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	<title>Horacio González archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<title>Horacio González archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Respuesta de Daniel Santoro a Horacio González  Agotar todas las posibilidades de unidad para ganar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:48:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Santoro]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Daniel Santoro le responde a Horacio González y afirma que la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019 es la única posibilidad de derrotar el proyecto neoliberal de Cambiemos. Acuerda con González en que el desafío es ver quién conduce este frente, construcción que es inestable, problemática y sin garantías.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbs5t5tn" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>Daniel Santoro le responde a Horacio González y afirma que la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019 es la única posibilidad de derrotar el proyecto neoliberal de Cambiemos. Acuerda con González en que el desafío es ver quién conduce este frente, construcción que es inestable, problemática y sin garantías.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong>Por Daniel Santoro</strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbs5zcfa" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Querido Horacio.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Al leer tu texto realmente no siento que discrepemos en ningún tema, suscribo plenamente tu respuesta, tanto en las críticas como en los aciertos del kirchnerismo que vos señalas. Eso y todas las demás consideraciones que contiene tu texto componen un excelente material para incluir en el amplio debate que debería darse y saldarse en los próximos meses con miras a la unidad indispensable.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Yendo al punto, vos te preguntás razonablemente (como también me expresaron Ricardo Foster y Jorge Alemán) ¿Cuál sería el rol de Cristina en esta convocatoria? Yo no tengo la respuesta, creo que no sería pertinente intentar asignarle un rol previo al debate. Ella sabrá encontrar su lugar, en ese caso las cosas no se pueden prever. Pienso que Cristina se expresó claramente cuando dijo que ella “No sería un obstáculo para la unidad”, entonces están todas las posibilidades dadas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">De todas las opciones la que realmente me preocupa es que algunos compañeros piensen en conformar un frente progresista que deje afuera todo ese peronismo que vos citás en tu texto. Creo que la idea de “preparase para perder elecciones” que formuló Alfonsín no es una posibilidad para ninguno de los peronismos (como vemos que no lo fue tampoco para el radicalismo, quedan como mudos testigos los restos del alfonsinismo que flotan en torno al kirchnerismo).</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Sinceramente, tratemos de querer ganar, agotemos todas las posibilidades para la unidad, una unidad que incluso pueda contener una dieta equilibrada de sapos. Es una propuesta sin duda más peronista que la de perder elecciones.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pd.: Y para resumir. Estamos de acuerdo en que lo único que sería una amenaza letal hacia este gobierno neoliberal sería la posibilidad de que el kirchnerismo y el peronismo conformen un frente unido de cara al 2019. Estamos de acuerdo en que el desafío es ver quién conduce este frente, ahí nos jugamos verdaderamente el destino de esta construcción que es por supuesto completamente inestable, problemática y sin garantías.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Si no emprendemos esta tarea lo que hagamos no serán más que semblantes de buenas intenciones, gestos de almas bellas, sin posibilidades más que las de satisfacer pequeños egos a través de alguna presencia testimonial en el congreso.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Percibo la sombra pequeña del PI que sobrevuela el extenso campo del movimiento nacional y popular  (la veo casi como en un cuadro de Van Gogh).</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Daniel Santoro, 29 de diciembre de 2017</p>
</div>
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		<title>Cartas entre Daniel Santoro y Horacio González  Debate en torno a la unidad del peronismo</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/cartas-entre-daniel-santoro-y-horacio-gonzalez-debate-en-torno-a-la-unidad-del-peronismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:49:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Daniel Santoro]]></category>
		<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la carta escrita por Daniel Santoro, A los compañeros con urgencia, donde plantea la necesaria unidad del variado arco peronista de cara a las elecciones de 2019, Horacio González responde en forma no menos urgente y con el espíritu de discutir el difícil tema de la unidad del peronismo, una discusión precisa que no debe justificar un producto final amorfo. La Tecl@ Eñe publica en forma unificada las dos cartas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jbr5odbh" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>A partir de la carta escrita por Daniel Santoro, A los compañeros con urgencia, donde plantea la necesaria unidad del variado arco peronista de cara a las elecciones de 2019, Horacio González responde en forma no menos urgente y con el espíritu de discutir el difícil tema de la unidad del peronismo, una discusión precisa que no debe justificar un producto final amorfo. La Tecl@ Eñe publica en forma unificada las dos cartas.</em></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
</div>
<div id="jbr5susi" class="txtNew">
