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	<title>María Pía López archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>María Pía López archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Apostillas insomnes &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 Dec 2020 03:38:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de Aborto Legal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Pía López* (para La Tecl@ Eñe) &#160; * Escribir hasta que nos rinda el sueño. Escribir mientras vamos y volvemos por las fotos y<span class="excerpt-hellip"> […]</span></p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/apostillas-insomnes-por-maria-pia-lopez/">Apostillas insomnes &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por María Pía López</strong>*</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Escribir hasta que nos rinda el sueño. Escribir mientras vamos y volvemos por las fotos y los videos de la madrugada del 30. Bambolearnos en el ensueño de que la noche persiste en nosotres, en ese abrazo victorioso. Tratar de pensar a la sombra de la experiencia sensible. No toda es vigilia la de los ojos abiertos, pero bien sabemos que en la vigilia es cuando más alertas estamos, prestas a saber, a apropiarnos, a manotear lo existente. Vigilia y rancho, campamento tendido en el pavimento, porque si en un mayo europeo se pensó que bajo los adoquines podía haber una playa, nosotres bien sabemos que bajo el asfalto están los ríos profundos de la rebelión. Como los arroyos que surcan la ciudad, entubados, y que en sus nombres a veces ocultan mitologías de redención feminista, como la del Maldonado. Alguien liberará la memoria de esos nombres, la de esa mujer, la Maldonada, que era condenada a muerte por hambre y salvada por la relación con una tigresa. Ayuda mutua entre especies, en esa aldea llamada Buenos Aires que perecía de hambre por el sitio indígena. Digo, se liberarán las memorias bajo el asfalto, de tanto saltar sobre su dureza.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">* Escribir porque escribir es atrapar los hilos de lo que acontece, mirarlos, separarlos, volverlos a trenzar, trenzar con ellos el vestido de nuestros días. Tejer una casa, una memoria, una interpretación, unas artes de hacer. Escribir para no olvidar, para legar, para regalar. Para pensar. Escribir sobre los murmullos, las conversaciones, los guiños. El pañuelo verde como invitación a un diálogo con quienes no lo portan con comodidad pero que ayer lo veían, en sus labores militantes de sostener cuidados y repartir alimentos, y se sumaban a la esperanza: que hoy ganemos. Escribir como nuestras fotógrafas sacan fotos y construyen con ellas el archivo del presente. Tratar de que imágenes y palabras sean caleidoscopios, descentrados, fragmentarios, rotos, capaces de dar cuenta de lo múltiple y dispar. Disparatado también. Alocado, lúdico, sufriente, deseante, querelloso. Que no busquen la nota única ni la primacía de la representación, sino su desvarío. Su carnaval. Tupí or not tupí. That is the question. Una vez más.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Liminar el viejo manifiesto y aquella frase que nos retornó: hoy contamos con una vergüenza menos y una libertad más. De eso se trata también. Una libertad es exorcismo de la humillación, suspensión de las privaciones. Basta de cárceles, en todo sentido. La calle es hospitalidad para nuestros propios pasados: para aquellas que fuimos cuando fuimos humilladas por gozar o por abortar o por desear o por negras o por pobres o por minas. Para nuestras infancias abusadas y nuestras adolescencias sometidas o castigadas. La calle aloja esas que fuimos y las que somos, para que pueda ser promesa para las que vienen. No hay mundo redimido ni vidas carentes de conflicto ni existencias unidimensionales ni pureza alguna que defender. Ni siquiera imaginables la pureza militante ni la lucidez plena. Saber eso es atender la falta, la fragilidad, nuestra propia opacidad. El charco en el que chapoteamos. La ciénaga, recordaba Rocío Feltrez el otro día, antes que el lago prístino de las ensoñaciones de una nueva humanidad. Audre Lorde y su sensibilidad: “y podemos aprender a tratarnos mutuamente con dulzura aprendiendo a ser tiernas con esa parte de nuestro ser que resulta más inabordable, aprendiendo a ser más generosas con la valerosa y maltrecha niña que llevamos dentro, aprendiendo a rebajarle el listón de los gigantescos esfuerzos que hace para sobresalir”.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Julieta Kirkwood escribía que la exclusión tradicional de las mujeres del campo del saber producía como efecto que el saber recreado por nosotras tuviera “aires de <em>bricolage: </em>se toman conceptos de otros saberes y contextos, atribuyéndoseles un sentido diferente. La re-apropiación -irreverente quizás- no tiene tal vez más sentido que cambiar unas mismas notas en una nueva disposición: una otra clave que resuena mejor en la nueva armonía”. Aires de bricolage, apropiación y resignificación, traducción insolente, recorte a piacere. Porque no se trata de subordinación a una jerga establecida o a una lengua teórica consolidada, sino ese andar a saco, tomando lo que se puede. Insolencia. Lévi-Strauss decía que el pensamiento salvaje tenía la lógica del bricoleur: trabajar con los restos materiales que existen en el mundo, y a partir de ellos componer lo nuevo. Lo diferenciaba del pensamiento occidental, más cercano a la ingeniería: pensar como si lo existente no existiera, a partir de un plano sobre el que se trazan las líneas del proyecto. El bricoleur es el materialista. Nosotras lo somos. Feminismo de los restos, de los pedazos, de las costuras. No de las ingenierías que pretenden diseñar lo vivible y lo deseable. Apenas, atentas, en nuestro insomnio, a lo que insurge. Apenas atenta a pelear -y esa es nuestra vigilia de ojos abiertos- para que no se ahogue lo insurrecto.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 31 de diciembre de 2020.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</span></p>
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		<title>FOTOS &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Aug 2021 18:15:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[Foto Fabiola Yañez en Olivos]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>María Pía López analiza en esta nota cómo la irrupción de una serie de fotos vuelve necesario el debate sobre la importancia de construir una narrativa de la comprensión general de que la emergencia requiere un supremo esfuerzo de afirmación de lo colectivo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/fotos-por-maria-pia-lopez/">FOTOS &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>María Pía López analiza en esta nota cómo la irrupción de una serie de fotos vuelve necesario el debate sobre la importancia de construir una narrativa de la comprensión general de que la emergencia requiere un supremo esfuerzo de afirmación de lo colectivo.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por María Pía López*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><span style="color: #003366;">I</span></strong>nmersos en un mar de imágenes superpuestas. Así estamos. Nos enteramos de muchos actos públicos porque hay fotos de eso que ocurre. No pocas acciones se organizan con el saber comunicacional de la escena que quedará representada. Y se dirimen importancias e irrelevancias en quiénes están o no en la foto. El acto del Frente de todos para anunciar sus listas para la competencia electoral era la cuidadísima escena que ponía a su armadora en el centro, bajo un corazón que no tardaría en volverse viral. Ella con el corazón detrás y la frase “somos rudas”. Las imágenes no dicen más que mil palabras, pero sí traen una contundencia, una nitidez, parecen estar dispuestas a la comprensión inmediata, como si el sentido las preexistiera. Por eso son tan fácilmente mitológicas, porque se incrustan en un imaginario previo y a la vez pueden irrumpir.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero no solo vivimos en el mundo de las imágenes producidas públicamente, sino en el infinito circular de producciones subjetivas: las selfies diarias, las fotos de grupos, el registro de las acciones cotidianas. Lo que se come, lo que se lee, los encuentros. Tomamos registros que hacemos públicos y otros con la idea vaga del recuerdo. El pasaje a las tecnologías digitales expandió el sueño de la conservación de lo efímero bajo la forma de imagen. La persistencia de la vida en su registro, como narró distópicamente Adolfo Bioy Casares en <em>La invención de Morel</em>: para preservar el instante hay que detener el fluir. Las fotos familiares y afectivas tienen la función de dejarnos aprehender lo ido con esa imagen prendida en la retina. Siempre causa un cierto temblor encontrarse con fotos desechadas en la basura. Temblor o la tentación de considerar esas historias que quedaron ahí, detenidas. O archivarlas, guardarlas, para que la memoria social tenga un arcón para sus narraciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta distinción, sin embargo, es difícil de sostener, porque en las vidas públicas no hay imágenes privadas. Toda imagen se convierte, desde el vamos, en un registro que puede ser público, destinado, aun secretamente, a la circulación general. Una foto inolvidable, la de Eva peinándose, tomada por Gisele Freund, es una escena privada y pública a la vez. El contrapunto de la seriedad del rodete de la Eva de la Fundación, el trajinar cotidiano y el acto callejero, es esa mujer que disfruta frente al espejo y sonríe mientras se peina. En Cristina es evidente la misma disposición a construir imágenes privadas destinadas a la circulación pública, como puede verse en la precisa narrativa de <em>Sinceramente</em>, donde vida personal y decisiones políticas se entremezclan en cada paso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La narrativa no es construir una ficción, como parece sostenerse en la idea de relato, sino la construcción de explicaciones, argumentos, interpretaciones, que