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	<title>Covid archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Covid archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Geolocalización: ¿combatir la pandemia o controlar a la sociedad? &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 May 2020 20:04:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Covid]]></category>
		<category><![CDATA[Geolocalización]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En nombre de la salud y del cuidado se pondrá en funcionamiento un dispositivo de alcances fenomenales que acabará por auscultar cada milésima de nuestros movimientos, adentro y afuera de nuestras casas, haciendo añicos cualquier resto de privacidad o intimidad que nos queda en una sociedad dominada por las pantallas, los geolocalizadores y el sanitarismo elevado a religión de Estado por los mismos que hicieron lo posible por desarmar los sistemas de salud en nombre de la rentabilidad, el equilibrio fiscal y los protocolos inviolables del gasto público</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/geolocalizacion-combatir-la-pandemia-o-controlar-a-la-sociedad-por-ricardo-forster/">Geolocalización: ¿combatir la pandemia o controlar a la sociedad? &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En nombre de la salud y del cuidado se pondrá en funcionamiento un dispositivo de alcances fenomenales que acabará por auscultar cada milésima de nuestros movimientos, adentro y afuera de nuestras casas, haciendo añicos cualquier resto de privacidad o intimidad que nos queda en una sociedad dominada por las pantallas, los geolocalizadores y el sanitarismo elevado a religión de Estado por los mismos que hicieron lo posible por desarmar los sistemas de salud en nombre de la rentabilidad, el equilibrio fiscal y los protocolos inviolables del gasto público.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">PoHay un enunciado que comienza a escucharse con sospechosa insistencia: “la nueva normalidad” que va unida, cada vez que alguien la pronuncia, a otras palabras algo más alambicadas como “geolocalización”, “big data” y “digitalización algorítmica”. La pronuncian desde las altas esferas de la política en diversos países, se la escucha en los medios de comunicación como si fuera un mantra que afirma la inexorabilidad de prácticas individuales y colectivas asociadas a tecnologías virtuales que delinearán nuestras vidas desde el fin de la pandemia, la multiplican desde las redes sociales ciudadanos que imaginan que estamos entrando a un tiempo nuevo en el que nada será igual al pasado, la deslizan por sus infinitos canales las grandes corporaciones tecno-digitales –y sus ceos estrellas de un mundo de fantasía que ha pasado a ser “nuestra realidad”– que saben que ellas son las ganadoras de esta época y las que delinearán no sólo nuestro aquí y ahora pandémico sino la dinámica y las formas del futuro inmediato. Lo cierto es que pocos explicitan qué significa esa “nueva normalidad” aunque muchos intuyen que traerá aparejados cambios exponenciales en nuestro modo de vincularnos socialmente, en las formas del trabajo, en las prácticas educativas, en la manera de expresar nuestros afectos y hasta nuestra sexualidad, en los entramados públicos que dejarán de ser cajas de resonancia para que las multitudes manifiesten sus acuerdos y sus disensos con gobiernos y políticas económicas, sociales y culturales dejando que eso lo hagan las plataformas digitales que reemplazarán a los cuerpos en las calles y plazas por chats masivos, polifacéticos, multiformes, tribales donde lo virtual reemplace a lo material, donde el flujo constante de información sea el núcleo de toda forma posible de participación y donde un algoritmo me encierre especularmente –en tanto individuo–  haciéndome creer que viajo por una geografía abierta y plural mientras, en verdad, no salgo de mi habitación forrada de espejos en los que sólo veo replicadas imágenes de mis obsesiones, mis deseos, mis prejuicios, mis fantasías y de aquellos que las comparten (¡bienvenidos a los guetos virtuales!). Nada más alejado de la realidad que un microcosmos confundido con el universo que replicará mis fronteras intelectuales y mis limitaciones éticas y culturales haciéndome creer que mis posibilidades son ilimitadas y mis alcances cognitivos cada día mayores. “Si todo esto suena familiar –escribió Naomí Klein– es porque, antes del Covid, este preciso futuro impulsado por aplicaciones y lleno de conciertos nos fue vendido en nombre de la conveniencia, la falta de fricción y la personalización. Pero muchos de nosotros teníamos preocupaciones. Sobre la seguridad, la calidad y la inequidad de la telesalud y las aulas en línea. Sobre autos sin conductor que derriban peatones y aviones no tripulados que destrozan paquetes (y personas). Sobre el rastreo de ubicación y el comercio sin efectivo que borra nuestra privacidad y afianza la discriminación racial y de género. Sobre plataformas de redes sociales sin escrúpulos que envenenan nuestra ecología de la información y la salud mental de nuestros hijos. Sobre «ciudades inteligentes» llenas de sensores que suplantan al gobierno local. Sobre los buenos trabajos que estas tecnologías eliminaron. Sobre los malos trabajos que producían en masa.”