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	<title>Democracia liberal archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sat, 23 May 2026 15:54:03 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Democracia liberal archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>¿2025 BAJO EL FASCISMO? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Dec 2024 00:04:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuánto sirve recurrir a la palabra fascismo para caracterizar nuestro presente? Mucho, si tiene sentido para pensar una novedad en las formas de dominio y despertar una reacción contundente ante la ofensiva de la extrema derecha. De nada, si sirve como consigna para un frente político centrista en 2025 que repita la tragedia como farsa.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark/">¿2025 BAJO EL FASCISMO? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1aa641d0cf0c23ab47c284c643e2c75e wp-block-paragraph"><strong><em>¿Cuánto sirve recurrir a la palabra fascismo para caracterizar nuestro presente? Mucho, si tiene sentido para pensar una novedad en las formas de dominio y despertar una reacción contundente ante la ofensiva de la extrema derecha. De nada, si sirve como consigna para un frente político centrista en 2025 que repita la tragedia como farsa.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2165b743d49dd643a3852d85c624619e wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong><strong></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4c4894217d8d1744ecd50c2c89f0656 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em><em></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e18af2532b47aaac2f175cbaebd8329 wp-block-paragraph">La discusión sobre si estamos o no en el fascismo es un estorbo, salvo que nos lleve a una verdadera discusión sobre a dónde estamos realmente ubicados. La mala idea de afirmar que si estamos ante el fascismo debemos entonces restringirnos a organizar un frente electoral antifascista es tan superficial que apenas si deja tiempo para considerar qué clase de fascismo sería éste. ¿Son neoliberalismo y fascismo necesariamente dos cosas incompatibles? Está a la vista que se trata de funcionamientos virtualmente convergentes y en algunos casos complementarios. ¿Cómo llamar a una forma del capital que secuestra la capacidad de las personas -de la gente, de los cuerpos, de la comunidad y de lo colectivo- para engendrar sentido? Y que explota económicamente la oscuridad y la caotización que difunde.<br><br>Y si esto es así, de nada sirve recurrir una idea “politicista” del fascismo. La mala idea de que al “fascismo” actual se lo puede derrotar por medio de una alianza “con el centro político” carece de valor, puesto que esa alianza ya la viene recorriendo el kirchnerismo elección tras elección desde hace años sin que las sucesivas “moderaciones” hayan logrado bloquear la ofensiva de la extrema derecha. Las dos premisas de ese frentismo con el centro son igualmente falsas: ni ese centro está comprometido a enfrentar las políticas del gobierno, ni bastará una mera alianza electoral para derrotar a la extrema derecha. A su vez, la idea tranquilizadora de que no estamos aun en un gobierno fascista porque el grupo de Villarruel, orgánico a lo que quedó del partido de militar, no es la fracción dominante en el gobierno, corre el riesgo de identificar lo fascista a una forma política estricta -a un modelo, tipo ideal, una Idea calcada de la experiencia italiana del siglo XX- que solo sirva para no reaccionar ante la gravedad que supone la extrema derecha en el poder. Dos entrevistas publicadas la última semana ayudan a organizar la discusión.<br><br>Ece Temelkuran, analista política turca exiliada en Berlín, ha dicho en una entrevista publicada la semana pasa en diario <em>El País</em> de España, que el populismo de derecha o la extrema derecha no son etapas previas sino “herramientas para establecer el fascismo». Por supuesto, ella no pretende que se pueda demostrar que cada gesto de la derecha extrema se corresponda con el fascismo histórico. No reclama ejercicios de erudición historiográfica. Dice “fascismo” para despertar un sentido de responsabilidad histórica ante tanta destrucción derechista. Temelkuran explica que el fascismo «no será un régimen autoritario que surja y mate gente, creando guernicas. Habrá confusión, demencia, teorías conspirativas, combinaciones extrañas de poder». Ella no se hace tampoco ilusiones con recrear una política de centro democrático: «La democracia liberal y la política centrista han sido corrompidas por el neoliberalismo. El capitalismo despiadado ha cancelado la principal promesa de la democracia, la igualdad. La gente no es estúpida. Entiende lo que está pasando». Más que oponer fascismo a democracia, como si el primero llegara de afuera, deberíamos tomar nota de que el fascismo surge como fastidio democrático: «¿Tiene sentido la democracia cuando no cumple su promesa de igualdad y dignidad para todos? No, es un vacío. El agotamiento proviene de que no sentimos el deseo de proteger esta forma de democracia. Por eso está fracasando. Cuando tiene sentido, vemos a la gente salir a la calle, arriesgando a veces sus vidas y haciendo algo por el país. ¿Qué se puede cambiar a través de la democracia? Estamos exhaustos, no admitimos que fuimos derrotados. La política centrista no admite la derrota. Por eso, en elecciones, votas por lo mejor de lo peor». Según Temelkuran, «el neofascismo se ha apoderado de la política y ha creado una decadencia moral, corrupción moral. Hay que hacer una declaración que hable de los valores morales básicos: ¿quieres que la gente muera de hambre? Yo no. Cosas simples. Hay que recordar por qué luchábamos, la igualdad y la dignidad».