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	<title>Comuna Argentina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Comuna Argentina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Nuevo Documento de Comuna Argentina: Interrumpir la crueldad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 May 2021 18:45:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Comuna Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Interrumpir la Crueldad]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El grupo Comuna Argentina con este nuevo documento entrama una reflexión sobre el fallo de la Corte Suprema de Justicia, que fragmenta y tensiona los poderes e instituciones del Estado. Ese gesto cortesano es puesto en diálogo con un movimiento de saltimbanquis, autodefinidos “libertarios” (liberticidas en realidad). Historiza un poder -el judicial- en tanto defensor de los intereses elitistas vinculados al bloque social dominante. Apuesta por la recuperación de un discurso en defensa de la vida popular y subraya que es urgente suspender las negociaciones con el Fondo Monetario para fomentar mayor independencia económica para manejar la crisis social y humana. Y desnuda las formas cognitivas encubiertas por la lengua de la derecha, que descalabra los sentidos profundos de todas las palabras que introduce en su máquina de guerra discursiva.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/nuevo-documento-de-comuna-argentina-interrumpir-la-crueldad/">Nuevo Documento de Comuna Argentina: Interrumpir la crueldad</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;"><strong>El grupo Comuna Argentina con este nuevo documento entrama una reflexión sobre el fallo de la Corte Suprema de Justicia, que fragmenta y tensiona los poderes e instituciones del Estado. Ese gesto cortesano es puesto en diálogo con un movimiento de saltimbanquis, autodefinidos “libertarios” (liberticidas en realidad). Historiza un poder -el judicial- en tanto defensor de los intereses elitistas vinculados al bloque social dominante. Apuesta por la recuperación de un discurso en defensa de la vida popular y subraya que es urgente suspender las negociaciones con el Fondo Monetario para fomentar mayor independencia económica para manejar la crisis social y humana. Y desnuda las formas cognitivas encubiertas por la lengua de la derecha, que descalabra los sentidos profundos de todas las palabras que introduce en su máquina de guerra discursiva.</strong></span></em></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Comuna Argentina*</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El fallo reciente de la Corte Suprema de Justicia en medio de la pandemia es de crucial gravedad institucional porque niega la preeminencia del derecho federal por sobre el derecho local y correlativamente la prevalencia del Estado federal por sobre los Estados locales. En un momento en el que los cimientos de la propia condición humana son socavados la Corte hace peligrar la respuesta cierta a una pregunta: ¿quién o qué poder tiene competencias para tomar decisiones sanitarias con el objetivo de encauzar el bien común? Un bien común que en lo específico coincide con la vida misma. El movimiento tempestuoso que provoca la Corte, en una Argentina más que suficientemente zamarreada por un movimiento de saltimbanquis -los libertarios: que quiebran la memoria de una de las grandes tradiciones políticas de lucha y emancipación- exige una respuesta del pensamiento colectivo crítico, que en este instante puede movilizar diversamente al campo popular argentino.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El proceso de democratización que en Argentina ha atravesado las instituciones a nivel del poder ejecutivo y legislativo no produjo un salto cualitativo que llegara a conmover la subsistencia de un modelo judicial defensor de los intereses elitistas vinculados al bloque social dominante. El último golpe de Estado de 1976 exhumó esos rasgos estructurales del sistema de justicia. El avance del proceso de juzgamiento de las graves violaciones a los Derechos Humanos fue dejando al descubierto la complicidad de jueces, fiscales y defensores con las autoridades civiles, militares y religiosas que dirigieron el terrorismo de Estado. Esa complicidad constituyó el punto más álgido del apartamiento de los valores democráticos cuando la justicia convalidó –con diversos grados de participación u omisión– la represión de la dictadura implementada mediante detenciones arbitrarias, desaparición de personas, tortura y robo de cientos de bebés. Ante las sucesivas dictaduras y el vaciamiento neoliberal del patrimonio social en los años 90, el Poder Judicial actuó como cómplice estructural de la dominación, de la represión y de la impunidad. En aquellos años el Estado no se crispó ante jueces que no eran independientes. Y estos jamás señalaron su incomodidad<span style="text-decoration: line-through;">es</span> ante las presiones que recibían. De hecho, cumplieron de manera eficiente lo que se esperaba de ellos. No había conflictos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial. Esa matriz burocrática y autoritaria del Poder Judicial está latente y se manifiesta cada vez que está en riesgo el <em>orden establecido</em>. Al <em>orden establecido</em> hoy se lo llama ambiguamente “nueva normalidad”. ¿Es que acaso la normalidad no es el problema? La asfixia ante la que estamos es anterior a los efectos y secuelas del Covid. El virus la puso dramáticamente en juego sobre el cuerpo social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con excepción de las guerras, las estrategias de exterminio y las formas criminales del Estado de terror, bajo el signo de la peste global, el capitalismo muestra más acabadamente que nunca su lógica descarnada: una economía de la crueldad, del sacrificio. Las fantasmagorías de confort, de estabilidad, bienestar y progreso, aun en países ricos, se convirtieron súbitamente en imágenes de fosas comunes, hospitales de campaña y pasillos abarrotados de enfermos. Las prácticas de protección e inmunización describieron –y describen– obstáculos y límites persistentes, o bien la exigencia de funcionamiento de la producción y circulación de mercancías en el caso de los procedimientos de aislamiento, o bien la distribución desigual y regida por rigurosos criterios de mercado en el caso de la vacunación. La máquina imperativa de subordinación al trabajo capitalista se mantuvo intacta, nada parece detenerla. A eso apuntaron los debates iniciales en torno al presunto dilema “vida o economía”.  