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	<title>Martín Kohan archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Martín Kohan archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Un debate en el aula &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 19 Jul 2019 22:11:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Colegio Nacional Buenos Aires]]></category>
		<category><![CDATA[Dictadura Militar]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de Malvinas]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la polémica que se produjo en el Colegio Nacional de Buenos Aires con dos veteranos de Malvinas, Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre la relación entre la dictadura militar y la guerra de Malvinas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/un-debate-en-el-aula-por-martin-kohan/">Un debate en el aula &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>A partir de la polémica que se produjo en el Colegio Nacional de Buenos Aires con dos veteranos de Malvinas, Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre la relación entre la dictadura militar y la guerra de Malvinas.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El elitismo displicente atribuido al Colegio Nacional de Buenos Aires parece verificarse más en quienes, desde afuera, lo señalan y lo impugnan, que en quienes, desde adentro, se supone que lo practican. Y en todo caso, según yo creo, ciertos gestos altaneros de egresados o cursantes no se adoptan sin un aire de ironía, de autoironía: algo así como aquel nombre de la revista estudiantil del colegio, “Aristócratas del Saber”, cuyo sesgo autoparódico me parece por demás evidente. El mito de la superioridad intelectual, entonces, se fortalece tanto más desde los complejos de inferioridad de quienes protestan con resentimiento exógeno, que desde las eventuales jactancias, finalmente banales, de quienes pertenecen o pertenecieron al “Colegio de la Patria” (esta sola formulación, por caso, incluso para quienes quieran proferirla en serio, sólo puede hoy por hoy sonar sarcástica). Se agrega a eso otro aspecto, por demás desconcertante: el prejuicio, no del todo infrecuente, de que se trata de un colegio de clase alta; acaso por confundir ciertas marcas de exigencia académica con lo que en cambio sería propio de una estricta jerarquización socioeconómica (por lo visto es cada vez más difícil pensar en criterios de valor que no pasen sólo por el dinero, lo que lleva en este caso a pasar por alto esa virtud tan propia de la educación pública: la de ser un espacio de cruce para estudiantes de extracciones sociales diferentes).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay dos cosas que pueden decirse en favor del Colegio Nacional de Buenos Aires: una, es que el nivel de los estudios es en general bueno o muy bueno, y a menudo incluso excelente; la otra, es que está fuertemente politizado y fuertemente ideologizado. Un aspecto decisivo en tiempos en que hasta la política parece a veces despolitizarse, o en que de tal o cual cosa se pretende, como si fuese un mérito, o como si fuese posible, que carece de ideología. Así, por lo pronto, la postura adoptada por Luis Cervera, ex oficial de la Fuerza Aérea Argentina y ex combatiente de Malvinas, quien junto a su par Héctor Sánchez brindó una charla sobre la guerra en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y se quejó (<em>La Nación</em>, miércoles 17 de julio, página 27) de que el tema se viera “ideologizado”, de que “en el país siempre se politiza e ideologiza todo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Decir “todo” se torna un tanto amplio. Ateniéndonos al caso concreto de la guerra de Malvinas, no queda claro cómo podría tocarse el tema sin politizar y sin ideologizar. Lo que, según se informa, les fue planteado a los expositores en ocasión de su charla en el CNBA, parece por demás pertinente: por un lado, la dimensión ética del acto de matar, así sea en circunstancias bélicas (en la línea, podría decirse, de lo que Juan Bautista Alberdi, alumno del Colegio de Ciencias Morales por cierto, planteó en su célebre <em>El crimen de la guerra</em>); por otro lado, la condición de los conscriptos en el frente de lucha; por fin, la inscripción de la guerra de Malvinas en el contexto de la dictadura militar, cuestión que estaba siendo llamativamente pasada por alto.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Conozco algunos enfoques orientados a discutir la plena subsunción o la homologación sin más de la guerra de Malvinas y la dictadura militar. Por ejemplo,  Rosana Guber, en <em>¿Por qué Malvinas?</em>, lo hace en procura de preservar los valores de la identidad nacional; en tanto que Federico Lorenz, en <em>Las guerras por Malvinas</em>, lo hace para recuperar las vivencias específicas de los conscriptos que allí lucharon. Me persuade, en lo personal, más lo segundo que lo primero; no obstante, en cualquier caso, es distinto no subsumir o no homologar, que no relacionar. No relacionar, o negarse a relacionar, ya que es eso lo que pasó, la guerra de Malvinas con la dictadura militar, no implica sino una omisión flagrante, un escamoteo artero, una desconexión tan intencional como oscura, que no cabe sino poner en discusión. Poner en discusión: fue lo que se hizo, el otro día, durante la mencionada charla en el Colegio Nacional de Buenos Aires.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Mientras se libraba todavía la guerra, León Rozitchner elaboró una admirable intervención, tan lúcida como pronta, luego editada en <em>Las Malvinas: de la guerra “sucia” a la guerra “limpia”</em>: Rozitchner estableció entonces una articulación fundamental entre esa guerra “limpia”, la de Malvinas, y su antecedente, la guerra “sucia”, a partir de la constatación, simple pero crucial, de que las libraba un mismo ejército. Era el ejército de los torturadores y los desaparecedores, el de los secuestradores y los asesinos, por más que no todos sus integrantes lo fueran, el que llevaba adelante la “gesta”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Rozitchner abrió esa discusión decisiva en la época de los acontecimientos. Bueno es saber que sigue abierta. Porque la abrupta interrupción del debate en el CNBA, para pasar con presteza al rito del chocolate con churros, fue eso: una interrupción. No un cierre ni una clausura, mucho menos una conclusión.