<br><br>Tengo amigos que dicen que decirle “fascista” a Milei es un facilismo, y tienen razón. Es una pereza en el esfuerzo de caracterización. Pero el riesgo de una pereza de signo opuesto está presente. Por eso, me parece importante la entrevista que el domingo 29 de diciembre <em>Perfil</em> publicó (entiendo que es la primera de dos entrevistas) a Franco “Bifo” Berardi. Allí, el pensador italiano afirma que el fascismo no es para él un peligro futuro, sino una realidad que se ha instalado en buena parte del mundo, sólo que no podremos reconocerlo si lo esperamos con los rasgos de su pasado clásico. En efecto: no hay marcha sobre Roma, Carta del laboro ni jóvenes futuristas esperanzados. El fascismo actual es impotente y señil: «Sé que muchos jóvenes que votan por Milei o Meloni son jóvenes que no tienen ningún futuro y lo saben. Son jóvenes que viven en condiciones de impotencia política y también, si puedo decirlo, de impotencia psíquica que se manifiesta, por ejemplo, a través de una epidemia de depresión. Entonces no es fascismo, es algo, si se puede decir, peor que el fascismo, porque sigue siendo violento y racista como fue el fascismo del siglo pasado, pero es una violencia que no puede lograr obtener sus objetivos. Es una impotencia que sigue reproduciendo las condiciones de la impotencia misma. Por eso, no creo que el siglo XX vaya a repetirse. No creo que abramos una resistencia antifascista que combatirá y ganará. No lo creo. Si queremos llamarlo fascismo, este fascismo de la impotencia va a producir una tragedia que ni podemos imaginar las dimensiones. El fascismo siempre produce tragedia. Pero ahora estamos al borde de una tragedia peor que la tragedia que ya hemos conocido».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4d50f825e56ad913ccb66b690646a63b wp-block-paragraph"><br>Por supuesto, conocemos de sobra cómo funciona esta violencia de la impotencia en el mundo actual. Bifo pone un ejemplo contundente de nazismo contemporáneo: «El pueblo israelí, el Estado israelí, sionista, está viviendo una tragedia, ha vivido una tragedia, está inscripta en la historia misma de Israel. Israel es el producto de una voluntad mala de los europeos, de los alemanes racistas, de los polacos, italianos, franceses que han ayudado a Hitler en la exterminación del pueblo judío. Pero Israel es también el producto de una decisión inglesa y europea de expulsar a los judíos de Europa. Antes los hemos exterminado, después los hemos enviado a una tierra inhóspita, que solo a través de la ferocidad, solo a través del genocidio podían sobrevivir. Bueno, el genocidio está aquí. Estamos asistiendo a una reproducción del genocidio nazi por las víctimas. La lección que tenemos que aprender de lo que pasa en Gaza es una lección terminal. Las víctimas pueden emanciparse de su papel de víctima solo si se transforman en verdugos. Esto es lo que aprendimos de la historia de Gaza».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3252900250a18d44ae113c5563f73141 wp-block-paragraph"><br>Bifo no se refiere a una forma política precisa, como un fenómeno de destructividad capitalista que ha logrado destruir la creencia misma de que es posible usar la técnica, la voluntad y el conocimiento para liberar el tiempo social, conciliarse con la naturaleza y emancipar a la sociedad. El fascismo actual es para él una forma de “fin del mundo” que se enseñorea humillando al sueño de una sociedad que lucha por su liberación. Neoliberalismos y nacionalismos reaccionarios son, en este nuevo mundo en el que el lucro y la valorización se proponen un triunfo definitivo, vertientes fácilmente yuxtapuestas. Bifo cree que así las cosas, solo queda desertar: «Antes que nada, tenemos que hacer como hacen miles y miles de jóvenes rusos y de jóvenes ucranianos, escapamos. Cuando hay guerra, cuando te imponen matar o ser matado, hay una sola elección ética, esta elección es escapar. Desertar. Pero el problema es que la deserción hoy no es una elección solo militar». Desertar del mundo que los fascistas están organizando es no desear, ni amar ni vivir en ese mundo. ¿Supone esta deserción un abandono de la lucha política? No lo creo para nada. Aunque sí creo que las formas de lucha política que no se alían con quienes desertan de este mundo -las que hemos conocido como <em>política progresista</em>-, son y serán incapaces de dar respuesta satisfactoria o adecuada a la gravedad que plantea el capitalismo por desposesión. ¿Cuál es la combinación adecuada entre deserción y lucha política contra la desposesión? Cabe esperar que 2025 sea un año de experiencias orientadoras en este sentido.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b02647448e64f0943103b91f760c913d wp-block-paragraph">Buenos Aires, 29 de diciembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2F2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark%2F&#038;title=%C2%BF2025%20BAJO%20EL%20FASCISMO%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark/" data-a2a-title="¿2025 BAJO EL FASCISMO? – POR DIEGO SZTULWARK"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/2025-bajo-el-fascismo-por-diego-sztulwark/">¿2025 BAJO EL FASCISMO? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 May 2026 15:52:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pueden-las-malas-personas-ser-buenos-gobernantes-por-buno-carpinetti/">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes? &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-508200d1a1001086341e893e5eb25c9b wp-block-paragraph"><strong><em>Apuntes dispersos sobre las sociedades sin doctrina.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db6913349aa1e79d5177fb88cd35b100 wp-block-paragraph"><em>“No puedes comprar la revolución. No puedes hacer la revolución. Sólo puedes ser la Revolución. Está en tu espíritu o no está en ninguna parte.”</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eb05f2d8f0a857c484ad260df0cd2c8c wp-block-paragraph">Los Desposeídos, de Ursula K. Le Guin</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cdce518c6a2ac45155aaac024044a6c1 wp-block-paragraph">¿Pueden las malas personas ser buenos gobernantes?