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	<title>Ante la ley archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Ante la ley archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>La política ante la ley &#8211; Por Diego Sztulwark</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Dec 2022 12:26:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[Ante la ley]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
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		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Diego Sztulwark parte de la obsesión de Franz Kafka por el derecho, reflejada en su relato “Ante la ley hay un guardián”, que hará historia y generará múltiples interpretaciones, para introducir la discusión política actual de la Argentina cuyo punto relevante es la serie de episodios ocurridos durante los últimos meses que tienen como protagonista a Cristina Fernández de Kirchner, víctima junto a una larga lista de actores sociales de la crueldad judicial – y económica -, y que podría inspirar una salida allí donde el Frente de Todos no la ha buscado.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-politica-ante-la-ley-por-diego-sztulwark/">La política ante la ley &#8211; Por Diego Sztulwark</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>Diego Sztulwark parte de la obsesión de Franz Kafka por el derecho, reflejada en su relato “Ante la ley”, que hará historia y generará múltiples interpretaciones, para introducir la discusión política actual de la Argentina cuyo punto relevante es la serie de episodios ocurridos durante los últimos meses que tienen como protagonista a Cristina Fernández de Kirchner, víctima junto a una larga lista de actores sociales de la crueldad judicial – y económica -, y que podría inspirar una salida allí donde el Frente de Todos no la ha buscado.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“¿Qué clase de personas eran aquéllas? ¿?De qué hablaban? ¿De qué departamento formaban parte? K. vivía en un estado de derecho, la paz reinaba por doquier, todas las leyes estaban vigentes, ¿Quién se atrevía a asaltarlo en su propia casa?”<br>Kafka, <em>El proceso</em>.</p>



<div style="height:20px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-medium-font-size">“Me hice mandar algunas cosas póstumas de Kafka para reseñarlas. Su cuento “Ante la ley” sigue siendo para mí, hoy como hace diez años, uno de los mejores que existen en alemán.” Carta de Walter Benjamin a Gershom Scholem, 1925.</p>



<div style="height:21px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Durante julio de 1914 estalla la guerra. El 2 de agosto Franz Kafka escribe en sus <em>Diarios</em>: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, escuela de natación”. No se trata de mera indiferencia, sino de una pretensión ambiciosa: escribir en medio del desastre. Si en tiempos de paz su cotidiano como funcionario de seguros de accidentes de trabajo y miembro de una familia judía burguesa de Bohemia lo sometían a toda clase de tareas y compromisos (por la mañana a la oficina, por la tarde al negocio de sus padres), conservando sólo las noches para sí, la conflagración bélica amenaza con restringir aún más lo que realmente&nbsp; importaba en su vida: la literatura. Con lo que su poder personal se volcó por entero a preservar ese bien preciado llamado tiempo, lo que hay que entender no sólo en el sentido de libertad individual, sino también en el sentido del peso de una modernidad industrial y burocrática sobre la vida en el planeta: «La parte más noble e insondable de toda la creación, el tiempo, está prisionero de las redes de intereses mercantiles impuros».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ese mismo año Kafka redacta y publica un breve relato que hará historia: “Ante la ley”, al que un campesino le solicita autorización para ingresar en ella. Como es sabido, el guardián lo hace esperar. El asunto es que la puerta se encuentra abierta. Captando la ansiedad del campesino, el centinela le dirige estas palabras: “-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición”. Pero el aspecto poderoso del guardián lo disuade. Y además, parece haber guardianes aún más poderosos custodiando las puertas de los salones subsiguientes. El campesino se desalienta y reflexiona que la ley debería ser accesible a todos. Pero decide esperar: días y años. En esa circunstancias, el campesino tiene tiempo de sobra para observar al guardián, ese “único obstáculo que lo separa de la Ley”. Y así envejece. Hasta que antes de morir “distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley” y advierte que hay una pregunta importante que hasta ahora no ha formulado al custodio: “-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?”