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	<title>Buenos Aires archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Buenos Aires archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>A VOS, QUE  TE GUSTA  BUENOS AIRES… &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Aug 2020 22:38:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una mirada sobre el “centralismo cultural” en clave de amor-odio por Buenos Aires. Por Carlos Caramello* (para La Tecl@ Eñe) &#160; “Y la ciudad, ahora, es<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em><strong>Una mirada sobre el “centralismo cultural” en clave de amor-odio por Buenos Aires.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“</em><em>Y la ciudad, ahora, es como un plano</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>de mis humillaciones y fracasos</em><em>”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><strong>Jorge Luis Borges</strong></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Les gusta Buenos Aires. “Las luces del Centro” (aunque ahora hay “luces” hasta en Paso del Sapo, Chubut); la calle Corrientes, Florida o Santa Fe (que están cada vez más “difíciles” de disfrutar), los shoppings (invadidos de adolescente bulliciosos), los bares <em>notables</em> (porque el resto se han transformado en pizzerías con neón, fórmica y potus de plástico colgados del techo o, lo que es peor, en pubs malolientes y cervecerías artesanales), la Costanera y sus “carritos” (que imitan en cualquier pueblito que tenga un hilo de agua), la “noche porteña” (que cada vez empieza más tarde).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Les gusta el barrio de La Boca con su cortada Caminito (que dentro de poco pasará a llamarse “Litle Road” porque ya es casi un territorio de turistas angloparlantes), los bailarines de tango (que si bailaran así como bailan, en una milonga, serían echados a patadas por impertinentes), los colores de las casas (esos con los que nunca pintarían la propia) y hasta el olor acre del Riachuelo (ese perfume único mezcla de los derrames de residuos industriales, gasoil de los motores y maderas putrefactas de barcazas hundidas).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque se despierten en su pueblo, les gustan las noticias de cómo está el tránsito en las calles de Buenos Aires, los horarios de trenes que salen o llegan de lugares que desconocen; los inconvenientes en las líneas de subterráneos; el clima para todo ese día en la Ciudad Autónoma y las entrevistas a laburantes porteños que se cagan de frío y de humedad esperando un colectivo que no llega. Y les gusta acostarse con el desalojo del conventillo de Balvanera (barrio que no pueden distinguir ni haciendo fuerza) que deja a 64 familias en la calle; con el asesinato de un vecino de Boedo que recibió un disparo en medio de una acalorada discusión sobre si San Lorenzo debe o no volver al predio que hoy ocupa un supermercado y con la inundación de Belgrano que arruinó las mercaderías de varias zapaterías y lencerías.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Les gustaría vivir en ese departamentito de Puerto Madero, treinta y un cómodos metros cuadrados muy bien distribuidos, con baño y kitchinet y vista al <em>río color león</em> (aunque algunos tengan un maravilloso río color <em>verde jangada </em>en sus ciudades). Un habitat-miniatura que paga apenas 30.000 pesos de expensas porque seguridad las 24 horas, monitoreo on line, sum con quincho y parrilla, gim (por turnos) y demás amenities. O acaso prefieren uno de los tantos loft de San Telmo (esos que tienen el inodoro justo en el medio del ambiente) situado entre dos cervecerías y con un teatro off-Corrientes en la vereda de enfrente y la feria artesanal en la puerta los sábados, domingos, feriados y fiestas de guardar. Eso si, con vista al pulmón de manzana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero, qué se le va a hacer: les gusta. Les gusta el Obelisco (aunque nadie entiende ese monumento fálico que los porteños ignoran hasta cuando pasa por al lado) y el Teatro Colón (que ahora se alquila como cualquier salón de fiestas). Y, aunque <em>detestan</em> a los porteños, por agrandados, sobradores, maleducados y poco hospitalarios, a los 10 minutos de haber pisado CABA ya hablan estirando la “ye” y remarcando las “eses” (no sea cosa que los confundan con payucas que terminan las palabras con “jota”).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Les gusta Buenos Aires? Bueno, déjenme contarles algunos datos del momento en que esto se escribe: es la ciudad con mayor número de infectados de COVID-19 por habitante: 1 cada 45 (1 cada 75 si contamos sólo a los activos; más de 5 por manzana). Que el primer gran brote se produjo en las villas de emergencia porteñas en donde todavía no llegaba el agua corriente (gracias a la desidia del PRO que hace 13 años maneja la ciudad). Que cuando la pandemia parecía dominada en casi todo el resto del país, salvo en el AMBA y Chaco, el gobierno de CABA relajó los controles, fomentó marchas, permitió paseos con los hijos pequeños, hizo la vista gorda al desafío de vecinos de Recoleta que salían a bailar a la calle y hasta estimuló la presencia de <em>runners</em> en los parques y plazas (el propio