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	<title>aceleracionismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>aceleracionismo archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Acelerar la transformación del sujeto &#8211; Por Roque Farrán</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Dec 2019 15:41:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[aceleracionismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[sujeto]]></category>
		<category><![CDATA[tecnologías]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las tecnologías del yo, del sí mismo o del sujeto, no son cuestiones secundarias, como hemos visto recientemente en todas las paradojas democráticas del odio y la servidumbre exacerbadas, sino indispensables para que una sociedad funcione; por eso tienen que ser estudiadas, profundizadas e implementadas en todos sus aspectos y dimensiones materiales.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Las tecnologías del yo, del sí mismo o del sujeto, no son cuestiones secundarias, como hemos visto recientemente en todas las paradojas democráticas del odio y la servidumbre exacerbadas, sino indispensables para que una sociedad funcione; por eso tienen que ser estudiadas, profundizadas e implementadas en todos sus aspectos y dimensiones materiales.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Roque Farrán*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I- </strong><em>El sujeto en cuestión</em>. Cuanto más leo de las ultimísimas innovaciones tecnológicas del capitalismo digital contemporáneo, y sus relativamente nuevos modos de producción, más me convenzo que si hay algo en efecto irreductible, si algo permanece entre tanto cambio, es el <em>sujeto</em>. O más bien, como decía Althusser, los <em>modos de interpelación del sujeto</em>. He allí la fijación de todos los retornos, persistencias y fijaciones, que no se eliminarán por desconocerlo o pretenderlo filosóficamente superado, vía la deconstrucción generalizada de las marcas identitarias. El sujeto es siempre algo más que el emplazamiento histórico-estructural que lo constituye. Pero ese “algo más” no es un exterior trascendental o constitutivo, sino apenas un pliegue o torsión inmanente como irreductible. Por eso, entre tanta hipermodernidad tecnológica y algoritimizada, no sorprende encontrar las mismas figuras subjetivas transhistóricas que retornan con sus mecanismos típicos: el sujeto <em>reaccionario</em>, el sujeto <em>oscuro</em>, el sujeto <em>fiel </em>(según la nominación badiouana). Al contrario de lo que sugiere mi amigo Jorge Alemán, no me parece que el capitalismo esté en condiciones de alterar verdaderamente al sujeto ni produzca tampoco <em>nuevas subjetividades</em> mediante sus operaciones comunicacionales y algorítmicas; por tanto, no necesito distinguir al sujeto de aquéllas, porque no lo idealizo ni trascendentalizo: el sujeto resulta siempre de mecanismos de interpelación concretos y materiales. Solo que hoy lo sabemos muy bien: (i) algunos apuntan sus deseos y pasiones a la reproducción del orden social imperante (con todas las innovaciones necesarias), (ii) otros a la transformación inmanente de las estructuras y dispositivos (sin garantías de resolución feliz), (iii) y otros, finalmente, a la destrucción de toda novedad en función de un orden trascendente (generalmente religioso). Y aunque nos sintamos mayormente interpelados por una figura subjetiva en especial (<em>p. e.,</em> el sujeto fiel), con sus nominaciones y tradiciones características, no podemos ignorar que opera una <em>sobreinterpelación</em> común que nos enlaza ineluctablemente a las otras; y, por eso mismo, nos movemos contradictoriamente entre tendencias y aspectos conservadores, reaccionarios, deseantes y destructivos. Saberlo y resolverlo en un anudamiento adecuado es la única chance que tenemos de constituir <em>otro sujeto</em>, más libre, más soberano, más material y concreto, que pueda dar realmente un nuevo uso a todas las tecnologías disponibles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es decir, ante la inexorable efectividad de la gubernamentalidad neoliberal, algorítmica y digital, no podemos retroceder y restablecer las figuras arquetípicas de antiguos <em>significantes amos </em>que ordenen la cosa, o incluso la siempre idealizada figura del “ciudadano ilustre”, racional y comunicativo; nuestra única chance de salir de la “minoría de edad” a la que nos condenan los dispositivos de control y sujeción actuales es, retomando un gesto moderno y crítico, esencialmente materialista, dar un paso más en relación a ellos: <em>la constitución efectiva del sujeto</em>. Por eso propongo que a la lógica del significante y del algoritmo generalizado, hay que desplazarlas desde una gubernamentalidad popular, compleja y abigarrada, renovada con la lógica del anudamiento solidario entre prácticas y formas de interpelación ideológica; a la homogeneidad y conectividad propuestas e impuestas masivamente, mostrarles que hay modos de anudamiento conjuntos y electivos entre prácticas irreductibles, heterogéneas, no necesariamente subsumibles a la lógica del valor. Mostrar otro uso de las tecnologías, en los mismos gestos de escritura y transmisión, en las intervenciones y composiciones oportunas. Atravesando todos los niveles en juego: desde su uso anónimo y singular hasta incluir a los distintos aparatos de Estado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II-</strong><em> Uso de los dispositivos</em>. Hay solo dos creencias extremas que me sostienen en el vacío circundante. Una resuena con la pregunta lanzada por Lacan a sus oyentes: ¿si no creyeran que van a morir, acaso podrían soportar la vida que llevan? La otra es casi lo contrario: si no creyera que el mínimo gesto de escritura o pensamiento pueden cambiarlo todo, no dedicaría un segundo más a escribir un <em>post</em>, un <em>paper</em> o un libro. En ese sentido, hace tiempo uso mis redes sociales para escribir en vivo y en directo, para crear una caja de resonancia entre gente próxima y no tanto que, aunque no participe directamente, yo sé –o supongo, eso basta– que lee y eso la afecta de algún modo. No aplican en ese uso ni la autopromoción personal, ni la acumulación de capital, ni me interesa si se usan estos datos para venderme productos que de todas maneras no compro nunca; lo que escribo no tiene ningún precio, no sigue la lógica de la valorización, de la cadena significante o el algoritmo, busca solamente el anudamiento conjunto: un modo de pensar en común. Cada post no es un fin en sí mismo, es una unidad virtual de significación del proceso genérico de escritura, que viene de y sigue por otros lados, por eso es posible reencontrar frases o ideas que circulo por allí y luego se anudan en textos mayores, etc. La idea de fondo es <em>fractalizar y viralizar la escritura</em>: asumirla como una <em>forma de vida</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III.