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	<title>Martín Piqué archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Martín Piqué archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Néstor Kirchner, un obsesivo del poder (por suerte) &#8211; Por Martín Piqué</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Sep 2020 21:57:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Piqué]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Kunkel]]></category>
		<category><![CDATA[diez años de la muerte de Kirchner]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El 27 de octubre próximo se cumplirán diez años de la muerte del presidente Néstor Kirchner. Martín Piqué propone en esta nota un ejercicio de reflexión: Interrogarnos acerca de qué prioridades trazaría Kirchner si estuviera presente como testigo y protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020. Para ello, Piqué acude a voces autorizadas como las del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto; del ex diputado nacional Carlos Kunkel y del especialista en política internacional, Marcelo Brignoni.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/nestor-kirchner-un-obsesivo-del-poder-por-suerte-por-martin-pique/">Néstor Kirchner, un obsesivo del poder (por suerte) &#8211; Por Martín Piqué</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>El 27 de octubre próximo se cumplirán diez años de la muerte del presidente Néstor Kirchner. Martín Piqué propone en esta nota un ejercicio de reflexión: Interrogarnos acerca de qué prioridades trazaría Kirchner si estuviera presente como testigo y protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020. Para ello, Piqué acude a voces autorizadas como las del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto; del ex diputado nacional Carlos Kunkel y del especialista en política internacional, Marcelo Brignoni.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Piqué*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para la Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace casi diez años, en la mañana de un miércoles feriado, todos esperábamos al censista cuando una noticia partió en dos al país. “El tipo que supo”, el que construyó los cimientos de lo que sería el ciclo político y económico más largo desde la recuperación de la democracia, había muerto. Desde entonces se escribió mucho sobre Néstor Kirchner. Se analizó su liderazgo, inicialmente resistido, como <em>primus inter pares</em> del peronismo. Se lo nombró en actos, discursos, canciones, libros, películas. Se lo mencionó en acusaciones judiciales y en spots de campaña. Se lo abordó como fenómeno político a partir de una multiplicidad de enfoques. Siempre con intencionalidades contrapuestas. Desde el periodismo de guerra que lo combatió–con el odio reservado para los enemigos más temidos, aquellos que están, diría Fito Páez, “a la altura del conflicto”- hasta un culto a la personalidad espontáneo y agradecido, pero que aplana la riqueza de la condición humana, con sus claroscuros, para contribuir al mito. Una década después, con un gobierno peronista que administra una situación de crisis incluso más grave que la recibida en mayo de 2003, las acciones llevadas a cabo por Kirchner en el mandato fundacional (2003/2007) cobran otro sentido, otra actualidad. Otra urgencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El peronismo –el país todo- es afecto a las preguntas contrafácticas. Es el sueño de reescribir la historia para mejorarla, para quitarle los traumas, para que ganen los buenos. <em>Si Evita viviera, ¿qué sería? ¿Qué hubiera pasado si el General decidía enfrentar militarmente el golpe en septiembre de 1955? ¿Cómo hubiera sido el tercer gobierno de Perón si los montoneros no lo desafiaban en el triste desencuentro en la Plaza?</em> Reactualicemos la saga con un interrogante, un ejercicio de imaginación, inspirado en el clima de época: <em>¿qué opinaría Kirchner, qué consejos daría, qué prioridades trazaría, si estuviera presente como testigo y/o protagonista en esta actualidad de la Argentina 2020? ¿Cómo se movería o qué recomendaciones haría el ex presidente y fundador del kirchnerismo en un país atravesado por la pandemia del Covid-19, la escasez de reservas en el BCRA, la renuencia a liquidar los dólares de las cosechas por parte del complejo agro-exportador, el sostenimiento de la estrategia beligerante del Grupo “¿qué te pasha?” Clarín, la desestabilización en curso y en diversos frentes de una oposición política y empresarial decidida a tirar del mantel a cualquier costo, con tal de propinar un golpe del que el Frente de Todos no pueda sobreponerse?</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A la hora de gobernar Kirchner entendía lo que estaba en juego. Lo que se veía y lo que permanecía desde las sombras. No se confiaba. Si el ex gobernador de Santa Cruz se caracterizaba por un atributo, era el de sospechar, recelar. Su acción estaba guiada por la máxima de nunca pecar de ingenuo ni creerse más poderoso de lo que es. Lo acusaban de paranoico, pero el dirigente de apellido difícil que venía del sur había asimilado como pocos, sin disimulo ni hipocresías, la naturaleza volátil, nunca definitiva, siempre acechada por amenazas, intrigas y operaciones, del poder legítimo que detenta un presidente electo en un país periférico, endeudado, defaulteado, con un establishment trasnacionalizado y un sistema de medios concentrado que se asume como ariete y tropa de infantería de esos intereses. Una anécdota de los primeros días de Kirchner en la Casa Rosada valida aquella autopercepción cruda y realista. “Que no se den cuenta que somos tan pocos”, dicen que dijo, palabras más palabras menos, en una de aquellas jornadas frenéticas de mediados de 2003 en las que, a fuerza de hiperactividad, sorpresa y decisionismo, estaba arrancando todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La actitud de Kirchner era la de un mandatario que se asumía como “presidente inesperado”, como lo bautizaría tiempo después un periodista y politólogo que eligió esa definición como título de un libro. Desde ese punto de partida, Kirchner buscaba todo el tiempo ampliar los márgenes de autonomía y poder propio. ¿De qué modo?  