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	<title>Carlos Gardel archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Sat, 12 Jul 2025 00:24:59 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Carlos Gardel archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Carlos Gardel también violó la  cuarentena &#8211; Por Jorge Boccanera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Aug 2021 22:34:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Boccanera]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Gardel]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El poeta y periodista Jorge Boccanera rememora un hecho que abre preguntas en tiempos de pandemia, protocolos, fotos y pedidos de disculpas: El día en que Carlos Gardel rompió una cuarentena, originada por un brote de fiebre amarilla en Brasil.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carlos-gardel-tambien-violo-la-cuarentena-por-jorge-boccanera/">Carlos Gardel también violó la  cuarentena &#8211; Por Jorge Boccanera</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El poeta y periodista Jorge Boccanera rememora un hecho que abre preguntas en tiempos de pandemia, protocolos, fotos y pedidos de disculpas: El día en que Carlos Gardel rompió una cuarentena,</em></strong> <strong><em>originada por un brote de fiebre amarilla en Brasil.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Por Jorge Boccanera*</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><span style="color: #000080;"><strong>É</strong></span>ramos pocos y parió la abuela. También el ídolo, el diez del tango, el que cada día canta mejor, Carlitos Gardel, violó la cuarentena.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Atravesamos tiempos con más incertidumbre que certezas, protocolos, primeras, segundas y terceras olas, vacunas que sí, vacunas que no, aplausos a trabajadores de la salud, repudio a trabajadores de la salud, calles vacías y calles pobladas, cuidado con barbijos y quema de barbijos, máscaras, vida en zoom, clases presenciales y clases virtuales, cuarentenas restrictas e irrestrictas, flexibilización, descontroles y mutaciones del virus. Años atiborrados de crónicas y ensayos sobre el tema pandemia. Van del estudio sesudo al texto de circunstancia, todo regado por un periodismo cada vez más trivial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De modo profuso, el chiquitaje social informativo abarrota los medios de prensa quitándole espesor a los temas centrales de una tragedia que ha causado hasta hoy más de cuatro millones de muertos, y que va de la mano de la crisis social y económica, en paralelo a los resultados catastróficos en términos de medioambiente. Vale decir, todo aquello que nos desnuda tanto en nuestra fragilidad como en nuestra insensatez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Justo ahora que el presidente Alberto Fernández sale a lamentarse por algo que “no debió haberse hecho” (la reunión sin protocolo en julio de 2020 en la Quinta de Olivos por el cumpleaños de Fabiola Yañez), y que se ventilan deslices varios de Mauricio Macri (habría violado la cuarentena al viajar a Miami a pesar de haber sido contacto estrecho de un legislador que dio positivo, y de nuevo en días recientes al romper el aislamiento en su domicilio), asoma Gardel entre el amplio anecdotario que va de un Horacio Rodríguez Larreta viajando a playas de Brasil a “desenchufarse” en medio de las labores de la vacunación, al  santiagueño “Don Ávila”, uno de los símbolos de la desaprensión nacional, contagiador serial que con síntomas del covid realizó una gira por numerosos asados en su provincia.  </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Gardel, ¿una avivada?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo de Carlos Gardel se inscribe en el marco de sus salidas fuera del país debido a su progresiva carrera. El Zorzal Criollo realizó cinco viajes a España entre 1923 y 1932, alternando visitas a Francia para reencontrarse con su familia, cantando tanto en Madrid como en otras ciudades como Zaragoza, Valencia y Vitoria en el País Vasco, aunque su mayor anclaje lo tendría en Barcelona, urbe con gran tradición tanguera desde siempre. Viajes que pueden leerse en consonancia con sus logros en el lapso citado que se traducen en un gran número de presentaciones (las primeras junto a José Razzano), la popularidad que iban cobrando algunas piezas en su voz como <em>“Mano a mano”</em> y <em>“Esta noche me emborracho”,</em> y las decenas de temas grabados para el sello Odeón.