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong><span class="color_30">Daniel Santoro: A los compañeros con urgencia</span></strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Faltan menos de 18 meses para el cierre de listas con miras a las presidenciales del 2019, en los próximos meses deberemos encontrar la forma de sacar al movimiento nacional del atolladero en el que se encuentra, algunos acontecimientos de los últimos días (experiencias de unidad en la acción) nos podrían servir de guía para encontrar el camino.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La concreción de una amplia unidad entre el variado  arco peronista y el kirchnerista sería la peor noticia que puede recibir éste gobierno neoliberal, hacia allí debemos dirigir todas nuestras acciones de aquí en más. Para que éste vasto y generoso acuerdo tenga sentido y pueda realizarse deberemos deponer enconos, olvidar ofensas, abandonar la nominación de traidores, acabar con el conteo de costillares sospechosos, e incluso prepararnos para una copiosa ingesta de sapos. La búsqueda de ésta unidad es urgente y prioritaria. Algunos ejemplos: ¿por qué no podrían encontrarse, hablar y  ponerse de acuerdo Axel Kicillof y Roberto Lavagna (ambos ministros del kirchnerismo)?, o pactar una larga conversación entre Graciela Camaño y Máximo Kirchner (si dicen más o menos las mismas cosas), ¿qué tan grandes serían las diferencias entre Gabriela Cerruti y Daniel Arroyo? ¿Cuál es la traba que impediría un acuerdo entre Randazzo y Felipe Solá? Esta coyuntura histórica nos reclama deponer los narcicismos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Sería un tremendo error no lograr en los próximos meses articular un gran coloquio del campo nacional en donde se salden todas las conversaciones que nos debemos (o que no tuvimos a tiempo), pienso en varias jornadas de trabajo, discusiones y acuerdos, con el objetivo de consensuar una plataforma en la que todos nos sintamos representados (con la presencia horizontal de aquellos que tengan genuinas ambiciones), que garantice la unidad programática  en la que participen todos: gobernadores, intendentes, los movimientos sociales, el PJ, unidad ciudadana, diversos partidos de izquierda y progresismos, una gran convocatoria sindical  (amplia y sin reproches), de no ser así estaríamos garantizando el triunfo del macrismo y tal vez dentro de 12 o 16 años nuestras nuevas generaciones militantes podrán salir de éste embrollo y dirigir una mirada piadosa hacia atrás para ver cómo terminamos ahogados en el mar de nuestras propias miserias y mezquindades.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No nos midamos entre compañeros, reclamando heroicos actos de resistencia a quienes no pueden realizarlos por diversas cuestiones de la coyuntura, siempre es mejor que estén (aunque limitados), nadie debe quedar afuera, todo sirve a efectos de consolidar esa masa crítica (sabemos que los traidores siempre estarán en los lugares que generen expectativas de triunfo), lidiar con esto es parte del desafío de la conducción. Todo sirve siempre que vaya en el sentido de la unidad, tenemos que construir una real alternativa de poder y eso se logra estando todos adentro.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Daniel Santoro, 25 de Diciembre de 2017</p>
<p class="font_8" style="text-align: center;">***</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;"><strong><span class="color_30">Horacio González: Una respuesta no menos urgente</span></strong></p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Querido Daniel</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Lo que considero la justificación última de tu llamado es la grave situación por la que estamos pasando. El macrismo, o como se llame, es un aparato extra-estatal y post-institucional, que está dispuesto a arrasar la lógica constitutiva de la nación argentina. Sus medidas represivas, que por un lado entregan el beneficio de la duda a las nuevas gendarmerías, y por otro lado, buscan reproducir las viejas artimañas del terror de Estado pero bajo formulismos parlamentarios y legales, que aceptan a disgusto o vulneran por dentro hasta hacerlos irreconocibles, nos llevan a la pregunta de cómo agrupar los ámbitos políticos y humanos que se oponen a este descalabro inusitado.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No obstante, en todo llamado a la unidad, importan los pasos previos, que todos conocemos bien, habitualmente representados por la clásica pregunta ¿quién convoca? En tu escrito, sucinto y contundente, das ejemplos de coincidencias posibles entre personas que, dejando de lado ciertas particularidades o aspectos secundarios, podrían asumir un núcleo común de razonamientos en torno a una crítica económica de la situación: por ejemplo, Kicillof y Lavagna. El método que proponés es el deponer enconos y dejar de usar los artificios verbales del hábito tantas veces consagrado en todas las fuerzas políticas, en especial en el peronismo: el tema de la traición. Sin duda, Perón, que lo instituyó con entusiasmo, dedicó luego vastos esfuerzos por moderarlo: “si voy solo con los buenos, me quedo solo”. Lo cual originó la conocida puja por saber quién era bueno. O que todos se pensaran excluidos del mal. La unidad, creo, tiene más exigencias que esa picaresca. Es urgente, como bien decís, y esa urgencia está urgida de criterios, debates más pulidos y mejores exposiciones de lo que pensamos, pero ahora, ante el tribunal de la historia.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Hoy creo que no son suficientes aquellos preceptos de  unidad, si bien no abandono en ningún momento el pensamiento para construir un estado de unión política de los ciudadanos y trabajadores, que resuelva los temas pendientes, no sólo los que señalas –ceder en los estilos grupales de imposición territorial o intimación táctica-, sino los que aún nos siguen llamando la atención a todos los que apoyamos el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Por ejemplo, por qué se facilitó tanto la fusión de grandes empresas de comunicaciones y luego se amparó la más importante ley democratizadora en esa materia. O por qué no se lograba un tono declarativo más esclarecedor respecto a los grandes regímenes económicos, postulando un “capitalismo serio”, que no parecía una consigna adecuada para la hora, mientras se producían hechos que auguraban un tipo de sociedad que dieran pasos más emancipados en relación a la hipótesis del necio capitalismo canónico. Del lado del kirchnerismo, es preciso ese debate, para convertirlo en nuevas señales orientadoras de acción política transformadora.