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	<title>álestina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>álestina archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Migrar es humano, excluir es político &#8211; Por Bruno Carpinetti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Apr 2026 12:01:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Bruno Carpinetti]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Bruno Carpinetti desarrolla en esta nota la idea de que en un mundo atravesado por crisis - climáticas, económicas, políticas - la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. En ese sentido, Carpinetti sostiene que "Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral, sino un dato antropológico, una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/migrar-es-humano-excluir-es-politico-por-bruno-carpinetti/">Migrar es humano, excluir es político &#8211; Por Bruno Carpinetti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-429d5ebba0b02ab543fda4a2821fcb01"><strong><em>Bruno Carpinetti</em></strong> <strong><em>desarrolla en esta nota la idea de que en un mundo atravesado por crisis &#8211; climáticas, económicas, políticas &#8211; la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. En ese sentido, Carpinetti sostiene que «Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral, sino un dato antropológico, una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-efc0a880bb4a438b020997e6c3afdbac"><strong>Por Bruno Carpinetti</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-167e0eafc2291ff2df33568d8d23cf41"><em>“Al extranjero no maltratarás ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” – Éxodo 22:21</em></p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b94cc38d46e83deb6e66265d3377a87"><strong>Antes de las fronteras</strong><br>Hubo un tiempo —no tan lejano en la escala de la historia profunda— en que no existían los mapas. No había líneas, ni países, ni nombres para separar lo continuo. Solo había cuerpos en movimiento. Pequeños grupos de Homo sapiens saliendo de África, empujados por el hambre, la curiosidad o el clima, caminando sin saber que estaban escribiendo la primera gran narrativa de la humanidad: la de una especie que se expande porque no puede quedarse quieta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d0eefaf29cfde48eb1b2b3423c928c8">Todo empieza ahí. En África. Hace unos 300.000 años. Y luego, en oleadas sucesivas, el mundo se va poblando. No como una conquista épica, sino como una deriva. Pasos cortos, generaciones enteras avanzando apenas unos kilómetros más allá. Asia, Europa, Oceanía, América. Cada territorio alcanzado no es un punto de llegada, sino una transformación. El cuerpo cambia. La piel, el metabolismo, las lenguas, las formas de ver el mundo. La humanidad no se replica: se reinventa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5860c50df8e2472d02604039702aa7d1"><strong>El mestizaje como origen</strong><br>Nunca fuimos puros. Desde el inicio fuimos mezcla. Nos cruzamos con otros humanos -neandertales, denisovanos &#8211; y esos encuentros quedaron marcados en nuestros genes. Somos un archivo viviente de migraciones, de contactos, de contaminaciones. Lo que hoy llamamos identidad es, en realidad, una sedimentación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0687b45e7b340ebafb64d50e7a35a9bb">Más tarde vinieron las civilizaciones. O lo que después llamaríamos así. Mesopotamia, el Nilo, el Indo, China. Nodos, no islas. Lugares donde las rutas se cruzan. Donde circulan mercancías, pero también símbolos, enfermedades, dioses. La Ruta de la Seda no transportaba solo seda: llevaba historias, técnicas, ideas. Todo viaje era, en el fondo, un intercambio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ff6ab8a037539545a917f127499d8812"><strong>Culturas en movimiento</strong><br>Por eso, cuando hablamos de “culturas” como bloques cerrados, como esencias intactas, estamos contando un mito. Las culturas no son piezas de museo. Son procesos vivos, tensos, en permanente mutación. La tradición no es lo que permanece igual, sino lo que logra persistir cambiando. No hay identidad sin mezcla, aunque a veces la mezcla se vuelva invisible de tan antigua.