. A lo que el centinela le responde: “-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">¿De qué mundo habla en este relato? Su biógrafo Reiner Stach, reparó en el carácter encriptado de la narración kafkiana: su “singular temor a ir al grano”, y el “dolor de no entender” al que somete a sus personajes (arrasados por un enigma que los desborda: el campesino ante la ley, K. ante la acusación, o Gregorio Samsa ante su metamorfosis), obedecen a una inaudita capacidad para “fundir hechos en signos”, alentando toda clase de interpretaciones. ¿Quién está “ante” la ley? ¿El campesino, hombre común del pueblo, siempre a la espera? ¿Y el temible guardián que la custodia desde afuera, sin aclararse qué tipo de relación interna o externa guarda con el derecho? Ninguno de los personajes está enteramente “en” la ley, si bien ella se abre a ambos (pero sólo el campesino puede ver su resplandor, pues el custodio se encuentra de espaldas). Por otra parte, la ley se dirige de modo personal al campesino: hay una puerta para cada individuo. Lo que quizás deba ser comprendido del siguiente modo: no hay modo de eludir el orden injusto e ingresar a la ley que no pase por una decisión subjetiva, que se elabora en cada quien. &nbsp;El pueblo sin ley, a la espera, deberá decidir cómo afrontar el obstáculo que impide el contacto directo con ella, representado en el centinela que da la espalda al resplandor. Es el pueblo al que se le niega la ley el que debe actuar de acuerdo a su criterio para descubrir lo que lo espera del otro lado de la puerta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Los eruditos han discutido incansablemente sobre el estatuto -jurídico o teológico- de esta ley. La obsesión de Kafka por el derecho, sus simpatías por el anarquismo y su condición de judío, forzaron las más sutiles interpretaciones. Para comenzar: ¿estar posicionado “ante” la ley significa también existir “antes” que ella y por tanto a su espera? ¿En ese caso el campesino sería la figura de un pueblo anterior a la ley, y el guardián -situado también en una cierta anterioridad- una fuerza pura, no revestida de legitimidad alguna? Esta parece ser la posición de Giorgio Agamben: la ley sería ella misma aquello que incluye excluyendo, de modo tal que la situación en la que se enfrentan el sujeto popular a la espera y la fuerza del orden no serían sino un efecto estructural del orden jurídico. Según esta interpretación, Kafka habría sido un observador temprano del “estado de excepción”, figura del derecho que exhibe la distancia irreductible entre el texto de la ley y las circunstancias de su aplicación. El estado de excepción es la suspensión momentánea del orden jurídico a partir de una decisión soberana que actúa en su nombre. En la interpretación agambeneana del relato de Kafka, es sólo sobre el final, cuando la puerta de ley se cierra, que se vuelve posible una vida popular que ya no permanece a la espera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Otra interpretación del relato se pregunta si no es la del campesino una posición privilegiada para percibir la complicidad entre fuerza y ley. Al comprender la tensión irresoluble entre fuerza y justificación, típica de la ley soberana, esta percepción alcanzaría la comprensión sobre el carácter intrínseco de la violencia respecto del derecho. Como lo vio con toda claridad Walter Benjamin, la violencia habita el orden jurídico (puesto que sin ella toda norma carecería de fuerza de aplicación) de un modo amenazante. Y la huelga general es el ejemplo más notorio: el derecho de huelga como autonomización de una violencia que por permanecer entretejida al orden legal puede atentar contra el orden jurídico desde dentro. De allí que Jacques Derrida pueda extraer la sugerente indicación según la cual la violencia que destruye derecho queda ella también situada ante la ley: toda revolución enfrenta el momento de creación ya no sólo de un nuevo derecho, sino también de un nuevo sistema de interpretación retroactiva que proporcionará sentido normativo a esa destrucción. En un bellísimo libro titulado<em> ¿A quién le pertenece Kafka?,</em>&nbsp;Judith Butler se ocupa de esta benjaminiana “violencia no-violenta”, cuya recusación se dirige no a todo el orden legal, sino solo a la parte cuya violencia se concentra en imponer un destino de oprimidos a los oprimidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Y sin embargo el propio Kafka parece desalentar las interpretaciones. En <em>El proceso</em> se cuenta la historia de José K., quien sin nacionalidad ni religión conocida resulta repentinamente arrastrado a un juicio sin ninguna clase de explicación. Nunca se sabrá de qué se lo acusa y su defensa es apenas tolerada, tras lo cual resultará condenado y ejecutado. El fragmento titulado “Ante la ley” aparece reproducido en el último capítulo de la novela (“En la catedral”), en boca de un sacerdote (capellán de la prisión y parte del tribunal que ha de juzgarlo). El religioso habla como conocedor de la ley, y sus palabras son amigables advertencias dirigidas a K. sobre lo engañosas que pueden ser las opiniones sobre el texto legal. Ante la protesta de K. por la naturaleza engañosa de las palabras del guardián al campesino, el capellán lo corrige enseñándole el peso de la opinión contraria, según la cual es el centinela el perjudicado, puesto que ha sido fijado de espaldas a la puerta en su función de custodia sin jamás captar el resplandor de la ley, mientras que el campesino, en cambio, permanece libre de ir y venir cuantas veces lo desee, y en todo caso, tiene la libertad de dar o no crédito a la palabras del guardián. El consejo del sacerdote a K. es pues, el respeto estricto al orden jurídico: no se debe confundir la escritura inalterable con las interpretaciones, pues tras la interpretación actúan las opiniones y tras ellas obra la desesperación. Interpretar es errar. Los desesperados buscan la verdad, pero lo funcionarios actúan de acuerdo a lo que creen “necesario”. Tras lo cual K. concluye: “la mentira se convierte en lo que ha de ordenar al mundo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">A Walter Benjamin le interesaba Kafka. Como él, encontraba en la ley jurídica la no-redención.