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	<title>cuento. Juan Chaneton archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Mon, 19 Jul 2021 23:06:46 +0000</lastBuildDate>
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	<title>cuento. Juan Chaneton archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Cuento: El Chele &#8211; Por Juan Chaneton</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Jul 2021 22:23:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Juan Chaneton]]></category>
		<category><![CDATA[cuento. Juan Chaneton]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Nicaragua]]></category>
		<category><![CDATA[revolución]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El cuento que Juan Chaneton nos envía tiene su tiempo de ocurrencia en los iniciales meses de 1990, cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones a manos de la candidata de la derecha, Violeta Barrios, al frente de la Unión Nacional Opositora (UNO). Para los gobiernos revolucionarios, las elecciones y la democracia son una necesidad, pero la democracia burguesa con reglas burguesas, constituye una encerrona histórica de difícil pronóstico.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/cuento-el-chele-por-juan-chaneton/">Cuento: El Chele &#8211; Por Juan Chaneton</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El cuento que Juan Chaneton nos envía tiene su tiempo de ocurrencia en los iniciales meses de 1990, cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) perdió las elecciones a manos de la candidata de la derecha, Violeta Barrios, al frente de la Unión Nacional Opositora (UNO). Para los gobiernos revolucionarios, las elecciones y la democracia son una necesidad, pero la democracia burguesa con reglas burguesas, constituye una encerrona histórica de difícil pronóstico.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Juan Chaneton*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #333399;">H</span></strong>abía sido duro con la  Guardia, ni modo&#8230;<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Puta digo&#8230; si son los mismos que ahorita nomás están ahí, en la frontera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se termina más esto&#8230; –musitaba el Chele-<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> a un interlocutor imaginario, mientras escupía las briznas de tabaco que se le enredaban entre los dientes después de cada chupada,  los Valencia<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> cada vez vienen peor, puta digo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se termina más esto&#8230; Y los ojos azules se entrecerraban, perforando, sin verlo, el humo soplado con  cansancio, en un profundo suspiro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las horas, aflojadas siempre lentamente en la rutina exasperante de los expedientes, se habían ido rápido esa mañana, cosa rara. Quizás fuera porque pensaba mucho el Chele ese día, y el pensamiento, ya se sabe, lo sume a uno en un ensimismamiento que le gana al tiempo, parece que los minutos no tuvieran ya sesenta segundos, ni que las horas tuvieran sesenta minutos. El tiempo del Chele había muerto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No tenía apetito y no había querido ir a comer el vigorón<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> cuando la Arline lo había invitado. Prefirió alejarse dos cuadras, calle abajo, hacia el lago, llegando casi a donde fue Mansión Teodolinda. Se sentó en un tronco volcado, de malinche, y allí se quedó, quieto y silencioso, rumiando su soledad  poblada de presentimientos, en tácita complicidad con los garrobos<a style="color: #000000;" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> que, insinuándose la siesta, ya asomaban sus cabezas puntiagudas entre la hojarasca calcinada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hacía calor, como siempre en Managua. A la una debería estar de nuevo encerrado en el Modular 1 de ese ministerio que lo había acogido como empleado tres años atrás, después que dejó la milicia, no sabía ahora si para bien o para desgracia suya, una desgracia más, en todo caso, en esa larga lista de desgracias que había sido su vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Chele nació y vivió descalzo hasta los catorce años. Octavo de once hijos, iba siempre de la mano de su madre, acompañando a ésta en el trajín diario de la venta de cuajada y otras menudencias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Papá no tenía. Es difícil tener papá en Nicaragua.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Iba también de la mano de su madre aquel día, cuando los chigüines<a style="color: #000000;" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> de la EEBI les dieron duro a las mujeres de Ampronac,<a style="color: #000000;" href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> allá en Chontales. Nunca supo bien cómo ni por qué, pero intuía una lógica en todo aquello. Lo cierto es que su mamá le aflojó la mano para siempre, aquel día. Agonizó contra los adoquines, y el chelito no soltó ni una lágrima, sólo miraba, absorto, esos borbotones, rojos y espesos, que iban cubriendo, poco a poco, la blancura del vestido de su <em>máma</em>. Tenía doce años esa vez, y todavía no había ido a la escuela, así que se fue a vivir con un tío, en Matagalpa, a trabajar en el café.