</strong> <em>Futuridades</em>. Sin dudas, necesitamos abrir <em>nuevos futuros posibles</em>, imaginar otras formas de vida y socialización que no se reduzcan a las imperantes bajo el capitalismo actual. A su vez, conocemos demasiado bien los fracasos históricos de los socialismos llamados “reales” y las limitaciones eternas de las comunidades utópicas. Por eso, las novedosas perspectivas aceleracionistas nos permiten destrabar justamente la imaginación de otros futuros posibles, partiendo de los saberes y tecnologías disponibles, pero dándoles otro uso que no sea el de la mera acumulación y la búsqueda desenfrenada de ganancia; una nueva socialización de los medios tecnológicos de producción. Incluso a nivel del Estado. Para los más lúcidos representantes del aceleracionismo contemporáneo, como Srnicek, el papel del Estado en la regulación de las plataformas tecnológicas es clave. Estoy en casi todo de acuerdo con ese gesto transformador, crítico e inmanente a las estructuras actuales de producción, no meramente reactivo o romántico (posiciones que rechazan el uso de las tecnologías), pero considero que resulta necesario reinscribirlo en una concepción más vasta y compleja de la tópica social, que entrelace las distintas prácticas, niveles, instancias y temporalidades que nos constituyen en común; esto es, considerar no sólo las prácticas y dispositivos tecnológicos, sino las prácticas políticas e ideológicas concretas, así como las prácticas éticas y de transformación de sí que pueden acompañar estos procesos (el <em>gobierno de sí y de los otros</em>). Para eso necesitamos reapropiarnos de lo mejor de nuestros legados históricos, teóricos y prácticos. Saber leer en la coyuntura lo actual y el modo de transformarnos.De allí que no haya grado cero del pensamiento sino despeje, exceso y resignificación en nombre propio de aquello que <em>habrá sido para lo que está llegando a ser</em>. Es decir, para abrir a nuevos futuros posibles, necesitamos reapropiarnos creativamente del pasado en la lógica del <em>après-coup</em> o <em>Nachträglichkeit</em>: el futuro anterior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV<em>.</em></strong><em> Tecnologías del yo.</em> Lo que pueden aportar las ciencias sociales y humanas a la sociedad en su conjunto, más que la comprensión o explicación de sus procesos generales o tipos particulares, es el estudio, difusión, mejoramiento e inclusión en todo proceso político-social concreto de las tecnologías del yo. Tenemos que asumir, a esta altura de nuestra fallida modernidad, que los procesos de subjetivación crítica y autonomización individual no son espontáneos ni tienen por qué ser automatizados o dirigidos algorítmicamente; los modos de subjetivación son procesos complejos, delicados y precarios, que requieren de múltiples apoyaturas, técnicas y metodologías, pero sobre todo de sostener un <em>ethos</em> constante de reflexividad crítica. La rigurosidad tiene que ver más con ese <em>ethos</em> que con mediciones cuantitativas. Las tecnologías del yo, del sí mismo o del sujeto, no son cuestiones secundarias (como hemos visto recientemente en todas las paradojas democráticas del odio y la servidumbre exacerbadas), sino indispensables para que una sociedad funcione; por eso tienen que ser estudiadas, profundizadas e implementadas en todos sus aspectos y dimensiones materiales: en relación a distintos saberes (occidentales, antiguos y modernos, orientales o ancestrales), en relación a situaciones y relaciones de poder concretas (no solo a los marcos generales de dominación y explotación), en relación reflexiva con el mismo proceso de implementación y estudio (por eso el investigador necesariamente debe hacer un proceso reflexivo de transformación de sí en tales circunstancias, caso por caso). No es para nada desacertado que haya, en ese sentido, un Ministerio dedicado a trabajar y transversalisar los procesos de constitución crítica de nosotrxs mismxs.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Córdoba, 8 de diciembre de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Investigador Adjunto (CONICET). Miembro del Programa de Estudios en Teoría Política (CIECS-UNC-CONICET)</em></span></p>
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		<title>¿QUIÉN CONTROLA LAS SOCIEDADES DE LA ACELERACIÓN? &#8211; DANIEL ROSSO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Mar 2025 12:16:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Rosso]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En esta nota Daniel Rosso plantea la necesidad de poner sobre la superficie del debate público la relación de los procesos de concentración y centralización de las telecomunicaciones y las TIC, con las nuevas sociedades de la aceleración, los individualismos, los desechos invisibilizados y los tiempos superpuestos de explotación del trabajo y extensión de los espacios de consumo que se construyen a partir de esas infraestructuras.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dba55800a593877d82731bbef4f45454 wp-block-paragraph"><strong><em>En esta nota Daniel Rosso plantea la necesidad de poner sobre la superficie del debate público la relación de los procesos de concentración y centralización de las telecomunicaciones y las TIC, con las nuevas sociedades de la aceleración, los individualismos, los desechos invisibilizados y los tiempos superpuestos de explotación del trabajo y extensión de los espacios de consumo que se construyen a partir de esas infraestructuras.</em></strong><br></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-92018ece6d0de094384c59bbadd4c041 wp-block-paragraph"><strong>Por Daniel Rosso*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0bb29c35ff88c8e8d1c07cb6e3b72937 wp-block-paragraph"><br><strong><em>Clarín versus Milei</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-866b16cd8039f8d02a8ceea5a4696c7b wp-block-paragraph"><br>El anuncio de la compra de Telefónica de Argentina por parte de Telecom, controlada por el Grupo Clarín, sacudió el mercado de las Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en el país. Las dos compañías reúnen más del 60% de lo que recaudan las comunicaciones móviles, el 45,3% de la conectividad fija a internet, el 79% del servicio básico de telefonía y el 41% de la TV de pago, según datos del Global Media and Internet Research Project citado por Martín Becerra en “Milei contra el monopolio de Clarín” en <em>El DiarioAR</em>. El gobierno reaccionó denunciando la operación como monopólica.<br>En otra nota publicada en <em>La Tecl@ Eñe</em>, Luis Lázzaro sostiene que “el hecho consumado por Clarín desafía la expectativa del gobierno de Javier Milei de avanzar por su cuenta en la reconfiguración del escenario comunicacional a partir de socios internacionales (Starlink entre ellos) y de aliados locales, como el grupo Werthein (DIRECTV, Sky, TyC), que le permitirían disputar los nuevos mercados tecnológicos, vinculados con la conectividad, la IA, las redes sociales y el 5G. En el tire y afloje entre estos espacios de poder se juega la suerte de los dispositivos de formación de opinión pública con sus lógicas consecuencias en términos de la salud democrática”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e0b1cdeb34dfc22a49de65bb0d791e3 wp-block-paragraph"><br>En este marco, el grupo Clarín y el gobierno libertario se enfrentan por imponer los actores que lideren la concentración y la centralización del capital en las telecomunicaciones y las TIC. Pero se trata de una disputa más general: las distintas fracciones del capital confrontan por el control de las nuevas sociedades tecnofeudales. No es sólo un debate sobre monopolios o posición dominante: es la discusión sobre quién controla el conglomerado estratégico donde se establecen las bases materiales de las nuevas sociedades de la aceleración.