se amalgaman con los propios hechos. No hay vida en común sin construcción de una narrativa que lo sea. El sentido común es esa narrativa y bien lo saben los grandes dispositivos mediáticos, las agencias de marketing, les expertes en viralización. También lo sabemos les activistas de todo pelaje y color, porque toda intervención es un intento de producir un tajo en los sentidos consabidos, producir una interpretación, comprender los hechos en una cierta temporalidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De allí la importancia de narrar la historia, las historias que explican de dónde venimos, lo que nos amalgama, los conflictos. Cuando el golpe de 1955 prohibió los símbolos y nombres vinculados al peronismo sabía de esto, lo que no sabía es que ese silencio iba a hacer proliferar una narración resistente y subterránea, capaz de transmitir por abajo lo que no se podía decir en público y condensar en pequeñas flores la tenaz decisión de no olvidar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En tiempos de fake news la cuestión es notoriamente más compleja, porque no se trata tanto de prohibir como de enrarecer, de hacer proliferar tanto que nada persiste indudable, salvo aquello que se repite muchas veces. Y esa repetición puede ser llevada adelante por el funcionamiento de la tecnología. ¿Se puede contrarrestar eso? Seguramente no, pero sí abonar a la construcción de una narración con sentido, cuidadosa, minuciosa, capaz de enunciar el sentido de la vida en común, de la defensa de la vida, de la afirmación de un futuro deseable. Esa es una palabra política: el decir de lo común y de los litigios en curso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En pocos días, un puñado de fotos mostró qué poco pensada está esta cuestión en el frente que gobierna. A dos años de las PASO, el Partido Justicialista publica una foto recordatoria en la que brilla por su ausencia la gran organizadora del frente electoral y actual vicepresidenta. Al hacerlo, se borra el proceso por el cual se pudo amasar una alternativa electoral triunfante, se borran los esfuerzos, los tejidos, la tenacidad, lo que hila a este presente transido por la pandemia con los años felices que permitieron volver a entusiasmar a lxs votantes. El Ministro de educación, para anunciar trabajos conjuntos con los sindicatos y responsables del sistema universitario, publicó dos fotos. En ambas solo había varones. Esa escena borra los esfuerzos y peleas que también nos trajeron hasta acá, desconoce la fuerza de los feminismos movilizados al obviar la demanda por la paridad en las representaciones. Una imagen es pedagogía, porque plantea símbolos y umbrales para el reconocimiento.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De otra foto se está hablando hasta el hartazgo y con ella se intenta movilizar el repudio moral al gobierno. Una foto que se presumía privada, pero nada privado puede presuponerse en la investidura presidencial. Que asusta por la banalidad de la escena y todo lo que no se pensó para que esa sonriente instantánea se registre -se sabe, no hay registro que no presuponga su circulación. Sobre esa imagen se arrojan buitres carroñeros, para sacar su tajada de indignación diaria -la misma que no agitaron en devastadoras escenas de entrega y destrucción. Pero no nos preocupan esos, si no el sentir del común. No los selectivos escandalizados de siempre sino los que sienten agraviado su esfuerzo por sostener los cuidados. Parte de la narración a construir es la de los cuidados comunes frente a la pandemia, la de la comprensión general de que la emergencia requiere un supremo esfuerzo de afirmación de lo colectivo. La foto, sin dudas, es un tajo grave en esa narración.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una narración de lo común quizás deba decir lo difícil de este momento, que no son solo las despedidas y los duelos, sino también la postergación de mucho de lo que hace placentera y amorosa la vida: fiestas, salidas, viajes, asados. Una narración de lo común debe decir de dónde venimos: no solo del desastre provocado por las fuerzas que gobernaron hasta 2019 sino de nuestras propias tramas resistentes, nuestras canciones y poemas, nuestras calles y ollas. Una narración de lo común exige la foto de Milagro -que no silenciemos ese nombre tampoco- y la decisión de hablar, conversar y debatir sin chantajes.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 15 de agosto de 2021.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</span></p>
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		<title>La platita &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Nov 2021 13:09:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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		<category><![CDATA[antipolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La platita que circula alimenta fuentes de trabajo, riquezas personales, acumulaciones varias. También alegría de consumir, alivios de estrecheces, pago de deudas. Estos subsidios benefician a las clases medias antes que al pobrerío, y no generan el mismo tipo de reacción airada que la platita que permite ir al almacén y comer un poco mejor. Circulación de platita, sí, pero también ampliación de derechos y afirmación de la igualdad.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-platita-por-maria-pia-lopez/">La platita &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>La platita que circula alimenta fuentes de trabajo, riquezas personales, acumulaciones varias. También alegría de consumir, alivios de estrecheces, pago de deudas. Estos subsidios benefician a las clases medias antes que al pobrerío, y no generan el mismo tipo de reacción airada que la platita que permite ir al almacén y comer un poco mejor. Circulación de platita, sí, pero también ampliación de derechos y afirmación de la igualdad.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Oda al Previaje. Festejo general de una política pública que alimenta la economía del turismo y nos hace babear con todos los lugares que visitaríamos. Los precios se dispararon porque no pocos consideraron que si el Estado financia la mitad, lxs consumidores pueden pagar lo que en otra circunstancia sería la totalidad. La platita que circula alimenta fuentes de trabajo, riquezas personales, acumulaciones varias. También alegría de consumir, alivios de estrecheces, pago de deudas. Estos subsidios benefician a las clases medias antes que al pobrerío, y no generan el mismo tipo de reacción airada que la platita que permite ir al almacén y comer un poco mejor. La del Previaje, de acuerdo a la narrativa dominante, no alteraría la conciencia cívica de quien lo usa, que bien podría con una mano hacer el trámite y con la otra agitar las redes contra el Estado que subsidia consumos y soñar una Argentina libre de populistas. Pero si se es pobre, esa división de la conciencia estaría anulada y sustituida por una unidad clientelar: quien recibe queda en deuda, atado a un compromiso que limita su libertad. O sea, que el problema no sería el subsidio sino el sujeto social, la clase que lo recibe.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ezequiel Martínez Estrada, en su monumental <em>Muerte y transfiguración de Martín Fierro</em>, señala con precisión este tipo de desplazamientos: es el que hizo Sarmiento cuando dejó de considerar que había prácticas civilizadas y actos bárbaros, para considerar que lo eran de acuerdo al sujeto social que las realizaba. Esto es, que el rapto de cautivas era un acto de barbarie perpetrado por los indios; pero que el malón blanco que raptaba indias para destinarlas al trabajo servil en casas y prostíbulos era una expedición civilizatoria. Barbarie y civilización dependían de una teleología que justificaba cualquier crimen o lo condenaba a muerte. Barbarie era un atributo de los sujetos subalternos, fuera cual fuera su acto. En <em>Una excursión a los indios ranqueles</em>, Lucio V. Mansilla se esfuerza en desarmar esto, mostrando la serie de instituciones, rituales, e incluso archivo, hallados en los toldos. Pero la campaña de despojo territorial estaba en curso y era legitimada por esa construcción racial del bárbaro.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Alfredo Gómez-Muller recupera las resonancias en Europa de los <em>Comentarios reales</em> del Inca Garcilaso de la Vega. Recordemos: el libro se publica a principios del siglo XVII en un contexto en el que en Inglaterra y Escocia las tierras feudales son cercadas, los campesinos desalojados y crecen fábricas a fuerza de jornadas extensas de trabajo y explotación absoluta. En la Europa del hambre circula un libro en el que se narra una organización del trabajo, la producción y la distribución centrada en la lógica comunal y en el principio de que cada quien debe tener lo necesario para vivir. En el principio de justicia social. Algunos pensadores reaccionarios advirtieron el peligro de esa imagen que si coincidía con las versiones utópicas le agregaba el condimento fundamental de provenir de una experiencia histórica efectivamente realizada. Advirtieron el riesgo y formularon esta idea prístina: la demostración de que los incas eran un pueblo bárbaro -pese a sus instituciones, la lógica distributiva, la producción de conocimientos, la religiosidad- es la ausencia de la institución de la propiedad privada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Barbarie y civilización finalmente nombran un núcleo ideológico fundamental, que resultará asociado a la cuestión de las razas: la construcción de una clasificación jerarquizante que -como analizó Aníbal Quijano- explicará la dominación colonial. Porque hay cuerpos que son marrones, es porque esas conciencias no se emancipan de las ataduras, y por lo tanto deben ser guiadas, reconducidas, reprimidas. Ese imaginario está en cada socarrón uso de la expresión “la platita” y en un desplazamiento de la idea de razas a una suerte de estadío moral, donde están quienes merecen los subsidios y quienes los derivan a la canaleta del consumo inmediato, porque no todos los goces son igualmente gozables. Lo marrón es casi indicio de un desvarío moral y la lógica de construcción de lo común un síntoma del carácter parasitario de sus existencias.