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	<title>amigo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Elecciones &#8211; Por Carlos Caramello</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2020 19:00:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Caramello]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La fantasía, el sueño húmedo de elegir a un oponente que nos asegure un combate vistoso y la certeza de un triunfo contundente, es poco más que eso: una suerte de ruleta rusa en la que, generalmente, se gatilla el que la propone. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La fantasía, el sueño húmedo de elegir a un oponente que nos asegure un combate vistoso y la certeza de un triunfo contundente, es poco más que eso: una suerte de ruleta rusa en la que, generalmente, se gatilla el que la propone.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Carlos Caramello*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">“No conozco mayor enemigo del hombre</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">que aquel que es amigo de todo el mundo”.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em><span style="color: #000000;"><strong>Jean Jacques Rousseau</strong></span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nunca resultó. No sirve. La idea de elegir al adversario ha sido, siempre, una idea dañina, fútil, casi ridícula… y completamente ineficaz. Ni la Pandemia, ni la Infodemia, ni la Infectadura ni la Mishadura son argumentos suficientes para creer que, esta vez, la cosa va a andar, sencillamente porque no funca… no funciona. Is death. Finí. Auf Wiedersehen, C´est Tout.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y se ha intentado… ¿eh?. Vaya si se ha intentado. A lo largo de la historia argentina podríamos señalar decenas de casos de grandes hombres y mujeres de la política que sucumbieron a la tentación de investir a su propio oponente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es conocida la inquina de Sarmiento por Julio Argentino Roca; sus denuncias de corrupción, su énfasis por golpear a Ataliva, hermano del conductor de la Campaña al Desierto. Tanto que impuso una frase para atacar a la familia. Decía: “<em>No te Atalivés</em>”, que era una manera de decir <em>no te corrompas</em>. Pero, lo que buscaba el sanjuanino, en el fondo, era confrontar con el tucumano para constituir una de esas parejas políticas de amor odio, subsidiarias el uno del otro, casi parásitas. Y, sin embargo, esta estrategia sólo proyectó a don Julio Argentino, que alcanzó la presidencia en 1898, diez años después de que su gran <em>detractor</em> (y socio en el posicionamiento político) muriera en Asunción del Paraguay.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo similar pasó entre Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen. “<em>Sáenz Peña conocía muy bien a Yrigoyen y, al igual que muchos adversarios políticos de éste, le tenía gran estima y respeto.</em> <em>Había sido en su infancia compañero de bancos de escuela con su tío Leandro Alem y en sus mocedades compañero de bancas de la Legislatura de Buenos Aires con el propio Hipólito</em>”, escribe Diego Alberto Barovero en su artículo sobre la Reforma Electoral de 1912. Pero, en realidad, Sáenz Peña lo estaba eligiendo como adversario. Y ese adversario que a la postre, aparecía como <em>fácil</em>; ese al que le <em>concede</em> “la Ley Sáenz Peña” es el que, finalmente, termina ganando las elecciones presidenciales de 1916 y organiza el Primer Movimiento Histórico; articulación iniciática de la presencia nacional, popular y masiva en la política argentina.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para los que detestan estas recurrencias de la historia pendular, un dato del presente inmediato: la enjundia con la que la Derecha buscó reinstalar a Cristina Kirchner en el lugar del candidato opositor y el revés de proporciones que recibió debido al genial “gambito de dama” con el que “<em>la candidata ideal del macrismo</em>” revirtió no sólo los resultados de la elección sino, además, la estructura de <em>law fare</em> con el que se intentaba rodearla y condenarla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La fantasía, el <em>sueño húmedo</em> de elegir a un oponente que nos asegure un combate vistoso y la certeza de un triunfo contundente, es poco más que eso: una suerte de ruleta rusa en la que, generalmente, se gatilla el que la propone.