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 19 de julio de 2019</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Un tiempo para las preguntas &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Aug 2019 14:41:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[filosofía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan sostiene que en la facultad de filosofía y letras de la UBA se suele dar por sentado que allí se es de izquierda. El problema sobreviene cuando hay  que enfrentar argumentos de derecha que son, por cierto, los que bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Uno de los problemas que, a mi entender, afrontamos habitualmente en la facultad de filosofía y letras de la UBA es que solemos dar por sentado que ahí somos todos, de una u otra forma, de izquierda. De una u otra forma, pero de izquierda, siempre de izquierda, todos de izquierda.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A menudo, probablemente, puede que en efecto sea así, que lo seamos; pero no es una eventual comprobación empírica lo que me interesa, sino las condiciones discursivas que tal premisa (justificada o no) establece de hecho (aunque de todos modos, basta con que uno solo de los presentes asuma otra perspectiva ideológica, para que dicha premisa se torne, no sólo falsa, sino también prepotente y mortificante).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las condiciones generales de nuestros intercambios nos entrenan pues hasta la experticia para debatir cuestiones de izquierda en todas sus variantes y en todos sus matices (izquierda y peronismo, desde ya; pero también proletariado y campesinado, vanguardia y revolución, redefiniciones de la noción de trabajo, foquismo y obrerismo, etc., etc., etc.).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, somos también, y por las mismas razones, bastante ineptos, o enteramente ineptos, para enfrentar argumentos de derecha. Que son, por cierto, los que, fuera de la facultad y su notorio microclima, bajo toda evidencia prevalecen en eso que podríamos llamar la sociedad en general. Ante posturas netamente reaccionarias, las que en ese afuera abundan, no sabemos discutir tan bien, no estamos tan bien preparados para hacerlo, por la sencilla razón de que no forma parte de nuestros hábitos de polémica.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso me resultó más que significativo un hecho que aconteció el otro día, en una de las sesiones de unas jornadas sobre cuerpo y violencia. En una de las aulas de la facultad, y en el tramo dedicado a preguntas y comentarios al cabo de una de las mesas de ponencias, una de las asistentes desplegó con marcado énfasis varios de los criterios que se reconocen como propios de la derecha: la percepción de que la inseguridad cunde sin control, la plena justificación de un estado de miedo respecto del delito, el reclamo de mano dura, la protesta porque los delincuentes son liberados de inmediato, la defensa de la justicia por mano propia y la suspensión de las garantías constitucionales. Algo hubo de Blumberg en su planteo, algo de Patricia Bullrich y algo de Eduardo Feinmann. La intervención casi no recibió objeciones. Me pareció incluso que se la daba por buena. Pienso que habría que preguntarse por qué.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de agosto de 2019</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Un consejo de Laura Alonso &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Feb 2020 22:09:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Laura Alonso]]></category>
		<category><![CDATA[Nisman]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Laura Alonso y Patricia Bullrich fueron quienes indujeron con firmeza al fiscal Nisman a presentarse en el Congreso Nacional para exponer su denuncia contra la ex Presidenta. El consejo de Laura Alonso fue de orden discursivo: exhibir una palabra serena, dejando hablar al otro con una indiferencia total hasta reducir sus eventuales vehemencias retóricas a la burda condición del ladrido, al estado de animalidad.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Laura Alonso y Patricia Bullrich fueron quienes indujeron con firmeza al fiscal Nisman a presentarse en el Congreso Nacional para exponer su denuncia contra la ex Presidenta. El consejo de Laura Alonso fue de orden discursivo: exhibir una palabra serena, dejando hablar al otro con una indiferencia total hasta reducir sus eventuales vehemencias retóricas a la burda condición del ladrido, al estado de animalidad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No se sabe, no sabemos, si en efecto lo indujeron al suicidio. El documental de Justin Webster resulta en eso muy sugestivo, pero no es ni puede ser concluyente. A cambio, sí, comprueba y ratifica, por confesión de parte podría decirse, otra clase de inducción. La firme inducción al fiscal Nisman para que se presentara en el Congreso Nacional y expusiera allí su denuncia ante los representantes del pueblo y ante la prensa en pleno. Nisman no estaba para nada convencido de hacerlo. Más aún: se mostró reticente al respecto, vaciló hasta la renuencia, se sintió incluso temeroso (tanto como para sugerir que era mejor que no hubiese periodistas). Pero se vio, pese a todo, inducido a presentarse. ¿Inducido por quiénes? Por Patricia Bullrich y por Laura Alonso, cuyas intensas comunicaciones con él, en las horas previas a su muerte, no han sido hasta ahora sino endeblemente explicadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que la denuncia de Nisman era inconsistente es algo que el documental de Webster (pero antes que eso, la denuncia misma) deja por demás en evidencia. Alberto Nisman no tenía nada. Nada. Lo cual carga verosímilmente de angustia la escena solitaria de la víspera de la presentación ante el Congreso (con una huella de lo desesperado: las sucesivas llamadas a Stiuso, todas sin contestación). Varios de los testimonios coinciden en destacar dos fuertes características de Nisman: una, que no soportaba perder; otra, que iba siempre para adelante. Es decir: que no sabía retroceder. Y que, por ende, estaba yendo ahora derecho hacia lo insoportable: estaba yendo a perder.