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	<title>CECIM archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Wed, 30 Sep 2026 16:50:17 +0000</lastBuildDate>
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	<title>CECIM archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<item>
		<title>Morir por la soberanía, pero no presentarse ante un tribunal para defenderla &#8211; Por Jerónimo Guerrero Iraola y Julián Axat</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/morir-por-la-soberania-pero-no-presentarse-ante-un-tribunal-para-defenderla-por-jeronimo-guerrero-iraola-y-julian-axat/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Sep 2026 16:24:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Julián Axat]]></category>
		<category><![CDATA[CECIM]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de tierras]]></category>
		<category><![CDATA[Suprema Corte de Justicia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nota, el abogado del CECIM Jerónimo Guerrero junto a Julián Axat, cuentan el caso que suspendió la extranjerización de tierras y cómo llegó a la Corte, que ahora dio marcha atrás y permitió nuevamente la venta de tierras.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/morir-por-la-soberania-pero-no-presentarse-ante-un-tribunal-para-defenderla-por-jeronimo-guerrero-iraola-y-julian-axat/">Morir por la soberanía, pero no presentarse ante un tribunal para defenderla &#8211; Por Jerónimo Guerrero Iraola y Julián Axat</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d54b99507e12c9e778a7b73ce1e0705 wp-block-paragraph"><em><strong>En esta nota, el abogado del CECIM Jerónimo Guerrero junto a Julián Axat, cuentan el caso que suspendió la extranjerización de tierras y cómo llegó a la Corte, que ahora dio marcha atrás y permitió nuevamente la venta de tierras.</strong></em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f9e2c81afa33491be8d17acde4065bf wp-block-paragraph"><strong>Por Jerónimo Guerrero Iraola* y Julián Axat</strong>**</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44a6e3952211a0eaf1bda2d2378c5cbc wp-block-paragraph">El mismo Estado que en 1982 envió a miles de jóvenes a una guerra en nombre de la soberanía hoy les dice que no están legitimados para defenderla ante la Justicia. El fallo que acaba de dictar la Corte Suprema sobre el caso de la Ley de Tierras expone una grave contradicción que atraviesa el presente argentino: mientras los recursos estratégicos adquieren cada vez más valor, el país pierde herramientas para decidir sobre su propio territorio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55d49c41c7a313a634b0e896b24f3f1b wp-block-paragraph">En efecto, la discusión sobre la tierra en la Argentina nunca fue solamente una discusión sobre propiedad. El modo en que se distribuye, concentra y controla el territorio define relaciones de poder, modelos de desarrollo y capacidades soberanas. La pregunta por la tierra es, en definitiva, una pregunta por el país: quién decide sobre él, quién se apropia de sus recursos y qué herramientas conserva el Estado para orientar su futuro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0d5e1e81b62ec6f6ff73f5f28c5c6da9 wp-block-paragraph">En diciembre de 2011, el Congreso sancionó la Ley 26.737, conocida como Ley de Tierras. Esa ley no prohibía la inversión extranjera ni impedía que personas o empresas extranjeras adquirieran inmuebles rurales; en todo caso establecía límites a la titularidad y a la concentración. Fijaba un máximo general del 15 por ciento de titularidad o posesión extranjera, protegía especialmente determinados territorios vinculados a grandes cuerpos de agua y zonas de seguridad de frontera y creó un registro para conocer quién controlaba la tierra rural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4469a1cc02542fc33fccc4bc9116d46a wp-block-paragraph">En el marco de la Ley 26737, la premisa era sencilla: la tierra rural no es una mercancía más. Se trata de un bien finito y no reproducible sobre el que se produce alimento, se encuentra agua, se localizan minerales, se despliegan infraestructuras energéticas y se organizan actividades económicas. Regularla es una herramienta elemental de cualquier Estado que pretenda conservar capacidad de decisión sobre sus recursos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c46ecf5d6bff1af468a1a2b970cc9d5 wp-block-paragraph">Ese régimen fue debilitándose hasta que el Poder Ejecutivo decidió derogarlo mediante el artículo 154 del DNU 70/2023 (ley Bases). Una política territorial sancionada por el Congreso fue eliminada, junto con centenares de disposiciones, sin un debate parlamentario específico sobre qué régimen debía reemplazarla. El artículo que lo hizo tiene apenas una línea: “Derógase la Ley N° 26.737”. No hubo una nueva política de tierras. Hubo una decisión de retirar al Estado de ese terreno.