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vale mirarse, entonces, en el espejo de la Historia, pasada o reciente, para tomarle el peso al hecho de sentarse con alguien de la oposición, llamarlo por su nombre de pila, “cobijarlo”, constituirlo, instaurarlo. Salvo que…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Salvo que la idea sea, otra vez (y van…) esa fantasía pseudo erótica de armar un Tercer Movimiento Histórico… ensoñaciones en las que han patinado Emilio Massera (“el hombre fuerte” del Proceso), Raúl Alfonsín (cuando era “el Alfonso” y tenía a la Coordinadora detrás), Carlos Menem (con sus largos 10 años de Poder) e <em>ainda mais</em>: un sueño que siempre se vuelve pesadilla pero que pocos -casi ninguno- de los que saborean el regusto del Poder político, se atreve a rechazar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Jorge Luis, ciego mayor de la Argentina, solía decir que “<em>Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”. </em>Lo que no resuelve Borges es si la rivalidad constituye parecidos o se elige sobre la base de identidades y adhesiones pretéritas. Un cuento de final abierto, al modo de Georgie; que, bien podría llamarse “El Hombre de la Casa Rosada” e incluirse en la Historia Universal de la Infamia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros <em>“Zonceras argentinas al sol” y</em> <em>“Zonceras argentinas y otras yerbas”</em>,  y <em>“Los profetas del odio”. Su último libro editado es  “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.</em></span></p>
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		<title>¿La única política es la guerra? &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Oct 2020 03:41:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Raúl Zaffaroni realiza en esta nota un análisis de la Teoría del Partisano de Carl Schmitt, quien a partir de la contradicción amigo/enemigo llega a la idea de que la guerra es la esencia misma de la política. Zaffaroni advierte sobre la tentación de rendirnos, en la época del lawfare, ante esta esencialización de la política y sostiene que ésta no puede tener por fin la disposición a la violencia total, no puede desconocer el derecho a la vida de nuestros semejantes y requiere siempre un límite ético.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Raúl Zaffaroni realiza en esta nota un análisis de la Teoría del Partisano de Carl Schmitt, quien a partir de la contradicción amigo/enemigo llega a la idea de que la guerra es la esencia misma de la política. Zaffaroni advierte sobre la tentación de rendirnos, en la época del lawfare, ante esta esencialización de la política y sostiene que ésta no puede tener por fin la disposición a la violencia total, no puede desconocer el derecho a la vida de nuestros semejantes y requiere siempre un límite ético.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El <em>Tercer Reich </em>tuvo juristas a su servicio. Entre los más peligrosos –por su habilidad- se encontraba Carl Schmitt (1888-1985), a quien se menciona hasta hoy, incluso –curiosamente- por parte de la izquierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Schmitt había asesorado al Gral. Kurt von Schleicher (1888-1934), último canciller anterior a Hitler. Cuando los nazis asesinaron a Schleicher y a su esposa en la <em>noche de los cuchillos largos</em>, Schmitt se apresuró a escribir un artículo en el diario oficial del partido, justificando los asesinatos, lo que le valió una meteórica carrera política, aunque no muy larga.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de sus mayores exabruptos fue la organización de un congreso de juristas, que concluyó recomendando que, cada vez que se citase a un autor judío, debía advertirse que lo era, para depurar al derecho alemán de toda contaminación. Poco después de esta sobreactuación, las internas del partico nazi le cortaron su carrera en la que ascendía demasiado rápido, por lo que tuvo que refugiarse en la universidad, donde continuó escribiendo sus racionalizaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al terminar la guerra fue preso un tiempo; para defenderse dijo que todos los juristas alemanes no nazis –como el respetable Gustav Radbruch- eran <em>políticos, </em>en tanto que él era un <em>científico puro. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero lo que nos interesa ahora es un trabajo publicado en 1932, titulado <em>El concepto de lo político</em> (<em>Der Begriff des Politischen</em>), cuya lectura es ahora recomendable para comprender hasta dónde puede llevar la legitimación de lo que sucede en nuestro mundo actual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ni todos los nazis en su tiempo, como tampoco todos los que tratan ahora de acabar con el estado de derecho en nuestra región, leyeron a Schmitt; algunos porque nunca leyeron nada. Pero es necesario leerlo un poco, porque es el único que sin el menor prurito lleva hasta sus últimas consecuencias esa demolición en la que muchos se hallan comprometidos sin percatarse del destino final del tren al que se han montado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este sentido -como en otros- Schmitt resulta esclarecedor, porque su inmoralismo romántico es tal que no hay muchos que se animen a llevar sus racionalizaciones hasta lo último sin inmutarse ni sonrojarse, como también lo siguió haciendo en la posguerra, con su conferencia <em>Teoría del partisano, </em>en defensa de Raoul Salam, que es la mejor síntesis legitimante de los genocidios de <em>seguridad nacional</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es verificable que la lucha política muchas veces se encarniza y el opositor pasa a ser <em>enemigo </em>y se busca aniquilarlo, lo que no parece ser nada bueno para cualquiera que trate de resolver los conflictos en forma racional y, en lo posible, no violenta. Pero Schmitt hace un malabar muy particular y arbitrario a partir de esta verificación: para él, la disposición a llevar las cosas hasta el extremo de la <em>guerra</em> es <em>la esencia misma de la política, </em>dejando fuera de su definición el resto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Toda definición es una tautología, porque contiene lo definido y, si lo definido como <em>política</em> se limita arbitrariamente a identificar a un <em>enemigo </em>y, de llegar el caso, estar <em>dispuesto a aniquilarlo en una guerra </em>–y a eso llamamos <em>política-, </em>toda tentativa de paz y de solución racional de los conflictos <em>no es</em> <em>política</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es menester tener cuidado con esto, porque no se trata de un autor torpe ni mucho menos y, por ende, si se pasa por alto la arbitrariedad de la limitación de esta supuesta definición previa, todo lo que se deduce a partir de allí resulta por completo coherente. Tengamos en cuenta que una trampa común del irracionalismo es partir de una premisa antojadiza y luego deslumbrar con deducciones de alta coherencia, lo que le permite disfrazarse de <em>racional</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Schmitt comienza por recordar que en Francia, al término de las sangrientas guerras de religión, se llamaron <em>políticos </em>a quienes, encabezados por Jean Bodin, pensaron en un <em>estado neutral</em>, en que cupiesen todos los grupos, para afirmar seguidamente que este estado fracasó, por lo que procede a declararlo muerto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto lo afirmaba en 1932, justificándolo con la crisis de la república de Weimar, que no creemos que tuviese mucho que ver con el estado que pensaba Bodin (a nuestro juicio un claro antecedente del fascismo), pero lo reafirmó en el prólogo a la reedición de 1963, sólo advirtiendo que, en la <em>guerra fría</em>, con el resurgimiento del <em>partisano</em>, no se podía distinguir nítidamente entre el enemigo bélico y el delincuente. Como es obvio, de ese modo legitimaba la <em>guerra sucia.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para procurar la <em>esencia de la política</em>, Schmitt la separaba del <em>estado</em>, apelaba a una <em>distinción de fondo</em> y, sin mayores explicaciones –que no las hay- afirmaba que en la estética, la esencia consiste en distinguir entre lo bello y lo feo, en la moral entre lo bueno y lo malo, en la economía entre lo rentable y no rentable, y en la política decide encontrarla entre <em>amigo</em> (<em>Freund</em>) y <em>enemigo</em> (<em>Feind</em>).