traído de Madrid, que estaba en su taller al momento de componer esa pintura, no resultaría extraño y acaso se deba a un natural interés del pintor universalista, constructivo, en una filosofía escrita a la manera de los geómetras”, insiste Tatián, quien destaca que al filósofo y al pintor los unía cierta pasión por la geometría. “Si existe un spinozismo latinoamericano –remata– esta imagen debería estar albergada allí como conjetura de una inspiración”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7bfe5d075fbc2f3063e8010af0b00121">Por último, y más cerca aún de nuestras tradiciones nacionales, quisiera rescatar de esta colección de relatos ese que Tatián sitúa en su Córdoba natal, un 29 de mayo, pero no de 1969 –día en que la clase obrera protagoniza esa rebelión que pasó a la historia bajo el nombre de “Cordobazo”– sino de 1945. Para introducir esta historia da un salto hacia adelante, se sitúa en la tarde del 23 de abril de 2018, cuando la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba recibe una donación de 49 cajas con libros, que “por su significado simbólico y cultural constituían la biblioteca más importante de la ciudad”. Una parte de esa biblioteca que el doctor Deodoro Roca atesoraba en el sótano de la vieja casona de Rivera Indarte 544 había sido destruida el 24 de marzo de 1976, cuando comienza la última dictadura que, a través de un comando del temible Ejército entonces bajo el mando de Lucio Benjamín Menéndez, incendia el estudio jurídico de su hijo Gustavo. La otra mitad (unos 2.000 libros y folletos de arte, filosofía, historia, crítica cultural y humanidades) es la que va a parar a la mencionada Facultad. Entre esos libros se encuentra una edición francesa de la <em>Ética</em> de Spinoza. De allí que Tatián se pregunte si Deodoro habría leído alguna vez ese libro, y recuerde asimismo que el propio Gustavo mencionó que, en algún momento de 1945, su amigo Guevara (aún adolescente), mientras estudiaba en el Colegio Nacional de Montserrat, recorría con fruición los libros de la biblioteca de su padre, que había muerto tres años antes. Según el relato de Gustavo, una particular atracción ejercía sobre Ernesto los 23 tomos de las <em>Mil y Una Noches</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e2c2d89f86afa82d518661c90164109">“La biblioteca de Deodoro fue una pequeña república de las letras que reunió de manera efímera, como dos astros que se cruzaron en ella sin encontrarse, a los que acaso sean los dos nombres más importantes que ha dado Córdoba en su historia intelectual y política. ¿Se habrá detenido Ernesto en este libro de Spinoza, escrito en francés, una lengua que le era esquiva? ¿Habrá sido atraído por el nombre de su autor? ¿Lo abrió siquiera por curiosidad?”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a50744ec976c02f281ed13c9e8d7091a">Tatián se interroga mientras recupera esa historia que, en 1964, Eduardo Galeano contó en Cuba sobre quien pasó a la historia como El Che: resulta que a los 17 años Guevara había comenzado a construir una especie de “Diccionario de filosofía”, porque entendía que tanto él como sus amigos lo necesitaban. “Diecisiete años era la edad exacta de Ernesto cuando hurgaba en la biblioteca de Deodoro, invitado por su amigo Gustavo a la casona de Rivera Indarte”, puntualiza el autor de este libro, no sin destacar que, en ese proyecto de diccionario (cuyo original conserva el Centro de Estudios Che Guevara de La Habana), hay una entrada titulada “Spinoza, Benito Baruch”. Apenas una línea en Deodoro, una breve entrada en el Che y un libro, remata Diego Tatian: “el reformista y el revolucionario no alcanzaron a conocerse. Sin embargo, el materialismo aleatorio de lo real, otra manera de nombrar la magia de las cosas, a veces vincula a los seres de manera inesperada”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd9193c4a5227a41cb2da820c2916ec6">Cuando terminamos de leer estos veintiún relatos, y cerramos el libro, algo de esa magia que produce la escritura nos asalta por completo. Casi en estado de ensoñación –podríamos pensar, en sintonía con ese otro materialismo filosófico, el “ensoñado” promovido por León Rozitchner– nos dan ganas de cerrar los ojos, y soñar que en estos tiempos oscuros también nosotres podemos hacer serie con esas historias rebeldes, insumisas… Es entonces cuando recuerdo el consejo de Lenin: “es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños”.</p>



<div style="height:67px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a57526a60bc1f83e8038c27fc7a63bd1">Sábado, 17 de enero de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6dc24e74137d7e151c2da675c7dc70f1">*Escritor, investigador, periodista. Director del Instituto Generosa Frattasi.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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