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	<title>AFI archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>AFI archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Espionaje y política &#8211; Por Rocco Carbone</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2020 14:46:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Rocco Carbone]]></category>
		<category><![CDATA[AFI]]></category>
		<category><![CDATA[espionaje]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Luego de la denuncia de la titular de la AFI Cristina Caamaño, comenzó a hablarse de “espionaje ilegal”. Rocco Carbone afirma en esta nota que no estamos ni frente a la ilegalidad total ni a formas de inteligencia ilegal ya que la AFI llevó a cabo prácticas de espionaje desde una computadora de ese organismo y esas tareas se llevaron adelante sin una orden judicial.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/espionaje-y-politica-por-rocco-carbone/">Espionaje y política &#8211; Por Rocco Carbone</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Luego de la denuncia de la titular de la AFI Cristina Caamaño, comenzó a hablarse de “espionaje ilegal”. Rocco Carbone afirma en esta nota que no estamos ni frente a la ilegalidad total ni a formas de inteligencia ilegal ya que la AFI llevó a cabo prácticas de espionaje desde una computadora de ese organismo y esas tareas se llevaron adelante sin una orden judicial.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Rocco Carbone*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Inteligencia</em> remite al conjunto de actividades informativas con el objetivo de adquirir los conocimientos necesarios para tomar decisiones de naturaleza compleja. Es una categoría conceptual que acaso sintetice la necesidad de conocer y la gestión de las informaciones, elementos esenciales para la vida política y para la definición de elecciones estratégicas en distintos ámbitos de la vida pública. Su campo de aplicación primigenio es el ámbito militar. Sobre el tema existe una bibliografía de ficción literaria y una producción cinematográfica profusas, que marcan la ampliación del espionaje del sector bélico a otros ámbitos: económico, científico, político, diplomático, criminal, industrial, comunicacional, informático, religioso. Los servicios de información y seguridad, más comúnmente servicios secretos, son organismos militares o civiles que desarrollan actividades de espionaje, contraespionaje, recolección de informaciones con vistas a tutelar la seguridad del Estado. Uno de los personajes emblemáticos de este submundo es James Bond, perteneciente al MI6 (<em>Secret intelligence</em>) británico, protagonista de las novelas de Fleming. Otros tantos personajes surgieron de la confrontación entre el occidente liberal y occidente/oriente comunista en ese arco de tiempo suspendido entre el final de la Segunda Guerra y la caída del muro del Berlín: <em>Bridge of Spies</em> de Spielberg o <em>Das Leben der Anderen </em>de Henckel von Donnersmarck. De esa industria cultural se desprende una “teoría de la inteligencia y el espionaje” integrada por la búsqueda de informaciones para conjeturar los designios del antagonista y evitar también crisis internas con ramificaciones internacionales; tareas de propaganda y contrapropaganda; manipulaciones de informaciones; penetración ideológica en el campo del adversario, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Acaso las primeras huellas de la inteligencia/espionaje se encuentren en el segundo libro de la Biblia. Moisés, antes de guiar el éxodo de los hebreos del antiguo Egipto a la Tierra prometida envía a 12 hombres a explorar Canaán para saber qué tipo de pueblo la habita, si es poderoso o débil, numeroso o acotado, para averiguar si sus ciudades están fortificadas o si se organizan en campamentos abiertos, sin la protección de murallas. Algo muy parecido sucede en los capítulos de <em>Il Milione </em>de Marco Polo. Este veneciano que vivió en la corte de Kublai Kan cuenta cómo empezó a viajar hacia oriente por orden del Kan para registrar qué comían las poblaciones que encontraba, qué animales tenían, cómo conservaban los alimentos, cuáles eran sus costumbres, armas, caballos, tipo de organizaciones. Hoy leemos este libro como una novela, si bien su escritura se acerca más al protocolo de la práctica de la información preventiva. Otro libro, que hoy se vende casi como si fuera un texto de autoayuda, <em>Sobre el arte de la guerra</em>, atribuido a un general que vivió en el VI siglo a. C. –Sun-Tsu–, le dedica un capítulo a los espías e indica que son sujetos a quienes hay que pagarles dos veces, para evitar su traición. Propone una tipología de cinco agentes secretos, que con su trabajo coordinado constituyen una especie de tesoro, de “red divina”. Sobre las reflexiones vertidas en ese libro se creó en Japón una organización dedicada al espionaje: los Ninjas. En la guerra de Troya, las actividades de espionaje las llevó a cabo el hombre de los mil nombres: Ulises. Los <em>speculatores</em> en Roma eran soldados que operaban en las legiones, guardias del cuerpo del comandante y espías. Es el despreciable personaje de Quintus en <em>Gladiator</em>, de Ridley Scott. Ariel, en <em>The Tempest</em> de Shakespeare es un espíritu mágico y todopoderoso, y espía de Próspero. Alejandro III instituyó la <em>Ojrana</em> (protección) en Rusia: una policía secreta que tenía el objetivo de reprimir cualquier tipo de subversión y que ejercía su control sobre escuelas, universidad, prensa, justicia. Victor Serge le dedica un capítulo en <em>Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión </em>(Madreselva, 2010).