Con decisiones que sorprendían, que generalmente implicaban algún riesgo y que se implementaban sin consultar ni anticipar la jugada a los factores que buscaban condicionarlo. Algunas de esas medidas eran más graduales, digamos tiempistas, otras más confrontativas. Si el editor de <em>La Nación</em>, Claudio Escribano, le pronosticaba apenas un año de mandato, él respondía con la denuncia del apriete para dejarlo en evidencia más un fuerte cuestionamiento al propio diario. Si Eduardo Duhalde le quería imponer a Roberto Lavagna como compañero de fórmula, Kirchner elegía sobre el vencimiento de las listas a otro dirigente de perfil más centrista o moderado para complementar el binomio –el porteño Daniel Scioli- y le daba la primicia a <em>Clarín</em> para la tapa del domingo, pero a último momento de la tarde/noche del sábado, con las ediciones a punto de cerrar, ordenaba filtrar el dato también a <em>Página/12</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Kirchner gobernaba con vértigo y realismo. Quería iniciar un ciclo largo de crecimiento económico y distribución de la riqueza  (su eslogan de campaña en 2003 estaba lejos de toda épica maximalista, apenas proponía “un país normal”). Se ha dicho y escrito mucho que llegó al gobierno con el respaldo del 22% de los votantes, con más desocupados que votos, pero así y todo se las ingenió para fundar con su impronta una etapa del peronismo bastante prolongada para la montaña rusa de la política argentina. Su preocupación era generar empleo, contribuir para que la economía repuntara y creara trabajo, y por eso le encargó al coordinador de la Cumbre de Mar del Plata de 2005, Jorge Taiana, que incorporara esa idea como consigna oficial del encuentro hemisférico que sepultó al ALCA. “En la situación actual, Néstor hubiera dicho probablemente que la política social es la política económica y no el reparto de comida. Es una idea importante para aplicar en esta etapa, para salir de esta lógica de pensar que la pobreza se soluciona, digamos, repartiendo polenta. Porque un peronista de ley se preocupa porque la gente tenga trabajo y autonomía económica y no por incluirla en 150 planes sociales distintos”, dice sobre este punto el jefe de Gabinete de la presidencia del Parlasur Marcelo Brignoni, quien en la etapa inicial del kirchnerismo revestía como diputado provincial de Santa Fe asignado por el propio Kirchner a la construcción de la -luego frustrada- transversalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los primeros años de Kirchner partían de un punto crítico pero que en cierto modo favorecía la creación de empleo y la recuperación del ingreso. La salida de la Convertibilidad y la devaluación asimétrica (combo necesario pero no por eso menos traumático) habían dejado bastante margen para mejorar los salarios, porque el consumo estaba paralizado o directamente destruido, los sindicatos debilitados y las paritarias parecían una pieza de museo. Aquellos fueron los tiempos de los aumentos salariales por decreto, tanto para el empleo público como para el trabajador privado. Una modalidad a la que algunas voces emblemáticas y de mucho peso proponen apelar nuevamente para afrontar esta situación de emergencia. “Yo estoy segura que Néstor, hoy, en esta coyuntura, aumentaría el sueldo por decreto a todos los que están exponiendo su vida en la pandemia: camilleros, choferes, las mujeres que lavan los pisos y sirven la comida, los pibes jóvenes que están ayudando en todos lados, los médicos, los científicos, las médicas, las biólogas, las investigadoras, a todos los que están trabajando en esta pandemia tremenda y nos están dando todos los días un poco de su vida. Néstor les aumentaría el sueldo y no les daría 5 mil pesos (por el bono para el personal de la salud anunciado por el ministro Ginés González García, que el gobierno extendió por 90 días) que, la verdad, a mí me dieron vergüenza”, acicatea Hebe de Bonafini.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://adriboschmagazine.files.wordpress.com/2019/07/1558037465-fuente-kirchneristyle8.jpg?w=980" alt="Moda y redes: @kirchneristyle, la cuenta de Instagram que revaloriza el “estilo CFK” | Magazine" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>“El 25% del poder” </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si una de las premisas de la praxis de Kirchner era su preocupación permanente por las amenazas y la capacidad de erosión del poder económico, el santacruceño actuaba en consecuencia: asumía como un deber constante de su administración saber distinguir -en la práctica, con astucia y en defensa propia- la diferencia entre ejercer el gobierno y tener (todo) el poder. No por casualidad la propia Cristina Fernández llegó a decir en una entrevista radial que “identificar el poder con estar en el gobierno es una burrada”. Fue en el año 2017, durante la campaña por la que compitió como senadora, en el marco de un imperdible diálogo con la ‘Negra’ Elizabeth Vernaci en la emisora Radio Con Vos. “Un presidente del 100% (que haya obtenido la totalidad de los votos) tendría el 25% del poder”, graficó entonces CFK. Kirchner tenía incorporada esa limitación en cada uno de sus movimientos. Era un obsesivo de la acumulación de poder y tenía razón. Porque los gobiernos populares tienen siempre la cancha inclinada (en contra). Kirchner tenía, también, una indisimulable aprensión ante el riesgo de pérdida de autonomía que implicaba para un gobernante que su actividad política, que sus campañas electorales, fueran patrocinadas por los grupos económicos que financian campañas y que luego se quieren cobrar el apoyo incidiendo sobre las políticas públicas. De hecho, en los albores de 2003, el gobernador santacruceño –que provenía de una provincia esencialmente hidrocarburífera- llegó a ser nombrado por algún respetado columnista de domingo como “el candidato de Repsol”. Pero la relación con la petrolera española nunca fue la de subordinación lineal, como sí ocurre con otros encumbrados dirigentes argentinos y ciertos conglomerados industriales o de telecomunicaciones –Techint y Clarín, por caso- con domicilio en paraísos fiscales. Su condición de hombre del sur, conocedor al detalle de las actividades del gas y del petróleo, lo conectó desde el primer momento con una estrategia de gobernabilidad: la base de sustentación del gobierno debía incorporar en su seno grandes actores productivos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En enero de 2010, durante su visita a los estudios de la TV Pública como invitado central del programa 678, Kirchner soltó una frase que fue muy comentada entre la militancia. Ante una consulta con tono a reproche del panelista Orlando Barone, el por entonces diputado y ex presidente defendió la decisión de haber mantenido al economista Martín Redrado durante mucho tiempo al frente del BCRA. “En ese momento, cuando nosotros negociábamos una quita de la deuda de 70 mil millones de dólares, cuando la Argentina venía del default y nos tenían una desconfianza absoluta, ¿a quién iba a poner yo, Orlando? ¿Al flaco (Carlos) Kunkel? Esto tiene que ver con la acumulación de poder y con las relaciones de fuerzas”, explicaba en aquella oportunidad con paciencia y cierto afán pedagógico. Eso sí, aunque se manejara con táctica y midiera los tiempos, Kirchner también entendía que el nacionalismo popular tenía adversarios históricos que tratarían de derribarlo o hacerlo fracasar de la forma que sea. “En la situación actual yo creo que Néstor hubiera dicho que los comandos civiles del ’55 y los grupos de tareas del ’76 no desaparecieron,  solamente están replegados, con lo cual no se puede ser ingenuo con eso”, acota en ese sentido el santafesino Brignoni.