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	<title>Bejnamin archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Bejnamin archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>¿Qué esperar del realismo político? &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Apr 2021 20:30:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
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		<category><![CDATA[Realismo político y estrechez]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que el peso de la pandemia sobre la crisis extrema una tensión que el realismo político sólo presenta como asunto de estilos, de formas de comunicación o, en el mejor de los casos, de criterios sanitarios. Sztulwark lanza un interrogante para el debate y la reflexión: ¿cabe esperar de la política así formateada, otra cosa que impotencia, a medida que la crisis muestra su profundidad?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Diego Sztulwark sostiene en este artículo que el peso de la pandemia sobre la crisis extrema una tensión que el realismo político sólo presenta como asunto de estilos, de formas de comunicación o, en el mejor de los casos, de criterios sanitarios. Sztulwark lanza un interrogante para el debate y la reflexión: ¿cabe esperar de la política así formateada, otra cosa que impotencia, a medida que la crisis muestra su profundidad?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>1-</em> El realismo estrecho se ha esparcido por el entero campo de lo político. La ostensible ausencia de una imaginación constituyente, capaz de pensar de otro modo, despejó el terreno para la expansión de esta doctrina ideológica sencilla, que enuncia que sólo hay lo que hay. Planicie que admite, en todo caso, diferencias de grados -nunca de naturaleza. Diferencias que se resumen en actitudes o disposiciones, las de tipo defensivo y ofensivo. Son ellas las que animan la polarización. Son diferencias que refieren a los modos de gestionar el común sometimiento a una tendencia que se presenta irrevocable: más telecapitalismo y más desigualdad. Distinciones y disputas sobre los criterios con los que se gestiona esta realidad inapelable. Polarizaciones que consisten en estados de ánimo, actitudes y posicionamientos que tienden a lo inconciliable. La opción se da como esfuerzo de la sensatez contra la radicalidad. Como en otros sitios del mundo, se libran encarnizados enfrentamientos entre los defensores de una versión moderada y defensiva -liberales y progresistas- que hacen de la propiedad privada un momento incuestionable pero compatible con proyectos de inclusión, y los agresivos libertarios del goce de la posesión -neoliberales y neofascistas-, de retórica belicista, y ampliamente percibidos como exceso a contener, problema urgente y desafío casi irresoluble.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este tipo de realismo envuelve en sus premisas a los principales contendientes. Y les impone una tarea imposible: sea la del dialogo y la mutua comprensión, sea la de la resolución disciplinaria, de tipo represiva, capaz de limitar la inestabilidad crónica. Tarea imposible, en la medida en que el consenso y la coacción -categorías que en Gramsci suponían un proyecto histórico y una vocación hegemónica- se vuelven operaciones inefectivas para pensar la descomposición social y la reducción ideológica. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En esta escena, la pregunta que comienza a tomar forma es todavía más extrema: ¿cabe esperar de la política así formateada, otra cosa que impotencia, a medida que la crisis muestra su profundidad? Crisis sin precedentes, que se intenta presentar como sólo sanitaria, para mejor diferir la inmediatez de sus aspectos económicos y sociales, y que hay que tomar muy en cuenta a la hora de considerar la impotencia del realismo moderado, así como la exacerbación del delirio reaccionario. La ostensible imposibilidad de alcanzar la declarada intención del dialogo y el acuerdo, y la inviabilidad de la coerción, que sólo tiene sustento en un contexto de agudización de la lucha de clases, coloca al realismo político al borde de la inoperancia. En medio de la polémica por la suspensión de las clases, que opone al presidente y al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, circuló un meme que mostraba a Marx junto a la frase: “las clases debieran suspenderse para siempre”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.elviejotopo.com/wp-content/uploads/2017/09/larger.jpg" alt="Walter Benjamin Capitalismo como religión | Pensamiento | El Viejo Topo" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Walter