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero hay un tramo del documental, sucinto y hasta lateral, en el que quisiera detenerme. Un tramo en el que habla Laura Alonso, una de las dos personas que instigaron a Alberto Nisman a presentar su denuncia en el Congreso. Ella misma expone allí los reparos del fiscal. Y a continuación los argumentos con los que ella solventó su insistencia. Me interesan esos argumentos que le dio: le dijo que no se preocupara, que la clave era que hablara tranquilo, que no interrumpiera ni encimara su voz con las otras, que dejara a los oponentes ladrar. Ese era, por entonces, un fuerte ideal de discurso. La idea de que lo fundamental era exhibir una palabra serena, dejando hablar al otro con una indiferencia total, fácil de camuflar de tolerancia, hasta reducir sus eventuales vehemencias retóricas a la burda condición del ladrido, al estado de animalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para esta concepción del discurso, resultaba completamente indistinto que se tuviera o no se tuviera cosa alguna que decir. Lo importante era hablar con calma, aunque lo dicho fuese completamente vacuo. Todavía no había transcurrido el gobierno de Mauricio Macri, en el que se abundó hasta la ruina nacional en esta tesitura de las palabras insustanciales pero reposadas. Los consejos de Laura Alonso provienen de aquel momento previo, desde un paradigma por entonces muy apreciado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Nisman, sin embargo, podría no haber bastado. Supongamos que hubiese logrado ese estilo de exposición de mente en blanco. Supongamos que hubiese conseguido adoptar esa técnica de un dejar hablar aparentemente respetuoso (fácil solamente cuando lo que el otro pueda decir no nos importa en absoluto). Supongamos que hubiese asumido la visión de Laura Alonso, de que los otros son animales, de que cuando hablan, ladran. No es tan sencillo, de todas formas, tomar la palabra y no decir nada. Hablar y hablar, y no decir nada. Muchos dirigentes del macrismo lo lograron, bien lo sabemos, incluso hasta la experticia. Pero no es tan sencillo. Nisman tenía, todo lo indica, cierto amor propio intelectual en asuntos de índole jurídica. ¿Hablar y hablar y hablar, para decir la nada misma? No habría resultado tan sencillo para él. Acaso alcanzó a advertir que no, que no lo sería. Y acaso alcanzó a advertir que le sería incluso imposible.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 7 de febrero de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>El desacuerdo &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2020 14:12:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Aborto]]></category>
		<category><![CDATA[desacuerdo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Rudy y Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de un chiste de Rudy y Paz, Martín Kohan plantea el dilema del desacuerdo político entre el decir y el hacer. </p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-desacuerdo-por-martin-kohan/">El desacuerdo &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>A partir de un chiste de Rudy y Paz, Martín Kohan plantea el dilema del desacuerdo político entre el decir y el hacer. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los chistes de Rudy y Paz, en la portada de <em>Página 12</em>, equivalen para mí, a menudo, a un editorial; hasta tal punto aprecio en ellos el mérito de la precisión, de la agudeza, del espesor conceptual. Y les basta para eso apenas con el dibujo de una escena y un breve intercambio de palabras. El del martes 3 de marzo me dejó, sin embargo, con dudas. Se ve en el recuadro a dos personas que, frente a frente, sentadas en sendos sillones, conversan. De un lado, una mujer de pelo corto y anteojos; del otro, un hombre de barba. Ella luce resolutiva; él, apocado. El diálogo que mantienen es el siguiente: “Alberto anunció un proyecto para legalizar el aborto” (ella) / “Nuestro proyecto es mucho mejor” (él) / “¿Y qué planean hacer?” (ella) / “En cuanto sea presidente, lo pongo en marcha” (él). De haber un cuadrito más (no lo hay), tal vez veríamos a la mujer cayendo de espaldas, con la consabida onomatopeya: “¡Plop!”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Certero para los estereotipos y su iconicidad, Paz nos deja reconocer, en el hombre de barba, al izquierdista de rigor (entiendo el recurso visual; pero, dado el tema, y aunque la cuestión de la legalización del aborto nos convoca y nos interpela a todos, me pregunto por qué razón se repartieron así las posturas: entre una mujer y un varón). La palabra decisiva en el intercambio es, a mi criterio, “hacer”. Los planes y los proyectos son del orden del hacer; y el poder ejecutivo (“Alberto”, “presidente”) es poder precisamente por eso, es poder de ejecución. En tanto que Alberto dice (anuncia) y hace, el hombre de barba dice (planea) pero no hará, ya que no es presidente (hará en cuanto lo sea, pero nada en el dibujo anuncia en él semejante destino).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Se trata, entonces, de una oposición entre decir y hacer? Resulta ineludible en este punto la recurrida cita de Perón de que “mejor que decir es hacer”; pero adosándole este razonable desconcierto: ¿quién más que Perón, y quién mejor que Perón, evidencia en la política argentina que el decir es también un hacer, que se hacen cosas con palabras? (Por ejemplo: él dijo “imberbes”, y en ese momento la historia argentina cambió). En el chiste de Rudy y Paz se inscribe entonces ese conflicto, un conflicto entre hacer y decir (entre un decir que conlleva un hacer y un decir que es solamente un decir); y a la vez, por eso mismo, el conflicto entre un decir y el otro. ¿Qué lugar se le concede a ese decir, el decir de un proyecto mejor, aunque sin poder ejecutivo? ¿Qué lugar se le concede a ese desacuerdo, planteado al interior de un acuerdo de fondo? ¿Se lo anula, si no tiene un hacer? ¿Inexiste, hasta que lo tenga? ¿De lo que no se puede hacer, y no ya de lo que no se puede hablar, hay que callar? O en verdad: ¿de lo que <em>no se va a hacer</em>, incluso si es mejor, hay que callar?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Sabemos en qué términos precisos define Jacques Ranciere el desacuerdo político (el carácter político del desacuerdo): en la distribución capital de quienes pueden tomar la palabra y quienes no, en la distribución de poder de las palabras con validez y las palabras que no valen nada. Porque tomar la palabra es un acto político en sí mismo. Y decir es entonces también hacer, incluso si no se es presidente, incluso si no se tiene ese poder: el ejecutivo. Permite plantear alternativas, pensar mejor lo que se “hace”, calibrar alcances y límites, preguntarse si hay gato encerrado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Aclaro que, de todas formas, me reí con el chiste del martes (sé reírme de mí mismo: soy judío).