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Gardel se abrió paso con su voz y su interpretación inigualables y Barcelona lo adoptó. No sólo ya era amigo de españoles ilustres –el poeta Rafael Alberti, la actriz Imperio Argentina, el torero Ignacio Sánchez Mejías, el futbolista José Samitier, otro “Mago” que figura aún hoy como el tercer goleador del Barça por detrás de Alcántara y Messi- sino que incorporó además a su repertorio tangos de autores españoles con los que se iba relacionando. En suma, ya cumplido su tercer viaje a Barcelona en 1927, Gardel está en un momento alto de su carrera.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volvió a viajar a España en abril de 1929 cuando ya en Barcelona un semanario informaba: “Carlitos Gardel ha sido y continúa siendo, la primera figura de la canción popular americana… Nadie como él tan solicitado, tan escuchado y tan venerado por las multitudes de ambos continentes”. (1) De pronto lo impensado, en una actuación en un teatro de Madrid el 16 de mayo entonando <em>“Esta noche me emborracho”</em>, se quedó sin voz. Y si bien se trató de una afonía pasajera, la afección dejaría en el cantor el sabor agridulce de la duda sobre su futuro en los escenarios -se dice que hacia fines de ese año le practicaron en Buenos Aires “una misteriosa operación quirúrgica de la nariz” (2) por lo que suspendió temporalmente sus actuaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fue justamente durante ese viaje de regreso de España a bordo del transatlántico Conte Verde, que el cantor violó una cuarentena. Fue debido a un brote de fiebre amarilla en Brasil, que los barcos que llegaban de Europa debían permanecer una semana en Montevideo a modo de cuarentena, para luego dirigirse al puerto de Buenos Aires. Los historiadores señalan la gravedad de esta pandemia en el país vecino durante 1928 y 1929, subrayando un marcado retroceso en materia sanitaria, ya que atacó a Río de Janeiro por vez primera en veinte años dejando un saldo de más de cuatrocientos muertos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Enterado el “Mago”, empezó a intranquilizarse (¿alguien podría imaginarse, en perspectiva futura, la imagen de un Gardel actual con tapabocas?), y al parecer en tono entre risueño y de advertencia trágica, habría deslizado a su entorno que antes que cumplir la norma prefería echarse al agua. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Debido a su popularidad y un carácter afable que le proporcionaban cantidad de amigos, se chamuyó a “un conocido” sobre la posibilidad de una salida; un “arranyamento” (del napolitano “arranyar”: arreglo). A partir de allí “cooperaron” algunos integrantes de la tripulación; miraron para otro lado mientras otros realizaron ejercicios de distracción sobre quienes controlaban las puertas y escaleras de la embarcación. Faltaba resolver el último tramo, convencer a los marineros de la barcaza estacionada junto a cada barco en cuarentena, prevista para resolver urgencias. Cuando el “contacto” de Gardel les expuso el tema esos marineros respondieron: “¡Es Gardel…Por Carlitos, ¡Cualquier cosa!” (3). Así, un Zorzal-Houdini se deslizó en forma subrepticia al remolcador que lo transportó al puerto de Montevideo, donde un aliscafo lo depositaría luego en nuestro país.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En palabras del popular periodista uruguayo Diego Lucero (seudónimo del uruguayo Luis Sciutto), se cumplió así esa “faena de contrabando humano organizada para que El Morocho del Abasto pudiera llegar cuanto antes a su Buenos Aires querido, a pararse junto al buzón que entonces había en Corrientes y Esmeralda, con su gacho gris, con su pinta entradora, con su mirada de engrupe, estampa viva del hombre que allí ‘está solo y espera’”. (4) </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El hecho protagonizado por Gardel puede dar pie a varias lecturas: ¿una avivada del cantor?, ¿la aventura de un grupo de marineros anónimos que rescatan a su ídolo en un barco varado y lo devuelven al lugar que lo representa?, ¿Gardel había obrado de modo irresponsable? Seguramente el “Zorzal”, que mantuvo el secreto de cómo se había saltado la cuarentena para no poner al descubierto a quienes lo habían socorrido, estaba al tanto de la gravedad su falta. La fiebre amarilla había marcado a fuego la memoria de Buenos Aires en dos ocasiones: 1854 y 1871, con una estela trágica de 14 mil víctimas fatales, entre ellos numerosos trabajadores de la salud como el destacado doctor Adolfo Argerich y el médico y naturalista Francisco Javier Muñiz. Ese año fatídico también dejó imágenes imborrables: ese verdadero depósito de cadáveres que fue “el tren de la muerte” (que incluso transportó el cuerpo sin vida de uno de sus conductores) y la apertura en la ciudad de un nuevo cementerio.