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese año conoció a la Lisbeth, se hicieron amigos y después novios. Muchos años más tarde recordaría, trepado al IFA<a style="color: #000000;" href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> que se zangoloteaba como un paquidermo en celo, la voluptuosidad de su debut en el amor y las promesas que se hicieron, una noche, desnudos y transpirados, a orillas del Tuma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Malos presagios ese año. En Managua había habido tiroteo en el Palacio y todo mundo<a style="color: #000000;" href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> hablaba de eso. Un día, la Lisbeth le dijo que tenía un amigo, Marvin, que era del Frente y que hacía mucho que le venía diciendo que entrara ella también, y que qué le parecía, y que no sabía qué hacer, que quería entrar pero quería que lo hicieran juntos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Él, por puro amor, se metió también. Todavía hoy lo recuerda a Marvin, que ni bien supo que él era huérfano y analfabeto le quiso enseñar a leer.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A veces, para los pobres, la vida es como para enloquecer, le había dicho Marvin, y el Chele se acordó, en ese instante, que no había llorado, de chavalito, la muerte de su madre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya militante, estuvo en el Repliegue, cuando el Frente simuló retirarse hacia Masaya para contragolpear después. Luego, el triunfo, que no se escribía así, sino el Triunfo, con mayúscula, y la voz de Daniel que resonó aquel día –todavía lo recuerda&#8211;, cálida y firme, anunciando a los burgueses: se morirán de nostalgia, pero no volverán nunca … Todavía lo recuerda, y se le nublan los ojos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante los tres años siguientes buscó, con tenacidad de hormiga, realizar tanto sueño incumplido. Lo agarró la campaña de alfabetización y aprendió a leer. La Lisbeth, que ya sabía, lo ayudó mucho. Enseguida se casaron.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ingresaron los dos al ministerio. El Chele nunca supo para qué servía ese ministerio lleno de papeles y que nunca salía en el Barricada.<a style="color: #000000;" href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> Pero allí estaban los dos, ella, como empleada en la procuraduría, él, a cargo del archivo de los tribunales especiales, los que juzgaron a los guardias después del triunfo. Con los ocho mil córdobas que ganaba cada uno vivían  como podían.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En diciembre del 84 fueron al café, trabajo voluntario. Conocían bien el lugar, Matagalpa. Atacó la contra una noche, las cuatro de la mañana, mucho grito y balacera en la oscuridad, fue herida la Lisbeth y no aguantó, se fue de a poquito en cada gota púrpura que teñía su camisa blanca, que él usó como torniquete, con desesperación y rabia, pero que no sirvió. Y ahí sí que lloró. Toda su vida lloró en ese momento, toda su historia y la historia de los suyos. El vestido es blanco, la sangre es roja, la bala no tiene color, pensó el Chele y esos pensamientos le parecieron extraños a él mismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con las primeras luces de una nueva mañana enterraron a los muertos y se prepararon a partir. Dejaron atrás las cenizas humeantes de las cabañas donde habían dormido y soñado durante dos meses.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El regreso, bajo un cielo destemplado y gris, fue sólo alterado por la caravana de Ifas que toparon en el cruce con el camino a Jinotega. No menos de doscientos adolescentes saludaban con los Aka<a style="color: #000000;" href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> en alto y los gritos se acallaron con la cola del último camión que se perdió tras la curva de una carretera gastada y llena de agujeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fue poco ese año de oficina para tapar tanto dolor. El Chele seguía taciturno y reconcentrado cuando 1985 se iba para no volver.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Miró el reloj de pronto y sacudió la cabeza como para librarse de un molesto sopor. Era la una en punto de la tarde y todavía estaba allí, sentado sobre el tronco de malinche. Apretó los dientes después de dar la última chupada al cuarto o quinto cigarrillo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volvió sobre sus pasos, calle arriba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una humedad pegajosa impregnaba el mediodía del barrio de Bolonia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El sol caía pesado, calcinándolo todo. En la esquina se cruzó con la Arline, que le sonrió mientras se limpiaba los dedos, todavía engrasados tras el almuerzo frugal. El Chele se le acercó y la besó en la frente.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿No lo has visto a Carlos?, preguntó él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Ahorita nomás pasó para su oficina&#8230; ¿Quiubo&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-No, nada&#8230; Tengo que hablar con él, dijo con tranquilidad mientras se alejaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿Volvés Chele&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Claro&#8230;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El secretario político del ministerio estaba arrellanado detrás de su escritorio, hojeando un libro. Levantó la vista. El aire helado del ambiente refrigerado dio de lleno en la cara de su visitante, que entraba con pasos lentos, sin llamar. Eran amigos. Se conocían de la guerra. Y un amigo que se gana en la guerra más que amigo es un hermano.