</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.radiocadenanacional.com.ar/wp-content/uploads/2016/06/aaaa.jpg" alt="EL “HOSTIS” NEOLIBERAL. Por JORGE R. MARTÍNEZ, Sociólogo | Radio Cadena Nacional" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De este modo, resulta que <em>la esencia de la política sería el poder de definir al enemigo</em>, pero no en el sentido del mero opositor, del <em>inimicus</em> romano, sino en el del <em>hostis</em> romano, al que se privaba de todo derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No usa la palabra <em>enemigo </em>metafóricamente, sino en términos reales: el <em>enemigo</em> es el <em>extraño</em> (<em>Fremde</em>), contra quien se puede llegar a la guerra, <em>civil o internacional</em>, aunque no necesariamente se alcance siempre una situación bélica, pero contra el que se está siempre dispuesto a llegar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A partir de esto Schmitt invita al lector a perderse en finos hilvanes porque, por cierto, no dejaba de ser un ilustrado capaz de pasearse por todas las teorías políticas con comodidad, lo que le permitía embrollar todo con singular habilidad. Esto puede verificarse sin esfuerzo en el texto que comentamos (y está al alcance de todos en castellano y en el espacio virtual).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pasando por alto aquí esas extremas finezas para ir a las consecuencias del punto de partida -de la definición tan particular como arbitraria de la política-, hay al menos cuatro que extrae el propio autor en su texto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1) Si bien el liberalismo burgués del siglo XVIII tuvo su cara oscura, lo salvable de él, es decir, la idea de un estado con límites a su poder y capaz de resolver conflictos de modo más o menos racional, para Schmitt acabó, está definitivamente muerta. Como explicita en otros trabajos, donde explica que ese estado funciona más o menos en situaciones normales, afirma que no es capaz de hacerlo en las excepcionales, en que el <em>Führer</em> debe salir a la cancha a proteger (<em>schützen</em>) al derecho frente al enemigo. Al estado se lo habría <em>deglutido </em>la política, capaz de individualizar a su enemigo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">2) Quien en ese estado se resistiese a la <em>guerra al enemigo</em> sería un <em>extraño</em> (<em>Fremde</em>) y pasaría a ser un <em>enemigo</em> a destruir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">3) Si un día el mundo llegase a la pacificación total, es decir, a la desaparición de todas las <em>guerras</em>, ya no habría política, ésta desaparecería.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">4) Nadie puede hacer una <em>guerra</em> en nombre de la <em>humanidad</em>, porque esto sería siempre falso, dado que la humanidad no tiene enemigos en este planeta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si bien no faltan guerras <em>humanitarias</em> que son simples pretextos, la inversa no es verdad, pero la consecuencia de esta afirmación –dada su definición de política- es que <em>no es legítima ninguna política que invoque la humanidad</em>. En esto Schmitt no fue muy creativo, porque empalmaba con la reacción europea del siglo XVIII, especialmente con Joseph de Maistre: <em>conozco a franceses, ingleses o alemanes, pero no conozco hombres.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El mundo actual no es el de 1932 y tampoco el de 1963, cuando Schmitt reafirmaba lo dicho tres décadas antes, pero a casi seis décadas de esta reafirmación y pasada la <em>guerra fría </em>y el consiguiente <em>mundo bipolar</em>, reafirmaría una vez más sus ideas, en vista a la realidad, al menos de nuestra región.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hoy se habla de <em>lawfare</em>, el equivalente a <em>warfare</em>, lo que haría feliz a nuestro autor. Se regodearía al ver cómo queman barbijos en el obelisco, los opositores se niegan a asistir a las cámaras, a discutir los proyectos, obstaculizan cualquier acción de gobierno, manipulan jueces, siembran el odio al <em>enemigo</em>, demuestran estar dispuestos a aniquilarlo, aunque hoy no puedan bombardear como en 1955, fusilar como en 1956 o ni siquiera a dar un golpe tan descarado como el de Bolivia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De todas formas, Schmitt satisfecho nos diría <em>¿No ven que esto es la esencia de la política? ¿De qué estado de derecho con limitaciones me hablan ustedes? ¡Tontos! </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sí, esto sería la política <em>schmittiana</em>: destrozar públicamente a los enemigos por los medios monopólicos, inventarles procesos y clonarlos, hacer renacer de las cenizas <em>cuadernos</em> de escribas memoriosos, cambiar jueces en un tablero de ajedrez judicial, proscribir candidatos, buscar los jueces <em>que los representen</em>, tratar de dejar sin <em>quorum</em> a las cámaras legislativas, inventar nuevas prisiones