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	<title>50 años del golpe archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>50 años del golpe archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>El fuego y la memoria &#8211; Por Violeta Percia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:21:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[1976]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuál es la historia que deberíamos poder contar para resolver este tiempo histórico que se repite? A 50 años del golpe cívico militar del 76, conocemos la historia del horror, conocemos la función que tuvo para imponer un modelo de saqueo y transferencia del capital, en el disciplinamiento y la obturación de una organización social comunitaria. Si hay un poder en esa historia que todavía seamos capaces de contar, la memoria seguirá siendo suficiente para que el recuerdo del fuego ilumine un lugar en el bosque.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e42969d50eb171e2a5515439a7e844a1 wp-block-paragraph"><strong><em>¿Cuál es la historia que deberíamos poder contar para resolver este tiempo histórico que se repite? A 50 años del golpe cívico militar del 76, conocemos la historia del horror, conocemos la función que tuvo para imponer un modelo de saqueo y transferencia del capital, en el disciplinamiento y la obturación de una organización social comunitaria. Si hay un poder en esa historia que todavía seamos capaces de contar, la memoria seguirá siendo suficiente para que el recuerdo del fuego ilumine un lugar en el bosque.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3317952e1691ba60a1282be3f01ad18c wp-block-paragraph"><strong>Por Violeta Percia*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-84690a4a5c210b79732e0daf87306c40 wp-block-paragraph">A cincuenta años del golpe cívico-militar en Argentina, asistimos a un mundo que ya no existe, que se encamina aceleradamente a un nuevo orden, pero repitiendo métodos cuyos fines son bien conocidos. Escribió Walter Benjamin que “Lo realmente nuevo es aquello antiguo que se ha olvidado bien”. Una repetición encantada de lo antiguo. Si el capitalismo es lo antiguo que se presenta como nuevo, o que renueva sus métodos para acelerar sus fines, hay algo más antiguo que se ha olvidado, que está en peligro: el mundo de la vida. Que se pone en peligro en una nueva fase.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2ebda3200b9a528915ca92bdc8bd756b wp-block-paragraph">Hay algo enigmático en este pliegue de la historia que Marx captaba en <em>El 18 Brumario</em> como dialéctica entre la tragedia y la comedia (¿entre la realidad y la pos-verdad?) que no ha dejado de volver a la escena de lo político. El modo en que la historia se repite “primero como tragedia y luego como farsa” –o se repite al mismo tiempo como tragedia y farsa representando todo el guion a la vez. La repetición de la dominación que no deja descansar a los muertos. La banalidad del mal, según Arendt. Una repetición donde se produce una diferencia, un pliegue en el devenir histórico que puede ser también intempestivo. El asedio espectral del pasado que vuelve transformado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ab041a3be5824c3f49632dae7a28890d wp-block-paragraph">Como anota Benjamin, probablemente Marx pensaba en las representaciones del poder grotescas como liberadoras del tiempo histórico, en las fuerzas del cómico cuya función crítica ya no apela a la compasión (y a un sentido más que humano), sino a la identificación de lo “demasiado” humano. Marx seguía el modelo de los dioses griegos que pasaron de la tragedia a la comedia dejando pensar la marcha de la historia, en la que la última fase de una figura histórica global es su comedia. Situaciones absurdas, lenguaje vulgar, juegos de palabras (como la antonomasia o apodonomástica), elementos fantásticos como animales que hablan: los dioses de la comedia eran cáscaras vacías de un poder en decadencia, o que se aparecía para mostrar lo peor del común de los mortales. Si hay algo que se “desenmascara” en este final de la historia que está construyendo occidente es que no sólo el rey está desnudo, está igualmente desnudo el pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55a790e556a0334791f5152c801b61b4 wp-block-paragraph">La alienación y el desposeimiento siempre estuvieron en el núcleo del capitalismo, sin ellos, dijeron desde Marx a Guy Debord, el mismo no podría funcionar. Los métodos de Milei para semejantes fines, como dice Milagros Arias, son un poco de IA por aquí y hambre por allá. El avance de Milei como fachada deja detectar formaciones discursivas que recuerdan la espectacularidad de los fascismos, que reciclan formas de la representación total como provocación y espectáculo. Pero también ejecuta métodos represivos de persecución, inteligencia y espionaje ilegales, que se superponen con otros métodos de criminalización y judicialización (de la protesta, de la política, de la huelga), con leyes y decretos “antiterroristas” que suponen incrementaciones de las penas. El poder económico asumiendo toda la interpretación de la ley, el orden jurídico cómo único orden de la palabra. Todo un dispositivo jurídico capaz de detonar y bloquear lo político. La neutralización de la palabra por el poder tecnofeudal del algoritmo. Todo encaja en un dispositivo de control destinado a hacer perdurar este estado de cosas que se pretende instaurar: las “reformas estructurales” para vivir en una “Argentina normal”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-dc3d0c8bfc7f4d334cb3de9be80e8965 wp-block-paragraph">¿Cuáles son los nombres de lo que vuelve?, ¿las fuerzas de la historia que retornan? Una novedad bien antigua: reforma laboral, primarización de la economía, modelo extractivista, patio trasero de EEUU, guerra comercial –en una fase recargada o superior del capitalismo: en la que al modelo agroexportador de monocultivo y concentración de tierras ahora también se le abren prebendas en el modelo extractivista de energía y “minerales raros” (banalizando este desplazamiento del biopoder en su capacidad de daño sobre todas las vidas, humanas, no-humanas y más que humanas, llegan a hablar livianamente de minas de uranio que sería como tener nuestro propio Hiroshima).