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://nicaraguamurals.files.wordpress.com/2016/07/large-mural.jpg" alt="Galería Mural – Nicaragua Murals" /></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #000000;">***</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El aguacero era firme y decidido por la tarde. Como si el cielo mismo se desprendiera, a pedazos, de su matriz abovedada, la lluvia se desplomaba con estrépito ensordecedor sobre los platanales verde oscuro,  mientras el viento agitaba las copas de los árboles más altos que, lúgubres, rumoreaban su quejumbre de a ratos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Chapoteando en el barro, los soldados intentaban darle marcialidad a una formación apresurada que un oficial del epeese<a style="color: #000000;" href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a> había ordenado, ya casi al salir el sol, después de haber sido informado que la contra andaba cerca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Rompieron filas enseguida. Con un eco improbable resonándole en los oídos (caudalosos ríos de leche y miel&#8230;) y trepándose al camión, el Chele se sintió más cerca de su Aka que nunca. A los bufidos, lentamente, arrancó el Ifa. Encuclillado y con la culata del arma apoyada  en el piso del vehículo, entre las botas embarradas, las manos agarrotadas sobre el caño vertical, el soldado sandinista discurría en silencio. El agua caía a torrentes sobre la lona verde olivo que parecía perforarse de un momento a otro, pero el Chele no oía el traqueteo ni el rumor de la lluvia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un breve codazo lo sacó de su ensimismamiento.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿Fumás hermano&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Miró unos segundos el cigarrillo que le extendían, dentro de su paquete.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Un Royal, ¿querés?, le ofrecía un compañero con una semisonrisa amable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Claro&#8230; Claro, hermano&#8230; Gracias&#8230;</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras aspiraba el humo con fruición pensó que si nuevamente era soldado nada había tenido que ver la casualidad en eso. Recordó su charla con Carlos, en el ministerio, y el último consejo que éste, entre paternal y autoritario, le había dado cuando se despedían: Para ser soldado en Nicaragua, lo principal es tener rabia y apretar los dientes. Recordalo, Chele&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A los tres días lo llamaron y se presentó en el Mint.<a style="color: #000000;" href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a> La instrucción fue rápida porque él no era un novato. Se despidió de sus dos hermanos (los que vivían en Managua), de todo el ministerio y especialmente de la Arline y del Toño, sus amigos más queridos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es posible la rutina en Nicaragua, supo aquel día en que compartía su soledad, sentado sobre un tronco de malinche, con garrobos y culebras. No tenía sentido estar todo el día metido en una oficina archivando expedientes. Lo supo también el Día de la Alegría<a style="color: #000000;" href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, el último 17 de septiembre, que había habido fiesta en lo del Toño y se habían embolado<a style="color: #000000;" href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a> hasta el amanecer. Había mezclado cerveza y guaro, ese día, y mientras vomitaba sobre los poliedros concéntricos del adoquinado de una remota callejuela de Eldorado, una confusa insatisfacción le recorría el cuerpo por dentro, bien metida, poro a poro, entre las vísceras, apretándosele en torno de los huesos. Era la misma tristeza que le salía, a veces, por los ojos azules, dándoles un aire de cansancio seco y sin retorno. Y encima, la Lisbeth. Aquel día, en lo del Toño, hacía siete meses que le faltaba.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se alistó de nuevo, voluntario, pero esta vez para siempre –pensó&#8211;, porque en estos tiempos, sólo en la milicia se está seguro. Intuía que su deber era concurrir en ayuda de los suyos, allá en las cooperativas, hostigadas, día a día, por los contras, jueputas&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sí&#8230;, nunca debió cambiar las armas por la gris tranquilidad burocrática de un ministerio, pensó el Chele, mientras la larga fila de Ifas se internaba ya en el corazón de la sexta región y la espesura, silenciosa y lóbrega, tendía un pesado manto de incertidumbre sobre los soldados que marchaban hacia el Bocay, hacia la frontera.</span></p>