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pero si esta revisión es urgente en el kirchnerismo, que es un nombre acosado por un conjunto de medidas punitivas que tienen al andamiaje judicial como resurrección del santo oficio inquisitorial, mucho más urgente es para quienes forman una gran multitud de compañeros que se movilizan en torno a la identidad peronista. En muchos de ellos, con la mejor voluntad de abrir compuertas nuevas, se piensa el kirchnerismo como un interregno muy episódico, y alojan ahí una medida de unidad sumamente indiferenciadora. ¿Kirchnerismo? Bah, uno de los tantos capítulos del Movimiento Nacional.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No voy a decir, según tu recomendación que comparto, que allí están los “traidores”, palabra sumamente literaria para aplicarla a cualquier pleito ocasional. Diré que muchos ven allí, en el omni-abarcativo Movimiento Nacional, el habitáculo que los protege de la intemperie kirchnerista, donde en la actualidad vemos que la mayor campaña de insidias de las corporaciones mediáticas, tiende el sudario maldito de la corrupción sobre los antiguos funcionarios. Además de debatir seriamente qué se aloja en tan siniestra denominación, deberíamos entender también que hoy “salir de la zona de operaciones” designadas por el Gran Hermano –esto es, dar el paso del “kirchnerismo” al “peronismo”- permite inmunizarse. Esa inmunización es esperada por el mecanismo de conversión de conciencias, que hace dos décadas está operando en el peronismo. Ellos tienen preparado el ungüento para ungir la frente del peronista arrepentido no con el óleo de Samuel, sino con el óleo de la indignidad.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Si el peronismo admitido o indultado dedica unos minutos a hablar mal de la “corrupción”, ya tiene el ticket de entrada a la Nueva Era.  No digo que las irregularidades haya que pasarlas por alto, digo que cuando se las llama de un modo con el cual se le muestra la guillotina al candidato a la horca o se lo invita a la transfiguración de su conciencia, eso es sólo un espolón de partido gobernante, para administrar la entrada al Monasterio de Blanqueo de los Carpetazos. No abandonar el nombre del peronismo a la trituradora de los Trolls, implica redefinir sus horizontes y sus subyacentes memorias epopéyicas, hoy soterradas por ignorancia o utilizadas vicariamente. Pero a nada de esto  hay que invocarlo como un universal abstracto, ni suponer que lo actuado por el kirchnerismo –que contuvo a ese peronismo supernumerario que viene del menemismo y alojó a una generosa cantidad de simuladores-, es el concreto y absoluto punto regenerativo para recrearlo todo otra vez. No, porque ese punto aun no lo avizoramos, y sólo podemos decir que surgirá de trabajos críticos, de naturaleza moral e intelectual, que den cuenta de las incoherencias que atravesamos en el período anterior, no pocas, y asimismo del uso impertinente de la palabra peronismo para un Recambiaremos a Cambiemos. Basta de esa papilla.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La unidad es una cuestión urgente y coincido en que queda poco tiempo, así como eso no debe justificar un producto final amorfo. Las urgencias deben ser contempladas a la luz de las movilizaciones, los debates parlamentarios y las fisuras que se abren en el electorado macrista. Todo ello precisa formas que replanteen el llamado a la congregación política más eficaz contra esta sistemática degradación del país. En el chirle panorama de este descarrío, falta agregar cuál sería el papel de Cristina. Tengo la sospecha de que no sirve llamarla jefa –ni a ella ni a nosotros-, pero menos restarle su preminencia. No me cabe duda que ella sabrá hacer público un despliegue sobre la escena ligado a esa acción de hacer un llamado, y no por eso inhibir las libertades del vasto archipiélago de grupos, estilos y militancias que pululan en este descalabro general al que estamos asistiendo.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Ella también, como nosotros, se bate en inciertas arenas movedizas, pero es el objetivo principal de los disparos de 105 milímetros,  de esos obuses cotidianos que disparan desde Comodoro Py, un marino que participó de varias guerras en el siglo XIX. Cristina es la única no inmunizada, o la única que permanece totalmente des-inmunizada, y persevera en la lucha. Otros que tampoco estaban inmunizados, han caído bajo el radar candente del capricho judicial. Muchos peronistas que quieren blindarse en su ortodoxia, expulsan de su lengua los nombres malditos y vuelven al habitáculo de siempre, como si nada hubiera pasado. Gobernadores, intendentes, senadores, diputados, etc.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">La unidad no es un a priori benevolente sino un sistema de reflexión y análisis, y en tanto eso se hace necesaria. Incluye abrirle las puertas a temas a los que antes fuimos ociosos, como la brutalidad de la economía extractivista, así como fortalecer aquellos  que hicieron a la novedad kirchnerista. Es necesario un debate más preciso sobre cómo conceptos fulminantes alojados en el fraseo cotidiano de la población, son un bloque que debe ser penetrado con la verdad. La verdad de lo que se hizo en términos liberacionistas, pero también, de todos los hechos inadecuados producidos, que no pueden reunirse en conceptos escatológicos. Esos conceptos que los dueños del monopolio arbitrario de la palabra y la violencia dicen con desparpajo, como santo y seña terminal, de los que nosotros huimos. Al contrario, deben ser revisados a la luz pública con los nombres que corresponden. Unidad política, parlamentaria, social y urgente, debe vincularse a la unidad de hecho que producen las grandes movilizaciones, que aun así tienen  metodologías diversas. La resistencia es una categoría interna de la vida emancipada. A todos nos compete.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Pero dirigen la atención de la Unidad necesaria hacia zonas donde actúa un nuevo espíritu político, libertario, juvenil, preocupado por formas de vida que se lancen a despertares elocuentes de la vida renovada. Los nombres de militantes que vos mencionas, Daniel, pueden abrazarse en el Congreso. No desdeño esta cuestión. Pero el sello de cualquier abrazo lo debe dar por fin el reconocimiento de los momentos dominantes donde en el inmediato pasado se mostró innegable voluntad de transformación, en un mundo acechado por múltiples peligros, tanto a la democracia, a la vida como a las múltiples experiencias de la existencia colectiva y disidente. Este escrito muestra algunas discordancias con el tuyo, Daniel, pero reafirma el respeto por tus preocupaciones, tanto más relevantes en cuanto provienen del gran artista que sos.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Horacio González, 28 de diciembre de 2017</p>