Benjamin</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>2-</em> Por lo dicho, vale la pena sustraerse por un momento de las coordenadas propias del realismo, dejar descansar las categorías del maquiavelismo revolucionario de Gramsci, y reflexionar, en todo caso, sobre la precondición que toda política debe tener en cuenta: la perdurabilidad del círculo de la soberanía (forma legal del mando), entendida como capacidad de imposición que deriva no sólo de las relaciones -nacionales- de fuerzas, sino también y cada vez más, del orden global en el que se inscriben. Como aconsejaba David Viñas, vale la pena ampliar la comprensión de los episodios locales remitiéndolos a la dinámica global. Como él mismo hacia, por ejemplo, con la batalla de Pavón -con la que sueñan inútilmente en estos días Patricia Bulrich y Horacio Rordíguez Larreta- que permitía al escritor de <em>De los montoneros a los anarquistas</em>, mediante el trazado de “figuras análogas”, integrar la expansión del mercantilismo porteño y la derrota de la “cultura del cuero” como parte integrante de las tendencias inapelables del poder transnacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho círculo, el de la soberanía, se define como violencia que se justifica en el derecho y como derecho que se sostiene materialmente a partir de la violencia. El orden jurídico que pretende el monopolio de la violencia, depende de la violencia que crea y conserva derecho. De Walter Benjamin a Jacques Derrida, la articulación entre la fuerza y la ley es tautológica: la instancia legal que autoriza la violencia depende materialmente de la violencia que funda autoridad legal. Quedando excluida toda relación interna entre fuerza de ley, y cualquier consideración sobre lo que en el plano de las luchas y las aspiraciones se denomina justicia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los ejemplos más claros que ofrece Benjamin en su <em>“Crítica de la violencia”</em>, son: el poder de policía, en cuya acción la violencia conserva el derecho al tiempo que lo crea, conjurando activamente toda violencia desligada, capaz de precipitar nuevos criterios de justicia; y el derecho a huelga (cuyo referente material es la huelga general) frente a la cual el Estado no puede sino actuar de modo ambivalente, reconociendo y temiendo la articulación potencial entre derecho y violencia obrera, fuerza capaz de romper la circularidad sobre la que se sostiene el orden. Es decir que la amenaza que acecha al orden jurídico proviene del interior mismo del derecho. La aparición de una violencia desligada, capaz de ejecutarse en nombre de la justicia (un derecho a tener derecho), expone a los ojos de todo el mundo, en su sola acción, la «síntesis a priori» según la cual ley y violencia se recubren entre sí, sin cuestionamiento alguno. Ese poder develador de la huelga general, sumado a su potencial revolucionario (Benjamin cita con admiración a Sorel), explican el temor que mueve e involucra al estado en habituales operaciones represivas destinadas al re-establecimiento de la redundancia del circulo entre violencia y orden jurídico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Interesados por los períodos de ruptura desde abajo, Benjamin -en su referencia a la correlación entre estado de excepción y tradición de los oprimidos- y Derrida -en la postulación del momento no interpretable, en el que la violencia desligada actúa según criterios que el poder no logra descifrar- piensan el instante mítico en el cual el orden jurídico resulta interrumpido, sin alcanzar a ser sustituido por algún nuevo derecho. Dicha interrupción, donde la acción actúa sin el amparo de la norma, coloca al sujeto ante la ley (aún por venir). Tanto para uno como para el otro, la acción desligada amenaza al círculo del mando desde dentro, como potencial irrupción de sujetos dispuestos a reclamar su derecho a discutir el derecho -derecho cuyo momento más denso se sigue representando en el propio Estado-.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://insurgenciamagisterial.com/wp-content/uploads/2018/05/jacques-derrida.jpg" alt="FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN, JACQUES DERRIDA: LA DECONSTRUCCIÓN. - Insurgencia Magisterial" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Jacques Derrida</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>3-</em> En su comentario de la obra de Benjamin, Derrida imagina que la huelga general podría realizarse vía inoculación de un virus que paralizara las comunicaciones, los ordenadores; un equivalente del sida que afectaría no los cuerpos sino la transmisión del sentido. Su hipótesis cobra hoy una nueva actualidad. ¿Puede un virus desencadenar una fisura en el círculo del derecho, haciendo emerger un nuevo “derecho a discutir el derecho”? ¿Puede un virus, que a diferencia del de Derrida, cuestiona a los cuerpos y fortalece a los ordenadores, acentuar contradicciones sociales a punto tal de forzar la decisión que interrumpe el continuo jurídico? Y si fuera así, ¿estamos seguros de que la interrupción del orden sería inmediatamente favorable a un momento emancipatorio?