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-08e2566ec60992339505cefda4a17e07 wp-block-paragraph">De la Campaña al “desierto” a la desertificación planificada: continuidades de un “régimen neolibertador”, como lo llamó Myriam Bregman, en el tiempo espectacular de una neorevolución libertadora (que no apela a ninguna alegría) con Cristina Kirchner como símbolo del revanchismo del poder y su voluntad escarmentadora. Un bloque histórico que torturó, asesinó y se llevó como mano de obra esclava para sus propios campos, estancias e ingenios azucareros a miles de familias de pueblos y nacionalidades originarias, que “hicieron desfilar el cuerpo de Evita, tuvieron dieciocho años exiliado a Perón, bombardearon la Plaza de Mayo, 30.000 desaparecido, el robo sistemático de más de 500 bebés nacidos en cautiverio” y ahora, arroja a vivir en situación de calle a miles de personas. Vuelve como farsa la cara perversa del capitalismo neoliberal-colonial expresando abiertamente (en los discursos públicos) un goce con el dolor del(a) otro(a) que ya no sólo no se esconde, sino que es parte de la estrategia política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-40b5a986c0bebbfd564f5d1e7a549ce0 wp-block-paragraph">La de Milei, sin embargo, es una farsa calculada. Él mismo ha montado una comedia como crítica política orientada a demoler la democracia. A exponerla como un paradigma caduco, vacío, impotente ante el poder –y la representación total– del capital. La idea de democracia se pone en riesgo, al menos en una de sus expresiones, en lo que entendemos como un Estado que garantiza derechos. Lo expresa así un gobierno (alineado a un orden geopolítico que burla el derecho internacional) diciendo que abraza como política de Estado una moral que no necesita (ni conoce) el derecho –cuyo único límite es la propia mente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0ffcd39378c71cf548ee4f390c465267 wp-block-paragraph">El proceso de Memoria, Verdad y Justicia fue el acontecimiento político que construyó una idea de democracia que en el presente se pone en crisis, y hace falta preguntar bien cuál es el punto de acumulación de esa idea que había alcanzado un consenso –que no se ponía en discusión. Porque en la farsa trágica del presente lo que está en disputa (no es la calidad de la democracia) es la escena pública como espacio de la representación (discursiva y política). Lo que está en riesgo (una vez más, pero en otra fase) es el horizonte de la palabra y de sus condiciones de verdad. El mundo antiguo que amenaza con desaparecer es el mundo de la palabra.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a9ba4685cc8d0f58c6727e7a904fcd4d wp-block-paragraph">Sobre la necesidad (y la función) del testimonio, Nora Strejilevich escribió que lo que resulta aún más insoportable que el terror es “la herida cultural que hizo posible que el horror exista”. Testimoniar es confrontar el horror y otorgarle sentido al presente. Es decir que lo central del testimonio se inscribe en la urgencia de transformar la sensibilidad de una sociedad en una época determinada, transformar esa sensibilidad que permitió que el horror tenga lugar. La pregunta por cuál es la sensibilidad social que hace posible hoy que la devastación humana avance repite en la memoria, a 50 años del golpe del 76, la pregunta que hacía Nora. Pero podemos preguntarlo de otro modo: ¿cuál es la sensibilidad que bloquea la posibilidad de pensar y de alguna manera nombrar un ser en común, una sensibilidad y una imaginación política para cuidar el mundo de la vida que está en riesgo?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d728921bfaa76af6af21a9cabc412bc0 wp-block-paragraph">La literatura testimonial escrita por sobrevivientes de las dictaduras latinoamericanas de Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Guatemala tuvo en los distintos países un rol esencial en la organización de la memoria, en las luchas por los derechos humanos y la democratización en la región, en el reclamo de justicia y reparación de los hechos vinculados al terrorismo de Estado, pero también en la organización de las expectativas políticas. En Argentina la función testimonial del horror cobró un lugar central no sólo en la literatura sino en el teatro, el cine documental, el cine de ficción y, sobre todo, en el diálogo con una crítica que articuló la conversación en torno a la construcción de una memoria colectiva como acontecimiento político –que marcó el curso de parte de la historia nacional durante la segunda mitad del siglo XX–.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-99719e4ed558f8efc836ff7e5df7d8dd wp-block-paragraph">Esa literatura de testimonio del terrorismo de Estado funciona todavía como un dique de algo que no admite ser interpretado de otro modo. La representación del horror, en su basta y compleja suma literaria-crítico-poética, supone un punto de detención. Por eso, incluso si repite la idea del terrorismo, el poder corre su sentido hacia otra forma de conceptualizar al enemigo. Se pone entonces en disputa el tiempo histórico, el tiempo de otra historia que se anuncia bajo las profecías autoritarias de un choque cultural, de la grieta, del fin del peronismo como fin de la historia. Y de ese modo disputa un poder de subjetivación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a0df868a30da863fd1bd6198b71ca2d9 wp-block-paragraph">En la literatura testimonial sobre la dictadura hay diferentes épocas. Está la literatura escrita por sobrevivientes; la literatura de lxs hijxs, también como sobrevivientes; pero la crítica literaria le pone fin a su auge (o sentido) como género en los años 90, que se caracterizará por la emergencia de las escrituras del yo. Pienso que esa dimensión autorreferencial es también la necesidad de dar testimonio de la existencia en un presente en crisis; sin embargo, la literatura de los 90 y los 2000, por algún motivo, no será la literatura de una memoria colectiva; rara vez ese yo considera su historia individual como formando parte de una historia compartida, haciendo de su historia personal un campo político de disputas en el orden hegemónico de los sentidos, volviéndose capaz de producir una crítica a las subjetividades neoliberales, mucho menos de hacer emerger alguna noción de pueblo. No es el lugar para pensar en profundidad las escrituras del yo de los 90 y los 2000, los modos en que emerge en ellas el narcicismo, el individualismo, el deseo, las drogas y el consumo como dimensiones estetizantes, produciendo narrativas testimoniales o de autoficción que de un modo u otro exaltan el orden social. No obstante aventuro una sospecha: la emergencia de fuerzas sociales –aun cuando sean articuladas desde identidades concebidas en términos diferenciales, de género, raza, diversidad sexoafectiva, ecologistas, estudiantes– no es suficiente si no disputa el poder de ocupación y de subjetivación del neoliberalismo (del capitalismo) en cuanto produce la subjetividad como sujeción a una lógica individualista, narcisista, extractivista, privatista, consumista; y está hecha de fisuras y falseamientos de la vida social.