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	<title>Aldea global archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Aldea global archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>McLUHAN VIVE &#8211; POR CONRADO YASENZA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2024 10:07:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Conrado Yasenza]]></category>
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		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Marshall McLuhan se adelantó a la globalización del tecnocapitalismo con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/mcluhan-vive-por-conrado-yasenza/">McLUHAN VIVE &#8211; POR CONRADO YASENZA</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7934980104eb9f73c442217ead622a7e"><strong><em>Marshall McLuhan se adelantó a la globalización del tecnocapitalismo con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2a9e072473f45c1bceed49f6270ede5b"><strong>Por Conrado Yasenza</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-13f0208a46e65843a06b56ddb57b03c5"><em>(para La Tecl@ Eñe</em>)</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d91b841af4cc41f22fb26ec15e3a56e"><strong><em>La era de la masividad y el masaje comunicacional</em></strong></p>



<div style="height:7px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-15a2b5edf8833695d8fe834972161030">Edad del desastre, decía el filósofo y teórico de la comunicación Marshall McLuhan.<br><br>Y se adelantó a la globalización con una idea aparentemente contradictoria: Aldea y Global, es decir, un aldeano globalizado a través de la evolución de los medios de comunicación. Un aldeano no necesariamente instruido como para asimilar los profundos cambios que la era del medio y el mensaje produjo en las costumbres y los modos de vida del ciudadano de aldeas.<br><br>Claro, aún faltaba la explosión de la galaxia Silicon Valley para que la aldea se transformara en el valle de la ilusión democratizadora de nuestra sociedad de la información. ¿Mensaje y masaje en la era de la masividad?<br><br>Hoy, la idea de McLuhan ha sufrido una mutación rizomática: En tiempos en los cuales se habla, se escribe y se ve a través de la <em>red X</em>, <em>Instagram</em> o <em>TikTok</em>, la comunicación se comprimió a burbujas que oscilan entre el sesgo de confirmación (de una idea, de una afinidad política, de pertenencia a ciertos climas emocionales), un fisgoneo que no llega a conformar punto de vista alguno y la relativa impresión de que allí existe algo que se parece más – y apenas &#8211; al imperativo kantiano del <em>me gusta</em> o <em>no me gusta</em> que a la conversación social o colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-924698d8dcd72e6311ba176669f50091">Un mundo feliz, diría Huxley, si no se tratara, y especialmente la red X, de un lugar tóxico en el cual si ya no lo sos, en cinco minutos te ponés muy ansioso y violento. Pero, <em>no problem</em>, para ello existen los ansiolíticos, el soma de nuestro mundo emocionalmente agresivo. Muy lejos de aquel verso de Tuñón, <em>eche veinte centavos en la ranura/ si quiere ver la vida color de rosa</em>, porque son tiempos de fiesta para pocos, fiesta grotesca y cretina, y muy cruel para amplias mayorías.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="454" height="304" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu.jpg" alt="" class="wp-image-13425" style="width:624px;height:auto" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu.jpg?v=1722443894 454w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu-300x201.jpg?v=1722443894 300w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu-218x146.jpg?v=1722443894 218w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu-50x33.jpg?v=1722443894 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2024/07/mc-lu-112x75.jpg?v=1722443894 112w" sizes="(max-width: 454px) 100vw, 454px" /></figure></div>