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El problema de la decisión política capaz de desconectar las relaciones directas e inmediatas entre fuerza y derecho, por efecto de la acumulación de tensiones, fue pensado bajo la forma de la dictadura por Carl Schmitt. El momento mítico deviene en él espiritual, y la violencia normalizante actúa siempre en función de reinstaurar el círculo. ¿Cómo diferenciaba Benjamin su propia idea de estado de excepción generalizado, su propia proposición de un momento mítico desde abajo? Oponiendo una concepción diferente del momento mítico. Rechazando la violencia como fundamento del orden (que crea y/o conserva), el derecho a castigar que en el extremo deviene derecho a matar. Y postulando en su lugar una filosofía de la violencia desligada, puramente destructora, incapaz, sin embargo, de derramar sangre. Una violencia cuestionadora del estado de cosas, pero incapaz de sacrificar vida humana, considerada sagrada en tanto que portadora de un potencial de justicia. La destrucción benjaminiana del círculo desvincula el derecho del poder de matar, como condición de una justicia que, sin embargo, por ser irreductible al derecho, no se deja “reconocer con certeza”, ni es del todo “evidente”. Y no lo es -al menos según Derrida-, porque el propio lenguaje resulta afectado por esta violencia, destruyendo en él todo lo que es relación medio/fin, signo/mediación, en favor de un nominalismo de las singularidades -poder de dar nombre a cada sujeto, a cada cosa-, abriendo las puertas a una justicia más allá del derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>4-</em> El peso de la pandemia sobre la crisis extrema una tensión que el realismo político sólo presenta como asunto de estilos, de formas de comunicación o, en el mejor de los casos, de criterios sanitarios. El realismo es la ideología que constriñe a unxs y a otrxs a aceptar este campo estrecho de disputa. Siendo la estrechez misma la que impide que la polarización se salga de curso, abriendo posibilidades, al lenguaje y a la escucha, de lo que merece ser dicho y escuchado. Se trata de una polarización impermeable, incapaz de filtrar una imagen, una palabra que no se adecúe al juego ultra judicializado de oficialismo-oposición. ¿Ninguna chance de que la profundidad de la crisis obligue a transformar la gestión de la crisis en un sentido enteramente favorable a las prácticas de los cuidados, lo que implicaría transferir recursos económicos y capacidad de decisión al sistema público? La política del realismo bloquea el dato problemático esencial -la irrupción de la pandemia como intensificador de la crisis- circunscripto, como está, a un lenguaje ya capturado. Pero entonces, son las líneas principales de politización las que no encuentran cauce. Y lo que permanece fuera de foco, y fuera del lenguaje, son las conexiones elementales entre conflicto social y nuevas figuras de justicia. Lo que permanece impedido, en y por la trama del derecho, es la más básica necesidad de orientar la producción de bienes en favor del disfrute público, y la reasignación de riquezas en un sentido igualitario. El realismo, cuando no es una secuencia necesaria de una política de emancipación, se priva de esa comprensión más amplia -de la que hablaba Viñas-, que permite situar mediante figuras de analogía, la penetración del mitrismo, la derrota de las montoneras o la venganza de Simón Radowitzky como episodios de significación global. El realismo desestima, y provoca un declive de lo político. Declive que se extiende, bajo la forma de análisis periodísticos y comentarios justificatorios de red social, saberes acotados o directamente en sorderas. Indiferencia que, bien encauzada, podría llevar a la pregunta sobre los derechos a nombrar cada cosa por su nombre.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política. Autor del libro: «Vida de perro: Balance político de un país intenso, del 55 a Macri. Conversaciones con Horacio Verbitsky».</span></p>
