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	<title>Sebastián Plut archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Sebastián Plut archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Opinión pública y psicoanálisis: La guillotina de las memorias &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 May 2018 17:56:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión Pública]]></category>
		<category><![CDATA[Pscicoanálisis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La opinión pública es la afirmación del engaño del self made man, del individuo que abomina del todos alentando una autonomía que prescinde de toda solidaridad. Como forma de agrupamiento que no requiere co-presencia física pretende imponer una guillotina sobre nuestras memorias e identificaciones mediante una considerable cuota de hostilidad.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>La opinión pública es la afirmación del engaño del self made man, del individuo que abomina del todos alentando una autonomía que prescinde de toda solidaridad. Como forma de agrupamiento que no requiere co-presencia física pretende imponer una guillotina sobre nuestras memorias e identificaciones mediante una considerable cuota de hostilidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aludir a la conciencia, en un sentido amplio, destaca la necesidad de construir un mayor conocimiento sobre nuestros propios pensamientos, un creciente entendimiento de nuestra vida pulsional y, también, de la realidad y de los otros. Pese a ser territorios parcialmente dejados de lado por los psicoanalistas, tiene suma importancia profundizar nuestros conocimientos sobre la conciencia y el pensar, tanto en nuestra labor clínica como social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud no fue ajeno a tal propósito y quizá, por ello mismo, propuso el análisis como el camino para adquirir <em>“aquel plus de libertad anímica en virtud del cual la actividad conciente se distingue de la inconciente”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una porción de esta tarea, pues, es preciso dirigirla a la comprensión de la llamada <em>opinión pública</em>, y no porque esta última sea un fenómeno nuevo, pero sí debe despertarse nuestra conciencia sobre ella, nuestro saber sobre su lógica y función.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una revisión histórica nos llevaría hasta los tiempos de los oráculos griegos, pero sin ir tan atrás en la cronología, señalemos que ya a fines del Siglo XIX Gabriel Tarde reflexionó lúcidamente sobre este asunto y, en particular, sobre la influencia de los medios de comunicación (en esa época, los periódicos).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Décadas después, sabemos, Edward Bernays (sobrino de Freud) se valió de <em>Psicología de las masas y análisis del yo</em> para construir su propia teoría y metodología de lo que él mismo llamó <em>“la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas”</em>. También sostuvo que <em>“casi todos los actos de nuestras vidas se ven dominados por un número relativamente exiguo de personas que comprende los procesos mentales y los patrones sociales de las masas”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La hostilidad de Freud hacia su sobrino fue manifiesta y quizá por ello, conociendo el libro de este último, fue que poco después escribió en <em>Inhibición, síntoma y angustia</em>: <em>“Supongamos que en un Estado cierta camarilla quisiera defenderse de una medida cuya adopción respondiera a las inclinaciones de la masa. Entonces esa minoría se apodera de la prensa y por medio de ella trabaja la soberana «opinión pública» hasta conseguir que se intercepte la decisión planeada”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo definir conceptualmente a la opinión pública? ¿Cómo se crea? ¿Cuáles son sus componentes? ¿Qué es lo que justifica que a determinadas afirmaciones las categoricemos como opinión pública?: <strong>a)</strong> ¿es por su objeto, es decir, porque trata de un asunto de interés común que una opinión es pública?; <strong>b)</strong> ¿es por sus fuentes, por ejemplo, porque responda a la influencia de los medios u otros factores similares?; <strong>c)</strong> ¿es por el tamaño de la muestra, a saber, que reconozca elementos comunes o similares en gran parte de la población, algo así como la media de lo que piensa la población?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La frase que cité de Freud permite pensar dos tipos de masas: aquellas en las que los sujetos se reúnen físicamente y aquellas en las que los individuos sólo se unifican por medio de su opinión. Como afirmó Bernays es a estas últimas a las que el propagandista se propone <em>“controlar y sojuzgar con arreglo a nuestra voluntad sin que estas se dieran cuenta”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Agreguemos que las masas que requieren de la co-presencia física son heterogéneas, reúnen una pluralidad de singularidades y recogen y reelaboran tradiciones diversas. En cambio, la opinión pública como agrupamiento no exige la co-presencia física, y se caracteriza por una actualidad permanente y por la homologación –regresión- del pensamiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué la Opinión pública supone una regresión del pensamiento?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Citemos nuevamente a Freud, esta vez en <em>Para la prehistoria de la técnica analítica</em>. Dice: <em>“Más oprimente que la censura de los gobiernos es la censura que la opinión pública ejerce sobre nuestra labor espiritual”</em>. Si en la opinión pública tiene importancia su contenido, también resulta relevante la lógica con que opera el pensamiento en la reproducción de dicha opinión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A diferencia de los movimientos populares –que combinan realidad actual con un conjunto de tradiciones- la opinión pública campea sobre la actualidad, sobre un permanente presente. En los términos freudianos del esquema del peine, se trata de una hiperestimulación del polo de la percepción en detrimento de la memoria. Esta suerte de hiperrealismo sin memoria se fija, a su vez, por la reiteración constante de un mismo mensaje, por la repetición de una afirmación, lo cual parece poner de manifiesto cierta intensidad que tiende a agotar esa función del sistema psíquico que Freud llamaba la investidura de atención.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En su texto sobre las masas, Freud dice que la opinión pública se crea por la necesidad de sujetos débiles de reforzar su acto intelectual y afectivo <em>“por la repetición uniforme de parte de los otros”</em>. Es decir, que ciertas ideas y ciertos afectos se consolidan en tanto y en cuanto tengan una mayor frecuencia y, a su vez, resulten parecidos a los de los otros. Podemos decirlo del siguiente modo: la opinión pública no se trata solo de cómo agrupamos expresiones semejantes entre sí, sino que aquélla se alimenta de la tendencia de ciertos sujetos a no ser, cada uno, el único que piensa de tal o cual modo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si la co-presencia física puede conducir a acciones que están impedidas para el sujeto singular, su equivalente en la opinión pública es que el sujeto se habilita a manifestar y defender afirmaciones cuya veracidad no tiene fundamentos concretos, tal como sucedió, por ejemplo, con el célebre “affaire Dreyfus” dado a conocer por E. Zola. Ya Gabriel Tarde afirmó: <em>“conozco regiones francesas donde sin haber visto nunca un solo judío, eso no impidió que el antisemitismo floreciera allí, debido a la lectura de periódicos antisemitas”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este aislamiento en el que se configura la opinión pública nos indica, entonces, que tal ligazón por vía de lo que así se piensa es la expresión del agrupamiento del sujeto individualista. En dicho agrupamiento, pues, queda jerarquizado el lazo abstracto de quienes sólo participan como público, de quienes sólo admiten una influencia a la distancia y que, por eso mismo, pretenden desconocer que son influidos. La tentativa de desconocer la vivencia de influencia es correlativa de un contagio sin contacto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En este sentido, la opinión pública permite conquistar un precario sentimiento de pertenencia eludiendo las angustias y fantasmas que despierta la intersubjetividad cuerpo a cuerpo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La opinión pública es la afirmación del engaño del <em>self made man</em>, del sujeto que se supone autoengendrado, del individuo que abomina del <em>todos</em>. Es la vía por la cual el sujeto aislado se consuela en su soledad hasta el momento en que lo azota el pánico, momento en que, como señaló Freud, la falta de miramiento por el otro se vuelve fuente de una angustia insoportable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por último, sostendré que la opinión pública es el vehículo privilegiado para expandir la hostilidad. Suele hablarse del nivel de agresión o, como también se llama, del lenguaje de acción, que prevalece en las redes sociales o en portales periodísticos, y se lo atribuye a la impunidad que brinda el anonimato. Sin embargo, hay una razón adicional para este lenguaje de acción, a saber, la necesidad de compensar la ausencia física, esto es, la tentativa de crear una mayor intensidad como equivalente y sustituto del acercamiento físico. De hecho, no es sino en los medios o en las redes donde hoy asistimos a la ejecución pública de determinados personajes. Citemos nuevamente a Gabriel Tarde: <em>“Inventar un gran objeto de odio para uso del público, sigue siendo uno de los medios más seguros de convertirse en uno de los reyes del periodismo”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La distancia física conduce, entonces, a una exacerbación de la hostilidad como forma de figurar un acercamiento y, quizá esto permita entender por qué en la opinión pública cobran particular relieve las sospechas y la desconfianza.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a que se ha dicho que en las masas (de presencia física) se produce una regresión del pensamiento, creo que dicha regresión es más palpable en la opinión pública. En efecto, la repetición idéntica de frases y la generalización que proponen, evidencian una significativa homogenización así como un pensar carente de fundamentos y, no menos importante, una considerable cuota de hostilidad. Se promueve por esa vía una simplificación del pensar y se alienta una disminución de la exigencia de trabajo psíquico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>A modo de síntesis</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La opinión pública, entonces, como forma de agrupamiento pretende imponer una guillotina sobre nuestras memorias e identificaciones. Se alienta aquí y allá una independencia banal, una autonomía que carece de toda solidez, un individualismo que prescinde de toda solidaridad. Desde este aggiornado panóptico se ataca toda pertenencia cual si fuera el signo indudable de la mayor corrupción, se reprocha toda dependencia porque ésta, precisamente, es evidente indicio de identificaciones y memorias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Resulta notable que, sin mediaciones, al sujeto que se referencia con un grupo se le diga que se ha quedado en el pasado. <em>Ser miembro de</em>, pues, es la prueba de sus dos delitos: se <em>identifica con</em> y tiene <em>memoria</em>. El acusado, entonces, es expulsado sin mora hacia el submundo de la barbarie, es enviado fuera del reino de la civilización de los autónomos. Sentirse incluido en un colectivo, agrupado en el reconocimiento de un líder es, curiosamente, sinónimo de fanatismo, pese a que aquella posición no supone homogeneidad alguna. Más aun, memoria e identificación, y agreguemos ligazones libidinales, no son antagónicas con la pluralidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El pensamiento crítico ha sido injuriado pues a quien piensa se le advierte <em>no aprendas del otro porque te va a influir</em>, <em>porque</em> <em>corrés el riesgo de identificarte</em>. Es la hegemonía de un modelo cultural que califica como buena la ausencia de dependencias o filiaciones. Dicho de otro modo, toda dependencia manifiesta será sospechada de infecciosa, fanática o corrupta.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 13 de mayo de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>* Doctor en Psicología. Psicoanalista. Coordinador del Grupo de Investigación en Psicoanálisis y Política de la AEAPG.</em></span></p>
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		<title>Aborto: Legislar sobre el dolor &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Jul 2018 22:52:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[despenalización]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[legalización]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sebastián Plut profundiza en esta nota sobre la problemática del aborto y el debate que atraviesa a la sociedad. Plut sostiene que nadie que apoye la legalización del aborto lo visualiza como un desenlace feliz sino que se trata de qué hacer frente a un problema de salud pública, y de cómo legislar sobre el dolor.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Sebastián Plut profundiza en esta nota sobre la problemática del aborto y el debate que atraviesa a la sociedad. Plut sostiene que nadie que apoye la legalización del aborto lo visualiza como un desenlace feliz sino que se trata de qué hacer frente a un problema de salud pública, y de cómo legislar sobre el dolor.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay diversas hipótesis freudianas que suelo tener en cuenta en mis investigaciones sobre las categorías psicoanalíticas pertinentes para pensar la política. Creo que varias de tales referencias son útiles, también, para pensar el problema del aborto y, específicamente, el debate sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ejemplo, Freud sostuvo que <em>“dada la lentitud de las personas que guían la sociedad no suele quedar otro remedio para corregir esas leyes inadecuadas que el de infringirlas a sabiendas”</em>. <a style="color: #000000;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> Tiempo después, destacó <em>“la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre los hombres en la familia, el Estado y la sociedad”</em>. <a style="color: #000000;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La primera cita alude al problema de la temporalidad de las leyes, es decir, éstas siempre resultan tardías respecto de la realidad, de modo que ciertas infracciones constituyen más un empujón para el cambio legislativo que un propósito transgresor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por su parte, la segunda referencia exhibe las limitaciones de todo código normativo o, dicho de otro modo, éste nunca logra comprender o abarcar en su totalidad toda la trama de conflictos y necesidades humanas. Agreguemos que al hablar sobre la mencionada insuficiencia, Freud destacó que el mayor problema es que nos negamos a admitirla, esto es, pretendemos creer que las leyes permiten expresar y resolver todas las tensiones posibles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la luz de estas hipótesis, entonces, me referiré en lo que sigue a la problemática del aborto y, sobre todo, al debate que, en estos últimos meses, atraviesa a la sociedad en su conjunto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Debatir sobre el aborto</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque ni el problema del aborto ni el debate en torno de él constituyan fenómenos nuevos, resultó un hecho muy significativo el tratamiento parlamentario –con la participación de diferentes ciudadanos y organizaciones- que permitió discutir –y eventualmente legislar- sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE)<a style="color: #000000;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. La masividad de ciudadanos que, además, se convocaron en la zona del Congreso Nacional –especialmente mujeres jóvenes- así como las posiciones que exhibieron los legisladores, puso de manifiesto que el problema del aborto constituye un asunto transversal. En efecto, si bien en proporciones diferentes, al interior de cada fuerza política hubo votos a favor y en contra de la legalización.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si en sí mismo el tema embarazo-aborto tiene todo el espesor necesario para ubicarlo en una posición prioritaria de la agenda política y social, de inmediato se anuda con otros tópicos que, ineludiblemente, se cruzan con aquél.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En efecto, en el mismo instante que nos proponemos la discusión sobre la IVE, nos hallamos con la necesidad de reflexionar sobre la violencia de género, la vulnerabilidad de las mujeres, la relación entre Estado y religión, el posible desacierto de la participación del derecho penal cuando se trata de un problema de salud pública, entre otros tantos asuntos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A su vez, y en un marco más amplio, es posible detectar dos cuestiones que, sin ser específicas de la discusión sobre la IVE, cobran en ella un particular relieve. Una de tales cuestiones es la argumentación, si se quiere, la calidad de la argumentación. Entre las múltiples afirmaciones que se expresaron podemos observar que muchas de ellas no poseen consistencia ni encadenamientos lógicos, carecen de la coherencia necesaria y, por lo tanto, no resultan concluyentes. Algunas, pues, son solo apelaciones emocionales, eslóganes sin fundamento, prejuicios y creencias singulares, y ello sin mencionar los mensajes injuriosos o las agresiones y descalificaciones de todo tipo. Asimismo, importa también considerar qué define la pertinencia de un argumento en este terreno, ya que tratándose de un asunto público no todo pensamiento tiene su lugar en el debate.