<p style="text-align: center;"><strong><span style="color: #000000;">***</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¡Va pué&#8230;! Siempre solemne vos Chele&#8230; Cuando no estás pensando, leés el diario&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿Mmm&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Va de viaje, oíste&#8230;? Va de viaje&#8230;! Eso dije&#8230; Va de viaje&#8230;!<a style="color: #000000;" href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin responderle, el Chele dobló en dos el Barricada y lo dejó, indolente, sobre la mesa, mientras se ponía de pie, cadencioso y grave. A través de la ventana del cuarto de oficialía apenas se podía ver, del otro lado de la calle, la casa de protocolo del ministerio, semiescondida entre una vegetación exuberante.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Alvarito, el pequeño hijo de la mujer que se encargaba de la limpieza de la casona de funcionarios y visitantes, correteaba, a esa hora,  por la vereda de tierra y hojas secas. Estaba nublado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿Sabés qué día es hoy, Toño&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-26 de febrero, Chele. Parece que perdió el Frente y que ganó la Violeta nomás&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-No me refiero a toda esa puñetería, Toño.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-¿&#8230;?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-26 de febrero, Toño. También un 26 de febrero murió la Lisbeth. Hoy hace un año.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hablaba mirando a través de los vidrios, sucios y viejos, dando la espalda a su amigo de toda la vida. Se dio vuelta lentamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Toño adivinó en esos ojos celestes que ahora lo miraban con fijeza, un dolor universal. Le pareció que por las claras pupilas de su amigo desfilaba el sufrimiento ancestral de muchas personas, incluso el suyo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">-Estoy cansado, Toño, dijo el Chele, y mientras lo decía echaba sobre su hombro el bolso militar con las blancas iniciales del Mint.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con la mano en el picaporte repitió, a modo de despedida: muy cansado&#8230;</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Toño bajó la vista y, sin querer, la posó sobre el Barricada que acababa de leer el Chele y que  comentaba la elección del día anterior. Un primer plano de Daniel, casi viejo dentro de su uniforme verde, proclamaba: Ha ganado la democracia. Más abajo, una mueca de Violeta Chamorro parecía una sonrisa, y lo era.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una fina llovizna comenzaba a caer sobre Managua.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El silencio era ahora pesado, casi infinito.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a>  Ni modo…! Expresión popular nicaragüense. Una alocución equivalente en el idioma de los argentinos podría ser ¡Qué va…!, o ¡Y bueno…!</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a>  Chele: en Nicaragua, de tez blanca, rubio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Valencia: marca de cigarrillos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a>  Vigorón: alimento popular nicaragüense.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a>   Garrobo: especie de reptil, más pequeño que la iguana y con algún parecido con ésta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>  Chigüines: derivado de “El Chigüín”, apodo con que se conocía en Nicaragua al hijo menor del dictador, que lo sucedió en el poder. Mientras Anastasio Somoza Debayle estuvo en el poder, su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, fue jefe de la EEBI, Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería, cuerpo represivo especialmente brutal y sanguinario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Ampronac: acrónimo de Asociación de Mujeres para la Problemática Nacional. Con el ascenso al poder del sandinismo, pasó a llamarse AMNLAE (Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinosa). Hoy llamaríamos a ambas “oenegés”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a>  IFA: marca de camión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a>   Todo mundo: así, es sinécdoque nicaragüense que equivale a “todo el mundo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a>  Barricada: órgano oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a>  Marca de fusil. Puede ser de origen  ruso o chino.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a>  Epeese. Modo coloquial de denominar al EPS, Ejército Popular Sandinista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a>  MINT. Ministerio del Interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Día de la Alegría: efemérides sandinista que recuerda el día del ajusticiamiento de Anastasio Somoza, por un comando de guerrilleros argentinos, el 17 de septiembre de 1980, en Asunción del Paraguay.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Embolarse: emborracharse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> ¡Va de viaje!: expresión de fastidio, de despreocupación, de desinterés, según las circunstancias y el contexto de la conversación. Podría equivaler a ¡Qué me importa…!</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de Julio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Abogado, periodista y escritor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="mailto:jchaneton022@gmail.com">jchaneton022@gmail.com</a></span></p>
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