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-59c46ad4cadb7832ee9952912a60e8c2 wp-block-paragraph">En los procesos de reparación y de memoria que se llevan adelante en Colombia, se dice que la Mala Muerte implica interrumpir y colonizar la Vida. Esta interrupción se manifiesta de dos maneras: sobre la idea de la necesaria aniquilación del otro y su conversión en enemigo para resolver antagonismos; y negandoliderazgos, proyectos, cuestionamientos y posibilidades no sólo en su realización, sino antes en la posibilidad de su enunciación (<em>Tiempos de vida y muerte: memorias y luchas de los Pueblos Indígenas en Colombia</em>).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7e39db8c09b91af9821757b9c0f04f36 wp-block-paragraph">Volvamos al comienzo, al mundo antiguo que está en riesgo, ese <em>mundo de la vida</em> que se dispone a entrar en un nuevo orden. ¿Qué hay de ese mundo que hoy ya no está que es necesario recordar? O antes, ¿qué de ese mundo es necesario que retorne y, para eso, hace falta recordar? ¿Qué es lo que hay que testimoniar, entonces, para intervenir en la conversación del presente, para interferir la esfera discursiva? El activista y pensador brasileño Ailton Krenak llama futuros ancestrales a la posibilidad de una irrupción reparadora del pasado en el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ebd07eb4c0fdda568052ec148c9637bc wp-block-paragraph">Hay una historia de la mística judía compilada por Sholem y citada por Agamben que cuenta que cuando el Baal Shem debía resolver una tarea difícil iba a un lugar en el bosque, encendía un fuego, pronunciaba unas oraciones y aquello se arreglaba. Cuando una generación después se presentó la misma crisis, se dirigieron al bosque y dijeron, no sabemos encender el fuego, pero podemos decir las oraciones. A la generación siguiente, ante la misma encrucijada, el rabí dijo: no sabemos encender el fuego, ya no podemos pronunciar las oraciones, pero conocemos el lugar en el bosque, y en efecto fue suficiente. Pero transcurrida una nueva generación el nuevo rabí debió enfrentar una vez más aquel problema y sentado en su silla dijo: ya no podemos encender el fuego, no somos capaces de decir las oraciones y no conocemos siquiera el lugar en el bosque, pero todavía podemos contar la historia. Y con eso bastó.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-490465f50486cb04dc52e06dcb9e218f wp-block-paragraph">¿Cuál es la historia que deberíamos poder contar para resolver este tiempo histórico que se repite en su diferencia? A 50 años del golpe cívico militar del 76, conocemos la historia del horror, conocemos la función que tuvo para imponer un modelo de saqueo y transferencia del capital, en el disciplinamiento y la obturación de una organización social comunitaria (y en el límite comunista). Lo que enseña la fábula es que no sería posible repetir la experiencia política de los 60 y 70, tampoco la de la década kirchnerista, pero la continuidad de esas experiencias está dada por la posibilidad de contar dónde estuvo la historia de las luchas e interrupciones, la historia en la que se traman otras subjetividades que buscan oponer al poder de sujeción y de ocupación neoliberal otra imaginación política, para conservar un lugar de representación (mimética y política) capaz de enunciar e imaginar los cuidados y las responsabilidades que implica el mundo de la vida. Tenemos que poder contar una historia del pueblo en la cual las historias individuales puedan hallarse en el sentido de un camino compartido y de palabras en común. Si hay un poder en esa historia que todavía seamos capaces de contar, la memoria seguirá siendo suficiente para que el recuerdo del fuego ilumine un lugar en el bosque.</p>



<div style="height:45px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8441333f4f399a58d76c20dcd9e551b wp-block-paragraph">Violeta Percia es doctora en Letras, escritora e investigadora. Trabaja como profesora en la Universidad de Buenos Aires.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-711ecc639830526b07951d8466ee2026 wp-block-paragraph"><strong>Alias de CBU: Lateclaenerevista</strong></p>



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		<title>Complicidad judicial en dictadura y en la actualidad &#8211; Por Carlos Rozanski</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:29:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>A dos décadas de comenzado el proceso actual de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, el país atraviesa un nuevo período de retroceso en materia de Derechos Humanos nunca visto en democracia.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e6468b4779e5d183ef8ad255e9890f06 wp-block-paragraph"><strong><em>A dos décadas de comenzado el proceso actual de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, el país atraviesa un nuevo período de retroceso en materia de Derechos Humanos nunca visto en democracia</em></strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d27f6a1d0747955c80bc3bac4c981e3 wp-block-paragraph"><strong>Por Carlos Rozanski*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-64133981bfb3e292811c7443923cc3a2 wp-block-paragraph">Un sector importante del Poder Judicial argentino fue cómplice del Terrorismo de Estado que asoló el país entre los años 1976 y 1983. Esa gravísima connivencia aún no ha sido debidamente analizada y tampoco se han tomado medidas efectivas para modificar las condiciones que la generaron.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3edbf95c467875bb156884adf99ab824 wp-block-paragraph">Se trata de una deuda de cincuenta años que tiene profundas raíces en el corazón mismo de la <em>Institución</em> Poder Judicial. En su interior se producen muchos de los fenómenos que suceden en el resto de las organizaciones del Estado, a los que deben sumarse los que tienen relación directa con la cuestión del <em>poder</em> que la atraviesa en toda su estructura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-779dece6f4b9e36abcf3ae4698e0d808 wp-block-paragraph">En ese sentido, el golpe de 1976 impactó fuertemente en el Poder Judicial tanto en el fuero ordinario como en el federal. Se produjo un verdadero terremoto que puso a prueba lo más profundo de las lealtades y en especial de las pertenencias ideológicas de los protagonistas. No se trataba sólo de una interrupción del orden constitucional como había sucedido en golpes anteriores, sino de la instalación de un nuevo paradigma que incluía el secuestro, tortura, desaparición y muerte de decenas de miles de personas y apropiación de niños/as y bebés recién nacidos. Crímenes planificados y concretados de manera sistemática. Nada parecido a lo anterior. Nada para lo que el funcionario medio del poder judicial haya sido preparado a enfrentar, tanto en sus estudios académicos como en sus experiencias laborales