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	<title>Cooke archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Cooke archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La espesura &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jul 2018 17:07:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Clausewitz]]></category>
		<category><![CDATA[Cooke]]></category>
		<category><![CDATA[Eva Perón]]></category>
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		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La espesura del peronismo es de carácter trágico y está compuesta de momentos elevados, tormentosos, de fervores y caídas. Horacio González reflexiona acerca de qué clase de espesura contiene hoy el peronismo para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-espesura-por-horacio-gonzalez/">La espesura &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La espesura del peronismo es de carácter trágico y está compuesta de momentos elevados, tormentosos, de fervores y caídas. Horacio González reflexiona acerca de qué clase de espesura contiene hoy el peronismo para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una espesura en la historia compuesta de momentos elevados, fervores tormentosos, sangre, alborozos y caídas. Se hace cierto que lo que perdura contiene los trazos más dramáticos del ascenso y los rasgos más notorios de la caída. Si los pensamientos habituales, cuando nos ponemos un capote de seriedad, son aquellos del tiempo lineal y acumulativo, cuando nos dirigimos hacia lo real vivo como historia, en cambio sobrevuela sobre nuestras cabezas y nuestro espíritu un desorden repetitivo, una madeja que se dio una y mil veces y para desesperación nuestra, nunca del mismo modo. El peronismo, la expresión peronismo, habla principalmente de eso. No es que se la descarte como una de las tantas formas en que se extiende en el tiempo una identidad política. Pero en realidad lo que parece interesar más de ella es decir hoy qué clase de espesura contiene para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Véanse varias circunstancias de esa espesura, es decir, de la frondosidad de planos que se superponen y a veces enroscan en una jungla de significados dormidos, que se despiertan ante cualquier viento en la hojarasca. El peronismo según el que le dio nombre, se preparó largamente. Tuvo sus escritos y letanías, canciones percusivas y palabras de amor y de guerra desde los estrados. A las tradiciones de ideas que gobernaban la argentina, positivistas, yrigoyenistas, socialistas, nacionalistas, les antepuso un cuadro clasificatorio con normas de acción, moralidades y sentencias que intentaban codificar la astucia. Lo llamó conducción política, y puso así ante una ostensible dificultad a los intelectuales que lo apoyaron, pues ninguno de los que al cabo resultaron los más relevantes, abandonó su lenguaje propio para comenzar a hablar “el idioma de la conducción”. Este idioma suponía “conocer a los hombres”, saber cuánto podía esperar de ellos según la persuasión que les era dirigida, la compensación de un paso en un sentido con otro en el sentido inverso, el resumen de esos “choque de voluntades” con la creación de una posición especial de mira, que era el saber desde la colina, punto de vista que solo le era reservado al conductor. Scalabrini, Jauretche, Marechal, Puiggrós y muchos otros se las arreglaron para apoyar de distintas maneras, empleando diversos ángulos y matices, sin perder su lenguaje propio, que era el que tenían (la gauchipolítica, el hombre colectivo, la alegoría adánica, la etapa democrátrico-nacional-, respectivamente) antes de aparecer las palabras que se decían en nombre de Clausewitz y el propio nombre de Clausewitz.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo llevaba al peronismo a hablar de revolución mientras tenía, en su conciencia previa, el espectáculo de un mundo donde competían dos clases de revoluciones, la bolchevique y la fascista. No quiso parecerse a ninguna de ellas ni mirarlas solamente por el reverso; quiso en cambio contenerlas en sí mismo, en una simultaneidad que implicaba aplacarlas, limitarlas, pulirlas, quizás moderarlas para siempre. Es posible que como en los grandes momentos de crítica a las revoluciones, esos espíritus templados eligieran también un lenguaje revolucionario para interceptar unas revoluciones que parecían, y eran verdaderamente, grandes movilizaciones que en un caso suponía expropiar a las burguesías y en el otro purificar la raza. La movilización peronista fue una metáfora combinatoria, el inconsciente mitigado de las otras dos, sigilosa en la lengua de su creador, esa composición de esas dos revoluciones entrelazadas, mejor dicho tornasoladas, tejidas con ambos hilos pero todo con matices que fueran los máximos posibles. ¿Entonces no aportó nada el peronismo? De ninguna manera, aportaba a su sentido de movilización un semejante sentido de control, de disciplina, de lengua doctrinaria que se fusionara en la horma feliz de la “comunidad organizada”. Sin embargo, albergaba en su seno la palabra revolución, la había dicho, la había escrito, la hizo figurar en los escritos oficiales.  Y es fama que también dijo que los hombres empresarios, los poderosos de siempre, los oligarcas, mejor la aceptasen antes de que debieran enfrentarse con revoluciones más huracanadas, que ya se conocían y eran las que el peronismo, revolucionariamente, venía a conjurar, sin duda a evocar, y seguramente a frenar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto originó una espesura y esa espesura fue la tragedia del peronismo. La espesura no hace preguntas a su identidad previa sino se tienta por un origen donde enreda las secuencias preexistentes, las combina, las sopesa, las pone en platillos distintos, y los desea equilibrados. Que uno compense al otro, que lo que se mueve de un lado, se contrapese del otro. ¿Cómo proceder antes esos movimientos que parecían tomados de alguna ciencia física? El conductor, figura extraída de textos muy antiguos y que en Clausewitz -lectura favorita de Perón-, no aparece con ese nombre necesariamente, sino bajo las designaciones de jefe, o comandante en jefe. En el capítulo sobre el genio militar -que envidiarían tanto los positivistas como los vitalistas-, Clausewitz dice que <em>“a Napoleón le asistía por completo la razón cuando afirmaba que muchas de las decisiones que tiene que tomar un general constituyen un problema de cálculo matemático, digno del talento de un Newton.”</em> La introducción de este lenguaje en la política habitual en torno a las ideologías políticas argentinas entrañó una gran mutación. De las ideologías en pugna se pasó a la lucha de voluntades y a los campos de fuerza, entendidos de una manera geométrica. Al declararse más allá de las ideologías, con frase de sabor nietzscheano, Perón inferiorizó al “ideólogo” -como Napoleón-, y postuló la primacía del profesional de la <em>conducción</em>. Lo caracterizó y se caracterizó entonces como un profesional de la mediación, la astucia, la oportunidad y también, como en Clausewitz, de la indeterminación y el azar. Pero menos. No pensó que tantos juegos con el peligro -esto es también Clausewitz puro, al que también leyó Lenin-, terminaran en tragedia. La espesura del peronismo es de carácter trágico.