Jefe de Gobierno salió a correr… como para dar el ejemplo) lo que redundó, no sólo en un crecimiento geométrico de los contagios sino, además, en las <em>exportación</em> de Coronavirus al Gran Buenos Aires y a otras provincias que recibían servicio de la Capital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y déjenme decirles, además, que esta ciudad capital de la República, la más rica de la Argentina, con un PBI per cápita cercano a los 17.000 dólares, en los últimos años gastó más en el arreglo de veredas que en infraestructura hospitalaria. Que al principio de la pandemia se compraron barbijos a 3000 pesos cada unidad (10 veces su valor de mercado) que, a la postre, resultó que estaban vencidos. Que el personal médico de los hospitales públicos trabaja en infra-condiciones de protección y seguridad; que estiman que ya hay más de 15.000 contagiados dentro de los trabajadores de la salud en los hospitales y que, aunque piden a gritos piedad porque ya no pueden con sus vidas, ni las autoridades ni los porteños les dan 5 de bola; que el Gobierno de la ciudad tiene, desde el año pasado, a los enfermeros como personal administrativo y que los niveles de ocupación de camas han colapsado, más allá de las declaraciones del Ministro de Salud porteño que desafió al presidente diciendo que “<em>en la Ciudad garantizamos la atención y priorizamos a las personas que tienen cobertura sólo pública</em>”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, si tanto les gusta Buenos Aires les cuento que, de acuerdo con algunos testeos recientemente realizados, más de 20% de los habitantes de esta Metrópoli están dispuestos a migrar si se produjesen algunas condiciones como tener trabajo y vivienda. Y otro 18% analiza la posibilidad… yo incluido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, háganme una oferta; entrego mi cómodo y coqueto monoambiente, 25 apretados metros con vista a la nada pero en el corazón de Recoleta a cambio de tu casita pueblerina, con un pedazo de terreno, parrilla, tierra para armar una quintita y en medio de las calles arboladas de un barrio en donde, todavía, te despiertan los gallos…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Claro, se los ofrezco porque dicen que <em>les gusta Buenos Aires…</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 12 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros <em>“Zonceras argentinas al sol” y</em> <em>“Zonceras argentinas y otras yerbas”</em>,  y <em>“Los profetas del odio”. Su último libro editado es  “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.</em></span></p>
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		<title>Prensa Latina en los años del terror &#8211; Por Alberto Nadra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Jul 2021 13:58:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alberto Nadra]]></category>
		<category><![CDATA[Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura cívivo-militar]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Prensa Latina]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A cuarenta y cinco años de su ingreso a Prensa Latina, durante la última dictadura cívico-militar, Alberto Nadra narra en esta crónica su experiencia en la agencia de noticias durante el período 1976/1982.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/prensa-latina-en-los-anos-del-terror-por-alberto-nadra/">Prensa Latina en los años del terror &#8211; Por Alberto Nadra</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>A cuarenta y cinco años de su ingreso a Prensa Latina, durante la última dictadura cívico-militar, Alberto Nadra narra en esta crónica su experiencia en la agencia de noticias durante el período 1976/1982.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Alberto Nadra*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entre abril y junio de 1976, comencé a trabajar en la oficina 96, del 9no piso, del edificio Sáfico, en Corrientes 456 del microcentro porteño, sede de la mítica agencia de noticias cubana Prensa Latina, fundada en la Habana, luego de la Revolución, por Jorge Ricardo Masetti, Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Rogelio García Lupo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esos días, hace ya 45 años, se iniciaban, para mí, cinco años de trabajo político y periodístico entre la denuncia internacional del genocidio y el absurdo de transitar con mis colegas horas y días a plena vista de los asesinos, de sabernos amenazados y vigilados; soportar intentos de secuestro, contactar a otros periodistas y familiares de las víctimas para emitir las denuncias, todo entre la crónicas diarias y acreditaciones oficiales para eventos internacionales, de las Naciones Unidas al mismo Mundial de Futbol de 1978.