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		<title>La repetición &#8211; Por Ricardo Nacht</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Aug 2025 12:22:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La Tecl@ Eñe publica una versión del texto presentado en el Foro de Pensamiento Crítico Situado, “Síntoma 1976-La Repetición”, organizado por el Colectivo Zona de Frontera y la Casa de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el 12 de julio de 2025, junto a Mario Santucho, Alejandro Kaufman y Eduardo Grüner. “Síntoma 1976” porque esa fecha no es una significación congelada sin consecuencia alguna. El imperio del miedo ha salido, una vez más, a la superficie, un siniestro temor que conocemos demasiado bien.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-repeticion-por-ricardo-nacht/">La repetición &#8211; Por Ricardo Nacht</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a619952df7145d76632318bd628ad14 wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe publica una versión del texto presentado en el Foro de Pensamiento Crítico Situado, “Síntoma 1976-La Repetición”, organizado por el Colectivo Zona de Frontera y la Casa de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el 12 de julio de 2025, junto a Mario Santucho, Alejandro Kaufman y Eduardo Grüner.</strong></em><strong><em> “Síntoma 1976” porque esa fecha no es una significación congelada sin consecuencia alguna. El imperio del miedo ha salido, una vez más, a la superficie, un siniestro temor que conocemos demasiado bien</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bc03e54fcd70b7fe39d03b417b6dc2a6 wp-block-paragraph"><strong>Por Ricardo Nacht*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:64px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e8565e61d3011d3fb6d897de4a11f917 wp-block-paragraph" style="color:#0745e3"><strong>“Síntoma 1976”.La responsabilidad política en materia de inconsciente</strong>.</p>



<div style="height:67px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4f54d2794654346f9d90df38a9e0f9f9 wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong><em>“… no sentimos horror porque nos oprime una Esfinge,</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f709d4b2c003f8011422ab9def7147f1 wp-block-paragraph"><strong><em>soñamos una Esfinge para explicar el horror que sentimos”&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c508770b1fd34fd07b738f62acccdfc8 wp-block-paragraph"><strong><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge Luis Borges.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f09d0b6890e71fc929f3fc99d1fab31 wp-block-paragraph">Resumo en uno, cantidad de sueños escuchados en estos tiempos: “<em>Soñé que me venían a buscar</em>”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1255695af456695ae2c864c678ba9805 wp-block-paragraph">Para pensar hay que situarse, hay que tomar posición. Si la historia, anacrónicamente articulada, y la lengua son un campo de batalla lleno de violencia no decidido de antemano. Si la historia es también el suelo que pisamos y la lengua que salivamos, “Síntoma 1976” condensa, con su entramado, las coordenadas sobre las cuales está, hoy, jugada nuestra existencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc2bc82f32adfb185d27a039a01c92d0 wp-block-paragraph">Batalla puede ser una palabra bonita, el instante de peligro, la amenaza y el miedo que pasan por nuestros cuerpos ahora que somos el enemigo, dicen que estamos dentro de una guerra, que siempre lo hemos estado, sólo que la socialdemocracia, la estetización de la política, vino a cumplir la función de velarlo, haciéndonos olvidar, por momentos, que somos los derrotados. Haciéndonos olvidar que se trata de una derrota de la que toca hacernos cargo. Somos el enemigo, pero dentro de la misma lengua. El enemigo interno. La guerra, entonces, es una guerra civil. ¿Y no es eso lo que está justo en el fondo fundacional de nuestra historia como nación y luego como Estado? Corrido aquel velo está a la vista lo que se repite. Se acabaron las metáforas. No hay contradicción entre democracia y guerra. La repetición ha corrido un velo y <em>lo peor</em> de nuestra historia, lo que la palabra <strong>Dictadura </strong>nombra y condensa ha tomado posición, una vez más, en el centro de la escena política. <em>Sólo se reconoce el estatuto de enemigo a lo que resulta situable como “fuera del discurso”</em>. El enemigo, acorralado, puede ser empujado hacia las formas más extremas de violencia. ¿No es posible un discurso que fuera otro y que alcance la dignidad de ser enemigo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fa7256271f88d477146a3c0f460523c4 wp-block-paragraph"><em>Lo peor</em>, lo más