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A eso me refiero entonces cuando postulo el concepto de <em>espesura</em> para interpretar el peronismo. Primero, su origen sobre-determinado, donde confluyen socialistas, comunistas, anarquistas, radicales, en fin, el peronismo surge del vacío que se produce en la conciencia de esos militantes- o de la fisura que se da en esas tradiciones políticas-, pero faltaba el nombre del que por las noches viajaba a Berisso a hablar con los obreros de la carne, y hacía discursos obreristas para obreros y para empresarios, con tonalidades diferenciales en cada caso. (Para una interpretación de actualidad véase la filmación que difundió el Grupo Octubre de la recreación de la reunión de Perón en 1944 -encarnado por Palomino, muy bien por cierto-, con los empresarios de la Chade, o algo parecido; un modelo de negociación muy elocuente). Por lo que podemos apreciar, las tesis sobre “preparar las acciones, ejecutarlas y explotar el éxito”, que guiaban el pensamiento de Perón, a la manera de un partidario de la acción racional con arreglo a fines, se superponían al drama en curso. La reclusión en Martín García, las cartas a Evita, el retorno, el discurso en la Plaza, el “dónde estuvo” de la multitud de futuros peronistas, las teas encendidas con el diario la época del yrigoyenista Colom, el balcón, tan filmado por el cine argentino: solo dos ejemplos, De Sanzo con guión de  J. P. Feinmann (las figuras tomadas desde atrás: novedad), y por Favio (también tomadas desde atrás, pero las figuras contornándose en un sutil balanceo de derecha a izquierda: otra novedad), donde era posible ver la forja del mito y a la vez la forja de los relatos posteriores sobre el mito. ¿Quién hizo todo eso, Evita, Blanca Luz Brum, Cipriano Reyes, Perelman… o ese síntoma difuso que parece un vacío y en su fondo último era un llamado? En todo caso, muchos se lo atribuyeron. Ya estaba allí la espesura del peronismo. Peronismo y espesura de un acto legendario -con interpretación económico-social-, ya iban de la mano. Incluso a la hora de dar un nombre a todo aquello, Perón comenta que finamente no quedó otra alternativa que darle el suyo, en tanto síntesis maestra, llave conceptual del todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Decimos espesura para querer significar las estaciones de una serie dramática, espectacular. A los cuadros que había pintado Clausewitz sobre el jefe y las pasiones del soldado, lo hacían temblar los numerosos pasajes con que se iba configurando la identidad peronista, sin el metodismo asombroso que le otorga el teórico austríaco-prusiano a su teoría de las pasiones. Blasones, banderas, escudos que replicaban con estilo art-decó el escudo nacional, canciones, la marchita desde las periferias carnavalescas de los años 30 hasta la sinfónica del Colón y la voz de  Hugo del Carril, que acaso luego pensó en que no podía deshacerse más de ese sello definitivo que ofrecía a la movilización social su timbre épico, las parábolas de Mordisquito, el juego entre la fiesta y el odio, el fuego y los bombardeos, los mártires, los conspiradores, el peronismo como nombre general de todo el enjambre comunitario y el sistema educativo, la foto del tranvía con los muchachos subidos en su techo, componiendo un trascendente y raro conjunto humano y mecánico, movilizado por el peronismo y la electricidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Iglesia: su apoyo al comienzo fue evidente y una inmensa documentación lo confirma. De todo ello ni quedaría el padre Filippo, aunque como siempre la voz de alerta del padre Benítez siguió hasta el final, pues el confesor de Evita, como eminente teólogo que era se dispuso a acompañarlo todo hasta el final. En las tesis de Horacio Verbitsky, el golpe sangriento del 55, fue un golpe primigeniamente eclesiástico con un ala militar, y no al revés. Sugestiva cuestión. Si es así, el modo de aceptar tal derramamiento de sangre, tan desproporcional -las quemas de iglesias habían subido a su vez la apuesta, pero asimismo eran reacción a las bombas colocadas entre la multitud por los comandos civiles-, indicaría de que se trataba de una iglesia que aceptaba las proposiciones de la “salvación por la sangre”, tal como lo expresan los textos ultramontanos de Joseph de Maistre contra la Revolución Francesa. Lo mismo ocurría a mediados de los 70. El largo exilio de Perón es quizás el aspecto dramatúrgico más importante de lo que aquí llamamos la espesura del peronismo. La correspondencia que el exilado entabla con Cooke es una pieza candente, no hay nada parecido por la intensidad polémica que tiene y la lección humana que contiene respecto a la “pérdida del reino”, el habla de los conspiradores que están fuera del Estado que antes poseyeron. Los nombres de los resistentes armados fueron muchos y abundan los martirologios, los torturados y los primeros desaparecidos. Los episodios del retorno se realizan en un clima de tercermundismo, socialismo y empuje revolucionario. La fusión de los dos grupos armados más importantes, Far y Montoneros, es saludada por la revista Pasado y Presente, conocida publicación de los gramscianos argentinos, como el hecho más relevante de la época.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En Ezeiza, a la hora del retorno definitivo, Perón tuvo que optar, rompiendo de hecho la trama arácnida que había compuesto con los equilibrios entre las facciones que adoptaban el nombre del peronismo -pues él así lo había consentido-. Eligió una de las versiones que sintió más cercana. No se podría decir, en tanto, que al descartar, progresiva o súbitamente al ala socializante, no haya sentido cierto escozor. Eran sus propias lecturas y formulaciones estratégicas, y el mismo operador vacío que había dispuesto en torno a su figura de conductor, lo que se estaba despedazando.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte oscura de ese espesor histórico del peronismo es entonces la quiebra del nombre. Su línea interior organizativa -gremios, partidos, ramas, movimiento, veinte verdades-, y su línea elegíaca -nunca mejor confirmada en el llanto por Evita y la elaboración moral de su Altar Cívico-, podían entonces formar parte, ya, de los grandes motivos del recuerdo de una época de la que se dijo que fueron los “años más felices de la vida popular”. No podía imaginar el peronismo que si irrupción, tan preparada como casual en la historia nacional, iba a dar otro resultado que el autoasignado, el de la “felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”. Pero tocó tantos nervios sensibles de los antiguos poderes con los que intentó no pocas alianzas, que exigió de la cruz y la espada protagonizar los actos siniestros que bien conocemos -el ataque militar sorpresivo a una ciudad capital con bombardeos aéreos múltiples y desatinados-, y que originaron una onda persistente de repudios, que acentuaron la fragua resistente, la leyenda vivía de la lucha, el sacrificio y el retorno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo intuyó Perón de lo que significaba esa época de militantes armados. La idea de la conducción incluía averiguar, interceptar, contener. Taco Ralo, hecho sin el acuerdo de Cooke en el mismo año en que éste fallecía -amargado, sin embargo irónico ante la muerte, donando sus restos a los estudiantes de medicina-, mostraba que Perón deseaba tener su propia guerrilla, tan improvisada como fuere, dócil, y no fuertes organización complejas, con cuadros que venían de la izquierda y que aunque uno de ellos fuera uno de los máximos filósofos jóvenes de su tiempo -Carlos Olmedo-, dijera que el peronismo “no era un club donde uno entraba, sino una forma de la historia popular donde siempre se había estado aun sin saberlo”, parecía evidente que esos núcleos tan ensamblados en sus ejes propios, no iban a aceptar la orden propia de las guerras clásicas concluidas, la orden de “desmovilización”. La quiebra del nombre no es fácil. Decir “infiltrados”, “traición”, “burocracias burguesas”, podían ser diferencias válidas de trinchera, pero la tragedia, en el sentido de la lucha por un nombre que, respecto del pueblo, “se lo había sabido conquistar”, según definía la célebre marchita, seguía ingresando como aceite viscoso en la memoria militante del país y en capas profundas de la sociedad.