preventivas, firmar disparates jurídicos, oponerse a todo, deslegitimar cualquier medida molesta aunque sea para salvar vidas, mentir descaradamente con datos falsos, incitar a la violencia al menos verbal –pero nunca se sabe cuándo el verbo pasa a la realidad-, dar direcciones y teléfonos incitando a que insulten a los que piensan diferente en sus casas, impartir instrucciones a los niños para que agredan a los hijos de quienes no piensan como ellos en las escuelas, gritar que todo eso es <em>libertad de expresión</em>, mostrar a los opositores en ropa de dormir y esposados, encubrir los negociados fabulosos de sus familiares y amigos, eso, todo eso sería la <em>esencia de la política.</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿El estado de derecho? ¿Discutir proyectos? ¿Dar argumentos en favor y en contra? ¿Hacer que las instituciones democráticas funcionen? ¿Sentarse a resolver pacíficamente los conflictos? <em>No sean ingenuos, viejos nostálgicos burgueses</em>, <em>soñadores de utopías pasadas, </em>nos diría Schmitt. <em>¿No se dan cuenta que ese estado de ustedes ha muerto? ¡Era el estado neutro de los del siglo XVIII! ¡Querían resolver todo discutiendo, argumentando! ¡Si serán mentecatos! Eso acabó con Weimar, con la seguridad nacional, con los empeachments de golpes blandos, con las traiciones, con el golpe duro boliviano de noviembre, con la represión policial de las protestas en toda la costa sudamericana del Pacífico, ese estado ya desapareció para siempre.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://miro.medium.com/max/1200/0*3SOJoNw1QIV0LntH.JPG" alt="La revitalización del pensamiento de Carl Schmitt y los límites del Derecho | by Jorge Rodríguez | Medium" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El viejo Schmitt se reía de Kelsen y su confianza en el control de constitucionalidad. Murió casi centenario, pero si hubiese sido un fenómeno biológico y tuviese hoy 132 años, se reiría con mayor fuerza del control de convencionalidad y de los derechos humanos <em>¿Qué humanidad? Al igual que de Maistre, no conozco ningún humano abstracto</em>, diría. Agitaría feliz su trabajo de 1932 y exclamaría <em>¡Esto sí que es política!</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De todas formas, en estos días una sombra de pesar opacaría su sonrisa, al igual que la de algunos deplorables funcionarios internacionales, ante el pacífico triunfo del Pueblo boliviano imponiéndose sin ninguna violencia a una minoría golpista, dictatorial, entreguista, colonialista y racista, que masacró, encarceló, torturó y no ahorró límite alguno en la violencia contra el <em>enemigo</em>. Seguramente, ante el gesto del Pueblo de Bolivia, paciente, silencioso pero eficaz, Schmitt no tendría mucho empacho en afirmar, siempre imperturbable: <em>¡Esto no es política!</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Schmitt puede permanecer imperturbable, porque advierte que al <em>esencializar </em>la política en la contradicción <em>amigo-enemigo</em>, no abre juicio acerca de si eso es bueno o malo, porque ese juicio corresponde a la ética, que es otra cosa. De ese modo, deja a lo que entiende como <em>política </em>fuera e independiente de toda ética, afirma limitarse a verificar la realidad, aunque es obvio que la recorta como quiere, porque si bien es cierto que la violencia y la guerra existen en la realidad, nada obliga a considerar –como él lo hace- que únicamente eso sea <em>la política</em>, o sea, que la política se agote en sus manifestaciones más negativas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Puede separarse del todo la política de la ética? La cuestión viene de lejos –sería largo historiarla- pero para quienes piensan como Schmitt no tienen nada que ver y el viejo jurista del <em>Dritte Reich</em> nos respondería: <em>son dos cosas del todo indiferentes, en la ética se contrapone lo bueno y lo malo, en la política sólo el amigo y el enemigo. </em>Con su acostumbrada suficiencia agregaría: <em>El científico no formula juicios éticos. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La consecuencia de este romanticismo intuicionista es que <em>todo vale </em>y, por ende, la <em>vocación a la guerra</em> y al aniquilamiento del enemigo también. Sembrar el odio hasta límites letales en el seno de los pueblos y entre los pueblos, para este pensamiento, no sólo es válido, sino que es la <em>esencia misma de lo político</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Frente a este trabajo, elaborado con lujo de citas y fuegos artificiales doctrinarios, pero en el fondo claramente <em>necrófilo</em>, cabría preguntarle a Schmitt adónde llevó a Alemania. Seguramente, como todo ideólogo embrollón (igual que los <em>neoliberales</em> de nuestros días), cuando se le muestran los resultados letales de sus teorías llevadas a la <em>praxis</em>, respondería que fue porque las aplicaron mal, se desviaron o no fueron lo suficientemente ortodoxos en su aplicación. En otras palabras, aunque quizá no se animase a ser tan sincero, su respuesta en el fondo sería: <em>¡Fue porque el Führer no fui yo! </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Debemos cuidarnos de estos devaneos románticos glorificadores de la violencia: la <em>política</em> no puede tener por esencia la disposición a la violencia total, no puede desconocer el derecho a la vida de nuestros semejantes, requiere siempre un límite ético. Si la política se vuelve violenta, también será política el esfuerzo por contenerla; tratar de contener y evitar la violencia es política, pero impulsar la muerte es pura necrofilia, no es política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es una perversión del pensamiento confundir la política con sus extremos patológicos, algo así como pretender definir la esencia de lo humano a partir de la verificación de comportamientos psicóticos. Nada nos autoriza a aniquilar a nuestros semejantes, Herr Schmitt, por muchas citas con que usted adorne sus macabras reflexiones, y menos a definir eso como la esencia de la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto es bueno que lo mediten quienes nunca lo leyeron, pero se comportan como si lo hubiesen leído. Schmitt muestra como nadie hacia dónde conduce ese camino. Quienes lo leyeron y son conscientes de lo que hacen, son otra cosa. No usemos adjetivos para estos últimos, porque caeríamos en la trampa que nos tiende en propio Schmitt. <em> </em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 23 de octubre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Profesor Emérito de la UBA</em></span></p>
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		<title>SILBIDOS DE UN VAGO 9: Colombia, una Carta y la lógica amigo-enemigo. &#8211; Por Noé Jitrik</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 May 2021 18:24:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Noé Jitrik]]></category>
		<category><![CDATA[amigo]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La carta de un amigo escritor que narra la grave situación que vive el pueblo hermano de Colombia. La revalorización de la palabra enemigo cuando de valores humanos se trata – el miedo que produce su uso, por peligrosa, en tiempos en que se ha abandonado la idea de lucha de clases -. Una nueva entrega de las aguafuertes pandémicas de Noé Jitrik.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La carta de un amigo escritor que narra la grave situación que vive el pueblo hermano de Colombia. La revalorización de la palabra enemigo cuando de valores humanos se trata – el miedo que produce su uso, por peligrosa, en tiempos en que se ha abandonado la idea de lucha de clases -. Una nueva entrega de las aguafuertes pandémicas de Noé Jitrik.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Noé Jitrik*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo hablar de lo que está pasando en Colombia? No lo podemos tomar como una característica de un país en el cual la violencia política ha sido constituyente y una tradición. Reproduzco una carta que me acaba de mandar Fernando Cruz Kronfly, un brillante escritor: lo dice mejor de lo que uno podría decirlo y desde el centro de los tan complicados y afligentes hechos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>“Tuve que venir de la Cordillera a Cali para hacerme aplicar la vacuna y al día siguiente empezó este levantamiento popular, de proporciones inimaginables. Tantas cosas pueden decirse. El paro obrero se convirtió en el inmenso río que recogió toda la rabia social contenida durante décadas y se desbordó. Y todo esto en manos de un gobierno incapaz, representante de un partido de gobierno de extrema derecha. No sé si afortunadamente, creo que sí, el partido demócrata norteamericano ha estado vigilante de nuestra situación y el Presidente ha debido manejar dos lenguajes: uno para afuera y otro para adentro, pero ambos se niegan en la realidad. Porque la manera de este gobierno de enfrentar la situación es