</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires. 6 de marzo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Gol hecho &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 May 2020 20:57:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[virtualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En tiempos de pandemia y cuarentena, de la vida virtual reemplazando a la empírica, Martín Kohan se pregunta en este artículo, ¿cómo seremos nosotros, los reales, de vuelta en el mundo real, después de haber atravesado esta experiencia de virtualidad radical?</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/gol-hecho-por-martin-kohan/">Gol hecho &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>En tiempos de pandemia y cuarentena, de la vida virtual reemplazando a la empírica, Martín Kohan se pregunta en este artículo, ¿cómo seremos nosotros, los reales, de vuelta en el mundo real, después de haber atravesado esta experiencia de virtualidad radical?</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una de las escenas para mí más significativas, y acaso definitoria, de la experiencia de la cuarentena (no de la cuarentena en sí, como medida sanitaria y política, sino de la situación específica de tener que estar todos por tantos días aislados y encerrados) fue la del Kun Agüero perdiéndose un gol hecho en el partido de Play Station que estaba jugando en su casa (¿dónde, si no?). Porque el mundo existente lleva ya un largo tiempo escindido en al menos dos versiones: la empírica y la virtual. La empírica, vale decir, la de las calles y los cuerpos y los encuentros y los contactos, la de los espacios verdaderos con sus causas y sus consecuencias; y la virtual, esa que las nuevas tecnologías no han ni pretenden haber fundado, pero que han sin dudas expandido y acentuado en proporciones enteramente inéditas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Cada cual sabrá cómo se las compone en cada caso con esas dos dimensiones del mundo. Cada cual sabrá, si es que maneja, qué es lo que mira cuando se desorienta: si la ciudad o el GPS; cada cual sabrá qué es lo que hace cuando siente que extraña a alguien, si lo llama para encontrarse o lo mensajea nomás desde el celu; cada cual sabrá qué sexo elige un día u otro, si el carnal o si el virtual; o qué clase de solitario practica, si el de los naipes o el de la pantalla; o las cuentas cómo las paga, si haciendo fila en alguna vereda o pulsando teclas sin salir de la cama.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ahora bien, una cosa que la cuarentena alteró, entre las tantas que tanto ha alterado, es esa relación: la que entablamos, cada cual en su estilo, entre lo real y lo virtual. Porque son ni más ni menos que esos espacios asignados habitualmente al mundo real lo que ahora fue quedando atenuado, reducido o directamente abolido. Y la virtualidad la que fue ganando terreno en la misma proporción. Hay quienes se valen del espacio virtual para la vanidad del darse a ver, y de paso, también un poco mirarse; hay quienes lo usan para crear, mediante un alias, otro yo, y aprovechar la impunidad del anonimato para darse el gusto de ser miserables; hay quienes se consuelan de su nulidad personal usurpando la vida (el nombre) de otros, para cobrar la existencia que no tienen, aunque sea de manera parasitaria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero están también los famosos, los famosos de verdad; cuya condición traspasa fluidamente de un plano al otro, esos que en el mundo real algo tienen de un carácter virtual (por eso cuando nos encontramos en persona con un famoso, podemos tener la sensación de que lo conocíamos desde antes, e incluso la sensación, más extraña aun, de que él podría, de alguna forma, ya conocernos, reconocernos), esos que en el mundo virtual ven duplicarse su carácter real (es la continuación de ellos mismos por otros medios: la red no está ahí para representar sus vidas, sino para extenderlas).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Así es que pasa lo que tantas veces pasa: que por ejemplo un jugador de fútbol puede jugar consigo mismo en un partido en la Play, que pueda elegirse e incluirse en el equipo, que pueda mover, botonera mediante, su figura virtual desde su existencia real. Y eso estaba haciendo el otro día el Kun Agüero en su casa. ¿Cómo lo sabemos? Porque a la vez lo transmitía en directo en Twitch. Lo real y lo virtual delineaban pues su cinta de Moebius: el Agüero real traspasado al juego virtual, el Agüero virtual maniobrado por el Agüero real, la escena entera traspasada a la comunicación virtual, y desde la comunicación virtual contemplada por varios miles en sus miles de casas. Y entonces sucedió: Agüero se perdió un gol hecho, y al perdérselo se agarró la cabeza. ¿Agüero o Agüero, cuál de los dos? Los dos. Y el gesto de llevar las manos a los lados de la cabeza fue idéntico y fue simultáneo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya sabemos, puro Oscar Wilde: la realidad imita a la Play. El gesto en la Play, copiado del Agüero real, retornó al Agüero real desde la Play, convirtiéndolo en un imitador de sí mismo. Borges lo pensó recurriendo al ajedrez, pero en el ajedrez la representación es más simbólica que mimética. Aquí vemos a los dos Agüeros, igualitos el uno y el otro, volviendo por un instante indecidible cuál es el orden de precedencia de lo real y lo virtual. Lo que cobra una importancia singular para el después de la pandemia, tan incierto y tan difuso como es ese después. ¿Cómo seremos nosotros, los reales, de vuelta en el mundo real, después de haber atravesado esta experiencia de virtualidad radical? ¿Cómo serán las relaciones con los otros, en la realidad, después de haber trasplantado esas relaciones tan por entero a la esfera de la virtualidad? ¿Qué nos pasará con las aulas, con los pagos, con el sexo, con las reuniones, cuando reintegren a sus lugares previos a ese adjetivo, “virtual”, que hoy por hoy los ha cooptado de manera indefectible?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Agüero se embarulló en el armado de su equipo en la Play, se confundió con los mellizos Funes Mori; en su entrevero virtual de Ramiro y de Rogelio, eligió a uno pero puso al otro. Estaba protestando por eso, y justo entonces le entró un whatsapp. ¿Quién era? Era Funes Mori, que lo estaba viendo desde la casa. ¿Funes Mori? ¿Pero cuál de los dos Funes Mori? Ramiro. ¿Ramiro? Ramiro, sí, Ramiro. ¿Pero cuál de los dos Ramiros?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 2 de mayo de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Pasión de nadie &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jun 2020 18:48:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[falsedad]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Marín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[pandemia]]></category>