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Del mismo modo ese imaginario aparece cuando se nombra el conurbano fabril y mercantil, poblado de laburantes, como un territorio improductivo, solo dispendio de la riqueza nacional. No se considera así a la ciudad de Buenos Aires, la capital rumbosa, con mayor asignación de rentas por habitantes en todo el país, vidriera y fachada, sino a territorios en los que hay producción de todo tipo. Se dice conurbano con el tono de la platita. Con ironía y voluntad de falsía. Ni siquiera me atrevo a pedir que reconozcan su racismo implícito, porque de hecho eso es lo que pide la derecha mileísta y no pocos aceptaron el convite, prestos a liberarse de las coerciones de lo políticamente correcto y decir, a viva voz, que los negros son el problema. Claro que el racismo también es internalizado y a esa derecha antipolítica le fue bastante bien en los barrios más populares. O lo que prendió fue lo que arrastra esa denuncia contra la casta: una elite que tendría vidas acomodadas por dedicarse a la política profesional. Denuncia que agita un falso igualitarismo para traficar la más brutal justificación de las jerarquías, pero que se vuelve creíble cuando trastabilla la política como realización de la justicia social. Que es circulación de platita, pero también ampliación de derechos y afirmación de la igualdad.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 18 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>Balconeando &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Mar 2022 12:36:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Convertir los movimientos sociales, y la política, en proveedores de imágenes y legitimación, sin reconocer su fuerza disruptiva, es otro modo de atarse las manos para luego declarar que lo que es posible es solo esto: Una renuncia conservadora; una despolitización general.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/balconeando-por-maria-pia-lopez/">Balconeando &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Convertir los movimientos sociales, y la política, en proveedores de imágenes y legitimación, sin reconocer su fuerza disruptiva, es otro modo de atarse las manos para luego declarar que lo que es posible es solo esto: Una renuncia conservadora; una despolitización general.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Balconeando, contestaba David Viñas, cuando le preguntabas cómo veía la escena política. Acá, balconeando, de espectador, viejita. Así me siento. Así nos sentimos millones, estoy segura. Habrá quienes ya dejaron de balconear, para asistir a espectáculos más interesantes. Pero otros, otras, asomadxs a la ventana o al diario o a la pantalla, tratando de entender discusiones políticas que se despliegan en conciliábulos secretos y se ventilan por twitter; encuentros partidarios de los que se conocen pocos argumentos y muchas fotos para Instagram; negociaciones de temas fundamentales como la deuda que se hacen conocer a cuentagotas y cuando ya es tarde porque todo ha sido consumado. La población asiste muda ante el desfile de una clase política que sustituyó el quehacer por la comunicación de la escena y no puede decodificar los hilos profundos de los conflictos que atraviesan esa supuesta unanimidad. Y la comprensión es sustituida por la acumulación de chismecitos, detalles, tal dijo de quién no sé qué cosa, a él o ella no le gustó tal otra. Comentarios que se vuelven trascendidos, trascendidos que se venden como notas periodísticas, periodistas que solo fungen como operadores, operaciones que se constituyen en el núcleo de los medios de comunicación, censuras por doquier y desventura de quien intenta leer para enterarse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">O sea que ni balconear se puede bien, porque está nubladita la calle y mucho no se entiende. La calle, qué decir de la calle, si la calle es un abismo de desdicha social, por lo menos en este Once. Familias enteras en las veredas, entre cartones resguardan su miseria, en la ciudad más rica del país y en la que su gobierno pagó una pauta millonaria para hacer publinotas en medios hegemónicos sobre su cuidado de los espacios verdes. Sí, pauta para silenciar y devastación popular. Caminar por los restos de una ciudad posapocalíptica, como decía otro amigo que ya no está, el urbanista Juan Molina y Vedia, que con sonrisa tenaz afirmaba que el Apocalipsis ya había transcurrido y solo nos quedaba movernos entre sus ruinas. Algo así, en esta salida de la pandemia, entre multitudes desesperadas por consumir un poco más y existencias desharrapadas y arrojadas a la pura necesidad. En esta ciudad, todo duele. Una y otra cosa. El consumo desmesurado y la desmesura de la indigencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La deuda de la tarjeta para consumir y la deuda social. Pero la deuda, la deuda con el fondo monetario, la que pesa como espada sobre cada cuello: ¿Por qué no fue objeto de una conversación pública, de una pedagogía, de una denuncia efectiva? ¿Por qué no sabemos, las que balconeamos, qué pasó en esa negociación y, fundamentalmente, quiénes son responsables de la toma y de la fuga? ¿Por qué el gobierno renunció a explicar y a narrar, a construir estrategias comunicacionales claras, que permitan hoy, discutir de otro modo qué significa el acuerdo? ¿Por qué se le pidió a la ciudadanía que asista muda a una negociación a puertas cerradas y se encaró hacerla como si se tratara de ser amable y ejercer una cortesía paciente? ¿Nunca pensaron en antagonismos, relaciones de fuerzas, conflictos que había que dirimir, que el FMI no es un vecino con el cual tratar de llevarse bien, sino el organismo internacional del disciplinamiento financiero? Che, balconeamos pero no somos zonzos, o no tanto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Y el secretismo no lo cultivó solo el ministro a cargo ni el presidente que lo nombró, sino también el sector del frente de gobierno que patalea contra el acuerdo, porque se sabe que es más cómodo sentarse a la mesa con pocas sillas, que abrir una conversación pública difícil, querellante, polifónica. Cada vez más, se llama política al festejo de la pequeña identidad. La familia, el grupo de amigues, lxs que nos conocemos de la escuela secundaria. El resto, a balconear. Esa lógica se lleva puesto lo común, el esfuerzo cotidiano de construirlo, y le deja servido, en bandejita de plata, los dulces para que distribuyan los que hacen política como antipolítica -o sea, tratando de terminar de limarle su potencia transformadora. Los Milei, por ponerle un nombre, que capturan el hastío y lo hacen sorteo, que bailotean el pogo del desprecio ante tantas imágenes de privilegiada conciliación. Cosecharán la furia y el desánimo, no prometiéndoles redención a las masas sino una realización del resentimiento. Y ahí nos quiero ver, más que balconeando, escondidas bajo la mesa para cubrirnos del terremoto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No es con llamados voluntaristas a la unidad ni al festejo conservador del orden posible que se contrarresta esto. Como balconeamos aquí y en el mundo, sabemos que la cosa viene difícil y que el panorama es horrible. Pero también que un gobierno puede asumir como en Chile prometiendo la amnistía a lxs presxs por pelear o pasar dos años con Milagro encarcelada en Jujuy, mientras su carcelero es colocado como hombre de bien por varios portavoces de la coalición gobernante. Atarse las manos en nombre de la ley o taparse la boca para conciliar con el Fondo son decisiones políticas, no decisiones ineluctables. Nada de fatalidad. Relaciones de fuerza. El triunfo de las derechas surge, también, de la consolidación de la impotencia de las políticas populares, de la dificultad para transcurrir como agencia transformadora y a la vez de explicar por qué no puede hacerlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Convertir, como se hace en muchos momentos, los movimientos sociales en solo proveedores de imágenes y legitimación, sin reconocer su fuerza disruptiva es otro modo de atarse las manos. Para luego declarar que lo que es posible es solo esto. Solo esto: una renuncia conservadora, una apatía de nuevo tipo, una despolitización general. Como tantas otras personas, en estos días, añoramos la palabra de Horacio González. O lo que se cifra en su nombre: una capacidad de pensar críticamente, de habitar con pasión y desmesura la coyuntura política, de no dejarse correr por posibilismo alguno. Mientras seguimos añorando, balbuceemos, hagamos circular más palabras capaces de romper el orden tautológico de la lengua dominante, donde alcanzaría con decir que un acuerdo es un acuerdo. Si no, tanto conservadurismo hace que hasta balconear sea un embole.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 14 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>Desde la plaza &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 25 Mar 2022 23:36:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[24 de Marzo]]></category>
		<category><![CDATA[46 años del golpe]]></category>