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La segunda cuestión concierne al diálogo o, más aun, a sus límites. Es un lugar común, creo, encomiar las virtudes del diálogo y la construcción de acuerdos y consensos, y no podemos sino sumarnos a tal entusiasmo. Sin embargo, también nos vemos llevados a destacar los límites inevitables del diálogo, a señalar su insalvable insuficiencia, ya que no solo nuestras pasiones matizan siempre nuestra ilusionada racionalidad sino que, además, reconocemos la irreductibilidad (o la inconmensurabilidad) de las argumentaciones contrapuestas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por mi parte, considero que con todas las bondades que tienen el diálogo y las afinidades, más relevante resulta el trabajo de pensamiento y profundización sobre los argumentos propios y ajenos. Esto es, luego de los esfuerzos por buscar coincidencias, será central fundamentar con claridad y consistencia por qué uno está a favor (o en contra) y, por otro lado, intentar comprender las razones de quienes se oponen. Solo esto último es lo que abrirá algún intercambio posible con quienes se encuentren en la perspectiva opuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En síntesis, encaramos la exposición de nuestras conjeturas teniendo en cuenta la amplitud de los problemas implicados, la importancia de desarrollar ideas que tengan algún grado de solidez y con la conciencia de saber que la voluntad de hallar afinidades no escapa a la admisión de diferencias que, sí o sí, matizan aquella voluntad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Legislar sobre el dolor</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a las acusaciones de quienes se oponen a la despenalización, nadie que apoye esta última considera el aborto como un desenlace feliz, grato. Se trata, más bien, de qué hacer frente a una realidad insoslayable, qué hacer frente a un dramático problema de salud pública, cómo pensar la realidad y la sociedad por fuera de la criminalización y, sobre todo, cómo, por fin, darle cabida a la decisión de las mujeres sobre sus propios cuerpos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vuelvo sobre lo recién mencionado, que el aborto nunca es un desenlace feliz. Mientras quienes pretenden mantener la prohibición del aborto insisten en consignas e imágenes sobre la belleza de la maternidad, sobre la felicidad del parir, es posible que constituya un inapreciable aprendizaje –social y singular- asumir que el éxito no siempre es la meta, que “tener ganas” (de tener un hijo, por ejemplo) no siempre es un objetivo, que la vida no puede nunca reducirse a un programa banal sobre la felicidad. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Podemos sintetizar cuatro grandes argumentos que presentaron quienes buscan la legalización del aborto: a) que prohibidos o no, los abortos se realizan igual; b) que las mujeres pobres mueren al tener que realizarlos de forma clandestina y precaria; c) que las mujeres tienen derecho a decidir sobre sus cuerpos; d) que nada indica que una mujer sí o sí debe desear ser madre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quiero, ahora, centrarme en el cuarto argumento, que las mujeres no tienen por qué desear ser madres. No es necesario recordar aquí el peso que tiene la expectativa social sobre las mujeres en cuanto a la maternidad, o bien lo difícil que resulta aceptar que una mujer muestre su rechazo o su desinterés a ese proyecto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que esta ley, entonces, nos enseñará una distinción fundamental, la diferencia entre “no tener ganas” y el “desgano”. La lógica neoliberal exige una motivación permanente, un esfuerzo constante que no hace sino encubrir el desgano, la desvitalización, que al mismo tiempo resulta de ello. Aquella lógica no admite que el sujeto “no tenga ganas” cuando se trata de mandatos e imperativos que considera naturales, obvios. Entre ellos, el éxito, la riqueza y, por qué no, la maternidad. Es por ello que aceptar como posible el “no tener ganas” indudablemente será un aprendizaje significativo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Despenalizar el aborto es legalizar el dolor, ya que dicha ley representará la mencionada decepción para muchos, mientras que para otros tantos será la posibilidad de atravesar sin clandestinidad una dolorosa experiencia. Hagamos realidad, entonces, aquello con lo cual nos llenamos la boca tan frecuentemente, esto es, que el aprendizaje es dolor y no tanto una banal y ficticia felicidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La legalización del aborto –si bien, al momento en que escribo estas líneas aún falta la resolución de los senadores- se inscribe en una tradición de la que también forman parte el voto femenino, el divorcio y el matrimonio igualitario. Claro que el caso actual presenta una diferencia, pues en ninguno de los otros tres casos la práctica no habilitada por la ley constituía un delito. En este sentido, y algo de ello comenté al inicio, es interesante el proceso según el cual un problema social deja de ser pensado desde la perspectiva del Derecho Penal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho proceso es correlativo de una sociedad más plural, de una sociedad menos excluyente y no necesariamente porque a partir de la legalización del aborto haya más o menos personas a favor de ella. Las leyes, sabemos, siempre son insuficientes, nunca un sistema legal es absoluto u omnipotente en la resolución de los conflictos y, por ello mismo, difícilmente pueda representarnos a todos. Ninguna sociedad es homogénea, ni siquiera pequeños agrupamientos o instituciones lo son. Por el contrario, la diversidad de deseos, de principios, de tradiciones, de expectativas, etc., es la característica propia del conjunto social y por tal motivo no es esperable que una ley pueda representarnos a todos por igual. Dicho de otro modo, el “todos” es una ilusión, al menos si anhelamos su existencia bajo la premisa de la homogeneidad. Ni la prohibición del aborto ni su legalización podrán ser representativas de todos, pese a lo cual es posible marcar una diferencia entre una y otra situación. Si no se despenaliza el aborto, se impone un todos homogéneo, a costa de una de las partes. En cambio, si se legaliza la interrupción voluntaria del embarazo, se procede a la construcción de un todos heterogéneo. En este último, caso, pues, la ley no representará a todos, no obstante sí le da cabida al todos, en tanto, como se dijo una y mil veces, nadie queda obligado a abortar. Por el contrario, si se mantiene la prohibición, la ley tampoco representa al todos, aunque en este caso no todos tienen cabida. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es esta una de las cuestiones relevantes de la legalización, la asunción social de una universalidad imposible, universalidad que, cuando se pretende posible, desde ya no es más que una ilusión en tanto, de inmediato, crea una marginalidad, un terreno de criminalización y muerte<a style="color: #000000;" href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Si se despenaliza el aborto, desde ya que se impide tal ilusión y, por lo tanto, una posible decepción para una parte de la sociedad. La prohibición del aborto, por tanto, se erige como una ley absoluta, mientras que su legalización pone de manifiesto con mayor claridad la inevitable insuficiencia de todo código normativo. Legalizar el aborto, entonces, es un paso más en el largo camino, más bien interminable, de la asunción de nuestra sustancial imposibilidad de concordar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Se crearán problemas a partir de la legalización? Sí, desde ya que se crearán nuevos problemas, nuevas complejidades, pero si no se legaliza se conservarán viejos problemas que siempre quedarán irresueltos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 7 de julio de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Freud, S.; (1926) <em>¿Pueden los legos ejercer el análisis?</em>, Vol. XX, Obras Completas, Amorrortu Editores, pág. 221.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Freud, S.; (1930) <em>El malestar en la cultura</em>, Vol. XXI, Obras Completas, Amorrortu Editores, pág. 85.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> El debate en el Congreso de la Nación comenzó en Junio de 2018, si bien durante unos meses antes los legisladores pudieron escuchar las posiciones de diferentes juristas, artistas, psicólogos, estudiantes, etc., que fueron a exponer ante aquéllos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Durante los días del debate, la Vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, expresando la voz de la mencionada pretensión universalista de quienes se oponen a la legalización del aborto, sostuvo que <em>“todos pasamos por ser embriones”</em>.</span></p>
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		<title>De cerca nadie es normal &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Sep 2018 20:51:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Mentiras]]></category>
		<category><![CDATA[normalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sebastián Plut reflexiona en esta nota sobre la normalidad en la política en tiempos de macrismo. Plut sostiene que todo aquello que no sea Cambiemos recibirá el mote de anormalidad. Si de cerca nadie es normal, la característica de un Presidente normal es su ausencia, su lejanía y su indiferencia. El discurso comunicacional del gobierno despliega una versión renovada del mentir diciendo la verdad, es decir, entender la verdad como el hecho de exponer que se ha mentido. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/de-cerca-nadie-es-normal-por-sebastian-plut/">De cerca nadie es normal &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Sebastián Plut reflexiona en esta nota sobre la normalidad en la política en tiempos de macrismo. Plut sostiene que todo aquello que no sea Cambiemos recibirá el mote de anormalidad. Si de cerca nadie es normal, la característica de un Presidente normal es su ausencia, su lejanía y su indiferencia. El discurso comunicacional del gobierno </em></strong><strong><em>despliega una versión renovada del mentir diciendo la verdad, es decir, entender la verdad como el hecho de exponer que se ha mentido. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(para La Tecl@ Eñe)</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>“De cerca nadie es normal”</em> dice, hace décadas, Caetano Veloso en su canción “Vaca profana”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y resulta curioso que pese a que repetimos aquí y allá esa frase, o a la infinidad de reflexiones sobre la ficción que entraña la idea de normalidad, seguimos pensando desde esa perspectiva: algo nos empuja a creer que podemos mirar el mundo desde ahí, desde la normalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si como decía Terencio, <em>“nada de lo humano me es ajeno”</em>, podríamos agregar, “nada de lo humano es normal”. El modo humano de vivir es la psicopatología, y tal vez ese sea uno de los hallazgos del psicoanálisis que mayor afrenta produjo al narcisismo de los seres hablantes, más aún que haber descubierto que somos portadores de un no saber sobre nosotros mismos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que nuestro modo de vivir sea la psicopatología no es ni más ni menos que asumir lo inevitable de nuestro sufrimiento, nuestra infaltable compulsión a la repetición, e incluso, nuestra más absurda ingenuidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por caso, si cuestionamos el paradigma heteronormativo, no será tanto para agrupar otras vincularidades eróticas bajo el paraguas de la normalidad, sino más bien para incorporar a la heterosexualidad en el campo en el que sí o sí se desarrolla, la psicopatología. O también, si nos proponemos <em>despatologizar</em> la infancia es solo una operación consistente en repudiar el uso moral de la psicopatología, o bien su empleo a los fines estigmatizantes por medio de etiquetas excluyentes y expulsivas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y por último, si los psicoanalistas tenemos como premisa recostarnos en el diván, paso extenso e ineludible para nuestra práctica, no es meramente por hacer un cursillo práctico de psicoterapia sino, precisamente, porque como cualquier mortal, nuestro masoquismo también dice presente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Espero que el lector no se haya aburrido con esta breve introducción y haya intuido que no lo sumergiré en tediosas conjeturas sobre la clínica ni en debates trasnochados sobre lo que ocurre al interior de los consultorios freudianos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada de ello. Mi intención, más bien, es reflexionar sobre la <em>normalidad</em> en la política.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace un tiempo, un sujeto me explicaba por qué votó a Mauricio Macri. Él decía: <em>“A mí lo que me gusta de Macri es que es un tipo normal. No es un líder mesiánico. Si el tipo se equivoca, lo reconoce”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Asumo, por lo que escuché en tantas otras ocasiones, que muchos de los votantes de Cambiemos suponen algo parecido. Ven en Macri –y en los actuales funcionarios en general- algo que denominan <em>normal</em>, ven un personaje que no sería un líder mesiánico, aunque bien haríamos en preguntarles si efectivamente saben en qué consiste ese tipo de liderazgo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué se deriva, entonces, de esta atribución de normalidad a Mauricio Macri?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Creo que, cuanto menos, podemos extraer de allí dos consecuencias. La primera, y quizá más evidente, es que todo aquello que no sea <em>Cambiemos</em> recibirá el mote de anormalidad, esto es, de patología en el peor de los sentidos en que pueda utilizarse este término. Notemos que dada la imposibilidad de omitir al Peronismo –al menos a una parte de él- como interlocutor, debieron crear el extraño eufemismo de “peronismo racional”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La segunda consecuencia que resulta de aquella apreciación, y aquí se entenderá mi introducción, es que se percibe en Macri algo que no existe. Es decir, no se trata de debatir si el Presidente es o no un sujeto normal; se trata, pues, de subrayar que se dice de él algo que ni él ni nadie puede ser.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si por un momento nos olvidamos del hambre y de la violencia institucional que produce el actual gobierno, es posible detectar que uno de los daños más profundos que intenta provocar sea la destrucción del lenguaje.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No alcanza con identificar las mentiras en su discurso, sino que los funcionarios –y por añadidura sus votantes- han dado un paso más. En efecto, cuando un sujeto miente, si bien no dice la verdad, al menos estará diciendo algo que <em>podría ser</em>. En cambio, el discurso que hoy prevalece en el poder reúne un conjunto de frases que vacían por completo el lenguaje; que afectan todo nexo posible con un referente. Un ejemplo reciente lo escuchamos en boca de la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, cuando luego de no encontrar containers enterrados en la Patagonia, afirmó que había pozos con forma de caja fuerte. O sea, allí donde no hay nada –un pozo- deberíamos pensar que hay algo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada de lo que hoy sucede en nuestro país sería consecuencia de las decisiones que tomó el Gobierno. Ni sus funcionarios, ni sus votantes, asumen o argumentan a favor de lo que hacen. Solo hablan de la presunta corrupción del gobierno anterior; y nada dicen de las medidas que tomaron desde el primer día. Cuando uno escucha por ejemplo a sus votantes, y espera recibir un argumento sobre por qué apoyan tal o cual medida, parece como si el Gobierno hubiera venido a no hacer nada, cual si solo estuvieran para no robar y no hubieran tomado decisión alguna.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La retórica oficialista, entonces, impone una brutal creencia, la de la política como un pozo vacío que tendría forma de no se sabe qué.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sería todo un desafío, casi digno de un <em>reality show</em>, encontrar algún funcionario que, mientras explica en algún programa de televisión lo que hace el Gobierno, no mencione sus tres frases mágicas: <em>“ponernos de acuerdo”</em>, <em>“sentarnos en una mesa de diálogo”</em> y <em>“siempre decimos la verdad”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuevamente, podemos aquí desprender dos líneas de conjeturas. Una, respecto de cuánto hay de cierto en que el Gobierno dialoga, dice la verdad y busca acuerdos; y estimo que sin dificultad concluiríamos en todo lo contrario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, advierto que más fecunda aun es la segunda orientación que podemos escoger: el Gobierno pretende imponer como <em>política</em> algo que ésta nunca podrá ser, pues la política es, sobre todo, desacuerdo, conflicto, antagonismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El <em>consenso</em>, vocablo que –como el de normalidad- resulta tan atractivo como falso, es el nombre que el neoliberalismo tiene para la democracia. Sin embargo, por más deseable que sea, el consenso es la negación de la objeción, de la diversidad, de los desacuerdos; es la desestimación del carácter irreductible de los antagonismos. Nada hay de violencia en los antagonismos, al contrario, el antagonismo es la transformación de la violencia en tanto le da vías de figurabilidad, expresión y resolución. La violencia, entonces, se despliega cuando prevalece la tendencia a sofocar o invisibilizar los antagonismos. En suma, el consenso, entonces, es el nombre de la violenta democracia neoliberal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Antes de pasar al siguiente apartado rescatemos una conclusión adicional. Si de cerca nadie es normal y, agreguemos, lo normal no existe, la característica de un Presidente <em>normal</em> es su ausencia, su lejanía y su indiferencia.