		<category><![CDATA[televisación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los partidos de fútbol ya no se juegan para el campeonato sino para la televisión, y la pandemia ha profundizado este aspecto que ya estaba presente en la escena falsa que la televisación de partidos hoy transmite. En esa falsedad, de todos modos, no deja de alojarse una verdad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/pasion-de-nadie-por-martin-kohan/">Pasión de nadie &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Los partidos de fútbol ya no se juegan para el campeonato sino para la televisión, y la pandemia ha profundizado este aspecto que ya estaba presente en la escena falsa que la televisación de partidos hoy transmite. En esa falsedad, de todos modos, no deja de alojarse una verdad.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Jean Baudrillard lo decía, a comienzos de los años ’90, a propósito de la guerra del Golfo: que la CNN se transmitía a sí misma. Bajo la falsificación hiperbólica de un título efectista (<em>La guerra del Golfo no ha tenido lugar</em>), captaba, pese a todo, una verdad, derivada finalmente de la conocida sentencia de Marshall Mc Luhan: que en la espera en suspensión de los acontecimientos diferidos o atenuados (diferidos en el tiempo o atenuados por la distancia), lo que la televisión transmitía era la propia televisión. Y esa instancia no se diluyó del todo cuando los hechos finalmente se desencadenaron.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay otro precedente, más cercano para nosotros. Es el de Moria Casán, integrante del jurado de “Bailando por un sueño”, cuando designaba al público presente en el estudio como “el decorado” (y sobre esa base, lo mandaba a callar). Y es que, focalizando tanto la cuestión del elitismo en las operaciones de exclusión cultural, parece haber quedado relegada esta otra forma, acaso más lacerante: la de la inclusión con menoscabo, la de la inclusión por subestimación, la de la inclusión para el desprecio. El público como decorado: Moria Casán ejercía la descalificación, pero a la vez la revelaba, quebrando la hipocresía habitual y dejando la situación a la vista, sin velos y sin tapujos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son aspectos a tener en cuenta en el presente, dado que ahora mismo se están produciendo algunos cambios de importancia en la larga historia en la que, en un terreno bien definido, el del fútbol, la cultura popular y la cultura de masas vienen librando una lucha sustancial. La tendencia es por demás notoria: lo popular se ha ido viendo progresivamente relegado, si es que no directamente suprimido, por el avance imperioso de la industria del espectáculo. La televisión ya no acude a las canchas, como antes, a transmitir lo que allí ocurra; cada vez más, eso que ocurre, es montado por y para la televisión. Ejemplos sobran: la supresión del desborde impar en el jolgorio de las vueltas olímpicas y su reemplazo por una ceremonia banal, inspirada en las fiestas escolares de fin de curso; la eliminación de la escena fervorosa de la salida de los equipos a la cancha y su reemplazo por un desfile mustio, inspirado en las salidas de excursión de los jardines de infantes; el retroceso (a veces, a cero) de las tribunas populares en los estadios, por la expansión rentable de los sectores de plateas (dos hitos de resistencia, a modo de ilustración: en octubre de 1997, las butacas instaladas en la popular visitante del Estadio Monumental fueron arrancadas de cuajo y arrojadas al vacío en el preludio de un Boca-River; actualmente, la gestión de Jorge Amor Ameal recupera en La Bombonera los populares que el macrismo había transformado en plateas).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El estado de excepción impuesto por la pandemia ha provocado en el fútbol, no menos que en la sociedad en general, la interrupción de la normalidad de un estado de cosas; pero también, en lo uno y en lo otro, ha venido también a potenciar algunas características que ya imperaban en esa normalidad ahora perdida. Ya lo vimos en el fútbol de Alemania, ya lo vimos en el fútbol de España, ya lo vimos en el fútbol de Italia: se juega sin gente en las canchas. Envasados al vacío, los partidos vuelven audibles los golpes en la pelota, las indicaciones que se dan desde afuera, las cosas que los futbolistas se dicen entre sí. Por eso (y por la frecuente disparidad de fuerzas de los partidos de esas ligas), se asoció esta circunstancia con la que es propia de los entrenamientos. Lo cual podría, pese a todo, tener hasta cierto atractivo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero los partidos no se juegan para el campeonato (que allí suelen estar cantados), sino para la televisión. Y la televisión, precisamente porque, desde hace mucho tiempo ya, no se limita a transmitir el juego, sino que lo produce, ha intervenido sobre la situación. Insatisfecha con la realidad que tiene que televisar, decide, así sin más, adulterarla: inventa lo que no hay, nos hace ver (y escuchar) algo que en verdad no existe. Y lo hace sin disimulo, no precisa enmascarar. Los asientos están vacíos, el estadio está en silencio; pero en la pantalla nos ofrecen un efecto de público presente, figuras en las gradas, rumor en el ambiente. Lo que vemos no es cierto. Pero parece no importar que no lo sea.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y es que si pueden hacer, como hacen, del público un decorado, es porque ya venía siendo, en cierta forma, un decorado. Reducido largamente a la quietud contemplativa, a la mesura de los buenos modales, al merchandising autorizado, a la felicidad o la infelicidad moderadas, ya estaba listo para ser lo que es: un efecto visual de diseño, un efecto sonoro programable.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la televisación de partidos hoy se transmite una escena que es falsa. En esa falsedad, de todos modos, no deja de alojarse una verdad.