Las divinidades del mercado ordenaron seguir, costara lo que costase. Si hay un hecho estruendosamente visible en el mundo social de la pandemia es la potencia de esa máquina que no detiene su curso, aunque su continuidad y extensión ponga en peligro la vida en términos estrictos, tanto como el conjunto de creencias y construcciones simbólicas que animan lo que el sentido común llama vida civilizada. Lo que está en juego es la vida del presente y una idea de futuro. El desquicio del mundo social gobernado por las corporaciones, imponiéndose por sobre los cumplimientos de legitimidad democrática, quebrantando la institución pública en cuanto materia de libre decisión colectiva, y aun poniendo en cuestión la territorialidad y la fuerza de ley, parecen hablar de un lento pero continuo ocaso de los Estados. Ese mismo ocaso parece ratificado en el fallo de la Corte Suprema de Justicia, que fragmenta y tensiona los poderes e instituciones del Estado. Hay apenas llamados dispersos de un lenguaje que se pronuncia en favor de interrumpir esta lógica de la crueldad. Llamados dispersos de una lengua vacilante para enfrentar el dominio de las corporaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Lo que habíamos reconocido y celebrado como discurso en defensa de la vida popular fue</em> gradualmente retirándose de plano. La intervención de los Estados, la protección y diseño de políticas de soporte económico encontraron su límite previsible en ecuaciones y fórmulas destinadas a la administración del déficit fiscal, el control monetario, los índices de crecimiento o caída del producto interno, la negociación de la deuda o el cálculo electoral de democracias ya dañadas. Categorías que encubren, aunque ya de un modo indisimulado, el desenfreno acumulativo y el beneficio, el número bancarizado por sobre la vida pulsante de los pueblos. Los bancos, las industrias y tecnologías de la comunicación, por caso las industrias farmacéuticas y los laboratorios, la Corte Suprema de Justicia, se presentan como oráculos sagrados, intocables. Oráculos del capitalismo digital y del orden establecido que emiten mensajes sin ninguna opacidad. Con la seriedad que la escena requiere, no pudo ponerse abiertamente en juego no ya la nacionalización de laboratorios imprescindibles para el sostén de la vida popular, sino siquiera la suspensión de la propiedad privada de <em>patentes y marcas</em>, como suele solicitarse en formularios y protocolos de investigación científica a la espera de evaluación. En el caso argentino es urgente suspender las negociaciones con el Fondo monetario y fomentar mayor independencia económica para manejar la crisis social, humana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La lengua de la derecha descalabra los sentidos profundos de todas las palabras que introduce en su máquina de guerra discursiva y las devuelve al debate público y a las formas reflexivas bajo el modo del estropicio. Achata la historicidad de cada palabra y las dispone para ser agarradas en su sentido primario, superficialísimo. Lo hizo con la palabra <em>revolución</em> -pisoteándola con otra: <em>alegría</em>-, lo hace con las palabras <em>libertad</em>, <em>autonomía</em>, <em>república</em>. Lo hace usufructuando el efecto de neutralización de la historia nacional que se cifra en el acrónimo CABA, convirtiendo la autonomía en un secesionismo de los privilegios acumulados en siglos de extractivismo interno. Lo hace trasmutando esa profunda e irresuelta “deuda interna” en autoproclamación <em>federalista</em> contra el autoritario centralismo sanitario del Estado nacional. La lengua de las derechas convierte las palabras en meros dispositivos retóricos de dominio y explotación al servicio de la ideología dominante, del capitalismo digital y del orden establecido. Acaso el ejemplo más evidente sea lo que sucede con la palabra <em>hidrovía</em>, que si indica algo es una zona de despojo y ultraje de parte de multinacionales sojeras -a las que se adosan los circuitos propios del narcotráfico y de los negocios de las mafias- de lo que alguna vez fue la belleza del río Paraná, cuyo delta Sarmiento bautizó con una preciosa palabra de origen guaraní: Carapachay. Imposible no ver aquí que su nombre también aloja la posibilidad de soberanía, una historicidad y una estilística.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La gravedad de algunos sucesos que se sintetizan aquí torna prioritaria la necesidad (la inevitabilidad) de un poder judicial justo para la vida democrática argentina. La absoluta complacencia de las altas autoridades judiciales de nuestro país con el estado de cosas demanda acciones concretas del poder político en alianza con los sectores populares. La Corte Suprema de Justicia que ha fallado en contra del cuidado de la vida popular y la salud es aquella del 2&#215;1, es aquella que ni ayer ni hoy cuidó la democracia. Tal como el macrismo la socavó mancillando la palabra República. En otro contexto, esta escena del mayor dramatismo nos encontraría en la calle, en la cosa pública, en defensa de lo que nos es común. Y puesto que somos nosotrxs lxs que cuidamos la vida, la democracia, la vida popular convocamos a todas las fuerzas democráticas y populares a acompañar este documento, a difundirlo, a expresar la necesidad de una democracia democrática, revolucionaria, de una vida vivible y de una justicia justa.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Adhesiones:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">María Andolfo, Leandro Andrini, Daniel Añon Suarez, Claudio Arca, Ricardo Aronskind, Pompeyo Audivert, Fernando Javier Aure, Cristina Banegas, Dora Barrancos, Mercedes Barros, Jorge Luis Bernetti, Emilio Bernini, Vito Bettitol, Paula Biglieri, Luis Blengino, Ana Bocos, Karina Bonifatti, Atilio Borón, Diego Buccarelli Burés, Pablo Bylik, Alfredo Caceres, Fernando Carderón, Alejandro Cantisani, Darío Capelli, Carlos Caramello, Rocco Carbone, Silvana Carozzi, Ana Celentano, Analía Centeno, Diego Conno, Patricio Contreras, Américo Cristófalo, Mirta Del Campo, Alejandro Delorenzi, Roberto “Cacho” De Rosa, Ariel Dilon, Daniel Divinsky, Gloria Silvana Elías, Muricio Erben, Pablo Feipeler, Carlos Franca, Patricia Funes, Paloma García, Ricardo Gil, Marisa Gilly, Alejandra Gils Carbó, Mónica Goldin, José Glusman, Alberto González, Horacio González, Cintia Ini, Patricia Isasa, José Jatuff, Alejandro Kaufman, Alberto Korblihtt, Yanina Lamberti, Pelusa Lucchini, Pablo Lufrano, Elina Malamud, Fortunato Mallimaci, Martín Mangas, Dolores Marcos, Emilia Martinuzzi, Alexia Massholder, Nora Mazziotti, María Cecilia Míguez, Claudia Miranda, Rodolfo Modena, Claudia Montesino, Cristina Moretti, Omar Murad, Carlos Naón, Raúl Noro, Luciano Nosetto, Xavier Oñativia, Carlos Palacios, Sebastián Palma, Rafael Paz, Germán Pérez, Silvina Perugino, Osvaldo Picardo, Santiago Polop, Nora Priolo, Leandro Quiroga, Elena B. Raimondi, Ana María Ramb Hughes, Hernán Randi, Guillermo Ricca, Eduardo Rinesi, Marcelo F. Rodríguez, Mariela Rodríguez, Magdalena Romaniuk, Víctor Romanowky, Miguel Ángel Rossi, Carlos Rozanski, Eduardo Rubinschik, Guillermo Saavedra, Florencia Saintout, Jorge Sarsale, Hernán Sassi, Marta Segovia, Nora Semplici, María Seoane, Raúl Serrano, Alejandra Slutzky, Jaime Sorín, Sergio Suárez, Bruno Susani, Diego Tatián, Solange Terseros Sus, Sebastián Torres, Andrea Varela, Gastón Varesi, Ana Vidal, Daniel Videla, Christian Webwer, Conrado Yasenza, Mariano Yedro, César Zubelet, Gustavo Zurbano.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Comuna Argentina es una agrupación de intelectuales, investigadores y artistas de distintas áreas y procedencias. </span></p>