		<category><![CDATA[día de la memoria]]></category>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Duelen las piernas. Cierro los ojos. Y tras los párpados bullen imágenes de banderas, y caras, y cuerpos, y conversaciones. Las calles alrededor de la plaza: abrazos, cotilleos, discusiones, atisbos de pequeñas asambleas a cielo abierto. Ese estar en la plaza, conjurar entre lágrimas las ausencias y los reencuentros. Este 24, distinto y a la vez similar a otros 24. Este, el del fin (o suspensión) de la pandemia. Este, el de la angustia de ser parte de un frente político en crisis y una crisis económica y social de envergadura. Este, donde muches de quienes estuvimos en la plaza sentimos que es necesario <em>dar un giro y ver qué pasa allá afuera. </em>¿Puede una plaza, un día, postular una idea de refundación? ¿O esa plaza no fue también alegre y machucada, fervorosa y partida, agobiada por los mismos dilemas irresueltos?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La marcha del 24 es un homenaje a las y los detenidos-desaparecidos, pero también un festejo de las madres y su tenacidad. Sabemos, cada quien, que ellas nos parieron a todxs como personas que alguna vez no temen, que pelean el espacio público, que saben que la justicia social es irrenunciable, que no estamos destinades a pelear solo sobre aquello que nos atañe en forma privada. Ellas nos parieron a todxs en esos instantes donde el valor nos organiza y la lucidez política nos conmueve. Su decir “no”, nos aloja en la plaza y en la historia y en la lucha colectiva. Son hospitalidad persistente a quienes llegan, cada vez, jóvenes a vincular su primavera con la historia. Alguna vez alguien dijo: no. Frente al terrorismo de Estado. Y se plantó. No frente a una posible tapa de diario adversa, sino ante el riesgo de secuestro, tortura y muerte.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La institucionalidad democrática se construyó en diálogo con esas militancias que no abandonaron la crítica. Desde 2003 los derechos humanos se convirtieron en umbral de una nueva legitimidad estatal que vendría a suturar una crisis social sin precedentes. Ese gobierno supo que reponer la idea de justicia frente a los crímenes del pasado debía ir acompañado de políticas de reparación y redistribución en el presente. No había lo uno sin lo otro, para evitar que la lengua de los derechos humanos y las memorias militantes devinieran un juego de símbolos sin carnadura. Una organización como la Tupac Amaru construía barrios populares y cooperativas y organizaba potentes movilizaciones para que el poder judicial jujeño se decidiera, alguna vez, a juzgar la responsabilidad civil de Blaquier. Su dirigente, Milagro Sala, sigue presa, porque ese nudo en el que se imbrican construcción de poder, lucha por derechos humanos, y justicia social materializada, es imperdonable.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La historia es, dijo alguien allá lejos y hace tiempo, la de las luchas. O sea, no solo la que laboriosamente intentamos construir quienes buscamos la igualdad; sino la que con crueldad e inteligencia, despliegan las derechas. Fogwill señaló, a la vera de los juicios por el terrorismo de Estado, que la capacidad de denuncia a los crímenes militares dejaba en la opacidad a sus beneficiarios, una clase empresarial que tendría más poder y ganancias a partir de la transformación brutal de la estructura social. Walsh lo había denunciado antes, en su precisa carta de 1977 a la Junta militar, en la que explicaba la magnitud del crimen social: desindustrialización, desocupación, pérdida de los salarios frente a las ganancias. No deja de mascullar nuestra plaza de ayer que ése es el nudo irresuelto, el que no terminamos de poner sobre la mesa, y que vuelve y tiene cada vez más poder en cada retorno, porque se presenta como naturalización de la desigualdad, tolerancia frente al empobrecimiento de amplios sectores de la población, llamado a aceptar el orden de las cosas como ineluctable. Y <em>no todo el mundo tiene primavera…</em>canta Fito, pero vuelve a mi memoria en la versión de Liliana Herrero.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No se trata de una cuestión discursiva, aunque esos grandes textos muestran que una palabra clara siempre pone en juego una posilibilidad de pensar, sino también de la construcción de fuerzas que puedan dar vuelta la tortilla. Con Milagro presa se pone sobre la mesa menos la apuesta a ese amasado de fuerza popular, que su condena cotidiana. Y al hacerlo, nuestras palabras de justicia quedan flotando en el aire, ahí sí disponibles para ser pensadas como pura legitimación, desgajadas del esfuerzo concreto de transformar lo inadmisible. Ese riesgo es hoy el de los feminismos, que habían mostrado una fuerza transversal y radical durante los años del macrismo, tensados y tentados a aliviarse como pura formalidad y expurgarse de la apuesta a construir otras lógicas del poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En los corrillos se mascullaba preocupación. Cómo no, si mientras andamos a los tumbos, las derechas sí cosechan continuidad, y van agregando temas a su agenda y se despachan contra las trans, las feministas, les militantes de derechos humanos, les activistas políticos. Internacionalización de las derechas, que juegan a reponer jerarquías brutales, corridas disciplinarias, ahogos financieros, poderes policiales. De este lado, un triunfo fundamental: Higui absuelta. Del otro, ataque masivo a todo lo que se encarna en esa posibilidad, en esa interrupción de una sistemática aplicación de injusticia. ¿Qué irrumpe cuando se produce un acto de justicia para una existencia que, en muchos sentidos, aparecía condenada? Una avalancha de esfuerzos intenta reconducir al orden: que lxs caídxs sigan estando bajo fuego.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Preocupación porque el ataque a la vida popular es violencia contra sus aristas desobedientes y es un ataque económico y financiero: se trata de desposeer, cada día, a más personas, en nombre de una lógica de acumulación de ganancias cuya avidez no se detiene. Ese ataque es pobremente respondido y la plaza dibuja, a la vez, el trazo de la preocupación y el de la esperanza. Porque cuando estamos allí, nos sentimos fuertes, juntxs, capaces de abrazarnos y seguir. Como siguieron ellas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Diego Sztulwark escribió ayer: “Si hay una institución permanente en este país, un ritual político verdadero, una voluntad que persiste, una relación activa con la historia y con la calle, capaz de superar guerras y pandemias, esa institución -modelo de consistencia de lo múltiple- es la marcha de cada 24 de marzo, que hoy volvió con todo, generando emoción ahí donde la política frustra (lo que sugiere que la política podría encontrar en la Plaza un tema propio para su reconstitución)”. Me detengo en ese final: la política podría encontrar en la plaza un tema propio de su reconstitución. La plaza es el momento en que el conflicto se traza bien, los antagonismos se reconocen en particiones adecuadas, por eso al día siguiente, la tapa de los diarios que responden a los viejos golpismos se empeñan en partir la plaza, en leerla con el maniqueísmo banal de un contrapunto de poder.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Muchxs creemos que hay modos de hacer política que terminan siendo aliados de la defensa o la preservación de un orden excluyente. Lo sabemos bien en el momento en que estamos en la calle, por eso ha sido tan dramático el tiempo en que nuestro estar con otrxs requería de pantallas y salas virtuales y conversaciones a distancia. ¿Cómo pensar esa politicidad como exigencia para la política de todos los días? ¿Cómo construir una política frentista que respire plaza antes que sea instrumentada hasta quedar exangüe por mesitas, roscas y loteos?&nbsp; Pensemos, mientras nos dura la plaza en el cuerpo.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 25 de marzo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>Modos de contar &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Apr 2022 17:53:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[INCAA]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de fomento cultural]]></category>
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		<category><![CDATA[Producciones culturales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Discutir la cultura es discutir la construcción de una narrativa que necesariamente confronte con los modos privatizadores de entender la sociedad; una narrativa esforzada en desmontar los lugares comunes de la ideología neoliberal y capaz de reponer problemas donde aparece la nitidez del acuerdo sin tensiones.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/modos-de-contar-por-maria-pia-lopez/">Modos de contar &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Discutir la cultura es discutir la construcción de una narrativa que necesariamente confronte con los modos privatizadores de entender la sociedad; una narrativa esforzada en desmontar los lugares comunes de la ideología neoliberal y capaz de reponer problemas donde aparece la nitidez del acuerdo sin tensiones.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El conflicto en el INCAA, que culminó con desdichada represión y necesaria salida de su director, no puede comprenderse sin el contexto mayor de una legislación que deja sin fondos, en pocos meses, a todas las instituciones de fomento cultural. Desde las usinas de las derechas, siempre tan activas y de teclado rápido para intervenir en las redes sociales, se prodigó el discursete: no hay que financiar cosas que nadie ve, que no interesan, alimentamos vagos con inquietudes culturales. Los planeros, esta semana, fueron cineastas, docentes y estudiantes de filosofía y letras. Los golpes en los espacios públicos vinieron a convertir a esos sujetos, habitualmente pertenecientes a las clases sociales legitimadas, en agentes de conflicto y usufructuarios indeseables de los bienes públicos. Todo es gasto y gasto insólito e innecesario para estas concepciones, que rápidamente ponen una cuenta en juego: lo que se gasta ahí habría que destinarlo a las personas pobres. A la vez, cuando esas y esos pobres se movilizan para reclamar, las redes trinan: sáquenles los planes. O sea, cuando se establece la continuidad es más bien para decir: nada para nadie, nada en lo que se ponga en juego la idea de una solidaridad, de una pertenencia en común, de un esfuerzo por considerar la riqueza social sin monetización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Cuando en la década del 90 triunfaron las estrategias de privatización de los ferrocarriles, con las consecuencias que todxs conocemos, lo hicieron a partir de un cálculo falso: la cuenta de costos y ganancias. Ese cálculo siempre resultaba deficitario y su uso abonaba a la idea de los trenes como un barril sin fondo. Digo