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	<title>billeteras virtuales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Thu, 20 Aug 2026 12:16:01 +0000</lastBuildDate>
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	<title>billeteras virtuales archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Argentina endeudada. La naturalización de la usura y el negocio de la necesidad &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Aug 2026 12:11:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la Argentina contemporánea endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/argentina-endeudada-la-naturalizacion-de-la-usura-y-el-negocio-de-la-necesidad-por-bruno-carpinetti/">Argentina endeudada. La naturalización de la usura y el negocio de la necesidad &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5131de85951af92a7ac2f5b050d0fb18 wp-block-paragraph"><strong><em>En la Argentina contemporánea endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f4338f68619d4550e33de540b8d35d wp-block-paragraph"><strong>Por Bruno Carpinetti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:70px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62f12d92a6db967de5547101140a1684 wp-block-paragraph"><strong>De la condena religiosa a la naturalización de la deuda</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7b716e14a82621611f2aa095d2d90892 wp-block-paragraph">Hay transformaciones sociales que no ocurren porque una sociedad decida explícitamente cambiar sus valores, sino porque ciertas prácticas dejan, poco a poco, de ser consideradas problemáticas. Algo de eso ha sucedido con la deuda y, sobre todo, con la usura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d7ff72ebc881a9187199c1a329cb20f1 wp-block-paragraph">En la Argentina contemporánea, endeudarse se ha convertido en una práctica cotidiana. A diciembre de 2025, 19,5 millones de personas registraban algún tipo de crédito en el sistema financiero ampliado, un millón más que un año antes, mientras que el saldo promedio por deudor había alcanzado los $4,1 millones a valores constantes, con un incremento real del 24,7% durante 2025, el nivel más alto desde 2020. Se compra en cuotas, se utiliza la tarjeta para llegar a fin de mes, se solicita un préstamo para cancelar otro y se recurre a aplicaciones financieras para resolver necesidades inmediatas. El crédito dejó de ser una herramienta excepcional y pasó a formar parte de la organización ordinaria de la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-891ce7f91b69e3033299deca3cbb958a wp-block-paragraph">Lo significativo no es solamente la cantidad de personas endeudadas. Es que hemos dejado de experimentar la deuda como una anomalía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1152df8da52334f0e781ea33b0f8ccd8 wp-block-paragraph">La palabra misma ha cambiado. Ya no hablamos de prestamistas y deudores, sino de entidades financieras y clientes. No hablamos de usura, sino de costo financiero. No hablamos de necesidad, sino de demanda. El lenguaje financiero convirtió una relación moral en una operación técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f9a133008a713b9908f27f21fa40773 wp-block-paragraph">Y allí reside una de las grandes victorias de la usura: no haber conseguido que la consideremos justa, sino haber conseguido que dejemos de preguntarnos si lo es.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f8873a9904ccd60822212cc9470ee02 wp-block-paragraph"><strong>Una antigua pregunta moral</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee14c1e6738bc9628995f4f5e3188ec6 wp-block-paragraph">Durante siglos, las grandes tradiciones religiosas consideraron que cobrar por prestar dinero podía constituir una transgresión moral. El problema no era simplemente la magnitud del interés. Era la relación entre quien posee recursos y quien los necesita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-843abe26471c196d7cb6e0e012549190 wp-block-paragraph">Quien tiene dinero puede esperar. Quien necesita dinero muchas veces no puede.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eaaaae3bd88d131d4b20fc82a45ad64a wp-block-paragraph">Esa desigualdad hace que un contrato formalmente voluntario no sea necesariamente una relación justa. El necesitado puede aceptar porque no tiene alternativa, y precisamente esa vulnerabilidad puede convertirse en la fuente de rentabilidad del acreedor.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-29102a1c62b1abf41dc67d82933ae140 wp-block-paragraph">La crítica religiosa a la usura contenía, por lo tanto, una intuición que nuestra época ha perdido: la necesidad humana no debería convertirse automáticamente en una oportunidad de negocio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab7424b2bd304cb7de8ad64e3ef8fb6c wp-block-paragraph">El judaísmo, el cristianismo y el islam desarrollaron, con importantes diferencias, doctrinas restrictivas frente al interés. El cristianismo medieval llegó a condenar severamente la usura; el islam mantiene hasta hoy la prohibición del <em>riba</em>; y la tradición judía estableció restricciones al cobro de interés entre miembros de la propia comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4014c8a55d6552d065e9cc46ec70d8c8 wp-block-paragraph">En las tradiciones religiosas, la condena de la usura