</div>
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		<title>Humanismo y terror &#8211; Por Horacio González</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/humanismo-y-terror/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jan 2018 20:53:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ante los múltiples y mancomunados rostros del terror capitalista, Horacio González propone el Humanismo crítico no como una solución progresista o desarrollista de izquierda sino como una nueva forma de unidad para combatir esos rostros que producen las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div id="jcc4pwtg" class="txtNew">
<p class="font_8"><em>Ante los múltiples y mancomunados rostros del terror capitalista, Horacio González propone el Humanismo crítico no como una solución progresista o desarrollista de izquierda sino como una nueva forma de unidad para combatir esos rostros que producen las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”.</em></p>
<p class="font_8"><strong>Por Horacio González*</strong></p>
<p class="font_8"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>
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<p class="font_8" style="text-align: justify;">Las palabras tienen la extraña característica de burlarse de nosotros, sus tímidos usuarios. Hay un momento en que se apoderan de nuestras pobres lenguas y nos abandonan como niños de pecho, dejando que las sigamos usando aun cuando poco o nada signifiquen. No obstante, se mantiene firme la expresión “capitalismo”, pues al sentirse confirmada en la historia –ese suelo irrebatible que da verdad tácita de forma amarreta, no a cualquiera ni a cualquier cosa que sea-, sigue y sigue. El socialismo, su enterrador, no hizo poco para cumplir su papel. Pero en sus más decididos aspectos, tropezó con formas políticas más drásticas que las que le permitía el contacto fraterno que siempre tuvo con el pensar libertario, y en sus formulaciones más débiles, adoptó las de las socialdemocracias europeas de comienzos del siglo XX, que quisieron vivir de su dulcificación. Postuló crear grandes sindicatos que tuvieran afortunadas negociaciones con las poderosas empresas, de modo de ir inclinando progresivamente del lado rico al lado más necesitado, el reparto de la renta nacional o internacional. Esto último si tenemos en cuenta el keynesianismo de Bretton Woods, que aun siendo más generoso que lo que mostró su criatura, el FMI, también boyaba en las aguas del capitalismo de posguerra.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Aliado a las sucesivas reformulaciones tecnológicas, aun sin dejarnos abismar por una teoría energética del desarrollo de la humanidad, el capitalismo ha marcado la hora mundial en los dos últimos siglos, desde el combustible de carbón al motor de explosión, y de éste a las economías digitales. El capitalismo es su tecnología, y ésta es su pensamiento y su sensibilidad última. Han cambiado las formas de plusvalía que tan meticulosamente analizó Marx en 1867, pues no son ahora las de la producción directa de excedentes no remunerados del trabajo, sino que se amplían a las esferas jurídicas, simbólicas, comunicacionales y subjetivas. Por esto último, entiendo también una “tecnología” –no lo que abusivamente denomino Foucault de ese modo, una forma del cuidado de sí mismo- sino a una alianza entre la inmaterialidad de la existencia colectiva y la matriz de innovaciones sobre la materialidad de los consumos. Entendiendo por consumo una forma del tiempo, de circulación y de pensamiento. Allí está ahora la plusvalía. Lo que no conocemos ni reconocemos en nosotros mismos de aquello que somos capaces de concebir o imaginar. En esa brecha el capitalismo reaparece no con la forma de una mercancía objetiva sino bajo el llamado de una construcción imaginaria del yo. Rehace, incluso, la vida popular en casi toda su extensión.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El ideal capitalista, de borrar lo humano bajo un conjunto de abstracciones vivas –sustraídas de los ex vivientes que ofertaron a él su cuerpo desnudo-, parece haber triunfado en configuraciones que trasladan la idea de máquina a la idea de experiencia humana. Lo humano se sujeta ya a la experimentación total, en vez de situarse como depositario último del orden de las tecnologías.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">No ocurre esto con una coacción visible, sino con el suave arrullo de millones de imágenes, a veces de fina orfebrería, y otras veces, midiendo las microcélulas de nuestros sentimientos a través de mega estadísticas que usurpan lo cotidiano a través de una desconocida matemática que traza destinos y experiencias vitales. No se trata, entretanto, de evadirnos de imágenes ni entrar en los pesares de una persecución imaginada, que nadie nos hace, porque de por sí, ya estamos sitiados. Vivimos como fugitivos sacándonos selfies.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">Creo un error denominar “capitalismo serio” a cualquier proyecto popular, justificándolo en las conocidas dificultades mundiales: poblaciones mutantes, náufragos que huyen, imperialismo de la circulación digital, ciudades vaciadas en favor de la productividad de la circulación de máquinas y subjetividades, vidas populares arrancadas de su cuajo, intereses políticos quebrados en su autonomía interna, ilegalidad como forma económica suprema. No hay neoliberalismo sin capitalismo. Y ésta es una apuesta grandiosa a la ilegalidad de toda operación sobre los flujos financieros, afectivos y políticos.</p>