<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La “normalidad” anterior a la pandemia nos prometía –bajo la forma de una fábula que el virus se encargó de hacer trizas para evidenciar lo que efectivamente sucedía con las mayorías populares– ese escenario acogedor y sin fricciones en el que cada uno se sintiera personalmente interpelado y reconocido en sus gustos y sus necesidades. Todavía imaginábamos un mundo complementario donde lo virtual y lo corporal pudieran convivir en armonía. Y llegó el Covid-19 que nos dejó estupefactos. Los gobiernos entraron en pánico o fueron incapaces de enfrentar la pandemia más avisada de la historia simplemente porque habían desactivado en gran medida sus sistemas públicos de salud en nombre de la eficiencia, el control del gasto fiscal y la “salud” de la economía que no podía seguir despilfarrando recursos en nombre de una Estado de bienestar arcaico y reaccionario que impedía la realización de las “grandes transformaciones” que harían mejores nuestras vidas. La angustia, el miedo y la demanda de seguridad se multiplicaron. Y ahí estaban, listas y disponibles, las tecnologías digitales que harían más amable la noche de la cuarentena que lejos de retrotraernos a la Edad Media, como decían algunos, nos conduciría directamente al futuro que nos esperaba a la vuelta de la esquina pero que todavía no alcanzábamos a disfrutar en plenitud. Tecnologías que no sólo nos permitirían sortear el aislamiento social poniéndonos en contacto virtual con parientes y amigos, sino que también habilitarían otras formas de trabajo, de educación y de control del virus, ofreciéndonos la posibilidad no sólo de protegernos del contagio y de los peligros del afuera, sino que harían más acogedor y seductor el adentro de nuestros hogares. El ideal, hasta ahora utópico, de una vida “completamente segura” se vuelve cada vez más próximo allí donde aceptemos que serán las tecnologías digitales las encargadas de reducir al máximo la peligrosidad de existencias corporales que conviven con amenazas que provienen de un mundo materialmente inseguro. Para nuestra tranquilidad –eso también se repite como un mantra desde las usinas mediáticas que replican a los Bill Gates y Benzos de la nueva aldea global–, la geolocalización, nos permitirá, entre otras cosas <em>fascinantes</em>, que podamos seguir –y por qué no desactivar con la ayuda de las fuerzas de seguridad– cada una de las amenazas o de lo que produce algún ruido o disturbio en nuestra cotidianidad –sea un virus, un terrorista, un afiebrado que no lo sabe e igual sale de su casa, un indocumentado, un supuesto ladrón y un largo etcétera que incluye seguimientos múltiples por parte del “gran ojo”–. En nombre de la salud y del cuidado se pondrá en funcionamiento un dispositivo de alcances fenomenales que acabará por auscultar cada milésima de nuestros movimientos, adentro y afuera de nuestras casas haciendo añicos cualquier resto de privacidad o intimidad que nos queda en una sociedad dominada por las pantallas, los geolocalizadores y el sanitarismo elevado a religión de Estado por los mismos que hicieron lo posible por desarmar los sistemas de salud en nombre de la rentabilidad, el equilibrio fiscal y los protocolos inviolables del gasto público. La ya delgadísima línea que separa lo íntimo de lo público simplemente desaparecerá. Bancarizados e insertos en el éter de internet, cada una de nuestras acciones –comprar un libro, salir a cenar, ver una película, encontrarnos con un amigo o amiga, planificar un viaje, fumar marihuana mientras escuchamos música, sacar un crédito, tomar el tren o el auto bus, escribir un panfleto contra las injusticias del mundo– serán registradas e irán a esas nubes virtuales –y absolutamente fantasmagóricas– desde las que toda la información de nuestras vidas estará a disposición para ser usada a nuestro favor o en nuestra contra dependiendo de una coma o un punto mal o bien puestos en el discurso del poder. ¿Eso es lo que deseamos como corolario de una pandemia que le abre las puertas a la vigilancia generalizada? ¿Será la nuestra una sociedad organizada a partir de los algoritmos capaces de adelantarse a nuestros deseos más ocultos y reguladores de nuestra transformación en sujetos automatizados que no harán otra cosa que responder a los incentivos pregonados por la googlenización del mundo? ¿Seremos capaces de sustraernos a la geolocalización universal rebelándonos contra la captura de cada uno de nuestros movimientos? Preguntas que no quieren prefigurar un futuro distópico.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/proxy/-jmXV02MN5N0Oo5D_4-wrrjs_mshNHwp_eBiL5Qzgr6lG_RviblJs6zoYDhnRh20ODd-zNSdEMUcIPz5aWIe8Pr8Tqk4aO734T3kXXEt6eoG_jS9zLD26ue8E4xMno_FE5RR6-uClk_vWxvyuDIwAxWEuxCT" alt="Las ventanas virtuales con Kinect llegan como la última tecnología ..." /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestras casas se convirtieron en mónadas que, a través de sus “ventanas” virtuales, nos abrieron el universo en su diversidad supuestamente polifónica e inacabable. Horas y horas de pantalla se transformaron en nuestras actuales formas de socialización y de información. Se multiplicaron de modo exponencial los flujos virtuales que alimentan infinitamente, y como nunca antes, los algoritmos que le permiten a las grandes corporaciones tecno-digitales con sedes californianas, construir una gigantesca malla de