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c8485cf53ee5994bcda9496ec79ccfd wp-block-paragraph">La pregunta resulta incómoda porque obliga a discutir algo que la política contemporánea intenta evitar desde hace tiempo: la relación entre conducta y poder. Pero también obliga a revisar otra cuestión todavía más profunda: la relación entre el individuo y la comunidad que lo forma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-52981c110928c0c27cf105997a2623a8 wp-block-paragraph">Porque ninguna persona existe completamente separada del ambiente moral, cultural y afectivo que la rodea. Las personas no nacen con una ética completamente formada ni con una identidad cerrada. Aprenden a ser quienes son dentro de una trama de vínculos, instituciones, ejemplos, límites y valores compartidos. Aprenden qué conductas son admirables y cuáles resultan vergonzosas. Aprenden qué puede hacerse y qué no debería hacerse. Aprenden, en definitiva, qué tipo de ser humano vale la pena intentar ser.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-812c71aa8188a07a46bd3494c2b1aa23 wp-block-paragraph">Y ahí aparece un problema central de esta época: la destrucción progresiva de toda idea de comunidad moral compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df14a76b6e4efd6857ae0d5327d42466 wp-block-paragraph">Antes incluso de responder qué entendemos por “mala persona”, quizás convenga preguntarse otra cosa: ¿qué tipo de sociedad produce determinadas conductas? Porque existe una percepción marcada por el sentido común, bastante transversal a distintas culturas y épocas, sobre aquello que solemos considerar moralmente degradado. Una mala persona suele ser alguien incapaz de reconocer límites frente al propio interés. Alguien que humilla sin culpa, que disfruta del daño ajeno, que manipula permanentemente, que traiciona con facilidad, que nunca asume responsabilidades y que considera a los demás apenas como instrumentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d43ddfdf8cbef44a064e31a3263aefbb wp-block-paragraph">Pero ninguna sociedad produce masivamente ese tipo de subjetividad por accidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c02668ce06e6c86c69ab9704285c93d wp-block-paragraph">Las conductas individuales no surgen en el vacío. Se moldean dentro de sistemas de premios y castigos culturales. Cuando una comunidad admira exclusivamente el éxito personal, la acumulación individual, la capacidad de imponerse sobre otros o la destrucción del adversario, termina produciendo personas entrenadas para sobrevivir en ese ecosistema moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4249fa37819f901b6c07e114e87f22d2 wp-block-paragraph">Por eso la pregunta sobre las malas personas nunca es solamente individual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37806ffd797a69671f0049b6c860698c wp-block-paragraph">También es social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5216bbfc54c47cd9cf4ba3301cab4c0e wp-block-paragraph">Porque resulta difícil construir individuos solidarios en sociedades organizadas alrededor del cinismo. Del mismo modo que resulta difícil sostener una comunidad sana cuando quienes la conducen naturalizan la crueldad, la humillación o la mentira como herramientas legítimas de ascenso y conservación del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b07bf115bc2b9b3ebd8f22957661e3b3 wp-block-paragraph">Sólo podemos ser mejores personas en una sociedad mejor. Y una sociedad solamente puede mejorar cuando produce individuos capaces de reconocer límites frente a sí mismos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-944d4f75f6a6ff2af75ea29eaa77ec2d wp-block-paragraph">Ambas cosas se construyen mutuamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14c7ebf583998b226b7a8912e99b223b wp-block-paragraph">No se trata de exigir santidad ni pureza moral. Todas las personas son contradictorias, egoístas o mezquinas en alguna medida. Pero existe una diferencia bastante intuitiva entre alguien que conserva ciertos frenos internos y alguien para quien toda relación humana queda subordinada a la ambición, el narcisismo o la necesidad de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73040ce079113c42850ba2ff2b977ec2 wp-block-paragraph">Y esos frenos internos no aparecen espontáneamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f531be04c80595be2fc58b037371778 wp-block-paragraph">Necesitan comunidad, educación moral, vínculos estables, instituciones respetadas y narrativas colectivas capaces de darle sentido a algo más grande que el deseo individual inmediato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-892b8db34817853838050e919a669553 wp-block-paragraph">Durante décadas, buena parte de los teóricos modernos de la democracia intentó convencerse de que la eficacia institucional era más importante que las virtudes personales. Que los sistemas podían funcionar incluso administrados por dirigentes cínicos, narcisistas, corruptos o moralmente miserables, siempre y cuando existieran controles, reglas y equilibrio entre poderes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef9eaff163c5fa9b5a4b552d08cf2048 wp-block-paragraph">La vieja fantasía liberal consistía en creer que las instituciones podían domesticar indefinidamente cualquier degradación humana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c01afdcb30beebd30e906c6fa7b10fe6 wp-block-paragraph">Pero quizás el gran problema contemporáneo sea precisamente el agotamiento de esa separación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1da52af8a595b797ff49c6167037963 wp-block-paragraph">Porque hay algo nuevo en la escena política de esta época. Y no tiene que ver solamente con la inflación, el colapso de los partidos tradicionales o el avance de las derechas radicales. Lo verdaderamente novedoso —y quizás lo más inquietante— es otra cosa: la crueldad dejó de tener costo político para convertirse en virtud pública.