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6a36ea855a58323f475c717acc17e87 wp-block-paragraph"><br><strong><em>La búsqueda de la aceleración constante</em></strong><br></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a2121c2ca217fb77bf8cb89261e2e5f4 wp-block-paragraph">La alianza entre el capital financiero, el capitalismo de plataformas, las telecomunicaciones y las TIC se sostiene en una búsqueda común: la mayor velocidad de circulación. Nace así una sociedad nómade en la que la valorización financiera se superpone con la aritmética de los movimientos: la economía de las cifras en los tableros electrónicos con la economía de los datos personales en las superficies digitales. En esos escenarios, la ansiedad ilimitada de los ciudadanos es la contribución de su mundo emocional al movimiento de la historia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-387fce92e7eff203cb35f7c556767a2c wp-block-paragraph"><br>El objetivo buscado por la concentración y centralización del capital en las telecomunicaciones y las TIC es la aceleración constante. No es sólo un modelo de rentabilidad ampliada: es el control de parte de la infraestructura sobre la que se diseña este nuevo modelo de sociedad de la aceleración. De allí que ese capital tecno financiero opera sobre los ciudadanos cuando estos vagabundean por las superficies digitales o consumen monedas sin cuerpos en aparatos inteligentes a los que se apegan como a un corazón metálico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-966a64ab3f8be6ce1898e32604c73f1b wp-block-paragraph"><br>En simultáneo, la valorización financiera excede la colonización de la economía para extenderse a la totalidad del mundo de la vida: la financiarización actúa como un lenguaje expansivo.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://revistasupernova.com/extras/files/6754a0a52d004.png" alt="" style="width:524px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Dibujo: Revista Supernova.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5227459c336106674badce25decee836 wp-block-paragraph"><strong><em>El individualismo una forma ideológica</em></strong><br></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dedb3497bbaffa67c92abf8e8c874ec1 wp-block-paragraph">La nueva economía de plataformas nace allí donde “se rentabiliza la información que compartimos al vincularnos”, sostiene Ariel Gurevich en “La Vida Digital. Intersubjetividad en tiempos de plataformas sociales”. Es decir: mientras se producen los datos en el interior de las relaciones personales. Lo social es al mismo tiempo un vínculo y un espacio de monetización. En la conexión con los otros y otras hay millones de peajes con rentabilidades al paso. Lo social es anexado por el intercambio mercantil y, en simultáneo, replegado para ceder espacio al individuo neoliberal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9ea6da1cceb9697166ae6a21b8f85ff4 wp-block-paragraph"><br>Las nuevas derechas promueven el individualismo como la forma ideológica del individuo. Debilitado lo social, lo que se impone son sujetos expansivos y sin empatía que ejercen la crueldad o la indiferencia. Expresan un pensamiento que, como el de Javier Milei, es una anti sociología: la idea de individuos en creciente soledad que priorizan las conexiones digitales monetizadas. En esta perspectiva, mercado y sociedad son entidades superpuestas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f704c1fee7bd2ea729a91187cc5ba230 wp-block-paragraph"><br><strong><em>Los desechos invisibilizados</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-984f78e08df6010b75a029a75cde1394 wp-block-paragraph"><br>El individualismo actual es un producto perfeccionado por la aceleración digital. En ese sentido, Milei es mucho más peligroso por la sociedad que diseña que por su síntoma. Porque intenta transformar lo social en un campo de batalla entre sujetos expansivos y violentos. Busca diseñar una sociedad para la libre circulación de los depredadores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fd75617050551dea7a0c2023b2b27b77 wp-block-paragraph"><br>La alianza entre el capital financiero, el capitalismo de plataformas y las telecomunicaciones lideradas por las nuevas derechas, como lo es Milei en la Argentina, encarnan un modelo de distribución regresiva de emociones y culpabilidades. En la esfera pública hay estigmatizados, vulnerables y culpables: todos ellos son responsables por su propia debilidad, su desamparo y fragilidad. Son culpables invisibilizados. Ante ellos, el resto de la sociedad tiene el derecho a la indiferencia: está exceptuada de ingresarlos en su campo de visión. Son desechos invisibilizados: la contracara del mercado de las miradas en los espacios digitales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-120c5f2d241d8b9379e35999f54bd93d wp-block-paragraph"><br><strong><em>Los cambios en la administración del tiempo</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5da2dd619ad4083aafb4a5bcb5e9e295 wp-block-paragraph"><br>La sociedad es una métrica donde se diferencian distintas formas de plusvalía. Hay cada vez fragmentos más pequeños de atención en fragmentos cada vez más pequeños de tiempo. La sociedad de las redes es dependiente de las miradas. Pero se trata de miradas que se fragmentan, aceleran y miniaturizan en unidades de tiempo cada vez más fugaces. La mayor velocidad de circulación conduce a la brevedad, la dispersión, la aceleración y la fuga. Lo que instaura el nuevo sistema tecno digital es un radical cambio en la administración del tiempo: en lugar de linealidad lo que irrumpen son tiempos acelerados y superpuestos. Por eso, además de plusvalía absoluta hay una radicalización de las plusvalías relativas: las que genera la aceleración de los tiempos, las que produce el multitasking con sus tiempos superpuestos y las derivadas de la ampliación del valor de uso de los tiempos muertos o no utilizados en diversas velocidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d76c19c16b4170f47656884f54d7d24 wp-block-paragraph"><br>Paula Sibilia en su libro “Yo me lo merezco. De la vieja hipocresía a los nuevos cinismos” recuerda a Reed Hastings, cofundador y director de <em>Néflix</em>, cuando lanzó su idea de “competencia contra el sueño”, esa “enorme reserva de tiempo” disponible para colocar allí el visionado de gran cantidad de productos audiovisuales. Es decir: el sueño como un espacio que el mercado podría conquistar como tiempo de consumo de series y películas.<br>“Sumando las horas de actividades multitarea de una persona en nuestro tiempo la jornada es de 31 horas, calcula Bifo Berardi, de las cuales sólo 6 horas y media se dedican a dormir”, cita Sibilia. El multitasking es una modalidad de ampliación del tiempo: en este caso ya no es el tiempo lineal que propuso utilizar el director de <em>Néflix</em>, sino el uso del tiempo en varias líneas superpuestas. Tiempos de producción y tiempos de consumos que también tienden a superponerse.</p>