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		<title>La potencia del NO &#8211; Por COMUNA ARGENTINA y LLAMADA COMPAÑERA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Mar 2022 16:21:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el texto que publicamos COMUNA ARGENTINA y LLAMADA COMPAÑERA se ofrece con su escritura colectiva análisis, perspectivas y posiciones sobre los debates actualmente en curso en el orden de la política y la cultura desde una visión crítica, disidente y comprometida con las causas populares emancipatorias.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-potencia-del-no-por-comuna-argentina-y-llamada-companera/">La potencia del NO &#8211; Por COMUNA ARGENTINA y LLAMADA COMPAÑERA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>En el texto que publicamos COMUNA ARGENTINA y LLAMADA COMPAÑERA se ofrece con su escritura colectiva análisis, perspectivas y posiciones sobre los debates actualmente en curso en el orden de la política y la cultura desde una visión crítica, disidente y comprometida con las causas populares emancipatorias.</em></strong></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>La palabra no se puede vender.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hebe, 24 de marzo</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La disidencia reivindica el derecho a la imaginación. Las experiencias populares de antaño no vuelven mecánicamente, no emergen en el presente tal como se dieron en su momento anterior, como un calco. Tampoco sería deseable. Existe sin embargo la idea latente –y la posibilidad– de la emancipación: un resto que de un momento anterior de la historia se incrusta en un momento posterior, un relámpago del pasado que emerge de nuevo en el presente. Ello sucede sin aviso, no es objeto de los saberes que miden los temperamentos públicos como si los sismos de cuerpos y sensibilidades sociales y populares se pudieran observar más que como una metáfora. Las diferencias se tienden entre quienes prefieren la quietud y la predictibilidad con las mejores intenciones, y quienes prefieren el error a la indiferencia. El decir no es el comienzo del pensar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Escenas complejas</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La sanción parlamentaria del acuerdo con el FMI escenificó –institucionalmente– las dos almas que gravitan en el gobierno del Frente de Todxs. En esa escena compleja surgió un clivaje no exento de dramatismo: un puente tendido hacia la derecha cambiemita –emergente que implica también un obsceno vaivén con la denegación de los derechos humanos en Jujuy y la prisión “perpetua” de Milagro Sala–, y la admisión de un cogobierno con el Fondo Monetario Internacional. Decisión que poco se corresponde con un gobierno de imaginación popular; puesto que el acuerdo de la deuda nos somete a constatar una condición colonial. Se trata de un estado de cosas consecuencia del posibilismo. La escena sin embargo resulta aun más compleja y en esa complejidad se verifica un núcleo promisorio por lo inesperado. Un grupo de diputadxs y senadorxs votaron en contra del acuerdo y otro puñado se abstuvo. Esas acciones abren una línea expectante porque recuperan una memoria larga: una transformación democrático-popular de la militancia de los años 70, aunque no exenta de conflictividad (que incomoda y es repudiada en silencio al fin de cuentas); la metamorfosis sobreviviente de un legado (<em>ese</em> que precedió al horror); otra línea memorial que nos es más próxima –la de Néstor Kirchner desembarazándose de los condicionamientos del FMI en 2006–; y un momento de imaginación y disputa que constituye menos una forma rupturista que la invitación a desplegar los debates políticos y culturales necesarios que acechan nuestro tiempo. El núcleo constituyente de una de las dos almas que configuran el Frente de Todxs no es la ruptura, ni el temor a la ruptura, sino la abstención frente a lo que se pretende ineluctable. &nbsp;No es nada más que un acto testimonial, con todo el valor que sin duda tiene aun solo como tal, sino la apertura efectiva de un horizonte político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Para el campo popular y sus conatos emancipatorios la conflictividad no remite a ningún manual de ciencia política ni a épicas clásicas y de derechas, ni a falsos Maquiavelos o a Schmittes, porque el campo popular no lucha por el mismo poder que las derechas sostienen, ni disputa por él. La escena democrática encarna una ilusoria simetría entre opresores y oprimidos, explotadores y explotados. Y no es de eso de lo que se trata. En la escena democrática, en caso de que tal cosa tenga lugar, las derechas se someten a límites –sutiles y frágiles– en sus apetitos esclavistas, y el campo popular admite una espera –gravosa– en la medida en que la sensatez lo aconseje en el balance secular entre la sangre y el tiempo. El pacto democrático no es un pretexto para que el pueblo sea hambreado impunemente en nombre de ninguna fórmula seudo científica, llámese déficit fiscal, inflación, FMI o lo que sea que se agite como fantasma que venga a dictar sentencias inapelables, siempre letales para los pueblos. El campo popular espera, no duerme, no muere, no se suicida, no se somete voluntariamente. <strong>Los pueblos siempre vuelven</strong>; aunque no seamos poseedores del calendario de ese retorno del que nadie sabe cuándo. Ese retorno no depende sino de la naturaleza y la potencia de sí y en absoluto del modo en que lo piensen o quieran definirlo quienes se autoconciben como especialistas del conflicto social. Es extraño que estas consideraciones escapen a quienes han teorizado la forma contingente de los hechos históricos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Crítica y premoniciones</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La incomodidad acerca de las observaciones críticas fueron explícitas y visibles desde el comienzo del gobierno del Frente de Todxs; la imputación de un presunto narcisismo de la crítica, de una atrabiliaria seducción por las pequeñas diferencias –categorías nunca suficientemente fundadas y menos esclarecidas–, recayó sobre un conjunto de compañerxs que situadxs ostensible y públicamente al interior del Frente propusieron un debate abierto y franco. Se condenó entre otros muchos motivos la preocupación manifiesta de que Alberto Fernández se definiera por un estilo consensualista y por