tampoco estuvo exenta de tensiones. En el judaísmo bíblico, por ejemplo, existen disposiciones que diferencian el tratamiento del interés según se trate de miembros de la propia comunidad o de personas externas a ella. Esta distinción debe entenderse en el contexto histórico y jurídico de aquellas sociedades, muy diferentes de las actuales, y no puede trasladarse sin más a la tradición judía contemporánea. Sin embargo, resulta interesante desde una perspectiva ética porque muestra una tensión que atraviesa muchas doctrinas antiguas: la distancia entre una moral orientada prioritariamente hacia la propia comunidad y la aspiración moderna a una ética universal, aplicable por igual a todos los seres humanos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f816cd2ced9576efc2df9daaff805e6c wp-block-paragraph">Más allá de estas diferencias, las tres grandes tradiciones abrahámicas conservaron durante siglos una preocupación común: que la necesidad económica de una persona no se convirtiera sin límites en una oportunidad de enriquecimiento para otra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ac98eecde19a333980c56ac9413af7c5 wp-block-paragraph"><strong>La modernidad no abolió la usura</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ff70e8b2b0da81566d3643c0e25e717 wp-block-paragraph">La modernidad pareció resolver el problema de una manera sencilla: si ambas partes aceptan el contrato, la relación es legítima. Pero esa solución confunde consentimiento con justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-426660ec4a00754cc01ff003b4f909d0 wp-block-paragraph">Una persona con recursos y otra que necesita desesperadamente dinero pueden firmar voluntariamente el mismo contrato y encontrarse, sin embargo, en posiciones completamente diferentes. El derecho puede reconocerlas como iguales; la realidad económica puede no serlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a8b696a3c0c16db99bc1d0285310126 wp-block-paragraph">La modernidad no eliminó entonces la usura. La institucionalizó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c1610bc00d64a9211f69309e94f61f11 wp-block-paragraph">El antiguo prestamista abusivo fue reemplazado por contratos, algoritmos, tarjetas, aplicaciones y sistemas de evaluación crediticia. La operación se volvió más sofisticada y, al mismo tiempo, moralmente invisible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-56af9eddeb09543b3ed115fbaf163966 wp-block-paragraph">El problema reaparece cuando observamos quién paga más por el dinero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-27a1ffddd3579ba49627651722afb4e2 wp-block-paragraph">Quien posee patrimonio, ingresos estables y garantías suele acceder al crédito en mejores condiciones. Quien tiene menos recursos, precisamente porque representa mayor riesgo para el sistema financiero, enfrenta mayores costos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-05ef6c4303bcec98227785ddf90f5964 wp-block-paragraph">La paradoja es brutal: el dinero puede resultar más caro cuanto mayor es la necesidad de quien lo solicita.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e9f9f3d114b50c4201dde6756079ecd3 wp-block-paragraph">Y hemos aprendido a considerar eso normal.</p>



<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://cdn2.oceansbridge.com/2017/08/09200530/Usurer-with-a-Tearful-Woman-1654-Gabriel-Metsu-oil-painting-1.jpg" alt="" style="aspect-ratio:0.9198173346623705;width:546px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>«Usurario con una mujer llorosa», (1654) Gabriel Metsu.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa24b0eb95ec56d90b8fa8d5c47ad585 wp-block-paragraph"><strong>La disociación entre lo que pensamos y lo que hacemos</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b04fcf5aaec814c66bc143d8a9c40f06 wp-block-paragraph">Aquí aparece una cuestión que atraviesa nuestras reflexiones vertidas en anteriores artículos, sobre la relación entre ideología y acción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6047faa413f14747e79ef83d252b068 wp-block-paragraph">Nos declaramos partidarios de la libertad, pero aceptamos formas de endeudamiento que condicionan durante años la vida de millones de personas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-65008e46b53cee056b6972b349f91eb6 wp-block-paragraph">Defendemos la responsabilidad individual, pero convertimos en decisiones privadas problemas que tienen causas estructurales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e0783ff02c172eb54546db57514c236c wp-block-paragraph">Hablamos de igualdad mientras aceptamos que la capacidad de negociación frente al crédito dependa precisamente de la riqueza previa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4021d6da0491b4c523fe27ec73fdd288 wp-block-paragraph">Y sostenemos que una relación es justa porque fue voluntariamente aceptada, aunque una de las partes haya llegado a ella desde la necesidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a1ccbecbfb6e8ecb19fa47a4f348893 wp-block-paragraph">La contradicción se vuelve posible porque hemos separado nuestras convicciones de nuestras prácticas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b458b61cbdb0adbe050761b38524989 wp-block-paragraph">Podemos rechazar verbalmente la explotación y participar cotidianamente de relaciones