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	<title>Daniel Rosso archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Daniel Rosso archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El malevaje semiótico &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Nov 2020 20:11:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
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		<category><![CDATA[Ajuste]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
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		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Rosso sostiene en esta nota que el malevaje semiótico patrulla el periodismo nacional como si fuera una banda de piratas del lenguaje buscando redefinir el espacio público sustituyendo argumentos por sustantivos acosados. Los ejemplos más claros: las adjetivaciones descalificadoras sobre el nombre Cristina Fernández de Kirchner, y la utilización de la palabra ajuste.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-malevaje-semiotico-por-daniel-rosso/">El malevaje semiótico &#8211; Por Daniel Rosso</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Daniel Rosso sostiene en esta nota que </em></strong><strong><em>el malevaje semiótico patrulla el periodismo nacional como si fuera una banda de piratas del lenguaje buscando redefinir el espacio público sustituyendo argumentos por sustantivos acosados. Los ejemplos más claros: las adjetivaciones descalificadoras sobre el nombre Cristina Fernández de Kirchner, y la utilización de la palabra ajuste.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fórmula del discurso opositor suele ser el acoso: un sustantivo aislado atacado por varios adjetivos pendencieros. Así la oposición traslada la estructura del tumulto callejero al lenguaje para reeditar allí la vieja práctica de la emboscada. Desde hace tiempo, por ejemplo, el nombre Cristina Fernández de Kirchner, es abordado y acosado con una larga serie de adjetivos calificativos descalificadores. En un solo discurso, hace unos años, el youtuber Álvaro Zicarrelli dijo ante una cámara televisiva refiriéndose a la actual Vicepresidenta: “guanaca, víbora, arpía, yegua, mentirosa, miope, cerrada y negligente”. Se trata de un modo fordista de producir un relato: una vez elegido el sustantivo a agredir todo se resuelve con una cadena de producción de metonimias. Este malevaje semiótico patrulla el periodismo nacional como si fuera una banda de piratas del lenguaje. ¿Qué buscan? Redefinir el espacio público sustituyendo argumentos por sustantivos acosados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los últimos días, los principales columnistas de la oposición mediática han elegido la palabra “ajuste”, la han repetido hasta el hartazgo, la han emboscado, la han rodeado con su pequeño ejército de adjetivos militantes y la han incorporado al relato destitutivo. ¿Qué es lo que dicen? Que el gobierno nacional está implementando un ajuste en el marco de la negociación con el FMI. Por eso, ese sustantivo “ajuste” fue rodeado de los adjetivos brutal, ortodoxo, tradicional, VIP o Premium, médium y nacional y popular, entre otros. Lo notable de esta operación es que atacan al gobierno utilizando el discurso crítico histórico de la coalición gobernante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La oposición política y mediática utiliza tres relatos en su tarea sistemática de intentar quitarle legitimidad al gobierno.</span></p>
<ul style="text-align: justify;">
<li><span style="color: #000000;">El primero, dirigido prioritariamente a activar la oposición dura a la actual administración gubernamental. Es el relato que insiste en que el gobierno ataca a la propiedad privada, promueve las expropiaciones y las usurpaciones y no protege al capital que, entonces, se ve obligado a retirarse del país. Este discurso es el que busca mantener movilizado al componente de derecha más clásico de la sociedad argentina. Tiene un presupuesto fuerte: supone que si se va el capital también se van los argentinos y las argentinas. Es decir: lo que estructura al país no son los gobiernos sino los empresarios. Por lo tanto, habría una disputa entre la legitimidad democrática y la legitimidad capitalista. Serían dos actores en pugna: el que nace de la política, es decir de los votos, y el que nace de la economía, es decir del capital.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">Un segundo discurso está orientado a disputar la cultura liberal republicana de la sociedad argentina, la que intenta representar el Presidente Alberto Fernández. Es el que sostiene que el gobierno recorta libertades, es autoritario y sólo busca la impunidad para la Vicepresidenta y sus ex funcionarios. Sobre esta cultura en disputa la oposición política y mediática viene sosteniendo una fuerte ofensiva.</span></li>
<li><span style="color: #000000;">El tercero y más reciente de los discursos, es el que asegura que el gobierno comienza a poner en práctica una serie de políticas de ajuste en la economía, en el contexto de la negociación con el FMI. Es un relato tendiente a poner en crisis la cultura nacional popular que integra la coalición de gobierno.</span></li>
</ul>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cuál fue la novedad de Alberto Fernández durante el proceso electoral que lo llevó a la Presidencia? Poner en práctica dos operaciones aparentemente contradictorias: por un lado, absorber el discurso económico popular distributivo del kirchnerismo y, a la vez, comenzar a disputar el discurso liberal republicano en manos de Juntos por el Cambio. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde esta perspectiva, la actual ofensiva de la oposición política y mediática se caracteriza por una triple estrategia: movilización en las calles de la cultura política clásica conservadora de derecha; intento de reapropiación de la cultura liberal republicana que el Presidente Alberto Fernández disputó con éxito durante las elecciones; y búsqueda de poner en crisis la relación del gobierno con su propia tradición política nacional, popular y de transformación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este tercer relato es el más novedoso y tiene la particularidad señalada: utiliza las posiciones antiajuste históricas de la mayoría de la coalición gobernante para atacar al gobierno. ¿Esto quiere decir que la alianza oficialista no debe debatir dado que ese discurso antiajuste está siendo utilizado por la oposición política y mediática para debilitar al gobierno? Todo lo contrario: es imprescindible profundizar el debate. No hay coalición sin polémica. Los debates no deterioran la unidad: la mejoran. De hecho, la carta del bloque de senadores del Frente de Todos va en esa dirección. Y seguramente habrá otros pronunciamientos similares. La unidad es un bien estratégico. El debate un modo de producirla. Hay que debatir con esa oposición política y mediática que denuncia políticas de ajuste que no existen y hay que debatir en el caso de que haya sectores internos de la coalición que quieran impulsarlas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante el intento de expropiación del discurso crítico por el malevaje semiótico, la coalición gobernante debe continuar sosteniendo la larga tradición de argumentación nacional, popular y transformadora allí donde la primera intenta colocar sólo sustantivos acosados.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 18 de noviembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación</span></p>
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		<title>Las máquinas de contar &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Dec 2020 19:49:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Rosso afirma en este artículo que la máquina de relatar al gobierno en manos de los medios opositores, tiene la persistencia de construir un rompecabezas en el que las piezas no encajan entre sí. En ese relato, sostiene Rosso, el mito político desaparece detrás del mito moral y los personajes que produce esa máquina adquieren la nitidez de los protagonistas de una parábola infantil: La Vicepresidenta es eficiente: hace bien el mal; el Presidente, en cambio, es ineficiente: hace mal el bien.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Daniel Rosso afirma en este artículo que la máquina de relatar al gobierno en manos de los medios opositores, tiene la persistencia de construir un rompecabezas en el que las piezas no encajan entre sí. En ese relato, sostiene Rosso, el mito político desaparece detrás del mito moral y los personajes que produce esa máquina adquieren la nitidez de los protagonistas de una parábola infantil: La Vicepresidenta es eficiente: hace bien el mal; el Presidente, en cambio, es ineficiente: hace mal el bien.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La máquina de relatar al gobierno, en manos de los medios opositores, tiene la persistencia de construir un rompecabezas en el que las piezas no encajan entre sí. Por eso, el mito de la Argentina del presente aparece como un mito imposible. Las partes no se integran y la coalición gubernamental se transforma en el espacio donde chocan en serie sus fragmentos. En ese relato, el mito político desaparece detrás del mito moral. Entonces, los personajes que produce esa máquina de contar adquieren la nitidez de los protagonistas de una parábola infantil.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por un lado, una Vicepresidenta omnipresente dotada de una fuerza sobrenatural que avanza arrasando todo lo que se interpone en su paso. Cristina no tiene límites. Es una maquinaria de poder total: no descansa, no tiene frenos, no se detiene. La Argentina liberal cruje ante su mirada de furia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, la Vicepresidenta en ese relato es eficiente: hace bien el mal. El Presidente, en cambio, es ineficiente: hace mal el bien. Cristina y Alberto, entonces, contrastan entre sí: la primera es eficiente para el mal, el segundo es impotente para el bien.  El Peronismo del nuevo ciclo se encuentra con su trazo más dramático: la Vicepresidenta detenta la efectividad de los medios, el Presidente la debilidad de los fines. Las piezas no encajan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Pero que sucede cuando ambos se juntan? El encuentro entre el avasallamiento y la impotencia da como resultado una rendición. Es, entonces, cuando él colabora con ella en hacer el mal. La sumisión es un acto de inconsistencia moral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la parábola hay un tercer actor: si la Vicepresidenta es el pasado, si el Presidente es el presente, el futuro es Horacio Rodríguez Larreta. Es quien hace bien el bien.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Está claro: la máquina de contar diseña un relato donde sustituye integralmente la política por la “moral”. El escenario público ha sido ocupado por categorías traídas en viajes sucesivos desde el más acá o el más allá del conurbano: Carrió desde Exaltación de la Cruz, Magnetto desde Chivilcoy, Macri desde Tandil y Barrio Parque. La “moralización” de la esfera pública es el gran encuadre que permite volver recurrentemente a la agenda de la corrupción. Es una cooptación instrumental de la “moral” para que funcione ocultando la inmoralidad de sus impulsores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Señala Michel Foucault en <em>Vigilar y Castigar</em> que la práctica del suplicio consistía en mostrarle al pueblo el destrozo del cuerpo del condenado. Es decir: se espectacularizaba el accionar del verdugo rompiendo lentamente los cuerpos para dar lugar a una mirada de los detalles. El acto de matar carecía de velocidad porque su lentitud permitía visibilizar el detalle de lo que se hacía con los que trasgredían la ley. La producción técnica del dolor era, a la vez, una práctica de ciudadanización compulsiva.