&nbsp; Meditó largamente sobre su obra y le interesaba en particular la no coincidencia entre el escritor y su tiempo. En carta a su amigo Scholem de abril del ‘38 escribe con pasión sobre un hallazgo: “me apropié de la formulación kafkiana del imperativo categórico: actúa de manera de tal que los ángeles tengan siempre algo por hacer”, porque en el aire y en el sueño se recrea la redención de aquellos a quien la ley excluye y pisotea. Su amigo, albacea y biógrafo Max Brod, deja asentada una frase de Kafka referida a los trabajadores a los que frecuentaba cotidianamente en su trabajo del Instituto de Seguros contra accidentes de Trabajo: “Qué modestos son estos hombres. Vienen a pedirnos algo. En lugar de destruir el Instituto y aniquilarlo todo”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Introduzcamos en esta atmósfera kafkiana la discusión política actual de la Argentina. Recordemos la serie de episodios ocurridos durante los últimos meses que tienen como protagonista a Cristina Fernández de Kirchner: CFK denuncia persecución política por parte de la justicia y las grandes empresas de comunicación; CFK es objeto de un atentado fallido contra su vida; CFK recibe una condena de esos jueces a los que había denunciado y reacciona renunciando a su eventual candidatura y trazando un diagnóstico sobre la existencia de un “estado paralelo” y una justicia “mafiosa”. Propongamos una hipótesis de lectura provisoria sobre esta escena: CFK funciona como un cristal que aumenta y a la vez distorsiona la realidad, colocándola a ella en el centro de toda percepción. La peor de las distorsiones de este cristal es que produce el defecto óptico según el cual todo lo sucedido comienza y termina en ella.&nbsp; Lo cual impide valorar toda una serie previa de fenómenos de crueldad institucional y jurídica que conforma desde hace mucho tiempo el micro-cosmos de los territorios sociales arrojados a la más indiferente de las desigualdades. Sin restituir estos antecedentes a la escena en cuestión, se hace muy difícil conferir un sentido a los hechos. Lo que le ha sucedido a la líder del Frente de Todos no se adecua a la previsión militante (“si la tocan a Cristina que quilombo se va a armar”). Por el contrario, es el “quilombo” que se armó el que acabó por “tocar” a CFK.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por supuesto, el interés de la declaración vicepresidencial según la cual no quiere “ser mascota de Magnetto”, abre todo tipo de especulaciones. La más conmovedora de ellas es aquella que la pondría en contacto con la larga lista de desertorxs, víctimas de la crueldad judicial y de la economía actual, que podría inspirar una salida allí donde el Frente de Todos no la ha buscado, capturado como parece estarlo por la infinita curiosidad que le ha provocado el rostro del guardián. En la célebre <em>Carta a mi padre</em>, Kafka buscaba precisamente una salida allí donde la generación anterior no había sabido encontrarla. La cuestión no era, por tanto, para él, la de cómo compartir las frustraciones de sus mayores, sino la de emprender el camino allí donde a sus antecesores se les había bloqueado. Puesto también él ante la ley, se proponía no una abstracta libertad sino una salida concreta.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 22 de diciembre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
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		<title>ANTE LA LEY &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Aug 2024 12:48:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Flavio Crescenzi]]></category>
		<category><![CDATA[Ante la ley]]></category>
		<category><![CDATA[Decreto 70/2023]]></category>
		<category><![CDATA[Kafka]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de Bases]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nueva entrega de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi, mediante una serie de referencias literarias y culturales, nos invita a reflexionar sobre lo que representa o simboliza la ley para los que deben acatarla, aun cuando la sospechan injusta.  </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/ante-la-ley-por-flavio-crescenzi/">ANTE LA LEY &#8211; POR FLAVIO CRESCENZI</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-319005cc80fcef9264542022f9123172"><strong><em>En esta nueva entrega de POSTALES DEL DERRUMBE, Flavio Crescenzi, mediante una serie de referencias literarias y culturales, nos invita a reflexionar sobre lo que representa o simboliza la ley para los que deben acatarla, aun cuando la sospechan injusta. &nbsp;</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9fb1767b6055bd8a39e2b5b4f122475f"><strong>Por Flavio Crescenzi*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ffacd671a244022408f2b6bcd10853f">No recuerdo bien dónde leí (creo que fue en un libro de Camus o, quizá, en un libro de Rabanal en el que lo citaba) que, para los chinos, los imperios que se están aproximando a