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Un pragmático que en las pulseadas de poder, a pesar del riesgo, salía para adelante.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué diría, en definitiva, ese Kirchner obsesionado por la consolidación del (relativo) poder propio y la ampliación del campo de lo posible (en el doble sentido de fortalecer la primacía de la política para hacer frente a la capacidad de veto del establishment y mejorar las condiciones de vida de las mayorías) ante las encrucijadas que enfrenta hoy el Frente de Todos? Dejemos la respuesta en dos hombres que lo conocieron mucho y que lo trataron durante décadas, tanto la intimidad como en su faceta pública. Se trata del publicista, empresario y militante político Jorge ‘Topo’ Devoto (uno de los productores de ‘NK’, el documental sobre la vida de Kirchner que dirigió Adrián Caetano) y el dirigente peronista de la provincia de Buenos Aires y ex diputado nacional Carlos Kunkel. “Néstor Carlos Kirchner tenía como claros objetivos la consolidación de un proyecto de crecimiento con justicia social en el país y a partir de allí condicionaba sus accionares políticos, yendo muchas veces en alianza con sectores que no eran muy afines pero que podían garantizar el acompañamiento de lo indispensable para la consolidación. ¿Qué nos diría? Lo mismo que nos dijo en el último año de su actividad, de su actuación: ‘Cuiden a la presidenta coraje’, refiriéndose a Cristina. Hoy nos diría ‘cuiden a la vicepresidenta coraje’. Eso es lo que tenemos que hacer los peronistas, y bregar permanentemente por la unidad. Acompañar a los que están en las distintas gestiones de gobierno y respaldarlos. Ese acompañamiento, ese respaldo, tienen que traducirse en dos formas: no hacer críticas hacia afuera, que son aprovechadas por los que pretenden sembrar la división dentro del campo nacional y popular, y no ser obsecuentes hacia adentro, diciéndoles a los ejecutores directos  las cuestiones que creamos convenientes formularlas como críticas. Pero adentro todo, para afuera unidad monolítica. Para evitar que los enemigos de la patria y del pueblo argentino logren su objetivo de hacer fracasar este nuevo intento de reconstrucción que estamos llevando adelante”, exhorta Kunkel, quien conoció a Kirchner a principios de los ’70 en la Universidad Nacional de La Plata. En aquel tiempo el santacruceño era estudiante y el propio Kunkel referente de la FURN (Federación Universitaria para la Revolución Nacional), agrupación cercana a Montoneros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ex propietario de una agencia de publicidad, Devoto imprimió los afiches que usó Kirchner para competir como candidato a intendente de Río Gallegos en 1987. “Una cosa es la coyuntura del conflicto con las patronales (agropecuarias) del 2008 y otra es la pregunta sobre qué haría Néstor hoy”, arranca el ‘Topo’ a la hora del primer balance. “Creo que si estuviera entre nosotros llamaría a la unidad total del peronismo. Y creo que a algunos cabos sueltos que están por ahí y que hacen daño Néstor los hubiera contenido. Él tenía una capacidad diferente de negociación con muchos factores de poder en la Argentina. Hoy llamaría a la unidad nacional y estaría pensando alguna impronta de movilización virtual, a distancia. Y no tengo duda de que el primer día en que se levante la pandemia, él alentaría a movilizarse y poner un millón de personas en la calle, algo que obviamente lo hará el gobierno, el peronismo, el Frente de Todos. Pienso en el Néstor que no retrocedía, que avanzaba, que siempre iba al frente. Aventurarse a lo que haría hoy es, valga la redundancia, aventurero. Pero si tengo su imagen congelada y tengo que responder, digo: ‘Néstor avanzaría’.”</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 22 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Periodista. Co-conductor del programa radial «Vayan a laburar» que se emite por la AM750.</span></p>
<p><a href="http://@MartinPique">@MartinPique</a></p>
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		<title>La Nueva Guerra Fría &#8211; Por Facundo Cardoso, Marcelo Brignoni y Martín Piqué.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Apr 2021 00:16:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Marcelo Brignoni]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Piqué]]></category>
		<category><![CDATA[Política Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
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		<category><![CDATA[Nueva guerra fría]]></category>
		<category><![CDATA[Otan]]></category>
		<category><![CDATA[Rusia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mientras aún resuena en Argentina la visita del Jefe del Comando Sur Craig Feller, todos los indicios señalan que estamos ante una nueva "guerra fría". El eje Estados Unidos OTAN confronta con el eje China Rusia respaldado por la Organización de Cooperación de Shangai. El "orden internacional basado en reglas", que ni sus redactores cumplen, confronta con el modelo de "derecho internacional" de respeto soberano y no injerencia. Mientras esto recién empieza y a diferencia de la primera "guerra fría", no parece seguro que las potencias occidentales se encuentren en el bando ganador.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-nueva-guerra-fria-por-facundo-cardoso-marcelo-brignoni-y-martin-pique/">La Nueva Guerra Fría &#8211; Por Facundo Cardoso, Marcelo Brignoni y Martín Piqué.</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Mientras aún resuena en Argentina la visita del Jefe del Comando Sur Craig Feller, todos los indicios señalan que estamos ante una nueva «guerra fría». El eje Estados Unidos OTAN confronta con el eje China Rusia respaldado por la Organización de Cooperación de Shangai. El «orden internacional basado en reglas», que ni sus redactores cumplen, confronta con el modelo de «derecho internacional» de respeto soberano y no injerencia. Mientras esto recién empieza y a diferencia de la primera «guerra fría», no parece seguro que las potencias occidentales se encuentren en el bando ganador.