</div>
<div id="jcc62r8d" class="txtNew" style="text-align: justify;">
<p class="font_8">Creo también que esta nueva situación –donde crecen todo tipo  de peligros-, no se resuelve postulando una variante de tal o cual socialismo. También él se convirtió en palabra que intenta salvarse por la vía de la seriedad. Pero sus vástagos son portadores de un nombre sin sujeto. Una nostalgia también puede ser negociable. La prueba la tenemos entre nosotros.</p>
<p class="font_8">Una nueva forma de unidad para combatir estos rostros del terror que producen, mancomunados, las alianzas financieras, comunicacionales, jurídicas y estado-represivas, no debe tener un nombre fijo que ya ha hecho su tránsito, por más venerable que sea. Ante este capitalismo, una unidad social-política no es una sumatoria de pedazos subsistentes, por más que los estimemos como nadie y nos sigan respirando a nuestras espaldas. Los escuchamos. Pero es necesario correr la mirada hacia otros ámbitos, no digo novedosos en su brazada total –no creo que exista ese tipo de novedad-, sino novedosos en un nuevo uso de una parte dormida de viejos diccionarios. Lo novedoso sería despertar de otra manera una palabra distraída en nuestra lengua embarrada.</p>
<p class="font_8">Propongo la palabra humanismo, con el agregado de la palabra crítico.  Es palabra al parecer gastada. Pero su gasto, creo recordar, fue bueno. Y entonces, puede seguir siendo invocada al servicio de lo que desde siempre está llamando, a lo humano sin más. Pero no sin crítica. Lo humano que se sabe a sí mismo en medio de una decisión, de una indagación sobre sí mismo, de una intervención cesárea que comprueba su subsistencia pensante, sintiente y productiva. Nada es proyección de un sujeto hacia afuera si simultáneamente no lo alberga la inquietud de reponer en su sí mismo lo que abandona hacia lo comunitario.</p>
<p class="font_8">Humanismo crítico, entonces. Un pensar sobre sí que reúna un deseo de retomar hilos abandonados de una historia. No una solución progresista o izquierdista o desarrollista de izquierda –como sea, y sin despreciar ninguna-, sino un anticapitalismo que no actúe ni a ciegas ni se llame a sí mismo “serio”. Pero todo él, dicho de manera propicia para crear ámbitos que nucleen a los que sin saberlo, ya han transitado por este humanismo crítico, el otro nombre que respira hacia adentro para decir anticapitalismo. Pero decirlo bajo el signo de economías existenciales y existencias culturales que buceen en otros barrios de la vida histórica, popular e intelectual.</p>
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<p class="font_8" style="text-align: justify;">Para ese tránsito, hay obvios antecedentes en el mundo. Pero solo quiero mencionar los de nuestro país, que están inmersos en su propia historia y se confunden con ella. Solo que hay que rescatarlos de su uso “capitalista”. Daré ejemplos. El último Alberdi, del Crimen de la Guerra en adelante, sacándole su prematuro amor por los síntomas de la primera globalización y sus fobias contra las poblaciones que preexisten a la gran inmigración. No es poco lo que hay que hacer allí. Ayuda el primer Alberdi, el de la filosofía romántica como sujeto social y jurídico de un país. Carlos Astrada, con su idea de los mitos propiciatorios y su crítica a las escatologías. Una y otra, contradictorias, son un horizonte a desbrozar. Revisión del tema del honor: desde el Decreto de supresión de honores de Mariano Moreno al “renuncio a los honores y no a la lucha” de Evita. La tesis del cacique Oberá, Resplandor del Sol, gran leyenda que va desde Martín Del Barco Centenera a José María Ramos Mejía, como índice primigenio de libertad sudamericana.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El krausismo del yrigoyenismo, extirpado de sus vaguedades. El humanismo social del primer peronismo, retirado de sus catecismos obligatorios. El periódico La Montaña de José Ingenieros y Leopoldo Lugones (1897). El tema del traidor y del héroe, de Borges. La feminista Fenia Chertkoff, el coronel Chilavert en la batalla de Caseros. Las discusiones sobre la obra Ollantay,  tal como fue retomada por Ricardo Rojas. La izquierda sin sujeto, filosofar primero de León Rozitchner y la Correspondencia Perón-Cooke. El humanismo invertido de los Cuentos fatales (Lugones) y Los 7 locos (Arlt). La literatura colonial revisada y criticada a la luz de la literatura gauchesca, criticada ésta también considerando sus proyecciones contemporáneas.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">José Ingenieros extirpado de su momento cercano a crear una “raza argentina” y tomado en su momento latinoamericano. El humanismo dadaísta de Cortázar que atraviesa postreramente el tercermundismo. El José Martí de Martínez Estrada. La Carta de Walsh a las juntas. El solicitante descolocado y Eva Perón en la hoguera de Leónidas Lamborghini. Moisés Lebensohn y César Tiempo. La imposibilidad de creer, de Macedonio Fernández. Los artículos de Raúl Scalabrini Ortiz en la revista Qué. Fermín Chávez. Arturo Jauretche. Hernán Benítez. La revista De Frente, de Cooke. Adán Buenos Ayres de Marechal. Tartabul, de David Viñas. Respiración Artificial de Piglia, Runa de Rodolfo Fogwill. Leonardo Favio, Quinquela Martín y Gorriarena, Alejandra Pizarnik y Liliana Maresca. Las obras de Carri, Laclau y Casullo. Estilos tecnológicos de Oscar Varsavsky. Rodolfo Puiggrós y Hernández Arregui. Silvio Frondizi. Esteban Echeverría y Héctor Agosti. Bayley, Viel Témperley, Mastronardi y Juan Laurentino Ortiz, J. J. Saer y Di Benedetto. Hugo del Carril y Elías Castelnuovo. Alfredo Varela. Contorno. Cristianismo y revolución. Poesía Buenos Aires. Pasado y presente. Cuchi Leguizamón, Castilla, Yupanqui, Homero  Manzi, Cobián y Cadícamo, Homero y Virgilio Espósito. Spinetta. Los martirologios antiguos y presentes.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El menú es variado, como se ve. E incompleto. Nada tomado al pie de la letra y todo sujeto a revisión. La historia social, económica, tecnológica e intelectual argentina debe ser reescrita. Una nueva bitácora. Si no les gusta tengo otra. Todo nos interesa porque a todo quieren destruir, desautorizar, despreciar.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">El terror nos abarca, en forma sutil a todos, a otros los alcanza con sus balas para las que pide justificación popular. Ante eso, deberemos pedirle audiencia a estos cables de alta tensión del memorial argentino –que no  se agotan aquí-, que deben ser de consulta obligatoria. Yacen allí a la espera un humanismo crítico, de naturaleza social frentista, que aglutine memorias y esfuerzos para desatar las lianas de gaseoso terror que van queriendo esparcir desde las farmacitys estatales.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">(1) Humanismo y Terror, obra de Maurice Merleau-Ponty, traducción castellana de León Rozitchner.</p>