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esos días, las inmensas y ruidosas maquinas por las que recibíamos los cables de Télam o de Noticias Argentinas (NA) solo difundían la información oficial e ignoraban las acciones de la creciente resistencia civil, obrera y estudiantil, o el testimonio de las Madres y los organismos de derechos humanos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esos días, nos sumergíamos en el horror de elaborar panoramas matutinos y vespertinos con un “balance” de muertes, que surgían de los comunicados oficiales acerca de supuestos “abatidos en enfrentamientos”; en rigor, una cruel suma de los miembros de las organizaciones político-militares que habían sido asesinados por los grupos de tareas. Y, aunque la Junta Militar había prohibido publicar los nombres de esas organizaciones y exigía que los periodistas nos refiriéramos a sus miembros con descripciones como “la banda de delincuentes subversivos declarada ilegal en primer lugar” (ERP) o “en segundo lugar” (Montoneros), desde Prensa Latina nunca acatamos esa orden.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esos días, también, trabajé para informar sobre la quiebra de la economía argentina y el endeudamiento externo, patas de un modelo de renta, rapiña y dependencia, impulsado por las mismas corporaciones que hoy siguen subsistiendo con la complicidad de medios como <em>Clarín</em> y <em>La Nación</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>“Prelabaires”</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Prelabaires” –la denominación de nuestra corresponsalía en la central de La Habana– había sido inaugurada después de que el gobierno de Héctor Cámpora reanudara las relaciones diplomáticas con Cuba. En esa primera etapa, la sede transmitía casi las 24 horas del día, con la ya obsoleta tecnología del télex, a la vez que recibía el flujo informativo internacional. Contaba con una docena de teletipistas rotativos –entre los que recuerdo al chileno Araya y el argentino Camaño– y plumas de la jerarquía de Silvia Rudni, Luis Mas o el uruguayo Carlos María Gutiérrez, otro de los fundadores de Prensa Latina, por entonces exiliado en Buenos Aires.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, después del terrorismo de Estado desatado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) durante el gobierno de María Estela Martínez y, especialmente, después del golpe cívico-militar de marzo de 1976, casi todo el plantel de la agencia abandonó el país y, cuando comencé a trabajar allí, la sede de Buenos Aires era apenas un esqueleto de aquella potente sede de tres años antes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">José Bodes Gómez, titular de la corresponsalía, contó con el firme apoyo del embajador Emilio Aragonés Navarro para resistir la intención de la dictadura de cerrar la agencia, de la que se mantuvo al frente hasta diciembre de 1977, cuando lo reemplazaron, primero, Abel Sardiñas y, luego, Elmer Rodríguez.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una de las decisiones de Bodes fue pedir al partido en que yo militaba, el Comunista, un refuerzo para la diezmada redacción, en la que apenas quedaban él mismo, el uruguayo Aram Aharonian –que sería uno de los fundadores de Telesur años después– y dos jóvenes que brillarían en la poesía local: Alicia Genovese y Leonor García Hernando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En ese contexto, me recomendó Isidoro Gilbert, quien era corresponsal de la agencia soviética TASS y, a la vez, coordinador de un equipo al que pertenecí, el que, desde la década de 1960, procesaba la información dirigida a las agencias y periódicos de los entonces países socialistas y denunciaba las atrocidades cometidas en el creciente y férreo núcleo de dictaduras del Cono Sur.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, el principal aliento para encarar el nuevo desafío surgió de fuera de la estructura partidaria, de uno de los “próceres” de la agencia y del periodismo argentino: “Pajarito” García Lupo, una suerte de enciclopedia andante, pero de una calidez siempre presente tras su mirada certera e implacable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Bodes Gómez, me recibió en la amplia, pero semidesierta oficina, con la media sonrisa que siempre parecía estar dibujada en su rostro. Este hombre de una serenidad y una paciencia, al parecer, infinitas, sorteó un intento de secuestro, mudó su domicilio a la embajada y envió a su esposa e hijos a Cuba. En su acento caribeño– jamás me llamó “Alberto”, sino “Palberto”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter wp-image-7912 size-large" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-980x1024.jpg" alt="" width="980" height="1024" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-980x1024.jpg 980w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-287x300.jpg 287w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-768x803.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-140x146.jpg 140w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-48x50.jpg 48w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Normas-72x75.jpg 72w" sizes="(max-width: 980px) 100vw, 980px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Fácil de explicar, difícil de aplicar</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las primeras indicaciones laborales que recibí fueron un extenso catálogo de normas operativas y de redacción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algunas de esas indicaciones eran conceptuales, como que “la rapidez necesaria en una agencia noticiosa, no podía restar calidad, y mucho menos intención, al despacho”, y debía llamar la atención a los editores de las diversas