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando la inteligencia es practicada por los Estados se engarza con otro concepto: el de seguridad nacional. Ahí la categoría concierne a la recolección de información y análisis de datos que inciden en la toma de decisión del poder político para la salvaguarda de un país de potenciales amenazas internas y/o externas. Seguridad nacional es prevención estratégica para evitar eventos <em>non gratos</em> relativos a la emergencia de tal o cual amenaza. En el ámbito de los Estados hay estructuras que se dedican expresamente a esa “teoría política de la información” y para llevar a cabo su trabajo adquieren rasgos de secretismo (y en algunos casos hasta de clandestinidad). El carácter secreto de los servicios atañe a al menos tres aspectos: la sensibilidad de las informaciones, las formas y los procederes de las investigación, y la preservación de las fuentes. El secretismo tiene que ver con la eficacia del servicio y su capacidad de evitar las distintas dimensiones de la amenaza. Además de los propios Estados la inteligencia es practicada también por sujetos y agencias privadas con objetivos que son a su vez privados. Ahí tenemos las novelas de Paco Ignacio Taibo II con Belascoarán Shayne y más acá, la serie <em>Killing Eve</em> y el contrapunto entre Villanelle y Eve Polastri. No estaría bien terminar este veloz contrapunto sin mencionar algo consabido en la cultura de las izquierdas revolucionarias y literarias: el caso de Rodolfo Walsh. Tomó partido por la Revolución Cubana, trabajó en Prensa Latina y se desempeñó como “criptógrafo”. Ayudó a dectectar mensajes cablegráficos, a desencriptar sus claves secretas y contribuyó a localizar a los mercenarios que en 1961 desembarcaron en Playa Girón con el objetivo de invadir la isla.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La inteligencia es una suerte de espejo del país en el que se recoge. Implica un proceso de recolección de información que luego comporta momentos descriptivos, situacionales y especulativos que están repletos de innumerables inferencias. Su valor reside en la capacidad de proveer informaciones y datos acompañados de un juicio acerca de su confiabilidad. Se trata de una contribución de conocimientos puestos a disposición del decisor público acerca de alguna amenaza latente o concreta para el interés nacional y que puede provocar riesgos de naturaleza política, militar, económica, financiera, energética, sanitaria, etc. Si esa cadena lógica articulada por las legalidades propias del Estado de derecho se quiebra, porque en sus tejidos se manifiesta alguna forma de la ilegalidad, entonces aparece (por ejemplo) el espionaje macrista, que por estos días alcanzó estado público. Sorpresivamente, lxs espiadxs en la Era Macri no figuran en la agenda informativa de los medios ideológicos de este país (los diarios con distribución nacional). ¿Sorpresivamente? Por medio de la denuncia de Cristina Caamaño –interventora de la Agencia Federal de Inteligencia– descubrimos que una parte de los servicios de inteligencia con el macrismo se “reperfilaron” para dedicarse al espionaje interno de personalidades vinculadas a la actividad política, a la actividad intelectual, periodistas, dirigentes, sindicalistas, dependencias de fuerzas policiales y un gobernador, espiadxs sin orden judicial. El listado de direcciones de mails apareció en una computadora dentro de la AFI. Para la propia interventora de la AFI hubo un “proceso sistémico de inteligencia ilegal”. Pero ese procedimiento muestra más bien formas integradas de <em>(i)legalidad</em>. En esas maniobras espurias no hay errores sino mensajes. Estamos frente a otra madeja mafiosa que debe ser desenredada. Las mafias son sistemas de poder. Y la relación con el poder es un elemento constitutivo de la ‘Ndrangheta. La externalidad de la ‘Ndrangheta, su ilegalidad digamos, va permeando progresivamente el poder, la legalidad, hasta teñirlos y hacerlos funcionar con su propia lógica. Si estuviéramos frente a una manifestación estética podríamos hablar de <em>grotesco</em>, dado que es un hallazgo que tematiza elementos de índole distinta y contradictoria que se mezclan. Pero aquí estamos frente a un fenómeno social y político en el que <em>legalidad e ilegalidad conviven</em>. Para entender el fenómeno ‘ndranghetista hay que imaginar un espacio tripartito. En el primer sector operan los sujetos que producen bienes y servicios ilegales. En el segundo, los sujetos que los comercializan. En el tercero, los que gobiernan el territorio en el que esos bienes y servicios circulan. Este último es determinante para controlar los flujos electorales (condicionar los resultados), resolver disputas (ejercitar la justicia), condicionar la economía (alterar las reglas).