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	<title>Capitalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Capitalismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Carta VII a Ricardo Forster: Capitalismo y Dislocación &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 May 2018 17:48:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cartas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la carta VII a Ricardo Forster, Alemán plantea un interrogante: ¿Cómo introducir la temporalidad disruptiva de la dislocación en el espacio del Discurso Capitalista? En esta cuestión, sostiene el autor, es donde se inscribe el problema de la articulación emancipatoria en tiempos del neoliberalismo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-vii-ricardo-forster-capitalismo-dislocacion-jorge-aleman/">Carta VII a Ricardo Forster: Capitalismo y Dislocación &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>En la carta VII a Ricardo Forster, Alemán plantea un interrogante: ¿Cómo introducir la temporalidad disruptiva de la dislocación en el espacio del Discurso Capitalista? En esta cuestión, sostiene el autor, es donde se inscribe el problema de la articulación emancipatoria en tiempos del neoliberalismo.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Querido Ricardo:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Después de tu exhaustivo análisis de la <strong><a href="http://lateclaenerevista.com/2018/04/08/carta-vi-jorge-aleman-ricardo-forster/">mundialización del Neoliberalismo</a></strong> donde se reflejaban la consecuencias políticas que marcan un destino común, reanudo nuestra conversación tomando como partida uno de los puntos en los que he venido trabajando en la apasionante relación teórica Lacan-Laclau y que concierne a la dichosa cuestión del «corte» en el capitalismo y la condiciones para al menos proponer los presupuestos mínimos de una lógica de la emancipación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Según Laclau, existe una diferencia, una fractura inconmensurable entre lo «social» y lo «político». Apoyándose en Husserl lo social sería el lugar de prácticas sedimentadas, naturalizadas, repetitivas, que ya ni siquiera se pueden captar en su auténtica dimensión política. En términos lacanianos, podríamos decir que esto se puede traducir como la inercia de goce que sostiene la fijeza de ciertos significantes Amos. Y en términos heideggerianos, esto guardaría cierta analogía con lo que en <em>Ser y Tiempo</em> se designa como el reinado «inauténtico» del Uno, del «Se dice». Desde esta pendiente, lo social es el olvido de lo Político, su sedimentación repetitiva y homogeneizante lo ha desterrado. Por esta misma razón, para Laclau, incluso antes que el Antagonismo, debe producir sus efectos la Dislocación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La dislocación es un hecho estructural que es constitutivo de lo social, dado el carácter discursivo del mismo. Con el concepto de dislocación Laclau evoca el Real lacaniano que impide la clausura del orden sociosimbólico en una estructura cerrada y totalizante. La dislocación es lo que impide que la sedimentación repetitiva de lo social no triunfe definitivamente en su olvido o represión de lo Político. Por esta razón, la dislocación es la condición de posibilidad de que se produzca un acto instituyente y reactivador de la sedimentación, en suma, un acto político que levante la represión en la que lo social se ha vuelto una inercia y se revele en su condición temporal y contingente. La dislocación es tiempo, lo social es espacio. El acto político que surge de la dislocación introduce la temporalidad en la inercia espacial de lo social. La pregunta que surge, y aquí vuelvo sobre mis propios pasos, es si lo que Lacan denominó Discurso Capitalista (neoliberalismo), hace posible que el sujeto (mutado en “capital humano”) sea alcanzado por la dislocación.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquí hay un enfrentamiento de posiciones entre los que describen al Capitalismo como aquello que ya no puede ser dislocado y los que pensamos que aún el procedimiento de la dislocación política puede tener lugar, problematizando el espacio de lo “social inerte” con la hipótesis del Discurso capitalista.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta crucial cuestión implica interrogarse hasta dónde la circularidad capitalista y la dislocación política pertenecen a «ontologías» distintas. ¿Qué es lo ontológico primordial? ¿La dislocación estructural de lo simbólico frente a la falla de lo Real o la circularidad del Capitalismo en un espacio digital “megaconectado”? Esta pregunta se formula admitiendo de entrada que el Discurso Capitalista parece disponer de una potencia homogeneizante que torna problemática la apertura que la Dislocación podría hacer posible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo introducir la temporalidad disruptiva de la dislocación en el espacio del Discurso Capitalista? En esta cuestión, es donde tal vez se inscribe el problema de la articulación emancipatoria en tiempos del neoliberalismo, el dispositivo que cuenta con las mayores herramientas para ocultar su carácter histórico- contingente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un abrazo fraterno</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jorge Alemán</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Madrid-Rusia, 19 de mayo de 2018</span></p>
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		<title>Carta VII a Jorge Alemán: Seguir deconstruyendo el neoliberalismo &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 May 2018 22:21:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Fordismo]]></category>
		<category><![CDATA[JorgeAlemán]]></category>
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		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La respuesta de Ricardo Forster a la VII carta de Alemán plantea la dislocación y la ruptura del capitalismo como oportunidad de la emancipación para seguir deconstruyendo al neoliberalismo, un sistema perverso que amenaza la vida en su totalidad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster/">Carta VII a Jorge Alemán: Seguir deconstruyendo el neoliberalismo &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La respuesta de Ricardo Forster a la VII carta de Alemán plantea la dislocación y ruptura del capitalismo como oportunidad de emancipación para seguir deconstruyendo al neoliberalismo, </em></strong><strong><em>un sistema perverso que amenaza la vida en su totalidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Querido Jorge, como siempre tus cartas me hacen reflexionar y me incitan a seguir indagando las complejidades de este tiempo, aunque ya no sólo en nuestro país sino también desde una perspectiva global que, eso me parece, también se pone de manifiesto en tu última carta en la que introducís la cuestión del “corte” en el capitalismo recurriendo, como en otras oportunidades, al par Lacan-Laclau. Me interesa, particularmente, tu idea de la “dislocación” que va asociada a la pregunta que te hacés al final: “¿Cómo introducir la temporalidad disruptiva de la dislocación en el espacio del Discurso Capitalista?” Dejando entrever el corazón de la disputa entre esa posibilidad, que guarda un carácter emancipatorio, y la interrogación que emerge del párrafo anterior que cito en toda su extensión porque me parece decisivo: “Aquí hay un enfrentamiento de posiciones entre los que describen al Capitalismo como aquello que ya no puede ser dislocado y los que pensamos que aún el procedimiento de la dislocación política puede tener lugar, problematizando el espacio de lo “social inerte” con la hipótesis del Discurso capitalista. Esta crucial cuestión implica interrogarse hasta dónde la circularidad capitalista y la dislocación política pertenecen a «ontologías» distintas. ¿Qué es lo ontológico primordial? ¿La dislocación estructural de lo simbólico frente a la falla de lo Real o la circularidad del Capitalismo en un espacio digital megaconectado? Esta pregunta se formula admitiendo de entrada que el Discurso Capitalista parece disponer de una potencia homogeneizante que torna problemática la apertura que la Dislocación podría hacer posible”. Tu pregunta no tiene una respuesta lineal ni ofrece una garantía de que será la “dislocación” la que pueda resolver la circularidad destructiva del capitalismo; pero, y eso también surge de tu escritura, pensar en términos de disrupción dislocadora es lo único que posibilita imaginar una ruptura de esa circularidad. Siento, Jorge, que estamos moralmente obligados a intentar salirnos de la “jaula de hierro” de la homogeneidad de un sistema perverso que amenaza la vida en su totalidad. Algunas últimas lecturas me llevan hacia preguntas y reflexiones que buscan, como en tu caso, las posibilidades de dislocación y de ruptura (quizás mi benjaminismo me incline más hacia la idea de “ruptura” que, me parece, no se distancia demasiado de tu “dislocación” y que lo disruptivo complementa e integra a ambas).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cuestión del neoliberalismo sigue siendo crucial allí donde nos enfrentamos a un dispositivo que intenta capturar, bajo la lógica de la economización, todas las esferas de lo viviente incluyendo, como no puede ser de otro modo, a la democracia y a su sujeto. Me permito, entonces, darle algunas vueltas más a tus inquietudes que son también las mías sin dejar de señalar que en nuestra ya prolongada correspondencia cada una de las estaciones en las que nos detenemos tiene como horizonte de destino seguir pensando la Argentina, sus repeticiones, su loca tendencia a dislocar lo que parece ser dominante. Hay algo extraordinario, en el sentido de insólito, de fuera de lugar y de tiempo, de atípico y de oportunidad, en un país, el nuestro, que no deja de caminar por el desfiladero de la crisis económica y de la protesta social, de los deseos recurrentes de la clase dominante de domesticar definitivamente al pueblo y de una sociedad partida que siempre está en disputa. Algunos, que no somos pocos, seguimos pensando que la herencia de aquel hecho maldito del país burgués lleva el nombre de la experiencia que a contracorriente intentó durante 12 años rearmar una política de la igualdad, la libertad y la emancipación. Sabemos, también, que la astucia del poder apunta a apropiarse de una oposición que le sea funcional y que le permita una alternancia que garantice la continuidad de lo mismo. Contra esa lógica de la repetición seguimos apostando al nombre de lo maldito en la figura de Cristina Kirchner sin dejar que, una vez más, se cuelen por la ventana el posibilismo y sus secuaces, siempre dispuestos a clausurar el dislocamiento y la ruptura afirmando al poder y a su imbatibilidad. Sin garantías nos afirmamos en las herencias libertarias y plebeyas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata, una vez más, de lo político como lengua de la ruptura o el dislocamiento, de aquella forma del lenguaje que todavía tiene algo que decir en medio del dominio global de la economía. El filósofo alemán Boris Groys le da una especial connotación a esta bifurcación civilizatoria en la que la oposición entre el capital como fin del lenguaje y la política como posibilidad de lo abierto definirán el futuro inmediato. Groys piensa, desde su experiencia, en una cierta idea del “comunismo” como santo y seña de un proyecto alternativo; nosotros, sudamericanos, quizás podamos trasladar esa significación a lo que el “populismo” ha generado en esta región del mundo habilitando experiencias a contracorriente y decisivamente provocadoras del dominio neoliberal. Darle consistencia a la política quiere decir producir “la transferencia de la sociedad desde el medio del dinero al medio del lenguaje […]. Mientras viva bajo las condiciones de la economía capitalista, el ser humano necesariamente permanecerá mudo porque su destino no le habla; porque si el ser humano no es interpelado por su destino, tampoco puede responderle. El acontecer económico –agrega Groys– es anónimo y no se puede expresar con palabras. Por eso no podemos discutir con él, no podemos hacer que cambie de opinión, convencerlo, persuadirlo, ponerlo de nuestro lado recurriendo a las palabras. Sólo podemos adaptar nuestro propio comportamiento a ese acontecer […]. En el capitalismo, la confirmación o refutación definitiva de la acción humana no es verbal sino económica. No se la expresa con palabras sino en cifras. Y así queda abolida la lengua como tal”<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Dislocar el discurso capitalista supone reinventar la potencia del lenguaje político y esa potencia sólo puede nacer de lo mejor de su historia disruptiva y a contracorriente, allí donde sigue insistiendo lo “maldito” cuyo nombre, en Argentina, ya conocemos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>1.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Es un prejuicio marxista (o en realidad: moderno) que el capitalismo como época histórica terminará cuando una sociedad nueva y mejor esté lista, y un sujeto revolucionario preparado para ponerla en marcha en pro del progreso de la humanidad. Esta idea implica un grado de control político sobre nuestro destino común que no podemos ni siquiera soñar tras la destrucción, en la revolución neoliberal global, de la acción colectiva y, desde luego, de la esperanza de recuperarla”<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> (pág. 77). </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Wolfang Streeck se diferencia de quienes estiman que el capitalismo encontrará su fin en un acontecimiento y no en un proceso cuya duración, si bien no parece extenderse muy lejos en el tiempo, tampoco tiene, hoy, fecha de conclusión. Streeck rechaza la idea marxista (y moderna) de un final apurado del capitalismo a partir de sus contradicciones y, sobre todo, de que a ese final le siga una sociedad nueva capaz de mejorar las expectativas de bienestar de la humanidad. Lo que señala es el profundo deterioro de la vida social compartida y de su expresión democrática que, a su juicio, ha sido capturada y vaciada por el neoliberalismo en una época en la que, paradójicamente, el capitalismo ya no tiene recursos (como los tuvo después de la crisis de 1929 y de la segunda posguerra) para enfrentar sus límites y su caída de crecimiento<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. La visión de Streeck es fuertemente pesimista y concibe más bien un largo período de incertidumbre y dificultades de todo tipo ante la incapacidad del capitalismo de salir de su crisis terminal. El problema, para el sociólogo alemán, es que el neoliberalismo, como ideología y práctica del capitalismo actual, no tiene contrincantes capaces de cuestionarlo con posibilidades ciertas de obligar a un replanteamiento de sus estrategias de destrucción de lo social aunque, esa carencia, también lo debilita en términos de expansión y progreso sometiéndolo a una decadencia que parece irreversible. “Mi respuesta –escribe Streeck– es que para el capitalismo el hecho de no tener oposición puede constituir más un pasivo que un activo. Los sistemas sociales progresan gracias a la heterogeneidad interna, al pluralismo de los principios organizativos que los protegen de la dedicación exclusiva a un objetivo único, excluyendo otros que también deben ser perseguidos para que el sistema sea sostenible. El capitalismo tal como lo conocemos se ha beneficiado enormemente del ascenso de los movimientos contrarios al dominio del beneficio y el mercado. El socialismo y el sindicalismo, al poner un freno a la mercantilización, evitaron que el capitalismo destruyera sus fundamentos no capitalistas: la confianza, la buena fe, el altruismo, la solidaridad dentro de las familias y las comunidades y otras similares. Con el keynesianismo y el fordismo, la oposición más o menos leal al capitalismo aseguró y ayudó a estabilizar la demanda agregada, especialmente durante las recesiones” (pág. 81). Streeck está convencido que esas oposiciones al capitalismo le permitieron, paradójicamente, avanzar y superar sus estancamientos. Desde otra perspectiva, se podría leer el desafío contracultural de la década de 1960 no como algo negativo para el capitalismo sino como una nueva fuente de recursos simbólicos y culturales capaces de hacerle dar un salto hacia su etapa neoliberal. Por esas cosas de la historia y de las sociedades, la antesala del asalto neoliberal a la vida socialmente integrada y conflictivamente atravesada por valores de igualdad y justicia distributiva, fue un momento político y cultural de efervescencia y desafió que acabó convirtiéndose en insumo para el capitalismo de consumo y hedónico<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Streeck no vislumbra en el horizonte cercano, ni tampoco lejano –y acá aparece el pesimismo arraigado en sus análisis– un movimiento capaz de ir más allá del capitalismo aunque defina que estamos atravesando su etapa de crisis final. Ofrece, antes bien, una visión de una larga etapa de anarquía y estancamiento producto, entre otras cosas, del aumento de la desigualdad que deprime el crecimiento, de la expansión sin freno del endeudamiento público y privado, de la inflación ilimitada del sector financiero que desplaza toda inversión productiva de la mano de la especulación y el vaciamiento de la democracia por parte de la oligarquía financiera-rentística. Una conclusión oscura que no encuentra las señales que muestren alguna salida a esta agonía del sistema y que corre el riesgo no sólo de la parálisis sino, más grave aún, de volverse funcional a la depredación neoliberal que necesita de la pasividad de cualquier oposición. Creo que en este punto, Streeck se equivoca al efectuar una proyección catastrofista en relación a un tiempo tan complejo y equívoco como el de la actualidad del capitalismo no porque no haya verosimilitud en sus análisis, tampoco porque carezca de realismo sino, precisamente, porque queda muy pegado a lo mismo que critica. Así como está convencido que estamos próximos del final del capitalismo, que las señales de su término se leen por todos lados, no puede sustraerse a la certeza, en él, de que la etapa neoliberal ha logrado devorarse a todos sus contrincantes dejando vacío el campo de batalla y aniquilando cualquier alternativa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“La redistribución oligárquica y la tendencia a la plutonomía, incluso en países que todavía se consideran democráticos –agrega Streeck–, invocan la pesadilla de las elites convencidas de que sobrevivirán al sistema social que les está haciendo ricos. Los capitalistas plutonómicos puede que ya no tengan que preocuparse por el crecimiento económico nacional, porque sus fortunas transnacionales crecen sin el mismo; de ahí la salida de los multimillonarios de países como Rusia o Grecia, que cogen su dinero (o el de sus conciudadanos) y corren, preferiblemente a Suiza, Gran Bretaña o Estados Unidos. La posibilidad de rescatarte a ti mismo y a tu familia escapando junto con tus posesiones, proporcionada por el mercado global de capital, ofrece la tentación más fuerte para el rico de apuntarse al estilo de vida de final de partida: sacar el dinero, quemar los puentes y no dejar nada detrás salvo la tierra quemada” (pág. 90). Esta combinación de ceguera respecto a las atroces consecuencias de las políticas neoliberales y suposición quimérica de que se salvarán aquellos híper ricos que se trasladen junto con sus riquezas descomunales a países “seguros”, puede conducir directamente al desencadenamiento de protestas que pueden hacer saltar todo por los aires o puede ser también la antesala de una crisis más profunda y demoledora. Yo no sería tan enfático ni escéptico como Streeck ante la posibilidad de multitudes insurgentes que puedan encontrar los modos y las estrategias para atacar la fortaleza del poder capitalista, aunque nuestra actualidad nos muestra un enorme retroceso de los movimientos populares en casi todo el planeta. Las predicciones no suelen corresponderse con el convulso movimiento de las sociedades ni ser una bola de cristal capaz de anticipar hacia dónde irá la historia. Lo peor siempre puede ocurrir, y en los hechos ya está ocurriendo a nivel planetario y no apenas en los países periféricos, pero eso no supone que no puedan surgir alternativas que busquen caminos de reparación y que se expresen en acciones políticas refundadoras de un horizonte social distinto al que ofrece la desolación neoliberal. Algo de eso, con todos sus problemas y limitaciones a cuestas, sucedió en algunos países de América del Sur al girar el siglo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quizás la vara del sociólogo alemán es demasiado alta y juega el juego del todo o nada llevándolo a despreciar experiencias que no se plantearon, por ahora, ir más allá de la parcial reconstrucción de un Estado de bienestar capaz de frenar el inmenso daño producido por la financiarización. Pero, lo que probablemente no alcance a ver o siquiera a pensar Streeck en función de un cierto “obstáculo epistemológico” (parafraseando a Gastón Bachelard) es que el carácter de las experiencias sudamericanas supuso el retorno de lo político asociado a lo disruptivo, la emergencia de un desafío a contracorriente desde perspectivas nacional-populares que, quizás, hoy contengan el máximo grado de respuesta a la globalización neoliberal. El punto de la “dislocación” del discurso homogéneo y dominante del capital, aunque ninguna de esas experiencias se haya planteado o siquiera podido ir más allá del horizonte signado por el capitalismo. No ha sido ni poco ni escaso el contrapunto desplegado desde comienzos del siglo XXI en esta región del planeta, un contrapunto que, tal vez, implique el mayor grado de confrontación de los sectores populares en el tiempo del neoliberalismo triunfante. Lo demás, diría el dramaturgo, es silencio. El silencio político de las izquierdas radicales y antisistema que no han pasado de ser una curiosidad sin capacidad de espantar a nadie y mucho menos al poder del modo como lo han hecho y lo siguen haciendo los movimientos popular-democráticos latinoamericanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Me queda claro que el discurso y la práctica de la emancipación es hoy extremadamente débil y que la producción intensiva de subjetividad neoliberal constituye una barrera, cada día más alta, para intentar frenar la regresión de nuestras sociedades. Pero eso no nos puede conducir a la pasividad y la desesperanza ni mucho menos imaginar que no hay otro horizonte que el trazado por el capitalismo y sus miserias. Imaginar un proceso de paulatina descomposición del sistema sin la intervención de los dañados por él supone asumir una visión mecánica de la historia y de su devenir. Sin garantías del cumplimiento de ninguna promesa ni de ninguna ley científica de la evolución social, es necesario, sin embargo, seguir pensando imaginativamente en los giros inesperados y en las instancias de ruptura que nos suelen sorprender. Apenas, como diría Benjamin, la persistencia de una débil luz mesiánica que abre una señal en medio de las tinieblas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>2.