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10fa12229aa69ea52e6ae0781ceff39f">Para profundizar en ese punto, la mirada del cronista polaco Ryszard Kapuściński se vuelve clave. En su libro “Encuentro con el Otro”, propone algo tan simple como incómodo: toda historia humana es, en el fondo, una historia de encuentros. Y frente al otro &#8211; dice &#8211; no hay infinitas opciones. Solo tenemos tres: la guerra, la indiferencia o el diálogo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a715fcc148ecd8c8ffbba3514ffd38bd">Esa tríada funciona como una brújula. Si la aplicamos hacia atrás, vemos que la expansión de Homo sapiens no fue solo un despliegue biológico, sino una cadena de encuentros. Algunos violentos, otros hospitalarios, muchos ambiguos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bbc34177c1b2361d56de93859cd016a7">Kapuściński insiste en algo más: el otro no es una abstracción. Es una presencia concreta que nos obliga a decidir quiénes somos. En ese sentido, toda identidad es relacional. No existe en aislamiento. Se define en el borde, en el roce, en el conflicto o en la conversación.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://juanmanuelgutierrezgallardo.com/Cuadros/IMG_3443_refugiados%20copia_retocada_pantalla.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Refugiados. Juan Manuel Gutiérrez Gallardo.</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2b73f163b18a91004d33863e213d8d4"><strong>El retorno de las fronteras</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-923873b0e9d0e056c6e246ba55bc0061">Pero hay algo que vuelve cuando creíamos que todo estaba, finalmente, entrelazado. En medio de redes, flujos y promesas de conexión infinita, reaparecen viejas gramáticas: la pureza, el límite, la sospecha. Las fronteras &#8211; esas líneas que nunca fueron naturales &#8211; regresan con la pretensión de volverse inevitables. Y la xenofobia deja de ser un residuo incómodo del pasado para asumirse como un síntoma nítido del presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b4b993c9a6b516ecf45e3214b9f128e2">En ese mapa, el conflicto entre el ente sionista de Israel y el pueblo palestino difícilmente pueda leerse como una anomalía histórica: más bien aparece como la continuidad de una concepción colonial que, lejos de disolverse, se actualiza. Allí, bajo distintas justificaciones, se consolidan dinámicas persistentes de ocupación, desplazamiento y fragmentación del territorio palestino, configurando un orden donde la dominación no es episódica sino estructural, y donde la historia reciente se inscribe en una lógica más amplia de desposesión sostenida. Para la población palestina, la experiencia no se agota en la pérdida de tierra; se despliega en una vida atravesada por controles, restricciones y una desigualdad estructural que distintas voces no dudan en nombrar como apartheid. En la Franja de Gaza, las ofensivas reiteradas y las políticas sistemáticas de devastación han llevado a que la violencia deje de ser episódica y pase a configurar un patrón sostenido que de manera indudable se caracteriza como genocidio: una dinámica orientada a la destrucción material y social de la población, donde la vida cotidiana queda atrapada en un horizonte de aniquilación progresiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-386e7dfc297a66d83521281e35b49824">La expansión de asentamientos, los bloqueos sostenidos, la vigilancia constante y las operaciones militares en territorios densamente poblados configuran un régimen donde el “otro” no solo es narrado como amenaza, sino gestionado como excedente. Bajo la retórica de la seguridad &#8211; que todo lo justifica &#8211; se diluyen las asimetrías que organizan el conflicto. La frontera, en este caso, no es solo un límite: es un dispositivo activo de exclusión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-80f433ad30bcfeef4756655c79ebd019">Algo de esa lógica resuena, con otras formas, en Estados Unidos. Allí, el accionar del <em>Immigration and Customs Enforcement</em> y el endurecimiento de las políticas migratorias, reinstalan una economía punitiva de la alteridad. Redadas, detenciones, deportaciones: escenas que interrumpen biografías y reescriben destinos. Familias partidas, trayectorias suspendidas, vidas reducidas a expedientes. En ese contexto, palabras como “purgas” circulan no como categorías técnicas, sino como intentos de nombrar una violencia que se percibe como limpieza: la voluntad de despejar el espacio social de aquello que incomoda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-06fada7058744a277351d704c5e35765"><strong>La institucionalización de la exclusión del “otro”</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19eb5236104ff7410c5643dd1c16c07e">La Argentina no queda al margen de este clima. Bajo la presidencia de Javier Milei, comienzan a insinuarse medidas que, más allá de su implementación efectiva, reconfiguran el horizonte simbólico de la migración. La posibilidad de arancelar servicios públicos como la universidad o la salud para personas extranjeras, junto con la insistencia en agilizar deportaciones, no aparece como una serie de decisiones aisladas. Más bien, componen una narrativa donde el migrante deja de ser parte del tejido social para convertirse en carga, abuso o problema.