falso, porque esa cuenta omitía otra idea de costo: la que incluía los accidentes en las rutas que podrían evitarse, el costo de pavimentar y de hacer caminos, el impacto medioambiental del uso de derivados del petróleo, la conexión de ciudades y pueblos que quedaron aislados. Tomar esos otros indicadores daba resultados bien diferentes, que la cuenta sobre la plata que entraba y salía en el balance de ferrocarriles ocultaba y al hacerlo falseaba. Cuando se considera la inversión pública, esa cuenta debe ser siempre compleja, ni inmediata ni lineal. No: ¿cuánto se invirtió en esa película y cuánta gente la vio? ¿Cuánto se puso en un edificio educativo y cuántas personas se graduaron este año? Esas cuentas siempre son falaces, por lo que omiten, por lo que aplanan, por lo que niegan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La ciudad de Buenos Aires se vanagloria de tener una cartelera teatral prolífica y heterogénea. Muchas de esas salas y obras reciben subsidios del Instituto Nacional de Teatro y es posible que, caído ese esquema de financiamiento, no puedan seguir funcionando. Pero no es solo eso lo que hace vivir el teatro en estos lares, si no el esfuerzo insomne, alocado, entusiasta, de muchas personas que piensan, crean, ensayan, producen, sin saber si el esfuerzo realizado en todo ese tiempo redundará en un puñado de puestas o en un éxito amado por el público. Todo ese esfuerzo, todo ese trabajo, es impago, es pura apuesta. Como ocurre en todos los trabajos vinculados a sostener el lazo social, con sus mayores riquezas, suele quedar en la opacidad. Velado, olvidado. Y como es borrado, quien se dedica a ello, termina siendo un o una planera. ¿No es equivalente al destrato respecto del trabajo comunitario, del sostenimiento cotidiano que miles hacen de la vida, cuando sostienen un comedor, un merendero, el cuidado de les pibes, la solidaridad feminista? Hay que reponer esos trabajos como trabajos, volverlos evidentes, considerarlos, para que el modo corrosivo en que las derechas hablan de la relación entre financiamientos y experiencias no prenda como garrapata en el corazón de todxs. ¿Cuánto activismo cultural no está del otro lado a la hora de considerar valiosas a quienes laburan para sostener la vida popular, encuadrada en organizaciones, y a veces cortan calles para reclamar financiamiento?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Discutir la cultura es discutir la construcción de lo común. La construcción de una narrativa que necesariamente confronta con los modos privatizadores de entender la sociedad. Una narrativa esforzada en desmontar los lugares comunes de la ideología neoliberal. Una narrativa capaz de reponer problemas donde aparece la nitidez del acuerdo sin tensiones. En algunas entrevistas que hacía <em>Página/ 12 </em>le preguntaban a lxs funcionarixs, incluido el presidente, sobre sus consumos culturales. Sin problemas, citaban series de Netflix. La vicepresidenta, en un discurso cuya claridad y lucidez estremece, en el Centro Cultural Kirchner -o sea, en el lugar que debería ser un punto neurálgico para discutir estas cuestiones-, hizo un chascarrillo: lo que pasa es que veo muchas series españolas en Netflix. Dos días antes, en las puertas del INCAA un conflicto, que entre otras cosas exige pensar la soberanía, el vínculo con las plataformas, el evitar convertir a la Argentina en un mero territorio de mano de obra formada y barata. Discutir Malvinas sin discutir Netflix deja inconclusa la comprensión de lo que significa la cultura, o convierte la cultura en mero adorno, en placebo, en distracción. Si lo hace, entonces, el gasto en ella es claramente superfluo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Podemos discutir que no lo es, si pensamos de otro modo la cultura. Como de hecho se la pensó cuando se crearon los canales como Encuentro y Paka Paka -sabiendo que no podía ser Disney la fuente última de representaciones para las infancias-, cuando se convirtió la Biblioteca Nacional en una usina formidable de pensamiento crítico y controversia cultural, cuando se fortaleció la red de bibliotecas populares para que cumplan en cada lugar del país su tejido comunitario. Un puñadito de ejemplos, para recordar que esos esfuerzos fueron hechos y que no fueron solo decisiones de gestión, sino que pusieron en juego una idea sobre la cultura y su relevancia. Cuando alguien habla de sus consumos culturales, aún los que hace en la intimidad de su hogar, también pone en juego representaciones, apuestas políticas, una imaginación pública. ¿Nombramos libros de las editoriales independientes o de las trasnacionales en las que también la soberanía queda arrasada? ¿Citamos los personajes de Paka Paka o los surgidos de una usina norteamericana? ¿Recordamos la cartelera del Gaumont o la oferta de Netflix? Probablemente, en nuestros consumos se mezcle todo eso, pero como sujetos políticos no atender a esas diferencias es coincidir con el desdén que las derechas andan vociferando, cuando reclaman que los vagos de la cultura se vayan, de una vez, a trabajar. Y no se trata de considerar solo la dimensión nacional, aunque esta es bien relevante. Se trata, también, de pensar cómo se construyen las narraciones de una comunidad y se valorizan los esfuerzos multitudinarios, extendidos, polifónicos, diversos, de construir lo común.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 15 de abril de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>Ante la desmovilización &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 May 2022 00:03:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[antipolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Sin pelea contra la desigualdad la política se vuelve distracción y, a su vez, abandona a enormes sectores de la población a la pesca antipolítica, afirma en esta nota la socióloga María Pía López. Este momento político, sostiene López, exige buscar entre nuestras memorias recientes - la de nuestras calles, peleas, escritos, asambleas, tejidos - las claves para reencarnar la política.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/ante-la-desmovilizacion-por-maria-pia-lopez/">Ante la desmovilización &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Sin pelea contra la desigualdad la política se vuelve distracción y, a su vez, abandona a enormes sectores de la población a la pesca antipolítica, afirma en esta nota la socióloga María Pía López. Este momento político, sostiene López, exige buscar entre nuestras memorias recientes &#8211; la de nuestras calles, peleas, escritos, asambleas, tejidos &#8211; las claves para reencarnar la política.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Quisiera escribir literatura, pero no. Me distraigo en el pantanal diario. O en el de los diarios. O lo que es lo mismo, que decir: me hundo en las noticias o en la sensación de que leerlas es ademán que ratifica la impotencia. ¿Cómo pasó que nos fuimos quedando quietas, quietos? ¿Fue la pandemia y los cuidados la escuela de un acostumbramiento a lo doméstico? ¿O son los cuidados de una experiencia de gobierno frágil los que nos distanciaron del poder intervenir sobre las cosas? En estos días me vuelve, una y otra vez, la palabra desmovilización. Movilización no es solo ocupar el espacio público, también es esa disposición de los ánimos y las existencias, ese arrojo a estar con otras y otros, el desvelo por rozar los asuntos generales y no solo los propios. Cuando eso no ocurre, cuando la política no atraviesa las experiencias y cuerpos, trama conciencia y afectividad colectiva, entonces el destino de cada quien parece jugarse en la vida privada.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hablo con mis amigues. Rodeamos esta frase, que es sensación compartida: ya no se puede leer diarios ni seguir noticias. ¿Por qué? ¿Cómo pasó que nos fuimos volviendo ajenos, separados de esa otra experiencia? Impotentes. Sin poder hacer. Pero no es un problema de nuestros estados de ánimo. Más bien del juego de una política que parece conjugarse como simulacro y espectáculo, fotito de Instagram y palabras arrojadas para la ocasión. Contradictorias muchas veces. Pero el problema es la banalidad. ¿O está mal llamarle así a una situación en la que muchas personas que se dedican a la política se mueven con une fotógrafe al lado antes que con militantes con lxs cuales discutir?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ay, qué antigua me siento cuando me acechan los recuerdos de viejas lecturas. La sociedad del espectáculo. No es un tema de lecturas, me digo, sino de la primacía actual de un modo de tramar el tratamiento de los asuntos públicos como si se pudiera prescindir del pensamiento crítico. O de la elaboración crítica colectiva. Poder decir del horror de naturalizar los niveles de pobreza contemporáneos. Considerar la devastación de lo popular cuando la violencia arrecia y destroza vidas. Pensar la economía y la alimentación. El río Paraná, la soberanía y el fomento de las instituciones culturales. Las escuelas después de la pandemia y las universidades muchas veces concentradas en el giro (auto) reproductivo. Movimientos sociales que garantizan el orden y desobediencias que se vuelven apuesta letrada. Reconocer los obstáculos, rozar esos nudos, para evitar la condena a una pura repetición de slogans que solo engalanan la impotencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Sin pelea contra la desigualdad, en todos los planos, la política se vuelve distracción. Pero a la vez, abandona a enormes sectores de la población a la pesca antipolítica. Alguien dijo hace pocas semanas, en un piquete, que quería votar en las próximas elecciones al dirigente más payasesco y osado de la derecha. Al que hace campaña con la idea de que ningún atenuante -como los que se presentan bajo la forma de planes sociales- de la desigualdad debe ser financiado. ¿Cómo es posible que la hostilidad se revierta como despojo sobre sí mismo y las propias posibilidades?