podrido de nuestra historia viene armando una nueva escena. Una escena absoluta en la que estamos todos dentro. Una escena en donde el campo del lenguaje viene siendo colonizado de una manera siniestra. Guerra y lenguaje, ahora juntos, dicen que estamos dentro de una <em>guerra semiótica </em>hecha para persuadir o matar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa1ffaeb91c5e1fdb3fcf904885eda8f wp-block-paragraph"><em>La organización perversa de los dispositivos sociales agrega una fuente de malestar que tiene a nuestro cuerpo como caja de resonancia de las pesadillas oníricas y políticas</em>. Una organización perversa que penetra, colonizando, nuestro inconsciente. A pesar de todo hay que ser sensatos y darse cuenta, escribe Lacan -ya viejo-, que la neurosis se sostiene en las relaciones sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8ec2e8fd051739f875da4197bcb121a0 wp-block-paragraph">Para situarse en el presente hay que saber situar nuestros miedos. Tomar posición es desear. Situarse en el presente para poder aspirar a un futuro. <em>Un futuro que sólo se sostiene en la fuerza del lenguaje</em>. La posición que tratamos de defender es inconfortable y paradójica, pero tiene esa fuerza. Pensar porque, como escribió Sartre, es necesario darle un fundamento a la esperanza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4bd776d2f33025942ad70cd5258a3ed9 wp-block-paragraph"><em>Lo peor</em> está en el centro, algo <em>Siniestro</em> está en el centro, o sea la manera en la que el fascismo y su violencia están familiarizados en nuestra lengua. Fascismo no es un concepto ni una teoría. Guerra tampoco lo es. El concepto y la teoría no llegan allí donde se juega la vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ae6e67a8f19b4891caa15b4b87cee0fc wp-block-paragraph">Hacer sonar la vida, la fuerza del lenguaje, allí donde la palabra fascismo ataca, obliga a hacer sonar una particular función de la palabra, aquella que se mueve en el territorio freudiano del <em>Witz</em>, del chiste y su relación con la dimensión social del inconsciente, dimensión que desemboca siempre en un colofón ético y político. El chiste cobra toda su potencia por alcanzar una posición clave, se coloca al lado, <em>a coté</em>, del inconsciente, de su dimensión social, ética y política. La risa como efecto es social, colectiva, política, destituyente. Es lo contrario del miedo y la identificación. Una política del síntoma y de la lengua que toca seguir abriendo, dado que el pasado no deja de irrumpir en la repetición de un pasado ahora sintomatizado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9f92fd30044f5fb07a796afc46c6a492 wp-block-paragraph">Si el inconsciente es la política, el acontecimiento político no es un chiste que se cuenta, es un chiste que se hace. Un acto contingente que llega siempre luego de una espera incierta, activa y comprometida. Es la función de la palabra sostenida por un deseo que no se gasta, que abre a lo inesperado y a la sorpresa como respuesta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-61969032406aabe35374b87c286bef1b wp-block-paragraph">Lacan acerca ambas prácticas, la de psicoanalistas y la de políticos, porque comparten un mismo rasgo de estructura: <em>“No hay episteme de la virtud política […] lo que hay en ella de verdadero no es aprehensible por un saber ya ligado […] y todo lo que opera en el campo de la acción analítica es anterior a la constitución del saber”</em>. La afirmación de que el inconsciente es la política tiene fundamentos claros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-716409862255bcdcdcf3cfd3bb120394 wp-block-paragraph">Si para Adorno no hay modo de entender qué es el fascismo sin antes poner a jugar la hipótesis del inconsciente, quizás entonces una respuesta capaz de resistirlo deba tomarla en cuenta. Tomar en cuenta que <em>el</em> <em>inconsciente nunca triunfa mejor que al fracasar.</em> Con el fascismo, escribe, “se produce una revelación simbólica de la identidad, una identidad que los oyentes sienten y comparten mentalmente, un acto de identificación de los impulsos y pulsiones individuales. El yo, -afirma y destaca-, desempeña un papel demasiado importante en la irracionalidad fascista”. A esto se debe, agrega, que al final sus seguidores serán embaucados, practicantes ahora de la religión del Yo, de la renegación y la desmentida.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://static.nuso.org/media/cache/68/46/68460665c09b6efa9499da241b39360d.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em> Representación artística del fascismo.