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 26 de junio de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Un acierto de Macri &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Aug 2020 22:54:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[París]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene en este artículo que el viaje de Mauricio Macri a París afianza su liderazgo como cabeza visible de Juntos por el Cambio, y confirma un modo de hacer política; el más suyo, el de quien gobernó con el aire ausente de un bon vivant distendido que no parecía enterarse de nada, a la espera de que las cosas se fueran arreglando sin saber muy bien cómo, con su propia vida arreglada y las de los otros estropeadas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan sostiene en este artículo que el viaje de Mauricio Macri a París afianza su liderazgo como cabeza visible de Juntos por el Cambio, y confirma un modo de hacer política; el más suyo, el de quien gobernó con el aire ausente de un bon vivant distendido que no parecía enterarse de nada, a la espera de que las cosas se fueran arreglando sin saber muy bien cómo, con su propia vida arreglada y las de los otros estropeadas.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay macristas en desacuerdo con el viaje de Macri a Europa, en desacuerdo con lo que haga en circunstancias como las actuales. Lo expresaron en las redes y, por lo que vi, recibieron entre las respuestas una andanada recriminatoria de maltratos varios (incluso la asignación de esa letra que tienen como la más oprobiosa, la más insultante, la más agraviante, la letra de la que no se vuelve). Da la impresión de que, entre los declamados defensores del respeto al que piensa distinto, hay unos cuantos que sólo admiten al que pienso distinto si piensa distinto <em>igual que ellos</em>. Pero si aparece alguno que piensa distinto <em>distinto que ellos</em>, se alteran, se ofuscan, se violentan, se ofenden y ofenden, pasan pronto a la agresión.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Yo por mi parte considero en cambio que la gestión de Mauricio Macri fue más bien calamitosa, y discrepo con su ideología política diría que en todos sus puntos. No obstante, encuentro inobjetable este viajecito a Europa que hace: inobjetable el hotel saladito que eligió para pasar un par de días en París, inobjetables las playas que eligió para poner en práctica ese oxímoron colosal que se llama “cuarentena libre”, inobjetable el momento que eligió para subirse a ese avión de Air France que ni sabíamos que existía, inobjetable la justificación laboral (aunque con esta palabra dudo) de esos apremiantes asuntos de la FIFA que es preciso abordar en Zurich.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los macristas que criticaron a Macri lo hicieron porque cuentan con él, porque lo quieren activamente al frente de la oposición al actual gobierno. Y sienten que con este viaje, por inoportuno, expresa una negligencia tal, una tan desafectada deserción, que no pueden sino sentirse defraudados. Yo pienso, por el contrario, que al irse así sin más, a París y después a la playa, Macri está afianzando su liderazgo como cabeza visible (no sé si la palabra es cabeza, tampoco sé si es visible) de Juntos por el Cambio. No lo veo como un desistimiento, sino como un modo de hacer política; el más suyo, por otra parte, el más reconocible, el que más la sienta. ¿No gobernó acaso así? Gobernó a lo Isidorito Cañones, con un optimismo obtuso de necio cabeza fresca, con el aire ausente de un <em>bon vivant</em> distendido que no parecía enterarse de nada, un poco lejos y un poco en babia, un poco vago y un poco difuso, a la espera de que las cosas se fueran arreglando sin saberse muy bien cómo, con su propia vida arreglada y las de los otros en veremos o estropeadas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esa imagen de frivolidad y despilfarro (gastando el dinero que otro ganó) seduce a muchos macristas, les parece un ideal de vida (por eso están seguros de que las críticas no se deben sino a un sentimiento de envidia) y confían en que esa misma felicidad, por el hecho mismo de existir, va a poner las cosas en su lugar (las va a mantener en su lugar: las va a <em>conservar</em>). La despreocupación existencial de Macri durante su gobierno fue sentida por sus seguidores como una prueba fehaciente de que no había que preocuparse. Pues bien, se trata ahora de eso mismo. Y el <em>dolce far niente</em> tan propio de Macri en gestión (mostración continua de su necesidad de descansar, pero descansar de un esfuerzo que, en cambio, nunca se veía) era asimismo sentido como una invitación a la distensión. Pues bien, se trata ahora de eso mismo. El gesto suyo de desentenderse les transmitía esa confianza, y funcionaba sin más requisito que el de no enterarse demasiado de lo que estaba pasando. Él se iba a La Angostura, o a ver a Kiss, o a jugar al golf; así también ahora se va a París, se va a la playa. A los retiros espirituales que practicaba periódicamente el PRO, les agregaba su especialidad en retiros <em>materiales</em>. Supo hacer de esa inacción una forma de acción política (¿no fue acaso por entonces que el verbo “descansar” adquirió una rara acepción activa: descansar <em>a alguien</em>?). Su viaje a Europa corresponde a esa misma línea; por eso, cuanto más lánguido se muestre, mejor funcionará para sus seguidores. Que entienden más que bien el propósito de su viaje y hablan por eso de “su libertad”, de “su derecho”, de “su plata”; las coartadas habituales para sostener el requisito fundamental de esa política: que los demás sencillamente no importen.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 3 de agosto de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
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		<title>Argentino en crisis &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Sep 2020 03:28:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Crisis]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Johan]]></category>
		<category><![CDATA[Messi]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan sostiene en este artículo que la actual crisis de Messi en Barcelona supera el ámbito de lo futbolístico ya que afecta la ilusión argentina del primermundismo, una especie de mitología que falla y se descompone después de una larga mostración de solvencia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/argentino-en-crisis-por-martin-kohan/">Argentino en crisis &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Martín Kohan sostiene en este artículo que la actual crisis de Messi en Barcelona supera el ámbito de lo futbolístico ya que afecta la ilusión argentina del primermundismo, una especie de mitología que falla y se descompone después de una larga mostración de solvencia.