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/proxy/34Ty7eGdRw7WxFsAB6hixotx33CAQKaPEAH_57UxLIseuPdCSGirviFb17WWqfETtT4hREMTliowal9vvXPFz1Qk8JNgqWqLagaQmwFhYvYTFVSE8X9GXooMkfYC8r8fYGLV5hs" alt="Lawfare, o la continuación de la política por otros medios" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En una línea similar, el lawfare es también la espectacularización de los supuestos actos de corrupción mostrando los detalles del fuera de la ley. Se trata de un procedimiento paradójico: producen el hecho delictivo para ser visibilizado, es decir, lo producen dos veces. Se trata de delitos gestionados estatalmente para ser espectacularizados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El espectáculo jurídico está también al servicio de una relocalización pública de la ilegalidad: porque esta última es ubicada integralmente en la política y alejada de la economía concentrada y su saga de evasiones impositivas, fugas de divisas, contrabandos y lobbies en diversas esferas del Estado. Por eso,  las entidades que representan a los sectores más concentrados de la economía, incluidos los medios opositores, proponen moralizar la política. Para ellos, en lugar de reformar la Justicia se trata de profundizar la judicialización de la política. De allí que no sólo muestran el accionar visibilizado de la “Justicia” en la política: con ese mismo movimiento, además, la alejan de la economía concentrada. Todo lo que es artificialmente visible en Boudou es sistemáticamente invisible en Vicentín. Utilizan la moral para la inmoralidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso el inmenso esfuerzo de los medios opositores para intentar releer y neutralizar la última carta de la Vicepresidenta. En ella, lo que Cristina propone es suplantar la discusión “moral” por la discusión política: invertir el movimiento de la Justicia hacia la política por el movimiento de la política hacia la Justicia. En lugar de una Justicia -dependiente del poder económico concentrado y de los grandes medios opositores- que avanza sobre la política, propone una política plural y democrática que lidera la reforma de una Justicia cuestionada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué debería hacer la máquina de contar gubernamental? Primero: debería concentrar sus esfuerzos en politizar los escenarios. Es decir, intervenir en la relación de fuerzas entre “moral” y política en favor de ésta última. Segundo: debería contribuir a la reorganización del mito gubernamental.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mario Riorda en uno de los artículos del libro <em>“Comunicación Gubernamental en acción. Narrativas Presidenciales y Mitos de Gobierno”</em> sostiene junto a Caroline Ávila que “El mito siempre está abierto y nunca cerrado, por lo que de gestión a gestión, si perdura, puede sufrir variaciones, y ello, obviamente está en su esencia”. ¿Cuál es, entonces, el mito gubernamental del Frente de Todos? ¿Cuál es el mito que le permite el pasaje de coalición electoral a coalición de gobierno?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algunos postulados generales. El mito del Frente de Todos no puede ser exactamente igual al del Kirchnerismo porque el primero excede al segundo. Pero, al mismo tiempo, el mito de la nueva coalición de gobierno debe conservar el capital mítico del Kirchnerismo. No hay nuevo mito sólo con el Kirchnerismo pero tampoco sin el Kirchnerismo. ¿Cómo se produce el pasaje del mito desde su versión kirchnerista a otra nueva que exprese a la Coalición y que no ponga en riesgo el capital mítico de la Vicepresidenta y su espacio político? Esa es la cuestión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El cambio de la relación de fuerzas simbólicas entre “moral” y política exige, como paso previo o simultáneo, reconfigurar el mito de gobierno para que la máquina de contar, conducida por los medios opositores, ya no puedan leer fragmentos allí donde opera una fuerza transformadora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para ello “deben pasar cosas”: debe irrumpir la potencia de un nuevo mito que no sólo se defienda del acoso de la falsa moral sino que también ordene la ofensiva política gubernamental. Es esa ofensiva la que puede hacer retroceder a la moral como instrumento falso de la economía concentrada y, al mismo tiempo, recuperarla por las fuerzas nacionales y populares como una dimensión interna de la emancipación.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 16 de diciembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>Conversar y conducir &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Feb 2021 18:14:12 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[República]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Rosso afirma en esta nota que la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía, también es tranquilizar el lenguaje. Junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, Rosso sostiene que es necesario eludir la trampa antidemocrática, que es la que proponen medios hegemónicos y Juntos por el Cambio: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Daniel Rosso afirma en esta nota que la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía, también es tranquilizar el lenguaje. Junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, Rosso sostiene que es necesario eludir la trampa antidemocrática, que es la que proponen medios hegemónicos y Juntos por el Cambio: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Tranquilizar el lenguaje</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La palabra política suele sorprender: como si fuera un hechicero, el ministro de Economía, Martín Guzmán, le hizo decir a Marcelo Bonelli lo que la administración de Alberto Fernández dice habitualmente. Lo fue guiando con sus preguntas hasta que sucedió el sortilegio: el discurso del gobierno terminó pronunciado por uno de los periodistas orgánicos del mayor grupo concentrado de medios de la Argentina. La grieta por un instante desapareció y los dos lados de la frontera ideológica coincidieron en un discurso común: en que la gestión de Macri fugó, por lo menos, una parte de la deuda que contrajo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">«¿Cuánto le debemos al FMI?», preguntó Guzmán. «54 mil millones», dijo Bonelli. El ministro corrigió: «El Gobierno anterior tomó un préstamo de 55 mil millones y le debemos 45 mil millones».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Guzmán repreguntó: «En qué momento pasó eso». «Con Macri», respondió Bonelli. «¿Y para qué se usó esa plata?», volvió a preguntar el ministro. El periodista respondió: «Parte se fugó y parte se intentó recomponer reserva».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es evidente que el grupo mediático, que sabe cómo atacar las declaraciones del oficialismo, no supo qué hacer con las preguntas de Guzmán. Obligado a responder, en el vertiginoso tiempo televisivo, Bonelli terminó contestando con las palabras del gobierno. El Periodismo de guerra balbucea cuando se le pide respuestas. Está preparado para atacar, no para contestar. La maquinaria bélica cruje cuando no se les ofrece un blanco. Por eso, la estrategia del gobierno no es sólo tranquilizar la economía: también es tranquilizar el lenguaje. Mientras, la oposición mediática tiende a hacer lo contrario: agitar y tensionar los discursos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Una sociedad en estado de conversación</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gobierno de Alberto Fernández es un gobierno en conversación. A través de las reuniones con los productores rurales, con los grandes empresarios y con los sindicalistas, ha puesto a conversar y a debatir a la totalidad del sistema económico. En simultáneo, a través de las sesiones extraordinarias en el Parlamento, ha puesto a dialogar al conjunto del sistema político.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es un gobierno con una utopía gramatical: en él, las palabras circulan, se relacionan, se enfrentan, se encastran y acuerdan. No está mal: la conversación pública es uno de los rasgos específicos de la democracia. La inflación, en cambio, es el territorio de la economía concentrada. Por supuesto: ésta es un fenómeno multicausal y tiene diversas explicaciones. Pero aquí privilegiamos su dimensión de puja distributiva y de hecho de fuerza por parte de los actores con mayor poder relativo dentro de las cadenas de valor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras la democracia pone a circular horizontalmente las palabras, la economía concentrada hace subir verticalmente los precios. Son dos lenguajes: el de la política y los argumentos, por un lado, y el del poder económico y la fuerza corporativa, por el otro. ¿Qué es lo que intenta el gobierno con el análisis de las cadenas de valor? Tratar de que la inflación ya no sea un fenómeno sin sujeto, es decir, sin los responsables de que los precios suban. Por eso, para Alberto Fernández, conversar es transparentar. Es decir: hacer visible la estructura legal del saqueo al que son sometidos los consumidores argentinos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es una gran apuesta: llevar la lógica de la inflación, como hecho de fuerza, al interior de la democracia, como lógica de la deliberación. La democracia, de este modo, avanza: intenta discutir allí donde hasta ahora ha habido mayoritariamente decisiones arbitrarias. Por eso, la inflación es también una categoría política: porque en ella se imponen las decisiones unilaterales del empresariado concentrado. No por casualidad, varios de los movimientos desestabilizadores contra los regímenes constitucionales desde 1983 fueron “golpes hiperinflacionarios”. La inflación es una sucesión de hechos de fuerza de los cuales las hiperinflaciones son sus condensaciones. La inflación sin control, entonces, es más una continuidad que una ruptura con el régimen dictatorial. No es un dato menor la decisión gubernamental de intervenir en las cadenas de valor: con ella, la democracia intenta ingresar en uno de los espacios donde se mantiene cierta lógica predemocrática, la de la formación de los precios. Si ello se logra, las cadenas de valor, además de una secuencia de acumulación privada, pasarían a ser un circuito de deliberación pública.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://images.clarin.com/2019/10/03/el-diputado-mario-negri-y___9u9r49z-_1200x630__1.jpg" alt="Resultado de imagen de &quot;Manifiesto por la esperanza democrática&quot; ucr" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Una oposición que busca desesperadamente una dictadura</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras tanto, Juntos por el Cambio necesita tener enfrente un gobierno autoritario para, por contraste con él, construirse como una oposición republicana y democrática. En esa línea, la UCR dio a conocer un documento llamado «Manifiesto por la esperanza democrática», firmado por Mario Negri, Luis Naidenoff, Ernesto Sanz y Jesús Rodríguez, entre otros, en el que llaman a la construcción de un “polo republicano”. Sostienen: «un ejercicio de creatividad política requiere conformar un polo de poder republicano lo suficientemente amplio, estable y visionario, que dispute con chances de éxito y con propuestas claras la conducción del Estado, pero que además esté dispuesto a garantizar el pluralismo y a recuperar el sentido del lenguaje político, distorsionado por el despotismo demagógico en sus manifestaciones más autoritarias”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto, algo falló: los firmantes del documento se intentan diferenciar de un autoritarismo que no es fácil de encontrar en el estilo de Alberto Fernández. Más aún: lo que tienen enfrente es un gobierno que hace conversar a todos los integrantes del sistema político y económico. La UCR es un partido en busca de un contraste que no encuentra. Por eso, en la búsqueda desesperada de un dictador llegan hasta Gildo Insfrán. Para ser Alfonsín necesitan la dictadura genocida. Pero, como no la tienen, inventan campos de concentración en Formosa. Es la política como utilería: Mario Negri imitando a Alfonsín y enfrentando a un supuesto autoritarismo kitsch – nerista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.elciudadanoweb.com/wp-content/uploads/2021/02/desabastecimientojpg-1.jpg" alt="Resultado de imagen de La imputación por parte de la Secretaría de Comercio Interior a las empresas Mastellone, Fargo, AGD, Danone, Molinos Cañuelas, Bunge, Molinos Río de la Plata, Unileve" /></strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Entre la conversación y la fuerza</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El lenguaje debe ser tranquilizado, pero la fuerza del Estado debe ser sostenida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una dialéctica implacable en el estilo presidencial: mientras más deja sin contraste a la oposición a través de su conversación permanente, más le resta al Estado el uso de la fuerza legítima contra las corporaciones. Por el contrario, mientras más despliega sus políticas transformadoras más se ofrece como contraste “autoritario” para la oposición “democrática”. La conclusión es sencilla: la intervención discursiva de Juntos por el Cambio consiste en convertir políticas populares en estilo autoritario. La respuesta del gobierno, la mezcla exacta entre comunicación defensiva y estrategia transformadora, es combinar conversación y uso legítimo de la fuerza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llevar la democracia a lugares a donde aún no ha llegado – como los controles de precios &#8211; exige de la conversación pero también del uso de la fuerza legítima que le fue delegada al gobierno en las elecciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la inflación es un hecho de fuerza, garantizar su control reclama otra fuerza: la que emana legalmente del Estado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los grandes medios construyen escenarios donde esa fuerza del Estado democrático es considerada ilegitima: por ejemplo, si el presidente afirma que va a aplicar retenciones o cupos de exportación lo que dicen es que está  amenazando. No sólo no quieren la intervención del Estado: actúan como si el Estado – y su representación democrática – debieran disolverse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La democracia debe existir sin Estado y las elecciones deben desaparecer luego de realizarse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Proponen una democracia que funcione sin la memoria de sus resultados. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es el intento de imponer un nuevo régimen de desapariciones en el marco de la economía mediática concentrada: si no pueden evitar el triunfo de un gobierno popular y no logran dividirlo o debilitarlo, entonces intentan dejarlo sin memoria y sin historia inmediata. De allí que, en ese marco, el ideal para ellos es que el gobierno converse eternamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es decir: que actué como una parte más y no como quien fue elegido para tener la última palabra. Para ellos, la gestión gubernamental debe intervenir como si no se le hubiera delegado el poder. Debe ser un lugar vacío. Por eso los medios concentrados y la oposición denuncian que el “vacío” de la actual administración es ocupado por el poder vicepresidencial. Es el peor de los vacíos: el que ha sido llenado por el fin de la conversación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, junto al indudable acierto de poner a toda la sociedad a conversar, es necesario eludir la trampa antidemocrática: la que desconoce que las elecciones existen, que concentran el poder en uno de los contendientes y que éste, con los instrumentos del Estado en sus manos, tiene la responsabilidad de llevar a la práctica las políticas por las que fue votado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La imputación por parte de la Secretaría de Comercio Interior a las empresas Mastellone, Fargo, AGD, Danone, Molinos Cañuelas, Bunge, Molinos Río de la Plata, Unilever, P&amp;G, Paladini y Potigian, por retención o falta de entrega de sus productos para la comercialización, es una buen ejemplo de intervención del Estado utilizando la fuerza de la ley en contra de la fuerza arbitraria de la economía concentrada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Paradójicamente, la conversación interminable entre iguales es la negación de la democracia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de febrero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>Más Estado, antes de que sea tarde &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 Apr 2021 22:23:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[autoritarismo de la libertad]]></category>
		<category><![CDATA[Covid19]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[oposición]]></category>
		<category><![CDATA[salud]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante la evidencia de una veloz segunda ola de Covid-19 instalada en nuestro país y en la región, el discurso de la oposición política argentina gira en torno de la ampliación del concepto de autoritarismo hasta hacerlo coincidir con la totalidad del discurso y las políticas gubernamentales, lo cual implica, según sostiene Daniel Rosso en este artículo, la promoción de un totalitarismo de la libertad donde sólo hay individuos libres. En este contexto, cualquier intervención del Estado es contra la libertad. Esta construcción ideológica de un discurso que pone en jaque políticas de regulación estatal, no debería permear en el terreno de las decisiones que un gobierno debe tomar ante una situación epidemiológica grave.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;"><strong>Ante la evidencia de una veloz segunda ola de Covid-19 instalada en nuestro país y en la región, el discurso de la oposición política argentina gira en torno de la ampliación del concepto de autoritarismo hasta hacerlo coincidir con la totalidad del discurso y las políticas gubernamentales, lo cual implica, según sostiene Daniel Rosso en este artículo,</strong> <strong>la promoción de un totalitarismo de la libertad donde sólo hay individuos libres. En este contexto, cualquier intervención del Estado es contra la libertad. Esta construcción ideológica de un discurso que pone en jaque políticas de regulación estatal, no debería permear en el terreno de las decisiones que un gobierno debe tomar ante una situación epidemiológica grave. </strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Una teoría del movimiento pandémico</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #000080;">L</span></strong>o alarmante es que no haya alarma. Un ejército de microorganismos sigilosos recorre el mundo con cada vez mayor velocidad y eficacia. Camuflados en la invisibilidad, ingresan en los cuerpos a través de la respiración de otros cuerpos. Finalmente, casi todo sucede en la respiración: en su momento expansivo transmite el virus, en su instante final el virus la apaga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estos microorganismos no tienen límites. Impactan con su andar traicionero incluso sobre las últimas fronteras de la visibilidad televisiva: allí está el  sentido caso de Mauro Viale, devastado en dos días, como el testimonio de la cruel intervención del virus dentro del mundo del espectáculo. Lo invisible operando con eficacia en el interior de lo muy visible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parapetados en las zonas de contacto, estos virus se desplazan con sus saltos clandestinos desde un organismo a otro. Con movimientos secretos van desde lo humano hacia la humano. Por eso, la terapéutica social es resistida: porque donde gobierna la memoria cultural del estar juntos debe implantarse la decisión coyuntural de separarse. Hay una teoría de la circulación que podemos enunciar del siguiente modo: mientras más se mueve el virus menos debe moverse la población, mientras menos se desplaza el virus más puede desplazarse la población. Un movimiento es inversamente proporcional al otro.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La oposición dice: vamos hacia el virus</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata de microorganismos que se perfeccionan mientras circulan y, por lo tanto, se los va renombrando con distintas denominaciones en la medida que cambian. Por eso, las distintas variantes toman el nombre del territorio donde mutan. De allí las cepas del Reino Unido, de Manaos -en Brasil- y de Sudáfrica, entre otras.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Argentina, según algunos informes periodísticos, integra un grupo de países, junto a Italia y los Estados Unidos, en donde ya se verificó la circulación conjunta de las dos primeras mutaciones del virus señaladas arriba. ¿Qué características tienen esas nuevas cepas? Poseen mucha mayor capacidad de transmisión. Por ejemplo, la variante británica es entre un 50% y un 70% más transmisible. La cepa de Sudáfrica parece tener la capacidad de neutralizar las vacunas que se están utilizando contra la enfermedad. En simultáneo, se conocieron informaciones sobre una presunta menor eficacia de la que se preveía de alguna de las vacunas en uso en otros países.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La infantería viral ha crecido en capacidad de transmisión y la estrategia defensiva ha decrecido en consistencia. ¿Qué parece decir la oposición en este escenario? “No importa, aun cuando más rápido se mueva el virus hacia nosotros, igual tenemos que movernos nosotros hacia el virus”. Un movimiento debe ser directamente proporcional al otro. ¿Eso no significa chocar de frente con el virus? Dirán: “no, porque en ese instante, cuando el virus está ante nosotros, el cuidado individual es lo que nos salva”. No hay novedad: es la promoción de políticas sin Estado. Individuos solos que se cuidan solos. Ello sucede en un escenario regional donde la segunda ola del coronavirus es casi el doble que la primera.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://images.pagina12.com.ar/styles/focal_3_2_960x640/public/2021-04/153246-mesa-0.jpg?itok=rpDX9iON" alt="La mesa nacional de Juntos por el Cambio, reunidos este martes por la tarde en Palermo." /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Imagen: NA</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El Estado como culpa</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay, en esa perspectiva, dos mundos integrados por partículas: el de los virus y el de los individuos. Ambas actúan en soledad. Pero hay un devenir cultural, social y económico que no se suspende fácilmente: es el de los encuentros de las partículas entre sí. El individuo solo es alguien que utiliza su libertad para dejar de estar solo. Es el que participa en fiestas multitudinarias y el que asiste a bares, restaurantes y otros espacios con mucha gente. Son lugares donde los individuos libres se encuentran entre sí pero, al mismo tiempo, donde también se encuentran con el virus. Además, están los individuos obligados: los que van a sus empleos en vagones de subtes o de trenes atestados y trabajan en espacios no cuidados. Estos son libres de no ser libres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La oposición política llama autoritarismo a la intervención del Estado que intenta regular esos encuentros sociales, culturales y económicos en tiempos de pandemia.  Dicen: “si todo es Estado no hay nada del individuo”. Pero ello es tan autoritario como lo inverso: si todo es individuo no hay nada del Estado. Promueven un totalitarismo de la libertad: sólo hay individuos libres. Por lo tanto, se minimiza lo social, lo político, lo común y, entonces, parecen no ser necesarias las elecciones, ni los gobiernos. Volvemos a un mundo tribal donde Robinson Crusoe se encuentra con Robinson Crusoe. Un estado de naturaleza novedoso bajo las siluetas nocturnas de las cervecerías de Palermo. El punto más paradójico de la libertad es la negación de todo lo que no sea considerado libertad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De un plumazo derogan las corrientes sociológicas originadas en Durkheim, en Comte, en Weber y en Marx, entre otras: en ellas, además de individuos, hay sociedades y estas requieren intervención. En contraste con ello, el discurso opositor toma algunos de sus componentes de corrientes que culpabilizan la reivindicación del Estado: debe haber individuos autorregulados y no individuos regulados por el Estado. Por eso, el gobierno aparece limitando, restringiendo, cerrando, prohibiendo, clausurando. Es lógico: si la libertad es lo único existente, entonces, cualquier intervención es contra la libertad.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La estrategia discursiva de la oposición</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cuál es la estrategia discursiva de la oposición? Ampliar el concepto de autoritarismo hasta hacerlo coincidir con la totalidad del discurso y las políticas gubernamentales. Es otra de las variantes del relato único: lo que excede a la definición de autoritario es un proyecto sin Estado, de emprendedores que se valen por sí mismos, de individuos responsables que saben cuidarse y de electores libres que eligen sin presiones. Es decir: el único discurso no autoritario es el neoliberal. Por lo cual, en el contraste entre autoritarismo y democracia realizan la siguiente operación discursiva: si autoritarios son todos los que no son ellos, entonces la democracia es un campo sólo ocupado por ellos. Junto al totalitarismo de la libertad, pregonan una democracia del discurso único.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas construcciones ideológicas no deberían generar, en el campo propio, un discurso sobre un Estado a media máquina. Un temor al empleo de la palabra Estado o dudas sobre las políticas de regulación estatal. Por el contrario, es en esa palabra donde no puede haber temblor: debe haber en ella la convicción altiva de una identidad siempre emergente en defensa de los desposeídos.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 12 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>Vidal: la lucha contra el demonio &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Jun 2021 22:54:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[libro]]></category>