<div style="height:30px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://revista.suteba.org.ar/wp-content/uploads/2024/10/imagen-1-1068x753.jpeg" alt="" style="width:735px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ilustración: Lorena Baudriz. Revista: Siete3Siete.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-01592c948353e97aa558ba849467c9f7 wp-block-paragraph"><br><strong><em>La ley del desarrollo desigual y combinado</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3468e06339984903256b96d286df0e2 wp-block-paragraph"><br>Sobre el movimiento intenso de las distintas fracciones del capital en sus desplazamientos globales, se elevan los cimientos de otro tipo de sociedad que tiende a superponerse con las viejas tramas del subdesarrollo y la dependencia en los países periféricos y neocoloniales. La Ley del Desarrollo desigual y combinado que alguna vez formuló Trotsky tiene plena vigencia. La concentración y centralización del capital en las telecomunicaciones y las TIC requiere de discusión. También, como bien plantea Florencia Saintout en otro artículo aparecido en <em>La Tecl@ Eñe</em>, es imprescindible seguir debatiendo la relación entre esa concentración y centralización y el debilitamiento de la democracia: “La concentración mediática, entonces, pone en peligro a la democracia. Lleva a que unos pocos, que poseen el control de los medios, le den forma a lo que entendemos por opinión pública. Lejos de ser plural y diversa, pasa a ser el reflejo de los intereses de unos pocos. La información deja de ser un espacio de intercambio y debate para convertirse en una herramienta de poder que refuerza la desigualdad y limita la participación ciudadana”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-98ffb52f4a40d89c5df01fac55987c80 wp-block-paragraph"><br>En esta nota estamos planteando un tercer enfoque complementario: la relación de estos procesos de concentración y centralización con las nuevas sociedades de la aceleración, los individualismos, los desechos invisibilizados y los tiempos superpuestos de explotación del trabajo y extensión de los espacios de consumo que se construyen a partir de esas infraestructuras. Y la urgencia de llevar estos debates a la esfera pública antes de que ella desparezca.</p>



<div style="height:62px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-551638c07ad4083824236a61bc3e2853 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 7 de marzo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8734895c8582991efc20ac83da9c282a wp-block-paragraph">*Sociólogo, periodista y director de AM530.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&amp;linkname=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fquien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso%2F&#038;title=%C2%BFQUI%C3%89N%20CONTROLA%20LAS%20SOCIEDADES%20DE%20LA%20ACELERACI%C3%93N%3F%20%E2%80%93%20DANIEL%20ROSSO" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/quien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso/" data-a2a-title="¿QUIÉN CONTROLA LAS SOCIEDADES DE LA ACELERACIÓN? – DANIEL ROSSO"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/quien-controla-las-sociedades-de-la-aceleracion-daniel-rosso/">¿QUIÉN CONTROLA LAS SOCIEDADES DE LA ACELERACIÓN? &#8211; DANIEL ROSSO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>¿QUÉ PASÓ? ¿QUÉ HACER? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 17 Mar 2025 14:30:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Sztulwark]]></category>
		<category><![CDATA[aceleracionismo]]></category>
		<category><![CDATA[Hinchadas]]></category>
		<category><![CDATA[neofascismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Trump]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Son los espasmos vivos de la sociedad que retornan bajo las formas plebeyas, los que acaban orientando al movimiento antes de que se nos ocurra a nosotros cómo hacerlo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/que-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark/">¿QUÉ PASÓ? ¿QUÉ HACER? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7a177e71528be8d19683d54f4eebc260 wp-block-paragraph"><strong><em>Son los espasmos vivos de la sociedad que retornan bajo las formas plebeyas, los que acaban orientando al movimiento antes de que se nos ocurra a nosotros cómo hacerlo</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b82f2e2a937a4b9e48593db4a6ba50ef wp-block-paragraph"><strong>Por Diego Sztulwark*</strong><br><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:63px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-17b10aa0feb1ca6ea5314281bc91fb00 wp-block-paragraph">¿Qué fue lo que pasó con aquel subyugante aceleracionismo que Milei ostentó durante 2024? Se llevaba todo puesto. Y no digo que aún no pueda hacerlo. Ya lo sabemos: del “otro” lado quedó poco y nada. Pero durante su primer año de gobierno sacaba leyes sin legisladores y convencía a la -mayor parte- de la sociedad de realizar un ajuste descomunal sin contar con organizaciones populares propias. Todo era red social y velocidad. La rapidez le proporcionaba el monopolio de la imagen. Reinaba solo. Pregunto: ¿qué (le) pasó? Porque desde hace exactamente dos meses, la magia parece haberse disipado. A ojos vista, las últimas ocho semanas de gobierno son un derrape continuo. Intento una enumeración imprecisa: defensa del saludo nazi de Elon Musk, amenaza a los zurdos (“los iremos a buscar”); discurso de Davos (contra los homosexuales por pederastas, contra el feminismo por radical, contra lo woke por ser una cultura diabólica), masiva manifestación por el orgullo antifascista y anti-racista; pelea con los economistas neoliberales (incluido Cavallo) por la cuestión cambiaria; escándalo internacional de las <em>memecoin</em>, la filtración de las imágenes de Viale recibiendo instrucciones del asesor presidencial Caputo sobre las preguntas que debía o no realizar al presidente en la entrevista proyectada con la intención de aclarar lo inaclarable del escándalo <em>memecoin</em>; el intento de nombramiento ilegal de jueces en la Corte Suprema; torpezas infinitamente desagradables ante la catástrofe en la ciudad de Bahía Blanca; represión salvaje a marcha de los jubilados -que incluyó un disparo nada accidental de las fuerzas de seguridad sobre el cráneo de un fotógrafo!-y la decisión de darle más poder a la siniestra ministra Bullrich para reprimir las próximas protestas; pésima gestión de un nuevo endeudamiento con el FMI. Paro acá. Alguna idea nos tendremos que hacer sobre qué ha sucedido aquí. Y yo no encuentro otro acontecimiento que coincida en fecha e importancia con el declive libertariano que no sea la asunción de Trump, que parece haber provocado un efecto desorganizador sobre Milei. Desde entonces triángulo de hierro argentino se le trabó el acelerador.