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Facundo Cardoso, Marcelo Brignoni y Martín Piqué*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ante una pregunta de la cadena televisiva ABC News el pasado 17 de marzo, Joseph Biden acordó en calificar como “un asesino” a Vladimir Putin. Insistió además en que Putin enfrentará consecuencias por interferir en las elecciones presidenciales de 2016 (cuando perdió el Partido Demócrata) y por <em>intentar</em> interferir en 2020 (cuando ganó el Partido Demócrata), según consta en un informe de la Comunidad de Inteligencia oportunamente desclasificado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La respuesta del presidente de la Federación Rusa –que aclaró expresamente que no era ninguna ironía– consistió en desearle “salud” a su par estadounidense (quien días más tarde luchaba con las resbaladizas escaleras del Air Force One). Le devolvió además la gentileza diciéndole que estaba proyectando en él su propio oficio y recordándole eventos de la historia del país del norte de América (genocidio de pueblos nativos, esclavitud, colonialismo, etcétera), sobre la cual se habría formateado la mentalidad de su élite dirigente. Pero el mensaje –también televisivo– de Putin a Biden fue potente en otro sentido: llegó desde la celebración misma del séptimo aniversario de la reincorporación de Crimea a la Federación allá por 2014, un punto de inflexión en la relación entre Rusia y los países de la Organización del Atlántico Norte (OTAN): Rusia además de frenar el expansionismo occidental con ariete en Ucrania y las Repúblicas Bálticas de Estonia, Letonia y Lituania, puso desde entonces a Occidente a la defensiva.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sin embargo, y consultado por la prensa, el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov, descartó el advenimiento de una “nueva guerra fría”. Adujo que se trataba de hipótesis de expertos y analistas que “se ganan la vida con esos pronósticos”. Pero Peskov también dejó en claro que Moscú está preparado «para todos los escenarios posibles».</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algunos imaginaron al exabrupto de Biden y la respuesta de Putin como una mera escalada retórica que no se traduciría en una amenaza física o tangible. Lo cierto es que no se trata de un episodio aislado, sino de un componente más de la nueva fase de la política exterior que la Casa Blanca delineó en la recientemente publicada Guía Estratégica de Seguridad Nacional Provisional, donde explicita que <em>“Rusia sigue decidida a mejorar su influencia global y desempeñar un papel disruptivo en el escenario mundial</em>” y que Estados Unidos debe <em>«unirse con aliados y socios de ideas afines para revitalizar la democracia en todo el mundo”</em>, apoyándolos <em>“para combatir las nuevas amenazas dirigidas a nuestras democracias, que van desde la agresión transfronteriza, los ciberataques, la desinformación y el autoritarismo digital hasta la coerción de infraestructura y energía…”</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El texto además califica a China como <em>«el único competidor potencialmente capaz de combinar su poder económico, diplomático, militar y tecnológico para montar un desafío sostenido a un sistema internacional estable y abierto”</em> y asegura que <em>“tanto Beijing como Moscú han invertido mucho en esfuerzos destinados a controlar las fortalezas de Estados Unidos y evitar que defendamos nuestros intereses y aliados en todo el mundo”.</em> De este modo, la tan mentada “guerra comercial” con el gigante asiático, que caracterizó la administración anterior en Washington, se intensifica y adquiere, por cierto, otra dimensión estratégica. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dos días después de las declaraciones del jefe de la Casa Blanca para la cadena ABC, se llevó a cabo la primera reunión entre EEUU y China de la era Biden, que el flamante secretario de Estado, Antohny Blinken, definió como «el test geopolítico más grande del siglo XXI”. La delegación del Departamento de Estado consideró una victoria que el encuentro se realizara en suelo estadounidense, si bien Anchorage, la ciudad de Alaska cercana al océano Pacífico donde efectivamente tuvo lugar, dista más de Washington que de Beijing.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://www.lavanguardia.com/files/article_main_microformat/uploads/2021/03/19/60552b34b9662.jpeg" alt="Tormenta diplomática en Alaska" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Durante el intercambio de alto voltaje entre las dos comitivas, Blinken apuntó a las “actividades” chinas en Xinjiang, Hong Kong y Taiwán, y –en base a otro oportuno informe de inteligencia– a los supuestos ciberataques chinos contra EEUU y la coerción económica a sus aliados que <em>“amenazan ese orden basado en reglas que mantiene la estabilidad global” </em>y que por tanto la discusión no es “meramente de asuntos internos» de un país. El jefe de la diplomacia estadounidense defendió ese “orden basado en reglas” sin el cual “el mundo sería más violento”. La advertencia sobre la violencia que implicaría no aceptar ese mundo y las reglas que lo rigen, fue percibida como una amenaza por el alto diplomático chino Yang Jiechi, quien le espetó a Blinken que EEUU es el “campeón” de los ciberataques, que no debe meterse en asuntos internos y, desafiando la pretensión de liderazgo global que la era Biden intenta revitalizar, dejó en claro que <em>«EEUU no califica para hablar con China desde una posición de fuerza».</em> Agregó que Washington <em>“n</em><em>o representa al mundo; sólo representa al gobierno de los EEUU»</em> y que incluso <em>«mucha gente dentro de EEUU tiene de hecho poca confianza en la democracia de EEUU». </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El funcionario chino advertía así en la reunión el fenómeno geopolítico que se viene gestando hace algunas décadas: EEUU pretende seguir ocupando un rol global unipolar que algunos otros países ya no están dispuestos a reconocerle.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto descolocó a Blinken. Luego de las palabras de Yang Jiechi, pidió a los periodistas que se queden para responder a la delegación china y se explayó sobre la capacidad de su país para reponerse de las tensiones internas y salir fortalecido de ellas, y recordó que<strong> <em>“</em></strong><em>una apuesta contra América nunca es una buena apuesta”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Luego de Anchorage, y quizás como consecuencia de esa reunión, se produjeron otros dos encuentros relevantes que indican, ya de forma explícita, la configuración de dos polos globales definidos por sus diferencias ideológicas: una reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN en Bruselas y otra de ministros de Relaciones Exteriores de China y Rusia en Guilin, China.