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>CODA</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este texto podría leerse como una nota de color, una curiosidad más –y extemporánea- sobre el tema que nos concita. También podría dar lugar a preguntas, como la de inquirir sobre qué clase disculpa habría ensayado ese Gardel cultor de la amistad y hombre solidario, si en su momento se hubiera descubierto la trapisonda y le hubieran pedido que rindiese cuentas por un acto a todas luces irresponsable, que además del salvarse solo, distrajo por unas horas un remolcador que estaba junto al barco para socorrer a los pasajeros en casos de urgencia.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese hombre que está solo y espera, como escribió Diego Lucero parafraseando al libro de Raúl Scalabrini Ortiz en su mitificación del porteño, es hoy toda una población de millones de argentinos y argentinas esperando, vale decir: perseverando, para minimizar los efectos de la pandemia. Con entender que esa espera implica una conducta, la de respetarnos y cuidarnos los unos a los otros, no solamente estaríamos dando varios pasos delante para contrarrestar los efectos del virus y sus mutaciones, sino avanzando en términos de comunidad. Lo que no es poco.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1-Barsky, Julián y Osvaldo, <em>Gardel, la biografía</em>, Taurus, Buenos Aires, 2004.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">2-Ibid.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">3-Lucero, Diego, revista<em> La Maga</em>, Buenos Aires, edición del 1/9/1975.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">4-Ibid.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Llavallol, 16 de agosto de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Poeta, escritor y periodista. En el 2020 se publicó su obra reunida Tráfico Estiba, por HD Ediciones.</em></span></p>
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		<title>Che Bandoneón, contá una historia &#8211; Por Héctor O. Becerra</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/che-bandoneon-conta-una-historia-por-hector-o-becerra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Jul 2025 15:24:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Héctor Becerra]]></category>
		<category><![CDATA[Aníbal Troilo]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Gardel]]></category>
		<category><![CDATA[Día del Bandoneón]]></category>
		<category><![CDATA[poesía tanguera]]></category>
		<category><![CDATA[Tango]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Día del Bandoneón en Argentina se celebra el 11 de julio de cada año en homenaje al nacimiento de Aníbal Pichuco Troilo quien nació un 11 de julio de 1914 y fue considerado un eximio bandoneonista, compositor y director de orquestas de tango. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/che-bandoneon-conta-una-historia-por-hector-o-becerra/">Che Bandoneón, contá una historia &#8211; Por Héctor O. Becerra</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-46bc241c94b8be5fa4541407f37190a5"><strong><em>El Día del Bandoneón en Argentina se celebra el 11 de julio de cada año en homenaje al nacimiento de Aníbal Pichuco Troilo quien nació un 11 de julio de 1914 y fue considerado un eximio bandoneonista, compositor y director de orquestas de tango. </em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-372a23673590276b3103c4927592e358"><strong>Por Héctor O. Becerra</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-67997764578565b87677a5ba539a3dea"><strong><em>Sobre su origen</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-505bc05eb2da640897b952c9e7baf48b">Horacio Salas, un reconocido escritor y periodista argentino sostiene que un lutier alemán -Heinrich Band- creó hacia 1835 un instrumento que combinaba elementos de la concertina y el acordeón. Algunos años más tarde su creador había iniciado en Hamburgo la fabricación en serie de los famosos bandoneones <em>AA</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b68bea2f1560750565c5e976688f35c">Cuenta la historia que ya al año siguiente había un ejecutante que por las noches tocaba en las trincheras de la guerra de la Triple Alianza con un instrumento que llevaba la marca&nbsp;<em>Band-Unión</em>&nbsp;derivada del apellido del fabricante y de la cooperativa que se animó a fabricarlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f632aedc47001bd69a520324718a7e3b">El deslizamiento metonímico desde “<em>Band-Unión”</em>&nbsp;a nuestro actual “<em>bandoneón”</em>&nbsp;puede suponerse que se produjo por la dificultad que encontraba la voz para desplazarse desde la consonante “d” (de “Band”) hacia la “u” y la “i” (de “Unión”) debido a que éstas son dos vocales cerradas, de allí que por efecto de la pronunciación han sido reemplazadas por la “o” y la “e” que son abiertas y por lo tanto más accesibles a la dicción.</p>