<p class="font_8" style="text-align: justify;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</p>
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		<title>Cuando escucho la palabra Grieta &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Mar 2018 17:10:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[2019 elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[Grieta]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Oscar Landi]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[PRO]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La palabra Grieta lanzada por los intelectuales de la Televisión, los politólogos y las Grandes Redes, pasó a ser parte del lenguaje político habitual, tanto en el oficialismo como en la oposición. El desafío del ser político es analizar críticamente los dispositivos lingüísticos de la administración neoliberal, que es la forma en que hablan los grandes medios de comunicación.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">La palabra Grieta lanzada por los intelectuales de la Televisión, los politólogos y las Grandes Redes, pasó a ser parte del lenguaje político habitual, tanto en el oficialismo como en la oposición. El desafío del ser político es analizar críticamente los dispositivos lingüísticos de la administración neoliberal, que es la forma en que hablan los grandes medios de comunicación.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Horacio González*</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No creo equivocarme demasiado si a estos tiempos marcados por la urgencia política, igualmente los considero como de una serena pero exigente discusión sobre el punto en el que estamos en ciertas materias de actualidad política. Ellas reclaman rápida resolución. Pero como digo, no sin abandonar la idea de que aún no sabemos enteramente qué es lo que tenemos enfrente. Al macrismo me estoy refiriendo. Como está en las vocaciones de todo opositor conjugar fuerzas, surge la conciencia inmediata de forjar una entidad múltiple de oposición (“un frente”) ante la capacidad destructiva de este fenómeno tan dañino y escurridizo que se apoderó de los nervios del gobierno y de las conciencias. Así arribamos enseguida a un pensamiento de sumatorias y cosidos rápidos de varias piezas que le presenten un eficaz antagonismo. Lógicamente se precisan definiciones de todas las palabras que acabo de emplear. En qué consiste el daño que produce el macrismo y cómo se constituiría la fuerza que consecuentemente lo desafiaría.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son necesarios entonces un conjunto de conceptos operativos que permitan definir el qué o la modalidad capital del macrismo, en tanta epistemología general de la época. Uso deliberadamente estos rimbombantes conceptos que incriminan de academicismo vulgar a cualquiera que los mente, para que a través de esta desmesura pueda percibirse a dónde quiero llegar. El macrismo es una combinatoria de piezas resbaladizas que presentan dificultades en su  detección; se ajustan con mucha servicialidad a esta época mundial, pero es evidente que más allá de generalizaciones no carentes de importancia sobre la globalización tecnológica y las administraciones novedosas del lenguaje neoliberal, aún resta la impresión de que el macrismo –quizás haciendo honor a las voces de ritual anónimo de las sociedad que bautizó al presidente como “gato”-, tiene varias sobrevidas y trabaja sobre varios paños, evitando el cerco final.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No sería desaconsejable intentar definir el macrismo a partir de sus varias continuidades de sedimentos preexistentes en la inmediata historia nacional. En primer lugar, del peronismo. Coincidiendo con la inevitable labor de un tiempo que carcome y adelgaza la memoria –su continuidad y eficacia-, el peronismo fue progresivamente roído por rituales sabidos y cristalizaciones conservadoras, en el mejor de los casos, con su único reparo en su anclaje en la vida popular. Es cierto que en los 90 hubo un Leonardo Favio que recordó de qué modo los grandes fetiches nacionales sacudían la imaginación colectiva y hacían de lo popular un profetismo trágico, una ópera que canta siempre el pasaje circular y fúnebre de la felicidad al sufrimiento, y vuelta otra vez. Y hoy un Santoro que con su alegorismo de teologías esotéricas, hace estremecer poniendo en escena un peronismo vivo porque es una sección del milenarismo de ciertos íconos propiciatorios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero no hay nada de eso; son nombres despellejados que permiten que personajes diversos que se proclaman peronistas, actúen en cargos de gran importancia en el macrismo, y que el macrismo se vea como superestructura final de abrigo a importantes sectores de las masas populares que fueron peronistas y aún se perciben a sí mismas como tales. Son vastas parcelas que están acosadas por la pobreza, la economía del sub-capitalismo de la droga y por formas delincuenciales especializas en la acumulación primitiva, en alianzas con diversas secciones policiales, ejerciendo controles territoriales en zonas de carencias. Que aun así tienen una existencia basada en la circulación de mercancías bajo el poderoso influjo de una ilegalidad controlada.