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Como señala George Szamuely, la primera Guerra Fría dividió a las partes en cuestiones relativas a la organización social y económica de las sociedades, entre la libertad y la seguridad económica, pero <em>“las divisiones ideológicas de hoy involucran la organización del sistema internacional de estados. Un lado, liderado por Estados Unidos e incluido el Reino Unido y la mayoría de los estados miembros de la UE y la OTAN, se suscribe a algo que llama el ‘orden internacional basado en reglas’</em>. <em>El otro lado, liderado por Rusia y China, suscribe el</em> <em>“derecho internacional’</em>, <em>que identifica como los principios que rigen el sistema internacional de estados que surgió de la Paz de Westfalia de 1648</em>”, según el cual los estados, sin importar su tamaño, tienen soberanía exclusiva sobre su propio territorio, y ningún estado puede amenazar la soberanía de otro. Estos principios fundan la Carta de las Naciones Unidas<em>. </em>La defensa que este grupo hace de los principios consagrados en la Carta de la ONU está ganando adeptos. A principios de marzo, Rusia y China, junto a Bolivia y Venezuela, dieron origen al «Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas». Diecisiete países ya son miembros de este grupo. Hay una invitación abierta para que otros se unan y es probable que muchos lo hagan. Los principios de soberanía nacional consagrados en la carta son obviamente atractivos para la parte del mundo que no está firmemente integrada en el sistema occidental de alianzas, ni quiere estarlo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La geografía nuevamente informa: la reunión en la sede de la Unión Europea se encuentra en sintonía con la pretensión estadounidense establecida en la Guía antes mencionada, de fortalecer el grupo de países cuyo tradicional alineamiento a la alianza occidental se encuentra amenazado tanto por la llamada <em>“diplomacia de las vacunas”</em> que llevan adelante Rusia y China como por su avance comercial y de infraestructura estratégica (el gasoducto Nord Stream 2, que a través del Mar Báltico unirá el óblast de San Petersburgo nada menos que con Berlín, constituye un dolor de cabeza para Washington, que no dudó en imponer sanciones a las empresas que participan de él, además de contratar a Amos Hochstein, socio de Biden hijo, en el negociado del gas ucraniano, después de derrocar al gobierno de ese país en 2014 para intentar evitar el gasoducto ruso–alemán).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La percepción de cierto declive estadounidense no implica que la ¿todavía? mayor potencia económica y militar no haya dejado de ejercer su influencia en la reunión de Bruselas para encauzar a la OTAN hacia sus designios, pero los aliados europeos no parecen tan motivados con el escenario de una confrontación directa con el gigante asiático, ni con la tierra de Gagarin.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por su parte, el canciller Wang Yi dejó Alaska y dos días después se dirigió a la ciudad china de Guilin donde recibió a Sergei Lavrov el 22 de marzo (no faltó quien notara que «Guilin» en chino es homofónico al significado de «vecino honorable»). Si bien los cancilleres señalaron que el encuentro (el número 51 entre ambos) no buscaba construir una anacrónica alianza antiestadounidense, sí coincidieron en pedir a Washington que reconsidere su posición y el daño que le está provocando a la paz internacional. Cada una informó a la otra sobre los últimos desarrollos de sus respectivos vínculos con la Casa Blanca y en este sentido los resultados de Anchorage ocuparon una atención especial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras el grupo reunido en Bruselas bajo el liderazgo de Estados Unidos puso el acento, como aseguró Blinken, en “trabajar juntos” cuando “algunos de nuestros aliados se muevan en la dirección equivocada o se alejen de la democracia», el grupo liderado por Rusia y China consideró que <em>«la interferencia en los asuntos internos de una nación soberana bajo la excusa de &#8216;promover la democracia&#8217; es inaceptable»,</em> y destacó la soberanía e integridad territorial como pilar de la relación entre los estados. Lavrov rechazó <em>“los juegos geopolíticos de suma cero”,</em> en los que el jugador solo puede aumentar sus recursos si se los quita al oponente, y “<em>las sanciones ilegítimas unilaterales a las que nuestros colegas occidentales recurren cada vez con más frecuencia»</em>. Wang Yi aseguró que <em>«los países europeos que calumnian a China deben saber que el tiempo de la interferencia arbitraria basada en mentiras terminó».</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras tanto, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), organización intergubernamental fundada el 15 de junio de 2001 que nuclea alrededor de Rusia y China a la República de la India, la República de Kazajstán,  la República Kirguisa, la República Islámica de Pakistán, la la República de Tayikistán, la República de Uzbekistán, la República Islámica de Afganistán, la República de Bielorrusia, la República Islámica de Irán y Mongolia, avanza en crecientes niveles de integración geopolíticos, comerciales y también militares.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdnuploads.aa.com.tr/uploads/Contents/2021/03/26/thumbs_b_c_2ac24c004a8cfb58b99526379fd5d1a7.jpg?v=003111" alt="La nueva estrategia de EEUU frente al auge de China y Rusia" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas tensiones parecen ser solo el comienzo. El yuan digital recientemente lanzado por China amenaza la preeminencia del dólar estadounidense como moneda comercial global, pero también genera un nuevo mecanismo para evadir las sanciones que impulsan Estados Unidos y sus aliados para coaccionar otros estados. En reuniones mantenidas por los ministros de Finanzas se avanzó en la construcción de un sistema alternativo al SWIFT, la red que usan los bancos para transferir pagos a nivel internacional. El Fondo Ruso de Inversión Directa y el Yuan Digital son acciones concretas para desprenderse de la dependencia del dólar estadounidense. El uso de sanciones para coaccionar a otros pronto puede perder su eficacia, como empieza a verse en la propia China, en Rusia, en Irán y en Venezuela, entre otros integrantes del renovado “eje del mal”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para finalizar, vale la pena recordar que Donald Trump también fue interpelado en febrero de 2017 por el entrevistador Bill O’Reilly sobre si consideraba a Putin un asesino. La potencia y sinceridad de la respuesta sólo pudo ser eclipsada gracias al trabajo denodado de los medios occidentales para restarle “seriedad” al ex mandatario estadounidense luego de semejante reconocimiento. La respuesta del pelirrojo neoyorquino fue brutal: <em>“Hay muchos asesinos. ¿Usted piensa que nuestro país es inocente? Cometimos un montón de errores”</em>.