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b033b602e604a0d9ec3e51630e44616a wp-block-paragraph"><em>Lo peor</em>, situado el miedo que tenemos adentro, es un tejido de tiempos heterogéneos que componen las relaciones entre historia, memoria y política. Sabemos que estamos amenazados, también sabemos que tenemos miedo. Decimos “Síntoma 1976” porque esa fecha no es un símbolo, o sea una significación congelada como si no tuviera consecuencia alguna. Estamos desde siempre bajo el imperio de un miedo ahora salido, una vez más, a la superficie y que conocemos demasiado bien. ¿No le ha tocado a cada generación conocerlo con sus diferencias a lo largo de toda nuestra historia? Hubieron estaqueados hasta morir en 1830 tanto como en 1976.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03561a81541b6cb4edce471dae4b5b77 wp-block-paragraph">“La responsabilidad política en materia de inconsciente”<strong>: </strong>este nombre (robado, y ahora repetido) dice que a los psicoanalistas nos toca tomar posición dado que allí queda dicho, y de manera clara, que el inconsciente es la política. Ese fue el título de tapa de la revista Conjetural en diciembre del 2000. Un nombre ahora repetido porque mucho de lo escrito allí está para ser leído 25 años después.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68eed59212095aa3fdbba29c0052df11 wp-block-paragraph">El inconsciente, transindividual, está estructurado como un lenguaje. Habla en una lengua siempre local que tiene a la segregación y a la violencia, a la economía y a la lucha de clases, a la historia, adentro.Lo político se juega siempre como un efecto de lenguaje y el poder se ejerce sobre la lengua, que deberá ser hablada por muchos. El inconsciente estructurado como un lenguaje es el lugar por donde lo excluido, (nuestro fascismo) retorna y la repetición es la persistencia de lo excluido en retornos que hacen surgir lo nuevo. “Síntoma 1976” es un nombre posible. Condensa <em>lo peor</em> en un tiempo donde estamos siendo atacados por lo peor cocinado en nuestra lengua. Con un agregado o condimento: el lenguaje está hecho, según Lacan, para semiotizar la confusión de sentimientos. La semiótica es lo que constituye sentido y comporta sentimientos y emociones, cosquilleos en la lengua, dado que las palabras están hechas para ser plegadas en todos los sentidos. El fascismo es propaganda, escribe Adorno, y así está construido. Se trata de los <em>semas</em>, de ese “algo”: un <em>goce semiótico</em> que se encarna en la lengua de cada uno y la que tenemos en común. La violencia está en la lengua, se la va comiendo y la mayor violencia es la palabra degradada a signo, momento en que el significante, la palabra, sucumbe plegándose al signo, momento en el que todo el andamiaje simbólico queda aplastado, es puro significado y la palabra representación sólo produce obediencia. La política se rompe y la razón poética desaparece. Vivimos dentro de esta “<em>fatalidad semiótica</em>”. Asociados signo y significante el hecho de apuntar a uno o a otro “<em>hace cambiar el fusil de hombro</em>”. Ahora el hombro desde el cual dispara la poesía.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-49c65c4f5f91b4204569700b2e2d6842 wp-block-paragraph">Si hay lo que Benjamin llama la “violaciónde las masas” y si las palabras <em><strong>guerra</strong></em> y <em><strong>enemigo</strong></em> están entre nosotros estamos dentro de lo que venimos llamando una “guerra semiótica”. Una violencia ideológica que puede ocultarse tras la más normal y aparentemente inocua operación cognoscitiva escribe Carlo Ginzburg. El fascismo tiene método, es un procedimiento hecho para producir la tecnocolonización del inconsciente, de la subjetividad, para producir zombis, ese es su objetivo. Según Bejamin el fascismo arranca cuando están todos subidos al tren.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.cubaperiodistas.cu/wp-content/uploads/2020/11/cerebro1-ABC.jpg" alt=""/></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9053187a258dd7a75bf3d6b920e86f9c wp-block-paragraph">La responsabilidad nos lleva directo a la palabra <em>síntoma</em> en tanto estamos frente a una verdad que se oculta, que se censura, que se reprime y está en lo que se escucha. O sea, un pasado que retorna y de la manera más viva. Toca entonces producir una mirada crítica que sea capaz de ayudar a producir en y con la lengua una estrategia donde la resistencia, la lucha (siempre de clases) encuentre un decir capaz de mirar de soslayo a ese resto podrido al cual pretenden reducirnos. Para pensar el presente, escribe Carlo Guinzburg, hay que poder mirarlo de costado. Aquel que mira a lo real de frente, escribe Pascal Quignard, y no con una mirada que llama oblicua, cae inmediatamente en la petrificación. ¿Se encuentra hoy la política algo petrificada? ¿Estamos nosotros mismos algo petrificados?