información, conocimiento y vigilancia como jamás existió respecto a nuestros gustos, nuestros movimientos, nuestros deseos inconscientes, nuestras angustias, nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestros códigos genéticos, nuestra salud, nuestra actividad física y sexual, nuestros saberes, nuestras inclinaciones políticas e ideológicas, nuestras transgresiones, nuestras ignorancias y nuestros errores que ni siquiera sabemos que los estamos cometiendo. Como un gigantesco <em>Aleph</em> borgeano en el que se condensa la totalidad de nuestras vidas sin que seamos del todo conscientes de lo que significa este flujo incesante que se alimenta de nosotros ya no sólo para transformar en mercancías nuestros gustos, inclinaciones y deseos sino para desplegar, como nunca antes en la historia de la humanidad, una red de control y vigilancia que hace del panóptico diseñado por Jeremy Bentham un rudimentario instrumento arquitectónico para vigilantes improvisados. Quizás con un cierto apresuramiento Giorgio Agamben, cuando todo recién estaba comenzando, alertó sobre la relación entre la pandemia y el “estado de excepción”, anticipó una expansión ilimitada de los controles y de la vigilancia bajo la modalidad de tecnologías del seguimiento que encuentran en la geolocalización un instrumento formidable como nunca antes se tuvo en la secular existencia de las estrategias biopolíticas de la modernidad burguesa. Tal vez se adelantó al rostro cadavérico del virus y su impacto en los cuerpos reales, pero no por ello su alerta careció de verosimilitud ni mucho menos mereció el rápido rechazo y hasta desprecio de un sinfín de voces que se levantaron para lapidarlo en la plaza pública como si hubiera cometido un pecado inexcusable. El estado de excepción está entre nosotros, se ha colado junto al Covid-19 acelerando su expansión a través de las tecnologías digitales que amenazan con transformar nuestras vidas reales en simulacros, nuestra intimidad en una quimera inalcanzable y nuestra libertad en una acción subversiva. Pero también es cierto, y acá me permito distanciarme de Agamben, que necesitamos un Estado que, en momentos únicos, deba actuar con una lógica que proviene de esa excepcionalidad que después debería abandonar en nombre de la democracia, la igualdad y la libertad. Es fácil decirlo y mucho más difícil sortear las consecuencias performativas que esas acciones despliegan en la vida de las sociedades. El peligro está allí y, tal vez precisamente por eso, no podemos comprar, sin beneficio de inventario, el paquete entero que buscan vendernos las corporaciones de Silicon Valley.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Álvaro García Linera lo ha dicho con claridad y contundencia: “Los seres humanos somos seres globales por naturaleza y nos merecemos un tipo de globalización que vaya más allá de los mercados y los flujos financieros. Necesitamos una globalización de los conocimientos, del cuidado médico, del tránsito de las personas, de los salarios de los trabajadores, del cuidado de la naturaleza, de la igualdad entre mujeres y hombres, de los derechos de los pueblos indígenas, es decir, una globalización de la igualdad social en todos los terrenos de la vida, que es lo único que enriquece humanamente a todos. Mientras no acontezca eso, como tránsito a una globalización de los derechos sociales, es imprescindible un Estado social plebeyo que no solo proteja a la población más débil, que amplíe la sanidad pública, los derechos laborales y reconstruya metabolismos mutuamente vivificantes con la naturaleza; sino que además democratice crecientemente la riqueza material y el poder sobre ella, por tanto, también la política, el modo de tomar decisiones que deberán ir cada vez más de abajo hacia arriba y cada vez menos de arriba hacia abajo, en un tipo de Estado integral que permita ir irradiando la democrática asociatividad molecular de la sociedad sobre el propio Estado.”<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> Asumiendo esa perspectiva emancipadora permítasenos sospechar de las bondades de las tecnologías de la geolocalización y de los algoritmos que se articulan como ingenieros de la vida social a partir de las plataformas digitales. Hay un resto de incompletud, de ambigüedad, de lógica asimétrica, de azar y de misterio que hacen de la vida en general, y de la de los humanos en particular, una experiencia laberíntica e imprevista incluso para los que suponen que tienen, al fin, las tecnologías todopoderosas capaces de alcanzar la más pura transparencia. Siempre quedará una mancha, un resto de opacidad, una migaja de suciedad capaz de impedir que hagan su trabajo final las máquinas de la limpieza totalitaria.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Naomí Klein, “Distopía de alta tecnología: la receta que se gesta en Nueva York para el post-coronavirus”, The intercept, en <em>Lavaca</em>, 13/05/20.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Álvaro García Linera, <strong>“</strong>Pánico global y horizonte aleatorio”, conferencia inaugural en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín, 30/3/2020.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 24 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo, profesor y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Forma parte del equipo de académicos e intelectuales que fue nombrado por el Gobierno nacional como asesores del presidente Alberto Fernández.</span></p>