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e304589469c9baebd4f88c5f0f80444f wp-block-paragraph">¿Qué pasó? Quizá Milei no supo procesar la complejidad del evento: el nuevo gobierno de EE. UU no dejó de celebrar sus monerías vanguardistas mientras se dedica a reorganizar el entero campo de juego de la política internacional. Me pregunto: ¿de qué lado de la mecha se habrá sentido Milei mientras observaba el modo en que Trump y Vance patotearon en público al otrora híper-norteamericano Zelensky? Es altamente probable que EE. UU influya positivamente sobre el FMI para que fluya dinero hacia la Argentina. ¿Pero cuánto y bajo qué condiciones? Trump parece ser alguien ocupado en administrar enormes contradicciones en su propio movimiento y obligado a maniobrar de un modo bastante intrincado, dejando al eufórico Milei sin una orientación nítida sobre la cual montar su guion. Y no son pocas las contradicciones que ya se observan entre las expectativas de sus respectivos gobiernos. Dicho esto, Milei está ahí, y el eje Milei Trump También está ahí. Sería necio subestimarlos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5ea2a99a7e2738b963c81ad23e2be231 wp-block-paragraph">¿Qué hacer? La pregunta la formuló Lenin en un panfleto de 1902. No deja de ser verdaderamente interesante el hecho de que <em>¿Qué hacer?</em> era el título de una popular novela rusa publicada en 1863 por Nicolai Chernyshevski. ¿El jefe más sistemáticamente conectado con la evolución de las coyunturas que quepa recordar echaba un vistazo a la ficción antes de brindar orientación a sus fuerzas? Interesante. Ver de este modo las cosas permite identificar una cierta correlación entre imaginación literaria y potencia de acción. ¿Qué nos permite conocer de nosotros mismos ese tipo de mirada? Que en nuestro presente el recurso a la ficción pareciera enteramente secuestrado por la intelectualidad neoreaccionaria del trumpismo. Nombres como Peter Thiel, Curtis Yarvin o Nick Land (por nombrar tres perfiles muy distintos -el CEO, el bloguero y el académico- de tipos que se hacen ver) dan rienda suelta a una imaginación hiper-racista, políticamente premoderna y tecno-futurista denunciando a La Catedral (que sería una versión teologizada de “la casta”) y llamando a una revolución fascistoide contra toda forma de izquierda o progresismo que ose defender, si quiera retóricamente, los residuos igualitarios de las revoluciones pasadas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d8af5731239117892001235d26713bed wp-block-paragraph">¿Qué hacer, entonces? Recordemos lo que le sucedió a Lenin: los bolcheviques no crearon los soviets. Su papel fue el de agitar la consigna de darles “todo el poder”. Seguramente nos ocurra igual. Como sucedió en 2001. Son los espasmos vivos de la sociedad los que acaban orientando al movimiento antes de que se nos ocurra a nosotros cómo hacerlo. Previendo esas circunstancias, no estaría mal pispear el leer el libro <em>El Eternauta</em> (que a diferencia del Nestornauta confía en el héroe es quien viaja con mil rostros por el tiempo). El plebeyismo que retorna. Lo hemos visto esta semana, cuando los hinchas de diversos clubes de fútbol fueron quienes convocaron a bancar a los jubilados que reclaman cada miércoles contra el ajuste y son reprimidos semana tras semana. Tiene un sentido poderoso que hayan sido los hinchas y no los partidos políticos, sindicatos ni organizaciones populares. Si el aceleracionismo de Milei fue durante 2024 un modo de convencer a un pueblo de que debía aguantar, soportar, tolerar el ajuste, en el alma del hincha el aguante es muy otra cosa. Se hace el aguante a lo que se ama, en las buenas y en las malas. Se lo hace con pasión. El aguante es caliente, corporal y colectivo. El hincha lleva consigo -vote a quien vote- lo que el sindicalismo y la política han perdido: el sentido irreverente e igualitarista (eso que llamamos maradonismo) del eterno plebeyismo argentino. Hablamos de la hinchada, no los barras que son empresarios que se mueven buscando negocios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-812241f92b0de66df484f524a8cb599f wp-block-paragraph">Por supuesto, en 2025 hay elecciones y desde ya sería importante derrotar electoralmente la agenda de la derecha extrema. Y al mismo tiempo, parece evidente que la derrota que se trata de infligirles no puede ser solo electoral. No es sólo que sin una recomposición social será difícil correr al mileísmo por esa vía (es el problema de la banalización de lo antifascista en un frente “republicano” antimilei, y no de un movimiento antineoliberal). Sino que incluso si el mileísmo entrase en crisis precisaríamos mucho más que un par de resultados electorales para enfrentar su significado profundo. Por lo pronto, si 2024 fue un año catastrófico, en el que tratamos de entender -en estado de estupor- la dinámica de este aceleracionismo fascistoide, 2025 parece haber comenzado distinto. Buscando en la imaginación propia. El primero de febrero se gritó antifascismo (y el antirracismo). El 12 de marzo se gritó plebeyismo antirepresivo. Todo indica que, a pesar de todo, el próximo miércoles se volverá al mismo grito. El camino que conduce al próximo 24 de marzo se va llenando de ficciones activas. Mi impresión es que, sea lo que sea que deba ocurrir, será desde ahí.</p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-086d8b258a7e5c587b71cea2307d01ff wp-block-paragraph">Buenos Aires, 17 de marzo de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-51599abf75d4a9c990701bf8d00a305e wp-block-paragraph">*Investigador y escritor. Estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Es docente y coordina grupos de estudio sobre filosofía y política.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&amp;linkname=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fque-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark%2F&#038;title=%C2%BFQU%C3%89%20PAS%C3%93%3F%20%C2%BFQU%C3%89%20HACER%3F%20%E2%80%93%20POR%20DIEGO%20SZTULWARK" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/que-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark/" data-a2a-title="¿QUÉ PASÓ? ¿QUÉ HACER? – POR DIEGO SZTULWARK"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/que-paso-que-hacer-por-diego-sztulwark/">¿QUÉ PASÓ? ¿QUÉ HACER? &#8211; POR DIEGO SZTULWARK</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>Un café con Peter Thiel &#8211; Por Julián Axat</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Jun 2026 13:48:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mientras se deconocen los términos de la conversación que Juan Grabois mantuvo con el magnate de Palantir, Julián Axat piensa en este artículo una línea de pensamiento autóctona y latinoamericana, que rechace los principios trasnhumanistas y aceleracionistas que llevan al darwinismo social.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0c9657dc590f98cfce06d6878c763c56 wp-block-paragraph"><strong><em>Mientras se deconocen los términos de la conversación que Juan Grabois mantuvo con el magnate de Palantir, Julián Axat desarrolla en este artículo una línea de pensamiento autóctona y latinoamericana, que rechace los principios trasnhumanistas y aceleracionistas que llevan al darwinismo social.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7dbce929446f33b479ac1e2f9ba36622 wp-block-paragraph"><strong>Por Julián Axat*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:72px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3cb65e2f4603b433a973d351eb8e39b8 wp-block-paragraph"><em>«La mayor aventura es lo que nos aguarda. Hoy y mañana aún están por decir. Las oportunidades, los cambios, son todos tuyos para forjar. El molde de tu vida está en tus manos para romper».</em></p>