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"> Todas esas franjas sociales fueron acosadas por una producción simbólica –debe haber mejores formas de denominarla, que las llevó a considerar que era preferible un gobierno que se mostrara cabalmente policialesco antes que socialmente cauteloso al analizar las raíces sociales del mundo de las ilegalidades.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es conocido el hecho de que el gobierno introdujo sus cuchilladas semánticas en esos sectores agraviados que, por razones  diversas, se  fueron alejando de los solidarismos de clase o  de condición carencial. La ayuda estatal fue considerada una subvención a los “vagos y malentretenidos” y una amenaza a los que sostenían precarios trabajos venida desde sus mismos cantones, del vecino de al lado. El macrismo se presentó no solo con un programa respecto al trabajo –cuyo costo se debía disminuir-, ante el Estado –cuyo personal era tratado desdeñosamente como supernumerarios o aprovechadores-, ante los empresarios de todo tipo –a los que le aseguró exenciones y privilegios, desde que el gobierno integraba sus mismas filas-, ante el mundo como un ente poroso a la intervención de cualquier núcleo de ultra poder financiero, desde que ellos mismos los integraban como socios minoritarios y desde luego usufructuando la ilegalidad a gran escala de la “globalización”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero agregándole a todo esto una presentación ante los sectores populares como propia de los que traían orden al  desorden, neutralidad profesional ante las ideologías y combate policial ante los focos de inseguridad, prácticamente convertidos en motivos de una guerra interior.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El tono general de extorsión que tiene el gobierno, va unido a renovadas astucias embebidas del desenfado de una nueva derecha. Al contrario de las tradicionales, no tiene obstáculos mentales para tomar temas “populares” o “progresistas” o de “bienestar urbano”, sostenidos por un individualismo utópico que provoca signos de aprobación conservadora en sectores populares muy amplios, tocados también por un lenguaje de seca intensidad angélica sobre el Mal, donde se incluye a corruptos, drogadictos, kirchneristas, es decir, los arteros enemigos de la sociedad y del pueblo. Ni es fácil decir porqué esto prosperó ni resulta liviana ahora la tarea de explicar esta falta de coincidencia –no enteramente novedosa pero siempre sorprendente-, entre los viejos intereses sociales de las clases trabajadoras y sus comportamientos en la esfera política. Ocurre en todo el mundo, y desfibrar estos nudos será fruto de nuevas modulaciones de la imaginación política.</span></p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://cdn.urgente24.com/sites/default/files/notas/2016/03/15/intratables.jpg" alt="Resultado de imagen para lo panelistas televisivos y la grieta" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La condición es no tratar de parecerse al modo en que el macrismo hizo su campaña –lamentablemente eso se ha hecho-, apelando a ejemplificaciones sobre el mérito, la emulación al individuo triunfante o a la inmersión del político en una indiferenciación con los rostros populares, de modo a simular que el guía es guiado. Impostura siempre rendidora.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La magnitud que tiene el macrismo como empresa disgregadora del vínculo social, la memoria común y el estilo político argumental con la idea de conflicto fecundo en su centro, es muy grande, sumamente inaudita. Usa los implementos políticos tradicionales, incluso invoca la ley, pero para vulnerarla sistemáticamente. Ante eso hay un tipo de oposición, con recambio imaginado en 2019, que no consigue elevar sus miras respecto a sus hábitos adquiridos en prácticas políticas profesionales, poco dispuestas a descifrar lo que hay que por delante, y por el contrario, a pispear como pueden emularse las técnicas de persuasión que han utilizados los actuales triunfadores. Mi reino por un focus group.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Lo que tenemos enfrente es un ejercicio profundo, cínico y sistemático por revertir los resortes heredados de las conciencias políticas. Estas se debaten en discordancias y conflictualidad, y por eso  emergen como una parte quebrada y tachada de una totalidad que nunca se cierra sobre sí. Cuestión de la fluidez de las luchas sociales entre intereses (y pulsiones) opuestas que fueron brutalmente sustituidas por otro lenguaje. Se trata ahora de la grieta. Ellos inventaron la palabra que equivale al Mal.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Qué es la grieta? ¿Por qué una vez lanzada por los <em>intelectuales de la Televisión</em>, las Grandes Redes, las contaminaciones lingüísticas acogidas bajo nombres con Hashtag y Trendic Topics, pasaron a ser parte del lenguaje político habitual e incluso hay personas que hacen tesis universitarias, no para ver cómo se ejerce la invención de palabras en las usinas retóricas de los GM (grandes medios) sino como si fuera un concepto serio? Por intelectuales de la televisión –como decía Oscar Landi-, me refiero a entrevistadores, editorialistas, locutores, chimenteros, toda emisión verbal allí acontecida, que a veces parece trasladarse en un rápido patinaje sobre hielo a la verba siempre escueta de nuestros  políticos, por no decir de los académicos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es decir, toda recomposición de una fuerza popular debe reaprender un idioma, y saber qué partes importantes del anterior –el tercermundista, el de la emancipación, el  de la democracia participativa –fue incautado y destrozado por el macrismo, adoptando en los Orfanatos o Casas Cunas Oficiales a los desamparados de estas lenguas que parecerían prehistóricas. Lo serían si estuvieran apenas enfocadas con una mirada plana, es decir la política iluminada a pleno y de frente, como si no hubiera arrugas, olvidos, oscuros rencores, líneas quebradas, imposibilidades a la “acumulación”, que parece tan a la mano, y sin embargo está recubierta de baches que se tornan inexplicables. Mucho más lo son si nos ponemos mordazas voluntarias en la lengua, acordes a la deshistorización general que campea.