su ruina crean una enorme cantidad de leyes con el casi siempre fallido propósito de consolidar su poder y postergar así lo inevitable. Esta afirmación, independientemente de su temeridad (y de lo impreciso de su fuente), suena bastante convincente, sobre todo si se tiene en cuenta que una civilización joven no necesita de una gran legislación para dar sus primeros pasos como sociedad, entre otras cosas, porque un <em>corpus</em> jurídico solo puede construirse a la luz de esa misma marcha civilizatoria, es decir, con cada necesidad, con cada nuevo desafío, con cada experiencia común que logre sentar un precedente. Si admitimos tamaño argumento, podríamos concluir en que las leyes de las sociedades jóvenes no le deben tanto a sus legisladores como sí al nunca del todo mensurable porvenir, incluso cuando este decide disfrazarse de presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b25b69ac0597c08048b82db96d2e9f15">El Gobierno de Milei, digno ejemplo de esto que glosamos, inició su mandato con un hecho inédito en nuestra joven e imperfecta democracia, me refiero al descomunal DNU 70/2023, que, pese a las muchas vestiduras que se rasgó la oposición en su momento, sigue tan vigente como el primer día. A este primer episodio podemos añadirle el intento de promulgar la famosa «ley ómnibus», un enorme paquete de leyes que pretendía hacer borrón y cuenta nueva con la mayoría de los derechos y deberes que, más o menos, nos mantenían cohesionados; vale decir que esta ley no se aprobó en su totalidad, pero sí consiguió un porcentaje mínimo de aceptación en ambas cámaras, el suficiente como para que terminara validándose, ya como Ley Bases, y entrara en vigencia hace unos días. Pero la cosa no termina aquí: mientras trabajo este texto, me llegan noticias de que Federico Sturzenegger (el hombre que se ocupó de redactar ambos bodoques) está preparando otro paquete de leyes que tiene como fin «desregular y transformar el Estado», que es una sofisticadísima manera de decir que van a continuar con su desguace.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://humanidades.com/wp-content/uploads/2018/08/guerreros-terracota-1-e1575838275949.jpg" alt=""/></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4599b530a1f423b2505c2c77dd3f547">Como señalaban los chinos, los imperios que se están aproximando a su ruina crean una enorme cantidad de leyes con el casi siempre fallido propósito de consolidar su poder y postergar así lo inevitable; sin embargo, por ahora, esas leyes tienen validez, y los ciudadanos de a pie, «los de abajo» (parafraseando a Azuela), no sabemos qué hacer ante semejante aluvión de inequidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14a5dc4435a114277583e115eaaa3cdf">Luego de releer todo lo expuesto hasta este párrafo, no puedo evitar que me venga a la mente «Ante la ley», esa inquietante parábola escrita por Franz Kafka, que algunas ediciones de <em>El proceso </em>la incluyen como apéndice. En ella, un hombre del campo se encuentra frente a una puerta que representa la ley. Aunque la puerta está abierta, un guardián le impide el paso. El hombre espera pacientemente, pero nunca obtiene el permiso para entrar. La historia nos invita a reflexionar sobre el acceso a la justicia y la frustración de no poder comprender ni superar las barreras legales, barreras que la mayoría de las veces se reducen a ratificar la autoridad de quienes las crean y, por consiguiente, a someter a la ciudadanía a la espera y la impotencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-acb3daf42c1c98c0a5b04d9faa0a2346">¿Acaso es ese nuestro destino como pueblo? ¿Millones de hombres y mujeres sometidos a la espera y la impotencia? ¿A la espera de qué? ¿De un héroe todopoderoso que venga a liberarnos? Me temo que la democracia y los héroes son incompatibles. No obstante, la democracia tuvo héroes en su fundación, y fue romántica, pero ahora se ha atascado, se ha obstruido, como una víctima más de la entropía. Esa ausencia de héroes ha sido sustituida por un sentimentalismo desbordado, lo que facilitó la aparición de falsos mesías, tan desbordados como la gente que, todavía hoy, los aviva y empodera. Ya no hay certezas. No hay piedras ni tierra, solo agua y viento. Lo sólido le ha dejado paso a lo líquido, como bien explicaba Zygmunt Bauman. Sí, esta es la edad del agua, que no tiene sabor ni solidez, y del viento, que no tiene rostro ni arrugas. La decadencia occidental tiene forma de río, de un río que, como aquellos que evocaba Manrique, va «a dar en la mar /, que es el morir».</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6841592fad0e11ca9feb91b2751994f5">Todo indica que la impotencia es lo único que queda. Sin embargo, prefiero pensar que el mundo no fue siempre de este modo ni tendrá por qué ser así hasta el fin de los tiempos. No, al menos, mientras perduren en algunas pocas almas la dignidad y la nobleza, el ánimo para luchar contra las mezquindades del espíritu, la tan justa como necesaria voluntad de resistencia.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3659675de29a68e833606a892110023d">Buenos Aires, 7 de agosto de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af109293c4c44a27184d6ba70fd5d94f">*Escritor, docente, asesor lingüístico y literario</p>
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