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ab3ae97b861650fd136e218cf9bdee6 wp-block-paragraph">Y ahí la pregunta inicial deja de ser filosófica para volverse urgente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-095f9164d69e8f4c74af4c99a6c2218d wp-block-paragraph">Porque si las malas personas pueden ser buenos gobernantes, entonces la degradación personal de los dirigentes sería apenas un problema secundario. Pero si la conducta termina moldeando inevitablemente el modo en que se ejerce el poder, entonces la crisis contemporánea es bastante más profunda de lo que parece.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-545b4be3571bfdd9fc30bc16cc699412 wp-block-paragraph">Después de todo, gobernar no consiste solamente en administrar recursos o diseñar políticas públicas. También implica decidir constantemente cómo se trata a otros seres humanos, qué sufrimientos resultan tolerables, qué límites no deberían cruzarse y qué tipo de vínculos se construyen entre poder y sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5446705b57ddcc7fbdcd93cc6e784896 wp-block-paragraph">Por eso resulta difícil creer que alguien cruel en lo personal pueda ejercer indefinidamente un poder humanizador en lo político. Tarde o temprano, la personalidad termina filtrándose en la forma de gobernar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-090b6615386f0e146079c4f971d233e2 wp-block-paragraph">Durante décadas, incluso los dirigentes más brutales necesitaban cierta escenografía moral. Había protocolos, moderación discursiva, formas mínimas de pudor institucional. Aun cuando gobernaban ajustando, reprimiendo o negociando privilegios obscenos, necesitaban disimularlo detrás de palabras nobles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-685b846ea575a1e7f4ae2602ff42ba27 wp-block-paragraph">Eso parece haber terminado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-147f77b5de6d44b70bd74216a9401047 wp-block-paragraph">Hoy la agresividad funciona como prueba de autenticidad. El insulto se volvió sinceridad. La humillación pública se transformó en liderazgo. Cuanto más brutal parece un dirigente, más “real” resulta para sociedades agotadas por años de hipocresía política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b871bb8b460ff707b1f6e2a7a2ec529f wp-block-paragraph">Donald Trump no modera porque no necesita moderar. Benjamin Netanyahu endurece porque la guerra permanente ya forma parte de la lógica de supervivencia de su liderazgo. Javier Milei grita, ridiculiza y degrada a sus rivales porque esa violencia no es un exceso temperamental: es el corazón mismo de su construcción política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-215d9d0024aecaafcb9902bd64e0cd73 wp-block-paragraph">No gobiernan a pesar de la crueldad. La crueldad es instrumental a su gobierno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b5d8c376571f93829f72f4a196bb854 wp-block-paragraph">Y quizás ahí aparezca una primera respuesta incómoda a la pregunta inicial: tal vez las malas personas sí puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas. Lo que resulta mucho más difícil es construir una política sana cuando la degradación moral deja de ser un límite y se transforma en identidad.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28a85890ce97b827e1b8125664bd0eff wp-block-paragraph"><strong>El fin de la vergüenza</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f003ae917f60d47b447f27cd2bcb292a wp-block-paragraph">La democracia liberal siempre convivió con hipocresías. Los dirigentes hablaban de igualdad mientras acumulaban privilegios, defendían la república mientras negociaban impunidad y prometían transparencia mientras construían sistemas enteros de favores, cajas y lealtades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff96db26038c5b17cd07f8184281da61 wp-block-paragraph">Pero existía al menos una frontera simbólica. Había cosas que convenía ocultar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-23353ddb8a3ec6bb4ae05634c8795305 wp-block-paragraph">Hoy esa frontera parece rota.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0f55f9703d179844a3d8dd36d510457f wp-block-paragraph">La política contemporánea ya no necesita coherencia moral para sostener legitimidad. Necesita impacto emocional. Necesita fabricar enemigos, organizar frustraciones y producir identificación afectiva inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3686e1b354e6ef9817f38e7e536a3e86 wp-block-paragraph">Por eso, durante mucho tiempo, el dirigente exitoso solía ser aquel que demostraba templanza, disciplina, capacidad de interpretación histórica y vocación de construir algo que sobreviviera a su propia figura. Se esperaba de él no solamente carisma, sino también formación, autoridad moral, sentido estratégico y cierta disposición al sacrificio personal en función de un proyecto colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1bf6ff26561becc27a64d0ab6d0e3f92 wp-block-paragraph">Hoy, en cambio, el triunfo político parece depender cada vez menos de esas cualidades. Gana quien consigue ocupar el centro emocional del conflicto, administrar la atención pública y convertir su presencia en un acontecimiento permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d8e6753ff2dea6097e464c79581c385 wp-block-paragraph">La política se volvió un dispositivo de intensidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a08228d432193beda3a572efaca239fd wp-block-paragraph">Y en ese escenario el mileísmo expresa bastante más que un experimento económico libertario. Expresa una sensibilidad histórica nueva: la reivindicación abierta de la crueldad social como forma de sinceridad política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4cad43a3ae4c641f9bd138c85addfb56 wp-block-paragraph">El ajuste deja de narrarse como tragedia y empieza a presentarse como limpieza moral. El sufrimiento aparece legitimado porque antes se construyó al otro como culpable: el empleado público, el periodista, el investigador, el militante, el sindicalista, el pobre asistido, el “ñoqui”, el “parásito”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f92bfa93610020b95c3c832487c04ea wp-block-paragraph">La violencia verbal no es un desborde. Es una tecnología de poder.