<div style="height:14px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6f4d8c1d463c47b4738e120adbb09b7f wp-block-paragraph">(Nota: Aunque se asocia popularmente a la obra de Tolkien, esta cita proviene de la adaptación animada de «El Hobbit» de 1977).</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3457ac877a7de5f483bee3c20d96ab77 wp-block-paragraph">En algún lugar de California, ingenieros y empresarios tecnológicos diseñan sistemas capaces de reorganizar el trabajo humano, diagnosticar enfermedades, producir textos, imágenes y decisiones, automatizar burocracias enteras y anticipar conductas. Algunos financian investigaciones sobre longevidad extrema. Otros imaginan ciudades flotantes fuera de las jurisdicciones estatales. Otros sueñan con colonias en Marte. Todos parecen compartir una misma convicción: el futuro ya comenzó, pero no llegará para todos al mismo tiempo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-beca97345a35b092d86b8d2c5e488329 wp-block-paragraph">Para ellos el problema es que avanzamos demasiado lento. Las democracias deliberan demasiado. Los Estados regulan demasiado. Las universidades forman demasiado despacio. Las instituciones heredadas del siglo XX se han convertido en obstáculos para la innovación. Hay que acelerar. Hay que liberar las fuerzas creadoras del mercado y de la técnica antes de que la prudencia burocrática termine sofocándolas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0b932342208ca7ada4f1393da17e1b15 wp-block-paragraph">Peter Thiel ha sido uno de los exponentes más lúcidos y brutales de esta sensibilidad. Su mérito intelectual consiste en haber dicho en voz alta aquello que otros prefieren sugerir mediante eufemismos. «Ya no creo que libertad y democracia sean compatibles»<strong>[1]</strong>, escribió en 2009, condensando una sospecha cada vez más extendida entre ciertas élites tecnológicas: la deliberación democrática aparece como una interferencia frente a la velocidad del progreso. La igualdad política deja de ser un presupuesto del futuro para convertirse en una variable negociable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6eb5ec5ffd13abc1378ae7ec166eae5 wp-block-paragraph">En el fondo, esta visión no representa simplemente una teoría económica ni una doctrina política. Representa una antropología. Supone que la humanidad puede fracturarse y que esa fractura resulta aceptable. El progreso no necesita incluir a todos. Basta con que avance. El futuro deja de concebirse como herencia común y comienza a presentarse como ventaja competitiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf167ad43c5d9b2ca79cb3926539772d wp-block-paragraph">Por primera vez en mucho tiempo, esta posibilidad ya no pertenece exclusivamente a la literatura distópica. La inteligencia artificial, la automatización avanzada, la edición genética, la medicina personalizada, los dispositivos de mejora cognitiva o las investigaciones sobre extensión de la vida, anuncian la aparición de capacidades que podrían distribuirse de manera profundamente desigual. El acceso a esas herramientas dependerá, en gran medida, de la riqueza, del lugar de nacimiento, de la pertenencia geopolítica y de las infraestructuras disponibles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6d93988c6e823ec099c31ba43eedc3c1 wp-block-paragraph">La desigualdad dejará entonces de ser solamente económica. Podría volverse biográfica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78a5d35e9adcc5bfafc8d086f8ff349c wp-block-paragraph">Ontológica. Una humanidad aumentada coexistiendo con una humanidad descartable. Quizás sea exagerado afirmar que nos aproximamos a una sociedad organizada en castas biotecnológicas. Sin embargo, sería ingenuo no advertir que las condiciones para su aparición ya se encuentran presentes. La historia moderna ofrece suficientes ejemplos de innovaciones que ampliaron privilegios antes que derechos. El mercado innova, pero no distribuye justicia. Por eso el problema de nuestro tiempo no consiste únicamente en preguntarse qué puede hacer la técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7039ba8411d568152bcae0103e5a2da8 wp-block-paragraph">Debemos preguntarnos quién tendrá derecho a habitar aquello que la técnica haga posible. Resulta curioso que una de las respuestas más radicales a este interrogante no provenga del presente sino del siglo XIX. Tampoco surgió en Silicon Valley ni en los grandes laboratorios contemporáneos. Fue elaborada por un bibliotecario ruso llamado Nikolái Fiódorov.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7214b0d731a3fab45bad207abbceaad6 wp-block-paragraph">A primera vista, sus ideas parecen extravagantes. Pero no lo son. Fiódorov imaginó que la humanidad debía consagrar sus esfuerzos científicos a la abolición de la enfermedad, la conquista del cosmos y la resurrección de los muertos. Sin embargo, reducirlo a un visionario excéntrico implicaría perder de vista la dimensión ética de su pensamiento. Lo extraordinario de Fiódorov no radicaba en sus objetivos imposibles, sino en la universalidad de esos objetivos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b974525ace7e38030bb451fb1b8634f7 wp-block-paragraph">La técnica sólo adquiría legitimidad cuando se transformaba en una causa común.<strong>[2] </strong>Ningún adelanto podía reservarse para minorías privilegiadas. Si la humanidad lograba vencer la muerte, debía hacerlo para todos. Si alcanzaba las estrellas, debía llevar consigo a todos. Incluso a sus muertos. No podía existir una aristocracia de inmortales. No podía existir un cosmos privatizado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39eced70ea0994da0fdc77de723e0503 wp-block-paragraph">La humanidad mantenía una deuda con quienes la habían precedido. Cada generación sería heredera del sacrificio de otras generaciones. El progreso no consistiría únicamente en inventar cosas nuevas sino en reparar abandonos antiguos. Allí donde ciertos imaginarios tecnológicos contemporáneos sueñan con protocolos de salida —refugios privados, colonias exclusivas, blindajes frente al colapso— Fiódorov imaginaba protocolos de reencuentro. Es decir, para este pensador ruso la pregunta no es cómo acelerar, sino para quién acelerar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2f575cf456c707508a1064c2bb2847b0 wp-block-paragraph">Y tal vez sea esa la pregunta que América Latina está en condiciones de formular nuevamente. No porque nuestra región posea respuestas acabadas, sino porque ha conocido de manera particularmente intensa las consecuencias del descarte social. Dependencia económica, desigualdad estructural, exclusión educativa, devastación ambiental y colonialidad del saber han configurado una sensibilidad distinta frente a las promesas del progreso. Desde esa experiencia histórica, ciertas tradiciones intelectuales argentinas comenzaron a elaborar, muchas veces sin saberlo, una suerte de cosmismo periférico invocando implícitamente estas ideas de Fiódorov.