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Se entiende el enojo cuando la plata no alcanza, cuando los precios aumentan, cuando el laburo escasea. Se entiende el hartazgo cuando las políticas públicas no logran tocar la experiencia cotidiana y las policías coimean más que custodian y para atenderte en un hospital hay que hacer cola a la madrugada. Y la furia se entiende, cuando las personas se sienten amenazas en una intemperie difícil. Lo grave es que hoy son las derechas las que interpelan ese hartazgo, intentando componer la melodía del basta. Pero no es un basta como quisimos nosotras, a un orden desigual y jerárquico, que no cesa de desposeer y matar -eso que venimos discutiendo los feminismos, a veces dando en el blanco y otras balbuceando, enredadas entre jergas y olvidos-, sino un basta a todo aquello que se enuncia como posibilidad de transformación, pero en tanto posibilidad irrealizada y que no es capaz de demostrar los obstáculos, se señala como falsedad a la que hay que dejar de lado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Un rodeo por un texto, para pensar este problema. En discusión con las izquierdas chilenas, de las que era parte, Julieta Kirkwood señalaba que los valores fundamentales de libertad, igualdad, fraternidad, vistos desde la experiencia cotidiana de las mujeres, eran vividos como autoritarismo, discriminación, opresión. El silencio de las izquierdas sobre esa vivencia de las oprimidas en nombre de una urgencia que era la de los antagonismos de clase, arrojaba a las mujeres en los brazos de la derecha. Si los grandes enunciados, cuando se los situaba en la experiencia femenina, se revelaban falsos; también parecían serlo en tanto horizonte al cual llegar. Algo de eso sucede en el modo en que las derechas contemporáneas enlazan una capacidad crítica sobre la impotencia progresista, cuando los valores de las izquierdas son reducidos a enunciados desgajados de la experiencia concreta. Las derechas los critican, por supuesto, no para llamar a su encarnación transformadora sino para señalar que solo habría allí una ilusión, farsa o simulacro capaz de garantizar beneficios solo para lo que llaman casta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Desmovilización, decía. Porque desmovilización es a la vez pérdida de la voluntad crítica colectiva para considerar esa experiencia vívida del despojo y el dejar el hartazgo como cuestión a sostener por otros. Falta la potencia de nuestro Basta -el de los feminismos, pero también la fuerza de los sindicatos que fueron capaces de contraponer a la meritocracia neoliberal la idea de derechos para todos-, falta ese enojo politizado, colectivo, tramado, ante tantas cosas que reclaman nuestro hartazgo. Que no es un basta a una experiencia democrática de gobierno, a un frente político del cual surgió ese gobierno -todo eso exige, por el contrario, un esfuerzo renovado, una intensidad hoy ausente, un esfuerzo que no busca donde guarecerse ante la derrota sino una hipótesis refundadora-, sino un basta ante una escena que naturaliza las formas extremas de la desigualdad y solicita que el grito político se rebaje a murmuración entre pocos. Un decir del hartazgo para poder pensar desde la responsabilidad con ese pacto incumplido con las y los que votamos, partiendo del reconocimiento de esas deudas, profundas, tremendas, dolorosas, que hoy organizan la coexistencia social. Un decir del enojo, no para retirarnos a nuestras vidas desmovilizadas sino para encontrar los motivos de la movilización. Eso exige la búsqueda, entre nuestras memorias recientes -la de nuestras calles, peleas, escritos, asambleas, tejidos-, de las claves para reencarnar la política.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 22 de mayo de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>Los días del juicio. Trapisondas, equivalencias y espectáculo &#8211; Por María Pía López y Mariana Gainza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Aug 2022 12:14:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
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		<category><![CDATA[deerchas]]></category>
		<category><![CDATA[Juicio corrupción]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las autoras de esta nota sostienen que el juicio a Cristina Fernández constituye el intento de la derecha de enlazar el Juicio a las Juntas con el juicio a la corrupción, usando la memoria social del Nunca más para justificar el ataque a líderes democráticos; y afirman que ese enlace produce dos efectos problemáticos: Uno, desplazar la legitimidad institucional en el corte con el terrorismo de Estado hacia el presunto Nunca más a la corrupción; el otro efecto es enrarecer la comprensión de los vínculos entre la criminalidad de las derechas genocidas y las políticas económicas y sociales.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Las autoras de esta nota sostienen que el juicio a Cristina Fernández constituye el intento de la derecha de enlazar el Juicio a las Juntas con el juicio a la corrupción, usando la memoria social del Nunca más para justificar el ataque a lí</em></strong><strong><em>deres democr</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>ticos; y afirman que ese enlace </em></strong><strong><em>produce dos efectos problemáticos: Uno, desplazar la legitimidad institucional en el corte con el terrorismo de Estado hacia el presunto Nunca más a la corrupción; el otro efecto es enrarecer la comprensión de los vínculos entre la criminalidad de las derechas genocidas y las políticas económicas y sociales.</em></strong><strong></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López y Mariana Gainza*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La democracia argentina buscó su legitimidad en el acuerdo para decir Basta al terrorismo de Estado. <em>Nunca más</em> fue consenso y umbral. El Juicio a las Juntas, en 1985, fue el acto institucional fundamental, que asumía y realizaba una demanda extendida de los movimientos de derechos humanos y las militancias políticas. Alrededor de las consignas de memoria, verdad y justicia, se mantuvo la vitalidad de esas militancias, incluso en tiempos sombríos y de profundas derrotas. Ese juicio constituyó, lo sabemos, una singularidad argentina respecto de otras transiciones y convirtió esa singularidad en ejemplar. Fue tan central esa cuestión, que cuando el menemismo producía modificaciones serias y reaccionarias a la estructura social y privatizaba la riqueza pública, el presidente contestó a las movilizaciones opositoras con una frase amenazante: puede haber más Madres de Plaza de Mayo. La amenaza de las desapariciones forzadas fue ademán recurrente de las derechas y en el último gobierno de ese signo, la desaparición de Santiago Maldonado fue encubierta con conocidos artilugios. Porque hubo otrxs desparecidxs en democracia -Julio López nos duele cada día- pero la diferencia es contundente cuando desde las máximas responsabilidades del Estado se decide negar y ocultar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Juicio a las Juntas fue extraordinario y tuvo sus límites. En particular, la desconsideración de las complicidades empresariales y eclesiásticas. Los beneficiarios de la reestructuración social producida por la dictadura -fundamental en términos de cambio en la participación de lxs trabajadores en la riqueza y en la sumisión a una lógica del endeudamiento externo y la financiarización- no fueron parte de la escena hasta muchos años después. Esa dimensión había sido señalada en la temprana <em>Carta a la Junta</em> de Rodolfo Walsh y en las airadas intervenciones de Fogwill en la revista <em>El porteño</em>. La traemos aquí para señalar ese anudamiento entre terrorismo de Estado y poder económico. El neoliberalismo chorrea sangre en su proceso de acumulación (siempre) originaria. Si las derechas son negacionistas -y perseveran en su intento de revisar, una y otra vez, el número de detenidxs-desparecidxs, y buscar reabrir los procesos a las militancias setentistas-, es en el mismo movimiento en que son endeudadoras y persiguen el menoscabo de los derechos sociales. Las luchas por la memoria no se pueden separar de las luchas distributivas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Hasta aquí, el escenario es bastante claro y se reactualiza en muchas intervenciones. Pero en este tiempo, se agrega un escarnio argumentativo más complejo, que viene a enlazar ese Juicio a las Juntas con el juicio a la corrupción, usando la memoria social del Nunca más para justificar el ataque a líderes democráticos. Si el Juicio de 1985 era una singularidad ejemplar, los juicios por (presunta) corrupción son la comidilla cotidiana de aparatos judiciales que vienen a hacer la tarea de corroer instituciones políticas y representantes democráticos. Salta a la vista lo sucedido en Brasil, donde lograron encarcelar al ex presidente, destituir a la presidenta y abrir el terreno para el paseo triunfal de una derecha brutal. Ese período está terminando, pero nada es gratis para los sectores populares, cuando se producen interrupciones a políticas públicas que intentan disminuir la desigualdad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Los juicios en Argentina son parte de esa serie, destinada no sólo a castigar a personas que ocuparon lugares de conducción si no a disciplinar a la clase política entera. Juicios llevados adelante por una red de fiscales y jueces que son parte del entramado político que gobernó entre 2015 y 2019, no sujetos insospechados de partidismo y capaces de encarar una efectiva investigación. ¿Puede compararse este elenco maltrecho con el esfuerzo institucional que implicó el corte de 1985? No, no sin mala fe. No estamos diciendo que la corrupción no reclame un trato serio, por el contrario: lo reclama, pero estamos asistiendo a un proceso que de serio no tiene nada. Discursos para el espectáculo, asunción de que importan las narrativas más que las pruebas, sustitución de las pruebas reales por entidades metafísicas y números mitológicos -pasan a ser “tres toneladas”-, supresión del derecho de defensa. Siempre se trata de narrativas, porque el quehacer político tiene entre sus derivas fundamentales la construcción de una explicación del presente y del pasado. Construimos, colectivamente, una narrativa sobre el terrorismo de Estado: pero ese relato no surgía de lo improbable o lo supuesto, surgía de la palabra de las y los testigos, de la fuerza sobresaltante de quienes volvían del horror concentracionario y podían testimoniar, del carácter indudable de esos cuerpos ausentes. ¿Cómo comparar esa narrativa encarnada con la que surge de un guión mediático y judicial, que incluyó excavaciones en la Patagonia y fue pergeñado en las catacumbas en las que se imaginaron confabulaciones, bóvedas y viajes?