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		<title>Un dios ausente &#8211; Por Hugo Presman</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Jun 2020 23:59:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Hugo Presman]]></category>
		<category><![CDATA[Covid]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[George Floyd]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La existencia de Dios es uno de los grandes misterios que acosan al hombre desde el origen de los tiempos. En esta nota, Hugo Presman parte de un libro del psicoanalista argentino Emilio Rodrigué, que considera que Dios, después de crear al mundo en los primeros seis días, al séptimo, habiendo completado su obra descansó y al día siguiente, ya descansado, se fue. A partir de ahí la nota va desde la crucifixión de Jesús a George Floyd, pasando por el presidente del Banco Santander en Portugal, todos muertos sin poder respirar.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/un-dios-ausente-por-hugo-presman/">Un dios ausente &#8211; Por Hugo Presman</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><strong><em>La existencia de Dios es uno de los grandes misterios que acosan al hombre desde el origen de los tiempos. En esta nota, Hugo Presman parte de un libro del psicoanalista argentino Emilio Rodrigué, que considera que Dios, después de crear al mundo en los primeros seis días, al séptimo, habiendo completado su obra descansó y al día siguiente, ya descansado, se fue. A partir de ahí la nota va desde la crucifixión de Jesús a George Floyd, pasando por el presidente del Banco Santander en Portugal, todos muertos sin poder respirar.</em></strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Por Hugo Presman*</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">En su último libro, “La respuesta de Heráclito”, publicado en el 2006, el prestigioso psicoanalista argentino Emilio Rodrigué, que murió poco después, en febrero del 2008, escribió en un capítulo titulado “El octavo día”: “Nada en un principio. En el primer día Dios hizo la luz y vio que era buena, dándole el nombre de Día.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el segundo día, se separó el agua y la tierra seca.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el tercer día, Dios hizo el Sol, la Luna y las estrellas.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el cuarto día, Dios hizo la hierba verde y el árbol de fruto y vio que eran buenos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el quinto día, Dios hizo a los reptiles grandes y pequeños, las ballenas y los otros mamíferos, los cefalópodos y los peces. También hizo las aves y los insectos.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el sexto día Dios hizo al hombre.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En el séptimo día, habiendo completado su obra, descansó.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Y al día siguiente, ya descansado, Dios se fue.”  </strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;">Ese Dios, cualquiera fuera su nombre, venerado por las religiones monoteístas, estuvo ausente en Auschwitz y en la ESMA; en África, en Ruanda, en 1994, con los Hutus asesinando a machetazos a los Tutsis, ochocientos mil en cuatro meses; en el Mar Mediterráneo donde los migrantes mueren ahogados; en los gulags stalinistas, en Guantánamo, un campo de concentración norteamericano en territorio usurpado, en Palestina, donde su población es sometida y hacinada; o en las salas de pediatría oncológica de los hospitales. No estuvo en Hiroshima ni en Chernobyl; ni en las trincheras de la Primera Guerra Mundial o en los horrores de la Segunda. Sólo algunos ejemplos de una lista infinita.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En cada lugar donde la pobreza convierte a sus perjudicados en sobrevivientes, en un mundo crecientemente desigual con concentración de la riqueza y potenciación de la pobreza, Dios seguirá en su reposera espacial, descansando eternamente. El sábado o domingo, según las religiones son días no laborables, donde Dios parece haberse quedado. Tal vez por eso no escuchó cuando su propio hijo le susurró en la cruz: “Padre ¿por qué me has abandonado?”. Mucho menos a George Floyd cuando el agente Derek Chauvin con la rodilla en su cuello le impidió respirar hasta matarlo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">La crucifixión provoca también la muerte por asfixia. Como muchas veces produce el Covid-19 que es democrático por su generalización, pero que finalmente resulta diferencial en la probabilidad de resistir de acuerdo a la ubicación social y en las posibilidades de tratamiento hasta que el sistema sanitario implosiona. En esa generalización alcanzó y se llevó al presidente del banco Santander en Portugal, Veira Monteiro. Su hija angustiada escribió: “Somos una familia millonaria, pero mi papá murió solo y sofocado, buscando algo gratis: el aire. El dinero se quedó en casa”. Con una diferencia de 2020 años de Jesús, George Floyd y Veira Monteiro también murieron buscando desesperadamente respirar. Los dos primeros pobres y el tercero millonario, aunque por motivos diferentes: Jesús por una propuesta revolucionaria para su