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5fd3e4c6710346762b21de1a78c4ceac wp-block-paragraph">En 1949, Juan Domingo Perón en el Congreso de Filosofía de Mendoza advirtió sobre los peligros de dos modelos igualmente deshumanizantes: el individualismo liberal y los colectivismos burocráticos. La comunidad organizada pretendía encontrar otro camino.<strong>[3]</strong> «Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza.» La frase suele citarse como una consigna política. Sin embargo, adquiere hoy un significado inesperado. Ninguna inteligencia individual se realiza en una comunidad tecnológicamente fracturada. No puede haber una élite cognitivamente aumentada coexistiendo con poblaciones condenadas a la irrelevancia tecnológica y al descarte sin destruir las bases mismas de la comunidad política. En el pensamiento de Perón, la técnica debía subordinarse al bien común. La justicia social dejaba de ser una compensación posterior para convertirse en condición del propio desarrollo nacional. Por eso leída desde el presente, la comunidad organizada podría pensarse como una comunidad tecnológicamente organizada donde nadie queda afuera, y donde «la casa común» es el centro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b47dae1f9c8aded48df2f8a5c9472951 wp-block-paragraph">Mario Rodríguez Cobos, conocido como Silo, desconfiaba tanto del mercado absoluto como de los grandes aparatos burocráticos. El verdadero problema humano no consistía solamente en administrar recursos materiales. Había que comprender el sufrimiento. «Si persigues el placer te encadenas al sufrimiento», escribió en «El Mensaje de Silo» <strong>[4]</strong>, advirtiendo que ninguna acumulación externa podía sustituir el trabajo interior ni la reconciliación con los otros. Las sociedades tecnológicamente sofisticadas podían continuar siendo profundamente violentas. El perfeccionamiento instrumental no garantizaba una ampliación de la conciencia. Una humanidad equipada con herramientas extraordinarias podía seguir gobernada por el resentimiento, el miedo o el deseo de dominación. La evolución auténtica debía transformar simultáneamente las estructuras sociales y la interioridad humana. No bastaba con producir máquinas más poderosas. Había que producir relaciones humanas distintas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8d3147ef3a1cb4b8860be17df02dcfb3 wp-block-paragraph">Desde otra tradición, Enrique Dussel desarrolló una ética capaz de discutir frontalmente con cualquier celebración ingenua de la innovación. El criterio último de evaluación no podía encontrarse en quienes triunfan sino en quienes permanecen excluidos. La ética debía partir de «la situación concreta de las víctimas, del oprimido y del excluido».<strong>[5]</strong> Las víctimas hablan. Y aquello que dicen constituye la prueba de verdad de una civilización.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.clarin.com/img/2024/07/12/YZN4FJQez_1200x630__1.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>La ciudad hidroespacial de Gyula Kosice. Foto: Malba.</em></figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c430bd1740ab5daa2a84f697306e681 wp-block-paragraph">También el arte argentino ensayó una respuesta inesperada. Gyula Kosice afirmaba: «El hombre no ha de terminar en la Tierra».<strong>[6]</strong> La frase suele leerse como una celebración futurista. Sin embargo, contiene una pregunta decisiva. ¿Quién es ese hombre que no termina en la Tierra? ¿Una élite capaz de escapar del desastre ecológico? ¿Un puñado de privilegiados refugiados en ciudades orbitales? ¿O la humanidad concebida como una comunidad ampliada? Las ciudades hidroespaciales de Kosice parecen responder a esta última posibilidad. No son búnkeres para multimillonarios ni enclaves de supervivencia. Son intentos de reinventar colectivamente las formas de habitar. Mientras algunos imaginan cómo huir, Kosice continúa preguntándose cómo vivir juntos. En este punto aparece otra tradición argentina indispensable en línea con la tradición cosmista. Y en esto, la filosofía de Fiódorov se insinúa como la idea de una injusticia primordial: que los vivos están en deuda con los muertos, gracias a quienes viven pero a quienes dan la espalda, olvidadizos, en la fila del progreso. La fórmula de Arthur Rimbaud «yo es otro» podría convertirse «yo es todos los muertos que vivieron para que hoy esté acá»<strong> [7].</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bea6f49877da467401d6c69150a8f052 wp-block-paragraph">Y entonces aparece Francisco. Tal vez sea aquí donde la genealogía latinoamericana encuentre su formulación más potente en su relación cosmista. La extraordinaria similitud en la idea de «casa común» <strong>[8]</strong>. La Tierra no constituye una mercancía disponible para la apropiación privada, es el espacio compartido por una comunidad de destino. Tanto en Fiódorov como en Bergoglio no hay salvación individual. Ambos desconfían de los privilegios excluyentes. Ambos comprenden que ninguna redención humana resulta legítima si deja afuera a parte de la comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12f009d8848627281ac3ed6a00f9eb66 wp-block-paragraph">Durante su pontificado, Jorge Mario Bergoglio insistió en que la lógica dominante del capitalismo contemporáneo ya no explota solamente. También descarta. Produce sobrantes humanos. En <em>Evangelii Gaudium </em>escribió: «Esa economía mata».<strong>[9]</strong> Los pobres, los ancianos, los migrantes y los pueblos periféricos dejan de ser considerados sujetos de dignidad para convertirse en residuos del sistema. La cultura del descarte nombra precisamente ese proceso. Leída desde el presente tecnológico, esta advertencia adquiere una nueva dimensión. Los descartados del siglo XXI podrían ser también los desconectados, los no aumentados, los excluidos de la alfabetización algorítmica, quienes no puedan comprar longevidad o acceder a nuevas capacidades cognitivas. Y es por ello que la reciente encíclica <em>Magnífica Humanitas</em> de León XIV nace de <em>Evangelii Gaudium</em>, de sus principios; cuando el nuevo pontífice exige «desarmar» la IA para evitar que esta tecnología se convierta en un instrumento de dominio, exclusión o control por encima de la dignidad humana, algo que refiere a sus efectos devastadores sobre la cultura del descarte. Ninguna innovación puede sustituir la responsabilidad moral ni reducir a la persona humana a un conjunto de datos procesables. El acceso a estas tecnologías constituye una cuestión de justicia social y dignidad humana.<strong>[10]</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d93891c2286ebfcf8395afe4d70c2427 wp-block-paragraph">Por eso preguntarse por la inteligencia artificial desde América Latina exige, entonces, invertir el punto de vista. No comenzar por la eficiencia ni por la fascinación tecnológica. Comenzar por quienes podrían quedar afuera. ¿Quién tendrá acceso a los nuevos lenguajes? ¿Quién podrá beneficiarse de los sistemas educativos mediados por inteligencia artificial? ¿Qué ocurrirá con las poblaciones desplazadas por la automatización? ¿Quién controlará las infraestructuras de datos?