una retórica propia de la tradición de las repúblicas liberales y del discurso socialdemócrata. “Voy a ser el Presidente que salte por encima de la <strong>grieta</strong>” fue en esos momentos iniciales una insistencia que iluminó lo que venía, hizo suya una terminología ajena al repertorio de una parte decisiva del Frente de Todxs, el conjunto que veía en el uso de esa palabra el peligro de ser hablado por otro. Se puso en movimiento un empeño por mostrar cómo esa afirmación desplazaba la acción política del campo de intereses históricos en disputa hacia un vaporoso <em>leit motiv</em> de unidad nacional (al que en general han apelado las clases dominantes y que ahora regresa), pero no se escuchó. Esa idea de una Argentina unida, sin distinción ni clivaje, ni matices, ni clases, ni memorias, la idea de un Todos, de una totalización que abarcara construcciones de identidad homogénea, situada más allá del todos y todas constitutivo del Frente, que se propuso afirmar un proyecto de reagrupamiento de complejas y plurales memorias y legados vigentes y activos en el campo popular. Ante la crítica no se escuchó más que un mero infantilismo. La inconveniencia, la falta de oportunidad, y especialmente la ausencia de una inteligencia política que considerara el cálculo y las limitaciones que imponen las leyes inquebrantables de “relación de fuerzas”, tomadas como figura física, inamovible y universal. El fantasma de relaciones de fuerza desfavorables fue y sigue siendo motivo de discusión; sin embargo, vino a decretar un sentido de realidad que suspendió la acción, la crítica, el debate y la apertura de otra via de relaciones a través de la lucha. El pisapapeles de las relaciones de fuerza se usó como fórmula para retroceder en la estafa Vicentin, para resignar la libertad de lxs presxs políticxs del macrismo, para la “imposible” transformación del poder judicial, para mantener en su cargo a un procurador general interino, para retirarse de la disputa con las corporaciones, para preparar el terreno y consumar <em>in extremis</em> la adhesión a la lógica de hierro del FMI, y ahora incluso para promover, tras la derrota electoral y la votación en el Congreso, un horizonte de gobierno de “unidad nacional” hacia el 2023. Ante una interna futurible es acuciante tener presente y resolver políticamente las cuestiones sociales gravosas que afectan a amplios sectores nacionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El discurso de la debilidad construye debilidad. Todos y cada uno de los motivos que merecieron escucharse con la franqueza de la discusión interna se frustraron al apelarse a una estrategia cuyo centro fue una discutible lectura organizada alrededor de invocaciones maquiavelianas y formas tecnocráticas. Se trata ahora de llamar al orden apelando otra vez al mismo argumento, un cálculo acerca de la ecuación estadística de fuerzas al interior del Frente. De una parte se llama a fortalecer la autoridad presidencial, erosionada por la fragilidad autoinducida de la institución presidencial, y por otra se señala una severa admonición a los sectores que enunciaron y enuncian críticamente las políticas de gobierno, y se insiste en calificar la crítica como instrumento extraviado. Una fracción, según la teoría de las relaciones de fuerza, no entendería el peligro inmediato ante el que estamos ni la encrucijada histórica argentina. La mayor ofensiva, la mayor audacia de quienes hoy tienen el propósito de fortalecer la figura presidencial se ha descargado contra la crítica. El llamado a la “unidad” es un argumento abstracto de seducción general que encubre la necesidad de producir disciplinamiento. Se condena la crítica al tiempo que los acontecimientos se presentan bajo la lógica del miedo. El miedo, que ya fue determinante durante la oscura experiencia de la pandemia, sobre la que habrá que volver, sobre la que habrá que pensar el duelo y los efectos paralizantes de la angustia general, se propaga ahora bajo la forma de otra asfixia: la falta de opción. Aunque la palabra opción no alcanza a dar con la cifra de lo que hablamos, porque no hablamos de lo que se entiende posible o no, sino de lo necesario, lo indeclinable, lo que afirma el corazón político del movimiento emancipador y de la democracia popular que sostenemos. Siendo este el estado del debate público, atestiguado por un permanente reclamo de compañerxs y organizaciones del campo nacional y popular a ser escuchadxs, a conformar esa gran mesa del Frente de Todxs que nunca llega, tampoco resulta claro qué aporta una carta pública de llamado a la unidad, que parece más un reflejo de la encerrona en la que nos encontramos que una invitación a ampliar y profundizar los debates que tenemos que ser capaces de dar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La disidencia y la crítica abren la posibilidad de rehacer una lengua pública. Suspenderla con argumentos sobre su momento u oportunidad la cancelan. Si la lengua pública desfallece solo queda la tecno burocracia como paisaje sobrecogedor. Rehacer la lengua pública significa volver a poner en movimiento las militancias populares, dejarse atravesar por los pensamientos, las convicciones, las memorias y las temporalidades de lucha de una vastísima comunidad de hablantes: el propio campo popular. Esa lengua significa también activar una diversa imaginación, un pensar distinto, resistente a un cogobierno con el FMI, que es corresponsable del crimen contra el pueblo argentino perpetrado por el gobierno de la Alianza Cambiemos. Síntoma inequívoco de la cancelación paulatina de una lengua pública es la proliferación de eufemismos tecnocráticos, denegaciones (no va a pasar tal cosa, no va a pasar tal otra) para enseguida proceder a la desmentida recurrente cuando sucede lo contrario de lo que se vaticinaba. Se retorna así a un desfondamiento del decir político que ya conocimos y del que padecimos sus consecuencias funestas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Disciplinamiento</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La escena congresal, de ethos socialdemócrata, impulsó también otra iniciativa. Ésta estimuló un núcleo de conflictividad carente de cautela. De una cautela que hubiera sido necesaria a la salida de una pandemia aún no declinada y que nos expuso –nos expone– a una forma diferente y nueva de pánico, entre la distensión, un duelo no realizado, una incertidumbre todavía presente. Esa iniciativa es un síntoma de devastación política autoinducida, trabaja sobre la estimulación del miedo, de lo incierto, escenarios menos presentes que futuribles. Alerta que en 2023 se puede perder cuando en la actualidad una pregunta central a atender imperiosamente para la vida en común es sobre qué sectores sociales deberá pesar el condicionamiento de deuda de veinte años que pone a la Argentina de nuevo en postración colonial. Ese entramado reflexivo produjo un estado