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicen que el hombre es el único animal que vuelve incurrir en el futuro en los mismos “errores” que ha cometido en el pasado. </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A pesar de las desmentidas, la nueva Guerra Fría se muestra cada vez más nítida. Pero a diferencia de la primera, no parece seguro que las potencias occidentales se encuentren en el bando ganador.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de abril de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Conductores de Yalta Podcast</span></p>
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		<title>¿QUÉ ES SER UNA NACIÓN? &#8211; POR MARTÍN PIQUÉ</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Dec 2024 14:33:21 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La obra del intelectual e historiador francés Emmanuel Todd, autor del libro “La derrota de Occidente”, dedica capítulos a Rusia, China, Estados Unidos y a la debilitada Unión Europea. Su lupa no se detiene en la Argentina, pero sus reflexiones son útiles para revisitar el presente y el pasado reciente del país que ganó el Mundial de 2022 de fútbol de la FIFA y, al año siguiente, el de la inflación.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/que-es-ser-una-nacion-por-martin-pique/">¿QUÉ ES SER UNA NACIÓN? &#8211; POR MARTÍN PIQUÉ</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f7aca62053457d6b17b0f233e3e65cca wp-block-paragraph"><strong><em>La obra del intelectual e historiador francés Emmanuel Todd, autor del libro “La derrota de Occidente”, dedica capítulos a Rusia, China, Estados Unidos y a la debilitada Unión Europea. Su lupa no se detiene en la Argentina, pero sus reflexiones son útiles para revisitar el presente y el pasado reciente del país que ganó el Mundial de 2022 de fútbol de la FIFA y, al año siguiente, el de la inflación.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a4d5df34490160eaefa1a1cfbc538e62 wp-block-paragraph"><strong>Por Martín Piqué*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cb21676686823c08c7ccd9de1fc927c9 wp-block-paragraph"><a href="http://@MartinPique">@MartinPique</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:50px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-772159b0193c492f54d32cd22e322107 wp-block-paragraph">Sucedió cuatro días después de la asunción de Javier Milei. El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, recibió una pregunta sobre la Argentina a 13.400 kilómetros de Buenos Aires. Estaba en una de sus ruedas de prensa multitudinarias, donde dialoga con periodistas locales y de otras partes del mundo. Allí le preguntaron por una propuesta que suena exótica en todas las latitudes: eliminar la moneda propia para adoptar el dólar como divisa de curso oficial.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-592cc9e5dc9e2be72c229fe4921c6444 wp-block-paragraph">“Todo el mundo conoce la idea del recién elegido presidente de Argentina, de pasar al dólar a nivel interno”, fue lo primero que respondió. Y enseguida advirtió que tal propuesta implicaba “una pérdida significativa de soberanía”.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d4ba5b78420ab86c6e73be7b72dfb62c wp-block-paragraph">La respuesta dedicada a la Argentina no duró más de dos minutos en el marco de una conferencia que se extendió alrededor de cuatro horas. El encuentro con la prensa, realizado en el auditorio Gostiny Dvor de Moscú, se intercaló con respuestas a consultas telefónicas de la ciudadanía. En Rusia este intercambio se conoce como “Línea directa”. Se estrenó en 2001 y con los años se convirtió en formato tradicional de la comunicación putinista. Una marca registrada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af1095870a6e4fce107515e6d5a484b9 wp-block-paragraph">En los dos minutos que le dedicó a Argentina, Putin desplegó la prudencia habitual de un presidente que se refiere a cuestiones internas de otro Estado. Habló, de todos modos, de las consecuencias que tendría para un país abandonar cualquier tipo de política monetaria. O sea, quedarse sin moneda.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b7cc952c425fa7d27763c0090f7a033b wp-block-paragraph">Dijo que una nación sin moneda propia se vería obligada, inexorablemente, a “reducir los gastos presupuestarios en el ámbito social”. “Recortes severos en salarios, pensiones, prestaciones, gastos médicos, carreteras, esto y aquello, seguridad interna”, enumeró (la escena, con subtítulos en español, aún puede verse en el canal <em>Russia Today</em>).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-22a7d8661dbd35a95d2aea94d6e9eb04 wp-block-paragraph">Con esa advertencia, el mandatario ruso describió cómo debería ajustarse un pueblo si adoptara la moneda de otra nación. Una nación que, muy probablemente, tendrá una economía mucho más desarrollada y de mayor productividad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3d399b79145a3258df5646587c2638c2 wp-block-paragraph">Aquella rueda de prensa se desarrolló el 14 de diciembre de 2023. (Esta semana, Putin volvió a realizar su conferencia anual con los periodistas: fue el jueves 19 de diciembre de 2024, siempre cerca de Navidad y del año nuevo.)</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c523c6d47ae9971603907013db7329ba wp-block-paragraph">Vista desde la Argentina, la presentación de 2023 tuvo un instante revelador. Mucho más si se la repasa desde este presente. Sin proponérselo, Putin expuso el trance de un país que &#8211;tras doce años de kirchnerismo, cuatro de macrismo y la experiencia reciente del Frente de Todos&#8211; eligió ser gobernado por los ultraliberales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c70428c0375e23f0b5cfc5e7543e4fc wp-block-paragraph">Fue una suerte de iluminación. Si se exagera, una suerte de epifanía. Y lo desató un simple movimiento en el rostro del líder ruso. Un mohín histriónico más propio de un actor italiano, a lo Vittorio Gassman o Marcello Mastroianni, que de un eslavo hermético y con experiencia en temas de inteligencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4da39e6b4098759fd8c0b9c403ffa171 wp-block-paragraph">Mientras hablaba de la remota nación del sur, Putin bajó el mentón hasta rozar el pecho: al mismo tiempo cerraba los ojos y emitía un chasquido con la boca. El sonido fue amplificado por el micrófono inalámbrico que llevaba en la solapa del traje.