previas o de vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c875abf4491edd492c4085102c4fcf01 wp-block-paragraph">Durante esa conmoción, el golpe de Estado generó una dualidad. Por un lado, sobre un sector de la justicia, la detención e incluso desaparición de operadores judiciales y en sentido contrario, un decidido acompañamiento de todos aquellos magistrados y funcionarios que estaban identificados con el nuevo régimen. Algunos de ellos, décadas después, fueron juzgados y condenados a prisión perpetua por complicidad en delitos de lesa humanidad como el caso de los jueces federales de Mendoza Otilio Roque Romano, Luis Francisco Miret, Max Petra Recabarren y Evaristo Carrizo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-12016585f43deafd9a68de5056c18979 wp-block-paragraph">En el medio de esas dos franjas, una gran cantidad de operadores <em>diletantes</em>, que estaban o bien inmovilizados por el terror imperante, o bien creían que desde su espacio de actuación podían mitigar las consecuencias de la dictadura genocida de esos años en nuestro país.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0ac299e06723e5fc99cc0db5edace5c3 wp-block-paragraph">Al respecto, una reflexión clave para comprender el tema es la de la Dra. María José Sarabayrouse Oliveira cuando dice que <em>“Ninguna dictadura militar creó un nuevo aparato de justicia, sino que el Terrorismo de Estado se montó sobre una estructura preexistente y la maximizó en función de sus propios intereses”</em>. (1)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a53f1f5ea5c5cfb5424ed0c9d99ffe4d wp-block-paragraph">Lo señalado por la autora citada resulta exacto. Ello por cuanto si bien mediante la “Ley 21.258” del 24 de marzo de 1976, la Junta Militar removió a los jueces de la Corte Suprema de la Nación, de los Tribunales Superiores Provinciales, al Procurador General y puso en comisión a todos los magistrados, el sistema continuó funcionando con mayoría de jueces y fiscales que ya estaban en sus cargos con anterioridad al golpe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-668acb854acd53a2b44431926660d02a wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La explicación de las razones por las que un aparato judicial de la democracia puede subsistir en dictadura sin mayores modificaciones &#8211; aunque con algunos reemplazos -, es sin dudas compleja y su desarrollo con amplitud excedería este espacio. Sin embargo, se impone una aproximación a fin de dejar al menos planteado el núcleo del problema que no es otro que la cosmovisión que vincula a la mayoría de los miembros de la institución.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6e10451705f561a80b2ebc7dec43be17 wp-block-paragraph">Se trata de una posición mayormente conservadora, y en algunos sectores, profundamente reaccionaria desde lo ideológico, así como de “pertenencia” a un sector determinado desde lo social.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d59c0c94bc73239cb03c35c385aed560 wp-block-paragraph">Es necesario aclarar que, por supuesto, el Poder Judicial incluye jueces/as, funcionarios/as y empleados/as que no comparten esa cosmovisión y que por el contrario desarrollan su actividad con apego a las garantías de nuestro sistema normativo. Ese posicionamiento sensible y legal genera con frecuencia rispideces, distancias y hasta enfrentamientos entre los integrantes de ambos vértices, aunque raramente se los deja trascender al resto de la comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-891f8c9cd627adb50113367dd9563b85 wp-block-paragraph"><strong>La familia judicial de ayer y de hoy</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-54f7e77e1cb5263c03d958b0727a32f3 wp-block-paragraph">Más allá de la distribución formal de la organización del poder judicial de nuestro país a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, su estructura profunda, gira alrededor de lo que se conoce como <em>“familia judicial”</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1d8c8fd9d8c9cb1892281723d511a1cb wp-block-paragraph">María J. Oliveira señala dos significados del concepto. Uno más acotado, referido a <em>“relaciones de parentesco concretas: mismos apellidos que se repiten a lo largo y ancho de la guía judicial, esto es, padres, hijos, sobrinos, cónyuges que ocupan distintos cargos en la justicia…” (2). </em>Oliveira Agrega otro más amplio que trasciende las relaciones de consanguinidad y que se refiere a la <em>“pertenencia a ciertos clanes o grupos de interés (e ideológicos) que conforman una malla de relaciones tejida a partir de lazos de amistad, camaradería, compañerismo, vecindad…”</em> (3). Incluye además en ese concepto ampliado a espacios de sociabilidad compartidos por los miembros de esa “familia” como colegios, clubes, barrios y lugares de veraneo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-480de782899004da5456182e10bd6e5e wp-block-paragraph">Tal vez una de las comprobaciones más vigentes de aquellas reflexiones sea lo sucedido durante el juicio y condena a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner celebrado en el año 2022. En una de las audiencias, uno de los integrantes del Tribunal, el Dr. Rodrigo Giménez Uriburu sorbía exhibiendo feliz un mate con el logo del equipo de fútbol “Liverpool” que integraba junto al fiscal del caso, Diego Luciani, y al Juez de la Cámara Federal, Mariano Llorens, que jugaba de arquero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d36e6732b8633396344f772db3b074a wp-block-paragraph">Las imágenes recorrieron el mundo y motivaron la recusación de los magistrados por parte de varios letrados defensores. Si bien el cuestionamiento acerca de la parcialidad evidente del tribunal no resultó exitoso, dejó al descubierto el cinismo con que suelen manejarse dentro de ese exclusivo círculo de poder. Ello quedó más palmario aún cuando tomó estado público que los nombrados y su equipo de fútbol, jugaban partidos en la quinta “Los Abrojos” de propiedad del expresidente Mauricio Macri.