proclive al amontonamiento reactivo, una corrida pánica contra el desorden provocado por las formas sociales estimuladas por el lapso pandémico, un movimiento de miedo y desconfianza. Hablamos de una expresión reflexiva, de un eufemismo tecnócrata y de disciplinamiento, que hizo caso omiso del delicado estado de cosas, una textualidad constituida sobre la base de un ethos bélico, que se sustrajo a la escucha de cualquier asomo disidente en nombre de la unidad: asumida retóricamente. Textualidad que además plantea una incierta lectura de una antigua dialéctica florentina trocándola en binarismo esquemático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Unidad en la diversidad: la disidencia</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Frente a la dispersión del lazo social, al estado de duelo, al desposeimiento, a la precariedad, a la incertidumbre, complementos de una subyugación colonial descarada, es preciso insistir sobre las formas de la unidad a reinstituir, sobre la base de la crítica y la disidencia, condiciones necesarias (inevitables) del estar juntxs, pues sin ellas una de las partes de toda unión tendrá el destino de la subalternidad y una condición de minusvalía. En la unidad y la integridad política está el propósito de lo emancipatorio, potencia insurgente frente a las formas del disciplinamiento, del orden, del acallamiento. Nada de eso debe ser permitido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Dependencia o liberación</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Fondo Monetario es el comando institucional de los países centrales, en particular de los EE.UU., organismo multilateral que más que cobrar un interés postula el rediseño y gobierno de las economías, esto es: de las sociedades, de las instituciones de los países que consigue endeudar para eslabonarlos al orden macroeconómico global. Frente a una deuda odiosa se hubiera esperado una negociación inversa al modo en que fue encarada. Los “buenos modales” desembocaron en la pérdida de soberanía: auditorías trimestrales, compromiso de consultar cualquier cambio de la política económica que modifique algún aspecto de lo previsto en “lo acordado”. Declinación de soberanía que se exhibe además en imponer límites al crecimiento, levantar barreras contra el aumento del empleo digno. Las formas cognitivas y políticas implicadas en la negociación aceptaron plazos normales para una deuda anormal, resultado de una colusión entre el FMI y el gobierno cambiemita para forzar la continuidad de un gobierno ultraneoliberal. No prestaron atención a las misivas provenientes del bloque mayoritario del Senado que reclamaban extender los plazos de pago para evitar una descarga imposible de soportar en cuanto a servicios de deuda inafrontables. Esa misma descarga demandará enajenar un esperable crecimiento exportador, estímulo y privilegio de la cadena productiva agroindustrial y la explotación de recursos naturales –como la minería–, causantes de una nueva concentración del ingreso y la propiedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un diverso modo de negociación –soberano– habría implicado conseguir plazos extensos y condonación de los sobrecargos en los intereses. Un modo soberano de negociar habría significado conseguir las condiciones para retomar un proyecto con extensión del empleo y trabajo digno. Y sobre todo habría implicado transgredir las reglas del establishment internacional. Se optó en cambio por aceptar el control y los condicionamientos: la llamada “normalización de relaciones con el mundo”. Con el territorio de las finanzas y la economía ocupado por la fuerza del gendarme monetario se ha esgrimido un latente “default” al que los medios de comunicación concentrados manipulan como amenaza imperiosa para aterrorizar al pueblo. De nuevo, también aquí, miedo y terror.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Una virtud de la experiencia emancipadora anterior fue enfrentar este dispositivo. Librar las necesarias controversias para convertir la política en una herramienta capaz de ofrecer resistencia al <em>establishment</em>. Con la disputa por las retenciones móviles, en la reestructuración de la deuda privada, estatizando el sistema jubilatorio, sancionando una nueva ley de medios audiovisuales, elevando el ingreso de asalariadxs y jubiladxs, atendiendo a lxs excluidxs con políticas universales en vista a reinsertarlxs en el ámbito de la formalidad. La potencia de la política radica en la potencia popular, en el rechazo a la resignación ante realidades pretendidamente inexorables. Las alternativas no debieran presentarse de manera binaria. Desde luego: menos “moderados” vs., “radicales” y más “moderación o pueblo”, pero solo como punto de partida destinado a que la convocatoria popular se manifieste, se encuentre presente; y que no se reduzcan a meros pronunciamientos retóricos. Las alternativas solo se prueban en la acción política.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La negociación con el FMI ha devenido de una interpretación discutible de la idea de Argentina unida, consigna que no puede incluir la “libertad” para derivar ganancias al exterior; tampoco puede aceptar las ingenierías para eludir impuestos con radicaciones en cuevas fiscales de firmas del gran empresariado. Argentina unida es unidad popular, antagónica respecto de los poderes que postergan a las grandes mayorías.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Kirchnerismo y acontecimiento</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El proyecto de ley para restringir el secreto bancario y fiscal, que persigue la recuperación de fondos fugados al exterior para armar un fideicomiso con el objeto de utilizarlo para pagar al FMI la deuda a la que esa fuga dio origen se inscribe en la línea de la resolución 125, la estatización del sistema jubilatorio, la resistencia a los fondos buitre y tantas otras iniciativas celebradas. Se trata de una búsqueda por romper las cadenas de un programa que degrada la soberanía nacional impuesto por el organismo. El bloque del Senado, ámbito decisivo de la acción política de Cristina Fernández, genera así una primera iniciativa disruptiva para desembarazar a la Nación de las lógicas de cogobierno que el FMI ha instalado. Podrá ser efectiva, y si lo es menos constituye aun así la señal de que no será la única sino el primer embate de resistencia frente a la trampa urdida por la entente capital financiero-grupos de poder local-FMI-Juntos por el Cambio que condiciona el retorno de un proyecto nacional y popular. Un acto sin precedentes que cambia la escena política y propone un giro que abandone el consensualismo y confronte con los poderes que se han beneficiado en forma directa con el vaciamiento de las reservas en divisas y el endeudamiento. Ese giro aguarda sus hitos en una decidida política gubernamental con participación popular para detener y