armada, incluso utilizando francotiradores vestidos de civil en forma de paramilitares. Hay muertos, heridos y DESAPARECIDOS. Los organismos internacionales de derechos humanos han estado vigilantes. La tecnología (los teléfonos celulares) en manos de la gente en la calle, ha permitido acumular pruebas y evidencias fotográficas y videos, que soplan por las redes, y al gobierno le ha resultado imposible negar los hechos de la brutalidad policial. Avanza una mesa de negociación entre el gobierno y el comité nacional del paro y es posible que se llegue a un acuerdo, porque ya se cayó la reforma tributaria criminal, la reforma a la salud (neoliberal) y se logró la matrícula cero valor para estudiantes universitarios de los tres primeros estratos. Todo esto, por fuera de la mesa de negociación. En fin, querido Noé, todas las carreteras del país están bloqueadas, pues el paro también es «camionero». Yo nunca antes había vivido algo parecido. Finalmente, si no se logra un acuerdo rápido, el gobierno tiene como opción la declaratoria del estado de emergencia, que equivale a un golpe de estado en cabeza del presidente, con todas sus consecuencias. Estamos enfrentados a este chantaje. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Es realmente muy poco lo que he podido decirte, puesto que la complejidad de todo esto, en cuanto a su composición (lumpen urbano criminal, obreros, campesinos, indígenas, camioneros, estudiantes, feministas, negritudes, en fin), todo lo cual permite imaginar la caja de Pandora que es esa mesa de negociación. Presagio que lo que el paro puso en marcha, destapó y sirvió de inmenso y poderoso río colector, no lo apagará ninguna negociación. Y es muy probable que el lumpen criminal que apareció y se tomó los barrios y las ciudades, jamás regrese a su estado anterior. Pero, por fuera del paro y del concepto de «protesta social», podrá ser asesinado calladamente….  Tal como están las cosas no sé cuándo podré volver (a la Cordillera) pues de las carreteras se han apoderado maleantes armados que ponen «peajes» y cobran a SU MODO sumas importantes de dinero por dejar pasar. Y, quien no entrega las sumas exigidas, puede ser herido o muerto. NO lo imagino ni lo supongo: esto ya está sucediendo. Amparado ahora por el paro, pero dentro de sus propias lógicas independientes, autónomas y códigos. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>En fin, es de no acabar. Las luchas de clases que leímos en otro tiempo, acá toman características inéditas e inimaginables.”</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se sabe lo que significa la palabra “amigo”, así como, aproximadamente, de donde viene: si, como se afirma en los diccionarios, se relaciona, por la raíz “am”, con “amar (en latín “amare-amicus”), recibe en su acepción todos los beneficios que implica esta cercanía: afecto, solidaridad, comprensión, ayuda, etcétera: nada hay superior a esta noción y disfrutar de ello un privilegio que todos los seres humanos, y hasta animales, buscan tener. Es claro que suele también ser bastardeada cuando se la aplica a meros conocidos: amigos de verdad son de toda la vida, amigos de ocasión son efímeros y se olvidan. Pero, ¿cuándo surge la noción y se incorpora a modos de vida que hoy nos parecen naturales? En una pura hipótesis, diría que es cuando los seres humanos comprenden que deben afirmarse en su estar en el mundo, siempre en duda, razón por la cual es obvio que es una relación, o sea que se necesita de otros, la alteridad es el cemento de la amistad se puede afirmar sin reparos. Y si todo eso no ofrece dudas y da lugar a múltiples operaciones –apelar a un amigo, ser traicionado por un amigo, contar con un amigo- que dan origen a correlativas narraciones, más complejo, e interesante, es tratar de comprender su antónimo, el enemigo, esa figura torva y enigmática que ha permitido imaginar tantos personajes y comprender tantas otras situaciones.