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ba0a665d83ad7747b7bb1382c20d8c33 wp-block-paragraph">Pero la Constitución establece como regla que el Poder Ejecutivo no puede emitir disposiciones de carácter legislativo y reserva los decretos de necesidad y urgencia para circunstancias excepcionales que impidan seguir el trámite ordinario de sanción de las leyes. La pregunta que debía responderse, entonces, era también institucional: qué urgencia impedía que una decisión de esta magnitud fuera discutida por el Congreso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6cb27943b0105fbf8db054eba96b9b6d wp-block-paragraph">Por ese el CECIM acudió a la justicia</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-169b3fc5e1fd13c8ad1a225212439bbb wp-block-paragraph"><strong>Morir por la soberanía, pero no presentarse ante un tribunal para defenderla</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f4c3d2c0566dc62fef22f6f9bb18c4c wp-block-paragraph">El CECIM acudió a la Justicia porque entendimos que estaba en discusión algo mucho más profundo que una regulación inmobiliaria: si el Poder Ejecutivo podía eliminar por decreto una herramienta de protección territorial y si la soberanía, la integridad territorial y el control sobre recursos estratégicos podían ser defendidos judicialmente como intereses colectivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d881a175694355ace5ddfade53a370d7 wp-block-paragraph">La Cámara Federal de La Plata reconoció la legitimación del CECIM y declaró inconstitucional la derogación. La causa llegó entonces a la Corte Suprema de Justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84e413f671cc91861a6ddfe4d1639cc1 wp-block-paragraph">El 29 de septiembre, la Corte tomó una decisión de enorme gravedad. No declaró constitucional la derogación de la Ley de Tierras. No analizó si existían las circunstancias excepcionales que permitieran al Poder Ejecutivo eliminar por DNU una política sancionada por el Congreso. No discutió los efectos de dejar sin límites la extranjerización de tierras rurales. Ni siquiera ingresó al debate sobre la relación entre territorio, recursos y soberanía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5c811e2566bae3a34c2eb3b53303724f wp-block-paragraph">La Corte decidió revocar el fallo porque consideró que el CECIM no estaba legitimado para promover la acción. En otras palabras, no respondió la pregunta de fondo. Decidió que nosotros no podíamos formularla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78c230a8ab3caf781012dfe019390ea2 wp-block-paragraph">La decisión procesal no vuelve inocua la sentencia. El resultado es concreto: al desaparecer el fallo que había declarado inconstitucional la derogación, cae el obstáculo judicial que mantenía vigente el régimen de protección de la Ley de Tierras. La Corte aclara que no está pronunciándose sobre la constitucionalidad del DNU. Pero mientras no lo hace, <strong>el decreto produce sus efectos de ley.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84ab196cc2d18c2c51f71fbc4ec90f44 wp-block-paragraph">La Corte invoca la separación de poderes para sostener una interpretación restrictiva de la legitimación y limitar la intervención judicial. Pero aquello cuyo control se reclamaba era, precisamente, un decreto mediante el cual el Poder Ejecutivo había ejercido una competencia materialmente legislativa para dejar sin efecto una ley del Congreso. La separación de poderes sirve así para cerrar la puerta del tribunal, mientras queda sin examen la pregunta acerca de si el Ejecutivo alteró esa misma separación al sustituir al legislador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-35c902ecbf438427024c46ef62a2e4ee wp-block-paragraph">Es evidente que una persona individual difícilmente puede demostrar un daño particular provocado por la extranjerización general de las tierras. Tampoco podrá una asociación cuyo objeto está directamente vinculado con la defensa de la soberanía tampoco puede accionar; si la soberanía territorial no es considerada por la Corte un bien colectivo susceptible de esa tutela; y si en nuestro sistema no existe una acción popular de constitucionalidad, la pregunta es inevitable: <strong>¿quién puede acudir a la Justicia para provocar ese control?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f24908cd182907a7bc7c530d5db168d8 wp-block-paragraph">Para la Corte, es evidente que nadie podría.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8cfb049343a83c988fff4ba8034a1822 wp-block-paragraph">Cuanto más general e indivisible sea el interés comprometido, más difícil parece encontrar, bajo este criterio, a alguien habilitado para defenderlo. El riesgo es evidente: que existan cuestiones constitucionales de enorme trascendencia que, por la propia arquitectura procesal utilizada para examinarlas, terminen sin un demandante posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b30d66177656599f088ce40935e5a64b wp-block-paragraph">Existe, además, una contradicción que difícilmente pueda explicarse mediante tecnicismos procesales. <strong>El mismo Estado argentino que en 1982 envió a miles de jóvenes conscriptos a una guerra bajo la invocación de la defensa de la soberanía nacional nos dice hoy, por intermedio de su máximo tribunal, que una organización integrada por aquellos soldados no está legitimada para acudir a la Justicia en su defensa.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f330054ea1bb7566b519940d451fed80 wp-block-paragraph">Dicho en términos sencillos: Los ex combatientes pueden decir <strong>“podíamos ser enviados a morir por la soberanía, pero no podemos presentarnos ante un tribunal para defenderla”.