revertir una inflación que más que multicausal puede caracterizarse, en este caso, como un movimiento de apropiación de los ingresos populares, montado en el impacto de la situación internacional y las condiciones desmovilizadoras que dejaron el arrasamiento neoliberal, la pandemia y las ilusiones de un entendimiento consensual que se desentiende de la dinámica política en una nación polarizada socialmente y subalternizada al imperio de las finanzas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En el mes de la Memoria, la Verdad, la Justicia, temporalidad que recupera las formas vitalistas del testimonio, de lo testimonial como acto vindicativo de la liberación, creemos necesaria –en el sentido del viejo <em>anankaión</em> griego: <em>inevitable</em>– una alternativa visible, habitable de un pueblo que no quiere ser víctima de una nueva catástrofe. Pero la Fortuna gira. Es una metáfora clásica del humanismo. Como reconocemos la irrevocable necesidad de enfrentar el impacto inmediato de los acuerdos con el FMI ahora consumados, las dificultades locales de una fase capitalista en lucha feroz por los requerimientos de acumulación de capital, cuyo reciente y desmesurado síntoma es la guerra, saludamos la extraordinaria marcha del 24 de marzo, expresión cabal de las mejores tradiciones populares, indicio evidente de la disposición a dar las batallas necesarias en este contexto. En las columnas que se dirigieron a Plaza de Mayo se vuelve a poner en juego la enorme energía del campo popular, su vitalidad, su pasión.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 31 de Marzo de 2022.</p>
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		<title>NO DEBEN PREVALECER/COMUNA ARGENTINA PARA UNA NUEVA IMAGINACIÓN DEMOCRÁTICA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Nov 2023 12:51:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En este documento Comuna Argentina aporta una mirada sobre el poder fascista que se ha desplegado en el campo antagonista. Hurtándose a la versión politológica del fascismo, que tiende a considerarlo en clave jurídica, esta reflexión examina una fuerza latente en la historia de los pueblos, que oportunamente estimulada, puede volver. De manera partisana, el escrito toma posición y llama a votar Unión por la Patria. Pues no deben prevalecer.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/no-deben-prevalecer-comuna-argentina-para-una-nueva-imaginacion-democratica/">NO DEBEN PREVALECER/COMUNA ARGENTINA PARA UNA NUEVA IMAGINACIÓN DEMOCRÁTICA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>En este documento Comuna Argentina aporta una mirada sobre el poder fascista que se ha desplegado en el campo antagonista. Hurtándose a la versión politológica del fascismo, que tiende a considerarlo en clave jurídica, esta reflexión examina una fuerza latente en la historia de los pueblos, que oportunamente estimulada, puede volver. De manera partisana, el escrito toma posición y </em></strong><strong><em>llama a votar Unión por la Patria. Pues no deben prevalecer.</em></strong></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Fascismo celular</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Vivimos tiempos de peligro que fueron anunciándose sin que sus sonidos e imágenes se presentaran en toda su magnitud. Para un estado de cosas que aún se creía bajo la protección del pacto democrático, la mera denuncia parecía suficiente. Pero los discursos que clamaban exclusión y exterminio habían logrado instalar en la lengua su léxico y sus reglas. Sus portadores han escalado; el programa, planificado, puso a prueba la porosidad, la fragilidad del orden institucional democrático. E<em>se peligro</em> debe ser nombrado, sin encubrimientos. Es el peligro del fascismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El capital se prepara para gobernar la crisis general que ha creado y difundido sistemáticamente; en eso consiste su mayor artimaña, genera escenarios de derrumbe y programa salidas que no son otra cosa que su reproducción ampliada, sus juegos de acumulación y renta montados sobre el despojo; la técnica de gobierno del capital desnudo proclama la disolución del Estado nacional, liquidarlo es ir contra uno de los obstáculos que la época aún le ofrece; es el fascismo de la oscura dinámica del fondo de inversión, de las ininteligibles operaciones y flujos de dominio tecnológico y el chantaje de las corporaciones. El capital desnudo viene a desmantelar la Nación, entendida aquí como historia común de vínculos, memorias y lazos existenciales, como lengua potenciada en sus variantes, en la heterogeneidad del hábito, en las circunstancias de su mestizaje y de su condición de frontera. Pocas veces hemos visto imponerse con la fuerza con la que hoy se impone el lenguaje del capital; se ha hablado hasta el hartazgo de “dolarización” y sólo se respondió con argumentos de naturaleza financiera, intermitentemente favorables o adversos, que se discutió y se discute sólo a partir de observaciones técnicas vacías; nada o muy poco se escucha decir acerca de las implicancias que la mutilación de la moneda nacional supondría para la cultura popular, para el registro simbólico e imaginario del país; la retórica de la “reestructuración”, la retórica del “cambio”, que no es sino el efecto deseado de la producción del capital desnudo, no se detiene ni aun ante formas antropológicas elementales y santificadas cuando las juzga incompatibles con el impasse de la época.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El sistema binario es la metáfora de una estructura elemental de pensamiento. Sobre esa racionalidad dual se constituyen también las redes sociales. La densidad expresiva de las redes no se organiza alrededor de la “idea”, accionar un ícono o el <em>like </em>es suficiente para producir un sentido. Las redes multiplicaron las componentes emotivas por sobre las racionales, escinden la racionalidad de la emotividad. Esas componentes tienden a colonizar las formas del pensamiento; aunque sugieran una paridad entre emoción y racionalidad, la lógica de las redes acentúa una dimensión por sobre la otra, énfasis cuya emergencia se manifiesta cada vez que aparece “yo siento que”, vaciamiento argumentativo que liquida la continuidad de cualquier diálogo posible. Ya desde hace años las redes sociales, el modo en que circula información a través de ellas (información que prescinde del carácter de verdad que pueda poseer), tienen la capacidad de influir sobre la opinión pública de pueblos enteros y obligan a que los escenarios y las batallas políticas se configuren en su interior. Es lo que sucedió en Brasil con la campaña de Bolsonaro en 2018. Las redes son instrumento de la degradación de las lenguas nacionales, aplastan el pensamiento y globalizan las formas sociales de la emoción y de intelección del mundo. Son medios de colonización del sentido común, constituido