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-451d5f5cd7192e59c619d1be18ac64d8 wp-block-paragraph">Con ese gesto fugaz, Putin buscó llamar la atención sobre un dato económico: el índice de inflación anual con el que la Argentina transitaba el –fatídico&#8211; 2023. “Argentina tiene una inflación, creo, en torno al 143%”, fue su frase textual.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f4f7a7ac009314dace4315a205b2b606 wp-block-paragraph">Así dimensionó el brote inflacionario del país de Messi; lo expuso frente un auditorio global. Pero en la Argentina los precios seguían creciendo. Y el índice oficial de 2023 terminó en 211,4% tras el impacto de la devaluación inicial de Milei. Fue la inflación más alta del mundo.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://www.periodicovictoria.cu/wp-content/uploads/2024/05/LA-derrota-de-occidente.png" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Emmanuel Todd. La derrota de Occidente.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-190c490f42be3e782289490b4de52be7 wp-block-paragraph"><strong><em>Una economía sana</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-04fd08d0afc05a20878be8dd22232135 wp-block-paragraph">Putin es una figura disruptiva, temida y hasta odiada por buena parte de las elites gobernantes de Occidente. Ese antagonismo escaló tras la anexión de Crimea y la guerra con Ucrania, un conflicto que -se sabe- involucra de lleno a la OTAN. Medios periodísticos de Europa lo suelen asociar con el término “autócrata”. Líder y símbolo del partido Rusia Unida, restauró el poder de su país tras la caótica década de gobierno de Boris Yeltsin (1991-1999). Antes de llegar a la cima, Putin formó parte del segundo mandato de Yeltsin. Ocupó distintos cargos hasta que fue designado primer ministro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cf66cf57a90e5f0bcc96361a22b0bde4 wp-block-paragraph">Un intelectual francés, el historiador y demógrafo Emmanuel Todd, escribió uno de los libros del 2024. Se llama “La derrota de Occidente” (en español lo publicó Akal) y analiza la puja por la hegemonía planetaria desde la economía política, la antropología y la sociología de la religión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d85c3bfb3df42607842df44608e3a7be wp-block-paragraph">Todd plantea que Occidente encarna un modelo en el que las corporaciones trasnacionales controlan a los Estados. Habla de “posdemocracia” y de “naciones inertes”. Además, le escribe un epitafio a la democracia liberal. &nbsp;Por otro lado, sostiene que la República Popular China y la Federación Rusa representan la antítesis: Estados soberanos en los que la política conduce a la economía. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2af6cdc682d252ef32a24412ee72d54e wp-block-paragraph">Pero el libro de Todd va mucho más allá. Sus postulados suenan audaces y transgresores, sobre todo por tratarse de un europeo occidental. Y, también, son particularmente inquietantes cuando se los aplica al análisis de la Argentina, a su historia reciente y su actualidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-81ca6be2ce0b9d63a29a97aa891ec6f3 wp-block-paragraph">Todd dedica un largo capítulo al período que Putin lleva al mando de Rusia (desde 2000 al presente, aunque entre 2008 y 2012 fue primer ministro y la presidencia la ocupó Dmitri Medvédev). El francés define el último cuarto de siglo del país más extenso del mundo como un tiempo de “estabilización”. Una etapa de reconstrucción de la soberanía nacional tras la descomposición acelerada de Yeltsin.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f1a0340ac1b55948bb3f9b46efcb011c wp-block-paragraph">Al repasar la primera etapa de Putin en el poder, Todd destaca una serie de indicadores poco conocidos, al menos en América latina: la mortalidad infantil cayó desde 19 por mil en el año 2000 a 4,4 por mil veinte años después; la tasa de mortalidad por alcoholismo (todo un tema para los mayores bebedores de vodka del mundo) disminuyó de 25,6 a 8,4 cada 100 mil habitantes).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-150e2fd733586062d9c44cb799cd91fa wp-block-paragraph">También se redujeron la tasa de homicidios y la tasa de suicidios. Dice el autor que Putin priorizó y logró reducir el desempleo, cuidó también “la paz social”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9fd336ce8e698a83567b901cc5c67953 wp-block-paragraph">&nbsp;“La derrota de Occidente”, cuando se focaliza en la economía, hace pensar en aquel gesto de Putin en la rueda de prensa de hace un año. Que fue (qué duda cabe) una forma de llamar la atención sobre el récord inflacionario de Argentina.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7d00ede76881793305e2bc9d229f338f wp-block-paragraph">En su capítulo sobre Rusia, Todd recuerda sobre todo que el titular del Kremlin se preocupó siempre por mantener contenidos los “objetivos de inflación”. Se trataba de una prioridad absoluta para la gobernabilidad. Lo sigue siendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f98c672cd4d4160b41277a1f59327a5b wp-block-paragraph">El historiador francés, también sociólogo y politólogo, señala que una de las claves del proyecto de Rusia Unida fue asumir que en las dos principales ciudades del país &#8211;Moscú y San Petersburgo&#8211; quieren vivir en una economía de mercado. No sólo ellos, pero sobre todo ellos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-30370314f5273abd77e0b649709cb24b wp-block-paragraph">Los moscovitas y los residentes de San Petersburgo aspiran a niveles de consumo y estabilidad similares a los de las capitales europeas. Las elites de ambas ciudades, acota Todd, encarnan así un potencial “factor de desestabilización”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-14804bb3ca37a524bd9d05e372adaccc wp-block-paragraph">En la Rusia postsoviética, la conducción del Estado asimiló rápidamente esa cuestión. Por eso, Putin hizo converger la ampliación de la soberanía y del poder estatal (“las empresas estratégicas, como Gazprom, tienen que estar en manos del Estado”) con medidas ortodoxas de orientación fiscalista.