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-02664cad3389fc1a1275c42d4731fe58 wp-block-paragraph"><strong>A medio siglo del golpe</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55e67dc4a6667feb0f49d734c108a549 wp-block-paragraph">En un rápido recorrido por los cincuenta años transcurridos desde aquel trágico 24 de marzo, se destacan tres momentos que resultan significativos para el contenido de estas líneas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-afe4d97a838a4b9c392c2a58ddd49a54 wp-block-paragraph">Una primera etapa de esperanza caracterizada por la decisión de Raul Alfonsín (Decreto 158/83) por la cual dispuso el juzgamiento de los integrantes de las tres juntas militares que gobernaron el país en dictadura. Luego de una frustrada etapa ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, el caso fue tramitado por la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal en un expediente que se conoció como “causa 13” y que derivó en el juzgamiento y condena del 9 de diciembre de 1985 de algunos de los principales responsables de la dictadura genocida. Se trató de un proceso histórico ya que los criminales fueron juzgados por un tribunal ordinario del país en que se produjeron los delitos, hecho inédito hasta ese momento en el mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-79178d65573006bb314b6bb819f1d4ff wp-block-paragraph">Este notable avance fue sucedido por una etapa de retroceso en materia de DDHH caracterizado por la sanción de dos leyes de impunidad conocidas como de “Punto Final” de 1986 (23.492) y “Obediencia debida” de 1987 (23.521). Estas normas dejaban sin sanción la inmensa mayoría de los delitos cometidos durante la dictadura. La etapa se completó en 1989 y 1990 con los indultos de Carlos Menem.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8c16cd3e7157daa0a5f77db31ee75b0f wp-block-paragraph">A continuación, se sucedieron largos años de impunidad hasta que, en el 2003, el Congreso de la nación anuló las leyes de Punto Final y Obediencia debida lo que habilitó una nueva etapa a partir de 2006 con el juzgamiento y condena de genocidas, comenzando ese año por Miguel Osvaldo Etchecolatz.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-10d2ce2500e084d31f2b24836825b87e wp-block-paragraph"><strong>Retroceso actual y negacionismo</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7659f1cff4911ec6f71be6759c4a62c8 wp-block-paragraph">A dos décadas de comenzado el proceso actual de juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, el país atraviesa un nuevo período de retroceso en materia de Derechos Humanos nunca visto en democracia. Así, por primera vez en el país un presidente anuncia públicamente y sin eufemismos, su objetivo de destruir al Estado y hacer daño a la población. Javier Milei ha reiterado verbalmente esa decisión en inumerables oportunidades y ha transformado su discurso en acto. Lo hizo a través de Decretos y diversas medidas ejecutivas que en dos años han tenido efectos devastadores sobre los sectores más vulnerables de la sociedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-18869ebd2b387ad245ab7dc58e0fcb14 wp-block-paragraph">Baste señalar como dramática síntesis que el presidente Milei logró aumentar la mortalidad infantil en el país en un 6,25 %, quebrando una tendencia de descenso de 20 años. Respecto de las personas mayores de 65 años, debido a la falta de medicamentos y restricciones alimentarias, la mortalidad en el año 2024 fue superior en un 9 % a la de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d23892dcfb293e12d323d2a40980b092 wp-block-paragraph">Igualmente, en el actual proceso de desintegración social, el negacionismo explícito del régimen no se limita a los horrores de la dictadura genocida o a la cifra de 30.000 desaparecidos. Se niegan, además, los derechos esenciales de millones de habitantes &nbsp;del país a quienes deliberadamente se les degrada cada día su condición humana y se toman medidas para que enfermen y mueran los más débiles.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ee4116e5702417e4984cf8581f6f6f7b wp-block-paragraph">En síntesis, Argentina atraviesa un momento de crisis humanitaria estructural en la cual bestias insaciables se apoderaron del Estado para destruirlo y enriquecerse obscenamente. Frenarlas no es una opción, es una necesidad existencial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d2eb711e5915e3ea8fc05576adbccab3 wp-block-paragraph">Después, siempre es tarde.</p>



<div style="height:35px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5940534a1591122827f59b133b59095b wp-block-paragraph">(1) María José Sarabayrouse Oliveira <em>“Rupturas, continuidades y lealtades en el Poder Judicial”</em> en “Usted también doctor?”, Juan Pablo Bohoslavsky, Siglo XXI editores, CABA, 2015, pág. 181.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa35101eabe2d12b85bae4a958e69c18 wp-block-paragraph">(2) Ibid. Pág. 184&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4acc2df80a6c93bfa87e1fb5b2c72883 wp-block-paragraph">(3) Ibid. Pág. 185</p>



<div style="height:69px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e5c4a527e516a284cb7a1b3b5d78d8a0 wp-block-paragraph">*Ex Juez de Cámara Federal y ex presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N.º 1 de La Plata.</p>



<div style="height:15px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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		<title>Días de marzo &#8211; Por Rafael Bielsa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:30:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[50 años del golpe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Rafael Bielsa* (para La Tecl@ Eñe) Aquel fue un tiempo en el que los valores quedaban a un paso de distancia. Leíamos mucho y sin<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/dias-de-marzo-por-rafael-bielsa/">Días de marzo &#8211; Por Rafael Bielsa</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-debc3133f6c0249b6719c0166e0ac8d0 wp-block-paragraph"><strong>Por Rafael Bielsa*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:71px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c90f93ba395b1e686f29bfd0ed38df33 wp-block-paragraph">Aquel fue un tiempo en el que los valores quedaban a un paso de distancia. Leíamos mucho y sin cesar; amábamos fuerte y sin resguardo; conocíamos algo y sin prejuicio. Creíamos que casi todos buscábamos lo mismo, los jóvenes y los trabajadores. Quienes se oponían eran pocos e ignorantes, y estaban confinados a reuniones patronales en clubes donde tenían las membresías más exclusivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-012d24c4e403b0fbcfbd3bbd08c4d121 wp-block-paragraph">Sentíamos orgullo por ser lo que éramos, había una cultura de la que formábamos parte colectivamente y un orden que se gestionaba a sí mismo. Éramos piezas de un territorio, pensábamos tupido y con precisión; nadie que estuviera adentro podría dañarnos, nada nuestro podría fortalecer a nuestros adversarios. Estábamos arraigados; creíamos que éramos fuertes y unidos. Había pocas cosas impredecibles y no eludíamos nuestras responsabilidades. Teníamos creencias y rituales que nos vinculaban a los demás, y a todos en un espíritu trascendente: veneración y conducta, dogmas y sacrificios, una fuerza que nos elevaba por encima de las circunstancias. Nuestra manera de olvidar los sufrimientos era recordar nuestros destinos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3a742ab9313ab1c55e3bd2a3dedb3a15 wp-block-paragraph">Un tiempo breve durante el cual masticábamos con devoción y atrevimiento las ideas de Rodolfo Puiggrós, de Juan José Hernández Arregui, de Roberto Carri. Algunos preferíamos algunas, otros preferían otras, y nadie se iba a la cama por la pasión de sacarles punta. Abríamos los ojos con Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y David Viñas, y los cerrábamos cuando el día ya era añejo. Todavía juegan a los dados en mi memoria los sobrevivientes de Walsh, entre los álamos de Conti y el ciclista de Viñas. Acariciábamos con palabras de Gelman, Urondo y Santoro, y nos salpicaban los trazos de Berni, Alonso y Carpani. La suma de todas las formas fue el espíritu.