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La normalidad desquiciante</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La frase <em>“Macri es millonario, no necesita robar”</em>, que se instaló desde los orígenes de Cambiemos, es un ejemplo elocuente de lo que deseo exponer. Si alguien dijera que “Macri roba”, efectivamente se trataría de una afirmación sujeta a verificación (por ejemplo, si hay o no una denuncia al respecto, si se comprueba o no un ilícito, etc.). Es decir, tanto la opción “no roba” como la contraria, serían verosímiles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muy diferente es el caso de la expresión consignada previamente, ya que carece de toda lógica: nada dice la magnitud del patrimonio de un sujeto sobre su honestidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y no me refiero aquí al problema sobre cómo su familia construyó su fortuna, sino sencillamente al tipo de pensamiento que por esa vía se impone: instalar una idea que no guarda ningún nexo ni con la lógica ni con los hechos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al igual que con la idea de <em>normalidad</em>, hay un ejercicio discursivo que busca desquiciar la mente de quien lo escucha, sobre todo de quien tiende a adherir a esas ideas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como ya mencioné, la complejidad de esta trama retórica no se reduce a un conjunto de posibles mentiras, sino más bien a ese discurso que –como en el ejemplo citado párrafos más arriba- pretende hacer creer que donde hay un vacío (un pozo) habría una caja fuerte.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si bien esperaríamos que el periodismo sea más o menos objetivo, sabemos que cuando un medio es oficialista tenderá a ocultar o minimizar una información negativa. Por ejemplo, si aumenta el desempleo, es posible que los periodistas afines al gobierno omitan o relativicen ese dato, o bien que busquen explicarlo por causas ajenas a las decisiones oficiales. ¿Pero cómo pensar que un diario aluda a las bondades de quedarse sin trabajo? Vemos allí no solo una intención de ocultamiento sino, sobre todo, una tergiversación del pensar de sus lectores, en tanto ya no se trata de tapar lo malo, sino de llamar bueno a lo que claramente es malo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo similar podemos conjeturar se esconde en la <em>retórica del error</em>, en esa exhibición casi impúdica de los presuntos desaciertos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace un tiempo circularon imágenes de Mauricio Macri viajando en un colectivo junto a un grupo de vecinos. De inmediato, se conocieron más imágenes que evidenciaron que se trató de una puesta en escena.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.elancasti.com.ar/u/fotografias/fotosnoticias/2018/9/3/146938.jpg" alt="Resultado de imagen para vidal y la taza cambiada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No fue éste el único episodio del  Gobierno que se ha hecho público en que se muestra una escena falsa y, casi en simultáneo, se evidencia la mentira. Baste recordar, por ejemplo, que hace pocas semanas se viralizó un video en el que María Eugenia Vidal estaría hablando con una vecina, sobre problemas de inseguridad, y súbitamente cambia la taza que tenía en su mesa. Dado que el Gobierno Nacional pone un excesivo empeño en su comunicación, que tiene un especial cuidado por el modo en que se muestra a los ciudadanos, que tiene numerosos equipos profesionales que trabajan en ello, no resulta verosímil suponer –por ejemplo, con la escena del colectivo- que “nos quisieron mentir pero los descubrieron”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestra hipótesis, entonces, es que hay allí una lógica implícita, pensada y puesta en práctica por el gobierno y algunos medios y que, a su vez, impregna la mente de muchos ciudadanos, probablemente adherentes al gobierno. Dicha lógica incluye mentir y mostrar que se miente. Claro está que, insistimos, se trata de una hipótesis y aun nos resta comprender su posible finalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin duda que hay ocultamientos y, a su vez, <em>cortinas de humo</em> para que una parte de la población hable de determinados temas como si fueran relevantes, mientras pasan cosas mucho más graves. No obstante, consideramos que además del ocultamiento este tipo de comunicación persigue la meta de <em>confundir</em> o <em>desquiciar</em> el pensamiento de la población.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recordemos que una palabra recurrentemente utilizada por el Gobierno es <em>“sinceramiento”</em>, constituida ya en uno de sus eslóganes, y que más allá del deber moral de decir la verdad no podemos desconocer que resulta llamativa la insistente apelación a dicho deber. Creemos, entonces, que esa expresión forma parte de una compleja estrategia comunicacional: a) decimos hasta al hartazgo que somos sinceros; b) nos diferenciamos de los grandes mentirosos que gobernaron hasta hace poco tiempo; c) mentimos recurrentemente; d) mostramos públicamente que hemos mentido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué metas podrán perseguir de tal modo? Seguramente más de una y suponen considerar destinatarios diversos: a) que algunos crean la mentira sin más; b) que algunos se entretengan bajo la ilusión de “haber descubierto al Gobierno”; c) crear una suerte de estado confusional o de alteración del pensamiento; d) mostrarse como “malos mentirosos”, algo así como que se podría confiar en ellos porque cuando mienten se deschavan fácilmente (la extravagante frase subyacente podría ser “mienten pero son sinceros”); e) desplegar una versión renovada del mentir diciendo la verdad (acá “la verdad” debe entenderse como el hecho de exponer que se ha mentido).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible, a su vez, que en el destinatario de la mentira se dé el siguiente proceso: si bien es indignante advertir que a uno le han mentido, es más doloroso admitir que uno ha creído lo que debiera ser imposible de creer. El votante, pues, preferirá seguir creyendo (desmintiendo) antes que asumir su horrorosa ingenuidad/credulidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En suma, hay un votante que pide que le mientan y, luego, se esfuerza en sostener su creencia, por lo cual se ve llevado a encontrar argumentos que refuercen el mecanismo de defensa antes mencionado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Queda aun por descubrir cuáles son los factores subyacentes al pedido de una ficción, por qué razones un conjunto de ciudadanos requieren de la mentira. Por el momento, solo podemos decir que la fascinación provocada por el discurso de quien desmiente encubre la identificación reprimida con el deseo vindicatorio y con la ilusión de omnipotencia del mentiroso.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Breve cierre</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El relator de <em>El Aleph</em>, el cuento de Borges, decía: <em>“Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme”</em>. Hoy debemos asumir, como una tarea política fundamental, ayudar a los Carlos para que sepan que están locos y no necesiten matarnos.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 21 de septiembre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista.</span></p>
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		<title>Escenas del Neoliber-abismo &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Oct 2018 23:09:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Bolsonaro]]></category>
		<category><![CDATA[deuda externa]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
		<category><![CDATA[pesada herencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sebastián Plut plantea en esta nota una pregunta fundamental para comprender la escena colectiva de nuestro tiempo: ¿Cómo logra el neoliberalismo no solo lanzar pueblos enteros al abismo, sino que estos mismos se arrojen al vacío casi gozosamente?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/escenas-del-neoliber-abismo-por-sebastian-plut/">Escenas del Neoliber-abismo &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Sebastián Plut plantea en esta nota una pregunta fundamental para comprender la escena colectiva de nuestro tiempo: ¿Cómo logra el neoliberalismo no solo lanzar pueblos enteros al abismo, sino que estos mismos se arrojen al vacío casi gozosamente?</em></strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut *</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>I-</strong> Aunque nos resistamos a perder la modesta esperanza que aun resta, no deja de producirnos horror que casi un 50% del electorado brasileño haya votado por Jair Bolsonaro. Un personaje que ostenta violencia, racismo y misoginia, fue escogido por millones de personas cuyas vidas inevitablemente serán dañadas por él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En paralelo, y con algo más de calma, echamos mano de nuestras ciencias y entendemos que la carga afectiva depositada en Lula no se transfiere, sin más, a su reemplazante. Ya lo sabíamos: el líder es imprescindible y no se construye de inmediato.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>II-</strong> En 1932 Einstein le preguntó a Freud sobre lo que aquél llamó <em>psicosis colectiva</em>: <em>“¿Cómo es posible que esta pequeña camarilla someta al servicio de sus ambiciones la voluntad de la mayoría?”</em> Y luego agregó otro interrogante: <em>“¿Cómo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida?”</em> (1).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Cómo logra, hoy, el neoliberalismo no solo lanzar pueblos enteros al abismo, sino que estos mismos se arrojen al vacío casi gozosamente?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III.</strong> Minar liderazgos. El caso particular se traduce como persecución, pero el agregado, la sumatoria de nombres propios que se procuran anular, de adjetivos descalificadores que se pretenden periodísticos y, luego, los incautos reproducen, busca algo mayor: aniquilar la significativa red política que se expande y contagia tras cada acontecimiento llamado <em>líder</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>IV-</strong> Se lanzan disparos icónicos sobre aparentes turbas desquiciadas, irracionales; y así imponen el argumento: <em>“son fanáticos”</em>. Hasta se autorizan al regocijo de que ya no tengamos <em>“un líder mesiánico”</em>, pese a que desconocen cuales serían los atributos de este último. O quizá, ignorar el concepto permite imaginar que lo hubo y que por fortuna ya es pasado.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>V-</strong> Freud describe una amenaza para la sociedad, la <em>“miseria psicológica de la masa”</em>. Dice: <em>“Este peligro amenaza sobre todo donde la ligazón social se establece principalmente por identificación recíproca entre los participantes, al par que individualidades conductoras no alcanzan la significación que les correspondería en la formación de masa”</em> (2). Su desenlace, inevitable, será el desamparo de aquellos que, unidos por el odio, no son más que un puñado de individuos dispersos abandonados por el conductor que nunca fue tal.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>VI-</strong> El acontecimiento <em>líder</em> no es predecible, aunque probablemente nunca sea pura contingencia. Tampoco es, el líder, un sujeto; es, más bien, una representación que lo articula con un colectivo cuyos miembros no dejan de ser sujetos singulares, referenciados todos en un inventario de ideales. Que el todo sea más que la suma de las partes, no elimina la potencia de ellas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VII.</strong> Como en el cuento de H. Ch. Andersen se puede elogiar al rey desnudo y, por qué no, con similares recursos se lo hace odiar. Parece sencillo: se lo viste con imaginarios ropajes, con atributos inexistentes pero que muchos dicen ver. Quien no ve tales vestidos, nos dice el autor, es inepto y estúpido. Algunos, lo denominan <em>opinión pública</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VIII.</strong> Es una operación de desarticulación, de fractura de un tejido sensible, de supresión de múltiples fajinas libidinales: con quien funge de líder, de los sujetos entre sí, de un <em>todos</em> plural y heterogéneo. Su consecuencia, otro abismo, Freud lo llamó <em>pánico</em>.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>IX</strong>&#8211; Hace casi 12 años el mismo grupo político gobierna la Ciudad de Buenos Aires. Sus aislados votantes, los <em>vecinos</em>, no atinan a reclamar <em>alternancia</em>. ¿Por qué? Tal vez porque sienten que nadie los gobierna y, con ello, toman por paz la soledad del abismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" src="https://manualdedesinstrucciones.files.wordpress.com/2016/02/son-todas-eva.jpg?w=1400&amp;h=400&amp;crop=1" alt="Resultado de imagen para mauricio nizzero" /></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ilustración: Mauricio Nizzero</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>X-</strong> El amor propio de la humanidad, dijo Freud, fue afrentado de tres maneras, una de ellas por Charles Darwin cuyos descubrimientos refutaron la siguiente ilusión: <em>“En el curso de su desarrollo cultural, el hombre se erigió en el amo de sus semejantes animales. Más no conforme con este predominio, empezó a interponer un abismo entre ellos y su propio ser”</em> (3).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Prevalecer sobre otros e interponer un abismo con ellos, son dos operaciones que el amo neoliberal ejecuta también con sus semejantes humanos. Pretende, así, desestimar el lazo con el otro, el otro del trabajo, de la política, de la patria e incluso de la especie humana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Enorme valorizador de historias y memorias, Freud conjugó las historias y memorias singulares, familiares, colectivas y también de la especie. Quizá por eso indicó que si admitimos la herencia de la especie, “<em>habremos tendido un puente sobre el abismo entre psicología individual y de las masas”</em> (4). Sí, un puente sobre el abismo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>XI-</strong> Si el telón de fondo del sintagma <em>“pesada herencia”</em> es algún opaco anecdotario de Mauricio Macri con su propio padre, quizá importe poco. Cual fábula, la pesada herencia condensa con ominosa simplicidad el repertorio de ficciones estigmatizantes, de justificaciones expulsivas y excluyentes. Con el paso del tiempo y el peso de un sinceramiento incontenible, aquel eufemismo se aclaró en boca del propio Presidente, quien no vaciló al recomendar <em>“aislar”</em> el <em>“veneno social”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Funcionarios y ciudadanos recitan, cual evangelistas combatiendo al demonio, que los K son corruptos, los laboralistas mafiosos, los desocupados vagos, los pueblos originarios terroristas, los inmigrantes ilegales, los discapacitados truchos y los DD.HH. un curro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El otro, lo colectivo y el pasado son los nombres que cobijan a los personajes que el aglomerado neoliberal pretende incluir en su amañada historia de la infamia. El aislamiento sugerido es, pues, otro abismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XII.</strong> El <em>individualismo</em>, la <em>meritocracia</em> y, luego veremos, la <em>deuda</em>, son las tres precarias aldabas que le quedan al sujeto para llamar a la puerta de un mundo que lo va aislando y despojando cada día. Sacrificarse más y más en su encierro, solo para convocar a un voraz acreedor, es la soga que –cree- lo salva de caer al abismo mientras se le enreda en el cuello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIII.</strong> Creemos que alertando a los votantes neoliberales sobre la maldad de sus candidatos, aquellos revisarán su preferencia política. Quizá omitimos, en ese propósito, que eso mismo que denunciamos es lo que ellos buscan, pues no terminamos de admitir que anhelan el gobierno de la crueldad. Acaso tengamos más suerte si subrayamos los deletéreos y abismales efectos de la torpeza y de los errores, pues son esos los <em>defectos</em> que sí aceptan reconocer en sus referentes.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIV.</strong> <em>“Sentir que no tenemos carencias puede llenar un vacío emocional”</em> afirmó Hustvedt lúcidamente (5). Extrañados del otro, de lo colectivo y del pasado, el vacío emocional hace su metástasis. El sujeto acaso descubra que su vivencia de insignificancia y su dolor no se revierten en la soledad de sus graves e infecundos empeños. Pero algo lo sustrae de ese estado: tiene deudas. Y entonces siente, aunque más no sea durante el tiempo de un susurro, que no tiene carencias. El vértigo de la caída aun está detrás de la puerta, pues el individuo se aferra a la cuerda de las deudas.