emotivamente y bajo la premisa de una puesta en crisis de los legados y los lenguajes políticos nacionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El entorno tecnológico en el que se han dispuesto nuestras vidas no sólo implica la mediación incesante del cálculo, de la máquina de máquinas, en cuanto método de inmersión en las prácticas instrumentales de la información, en la proliferación infinita del dato: el entorno tecnológico en el que estamos es ya en sí un método de gobierno del capital. Una ontología de la ausencia cuyo énfasis se define bajo la forma fetichista de la conexión, de la ilusión de desconexión, una ausencia que tiende a la ruina de lo que la palabra “comunicación” contiene como huella de lo común, un método de gobierno destinado al empobrecimiento multiplicado, el olvido y la abolición de experiencia. Un mero dispositivo, un código que contiene todas las mediciones posibles del tiempo y el espacio, del reloj al mapa, todas las cifras posibles del registro, de la acción de escuchar, de ver, de leer, de situarse, una prótesis de la voz, de la letra, la condensación de viejas técnicas nacidas de la industria moderna, fotografiar, grabar, copiar, administrar agendas y correspondencia. La relación abstracta que propone incluye fórmulas de “amistad” y de “contacto”, una identidad disponible que reina en la “opinión”, que deja constancia y autorregula la medición de sus recorridos, sus viajes, lo que ha comido y dónde, su cadena de intereses y preferencias, sus compras, su trabajo, sus enfermedades, y todo lo que pueda medir, saber y hacer saber de otros: siempre es el privilegio del yo, de una identidad molecular proyectada, emitida, que proporciona una falsa dimensión de lo público. Quienes gobiernan el dispositivo saben que han fabricado un medio técnico para comprometer la totalidad abarcable de las vidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Motosierra a las percepciones</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La alucinación es una falsa percepción. Se oye una voz que no es una voz; se ve un objeto sin cuerpo, una imagen vacía que perturba los sentidos. Alucinar es entrar en un falso dominio de la percepción, comporta una especie de pérdida de conciencia y en su sentido clásico implica una fuga de la realidad. Las alucinaciones pueden producirse en todas las modalidades sensoriales. De hecho, hay alucinaciones visuales, auditivas, gustativas, olfativas, táctiles. Y existen también modos colectivos de la alucinación. El fascismo es, entre muchas otras consideraciones, una figura de alucinación colectiva. Una irradiación que se alza desde el borde de la política. Desde allí se extiende sobre el conjunto de la vida social y la descalabra. La consolidación de ese poder alucinatorio requiere la construcción de un enemigo. Un lugar de víctima sacrificial; y el sacrificio exige ritualidad. Esa víctima en la Argentina es la vida democrática en común -que emergió tras la experiencia traumática de la última dictadura, que ahora recuperan Villarruel, Milei, Bullrich y Macri- como fórmula de choque con las tradiciones políticas emancipatorias, la justicia social, el cristianismo popular, los feminismos, el ambientalismo&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El fascismo es una ruptura de la democracia, un salto al abismo por fuera de ella. Por fuera de su constitución conflictiva, reconocible en la multiplicidad de sus formas. El fascismo administra heterogeneidad, la invoca, pero con vistas a imponer una fuerza homogénea, de totalización. La democracia, en su versión meramente consensualista, es débil para resistirlo. El fascismo alucina la vida y alucinándola afecta también la vida política, la pone en fuga de sí misma. Es una fuerza que coloniza la política, la descentra, la sitúa <em>out of joint</em>, fuera de quicio, como dice <em>Hamlet</em> de la temporalidad. El fascismo es una forma política alucinatoria, y para comprender el espesor real de esa fuerza se debe estar dispuestx a bucear en la alucinación. Y bucear ahí es también una forma del peligro; hablamos de él para conjurarlo. Nombrar el fascismo es una estrategia para mantener activa la memoria política de la emancipación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Lengua confusional</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El orden de la alucinación está inscripto en la lengua. La lengua fascista se trama en promesas de regeneración y purificación moral, en simplificaciones aberrantes, de empobrecimiento y degradación, apela a resortes violentos y metáforas de destrucción, afecta planos sensibles de la experiencia, y limita las formas complejas del pensamiento; en sus giros últimos tiene la forma del arrebato que viene a terminar con el “mal”, la “decadencia nacional”, la frustración, el desencanto de lxs humilladxs; es una lengua que se auto adjudica lo nuevo, un confuso canto de porvenir, de “progreso”,&nbsp; una libertad grotesca y mesiánica. Un canto que pretende cubrir todos los órdenes, todos los barrios y confines de la lengua. No da tregua. Expande una voluntad falaz de reescribir la totalidad de la historia bajo premisas de ficción. Tiene dos movimientos correlativos e inversos. Cuando pone en movimiento un dispositivo hipnótico en clave política, y como complemento de la alucinación, lo que hasta entonces eran metáforas de destrucción pasan a ser un asalto efectivo a la realidad, una forma de complicidad entre el sujeto fascista y el sujeto fascistizado. La hipnosis moviliza una energía latente, no agotada, un deseo generalizado de violencia, en condiciones de retornar bajo circunstancias específicas, una fuerza tanática orientada contra la reciprocidad, la igualdad, la libertad y el lazo social. Cuando Milei pronuncia la palabra “libertad”se apropia por un lado de viejos sentidos emancipatorios y por otro enuncia el único sentido funcional a su programa: la libertad del capital.