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No estiraremos más de este punto una historia conocida, toda sombreada por este tinte de despilfarro de vidas, desgarro de identidades y cuerpos entendidos como materia prima que mostraba hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Estado, ente oscuramente aglutinador donde parte del peronismo estaba incluida y su espejo inverso era, por cierto, antiestatal. Perón, ya muerto -el “muerto” como le dijo secamente Balbín en el discurso de despedida-, no lo hubiera imaginado de este modo. Arguyó que su revolución era en paz, y es posible creerle en absoluto. Su viaje por Italia y España en fines de los años 30, lo había convencido de dos cosas. Que las masas populares acompañaban en situaciónes extremas las ideas revolucionarias (Rusia, Italia) y que cuando ambas posiciones extremaban sus diferencias, una nación marchaba inexorablemente hacia la guerra civil (España). Por eso había que ensayar una forma débil de enhebrar aquellos ecos de las multitudes romanas y soviéticas, para encuadrarlos en una revolución nacional con promoción de amplias políticas sociales, y comenzar a dar indicios de pacificación en un país donde   hasta hacía poco, nacionalistas y comunistas expresaban en las calles sus diferendos, unos con las Ligas Patrióticas, otros con el Buró Latinoamericano de la III Internacional, que había apoyado la revolución de Prestes en Brasil, sin faltar los yrigoyenistas armados, que hasta mediados de los 30 contaban incluso con un sector militar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible concebir a un Perón dubitativo en el trasfondo último de su conciencia de jefe, que no filtraba fáciles indicios de intimidad. ¿Dubitativo de qué? De si había hecho bien romper tan tajantemente con los que hasta hacía poco había alentado. Sus últimas palabras sobre la herencia -es el “pueblo”-, dejan una filigrana de vacilación. Estaba en juego su ideal del Conductor, que contenía todo lo que pronunciase él y lo que se pronunciase en su nombre. Eso ya no era posible, incluso porque en su retorno, había intuido con fuerza insospechada, que en el fondo venía a reponer su nombre sobre su propia figura como sujeto unívoco de enunciación. Todas estas circunstancias en torno a la herencia podrían ser todo lo épico-trágicas que nadie interesado por la convulsión social argentina podría desmentir, pero no podía escaparse del espíritu avizor de cualquier peronista que de ahí en adelante el peronismo cargaría su espesura histórica como un gabinete de puertas entornadas, un diadorama observable en góndolas vidriadas, una espesura gélida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La espesura gélida corresponde a un peronismo que tiene una vastísima historia repleta de momentos hagiográficos, relatos al modo de la vida de santos, el Acta Sanctorum erigida en la memoria como pocos pueden tenerla, pero he aquí el problema, de un modo congelado. Los manuales de tratamiento ritual están a la orden del día, no les falta acompañamiento popular pues si bien no todo “está grabado en la memoria”, como dice León Gieco, persiste en sectores incluso juveniles de la población una atracción por la gesta del peronismo, que hoy, y por esa vía, puede evitar a las militancias de izquierda tanto como a la los intercesores con el capital financiero mundial de los que ofertan como “peronistas racionales”. Pero la apelación al peronismo sin más es una pieza arrojada a un complicado campo de operaciones políticas, donde lo que está a la orden del día es la captura del voto kirchnerista-peronista y en segundo lugar, diseñar un concepto de “peronismo” capaz de horadar las vicisitudes concretas del reciente tiempo histórico, a fin de absorber al kirchnerismo –“que de una señal de generosidad y se abstenga”-, y de artificiosa vida a su espesura escultórica ya consolidada, para ser un posible relevo de una “nueva argentina” -pero sin novedad y sin argentina, sin nada de lo que conocimos bajo ese nombre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El kirchnerismo tiene su espesura propia también. En cierto sentido se superpone a la del peronismo, pero contiene zonas propias y específicas. Son zonas vivas, que no siempre suelen ser reconocidas de ese modo por los propios kirchneristas. En primer lugar, el “modelo de llegada” al gobierno consistió en una aserie de contingencias inhabituales aun en un mundo político del cual siempre se sabe que se caracteriza por hechos impensados y acontecimientos inesperados. Luego, la clara certeza de que habían cambiado los tiempos -como se le recomendaba al príncipe maquiaveliano, el tiempo gira &#8211;<em>e le cose girano</em>-, y que había que marcar con simbolismo de súbita pureza ese hecho: descolgar un cuadro fundamental en un lugar fundamental, abrir la ex Esma, reforzar los juicios. Y después el aire de excepcionalidad acontecimiental. Convivían en el gobierno kirchnerista actitudes sumamente acogedoras de la novedad no fundada en rígidos antecedentes peronistas. Se libraron así fuerzas significantes que estaban paralizadas desde los años 70 y se dejó abierto el problema del guión que separaba a kirchnerismo y peronismo. El guión los unía y los separaba al mismo tiempo, e impedía el debate urgente sobre si había allí en reposo, pero a punto de despertar una dialéctica por la cual del peronismo cuyos signos estaban estancados, el kirchnerismo extraía su fuerza en la capacidad selectiva de desbrozar uno de otros y de absorber en su propio nombre el nombre del peronismo. No obstante, nadie se animó a decir tanto, y por momentos, el refugio del kirchnerismo en el peronismo salvaguardaba de las inclemencias de la real-politik, mientras por acciones laterales se buscaba implícitamente desligar la zona activa del peronismo de su atadura ritual, y volcarla como letra viva en las entrelíneas del peronismo. El nombre de Cámpora, invocado nuevamente, servía para ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De tal modo en el kirchnerismo hay también una espesura propia, que comparte y refina la del peronismo, no siempre de una manera asumida teóricamente, sino con un ademán culposo. ¿No sería mejor invocar al “peronismo sin más” en vez de idealizar secuencias innovadoras con planteos frentistas más coherentes? Porque el peronismo sin más es un mar sin contornos, donde habita una derecha ideológica encubierta en los más diversos matices. Por eso el alfonsinismo tuvo con el radicalismo la misma relación que el kirchnerismo con el peronismo: síntoma de reposición de temas movilizantes, quitándoles el moho, actualización desprejuiciada de conceptos, y formulación de una tibia dialéctica que permitía “superarlos, pero conservándolos en su carácter de veneros de la memoria”. Pichetto y Morales representarían en este cuadro la “implementación” de las antiguas gestas entumecidas y heridas fatalmente por la ambigüedad que destilaban, al servicio del macrismo, tomándolas ya como el eslabón final donde cancelan de su pasado todo lo que salía de un núcleo de orden estatal conservador, con raíces en una porción popular atemorizada por el avance del neoliberalismo represivo, al cual se acepta como nueva etapa de la historia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La situación actual del país supone una apertura total de sus fronteras territoriales, imaginarias, institucionales, simbólicas; en suma, la extinción del soberanismo clásico al conjuro de la extinción de las pretensiones anteriores de contar con un núcleo industrial ligado al mercado interno y un Estado regulador con la fuerza de sus empresas públicas y bancos controlados por organismos e instancias públicas. La porción planetaria llamada “argentina” no propone ya ningún obstáculo a la circulación libre de mercancías de consumo final o ensamblaje, desde semillas transgénicas a autopartes, derivados financieros, fusiones corporativas -telefónicas y cables-, desmantelamiento de porciones completas del Estado anterior, endeudamientos colosales que dan paso a sismos especulativos periódicos, una hipótesis general de dotar al ex país de una circulación financiera reduplicada por deudas montadas sobre deudas, manejo de la ilegalidad a través del aparato judicial y de las fuerzas armadas-guardias nacionales que son parte de la circulación y meta-circulación del capital con la metáfora de “fuerzas de despliegue rápido”, la creación de un enemigo interior perenne, con un significante vacío nombrado como narcotráfico, donde pueden caber todos los movimientos sociales, desde el feminismo al