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46e04ca79052c02854a3e6020691ea1b wp-block-paragraph"><strong>La moral del castigo</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-963ef470d86fe55041f43433c32ec13d wp-block-paragraph">Una parte importante de la sociedad argentina no votó solamente un programa económico. Votó también una fantasía punitiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1c678ff7ff81bc1ccff6b80d374d75ad wp-block-paragraph">Después de años de inflación crónica, deterioro material, frustración política y agotamiento emocional, el mileísmo ofreció algo extremadamente potente: una forma de canalizar el resentimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7c91d9309711511f01f67797bbac7fbd wp-block-paragraph">La “casta” funcionó menos como categoría política que como figura sacrificial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e231ee306f42e990cbb9750abd1ceaea wp-block-paragraph">Ahí reside buena parte de la eficacia del fenómeno. No organiza solamente preferencias económicas. Organiza emocionalmente el odio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8a7ac5be2d0f64d23f09ad12e5466a5 wp-block-paragraph">Y eso explica la centralidad permanente del insulto, la degradación pública y el lenguaje bélico. La política deja de ser administración del conflicto para transformarse en caza de brujas y en puesta en escena de enemigos permanentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6824eb0ef1aea54fe2d0d3e3b5310232 wp-block-paragraph">Pero sería demasiado cómodo creer que todo empezó con Milei.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4db17cfe9056a74bf2ee8f1b41173bb5 wp-block-paragraph">El problema es bastante más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1b017607d0b472bda4099a632ed96867 wp-block-paragraph">Porque si Milei expresa la brutalidad reivindicada, el gobierno de Alberto Fernández terminó encarnando otra forma de degradación contemporánea: la hipocresía convertida en método político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1624e8b8842b27bf8ee2fa1466fd9f7 wp-block-paragraph">Durante años el Frente de Todos intentó sostener una narrativa basada en la moderación republicana, el progresismo institucional y cierta superioridad ética frente al macrismo. Pero el derrumbe terminó siendo devastador precisamente porque la distancia entre discurso y conducta se volvió obscena.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-97d461592a8410a123349fb26d7cc76d wp-block-paragraph">No fue solamente el fracaso económico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aec7316d5255d57915f62ae3336de457 wp-block-paragraph">Fue algo más corrosivo: dirigentes que hablaban permanentemente de cuidado, responsabilidad y perspectiva de género mientras reproducían prácticas profundamente contradictorias con aquello mismo que proclamaban defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f8dab65b152d73d4d43b859be3c99b2 wp-block-paragraph">Y cuando esa distancia se vuelve demasiado grande, el problema deja de ser moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-569ea744262bbf9719684af16432647c wp-block-paragraph">Se vuelve político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d810f4517a2b307df5488393b9b59c5c wp-block-paragraph">Porque la autoridad empieza a vaciarse desde adentro.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="353" height="386" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg" alt="" class="wp-image-19849" style="width:444px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che.jpg?v=1779551051 353w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/che-274x300.jpg?v=1779551051 274w" sizes="(max-width:767px) 353px, 353px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: Grupo Crónica.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cccecacc1b9b5ff43497ae18e5d5cc3 wp-block-paragraph"><strong>Lo que la política perdió</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08a4e3ad6d59ebf62aecc7382b56dafe wp-block-paragraph">Quizás la discusión más importante de esta época ya no pase por las identidades políticas tradicionales ni por las etiquetas con las que durante décadas se ordenó el debate público.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac430ccfb4dbf8c906888e20b2c44108 wp-block-paragraph">La pregunta más profunda parece ser otra: si todavía existen límites capaces de ordenar la conducta del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-feaa190b1bab76965e69f13b56d8a0cf wp-block-paragraph">Porque en el fondo, preguntarse si las malas personas pueden hacer buena política es preguntarse si la política puede sobrevivir sin alguna forma de ética compartida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8fb08cdbdf4296944abb295fff5c3750 wp-block-paragraph">Las ideologías todavía sirven para construir relatos, generar pertenencias y movilizar emociones. Lo que ya casi no hacen es imponer frenos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62e75f7e86ec635ffa8562d8d8f6c93c wp-block-paragraph">Las doctrinas, en cambio, cumplían otra función.