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f709dd256ffa7387d0069f3136615fab wp-block-paragraph">Entre esos días de marzo se desplomó el Golpe sobre nosotros y se multiplicó la soledad como mejor compañera. Cada día fuimos menos, y de los que faltaban muchos se habían ido para siempre. En algo andarían dijo la gente, por algo sería, algo habrían hecho, un pospretérito subordinado, pero sin condición. Alfredo Zitarrosa compuso “Adagio en mi país”: “Dice mi padre que un solo traidor / Puede con mil valientes”; en 1976, habían pasado 3 años desde 1973, que entonces eran muchos y hoy no es nada. Además, los golpistas gatillaban códigos sociales de supervivencia, fórmulas del habla cotidiana que legitimaban la represión; allí no sólo había uniformes, también estaban la cruz y las velas, mazorcas de maíz y ruedas dentadas. No te metás, el silencio es salud, el que no debe no teme, no conviene saber demasiado: frases que no arrancaban la vida, aunque no se fueron sin llevarse algo que tampoco volvió.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e7f554241ecaca241b5a7c1e4c2edffd wp-block-paragraph">El aparato propagandístico martillaba que los argentinos eran derechos y humanos; que la Argentina era un país en paz, todo fe, fuerza y esperanza; que achicar el Estado era agrandar la nación; que las sillas, ventiladores y heladeras extranjeros mejoraban la calidad de vida porque el progreso venía de afuera y no de adentro. La política de apertura económica y liberalización comercial cerraba una industria a cambio de una radio sin interferencias y aumentaba el desempleo por una pantalla de televisión sin imagen borrosa y falta de definición. En mitad de aquella noche, los argentinos pensaban como herramientas de alguna eternidad pastosa, como si no fueran ellos mismos, como si ya no estuvieran vivos del modo como lo habían estado. Hoy, los relojes son digitales, pero las decisiones rastrean andanzas analógicas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-164c4fe8cb57d893eed0efd453c2762f wp-block-paragraph">Pasaron 50 años. No es que los valores hayan cambiado; solo que para llegar hasta ellos hay que transitar discontinuidades y mediaciones. Suceden a deflagraciones que desconectan los rasgos de secuencia. Lo mismo sucede con la cultura; aquella mujer de Walsh, el cazador americano de Conti, los protagonistas corales de Viñas están, como estuvieron, iguales a sí mismos, pero en el mismo lugar en donde estaban. Para recuperarlos hay que ir hacia atrás. Es necesario hilvanar varias cadenas de mecanismos agregados si se quiere garantizar la subsistencia de aquellas ideas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ce569fadaf537e169d32a9814b8030d wp-block-paragraph">El Golpe hizo desaparecer a miles de argentinos; a la cultura que nos construyó la crucificó a los palos del recuerdo. Hoy, las mayorías prefieren las opiniones firmes, que cuajan razonamientos preexistentes. Al no compartirse los relatos, sólo hay opciones a favor o en contra, aprobaciones y deslegitimaciones, un archipiélago de confirmaciones posturales. Por debajo circulan los abandonados y sus complejidades; como las estrellas en las noches nubladas, no se los ve, pero ahí están. Las agendas autoritarias añaden neblina, porque no debaten, sino que erosionan y destrozan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03ccbafe9d44718f2f46b6c14d05071b wp-block-paragraph">El paso de los años frotó el duelo por nuestros muertos, quienes nos acompañan desde la memoria. En cambio, no lloramos el tajo con aquellos valores y con aquella cultura. Padecemos lo que pasó, porque ni guardamos el luto ni pueden asistirnos hoy como lo hacían. Son días de disfraces, de apariencias rituales, de taumaturgos urgentes y urgidos, de curanderos en pantuflas y curadores con panfletos. El conocimiento es el padre del carácter y la ignorancia la madre de la adulación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-863874d72635a87c40801a1fcc54db63 wp-block-paragraph">Se cumplen 50 años de cuando se sumergió a una sociedad en la creencia de que era igual el razonamiento motivado por la cultura que el que nace de la simulación; la hicieron renunciar a la capacidad de pensar críticamente. La temperatura emocional del debate público es tempestuosa y personalizada, el formato reemplazó al argumento, pero la condición humana es tan imperfecta como perseverante.</p>



<div style="height:48px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4b9783b88ea6a58387b4ce114a2d3a0a wp-block-paragraph">*Abogado y escritor.</p>



<div style="height:16px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



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<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="271" height="68" src="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png" alt="" class="wp-image-16425" srcset="https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo.png 271w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-260x65.png 260w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-50x13.png 50w, https://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2025/07/logo-150x38.png 150w" sizes="(max-width:767px) 271px, 271px" /></figure>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-8b4ec334684b75c8ab19351859cd590c wp-block-paragraph"><em><strong>La Tecl@ Eñe</strong></em>&nbsp;viene sosteniendo,&nbsp;<strong>desde su creación en 2001</strong>, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas.&nbsp;Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero&nbsp;<strong>para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con&nbsp;<em>La Tecl@ Eñe</em></strong>. Pueden colaborar con&nbsp;<strong>$5.000</strong>&nbsp;ó&nbsp;<strong>$10.000</strong>. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.</p>



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		<title>A 50 años de la dictadura hay que revolucionar la política &#8211; Por Carlos Girotti</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Mar 2026 02:41:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Carlos Girotti]]></category>