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“En todo Occidente –señala Streeck tratando de dar cuenta del cambio que se produjo en el capitalismo hacia los años 1960 y 1970–, los mercados de bienes de consumo duraderos estandarizados y producidos en masa mostraban signos de saturación. Las necesidades básicas habían quedado en buena medida cubiertas […]. La crisis emergente se manifestó, sobre todo, entre los productores más típicos de la era fordista, los de la industria del automóvil, cuya capacidad fabril había aumentado de forma espectacular, pero que ahora se veían atrapados entre la creciente resistencia obrera al régimen taylorista y la creciente indiferencia del consumidor a su línea de productos para un mercado de masas […]. Hoy día podemos ver que aquella crisis dio lugar a una oleada de profundas reestructuraciones, tanto de los procesos productivos como de las líneas de productos. La militancia obrera fue vencida, en particular mediante una enorme expansión de la oferta de trabajo disponible, primero, por la entrada en masa de las mujeres en el empleo asalariado y, luego, mediante la internacionalización de los sistemas de producción. Más importantes en nuestro contexto fueron las estrategias aplicadas por las empresas en el intento de superar la crisis de ventas de productos. Mientras parte de la izquierda creía que se había iniciado el fin del ‘trabajo alienado’ y de la ‘tiranía del consumo’, las empresas capitalistas se dedicaban con ahínco a remodelar sus productos y procesos con la ayuda de nuevas tecnologías microelectrónicas capaces de acortar espectacularmente los ciclos de producción, disminuyendo la dedicación de la maquinaria fabril a fin de reducir el umbral de rentabilidad para sus productos y prescindiendo de buena parte del trabajo manual o reubicándose en otros lugares del mundo donde la mano de obra era más barata y dócil” (pág. 124).  Detenerse en esta mutación es clave para entender de qué modo funciona la penetración simbólico-cultural del neoliberalismo. El pasaje de la economía fordista –que estaba en el meollo del Estado de bienestar como garante, a un tiempo, tanto del  consumo popular como de su integración al sistema en un contexto de conflictos emanados del mundo de posguerra y de la Guerra Fría–, a una economía de mercado sustentada en lo que Streeck llama el “Estado hayekiano”, se basa en un profundo cambio tanto en la producción de mercancías como en el modo de consumirlas. Lo que se inventa, de modo exponencial, es al ciudadano-consumidor, aquel que siente que puede elegir el producto que se corresponde con sus gustos e inclinaciones y que cree que es reconocido individualmente y ya no como parte de una masa abstracta de consumidores que carecen de una posibilidad cierta de elegir. El individuo contra la masa. La libertad de elegir contra el igualitarismo fordista. El trabajador que se integra a un esquema productivo toyotista abandonando las exigencias alienantes del taylorismo. Horizontalidad contra verticalidad. Lo que se pone en juego, como no podía ser de otro modo, es la interiorización del principio liberal del individuo como genuino portador de la libertad que, en la sociedad del capitalismo tardío, se ha constituido bajo la forma compleja de un consumo que ha dejado de ser meramente serial para corresponderse con el deseo de cada quien. Salirse de la serie constituye un acontecimiento de primera magnitud en este pasaje de la sociedad solidaria a la sociedad fragmentada. Sentirse elegido, ser parte de un universo monádico en el que la acción consumista es vivida como una decisiva experiencia libertaria. Abandonar las formas monótonas y repetitivas del fordismo se asoció a una entrada en el mundo de las decisiones individuales y libres, a una suerte de ejercicio de antiautoritarismo frente a la rigidez y monotonía de la organización taylorista del trabajo. Un imaginario más allá de la alienación tanto en la esfera laboral como en la diversidad relampagueante del consumo cada día más sofisticado. Ideología en estado puro.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Estado hayekiano se corresponde, a su vez, con el predominio del capital financiero sobre el productivo, de lo virtual sobre lo material, del consumidor cuentapropista (que en la jerga neoliberal se lo llama “emprendedor”) sobre el trabajador sindicalizado, de la economía sobre la política, de la ficción y lo virtual sobre la materialidad. En ese nuevo registro nada puede quedar por fuera de lo que va determinando el mercado al mismo tiempo que las personas dejan de verse expresadas en lo común para sentirse, ahora, elegidas individualmente a la hora de consumir material o imaginariamente. Este concepto de libertad asociado al mercado y al consumo penetra en el interior del sujeto hasta reformatear su subjetividad. El éxito del neoliberalismo se sostiene sobre este giro medular que intenta capturar, de una vez y para siempre, el núcleo profundo del sujeto. Es lo que Jorge Alemán ha llamado “el crimen perfecto” tratando de reflexionar sobre las consecuencias de esta captura que intenta penetrar en la usina del lenguaje, allí donde se forja el sujeto. Nunca como en esta época el capitalismo ha intentado llegar hasta las dimensiones más recónditas de los seres humanos, penetrando la estructura deseante y habilitando la dialéctica del goce y de la culpa, del consumismo y de lo sacrificial. Después de la fiesta viene la resaca y la necesidad de la expiación, el pago de la deuda descomunal, la salvación del capital como fetiche decisivo y como eje de la condición religiosa del sistema. Sin las antiguas protecciones ofrecidas por las pertenencias de clase y comunitarias, ausentado el Estado como garante de una distribución más equitativa de los bienes, fragmentada la vida social a niveles pavorosos, el individuo se enfrenta, sin red de contención, a la más devastadora soledad, no aquella que abre la posibilidad de la auscultación espiritual sino esa que lanza al vacío de existencias sin horizonte. El “hombre nuevo” formateado por el neoliberalismo es el sujeto de la depresión y el egoísmo, el individuo del malestar que crece y crece sin encontrar algún paliativo, el ciudadano carente de ciudadanía que supone que ser libre es entrar en el shopping center, el que ha olvidado lo que significa cuidar y reconocer al otro, el que vive prisionero del instante y la fugacidad, el que ha perdido la riqueza de la diferencia para volverse, como una mónada sin puertas ni ventanas, hacia su propio autismo<a style="color: #000000;" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Esta es la marca de la subjetivación neoliberal que vuelve tan ardua la tarea de revertir su terrible impacto sobre la vida colectiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Streeck le da otra vuelta de tuerca a esta cuestión al detenerse en un análisis de lo que él denomina el poscapitalismo y su capacidad para vulnerar las funciones tradicionales del Estado así como redefinir el rol del sujeto: “La disrupción puede considerarse la versión neoliberal de la ‘destrucción creativa’: más despiadada, más inesperada y menos dispuesta a tomar prisioneros o a aceptar demoras para ser ‘socialmente compatible’. Aunque para quienes sufren la innovación disruptiva puede ser catastrófica, lamentablemente tienen que ser sacrificados como daños colaterales en el campo de batalla darwiniano del capitalismo global” (pág. 57). Esos “daños colaterales” han sido interiorizados por el individuo adaptado a las nuevas exigencias del mercado de tal modo que lo común queda fuera de su campo de acción y de sensibilidad; en solitario se enfrenta a demandas crecientes que vulneran, aunque ya no lo experimente de ese modo, todas aquellas formas del vivir que eran propias de otro tiempo de la sociedad. “Téngase en cuenta que la resiliencia no es exactamente resistencia, sino un ajuste adaptativo más o menos voluntario. Cuanta más resiliencia logran desarrollar los individuos en el ámbito micro de su vida cotidiana, menos es la demanda de acciones colectivas a escala macro para contener la incertidumbre producida por las fuerzas del mercado, una demanda que el neoliberalismo no puede ni pretende satisfacer” (pág. 58). Esta incapacidad hay que leerla, a su vez, como ejercicio estratégico a través del cual la gobernanza neoliberal vacía de sentido y de contenido cualquier acción o demanda colectiva, afianzando la exclusiva dimensión individual y potenciando un egoísmo recargado. “El capitalismo desocializado del interregno depende de las actuaciones improvisadas de individuos estructuralmente egocéntricos, socialmente desorganizados y políticamente desprovistos de poder” (pág. 59). Es posible que el pesimismo del sociólogo alemán esté relacionado, al igual que las descripciones inmovilizadoras de Byung-Chul Han, con la actualidad de las sociedades de la abundancia; con una realidad de países que nadan en el mar del consumo y que todavía no han experimentado las miserias reales producidas por el neoliberalismo mientras sus ciudadanos se vuelven sobre sí mismos en una lucha a todo o nada por permanecer dentro de los privilegios del mercado. No cabe duda de que el impacto del “capitalismo desocializado”, como lo define Streeck, debilita hasta grados nunca antes vistos la capacidad de las personas no sólo para enfrentarse a la violencia del sistema sino, incluso, para mínimamente encontrarse con aquellos con los que poder compartir sus penurias y dificultades. El individualismo resiliente es antagónico a la resistencia social compartida; supone un reforzamiento de todas aquellas “cualidades” que son funcionales a la reproducción del sistema. Es por eso que la disputa se vuelve más compleja, ardua y opaca ya que se desplaza del campo de lo público y social al de lo privado e individual. Ya no aparece como un conflicto encuadrable en una dimensión política e ideológica sino que incluye elementos psicológicos y formas de la sensibilidad cada día más penetradas por los tentáculos del capitalismo consumista y egocéntrico, además de la colosal mutación que suponen las nuevas tecnologías digitales en la conformación de la conciencia y la percepción de los individuos masificados. Se trata, como es evidente, de poner en cuestión el sentido común de época; y esto que es evidente es, a su vez, extremadamente difícil de realizar ya que supone meterse con los afectos de individuos formateados para dejar de pensar por sí mismos. Nada más complicado que nadar contra la corriente, pero nada más urgente que intentarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sigamos un poco más con la argumentación de W. Streeck: “Como he señalado, estas presiones para una sucesión hayekiana del Estado del bienestar keynesiano –la sustitución del crecimiento mediante la redistribución igualitaria por el crecimiento a través de mayores incentivos para los ganadores y penalizaciones más severas para los perdedores– fueron fácilmente conceptualizadas en términos ordoliberales, ya que desde Schmitt a Hayek, el ordoliberalismo estaba fundamentado en la intrincada dialéctica de la fuerza y la debilidad del Estado en un orden liberal: fuerte para rechazar reclamaciones políticas democráticas para la corrección del mercado, débil al dejar la gobernanza de la economía en manos del autorregulado mecanismo del mercado, establecido y conservado por la autoridad pública […]. Actualmente, la neutralización de la democracia y el redimensionamiento del poder del Estado al servicio de una economía de mercado con una <em>autonomía política políticamente construida</em>, no se produce principalmente mediante la represión sino trasladando la gobernanza de la economía política a un nivel al que la democracia no puede acceder y a instituciones constitucionalmente diseñadas para quedar fuera del  debate político, con misiones legalmente definidas cuya autoridad no procede de la fuerza de las armas, sino que se deriva de la teoría económica ‘científica’. A medida que la política democrática queda vaciada del contenido político-económico en este proceso, el espacio público desocupado se dedica al consumo de la política como entretenimiento” (págs. 189-190). </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El proyecto neoliberal de gobernanza tiene como principal objetivo capturar la democracia de tal modo que no pueda responder sino a las exigencias del mercado entregándole, de hecho, la soberanía popular<a style="color: #000000;" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Para lograr esto, como lo destaca Streeck, ya no necesita recurrir a la coerción directa sino que ahora utiliza mecanismos más sutiles que se inscriben en lo que se ha denominado “producción de subjetividad”, al mismo tiempo que despolitiza las relaciones al interior de la sociedad y expande, hacia todas las dimensiones, la economización de todas las esferas de la vida. Resulta terriblemente eficaz la repartición de prebendas para los triunfadores y de castigos para los perdedores; de este modo, el capitalismo divide material y simbólicamente a los individuos otorgándoles una identidad que nace de su éxito o de su fracaso. Recibirán siempre más no los que más necesitan: los débiles, los pobres, los excluidos sino, por el contrario, aquellos que han demostrado su capacidad para ganar dándole forma, de este modo, a un darwinismo de mercado en el que los derrotados quedan fuera de la competencia, saldo de bajo costo ante un Estado que ha desmantelado la protección social dejándole a la filantropía de los multimillonarios la atribución de darle limosnas a esa porción excluida de la población. Esto que podría sonar entre absurdo y perverso constituye la matriz que ha ido configurando el sentido común en sociedades dominadas por el dispositivo neoliberal hasta el punto de poner los recursos del Estado a favor de los ricos y en detrimento de los pobres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por supuesto que para lograr esta trama de “valores” sostenidas sobre el éxito individual es menester fragmentar las redes de pertenencia y los vínculos solidarios al mismo tiempo que se dinamitan las viejas ideas igualitaristas convertidas, ahora, en expresión de un mundo derrotado y se pone lo público al servicio de lo privado. Ya no se trata de pensar lo común, aquello que funda las relaciones entre las personas y hace posible una socialización solidaria, sino que se privilegia lo individual y lo privado. En este sentido, y creo importante insistir una y otra vez con este recordatorio, el neoliberalismo es mucho más que una modalidad novedosa en la marcha del capitalismo; su combustible principal no es sólo el económico sino también, y fundamentalmente, el simbólico. Su meta es fabricar un “hombre nuevo”, no simplemente aumentar coyunturalmente la rentabilidad de las empresas. De ahí que la lucha contra el neoliberalismo deba darse en el terreno político y simbólico-cultural junto a la transformación radical de las relaciones económicas sobre las que se monta su expansión geográfica y temporal. No viene una antes que la otra ni establecen una relación de causalidad. La explosión debe surgir de la mezcla de ambos componentes. Sin cuestionar la financiarización que horada todo fundamento y que va unida a la idea de gobernanza, y sin desplegar una disputa por el sentido común será imposible ir hacia un horizonte de emancipación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Quien mejor ha comprendido, en el contexto de la posguerra fría, la ironía del neoliberalismo –escribe Silvia Schwarzböck en su provocador libro <em>Los espantos<a style="color: #000000;" href="#_ftn7" name="_ftnref7"><strong>[7]</strong></a></em>– (es decir, su devenir pragmatista y su disociación de la cultura liberal moderna, a la que los liberales progresistas llaman liberalismo político, para diferenciarlo del liberalismo económico o neoliberalismo) es, precisamente, un ironista liberal pragmatista: Richard Rorty. En el capítulo de <em>Ironía, contingencia, solidaridad</em> dedicado a la <em>Dialéctica de la ilustración</em>, él sostiene que Horkheimer y Adorno Habrían comprendido bien el carácter disolvente de la racionalidad pero no el modo en que la civilización logra seguir adelante a pesar de la falta de fundamentos. Cuando la cultura liberal, como producto ilustrado, se queda sin fundamentación, lejos de autoaniquilarse, deviene pragmatista. Las instituciones liberales se encuentran en una situación óptima a partir del momento en que se liberan de la necesidad de justificarse en términos de fundamentos últimos”. Esa carencia de fundamentos, como bien aclara Schwarzböck, lo que hace es modificar la relación entre liberalismo y sociedad dejando atrás aquello que, en los tiempos de Locke y del siglo XIX, todavía implicaba una suerte de valoración de las acciones en función de una responsabilidad que el individuo contraía con la comunidad. “El hecho de que el liberalismo pueda funcionar mejor sin fundamento que con fundamento –la tesis de Rorty– es lo que hace que pueda llamárselo, directamente, contra las buenas intenciones de esta tesis, neoliberalismo. Si los rasgos de la cultural liberal no pueden justificarse como buenos más que comparándolos con los rasgos de otras culturas, y esta comparación, desde ya, no puede seguir las pautas del propio léxico (con el cual el modo en que se justifiquen las bondades del liberalismo siempre sería circular), el neoliberalismo es tan compatible con la democracia como con la dictadura, con gobiernos de derecha, de centroderecha, o socialdemócratas. Sin fundamento, el liberalismo no tiene por qué ser liberal en lo político: depende contra qué se la compare, depende quién haga la comparación”. Siguiendo esta argumentación es que la autora argentina muestra por qué el neoliberalismo no es incompatible con diversos regímenes políticos y que, antes bien, se puede adaptar sin grandes inconvenientes a la democracia así como a la dictadura (los casos chileno y argentino ahorran más comentarios). “Si se lo lee a contrapelo, Rorty tiene razón: cuando no existe una perspectiva superior a la propia cultura, al propio lenguaje, y a las propias instituciones, para poder juzgar lo que es bueno y lo que es verdadero, eso indica que ha llegado el momento propicio para la expansión sin límites del liberalismo, no su fin. En ese momento, cuando la ilustración se cancela a sí misma, cuando la razón completa su vaciamiento, la cultura liberal deviene pragmatista en lugar de obsoleta. El relativismo –ve bien Rorty, como lo había visto antes Carl Schmitt, pero sin celebrarlo– crea las condiciones ideales para la dominación planetaria del neoliberalismo”. Sin traba alguna su expansión atraviesa todas las fronteras y se desenvuelve con soltura en el interior de los más diversos sistemas políticos, jugando más cómodamente con variables de neta raigambre liberal pero sin sentirse incómodo al cooptar a la socialdemocracia o al utilizar formas autoritarias. Lo evidente, también, es que en esta etapa, y como lo ha mostrado Wendy Brown, se mueve como pez en el agua en el interior de democracias capturadas y vaciadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Ahora bien –continúa implacable Schwarzböck–, contra lo que cree Rorty, si el pragmatismo es la antítesis del racionalismo de la ilustración (aunque sólo haya sido posible en virtud de ese racionalismo), nada impide que, a partir de ese momento, la democracia (con la que Rorty identifica al pragmatismo) no sea incompatible con el imperialismo, con las políticas económicas del ajuste del FMI, con la Guerra Infinita contra el Terror, con el campo de concentración explícito –como Guantánamo–, con el espionaje, por parte de los Estados democráticos, de todos los emails y de todos los movimientos en internet de sus ciudadanos: todo dependerá de con qué alternativas se compare a la democracia, a la derecha o, en última instancia, a la dictadura (la dictadura argentina, con el uso irrestricto de su aparato de propaganda, se vanagloriaba de haber <em>ganado la paz</em> contra la <em>subversión apátrida</em>)” (págs.104-105). La dimensión multifacética del neoliberalismo le permite no sólo adaptarse a diferentes formas de gobierno sino, más peligros aún, es capaz de succionar y nutrirse de sus propios críticos. Por eso, y siguiendo nuevamente a Streeck, su mayor problema es no encontrar esos nutrientes sin los cuales su energía se agota. El problema es que su expansión ilimitada lo va llevando, y con él a la sociedad en su conjunto, al atolladero sin salida en el que confluyen los tres jinetes del apocalipsis: el declive de la tasa de crecimiento, la expansión a niveles inauditos de la desigualdad económica y el aceleramiento del endeudamiento tanto público como privado. Lo que no se vislumbra es el después de esta aceleración autodestructiva. Asomados al precipicio no alcanzamos a ver de qué modo se producirá, si es que se produce, la dislocación que reabra la posibilidad de otra sociedad. Sin garantías, más allá de todas las ilusiones, seguimos insistiendo con la espera de aquello que tendrá que advenir bajo el sello de un sujeto del malestar.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 27 de mayo de 2018</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Boris Groys, <em>La posdata comunista</em>, Buenos Aires, Cruce, 2015, págs.. 9-10</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Wolfgang Streeck, <em>¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia</em>, Madrid, Traficante de sueños, 2017.