</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>XV-</strong> Endeudarse, entonces, se acepta como proyecto mortífero y se razona como corolario de una fiesta que no fue, como espejismo que afirma que no hubo herencia que recibir, más que su pesadez. Endeudarse, pues, es el signo del abismo con lo que fue, y del abismo con los que vendrán a quienes no podremos dejarle herencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XVI.</strong> Un letargo invade millones de conciencias, un letargo que pretende borrar recuerdos e identificaciones. El cambio que anunciaron, lo nuevo que vendría, quiere alucinar un pasado muerto, que no es lo mismo que los muertos de nuestro pasado. Si el pasado en sí mismo está muerto, es porque pretenden, tras la pervertida alegría, que así nos sintamos: muertos, aletargados. La deuda devendrá, y la jerga popular lo enseña, en denodados esfuerzos por <em>levantar el muerto</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XVII.</strong> Inocularon fantasmas de todo tipo, despabilaron angustias caóticas. Nos acusaron de vivir una <em>fiesta</em> y de haber <em>creído</em> que podíamos lo que nunca debimos poder. Y ahora, tantos creen eso, tantos lo incorporan, que aprueban, por una enigmática necesidad de castigo, saltar al abismo. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XVIII.</strong> La parálisis se va expandiendo. El Gobierno pide crédito; al mundo, crédito en dinero, al pueblo, crédito como creencia. Del primero, seremos deudores <em>ad infinitum</em>; del segundo, poseedores de una acreencia que nadie saldará. Ese momento, quizá sea el fondo del abismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIX.</strong> <em>“No se piensa de buena gana en molinos de tan lenta molienda que uno podría morirse de hambre antes de recibir la harina”</em>, sentencia Freud (6). Dicho de otro modo, es de la más absoluta necedad pedirle paciencia al hambre. No es verosímil esperar que los arrojados al abismo no griten.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XX-</strong> También el padre del psicoanálisis consignó que el <em>trabajo</em> es de las vías que más liga al sujeto a la realidad y lo inserta en la comunidad (7). Quedar enajenados de la realidad y soltados de la comunidad humana es el producto de la desocupación. Otro abismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Sinteticemos</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El neologismo <em>neoliber-abismo</em> constituye una condensación de lo que, en rigor, es indisociable: la cosmovisión política y económica neoliberal no es sin abismo. En efecto, cuando se busca suprimir los colectivos (que articulan múltiples singularidades), degradar los ideales, excluir al otro, abominar del pasado y de la solidaridad, exacerbar el individualismo deudor, arengar la crueldad, imponer el hambre y la desconexión con la realidad, no hay duda que al final del túnel solo hay un abismo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias: </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Freud S. y Einstein, A.; (1932) “¿Por qué la guerra?”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXII, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Freud, S.; (1930) “El malestar en la cultura”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXI, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Freud, S.; (1917) “Una dificultad del psicoanálisis”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XVII, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(4) Freud, S.; (1938) “Moisés y la religión monoteísta”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXIII, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(5) Hustvedt, S.; (2012) <em>Vivir, pensar, mirar</em>, Ed. Anagrama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(6) Freud S. y Einstein, A.; (1932) “¿Por qué la guerra?”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXII, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(7) Freud, S.; (1930) “El malestar en la cultura”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXI, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 16 de octubre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista</span></em></p>
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		<title>La ley suficientemente buena &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Nov 2018 22:57:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Lawfare]]></category>
		<category><![CDATA[Ley]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor de esta nota sostiene que la fortaleza de la ley será, sin duda, el modo en que ella misma represente la debilidad de quienes le dieron origen.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-ley-suficientemente-buena-por-sebastian-plut/">La ley suficientemente buena &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El autor de esta nota sostiene que la fortaleza de la ley será, sin duda, el modo en que ella misma represente la debilidad de quienes le dieron origen.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“Después se preguntan </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>por qué el gaucho apoyó a los caudillos. </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>El caudillo era el sindicato del gaucho”.</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Arturo Jauretche</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El Derecho Romano, con su cláusula <em>lex dura sed lex</em> (1), nos legó el valor de la objeción, del <em>pero</em>. Como suele suceder, los axiomas de esa índole, y pese a la firmeza de su enunciación, derivan en interpretaciones múltiples. Es la conjunción <em>pero</em> la que en este caso introduce el intersticio en el cual se asientan las lecturas disímiles. O acaso sea a la inversa y, entonces, dada la subjetividad –es decir, la diversidad- todo aforismo adquiere mayor riqueza cuanto más recoge y pronuncia la imposibilidad de univocidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para muchos, se dirá, aquella figura jurídica indica el carácter inapelable de la legislación; para otros, más bien, se trata de su alcance, de la abarcatividad de las normas (hasta los nobles deben someterse a ellas). Sin embargo, el nexo (pero) parece matizar, expandir o cuestionar la severidad de inicio: la ley es dura pero…</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aunque exista una suerte de consenso, genuino o aparente, que defiende el incuestionable amorío entre civilización y ley, nada impide afirmar sus límites, sus sombras, e incluso sugerir su inmodificable y parcial ineficacia. Y también, suscribir que todos somos iguales ante la ley, que todos estamos sujetos a ella y debemos adecuar nuestras conductas a sus prescripciones, no obsta para que nos preguntemos cuánto las leyes y lo que exigimos de ellas representan –y respetan- las legalidades psíquicas o, lo que es lo mismo, en qué medida  expresan válidamente nuestra humanidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Winnicott propuso la <em>madre suficientemente buena</em> para que podamos reconocer que, a diferencia de la madre perfecta (figura inexistente y al mismo tiempo perjudicial), solo aquélla se adapta a las necesidades del bebé al tiempo que presenta fallas en su función.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestro título (La ley suficientemente buena) recupera ese espíritu y abusando de cierto isomorfismo adjudicamos idénticas características a la ley: no logra perfección, si lo pretende se torna nociva, y su tarea es operar en función de las necesidades de aquellos a los que protege.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Asumimos, sin dudarlo, que las leyes intervienen bajo la forma de obligaciones, prohibiciones y, eventualmente, castigos, aunque en este punto retorna el “pero…”. En efecto, si priorizamos las garantías constitucionales y el Estado de Derecho, corresponde a un orden mayor valorar el plexo normativo en su función protectora más que prohibidora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El psicoanálisis no se pregunta tanto sobre el por qué de la violencia, a la cual reconoce como origen del derecho, como su antecesora, y también como factor constitutivo del psiquismo, estructura que, pese a lo que deseamos imaginar, está más gobernada por la ambivalencia amor-odio (y, agreguemos, la indiferencia) que por un universal pacifismo. Por ello, es que más que por sus causas el psicoanálisis se interroga sobre cómo hacer surgir algo diverso, cómo crear condiciones de ternura, identificación y comunidad entre los seres humanos, aun a sabiendas del carácter utópico o inacabado de tal propósito.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La violencia, sostuvo Freud, fue quebrantada por la <em>“unión de varios débiles”</em> y es el poder de esta unidad el que constituye el derecho como opuesto al poder del más fuerte, del único. El derecho, dice el autor, <em>“es el poder de una comunidad”</em> (2). Esta ley o justicia determina la medida en que el sujeto debe renunciar a su libertad personal de aplicar su propia fuerza como violencia. Claro que una vez dado este paso decisivo surgen nuevos problemas, por ejemplo, cómo hacer de esa creación algo duradero, objetivo que se complica toda vez que <em>“la comunidad incluye desde el comienzo elementos de poder desigual”</em>, esos <em>débiles</em> que mencionamos previamente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es decir, todo derecho tiene en su base la violencia de origen y se estructura como comunión de muchos, diferentes y débiles. El primer componente (violencia) deberá funcionar como advertencia para que la práctica judicial no lo espeje; el segundo componente (los rasgos de la comunidad) deberá contar como razón de interpretación y elección sobre qué debe contemplar cada fallo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Podemos plantear, entonces, tres premisas de base: a) no hay desarraigo posible de la violencia, b) la ley no logra recubrir todas las formas posibles de la violencia y c) la ley debe cuidarse de reproducir la misma violencia que está en su fundamento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La ley es dura, pero…</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuanto menos, hay cuatro legalidades que pueden resultar afectadas: la que nos impone no abusar injustamente del poder sobre el otro, la que nos exige no imponer afectos sobre el otro (habitualmente llamado <em>manipulación emocional</em>), la que requiere no perturbar el pensamiento del otro (aspecto estudiado como comunicación paradojal) y la que nos obliga a no intrusar el organismo o la economía del otro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De estas 4 dimensiones, nuestras leyes suelen frenar o sancionar sobre todo las acciones ligadas con la primera y la última: por ejemplo, si impedimos la voluntad o libertad de movimientos del otro (privación de la libertad, etc.) o bien si lastimamos su cuerpo o lo estafamos. Se advierte, pues, que las leyes nada suelen decir cuando solo se trata de una manipulación emocional o bien cuando confundimos la mente ajena y logramos que crea en lo que no debería creer, que confíe en frases que contradicen su propia percepción.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Singular y colectivamente afrontamos una triple fuente de exigencias: las que provienen de nuestros deseos y aspiraciones, las que se originan en nuestras obligaciones y tradiciones y, por último, las que se crean por las limitaciones y posibilidades que nos brinda la realidad. El modo en que conjuguemos tales interpelaciones, con la conciencia de que cada solución siempre será fragmentaria, transitoria e imperfecta, determinará el tipo e intensidad de la conflictividad así como también los caminos que hallemos para su resolución. En suma, el sabio consejo para nuestras expectativas es combinar la formulación abstracta de nuestras pretensiones con las limitaciones reales propias de nuestro mundo humano. En caso contrario, las teorías y enunciaciones genéricas que enarbolemos no distarán mucho de una apenas velada desconexión de la realidad:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">1) En diversas ocasiones destacamos la hipótesis freudiana sobre la inevitable insuficiencia de las leyes que regulan los intercambios intersubjetivos. Sin embargo, el problema humano allí es nuestra regular inclinación a negar dicha insuficiencia, y de allí derivan múltiples problemas, pues nos basamos en una perspectiva idealizada, irreal. Dicho de otro modo, la mayor prolijidad y detalle de un código normativo jamás podrá eliminar el ejercicio de interpretación, elección y decisión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">2) Cuando hablamos de corrupción nos indignamos, le damos la mayor trascendencia y gravedad al expediente. Hasta el más desconocedor de estos asuntos afirma que la corrupción es <em>estructural</em>. También sabemos que detrás del propósito de combatir ilícitos, la <em>propaganda </em>basada en la corrupción procura el desvío de atención de problemas más graves, instala la estigmatización de grupos así como también constituye un instrumento eficaz y peligroso de persecución política (<em>lawfare</em>). Al mismo tiempo, y paradójicamente, observamos que la grave sanción que merece socialmente, se acompaña de soluciones que resaltan por su simplicidad e ingenuidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">3) ¿El Estado y sus leyes deben operar especialmente prohibiendo o protegiendo? La diferencia no es en nada menor y conduce a pensar la sociedad como materia de Derecho Penal o bien a pensar los problemas con mayor sofisticación y ternura. Solo a modo de ejemplo, problemas como el aborto o las adicciones podrán ser objeto de penalidades o bien de atención y contención; así como también las protestas sociales podrán ser consideradas demandas a resolver o bien como manifestaciones que serán criminalizadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">4) La violencia no es algo homogéneo. Hay diferentes violencias y una distinción esencial es si quien transgrede la ley ya se encontraba, previamente, amparado en la misma. En todo caso, ¿podemos juzgar con igual vara a quien estando resguardado legalmente, con sus necesidades satisfechas, protegido en sus derechos (a la salud, educación, trabajo, etc.) comete un delito, y a quien se encuentra excluido de toda consideración legal y social? ¿Debemos intervenir del mismo modo cuando alguien, ya antes de su acción ilegal, se hallaba expulsado de todo alojamiento social? Como también afirmó Freud, <em>“no se piensa de buena gana en molinos de tan lenta molienda que uno podría morirse de hambre antes de recibir la harina”</em> (3).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Corolarios</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La aplicación de la ley suele buscar y hallar su destinatario en el <em>sadismo</em> humano, no obstante a la hora de legislar –y también de administrar justicia- convendrá estar atentos a nuestro incansable <em>masoquismo</em>, esto es, a nuestra humana tendencia capaz de producir prácticas idóneas para agravar el problema que se pretende resolver. Recordemos que la mayor crueldad de nuestras instituciones suele derivar más en un ejemplo del grado de violencia del que es capaz una sociedad que en una reducción de la conflictividad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nunca es saludable desconocer nuestros motores, desmentir la heterogeneidad de pulsiones que nos mueven, y por eso señalamos más arriba la imposibilidad de erradicar la violencia. Más aun, que nos horrorice la violencia no excluye la fascinación que nos provoca y es ese hechizo el que mejor denuncia cuánto nos involucra el crimen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si como expusimos más arriba el derecho es el resultado de la unión de muchos débiles y de potencia desigual, solo asistiremos a una regresión social –a la violencia y la homogeneidad- si la ley es solo un instrumento del más fuerte. Por ello mismo, la fortaleza de la ley será, sin duda, el modo en que ella misma represente la debilidad de quienes le dieron origen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En síntesis, que las normas culturales que creamos sean la tarea y la expresión de la transformación de nuestras tendencias pulsionales, no nos exime de advertir y afrontar que las exigencias culturales también tienen sus inexpugnables limitaciones.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Referencias:</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) La ley es dura, pero es ley.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Freud S. y Einstein, A.; (1932) “¿Por qué la guerra?”, <em>Obras Completas</em>, Vol. XXII, Ed. Amorrortu.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Freud S. y Einstein, A.; (1932) <em>Op. cit</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 26 de noviembre de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de El malestar en la cultura neoliberal (Ed. Letra Viva).</span></em></p>
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		<title>La moritecracia -Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Jan 2019 23:23:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macrismo]]></category>