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8221fbc50ee5283f8ca10159c489470e wp-block-paragraph">La exterioridad de las víctimas funciona como límite ético de toda aceleración. El problema no consiste únicamente en cuánto podemos hacer. Consiste en aquello que estamos dispuestos a sacrificar para hacerlo.&nbsp; Una sociedad capaz de gobernar democráticamente la técnica y evitar nuevas aristocracias del conocimiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d6f80835742711bc3ccbfffd633ffbe3 wp-block-paragraph">No habrá justicia en Marte si continúa existiendo injusticia en la Tierra. No habrá verdadera exploración cósmica si reproduce las jerarquías del colonialismo terrestre. El cosmos no puede convertirse en el nuevo barrio cerrado de las élites tecnológicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5cd072cb9680a607fcd6f07e90dfcb03 wp-block-paragraph">Quizás allí aparezca la hipótesis central de este ensayo. Lo que está en juego no es una disputa entre tecnófilos y tecnófobos. Ni siquiera entre regulación e innovación. Lo que está en juego es una disputa entre dos imágenes de humanidad. De un lado, el imaginario del <em>exit</em>: escapar, blindarse, sobrevivir aparte. El futuro como privilegio administrado por minorías innovadoras. El cosmos convertido en barrio privado. La inmortalidad como mercancía. La inteligencia artificial como ventaja competitiva. Del otro lado, una extraña constelación que reúne a un bibliotecario ruso, obsesionado con resucitar a los muertos; a un líder político que habló de comunidad organizada; a un mendocino que pensó la reconciliación humana en la base de la Aconcagua; a un filósofo de la liberación que escuchó el clamor de las víctimas; a un artista que imaginó ciudades suspendidas para todos; y a un Papa argentino que denunció la cultura del descarte y recordó que nadie se salva solo. <strong>[11]</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c65f66c051865fe68a968dd14d74cd2d wp-block-paragraph">No se trata de rechazar la técnica. Tampoco de celebrarla ingenuamente. Se trata de disputar su orientación. Quizá América Latina pueda ofrecer algo más que una crítica. Porque ninguna civilización será verdaderamente humana mientras siga edificándose sobre la lógica del descarte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-77b48362bdb10f5e05e85cfa09d93932 wp-block-paragraph">Y porque el problema más profundo de nuestro tiempo no consiste en fabricar máquinas cada vez más inteligentes. Consiste en impedir que la humanidad se vuelva cada vez menos capaz de reconocerse como comunidad de destino.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64d397618876b1b343b4a3118e8156ad wp-block-paragraph">El siglo XXI decidirá si heredamos un archipiélago de fortalezas tecnológicas habitadas por unos pocos o una comunidad organizada capaz de llevar consigo a todos hacia el porvenir. A los vivos. A los descartados. Y también a esos muertos que, como intuía Fiódorov (por qué no Walter Benjamin), continúan reclamando desde el pasado que no construyamos el futuro sobre una nueva forma de olvido.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b943869812f292e519dbdf6edfe036cf wp-block-paragraph"><strong>Notas</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-85f4543b8bb37ddae4ad3221bd19413b wp-block-paragraph">[1] Peter Thiel, «The Education of a Libertarian», Cato Unbound, 2009.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bbfed59fee79eed24f4a53d90357e8c9 wp-block-paragraph">[2] Nikolái Fiódorov, La filosofía de la causa común, 1906-1913. Véase: COSMISMO RUSO</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7db61ed66d2943479ec1ca8c13a04680 wp-block-paragraph">TECNOLOGÍAS DE LA INMORTALIDAD ANTES Y DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. BORIS GROYS (COMP.). Caja Negra, COLECCIÓN: FUTUROS PRÓXIMOS</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3fb4e61c90fa96cc32cbc90398e7980 wp-block-paragraph">TRADUCCIÓN: FULVIO FRANCHI PRÓLOGO: MARTÍN BAÑA Y ALEJANDRO GALLIANO</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5a0f79861f7361201dc78793d1824791 wp-block-paragraph">[3] Juan Domingo Perón, La comunidad organizada, 1949.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b046a8dfa69e1fa7bc868b0084e4f05b wp-block-paragraph">[4] Mario Rodríguez Cobos (Silo), El Mensaje de Silo, 2007.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d33735952b39fc31de322ccc663178d3 wp-block-paragraph">[5] Enrique Dussel, Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión, Trotta, 1998.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22198b503844f58df655fb0f6a71037f wp-block-paragraph">[6] Gyula Kosice, 500 millones de años para crear un arte, Corregidor, 1977.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-73fe42fdabea533ba010971730dd856e wp-block-paragraph">[7] Malena Low, teoría de la militancia en el espacio, véase: <a href="https://flasherito.com.ar/teoria-de-la-militancia-en-el-espacio/">https://flasherito.com.ar/teoria-de-la-militancia-en-el-espacio/</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-25477cb9434eb16da5c9d675e9a8bbc5 wp-block-paragraph">[8] Francisco, <em>Evangelii Gaudium</em>, n.° 53, 2013.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0baeb945ffaade8d20f264bcf3d08265 wp-block-paragraph">[9] Francisco, <em>Laudato si</em>, 2015.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fed72f15ae758a6809be37fba7941803 wp-block-paragraph">[10] Véase:&nbsp; CARTA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS DEL SANTO PADRE LEÓN XIV SOBRE LA CUSTODIA DE LA PERSONA HUMANA EN EL TIEMPO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, en <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9d79fc87428e09c1ae0633dd1001b45 wp-block-paragraph">[11] Las afinidades entre Fiódorov, Silo, Dussel, Kosice, Perón y Francisco propuestas en este ensayo no suponen influencias históricas directas, sino una reconstrucción ensayística orientada a pensar una tradición latinoamericana frente al aceleracionismo oligárquico contemporáneo.</p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f03fa371da1e6665d754e7b1501ea81d wp-block-paragraph">Miércoles, 17 de junio de 2026.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQXxTGfgd0iRXOGhhTzGnQzvH7pGQirvMIe8ROSnGwwtw&amp;s=10" alt="" style="width:143px;height:auto"/></figure>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a3b4946e6de47322f32b8f29b9280079 wp-block-paragraph">*Poeta y abogado.</p>



<div style="height:29px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://ci3.googleusercontent.com/meips/ADKq_Nb7bo8O-KWKglhFy6cdS6CtnsWzA57Pq87oGcw6j4Fm2hIO2u7eKHYUHwQKEk9RgtWD5OThdsMYH2S_5bO6S7-JzKMPtl3UxBTpTxhV-K-BRk7n6aH9ew=s0-d-e1-ft#https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt=""/></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3f060961c6692e0b62f54118679cd5af wp-block-paragraph">Tu aporte es importante para seguir adelante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-faa506705ff6731baed46d69a2cd0bf5 wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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