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El primermundismo en el imaginario argentino es algo más que una ambición, una ilusión, un deseo futuro. Funciona en ese imaginario más bien como una especie de paraíso perdido; algo que, más que conseguirse, habría que restituir; algo que, más que alcanzar, habría que recobrar. Como si el primermundismo fuese una condición consabidamente argentina, o en todo caso un destino a todas luces inexorable. Y por ende, un privilegio adquirido pero inexplicablemente desencontrado; un estatuto garantido del que nos vimos misteriosamente despojados. Cualquier postulación de un primermundismo argentino cobra así un carácter de verdad restablecida y es imaginariamente sentida como una reparación que por fin llega. La Argentina en el primer mundo: las cosas en su lugar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ese mito resulta notoriamente eficaz. Sin él, según creo, no habrían tenido la efectividad que tuvieron las promesas del menemismo (pertenecer al primer mundo, mantener relaciones carnales con Bush, pretender que equivalieran un peso argentino y un dólar); ni tampoco, por mencionar otro gobierno nacional conservador, habría tenido tanta efectividad la propuesta macriana de “volver al mundo” (volver, sí, como quien regresa pero allí donde pertenece; y al mundo, sí, pero al primero, el de verdad).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso ha sido tan importante, incluso fundamental, la presencia rutilante de Lionel Messi en Barcelona. Porque confirmaba ese núcleo constitutivo del imaginario argentino, y lo ponía a funcionar de hecho. Messi no conquista el primer mundo desde abajo, eso lo hizo Maradona (y lo hizo incluso, proeza mayor, desde el abajo del primer mundo, el sur de Italia). Messi, en cambio, sin dejar de ser argentino, sin ceder un ápice del acento rosarino, <em>pertenece</em>. No irrumpe ni se inserta, es <em>de ahí</em>. No es un argentino <em>en el</em> primer mundo, sino un argentino <em>del</em> primer mundo. Concreción real del destino patrio. Y en consecuencia, el mejor de todos, lo que se da por supuesto. Sus fracasos en la Selección Nacional, aunque apenaran a sus hinchas, no hacían sino ratificar el mecanismo. Devuelto a la argentinidad de origen, mermó una y otra vez su rendimiento; la estampa deprimente de sus caminatas solitarias en plena cancha y pleno juego, sus pasos cortos y su cabeza gacha, expresaban patentemente ese hecho: la fatal trabazón argentina, sus bloqueos, sus impedimentos, sus taras. Apenas regresado a Europa, de nuevo en el lustre palaciego de las veladas paquetas del Camp Nou, los tiros libres dejaban de irse a las nubes y volvían a clavarse en el ángulo, las gambetas dejaban de chocar contra los macizos defensores y volvían a despatarrarlos como marionetas o extras cinematográficos, el Messi taciturno levantaba la cabeza y volvía a sonreír.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es por eso que la actual crisis de Messi en Barcelona afecta hasta tal punto todo un orden de cosas, porque no es apenas un asunto del fútbol (ni siquiera el fútbol lo es). No es apenas una salida del club, como pudo serlo la de Maradona o la de Juan Román Riquelme. Es el colapso posible de un imaginario y su mitología, que fallan y se descomponen después de tanto haber funcionado, que tiemblan y se resquebrajan después de una larga mostración de solvencia. No sabemos cómo se resolverá esta crisis, pero no va a diluirse así sin más la zozobra de estos días: la del Messi del ocho a dos, el Messi que no se sobrepone a la adversidad ni lidera la remontada de su equipo si el viento no sopla a favor, el Messi que deserta de un Barcelona por primera vez debilitado, el que refunfuña y se encapricha y prefiere mandarse a mudar. Messi fuera de lugar en su lugar. Un argentino (<em>ese</em> argentino) desencajado.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 5 de septiembre de 2020</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires</em></span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Las palabras y las cosas &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 26 Sep 2020 22:52:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Aislamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[confinamiento]]></category>
		<category><![CDATA[cuarentena]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[oficialismo]]></category>
		<category><![CDATA[oposición]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan se pregunta en esta nota sobre la insistencia en definir las circunstancias sociales con relación a la pandemia, que son notoriamente distintas de las que atravesamos entre marzo y abril, bajo un mismo término: “cuarentena”.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/las-palabras-y-las-cosas-por-martin-kohan/">Las palabras y las cosas &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan se pregunta en esta nota sobre la insistencia en definir las circunstancias sociales con relación a la pandemia, que son notoriamente distintas de las que atravesamos entre marzo y abril, bajo un mismo término: “cuarentena”. </em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #000000;"><em>                                                                                                          Agradezco a Graciela Charpin, a Santiago García, a Juan Schmukler y a Mariano, la motivación para escribir este artículo.</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las circunstancias en las que nos encontramos hoy, respecto de la pandemia, son notoriamente distintas de las que atravesamos entre marzo y abril, cuando todo empezó. Lo suficientemente distintas, según creo, como para preguntarnos por qué razón habríamos de definirlas bajo un mismo término: “cuarentena”. No me propongo discernir criterios epidemiológicos, pues no es mi asunto; pero sí considerar la forma en que se relacionan las palabras y las cosas. La palabra “cuarentena”, con todas sus resonancias específicas, señaló en su oportunidad una situación por demás efectiva: el aislamiento social, la reclusión de cada cual en sus lugares privados, el vaciamiento consiguiente de los espacios urbanos, la virtual suspensión de la ciudad y sus dinámicas.