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Estas comparaciones falaces vienen a producir dos efectos problemáticos. Uno, a sostener el desplazamiento del basamento de la legitimidad institucional en el corte con el terrorismo de Estado, hacia el presunto Nunca más a la corrupción. El macrismo intentó eso, y lo materializó con el lanzamiento de ataques judiciales contra integrantes del gobierno anterior y con un negacionismo de distintos tonos. Ese desplazamiento permite nuevos campos de alianzas. El otro efecto consiste en enrarecer la comprensión de los vínculos entre la criminalidad de las derechas genocidas y las políticas económicas y sociales. ¿O el espectáculo de la corrupción no es también el velamiento de la eficacia disciplinadora de la deuda externa?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Si el aparato judicial está propicio a producir narraciones eficaces, el gobierno nacional peca por su ineficacia para hacerlo, porque no ha logrado producir una narración necesaria sobre la deuda, sus beneficiarios y sus efectos dramáticos sobre la población. Una historia que debe incluir desde la estatización de la deuda privada llevada adelante por el último gobierno militar hasta la fuga de capitales producida con las últimas cuotas del endeudamiento en 2015. Eso se hereda de muchos modos, pero fundamentalmente como restricciones y empobrecimiento. Juicio a los endeudadores seriales, sería necesario, pero ¿con estos fiscales y estos jueces? Ni siquiera aspiramos a esa escena, sino a la comprensión de la situación actual, con señalamiento de responsabilidades, obstáculos y adversidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El espectáculo del juicio a Cristina se sostiene sobre ese otro vacío discursivo, sobre una escena que no está habitada por una palabra política más densa que la suya en la defensa. Son tiempos de desmovilización, de penuria anímica, de capas caídas para muchas militancias. Fragmentación y después. O pandemia, encierro y después. ¿Qué hacer en este mundo nuevo en el que el horizonte aparece cerrado y las fuerzas populares en la trampa de tener que asistir, más o menos silenciosas, a una estabilización por derecha de la situación? En esa escena se sitúa el juicio, surgido del olfateo de una impotencia general, que solo tendría estertores mínimos para contrarrestar. No es así, porque es claro que Cristina no es sólo Cristina, que lo que se pone en la picota es la experiencia misma de los gobiernos populares y un conjunto de derechos. Pero a la vez, es necesario volver a anudar -sí: narrativa y políticamente- esas cuestiones, porque no podemos defender con plenas fuerzas a la perseguida sin poner en discusión las condiciones que hacen que hoy, muchas de las políticas que defendimos en su gobierno, estén ausentes y, en especial, que la mayoría de los sectores populares se encuentren en graves dificultades para desarrollar dignamente sus vidas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Esa defensa, imprescindible y urgente, debe serlo de las condiciones mismas de la política popular y de la apuesta a una política capaz de transformar, para mejorar, las condiciones de vida de las mayorías. Porque Cristina es el nombre más emblemático de esas apuestas, pero también la que encarna los dilemas complejos de la época. Dilemas, decimos, o tensiones entre las apuestas a la transformación o una estabilización conservadora.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 25 de agosto de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*María Pía López es Socióloga, ensayista, investigadora y docente. Mariana Gainza es socióloga, docente, investigadora.</p>
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		<title>La justicia ha muerto &#8211; Por María Pía López</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 Dec 2022 22:40:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[Justicia]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La justicia ha muerto; sus agentes no, apenas usurpadores de un nombre, vaciadores. Ha muerto, entre estertores de operaciones mediáticas y servidumbres a todos los poderes, menos el del pueblo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-justicia-ha-muerto-por-maria-pia-lopez/">La justicia ha muerto &#8211; Por María Pía López</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>La justicia ha muerto; sus agentes no, apenas usurpadores de un nombre, vaciadores. Ha muerto, entre estertores de operaciones mediáticas y servidumbres a todos los poderes, menos el del pueblo.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pía López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La justicia ha muerto. Tapada bajo los escombros de corruptos edificios que se erigieron en su nombre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Ha muerto, entre estertores de operaciones mediáticas y servidumbres a todos los poderes, menos el del pueblo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Fantasmales, se agitan sus palabras, se apela a su nombre otrora santo y se lo hace en vano, en tertulias entre jueces que se reúnen, en escondidos lagos, para amañar pruebas y planificar operaciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Se la invoca, mientras se persigue inocentes, en expedientes judiciales innobles alimentados de todos los oprobios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La justicia ha muerto. Quedan los jueces y los fiscales y sus siervos. Muchos de ellos encargados de tirarle las piedras que la lapidaron. Cada piedra, una sentencia infame, cada piedra, un privilegio sostenido, cada piedra, una mentira puesta a circular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Como está muerta, sobre sus despojos se erigen las instituciones de la infamia. Allí está Milagro, la gran encarcelada, por un montón de expedientes. Y está Cristina, la perseguida, la que se enfrentó y no se lo perdonan. Pero también están las cárceles abarrotadas de pobres, de oscuras y oscuros, de nadies.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Las cárceles que reclaman su cuota de mapuches, para que no molesten allí donde los millonarios cercan las tierras y erigen mansiones para que los asesinos de la justicia se reúnan.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El periodismo de los medios concentrados ya había muerto, y en sus silencios florecen sin cesar los negocios empresarios. Academias de periodismo, dicen que tienen, y no se entiende qué enseñarían sino a poner bajo la alfombra aquello de lo que no hay que hablar, pero también a simular los trazos de historias inverosímiles. Estamos hablando de las tierras del sur y el nivel de falseamiento de los conflictos con las comunidades mapuches es más hondo que el de los diarios que agitaron las represalias a las huelgas patagónicas en 1921.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">La justicia ha muerto. Sus agentes, serviles ante esas dinámicas de la ocultación. Sus agentes, no, apenas usurpadores de un nombre, vaciadores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">No le llamemos justicia a eso que resta, a lo que vino a ocupar su nombre, a la carroña y a la mentira. Guardemos el nombre de la asesinada, para que algún día podamos reclamar su retorno. Justicia, queremos justicia. Contra los jueces y sus mandantes, contra los fiscales y sus dueños, contra quienes se pretenden dueños de todo lo viviente.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 5 de diciembre de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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		<title>JUJUY: LABORATORIO, CONDENSACIÓN, NUDO &#8211; POR MARÍA PÍA LÓPEZ</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Aug 2023 15:14:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[María Pía López]]></category>
		<category><![CDATA[Jujuy]]></category>
		<category><![CDATA[Laboratorio represivo]]></category>
		<category><![CDATA[Milagro Sala]]></category>
		<category><![CDATA[Tercer Malón de la Paz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Laboratorio Jujuy: La detención de Milagro Sala fue el punto de partida para destruir el contrapoder popular que continúa con el intento de dirimir la política electoral en un plano y las luchas por la tierra y los bienes comunes en otro. El Tercer Malón de la Paz llegó a la ciudad de Buenos Aires con sus carteles caseros que nombran cada comunidad, negándose a ser ornamento turístico; hoy acampa frente de Tribunales y corre la suerte de los desposeídos: un colchón, un plástico, una plaza. La intemperie.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em style="font-weight: bold;">Laboratorio Jujuy: La detención de Milagro Sala fue el punto de partida para destruir el contrapoder popular que continúa con el intento de dirimir la política electoral en un plano y las luchas por la tierra y los bienes comunes en otro.</em><strong><em> El Tercer Malón de la Paz llegó a la ciudad de Buenos Aires con sus carteles caseros que nombran cada comunidad, negándose a ser ornamento turístico; hoy acampa frente de Tribunales y corre la suerte de los desposeídos: un colchón, un plástico, una plaza. La intemperie.