		<category><![CDATA[María Eugenia Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Mi camino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Rosso leyó el libro de María Eugenia Vidal y escribió esta nota en donde sostiene que Vidal, en su camino hacia la construcción de un perfil de gestión basado en la sensibilidad y la bondad, avanza ensamblando tradiciones discursivas, se diferencia, pone a disposición su cuerpo dolorido, sufriente, mediatiza su culpabilidad y remoraliza la política en su lucha contra el demonio populista.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/vidal-la-lucha-contra-el-demonio-por-daniel-rosso/">Vidal: la lucha contra el demonio &#8211; Por Daniel Rosso</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: justify;"><span style="color: #000080;"><strong>Comentarios al libro “Mi camino” de María Eugenia Vidal.</strong></span></h4>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Daniel Rosso leyó el libro de María Eugenia Vidal y escribió esta nota en donde sostiene que Vidal, en su camino hacia la construcción de un perfil de gestión basado en la sensibilidad y la bondad, avanza ensamblando tradiciones discursivas, se diferencia, pone a disposición su cuerpo dolorido, sufriente, mediatiza su culpabilidad y remoraliza la política en su lucha contra el demonio populista. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La bondad incalculable</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El camino de María Eugenia Vidal es un camino hacia adentro de ella misma. Lo que sintió durante la gestión, como la vivió, los miedos y las frustraciones que atravesó. Pero ese viaje endoscópico por su organismo es selectivo: porque se detiene en aquellas zonas de su interior que detentan un prestigio humano o sirven como envase de la bondad y de la sensibilidad, por ejemplo, el alma y el corazón. El objeto de interés de María Eugenia Vidal son los buenos sentimientos de María Eugenia Vidal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sostenimiento de la bondad, para los integrantes del sistema político bonaerense, es un acto de resistencia: los buenos son aquellos pocos que logran no ser absorbidos por las mafias. Por eso, la bondad está siempre en tránsito hacia la maldad. El viaje al corazón de un dirigente bonaerense es un viaje al corazón de las tinieblas. Ese sistema político siniestro y sus prácticas mafiosas invaden a sus integrantes aun cuando estos no lo perciban. Por lo cual, el monstruo está presente aún en muchos que originariamente lo combatieron. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué es lo que Vidal va a hacer adentro suyo? Va a explorar los daños que ese sistema mafioso puede haberle infligido. Va a buscar los escombros de sí misma en su mundo interior. El sistema político bonaerense absorbe, aleja, empeora y destruye. Entonces, ella conduce a sus lectores por ese viaje introspectivo para hacer juntos un inventario de los destrozos que esa incursión en la política bonaerense le pudo haber producido. Del otro lado de la General Paz funciona una maquinaria implacable de inoculación de  maldad. Esa franja extensa de asfalto es, al mismo tiempo, una frontera moral: de un lado está la  bondad y del otro la maldad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vidal es alguien que proviene de afuera de la política bonaerense y que ingresó en ella  para cambiarla. Luego de un recorrido de cuatro años por el campo de batalla, se pregunta si logró transformar a ese sistema siniestro o si ese sistema siniestro la transformó a ella. Si sucedió lo segundo, entonces, el zoom endoscópico al que se ha sometido le mostrará el rosto del vampiro: en esos años, sin que pudiera impedirlo, ha mezclado su sangre con la de los integrantes de ese sistema mafioso y caduco, y ahora es alguien distinta a la que era. “El temor a que eso también me pasara a mí, el miedo a dejar de ser yo misma incluso sin darme cuenta, fue el sentimiento que más me atravesó siendo gobernadora (…) El mandato era claro, porque las mafias ponen a quienes gobiernan ante una opción inevitable: enfrentarlas o ser cómplices, y el que no hace nada también es cómplice”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, cuando María Eugenia Vidal cruzó la General Paz hacia el otro lado donde gobiernan las mafias, la acompañó un pequeño batallón de dirigentes buenos. Más aún: la cantidad de bondad que ella tenía en su alma y en su corazón fue la medida para elegir los integrantes de su equipo de gobierno. Ellos han pasado por un casting donde mostraron el volumen de sus sentimientos nobles. Son buenas personas que, a la vez, traen a sus equipos buenas personas. La bondad es un atributo acumulable: los buenos traen a los buenos y, entre todos, llevan adelante un gobierno lleno de bondad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La operación tiene su complejidad: María Eugenia Vidal, la representante de la gran ciudad civilizada en el conurbano mafioso, lleva con ella su discurso moral. Con él intentará producir en escala personas buenas que se impongan a las malas. Dice Vidal: “las buenas personas son honestas, entienden que el objetivo común es más importante que las metas individuales, son confiables y comprometidas y suelen llevar buenas personas a sus propios equipos. En mi equipo eran todos buenas personas, y eso se notó en los cuatro años”. El hada buena lidera una operación de conversión de herejes.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>¿Un frepasismo de derecha?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto, de ese modo traslada el conflicto político al campo de la moral: todo tiende a reducirse a una lucha entre los buenos y los malos. Hay una convicción fuerte en la ex gobernadora: si no lográs cambiar el sistema mafioso, éste te cambia a vos. En ese camino, la política, el instrumento de transformación, pasa a ser un objeto a transformar: más que cambiar la realidad a través de ella hay que cambiarla a ella para cambiar la realidad. Por ello, la propuesta de transformación se traslada desde la economía a la política. En ese proceso, se desplaza el lugar donde se ubica el privilegio: pasa de la primera a la segunda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No hay neoliberalismo sin apropiaciones discursivas: éste necesita aparecer siempre bajo el rostro de otra identidad. De lo contrario, no ganaría elecciones. Los nuevos ensamblajes de discursos que propone Vidal tienen esa serie de desplazamientos: desde la política a la moral y de la transformación de la economía al cambio del sistema político y la erradicación de las mafias. Se parece mucho a un frepasismo de derecha.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay en el neoliberalismo lo que podríamos llamar una plusvalía discursiva: es decir, la incorporación como propios de discursos que no son propios a través de desplazamientos no visibles. Son las dos características de la plusvalía: apropiación privada e invisibilidad del procedimiento. Además de anexar atributos morales e incorporar tradiciones tales como un frepasismo reformulado, hay en Vidal otras plusvalías discursivas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.mdzol.com/u/fotografias/m/2020/1/19/f1280x720-13248_144923_5047.jpg" alt="Eugenia Vidal regresa a la escena: un libro y un futuro político incierto | MDZ Online" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>“Dios te dio un descanso”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La ex gobernadora es, sobre todo, una madre. Dice: “Esas mujeres que yo había encontrado tantas veces durante mis recorridas por la provincia en 2013 y 2014, y otra vez en la campaña de 2015, esperaban algo diferente de mí. Esperaban que yo enfrentara al narcotráfico, al juego ilegal, a los barras y que me ocupara de sus hijos, que los cuidara (…) yo perdí la elección de 2019, pero el acuerdo de cuidar a nuestros hijos se sostuvo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La frase es contundente: suena a un intento de intervenir la palabra “madre”, para llevarla de un lugar a otro del campo de la economía y de la política. Un deslizamiento implícito desde las madres de Plaza de mayo a las madres del conurbano. Por supuesto, estas últimas no son las que buscan a sus hijos desaparecidos sino las que intentan salvarlos de las mafias. No son las que confrontaron con el poder militar y con el poder empresarial concentrado, sino las que defienden a sus hijos de la economía ilegal del narcotráfico. Es decir: por un lado, Vidal pone en un primer plano a esa economía clandestina de las mafias y en un segundo plano a la del capital concentrado, trasnacional y “legal”; por otro, intenta construir un sujeto político comunicacional para esa economía marginal visibilizada: ellas son las madres del conurbano, que defienden legítimamente la vida de sus hijos, pero dejando por fuera de la confrontación al gran empresariado concentrado. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el medio de esa operación, parece querer incursionar, aunque en clave conservadora, en el espacio abierto por los discursos feministas. Es decir: incorporarse a ese campo discursivo invirtiendo sus sentidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vidal expresa, además, una especie de populismo al revés: en sus recorridos por la provincia no es ella la que distribuye o la que da sino, por el contrario, ella es la que recibe. “Mucha gente, sobre todo mujeres”, dice, le dan miles de rosarios y estampitas. La ex gobernadora obtiene, de parte del pueblo, protección sacra: la convierten en una superhéroe blindada por la plegaria popular en la lucha contra el demonio. Ella misma lo dice: «Un día se lo conté a Jorge Fernández Díaz, y él me dio una explicación que me movilizó: “Te dan rosarios porque saben que estás enfrentando al mal absoluto”».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por esa vía, hay una construcción religiosa y conservadora del poder femenino: esas mujeres le transfieren la protección de Dios en su combate contra el mal. Cuando perdió la elección en el 2019, Lilita se le acercó, cuenta Vidal, y le dijo: “Dios te dio un descanso”. Ese mundo de bondad acumulada y de desinterés por sí misma, de vocación absoluta por el otro, es un mundo con presencia divina: su mejor amigo de la Facultad y confidente es alguien que se ordenó sacerdote, las miles de mujeres que le dan rosarios y estampitas están allí protegiéndola y, finalmente, se produce la intervención directa de la máxima divinidad, dándole un descanso.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La mediatización de la culpa</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quizás por eso, ella dice que no hay que echarle la culpa a los otros. Por el contrario, prefiere echarse la culpa a sí misma. Esa autoculpabilización es como un laboratorio político: es un medio de reconstrucción de su identidad partidaria. A través de ella dice lo que no va a volver a hacer o lo que va a hacer de otra manera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En una línea similar, el cuerpo de Vidal es un cuerpo del dolor: le duelen sus errores, le duelen las crisis, le duelen la pobreza y la marginación. Es  un cuerpo sufriente. Es, además, un cuerpo insomne: Vidal dice que no durmió durante mucho tiempo mientras gobernaba. En síntesis: es un cuerpo cristiano en el que se pone a funcionar públicamente la culpa. Buena parte del libro es la mediatización de su culpabilidad. Es la descripción de un cuerpo martirizado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vidal avanza en su camino: ensambla tradiciones discursivas, se diferencia, pone a disposición su cuerpo dolorido, sufriente, insomne, martirizado, mediatiza su culpabilidad y remoraliza la política en su lucha contra el demonio populista.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 2 de junio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>Lawfare y después… &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Jul 2021 03:02:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[denuncias periodísticas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Lawfare]]></category>