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Luego de la denuncia de la titular de la AFI empezó a hablarse de “espionaje <em>ilegal</em>”, “proceso sistémico de inteligencia <em>ilegal</em>”, “producción de inteligencia <em>ilegal</em>”, “aparato de <em>ilegalidad</em> total”. Desde ya, estamos frente a un hecho de extrema gravedad institucional –que el macrismo había implementado incluso a nivel de CABA cuando en 2009 espió a funcionarios, empresarios, legisladores opositores, dirigentes gremiales, integrantes de la AMIA y de la colectividad judía, y hasta a un familiar del propio Macri– pero es un error conceptual y metodológico destacar sólo el aspecto <em>ilegal</em> de esas prácticas. Poner en foco la <em>ilegalidad</em> reduce la comprensión del fenómeno denunciado y que ahora será investigado. No estamos ni frente a la ilegalidad total ni a formas de inteligencia ilegal. Si desde junio de 2016 la AFI llevó a cabo prácticas de espionaje <em>desde una computadora de ese organismo</em> y si esas tareas no fueron ordenadas por un magistrado (es decir, se llevaron adelante sin una orden judicial), <em>sino que fueron dispuestas por alguna autoridad de la propia estructura de inteligencia</em>, entonces se trata de <em>inteligencia (i)legal</em>. Con “(i)legal” quiero expresar el sentido de la manifestación de una cosa que se da en otra que es (o debería ser) su opuesto. También en este caso estamos frente a un emergente más de una práctica mafiosa propia de la cultura macrista. Mafia es la permanente manifestación de un principio estructurante: el de ilegalidad ubicado dentro de todos los tejidos (in)imaginables de la legalidad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 2 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Universidad Nacional de General Sarmiento/CONICET</span></p>
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		<title>Máscaras &#8211; Por Gabriel Fernández</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Dec 2021 17:28:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gabriel Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[AFI]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Gabriel Fernandez]]></category>
		<category><![CDATA[Gestapo antisindical]]></category>
		<category><![CDATA[Vidal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El periodista Gabriel Fernández sostiene que a través de la revelación del anhelo cambiemita de contar con una Gestapo propia para perseguir a representantes del movimiento sindical organizado, cae la máscara republicana y la cobertura de los que claman democracia ante “mordazas” y “decretos”.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/mascaras-por-gabriel-fernandez/">Máscaras &#8211; Por Gabriel Fernández</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-color has-medium-font-size" style="color:#0614e5"><strong><em>Gestapo antisindical.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El periodista Gabriel Fernández sostiene que a través de la revelación del anhelo cambiemita de contar con una Gestapo propia para perseguir a representantes del movimiento sindical organizado, cae la máscara republicana y la cobertura de los que claman democracia ante “mordazas” y “decretos”.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Gabriel Fernández *</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El uso de la expresión careta para calificar a quien adopta una actitud destinada a cuajar bien con el medio ambiente o a posicionarse dentro de los cánones de la moda contiene algunos elementos dignos de tomar en cuenta. En principio se trata de una impostura que puede equipararse a la hipocresía; sobre todo, denota el anhelo profundo de contrastar con la verdad interior.