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f7114cbad905568b5de37b38a7177b84 wp-block-paragraph">Por esta mixtura, Todd describe a la política económica de Putin como “estatista” y “liberal” al mismo tiempo. “Nacionalista” pero en simultáneo “flexible”. Se podría decir que el putinismo no implica un proteccionismo a ultranza, sino “parcial”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b64e14c0174e422138e7cb9e55078019 wp-block-paragraph">En su primera etapa, Putin hasta sacrificó algunas actividades de la industria, como los rubros aeronáutico y automotriz, recuerda el historiador en su libro.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://e00-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2024/11/15/17316632578054.jpg" alt="" style="width:682px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El presidente de EE.UU, Donald Trump, junto a Javier milei. Foro: AFP</em>.</figcaption></figure>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9c57fb6242e5fe6300df14541b92672b wp-block-paragraph"><strong><em>Lecciones del Este</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7dc32f5ab650f58bac7d119049792490 wp-block-paragraph">Los análisis de Todd no se limitan a la economía. También pone el foco sobre los valores tradicionales de la familia campesina rusa, que considera basados en los principios de “autoridad” e “igualdad”. Para el francés, la reconstitución de la ex URSS le debe su parte a que Rusia evitó el predominio del “individualismo exacerbado” que reina en Occidente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3b18130e2eae10faca2576bd2ac293e2 wp-block-paragraph">“Los gobiernos son más eficaces donde predominan formas familiares ampliadas, comunitarias, sin predominio de ese individualismo exacerbado”, define en ese sentido.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-03822efc8e9102a9114cc0c75ef66bc8 wp-block-paragraph">Tal hipótesis lo lleva a concluir que la mayoría de las naciones de Occidente están viviendo una declinación. Y advierte que esa decadencia puede ser absoluta cuando se produce “una crisis de creencia”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e9a6ac46b41e4e803cf6aecd3207695 wp-block-paragraph">“Una nación es un pueblo con conciencia a través de una creencia colectiva y una elite que lo gobierna de acuerdo con esa creencia. Si esa creencia desaparece, no desaparece el pueblo. Sólo desaparece su capacidad de acción”, sostiene. Y añade: “Es la diferencia entre una nación activa y una nación inerte”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b17f94da8f002b39aed021dddd94c178 wp-block-paragraph">El planteo sobre la decadencia de Occidente se alimenta de una serie de observaciones de la realidad. La primera es que en los países anglosajones está en marcha un declive del protestantismo como “creencia colectiva rectora”. Ya no encarna una identidad organizadora (con sus valores de exigencia educativa, culto al esfuerzo, moralidad y sentido de la responsabilidad).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b401f9e12580590343a5909e699c83d7 wp-block-paragraph">Existe, allí, “un vacío religioso”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7af88781797e166906a21bd81ff7b4af wp-block-paragraph">La segunda: con la deslocalización de las fábricas y el traslado del trabajo industrial a los países asiáticos, “se incrementa la importancia política de la clase media”. Son sectores más asociados a la prestación de servicios o a actividades individuales ligadas al uso de la tecnología.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0721dbc4908e55a3df17944a3755d853 wp-block-paragraph">Pensar que los actores sociales más dinámicos pasan a ser los sectores medios y ya no la franja asalariada industrial implica, como mínimo, un desafío para la acción política.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fedc910c3c35b858ee2379778d2cd50f wp-block-paragraph">Todd desliza estas y otras definiciones, también tajantes. En primer lugar, sostiene que la globalización fracasó en darle bienestar a los pueblos: “No ha resultado otra cosa que no sea una neocolonización del mundo por parte de Occidente”, denuncia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1e0f8b305d798a2e23be69afa0bf79d7 wp-block-paragraph">Además, ironiza sobre la vergonzante actitud de seguidismo que atribuye a las elites europeas. Dice que los gobernantes de la Unión Europea adoptaron en los últimos años “una sumisión de tipo latinoamericano” (sic) al vincularse con Estados Unidos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-39455bd4ee8bd553db7410c8369afb33 wp-block-paragraph">Entonces menciona la pérdida del suministro de energía barata que Alemania solía recibir de Rusia: lo considera un caso extremo en el descuido de los intereses nacionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0bca40c580930ebae08027be0d9377eb wp-block-paragraph">En la misma línea, observa que entre “las clases altas del resto del mundo” se percibe “un miedo sin precedentes a Estados Unidos”. Y a ese fenómeno lo describe, por su magnitud, como una novedad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a14b71727b5a29802d2fb583243d2aa4 wp-block-paragraph">El francés también cuestiona a los gobernantes de países que no son plenamente independientes. Aquellos que son objeto de las estrategias de otros. El estilete va para quienes gobiernan y para quienes supieron hacerlo. “Los dirigentes de los países periféricos tienen incapacidad para gestionar el poder”, reprocha.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-58ee33775ec7e36fd3adbfaeb119c142 wp-block-paragraph">En cuanto a la puja entre EE. UU. y el llamado Sur Global, Todd hace un análisis que encaja con el pasado reciente de América latina: “En la medida en que el sistema estadounidense se contrae en todo el mundo, tendrá un peso cada vez mayor en sus protectorados originales, que son sus bases últimas de poder”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d72579dc77b5554fbfa4b76a2ab89548 wp-block-paragraph">La obra de Todd dedica capítulos a Rusia, China, Estados Unidos y a la debilitada Unión Europea. Su lupa no se detiene en la Argentina, pero sus reflexiones –inquietantes&#8211; calzan perfecto para revisitar el presente y el pasado reciente del país que ganó el Mundial de 2022 de fútbol de la FIFA y, al año siguiente, el de la inflación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-31f1378fbd64677fcd58a9efe48ba844 wp-block-paragraph">Una pregunta final, a modo de remate: ¿la Argentina es, hoy, una Nación?</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d0f4141f6a9d3696311fb9f39eaa3428 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 21 de diciembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-082baa2fe05f63bfe2f9a96fb0ae997c wp-block-paragraph">*Periodista.</p>
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