		<category><![CDATA[medios hegemónicos]]></category>
		<category><![CDATA[servicios de inteligencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sociólogo Daniel Rosso analiza en esta nota el proceso de producción de lawfare o guerra jurídica, y afirma que a esta nueva forma de utilización de la violencia política es necesario pensarla en la saga de las metodologías de supresión del “menos una” de la democracia, ese “menos una” que es construido como mal absoluto a excluir a través de la denuncia y la creación de culpables.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El sociólogo Daniel Rosso analiza en esta nota el proceso de producción de lawfare o guerra jurídica, y afirma que a esta nueva forma de utilización de la violencia política es necesario pensarla en la saga de las metodologías de supresión del “menos una” de la democracia, ese “menos una” que es construido como mal absoluto a excluir a través de la denuncia y la creación de culpables.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> <strong>Por Daniel Rosso*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La exclusión del excremento</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde el comienzo de los tiempos, los sectores que defienden al privilegio en la Argentina definen implícitamente a la democracia como la suma de todas las partes menos una.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese “menos una” es, para ellos, el mal absoluto que hay que excluir. Slavoj Zizek lo llama el excremento. La exclusión del “desecho” ha sido gestionada, a lo largo de nuestra historia reciente, con distintas metodologías: desde las proscripciones del Peronismo, en la década del 50, hasta el terrorismo de Estado a partir de 1976. Para estos sectores hay democracia si hay exclusión: hay libertad si previamente se la restringe. La mutilación es lo que hace posible el cuerpo de la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De allí que el lawfare es una nueva forma de uso de la violencia política para excluir al “menos una” de la democracia. Normalizar la república exige eliminar una de sus partes. Los nombres de ese excedente varian históricamente: los caudillos federales, el yrigoyenismo, el peronismo, el kirchnerismo, el sindicalismo, los piqueteros, entre otros.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La denuncia: la articuladora interna del lawfare</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El lawfare o guerra jurídica, la confluencia entre algunos jueces, una parte del periodismo, los grandes poderes económicos globales, un sector de la dirigencia política y fracciones de los servicios de inteligencia, posee un componente interno que lo articula: la denuncia como práctica discursiva. Esta ha sido expropiada del campo de la investigación periodística rigurosa, del discurso político emancipatorio y de las argumentaciones serias de los fiscales, y reutilizada como una pieza clave de los procedimientos acusatorios del lawfare. Por supuesto: en esa apropiación ha habido una transformación de lo apropiado. El objetivo de la denuncia en el lawfare ya no es la búsqueda de la verdad: es la producción de culpabilidad. Por eso, esa práctica discursiva ha hecho un largo camino: de ser un instrumento de las dirigencias nacionales y populares para poner límites a los poderes concentrados, ha pasado a estar al servicio de estos últimos y en contra de los dirigentes que expresan con sus políticas a  los sectores populares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, la denuncia, un medio legitimado en la lucha por “la verdad”, pasó a integrar la maquinaria de producción de falsedades. No se trata de la cultura popular obteniendo legitimidad de la cultura dominante, como sugiere Bourdieu. Es al revés: es la cultura dominante ganando legitimidad a través del uso de un medio previamente utilizado por la cultura nacional y popular.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese medio legítimo, la denuncia, es reapropiado y utilizado como un articulador interno de las esferas donde se produce el lawfare: la acusación puede originarse en la política, en el periodismo, en los servicios de inteligencia, en los fondos buitre o en la justicia pero, en su tránsito por el resto de las esferas, va articulando a cada una de éstas para la producción de la culpabilidad y la  exclusión del “menos una” de la democracia. Es a través de esa práctica discursiva que se articulan los distintos actores de la guerra jurídica. En paralelo, nace la reacción: porque es también a través de la denuncia, nuevamente reapropiada por el campo nacional y popular, que comienzan a quedar en evidencia los mecanismos del lawfare.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El </strong><strong>sujeto del lawfare: los culpables</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La guerra jurídica produce un sujeto: los culpables. Lo hace, como ya vimos, a través de la denuncia que, como articuladora de los actores que integran la maquinaria de las acusaciones, es el procedimiento interior de producción sistemática de culpabilidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la vez, estos mecanismos acusatorios requieren, para su funcionamiento, de escenarios políticos hegemonizados por concepciones morales: éstos se constituyen y sostienen produciendo “culpables” como contraste. Por eso, el lawfare y los discursos morales tienden a co-constituirse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la misma línea, el lawfare, para generar culpables en serie, cuenta con un modo de producción abreviado de pruebas: éstas y las denuncias tienden a estar superpuestas. Es decir: para los sectores fuertemente influidos por estas concepciones acusatorias, la denuncia ya contiene en sí misma la prueba de lo que denuncia. Las prácticas discursivas de esta guerra jurídica son tautológicas: el culpable lo es porque ha sido definido como culpable. De allí que se constituya un doble sistema de pruebas: el que se origina en el interior del lawfare y el que produce con el tiempo el sistema judicial como maquinaria fundamentada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos ejemplos recientes de esta doble temporalidad: en las causas del dólar futuro y del plan Qunita, las denuncias y “las pruebas” superpuestas, se derrumbaron ante las pericias y evaluaciones posteriores. Pero ello no fue sin consecuencias: los declarados inocentes en segunda instancia, transitaron un tiempo siendo considerados culpables por una parte de la sociedad, tras haber sido definidos como tales por los mecanismos de la guerra jurídica. Es decir: hay una producción de “culpables temporarios”, que el primer sistema acusatorio consagra y que dura hasta que llega el segundo para derogar esa culpabilidad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Los regímenes de desaparición y de visibilidad</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la guerra jurídica, como ya adelantamos, es necesario pensarla en la saga de las metodologías de supresión de ese “menos una” de la democracia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los procedimientos más salvajes y perversos de exclusión tuvo lugar durante la dictadura: la desaparición de personas que fue, entre otras cosas, un mecanismo de sustracción de toda visibilidad de las víctimas. En cambio, en los regímenes donde predomina el lawfare, sucede lo contrario: en lugar de desaparición hay visibilización extrema de los perseguidos. ¿Por qué la diferencia? Porque el lawfare, en oposición a la dictadura, no tiene al sistema represivo en su centro de gravedad sino al aparato de medios hegemónicos: de allí que en lugar de desaparición haya visibilización intensa. ¿Visibilización para qué? Para estigmatizar y luego destituir, marginar, excluir o encarcelar. La desaparición es una exclusión en primera instancia, la visibilización extrema es una exclusión a través de una secuencia de movimientos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por lo cual, el lawfare es el rearmado del sistema de dominación con el mismo objetivo de la dictadura pero con un procedimiento inverso: en lugar de la desaparición, o sea, en lugar de la eliminación de los cuerpos a través de su invisibilización, procede hipervisibilizándolos para destituirlos, excluirlos y encarcelarlos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces: si bien la guerra jurídica supone la articulación a través de la denuncia de varias esferas, el rol de una de ellas, la de los medios hegemónicos de comunicación, es estratégico. Son los que producen la visibilidad y estigmatización de los cuerpos que son acusados y culpabilizados como paso simultáneo a la búsqueda de su exclusión.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.hamartia.com.ar/wp-content/uploads/2020/09/tapa-e1599665848554.jpg" alt="Lawfare, o la continuación de la política por otros medios" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>Recorte de ilustración del libro «Lawfare o la continuidad de la política por otros medios»</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Medios hegemónicos y disputa preelectoral </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una cosa ha llamado la atención en los últimos días: esos medios hegemónicos, protagonistas de la guerra jurídica, han tenido un rol significativo en el proceso de discusión de las listas legislativas del Frente de Todos. A través de voces en off, algunos operadores gubernamentales han instalado candidatos y han hecho correr versiones sobre las preferencias presidenciales, sacando la discusión de la orgánica de la coalición y depositándola en estos medios opositores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De ese modo, a través de una hibridación extraña, estos medios han sido, en simultáneo, quienes continuaron con las operaciones destituyentes y descalificatorias de la actual administración y, a la vez, el instrumento de sectores internos de la coalición de gobierno para intentar imponer sus candidatos sobre el de los otros sectores. Es decir, estos medios han detentado un doble rol: operadores políticos contra la coalición gobernante y, al mismo tiempo, aliados de un sector contra otro en la lucha interna por las candidaturas y los posicionamientos de esa misma coalición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace apenas unos días, vimos a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, vestida de blanco y sentada en un sillón blanco, denunciando el lawfare a través de un alegato público. Mientras ello sucedía, uno de los componentes de ese mecanismo de exclusión, los medios hegemónicos de comunicación, tomaba su discurso, lo intervenían, lo diseccionaban e intentaban estigmatizarlo. Todo en tiempo real.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esa oportunidad vimos a la Vicepresidenta, otra vez, disputando el sentido de lo que sucede en la Argentina desde el interior beligerante del sistema de medios hegemónicos. Desde adentro de ellos y en oposición a ellos. Polemizando en las mismas entrañas del dispositivo. Discutiendo con él en el mismo proceso en el que éste intentaba transformarla en el “menos una” de la democracia argentina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sólo unos pocos días después, ese grupo de voceros de la coalición de gobierno al que nos referíamos más arriba, trasladaba parte de la disputa sobre la conformación de las listas del Frente de Todos desde las orgánicas políticas hacia las páginas y pantallas de estos medios hegemónicos. Es decir: un mismo sujeto mediático actuaba, para distintos sectores de la coalición, alternativamente como adversario y como aliado. Alguien podría decir que son las dos cosas: adversarios políticos y aliados funcionales. Puede ser. Sin embargo, da la impresión que en esta falta de definición en común acerca de qué son los medios hegemónicos para el Frente de Todos, reside una parte importante de la explicación de la carencia de políticas públicas de comunicación en la Argentina. Nos tocará pensar, luego de las elecciones, que es lo que debería venir después del lawfare: seguramente algo más que puntos suspensivos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de julio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</span></p>