<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b8198cecc60c590c8f74064fd563ad9"><strong><em>Godard y el largo adiós</em></strong><br><br>En «Adiós al lenguaje», Jean-Luc Godard, a través de una voz en off, dice, en lo que será el único texto largo del film, que en 1933 nació la televisión y que Hitler subió al poder en Alemania. Significativo, para el ´33 y para nuestro tiempo de descenso al corazón de las tinieblas.<br><br>Godard quizás se adelantó también para decirnos que el nazismo perdió la guerra, pero ganó la batalla cultural a través de la instauración del tecnocapitalismo, la variante global Musk/ Zuckerberg del capitalismo financiero que, a su vez, hace rato desplazó al capitalismo fordista.<br><br>Ahora bien, el capitalismo es técnica y la técnica hoy es global bajo el paradigma relacional que incluye redes sociales (asociales)/plataformas/uberización/sujetos híper productivos, híper conectados e híper explotados. Un capitalismo que ha conquistado el mundo interno y externo de la vida humana, y por ello es global. ¿Plusvalía total? Un universo de millones de personas produciendo incesantemente datos en forma gratuita y felices de hacerlo, y bajo la ilusión de una vida sin patrones, porque los Musk/Zuckerberg parecen estar revestidos con el manto sagrado de la invisibilidad. Los <em>Max Headroom</em> de esta arena sembrada con sal.<br><br>Entonces, ¿puede todavía un texto o un artículo periodístico superar, primero la exigencia de brevedad, y segundo, la ansiedad por lo veloz?; ¿puede inquietarnos en la propuesta de pensar realidades complejas? Me refiero a si podemos todavía dialogar con los hechos, con el periodismo y con las ciencias sociales tensando el pensamiento, proponiendo ir más allá de la urgencia por tener una opinión para todo, y, además, <em>ya, ahora, rápido</em>. Surge, entonces, otra pregunta: Podremos volver a esa imagen que para estos tiempos es casi una contemplación: la de una piedra arrojada sobre una superficie de agua aparentemente clara en la cual los círculos concéntricos que ese pensamiento genera no clausuran la experiencia y la reflexión sino todo lo contrario, la expandan, le den cierta espesura, como si estuviésemos frente a aquello que parece detenido mientras sus rebotes se diseminan y vuelven esa experiencia una vivencia arbórea.<br><br>Quizá, un anatema para estos tiempos de cultura productora de imágenes y textos veloces que representan aquello que el capitalismo tecnológico nos ofrece como universal. ¿Anulación o fin del lenguaje, de la palabra escrita, de la lengua y sus posibilidades de expansión? Tal vez ese adiós al lenguaje sea lo que tenemos que poner en discusión; ese quiebre que la postmodernidad hizo suyo como una idea del lenguaje productor de clips, de imágenes universales construidas a partir de fragmentos, de sonidos fracturados, de diálogos intercalados y entrecortados, y más acá, de <em>tuits</em>, de, ¿cuál sería la adaptación gráfica de X?, <em>tiktoks</em>, <em>reels</em> o simplemente el trino fugaz de un pájaro asimilado a una corta ráfaga de informaciones intrascendentes. ¿De eso hablamos cuando hablamos de comunicación y periodismo?<br><br>Las profundas corrientes de espiritualidad y pensamiento quedaron encorsetadas en la lengua del objetivo «militar”. Imágenes y diálogos espasmódicos al servicio de quien tenga más poder y dinero como para implementar una artillería emocional capaz de imponer una pulsión tanática que ¡ama! el pensamiento jibarizado. Una lengua de datos infinitos que produce mercancías y ganancias infinitas capitalizadas por los reyes de esta vejiga hipertrófica llamada universo digital.<br><br>Sin entrar en dicotomías que aludan a apocalípticos e integrados, el hipertexto alucinado en el que vivimos es el triunfo del capitalismo global como límite al pensamiento, el lenguaje y la vida cotidiana de los humanos.<br></p>



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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://www.nuevatribuna.es/media/nuevatribuna/images/2021/05/17/2021051713054896237.jpg" alt="" style="width:636px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto de Palestinalibre.org</em></figcaption></figure></div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dba17b8bb6fdcfbef3b7a9733d373ae8"><strong><em>Conjunciones adversativas</em></strong><br><br>Entonces surge un delicado problema que atañe al arco comunicacional y sus posibilidades de reacción cuando los hechos deben ser repudiados. La condena que se lee y escucha es una conjunción timorata que repudia y rápidamente se repliega. El asesinato es repudiable <em>pero</em> hay otros crímenes que no se ponen en perspectiva. ¿Cómo qué no? Siempre se contextualiza cuando se piensa o se escribe. Ocurre, también, que ese <em>pero</em> viene a legitimar un universo de imágenes y textos simplificados que se producen y se ofertan a quien posea el mejor poder de fuego para generar aquellas emociones que afectan almas y cuerpos (individuales y colectivos). Me refiero al globo perenne de cuentas anónimas de <em>trolls</em> inagotables, desde donde se erosiona la noción misma de verdad, o si se prefiere, el alma de una opinión verdadera a la que corresponde una acción ética. Ese <em>pero</em> es el que morigera la condena y la vuelve una operación gramatical que anula, justamente, su poder de condena hacia un hecho aberrante como lo es el hambre que arrasa en el mundo, o el actual genocidio a cielo abierto que Israel perpetra en Gaza/Palestina. Ese “pero” comunicacional es el que hace de la autocensura una latencia y una amenaza naturalizada como el bucólico jardín de la casa que se halla justo delante del muro del infierno.<br><br>En definitiva, ese «pero» ingobernable que martiriza al planeta con el beneplácito del sujeto idiotizado.<br><br><strong><em>Preguntas finales</em></strong><br>¿Es la esperanza lo último que se pierde? ¿Es ese mal último, como alivio secreto del bien, el que Pandora guardaba en el fondo de su vasija?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-140ab63ef8996201d350884385ce3440">Ojalá.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c051ebc276be64d98c67dc6c5493c7e8">Avellaneda, 3&nbsp;de agosto de 2024.<br><br>*Periodista y docente en UNDAV.</p>
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