indigenismo, según el grado de dificultad que ofrezca cada uno y el grado de cooptación que pueda ejercerse sobre ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un soberanismo que apele a nociones más enriquecidas -como se dice del uranio enriquecido-, de impulsos autonomistas, liberacionistas, autoreflexivos, con capacidad readquirida de esquivar o rehacer los sentidos comunes, de ver las identidades no desprovistas de dialécticas propias, sería así un soberanismo capaz de rever la cuestión nacional con criterios más auspiciosos que aquellos hoy en práctica. Es decir, la dilución nacional en el juego de fuerzas financieras y sus derivados de todo tipo, donde finanzas y políticas de dominio mundial se conjugan. El espesor ya configurado de un peronismo, que declama su unidad como una sumatoria reactiva a su propio autoanálisis, no podrá ser la base efectiva de un gran territorio de ideas que alimente el flechazo masivo, en su momento y lugar, en su hora y su espacio correspondiente, que deberá ser asestado al proyecto de asfixia de las estrías de la vida nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte de ese espesor, recaído en el kirchnerismo, que lo tiene a su vez como propio (en lo que innova y en lo que lo lastra, aquellas deficiencias ostensibles sobre las que nunca serán inoportunas las reflexiones de auto indagación) no puede ser nuevamente transferido a la casamata central del Peronismo con sus bustos ya barnizados. El abismo del que ya estamos cerca, merece que revivan las fuerzas conocidas más lúcidas para entrever de sí mismas -de su espesor histórico-, cuales de ellas deben ser explicadas nuevamente, cuales deben ser mentadas con respeto o melancolía, cuáles deben ser replanteadas, cuáles descartadas. Y toda composición ya conocida también sabe que su trama interna exige no solo la reiteración de sus estimables rutinas, sino cultivar la ansiedad por saber lo que todavía no se conoce. Revolver memorias, porque para que haya nuevas instituciones de lucha autonomista tiene que haber una relación con el espesor de la historia, que equivale a liberar memorias, consagrarlas como tales cuando desean ser institución y no aceptar instituciones que solo saben de sí mismas que su afán y tarea es petrificar memorias.  Nos parece que al momento, silenciosa o no, misteriosa o locuaz, el nombre de Cristina Kirchner aparece privilegiadamente para darle un sentido -no personal, sino colectivo-, a la serie desglosada de espesuras de distintos alcances que parecen flotar inconsecuentes ante nosotros.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de julio</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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		<title>EL DOBLE PODER &#8211; POR ROCCO CARBONE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Apr 2024 15:24:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Una reflexión cookista, suspendida entre la teoría psicoanalítica y la teoría del poder.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-doble-poder-por-rocco-carbone/">EL DOBLE PODER &#8211; POR ROCCO CARBONE</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bd74fec7567b6245d50919baa3d7d232"><strong><em>Una reflexión cookista, suspendida entre la teoría psicoanalítica y la teoría del poder.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-173bfd1482c7da3a50ec4458c5b855be"><strong>Por Rocco Carbone*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0bd57e26fe3f3f4834e090803f553efa">“Lo siniestro” es la traducción al castellano de <em>Das unheimliche</em>, texto de Freud de 1919. Lxs traductores que se han ocupado de ese término lo han volcado de distintos modos: en italiano como <em>perturbante</em>, en francés, <em>inquiétante étrangeté</em>, en inglés, <em>uncanny</em>, en español, <em>ominoso</em> (del latín <em>omen</em>, portentoso, amenazador, inquietante) o siniestro. Tanto el francés como el castellano coinciden en un mismo aspecto de lo <em>unheimliche</em>: lo inquietante. El inglés <em>uncanny</em> insiste más en el matiz de misterio, en el sentido de “algo-desconocido”, un-canny (de <em>can</em>, <em>to know how</em>, saber cómo). El italiano <em>perturbante</em> se centra en el tema de la perturbación, del latín <em>turba</em> que, a su vez, viene del griego <em>tỳrbe</em> (desorden, confusión, desconcierto y, en sentido figurado, alteración del alma). Todas las propuestas de traducción se organizan alrededor de la misma idea: <em>heim</em> -la casa- que, por extensión, es el lugar de lo familiar y lo conocido se sustrae de sí misma, desaparece y su centralidad se disuelve: se vuele <em>unheim</em>. <em>Das unheimliche,</em> entonces, podría traducirse literalmente como <em>el no-de-casa</em>. Pero, ese <em>no-de-casa </em>¿está realmente fuera de casa? En realidad sigue ahí, dentro de la casa, debajo de la casa, enterrado debajo de la pesada arquitectura de los hábitos y las creencias. Lo siniestro es un sentimiento que surge de lo familiar y lo ordinario y que nos perturba, inquieta, da escalofríos, causa malestar, sobre todo cuando se operativiza políticamente dentro del Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a4b0bc57fbc0f1d379ef5ae2f582129">Una de las causas de lo siniestro -según Freud- es la ceguera o la pérdida de los ojos. El poder del gobierno nacional reconoce su condición siniestra que expande sobre la sociedad y por eso mismo, con grosería e insolencia, nos espetan con el “no la ven”. Otro soporte de lo siniestro para Freud es el doble: que puede manifestarse bajo la forma de los gemelos, del sosia o del <em>doppelgänger</em> (doble). La era del celular para todos y todas a cada momento y para siempre es decididamente siniestra, pues las redes antisociales han duplicado la identidad y la Internet aloja una duplicación del mundo. Es la <em>matrix</em> que nos duplica a nosotrxs mismxs. El avatar de SecondLife (un mundo virtual donde cualquiera puede participar con su representación grafica de una persona en ese entorno), por ejemplo, grafica bien esa duplicación y la inteligencia artificial ha duplicado la capacidad de la lengua para descubrir. Además, la computación, la informática, la electrónica -y tu celular- se constituyen sobre la racionalidad de un código binario, sobre una lengua mínima constituida por dos dígitos (0 y 1). El sistema numérico binario es la metáfora de una estructura elemental de pensamiento, comunicación y operatividad de poder. Sobre esa racionalidad mínima se constituyen también las redes antisociales (en las cuales también disponemos de un avatar) que duplican el mundo: no me gusta (0) y me gusta (1). Una estructura elemental de lo siniestro es la dualidad y esa condición coincide con la del fascismo, que es homóloga al código binario de las redes, porque es un movimiento contradictorio, de negación (0) y afirmación (1). Estas cuestiones son inherentes a la propia figura presidencial. Milei elaboró toda su campaña a partir de un dispositivo colosal de duplicación y propaganda, la televisión y las redes sociales, que ubican a ese doble siniestro en nuestro bolsillo o ante nuestros ojos sin que tengamos casi capacidad de decidir sobre la habilitación de esa interacción. Prendo el celular y lo encuentro. En esos fenómenos que empalman redes antisociales y poder político reside una combinación más compleja de los elementos que en general podemos reconocer como merxs usuarixs. La dualidad de lo siniestro, que es la propia dualidad del fascismo, lo vuelve imprevisible y fascinante. En el ámbito del poder del gobierno actual, en cuanto al doble como experiencia de lo siniestro, la encontramos en una actividad representativa en la que lxs participantes usan trajes o accesorios de personajes específicos, que suelen ser de historietas, mangas, el anime, el cine o los videojuegos. Durante la campaña, la diputada Lilia Lemoine se presentaba duplicada por la red o la televisión con un discurso vacuo, pero con el que afirmaba estar disfrazada de diputada. Ese procedimiento siniestro -la duplicación de la duplicación- le resultó efectivo: devino políticamente el personaje del cual se disfrazó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-720ae02efdbc2847c242bfb54e9b375b">Otro condimento de lo siniestro es la <em>sorpresa</em> ante la novedad, acompañada de inquietud y desasosiego. Lo siniestro implica entonces una cuota de <em>shock</em>. Es el golpe que se recibe cotidianamente, que genera atención y no nos deja indiferentes. La política fascista es siniestra en tanto dual y ese poder imprevisible resulta fascinante porque es sorprendente. Lo siniestro que nos amenaza, que se apodera de nosotrxs, nos <em>sorprende</em>, <em>super-prehendere</em>: agarrar desde arriba. Es por eso que tal vez se nombran como las “fuerzas del cielo”, porque se ejercen de arriba.