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a48839d494f72c17bf49273e402d518 wp-block-paragraph">No eran solamente programas políticos ni plataformas de gobierno. Eran sistemas de valores que pretendían moldear conductas individuales, disciplinar ambiciones y establecer una ética de pertenencia colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-475fb4e377a6d541e973fd2de868944b wp-block-paragraph">La importancia histórica de las doctrinas no residía únicamente en su capacidad para organizar modelos económicos o construir identidades políticas. Su función más profunda era actuar como mecanismos de formación moral. Le decían a las personas no solamente qué pensar sobre el mundo, sino también cómo comportarse dentro de él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-36c37171a80823b2ef0371099bb0d1bc wp-block-paragraph">Durante buena parte del siglo XX, las grandes tradiciones políticas todavía conservaban esa pretensión pedagógica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5be1c0b3f8982a798051ab81e7863d07 wp-block-paragraph">La doctrina peronista, por ejemplo, no se limitaba a proponer un modelo económico o una forma de organización social. También buscaba definir virtudes personales: la lealtad, el sentido de comunidad, la responsabilidad social, cierta idea de austeridad y de subordinación del interés individual a un destino colectivo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-607633ddcfa4795a3506db596e3b2603 wp-block-paragraph">Algo similar ocurría en otras experiencias revolucionarias del continente. El guevarismo imaginaba al “hombre nuevo” como una transformación moral antes que solamente política: alguien capaz de sacrificar comodidad, prestigio o beneficio personal en nombre de una causa común.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6fd51a4db16b2b8f7c18c7a7c1735559 wp-block-paragraph">Podrá discutirse cuánto de esas aspiraciones se cumplió en la práctica. Pero incluso sus contradicciones revelaban algo importante: existía la idea de que la política debía imponer obligaciones morales sobre quienes ejercían representación o militancia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4860b0ac96ddb02d337abea776732a0c wp-block-paragraph">La doctrina funcionaba así como un límite interno frente al oportunismo absoluto. Introducía la noción de que no todo deseo era legítimo, no toda ambición era honorable y no toda acción eficaz resultaba moralmente aceptable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c23a71d943abd5b11f7974f234e30a66 wp-block-paragraph">Y ahí aparece uno de los grandes vacíos contemporáneos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d561ea7c8e67f70c4a254a2171b39a45 wp-block-paragraph">La política todavía discute ideas y consignas. Lo que perdió fueron los límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e36dcd8318dcb044ed8975fbeab6e9b wp-block-paragraph">Todo queda subordinado a la eficacia comunicacional, el algoritmo, el impacto emocional, la lógica electoral o la supervivencia inmediata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e66e13fab1000011415474ce3d799a3f wp-block-paragraph">Por eso el cinismo dejó de ser una excepción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60b2fc22714ec2980d79a19e74339579 wp-block-paragraph">Se convirtió en método.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1548f9a8f37ea916899901a7ef33a548 wp-block-paragraph"><strong>Religión, disciplina y sociedades resistentes</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68553a2004479904fa3e3de0beae5b01 wp-block-paragraph">Tal vez por eso algunas tradiciones religiosas siguen resultando tan incómodas para la sensibilidad política contemporánea.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a24d3afff3cb5856adf00c32c9f3924 wp-block-paragraph">Porque recuerdan algo que las democracias liberales muchas veces prefieren olvidar: ninguna comunidad se sostiene solamente mediante derechos abstractos, administración técnica o incentivos materiales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-edff9d825020c3c080b0113ac627f632 wp-block-paragraph">Toda sociedad necesita reglas sobre la conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa68b13bc7e5c6650c79dbb323016f19 wp-block-paragraph">El Islam quizás sea uno de los ejemplos más visibles de esa lógica porque articula fe, práctica cotidiana y pertenencia colectiva dentro de una misma estructura doctrinaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bdec754bfd7c075c6b69e8b051cff15c wp-block-paragraph">La oración organiza el tiempo. El ayuno introduce disciplina. El zakat —la caridad obligatoria— transforma la solidaridad en mandato concreto y no en gesto ocasional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-313069ca7d1babbf59a87b3ac2f7ecd2 wp-block-paragraph">La religión aparece así no solo como sistema espiritual sino también como estructura de cohesión social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-697b84e56c3d3803b648f373baec7bff wp-block-paragraph">Y eso ayuda a entender parcialmente algo que desconcierta a gran parte de los análisis occidentales: la persistencia de la República Islámica de Irán incluso después de décadas de sanciones, aislamiento, deterioro económico y conflicto permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0701820f3ef28b37a17ecec3e37e23c1 wp-block-paragraph">Más allá de las diferencias internas, el desgaste generacional y las tensiones sociales, el régimen iraní conserva una capacidad de resistencia que no puede explicarse solamente por coerción estatal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ea41977449f381a65e5d3c936d80d72 wp-block-paragraph">Existe allí una estructura cultural, religiosa y moral capaz de producir liderazgos múltiples, disciplina colectiva, sentido histórico y disposición al sacrificio incluso en contextos extremos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75cfdfd41f8f581f2c39f99c9c710607 wp-block-paragraph">En sociedades profundamente individualizadas, sostener esfuerzos prolongados se vuelve cada vez más difícil. Todo aparece fragmentado: las identidades, las lealtades, incluso la idea misma de comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-df30b5d09d46cbcb0180a6895788ed22 wp-block-paragraph">Irán muestra algo que la política liberal contemporánea suele subestimar: los órdenes más resistentes suelen ser aquellos capaces de articular poder, conducta y sentido dentro de una misma narrativa colectiva.