&nbsp;&nbsp;Dime de qué alardeas, te diré de qué rengueas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Por lo común, la acción de calzarse un disfraz brinda resultados absurdos. Algunos éxitos parciales, muchos traspiés inevitables, cierto tono de inmadurez que, al fin y al cabo, se trasunta. Si bien nadie puede ser conocido plenamente por los demás, los grandes trazos son detectados y la máscara, más que “desenmascarada”, termina ridiculizada. El ejemplo habitual se desplaza en el ámbito económico social: franjas enteras de la comunidad se “trabajan el infarto”, como dijo Jauretche, para adquirir tal o cual marca o producto deseables en detrimento de lo asequible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Pero hay allí un tono simpático, si cabe la expresión, que evidencia la aspiración de mejora, aun cuando la misma resulte mal encaminada y culmine en la adopción de criterios ajenos al espacio social/laboral al cual pertenece el impostor. El asunto se pone peliagudo cuando la imagen externa, que suele estar acompañada por la diferenciación – acusación del otro, del que no finge &#8211; se desvanece a través del conocimiento público de las premisas antagónicas a lo declamado. Hay cámaras por todos lados. El encomiable esfuerzo de algunos medios por proteger a sus acólitos –que también lo son para parecer- no alcanza para un encubrimiento total.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El movimiento nacional, y muy especialmente su vital espacio sindical, ha sido caracterizado desde las distintas variantes liberales como autoritario, fascista, nazi, violento. Son asertos clásicos. Que lo digan Medina y Moyano, por caso. Pero más allá de esas imputaciones resonantes, la historia viene de lejos, involucra a los primeros sindicalistas y recala en carteles colocados sobre las más diversas tendencias, andando el tiempo. Son legendarias las portadas acerca de las “mafias” y también aquellas que dieron a conocer, temblorosas, el “miedo” impuesto por ciertos secretarios generales. Los rastreadores de autoritarismo se complacen en señalar, periódicamente, a quienes según su parecer actúan de modo antidemocrático.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Sin embargo, los crímenes de comienzos del siglo pasado, las persecuciones de la Década Infame, la represión a la Resistencia Peronista, la brutal y sanguinaria acción de la dictadura a partir del 76, podrían ser suficientes para invertir los términos de la caracterización. Ahora, después de sermones con altavoz sobre el autoritarismo de la dirigencia peronista (en especial contra CFK) y de sus equivalencias gremiales, se descubre que uno de los referentes de los caretas consideró necesario establecer una Gestapo con el objetivo de arrasar con la vida de aquellos trabajadores que resuelven organizarse para bregar por sus derechos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cae la máscara republicana, cae el oblicuo decir de quienes anuncian argenzuelas, cae la cobertura de los que claman democracia ante “mordazas” y “decretos”. Cae, otra vez.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El sentido profundo es ostensible: junto a una deuda – corsé por cien años -, pretenden&nbsp;&nbsp;desplegar el delito desde el Estado para impedir el desarrollo de la economía argentina, bandera indudable de la Unidad del Sur. Es que sólo el movimiento obrero puede, con su denostada labor, gestar las condiciones de un mercado interno que beneficie a (casi) todos, aún a quienes se suman al decir impostado y repiten como tontos marcas… y consignas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Cosa curiosa: en los sindicatos se eligen las conducciones con el voto de los afiliados. ¿Quién escoge y con qué métodos a los representantes empresariales, a los directivos de las ONGs, a los impulsores de las fundaciones, a los delegados de asociaciones que bregan por la democracia? Muchos de ellos se calzan la máscara y peroran sobre violentos y pacíficos, verticales y dialoguistas; hasta se animan a re invertir los términos y proponerse como progresistas, dejando el concepto de conservador para aquellos que sostienen modelos de interesante sendero, como el sindical argentino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La revelación reciente, que ha generado convulsión en una gran parte de la vida política del país no es otra cosa que el verdadero rostro del poder concentrado.&nbsp;&nbsp;Cuando sus voceros hablan con ardor de democracia y respeto a las instituciones, en realidad esbozan por abajo este tipo de iniciativas. Ya las han concretado, en varios tramos oscuros de nuestro decurso.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Se pusieron otras máscaras para encubrir sus gestapos. Revolucion ¡Libertadora!, Revolución ¡Argentina!, Proceso de&nbsp;&nbsp;¡Reorganización Nacional!.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Quieren más. Las movilizaciones masivas, las exigencias paritarias, los planteos productivos, les hacen sentir que no fue suficiente. No les alcanzó para poner de rodillas un movimiento obrero  que, con sus más y sus menos, con sus divisiones y reyertas, cumple su función republicana y traza un rumbo: Nuestro Norte es el Sur, aunque algunos marchen en zig zag. Esto es, la construcción de un gran país, en contraste con el ajuste y la recesión, con la reducción estructural que Ellos, los demócratas, pretenden imponer in aeternum.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 29 de diciembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*<em>Director La Señal Medios</em></p>
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