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d8f4662465482df72e0ca4f88547ea6">El doble, el gemelo, el sosia puede entenderse como unx mismx que se refleja en otro o como unx otrx que ha sido expulsado de sí. El poder que gobierna el Estado ha expulsado al Estado de sí. Ahí tenemos otro efecto siniestro del poder dual del fascismo que nos gobierna. Expulsar al Estado de sí quiere decir varias cosas. Expulsar del Estado a sus trabajadores, con el cierre de Télam, el despido de trabajadores del CONICET, de la TV Pública, la Radio o la Biblioteca Nacional. Esa expulsión significa también la devaluación de las jubilaciones y los salarios, el cierre de programas públicos sensibles, ligados a mujeres y disidencias, a la adolescencia y la niñez, a lxs enfermxs oncológicxs, a la agricultura familiar, a la urbanización de barrios precarios, a las organizaciones culturales, etc. El/la trabajador/a despedida es un sentido laboral afectado, una familia precarizada, una institución vaciada, un rasgo civilizatorio derruido. En la cultura del trabajo laten todos los modos de una civilización. Afectar el trabajo daña la propia civilización. Expulsar al Estado del Estado quiere decir también expulsar las normas que pueden reglamentar la voracidad del mercado. Y el sentido cívico (social) de la comunidad porque ésta va adhiriendo a las reglas del mercado. Un Estado de mercado entraña una sociedad de mercado que equivale a una agregación degradada de individuxs cuyas obligaciones morales y sentido cívico están degradados y borrados. Colonizar la estatalidad con la lógica del mercado convierte al Estado en máquina de tortura para su sociedad: siniestra. Por eso una de las sensaciones que circulan en la conversación pública es el <em>miedo</em>: nos sentimos amenazadxs. La amenaza es la contracara de lo siniestro. La lógica del mercado llevada a la estatalidad deteriora el espíritu solidario y altruista, la generosidad, el deber cívico, la condición social y a la propia sociedad, afecta los lazos que se organizan en torno al don, a la reciprocidad que no espera inmediatamente algo a cambio. Los mercados no fomentan los lazos entre iguales ni pueden, en consecuencia, presentarse como esferas de acción humana en las que prevalece el principio de libertad. No se organizan alrededor del principio de la mutualidad que relaciona a lxs individuxs de tal modo que la libertad de unx sea condición para la de otrx.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b014a5b4dafc1e1c192ad880c9fdb186">Con la expulsión del Estado del Estado, el Estado nacional se ha vuelto una máquina insoportable con un poder aterrador. El Estado, el sostén de la ley, a la que suponemos portadora del bien, ha devenido productor de Mal. Además, han ingresado al Estado sujetxs insolentes y arribistas, exclusivamente en reconocimiento a su capacidad de lanzar ataques groseros contra la política. Actúan como trolls (a veces lo son) y pretenden silenciar los discursos disidentes con repeticiones sin sentido, con acusaciones sin fundamento y gritos de inaudita vulgaridad y agresividad.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.mas.org.ar/wp-content/uploads/2017/02/Doble-poder-550x367.jpg" alt=""/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ade79d0e488077474f779e92bebcc4f2"><strong><em>El doble poder</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dc535b8389444fb9a3fe206930cf0be9">Si se acepta que lo siniestro ha copado el Estado, sigue que esa cuestión se resuelve menos en el ámbito del psicoanálisis que en el del poder. ¿Qué hacer ante una compleja institución como el Estado cuándo se vuelve insatisfactoria, cuando su inherente equilibrio (social) se rompe? Ante una crisis social de magnitud -como la que atravesamos- es posible activar la memoria de un fenómeno peculiar: la cuestión del doble poder o de la dualidad de poderes. Lenin reflexionó sobre esta categoría revolucionaria en <em>El poder dual </em>(<em>dvoevlastie</em>, en ruso), texto publicado en el número 28 de <em>Pravda</em>, del 9 (22) de abril de 1917: “Este poder es del mismo tipo que el de la Comuna de París de 1871”. La Comuna encarnó los esfuerzos de los sectores populares para alzarse del subsuelo, de las catacumbas sociales y entrar a la palestra de la política y de la historia (que tenían vedadas). Sobre la misma categoría,pero en nuestra geografía y en nuestra lengua, reflexionó también el Che Guevara en <em>Guerra de guerrilla</em>. En el ámbito de la Comuna, Louise Michel, una revolucionaria anarquista-feminista, también identificó la condición necesaria del <em>dvoevlastie</em>. Sin embargo, el fenómeno de la dualidad de poderes ha sido estudiado escasamente en la tradición revolucionaria. Con su despliegue se disputó la legitimidad y el poder del aparato oficial del Estado en Petrogrado, en Sierra Maestra o en París cuando esa institución se vuelve insatisfactoria. Puesto que la dualidad de poderes implica un momento de desorden, su temporalidad es la de un parpadeo. Se interrumpe con la derrota de la reacción y la afirmación del nuevo proyecto popular que pasa a conducir el Estado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f24f95e24042f78da8fefb9922106e69">En febrero de 1917 en la ciudad de Petrogrado se desplegó la revolución de febrero. Ese magno evento, primera fase de la revolución rusa, provocó la abdicación de Nicolás II, el fin de la dinastía Romanov, del imperio ruso y la autocracia. Con la revolución de febrero se formó un gobierno provisional, compuesto por burgueses, liberales y moderados de izquierda. Inicialmente fue encabezado por el príncipe Lvov y luego por Kerenski. Junto con el gobierno provisional emergió una nueva institución, el Soviet, la asamblea de soldados y diputados obreros, relevante especialmente en Moscú y Petrogrado. El Soviet era una organización de masas que reclamó para sí el poder público, tenía capacidad de acción política y administrativa y cuestionaba la existencia misma de un gobierno provisional. Durante ocho meses, de febrero a octubre, Rusia fue gobernada con tensiones crecientes por esos dos poderes. Ocho meses después, los bolcheviques asaltaron el Palacio de invierno y depusieron el gobierno provisional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-966cbaa33249a27301e3ae48bf63192e">Con el doble poder surgen dos centros gubernamentales, expresión visible en la geografía y la arquitectura de Petrogrado: el Palacio de invierno y el instituto Smolny. La sede del gobierno provisional fue el Palacio de invierno, antigua residencia zarista, un edificio suntuoso diseñado por el arquitecto Rastrelli, con una estilística tardobarroca y que hoy forma parte del Museo del Hermitage. El Soviet se reunía en el instituto Smolny, un edificio en estilo palladiano, construido a principio del siglo XIX para alojar el Instituto para Doncellas Nobles. En <em>Diez días que estremecieron al mundo</em> John Reed describe el edificio“como una colmena gigante”, “una dinamo sobrecargada”: “El Soviet de Petrogrado se reunía ininterrumpidamente en Smolny, el centro de la tormenta, con los delegados cayendo dormidos al suelo y levantándose para reincorporarse al debate, Trotsky, Kamenev, Volodarsky hablando seis, ocho, doce horas al día”. Durante ocho meses, entre febrero y octubre de 1917, Rusia fue gobernada desde esos dos edificios. “Desde el momento de su aparición, el Soviet empieza a obrar como poder. Para evitar que sigan a disposición de los funcionarios del antiguo régimen los recursos financieros, el Soviet decide ocupar [&#8230;] el Banco de Estado, la Tesorería, la fábrica de moneda y la emisión de papeles del Estado” (Trotsky, <em>Historia de la revolución rusa</em>). En otro pasaje recuerda que un diputado de la Duma, Schidlovski, se lamentaba de que “el Soviet se apoderó de todas las oficinas de Correos y Telégrafos y de Radio, de todas las estaciones de ferrocarril, de todas las imprentas”. Esto fue así porque el Soviet estaba disputando la legitimidad del gobierno provisional y del Estado oficial. Esa situación se organizó para generar un <em>doble poder</em><em>: una doble soberanía o la escisión de la soberanía. </em>Se trata de una lucha de clases que tiene como trasfondo el extremo de la guerra civil.