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		<title>A Lucas también lo mató la comunicación &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Nov 2021 22:36:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
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		<category><![CDATA[discurso político mano dura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El asesinato de Lucas González cometido por efectivos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires revela, según sostiene el sociólogo Daniel Rosso en esta nota, que en el mundo de las apariencias y de las extorsiones, cualquier integrante de los sectores populares puede recibir dos tiros en la cabeza porque la elección del blanco es contingente y mediada por encuadres controlados y repetidos, en buena medida, por el poder económico, político y comunicacional.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/a-lucas-tambien-lo-mato-la-comunicacion-por-daniel-rosso/">A Lucas también lo mató la comunicación &#8211; Por Daniel Rosso</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El asesinato de Lucas González cometido por efectivos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires revela, según sostiene el sociólogo Daniel Rosso en esta nota, que en el mundo de las apariencias y de las extorsiones, cualquier integrante de los sectores populares puede recibir dos tiros en la cabeza porque la elección del blanco es contingente y mediada por encuadres controlados y repetidos, en buena medida, por el poder económico, político y comunicacional.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La identidad instantánea del delito</strong></p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Julián, uno de los amigos de Lucas, el joven asesinado por efectivos de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta que mientras eran perseguidos por los policías vestidos de civil a los que no reconocían como tales, él y sus compañeros que volvían a Florencio Varela en un Volkswagen Surán, intentaban encontrar desesperadamente policías que los ayudaran.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la escena trágica se producía una doble confusión de identidades. Por un lado, los jóvenes percibían a sus perseguidores como asaltantes, pero esos agresores no identificados que los perseguían eran policías. Por el otro, esos agentes yuxtaponían, en una operación automática y habitual, las apariencias de “pibes del conurbano o de la villa” con el accionar delictivo y, en ese devenir, intentaban situar a Lucas y a sus amigos como objetivos de extorsión y, en segunda instancia al no detenerse, como blancos mortales de sus armas de fuego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Estado, representado por estos tres efectivos policiales, leía el campo de fuerzas donde operaba según la añeja distribución de significados clasistas y racistas, activados por intensos discursos políticos y mediáticos de odio. Según estas lecturas, los que están fuera de la ley son jóvenes, morochos y villeros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por eso, para los dos protagonistas del hecho, policías y pibes, en el vocabulario de esta secuencia sólo había delincuentes: para unos lo eran los perseguidos, para los otros lo eran los perseguidores. Los policías de civil y los chicos que volvían a Florencio Varela eran lo mismo: delincuentes que atacaban y delincuentes que escapaban. Por supuesto, la disonancia perceptiva o el déficit de lecturas no resultan equiparables. La “confusión” policial era la consecuencia de un prejuicio. En cambio, la confusión de los jóvenes era el producto de una irregularidad: personal&nbsp; policial que circulaba sin ninguna identificación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En un caso, lo que producía la falta de reconocimiento era la ausencia de componentes claves de la identidad institucional: por ejemplo, los uniformes y el patrullero; en otro, en los chicos, lejos de la falta de identificación, lo que se imponía era la estandarización de elementos identitarios: “los rasgos del conurbano o de la villa” funcionando peligrosamente como la identidad instantánea del delito.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Julián, el amigo de Lucas, cuenta que «nos trataron de villeros y nos dijeron que nos iban a pegar un tiro en la cabeza a cada uno». También dijo que les preguntaban «dónde tenían la falopa” y que los trataban “de delincuentes cuando teníamos un equipo de mate, ropa de entrenamiento y galletitas”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo que interviene en estos casos no es sólo el prejuicio. Además, junto a él, operan mecanismos institucionalizados del delito. «Esos tres (por los policías detenidos) vivían frenando motos y autos que salían de la villa», cuenta un vecino al diario <em>Clarín</em>. «Les ven pinta de pibitos y creen que es muy probable que salgan de comprar drogas. Los apuntan, les piden documentos y cuando ven que no son de la villa, los revisan. Si les encuentran drogas, les piden plata a cambio de no llevarlos a la comisaría».</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Fáciles de matar.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la frontera que separa lo legal de lo ilegal, como lo muestran los testimonios, lo que circulan son apariencias. Supuestos delincuentes que, en este caso, son pibes que vuelven a sus casas luego de jugar al futbol y policías no identificados que actúan como delincuentes. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Meter bala, agujerear un cuerpo “como un queso gruyere”, supone elegir individuos desechables y extorsionables a los que se los puede detener, perseguir o abrir fuego según golpes de vista y miradas panorámicas mediadas siempre por &nbsp;apariencias, es decir, por imágenes o interpretaciones construidas por la cultura y la comunicación dominante. Se persigue, se detiene, se golpea y se mata a quien porta el verosímil de los que se puede &nbsp;perseguir, detener, golpear o matar. Poseer determinada fisonomía es estar en el ángulo de tiro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es obvio: la policía en ningún caso está autorizada a asesinar de dos disparos en la cabeza a ningún argentino ni argentina aun cuando esté delinquiendo. Nadie que delinque está sometido a un instantáneo pabellón de fusilamiento. &nbsp;Pero lo que aquí intentamos decir es igual de grave: estamos sosteniendo que, en el mundo de las apariencias y de las extorsiones, cualquier integrante de los sectores populares puede recibir dos tiros en la cabeza porque la elección del blanco es contingente y mediada por encuadres controlados y repetidos, en buena medida, por el poder económico, político y comunicacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muchos policías salen de patrulla llevando armas, balas y una imagen mental de los cuerpos a los que un sector de la política y de la comunicación les propone agujerear. Ellos disparan, pero, en buena medida, es el aparato político, cultural y comunicacional quien les fija los blancos. Los relatos del odio terminan siendo prácticas de eliminación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Porque es relevante esta reflexión? Porque lo que estamos diciendo es que la percepción es un producto de las relaciones de fuerzas culturales, ideológicas y comunicacionales. El modo como miramos y como nos miran es una consecuencia de operaciones contrapuestas entre sectores sociales en pugna. La mirada es un lugar de disputa política. Por lo cual, hay una lucha constante por construir identidades en un campo de fuerzas donde los recursos están distribuidos de modo estructuralmente desigual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es decir: tener una política de comunicación no es sólo adquirir la capacidad de distribuir información. Es más que eso: es también tener una estrategia de construcción de identidades. Al revés: la carencia de una política cultural y comunicación activa significa dejar la construcción de las identidades políticas, sociales y sindicales en manos del mercado y de sus operadores comunicacionales.&nbsp;</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://imgsvr.radiocut.site/get/thumb/900/900/cuts_logos/88/d7/88d75b40-9191-450f-af72-98b205c9c7ea.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La construcción de las identidades populares</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Cómo construyen las identidades populares los agitadores de la cultura y la comunicación neoliberal?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En un artículo titulado “¿Cuándo, dónde, quiénes? Tres preguntas para volver a pensar los sentidos políticos del 2001”, escrito por Gabriel Vommaro y aparecido en el libro <em>“La grieta. Política, economía y cultura después de 2001”</em> de Sebastián Pereyra, Gabriel Vommaro y Germán J. Pérez, el autor afirmaba: “Desde entonces, (desde 2001) la presencia de las clases populares en manifestaciones públicas sería cada vez más asociada al clientelismo y la manipulación, en tanto que las apariciones de las clases medias a las formas espontáneas de la política”. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desde la perspectiva dominante, la libertad no es sólo el núcleo constitutivo de la identidad de las diversas fuerzas neoliberales – las distintas variantes de Juntos por el Cambio más los libertarios – sino que la presencia o la ausencia de ese término define la legitimidad de la acción colectiva y, por lo tanto, la diferencia entre la pertenencia a un campo autoritario o a otro democrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Una parte de la movilización social es presentada como una acción sin conciencia, manipulada o producida desde arriba y, por ello, no clasificable en el territorio de la democracia. No hay, en estos casos, individuos libres. Sus conciencias son el campo de operación de líderes autoritarios. Lo mismo sucede con el clientelismo: son votos inducidos por un aparato que interviene sobre las conciencias y las manipula. El autoritarismo y el clientelismo, desde este punto de vista, crean una zona no democrática dentro de la democracia. De allí que, la palabra libertad funcione como una articuladora transversal del discurso neoliberal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Neoliberales, liberales y libertarios son, en buena medida, un producto de la apropiación monopólica del término libertad. Por eso, el populismo es definido por lo contrario: como la ausencia de libertad. Es presentado como una modalidad de la política que obliga a sus partidarios a repetir un discurso que viene desde arriba: el populismo es una nueva teología.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En este escenario, hay una especie de teoría del valor de las identidades sociales en el campo discursivo neoliberal: los sujetos que lideran el desplazamiento del Estado hacia la economía, por un lado, y los que protagonizan el movimiento de los sectores populares y sus demandas hacia el Estado, tienden a ser los más sometidos a operaciones de sustracción de valor. Ese doble movimiento de intervención es presentado como agresivo y violento porque les quita libertad al resto de los actores económicos y sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Además, en la intervención del Estado rige un doble régimen de visibilidad: cuando esa intervención se vincula a la distribución progresiva de los ingresos y a la ampliación de derechos, es hipervisibilizada para cuestionarla; en cambio, cuando esa intervención se relaciona con la distribución regresiva de los ingresos y la reducción de derechos es invisibilizada. Por eso, la intervención populista, tiende a ocupar el lugar de la totalidad de la intervención.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">“Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” dijo alguna vez Jean-Paul Sartre. Es decir: somos lo que hacemos con lo que los medios concentrados intentan hacer de nosotros.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 23 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</p>