<div style="height:16px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a0d57e6c0c15b8821e1159349ade67a"><strong><em>La poesía tanguera y el bandoneón</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a452c522c3354f4778342fd72c58b217">El bandoneón se ha ganado un lugar privilegiado dentro del tango convirtiéndose en el instrumento emblemático del género. Así lo entienden una cantidad considerable de autores que, al ir dándole cuerpo a las letras, comienzan a incluirlo dentro de la métrica de los versos. En 1924 Celedonio Flores escribe su tango&nbsp;<em>Muchacho</em>, con música de Edgardo Donato.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-00219d7b66099f1d7bf41450ac272213"><em>“Que decís que un tango rante</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f3c899c9fdf1bc1f084e6485569492e6"><em>no te hace perder la calma,&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-abba6f3c7a45c0bcd802c59bcd504645"><em>y que no te llora el alma</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a22fb6a141b7bb81785dc079a2715f7"><em>cuando gime un bandoneón”</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6a405bb1a514176a641b6934a6dfaf3a">Y Alfredo Le Pera en el ya tradicional&nbsp;<em>Mi Buenos Aires querido</em>, con música de Carlos Gardel (1934), alude al instrumento con una original metáfora del turf.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0631accf3f6bf35abfa2f18a8e3e8950"><em>“Hoy que la suerte quiere que te vuelva a ver,</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4a2ef10745587d1bae1a2eaa23e5ab2d"><em>ciudad porteña de mi único querer,</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9fa9082bb3efb93f42ed691cf49267e8"><em>&nbsp;y oigo la queja</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-280089731046f06080544c23fdf86a9e"><em>de un bandoneón</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2596f3a5aa5b5fec408eea80d5bfb710"><em>dentro del pecho pide rienda el corazón”</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54fe1316f910b8fb87c19d3bd09230ef">En algunas letras el término&nbsp;“<em>bandoneón”</em>&nbsp;va dando lugar al más familiar de&nbsp;“<em>fuelle”</em>. En&nbsp;<em>Melodía de arrabal</em>, por ejemplo, escrito por Alfredo Le Pera en 1933, con música de Carlos Gardel leemos:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e94a2a47ad9338d7d3b28e99cd277a0"><em>“Barrio plateado por la luna</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8f14dbe153d8d2c76cc324409960fe13"><em>rumores de milonga</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e67ca320ea32c13469cdfcf4027751a8"><em>es toda tu fortuna:</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8cecd6b6ca0ce7fcc122ceebee8c7072"><em>hay un fuelle que rezonga</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-69f31685667af2d42ac1fa021640afa8"><em>en la cortada mistonga”.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cba8625b27ea84c51d3a4f0ae7bde6d4">En 1950 Homero Manzi en su lecho de enfermo del sanatorio Güemes seguramente con motivo del centenario de la fabricación del primer fuelle escribe uno de sus últimos poemas. El mismo lleva por nombre&nbsp;<em>Che bandoneón</em>, la música es de Aníbal Troilo y es notable el efecto que produce un modismo porteño, que se utiliza para evidenciar la familiaridad que surge entre el personaje de la letra y su instrumento.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1455c12222bd1d46ce21a24c4b87572e"><em>“El duende de tu son, che bandoneón</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d1653259a89ad97acec64cb2223acf42"><em>se apiada del dolor de los demás</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-43780cff92d9906afe93dace96905629"><em>&nbsp;y al estrujar tu fuelle dormilón</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6198bd34e9a6ede0671247231dcb86b9"><em>&nbsp;se anima al corazón que sufre más…”.</em><em>&nbsp; &nbsp; &nbsp;</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7bbfa9a51d013d5fc73f34a24303cb8d">Seguimos con atención los versos que muestran una creciente identificación entre el instrumento y su ejecutante, donde ambos parecen mimetizarse y las letras van caracterizando al bandoneón y le terminan insuflando vida propia. En uno de nuestros tangos más populares:&nbsp;<em>La última curda</em>&nbsp;escrito por Cátulo Castillo en 1956, con música de Aníbal Troilo, leemos:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e8231f5fc80f01e28a79823f9f7b45d"><em>“Lastima, Bandoneón, mi corazón</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03342eac11e671a9b97909aa3501bd63"><em>tu ronca maldición maleva…”</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ddd2bdf972e0e2d8adbd7705c1ff0533">No nos pasa desapercibido que el autor escribe “Bandoneón” con la letra “B” mayúscula, como si el instrumento –el sustantivo en términos gramaticales- se hubiera metamorfoseado y pasara a ser el nombre de alguien.