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6085cbadab3c382a02e06ee3f7a8c124"><strong><em>Entre nos</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b71baaa9eab3eb24bc62acd306002967">Esa forma de violencia (la guerra civil) no necesariamente debe activarse en la Argentina &#8211;<em>aunque esa modalidad constituye una latencia</em>&#8211; pues existe un antibelicismo inherente a los pensamientos revolucionarios (sobre el cual han instalado un olvido). Pero: la guerra contra la sociedad nacional ha sido declarada por el poder de gobierno tornando el Estado en máquina de lo siniestro. El gobierno de la Libertad Avanza, expresión de la clase dominante, pretende imponer a toda la sociedad, <em>y como únicas posibles</em>, sus formas económicas y políticas. Lucha por el poder exclusivo de su clase. De hecho, niega sistemáticamente el antagonismo democrático. Desde el 10 de diciembre el campo nacional y popular desplegó cuatro acciones antagonistas que fueron desaparecidas por el gobierno: el primer paro general del movimiento obrero contra el DNU 70/2023, la ley ómnibus y la flexibilización laboral; la huelga feminista internacional del 8M con un claro sesgo antifascista; la marcha del 24 de marzo como sostén permanente de los derechos humanos, la eticidad inherente a Memoria, Verdad y Justicia, y el Nunca Más; y la marcha educativa y científica que fue una clase de educación y ciencia públicas. La negación sistemática de este antagonismo se cifró el martes 23 con un tuit de la vicepresidente: “Hebe te lo perdiste”, leyenda con la que acompañó un extracto del discurso de Taty Almeida en la Plaza en el que empalmaba la cultura sindical con la defensa de la educación pública: “los sindicalistas mandan a sus hijos a la escuela y la universidad públicas”. En la base del antagonismo democrático se encuentra el reconocimiento mutuo de clases rivales. Luego de una elección y antes de otra, el antagonismo se activa cuando la clase privada de poder aspira a hacer variar a su favor los derroteros del Estado. La actitud de las clases oprimidas depende del reconocimiento que la clase dominante les da a sus interpelaciones. Si lo que debería ser reconocimiento es negación se desconoce la condición democrática y se abre una de las compuertas siempre entornadas del doble poder. Cuando el aparato oficial del Estado está en manos de una clase dominante insensible, que lleva la insensibilidad política y social a extremos inaceptables, una “nueva” clase se moviliza.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://static.eldiario.es/clip/3fab0987-20fc-4872-90f0-d3ef663e2cd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Marcelo Capece | NA</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-219374e1d5f44ca38e872ed72bb32692">Si el Estado es la organización del régimen de clase y la revolución la sustitución de la clase dominante, el doble poder nombra el tránsito del poder de una clase a otra, o -si se quiere- de una forma de Estado a otro. ¿Cómo expresar esa dualidad entre nosotrxs? Junto al gobierno de la Libertad Avanza podríamos formar otro poder que se ocupara específicamente de la humanidad perseguida por las políticas libertarias. La composición clasista de este segundo poder se organizaría alrededor del trabajo, formal e informal. Esa estructura vitalista expresaría la conciencia y la voluntad de la mayoría de las clases trabajadoras que aspiran a un Estado igualitarista, sostén de la existencia de esas mismas clases. La “nueva” clase de lxs privadxs de derechos deberá saber concentrar las esperanzas de las capas medias, descontentas con lo existente pero incapaces de desempeñar un papel propio. El carácter político de ese segundo poder sería una estatalidad igualitaria, organizada alrededor de la idea de igualdad, gran articulador de las diferencias, palabra que el poder fascista no puede nombrar ni rozar. El doble poder es una etapa de la lucha de clases y expresa un episodio propio de la lucha entre dos regímenes: de un lado, un Estado privativo con consistencia real, y del otro, un Estado comunal de consistencia utópica, que para existir deberá tender a una unanimidad social abigarrada que quiera disputar finalmente el poder centralizado y único del Estado nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e306f313fb94380d119a05751208f05c">Para congregar a la “nueva” clase de lxs privadxs de derechos, a los cimientos pisoteados por el poder de gobierno para que recobren vida política, para que debajo de los pies de este Estado privativo (en tanto privatizado) surja un nuevo Estado comunal, se necesita organizar una fuerza política autónoma. Los sindicatos de lucha, las fuerzas democráticas y revolucionarias, de tradición peronista y de izquierdas, la iglesia en opción por lxs empobrecidxs, algún que otro instituto de signo patriota están en condiciones de asumir esa tarea emancipadora. Convertirse en una fuerza política autónoma que concentre en sus filas a lxs privadxs de derechos por la Libertad Avanza y que se aplique a resolver su condición vital de despojo, puesto que ninguno de nosotrxs es libre si unx de nosotrxs sufre. Lxs privadxs de derechos no pueden ser abandonadxs a la intemperie del mercado. La tarea central de esa fuerza será asumir la representación política de lxs privadxs de derechos, de esa “nueva” clase que en un momento dado podría disponerse a disputar democráticamente con el libertarismo fascista, acomodado, rico y lleno de privilegios. Esa fuerza podría disponerse a crear un nuevo órgano de Estado: una asamblea permanente de carácter transitorio (APT). Con eso se daría inicio a un período de dualidad de poderes, entre el orden libertario y un nuevo régimen plebeyo que se preparará al paso del poder de esta “nueva” clase.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d52df19d8952e7803e82f60e6ecfeb35">Establecer un doble poder implica disputar el dominio político del Estado. Su objetivo es buscar un nuevo equilibrio de fuerzas e instaurar un poder único y fuerte que inerve democráticamente el Estado. El poder del que hablamos será embrionario: tendrá validez solo durante un tiempo, hasta lograr un nuevo equilibrio de fuerzas e instaurar un poder único, centralizado, con características populares dentro del Estado. Ese poder único es necesario pues toda sociedad reclama la concentración del poder y aspira inexorablemente a esta concentración en una clase. Por otra parte, la dualidad de poderes instará a los sectores trabajadores a sofisticar su madurez de clase respecto a esa complejidad que llamamos Estado -un aparato de aparatos- dentro del orden tecnocapitalista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b7e657e6ec6e3e1f059885bd970548c">Artemio López suele recordar que Althusser recurría a una cita de Lenin que hablaba de que para enderezar un bastón torcido no se podía mojar la madera y atarla a un tutor porque al soltarla el bastón quedaría menos inclinado, pero seguiría estando chueco. Para enderezarlo, es preciso que la guía esté torcida en sentido contrario. Aquí se cifra el sentido central del doble poder: el doble Estado.</p>