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98af9be6f1db802c1784abbcc7338ed3 wp-block-paragraph"><strong>El Estado ausente y las experiencias incómodas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c5ebe071be492783a50e3c33f93787e wp-block-paragraph">En Argentina esa discusión aparece con especial crudeza en lugares donde el Estado fracasa sistemáticamente: cárceles, consumos problemáticos, exclusión extrema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bb809cc2a3883d280a5534ef27f627e wp-block-paragraph">Y es precisamente ahí donde emergen experiencias incómodas para buena parte del progresismo contemporáneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-495d7e210594a8f1a9a6cea08f5c7698 wp-block-paragraph">Los pabellones evangélicos dentro de las cárceles argentinas suelen mostrar menores niveles de violencia y mayores procesos de reorganización personal que muchos dispositivos estatales tradicionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-991ea372f96fcbcbac9e38b4beff0369 wp-block-paragraph">Lo mismo ocurre con numerosas comunidades religiosas de recuperación de adicciones en barrios populares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fd89092956969027ec858aafb8ba8d2 wp-block-paragraph">No porque posean tecnología sofisticada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-09b630cf4f91b20841f241c1e08ccbbe wp-block-paragraph">Sino porque trabajan sobre algo que gran parte de la política moderna dejó de saber nombrar sin incomodarse: disciplina, rutina, límite, responsabilidad, conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ce1b10a11bbc8496aac125b1277c09a9 wp-block-paragraph">Entienden que recuperar a alguien no consiste solamente en reconocer derechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c5ab98ffc0a6bcefdda054cb621a1f20 wp-block-paragraph">También implica reconstruir hábitos, vínculos y sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5a18077d801687108e423eb2b9acf8d wp-block-paragraph">Y ahí aparece una tensión profunda de las democracias contemporáneas. Temen —muchas veces con razón histórica— que toda exigencia moral derive en autoritarismo. Pero al mismo tiempo tienen enormes dificultades para reconocer el problema inverso: cuando ninguna conducta puede exigirse, el tejido colectivo empieza lentamente a desintegrarse.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="538" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg" alt="" class="wp-image-19851" style="width:773px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-1024x538.jpg?v=1779551175 1024w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-300x158.jpg?v=1779551175 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin-768x403.jpg?v=1779551175 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/05/El-Acorazado-Potemkin.jpg?v=1779551175 1200w" sizes="(max-width:767px) 480px, (max-width:1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: El Acorazado Potemkin. Grupo Crónica.</em></figcaption></figure>
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<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1f1e1a957a3887bc89086d77af2baeea wp-block-paragraph"><strong>La política sin doctrina</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c684f878324660a55baf3490e8f7ace1 wp-block-paragraph">Tal vez el problema contemporáneo no sea solamente la corrupción económica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40cda0f1ffc8b0fa1112e5c62c4a5565 wp-block-paragraph">Tal vez el problema más profundo sea la destrucción progresiva de todo horizonte ético compartido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46f6597be112c9f6a679f1e789675487 wp-block-paragraph">Porque las sociedades pueden tolerar inflación, deterioro material e incluso largos períodos de decadencia. La historia está llena de pueblos que sobrevivieron guerras, hambrunas y crisis devastadoras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25f79b1f8b49e5b5954573a274cec991 wp-block-paragraph">Lo que resulta mucho más difícil de sostener es la sensación de que nadie cree realmente en aquello que dice defender.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db8198c5847693972ce315e1c483dc05 wp-block-paragraph">Ese es quizás el verdadero núcleo del malestar contemporáneo: no solamente la pobreza, la inseguridad o el fracaso económico, sino la percepción creciente de que la política se convirtió en un espacio completamente separado de cualquier obligación moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d9e0261f2a6540d462ea05657a43256 wp-block-paragraph">Cuando la política pierde toda relación con la conducta, todo se vuelve táctica, algoritmo, comunicación instantánea y administración emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-457df88569a6d97ca7310a28be5344c4 wp-block-paragraph">Ya no importa la verdad sino el impacto. Ya no importa la coherencia sino la capacidad de dominar la conversación pública durante algunas horas. La política deja de organizar proyectos colectivos y pasa a gestionar estímulos, indignaciones y enemigos transitorios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec90018149b4b7a352abe5dc449717b5 wp-block-paragraph">Las redes sociales terminaron acelerando brutalmente ese proceso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73d793e6d58f11da3698e46d363c20d3 wp-block-paragraph">Gobernar empieza a parecerse cada vez más a producir contenido. El dirigente exitoso ya no es necesariamente el más preparado ni el más honesto, sino el que logra monopolizar la atención, humillar mejor al adversario o convertir cada conflicto en espectáculo permanente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-011a2ec235658577f1887920ccee1ead wp-block-paragraph">La indignación se monetiza. El escándalo genera centralidad. La agresión produce identidad grupal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69c71d547494d5243f2fcd5c2b6a0d46 wp-block-paragraph">Y entonces