época, cosa que el poder y los imperios nunca toleraron; George Floyd, pobre, negro desocupado y con Covid-19 por las tres primeras sinrazones; y Veira Monteiro exclusivamente por la pandemia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Ese mismo problema respiratorio lo tiene el planeta a través de la contaminación y el calentamiento global. La vida en su sentido más amplio, es un juego de equilibrios insólitos. La cuarentena planetaria ha dado tiempo para que la tierra mejore sus condiciones de hábitat. Hace varios siglos que crucificamos al planeta, maltratamos la tierra y el aire con la misma desconsideración e ignorancia como los grupos medievales atacan a la cuarentena, son antivacunas, desconocen las cifras de muertos que provoca el Covid-19  y consideran que la tierra es plana. En el extremo de la colonización cultural, franjas sociales que viven bien y han accedido a todos los niveles de educación, consideran a la empresa privada como propia y al Estado como ajeno.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El Dios ausentado, en los diez mandamientos cristianos es ególatra: “Amarás a Dios sobre todas las cosas” y demandante: “No tomarás el nombre del Señor en vano”. Además no era, o no es muy divertido considerando el sexto mandamiento: “No fornicarás”</span></p>
<p><span style="color: #000000;">En función de nuestro comportamiento nos prometen, después de muertos, un paraíso o el infierno. Difícil que éste sea peor que algunos de los horrores que los humanos diseñamos a través de los siglos, en el maltratado planeta.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Cuando el miedo se propaga en el mundo, ausente Dios, la ciencia es la última apuesta para encontrar el antídoto o la vacuna que nos devuelva un poco de la tranquilidad en un escenario de incertidumbre superlativo. Esa incertidumbre que nos sugería disfrutar el ex ministro de educación y actual senador por “Juntos por el cambio” Esteban Bullrich.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">El conocimiento acumulado y la política, imprescindiblemente la política instrumentando las medidas necesarias, sustituyen a ese Dios que según Emilio Rodrigué en el séptimo día, descansado, se fue hace ya un tiempo prolongado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 16 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Coconductor del programa radial EL TREN, con más de 16 años en el aire. Contador Público recibido en UBA. Fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la misma Universidad. Es Periodista. Sus trabajos son publicados en diversos medios nacionales e internacionales. Es autor del trabajo de investigación <em>“25 años de ausencia” </em>y participó con trabajos en los libros <em>“Damián Carlos Álvarez Pasión por el libro”</em> e <em>“Insignificancia y autonomía”.</em> Debates a partir de Cornelius Castoriadis.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Además es coautor del libro <em>“Bicentenario de la Revolución de Mayo y de la Emancipación Americana».</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Bailando desnudos sobre la playa &#8211; Por Jorge Giles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Jan 2021 22:55:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Giles]]></category>
		<category><![CDATA[aglomeraciones en playas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los casos de contagio crecen día a día, semana a semana. Los casos de desacato a las normas de cuidado, también. El Estado, en tanto, recomienda, aconseja, opina, diagnostica, pronostica, pero deja hacer, deja pasar, sostiene Jorge Giles en esta nota, y afirma que para seguir vivos tenemos que tener un Estado que, además de diagnosticar, aplique sin pérdida de tiempo el toque de queda sanitario que deba aplicar sin estigmatizar a la juventud y dar la lucha por el sentido común dominante y por una visión justa de la realidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/bailando-desnudos-sobre-la-playa-por-jorge-giles/">Bailando desnudos sobre la playa &#8211; Por Jorge Giles</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Los casos de contagio crecen día a día, semana a semana. Los casos de desacato a las normas de cuidado, también. El Estado, en tanto, recomienda, aconseja, opina, diagnostica, pronostica, pero deja hacer, deja pasar, sostiene Jorge Giles en esta nota, y afirma que para seguir vivos tenemos que tener un Estado que, además de diagnosticar, aplique sin pérdida de tiempo el toque de queda sanitario que deba aplicar sin estigmatizar a la juventud y dar la lucha por el sentido común dominante y por una visión justa de la realidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Giles*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El virus sigue avanzando a upa nuestra. Vigila noche y día nuestro comportamiento humano y allí donde detecta una fiesta clandestina, una aglomeración sin barbijos, una vía propicia para reproducirse, allí se instala y contagia. Si encuentra alguna resistencia, muta su formato y sigue su marcha triunfal hacia la muerte; la nuestra, obviamente.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El capitalismo, en tanto, demuestra también y una vez más, su eficiencia letal sobre la sociedad entera. Como el virus, no para de reproducirse. Le interesa solamente salvar sus estructuras, sus cimientos de explotación financiera, su propio ropaje cultural, y por qué no, su reserva estratégica de dosis de vacunas. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Observemos el mundo un instante. Los países centrales están comprando vacunas a cuatro manos, mientras las naciones en vías de desarrollo corren el riesgo de atravesar el desierto sin una gota de agua. El rigor de la lógica capitalista, que es el egoísmo, indica que la misma ecuación que se da entre países poderosos y países vulnerables, aplica hacia el interior de esos países, y por tanto, es legítimo pensar que si esta correlación de fuerzas no se modifica de raíz, la humanidad corre peligro de extinción. Y la humanidad somos nosotros. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué puede trastocar esta ecuación? La presencia activa del Estado en defensa de la salud pública. Ese es, a medias, el caso argentino. Y decimos a medias porque el 2020 cruza la satisfacción de haber contado con un Estado activo que nos permitió evitar el colapso temprano del sistema sanitario y social, con la tristeza de perder más de 43.000 compatriotas muertos por Covid. Por dolor, por vergüenza y por pudor, nadie puede celebrar nada en un estadio así. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 2021 se despereza con factores variados: la esperanza de la vacuna; el ametrallamiento mediático contra el gobierno que trajo la vacuna; algunos funcionarios que sólo diagnostican y pronostican sobre la pandemia como si fueran panelistas de un programa de TV; los opositores que destilan un odio capaz de desenchufar el “frízer” donde se guardan las vacunas y los jóvenes que inauguran la temporada de verano, bailando desnudos y amuchados sobre la playa. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los casos de contagio crecen día a día, semana a semana. Los casos de desacato a las normas de cuidado, también. El Estado, en tanto, recomienda, aconseja, opina, diagnostica, pronostica. Pero deja hacer, deja pasar. Sólo hay que recorrer los centros comerciales urbanos más concurridos para darse cuenta del desastre que asoma en un horizonte muy cercano. Seguimos caminando por el borde del precipicio. Y el Estado tiene la obligación de impedir drásticamente que el desacato siga sucediendo. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y aquí nos detenemos para reafirmar tres cuestiones que nos parecen centrales a la hora de reflexionar sobre el presente: </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*El Estado, en todos sus niveles, debería aplicar con todo rigor las normas necesarias para desalentar las conductas antisociales que atenten contra la salud. Al frente de las autoridades de aplicación de estas normas deberían estar presentes los funcionarios civiles gubernamentales para evitar cualquier desmadre represivo en el uso de las fuerzas. Pero es absolutamente ingenuo e irresponsable descansar la responsabilidad de los cuidados en “la gente”. El Estado, con un gobierno peronista, existe justamente para velar por nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra educación, nuestro trabajo, nuestra jubilación, entre otras responsabilidades. Además, es injusto preocuparse sólo por asegurar el merecido descanso de los veraneantes a costa del agotamiento total del personal médico y para-médico de nuestros hospitales. Todo el personal de salud está exhausto, estresado, mal pagado y para ellos no hay vacaciones ni bailes ni salarios dignos.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*La juventud que baila en las playas no es la culpable del crecimiento de casos. Esos pibes y pibas bailan porque las autoridades le permitieron una pista para salir a bailar. Es muy peligrosa la tendencia que se observa por parte de comunicadores y algunos funcionarios en cargar toda la culpa en los jóvenes, en estigmatizarlos nuevamente. Hay una larga historia de horror atrás de esas estigmatizaciones. Es en épocas de crisis, tan profundas como la que afrontamos, donde los monstruos de la humanidad desenvainan sus cuchillos. Entonces, cuidado que por este punto de fuga se nos vuelva a colar la condena social y fascistoide contra los jóvenes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A esos jóvenes que bailan en la playa hay que alentarlos para que se sumen a los miles de jóvenes que militan en los barrios para aliviar el hambre de la población y valoren a los otros miles de jóvenes profesionales que están en los hospitales asistiendo a los enfermos por Covid. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*La verdadera batalla que se debe librar, a la par de la vacunación, es dar la lucha por el sentido común dominante y por una visión justa de la realidad. No hay que esperar contar con la totalidad de la representación política de la sociedad para dar esa batalla cultural. Hay que darla ahora o ganará por goleada el pensamiento de la derecha. Para eso habría que contar, por ejemplo, con un plantel de jóvenes comunicadores capaces de transmitir con objetividad los datos de la pandemia y al mismo tiempo despertar credibilidad y entusiasmo en la población para cumplir con las normas. Hay que impulsar la presencia mediática de las Universidades, el CONICET, el Malbrán  y agentes de la cultura en esta batalla. En pocas palabras, hay que disputarle el territorio al virus y a sus voceros publicitarios. Hoy nada de esto existe.