<div style="height:28px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-medium-font-size"><em><strong>Este texto contiene lenguaje inclusivo por decisión del autor.</strong></em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-284620697f569ceddc1afe0702ff55ed">Buenos Aires, 29 de abril de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b3c6ce346dc475127c91c3017dbc3d6">*CONICET</p>
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		<title>IMAGINACIÓN &#8211; POR ROCCO CARBONE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 May 2025 17:53:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Rocco Carbone]]></category>
		<category><![CDATA[Adorni]]></category>
		<category><![CDATA[Cooke]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones en CABA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el momento actual, de desesperanza construida, atreverse a imaginar escenarios históricos humanos y de cuidado de la vida popular se constituye en un radical desacato contra el mandato del capital delirante y su esbirro de ocasión: el fascismo sigiloso.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03b2479ab4fa9e7c6c709cc1fd2ec50d"><strong><em>En el momento actual, de desesperanza construida, atreverse a imaginar escenarios históricos humanos y de cuidado de la vida popular se constituye en un radical desacato contra el mandato del capital delirante y su esbirro de ocasión: el fascismo sigiloso.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-173bfd1482c7da3a50ec4458c5b855be"><strong>Por Rocco Carbone*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:62px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-60dc1bd9e8e97e0836b535958fd8bf9e">«&#8230; cuando no estamos en casa, cuando se nos pregunta de dónde somos o quiénes somos, o incluso qué somos, experimentamos un chip, chip, chip, un <em>martilleo</em> en nuestro ser. Experimentar ese martilleo es recibir un martillo, una herramienta a través de la cual nosotras también podemos picar las superficies de lo que se es, o de quién se es, incluidas las categorías mismas a través de las cuales se ha hecho significativo el sujeto.».</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b49d9ae2cfb4d1d98670417f4aa5e34f">Sara Ahmed, <em>Una afinidad de martillos</em></p>



<div style="height:63px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e2ff7f0e1fea19d7564065db8c1a04c">Me gustaría compartir una oración muy conocida de Lenin que tiene que ver con los sueños. Es tan conocida que la encontramos incluso en algunos memes: “Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía”. Esta frase leninista, tal como la conocemos, y tal como acabo de citarla, no fue escrita por Lenin, pero la idea que sintetiza está en uno de sus textos más emblemáticos. Lenin allí cita a Dmitri Ivánovich Písarev, filósofo nihilista ruso que en la década de 1890 impulsó la tendencia democrática-revolucionaria. La generación posterior a la de Písarev, que participó en el Soviet de Petrogrado de 1905 y en la experiencia revolucionaria de 1917, fue influenciada por él. Entre ellos, Lenin, que lo cita en <em>¿Qué hacer?</em> (1902).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4c85891a2196b4033fd635243bd22b08">“Hay diferentes clases de desacuerdos [&#8230;] entre los sueños y la realidad. Mis sueños pueden rebasar el curso natural de los acontecimientos o bien pueden desviarse a un lado, adonde el curso natural de los acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer caso, los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador&#8230; En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Muy al contrario. Si el hombre estuviese completamente privado de la capacidad de soñar así, si no pudiese de vez en cuando adelantarse y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que se bosqueja entre sus manos, no podría figurarme de ningún modo qué móviles lo obligarían a emprender y llevar a cabo vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica&#8230; El desacuerdo entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que la persona que sueña crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien” (“El error de la idea poco madura”).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a8d39fc74c8b2f6b56906e7f604ffe6">Este pasaje de Písarev tiene una vibración aristotélica. De hecho, para Aristóteles, la imaginación (que el viejo filósofo llama <em>phantasía</em>) es una facultad que permite crear imágenes. Imágenes mentales, creadas a partir de sensaciones actuales, o reelaborando imágenes pasadas (o sea, recuerdos) o formando nuevos conceptos generales. Además, la imaginación, para Aristóteles, es una forma de movimiento (<em>kinēsis</em>, le dice). Movimiento que se activa en los seres dotados de sensación. La imaginación está vinculada a la percepción, pero también y sobre todo está nexada a la capacidad creativa. Para Aristóteles implica “un movimiento de la sensación en acto” (<em>De anima</em>, III 3).</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-162e804fecfcaf60d938f3df3f855905">Estimular algún modo imaginativo alternativo es una tarea y un gran desafío para una fuerza emancipatoria pensante, imaginante y movilizadora que actúe a contrapelo del flujo libidinal del capitalismo. Esto lo ha entendido muy bien el capitalismo porque imaginar el futuro, predecirlo, o sea decirlo antes de que acontezca, es un gran negocio. El capitalismo es experto en elaborar escenarios futuros. Lo hizo históricamente con la ciencia ficción, con el cine más recientemente, y ahora con las plataformas tipo Netflix y con las redes sociales. Con esos aparatos culturales organiza escenas materiales para perpetuar la codicia, esa insaciabilidad depredadora que lo alimenta. Por ejemplo, la industria cinematográfica yanqui, de tipo belicista, ha cultivado en todo el mundo occidental una cultura de aceptación de la guerra. Cuando esta se materializa, cuando se manifiesta en la vida de los seres humanos, ya ha sido aceptada como posibilidad de futuro devenida presente por la acción naturalizante de esos aparatos culturales. La larga serie de películas bélicas norteamericanas naturaliza la guerra, los exterminios y todas las modalidades posibles de la violencia. O sea, prepara el terreno para la aceptación material de la guerra, no cinematográfica sino real. Es por eso que no decimos nada o decimos muy poco ante el acto de exterminio que vemos en Gaza, porque nos han inculcado su aceptación: su naturalización.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a16c50375b5bc8c5e1f6615e614376e2"><a>La palabra fascismo nombra un mal endémico de la sociedad de masas, una especie de virus arraigado en la historia moderna de Occidente, y como tal en América Latina. El origen del fascismo -arqueológico- determina su esencia: el supremacismo, que es la condición necesaria del colonialismo. El fascismo hoy prospera en sociedades debilitadas por el capitalismo en una etapa delirante y hoy aspira incluso a la hegemonía cultural.</a> La palabra fascismo sirve para nombrar esta etapa delirante del capitalismo, nombra su condición insaciable, su carácter violento e irracional, su deseo incontenible de romper fronteras humanas, perturbar vidas, atravesar modos civilizatorios. Las incursiones de este capitalismo delirante -del fascismo- ya no atañen al trabajo sino a la vida misma. Este ya no lucha por<em> algo, </em>sino que viene por<em> todo</em> y la contradicción principal que postula ya no es, como en el segmento democrático del siglo XX, capital <em>versus</em> trabajo, sino capital <em>versus</em> vida. Hemos pasado de la concepción vital de trabajar <em>full time</em> a la concepción vital de trabajar <em>full life</em>, sea bajo la modalidad del trabajo formal, informal, cooperativista, monotributista o intermitente. El capitalismo delirante expresado por el fascismo es un poder de conquista total, que afecta a todas las entidades vivientes. La naturaleza autodestructiva del orden económico del capitalismo delirante expresado por el fascismo sigiloso del siglo XXI afecta en igual medida al ser humano, al ser animal y al ser natural. El fascismo del que hablamos, con su plan económico, está animado por una lógica sacrificial que habilita dejar morir a poblaciones enteras, humanas, animales o naturales, pues las expone a prácticas de explotación, expulsión, extinción y, a una escalada planetaria, las expone &#8211;<em>nos</em> expone- a sistemas de guerra y de inseguridad. Esto que digo, entre nosotrxs, en la Argentina se experimenta con la línea quebrada de la economía, que todos los días sigue inclinándose bruscamente hacia abajo. El plan económico libertariano consiste en que suban los precios de la comida, que los industriales cierren sus fábricas, que la frecuencia del transporte se reduzca pese a que la mediaticidad monopólica, con sus héroes de la frase, y depósito inagotable de lugares comunes, diga lo contrario.