publicaciones. Otras eran técnico-operativas, por caso la oportunidad y el uso de recursos como las “Guías” el “<em>Flash</em>”, “Urgente”, “Ampliación”, “Despachos noticiosos” y “Análisis panorámicos”, entre otros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los despachos de noticias, las carillas no debían superar las 20 líneas y se insistía especialmente en que los encabezados, o <em>leads</em>, no tuvieran más de 4 líneas de texto –35 palabras en total– sin comillas, sin potenciales y, mucho menos, con párrafos que comenzaran con una cifra o con el adverbio “no”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En las notas, debía prestarse especial atención a llamar la atención de los editores con encabezados en los que se respondieran las preguntas acerca de qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué, las tres primeras obligatoriamente en el primer párrafo y las restantes en el segundo, mientras los sucesivos podían extenderse a cinco renglones de unas 50 palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se trataba de directrices sencillas de explicar y no tan fáciles de aplicar, pero que marcaron mi formación, a medida que iba internalizándolas como herramientas para describir e informar hechos dramáticos, mezclados con otros esperanzadores, tristezas y alegrías que –siempre, aún en medio de aquellas tinieblas– forman parte de la vida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De todos ellos, apenas me propongo rescatar tres momentos clave: la difusión de la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar, el secuestro de más de 20 argentinos y cubanos vinculados a la representación diplomática y comercial de Cuba y el mundial de futbol de 1978.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La carta de Walsh</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al edificio Sáfico también se lo conocía como el “edificio de la prensa” porque concentraba una importante cantidad de periodistas de agencias y de periódicos extranjeros. Era una suerte de burbuja o refugio profesional que se desvanecía en cuanto se salía a la calle Corrientes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En mi caso, el refugio contaba con el respaldo adicional de un grupo de colegas y amigos con quienes sosteníamos diariamente una cadena de intercambio de información, que también nos servía como “control” telefónico de que estábamos a salvo. La cadena la iniciábamos quienes concurríamos a nuestros lugares de trabajo por la mañana y la cerraban quienes trabajaban por las noches. Entre los que integraban ese grupo, recuerdo particularmente a Oscar Serrat, Alberto Rudni, Horacio Finoli, Adolfo Coronato, Rodolfo Nadra o, hasta su exilio, Gregorio Selser, Pablo Giussani y José María Pasquini Durán.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta simple cadena de información y control reveló inmediatamente el secuestro de Serrat, quien había sido trasladado a la ESMA en noviembre de 1977, y es posible que haya contribuido a salvar su vida. Era, sin duda, una suerte de apoyo para nosotros ante las amenazas diarias que recibíamos por difundir al exterior lo que acá se obviaba o se censuraba. Desde el segundo semestre de 1976, a un numeroso grupo de colegas comenzaron a llegar los despachos de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) –dirigida por Rodolfo Walsh. Los despachos estaban escritos a máquina sobre papel biblia o <em>manifold</em> y se enviaban a la prensa en sobres que, sin embargo, muchas veces eran interceptados en la mesa de entrada de las redacciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las denuncias contenidas en estos documentos no solo eran contundentes, sino que, en ocasiones, también contribuían a salvar vidas de personas desaparecidas, cuando lográbamos difundir sus nombres y apellidos al exterior y salían en las noticias de la BBC o Radio Moscú.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por un antiguo acuerdo que tenía con uno de los redactores de ANCLA, el “negro” Eduardo Suárez (detenido-desaparecidos en agosto de 1976), yo solía estar entre los primeros en recibir los despachos, en una dirección “buzón” que habíamos acordado para otros fines. De ese modo, pude difundir de inmediato un resumen de la carta de Walsh a la Junta Militar a través de la agencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pocos días después, Arturo Lozza, que conducía <em>La Hora Argentina</em> por Radio Moscú, leía ante el micrófono: <em>En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino de una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada</em>.