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Confiamos en este gobierno, creemos en las vacunas, creemos en los logros conseguidos en este primer año de pandemia y creemos en nosotros como comunidad. Pero mientras el poder real siga estando en el campo enemigo, necesitamos de más presencia del Estado; al menos para empardar la disputa cultural. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La derecha de este país fue capaz de desaparecer 30.000 compatriotas y bombardear Plaza de Mayo en 1955 con el triste saldo de 400 muertos. ¿Cómo no esperar de esa derecha que ataque como viene atacando la salud de los argentinos y argentinas? La libertad de expresión es sagrada mientras defienda la vida y la democracia; pero cuando tras la fachada de esa libertad se proclama la muerte, el Estado debería poner barreras normativas en defensa de la vida. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para poder seguir bailando en libertad tenemos que estar vivos y para seguir vivos tenemos que tener un Estado que, además de diagnosticar, aplique sin pérdida de tiempo el toque de queda sanitario que deba aplicar. Porque entre las vacaciones y la salud, elegimos la salud.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de enero de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Periodista y escritor. Su último libro publicado es<em> «Mocasines, una memoria peronista»</em>, editado por la cooperativa Grupo Editorial del Sur (GES)</span></p>
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		<title>Opinión/Cuando esto termine &#8211; Por Jorge Elbaum</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Sep 2025 12:29:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando esto termine –porque va a terminar–, vamos a festejar con el alivio de sabernos fuertes, de haber atravesado este desquiciado laberinto de crueldades sin haber perdido la brújula del amor a nuestra Patria.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/opinion-cuando-esto-termine-por-jorge-elbaum/">Opinión/Cuando esto termine &#8211; Por Jorge Elbaum</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c95301b87744ab0a66139c49b3d4a41c"><em><strong>Cuando esto termine –porque va a terminar–, vamos a festejar con el alivio de sabernos fuertes, de haber atravesado este desquiciado laberinto de crueldades sin haber perdido la brújula del amor a nuestra Patria.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e98c5c03784495a820f84e7b73a9fa92"><strong>Por Jorge Elbaum*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ed1a5eac399ff5a5c31d9d27184d6c2e">A veces vemos el inicio del fin de una pesadilla en la rendija de una noche. Nos despertamos al día siguiente y empezamos a sentir que estamos, por fin, sacudiéndonos los residuos de una confusión vaporosa. Después de que el daño colectivo nos hirió con insistencia durante más de setecientos días, tenemos la sensación de que estamos respirando un poco mejor. Siempre supimos que la angustia trabaja contra el aire. Hace piruetas en la sombra para quitarnos calma. La zozobra es refractaria a la dilatación pulmonar. Esa sensación de ventilación emocional, de apertura al ingreso suave de oxígeno, es lo que experimentamos la noche del domingo cuando escuchamos el audio de Cristina y las palabras de Axel.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd0ff37f13f59bfc8ad8937fd9fe5deb">Algo se estaba reacomodando. Se exhibía, en el escenario de La Plata, una combinación de sensatez, racionalidad y templanza. Muchos –mientras celebrábamos el límite impuesto a la derecha– nos preguntábamos sobre la temporalidad del aguante. Sobre el registro de aquello que se entiende como soportable. No sabemos con certeza qué tipo de irritación habilitó la flagrancia de ese desvarío de gritos, insultos y prepotencia acobardada. Qué impotencia permitió que un desquiciado mental se convirtiera en la pesadilla diaria de una sociedad entrenada en sobrevivir a diferentes crisis económicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-28eb59d49e0550fd5869e8f467bde2fa">Probablemente, uno de sus orígenes se vinculó con el trauma producido por el aislamiento del COVID. Los jóvenes–especialmente los adolescentes– sufrieron de forma particular el encierro y fueron la infantería electoral del triunfo liberticida. Un segundo elemento se relacionó, seguramente, con la frustración de un gobierno que abandonó los compromisos asumidos, traicionando el mandato otorgado por Cristina a Alberto Fernández. Una tercera quedó explicitada por altercados recurrentes entre la vice y el presidente. Una cuarta estuvo ligada a la ética apócrifa del máximo referente del Poder Ejecutivo, que se encargaba de celebrar cumpleaños en plena cerrazón pandémica. Una quinta, sin duda, estuvo anudada a la incertidumbre inflacionaria.