		<category><![CDATA[meritocracia]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La ausencia de un Estado protector transforma esa ausencia en irrupción del Estado mortífero. El neologismo morite-cracia, utilizado por Sebastián Plut en esta nota, procura revelar los meandros del gobierno de lo mortífero.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-moritecracia-por-sebastian-plut/">La moritecracia -Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La ausencia de un Estado protector, la anulación del Estado de Derecho, la supresión de las garantías constitucionales y del principio de presunción de inocencia, transforman aquella ausencia en irrupción del Estado mortífero. El neologismo morite-cracia, utilizado por Sebastián Plut en esta nota, procura revelar los meandros del gobierno de lo mortífero.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“Frente al cadáver del enemigo aniquilado, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>el hombre primordial habrá triunfado, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>sin hallar motivo alguno para devanarse los sesos </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>con el enigma de la vida y de la muerte”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Freud, “Nuestra actitud hacia la muerte”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I.</strong> El lector acaso no lo precise, pero aun así prefiero aclarar el título de esta nota. Efectivamente, el anagrama –que poco tiene de lúdico- opera un deslizamiento desde la consabida categoría <em>meritocracia</em>, y a la que ya dedicamos numerosas páginas (1), hacia lo que sin dudarlo se esconde tras ella: la <em>morite-cracia</em>, neologismo que procura revelar –y, por qué no, iluminar- los meandros del gobierno de lo mortífero.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nuestro término, que condensa la retórica y la acción del régimen de lo tanático, enuncia el <em>morite</em> que no solo reordena la grafía del <em>mérito</em>, sino que, especialmente, pretende espejar el modo en que la política neoliberal hace morir –por acción u omisión- al tiempo que busca instalar la convicción de muertes producidas por sí mismas, por sus propios méritos, crímenes sin asesinos. Mejor aun lo expresó Graciana Peñafort, a propósito de la sentencia sobre la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado: <em>“A Santiago</em> <em>lo mató la muerte, sería la conclusión tautológica de una sentencia sin poesía y sin justicia” </em>(2).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II.</strong> La <em>moritecracia</em> haría estallar los parámetros y modelos que, magistral y exhaustivamente, relevó el historiador Philippe Ariès en su tratado sobre la muerte y las mentalidades (3). En efecto, la irrealidad del <em>hacer morir sin asesino</em>, que además aspira a la más cruel de las desmemorias, no tendría cabida en ninguna cosmovisión pues <em>“la muerte no es un acto solamente individual</em> […] <em>la comunidad experimenta la necesidad de rehacerse</em> [y] <em>no podía</em> [la muerte] <em>ser una aventura solitaria, sino un fenómeno público que comprometiese a la comunidad entera”</em> (4).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III.</strong> P. Ariès, no obstante, advierte que en ocasiones se pretende, sobre la muerte, <em>“hacer como si no existiera, y por consiguiente, forzar despiadadamente el entorno de los muertos a callarse…, reducir la muerte a la insignificancia de un acontecimiento cualquiera del que se finge hablar con indiferencia”</em> (5).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV.</strong> A fines de junio de 2017 un jubilado, de algo más de 90 años, se suicidó en una delegación de ANSES tras pronunciar que <em>“así no se puede vivir, uno no merece vivir así”</em>. No hubo demoras para intentar una explicación que solo arraigaba en su intimidad: su depresión, sus problemas familiares. Solo uno entre tantos ejemplos en que el Estado había configurado su silencio performativo: <em>“morite”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V.</strong><em> “Dejamos traslucir nuestro afán de rebajar la muerte de necesidad a contingencia”</em> indicó Freud (6) cuando examinó nuestra persistente negación de la finitud, aunque aquí debemos subrayar una alteración, tal vez una subversión de los términos. Es que la moritecracia interrumpe el devenir de la necesariedad de la muerte y le impone una causación ajena, impropia, a las razones del sujeto que desfallece.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VI.</strong> La “doctrina Chocobar” no será, únicamente, la licencia para el goce sádico y vindicatorio. También encuentra otra traducción en parte del imaginario social: un sujeto que delinque debe morir, cual si ésta fuera la sentencia que se consuma por medio de un rayo divino, irrefrenable e incuestionable. Para aquella escuela, entonces, el policía no asesinó, no hubo crimen, solo cumplimiento de un deber que se consuma –quieren creer- casi como si no mediara su voluntad, pues, insistimos, el supuesto delincuente <em>per se</em> debía morir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VII.</strong> ¿Retornará para ellos algún espíritu? ¿Y de qué modo? No es que devine, súbitamente, en religioso. Solo evoco aquello que consignó Freud: <em>“el salvaje teme todavía la venganza del espíritu del enemigo aniquilado. Pero este espíritu no es sino la expresión de su mala conciencia por causa de su culpa de sangre” </em>(7). Atribuirles alguna expresión de mala conciencia quizá sea un exceso de ingenuidad en mis expectativas, pero no será un desatino intuir que algún espíritu temible los visite, al menos en su soledad onírica: el espíritu del pueblo y de la justicia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VIII.</strong> La ausencia de un Estado protector, la anulación del Estado de Derecho, la supresión de las garantías constitucionales y del principio de presunción de inocencia, transforman aquella ausencia en irrupción del Estado mortífero: ausente al desamparar y ausente al huir y encubrir su responsabilidad. Y si decimos el Estado le cabe el sayo al Poder Ejecutivo y al Poder Judicial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IX.</strong> <em>“No entiendo, no entiendo”</em> repitió Mauricio Macri cuando conferenció e hizo gala de su fastidio por los incidentes que truncaron la final entre Boca y River. Quien durante años fue dirigente de fútbol y ya hace más de 10 años ocupa importantes lugares en la función pública, extrema la escena de ajenidad al no solo no asumir responsabilidad alguna sino, más aun, al mostrar la ficticia candidez del desconcierto y la incomprensión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>X.</strong> Santiago Maldonado se hundió, él solo y por su propio <em>mérito</em>, y de idéntico modo le habría sucedido al ARA San Juan. No se aleja mucho de ello lo que intentó establecer el fallo sobre la muerte de Lucía Pérez. Nadie la drogó, ni violó, ni asesinó. Ella habría muerto en la asepsia de su mayor soledad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XI.</strong> Hemos aprendido a recitar que la <em>vaca da la leche</em>, cual si <em>nadie</em> se la sacara; o bien nos acostumbramos a decir que <em>se cayó el Muro de Berlín</em>, cual si <em>nadie</em> lo hubiera tirado. El neoliberalismo impone esa regresión del pensamiento por medio de la cual excluye del discurso al sujeto de la historia y en cuyo lugar queda colocado un <em>nadie</em>, sobre todo cuando de su responsabilidad como Estado se trata.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XII.</strong> Las pericias más válidas y las investigaciones periodísticas más serias no vacilan al momento de concluir que Alberto Nisman se suicidó. Allí no hubo un Estado que asesinó ni desamparó. Tal vez sí, como muchos sostienen, una cierta confabulación intervino como inducción. El aislamiento en que lo dejaron sus, hasta ese momento, aliados, y las presiones que también recibió de éstos, es posible que hayan operado como una orden: <em>morite</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIII.</strong> Nadie está libre de odiar. Al fin y al cabo no debería sorprendernos lo que hace ya muchas décadas fue un original hallazgo del psicoanálisis, la ambivalencia de sentimientos, amor y odio. <em>“Pero toda vez que la naturaleza trabaja con este par de opuestos, logra conservar al amor siempre despierto y siempre fresco, para reasegurarlo así contra el odio que acecha tras él. Es lícito decir que los despliegues más hermosos de nuestra vida afectiva los debemos a la reacción contra el impulso hostil que registramos en nuestro pecho”</em> (8). Así, pues, hay un odio que obtiene su trono cuando frente a él solo encuentra la indiferencia; pero aquel sentimiento, entonces, también hace las veces de reaseguro para que el amor esté alerta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>XIV.</strong> Y para concluir, aquel salmo del Evangelio, que el propio Dostoievsky incluye en <em>La casa de los muertos </em>(9), permite conjurar las macabras perspectivas que describe el epígrafe de este artículo: <em>“Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”</em>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Plut, S.; (2018) <em>El malestar en la cultura neoliberal</em>, Ed. Letra Viva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Peñafort, G.; (2018) “Muertos por la muerte”, <em>El cohete a la luna</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Ariès, P.; (1983) <em>El hombre ante la muerte</em>, Ed. Taurus.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(4) Ariès, P.; <em>Op. cit.</em>, págs. 500-501.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(5) Ariès, P.; <em>Op. cit.</em>, pág. 508.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(6) Freud, S.; (1915) “De guerra y muerte”, O.C., Vol. XIV, Amorrortu Editores, pág. 291.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(7) Freud, S.; <em>Op. cit.</em>, pág. 297.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(8) Freud, S.; <em>Op. cit.</em>, pág. 300.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(9) Dostoievsky, F.; (1862) <em>La casa de los muertos</em>, Ed. Biblok.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 4 de enero de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de “El malestar en la cultura neoliberal” (Ed. Letra Viva).</span></em></p>
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		<title>El silencio y la vergüenza &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Apr 2019 19:35:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[culpa]]></category>
		<category><![CDATA[Freud]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
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		<category><![CDATA[vergüenza]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sebastián Plut analiza en este artículo el sentido del silencio del votante que no solo confió en Macri en 2015 sino de quienes, frente a las elecciones de octubre próximo, y aun con sus existencias arrasadas, parecen optar por la continuidad de la actual depredación gubernamental.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-silencio-y-la-verguenza-por-sebastian-plut/">El silencio y la vergüenza &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Sebastián Plut analiza en este artículo el sentido del silencio del votante que no solo confió en Macri en 2015 sino de quienes, frente a las elecciones de octubre próximo, y aun con sus existencias arrasadas, parecen optar por la continuidad de la actual depredación gubernamental.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“Callan los que sufren más profundamente ese malestar </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>que, para simplificar, he llamado vergüenza”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Primo Levi, <em>Los hundidos y los salvados</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una idea que hayamos expresado con convicción, tenga mayores o menores fundamentos, no tiene por qué ser conservada en nuestro repertorio de pensamientos. Y sin embargo, este potencial carácter efímero de nuestras conjeturas no nos exige silencio. Nada hay de disvalor en exhibir un cambio de enfoque, incluso un equívoco. Agreguemos que la realidad tampoco permanece invariable, lo que también opera como razón de una saludable medida de plasticidad del pensar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tampoco se da como posible el decir todo, ya sea por las insalvables limitaciones de nuestra expresividad, o ya sea por la complejidad inherente a todo fenómeno, nunca reductible a una sola causa y, por ende, a una solitaria hipótesis explicativa. De nuevo, esto tampoco es justificación para callar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Este conjunto de caracteres que tienen toda conjetura y todo texto es el signo de nuestra insuficiencia, si se quiere, de un irremediable sentimiento de inferioridad que no debemos esquivar ni del que nos podemos deshacer. Sin embargo, bien vale aclarar, este sentimiento –que resulta de admitir que las realizaciones ideales siempre están en el horizonte- no constituye un menoscabo para nuestra autoestima. Algo de ello entendió Freud cuando en su libro sobre el chiste se refirió a la importancia de lograr <em>“situarse por encima de un afecto doloroso representándose la grandeza de los intereses universales en oposición a la propia insignificancia”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a todo ello humanos somos, y hay quienes prefieren el silencio cuando descubren sus propios desaciertos o cuando los invade el dolor por su inexplicable ingenuidad, no exenta de impulsos destructivos. Hay, en quienes permanecen mudos, un palpable sufrimiento compuesto de autocríticas no desplegadas e inundadas por afectos vergonzantes y, así, quedan apresados en su aislada humillación. Pero volvamos a Freud, quien nos advierte, en <em>Pegan a un niño</em>, sobre aquellos en quienes el <em>“delirio de insignificancia es solo parcial y por entero conciliable con la existencia de una sobrestimación de sí mismo”</em>.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los párrafos precedentes nos introducen en el asunto que deseo tratar aquí: el silencio de muchos de los que en 2015 votaron por Mauricio Macri, el silencio no solo de quienes confiaron en aquel momento sino de quienes, frente a las elecciones de octubre próximo, y aun con sus existencias arrasadas, parecen optar por la continuidad de la actual depredación gubernamental.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya lo dijimos antes, la realidad es compleja, no es unidimensional, y aquí solo podremos esbozar reflexiones parciales, aun cuando son innúmeros los interrogantes y las variables. ¿Por qué alguien cree lo no creíble? ¿Por qué la realidad evidente no parece conmover sus creencias? ¿De dónde resultan su fijeza y su silencio? Y sobre todo, ¿cómo se combinan las disposiciones singulares con las estrategias retóricas del Gobierno? Sobre esto último, pues, nos interesa no solo cómo es que el Gobierno logró que muchos confiaran en sus promesas y en sus explicaciones, sino sobre todo cómo es que el Gobierno convoca al <em>silencio de los inocentes</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es una obviedad que el autoritarismo no es patrimonio de los gobiernos de facto, sino que también se enseñorea en gobiernos elegidos por el voto. También es cierto que los modos del autoritarismo son heterogéneos y, quizá, un modo de analizar sus diversidades consista en identificar las vías a través de las cuales logra imponer silencio (1). Un breve inventario nos indica: a) represión de las manifestaciones y criminalización de la protesta social; b) cierre de medios periodísticos opositores; c) persecución judicial a políticos, jueces, etc.; d) estrategias de desinformación a través de los medios de comunicación hegemónicos; e) el terror; f) perturbación del pensamiento de los ciudadanos y explotación de sus sentimientos de impotencia. Es en este último punto que nos detendremos en lo que sigue (2).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Ya en 2016</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya en los primeros meses de 2016 nos llamó la atención el silencio (3). Observamos que quienes se oponían al gobierno previo solían discutir con frecuencia sobre política, aunque luego optaron por no querer hablar (en ocasiones, cerrando la discusión con el consabido <em>“hay que darle tiempo”</em>). Nos sorprendía el rechazo al debate suponiendo –tal vez con ingenuidad- que sintiéndose “representados” por el nuevo gobierno estarían más entusiasmados para defender u opinar sobre la actualidad. Entendimos en aquel momento que el silencio era la única alternativa frente a la realidad que rápidamente se hizo evidente. El rechazo a debatir no se trataba solo de sofocar una crítica sino, y sobre todo, la autocrítica consecuente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al intentar conversar con algunos de tales votantes y exponerle críticas al gobierno, me han respondido varias veces con <em>“Te pido que no me trates de boludo/a”</em>. No creo que deba reducirse este pedido a las críticas formuladas, sean al gobierno o a los votantes. De hecho, tanto al gobierno anterior como a los votantes de éste, se les han dicho infinidad de injurias. Creo, pues, que “boludo/a” era el juicio resultante de la autocrítica pero que, por el momento, solo podían atribuir ese juicio al actual opositor, como si fuera este quien lo profiere y no el propio superyó.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Recordemos que lo que aquí nos ocupa no es la autocrítica <em>per se</em>, sino por qué ella es vivida como una injuria y, luego, se procura mantener persistentemente indecible. Sabemos a través de V. de Gaulejac (<em>Las fuentes de la vergüenza</em>) que muchas de estas cicatrices narcisistas corresponden a un sufrimiento social que al no poder ser tratado socialmente produce ingentes efectos psíquicos (4).