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6eabcea2b0d968f53caf81449c2b6f6f wp-block-paragraph">Estamos siendo penetrados por un sentido que deposita goce en la lengua y nuestros cuerpos son ese depósito. Ya circulan palabras para nombrarnos con toda la violencia propia de la segregación cuando produce una identidad: la del chivo expiatorio que tiene al exterminio como método y a la cámara de gas en el horizonte. El chivo expiatorio, aquel que será atacado con palabras que están hechas para perforarnos, para matar. Esta vez, este régimen, esta nueva guerra, está planteada como absoluta. Esa es su utopía: dar por ganada de ahora y para siempre la lucha (racializada) de clases.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-43dda14f186487b60f27805f97d034d9 wp-block-paragraph">Estamos siendo atacados con las mismas palabras que fueron y son las que han dado fundamento a la particular relación, en nuestra lengua, entre Estado y crimen. No deja de retornar un orden histórico que tiene a la palabra genocidio en el horizonte. <em>1976</em>, que no fue el primero, es el primero y hay razones que lo explican, no queda borroneado por el olvido. No olvidamos, ellos menos. El fascismo no es una teoría, se practica atacando, llega por asalto, asalto de lo real. Y es justamente en las relaciones entre lo real y las determinaciones simbólicas donde se abre el campo de una acción fundada en la responsabilidad. <em>La responsabilidad política en materia de inconsciente</em>, para los que somos analistas y para los que practican un pensamiento crítico situado, pasa por introducir lo que la llamada “técnica del significante”, el chiste y el poema, permiten. Una diferencia absoluta allí donde en la lengua queda jugada una equivalencia formal, entonces una diferencia absoluta, una alteridad indestructible, una política ahora separada de lo que una semiosis asesina nueva une produciendo una tiranía de lo real; lo que la palabra <strong>Dictadura</strong> inseminada en nuestros cuerpos produce. Una semiosis que acompaña la utopía de una destrucción total. Una semiosis asesina que acompaña, una vez más, la implantación en el cuerpo social de una economía de pura destrucción. Es la lógica del equivalente general que alimenta nostalgias tenaces. El inconsciente es la política (Lacan, 1968) y la lengua el campo de batalla. Es así y no de otra manera. El síntoma es un entramado heterogéneo hecho de memoria, historia y política, une lo que se puede distinguir pero no se puede separar. Al igual que el acto analítico, que se puede distinguir, pero no separar del acto poético y el acto político (Lacan, 1969). </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79f7deded6adba95778b21054e433376 wp-block-paragraph">Es en el campo del lenguaje donde la función de la palabra cobra todo su valor político: <em>el poder se ejerce sobre la lengua, que deberá ser hablada por muchos</em>. El diccionario, palabra por palabra, es lo que aporta sentido y se mueve de manera dinámica. Las palabras atadas y atacadas por la época circulan, se desplazan, condensando sentidos nuevos. Cuando los tiempos se aceleran los diccionarios se mueven. Si ya la palabra “guerra” colonizó la época, al diccionario de la Real Academia le tocaba actualizarse. El 30 de junio una investigación del diario <em>El País</em> saca a la luz dos protocolos de colaboración, firmados en marzo, entre la Real Academia y el Ministerio de Defensa español. Dice el copete de la nota: “Las últimas guerras obligan a actualizar los términos militares del diccionario” La RAE y el Ministerio de Defensa acuerdan revisar definiciones que han quedado obsoletas o incompletas. Como Miguel de Cervantes combatió en Lepanto, una base militar española en el sur del Líbano lleva hoy su nombre. La relación histórica entre la RAE y las Fuerzas Armadas españolas trabajan la lengua desde sus entrañas. ¿Está hecha la historia de esta relación y sus consecuencias? Esta relación acaba de reactivarse y el detonante ha sido que ahora hay <em>guerras híbridas</em>.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ec35681c272a83e9e0bd11052d96e3d wp-block-paragraph">Miércoles 13 de agosto de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3802528507a14502872c4cf45506ae99 wp-block-paragraph">*Psicoanalista. Miembro del Colectivo Zona de Frontera.</p>



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