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		<title>Algo de lo que nos dejó González &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jan 2022 00:23:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Elisa Carrió]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El sociólogo Daniel Rosso afirma que el neoliberalismo intenta apropiarse de los conceptos de producción y trabajo diseminando una moral propia al interior del intercambio mercantil: según esta moral, el campo nacional y popular es el defensor de la improductividad del trabajo; por ello, sostiene Rosso, es imprescindible construir otra historia desde los intereses de los sectores nacionales y populares.  </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>El sociólogo Daniel Rosso afirma que el neoliberalismo intenta apropiarse de los conceptos de producción y trabajo diseminando una moral propia al interior del intercambio mercantil: según esta moral, el campo nacional y popular es el defensor de la improductividad del trabajo; por ello, sostiene Rosso, es imprescindible construir otra historia desde los intereses de los sectores nacionales y populares. &nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Los intercambios de trabajo ficcional</strong></p>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El neoliberalismo se ha apropiado del discurso moral. Pero, además, lo ha relocalizado: lo ha ubicado en el interior de la teoría del valor. Simplificando mucho, según esta última, el valor de un bien o de un servicio depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlo. Por eso, en el capitalismo intercambiamos cantidades de trabajo. ¿Qué denuncia la moral neoliberal? La sustitución, en una parte de los intercambios, del trabajo productivo por su representación imaginaria o ficcional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Los ñoquis, los vagos, los trabajadores estatales, los funcionarios políticos, los docentes, los “planeros”, entre otros, participarían de transacciones donde en lugar de “trabajo” lo que en realidad ofrecerían es la negación del mismo. Se trataría de una cuestión de bautismos alterados: lo nombrado, el trabajo, irrumpiría como lo inverso de lo que ese nombre designa. De allí que en&nbsp; lugar de la crítica de la plusvalía, lo que se generaliza es la crítica del intercambio ficcional: el cuestionamiento a transacciones en las que el Estado distribuye ingresos a cambio de cantidades de trabajos insuficientes o inexistentes por parte de diversos actores sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Es decir, en los procesos de producción, donde el capital se apropia de parte del valor, el neoliberalismo insiste con otra sustracción: la realizada por el trabajo. En estos casos, en lugar de plusvalía habría subvalía. Dicho de otro modo: lo que se denuncia es la inmoralidad de un “trabajo” que aparece en el intercambio como la representación de lo que no es trabajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Cómo funciona, entonces, esa denuncia moral? Como la impugnación de intercambios ficcionalizados o improductivos. Dicen: un sector de la sociedad participa del intercambio pero a través de la representación imaginaria del trabajo que intercambia. El trabajo del ñoqui es el del día que pasa a cobrar su “trabajo”. El trabajo del “planero” es el del que se moviliza para demandar una mejora en la condición de beneficiario de un plan. El “trabajo” del funcionario “corrupto” es el de organizar los actos de corrupción. Hay una reducción del trabajo a la organización de los actos por los cuales no se trabaja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De ese modo, la moral neoliberal elabora e impulsa sus denuncias desde el interior de procesos definidos como improductivos. Es la gran paradoja del populismo: ser impugnado por el capitalismo financiero por desestimular la productividad de la economía. Emerge, de ese modo, el fantasma de un progresismo vacío y a la defensiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La moral rota, entonces, no es sólo la consecuencia de actos individuales sino del modo general de funcionamiento del Estado: este adquiere dinero de los contribuyentes y lo transfiere a sectores de la sociedad que en lugar de trabajo ofrecen su representación falsificada. Por contraste, el neoliberalismo propone una idea de “justicia” que consiste en que todos los trabajadores y trabajadoras participen con la misma autoexigencia en el campo de la producción. Finalmente, la teoría del valor y su funcionamiento efectivo, tiende a quedar del lado de Javier Milei, José Luis Espert y Juntos por el Cambio quienes expresan un consenso en torno a la productividad. Es el capitalismo financiero apropiándose de lo que destruye. Además, desplazan el problema: desde la desocupación y el trabajo mal pago, hacia los trabajadores que “no trabajan”. Las víctimas son los culpables.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://fotos.perfil.com/2014/05/03/trim/950/534/la-diputada-nacional-deja-mensajes-insolitos-en-las-redes-sociales-0502-g1.jpg" alt=""/></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Carrió: la jefa de personal de todos los argentinos y las argentinas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En un libro reciente de entrevistas con Horacio González titulado “Gonzalianas &#8211; &nbsp;Conversaciones sin apuro”, el entrevistado, en diálogo con Gisela Catanzaro, dice refiriéndose a Elisa Carrió: “es la que divide todas las acciones políticas en aprobadas y desaprobadas, como una Corte Suprema de la Nación, pero que la imparte una persona (…) en Carrió y en su cuerpo está el castigo moral y el látigo, pero en su mirada astuta que mira para todos lados para ver el efecto de la frase en lo inmediato, está la elección o los votos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Carrió se presenta, en su circunloquio narcisista, además de como paladín contra la corrupción, como la jefa de personal de todos los argentinos y las argentinas. Por eso, no mira a otros: se mira ella en la mirada que despliega sobre sus interlocutores. No suelta las palabras: las vigila mientras hacen su trabajo de inoculación moral. Está claro: esos deslizamientos ópticos de Carrió hacia todos los lugares son el movimiento silencioso de una hegemonía. Eso es lo que capturó González: el desplazamiento visual en el que se percibe la intención de fundar “la verdad” única y definitiva. Es el momento exacto en el que el discurso de la república se transforma en un relato donde se extinguen todos los diferimientos lingüísticos y todos los nombres llegan a su formulación última. La república es un campo santo de palabras sepultadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Todos los nombres</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En la misma publicación, en diálogo con Diego Sztulwark, González rememora la famosa frase de John William Cooke: “los comunistas somos los peronistas en la Argentina”. La política es definida por su capacidad de inestabilizar significados. Allí donde decía peronismo dice comunismo y allí donde decía comunismo ya no dice nada. La transferencia del sentido de una palabra a otra deja detrás un vacío. En este caso, el peronismo lleva hacia la política la arbitrariedad del signo. Nombrar es cambiar los nombres.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Más adelante, en diálogo con Javier Trimboli, González recuerda que en el caso del Facundo lo que no se sabe bien es si “es una apología o una crítica. Porque en realidad lo que utiliza como sistema es la hipálage. Es decir, una figura que sustituye a otra de modo tal que produce una cierta comodidad nombrar a una en otra. Rosas es la hipálage de Facundo. Y el mariscal Carlos Antonio López es la hipálage de Rosas, de modo que hay una triada: Facundo, Rosas, López. Y el uso de esa figura también hace del Facundo un libro cuyo nombre abarca a otros nombres. Y Alberdi, que es el primer más agudo lector, indica que siendo así, todas las descripciones que hace de Facundo le corresponden a él (…) Usted es Facundo. Por eso, el libro hubiera sido mejor que se llame Faustino (…) Facundo es usted, Rosas es usted”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nombrar en la historia argentina es designar lo mismo con distintos nombres. Por eso, a diferencia del diálogo alrededor de la frase de Cooke, donde nombrar es cambiar los nombres, en la conversación sobre Facundo nombrar es, además, multiplicarlos: de una a otra charla, nos desplazamos de designar una cosa con el nombre de otra, al uso de numerosos nombres para nombrar lo mismo. Por lo cual, estamos ante lo específico del lenguaje: una acumulación de bautismos que nunca alcanzan. La política, entre otros campos, extrae su movimiento de esa falta: un nombrar incesante siempre condenado a volver a nombrar. Es, justamente, en ese desajuste entre el nombre y lo que el nombre no logra designar donde se produce el movimiento de la hegemonía.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="623" height="630" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1.jpg" alt="" class="wp-image-9217" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1.jpg?v=1643070173 623w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-297x300.jpg?v=1643070173 297w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-144x146.jpg?v=1643070173 144w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-50x50.jpg?v=1643070173 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-74x75.jpg?v=1643070173 74w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-85x85.jpg?v=1643070173 85w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2022/01/Horacios1-80x80.jpg?v=1643070173 80w" sizes="(max-width:767px) 480px, 623px" /></figure></div>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Volver a nombrar</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">De la crisis del 2001 salimos, entre otras cosas, con el discurso de la producción y del trabajo. Desde entonces, hubo un activismo incesante del neoliberalismo por apropiarse de esos conceptos. Lo ha intentado y lo intenta diseminando una moral propia en el interior del intercambio mercantil: según esta moral, el campo nacional y popular es el defensor de la improductividad del trabajo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Frente a esa búsqueda &nbsp;por clausurar de ese modo lo nombrado urge volver a nombrar, volver a nombrarse, volver a recrear las propias políticas y los propios discursos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Algo de esto nos dejó González como gesto póstumo: ante la languidez mórbida del activismo neoliberal, que intenta cerrar moralmente las palabras y las identidades, lo que nos queda es la vocación de vincularnos con la falta propia y, por lo tanto, con la reinvención de nuevas políticas y de nuevos discursos. Repetir el nombre es repetir lo que al nombre le falta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si hay una historia neoliberal emergente de la producción y del trabajo, es imprescindible construir otra historia desde los intereses de los sectores nacionales y populares. &nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Los mejores nombres son los que aún no han sido pronunciados, nos diría probablemente González en nuevas conversaciones que seguimos y seguiremos necesitando.&nbsp;</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 24 de enero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</p>
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		<title>La dolarización de la política &#8211; Por Daniel Rosso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 May 2023 14:27:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