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al preguntarles, también en esos primeros meses, cómo andaba su vida comercial (a dueños de negocios, empresas e industrias) varios sujetos que votaron al macrismo coincidieron, cada uno por su parte, en responder <em>“está todo muy tranquilo”</em>. Si se les repreguntaba, tratando de comprender el sentido del término <em>tranquilo</em>, contestaban que las ventas habían descendido, algunos aclarando que <em>“no demasiado”</em>, otros especificando algún porcentaje (<em>“y… bajaron un 40%”</em>) y otros reconociendo que <em>“la verdad es que no pasa nada”</em>. Si se combinan estas respuestas particulares con los datos oficiales o privados sobre la caída de la actividad económica, no hallamos un panorama alentador, por lo cual surge el interrogante acerca del adjetivo <em>tranquilo</em>. En primer lugar, pareciera que el adjetivo utilizado que, curiosamente, fue repetido por diversas personas desconocidas entre sí, era cuanto menos una suerte de eufemismo, un vocablo al que se recurría como rodeo ante el diagnóstico firme de una realidad adversa. De este modo, describir una realidad económica indudablemente negativa como <em>tranquila</em> constituye el recurso a un amortiguador, un morigerador, que en tanto estrategia retórica tiene por finalidad apaciguar la propia angustia y, quizá, la propia hostilidad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Dos anécdotas personales</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span><span style="color: #000000;"><em>“El silencio es salud”</em> decía el cartel de López Rega a mediados de los ’70, también replicado en infinidad de calcomanías. Para esa época yo cursaba mi escuela primaria a la que iba en colectivo. Recuerdo, en uno de esos viajes, mirar las pintadas en las paredes que decían <em>“Prohibido fijar carteles”</em>. En ese entonces, yo suponía que “fijar” era únicamente sinónimo de “mirar”, como cuando alguien dice “fijate qué hay en la mesa”. Pensaba, pues, que estaba prohibido mirar los carteles. Recuerdo, además, que con algo de culpa y vergüenza por ser descubierto, yo miraba de reojo los carteles desde la ventanilla del colectivo. Solo tiempo después consideré la contradicción: que hubiera un cartel para indicar que estaba prohibido mirarlos, y así descubrí la polisemia, la posibilidad de que un término contenga más de un significado. El pensamiento infantil tiene sus propios rasgos y límites que quizá justifiquen aquella ignorancia. No obstante, el pensar adulto conserva muchas particularidades de la mente del niño. Podemos advertir, entonces, los problemas que se crean ante el desconocimiento o bien cuando construimos un sentido fijo y único en el discurso. Tampoco se puede desconocer la influencia del contexto, del clima social. Sin embargo, también resulta notable el valor de la curiosidad, del mirar persistente y, sobre todo, de animarse a ingresar en las propias contradicciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace pocas semanas estuve unos diez días en Londres y, para esos mismos días, estaba releyendo <em>Drácula</em>, y me había impactado el saludo inicial con el que el Conde recibe a Jonathan Harker: <em>“¡Entre con libertad y por su propia voluntad!”</em>. Una noche mis hijos y yo, mientras regresábamos al hotel, fuimos abordados por cuatro sujetos que con el argumento de ser policías (allá los llaman <em>“fake police”</em>) me robaron una importante suma de dinero. No fue un asalto a mano armada, no me extrajeron nada a la fuerza, sino que en la confusa escena yo les entregué mi propio capital. Hay tres componentes evidentes que resultan de una vivencia así: el temor, la preocupación económica y el sentimiento de injusticia. Sin embargo, hubo algo más que me perturbó, el sentimiento de vergüenza por no haber advertido con total claridad de qué se trataba la situación, pues, en simultáneo, yo creía que nos estaban acusando (por drogas y armas), que nos estaban protegiendo de otro sujeto que andaba por ahí y que nos estaban asaltando. Advertí cuánto me estaba perturbando mi propia vergüenza cuando me dí cuenta de cómo relataba, <em>a posteriori</em>, la escena (por ejemplo, al enfatizar la maldad de los farsantes y omitir el hecho de que yo mismo les entregué el dinero).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Clínica del silencio</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay silencios de reflexión, así como silencios para escuchar y también silencios estéticos como en la música. No son estos los modos del silencio que tratamos aquí.  Más bien hablamos del sufrimiento tolerado en silencio para el cual Freud utilizó el elocuente término <em>mortificación</em>. También imaginó dos motivos para los silencios de su paciente Elisabeth: el horror de lo que tenía para comunicar o suponerse sin derecho a la crítica. Freud mismo, en ocasiones, refirió debatirse entre la conveniencia de no expresar determinadas ideas y su deseo de hacerlo. Habitualmente concluyó que callar sería comodidad o cobardía. Y por último, ya en un terreno más abstracto, Freud sostuvo que el <em>alboroto de la vida</em> corresponde a Eros, mientras que la pulsión de muerte es muda, excepto cuando deviene en hostilidad hacia el otro.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.amoiralcine.com/wp-content/uploads/2016/02/Monsters-Banner.png" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>¿Habremos comprendido?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si consideramos las últimas 4 décadas, los argentinos vivimos y padecimos la dictadura cívico-militar más sangrienta de nuestra historia, un período hiperinflacionario y, en los ’90, un fatal aumento del desempleo que, luego, culminó en la compleja crisis del 2001.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sobre estos sucesos se ha dicho y escrito, incansablemente, sobre su carácter destructivo para la trama social, sobre los efectos deletéreos para los procesos anímicos singulares y colectivos. Sin embargo, y pese a los consistentes estudios sobre las secuelas y derivaciones inmediatas y de mediano y largo plazo, ¿habremos comprendido realmente la incidencia duradera de todo aquello? Es muy cierto que entre el actual Gobierno y la dictadura hay ingentes diferencias o, para decirlo con una fórmula sencilla, Macri no es Videla. Pero entonces, ¿por qué se canta <em>“Macri, basura, vos sos la dictadura”</em>, y no se dijo lo mismo sobre Menem ni sobre De la Rúa? Más allá de su función insultante, el término “basura”, ¿no expresa ese mismo lazo (Macri-dictadura) al evocar los negocios que la familia Macri hizo con la empresa Manliba? Quizá, otro parentesco entre ambos gobiernos, aun con intensidades diferentes, esté en los modos de producir silencio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mi hipótesis, pues, es que a las razones que determinaron el voto a Macri en 2015 (rechazo a todo lo que representaba el Kirchnerismo más las mentiras con que el Macrismo ilusionó a un sector de la sociedad) debemos incluir, ahora, para comprender la todavía significativa intención de voto que conserva, una paradoja: acaso sean las nefastas consecuencias de las políticas neoliberales lo que contribuye a sostener dicha intención de voto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando las inseguridades de toda índole son una realidad padecida por millones y una amenaza concreta para otros tantos, y aun así el Gobierno concita un apoyo no desdeñable, entendemos que ha logrado que el terror y el desvalimiento que ha reinstalado se transformen, llamativamente, en disposición a reelegirlo al tiempo que sus propios votantes continúan hablando del Gobierno previo y no se refieren nunca al Gobierno actual.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://static.t13.cl/images/sizes/1200x675/1469225206-904227923e7573bf-8113-45e0-859b-8ee109873abb.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>¿Para de sufrir?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El grado de predicamento que conquistó el evangelizador lema “Pare de sufrir” y, más aun, la difusión que tiene –al menos como frase- en la mente de tantos ciudadanos no puede sino constituir una suerte de formación reactiva. Dicho de otro modo, una sentencia así se instala con tamaña intensidad porque encuentra un campo fértil, esto es, un enorme conjunto de sujetos que no frenan en su sufrimiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante el gobierno anterior gran parte de la sociedad manifestaba su ira por lo que dio en llamarse el “cepo”, es decir, por la restricción en la compra de divisas. Sin embargo, no expresan el mismo odio ahora que, habida cuenta de la brutal devaluación y de la tremenda pérdida del salario, resulta inaccesible la adquisición de dólares. ¿Por qué resulta más irritante la <em>prohibición</em> que la <em>imposibilidad</em>? O, quizá, ¿por qué es decible la furia por la prohibición pero no se pronuncia igual sentimiento por la imposibilidad? Una explicación posible es que en la prohibición se pone de manifiesto de modo palpable la determinación política de la economía, mientras que en la imposibilidad –meritocracia incluida- aquella determinación queda oculta bajo el supuesto de la responsabilidad (y culpabilidad) individual. De este modo, la imposibilidad se vivencia como una limitación singular y, acaso, vergonzante y, por lo tanto, se silencia. Es en este proceso que el sufrimiento no cesa y, más aun, se retroalimenta sin fin.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En suma, la libertad y el mérito que propone el neoliberalismo no tienen relación alguna con la posibilidad de desarrollo singular (y mucho menos colectivo) sino con la explotación de un mutismo sobre los sentimientos de vergüenza y humillación que resultan de atribuir la propia situación que cada quien sufre a la propia impotencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>El sentimiento de injusticia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible que ante las medidas que tome cualquier Gobierno siempre haya una parte de la sociedad que las considere injustas. Por ejemplo, la prohibición del aborto es correcta para muchos e injusta para tantos otros. O bien, algunos sostendrán que una mayor distribución de la riqueza resulta de una injusta intervención del Estado en los bolsillos privados, en tanto muchos verán allí un signo de Justicia Social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desde la perspectiva de la percepción ciudadana, entonces, podríamos decir que todo Gobierno comete algún tipo de injusticia. Sin embargo, es posible marcar dos diferencias. Por un lado, y resulta obvio, es importante qué tipo de injusticia realiza cada Gobierno, esto es, quiénes serían en cada caso –y en qué medida- los damnificados. Por otro lado, y éste es el punto fundamental, resulta esencial si la política desplegada permite visibilizar y expresar el sentimiento de injusticia. Independientemente de nuestra posición, fue más que claro que el Gobierno Kirchnerista intervino de modo tal que, ante muchas de sus decisiones, numerosos sectores formularon denuncias de todo tipo. Como señalamos más arriba, tal fue el caso del llamado cepo. En cambio, el actual Gobierno opera por vías diversas, ya que pretende mostrar que el sufrimiento no es producido por sus políticas sino por la irresponsabilidad del Gobierno previo, pero también por los propios ciudadanos que serían incapaces en el camino del <em>emprendedorismo</em>. De esta forma, el Gobierno de Mauricio Macri perturba la expresión del mencionado sentimiento, pues ya no se presenta como un otro ante el cual protestar sino que conduce a que cada quien perciba el conflicto como algo individual y solitario (5). Es así, reiteramos, que la retórica macrista explota los propios sentimientos de vergüenza y humillación que cada ciudadano guardará en silencio. Hace ya más de 10 años que Ch. Dejours describió procesos similares y a los que denominó <em>resortes subjetivos del consentimiento</em> (<em>La banalización de la injusticia social</em>).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud sostuvo que el yo debe responder a tres amos, sus deseos, el superyó y la realidad. Si bien la situación económica muestra una realidad catastrófica, el hecho de que muchos ciudadanos no se expresen en ese sentido, nos indica que nuestro discurso y nuestras acciones tendrán que considerar que el superyó, por ejemplo, resulta más eficaz que la misma realidad. No por nada, Freud también se preguntó por el nexo entre el <em>“aflojamiento ético”</em> de los dirigentes y <em>“la credulidad acrítica hacia las aseveraciones más discutibles”</em> por parte de los ciudadanos (<em>De guerra y muerte</em>). </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Masoquismo</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong> </strong></span><span style="color: #000000;">¿Cómo opera el <em>displacer</em> cuando regula las metas del ciudadano en el cuarto oscuro o en su cotidianeidad? El displacer no es una variable homogénea y, siguiendo a Freud, diferenciamos cuanto menos 3 alternativas. Por un lado, el displacer que resulta de la postergación de una satisfacción pulsional (renuncia narcisista) y que está al servicio de la preservación psíquica y orgánica. Por otro lado, el displacer ante la percepción de un peligro, y que cumple la función de alerta (angustia señal por ejemplo). Finalmente, y esta es la dimensión que aquí nos interesa, hay un tipo de displacer ligado a las <em>“enigmáticas tendencias masoquistas del yo”</em> (6).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para despejar posibles confusiones de lectores no familiarizados con la terminología psicoanalítica, aclaremos que el concepto de <em>masoquismo</em> no refiere a “pegame que me gusta”, sino a la tendencia a incrementar el propio displacer, a que éste aumente la tensión sin freno y actúe en contra de la autoconservación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud sostuvo que cuando un sujeto realiza una afirmación que es contradictoria con la realidad o bien cuando formula dos afirmaciones que se contradicen entre sí, se desarrolla un proceso psíquico que describió como <em>displacer ante la contradicción intelectual</em>. Se presupone que dicho displacer opera como un aviso o advertencia que debería conducirnos a rectificar nuestro pensamiento. Cuando los sujetos perpetúan sus afirmaciones carentes de fundamento, pues contradicen la realidad o la lógica (por ejemplo, al afirmar que “Macri es millonario, no necesita robar”) la resultante es un aumento del displacer o, como dijimos previamente, no paran de sufrir. Lo mismo, pues, ocurre con su silencio, toda vez que no impide el padecimiento de las injusticias y tampoco el incremento de los sentimientos de vergüenza y humillación. Así, la única salida que encuentran para su mutismo masoquista consiste en el esporádico despliegue de una cuota de sadismo (para lo cual el Gobierno les ofrece justificaciones varias).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Agreguemos algo más que señaló Freud en torno del masoquismo (<em>El problema económico del masoquismo</em>). Allí se refirió a los sujetos que no cesan en su malestar (masoquismo) cuya única disminución se logra por medio de un matrimonio desdichado, una enfermedad orgánica o bien un quebranto económico.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay allí, tal vez, parte de una respuesta al complejo enigma del silencio y la intención de voto al macrismo: que para un número importante de ciudadanos, la única alternativa que contemplan para padecer menos sea empobrecerse o morirse.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En suma, el odio hacia el populismo reconoce razones ideológicas y antiguas, aunque también cumple una significativa función en la economía psíquica. En efecto, constituye un precario intento de preservación del propio masoquismo que, invariablemente, retorna. Dicho odio, pues, no es sino el esfuerzo por desviar hacia afuera el sadismo con el que el propio superyó hostiga al yo que, humillado de sí mismo, hace silencio. Tal vez, estos votantes conserven en secreto una ilusión, a saber, que por su silencio de hoy, mañana podrán decir que nunca hablaron bien del Gobierno de Mauricio Macri. Por ello, y por último, quizá pecando de cierto optimismo, ¿por qué no considerar la posibilidad de que mucha gente afirme públicamente que votará por Macri –respondiendo a expectativas de sus contextos específicos- pero que, luego, a solas en el cuarto oscuro, se defina por un candidato opositor?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Referencias:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Primo Levi relató las vicisitudes de los <em>Geheimnisträger</em>, los “detentores de secretos” de los campos de concentración nazis, tanto del lado de las víctimas como de los victimarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Si bien no lo desarrollaremos aquí, todo esto importa no solo para la percepción de la realidad sino también para cómo se construye la memoria colectiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Plut, S.; <em>El malestar en la cultura neoliberal</em>, Ed. Letra Viva, 2018.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(4) El Gobierno enciende, a su favor, el odio al populismo así como también promueve el desvío de la atención respecto de los problemas concretos y urgentes. Sin embargo, visto desde la perspectiva de los ciudadanos que lo apoyan: ¿en qué medida el odio es propio y cuánto un recurso al servicio del mencionado desvío? Y también, ¿necesitan estos ciudadanos acallar su crítica para poder continuar apoyando al Gobierno o, además, necesitan fingir, aunque sea inconcientemente, un apoyo al Gobierno para poder mantener sofocados sus más displacenteros pensamientos sobre sí mismos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(5) Byung-Chul Han afirmó que <em>“quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en dudas a la sociedad o al sistema”</em> (<em>Psicopolítica</em>).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(6) Freud, S.; (1920) <em>Más allá del principio de placer</em>, OC, Vol. XVIII, Amorrortu Editores.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de abril de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de <em>El malestar en la cultura neoliberal</em> (Ed. Letra Viva).</span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>El nombre de la Yegua &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 28 May 2019 21:55:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Fernández]]></category>