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Habría que recordar que la crisis del 29 se cerró, en verdad, a partir del período de posguerra y abarcó los 30 años “gloriosos”, pero entre el desencadenamiento de la crisis y su reversión la guerra devoró a más de 60 millones de seres humanos, vimos lo que significó el nacional socialismo y el fascismo; la economía estadounidense de la mano de Roosevelt y el New Deal aprovechó el envión de la guerra, el gigantesco negocio armamentista y la movilización total de la sociedad para reencauzar el rumbo de crecimiento de la economía y encarar la segunda mitad del siglo como la potencia hegemónica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Han sido diversos los analistas que destacaron la apropiación que el neoliberalismo hizo de algunas de las novedades de la que fue portadora la experiencia contracultural de la década de los 60. Entre esos analistas creo que destacan Luc Boltanski y Éve Chiapello que, en su libro <em>El nuevo espíritu del capitalismo</em>, se detuvieron exhaustivamente a estudiar el impacto en las nuevas corrientes del <em>managment</em> empresarial de los contenidos antiautoritarios y horizontales de los movimientos contraculturales. Cito a los autores: “No es difícil reconocer aquí (los autores están reflexionando sobre los cambios en la formación de los cuadros empresariales en los años 90) el eco de las denuncias antijerárquicas y de las aspiraciones de autonomía que se expresaron con fuerza a finales de la década de 1960 y durante la de 1970. De hecho, esta filiación es reivindicada por algunos de los consultores que, en la década de 1980, han contribuido a la puesta en marcha de los dispositivos de la nueva gestión empresarial y que, provenientes del izquierdismo y, sobre todo, del movimiento autogestionario, subrayan la continuidad, tras el giro político de 1983, entre su compromiso de juventud y las actividades que han llevado a cabo en las empresas, donde han tratado de hacer las condiciones de trabajo más atractivas, mejorar la productividad, desarrollar la calidad y aumentar los beneficios. Así, por ejemplo, las cualidades que en este nuevo espíritu son garantes del éxito –la autonomía, la espontaneidad, la movilidad, la capacidad rizomática, la pluricompetencia (en oposición a la rígida especialización de la antigua división del trabajo), la convivencialidad, la apertura a los otros y a las novedades, la disponibilidad, la creatividad, la intuición visionaria, la sensibilidad ante las diferencias, la capacidad de escucha con respecto a lo vivido y la aceptación de experiencias múltiples, la atracción por lo informal y la búsqueda de contactos interpersonales- están sacadas directamente del repertorio de mayo de 1968. Sin embargo, estos temas, que en los textos del movimiento de mayo de 1968 iban acompañados de una crítica del capitalismo (y, en particular, de una crítica de la explotación) y de su anuncio de un fin inminente, en la literatura de la nueva gestión empresarial se encuentran de algún modo autonomizados, constituidos como objetivos que valen por sí mismos y puestos al servicio de las fuerzas que antes trataban de destruir. La crítica de la división del trabajo, de la jerarquía y de la vigilancia, es decir, de la forma en la que el capitalismo industrial aliena la libertad es, de este modo, separada de la crítica de la alienación mercantil, de la opresión de las fuerzas impersonales del mercado que, sin embargo, era algo que la acompañaba casi siempre en los escritos contestatarios de la década de 1970”. Luc Boltanski y Ève Chiapello, <em>El nuevo espíritu del </em>capitalismo, Madrid, Akal, trad. Marisa Pérez Colina, Alberto Risco Sanz y Raúl Sánchez Cedillo, 2002, págs. 149-150. En una línea semejante también hacen esta lectura Christian Laval y  Pierre Dardot en <em>La nueva razón del mundo</em>. <em>Ensayo sobre la sociedad neoliberal</em>, Barcelona, Gedisa, 2013.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> “Actualmente, cuando las mediciones de la economía han saturado al Estado y al propósito nacional –escribe Wendy Brown–, el ciudadano neoliberal no necesita arriesgar estoicamente su vida en un campo de batalla, sólo necesita aguantar sin quejarse ante el desempleo, el subempleo o el empleo hasta la muerte. El ciudadano neoliberal adecuadamente interpelado no exige protección contra la explosión repentina de burbujas en el capitalismo, contra las recesiones que eliminan empleos, las contracciones de crédito o los colapsos del mercado de bienes raíces, su apetito de subcontratar o el descubrimiento del placer y la utilidad en apostar en contra de sí mismo o por la catástrofe. El ciudadano también acepta la intensificación neoliberal de las desigualdades como algo básico para la salud del capitalismo: lo que incluye los salarios por debajo de la línea de pobreza de la mayoría y la inflada compensación de los banqueros, los directores ejecutivos e incluso los administradores de instituciones públicas, e incluye también el acceso reducido de los pobres y la clase media a bienes que antes eran públicos y ahora han sido privatizados. Este ciudadano libera al Estado, a la ley y a la economía de la responsabilidad hacia sus condiciones y sus predicamentos y de la obligación de responder a ellos, y está listo cuando se le pide que se sacrifique a la causa del crecimiento económico, el posicionamiento competitivo y las restricciones fiscales.” Wendy Brown, <em>El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo</em>, Barcelona, Malpaso, 2017, pág. 306.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Nuevamente es Wendy Brown quien nos ofrece una clara y precisa explicación de lo que implica la introducción en el lenguaje político y coloquial del término “gobernanza”: “[…] la gobernanza se ha convertido en la forma administrativa primaria del neoliberalismo, la modalidad política a través de la cual crea ambientes, estructura las restricciones y los incentivos y, por consiguiente, conduce al sujeto. El neoliberalismo contemporáneo es impensable sin la gobernanza. También es esencial para asegurar el ascenso a la ‘economización’ de todas las áreas de la vida […]. Su carácter intercambiable y su promiscuidad sugieren que la gobernanza incluye y señala una fusión importante en las prácticas políticas con las de los negocios, tanto en el nivel administrativo como en el de la provisión de bienes y servicios […]. La gobernanza anuncia el eclipse o la erosión de la soberanía del Estado […]. Sobre todo, la gobernanza cambia la concepción de lo político a la de un campo gerencial o administrativo y la del reino de lo público en ‘un dominio de estrategias, técnicas y procedimientos mediante los que diferentes fuerzas y grupos intentan hacer que sus programas sean operables’” (Op. cit. Págs..162-169)</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Silvia Schwarzbröck, <em>Los espantos. Estética y postdictadura</em>, Buenos Aires, Cuarenta Ríos, 2015.</span></p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&amp;linkname=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fcarta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster%2F&#038;title=Carta%20VII%20a%20Jorge%20Alem%C3%A1n%3A%20Seguir%20deconstruyendo%20el%20neoliberalismo%20%E2%80%93%20Por%20Ricardo%20Forster" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/carta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster/" data-a2a-title="Carta VII a Jorge Alemán: Seguir deconstruyendo el neoliberalismo – Por Ricardo Forster"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/carta-vii-jorge-aleman-seguir-deconstruyendo-neoliberalismo-ricardo-forster/">Carta VII a Jorge Alemán: Seguir deconstruyendo el neoliberalismo &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>Los nuevos dioses del mercado global &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Dec 2018 22:02:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Joseph Vogl]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mercado]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Subjetividad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ricardo Forster realiza una reflexión necesaria y profunda sobre las formas aniquiladoras de la subjetividad, la memoria, el tiempo y la historia en el neoliberalismo, con su correlato de máquina deseante invertida y anuladora de voluntades.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-nuevos-dioses-del-mercado-global-por-ricardo-forster/">Los nuevos dioses del mercado global &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Ricardo Forster realiza una reflexión necesaria y profunda sobre las formas aniquiladoras de la subjetividad, la memoria, el tiempo y la historia en el neoliberalismo, con su correlato de máquina deseante invertida y anuladora de voluntades.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“El universo simbólico del sujeto posmoderno ya no es el del sujeto moderno: sin gran Sujeto, es decir, sin referencias que permitan fundar una anterioridad y una exterioridad simbólicas, el sujeto no logra desplegarse en una espacialidad y una temporalidad suficientemente amplias. Queda atrapado en un presente dilatado que es el único tiempo en que se juega todo. La relación con los demás se hace problemática en la medida en que la vida futura personal está siempre cuestionada. Si todo se juega en un instante, el proyecto, la anticipación, el replegarse sobre uno mismo llegan a ser operaciones muy problemáticas. De tal suerte que hoy se atenta contra todo el universo crítico y todo eso que Kant llamaba el poder (crítico) del espíritu”. </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Dany-Robert Dufour, <strong>El arte de reducir cabezas</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">    </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Joseph Vogl es un filósofo y profesor de literatura alemán que, entre sus múltiples intereses, se detuvo a estudiar el carácter fantasmagórico de nuestra época dominada por la expansión ilimitada del capitalismo en su fase neoliberal. Buscó, recurriendo a una compleja amalgama de información financiera y de interpretación teórica y literaria, penetrar en la trama simbólica de un orden económico que vino a transformar, de manera radical, no sólo las estructuras materiales de la sociedad sino que también proyecta, y para muchos ya lo logró, modificar el sentido común y el horizonte de inteligibilidad que las sociedades construyen de sí mismas. Desentrañar el funcionamiento de la máquina financiera, penetrar en sus formas laberínticas y opacas, descifrar las telarañas de su lenguaje numérico y especulativo, es parte de su intento de comprender la actualidad de un sistema que penetra la totalidad de la vida. La digitalización del mundo de la información y el consiguiente abandono del paradigma analógico, constituye uno de los puntos cardinales de la nueva configuración de una humanidad que cada vez comprende menos el sentido de los cambios que vive cotidianamente. Un frenesí enloquecedor atraviesa cuerpos y fantasías, lenguajes y sentimientos hasta hacer estallar valores y creencias que hasta antes de ayer constituían las brújulas orientadoras de nuestras sociedades. Nada más erróneo, piensa Vogl, que subestimar la determinación de un sistema-mundo, como el capitalismo en su actual estadio, por penetrar en los intersticios del individuo hasta producir las transformaciones que desvanezcan la memoria de otro tipo de sociedad. Modelar un “hombre nuevo” es la utopía, cada vez más realista, de quienes han comprendido que se trata de capturar el fondo de la subjetividad adaptándola a las necesidades del flujo indetenible del capital. Y ese flujo apunta, entre otras cosas, a eternizar el instante haciendo estallar las antiguas pertenencias y filiaciones. Una nueva temporalidad que vacía de significado el pasado y que hace del futuro una mera extensión del aquí y ahora. Es la humanidad la que está siendo objeto de una radical mutación, uno de cuyos ejes centrales tiene que ver con el tiempo y la memoria, con esas formas de conciencia a través de las que se constituyó la experiencia y que hoy son desarticuladas penetrando en la intimidad del viviente. Existe una correspondencia entre la fugacidad y la velocidad propias del flujo del capital que opera desde lo virtual y lo abstracto y el vaciamiento del sentido al que son sometidos los individuos en la sociedad del consumo y del espectáculo. Sin comprender esta dinámica resulta imposible articular una disputa. Deconstruir los mecanismos de dominación supone penetrar en esa lógica evanescente y fragmentadora que caracteriza la expansión ilimitada del capital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Así como las sociedades de prevención modernas –escribe Joseph Vogl– alguna vez se formaron transformando los peligros en riesgos y domesticando la contingencia, ahora lo casual, lo peligroso y el torrente de sucesos indomables han regresado al centro de estas sociedades en forma de <em>tyché</em>, o casualidad, y lo han hecho adoptando un semblante arcaico: irregular, amorfo y ribeteado de no saber”<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En esta capacidad del sistema para apropiarse de aquello que supuestamente podía dañarlo radica su fuerza para desplegarse en condiciones cambiantes y desfavorables. Quizás no se trata de “nadar a favor de la corriente” –que en este caso estaría relacionado con la “novedad”, el “peligro”, la “casualidad”–, sino actuar bajo la demanda de un freno o de una recuperación de formas de convivencia social que remiten a una memoria de sociedades no tan lejanas pero amenazadas por la lógica de la innovación y de la “destrucción creativa” propias del capitalismo. Que la incomodidad y la vulnerabilidad experimentadas en lo cotidiano se conviertan en punto de partida de las rebeldías (algo de esto están expresando los “chalecos amarillos” en Francia: detener el cambio que aniquila sus formas tradicionales de trabajo y sociabilidad). Un movimiento que podría caracterizarse como “conservador” que, sin embargo, asume una potencialidad rebelde y hasta revolucionaria. Desacelerar la máquina del capitalismo parece haberse convertido en un oxímoron cargado de intensidad y provocación. Me recuerda el extraordinario comienzo del libro de John Womack,<em> Zapata y la revolución mexicana</em>, en el que el historiador estadounidense decía: “este es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución. Nunca imaginaron un destino tan singular. Lloviera o tronase, llegaran agitadores de fuera o noticias de tierras prometidas fuera de su lugar, lo único que querían era permanecer en sus pueblos y aldeas, puesto que en ellos habían crecido y en ellos, sus antepasados, por centenas de años, vivieron y murieron…”<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Paradojas de una época en la que frenar, impedir, detener, recuperar, revalorizar se transforman en santo y seña de un nuevo combate contra la injusticia y la desigualdad. La acción “revolucionaria” del capitalismo neoliberal, y eso Joseph Vogl lo analiza con solvencia, constituye la mayor descarga de violencia y autodestrucción que un sistema ha ejercido sobre sí mismo y sobre la sociedad que contribuyó a construir. Ser anacrónicos es, tal vez, el mayor gesto antisistema que hoy se pueda concebir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Vogl el neoliberalismo –porque de esto se trata– es mucho más que un giro en el patrón de acumulación, hay en él una potencia disruptiva que lo coloca, como en otros momentos de la historia del desarrollo del capitalismo, en la vanguardia de una colosal mutación de usos y costumbres apuntalada por una expansión tecnológica que vuelve obsoletas las prácticas y los saberes que definieron la autocomprensión de la sociedad en un pasado reciente. Así como Karl Marx explicó en apenas una frase –extraordinaria en su vuelo metafórico y anticipador– la esencia de la modernidad burguesa cuando sostuvo que “todo lo sólido se desvanece en el aire”, Vogl que no es Marx, analizando el carácter de nuestro tiempo dominado por lo espectral del capital, dirá que lo fugaz, lo insustancial, lo veloz, lo inmediato, lo narcotizante, constituyen el meollo de una sensibilidad que expresa el rasgo volátil, inasible, fantasmal, despersonalizado, desterritorializado y descorporalizado del viaje por el éter de los flujos financieros que marcan los rasgos decisivos del capitalismo contemporáneo.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.hkw.de/media/bilder/2017/woerterbuchdergegenwart/gerhard_richter.jpg" alt="Resultado de imagen para Joseph Vogl" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">                                                                                          </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En uno de sus libros, el que despertó mi interés desde su título con reminiscencias shakespereanas –<em>El espectro del capital</em>–, Joseph Vogl recurre a una novela de Don DeLillo –<em>Cosmópolis– </em>para introducir al lector en la psicología de los “emprendedores” de Wall Street, esos jóvenes aventureros que viven siguiendo el ritmo frenético de los bits de información y de los flujos etéreos de riquezas desmaterializadas capaces de cambiar el destino de millones de seres humanos en apenas un instante y de acuerdo al ingenio, a la toma de riesgo y a la amoralidad del agente de bolsa. “Sueña –el personaje de la novela de DeLillo– con la extinción del valor de uso, con el eclipse de la dimensión referencial de la realidad; sueña con que el mundo se disuelva en flujos de datos y con que se imponga la tiranía absoluta del código binario, y tiene su fe puesta en la espiritualidad del cibercapital, que se transpone en luz eterna a través de los resplandores y centelleos de los gráficos que brillan en innumerables monitores […]. Las palabras y los conceptos del lenguaje coloquial, dice en cierto momento, aún están demasiado cargados de restos históricos de significado, son demasiado ‘premiosos’ y ‘antifuturistas’. En contraposición, a una velocidad de nanosegundos, tal como lo dictan las oscilaciones de la maquinaria bursátil, se erradica todo rastro de la historia, que queda arrasada por el vendaval de los <em>futures</em> y sus derivados. El presente ‘resulta succionado del mundo para hacerle lugar a un futuro de mercados incontrolados y de un desmesurado potencial inversor. El futuro resulta insistente’. Así como el mercado no tiene ningún interés ni en el pasado ni en el presente y sólo hace foco en la perspectiva de ganancia a futuro, el sueño de este capital es el olvido. Habla del poder del futuro y se consuma en el fin de la historia”<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. ¿Alguna relación con nuestra actualidad nacional? ¿Le recuerda, estimado lector, algunos de los golpes de efecto para resaltar la imagen de Macri construidos desde la ficción y la impostura por los agentes publicitarios del duranbarbismo? Pero más allá de este salto a nuestra realidad que nos devuelve una semejanza con lo que es propio del neoliberalismo y de su mundialización, lo que Vogl descubre, lo que busca priorizar en su análisis, es la hondura de esta búsqueda desesperada por comprimir todos los tiempos en la lógica del “nanosegundo” del mismo modo que se intenta reducir la multiplicidad de la realidad a la bigdata con su enloquecedor uso de los algoritmos a través de los que la infinita variabilidad de lo viviente queda aplanada y homogeneizada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">DeLillo nos describe, con minuciosidad no carente de perversidad, el terrible día de este joven que ha pasado una noche de insomnio, que sólo piensa en expandir sus inversiones especulativas hasta el punto de vivir en una suerte de realidad virtual que, sin embargo, determina el destino, glamoroso u horroroso –las diferencias entre una y otra posibilidad dependen del azar o del ingenio del inversor– de un sinnúmero de seres humanos de carne y hueso. Vértigo, violencia, armazones tecnológico-informacionales que controlan todo a través de cámaras y dispositivos comunicacionales que, de modo omnipresente, colonizan todos los aspectos de la vida (la enorme limusina blanca, suerte de oficina-casa-madriguera del joven agente de bolsa, es una máquina inconcebible en donde hay todo lo que necesita para desplegar su aventura financiera, su saber holístico de los meandros del universo del capital). Más allá de su itinerario psicótico y destructivo que finaliza en el cierre de su propio destino al encontrarse con su asesino, lo que DeLillo busca mostrar –y eso es lo que le interesa a Vogl– es el proceso caótico que caracteriza al capitalismo actual. Novela de iniciación y de final de viaje donde el tiempo fluye del mismo modo aniquilador al de un sistema económico que se mueve al ritmo de la obsolescencia permanente de las cosas-mercancías y, claro, de los seres humanos que apenas si son números descartables en el juego del mercado global. Creación fantasmal de riqueza que se consume en el altar de la especulación sin que nada ni nadie pueda frenar esta locura destructiva. Autonomizado del lenguaje humano, convertido en flujo y en cifras, el capital-mercancía, abstracto en su movimiento desmaterializador, desarma todo vínculo con lo real hasta ofrecerse como una lógica virtual y binaria que, como gigantesca tela de araña, atrapa los últimos movimientos de individuos-masa reducidos a ser parte de un flujo que no alcanzan a comprender. Esta radical apuesta a la abstracción tiene consecuencias destructivas en el orden de la vida social pronunciando los procesos de fragmentación y desocialización e hiriendo de muerte a la democracia y a sus instituciones que acaban siendo absorbidas por las exigencias e imposiciones del negocio financiero que supo encontrar en las tecnologías de la digitalización su energía y su nutriente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Wolfgang Streeck, siguiendo un camino próximo al de Vogl, nos ofrece una descripción dura y cruda de aquello que ya no aparece como una amenaza lejana en el horizonte del capitalismo sino como lo propio de la globalización, ya que en “el ámbito micro de la sociedad, la desintegración sistémica y la indeterminación estructural resultante se traducen en un modo de vida infrainstitucionalizado, una vida sumida en la incertidumbre, siempre en riesgo de verse trastornada por acontecimientos sorpresivos y disturbios impredecibles, dependiente del ingenio, la improvisación hábil y la buena suerte de los individuos. Ideológicamente, la vida en una sociedad infragobernada de ese tipo puede ser alabada como una vida en libertad, sin restricciones institucionales rígidas y construida autónomamente mediante pactos voluntarios entre individuos, que acuerdan libremente perseguir sus preferencias peculiares. El problema de esa vida neoliberal es, por supuesto, que descuida la distribución muy desigual de riesgos, oportunidades, ganancias y pérdidas, que se deriva del capitalismo desocializado…”<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Síntesis oscura que nos ofrece una descripción incontrovertible de aquello que está suscitando la expansión indetenible del capital. Sucede que esa promesa de “sociedad infragobernada” lejos de ampliar las experiencias de la libertad lo que termina por producir es una multiplicación patológica del estallido atómico y anómico de la sociedad llevándola a niveles de desolación y desasosiego nunca antes registrado. La rebelión de “los chalecos amarillos” en Francia puede ser leída como un intento casi desesperado por frenar la potencia destructiva de las políticas neoliberales, políticas que han golpeado, centralmente, el corazón de la Francia profunda, campesina y provinciana que ve como día a día sus vidas se precarizan mientras que los ricos se vuelven más ricos (la decisión de Macron de aumentar los combustibles y la energía, además de profundizar la caída del poder adquisitivo de los asalariados y de empobrecer a los pequeños productores y comerciantes, encontró su núcleo perverso en la eliminación de los impuestos a la riqueza que terminaron por soliviantar a miles y miles de francesas y franceses que comprendieron el núcleo perverso y sádico del neoliberalismo. Lo llamativo es que Macron fue víctima de su autoconvencimiento, la certeza de una sociedad domesticada en sus núcleos íntimos e incapaz, por lo tanto, de rebelarse ante la brutal provocación del capital. En este caso fue la gota que rebalsó el vaso del descontento y la injusticia, la evidencia de lo impropio que amenaza con hacer saltar en mil pedazos la lógica del ajuste que hoy domina a la Comunidad Europea). Una rebelión de los incontables, de los invisibles para la cuenta de las finanzas, de aquellos que, al moverse interrumpiendo la pasividad de una sociedad que parecía dejarse dominar y destruir, gritan sin encontrar, todavía, una representación política y hasta descreyendo de que eso fuese necesario. En esta época de retornos oscuros, de resonancias neofascistas, no deberíamos sorprendernos si es la extrema derecha la que logra sacar rédito de las protestas. Y esto puede llegar a ser así ya que las consecuencias desocializadoras del neoliberalismo, certeramente destacadas por Streeck y por Vogl, amenazan la posibilidad de darle una canalización progresiva, igualitarista y libertaria a la rebelión de esa Francia que se siente abandonada  y amenazada pero que encontró, en la rebelión, una identidad en construcción cuyo destino todavía no está escrito. Subjetividades dañadas y capturadas por el neoliberalismo que tienen que desaprender el bombardeo continuo de la industria de la cultura y de la información –brazos ejecutores de la subjetivación del establishment–, pero que tienen que hacerlo inventando nuevas palabras y nuevas gestualidades que no acaben siendo absorbidas por las gramáticas neofascistas que están allí, agazapadas, para aprovecharse del desconcierto y del vaciamiento social, cultural y político de las últimas décadas. Todo parece indicar que “los chalecos amarillos” comenzaron a desatar el nudo de la injusticia sin que las consecuencias de esa acción puedan ser anticipadas en sus últimos resultados. Dependerá, entre otras cosas, de que surja una lengua política capaz de sustraerse al abrazo de oso del resentimiento y que redescubra el valor del igualitarismo. Lo cierto, me atrevo a escribir, que nada será igual y que nuevos desafíos seguirán a la rebelión de los franceses. Pero, ahora, regreso a DeLillo y a su aguda comprensión de la sociedad global, digitalizada y financiarizada.     </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> <img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.80grados.net/wp-content/uploads/2017/03/web-ready_anna_parini_economy.jpeg" alt="Resultado de imagen para el capitalismo y la mÃ¡quina deseante" />                                      </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Siguiendo los movimientos erráticos y aparentemente irracionales –del mercado y de la economía mundial–, en <em>Cosmópolis</em> DeLillo “trae a la memoria las crisis financieras que se sucedieron a gran velocidad desde el siglo XX hasta el XXI: desde el colapso de Wall Street de 1987 y la crisis de Japón de 1990, la debacle de los mercados de bonos en 1994 y la crisis rusa de 1998, hasta lo que se dio en llamar la burbuja tecnológica o burbuja puntocom de 2000 y el desastre de 2007 y 2008 y los años posteriores, todos hechos que, de acuerdo con las probabilidades económicas, nunca deberían haber ocurrido o a lo sumo podrían ocurrir una vez cada varios miles de millones de años”<a style="color: #000000;" href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Esa profusión de inesperados cimbronazos, que se parecen a vientos huracanados que golpean con furia la supuesta solidez de los mercados globales, constituyen una extraña dialéctica, al decir de Vogl, a través de la cual el sistema se sigue reproduciendo exacerbando su potencial disgregador, pero también son la evidencia de la anarquía que hoy domina lo que supuestamente era una lógica económica que prometía la racionalidad como núcleo de su despliegue y que sin embargo dibuja los trazos de un final posible. Recurriendo nuevamente a una metáfora literaria, Vogl dirá que al igual que “el Fausto de Goethe, este <em>homo economicus </em>(actor central de la fase actual del anarco-capitalismo financiero) pasa a ser entonces un tipo que siente la carencia en la abundancia y que, en la falta, reconoce el condicionamiento de su deseo para manejar, finalmente, el arte de la insuficiencia: querrá, desde el anhelo infinito, bienes finitos y siempre escasos. Esa sería la máquina deseante del <em>homo economicus</em>, que, con sus preferencias egoístas, efectos involuntarios, conocimientos limitados y, finalmente, un deseo que no conoce límite, quiere lo que no puede y hace lo que no quiere” (resonancias de otra frase de Marx en la que el autor de <em>Das Kapital</em> decía que los seres humanos desatan fuerzas que no controlan y que “lo hacen pero no lo saben”). “Eso implica, en primer lugar, que ese <em>homo economicus</em> moderno no entra en escena como mero sujeto racional, sino como sujeto pasional que a lo sumo regula sus pasiones aplicando una mecánica de intereses. En segundo lugar, actúa como sujeto ciego, con un saber reducido. Gesta, precisamente desde su ceguera (sin voluntad ni conciencia), la armonía de la interacción social. Por eso su hoja de vida es particular, intramundana: adquiere sabiduría desde la falta de saber y avanza con una conciencia reducida y desde un horizonte estrecho”<a style="color: #000000;" href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Así como las sociedades de una remota antigüedad creían que las fuerzas de la naturaleza remitían a poderes anímicos y a potencias sobrenaturales, los hombres y mujeres de la actualidad se sienten pequeños e insignificantes ante las tormentas que los dioses del mercado desatan sobre sus frágiles cuerpos. Que el amigo lector haga las comparaciones que crea convenientes entre este análisis de un filósofo alemán que se inspira en un novelista estadounidense y la vertiginosa entrada de nuestro país, de la mano de Macri y de sus ceos amorales, en ese doble movimiento de apropiación por unos pocos de la riqueza generada por los muchos y la puesta en funcionamiento de una tómbola en la que esos muchos son los que pierden sin terminar de comprender quién ni cómo desató esa tormenta que los deja, una vez más, desamparados ante los dioses inescrutables del mercado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El <em>sujeto pasional</em> ha desplazado, dice Vogl, al <em>sujeto racional</em> transformándolo, como no podía ser de otro modo, en un <em>sujeto ciego</em>, carente de capacidad para comprender y analizar aquello que le ocurre en un mundo que se le ha convertido en un caos indescifrable. Invirtiendo los términos de la idea deleuzeana de “máquinas deseantes”, nuestro autor establece una relación entre el <em>homo economicus </em>que habita la época del capitalismo espectral y el dominio que sobre él ejercen los afectos y las pasiones. Entre ciego y carente de voluntad para indagar sobre las condiciones de sus dificultades, este <em>homo economicus</em> se pliega acríticamente a las determinaciones del mercado hasta el punto de renunciar a sus derechos mientras sigue creyendo que sus problemas son el resultado, no de la arbitrariedad del sistema, sino de su incapacidad para realizar sus potencialidades. El triunfo del neoliberalismo es invisibilizar este proceso de internalización subjetiva de la sujeción deseante, es decir, del mecanismo a través del cual el individuo acepta gozosamente sus limitaciones. En determinadas ocasiones, que no suelen ser frecuentes, se rompe este sortilegio, esta forma espectral de la ideología, y se suele desgarrar el velo de lo real. Cuando eso ocurre algo importante conmueve las estructuras del orden sin que haya garantías respecto a la orientación o al resultado de ese desgarramiento. A veces, que también son contadas, se abre el horizonte de la rebeldía creadora que reformula las condiciones del ser social; otras, que también habitan esos momentos, la frustración de lo desvelado, el límite del cambio, pueden conducir a la exacerbación del resentimiento y de nuevas formas de autoritarismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como enseña lo que advino inesperadamente en Francia nada está escrito de una vez y para siempre en la historia. La ilusión del capitalismo es terminar con el trabajo corrosivo del tiempo histórico, es eternizar su actualidad hasta vaciar de contenido memoria y futuro. Joseph Vogl nos mostró la potencia autodestructiva que se guarda en el interior del viaje enloquecido del capital; pudimos ver de qué manera se suceden las crisis y se acelera la descomposición al mismo tiempo que también volvimos a descubrir que nada está garantizado y mucho menos el camino hacia la emancipación. Que lo que hoy está en juego en el mundo de la vida es, nada más y nada menos, que la continuidad o no de formas de socialización que rescaten a los seres humanos de ser definitivamente atrapados en los engranajes de la digitalización y el binarismo aniquilando, en ese movimiento maquínico y algorítmico, la potencia rebelde que, cuando menos lo esperamos, rompe las cadenas de la alienación y el sometimiento (a veces, esa dominación, bajo la forma espantosa de la represión y otras, las actuales en el corazón del capitalismo neoliberal, apuntalando la expansión de la servidumbre voluntaria). El personaje de la novela de DeLillo viaja hacia la consumación de su libido autodestruyéndose como si fuera una metáfora de un sistema que acelera su camino hacia el precipicio. Viajamos, aunque no nos demos cuenta, en el Titanic.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias:</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Joseph Vogl, <em>El espectro del capital</em>, Buenos Aires, Cruce, 2015, pp. 193-194.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> John Womack, <em>Zapata y la revolución mexicana</em>, México, Siglo XXI, 1978, p. XI.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Joseph Vogl, Op. cit., pp. 14-15.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Wolfgang Streeck, <em>¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia</em>, Madrid, Traficante de Sueños, 2017, p. 55</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Joseph Vogl, Op. cit., p. 23</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Joseph Vogl, Op. cit., pp. 48-49</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de diciembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Filósofo, profesor y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba.</em></span></p>
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		<title>El discreto encanto de la pequeña burguesía progresista &#8211; Por Mariano Dubin</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Dec 2018 23:29:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Frente a derrotas ideológicas, políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones y su discurso político se ahoga en la supremacía moral.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-discreto-encanto-de-la-pequena-burguesia-progresista-mariano-dubin/">El discreto encanto de la pequeña burguesía progresista &#8211; Por Mariano Dubin</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Frente a derrotas ideológicas, políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones y su discurso político se ahoga en la supremacía moral.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Mariano Dubin*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las clases medias que hacen de su progresismo un bien cultural legitimado que luego traducen en mejorar sus posiciones objetivas (beca, cargo, cátedra, posición jerárquica, etc.) y reproducen, por tanto, su clase son las mismas que dicen: «los otros se aprovechan de los pobres».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El progresismo, sabemos, es el monopolio de la sensibilidad social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo camino a las subsecretarías del Estado, las becas, las mejores condiciones laborales, los privilegios sociales está asfaltado con buenas intenciones. Eso sí el trabajo material de ese camino lo hacen siempre los mismos negros de mierda. Porque la pregunta es clave para un programa popular: ¿cuántos negros y negras ocupan voces relevantes de los espacios públicos y políticos? De ese privilegio, bueno, mejor no hablar de ciertas cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Pero por qué esta recurrencia tópica de “perder los privilegios”? Los verdaderos privilegios, en realidad, no pueden perderse (“deconstruirse”, como dice la retórica de moda) porque básicamente son estructurales, es decir, no se pueden desarmar en una cifra de 280 caracteres. Lo estructural no es subjetivamente reversible; si lo es, no es estructural.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nadie podría deconstruir, por caso, la propiedad privada. No porque la propiedad privada no fuera un sentido históricamente construido (de hecho hace poco más de 100 años había poblaciones en el actual territorio argentino que la desconocía: como el pueblo Selknam que fue exterminado por los Braun Menéndez). Los Selknam que cazaban guanacos no encontraron en esas mansas ovejas traídas por la extensión de la frontera ganadera propiedad privada: ¿hoy qué sentido más originario se produce en cualquier intercambio cotidiano –hasta pidiendo prestado un encendedor para prender un pucho- que el de la propiedad privada?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque la propiedad privada no puede ser arrojada en la esquina a la primera alcantarilla de nuestras frustraciones personales sino que estamos enajenados a ella por las relaciones materiales de producción contemporáneas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La supremacía moral de las clases medias progresistas</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Existe un proceso de secularización de larga duración donde una clase que ya no puede legitimarse por orden divino troca su justificación de ser en una “razón cultural superior”. Los modos de legitimación actuales imposibilitan decir: el sistema nos permitió estar donde estamos y ustedes se pudrirán donde nacieron.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este proceso de secularización no elimina, por cierto, dos elementos centrales de la tradición occidental (al menos, en sus inflexiones oficiales): la idea de liberación postrera y la idea de que la acción social esconde una verdad que los sentidos ocultan.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quienes asumen la potestad de indicar cuál es esa liberación y cuál es esa estructura oculta del mundo son los mismos y hacen de ese supuesto saber una soberbia epistemológica que corresponde relativamente a su posición objetiva en la sociedad. En el siglo XIX el gran tópico fue la raza, en el siglo XX la clase y en este siglo XXI, aparentemente, el género. Sobre este tópico, claro, hay apropiaciones diversas y derivas muy particulares. Sólo nos referimos a sus modos legítimos, aquellos necesarios para la reproducción social, que exigen hablar de un otro popular indefinido, monstruoso, oscuro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este marco, el discurso fantasmal sobre la pobreza y los réditos civilizatorios de la cultura para constituirse como clase son perfectos para establecer una clase social media (que en términos identitarios no ha parado de crecer en la historia argentina: cada vez hay más personas que se perciben “clase media”): la pérdida de una identidad proletaria, obrera, trabajadora, popular (o cualquier otra identidad marcada por el trabajo y que unificara mayorías) no es algo local sino global y parte del triunfo postrero del capitalismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por si fuera necesario aclarar: no nos referimos a <em>las</em> izquierdas, <em>los</em> feminismos, <em>los</em> peronismos, <em>los</em> marxismos. El progresismo es una matriz ideológica que puede operar dentro de esos campos y otros porque lo que determina no es una retórica o una adscripción partidaria sino una perspectiva pequeño burguesa de supremacía moral. Hay izquierdas, feminismos, peronismos, marxismos que no aplican a esta definición.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nunca los discursos se construyen por su contenido o solamente por él. Por ejemplo, decir todos, todas o todes no significa –a priori- ningún cambio que no sea retórico. Esto se sabe: no es el dictum, lo dicho, lo que determina a una ideología sino, principalmente, su enunciación, sus relaciones de posibilidad, su estructura de poder, su acumulación social. Y si uno deja de lado el balbuceo de los discursos modernizadores (donde unos siempre se presentan más allá del determinante social y se asumen a sí mismo libres, autónomos, deconstruidos y a los otros siempre se los presenta como la resaca social, el caso total de la no agencia, la decadencia) hay una continuidad de siglos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Fuera de las neurosis de las clases medias progresistas, hay un sistema que en su irracionalidad extrema, en su destrucción inmediata, en su colonización de Marte y la Luna al compás de millones que beben agua de zanjas podridas como perros, hace que estalle la crisis (que además de ser material se vive en términos de zozobra, tristeza, odio, rabia, locura). Todo es posible. La destrucción del mundo, por ejemplo. En este contexto, hay tres elementos a señalar: 1) la agudización de la lucha interimperialista (principalmente, Estados Unidos y China pero en un mapa de aliados y enemigos más complejo); 2) el alza creciente de la lucha de clases en términos mundiales (sin síntesis programáticas); 3) la pérdida del “consenso democrático” entre las clases populares (que hoy está siendo vehiculizado, principalmente, por las derechas occidentales).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Momento urgente para articular una política nacional, popular, revolucionaria. No para dejarse zozobrar en esa radicalidad ideológica con nula extensión social a las que nos quieren condenar las clases medias progresistas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El imperialismo: un tigre de neurosis </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Estamos discutiendo política? ¿O estamos discutiendo performáticas del yo, laboratorios posibles de un lenguaje cada vez más barroco y dispositivos de autoafirmación de clase?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Frente a derrotas ideológicas y políticas de larga duración y procesos de fragmentación social crecientes, la pequeña burguesía progresista se ha tornado endogámica en sus obsesiones y frustraciones (y, a veces, intolerante en su incapacidad de entender la complejidad de las relaciones humanas y sociales). A su vez, los niveles relativamente bajos, en los últimos años, de la lucha de clases y ciertos niveles de vida que le producían un excedente de tiempo dedicado al ocio (al menos hasta el año 2016) le han facilitado vivir, provisoriamente, en sus precarios paraísos artificiales; en un desmadre social generalizado, esos paraísos se hubieran destruido en mil pedazos de manera inmediata porque sus propias condiciones de existencia desaparecerían. No es el caso. Tal vez, pronto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una disociación general en estas clases medias progresistas entre su discurso de radicalidad ideológica total y su nula extensión social. Hay un contexto de producción discursiva evidente e inmediato: la fragmentación social. Es lógico, en este marco, que las clases o las subclases -cada vez más pronunciadas en sus sociabilidades intramuros- se comporten ajenas a un patrón cultural general, y más dependientes de sus propios patrones, sistemas de legitimidad, prácticas, lecturas, valores y creencias, etc. Al mismo tiempo como cada subclase tiene a su interior cantidad importante de actores y, asimismo, circuitos y jergas y guiños de autolegitimación constante, pueden vivir en la ilusión de ser una mayoría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las clases medias progresistas no poseen como objetivo de representación a las clases populares. Son centro y fin de todas sus proyecciones ideológicas. Se autoperciben como “territorios libres” en una lucha imaginaria donde el imperialismo ha desaparecido como enemigo y se ha convertido en figuras cada vez más fantasmales, imprecisas, neuróticas. El imperialismo hacia el interior de este sector opera básicamente como enajenación completa. El enemigo ya no es el imperialismo sino las leyes culturales opresivas que nos conformaron como sujeto: la autoincriminación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El capital, hoy, produce atomización radical. Toda ideología que apele al fraccionamiento, en términos objetivos, no hace ningún movimiento disruptivo. Sólo reproduce la lógica del capital. De hecho, mientras el capital se sigue reproduciendo y concentrando y saqueando al mundo, y la guerra interimperialista agudiza todas las contradicciones, y en la Argentina el hambre crece día a día, las clases medias progresistas hacen de su indignación moral un capital cultural que no deja de ser altamente rentable y enmarcado en los modos de producción material contemporáneos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El imperialismo es un tigre de neurosis que hace ver enemigos en todos lados y en ningún lado.  En este fantasmal escenario, las clases medias progresistas poseen el monopolio de la sensibilidad social. Y su discurso político se ahoga en la supremacía moral. Son el enemigo ideal (grotesco e inofensivo) de las nuevas derechas.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Berisso, 18 de diciembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>* Docente, escritor y poeta. Universidad Nacional de La Plata.</em></span></p>