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Un agosto negro</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Varios medios y autores, que guardaron silencio durante la dictadura, o fueron sus socios directos, insisten ahora con la mentira de que Cuba fue cómplice de la dictadura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo cierto y comprobable – pero que esos medios y autores ocultan– es que, en agosto de 1976, la dictadura militar secuestró a 22 personas –5 cubanos y 17 argentinos y argentinas–, que trabajaban en la embajada de Cuba o en su representación comercial. Los restos de dos de esas personas –los jóvenes diplomáticos Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández–fueron hallados recién 36 años después en tanques rellenos de cemento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como explicaba en la sección anterior, como respuesta al papel clave de “Prelabaires” en el flujo informativo desde el sur de América Latina hacia el mundo durante esos años de terror, todos los periodistas de la agencia recibíamos amenazas diarias. Interceptaban el hilo del teletipo desde un piso que manejaba la Marina en el Correo Central y nos hacían llegar llamados escalofriantes, como el siguiente, que permanecerá en mi memoria para siempre: <em>¿Nadra? ¿Alberto? ¿Cómo anda ‘Pepe’? Aquí va un saludito de María Rosa. Seguí atacando al país, hijo de puta, que con cada nota que mandes le subimos unos voltios</em>. El llamado culminó con los gritos desgarradores de una mujer a la que estaban torturando.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Pepe” era el apodo de Bodes, a quien seguían las 24 horas. María Rosa se apellidaba “Cancere”. Era militante del PC y maestra en la guardería y escuela José de San Martin, que dependía de la embajada de Cuba. El 3 de agosto, María Rosa encabezó la lista de personas secuestradas y, como la mayoría de ellos, fue asesinada en Automotores Orletti, la “cueva” del Plan Condor, en el barrio porteño de Floresta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A contramano del relato reaccionario (al que se suman varios de quienes se autodenominan “progresistas”, pero eluden el carácter esencialmente anticomunista de la campaña por los derechos humanos que encabezó James Carter), la Junta Militar –al igual que el resto de la criminal alianza de dictaduras sudamericanas que gestó el Plan Condor, con el expreso apoyo de la CIA– no toleraba la solidaridad de Cuba con los perseguidos políticos, que incluía el asilo político y el traslado de familias enteras a la isla, después de un hospedaje de varios meses en la sede diplomática en la Argentina.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-7911 size-large" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-912x1024.jpg" alt="" width="912" height="1024" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-912x1024.jpg 912w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-267x300.jpg 267w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-768x863.jpg 768w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-130x146.jpg 130w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-45x50.jpg 45w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2021/07/A-Prensa-Latina-Credenciales-67x75.jpg 67w" sizes="(max-width: 912px) 100vw, 912px" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El mundial 1978</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El jueves 1° de junio de 1978, a las tres de la tarde, mientras Alemania Federal y Polonia protagonizaban un deslucido empate sin goles en el primer partido del mundial de fútbol que se jugaba en la Argentina, el mundo pudo ver la transmisión en directo de la televisión holandesa, que dividía la pantalla entre la ceremonia inaugural en el estadio de River y la resistencia de las Madres, que hacían su ronda por los desaparecidos en la Plaza de Mayo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Días antes, una valiente legión de leyendas de Prensa Latina –expertos en todos los eventos deportivos, desde los partidos de fútbol hasta los juegos olímpicos– aterrizó en Buenos Aires. Lo hizo en medio del terror y el nacionalismo exacerbado por la dictadura, pero también ante la invitación de Clemente –el inmortal pájaro sin alas que dibujaba Caloi– a “tirar papelitos” en cada cancha, a contramano de la desconfianza militar a los festejos dentro y fuera de los estadios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Encabezaba esa legión Elmer Rodríguez, más adelante jefe de Deportes de la agencia y gestor de la primera visita de Maradona a Cuba, en julio de 1987. Entre otros, lo acompañaba Sergio Pineda, una extraña mezcla de chileno, cubano y mexicano, orgulloso portador de un enorme bigote y con un humor tan explosivo como su mal genio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aquí, en “Prelabaires”, los acompañamos el nuevo corresponsal Abel Sardiñas –con una enciclopédica ignorancia futbolística– el conocedor Aram Aharonian y yo, un entusiasta jugador amateur y apasionado del juego. Con estos compañeros aprendí los fundamentos de la crónica deportiva, aunque nunca los volví a utilizar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En aquellos vertiginosos 25 días, no solo cubrimos el mundial en todas sus subsedes –Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza y Mar del Plata–, sino que, en cada uno de esos lugares, estuvimos contactándonos con las organizaciones de derechos humanos y los familiares de los detenidos y desaparecidos por razones políticas para recibir información sobre los crímenes del terrorismo de Estado y también sobre la también oculta, pero creciente resistencia obrera, estudiantil y popular.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 6 de julio de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Político, escritor y periodista </span></p>
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