económicas que la reproducen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e3f95b94ac2b8642dcb584c770301f8d wp-block-paragraph">Podemos condenar la usura y, al mismo tiempo, aceptar que el dinero sea vendido a precios extraordinarios a quienes menos posibilidades tienen de defenderse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e22eb06fba7353bcc1150af324aca2b8 wp-block-paragraph"><strong>Cuando desaparecen las doctrinas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a5ac8e0643f326054950a49538cdf23 wp-block-paragraph">Durante siglos, las doctrinas religiosas funcionaron como ordenadores de la vida social. No se limitaban a explicar el mundo: establecían límites para la conducta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f0001315448008eaaab82e735a3b499 wp-block-paragraph">Decían que no todo lo legal era justo, que no todo lo rentable era legítimo y que no todo lo que podía hacerse debía hacerse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e24945e5b5c287fbeff8e53c3a37b8aa wp-block-paragraph">La modernidad debilitó esos límites y los reemplazó progresivamente por una combinación de mercado, derecho y decisión individual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-232e7961581b0f0f21e17083aead769b wp-block-paragraph">El resultado es que hemos terminado confundiendo tres cosas diferentes: lo permitido, lo rentable y lo justo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8876a8244553389b7a024993ef18e451 wp-block-paragraph">Pero una sociedad no puede vivir indefinidamente sin responder qué considera justo. La cuestión de la usura vuelve a mostrarnos por qué.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8d32f6b448ddf2dd409a30adefcf7e9 wp-block-paragraph">No necesitamos regresar a las sociedades religiosas ni aceptar sin crítica sus doctrinas. Necesitamos recuperar su capacidad de formular límites morales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-065b30b09ddeb84eb4ef5413df3d9d4e wp-block-paragraph">Porque el problema de una sociedad no es solamente aquello que prohíbe. También es aquello que, pudiendo prohibir, ha decidido considerar normal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f0895f51df502621ce6db094501798f1 wp-block-paragraph"><strong>Volver a llamar usura a la usura</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5143e3b150b8debc863769dba0335e6e wp-block-paragraph">No todo interés es usura. El crédito puede ser una herramienta legítima y necesaria. Una economía moderna difícilmente pueda funcionar sin mecanismos de financiación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2bb40ae97762d2af5b3a45af0292c9b7 wp-block-paragraph">Pero tampoco todo aquello que es legal, voluntario y rentable es necesariamente justo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-501e34e75ef385aa1ec0debc44a2741d wp-block-paragraph">Cuando la rentabilidad depende de la vulnerabilidad del otro, cuando el necesitado paga más precisamente porque necesita más, cuando una persona compromete ingresos futuros para resolver necesidades presentes y cuando esa situación se convierte en una fuente sistemática de ganancias, tenemos derecho —y quizás la obligación— de recuperar una palabra que hemos expulsado del lenguaje económico: usura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9d261be3e371e26b5331f7236d579658 wp-block-paragraph">No para regresar al pasado, sino para recuperar una pregunta que el presente ha olvidado. ¿Cuánto puede ganar legítimamente alguien aprovechándose de la necesidad de otro?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-11f424b2407a6ad7af0a4c319fa97f60 wp-block-paragraph">Las antiguas religiones ofrecieron respuestas imperfectas, contradictorias y condicionadas por sus propios contextos históricos. Pero conservaron algo fundamental: la convicción de que el dinero también está sometido a la moral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e208c2f9b41b0279f10a9a136da2d7db wp-block-paragraph">Nosotros hemos hecho exactamente lo contrario. Hemos conseguido que el mercado parezca moralmente neutral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cabb9b92a8faa7357e48b2c374b4b518 wp-block-paragraph">Y cuando el mercado se presenta como neutral, la necesidad humana puede convertirse en mercancía sin que nadie tenga que sentirse responsable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc20dfea36abbd2b502368214737c314 wp-block-paragraph">Quizás sea hora de volver a discutir la usura. No porque hayamos descubierto algo nuevo, sino porque hemos olvidado algo demasiado antiguo.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-353d9639d2d26cdf4dc37acaac0b1b0f wp-block-paragraph">20 de agosto de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized is-style-rounded"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSWgvX6iMbQzwoEKmoGv27CQkrmpvL7VarqDKR0e2pLXg&amp;s" alt="" style="width:142px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e33585fc41c3aedbed2b70457f9578c2 wp-block-paragraph">*Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a17f0c610d1b6c643abe513f0e7bf908 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>,&nbsp;<strong>$10.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$15.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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