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78069701628bc6d33087074984be04d5">En un país cuya historia está atravesada por migraciones sucesivas, ese giro no es menor. El argumento de la equidad o del costo fiscal desplaza una tradición de ampliación de derechos hacia una lógica de restricción. Pero lo que está en juego excede cualquier cálculo económico: es la forma en que una comunidad decide nombrar a quienes la habitan. Cuando el acceso a derechos básicos comienza a filtrarse por el origen, cuando la hospitalidad cede ante la sospecha, se abre un umbral delicado: el de una ciudadanía escalonada, donde no todos los cuerpos importan del mismo modo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e019e66a0cb630334ba1b09209ac721d">Estas políticas no emergen en el vacío. Dialogan con un clima global en el que la figura del migrante es asociada, cada vez con mayor frecuencia, al desorden o a la amenaza. En ese marco, la frontera deja de ser un trazo en el mapa para convertirse en una tecnología que organiza jerarquías humanas. Y la paradoja se vuelve inevitable: en una sociedad construida por migrantes, negar al otro es, también, una forma persistente de negarse a sí misma.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e30ca3af35c6d048b53767b23cfa5965"><strong>La memoria del movimiento</strong><br>Pero hay algo más profundo en juego. Porque estos discursos no solo excluyen: también niegan la historia. Pretenden congelar lo que siempre fue movimiento. Olvidan que todos venimos de otra parte. Que no hay origen sin desplazamiento. Que incluso quienes se piensan como “nativos” son, si se retrocede lo suficiente, descendientes de migrantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d994edca8e9ac28c26d0600236ea6e7">«Todos somos inmigrantes” no es una consigna moral. Es un dato antropológico. Una verdad incómoda para cualquier proyecto que necesite fronteras rígidas para sostenerse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d3b480bd41024359e8c2f527377cab73">Quizás por eso incomoda tanto. Porque obliga a aceptar que la identidad no es propiedad, sino proceso. Que lo propio está hecho de lo ajeno. Que el otro no viene a alterar un equilibrio, sino a continuar una historia que nunca fue estática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4eac665a8675140343e87e68a11b5072">En un mundo atravesado por crisis &#8211; climáticas, económicas, políticas &#8211; la tentación de cerrar, de endurecer, de simplificar, es fuerte. Pero la historia larga de la humanidad sugiere otra cosa: que sobrevivimos no cuando nos aislamos, sino cuando nos conectamos. No cuando negamos al otro, sino cuando encontramos formas &#8211; siempre imperfectas &#8211; de convivir con él.</p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aef5cc6b7e11dd0693203e4aebd5658f">Sábado, 18 de abril de 2026.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ea9de3557edab6b4469dff93e6affdc"></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="188" height="188" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png?v=1776514758" alt="" class="wp-image-19484" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1.png?v=1776514758 188w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-150x150.png?v=1776514758 150w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-146x146.png?v=1776514758 146w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-50x50.png?v=1776514758 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-75x75.png?v=1776514758 75w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-85x85.png?v=1776514758 85w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2026/04/image-1-80x80.png?v=1776514758 80w" sizes="(max-width: 188px) 100vw, 188px" /></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-82be66710233a08dd217eca249443f79"><br>Bruno Carpinetti es Guardaparque. Se diplomó y obtuvo una Maestría en Ciencias en Biología de la Conservación en la Universidad de Kent, Inglaterra. Completó el Diploma de postgrado en Antropología Social y Política en FLACSO – Buenos Aires, y se Doctoró en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones. Ha ocupado distintos cargos en la administración pública. Actualmente es Profesor Titular de Ecología General y Recursos Naturales en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y Profesor Titular del área de Gestión de Riesgos en la Universidad Nacional de La Plata.</p>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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