		<category><![CDATA[CFK]]></category>
		<category><![CDATA[FF]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Sinceramente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández puede entenderse como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente, sostiene Sebastián Plut en este artículo. Y agrega que si como sostiene Freud, gobernar es un imposible, esta nota intenta comprender esa imposibilidad como la imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, al mismo tiempo, abre el futuro posible. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-nombre-de-la-yegua-por-sebastian-plut/">El nombre de la Yegua &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El anuncio de la fórmula Fernández-Fernández puede entenderse como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente, sostiene Sebastián Plut en este artículo. Y agrega que si como sostiene Freud, gobernar es un imposible, esta nota intenta comprender esa imposibilidad como la imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, al mismo tiempo, abre el futuro posible. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>“La rosa es una figura simbólica tan densa que, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>por tener tantos significados, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>ya casi los ha perdido todos… </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>Así, el lector quedaba con razón desorientado, </em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>no podía escoger tal o cual interpretación”</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;">Umberto Eco</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todavía nos encontrábamos bajo el impacto del libro, <em>Sinceramente</em>, reflexionado sobre su contenido, su oportunidad y sus múltiples efectos, cuando nos anoticiamos de la fórmula ideada de cara a la próxima elección presidencial: Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aún faltan unos cinco meses para la votación, lapso que en Argentina y en materia política se acerca a la eternidad, de modo que nada está cerrado. Habrá que atravesar todavía las PASO y luego la elección. Finalmente, y para el caso de resultar triunfante el binomio de los Fernández, no podemos, por el momento, anticipar sus consecuencias. Se sabe, en política juegan fuerte las tradiciones, los planes y objetivos previstos, los actores participantes, pero también las contingencias y lo impredecible.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pese a ello o, quizá, por lo mismo, el libro y la fórmula configuran ricas escenas, por lo que evocan y también por constituirse, en sí mismos, en acontecimientos no esperados.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En medio no sólo de la debacle económica nacional a la que nos condujo el Gobierno de Cambiemos, sino también de la marea de odio y del páramo intelectual al que nos someten sus funcionarios y sus socios mediáticos y judiciales, se eleva la trascendencia de dos sucesos que estimulan nuestras mentes y que abren y proyectan horizontes diversos y posibles. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El viernes 10 de mayo, al día siguiente en que CFK presentara su texto en la Feria del Libro, comenté mis impresiones en el programa radial <em>El tren </em>(de Radio Cooperativa) al que generosamente me invitaron Hugo Presman y Gerardo Yomal. Allí mencioné no solo el profundo sentido que tiene ver a decenas de miles de personas sonriendo y emocionadas, sino también la importancia de escuchar a una dirigente con ideas y que piensa, que cree en lo que dice y, especialmente, que todo ello supone que valora a los destinatarios de sus palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hubo algo que omití durante el programa de radio, sencillamente porque en ese momento lo había olvidado. Cuando me enteré del libro escrito por CFK, de inmediato evoqué algo que dijo Freud: que la escritura es <em>el lenguaje del ausente </em><a style="color: #000000;" href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>. Me pregunté, en aquel momento, cuál era la escena de la cual ella se estaba sustrayendo. Desde ya que entonces no logré atinar una respuesta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Interpongo aquí una digresión para apuntar unas notas sobre el odio. Se me ocurre que aun con la larga historia del rechazo que, en nuestro país, toma por objeto a lo popular y, más recientemente, la intensidad de los agravios y difamaciones que hace más de 3 años padece CFK, no deberíamos dejar de sorprendernos por ello. No podemos, no debemos, asumir su aparente naturalidad y recoger todo eso con un simple “ya sabemos lo que piensan”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La sola aparición del libro renovó injurias e insultos, calumnias e insidias dijeron presente entre periodistas y comunicadores por todos conocidos. Como es habitual, la banalidad e inconsistencia de sus invectivas no demoraron: desde quien defenestró el libro al tiempo que negaba haberlo leído, hasta quien <em>denunció</em> que, dada la longitud de las uñas de CFK, sería inverosímil creer que ella lo escribió.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estaba más que claro que el libro los sorprendió, quizá también por eso mismo los enfureció más que de costumbre y, por supuesto, no pudieron ofrecer una respuesta o reacción a la altura de la situación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tal vez porque ostentan una falsa y pretenciosa civilidad, tal vez porque disimulan sus afinidades con la dictadura cívico-militar, tal vez sólo por eso, es que renunciaron a proponer una quema pública de los 300.000 ejemplares de <em>Sinceramente</em>. Como sea, eran palmarias las llamaradas que sus gargantas vomitaron durante días y días.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y, tal vez también, como espontáneo gesto defensivo de mi parte, por autopreservación de mi propia mente, es que inadvertidamente reemplacé la asesina banalidad de estos comunicadores por las pugnas entre Guillermo de Baskerville y Jorge de Burgos, los personajes de la hermosa novela <em>El nombre de la rosa</em>, de Umberto Eco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El semiólogo nos llevó de viaje a las inquisiciones medievales, las épocas –supuestamente pasadas- en que para eliminar al otro bastaba con decretar su corrupción, perdón, su herejía. En ese contexto Jorge de Burgos atesoraba y escondía en la laberíntica biblioteca el libro (presuntamente perdido) de Aristóteles sobre la risa, un texto insoportable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El gran enigma de la novela, pues, es por qué si abominaba de ese libro, Jorge de Burgos lo conservaba en lugar de destruirlo. De hacerse público el texto, pensaba Jorge, el mundo se destruiría. El final todos lo conocen: fue el mismo Jorge quien al tragar las páginas del libro, se muere por su propio veneno y provoca el incendio que arrasa con la abadía. No soportaba la risa y mucho menos que otros accedieran a ella, la odiaba al tiempo que necesitaba conservar, bajo encierro, a su representante. La circulación del libro, para Jorge de Burgos, provocaría un estallido del orden, una devastación, desenlace al que condujo él mismo en simultáneo con su autodestrucción.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://farmacon.files.wordpress.com/2012/04/ciego1.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Guillermo, en cambio, era preciso acceder al libro de un modo reflexivo y crítico, pues aspiraba a un nivel mayor de abstracción, a ideales progresivamente más complejos. Solo por esa vía sería posible hallar soluciones y transacciones entre los problemas que presenta la realidad, las exigencias de la tradición y las necesidades sectoriales. Mientras para Jorge la risa es sólo un asunto del vientre, algo degradado, y el riesgo es que al elevarla se crearía una funesta afinidad entre cultos y aldeanos, para Guillermo era necesaria una mayor complejidad, a través de la cual sería posible establecer afinidades donde otros sólo observan diferencias y, simultáneamente, detectar diferencias donde otros sólo ven identidades. Guillermo de Baskerville decía:<em> “Tal vez la única prueba verdadera de la presencia del diablo fuese la intensidad con que en aquel momento deseaban todos descubrir su presencia” </em><a style="color: #000000;" href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>. Más tardé afirmará: <em>“El bien de un libro consiste en ser leído. Un libro está hecho de signos que hablan de otros signos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que lo lean, un libro contiene signos que no producen conceptos”</em> <a style="color: #000000;" href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volvamos a nuestro presente, si bien, en rigor, nunca dejamos de hablar de él.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La mañana de la presentación del libro nos despertamos con una noticia espantosa: un diputado y su asesor fueron asesinados en las cercanías del Congreso de la Nación. Que luego se develara que se trató de un extraño caso policial, no impidió que, previamente, los funcionarios del Gobierno Nacional intentaran, primero, encuadrar el hecho bajo la marca del terrorismo y, luego, no ahorraran penosas estigmatizaciones hacia la comunidad gitana. Digámoslo así: ignorar, razonablemente, de qué se trató un crimen, en ningún caso puede habilitar la falta de prudencia y de las garantías propias del Estado de Derecho.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para esos días, la agenda oficial pretendía imponer la firma de un <em>acuerdo</em> con dirigentes de la oposición; un acuerdo que contenía un puñado de ítems imposibles de suscribir. Imposible tanto por su contenido como por la falacia de un acuerdo en el que sus cláusulas son impuestas sólo por una de las partes. En suma, lo rechazable no es la posibilidad de conciliaciones, sino la imposición de lo imposible, de lo inadmisible. Y fue la noche de la presentación del libro donde CFK propuso su versión de un pacto: el <em>Contrato social de ciudadanía responsable</em>. No se trata de deponer las diferencias y, de hecho, también sostuvo no ser <em>neutral</em>, así como en su libro afirmó: <em>“No creo en las sociedades de la unanimidad, me daría mucho miedo vivir en una sociedad en la que todos piensen igual”</em> <a style="color: #000000;" href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En rigor, es sólo la sincronía lo que habilita una comparación entre lo que el Gobierno pretendía instalar y la propuesta de CFK. Por lo demás, todo es diferencia. El contrato social no impone un rudimentario sumario de instrucciones para la depredación y, sobre todo, se distingue del acuerdo del Gobierno en tanto apela a una racionalidad no exenta de ternura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El odio que exhiben los funcionarios del Gobierno Nacional, que combina la estigmatización de lo popular, la xenofobia y la misoginia, condena al <em>otro</em> a la desestimación. En efecto, el rechazo reúne, a un mismo tiempo, aborrecer las diferencias, desconocer las semejanzas y, también, atribuirle a ese otro lo que es propio pero se pretende desconocer. El contrato social, en cambio, invita a una elaboración sobre el lugar del otro, el valor de lo colectivo, la recuperación del pasado y la creación de un futuro inclusivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En suma, no será lo mismo un contrato que me permite cuestionar la cosmovisión del otro, que un acuerdo que cuestione, o niegue, la existencia del otro.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Decíamos al comienzo que nada está cerrado ni, mucho menos, garantizado. Como en química, una fórmula contiene algo abstracto hasta el momento en que, por combinaciones diversas, se torna activa. Un sondeo inicial, intuitivo, muestra que entre las críticas, las dudas, la desconfianza y el entusiasmo, prevalece este último. No obstante, cualquiera de estas alternativas es hipotética, anticipatoria y, por ende, a la espera del escrutinio que dan los hechos. Lo que sí está en nuestras manos, lo que sí hoy nos es posible, es ponderar el anuncio de la fórmula como un acto en sí mismo, un acto que sin dudas contiene una potencia instituyente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si como suele decirse, cuanto más calla CFK más se habla de ella, lo inimaginable de la decisión que tomó, operación de auto-sustracción, invita a todo ciudadano responsable a sumarse al contrato social con una fuerza creadora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La sorpresa, para propios y ajenos, no deja de despertar una cierta vivencia de pérdida y, por lo tanto, también invita, de alguna manera, a un duelo. Su renuncia, pues, no se pretende como un acto heroico sino, más bien, como el principio articulador del contrato social de ciudadanía responsable<a style="color: #000000;" href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>, un criterio que se base, pues, en una idea de renuncia. ¿Pero de qué renuncia estamos hablando?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se trata de <em>sacrificios</em> (como impone y naturaliza el neoliberalismo) sino de lo que Freud comprendía como <em>renuncia a la satisfacción irrestricta y al narcisismo</em>. Dicha renuncia es la condición de la justicia y de la comunidad, la condición para la complejización de lo ideales y para asumir una realidad perturbadora: la <em>imposibilidad de que una vivencia permita acceder duraderamente a una felicidad absoluta</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En un mundo que hace marketing con la caída de las ideologías (instalando una ideología de la caída) CFK construye desde la caída de la ilusión de omnipotencia. Y ese es el duelo que debemos realizar, un duelo creativo, un duelo que permita reelaborar y reemplazar simbólicamente lo perdido<a style="color: #000000;" href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>. Su operación no excluye el deseo ni el entusiasmo, pero sí acota el empuje a la fascinación, y si tal cosa siempre es acertada, mucho más ante una realidad dramática, tal como la producida por el Gobierno de Cambiemos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Umberto Eco finaliza su novela con una frase latina: <em>“stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemos”</em>  (“La rosa prístina está en el nombre, sólo tenemos los nombres desnudos”) tomada de otro autor (Bernardo Morliacense) que compuso variaciones sobre el tema del <em>ubi sunt </em>(¿dónde están?). Son textos que rescatan el valor de los nombres como el articulador que permite afirmarse ante la pérdida y el reconocimiento de que el presente ya no coincide con la atmósfera mítica del origen.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cuando con algo de broma, pero a la vez con profundo sentido, se canta que “Macri nunca va a ser remera”, se trata del reverso de esto mismo, de la conciencia de estar frente a un personaje que no opera como representación ni siquiera de sus propios seguidores, de la conciencia del vacío que significa el liderazgo de quien no podrá, nunca, devenir en símbolo cohesionador.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Freud decía que gobernar (así como educar y analizar) es un imposible. Creo que lo explicado hasta aquí es un modo de comprender esa imposibilidad y creo también que la creación de la <em>fórmula</em> es expresión de dicha imposibilidad. La imposibilidad de reproducir lo que fue, de una identidad con el pasado, pero que, a mismo tiempo, abre el futuro posible.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Referencias:</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Freud, S.; (1930) <em>El malestar en la cultura</em>, O.C., Vol. XXI, Amorrortu Editores.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Eco, U.; (1980) <em>El nombre de la rosa</em>, Ed. Lumen, pág. 42.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Eco, U.; <em>Op. cit.</em>, pág. 482.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Fernández de Kirchner, C.; (2019) <em>Sinceramente</em>, Ed. Sudamericana, pág. 212.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Se recordará que cuando Néstor Kirchner era Presidente de la Nación, Cristina Fernández objetó la denominación “Primera Dama” y la sustituyó por el de “Primera Ciudadana”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><a style="color: #000000;" href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Acaso Néstor Kirchner configuró algo semejante cuando luego de su mandato presidencial optó por correrse y proponer como candidata a CFK.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de mayo de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de <em>El malestar en la cultura neoliberal</em> (Ed. Letra Viva).</span></p>
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		<title>Los votos del hambre &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 25 Jun 2019 19:07:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[asfalto]]></category>
		<category><![CDATA[consigna "prefiero cagarme de hambre"]]></category>