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bfa7c17f6fd569d8905fed795a1f17e2">Si esto se acepta, surge la necesidad inevitable de fraguar imágenes alternativas del mundo. Esta idea se puede inferir de las recientes elecciones legislativas en CABA. El resultado fue una imposición de minorías: sólo 16 porteñxs de cada 100 eligieron a Adorni. Escena que implica otra: la existencia de una gran mayoría que no fue a votar: 47 porteñxs de 100 emitieron un voto por la negativa. Esa mayoría nos habla de la necesidad de fraguar imágenes alternativas del mundo. Y me animaría a decir que la vía de acceso a esas imágenes es la lucha popular. La eventual derrota del fascismo acontece menos en las urnas que en las calles. O, mejor: antes en las calles y luego en las urnas. La lucha popular es una gran conversación movimientista. Habilitarla, asumirla, es tarea de una fuerza emancipatoria -es decir: capaz de convencer, organizar y educar-, una fuerza de confluencia de las grandes tradiciones políticas <em>de lucha</em>. Una fuerza que sepa mantener viva la consigna del <em>antifascismo</em>. Que tenga la capacidad de coordinar una acción con el propósito de asestar un revés al mayor de los males, al mal más peligroso del momento.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0557a7f74b4021b89cd1f3c9fbdae374">Querer justicia social, igualdad (que es reciprocidad), dignidad, libertad es aspirar a un mundo mejor. Son ansias y empeños profundos. Quiero decir: ansias y empeños teóricos y políticos. Justicia social, igualdad, dignidad, libertad no son palabras que se rasgan en un papel o en un grafiti, son proyecciones -imágenes: fantasías- materiales que permiten una imaginación distinta del volverse humano, en su materialidad compleja, desordenada, contradictoria. Justicia social, igualdad, dignidad, libertad son palabras que movilizan pasiones que despiertan futuros posibles. Estas palabras expresan una profunda preocupación por lo que no tenemos y por lo que ya tenemos y habilitan una profunda confianza en lo que está por venir, cuya organización corre por cuenta de nuestro campo. Creer en la justicia social, en la dignidad, la igualdad y la libertad significa ser creyente. Y ser creyente quiere decir ser revolucionario.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8e7294074bb4ecb6f6e12669feb24e9d">El poder (de) soñar otros sueños nos sitúa fuera del presente y expresa libertad interior. Rosi Braditotti en <em>Feminismo posthumano</em> sostiene que esa facultad habilita los poderes transformadores de la imaginación radical, un sentido desenfrenado de liberación de las cargas materiales y simbólicas de la opresión. El poder (de) soñar otros sueños es el poder de la insubordinación contra este experimento teratológico, contra sus jerarquías de desigualdad, contra sus modalidades represivas y expoliantes. Contra su odio sistemático que produce el mayor de los males al lazo social.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-929245625283ae4c762ab0cefeb05b8e">Las visiones utópicas son proyecciones políticas que anticipan futuros menos dramáticos y más placenteros, menos crueles y más sostenibles que este presente amargo que habitamos. La vena utópica corre fuerte en <em>El Eternauta</em> que es la historia de una rebeldía organizada y política que sobreviene ante un poder monstruoso, omnímodo. Hoy, bajo la modalidad de serie televisiva, esa historieta puede ser leída como una gran alegoría antifascista porque nos habla de una imaginación disidente, al margen de la perspectiva individualizante de la vida, de una inspiración singular de orden nacional y popular. Y tal como sugiere Rosi Braidotti en <em>Feminismo posthumano</em>: “El brillo de la inspiración nunca está demasiado lejos. La imaginación es una fuerza, una facultad, un poder (<em>potentia</em>) que solo puede encenderse y sostenerse de manera colectiva” (p. 262).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1dece4414e0f11a80c58c38f7e8091d">Políticamente <em>El Eternauta </em>podría nombrarse así: cookismo. Esta palabra expresa la idea de una ecología general de formas alternativas para reconvertirnos en seres humanos y evolucionar dentro de las fuerzas contradictorias del mundo. El cookismo expresa la idea de conexiones sin fusión entre las grandes tradiciones políticas de lucha: peronistas y de izquierdas. La idea de cookismo es una exhortación a formar una organización emancipatoria popular capaz de religar todas las fuerzas &#8211;<em>en función de su disposición a la lucha</em>&#8211; y de dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en la realidad. Es decir, un poder dispuesto a apoyar toda protesta y toda explosión, capaz de congregar afectividades, conciencias, sensibilidades, y unirlas para una obra común, aprovechándolas para multiplicar y reforzar la lucha hasta el momento revocatorio decisivo. Imagino dos dimensiones de ese momento: la necesaria interrupción de esto que acontece y la institución de una -aún más necesaria- utopía. Además, esta idea cookista pone de relieve la diversidad de nuestro campo. Y en ella reverbera también la condición feminista (práctica y teórica) de la mano de Alicia Eguren, docente, poeta, ensayista, periodista, asesora de Perón, organizadora de la resistencia peronista, lugarteniente del Che Guevara y compañera de Cooke.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a596edc8a6bd82c10fa4f8c8d43d932"><strong>***</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3189fcd264679123d84c43079fd403b6">El cookismo es el deseo de libertad, un anhelo de superación de condiciones injustas, insoportables, insostenibles: que son materiales, psicológicas, cognitivas y culturales. De lograr activar esta idea, nuestro campo lograría denunciar en unidad las indignidades y las injusticias del presente, y habilitaría visiones alternativas para su propia existencia. El cookismo en tanto idea de lucha por la libertad habilita abrir las compuertas de la historia para soñar e imaginar un futuro generativo. Una idea que abre posibilidades en el presente y crea fracturas inspirativas de cara al futuro. Una teoría crítica y una política sin visiones alternativas implican un ejercicio (árido) de negatividad; a esto, también, alude el cookismo. El empalme entre las grandes tradiciones políticas de lucha -peronistas y de izquierdas- remite a un pasado de logros y éxitos realizados a medias, que nos reclaman un renovado ejemplo colectivo para fraguar lo que queda por hacer en la Argentina popular. La energía cookista es una fuerza afirmativa infundida con poderes anticipatorios y visionarios, que necesitan ser actualizados y expresados por cada nueva generación a su manera. Este espeso entramado convoca otra palabra, inhibida dentro del campo de la emancipación y que indica otra idea que no es ni fija ni eterna, sino que nombra la posibilidad de constituirla en cada etapa histórica: socialismo.</p>



<div style="height:62px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-16e08b0eb19610a119479362cdc7c032">Buenos Aires, 20 de mayo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-605a43227e1a74da2762b65f3f122017">*Filósofo y analista político. CONICET.</p>
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