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		<title>Hacia una nueva arquitectura jurídica &#8211; Por Carlos Raimundi</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Dec 2018 19:59:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Raimundi]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Declaración de los Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos del Hombre]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se cumplieron 70 años de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Argentina, en América Latina y en el mundo, atravesamos una etapa de injusticia y exclusión que pareciera dar por tierra con aquel propósito. Es imperioso, afirma Carlos Raimundi en esta nota, reparar los daños que ocasiona el neoliberalismo y recuperar una visión humanista y solidaria del mundo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/hacia-una-nueva-arquitectura-juridica-por-carlos-raimundi/">Hacia una nueva arquitectura jurídica &#8211; Por Carlos Raimundi</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Se cumplieron 70 años de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Argentina, en América Latina y en el mundo, atravesamos una etapa de injusticia y exclusión que pareciera dar por tierra con aquel propósito. Es imperioso, afirma Carlos Raimundi en esta nota, reparar los daños que ocasiona el neoliberalismo y recuperar una visión humanista y solidaria del mundo.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Carlos Raimundi*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><strong><span style="color: #000000;">Presentación</span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El 10 de diciembre se cumplieron 70 años de la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, surgida de la flamante Organización de las Naciones Unidas para superar definitivamente las calamidades de la guerra que acababa de concluir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            A su vez, en la Argentina, en América Latina y en el mundo, atravesamos una etapa de injusticia y exclusión que pareciera dar por tierra con aquel propósito. Lo cual nos pone en la imperiosa necesidad de reparar los daños que ocasiona el neoliberalismo impuesto por el capital financiero globalizado, y recuperar una visión humanista y solidaria del mundo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Por momentos parecería que estas políticas de sometimiento se apoyan sobre un laberinto jurídico que impide a los Pueblos una salida. Que, debido al enorme poder que las sostiene, resulta imposible liberarnos de esas barreras legales. Que no es viable edificar una nueva arquitectura normativa conforme a nuestros valores y principios igualitarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Pero no es así. La propia Declaración Universal de los Derechos Humanos establece con toda claridad la vigencia de los derechos de quienes padecen la pobreza, el hambre, la injusticia y el olvido, y que han sido quebrantados. Es decir, <em>son los grandes conglomerados y su desenfreno para maximizar su ganancia financiera quienes han violado el derecho internacional y sometido a las grandes mayorías. </em>Infringen todo principio de Justicia, Igualdad, Preservación del Medioambiente, Derecho al Trabajo, al Confort y a la Felicidad, al Buen Vivir en definitiva, que deberían ser condiciones elementales para la vida de todo Ser Humano. Para nosotros, la Política como valor, consiste precisamente en garantizar esos derechos, su ejercicio efectivo. Consiste en devolver la propiedad de los mismos a quien verdaderamente corresponde, la persona humana. Y a los Pueblos que están conformados por el conjunto de personas humanas.</span></p>
<ol style="text-align: justify;" start="2">
<li><strong><span style="color: #000000;">El derecho internacional</span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El artículo 1° de la Declaración Universal consagra los principios de Libertad, Igualdad y Dignidad de todas las personas, los que se completan a lo largo de toda su extensión con el derecho de acceder a tribunales imparciales (art. 10), a la presunción de inocencia (art. 11) y a elegir libremente el Estado que será su residencia (art. 13), contraviniendo toda limitación a ejercer el derecho a emigrar. Además, a que se garantice un trabajo digno (art. 23) y un nivel de vida adecuado, expresado en un apropiado nivel de salud, educación gratuita, alimentación, vestido, vivienda y servicios sociales (art. 25).  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Los art. 17 y 18 de la Carta establecen los derechos de propiedad individual y colectiva, y el compromiso de que nadie debe ser privado de los mismos, lo cual no debe restringirse a los bienes tangibles, <em>sino extenderse a la apropiación de los bienes sociales</em> como los mencionados, a los cuales podríamos agregar el esparcimiento o el acceso a los servicios públicos esenciales. En la medida que los intereses del mercado impidan el goce de los mismos, convertirá a este en una forma de totalitarismo, estará violando el derecho, y otorgando legitimidad a los Pueblos a implementar las vías que considere más propicias para su recuperación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre aprobada en Bogotá, 1948, reafirma esta doctrina, en coincidencia con los restantes Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales, Culturales, Civiles y Políticos, todos ellos ratificados, además, por el orden constitucional argentino, que les confiere una jerarquía superior a la de cualquier ley interna que los contradiga (art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            <em>La evolución del sistema de poder a nivel mundial ha determinado que la violación de estos derechos no proviene tanto de los abusos provenientes del Estado, sino de la concentración del capital financiero trasnacional.</em> Esto, no sólo impide a los Pueblos el goce de sus legítimos derechos, sino que inclusive somete a los Estados más débiles a través de la imposición de medidas restrictivas que derivan muchas veces de acuerdos internacionales de menor jerarquía ética y jurídica que los mencionados. Sin embargo, el art. 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y su Protocolo Facultativo señala que un Estado está facultado para suspender sus obligaciones cuando esté en peligro la vida de la Nación, como ocurriría en caso de un endeudamiento excesivo que ponga en riesgo los derechos fundamentales de su población. <em>Así como el interés de un monopolio u oligopolio privado que preste servicios esenciales de ningún modo puede prevalecer sobre el derecho humano y social de una familia o un establecimiento fabril a acceder a los mismos, ningún acreedor puede colocar sus intereses financieros por sobre el interés supremo de un Pueblo a su preservación.   </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://pbs.twimg.com/media/DuDqaTnW0AE6m7a.jpg" alt="Resultado de imagen para 70 aÃ±os de la declaraciÃ³n universal de los derechos humanos argentina" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="3">
<li><strong><span style="color: #000000;">El derecho interno</span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            En el derecho interno, es el Preámbulo de la Constitución Nacional el que ilumina desde el vértice de la pirámide jurídica a través de los grandes principios contenidos en él, a saber:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Constituir la Unión Nacional. </em>Este principio ha sido reiteradamente trastocado por políticas que conllevaron y conllevan a una sociedad cada vez más fragmentada, no sólo desde el punto de vista de los ingresos materiales. El propósito de la fragmentación social se revela en la omnipresente intención de parte del poder real, de enemistar al Pueblo con la Política y con el Estado, como asimismo distanciar la consideración de los sectores medios hacia los sectores populares.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            “La política es corrupta” y “el Estado es ineficiente y anacrónico” son mensajes emitidos con absoluta persistencia desde todos los vectores de la comunicación en manos de los poderes establecidos, ya se trate de las noticias, la ficción o el humor, entre todos los demás campos de la comunicación y la cultura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            El otro mensaje pertinaz es aquel que da cuenta de logros como el trabajo y la vivienda por parte de sectores medios, como resultado del puro mérito individual, mientras que si los sectores más humildes no han podido acceder a ellos es por su falta de esfuerzo, y no debido a los límites estructurales que impone el modelo político y económico, intrínsecamente injusto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Es posible que en algunos países centrales políticamente estables y socialmente cohesionados, los cambios de gobierno impliquen sólo una diferencia de matices en cuanto a las políticas centrales. En cambio, en países como el nuestro, que no han resuelto aún el dilema entre un proyecto de país soberano y un proyecto de colonia, cada cambio de gobierno suele expresar una suerte de cambio de régimen político. No hay margen para consensos fundamentales entre un jubilado y la administradora privada que arriesga sus haberes en la tómbola financiera, entre una familia rural y un pool de siembra preocupado por la cotización de la cosecha en un mercado asiático de futuro, ni entre una familia humilde y un monopolio que la priva de acceder a los servicios públicos esenciales. Esa “grieta” en torno de cuestiones fundamentales como la noción de Justicia, Libertad o Igualdad, es, por lo tanto, consecuencia de fórmulas neoliberales que han dividido deliberadamente a nuestras sociedades. Y esto es una clara violación del concepto de Unión Nacional postulado por el Preámbulo de nuestra Constitución.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            El día que el Pueblo esté sólidamente asociado a la Política y al Estado, y los sectores medios y populares formen una abigarrada masa crítica en torno de sus demandas comunes, se habrá conformado entre ellos la gran coalición social y política capaz de detener la agresión de los proyectos oligárquicos, y se habrá configurado la necesaria “Unión Nacional” que proclama nuestra Constitución.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            <em>Afianzar la Justicia. </em>¿Existe la Justicia en un país que tolera la prisión de personas sin condena firme o por razón de su pensamiento político?  ¿Existe la Justicia cuando están detenidos quienes han cometido delitos leves como robar por hambre, mientras los funcionarios que causaron esa situación de inequidad colectiva y estructural no sólo están libres, sino que colocan sus fortunas colosales en guaridas fiscales del exterior? ¿Existe la Justicia en un país donde los jueces consienten el corte de un servicio esencial como la luz y el gas a una familia pobre por no pagar tarifas confiscatorias, mientras los balances de los monopolios prestadores arrojan ganancias siderales? En definitiva, es el modelo neoliberal el que vulnera el principio de Justicia contenido en el Preámbulo de la Constitución Nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Consolidar la Paz Interior. </em>En la medida en que la política estatal más se desentiende de la acción de los mercados, más deberá reforzar su faceta represiva para contener la demanda social. En cambio, si la política estatal disciplina a los mercados en pos de una mayor distribución del ingreso y la propiedad, menos deberá recurrir a sus atributos de coerción, consolidando, de ese modo, la Paz Interior. Esta es violentada, pues, por el modelo neoliberal, que actúa una vez más contrario a derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            <em>Proveer a la Defensa Común. </em>La defensa de la autonomía de un país va de la mano del desarrollo de la educación, la ciencia y la tecnología. Los recortes presupuestarios que cercenan esos derechos a una porción cada vez mayor de la población van en sentido contrario del principio de la Defensa Común, aun si se lo pretendiese limitar al terreno de la defensa militar. Nuevamente es el neoliberalismo, y no los proyectos nacionales y populares, los que no proceden conforme a derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            <em>Promover el Bienestar General. </em>¿Cómo asociar el Bienestar General con los despidos, recortes a la inversión estatal en bienes sociales, cierres de fábricas y talleres? El proyecto neoliberal (que es a su vez neo-colonial y neo-fascista) encubre debajo de sus frases más grandilocuentes como “volver al mundo”, “obtener una lluvia de inversiones” o “favorecer un clima de negocios”, su verdadero objetivo que es bajar el salario, mediante la amenaza extorsiva de que de otro modo se perderá el empleo. El cierre de fuentes de trabajo y los bajos salarios no sólo gravitan en la economía de una familia, sino que la retrotraen a encrucijadas primitivas como mitigar el hambre y preservar el lugar en la fábrica. De este modo, abocada a la resolución de esas necesidades básicas, la familia se aparta de considerar otros temas fundamentales para el bienestar de un país como la propiedad soberana de sus tierras y sus recursos naturales estratégicos, que se tornan abstractos en comparación con aquellas necesidades acuciantes, las cuales, durante los gobiernos populares se dan por superadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            <em>Asegurar los beneficios de la Libertad. </em>¿Cómo asegurar libertades enunciadas en nuestro cuerpo normativo como la de entrar y salir del país o la de acceder a la Universidad pública de manera irrestricta, al niño que mendiga bajo el semáforo de la una esquina?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Somos herederos de los principios políticos de la revolución francesa, Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pero los dos últimos tienen alcance sólo retórico respecto del primero, que se torna sustantivo por estar asociado a los principios económicos del Laissez faire-laissez passer (libertad de industria, libertad de comercio). Para aquella burguesía en ascenso, el papel del Estado y su relación con el valor Libertad tenía que ver con la defensa de la libertad económica y la propiedad privada individual, mucho más que con garantizar la dignidad de la persona y la propiedad de los derechos sociales. En nombre de aquella concepción de la Libertad, el capitalismo sobreviniente cometió los más terribles abusos. <em>Para nosotros, en cambio, cuando la libertad oprime, el Estado libera. El derecho es la forma jurídica de un proyecto político. Para liberar a los pueblos concebimos al derecho y al Estado.  </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>            Para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, </em>lo cual desmiente por sí mismo toda posibilidad de poner límites a la presencia de hermanas y hermanos latinoamericanos en nuestro territorio. No son ellas ni ellos, sino la pésima administración política y económica del neoliberalismo-neocolonialismo-neofascismo, el responsable de la falta de trabajo y la pobreza de estos momentos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>            </em>Por último, mientras la disposición transitoria primera de nuestra Constitución Nacional ratifica nuestra <em>soberanía imprescriptible e irrenunciable sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes</em>, la administración neoliberal de Mauricio Macri ha claudicado invariablemente respecto de dicho postulado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://mentesalternas.com/wp-content/uploads/Presencia-de-America-Latina-Gozalez-Camarena.jpg" alt="Resultado de imagen para Boaventura de Sousa Santos hace, junto a JosÃ© MariÃ¡tegui, Enrique Dussel, Walter Mignolo, AnÃ­bal Quijano" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<ol style="text-align: justify;" start="4">
<li><strong><span style="color: #000000;">Descolonizar el saber. Disputar y reconquistar el sentido común</span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            La pregunta que surge, luego de analizar los grandes lineamientos del sistema jurídico tanto internacional como interno, es por qué partiendo de dichos principios hemos llegado a estos resultados. Y por qué creemos que tanto el derecho internacional como el derecho interno pueden llegar a ser un límite para nuestras aspiraciones de desendeudamiento, desmonopolización, intervención del Estado sobre el sector financiero, las corporaciones que manejan la tecnología agropecuaria, el comercio exterior, la circulación de divisas o las empresas que prestan servicios esenciales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Por el contrario, <em>es el totalitarismo del capital financiero globalizado el que ha transitado por la ilicitud y la apropiación indebida de derechos (y por qué no el delito), el que ha procedido de manera contraria al derecho, lo ha violentado y ha tergiversado el significado del derecho, cuya naturaleza es ser un instrumento de la Justicia y la Igualdad en su sentido más profundo, y no de los privilegios de una élite. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            ¿Cómo es posible que a partir de principios generales creados para amparar la Justicia, la Igualdad y el Bienestar General se haya llegado a resultados tan antagónicos, en términos de injusticia, desigualdad, desamparo, malestar? ¿Cómo puede ser que el poder haya construido normas jurídicas, éticas y lógicas para resguardar valores y situaciones antitéticas respecto de lo que los principios del derecho proclaman?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Boaventura de Souza Santos hace, junto a José Mariátegui, Enrique Dussel, Walter Mignolo, Aníbal Quijano y otrxs autorxs, un aporte más que importante a la descolonización de la cultura, el lenguaje, el saber y las estructuras de poder, a partir de lo que considera una nueva epistemología, la “Epistemología del Sur”, una mirada desde las luchas, no desde el poder.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            En ese sentido, proponemos la elaboración de un nuevo paradigma jurídico. La presente judicatura aparentemente republicana se asienta en realidad sobre principios monárquicos, como el ser impartida desde “el palacio”, ser vitalicia, hereditaria, y estar eximida de pagar impuestos. Cuando el impartir justicia, tal como sucede con la economía, pasa a ser un saber de expertos, elaborado en un laboratorio y expresado en un lenguaje críptico, se aparta de toda connotación social, de toda aspiración a resguardar la paz y los derechos de las mayorías, para convertirse en un reducto de las élites del poder económico y tecno-burocrático, con la única finalidad de ayudarlas a mantener sus privilegios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            La consigna es, pues, democratizar la Justicia. Recuperar al Derecho como herramienta de la Democracia, no de la explotación. En este proceso de giro des-colonial, es necesario poner en disputa el sentido común configurado por los poderes fácticos en todos los terrenos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            En el plano internacional, digamos que los principales rasgos que definen al terrorismo son la muerte de inocentes, el tráfico de armas, la ruptura de las democracias. ¿Cuál es el país que ostenta en su haber el mayor número de víctimas inocentes, que más armas comercia y utiliza y que más democracias ha destruido? ¿Cuál es, en suma, el Estado que despliega más prácticas propias del terrorismo, aunque en la retórica pregone su intención de combatirlo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el terreno de las grandes cadenas de medios hegemónicos, digamos que la información, la comunicación, la cultura y el entretenimiento son derechos públicos. Y el espacio por donde transitan dichos contenidos, sea éste físico o virtual, analógico o digital, por cable, fibra óptica, satélite o como fuere, es un espacio público. ¿Cómo puede ser, entonces, que la renta generada por el ejercicio de un derecho público que se transmite a través de un espacio público sea capturada por los monopolios mediáticos en lugar de ser socialmente distribuida?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            En el terreno de los recursos estratégicos, que son de pertenencia pública, ¿cómo puede ser que su renta sea aprehendida por las multinacionales de la tecnología del petróleo, los cultivos, los alimentos o los medicamentos, en lugar de ser distribuida socialmente?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>            </em>En el terreno financiero, ¿de quién son los recursos de los bancos, sino de sus aportantes, es decir, del Pueblo? ¿Por qué, entonces, están los Pueblos tan pobres y los banqueros tan ricos, si la tarea de estos últimos es simplemente administrar recursos que no les son propios?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            Si una política de salud es administrada por un laboratorio privado en lugar del Estado, este necesitará convertir la enfermedad en crónica, para que sus negocios se sostengan indefinidamente en el tiempo. Si el petróleo es administrado por una corporación en lugar del Estado, la necesidad de maximizar y reproducir la ganancia la obligará a girar sus utilidades hacia nuevos mercados en lugar de reinvertirlas en favor del país que acredite la propiedad social del recurso. ¿Cómo se explica la existencia de Estados fuertemente dotados de recursos naturales, cuyos pueblos viven no obstante sumidos en la pobreza y el subdesarrollo?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">            La respuesta a estos interrogantes la encontramos en la necesidad de desestructurar el pensamiento colonial en el que fuimos formados. En nuestras escuelas debemos “desaprender” los preconceptos y estereotipos diseñados con inteligencia por el poder monopólico del capital financiero trasnacional para preservar su posición dominante. Al cabo de ese proceso, a nadie le quedaría la duda de que el Derecho y los sistemas jurídicos no pueden ser un instrumento de las prerrogativas de una minoría de poder, sino una herramienta de la Democracia profunda, aquella que se asienta en el poder popular. </span></p>
<ol style="text-align: justify;" start="5">