aparece una mutación cultural extremadamente peligrosa: la sociedad empieza lentamente a admirar rasgos que antes consideraba degradantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1061bf91a9a85cee573d8901aa339de5 wp-block-paragraph">La crueldad se interpreta como fortaleza. La falta de empatía se vuelve signo de carácter. El cinismo pasa a confundirse con lucidez. La vulgaridad aparece como autenticidad. Y la capacidad de destruir emocionalmente al adversario comienza a percibirse como liderazgo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11e96bbd7bb2aaf2cdb1ba3ed3cb819a wp-block-paragraph">No se trata solamente de un problema ideológico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d09c57787a9bab37129c35e789b164b1 wp-block-paragraph">Es algo más profundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9b90f5792ea455bada93411768e3a12 wp-block-paragraph">Es una transformación antropológica de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3e4c4d9396acf58fdebe374ad0233e78 wp-block-paragraph">Porque cuando una sociedad naturaliza que sus dirigentes mientan sistemáticamente, humillen públicamente, disfruten del daño ajeno o gobiernen desde el resentimiento, el problema deja de pertenecer únicamente a quienes ejercen el poder. Empieza a modificar también los vínculos sociales, las conversaciones cotidianas y la forma en que las personas aprenden a relacionarse entre sí.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b91e0d46d2d79cd1b81bfedaffc7f69a wp-block-paragraph">La degradación política nunca permanece encerrada dentro de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ecb7cd0aa25b4bfe7a50535b6cbb7683 wp-block-paragraph">Desciende.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb75c1c0cb47ef6098ea3a6fe01338bb wp-block-paragraph">Se filtra en las familias, en las escuelas, en los medios, en las redes, en el lenguaje público y finalmente en la vida cotidiana.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55a30214ee8b217fced611256554fa22 wp-block-paragraph">Por eso las sociedades sin doctrina terminan volviéndose sociedades sin límites internos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39dc50b8dff2f6391ca1c868efc91711 wp-block-paragraph">Ya no existe una ética compartida capaz de ordenar conductas más allá de la conveniencia inmediata. Todo queda subordinado a la lógica de la eficacia, el beneficio individual o la supervivencia tribal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f472e79626cf9b6b8efa7929b7820d04 wp-block-paragraph">Y cuando eso ocurre, incluso las democracias conservan apenas su superficie institucional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-452479593fb7e5374b5ba09004787b1b wp-block-paragraph">Siguen existiendo elecciones, congresos, tribunales y discursos republicanos. Pero lentamente desaparece aquello que permitía que las instituciones funcionaran: cierta idea de responsabilidad, de autocontención y de obligación moral frente al otro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-20ee45c4d9b5b899c8090c2daef0174a wp-block-paragraph">Ningún sistema político puede sostenerse indefinidamente si sus élites pierden toda noción de límite.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-38920e6d366b9bdc1b8b6f574debd0f6 wp-block-paragraph">Porque el problema de las malas personas no es solamente que puedan llegar al poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff4eb65f965008f4683c2ee98f766f7e wp-block-paragraph">El problema es que, una vez allí, tienden a reorganizar toda la cultura política a su propia imagen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2e012fd07b49c272fef6f794e629774 wp-block-paragraph">Y quizás ahí pueda ensayarse una respuesta final a la pregunta inicial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6aedf4d6d1fc94dd93058502e937973 wp-block-paragraph">Sí, probablemente las malas personas puedan conquistar el poder, ganar elecciones e incluso administrar coyunturas favorables. La historia demuestra que muchas veces pueden hacerlo con enorme eficacia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f28121f61e18c3f47f3220c4c652ffff wp-block-paragraph">Lo que difícilmente puedan construir es una comunidad política sana, estable y duradera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b6ef945096fb66794b4bb130d05e156f wp-block-paragraph">Porque tarde o temprano el poder termina pareciéndose a la moral de quienes lo ejercen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73c178b3e95a857be347ab7be3fe9629 wp-block-paragraph">Y cundo la crueldad deja de ser un límite para transformarse en virtud, la política deja gradualmente de producir ciudadanía y empieza a producir otra cosa: sociedades resentidas, fragmentadas, emocionalmente agotadas y cada vez más incapaces de distinguir entre liderazgo y destrucción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-084a5cb87ca7b9ac48a563086a742df8 wp-block-paragraph">Ahí empieza el verdadero peligro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f6829770d7dde50493d3d409bd0d1d2f wp-block-paragraph">No cuando aparecen dirigentes brutales, oportunistas o cínicos —eso existió siempre—, sino cuando las sociedades empiezan a percibir esa degradación como algo normal, inevitable o incluso admirable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40df29ee185ad692f65f87b69ad78ea6 wp-block-paragraph">Porque en ese momento la crisis deja de ser solamente política y se vuelve civilizatoria.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2dd694f2c94710f17ae90422caa2cb2a wp-block-paragraph">Sábado, 23 de mayo de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://panamarevista.com/wp-content/uploads/2026/03/img_1773775149_6032.webp" alt=""/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3afecb1ad371fd27b92f4300a9b5886f wp-block-paragraph">Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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