		<category><![CDATA[golpe]]></category>
		<category><![CDATA[1976]]></category>
		<category><![CDATA[50 años del golpe]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[FMI]]></category>
		<category><![CDATA[memoria verdad y justicia]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A cincuenta años de la implantación del terrorismo de Estado, una burguesía lumpen se aviene a entregar la soberanía nacional, todos los recursos naturales, el manejo de la política exterior y sumir a la inmensa mayoría de la población en una ciénaga de miseria y de odio de todos contra todos.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/a-50-anos-de-la-dictadura-hay-que-revolucionar-la-politica-por-carlos-girotti/">A 50 años de la dictadura hay que revolucionar la política &#8211; Por Carlos Girotti</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-bde9cb30502f69aa4e3ab33a535a148d wp-block-paragraph"><strong><em>A cincuenta años de la implantación del terrorismo de Estado, una burguesía lumpen se aviene a entregar la soberanía nacional, todos los recursos naturales, el manejo de la política exterior y sumir a la inmensa mayoría de la población en una ciénaga de miseria y de odio de todos contra todos.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22b6c2c8ff3860442004abe0b7aae886 wp-block-paragraph"><strong>Por Carlos Girotti*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:68px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b0a99dfdd13602682d6af46ba3cf1757 wp-block-paragraph">La principal derrota infligida por la implantación del terrorismo de Estado consistió en que, desde entonces -y de esto ha transcurrido medio siglo- la palabra revolución fuera erradicada de la lengua política. Hasta las y los revolucionarios caídos pasaron a ser “víctimas”. Sus ideales, sus pertenencias partidarias, sus trayectorias militantes y la dignidad con la que enfrentaron a sus verdugos, todo, sin excepción, fue eclipsado con la victimización social y cultural de la que fueron objeto tras la restauración democrática.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5eec38718408c4306ac5f563da168bea wp-block-paragraph">Durante estos cincuenta años, la camaradería sonriente de quienes, con sus armas en el suelo como señal de rendición, poco antes de ser masacrados en los calabozos de la Base Almirante Zar, en Trelew, viró estampita; una iconografía de un tiempo pretérito que ni valía mentar porque piantaría votos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eba0b83002ba4f340219a8ebff9a6025 wp-block-paragraph">Los miles de obreros industriales que, desbordando a sus direcciones sindicales, coparon la Plaza de Mayo durante el “Rodrigazo” y luego se rearticularon en las Coordinadoras de Gremios, Comisiones Internas y Cuerpos de Delegados, más tarde fueron convertidos en el réquiem del sindicalismo combativo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6b97b388a2e203ec8ddc2d7144f6b0d9 wp-block-paragraph">Hablar de revolución durante este medio siglo fue hablar de Historia, de estudios de caso, de exhumaciones de anécdotas de la clandestinidad y el destierro. Nunca, como en estos cincuenta años, la revolución devino tema de cátedras, simposios y <em>papers</em> para no corporizarse jamás en otro tipo de práctica social que la recreara, ya no como un imperativo de la hora sino, al menos, como un futuro construible desde lo cotidiano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-94f0c0e555668849bc756033fbd02dae wp-block-paragraph">Las acciones que promovieron la memoria, la verdad y la justicia -imprescindibles puntales éticos para una sociedad que llegó a negar a los desaparecidos y consintió la desmalvinización- tampoco refirieron a la necesidad de la revolución para cambiar de raíz las relaciones de poder instaladas desde 1976.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c878b7cb4cefa7c66cf72f106b805737 wp-block-paragraph">La sistemática degradación del Estado de bienestar surgido en la posguerra, fruto de los embates sucesivos de la clase dominante a lo largo de los últimos 80 años, arrinconó a la clase trabajadora en una fase defensiva caracterizada tanto por el auge del corporativismo economicista, como por la paulatina fragmentación de sus filas a instancias de la tercerización, el fraude laboral y la informalidad cada vez más creciente. El único horizonte posible pasó a ser el pasado, volver a una época venturosa que, a medida que transcurría el tiempo y se sucedían las agachadas en un peronismo cada más descompuesto en internas, solo aparecería tangible durante los tres gobiernos kirchneristas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c7a5ca79531b705011dd82456b39e437 wp-block-paragraph">La implosión de la Unión Soviética y sus aliados y el posterior surgimiento del capitalismo de Estado, desalentaron cualquier expectativa revolucionaria. Las postrimerías del siglo XX y el inicio del actual acentuaron la certeza de que habría de ser “más fácil asistir al fin de la Humanidad que a la desaparición del capitalismo”. No obstante, el impulso dado por Hugo Chávez al “socialismo del siglo XXI”, y la emergencia de China como emblema exitoso de un capitalismo de Estado regido y dirigido por su Partido Comunista, así como el nacimiento de los BRICS y la UNASUR, habrían dado más oxígeno a la esperanza de consolidar un nuevo bloque interregional que, sin ser ni aspirar a constituir una nueva Tricontinental, pusiera coto al neoliberalismo y al nuevo patrón de acumulación fundado en la financiarización. La derrota del ALCA en Mar del Plata fue la pila bautismal de una nueva estrategia de poder nacional y popular basada, precisamente, no en cuestionar de raíz al capitalismo sino en consolidar un esquema de alianzas que morigerara sus aspectos más brutales y desembozados y posibilitase, otra vez, el <em>fifty-fifty</em> como modelo de distribución de la riqueza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fea8999fa613c54a231306ed04d160db wp-block-paragraph">Pero no fue posible. Los titubeos para avanzar contra la dominación imperial norteamericana en momentos en que ésta iniciaba su declinación mundial, las infundadas esperanzas en que un buen plan de negocios entre el Estado y los grandes grupos económicos locales saciaría la voracidad ilimitada de éstos, la pertinaz dependencia con la restricción externa por no avanzar en la nacionalización del comercio exterior, la sustitución del protagonismo popular por la ocupación de cargos estatales como estrategia de acumulación de fuerzas y, por fin, la derrota electoral frente al macrismo, acentuaron la convicción en la dirigencias políticas nacionales y populares que, para volver a ganar