<li><strong><span style="color: #000000;">Conclusión</span></strong></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El desamparo de un ser humano –más aun de millones de ciudadanas y ciudadanos- jamás podría ser tolerado por quienes profesamos la política desde una concepción humanista. Pagar el precio del desamparo a raíz de razones o explicaciones económicas implica para nosotros un trastocamiento de valores tan fundamental, que nos aleja irremediable e innegociablemente de quienes lo hacen. Somos portadores de otro modelo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La maquinaria de subjetividad colonial interviene sobre los elementos de la relación comunicativa, disolviendo la identidad y la historia de una manera totalmente postmoderna. Intenta crear un sujeto fragmentado. Al asociar capitalismo con libertad o democracia, bajo un supuesto pluralismo adoctrina en el pensamiento único. Al presentarse como un servicio que basa su prestigio en la credibilidad del mensaje, los medios aprovechan para jerarquizar lo novedoso frente a lo importante, lo espectacular frente a lo sustantivo. Así, intentan incapacitar a la sociedad para ser consciente de las consecuencias del modelo de dominación y buscan instalar que su esfuerzo y toda construcción política será inútil para cambiar las cosas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El dinero virtual se mueve a la velocidad de nanosegundos. Un poder galopante llegó para destruir todos los lazos y priorizar el deseo de lo efímero, anclar la subjetividad sólo en la inmediatez. Se desplaza toda posibilidad de construir lazos colectivos, ni a partir de la historia común, ni de la esperanza. Se intenta construir una apariencia de libertad centrada en la posibilidad de elegir los objetos de consumo, cuando en realidad, paradójicamente, estamos en presencia de la influencia ideológica y el control más desmedido que conozcamos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El desafío es, en definitiva, delinear nuevos paradigmas de felicidad. Pier Paolo Pasolini pensaba el conflicto político –esto es, la búsqueda de la libertad- como una disputa entre diferentes ideas de felicidad. Veía como imposible el proponer otras finalidades dentro del actual marco de acumulación, para concluir en que “son necesarios otros vestires y otros andares, otra seriedad y otras sonrisas, otros comportamientos”. La disputa política expresa un desacuerdo ético entre diferentes ideas de la vida, (de la “buena vida” según Pasolini, del “buen vivir” de los pueblos originarios), ideas que se inscriben en los gestos y en los dispositivos más cotidianos.<a style="color: #000000;" href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a> Ideas distintas de las de la eficiencia y el productivismo en las que se cimenta el capitalismo. Sólo un nuevo imaginario, una nueva subjetividad, una nueva organización del deseo tendrán la fuerza para quebrar y superar la insatisfacción vigente, según la cual la riqueza se asocia con el vivir para trabajar, en lugar de trabajar para gozar de la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la Argentina aún está en disputa la disyuntiva entre Patria o colonia. Hasta tanto no esté resuelta en favor de la Patria, el derecho está en disputa, el lenguaje está en disputa, la formación del sentido está en disputa. Cómo se interprete una misma palabra, un principio o una norma jurídica, dependerá de quién los designe</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este marco, de lo que se trata es de construir un nuevo paradigma jurídico, un nuevo modo de interpretación del derecho, de los intereses a tutelar por él, que vaya en la dirección enunciada. El derecho es el esquema normativo de una serie de objetivos políticos; es la forma jurídica de un proyecto político. Una vez definido ese proyecto, sus prioridades, sus finalidades, y a partir de los principios generales enunciados, se diseña la estructura jurídica que dará legalidad formal a esos contenidos. El derecho colabora con la política, no a la inversa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De ese modo se procedió cuando se lideró la doctrina de los crímenes de lesa humanidad, cuando se restructuró la deuda privada, cuando se rechazó el proyecto del ALCA, cuando se recuperaron los fondos previsionales del ANSES, cuando se recuperó AySA, Aerolíneas Argentinas e YPF, cuando se puso límites a la propiedad de tierras en manos extranjeras o cuando se rechazó el fallo del juez Griesa y se propuso una doctrina internacional para limitar las consecuencias sociales del endeudamiento de Estados soberanos que se plasmó en 9 principios aprobados por las Naciones Unidas.   </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La política es mucho más que “el arte de lo posible”. Es cierto que debe partirse de un principio de realidad, de premisas verdaderas y no idílicas. Pero si la política sólo actuara dentro de los límites que le impone “lo posible”, perdería toda su esencia transformadora, que es el fuego sagrado que la sostiene.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La voluntad, la decisión, el coraje, son rasgos esenciales de la política. Combinando base social, liderazgo, unidad de concepción, programa y organización, la política debe proponerse “generar acontecimiento”, esto es, crear las condiciones que hagan posibles los objetivos políticos propuestos. Sin perder de vista aquello de lo que el capital trasnacional carece: ética y dimensión humana.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref1" name="_edn1">[I] </a>Pier Paolo Pasolini, <em>Cartas Luteranas y Escritos corsarios.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de diciembre de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Abogado, docente universitario. Unidad Ciudadana</em></span></p>
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		<title>Capitalismo y revolución &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 May 2019 16:58:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[emancipación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El término Revolución implica un punto exterior desde donde se transformará desde la raíz el orden dominante. En el capitalismo contemporáneo ese punto exterior no tiene lugar. La hipótesis de la Emancipación se ha vuelto una apuesta que ya no se resuelve sólo con una organización política sino con una serie de posiciones en las que el propio sujeto debe estar implicado.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/capitalismo-y-revolucion-por-jorge-aleman/">Capitalismo y revolución &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El término Revolución implica un punto exterior desde donde se transformará desde la raíz el orden dominante. En el capitalismo contemporáneo ese punto exterior no tiene lugar. La hipótesis de la Emancipación se ha vuelto una apuesta que ya no se resuelve sólo con una organización política sino con una serie de posiciones en las que el propio sujeto debe estar implicado.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)                                                                       </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El término Revolución implica un punto exterior desde donde se transformará desde la raíz el orden dominante. Esto exige un comienzo absoluto, una ruptura radical con lo anterior y una definición exacta del mundo posterior que va advenir. La última vez que esto tuvo lugar en occidente implicó la violencia armada. La misma no funcionó de modo eficaz, especialmente después de las revoluciones socialistas históricas los grupos de la «lucha armada», por heroicos que fuesen en sus primeras tentativas, fracasaban, y no sólo por la asimetría con respecto a aquello que se enfrentaban, sino que las armas no cumplían meramente una función instrumental. No eran un útil, los militantes en muchos casos se volvían sujetos de las armas y no al revés. Esto derivaba inevitablemente en una lógica sacrificial. Por lo menos en la perspectiva occidental ya que al yihadismo no le impone barrera alguna el asunto del sacrificio.                                         </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el capitalismo contemporáneo, por distintas razones estructurales en su peculiar composición, ese punto exterior no tiene lugar. Se trata de volverse hacia una nueva problemática, como salir de aquello que en principio carece de exterior. Es precisamente lo que Heidegger designó con el nombre de Metafísica. ¿Qué rendijas o resquicios desde el interior mismo del capitalismo pueden alentar a la hipótesis de la Emancipación? Esto ya no se resuelve sólo con una organización política sino con una serie de posiciones en las que el propio sujeto debe estar implicado. A saber: Las elecciones coyunturales políticas con las que se milita jamás coincidirán con una teoría donde exista una concurrencia plena entre ambos lugares. El sujeto embarcado en una apuesta política no puede decepcionarse ni deprimirse ni pensar en términos de utilidad. La fidelidad a una causa nunca entrega una satisfacción plena. En definitiva, la hipótesis de la Emancipación se ha vuelto una experiencia con la condición irrealizable del deseo y no con la ensoñación narcisista de los ideales del yo.                         </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El nuevo militante no tiene la coherencia como refugio ni la apelación a ecuaciones teóricas que sólo circulan en un medio con el fin de constituir una identidad para los otros. Su único suelo es la insistencia en una justicia poética que sólo emerge en instantes que no se explican de inmediato.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace años que mis elecciones políticas no se reflejan de modo directo en mis desarrollos teóricos. Esta tensión, esta división irreductible, no sólo no me parece un déficit. Es la señal más clara que la inmersión en las encrucijadas de nuestra época no da lugar a un trascendentalismo estéril. Tal como lo dijo el pensador, lo importante llega de modo imprevisible pero lo imprevisible tarda mucho en prepararse. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 4 de mayo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».</em></span></p>
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		<title>El rumbo / Una pasión argentina &#8211; Por Gabriel Fernández</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Aug 2019 13:58:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[geopolítica]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[populismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Gabriel Fernández analiza en esta nota el rol de los medios dominantes de comunicación cuya línea editorial sostiene que todo aquél sector, partido o gobierno que promueva políticas de bienes de producción y consumo, debe ser hostigado y desprestigiado con acusaciones de populismo y deshonestidad. Fernández sostiene que así se mueven todos los espacios comunicacionales contra quienes amenazan la renta en cualquier variante.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Gabriel Fernández analiza en esta nota el rol de los medios dominantes de comunicación cuya línea editorial sostiene que todo aquél sector, partido o gobierno que promueva políticas de bienes de producción y consumo, debe ser hostigado y desprestigiado con acusaciones de populismo y deshonestidad. Fernández sostiene que así se mueven todos los espacios comunicacionales contra quienes amenazan la renta en cualquier variante.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Gabriel Fernández *</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando el interés geoeconómico coincide con la orientación política de un Estado, el país beneficiado, crece. Hay muchos ejemplos al respecto. Aunque el clásico es la acción industrial roosveltiana en los Estados Unidos, hay otros –significativos-: la Argentina en los dos tramos peronistas, la Rusia con Vladimir Putin, la China reacondicionada, el Irán desde la Revolución, la Bolivia de Evo. Sólo por hacer mención a un puñado de ejemplos recientes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como contracara, si las franjas que absorben la riqueza social para trasladarla a las finanzas, la renta y la fuga predominan políticamente, el país afectado se hunde. Los casos resultan numerosos, van desde la Francia de Macron hasta la Argentina de Macri, pasando por los Estados Unidos de Reagan en adelante, la España progresista, una gran parte de África hasta el arribo chino para barajar y dar de nuevo, la Colombia narco financiera, el Chile apéndice británico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Papa canaliza la voz de la Multipolaridad. Esto es, una mirada tercerista afincada en su origen pero también en la función que le otorgó El Vaticano: situar a la Iglesia en los nuevos tiempos. Estos eclosionarán en 2025, cuando se crucen los vectores. Mientras Eurasia igualará en ascenso los indicadores económicos básicos de Europa y los Estados Unidos, los de la dupla recién indicada persistirán en baja. El mundo no será igual, porque el mundo ya no es igual. Lo ha explicado con nitidez el teórico Henry CK Liu y una buena mirada a fondo sobre los datos concretos, permiten reafirmarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La confusión al respecto radica en la narración abrumadora de los medios de comunicación concentrados en el orden mundial y la estupidez tradicionalista de los espacios universitarios sociológicos y económicos. De otro modo, la simple comparación de los PBI protagónicos y de sus segmentos industriales contribuiría a esclarecer quién se despliega y quién claudica en el presente planetario. La vida no es sencilla, claro, pero algunas claves no son tan misteriosas e inaccesibles como parece.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La victoria del Consenso de Washington en los años 80 que derivó en un gobierno mundial orientado por el tándem Reagan –Thatcher, expandió el dominio del capital financiero urbi et orbe. Sus hacedores usufructuaron en profundidad la hegemonía y entre muchas otras cosas se adueñaron de las acciones esenciales de los grandes medios de comunicación. Las agencias, la <em>CNN, The New York Times, The Washington Post, El País, La Nación, Clarín,</em> por solo mencionar los conocidos por estas playas, quedaron en manos de los bancos de bancos, las empresas de armamentos y las dedicadas a la producción y comercialización de drogas, donde cabe incluir a los laboratorios más importantes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque el Efecto Tequila primero, y el sinceramiento de Lehman Brothers más de una década después quebraron la orientación y anunciaron el retorno vivificado del capitalismo productivo, esos medios quedaron bajo el mismo control. El emerger de las redes sociales les complicó el panorama ante la democratización del mundo emisor y la lucha actual que desarrollan se asienta en la búsqueda del establecimiento de la censura en internet. Pero lo cierto es que la mirada que se difunde a diario es la siguiente, a modo de línea editorial harto forzada: todo aquél sector, partido o gobierno que promueva la producción de bienes de producción y consumo (trabajo), debe ser hostigado y desprestigiado con acusaciones de populismo y deshonestidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Así se mueven todos los espacios comunicacionales contra quienes amenazan la renta en cualquier variante. Lo cual suscita situaciones extrañas y absurdas que hacen dudar de la estabilidad psicológica de los receptores persistentes: pues en la andanada propagandística  antiproductiva se llega a proclamar que un gobierno despliega ciencia y técnica para elaborar satélites con el objetivo de “hacer caja”, que otro escogido en 14 oportunidades por el voto legal y masivo de su población es una “dictadura”, que quienes elevan el nivel de consumo para dinamizar el mercado lo hacen por “demagogia” o que la ampliación de servicios educativos y sanitarios para la población implica un “gasto innecesario”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La dualidad contrastante entre realidad y narración va llegando a un límite. Esto nos ha permitido inferir que se avecina una nueva etapa en la comunicación. Pero eso, casi, no importa: se avecina una nueva etapa para la humanidad. Si las fuerzas coaligadas en el Consenso de Washington se relanzan y vuelven a gobernar el orbe, sobran unas cinco mil millones de personas; una más, una menos. Si la Multipolaridad se abre paso, las nuevas tecnologías pueden contribuir a elaborar un planeta contenedor, con perspectivas favorables para el despliegue humano que aún ni alcanzamos a percibir. En todo esto hay una paradoja de interés.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trata del rol que la historia humana le ha deparado a nuestra patria. En este Sur hasta hoy gobernado por lo peor de las vertientes rentísticas y antiproductivas, ha surgido la filosofía práctica que anunció el futuro. En 1953 Juan Domingo Perón presentó su propuesta de unidad Argentina – Brasil – Chile; en 1974, su Mensaje Ecuménico. En la Década Ganada los herederos de esta tradición política impulsaron el Unasur y sentaron base exitosa en el combate contra los Fondos Buitre –el ala combativa de los bancos- en Naciones Unidas. Por lo visto, la contradicción está por resolverse. Pero estos cuatro años han sido de un retraso apreciable dado que el resto de los actores siguió avanzando en materia de inversión y desarrollo científico técnico. Ahora, el pionero arranca de atrás; como Haití tras haber plantado bandera en el tramo de las revoluciones americanas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las cartas están echadas y aquél cruce de vectores indicado no será obturado por un puñado de medidas económicas. Si los medios condenan esta visión por los intereses antedichos, la estrechez de miras del circuito académico la objeta porque su dirección, su contundencia y su claridad son evaluadas como “simples”. Todos sabemos que quien tiene dificultades explicativas arranca advirtiendo que el asunto es “muy complejo”. Sin embargo, esto que decimos, es cierto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El mundo no marcha hacia el Medioevo ni hacia el Socialismo. Es curioso (y aunque moleste, grato para este redactor), pero se enfila con energía hacia el Capitalismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 14 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica</em></span></p>
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		<title>Neoliberalismo y Derechas &#8211; Por Jorge Alemán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Oct 2019 15:42:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Alemán]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Jorge Alemán afirma que el neoliberalismo no debe confundirse con los políticos de derecha que intentan darle a dicho dispositivo de poder una envoltura política. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/neoliberalismo-y-derechas-por-jorge-aleman/">Neoliberalismo y Derechas &#8211; Por Jorge Alemán</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Jorge Alemán afirma que el neoliberalismo no debe confundirse con los políticos de derecha que intentan darle a dicho dispositivo de poder una envoltura política. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Jorge Alemán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En distintos lugares del mundo se presenta una situación que se designa como «derrota del Neoliberalismo”. Es una expresión que merece ser atendida en su análisis. El Neoliberalismo no debe confundirse con los políticos de derecha que intentan darle a dicho dispositivo de poder una envoltura política. La eventual crisis de representación no debe confundirse con la crisis orgánica del Neoliberalismo ya que no confirma su agotamiento, por el contrario demuestra que su dispositivo de competencia, mercantilización de lo humano y apropiación de la vida como capital, se encuentra  con coyunturas ingobernables; hasta el punto de imponer un permanente intento de reestructuración del Estado por parte de los representantes de los sectores populares. El neoliberalismo no es el Capitalismo salvaje, es la curva del Capital cuando su tendencia a la concentración es ilimitada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto no implica que se deba, como piensa cierta izquierda, retirarse de la disputa del Estado y volverse un parque temático testimonial de intelectuales clausurados en sus teorías. Los involucrados en lógicas emancipatorias deben estar adentro y afuera del Estado cuando desde el mismo se intenta construir un dique al Capitalismo. Si se quedan afuera se vuelven los supuestos depositarios de una verdad que no es operativa y sólo vale en las academias. Si en cambio juegan  exclusivamente en el interior del aparato de Estado y se encierran  en la forma Partido, pierden  el lugar donde lo social habla en una lengua  que no es la de la representación política, lugar en donde la verdadera emancipación se puede insinuar y  anudar. El neoliberalismo es una ideología espontánea que se reproduce en procesos de aceleración que suelen ser más rápidos que el de las gramáticas políticas. Y a la vez, la apertura a lo social puede darnos la posibilidad de la apuesta por un proyecto alternativo que no dispone de una teoría previa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La permanencia del Neoliberalismo coexiste con la insistencia, en primer lugar en cada uno, de la Emancipación.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 30 de octubre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».</em></span></p>