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>La (in)justicia</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El poder judicial certificó la ficción; el ridículo y la falsedad se apoderaron del “Estado de derecho”, la fuerza ya debilitada de la democracia argentina no extrajo de esa farsa ninguna enseñanza sobre sí misma, ni sobre la dimensión en la que había entrado. La prensa, la propaganda del odio, reprodujo hasta la náusea la mentira; la acusación final del fiscal, esa bravata infame que ocupó días y días la pantalla de una vida social ya infectada, sin pruebas, sin la menor disposición argumentativa, acostumbrada a quebrantar con todo rigor el edificio racional del discurso jurídico, culminó el 22 de agosto, a cincuenta años de los fusilamientos de Trelew, con el simulacro de una condena que venía a cumplir otra orden de ejecución sumaria. Toda esa tambaleante canallada, que la historia juzgará un día u otro, porque la historia siempre juzga, indujo y aceleró el régimen de monstruosidad inaudita que se preparaba. Apenas una semana después la pantalla de la vida social infectada puso un arma sobre la cabeza de Cristina. La construcción del “responsable último”, del “artífice de todos los males”, que se había puesto en marcha en 2008, que había situado en su centro al kirchnerismo, llegaba a su punto más alto: la cabeza del movimiento popular. Estos hechos, de los que ahora se cumple poco más de un año, son parte de una compleja trama, intensificada en la ofensiva de la derecha mafiosa a partir de diciembre de 2015. El gobierno de Macri creó las condiciones: el desastre de una “libertad” desenfrenada del capital, de la especulación y fuga financiera, el sometimiento y subordinación al FMI, la duplicación de la inflación, el retroceso del salario, el crecimiento de la informalidad y el desempleo. Esta ofensiva de la que hablamos se ha expresado alrededor de la figura de Milei -que ha terminado recientemente de constituir una alianza con la vía macrista- en una alternativa que no dudamos en calificar. La urgencia ante la que estamos exige aún respuestas de acción política inmediata. Es mucho, muchísimo, lo que está en juego. La aspiración del capital a gobernar “libremente” destruye lazos elementales de dignidad, de relación, de afecto y amistad, de convivencia en la contradicción, avanza sobre el conjunto de la vida social, de lo que vive, se impone sobre motivos e historias culturales comunes, aplasta la lengua, que es uno de sus campos preferidos de batalla, crea un paisaje de despojos y metódica abyección. Su programa general de control promete una implacable disolución de la memoria colectiva. Lo que este país construyó con enorme voluntad militante, a través de las culturas del trabajo, la dedicación y el cuidado acumulados en los últimos cuarenta años, la conquista del juicio y castigo del horror, la lenta y persistente verdad de las responsabilidades por los crímenes de la dictadura cívico militar son asuntos que se han puesto en obscena disputa. Persigue liquidar la memoria, el legado y las tradiciones de lucha del movimiento nacional y popular. Deponer la memoria del peronismo histórico -pero también del radicalismo popular, del socialismo, de las izquierdas, de las vertientes emancipadoras que se escenificaron a lo largo de un siglo sobre el tablero de la historia nacional-, arrojarla, empujarla al sumidero del tiempo. Desde al menos el 2021, “exterminar”, “aniquilar”, “erradicar” se hicieron de uso corriente en las pantallas, no eran un anuncio, una mera anticipación, sino el espanto en sí, sucediendo en presente; que hubieran podido volver a pronunciarse, que Milei, Bullrich, Villarruel, o Macri tuvieran aire, espacio para decirlas, hablaba de que la catástrofe se declina en presente. La estrategia electoral post 22 de octubre vuelve a reunir en un esquema antagonista común a segmentos de la derecha mafiosa con la ultraderecha de la Libertad Avanza; bajo una pirueta retórica en la que todo lo que había sido injuria, insulto y denostación mutua se disuelve bajo el lema “muerte al kirchnerismo”. Esta premisa sigue en curso, persigue una derrota de la memoria popular. El dilema dramático de la segunda vuelta implica la determinación de cuál puede ser el alcance de esa lengua del olvido y qué resguardos políticos culturales reparatorios pueden sostener esa memoria. Hay hilos, continuidades y potencias de la resistencia popular que se han expresado cabalmente en el resultado de la candidatura de Unión por la Patria y que requieren para este último tramo una ampliación decisiva, activa y democrática: la expresión histórica de un frente antifascista que ahora entre nosotrxs ha recibido el nombre de gobierno de unidad nacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Poder de freno</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La respuesta a la catástrofe que está en curso no puede difundirse por medio de una inmunidad débil, fría, técnica. Sólo podemos extenderla por efecto de una gran cadena de resonancias heterogénea, abierta, que ocupe todos los fragmentos y rincones posibles de la práctica social. Tenemos la obligación de hacer patentes cómo serán nuestras vidas si la catástrofe avanza. Se trata de emplazar la lengua en dimensión sensible. Que salte a los ojos la forma de la educación convertida en empresa. Tocar el nervio de un hospital administrado según indica la palabra “vaucher”, de un paisaje miserable de la ciudad, del trabajo más brutalmente excluido, más esclavizado del que ya conocemos, de un país sin moneda, hablado por una lengua impropia. Hay que crear focos de resonancia colectiva, conquistar atención, escuchar y hacer escuchar la inmensa energía de la imaginación y la afectividad popular. Es una maniobra de urgencia, un combate que requiere de nuestra mejor y más genuina fuerza de convicción. No llamamos a una acción desesperada, no nos pensamos como víctimas impotentes de la catástrofe, llamamos a una acción conducida por la energía militante de siempre, una acción enfática, alegre, porque sabemos bien la vida que no queremos. La Argentina exhausta, vaciada por un discurso economicista que arranca la economía de la cultura, en la que los enemigos nos han embargado, el saqueo, la trampa, el acto de guerra que implica la deuda solicitada ante el FMI, no puede constituirse en una oportunidad para que terminen de imponerse. La suerte de la campaña electoral depende tanto de nuestra acción como del diseño de las asesorías comunicacionales. Queremos sumarnos en todos los espacios, recorrerlos, que nuestra lengua, que la memoria de emancipación que representamos se pronuncie, que enfrente la pesadez de la época. Es poco el tiempo que tenemos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¡A trabajar!</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Disponernos a practicar una resistencia radical y diseminada. Ante el fascismo siempre queda la facultad de negarle consentimiento. Resistirnos a que se expanda la acción política contenida en la palabra fascismo, obligarla a ser una palabra extranjera, intraducible. Ser capaces de devolverle esa palabra a sus portadores, que en el cinismo esencial, en la crueldad que los define, la proyectan como espejo invertido. Lo sostenemos apelando a la experiencia de las Madres, de los juicios a la Junta, del espíritu y la tradición democrática que emergió del fondo oscuro de la historia nacional. Esa verdad es la que está en juego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Comuna Argentina llama a votar Unión por la Patria, con la convicción de que expresa una fuerza en condiciones de bloquear el ascenso fascista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No deben prevalecer.</p>



<div style="height:39px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 1° de noviembre de 2023.</p>
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