el gobierno, lo único que podían hacer era inclinarse a su propia derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc76b5a831b73b45f34812a67d1bc29a wp-block-paragraph">Este desatino fue el que precipitó, tras la pandemia y la aceptación de la deuda contraída por Macri con el FMI, el acelerado proceso de descomposición del peronismo. Para las grandes mayorías populares resultó tan incomprensible como inaceptable que un gobierno proclamado peronista no solo no avanzara un centímetro en favor de sus intereses, sino que, para intentar ganar las nuevas elecciones, girara aún más hacia su derecha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-35c79e55fbe5f61273d06a56f93c21ae wp-block-paragraph">El abandono de las banderas que durante ochenta años posibilitaron mantener esa identidad de combate -que tantas veces llevó a la clase trabajadora y a los más amplios sectores populares a defender una perspectiva de liberación nacional y social- ahora sucumbía, por sus propias contradicciones ideológicas, ante un ignoto bufón neocolonial. De allí a la implosión del kirchnerismo no hubo más que un instante, escenificado con la injusta detención de Cristina Fernández y las respuestas -tan frágiles como dispares- que ante el hecho dieron las dos grandes fracciones que se constituyeron en medio de la derrota electoral.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04b31d66968311219f35ef9908ba1e49 wp-block-paragraph">Probablemente, ningún acontecimiento sea tan emblemático del abandono de la perspectiva revolucionaria que históricamente habitó en lo más dinámico del peronismo como esta fractura expuesta del kirchnerismo. Siendo, como fue, la experiencia más avanzada desde la restauración democrática, el kirchnerismo optó por pontificar que «no había sistema más eficaz para la producción y distribución que el capitalismo». Canceló así la posibilidad de recrear, en términos de Cooke, una visión revolucionaria que volviera a proyectar al peronismo como “el hecho maldito del país burgués”. Por eso no es comprensible la disputa interna entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner. ¿Qué debaten, más o menos neokeynesianismo o un programa anticolonialista? ¿En torno a qué son las terribles diferencias? </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b30180a9818845ac878437bc234f821a wp-block-paragraph">Una larga lista de temas sobre los cuales tendrían sentido las polémicas y hasta las divisiones debería incluir la nacionalización del comercio exterior, de los puertos privados y del subsuelo, la reindustrialización complementaria con una escala regional, la plena integración a los BRICS, el inmediato retiro de tropas extranjeras, el repudio al guerrerismo de Trump y Netanyahu, la reasignación de fondos genuinos para las universidades y el sector científico y tecnológico, el fomento a la industria naval, la recuperación del plan nuclear y aeroespacial, la intangibilidad de los glaciares, la reforma de la Corte Suprema y de todo el sistema de justicia, el fin del trabajo precario, la disminución de la jornada laboral, la restitución de jubilaciones y pensiones dignas, un plan nacional de salud fundado en la promoción y modernización del hospital público en todo el territorio de la Nación, un plan nacional de viviendas como eje de la obra pública, la expropiación de tierras en manos extranjeras, el absoluto monopolio estatal sobre la extracción y comercialización de litio, tierras raras y otros minerales críticos, la derogación de la Ley de Entidades Financieras.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-19dadfe97dc12d68eef420401f29a805 wp-block-paragraph">¿Faltan temas? Sin dudas, Aquí no está la pretensión de presentar una versión corregida y ampliada de los Programas de La Falda, Huerta Grande y el de la CGT de los Argentinos, pero lo que se impone como ineludible es el señalamiento, la crítica a un modo de entender la política que, a lo largo de medio siglo, gambeteó la responsabilidad de profundizar aquello que, desde los albores de la Resistencia Peronista, pasando por la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, el Cordobazo, el Rosariazo, la eclosión de las organizaciones revolucionarias y, en definitiva, la estrategia de confrontación obrera y popular resumida en la consigna “Luche y Vuelve”, se convirtió en el santo y seña de la lucha por la liberación nacional y social: La Patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-721da2e6fa672adb7416b5e2492786f8 wp-block-paragraph">A cincuenta años de la implantación del terrorismo de Estado, una burguesía lumpen se aviene a entregar la soberanía nacional, todos los recursos naturales, el manejo de la política exterior y sumir a la inmensa mayoría de la población en una ciénaga de miseria y de odio de todos contra todos. Esta perspectiva neocolonialista, que, por supuesto va de la mano con la determinación de Trump y Netanyahu de poner a la Humanidad al borde de un abismo insondable, les impone a todas las fuerzas del campo popular un cambio revolucionario en el modo de entender y practicar la política.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4de98f29984a0cd2830932cda61e848c wp-block-paragraph">No es concebible enfrentar al neocolonialismo con jetoneos, <em>selfies</em> y discursos de ocasión. Es preciso una nueva dirigencia, forjada en la cotidianeidad de las luchas en las que se resiste al oprobio, a la bajeza de pegarle a los ancianos, a la brutalidad de reprimir a los despedidos, a la crueldad de los femicidas con permiso, a la sobreexplotación de los “uberizados”, a la violencia descomunal de compelir a la gente a dormir en las veredas sin un mendrugo de pan a la mano.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-360496e639e857c66dd9734ea99a317f wp-block-paragraph">Revolucionar la política es revolucionar la calle, los territorios del hambre y el desamparo y aun aquellos en los que la resistencia es un motivo más para la alegría, para la sororidad y la fraternidad, para el respeto por el semejante y para experimentar, sin cálculos ni barreras, la más profunda admiración por quien combate a pecho descubierto contra el robo de la patria de todos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4046dacc29f08bc2b0e836fae36237e8 wp-block-paragraph">Lo que nunca debiéramos haber abandonado en los últimos cincuenta años es lo que hoy tenemos que recuperar: el sentimiento revolucionario de ser parte del destino común de liberarnos de las cadenas con las que quieren aherrojarnos de por vida.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-91d15b3e59ecb3dfbee90614ec591dfb wp-block-paragraph">*Sociólogo. Secretario de Enlace Territorial de la CTA de los Trabajadores.</p>
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