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	<title>Alienígenas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
	<lastBuildDate>Fri, 06 Mar 2026 03:00:20 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Alienígenas archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Los alienígenas están entre nosotros &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 03:00:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[E. Raúl Zaffaroni]]></category>
		<category><![CDATA[Alienígenas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay razones para temer que dentro de poco la mayoría pueda creer relatos que inundarán nuestros medios de comunicación como expresión máxima de la gran “fake new” cósmica de nuestro siglo XXI.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-alienigenas-estan-entre-nosotros-por-e-raul-zaffaroni/">Los alienígenas están entre nosotros &#8211; Por E. Raúl Zaffaroni</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bda4cd1ff8ddefa71bc4b98cf4cbc381 wp-block-paragraph"><strong><em>Hay razones para temer que dentro de poco la mayoría pueda creer relatos que inundarán nuestros medios de comunicación como expresión máxima de la gran “fake new” cósmica de nuestro siglo XXI.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a6644aad569b14774455ac04fc54f1c1 wp-block-paragraph"><strong>Por E. Raúl Zaffaroni*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-242c47eee46673d712463a2bd41a69ed wp-block-paragraph">No resisto la tentación de relatar lo que sigue. Fue no hace mucho, había regresado esa madrugada en un torturante vuelo con escalas desde Centroamérica y estaba agotado; no obstante, quise cumplir con un compromiso académico en La Plata. Volvía manejando mi añejo “Vento” cuando sentí que perdía fuerzas, percibí una claridad y supuse que se trataba de los “fantasmas” que ven los choferes cuando están agotados. Me hice despacio hacia la banquina y estacioné el automóvil, pensando en descansar un rato y maldiciendo mi imprudencia. La claridad provenía de algo que me ocultaban los árboles y entre ellos surgieron un hombre y una mujer particularmente perfectos, hermosos, solo que su piel era celeste con algunos reflejos un tanto violáceos. Se comunicaron conmigo telepáticamente, para decirme que me calme, que no tema, que solo querían ver mi coche. Se aproximaron con un extraño aparatito similar a un teléfono que arrojaba luces verdes y que enfocaron al automóvil, me dijeron gracias y se volvieron a perder entre los árboles. A los pocos segundos logré ver la fuente de la luminosidad, que era un objeto redondo, de unos veinte metros de diámetro que ascendió verticalmente y casi de inmediato se perdió en el cielo nocturno.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-93afa6a66c8240359d24edfce8469d1f wp-block-paragraph">Este relato lo creerán pocos; la mayoría pensará que deliro o pretendo ser un embaucador, y hará bien en pensar eso, pues lo inventé hace cinco minutos. ¿Por qué lo hice? Porque hay razones para temer que dentro de poco la mayoría pueda creer relatos mucho más creativos que inundarán nuestros medios de comunicación, como expresión máxima de la gran “fake new” cósmica de nuestro siglo XXI. Me genera ese temor la circunstancia de que Trump mandó “desclasificar” y publicar toda la supuesta documentación sobre los OVNI, platos, cigarros o salchichas que vuelan, criticando a Obama porque declaró que no había evidencias, lo que sería información “reservada”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b40ae9aba965ce1c0c1f3e4d8cd53f6 wp-block-paragraph">Se me ocurre que lo primero que darán por cierto será el famoso “caso Roswell”, donde se dice que en 1947 un plato volador se quedó sin nafta o algo parecido y se estrelló en una granja en ese pequeño pueblo de Nuevo México, que desde entonces explota esa historia como destino turístico. Se pretende que se hicieron autopsias de alienígenas, registradas con fotografías que resultaron trucadas y que unos doscientos soldados recogieron los restos del vehículo. En verdad no sé cómo pudo mantenerse el secreto entre tantas personas, sin que nadie se emborrache o se lo cuente a su amante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe4e7e59ef8254174b62cbed49771d40 wp-block-paragraph">En materia de objetos voladores se ha escrito mucho, pero quizá un libro casi póstumo de Carl Gustav Jung (“Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo”) sea uno de los más dignos de releerse ahora, pese a los casi setenta años de su publicación en 1958.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-223661d462dbc3aabc03c8f2a80638e0 wp-block-paragraph">Dejando de lado las interpretaciones de Jung en base a su tesis de los arquetipos, que hace a la discusión de escuelas psicoanalíticas, cuestión en la que no abro juicio porque no me considero competente, lo cierto es que parte de presupuestos y reflexiones que resultan por demás racionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-71af1743ea7c76a98cb8ed23d7c62666 wp-block-paragraph">En principio no se trata de negar la existencia de objetos voladores que no nos explicamos: sería demasiado soberbio pretender que no existe todo lo que todavía no nos explicamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8015a50afc2faf8e0ae4551f3d63f301 wp-block-paragraph">Jung no discute la existencia física de esos objetos, que parece que suelen dejar alguna huella en los radares, sino que se ocupa de los mitos que generan como cuestión psicológica. No niega los testimonios de quienes los han visto ni los considera patológicos, por lo que no los denomina “alucinaciones”, sino “visiones” generadoras de “rumores visionarios”, incluso colectivos, dado que es posible verificar que hay muchos casos de personas que ven cosas que otras al mismo tiempo no ven, fenómeno que atribuye a una muy fuerte base emocional. A este respecto precisa que no todo lo