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ebc16a93199ea7143f5f29316f793be5">El ser humano en algún momento del día necesita beber y necesita hacerlo con moderación, entonces descubre que puede ahuecar la palma de su mano y recoger en ella el agua. De tal forma, cuando&nbsp;<em>inventa</em>&nbsp;la cuchara; en realidad, lo que está haciendo es crear un instrumento que funciona como continuación del brazo y de la propia mano. ¿Cómo logra el bandoneón convertirse en instrumento de la persona, en una continuación de ella? El poeta lo describe en&nbsp;<em>Bandoneón arrabalero</em>:</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd4a0a066aa8ef7d67363dbdeb18e47b"><em>“Bandoneón arrabalero,</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c3036c7a00c70908f598a4136d10f559"><em>viejo fueye desinflao</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8952ab3f6622470a38683d968461a45f"><em>Te encontré como a un pebete</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-964dcfd60e17be12a5601e420839d674"><em>Que su madre abandonó</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9319dac926dd3332442e6642878e2aa"><em>…</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f552779fe01e8e8c31dde93bf6e1d4c0"><em>Te llevé para mi pieza</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-462f1c436d4a825f45f2a8c45267a741"><em>te acuné en mi pecho frío…</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b1eb486d7fd7eae95621b0ccc879ee9"><em>yo también abandonado</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d67bdb40ec00b7bd1026978ede02a0d"><em>me encontraba en el bulín…</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-626e1c770610845a662c1358d90906b1">Este tango escrito en 1928 por José María Contursi, musicalizado por Juan Bautista Deambrosio, es la primera letra dedicada íntegramente al bandoneón. El personaje de la historia rescata un instrumento del descuido o del olvido de alguien y esa circunstancia lo hermana en el sentimiento, porque él también ha sido abandonado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0a6b3e80bc9f69313e3d5db476b3726c">El hablar de las personas se apoya necesariamente en la respiración, ya que la emisión de la voz tiene por soporte la función respiratoria. Sin embargo, la angustia parece inhibir la palabra. Muchas veces sentimos que las palabras nos ahogan. Dice Enrique Cadícamo en su tango&nbsp;<em>Nostalgias</em>&nbsp;escrito 1935, con música Juan Carlos Cobián.</p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a02883863b2ec585881114246110938"><em>“¡Hermano!</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14ac6782086588750a69bb6b0c79ba1f"><em>yo no quiero rebajarme</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-545dc1797597fd2f3465585519792cea"><em>ni pedirle, ni llorarle,</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ff143943abc8a6e2a704d3920dfdd82"><em>ni decirle que no puedo más vivir…</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-44bb77cc2e746ae950ddf92399d14b99"><em>.…</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ef15cc7bf5a92ead5330052daa38865"><em>Gime bandoneón. Tu tango gris, quizás a ti</em></p>



<p class="has-text-align-center has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0bd8412a02d4a94dd0cd50a0faa40a0"><em>te hiera igual algún amor sentimental…”</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f3e0f1b220c029513c8f8148b1e83994">El personaje de la letra herido en su amor propio se dirige a su hermano, tal vez a un amigo que trata de manera fraternal y le habla de la mujer de sus sentimientos, de su miedo a llorar o terminar implorando.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-94b46f17e003f74986d10202fddcaa62"><strong><em>A modo de conclusión</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b27eb5b870496b7f0342b3e8411eeb3">Para los poetas, los músicos y los milongueros, para el tango, el bandoneón será entonces quien se hace cargo de reproducir el gemido y el reclamo por el dolor que la vida y el amor nos ocasiona. Si la poética tanguera se ha puesto a la par de la académica es porque ha sabido reflejar el sentir popular. El bandoneón parece ser el instrumento que mejor captura la esencia del tango y su sonido queda asociado a la nostalgia, la pasión y la melancolía de ese pueblo.</p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d603a4b8277c9da6d61b330fc8d70be">11 de julio de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-adcbb071e43a720ca093da79e6d11728">*Docente de ética en TEA &amp; DEPORTEA. Autor de «La maravilla de estar comunicado».</p>



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