		<category><![CDATA[Hambre]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Neoliberalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Amplios sectores del electorado macrista, en forma oral o en la catarsis que habilitan las redes sociales, vociferan que prefieren votar a Macri y “cagarse de hambre” antes que CFK vuelva al gobierno. La discursividad individualista instalada en la subjetividad por el neoliberalismo implica que votar a un candidato bajo la consigna “prefiero cagarme de hambre” no es ni más ni menos que elegir que me (nos) maten. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Amplios sectores del electorado macrista, en forma oral o en la catarsis que habilitan las redes sociales, vociferan que prefieren votar a Macri y “cagarse de hambre” antes que CFK vuelva al gobierno. La discursividad individualista instalada en la subjetividad por el neoliberalismo implica que votar a un candidato bajo la consigna “prefiero cagarme de hambre” no es ni más ni menos que elegir que me (nos) maten. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es nueva la frase, aunque en la turbulencia pre-eleccionaria parece haber tomado un nuevo envión. Numerosos votantes macristas, en forma oral o en la catarsis que habilitan las redes sociales, dicen (o hacen que dicen, que asumen) que volverán a votar a Mauricio Macri aunque se <em>“caguen de hambre”</em>. Sí, vociferan que prefieren cagarse de hambre con tal de que CFK no vuelva al gobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dije previamente que <em>hacen que dicen</em> pues es indudable que sólo repiten o reproducen una expresión que fue instalada desde otro lado, desde alguna usina discursiva, y que pese a su sentido desquiciado y mortífero intrusa la mente de quienes adhieren al actual gobierno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Insisto, no parece tratarse sencillamente de una febril ocurrencia singular de algún ciudadano, pues la repetición uniforme del desquicio revela su origen, o digámoslo así, evidencia que es parte de una campaña.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>Prima facie</em>, o en estado de inermidad intelectual, asombra tamaña entrega o, más bien, espanta la presunta apelación sacrificial. ¿Hay, realmente, entre nuestros conciudadanos un número significativo de ellos dispuestos a morirse de hambre con el fin de que Mauricio Macri vuelva a ser Presidente de la Nación? ¿Pueden tales ciudadanos, luego de semejante proferencia, seguir adjudicando el mote de <em>fanatismo</em> a quienes se dicen populistas?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si tal cosa fuera efectivamente cierta se impone retornar a Emmanuel Levinas, no sin cierta desazón, cuando tempranamente vislumbra la filosofía del hitlerismo y advierte que <em>“las potencias primitivas que se consuman en ella hacen que la fraseología miserable se manifieste bajo el empuje de una fuerza elemental… Pone en cuestión los principios mismos de toda una civilización”</em> (1).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Entonces, ¿qué se esconde –o qué sentidos podemos desentrañar- tras esa fraseología miserable? Sea en su inverosímil espontaneidad o en su ocultada factura performativa, la expresión “prefiero cagarme de hambre” hace palidecer hasta al voto monástico de pobreza. Cual remedo de <em>Los juegos del hambre</em>, aquella frase hace ostentación de la injuriosa devastación a la que nos condujo el gobierno de Cambiemos. Acto de burla triunfalista que con su rostro más cruel no oculta que tras la mentada meritocracia se revela lo que hemos dado en llamar la <em>moritecracia</em>, neologismo que procura revelar los meandros del gobierno de lo mortífero (2).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay en esa instrucción, que induce a preferir la inanición, una primera e inmediata revelación: quien la pronuncia reconoce, sin más, de qué se trata la política del actual gobierno. Quizá una confesión, o una declaración de principio, que afirma ominosamente aceptar y votar a quien lo hambrea.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se trata de la denuncia u objeción de los sectores opositores, de quienes exhiben las palmarias consecuencias del neoliberalismo, sino de la asunción gozosa de quienes, aun cuando se incluyen entre los arrasados, aplauden la destrucción. No alcanza, para comprender este caos, la figura que conocemos como victoria pírrica. Festejan, por caso, cómo unos pocos tramos de asfalto justifican el hambre de cada vez más sujetos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No excluyamos de la escena una posible e importante cuota de cinismo. En efecto, intuimos que una cantidad no desdeñable de quienes, cual mantra, corean “prefiero cagarme de hambre”, comprende a muchos argentinos que lejos están de padecer la urgencia de la autoconservación insatisfecha. Es probable, sí, que para muchos de ellos no sea más que el cántico procaz de quienes se sienten ajenos al abismo alimentario.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muy cerca de esto último, pues, se identifica la eficacia del rasgo más específico de la retórica gubernamental: la banalización. Cual si se tratara de un juego cruel, la fraseología miserable se apropia –solo discursivamente- del hambre y lo trata bajo la misma relevancia que podría tener la adquisición de un teléfono celular de última generación. Y no sienten el más mínimo pudor.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como no podía ser de otro modo, no está ausente aquí el gen neoliberal, esto es, el individualismo. ¿Cómo explicarles a estos votantes en qué consisten las elecciones y las políticas públicas? ¿Cómo transmitirles que no es admisible privatizar la tarea estatal de decidir el hambre de la población? Optar por un candidato presidencial nunca es una decisión mía, individual, y cuyos efectos son solo para mí. Lo planteo de otro modo: yo no aprobaría que alguien decida, para sí, <em>cagarse de hambre</em>, pero hasta allí es una mera decisión singular, tal vez cercana al “cada quien hace de su c… un pito”. Elegir un gobierno es muy diferente, es una decisión cuyas consecuencias alcanzan a toda la población. ¿No es más que irresponsable, entonces, que si yo estoy dispuesto a pasar hambre suponga que puedo arrastrar a tantos otros hacia el mismo desenlace?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Reitero, se manifiesta allí el espíritu de la privatización y del individualismo, la sombra de un solipsismo feroz y desalmado capaz de arrogarse el derecho de empujar a millones según lo que indica la brújula de mi particular masoquismo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La banalización antes mencionada incluye eufemismos desvergonzados y metonimias de cartón. Hasta los mismos funcionarios del oficialismo refieren, por ejemplo, su preocupación por quienes <em>“no llegan a fin de mes”</em>. Pero, ¿qué es no llegar a fin de mes? ¿Lo imaginan, acaso, como una competencia en la cual algunos no alcanzan la meta y que el primer día del mes siguiente se renueva? No llegar a fin de mes es dejar a los chicos sin su escuela, es no comer, es perder la cobertura médica, dejar de aportar a la jubilación, y tantas otras escenas dramáticas que se pretenden desdibujar bajo el pseudorealismo de lo que se afirma.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y similar cuestión se configura en el <em>cagarse de hambre</em>. Para arribar a este lema de campaña deben operarse dos deslizamientos que no cuesta mucho detectar. Quien se conduce por esa vía quizá ignora, o quiere hacerlo, que de hambre no se <em>cagará</em> sino que se <em>morirá</em>; y a su vez, quien eso decide entroniza al interlocutor destacado para su masoquismo, pues no es que se morirá sino que lo estarán <em>matando</em>. Votar a un candidato bajo la consigna “prefiero cagarme de hambre” no es ni más ni menos que elegir que me (nos) maten.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para finalizar, recordemos aquello que sostuvo Freud (3) en su afán de comprender el enigma del masoquismo, y sobre el cual afirmé que constituye un punto ciego de las ciencias sociales. Pero ahora importa lo que señaló Freud, a saber, que para muchos sujetos el goce en el sufrimiento psíquico solo disminuye por una enfermedad orgánica, un matrimonio infeliz o un quebranto económico.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Levinas, E.; (1934) <em>Algunas reflexiones sobre la filosofía del hitlerismo</em>, Ed. FCE, pág. 7.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(2) Plut, S.; (2019) “La moritecracia”, <em>La Tecla</em><em> Eñe</em>. <a href="https://lateclaenerevista.com/la-moritecracia-por-sebastian-plut/">https://lateclaenerevista.com/la-moritecracia-por-sebastian-plut/</a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(3) Freud, S.; (1924) <em>El problema económico del masoquismo</em>, Vol. XIX, Amorrortu Editores.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 25 de junio de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de <em>“El malestar en la cultura neoliberal”</em> (Ed. Letra Viva)</span></p>
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		<title>Retóricas de la espacialidad &#8211; Por Sebastián Plut</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Aug 2019 23:33:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Plut]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
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		<category><![CDATA[retórica]]></category>
		<category><![CDATA[vamos a volver]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Macri busca votos para una próxima presidencia, reafirmando el camino elegido y dice: “es por acá”. Frase ambigua que no impide saber que ese acá es la profundización de lo más oscuro.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/retoricas-de-la-espacialidad-por-sebastian-plut/">Retóricas de la espacialidad &#8211; Por Sebastián Plut</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><em><strong>Macri busca votos para una próxima presidencia, reafirmando el camino elegido y dice: “es por acá”. Frase ambigua que no impide saber que ese acá es la profundización de lo más oscuro.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Sebastián Plut* </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Introducción</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Introducción será breve y nos valemos de un fragmento del cuento “Caballo en el salitral” de Antonio Di Benedetto:</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>&#8211; ¿Será Zanni…, el volador?</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>&#8211; No puede. Si Zanni le está dando la vuelta al mundo. </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>&#8211; ¿Y qué, acaso no estamos en el mundo?</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>&#8211; Así es; pero eso no lo sabe nadie, aparte de nosotros</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>La espacialidad</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En 1938 Freud apuntó que <em>“la espacialidad acaso sea la proyección del carácter extenso del aparato psíquico”</em> (1). Se trata de una oración aislada, entre otras anotaciones igual de fragmentarias.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sintetizó así un conjunto amplio de hipótesis, distribuidas y dispersas en textos de épocas diferentes, acerca de cómo creamos desde nuestra subjetividad aquello que llamamos espacialidad. Cómo configuramos lo exterior, lo otro, las distancias, centros y periferias, qué valoraciones construimos y aplicamos, qué tipo de nexos imaginamos (y deseamos) entre el adentro y el afuera, son algunos de los interrogantes que se derivan de la citada tesis freudiana.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La cotidianeidad nos ofrece numerosas evidencias de esa diversidad de configuraciones, en las que se exhiben las diferencias singulares. Por ejemplo, al pasar por un determinado barrio, un sujeto puede elogiar la belleza de las construcciones, mientras otro podrá hacer cálculos sobre el valor económico de tales propiedades. Mientras alguien estima el clima afectivo que prevaleció en un determinado grupo, otro enfatizará la lucidez de los expositores. Donde alguien ve un ambiente creativo, no faltará quien señale el desorden.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya en un terreno colectivo se desarrolla lo que podríamos llamar una <em>moral de la espacialidad</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por ejemplo, arriba o lo alto suelen designar un valor positivo, en contraposición a lo bajo. Así, supongamos, elogiamos a alguien cuya altura supera la media mientras que si es algo petiso no recibirá halago alguno. De igual modo, “me voy para arriba” expresa lo bien que me va, en tanto “me hundo”, “me voy para abajo” o “estoy caído” reflejan problemas crecientes. Quizá por una razón similar, la religión opone el altísimo al bajísimo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De igual forma se distribuyen derecha e izquierda, toda vez que alguien diestro es alguien hábil mientras que la izquierda tiene como sinónimo la siniestra. En paralelo, “ir por derecha” describe la honestidad que no tendría quien “anda por izquierda”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Qué decir, por otra parte, de adelante y atrás. Alguien que anda bien es una persona que va para adelante, mientras que cuando nos va mal decimos que “estamos para atrás”. Asimismo, ir de frente parece que no es lo mismo que ir por detrás.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Otra oposición es entre derecho y torcido. Huelga decir lo valorado que es andar derecho por la vida, y lo mal visto que es andar algo torcido. No por nada, supongo, de un gay se dice que tiene inclinación homosexual, pero nunca escucharemos que un heterosexual tenga inclinación.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Naturalizaciones</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No nos llama la atención que en los mapas escolares o en los globos terráqueos los países estén siempre distribuidos de una única manera: están los países de arriba y los de abajo. Nada impediría que los mapas se dibujen de otra manera, por ejemplo, al revés de cómo los vemos habitualmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">También damos por natural llamar “clase alta” a los ricos y “clase baja” a los pobres.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La asociación entre lo que está abajo y la pobreza nos parece evidente. Pero, ¿por qué no, por ejemplo, llamar a los pobres “clase alta”? Se me dirá que en la escala de ingresos están abajo, no obstante, podrán ser categorizados como clase de altas necesidades, o de elevada pobreza, o que están en la cima de la vulnerabilidad, mientras los ricos están en la base de la vulnerabilidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tristemente recordamos cuando Mauricio Macri se refirió a quienes “caen en la escuela pública”, reproduciendo el estigma de lo que está abajo como lo denigrado y, para peor, ubicando la gratuidad de la educación en una presunta zona deshonrosa.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora, Macri busca votos para una próxima presidencia, reafirmando el camino elegido y dice: “es por acá”. Frase ambigua que no impide saber que ese <em>acá </em>es la profundización de lo más oscuro. Pero a su vez, el <em>acá </em>es la distancia máxima que Macri registra, tal como cuando le habla al <em>vecino</em>. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No hay para él un <em>allá</em>, una zona lejana a sí mismo, una zona en la que no hay vecinos ni idénticos. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Vamos a volver</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Vamos a volver” cantan y se entusiasman los militantes del campo popular.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, tal ha sido la campaña de demonización de los años K y tan arraigada está la asociación del “atrás” con lo deplorable, que hasta los propios dirigentes se vieron en la necesidad de ¿aclarar? que no se trata de “volver atrás”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya no solo las personas y las ideas, sino hasta las palabras mismas son devastadas. Los destructores de la vida han dañado hasta la belleza del verbo <em>volver</em>, han pretendido saquear su poesía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Vamos a volver” no afirma el propósito de repetir, no es la expresión psicológica de la regresión, ni es la aspiración melancólica de un afiebrado grupo de nostálgicos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El pasado no está atrás, el pasado es a la vez presente y futuro. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Acaso cuando asistimos al concierto de Paul McCartney y lo escuchamos cantar “Hey Jude” pensamos que el Beatle se quedó en el pasado? </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Nada de eso y nada de eso es “vamos a volver”. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Más bien, “vamos a volver” es la marca de un linaje, es la continuidad de una secuencia de huellas, entre las que de inmediato encontramos “volveré y seré millones” o “luche y vuelve”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">“Volver” es el deseo de continuar, y no de retornar “hacia atrás” sino de recuperar lo que ha sido sofocado por las fuerzas de la banalidad, el cinismo y la violencia. “Volver” es integrar, incluir, para que no haya quien, como en el cuento de Di Benedetto, se perciba a sí mismo como fuera del mundo.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Referencias:</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(1) Freud, S.; (1938) “Conclusiones, ideas, problemas”, O.C., Vol. XXIII, Amorrortu Editores.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 7 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">(*) Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de <em>El malestar en la cultura neoliberal </em>(Ed. Letra Viva) y <em>Escenas del Neoliber-abismo</em> (Ed. Vergara).</span></p>
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