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-75b6270aceb5da0ee3c64ab5bcc5381d wp-block-paragraph">Eso es exactamente lo que el CECIM señaló luego de conocerse el fallo: quienes fueron convocados por el Estado para defender la soberanía con sus cuerpos hoy no tienen, según la Corte, legitimación para reclamar institucionalmente cuando consideran que esa soberanía está siendo comprometida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3ecfae6388b868bf48d174480e4889c0 wp-block-paragraph"><strong>¿Quién puede pasar?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84a11ae57a22b934dcb97265142ba4c9 wp-block-paragraph">Los efectos del fallo son confirmar implícitamente el DNU; porque a partir de ayer la norma vuelve a desplegar efectos. La Corte afirma defender la separación de poderes; pero evita revisar si el Ejecutivo sustituyó indebidamente al Congreso (téngase en cuenta que aun conserva una causa en la que se discute la constitucionalidad de la Ley Bases). La propia Corte invoca el precedente “Halabi”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>; pero lo hace para negar la tutela colectiva de un interés que se presenta como esencialmente indivisible. Y reconoce que Malvinas es un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino; pero reduce la soberanía territorial a una competencia estatal que, por definición, no podría ser objeto de una acción colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cfce0a452cef548b3f762727f4e14bcc wp-block-paragraph">El problema, entonces, no es únicamente quién tenía legitimación para demandar. El problema es qué ocurre cuando la arquitectura procesal elegida por el Tribunal impide que alguien llegue al fondo de una cuestión constitucional de primera magnitud.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ae149a96f1b48f678ece36b028d3ad22 wp-block-paragraph">Y mientras la Corte mantiene abierto el interrogante sobre la constitucionalidad del DNU, la derogación de la Ley de Tierras produce efectos como si ese interrogante ya hubiera sido contestado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d12af1b733a400d69c70ddab6873f27d wp-block-paragraph"><strong>La oportunidad en la que falla la Corte</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18b11f8224c7b21b3332f2234d4d45c6 wp-block-paragraph">Sería un error reducir esta discusión a la Corte. El fallo es grave por sus efectos inmediatos y también por el momento histórico en el que se produce.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f68b52ec16fe3b9a7b20f52195c2b43 wp-block-paragraph">El siglo XXI estará atravesado por disputas crecientes en torno a bienes escasos y estratégicos. Agua, energía, minerales críticos, alimentos y suelo productivo ocupan un lugar cada vez más importante en la economía y en la geopolítica global. La expansión de la inteligencia artificial demanda enormes cantidades de energía y agua; la transición energética requiere litio, cobre y otros minerales; el cambio climático incrementa el valor del agua dulce y de las tierras productivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7165670d21598773942de946ea8e729a wp-block-paragraph">La tierra es el soporte material de todos esos procesos. Cuando hablamos de ella hablamos también de agua, minerales, alimentos, energía, infraestructura y control territorial. Hablamos, en última instancia, de quién tendrá capacidad para decidir sobre esos recursos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80006d68507c9d51bc5c6fec13d8b309 wp-block-paragraph">Argentina posee grandes extensiones de suelo productivo, reservas relevantes de agua dulce, recursos energéticos, litio, cobre, otros minerales estratégicos y biodiversidad. Esa riqueza puede convertirse en una plataforma para construir autonomía y desarrollo o en el fundamento de una nueva dependencia. La diferencia estará en quién conserve la capacidad de decidir sobre ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a1b12c8257a56bfc418c3e436c591b04 wp-block-paragraph">Por eso resulta especialmente preocupante que, en este momento histórico, el Estado argentino desmonte instrumentos de regulación territorial. No hay modernidad en renunciar a controlar bienes escasos ni soberanía posible cuando el territorio es tratado exclusivamente como una mercancía disponible para quien pueda pagarla.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6bbac7e5ec52d1f08ce0512009e04020 wp-block-paragraph">Tampoco existe una soberanía para Malvinas y otra para el continente. La propia Constitución define la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y el ejercicio pleno de la soberanía como un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino. Esa formulación importa: la soberanía no aparece allí como una abstracción administrativa sino como una cuestión que compromete al pueblo argentino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-031d9ba9e27fa9ce7d3c6d4ce8b7b8e7 wp-block-paragraph">Desde el CECIM venimos sosteniendo que la integridad territorial es indivisible. No tiene coherencia reclamar legítimamente el ejercicio pleno de soberanía sobre las Islas Malvinas y, simultáneamente, aceptar que el Estado pierda capacidad para decidir sobre extensiones del territorio continental, fuentes de agua o recursos estratégicos. Esa continuidad entre Malvinas, territorio y recursos forma parte de nuestra posición histórica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68b124d35f9f1b3346b5fcc94299a2d4 wp-block-paragraph">La discusión de fondo, entonces, no terminó con este fallo de la Corte. La discusión de fondo recién empieza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-201c35a9471bf6c114dbeb0bb0d54055 wp-block-paragraph">Argentina deberá decidir si atraviesa el siglo XXI preservando herramientas para ordenar y proteger su territorio o si acepta quedar reducida al papel de proveedora de recursos cuya explotación, valorización y destino se definan crecientemente fuera del país.