que no es racional es patológico, es decir, que no es verdad que se carezca de cualquier espacio intermedio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0fa7c8fbce74da91b628a00d2565a323 wp-block-paragraph">La fuerte base emocional a que se refiere consiste en una alta tensión afectiva, que da lugar a que el inconsciente deba proyectar psicológicamente, o sea, impulsar (“yectar”) hacia adelante (“pro”), hacia afuera, algo que, en términos vulgares, diríamos que no puede digerir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-198cf910db1a933749c0ddb19272ced0 wp-block-paragraph">Los objetos voladores arreciaron en las noticias a partir de la última posguerra y en especial en los Estados Unidos, que es donde cundieron mayoritariamente los “rumores visionarios”. Es obvio que, si estos objetos existen físicamente, lo lógico es que se distribuyan por todo el planeta y no se concentren en un país y cerca de sus aeropuertos o de sus aviones en vuelo, de modo que, más bien, es cuestión de preguntarse a qué obedece la tensión afectiva que explica su causalidad psicológica, no física.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-450d5d92469036e995efc036b514f2fa wp-block-paragraph">En esta materia Jung escribe acerca de los fenómenos psíquicos espontáneos de los aviadores, cuya soledad en la inmensidad la compara con la del eremita, pero más en general mencionaba en su tiempo el peligro de la guerra nuclear, el exceso de población, la guerra fría del mundo bipolar y, en definitiva, el temor al fin del mundo físico, dado que el metafísico había dejado de funcionar y, por ende, entendía que se buscaba un acontecimiento redentor extraterrestre, en medio de una general sensación de desorientación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5b4ff2a653b753526d8646189bb758db wp-block-paragraph">En su momento Jung atribuía esa sensación de desorientación a la realidad angustiante y sin brújula del mundo bipolar y, por cierto, no era el único en percibir un panorama caótico: Teilhard de Chardin presagiaba una “huelga de la biósfera”, o sea, de la inteligencia, Velasco Ibarra en nuestra región escribía un libro titulado “Caos político en el mundo contemporáneo”, en filosofía, de la “nada nadea” heideggariana se pasaba a la “nada, nada” sartriana y podríamos seguir.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a21fd9648774ac8dcb350dd2ce609705 wp-block-paragraph">Ahora parece que los objetos voladores no son materia predilecta de noticias o, al menos, lo son mucho menos que en tiempos de Jung. No obstante, la sensación de desorientación y la proximidad del “fin del mundo” parecen mucho más cercanas que hace setenta años: la destrucción del medio ambiente, el peligro de volver humanamente inhabitable el planeta, el arsenal nuclear acumulado, las guerras insensatas, el exceso de información, la celeridad que incapacita para la reflexión, todo es más desorientador que en el tiempo de Jung.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-489048293030679ba7b2085315070c8f wp-block-paragraph">Dicho más claramente: están presentes y reforzadas la base emocional y la fuerte tensión afectiva necesarias para producir este género de “rumores visionarios” en gran escala. Lo que temo –no gratuitamente- es algo que a Jung no se le hubiese ocurrido jamás, o sea, que se los fomente mundialmente como instrumento político.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-889f8414aac12de4a2df5a3c15453f7c wp-block-paragraph">Si me permiten delirar un poco, me imagino a Trump exigiendo la unidad bélica del mundo –por él comandada- para defendernos de los extraterrestres, miles de relatos mejores que el que inventé al principio, millones de personas “viendo” alienígenas en las cocinas y los baños de sus casas, objetos voladores de todas las formas, sistemas de seguridad para prevención de agresiones extraplanetarias y cuantos disparates resulten funcionales al poder del colonialismo financiero y de la economía financiarizada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ca78fabe86f49d088cf77c555e05c9b6 wp-block-paragraph">¿Qué? ¿Acaso la opinión pública no lo aceptaría? Quisiera ver qué sucede si resulta funcional a los intereses financieros y nuestros medios de comunicación se llenan de series interplanetarias, los digitales de mensajes y testimonios de visiones, se forman las burbujas de personas convencidas, de testimonios de personas que viajaron en platos voladores, del repiqueteo constante de las incursiones de los alienígenas y hasta del riesgo de que tengan infiltrados y espías entre nosotros.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ecd3f8e39c595babe22b8a86a48a2a7 wp-block-paragraph">No me extrañaría que surjan “especialistas” en alienígenas, médicos especializados en biología extraterrestre y teóricos del derecho que discutan si se trata de “personas” o si esa condición está reservada a nosotros, como también otros que escriban gruesos tratados, ya no sobre derecho interplanetario, sino interestelar o intergaláctico, congresos, seminarios, conferencias, etc. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-305447f5b4632d3a7c4f6f2836c0993a wp-block-paragraph">Gracias por permitirme delirar un poco, pero, delirio aparte, por lo menos no puedo descartar que sea un recurso político para distraernos de las guerras criminales, las bravuconadas, las agresiones, el retroceso de la dignidad humana, la crueldad de los dueños del poder y el riesgo cierto de catástrofes bélicas y climáticas.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-57896c21adc97aac05555ac0f26fdf38 wp-block-paragraph">Viernes, 6 de marzo de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7cf64b93f9b6b7d68be8f6b04bacd139 wp-block-paragraph">*Profesor Emérito de la UBA.   <strong>        </strong></p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



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