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El estado de situación es hoy con toda evidencia muy otro. Entre otros factores, porque hay cosas que ahora se saben y por entonces no se sabían; desde la utilidad preventiva del uso de barbijos, hasta la evidencia de que el riesgo de contagio en espacios abiertos es más bajo que en espacios cerrados (esta reformulación fue decisiva incluso en términos de los imaginarios sociales, pues revirtió la clásica premisa ideológica que establece que las casas son los espacios seguros y las calles los del peligro). Ya no vivimos bajo aquel repliegue impuesto, las calles desde hace mucho dejaron de estar vacías. Son otras las restricciones y las regulaciones imperantes, que pueden a su vez respaldarse o cuestionarse; lo que pasó entre marzo y abril, y a lo sumo hasta parte de mayo, no es lo que empezó a pasar después ni lo que está pasando ahora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué mantener entonces esa denominación puntual, la de “cuarentena”, desglosada en todo caso en fases de numeración incierta? ¿Por qué insistir con el concepto de “aislamiento” o con el de “confinamiento”, que cesaron como imposición acatada y viraron desde hace bastante hacia una interacción social a distancia y con cautelas? Lo que se alarga no es tanto la cuarentena, como la denominación. Y esto por parte de algunos sectores del oficialismo, no menos que por parte de algunos sectores de la oposición (unos la encomian y otros la deploran, pero ambos se obstinan en usar esa misma palabra. Al igual que en una cinchada, que es como a menudo funcionan: tirando para un lado unos, tirando para el otro los otros, pero agarrados todos de una misma soga, sosteniéndose mutuamente aunque parezca lo contrario).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Las palabras no determinan las cosas, ya lo sabemos; pero sí predisponen, y también lo sabemos, las maneras de pensarlas. La idea de un tiempo quieto, suspendido, estancado, uniforme, o la vivencia en principio frustrante de estar metidos siempre en lo mismo, sin variación ni progreso, se agravaban, al menos en parte, por efecto de la denominación. A ese factor se agrega otro, igualmente perjudicial: el de un desfasaje alarmante, por lo amplio y por lo notable, entre aquello que el discurso político declara y aquello que en la realidad de los hechos acontece. Si es que no se trata, en definitiva, intencionalmente de eso: de aferrarse a la palabra cuarentena para poder reivindicar lo actuado, si al final resulta bien, o de sostenerla a rajatabla para poder recriminársela al gobierno, si las cosas al final resultan mal. Mientras tanto, en las calles, en los parques, en las plazas, en las veredas, pasa otra cosa: mucha gente sale e interactúa; y no siempre parece estar claro cuánto es más o menos un metro, qué es lo que pasa con el fumar, qué es lo que hay que hacer con la nariz y sus agujeros, cómo es que la voz humana traspasa las telas y no es preciso bajarse el barbijo se si habla por teléfono. Cosas así: concretas, sencillas, pero vitales para los cuidados; cosas que quedan negligentemente desatendidas con la porfiada presunción de que la cuarentena es eterna, que luce firme, que sigue ahí.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 26 de septiembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</em></span></p>
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		<title>Condiciones atmosféricas &#8211; Por Martín Kohan</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Oct 2020 21:00:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Martín Kohan]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Mentiras]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre cómo se puede asistir a la escena de formación de una mentira, no a su imperio de patas largas o a su difusión impune, sino al modo en que una mentira se produce antes incluso de descargarse sobre nuestras cabezas.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/condiciones-atmosfericas-por-martin-kohan/">Condiciones atmosféricas &#8211; Por Martín Kohan</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Martín Kohan reflexiona en este artículo sobre cómo se puede asistir a la escena de formación de una mentira, no a su imperio de patas largas o a su difusión impune, sino al modo en que una mentira se produce antes incluso de descargarse sobre nuestras cabezas.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Martín Kohan*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El verano pasado vi, o creo que vi, un hecho para mí singular: la formación de una tormenta. El aire estaba quieto, la tarde apacible, el cielo igual a sí mismo, y yo todo lo contemplaba tranquilo en un balcón de la montaña que daba al valle. De pronto brotó un revuelo de viento que progresó hasta poner a girar remolinos; siguió un desarreglo de polvo en el aire, chocando consigo mismo, revolviéndose; luego un fuerte olor a lluvia, pero sin lluvia, que apareció quién sabe de dónde (probablemente, desde el futuro). Alcé los ojos y las vi: las nubes espesas, oscuras, cargadas. ¿De cuál de todos los horizontes habían venido? ¿Cómo fue que no las divisé a lo lejos? Pero es que no habían venido de ninguna parte, se habían formado ahí. Ahí mismo, en ese rato, habían fabricado, de la nada al parecer, su promesa de tormenta.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tal vez sea comparable. Uno puede asistir también a la escena de formación de una mentira. No a su imperio de patas largas, tampoco a su difusión impune, sino al instante de su formación, al modo en que una mentira se produce antes incluso de ensombrecer el cielo o descargarse sobre nuestras cabezas. Un ejemplo, entre tantos otros posibles: dice alguien (un funcionario), acerca de un grupo de manifestantes, que no son “la” gente, que no son “el” pueblo, sino una parte de un conjunto diverso, que encuentra su lugar y su legitimidad en razón de esa misma diversidad. La frase no tarda en verse adulterada mediante el simple procedimiento de quitarle sus artículos; falseada, ahora dice esto otro: que los manifestantes “no son gente”, que “no son pueblo”. La inclusión en la diversidad vira fraudulentamente hacia la exclusión intolerante. La mentira ya está hecha. Sólo queda echarla a rodar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El otro día, en una de esas sesiones de bullyng que ocurren con frecuencia en las redes, una integrante de la patotita virtual se quejaba con fastidio de lo que denominó “caracoleos”. La palabra fue empleada con sentido despectivo. ¿A qué se refería? A las argumentaciones. Esas vueltas le resultaban, no solamente incomprensibles, sino también innecesarias; irritantes complicaciones para una marcada inclinación al sencillo esquema binario de “sí” o “no”, de “X” y “antiX”, de “tache lo que no corresponda”. Las argumentaciones la incordiaban hasta la exasperación. Lo menciono porque las tormentas, aunque pueda parecerlo, no se forman de la nada. Dependen de ciertas condiciones atmosféricas, que son las que las hacen posibles.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 18 de octubre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.</em></span></p>
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