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ff87e60a67de73bd38c777661eec0af wp-block-paragraph">La discusión sobre la tierra no es solamente una discusión sobre propiedad o inversión. Es una discusión sobre poder: el poder de establecer límites, producir información, regular usos, proteger bienes estratégicos y decidir qué hacer con recursos que serán cada vez más escasos y disputados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b9d65459a0098d6b7383a1c45e56b481 wp-block-paragraph">La Corte decidió que el CECIM no podía llevar esa discusión ante los tribunales. Pero ninguna sentencia puede hacer desaparecer la pregunta que queda planteada para la sociedad argentina: <strong>quién va a decidir sobre el territorio y los recursos del país en las próximas décadas.</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-db4ff1412513718699fbf45662f53869 wp-block-paragraph">En el siglo XXI, la soberanía se medirá también en esa capacidad: cuánto puede decidir un país sobre aquello que tiene, antes de que otros decidan por él.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f617e675589fe5a2ac48a68bd0d04c8 wp-block-paragraph"><strong>¿Traición a la patria?</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4085069798728095887f704bde9f363 wp-block-paragraph">En un asunto atravesado por Malvinas, territorio y extranjerización, la palabra “traición” aparece casi inevitablemente en el lenguaje político. Conviene, sin embargo, preservar la precisión jurídica. El artículo 119 de la Constitución define la traición contra la Nación de modo deliberadamente estrecho: tomar las armas contra ella o unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro. Nada en este fallo permite trasladar seriamente esa figura penal a los jueces que lo suscribieron.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fb442b62354bd540970044cc7589fd88 wp-block-paragraph">Existe, sí, otra resonancia constitucional que no debería perderse. El artículo 29 prohíbe al Congreso conceder al Ejecutivo facultades extraordinarias o la suma del poder público y utiliza, para quienes formulen, consientan o firmen actos de esa naturaleza, la expresión histórica de “infames traidores a la patria”. No es una cláusula que pueda aplicarse mecánicamente a este caso ni una base para formular una imputación penal contra la Corte. Pero expresa una desconfianza fundacional del constitucionalismo argentino frente a la concentración extraordinaria del poder.<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4a8ba4869f2992730bf5b7af29ea5b2 wp-block-paragraph">Esa tradición explica por qué la lectura de los DNU debe ser restrictiva y por qué el control judicial no puede volverse meramente decorativo. Cuando un decreto presidencial deroga una ley del Congreso y la discusión sobre su excepcionalidad queda bloqueada por una concepción estrecha de la legitimación, lo que está en juego ya no es sólo una técnica procesal: es el modo en que se distribuye el poder normativo dentro de la República.</p>



<div style="height:43px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5f15d5a6d2d9d20a65ab2a1bba38d143 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el Fallo Halabi de 2009, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN). Allí se admitió la procedencia de acciones colectivas para las llamadas acciones de clase, a pesar de la mora del Congreso en reglamentarlas, declarando la operatividad del artículo 43 de la Constitución. Para habilitar esta legitimación, se exige una causa común, que la pretensión esté enfocada en los efectos homogéneos de la afectación y que exista una fuerte necesidad de garantizar el acceso a la justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-57ba0f6f2a4ea6918175a32e4dec083e wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Constitución Nacional, art. 119: la traición contra la Nación consiste únicamente en tomar las armas contra ella o unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0fa3cc9b5c9bc2a9de253c4a3b24bfee wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Constitución Nacional, art. 29: prohibición de conceder al Ejecutivo facultades extraordinarias o la suma del poder público; la cláusula utiliza la fórmula histórica “infames traidores a la patria”.</p>



<div style="height:47px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4bf437bdc9e1d70a9f9f649b1ff9c142 wp-block-paragraph">30 de sptiembre de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aaed1bc37875f0ede7b3e229a59412ed wp-block-paragraph">*Abogado, magíster en Derechos Humanos y doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Patrocinante del Centro de Excombatientes de Islas Malvinas de La Plata (CECIM).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f245317e219d0fa7ffc9b0ccd3d00b07 wp-block-paragraph">**Abogado. Poeta.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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