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	<title>Comercios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Comercios archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>LIQUIDACIÓN POR CIERRE &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Sep 2024 23:56:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Flavio Crescenzi]]></category>
		<category><![CDATA[Comercios]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
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		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nueva crónica de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi nos invita a reflexionar sobre un fenómeno de la era Milei que cada vez es más notorio, aunque poco se hable de él en los medios oficiales: el cierre de comercios.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/liquidacion-por-cierre-por-flavio-crescenzi/">LIQUIDACIÓN POR CIERRE &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17e511bb8b98912af83db8240ddcee2e wp-block-paragraph"><strong><em>En esta nueva crónica de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi nos invita a reflexionar sobre un fenómeno de la era Milei que cada vez es más notorio, aunque poco se hable de él en los medios oficiales: el cierre de comercios.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9fb1767b6055bd8a39e2b5b4f122475f wp-block-paragraph"><strong>Por Flavio Crescenzi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37eeb6ced9c56dff7ed645a9925d7b0d wp-block-paragraph">El tiempo fluye siempre igual que el río: melancólico y equívoco al principio, exaltado e imprudente a medida que los años van pasando. Como el río, se enreda entre los tiernos camalotes de la infancia. Como él, se despeña por los desfiladeros y los saltos que marcan el aumento de su velocidad. Hasta los veinte o treinta años, creemos que el tiempo es un río infinito, una sustancia extraña que se alimenta de sí misma y nunca se consume. Pero llega un momento en que descubrimos la traición —el mío coincidió con la muerte de mi madre—, y, de repente, la juventud se acaba, y el tiempo se deshiela como un montón de nieve atravesado por un rayo. A partir de ese instante, ya nada vuelve a ser igual que antes. A partir de ese instante, los días y los años empiezan a acortarse, y el tiempo se convierte en un vapor efímero. Y, así, cuando queremos darnos cuenta, es tarde ya para intentar siquiera rebelarnos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ef6910629b5c2a228257e6526037ac54 wp-block-paragraph">Mi madre murió en marzo de este año, víctima de una neumonía que el deterioro neurocognitivo agravó más de la cuenta. Su partida, no obstante, me tomó completamente por sorpresa, ya que, en los últimos meses, su estado de salud había mejorado muchísimo, tanto que los médicos que la atendían auguraban, no ya una recuperación total, pero sí, al menos, una estabilidad bastante duradera. El entusiasmo no resultó ser buen consejero; máxime cuando había suficientes indicios de que el desenlace se iba a presentar con distintas vestiduras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a956df88b82c08a18d8a07e5be8edb8 wp-block-paragraph">Mi madre y yo teníamos la costumbre de pasear por el barrio dos veces a la semana, aproximadamente al mediodía. Esta actividad formaba parte de su terapia, aunque, para los dos, se convirtió muy pronto en un divertido pasatiempo. PAMI le había entregado a mi madre una silla de ruedas al poco tiempo de que se le detectara su problema (síndrome de trastornos cerebrovasculares), así que podíamos movernos con suma libertad por las calles y avenidas de Belgrano, que es donde ella residía desde comienzos de la década del ochenta, y en donde yo mismo pasé parte de mi infancia y juventud.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7adc412086d1a899a52aa1d31ca9701a wp-block-paragraph">Mi madre, en algún punto, estaba consustanciada con el barrio. Por eso, cada vez que veía un cartel de LIQUIDACIÓN POR CIERRE en alguno de esos locales que ella había frecuentado cuando todavía podía valerse por sí misma, sentía que un dolor profundísimo invadía su interior. «El barrio tiene también deterioro cognitivo», me dijo cierto mediodía de febrero del Año del Derrumbe, luego de constatar que la mercería de doña Inés había bajado sus persianas de manera ya definitiva. Una semana antes habíamos sido testigos del cierre de Delfín, el supermercado chino al que ella acudía, vaya uno a saber desde qué fecha, cuando se olvidaba de comprar algún producto en Coto los días de descuentos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2dd01538dc7df92ea0b7a7cf29499ff1 wp-block-paragraph">Sí, los locales cierran, incluso en Belgrano. Y cierran aún más que en pandemia, cuando todo parecía haberse convertido en un infierno sostenido. Ahora, los continuos aumentos de alquiler y de servicios hacen imposible que el comerciante promedio pueda cubrir sus costos mensuales y obtener una mínima ganancia. Para colmo, el consumo bajó notablemente, producto de las medidas económicas de Milei y sus secuaces: estanflación, primero; depresión, después. Y si bien la inflación se redujo a un dígito apenas preocupante (único logro del que se jacta el todavía entusiasta votante de esta pandilla irreal que nos gobierna), sigue marchando a paso firme, estropeando jubilaciones y salarios, engordando guarismos en los cálculos anuales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3612487e20e359335ecc6a3309d6af26 wp-block-paragraph">Es muy difícil rescatar de la memoria colectiva las advertencias del pasado cuando la desesperación ha ayudado a la gente a acumular esperanzas más allá de lo real. La muerte, al menos, tiene imágenes tangibles: la tumba, las palabras, las flores que renuevan el rostro del recuerdo y, sobre todo, esa conciencia clara de la inevitabilidad que se asienta en el tiempo y convierte la ausencia en una costumbre renovada. La desesperación (que se ha manifestado en un voto equivocado, pero indudablemente orgulloso), en cambio, carece hoy de todo límite, ya que no aspira a ser un estado de conciencia, sino su negación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5dd4d28fc1b2a322cc3eed688be0070c wp-block-paragraph">Hace apenas unos días, al salir de darle clases de español a un joven francés que aún no entiende bien cómo es que los argentinos vivimos como decimos que vivimos, decidí tomarme un café en un lugar al que solía ir con mi madre una o dos veces por mes. El lugar estaba de mudanza, y ya casi no quedaba nada de aquella estrambótica fachada, cuyos aromas de artesanal repostería supieron cautivarnos de buenas a primeras. El dueño, que era el que nos atendía casi siempre, me reconoció y preguntó por mi mamá. Se apenó por la noticia de su muerte, al igual que yo por la del cierre del local. «Qué increíble. Tu madre muere, y yo tengo que cerrar el bolichito. Parece que las desgracias nunca vienen solas», me dijo, con la mirada puesta en un horno que cuatro operarios transportaban al camión que enseguida utilizarían como flete. Mi respuesta, que en sí no era más que un tímido homenaje (no solo a quien me dio la vida, sino también a esas personas que tuvieron que bajar las persianas de sus sueños por culpa de esta economía maltusiana y darwinista), fue simplemente esta: «Es cierto. Debe ser porque el barrio tiene también deterioro cognitivo».</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9df026cac7beb8eebacf9d5b784b27ac wp-block-paragraph">Buenos Aires, 15 de septiembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af109293c4c44a27184d6ba70fd5d94f wp-block-paragraph">*Escritor, docente, asesor lingüístico y literario</p>
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