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por María Pia López*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">En una feria del libro en San Salvador de Jujuy conseguí un libro sobre los quipus y los quipumayos. Un sistema de escritura incaica, la mayoría contables, que en cada color de hilo sintetiza una clasificación (maíz, personas, oro) y en cada nudo una cantidad. Pero también había nudos narrativos, que debían activar un relato en quien los reconocía. Así, una historia podía transmitirse, anudada. En la casa de Milagro, en estos tiempos de cárcel, hablamos de los quipus y Raúl me mostró uno que habían traído de Perú. Al aludir a los quipus pienso en esas historias, en las muchas que se mueven en esa tierra que anda y que hoy se nombra Malón de la Paz. El tercer malón llegó a la ciudad de Buenos Aires el 1° de agosto. Marchaban con carteles caseros que nombraban cada comunidad. Una y otra y otra, y otra más. Caminando sobre el pavimento de la 9 de julio. Negándose a ser atributos de un paisaje u ornamento turístico. Porque se sabe: en el laboratorio Jujuy no se trata de borrar lo indígena, sino de transmutarlo, de producir con violencia un pasaje de un modo de vida -una economía, una relación con los bienes comunes, una cosmovisión- a la situación vaciada del espectáculo. Lo hemos visto: personas de los pueblos originarios puestas como entorno decorativo de rituales del gobernador que simula todas las adhesiones a la Pachamama. La operación es bien compleja: no se trata de borrar sino de utilizar, de convertir lo indígena en parte de la marca Jujuy, en atractivo turístico y en fundamento de legitimidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Por eso resulta intolerable la rebelión: los rostros no son mudos, hablan y en su voz hay un programa que es el de la preservación del modo de vida. John Womack abre su precioso libro sobre <em>Zapata y la revolución mexicana </em>con una frase inolvidable: “Éste es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que, por eso mismo, hicieron una revolución”. No querer cambiar, en la voz del malón, es preservar unos lazos con la tierra, los cultivos, los animales. No querer cambiar para no subsumir la vida bajo la lógica de la extracción del litio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Caminaron en distintas ciudades (como Rosario o Córdoba), mientras otro grupo mantiene el corte en la Quebrada. Llegaron al corazón político del país, gobernado por el más cercano aliado de quien los persigue. Decidieron acampar frente a Tribunales y algo de esa escena tiene una resonancia kafkiana: la espera en las puertas de la ley. Porque esa Corte a la que le piden intervención para declarar la inconstitucionalidad de una Constitución provincial aprobada entre gallos y medianoche, sin consultas ni acuerdos, sabemos que suele intervenir en la vida legal de las provincias cuando se trata de mover la balanza en contra de otra fuerza política. ¿Justicia? ¿quién conoce ese nombre en el edificio de Talcahuano y Lavalle? José María Arguedas, que además de ser un escritor fundamental dejó preciosos textos de antropología, describe la danza de los Sijllas en los Andes peruanos: en esa fiesta se escenifica la ridiculización de los funcionarios judiciales: “es el baile de los jueces, de los ajusticiadores. Indios vestidos de capa o levita, con tongo o chistera, y armados de voluminosos pergaminos o libros antiguos y de sendos fuetes o látigos de cuero, y todo viejo y raído. (…) todos rostros que provocan la risa violenta e irresistible de los transeúntes y de los espectadores. Bailan batiendo las alas y mostrando los látigos y los libracos; parecen vampiros enormes y raídos. Bailan así hasta atrapar a algún transeúnte desprevenido”. Al que encuentran le leen el código y lo castigan con latigazos. Arguedas piensa esa danza como la ridiculización de una función judicial que consiste en atrapar y castigar a los más pobres. La expresión: jueces, ajusticiadores.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://lavaca.org/wp-content/uploads/2023/08/tercermalon-8.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Lina Etchesuri/lavaca.org</em></figcaption></figure>
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<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">“Hacete amigo del Juez” rezaba el Viejo Vizcacha en el poema nacional. Ezequiel Martínez Estrada intuyó que la verdad del poema estaba en esos enunciados, que reconocían el orden injusto y enseñaban a moverse en él. Justicia, lo que conocemos bajo ese nombre, difícil es que tome decisiones a favor de las comunidades movilizadas. Jujuy fue la provincia en la que más tarde comenzaron los juicios de lesa humanidad. Cajoneados por años. Olga Aredez recorría, a veces solita, la plaza con su pañuelo blanco. Otra madre de Plaza de Mayo, Inés Peña, le pidió ayuda a la Tupac Amaru. La Tupac movilizó y la acompañó, no sin algunas puertas forzadas, hasta el despacho del juez que estaba sentado sobre la causa. El juicio comenzó. Años después, uno de los responsables civiles del Apagón de Ledesma -el dueño del ingenio- era condenado. Luego fue absuelto en la siguiente instancia. Al mismo tiempo que Milagro, la que conducía la organización que intervino para presionar por los juicios, era detenida<strong>. </strong>Laboratorio, Jujuy: esa detención fue el punto de partida, sagaz y veloz, para destruir el contrapoder popular. No hay orden de negocios sin esa destrucción.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Nudos para narrar esta historia: ¿olvidamos que el terrorismo de Estado, como señaló Rodolfo Walsh al año del golpe, estuvo al servicio de la recomposición de la estructura social argentina? Y que, si nos podemos sentir muy orgullosos de los juicios realizados contra los militares que lo llevaron adelante, no deberíamos dejar de pensar los límites con los que se encaró la comprensión de esa transformación brutal del país. Por eso, Blaquier era palabra clave. Porque si puso las camionetas y las instalaciones del Ingenio para sacarse de encima a lxs trabajadorxs más díscolos, lo que esa alianza materializaba estaba en el corazón mismo de la dictadura. Y que no es sólo complicidad civil, sino apuesta a recoger las ganancias que se expanden de modo creciente cuando la indisciplina social se castiga, impide, cercena. Fogwill, en un artículo de la revista <em>El Porteño, </em>allá por 1986 (“La herencia cultural del proceso”) llamaba a no encandilarse con el show del horror: quedarse pasmados ante la evidencia de una crueldad sin límites, mientras los flujos financieros de los verdaderos beneficiarios seguían engrosando. Y deberíamos agregar: no encandilarse por el show del law fare. Porque eso pasó cuando se expandió el silencio ante la detención de Milagro y militantes tupaqueros, convertidos en mancha venenosa en aquel diciembre donde todo era anticipación de lo que vendría.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Entonces: de Calilegua y Ledesma al litio. Camionetas blancas, en estas semanas, para detener gente. Propiedad de empresas que tienen contratos con el estado provincial. Represión, balas a los ojos de los manifestantes. Detenciones y torturas. En la calle se cantaba: Morales vos sos la dictadura. Quizás a muchas personas ese atributo las entusiasma, parte de lo que se juega en esta elección tiene que ver con la nostalgia de las disciplinas cruentas y una idea de seguridad que existe como ajusticiamiento.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://lavaca.org/wp-content/uploads/2023/08/tercermalon-19.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Foto: Lina Etchesuri/lavaca.org</em></figcaption></figure>
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<div style="height:26px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">El Malón está, ahora, enfrente de Tribunales. El gobierno de la ciudad le niega el derecho a acampar. Mientras algunos diarios -poquitos, claro- publican sus nuevas cesiones de tierras públicas a amigos empresarios. El primer Malón de la Paz, en 1946, fue acompañado y luego destratado por el gobierno de Perón, y sus integrantes obligados a radicarse en el Hotel de Inmigrantes (más irónico no podía ser ese gesto) para luego ser despachados en trenes casi en secreto. El tercer Malón corre la suerte de los desposeídos: un colchón, un plástico, una plaza. La intemperie. ¿El gobierno nacional no tiene nada para decir, ofrecer, acompañar? ¿O es el malón la nueva mancha venenosa, la mácula en un mapa que se quiere ofrecer limpito para las decisiones de negocios? Militancias feministas, activismos culturales, algunas organizaciones sociales, tratan de rodear al malón. Pero hay ausencias que retumban, que hacen de la Plaza de Tribunales un cierto hueco abismal y ensordecedor. El intento de que la política electoral se dirima en un plano, y las luchas por la tierra y los bienes comunes en otro. Pero no es así. ¿De qué se trataría lo que llamamos política sino a una acción colectiva sobre la disposición de lo común: las tierras pero también los espacios verdes, los bosques y los combustibles?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Necesitamos un quipu con estos nudos, que traiga esas viejas historias, y las cante entrelazadas. Que las disponga en sus resonancias, para que sepamos, cuando algo ocurre que lo que suena en Jujuy nos pasa a todxs. El malón no es un grupo de inmigrantes. Y si lo son es porque pertenecen a otro tiempo. No el de un pasado originario -no sólo- sino el del futuro que nos espera. El del enclave, la zona de sacrificio, la elaboración de leyes represivas y persecuciones judiciales para evitar que los movimientos sociales sean obstáculos para el despliegue del capital. Claro que hay que pensar estas cuestiones en un orden signado por la escasez, por la subordinación a la gestión de la deuda, por la contundencia necropolítica del capitalismo contemporáneo. Pero hay que pensarlas democráticamente, con las personas y comunidades, con el cuidado sobre los modos de vida existentes, con la imaginación necesaria para ampliar la autonomía relativa de la política y de la gestión pública.</p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">Buenos Aires, 7 de agosto de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size wp-block-paragraph">*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.</p>
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