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://3.bp.blogspot.com/-1D397zG97ys/W-8kW8AE4II/AAAAAAAAars/SsStJEa7clgWBDs4pa6is-gHApO6Lgj9wCLcBGAs/s1600/1502018408972%2B%25281%2529.jpg" alt="La construcción del enemigo – Blogs de Culturamas" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El enemigo nos acecha, es muy difícil que haya alguien que no tenga por lo menos un enemigo, existe y problematiza en el campo de lo individual que, es conocido, cuando se verifica es difícil de soportar pero es tan general que se traslada a lo estructural sin perder rasgos de la primera relación, la lucha de clases, y a lo nacional, países enemigos. Es claro que los enemigos no nacen sino que se hacen, algunos muy pronto, el alevoso sujeto que intenta asesinarnos suele considerar que somos enemigos, otros lo construyen porque son obstáculos tanto en lo económico, el ocupante de tierras que hace de los indígenas que están ahí sus enemigos, como en lo político, el macrismo que inventó  el kirchnerismo y lo convirtió en enemigo, como los nazis lo hicieron con el resto del mundo. No se puede no mencionar a otros constructores de enemistad que lo hacen con más arte y paciencia, los bancos por ejemplo, o los gobiernos, ni tampoco a los que llevan dentro la semilla de la enemistad, los “White” para quienes el “Black” es un enemigo por naturaleza, hay muchas posibilidades de reconocer tales modos de construcción pero, en todo caso, se puede decir que lo común a todos ellos es que una vez que definen al enemigo consideran lógico y natural querer  borrarlo de la faz de la tierra, como se dice en los himnos nacionales. En suma, todos sabemos, creo, cuántos tipos de enemigos nos rodean y hasta los podemos reconocer, más pronto lo advertimos más sabios nos ponemos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para un corazón tierno como el de Rousseau el ser humano es bueno por naturaleza pero aun él puede tratar de entender por qué en todos los casos mencionados se transforma y se convierte en enemigo de alguien o de algo. Pero, una vez presentada la figura y alguno de sus rasgos, no es vano preguntarse cuándo y por qué entró en escena. No creo que sea fácil responder, falto de severas hipótesis antropológicas, porque su aparición debe haber sido tempranísima, un poco antes del “homo sapiens” y acaso durante su vigencia se consolidó hasta adquirir los rasgos que se reconocen hasta hoy en día. Si quiero acercarme a esos momentos iniciales y básicos no puedo menos que, en un derroche de hipótesis audaces y acaso improbables, proponer que el enemigo emerge en virtud de tres razones, la primera apropiarse de mujeres, la segunda apropiarse del fuego y la tercera apropiarse de lo que poseen otros. Se dirá que previamente existe la intención y antes aún el deseo pero sea como fuere, desembocan en esa tríada. En cada uno de sus términos se desarrollan hasta el punto final, o un enemigo gana la partida o es derrotado pero, en ambos casos, logra convertir al otro en lo mismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De lo cual se infiere que el mundo está poblado de enemigos –los amigos son islotes solitarios pero suficientes para aguantar los ataques de los enemigos- pero también que la mitad, por lo menos, lo son por necesidad, la otra porque han nacido y crecido para serlo. Sería largo y fastidioso entrar en detalles y en historias pero lo que este razonamiento promete es comprender algunas cosas, en dónde cada cual se sitúa. Es claro que los resistentes franceses e italianos eran enemigos de los nazis y fascistas respectivamente, así como Dolores Etchevere es enemiga de los facinerosos de sus hermanos, cómo no serlo. ¿No serán enemigos de los capitalistas los comunistas y a la recíproca? Salvo hipocresías jurídicas, las de los que pretender llegar a arreglos cuando lo que en realidad defienden tenazmente es un privilegio, la enemistad es el nutriente de todo conflicto pero entonces, para tomar partido y apoyar a unos y no a otros, porque no todos son iguales, es preciso hacer jugar valores: no es lo mismo defender, por ejemplo, la vacunación universal que oponerse a ella para conseguir que, derrotado, el enemigo desaparezca.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Diría, porque la palabra es peligrosa –se suele decir buenamente que una cosa es un enemigo y otra un antagonista o un rival- que no hay por qué renunciar a ella si se trata de valores. En la alienación de la soberanía de un país actúan enemigos, no puedo creer que sean otra cosa, no puedo creer que “piensan” distinto, eso no es pensar. Cierto ministro, no heredero por cierto de Sarmiento ni de Pizzurno, consideraba, equidistante, que la frágil, la delicada Anna Frank murió a causa de disidencias entre dirigentes. Para los que la mataron ella era una enemiga, los que la mataron son mis enemigos aunque sean amigos del olvidable ministro.   </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 29 de mayo de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.</em></span></p>
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