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-deb0866216702adc44844205b2b0229e">Milei aseguró que iba a superar las tres últimas, con una combinación de una transparencia burocrática, desaliento de los debates institucionales y –sobre todo– con solucionar el problema de la inflación. Todos esos objetivos fueron explotados por las usinas comunicacionales de las corporaciones que venían testeando la frustración y el cansancio: su apuesta fue apuntalar las opciones de radicalidad fascista que expresaba el liberticida para superar al PRO y a la medianía de Alberto Fernández. Bingo: encontraron un <em>outsider</em> a quien empoderar, un frenético a quien arropar, un títere con quien jugar –aparentemente– por fuera del <em>establishment,</em> que se diferenciaba de los dos últimos gobiernos a través de gritos e insultos. La jugada duró poco. Primero, porque el PRO se sumó a la cruzada criminal del ajuste, y después, porque la inflación se redujo artificialmente a costa de «pisar» las paritarias, incrementar los despidos, aumentar la defunción de las PYMES, generar una recesión ritual incrementando un endeudamiento gigantesco.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d8328fd7e85ba4f91c459dc047c4baa3">El malentendido se extendió durante 23 meses gracias a la insistente protección mediática que ubicó las bravuconadas de Milei en el lugar de una cruzada contra la corrupción estatalista. Endiosaron a un muñeco de torta que adora el dinero, que cree rugir como un león y que presume de ser la reencarnación de Moisés. Un profeta que sus acólitos –con micrófono, o con perfiles violentos de redes sociales– eludieron recomendar su urgente internación psiquiátrica. Nunca un oxímoron fue más categórico: un neoliberal adicto al egoísmo extremo que defiende la venta de órganos y de niños, que –de la noche a la mañana– es rebautizado como un sujeto que renuncia a la ambición dineraria en nombre del bien común, al tiempo que se pavonea como economista experto en «hacer dinero sin dinero».&nbsp; Un zorro en el gallinero motivado por el triple objetivo profano de (a) manotear todo billete disponible, (b) seducir a los grandes capitales financieros, y (c) ganarse la confianza de varios capitostes corporativos que le aseguren algún conchabo para cuando la crisis política lo destituya.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c9f19fb77f7b8db7dfcb840952509c9d">Este sujeto desaforado sigue contando con la autorización de los jefes del FMI. Sigue teniendo el apoyo –cada vez más minoritario– de sectores que lo habilitan a reproducir un desquicio gestual y productivo. Que le otorgan un aval a quien posee una sensibilidad clausurada para sentir empatía por otra criatura que no sea un perro o su hermana. A diferencia de lo que sucedió en la dictadura genocida, la perversión macri-mileísta no apeló a los lenguajes fantasmagóricos, al ocultamiento. No dijo: «no son, no están, están desaparecidos». La truculencia del actual gobierno alardeó de las víctimas de forma explícita y desaforada. Festejó su desposesión e intentó pedagogizar acerca de la necesidad de pisar a los lastimados para disfrute de quienes podían sentirse a salvo de sufrir esa trituradora de carne.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27c571308bde6571ffd8b5445ae8439c">Cuando esto termine –porque va a terminar–, Milei será recordado como un brote psiquiátrico de la argentinidad. Su imagen se convertirá en una evocación vergonzante: ¿Cómo fuimos capaces de ungir a este espécimen grotesco, opuesto a toda humanidad, en la representación política? Cuando esto termine, uno de nuestros primeros gestos asumirá la forma de un homenaje íntimo, a quienes mantuvieron la llama. A los que señalaban la debilidad intrínseca de un personaje desechable, cobarde y desquiciado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c90f0883345c9b968450c15eb21ad288">Cuando esto termine –porque va a terminar–, vamos a homenajear a las luces que nos impidieron creer que esto era el fin de los días. Vamos a mirar a los ojos a quienes sufrieron, pensaron y sintieron que ya no habría recuperación posible frente a tanta intimidación legitimada por medios, jueces y mercenarios de los votos legislativos. Vamos a volver a recordarles, a los alicaídos, que la vida siempre resurge como una profecía de esperanza, incluso cuando el viaje transcurre por los reinos de una ultratumba infernal, y no está Virgilio para guiarnos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56cac6460d6571871a2ac487eb3a86f6">Cuando esto termine –porque va a terminar–, vamos a memorizar el sufrimiento de los abuelos, los universitarios, los científicos, los pacientes oncológicos, los discapacitados. Las sensaciones tristes de quienes atravesaron este desierto de espinas con dolores cotidianos, con broncas acumuladas, con angustias indescifrables. Vamos a pasar la película –cerrando los ojos– de los laburantes que perdieron su trabajo, del desprecio soportado por los sectores más desvalidos. Vamos a escribir en las paredes el nombre del pibe con autismo que fue humillado por un crápula. El domingo fue un parteaguas que nos permite replantear algunas cosas. Tenemos más cerca el fin de esta demencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dddd59cc77125e660d64facc665199cc">Cuando esto termine –porque va a terminar–, vamos a festejar con el alivio de sabernos fuertes, de haber atravesado este desquiciado laberinto de crueldades sin haber perdido la brújula del amor a nuestra Patria.</p>



<div style="height:65px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e56e564aebd81b54501bb2a8ec58d360">Miércoles, 10 de septiembre de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3595d9843bcdded2c638c6823791c07e">*Sociólogo, Periodista, Escritor, Dr. en Ciencias Económicas.</p>



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