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		<category><![CDATA[dolarización de la política]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La crisis que atraviesa la Argentina es una crisis sin exterior ya que se convierte en la agenda única de casi la totalidad de la política gubernamental, sostiene el sociólogo Daniel Rosso, y afirma que la crisis sin exterior, la dolarización de la política y el escenario electoral sin candidatos son el capítulo actual de la tragedia de los discursos oficialistas.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>La crisis que atraviesa la Argentina es una crisis sin exterior ya que se convierte en la agenda única de casi la totalidad de la política gubernamental, sostiene el sociólogo Daniel Rosso, y afirma que la crisis sin exterior, la dolarización de la política y el escenario electoral sin candidatos son el capítulo actual de la tragedia de los discursos oficialistas.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El circulante que no circula o circula en exceso</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La crisis que atraviesa la Argentina, parafraseando a Mark Fisher, no tiene exterior: nada parece haber por fuera de ella. En su pura interioridad, se amplia, se diversifica y se acelera. Y se extiende entre dos mandatos: Macri es quien la generó, Alberto quien no la resolvió y Massa quien intenta que no explote. La sensación es que la responsabilidad es de la totalidad del sistema político.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En su big bang expansivo es una crisis que se extiende desde la gestión económica actual hasta el escenario de las próximas elecciones inclusive. Por eso, en la percepción mayoritaria, hay un presente de crisis y un futuro electoral en donde persistirá la crisis.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ello tiene una primera consecuencia: el objetivo de las políticas económicas residen más en que la crisis no se generalice que en impulsar estrategias para que la mayoría de la sociedad viva mejor. Es decir: esa crisis, sin exterior, se convierte en la agenda única de casi la totalidad de la política gubernamental. Y, por lo tanto, la gestión se desvincula aún más de la sociedad que demanda respuestas urgentes. El objetivo es no empeorar en lugar de mejorar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esta concentración de la atención del gobierno ni siquiera es en la economía: es preponderantemente en una de sus variables críticas. Porque estas crisis se organizan, en buena medida, alrededor del movimiento del dólar: o porque ese componente de la economía bimonetaria deja de circular o porque circula con demasiada velocidad.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por un lado, lo que debe moverse deja de tener movimiento. Entonces, el Estado pone sus esfuerzos en que lo que no circula vuelva a circular. Para ello ofrece incentivos ante los exportadores locales y ante los organismos multilaterales de crédito para que la divisa norteamericana se mueva hacia el Banco Central. La gran maquinaria estatal al servicio del circulante que no circula.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por el otro, ese mismo circulante, el dólar blue, entre otros, sube de modo constante y acelerado. Es decir: se mueve demasiado. Entonces, la gran maquinaria estatal es puesta al servicio de ese circulante para que reduzca su velocidad. En un caso se trata de producir el movimiento, en el otro de restringirlo. Hay, por supuesto, una constante: todo sucede alrededor del dólar. La divisa norteamericana es, en si mismo, un programa económico y un lenguaje. Y Sergio Massa es un reflejo hiperactivo de la circulación vertiginosa del dólar en la Argentina bimonetaria. No es el ministro el que mueve al dólar sino el movimiento del dólar el que mueve al ministro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Lo que sucede es mucho más que la economía dolarizada: es la dolarización de la política. Y esa política dolarizada es, en simultáneo, una política amenazada. Hay de parte de los sectores concentrados de la economía, por lo tanto, el impulso a dos dolarizaciones: la de la economía y la de la política. Con la primera interfieren a la segunda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esa concentración de la dirigencia política en el dólar la retira del terreno político de la distribución. Hay una suerte de especialización de los dos componentes del bimonetarismo: mientras el dólar más sube, la dirigencia menos se concentra en redistribuir el peso. El fetichismo de la divisa norteamericana transforma a la política en un juego fantasmagórico: en lugar de ocuparse de los sectores vulnerables de la sociedad, se especializa en ir detrás de la figura espectral de la moneda extranjera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Pero no sólo corren los tipos de cambio. También lo hacen los precios. Hay corridas cambiarias y corridas inflacionarias. Todo se reduce a una alegoría gimnástica. La Argentina es un gym a cielo abierto donde los tipos de cambio, los precios y los salarios se mueven con distinta rapidez. En ese escenario, el Estado es un asignador ineficiente de velocidades: porque la regulación no logra que esos diversos tipos de cambio, precios y salarios se desplacen juntos entre sí o en favor de estos últimos. La heterogeneidad del movimiento es un indicador de la heterogeneidad regresiva de la distribución. La vida es una maratón: hay quienes corren más rápido y quienes lo hacen más despacio. No hay sectores concentrados de la economía o especuladores globales: hay leyes estructurales del movimiento y distinta velocidades de los maratonistas en las corridas cambiarias e inflacionarias. La esfera pública se reduce a una cinta para correr.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Mientras, la palabra dólar se multiplica y extiende sus sentidos con las crisis: al dólar oficial se le suma el dólar blue, el soja, el Mep y el contado con liqui, entre otros. El término dólar lejos de ser un significante vacío, es un significante expansivo. Crisis y dólar tienen la misma lógica de diseminación. Por eso, la crisis sin exterior, la dolarización de la política y el escenario electoral sin candidatos son el capítulo actual de la tragedia de los discursos oficialistas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Estamos ya en el terreno del bimonetarismo electoral: candidato y programa como dos componentes sucesivos, cada uno de ellos asociado al otro. Pero no son dos componentes intercambiables: se puede tener un candidato sin programa pero no un programa sin candidato. El lábil cuerpo del dólar que no deja de correr, por ahora, dificulta la irrupción del cuerpo del candidato.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://razonyrevolucion.org/wp-content/uploads/2020/04/finanxas.jpg" alt=""/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>El lenguaje del capital financiero</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La crisis es también la crisis del lenguaje: los sentidos extraños se acumulan, se superponen y se diversifican. La terminología cambiaria sale de su reducto especializado y se transforma en otro circulante: las palabras Leliq, contado con liqui, Dólar Mep, entre otras, han abandonado el jeroglífico del vocabulario técnico para moverse, aún con dificultades, en los discursos de los taxistas, los comerciantes, los electricistas, los abogados y los deportistas. Dan forma a un pastiche urbano que es un nuevo idioma liderado por el capital financiero. De ese modo, los trabajadores, trabajadoras, jubilados y jubiladas, trajinan un lenguaje extranjero. Han sido sometidos a la terminología de otra clase social. La moneda imperial habla y los argentinos hablamos el lenguaje de esa moneda. El territorio abandonado por la política es ocupado por el discurso de las finanzas. El neoliberalismo es también una hegemonía lingüística.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por un lado el circulante no circula o circula demasiado rápido; por otro, este otro circulante, el lenguaje, se mueve en geografías extrañas. Estamos en el punto más alto de la dolarización de la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>La Vicepresidenta Borgeana</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La Vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, presentó en el Teatro Argentino de La Plata la Escuela Justicialista Néstor Kirchner cuyo objetivo es la formación de dirigentes y militantes del Frente de Todos. En ese escenario, se refirió a un pasado que insiste en volver. “en esta Argentina circular es como que el pasado aparece otra vez acá en el presente. Hoy estamos con una situación en la que figuras e ideas y hechos del pasado parecen querer venir nuevamente a instalarse en el presente para condicionarlo y para además, también, condicionar el futuro. Estamos en ese raro momento en que el pasado se torna presente y, tal vez, frustre el futuro”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La superposición de todos los espacios y, por lo tanto, de todos los tiempos en un único instante es el tema de “El Aleph” de Jorge Luis Borges. Pasado, presente y futuro no ya como un contínuum sino como una fusión. Se trata del tiempo en la tensión interna en la que desaparece como tiempo. Dice Borges en su relato: “En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré”.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.letrap.com.ar/p/23d19597d218ed24efdbc0c83622a2a7/adjuntos/349/imagenes/100/080/0100080232/1200x630/smart/cfk-teatro-argentinojpg.jpg" alt=""/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El lenguaje, cuando describe a “El Aleph”, lo traiciona: porque transforma lo que es simultáneo en sucesivo. Es decir: le agrega tiempo a lo que no lo tiene.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Cristina Fernández de Kirchner describe al neoliberalismo como aquel dispositivo que superpone las temporalidades: el pasado vuelve sobre el presente para impedir el futuro. En su mayor nivel de ofensiva el neoliberalismo elimina el tiempo de la política. Es la idea del Fin de la Historia: es decir, del fin del movimiento. Cuando las que han dejado de moverse son las ideas y la política, lo que se mueve son los dólares, los precios y la pobreza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">¿Cuál es la respuesta a esa operación? La vuelta a la intensidad de la política. Es decir: la vuelta al proyecto y al relato. A contar los hechos organizados en una línea que se desplaza entre el pasado, el presente y el futuro. A la reorganización del discurso en contra del postulado de la repetición del paradigma neoliberal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En esta línea, la Vicepresidenta Borgeana repone la historia. Y, en ese proceso, reinstala las ideas y los proyectos. Es lo contrario del Aleph: una modalidad semiótica por la que todos los hechos en simultáneo impiden la organización lingüística de los hechos. Es decir: impiden el relato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La Vicepresidenta, en sus discursos, vuelve a la autonomía de la política y, por lo tanto, vuelve a contarnos un proyecto. Vuelve a los efectos discursivos de las ideas en estado puro, sin mediaciones. Vuelve a la pulsión de un discurso absoluto, en estado de fuerza explosiva, que irrumpe en el aire como una marea desgarrada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por eso es un relato que se escucha. Porque representa una diferencia con el resto de los discursos. Pero no alcanza. Es necesario que la reconstrucción de la autonomía de la política sea un proceso colectivo, multitudinario y urgente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hay que volver a contar la historia porque el neoliberalismo la disuelve. Allí donde está el lenguaje de las finanzas y de la moral, es imprescindible hacer que la política despliegue colectivamente sus narrativas autónomas.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 3 de mayo de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Sociólogo, docente y especialista en Comunicación. Ex Subsecretario de Medios de la Nación.</p>
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