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		<title>Coronavirus: La ruptura de los cristales del invernadero de la riqueza insolente &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 19:02:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Forster]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[coronavirus]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[orden tecnológico]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ricardo Forster continúa en este texto las reflexiones iniciadas en un artículo publicado en Página 12, sobre los efectos sociales, culturales y económicos que la aparición del COVID-19 está produciendo a nivel mundial, y que nos revela lo real de un sistema colapsado que ha descarrilado el tren de una humanidad perdida en sus sueños antropocéntricos. Pero también el advenimiento de una oportunidad que se nos ofrece sin garantías, bajo la forma de una tozuda insistencia en abandonar el camino de la economización de la vida hasta dejar sin nada a la propia vida.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/coronavirus-la-ruptura-de-los-cristales-del-invernadero-de-la-riqueza-insolente-por-ricardo-forster/">Coronavirus: La ruptura de los cristales del invernadero de la riqueza insolente &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Ricardo Forster continúa en este texto las reflexiones iniciadas en un artículo publicado en Página 12, sobre los efectos sociales, culturales y económicos que la aparición del COVID-19 está produciendo a nivel mundial, y que nos revela lo real de un sistema colapsado que ha descarrilado el tren de una humanidad perdida en sus sueños antropocéntricos. Pero también el advenimiento de una oportunidad que se nos ofrece sin garantías, bajo la forma de una tozuda insistencia en abandonar el camino de la economización de la vida hasta dejar sin nada a la propia vida.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Comenzó la cuarentena total. Lo que hasta pocos días atrás parecía un guión algo exagerado de una distopía de Netflix se va volviendo experiencia cotidiana. Lo invisible acecha y va penetrando cada rincón de nuestras existencias perturbadas, inquietas, preocupadas, ávidas de información que nos ofrezca una orientación en medio de una pandemia que ya no es sólo del coronavirus sino que se extiende a todas las redes sociales y amenaza con hacer estallar nuestros cerebros abotagados por los miles de millones de bits de información. Sabemos todo y no sabemos nada. Hablamos con el lenguaje del especialista en medio de una ignorancia profunda que nada sabe de las implicancias de esta peste que nos abruma. Teorías conspirativas, manipulación irresponsable de laboratorios ultrasecretos que se mueven por el filo de la cornisa bordeando lo que no se debe tocar, hacinamiento horroroso de animales para el consumo humano, proliferación de transgénicos que acaban alimentando a humanos y a animales que después consumimos sin saber sus consecuencias en nuestros organismos, desconociendo lo que pueden desencadenar (¿alguno recuerda la peste de “la vaca loca”? ¿recuerdan lo que la generó?). Nietzsche nos dejó una frase absolutamente actual: “los modernos hemos tocado todo con nuestras sucias manos”. Penetramos en el interior de la vida, desciframos su código, reconstruimos la cadena del ADN y nos sentimos como dioses jugando el juego de la creación. Hasta que un virus se desparrama desde la lejana China, atraviesa todas las fronteras reales y artificiales, y desencadena el pánico y la incertidumbre. Nos hablan de un lapso de más de un año para llegar a la vacuna salvadora. Nos miramos perplejos sin aceptar la desmesura de un tiempo que para la supervelocidad en la que se desarrollan nuestras vidas en el capitalismo del híper consumo nos parece una eternidad. Acostumbrados a habitar en el instante y la fugacidad descubrimos, de pronto, que todo se detiene y que el hoy se vuelve una extensión indescifrable mientras permanecemos en nuestras casas a la espera del milagro. Décadas de aglomeraciones y hacinamientos urbanos cada vez más marcados por la desigualdad y la gentrificación, de cuerpos que circulaban sin siquiera mirarse, de apresuramientos hacia ninguna parte, de horarios laborales interminables que nos devolvían a nuestros hogares exhaustos y convertidos en zombis. De repente nos encontramos en el interior de un tiempo que se dilata, que nos envuelve y se despliega con una lentitud que desconocíamos. Incluso aquello que nos parecía natural se vuelve una experiencia novedosa. A nuestro alrededor, y más allá del silencio que invade nuestras ciudades, todo está en movimiento y modificándose. Velocidad y lentitud se entrelazan trastornando nuestra percepción de un mundo que creíamos conocer y que se nos vuelve ajeno y peligroso. O, tal vez, se nos vuelva insospechadamente más próximo allí donde volvemos a aprender otro modo de relacionarnos con él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nos movemos entre la perplejidad y la angustia, entre lo insólito de la situación y el redescubrimiento de lejanas experiencias que nos remiten a otras épocas de nuestras vidas. El freno brutal a la aceleración cotidiana destripa nuestras asociaciones y nuestras costumbres, desaloja el funcionamiento del piloto automático con el que manejábamos nuestras vidas hasta ayer y nos ofrece una extraña oportunidad. La vida, eso vamos descubriendo azorados, estaba en otra parte. La habíamos perdido. Se había fugado cuando el tiempo fue capturado por el productivismo del capital, el consumismo desenfrenado de sujetos automáticos y el solipsismo de individuos convertidos en sujetos de un narcisismo a prueba de balas que, sin embargo, ha sido brutalmente conmovido con la expansión fantasmagórica del virus. Comenzamos a mirar de otro modo lo que ya no veíamos. Redescubrimos las artes de la conversación con los más próximos que se habían convertido en espectros lejanos aunque los tuviéramos al lado, regresamos a nuestras lecturas de siempre sabiendo que en ellas se guarda mucho de lo que deberemos seguir pensando, volvimos a palpar el discurrir de las horas dejando que el tedio también haga lo suyo junto con la busca de actividades que nos mantengan ocupados. Sorprendidos y extraviados, anhelantes y confundidos, maníacos de información y atravesando a la vez una suerte de desintoxicación de aquello mismo que nos invade y nos conmueve. Mientras una parte de nosotros quiere seguir aferrada a los usos y costumbres de lo que fue suspendido por la cuarentena, la otra parte se deslumbra bajo el haz de una luz novedosa que ilumina de otro modo lo que nos rodea. Entre el encandilamiento de lo desconocido y la percepción de algo nuevo que se nos abre en medio de la pandemia. Como si fuera un raro privilegio estar al borde del precipicio. ¿Quizás una oportunidad para echar el freno de emergencia a la locomotora del progreso como escribía en el final de su vida Walter Benjamin? ¿Tal vez ese acontecimiento disruptivo que interrumpe la marcha lineal de una sociedad inconsciente de su potencialidad destructiva? ¿La peste como una metáfora, real y dolorosa, del hundimiento de prácticas y certezas que ya no nos sirven para atravesar los días oscuros?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Momentos únicos que conllevan el peligro y la oportunidad, que nos abren una puerta para salir de la trampa en la que estamos o simplemente nos siguen conduciendo hacia el desastre. Dura comprensión de que no existen garantías ni seguridades capaces de eliminar los peligros que acechan nuestras vidas pequeñas e insignificantes desde el punto de vista de una pandemia que se retroalimenta de nuestras impericias y descuidos. Sorprendidos nos damos cuenta de que estamos corriendo una carrera sin ventaja alguna, que apenas si nuestras ciencias y nuestras tecnologías nos ofrecen una esperanza de impedir la expansión del virus. Regresamos a viejas formas del cuidado, utilizamos prácticas milenarias, nos resguardamos en la intimidad de nuestros hogares como último recurso para aplanar, esos nos dicen los que saben, la curva ascendente de la pandemia impidiendo, si lo lográsemos, que colapsen nuestros sistemas de salud. En un sistema de la economía-mundo que nos convenció que era todopoderoso, que era capaz de solucionar todos nuestros problemas reduciendo al máximo los riesgos (y que si algo llegaba a suceder serían las compañías de seguro las que responderían resguardando nuestros bienes), comprobamos, perplejos y atemorizados, que vivimos en peligro. La vida, la nuestra, está surcada de lado a lado por ese mismo riesgo que una propaganda naïf intentó despejar de nuestras existencias acolchonadas (mientras una porción mayúscula de la humanidad vive permanentemente en riesgo de enfermarse, de padecer hambre, de quedar a la intemperie, de no tener agua potable ni vivienda digna, de ser violentados y explotados). El invernadero ya no nos protege y vuelve un poco más igual a una humanidad fragmentada y dividida por líneas que trazan las diferencias abrumadoras entre los menos –ricos y agraciados– y los más –pobres y desprotegidos–. Azorados algunos –por primera vez en sus vidas– descubren que hay un otro socialmente distante que puede acompañarlo en un viaje a ninguna parte y sin retorno. Pero también están los que se maravillan con la emergencia de un nuevo espíritu de comunidad que logra sortear el enclaustramiento obligatorio que, lejos de separar, vuelve a juntar lo que antes no se entrelazaba. Hay días en que prima el pesimismo de sabernos en una sociedad desquiciada y suicida y, otros días, en los que recobramos la esperanza de estar viviendo un parte aguas histórico que nos abre la posibilidad de rehacer a nuestras maltrechas sociedades soñando con dejar atrás la pandemia del capitalismo. Nos hamacamos entre el precipicio y la tierra firme.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vivimos las últimas décadas como si intuyéramos que esto iba a suceder. Esperábamos a Godot y sabíamos que ya estaba con nosotros, que nos atravesaba sin que le prestáramos la atención que nos reclamaba. Indiferencia. Complicidad. Estupidez. Abuso. Ignorancia. Egoísmo. Sea cualquiera de estas actitudes la que nos defina, hoy ya no podemos hacernos los desentendidos. La pandemia hizo estallar en mil pedazos la ilusión ya largamente marchitada de la globalización. Sus promesas se convirtieron en nuestra actualidad contaminada y brutalmente desigual. Una economía-mundo desarrollada desde la matriz del capitalismo que fue exacerbando su lógica más destemplada y homicida se muestra en su desnudez, como si estuvieran saltando al mismo tiempo todos los goznes de todas las puertas que nos llevaban a un mundo de fantasía dominado por el llamado al goce. En nuestras casas, confortables para algunos, desastrosas e invivibles para los muchos, nos movemos entre la certeza de estar cruzando una frontera hacia un país desconocido y la persistencia de todos los reflejos que provienen del mundo en el que vivíamos hasta ayer. Inquietos ante la posibilidad de “perder” nuestros privilegios nacidos de la ceguera de un sistema autófago y entusiasmados por la posibilidad que, sospechamos, se abre si fuésemos capaces de aprovechar, bajo la forma de un aprendizaje crítico de nosotros mismos, la terrible prueba a la que estamos siendo sometidos por la vida misma. ¿O acaso creemos que la pandemia sólo tiene que ver con el azar del virus que fugó de algún animal a los humanos y que lograremos vencerlo gracias a la ciencia y la tecnología para seguir viviendo como si nada hubiera sucedido? Es posible que superemos esta pandemia que nos aterroriza, que intentemos regresar a la vida tal cual era antes de su llegada repentina y fulminante; pero también sentimos que algo otro, confuso todavía, por inventar y descubrir, está esperándonos como corolario de una crisis que pondrá todo en entredicho. Difícil, por no decir entre imposible y absurdo, que las cosas retomen su ritmo como si la sombra no se hubiera cernido sobre la sociedad al punto de impedirle continuar con su enloquecida ceguera. La peste, una vez más, mostró lo real de un mundo social enfermo hasta el tuétano, de individuos narcisistas capaces de ahogarse buscando la reproducción infinita de su propia imagen. Egoísmo y destrucción. Las marcas de un sistema colapsado que ha descarrilado el tren de una humanidad perdida en sus sueños antropocéntricos. Pero también el advenimiento de una oportunidad que se nos ofrece sin garantías, bajo la forma de una tozuda insistencia en abandonar el camino de la economización de la vida hasta dejar sin nada a la propia vida. Entusiasmo en medio de la acechanza y la perplejidad. Sentimos que nuestras existencias ya no serán las mismas pero no acabamos de entender hacia dónde nos dirigimos, cuáles serán las consecuencias de la pandemia. Entre el miedo y la expectativa, entre querer volver al día anterior a sabernos vulnerables y comenzar a imaginar la posibilidad de una gran transformación que pareciera comenzar a nacer cuando a nuestro alrededor se van derrumbado verdades y certezas, acciones mecánicas automatizadas en el interior de sociedades incapaces de mirarse hacia adentro de sí mismas para buscar otros caminos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://i1.wp.com/disidentia.com/wp-content/uploads/2020/03/xavi-cabrera-DNn2AOy4L1Q-unsplash.jpg?fit=1920%2C1280&amp;ssl=1" alt="Resultado de imagen de Coronavirus y capitalismo" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Seguramente el sistema y sus beneficiarios directos buscará sostener y ampliar su poder, querrá aprovechar el terror que nos atraviesa para capturarnos todavía más en el interior de sus engranajes. Querrá convencernos que la victoria es el resultado de sus maravillosos laboratorios que trabajan a destajo para el bien de la humanidad. Nos dirá que salgamos tranquilos nuevamente a las calles del consumo, que consumamos más que nunca para recuperar la economía y así volver a crecer. Nos pedirá que dejemos atrás el pasado y sus horrores y que nos dejemos guiar por los demiurgos de un mundo plenamente domesticado por la ciencia y las tecnologías digitales donde sobrarán las preguntas inquietas y disruptivas que se multiplicaron cuando la pandemia despedazaba lo sabido y lo aceptado. Así como la velocidad productivista y economicista se devoró el tiempo del vivir que ahora nos regresa bajo la paradoja de la cuarentena, veremos, si salimos de su abrazo de oso, como vuelven a proliferar los llamados a la mistificación de todo aquello que nos condujo de cabeza al desastre. Querrán que olvidemos los lazos de solidaridad que aprendimos a retejer en medio de la peste; buscarán que abandonemos las ilusiones de Estados capaces de hacerse cargo de los derechos de sus ciudadanos y ciudadanas a vivir con dignidad y sin tener que soportar la depredación privatizadora de los sistemas de salud; tratarán de convencernos de que la única salida es dejarnos rescatar por la ciencia, la tecnología y el mercado desbaratando el aprendizaje de estos meses en los que volvimos a recobrar algo de la memoria perdida. Como si fuera una maldición china “no dejaremos de vivir tiempos interesantes”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde épocas remotas sabemos, o intuimos, que el sufrimiento abre los ojos y desnuda nuestras carencias y nuestros olvidos. Que “la felicidad deja páginas en blanco en la historia” como decía Hegel en un exceso de realismo pero en absoluto de ingenuidad. Comenzamos a aprender cuando la verdad del mundo se hace añicos, cuando lo que nos complacía se descompone, en el momento –muy arcaico– en el que la fusión con la totalidad de la vida natural se desgarró para nosotros y nos lanzó a la intemperie que es la madre de todas las preguntas y de nuestra travesía humana. En las últimas décadas, en medio de la expansión incontenible del capitalismo en su fase neoliberal, las preguntas se fueron acallando mientras las multitudes se lanzaron hacia paraísos artificiales excedidos de un llamado al goce que, como no podía ser de otro modo en sociedades desiguales, solo alcanzaron a una pequeña porción de una humanidad cada vez más atrapada en el imaginario del consumismo y olvidada del arte de preguntar, de inquietarse y de asombrarse por el curso de la existencia. Satisfacción garantizada para los que están adentro del invernadero, ilusión frustrada para los que quedan irremediablemente del otro lado del muro. El COVID-19 rompió los cristales del invernadero, hizo crujir todo el edificio de una riqueza insolente. El contagio no discrimina, se abalanza sobre aquellos que creían estar a reparo porque tenían el dinero para pagar la salud privada, también sobre aquellos otros que festejaron el final del “Estado paternalista”, agujero negro por donde se iban los impuestos “insoportables” que impiden que los mercados se liberen aún más. Desnuda las consecuencias de políticas homicidas que funcionaban al son de la especulación financiera y la desregulación de los mercados mientras se regocijaban en el desguace de los instrumentos estatales destinados a proteger a las mayorías abandonadas a su suerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero es también la evidencia de individuos anestesiados y profundamente desocializados, carentes de esos mecanismos indispensables y antiquísimos que le dieron forma a las sociedades humanas. Como si el virus pusiera en evidencia lo que dejamos en el camino hacia la quimera del shopping center y de dispositivos tecnológicos capaces de resolver todos nuestros problemas. Volver a interrogarnos, auscultar lo que nos pasa, preguntarnos por la marcha demencial de un mundo capturado por la sed de ganancias inconmensurables. Preguntas que se internan, a su vez, por senderos que ya no transitábamos y que nos confrontan con la enormidad de nuestros olvidos o de nuestro vaciamiento existencial y espiritual. Una vez lanzada no hay manera de detener la onda expansiva de la interrogación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay voces que se alzan imaginando que la pandemia global va a poner en jaque al capitalismo (Zizek, por ejemplo); otras voces que imaginan una salida China articulada como Estado autoritario-policial y dominada por el Big Data como el gran instrumento que les ha permitido a los países como Corea del Sur, Singapur, Japón y China atacar con mayor éxito la expansión del COVID-19, una alternativa focalizada en la mayor disponibilidad de esas sociedades a las acciones colectivas y a aceptar los controles y la dirección de un poder unificado (Byung-Chul Han y, en parte, Noemi Klein abonan este desemboque). Estaríamos asistiendo a la brutal crisis del “modelo occidental de libertades individuales y públicas” que se demostró incapaz de enfrentarse al desafío del virus. Sin embargo, de esta crisis, eso sostiene Han, no deberíamos esperar un más allá del capitalismo sino una salida bajo la forma del maridaje entre más economía de mercado y más vigilancia social. Incluso las decisiones de radicalizar las cuarentenas y por lo tanto las de ampliar el aislamiento social suponen, en el fondo, una mayor amplitud de los vicios del individuo solipsista que sólo tiene tiempo y humor para pensar en sí mismo mientras sigue encadenado a la cárcel de su propia libertad de autoexplotarse bajo la forma del teletrabajo que, eso nos dicen, llegó para quedarse y como una de las consecuencias de la peste. El escepticismo agudo y corrosivo que suele recorrer toda la obra del filósofo coreano-alemán se vuelve más explícito todavía frente a la pandemia. Para él sólo un abstracto replanteo de las formas de producción, de consumo y de vida podrá contribuir a sobrellevar las consecuencias de un sistema que arruina al planeta y a nosotros con él. Tiende a pensar que, otra vez más, de las crisis el capitalismo sale fortalecido en su tendencia a la concentración y a la imposición social de sus premisas organizacionales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero lo cierto, y eso tanto si abonamos la tesis zizekeana de un más allá del capitalismo como la de Byung-Chul Han de una agudización autoritaria y vigilante de ese mismo capitalismo, es que estamos en un punto de no retorno, en el corazón de la catástrofe magnificada por un sistema económico-productivo que ha recorrido el camino de la extenuación de los recursos naturales avanzando ciegamente hacia el daño creciente de la biosfera, al mismo tiempo que fue diezmando toda forma de vida no reducible a rentabilidad. El virus, su capacidad para mundializarse, no hace otra cosa que hacer evidente la composición autodestructiva del capitalismo, su persistente negociación con lo ilimitado que lo ha llevado ha transgredir absolutamente todo sin siquiera medir las consecuencias de esas acciones. Así como el COVID-19 tiene la capacidad de multiplicarse infinitamente mientras no haya algo que lo detenga, el capitalismo se ha mostrado como un sistema que se reproduce a sí mismo sin poder detenerse por cuenta propia y haciendo de esa expansión indetenible su propia esencia. ¿Acaso el COVID-19 sea lo <em>real</em> del capitalismo? ¿Estamos siendo testigos de la irrelevancia de un sistema que se ha reproducido a sí mismo utilizando los mecanismos de la artificialidad y la ficción? Hemos pasado de la saturación de lo irrelevante bajo la forma del llamado perpetuo al goce consumista a descubrir que en un instante lo significativo se vuelve insignificante. ¿Supone esta emergencia cruda de <em>lo real</em> del sistema que, una vez transcurrida la pandemia, y más allá de los daños que producirá, seremos capaces de hacer algo con la experiencia vivida? ¿Estaremos en condiciones, desmintiendo a Giorgio Agamben, de “hacer experiencia” en un mundo en el que la experiencia ya no la hacen las personas sino los medios de comunicación que les narran aquello que los individuos ya no son capaces de transformar en experiencia propia? ¿Se aprende de una travesía al filo de la muerte y capaz de dejarnos desnudos? ¿Podremos ser como el Rey Lear que comprende una vez que se encuentra desnudo y en medio de la tormenta? Si algo caracteriza a la economización de todas las esferas de la vida y su correspondiente dominio de la abstracción y de la lógica del valor, es que ha sido capaz de producir un <em>sujeto automático</em> que carece de reflexividad crítica y que simplemente se deja llevar por los vientos del pragmatismo productivo-consumista. ¿Tendrá, quizás, la pandemia la capacidad de despertarnos del sueño hollywoodense y sus paraísos artificiales montados bajo la forma de la mercancía? ¿Será, éste, nuestro punto de inflexión, el advenir de lo inesperado que rompe la continuidad lineal del tiempo burgués? Preguntas que se amontonan mientras el silencio atronador de la ciudad en cuarentena me recuerda la excepcionalidad de esta travesía sin brújula orientadora.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de marzo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo, profesor y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Forma parte del equipo de académicos e intelectuales que fue nombrado por el Gobierno nacional como asesores del presidente Alberto Fernández.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>**El texto publicado en Página 12: Coronavirus: entre el peligro y la oportunidad <a style="color: #000000;" href="https://www.pagina12.com.ar/253788-coronavirus-entre-el-peligro-y-la-oportunidad">https://www.pagina12.com.ar/253788-coronavirus-entre-el-peligro-y-la-oportunidad</a></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Pandemia y capitalismo: el círculo vicioso &#8211; Por Ricardo Forster</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2020 00:03:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En la cuarta entrega de sus reflexiones sobre la pandemia del COVID-19, Ricardo Forster afirma que historizar el Covid-19 implica hacer la genealogía de su aparición y de su expansión planetaria focalizando en las condiciones de la economía-mundo que hacen posible la periódica recurrencia de nuevos coronavirus. Una interrogación nos interpela: ¿Cómo impedir que nos inclinemos ante el poder imbatible de la univocidad que convierte en enemigo a todo aquel que intenta introducir la más mínima sospecha respecto a las bonanzas del dispositivo económico y científico-tecnológico?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pandemia-y-capitalismo-el-circulo-vicioso-por-ricardo-forster/">Pandemia y capitalismo: el círculo vicioso &#8211; Por Ricardo Forster</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En la cuarta entrega de sus reflexiones sobre la pandemia, Ricardo Forster afirma que historizar el Covid-19 implica hacer la genealogía de su aparición y de su expansión planetaria focalizando en las condiciones de la economía-mundo que hacen posible la periódica recurrencia de nuevos coronavirus. Una interrogación nos interpela: ¿Cómo impedir que nos inclinemos ante el poder imbatible de la univocidad que convierte en enemigo a todo aquel que intenta introducir la más mínima sospecha respecto a las bonanzas del dispositivo económico y científico-tecnológico?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Ricardo Forster*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Leo a mi amigo Jorge Alemán que escribe desde un Madrid fantasmal, desolado no sólo por la invasión de lo invisible sino por la oscura percepción de un real que ha dejado de ser una amenaza metafórica para convertirse en una presencia absolutamente <em>extraña</em>, eso que siempre estuvo pero que tratábamos de no ver ni convocar. Esperábamos a Godot con complacencia intelectual, como quien sabe lo que la mayoría desconoce o no quiere conocer, pero que lo ha confinado, a su vez, al buen resguardo de las teorías capaces de explicar lo inexplicable sin, por eso, tener que hacerse cargo de la llegada de lo siniestro. Hoy, más que nunca, tengo la sensación de ser herederos de Casandra, profetas de una catástrofe que de tan anunciada se había vuelto inverosímil. Paradoja de quien anuncia lo que está por ocurrir, si es que ya no viene ocurriendo, y nadie le cree.  “Desde hace tiempo –escribe Alemán– se viene anunciando una catástrofe mundial en forma de pandemia. Pero si algo caracteriza la marcha del actual Capitalismo es que hace ya mucho que lo que se anuncia, lo que se sabe que va a ocurrir, ya no cuenta de un modo operativo. Ninguna advertencia por veraz y horrible que sea cambia la marcha ilimitada, acéfala, del Capitalismo”. Su mirada es pesimista. No percibe ninguna señal, salvo bajo la forma de la consumación de la catástrofe, que esté anticipando el final de la economía-mundo que se ha ido tragando todo con su hambre insaciable. La pandemia, para Jorge, es lo real del capitalismo, su núcleo más íntimo, su inevitable marcha hacia la autodestrucción que asume la forma de lo ilimitado, de lo que ya no puede echar el freno de emergencia. La metáfora del virus que se replica infinitamente cuando logra encontrar nuestros cuerpos como lugar de potenciación, como si fuera una cadena de producción que nunca se detiene, remite directamente al corazón de un sistema que ha hecho de esa replicación infinita de sí mismo –incluso allí donde captura a sus oposiciones– lo propio de la expansión viral.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero no se trata sólo de las consecuencias médicas, de los muertos que se pueden contar por centenares de miles e incluso más; se trata, también, del tipo de sociedad que surgirá una vez que se deje atrás la pandemia. Byung-Chul Han lo ha dicho con crudeza, y en parte lo reseñamos en otro artículo aquí publicado: si el modelo exitoso de contención del Covid-19 es el resultado del Big Data funcionando a pleno en el marco de un Estado híper vigilante y policial junto con sociedades culturalmente inclinadas a priorizar lo colectivo a lo individual, lo que nos espera es un pronunciado proceso de “orientalización” de nuestras sociedades más inclinadas a la protección de la privacidad, menos a priorizar lo colectivo a lo individual, más dispuestas al ejercicio y al reclamo constante de la libertad como valor supremo. Habría que atemperar las afirmaciones de Byung en lo que tienen de prejuiciosas y de occidental liberales, allí donde reduce la complejidad de lo “oriental”, particularmente del sudeste asiático, a un modelo uniforme en el que los individuos acatan colectiva y acríticamente las decisiones de las autoridades, y en el que el confusionismo chino –según el filósofo coreano-alemán– se convierte en papilla ideológica y pedagógica de países y colectivos socio-culturales diferentes entre sí. El mundo habitado por hombres y mujeres de ojos rasgados es, para la mirada occidental, un amasijo indiferenciado en el que todos, absolutamente todos, actúan del mismo modo y de acuerdo a un mismo patrón de obediencia y disciplinamiento; de ahí que resulte extraño que alguien como Byung comparta esa visión falaz y errónea de un mundo de pluralidades y diferencias que sólo ante una mirada cargada de ignorancia y prejuicio puede aparecer como liso y homogéneo. En esa geografía –así se lo proclama desde la atalaya de la democracia y la libertad que dice representar Occidente– no cuenta el individuo si no el nosotros de la primera persona del plural. Rápida y astuta reducción de lo colectivo a autoritarismo y vigilancia, a aceptación pasiva de las órdenes que emanan de un Estado omnipresente que, además, ha logrado hacerse de las tecnologías del big data que le permiten controlar cada movimiento y cada gesto de esa masa de ojos rasgados. El coronavirus –según esta mirada– vino a cerrar el abrazo de oso del poder sobre una ciudadanía inerme. Mientras tanto, nosotros en este lado del mundo tendremos que elegir entre el caos de un individualismo que nos lanza directamente hacia la muerte pandémica o la importación del modelo chino con todas sus prestaciones. Un cruce por el estrecho de Escila y Caribdis. Una promesa que sólo promete más de lo mismo. Una visión desencajada de la historia que tiene la fortuna de ser lo suficientemente simple y fácil de explicar como para convencer a unos cuantos defensores de la añeja y descascarada doctrina de la guerra de civilizaciones, haciendo de China hoy el heraldo de un neocapitalismo de estado autoritario capaz de salir airoso de la batalla contra el virus y, también, contra Estados Unidos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El binarismo interpretativo de Byung-Chul Han es llamativo para alguien que proviene precisamente de ese mundo asiático transformado por la mirada de Occidente en “orientalismo” (Edward Said se rebelaría desde su tumba contra esta simplificación cargada de prejuicio y de proyección universalista de la concepción occidental de individuo, comunidad y libertad como supuesto de lo que deberíamos reivindicar como paradigma de democracia ante el autoritarismo oriental). Pero volvamos al llamado de atención, necesario y valioso, respecto a los peligros que se ciernen a partir de la proliferación del big data y del algoritmo, expresiones no sólo de sociedades como la china, la coreana, la japonesa o la taiwanesa sino núcleo del semiocapitalismo contemporáneo que se despliega a nivel global y que no sabe de fronteras culturales o religiosas que lo detengan (Silicon Valey expresa el perfil brutalmente económico de lo que puede ofrecer el lado occidental de la digitalización: concentración exponencial, manejo discrecional de información privada, cooptación algorítmica y ampliación de las redes de consumo teledirigido, además de una alianza estrecha con los poderes corporativos y políticos globales). En todo caso, la generalización de los instrumentos de vigilancia y control que surgen de las tecnologías de la información son el resultado de un sistema económico que, en su actual etapa, se ha volcado masivamente hacia esa lógica algorítmica y digital. El miedo ante la peste y su proliferación no hacen más que acelerar, en el interior de la vida subjetiva dañada, el reclamo de más “seguridad y vigilancia” como sinónimos de protección de la vida ante la invisibilidad del virus. ¿Hasta dónde llegará nuestro despojamiento con tal de salvar la vida?<a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuevas y extendidas formas de control extraídas de las enseñanzas de la pandemia que acelerarán –si no se las cuestiona y frena desde las sociedades– la panoptización tecno-comunicacional hasta límites espantosos. Nada de nuestra intimidad quedará sin ser fisgoneado en nombre de la salud pública. Estamos obligados a interrogar críticamente el desemboque político-instrumental de este tiempo pandémico. Giorgio Agamben, que prácticamente fue fusilado en la plaza pública por objetar la exacerbación del Estado biopolítico a partir del temor al Covid-19, es un cabal ejemplo de la censura que comienza a desplegarse sobre nosotros en medio de una habilitación social para alcanzar una unidad sin fisuras. Nunca como hoy se vuelve más evidente aquella sentencia que decía que la primera en caer en una guerra era la verdad. Hoy podríamos decir que la primera renuncia que se nos exige es la del pensamiento crítico que, por definición, no puede ser binario ni aceptar como palabra santa la que se pronuncia en nombre de la lucha contra la pandemia. Caminamos irremediablemente por un desfiladero cuya amenaza está a ambos lados. ¿Cómo impedir que nos inclinemos ante el poder imbatible de la univocidad que convierte en enemigo a todo aquel que intenta introducir la más mínima sospecha respecto a las bonanzas del dispositivo económico y científico-tecnológico? ¿Se perseguirá, se censurará y, por qué no, se encarcelará en nombre del biopoder que crece en medio del horror a la muerte pandémica? ¿Se volverán clandestinas las críticas a ese aparato capaz de devolvernos la vida a cambio del silencio cómplice?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy más que nunca tenemos que estar abiertos a las diversas interpretaciones de este tiempo civilizatorio en crisis. El colectivo Chuang –grupo de intelectuales y académicos de izquierda chinos que cuestionan al régimen del Partido Comunista Chino<a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>– hace algo muy importante cuando politiza la ciencia e interpela a la política emancipatoria desde la ciencia, buscando dialectizar lenguajes que, por lo general, marchan en paralelo o uno se devora al otro. Se trata, en su perspectiva y analizando lo que sucedió en Wuhan, de una interrelación de lo social-económico (bajo la forma de la sociedad de las mercancías), de lo científico-técnico-industrial (que se ha convertido en un instrumento clave para la expansión del capital y de su rentabilidad; junto con la multiplicación de una interfaz entre lo humano y lo no humano que está en la base de los coronavirus, entre otras cuestiones que atormentan nuestro presente ligado también al calentamiento global y sus consecuencias, pero también como instrumento, la propia ciencia, para ir por otros caminos capaces de encontrarse con una perspectiva emancipatoria), de lo político-insurreccional (entendido como la capacidad de la sociedad de generar sus resistencias y sus rupturas del encadenamiento sistémico bajo la lógica del capitalismo). Para el colectivo Chuang la pandemia desatada por el Covid-19 pone al descubierto el funcionamiento del sistema, sus debilidades y su potencia autodestructiva. “No es el momento de un simple ejercicio de «Scooby-Doo marxista» que quite la máscara al villano para revelar que, sí, de hecho, ¡fue el capitalismo el que causó el coronavirus todo el tiempo! Eso no sería más sutil que los comentaristas extranjeros olfateando el cambio de régimen. Por supuesto que el capitalismo es culpable, pero ¿cómo se interrelaciona exactamente la esfera socioeconómica con la biológica, y qué tipo de lecciones más profundas se podrían sacar de toda la experiencia?”. Es ésta una pregunta fundamental que va más allá de la respuesta simplista que, una vez formulada, no agrega nada significativo ni ofrece alternativa alguna salvo la multiplicación de la angustia, al modo del dispositivo retórico puesto en funcionamiento por Byung-Chul Han que apenas si, en el final apresurado de su artículo, lo único que ofrece es una bucólica reconstrucción del vínculo de las personas con la tierra y una mayor solidaridad entre ellas sin, claro, historizar los motivos de la pandemia ni, mucho menos, incursionar en un análisis de lo socioeconómico y su perversa y brutal ligazón productivista con la esfera de la vida animal y vegetal.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://porcino-26ex1sw6hijbg4oa.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2020/01/Deltacoronavirus-porcino.png" alt="Demuestran la transmisión del Deltacoronavirus porcino a pollos y ..." /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De poco sirve describir la escenografía por la que se desplaza el virus, destacar las diferencias “culturales” que separan a los países del oriente de las democracias occidentales, pontificar incluso sobre el peligro que supone ganarle al virus a costa de la pérdida de la libertad individual, si se desdibuja cualquier análisis riguroso que desmonte el sistema económico-biológico-tecnológico-capitalista como soporte de estas infecciones cada día más graves y destructivas para la vida humana. Y a ese vuelo de paloma sobre la pandemia y su relación con un modelo productivo que ha exacerbado la interfaz de los humanos con los animales a través de una industrialización perversa de estos últimos, se le agrega un pesimismo aristocratizante que hace de esa crítica algo equivalente a la tarea del entomólogo que observa una lucha a muerte entre un grupo de hormigas y una avispa. La distancia estoica del filósofo ante la crueldad del mundo de la vida y de la muerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Cuando esta interfaz entre humanos y animales cambia –sostienen los críticos de Chuang–, también cambia las condiciones dentro de las cuales tales enfermedades evolucionan. Detrás de los cuatro hornos, por lo tanto, se encuentra un horno más fundamental que sostiene los centros industriales del mundo: la olla a presión evolutiva de la agricultura y la urbanización capitalistas. Esto proporciona el medio ideal a través del cual plagas cada vez más devastadoras nacen, se transforman, son inducidas a saltos zoonóticos y luego son vectorizadas agresivamente a través de la población humana.” Y la conclusión que extraen es clara y fulminante: “El coronavirus más reciente, en sus orígenes «salvajes» y su repentina propagación a través de un núcleo fuertemente industrializado y urbanizado de la economía mundial, representa ambas dimensiones de nuestra nueva era de plagas político-económicas (…). La idea básica en este caso es desarrollada más a fondo por biólogos de izquierda como Robert G. Wallace, cuyo libro <em>Big Farms Make Big Flu</em> («Las grandes granjas hacen la gran gripe»), publicado en 2016, expone exhaustivamente la conexión entre la agroindustria capitalista y la etiología de las recientes epidemias, que van desde el SARS hasta el Ébola.” Una conexión sin la cual resulta imposible comenzar a desmadejar el ovillo de una pandemia que no sólo amenaza con dejar un tendal inmenso de muertos sino que tampoco se alcanza a comprender la hondura de la crisis desatada por un sistema económico cuyo único norte es la maximización de la ganancia sin medir los daños irreparables que genera en su expansión ilimitada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Historizar el Covid-19 implica hacer la genealogía de su aparición y de su expansión planetaria focalizando, como no podría ser de otro modo, en las condiciones de la economía-mundo que hacen posible la periódica recurrencia de nuevos coronavirus. No se trata del azar o de la casualidad, tampoco es atribuible a la costumbre china de comer animales salvajes (más allá de que ese pudo haber sido el vector disparador de este virus en particular), ni hacer de los murciélagos una suerte de responsables de su propagación a través de otro animal. Lo que se pone de manifiesto es un sistema de industrialización de los animales para el consumo humano junto con el maridaje creciente de la vida urbana, siempre en expansión, y las cada vez más reducidas superficies de naturaleza salvaje. La alquimia que se está produciendo a partir de esos factores está en la base de estas pandemias. “En enero de 2017 –escribe Ángel L. Lara–, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica «Virus Evolution» que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista <em>Nature</em> en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.”<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> El cóctel fue preparado minuciosamente y ha sido servido. La maximización capitalista de la ganancia, la desesperada busca por ampliar la oferta de alimentos animales abaratando sus costos a través de una industrialización masiva de vacunos, porcinos y aviares, entre otras especies de consumo tanto humano como animal (no nos olvidemos de la utilización, durante la época de la “vaca loca” de alimentos balanceados que tenían, entre otros ingredientes, proteínas provenientes, por ejemplo, de los cerdos y los pollos, ni tampoco dejemos de lado las condiciones de brutal hacinamiento en las macro-granjas ganaderas y aviares o los criaderos de salmones alimentados a base de antibióticos y la utilización de colorantes para que tengan esa coloración que atrae a sus comensales); la introducción en la dieta de esos animales de un arsenal de antibióticos y de alimentos a base de transgénicos (la soja sería un ejemplo mayúsculo para graficar su importancia en la producción de carne porcina). El fenómeno de la deforestación tampoco puede ser subestimado junto con los efectos del calentamiento global que inciden directamente sobre la fauna salvaje y la mutación de sus ámbitos naturales de vida. En todo caso, lo que la pandemia del covid-19 está poniendo en evidencia es que no se trata de una oscura jugada del azar ni tampoco de un error de laboratorio o de la falta de salubridad en un mercado. Es algo mucho mayor y más complejo de resolver: es la existencia de un sistema económico-productivo-biotecnológico que va borrando las fronteras entre los humanos y los no humanos, que experimenta con la propia creación de vida, que altera el ADN bajo formas de manipulación cuyas consecuencias suelen escapárseles a sus gestores. Y todo eso en nombre de los “prodigiosos avances de las ciencias biológicas y de las tecnologías del conocimiento”, instrumentos con los cuales lograremos sortear todos los peligros mientras se da satisfacción plena a las demandas de una humanidad cada día más exigente. Claro que no se dice, entre otras cosas y ocultamientos, que apenas un 20 o 30 por ciento de esa humanidad tiene pleno acceso a la abundancia de bienes industriales, alimentarios y habitacionales, mientras la mayoría restante sólo paga las consecuencias espantosas que surgen de vivir en la pobreza, la precariedad y el hacinamiento.</span></p>
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<p><img decoding="async" src="https://www.eluniversal.com.mx/sites/default/files/2020/02/27/coronavirus_eluniversal.jpg" alt="Más de 800 mil virus de origen animal acechan a los humanos" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si bien es cierto que la mayoría de los virus provienen del reino animal y que sus diversas transmisiones a los humanos han recorrido nuestra historia (por ejemplo se estima que hace unos 2500 años la gripe fue transmitida cuando se inició la domesticación de las aves de corral), nunca como en esta etapa de la economía-mundo  se han dado las condiciones extremas y desmadradas para su proliferación. Esto es así porque el “capitalismo global no solo está interconectado, sino que es una red con unos pocos nodos centrales. El colapso de alguno de ellos sería casi imposible de subsanar y se transmitiría al resto del sistema. Algunos ejemplos son: i) Todo el entramado económico depende de la creación de dinero (crédito) por los bancos, en concreto de aquellos que son “demasiado grandes para caer”. Además, el sistema bancario se ha hecho más opaco y, por lo tanto, más vulnerable con la primacía del <strong><a style="color: #000000;" href="https://www.elsaltodiario.com/banca/todo-hay-que-saber-sobre-banca-sombra-shadow-banking">mer</a></strong><strong><a style="color: #000000;" href="https://www.elsaltodiario.com/banca/todo-hay-que-saber-sobre-banca-sombra-shadow-banking">cado en la sombra.</a></strong> ii) La producción en cadenas globales dominadas por unas pocas multinacionales hace que la economía dependa del mercado mundial. Estas cadenas funcionan<em> just in time</em> (con poco almacenaje), son fuertemente dependientes del crédito, de la energía barata y de muchos materiales distintos. iii) Las ciudades son espacios de alta vulnerabilidad por su dependencia de todo tipo de recursos externos que solo pueden adquirir gracias a grandes cantidades de energía concentrada y a un sistema económico que permita la succión de riqueza. Pero, a su vez, son un agente clave de todo el entramado tecnológico, social y económico.”<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> Es esta colosal interconexión la que hace, al mismo tiempo, potente y vulnerable a la globalización capitalista, del mismo modo que vuelve decisivo ir diseñando otras formas de producción y de intercambio si es que queremos alejar la proliferación de pandemias cada vez más virulentas y dañinas. La vida, al menos la que nos involucra a los humanos, está en juego. Los virus y los otros microorganismos seguirán su laberíntico camino capaz de reinventar, una y otra vez, la vida en la Tierra. Sin nosotros…</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> No quiero dejar de citar, más allá de su extensión, una aguda, filosa y destemplada reflexión de Paul Preciado que se adentra en las profundas y decisivas transformaciones que se vienen operando en la subjetividad de los seres humanos contemporáneos y que encuentran en la pandemia del covid-19 otro momento para su mayor ejecución y despliegue universales: “Hoy estamos pasando de una sociedad escrita a una sociedad ciberoral, de una sociedad orgánica a una sociedad digital, de una economía industrial a una economía inmaterial, de una forma de control disciplinario y arquitectónico, a formas de control microprostéticas y mediáticocibernéticas. En otros textos he denominado farmacopornográfica al tipo de gestión y producción del cuerpo y de la subjetividad sexual dentro de esta nueva configuración política. El cuerpo y la subjetividad contemporáneos ya no son regulados únicamente a través de su paso por las instituciones disciplinarias (escuela, fábrica, caserna, hospital, etcétera) sino y sobre todo a través de un conjunto de tecnologías biomoleculares, microprostéticas, digitales y de transmisión y de información. En el ámbito de la sexualidad, la modificación farmacológica de la conciencia y del comportamiento, la mundialización de la píldora anticonceptiva para todas las “mujeres”, así como la producción de la triterapias, de las terapias preventivas del sida o el viagra son algunos de los índices de la gestión biotecnológica. La extensión planetaria de Internet, la generalización del uso de tecnologías informáticas móviles, el uso de la inteligencia artificial y de algoritmos en el análisis de big data, el intercambio de información a gran velocidad y el desarrollo de dispositivos globales de vigilancia informática a través de satélite son índices de esta nueva gestión semiotio-técnica digital. Si las he denominado pornográficas es, en primer lugar, porque estas técnicas de biovigilancia se introducen dentro del cuerpo, atraviesan la piel, nos penetran; y en segundo lugar, porque los dispositivos de biocontrol ya no funcionan a través de la represión de la sexualidad (masturbatoria o no), sino a través de la incitación al consumo y a la producción constante de un placer regulado y cuantificable. Cuanto más consumimos y más sanos estamos mejor somos controlados.” Paul Preciado, “Aprendiendo del virus”, <em>Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias</em>, 2020, Editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio), pp. 171-172.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Véase del colectivo Chuang, “Contagio social: guerra de clases microbiológica en China”, en <em>Lobo suelto!</em>, 20/3/2020 tomado del sitio wen <em>Chuang </em>del 6/2/20.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ángel Luis Lara, “Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe”, Eldiario.es, 29/03/20</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Luis González Reyes, “Las lecciones que puede dar el corona virus a la especie humana”, El salto web, 12/03/20</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 1 de abril de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Filósofo, profesor y ensayista argentino. Es doctor en filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba. Forma parte del equipo de académicos e intelectuales que fue nombrado por el Gobierno nacional como asesores del presidente Alberto Fernández.</span></p>
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