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Debido a esto, los eventos de 2019 que se presentan como una posibilidad y un obstáculo, no pueden ser tratados con el mismo sistema de símbolos y concepciones frentistas que ya fueron todas voladas por dentro. El macrismo inaugura el Día de la Violación de la memoria política argentina. ¿Qué hicieron muchos? Los que podían protegerse, a pesar de haber estado en lugares expuestos, lo hicieron. Si estuvieron en las márgenes, en fronteras de exploración, vestidos de nuevos progresistas o centro izquierdistas del peronismo, rápidamente volvieron a los hangares de refugio, donde las carpetitas, los carpetones y los carpetazos a croché hacen con muchos un paréntesis extorsionador. No hablo de nadie en especial. Me fijo apenas en estilos y métodos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En torno a esta situación, entonces, no cabe un pan- peronismo previo a cualquier otra revisión de los tiempos históricos recientes y las lenguas específicas que usamos para tratarlo y formular proyectos de distinta índole. Si el peronismo está en juego –mucho más por sus importantes zonas de superposición con el macrismo- lo está también el radicalismo –por lo que ya parece imposible de recuperar, salvo las dignas excepciones conocidas, ciertamente muy minoritarias.- y la izquierda, que si tratada genéricamente debe ser también nuestro punto de vista, y vista partidariamente, el mantel servido de una discusión difícil pero a la que debemos disponernos. Otra cuestión fundamental es la de la iniciativa, la voluntad de despegue de las rutinas de aquello que parece una planicie dominada por la estulticia macrista, que hace décadas hubieran sido llamados los “vendepatria”, rápidamente denunciados, y hoy tenemos que esperar que de las canchas de fútbol salga un lanzazo de disconformidad, y que, acaso equivocándonos, lleguemos a decir que ya todo comenzó de nuevo, que es momento de sacarnos de encima el más comprometido “vamos a volver”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No me parece, son parte de algo onírico, pues la política de composición realista, con lo necesaria que es, no es lo único que hay. ¿O no tenemos papistas entre nosotros? Nos falta un examen más minuciosos de los movimientos de la economía popular, los lazos con las formas hoy mucho más complejas de la religiosidad popular, la redefinición de la expresión “pueblo”, la creación de una voz poderosa que exprese la desazón y al mismo tiempo la bienaventuranza –esa voz hoy lamentablemente no está-, la formulación de un horizonte intelectual que no le tema a esa palabra y que no ceda a las simplificaciones que surgen del achatamiento que abate al país, y el rechazo de las lenguas inventadas por agencias de creación de íconos de rapiña lingüística. Es lo que hace  que compañeros y compañeras tomen sin examen previo las mismas palabras del analista de turno de la televisión para analizar nuestro caso.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es el momento de los politólogos, y esta palabra, en su expresión mayoritaria, ha provisto análisis aparentemente rigurosos del macrismo, que resultan luego en sus mejores  justificaciones. La tarea es inmensa y no vale el concepto que recorre por todos lados las bocas parlantes, que “con esto estamos ante lo necesario pero no ante lo suficiente”. Que “no alcanza”. Lo que no alcanza es decir que no alcanza. No hay acumulación lineal como quien enfila granitos de más en una fila infinita hasta que Hansel y Gretel lleguen a la Rosada. No va a ser así, hay que estudiar en verdad todos los vientos que desordenarán siempre, todos los días esa filita de granitos inocentes o no. Debemos ser a veces tan exactos y a veces tan inexactos como los meteorólogos, porque el tiempo no se pueden encasillar con talles de sastrería.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Y cuando escuchamos la palabra grieta, como si alguien escondido ante nuestro paso sugiere de repente y dice ¡Buhhh!, no nos asustemos y no la empleemos nosotros mismos, porque ya viene envuelta en celofán venenoso, con ponzoña de politólogo oficial. Es una palabra tortuosa, viene del mundo gótico, habla de un fondo oscuro y dantesco, donde se despeñan los réprobos, maldecidos por una teología burlona que se preparó para infamarnos deliciosamente. Por eso cada vez que la usamos descriptivamente, nos hundimos conceptualmente.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero hay que saber que buena parte del ser político es comenzar a hablar de otro modo que no sea el de ellos, por lo que nuevamente debemos volver a los diccionarios del pueblo-nación y del hombre y la mujer crítica, los que critican su propia vida para criticar el dispositivo que nos abochorna y nos anula. No hablo de tener una “política cultural”, que sin embargo no la tenemos. La verdadera cuestión es salir de la malla del político profesional en la que estamos envueltos, que es casi la misma con la que escuchamos hablar en los grandes medios de comunicación. No tienen la culpa. Pero su tema más sigiloso e importante, desde siempre, fue la Culpa. Hacer política profunda hoy, es deshacernos de ella merecidamente.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 7 de marzo de 2018</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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		<title>Peronismo y humanismo crítico &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Mar 2018 14:48:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
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		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González analiza las implicancias del llamado a la unidad del peronismo y sostiene que la base de un frente capaz de derrotar al macrismo está en la capacidad de amalgama de todos los que perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país. La peronización del macrismo y la urgencia electoral es otro de los puntos de análisis de González en este texto.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/peronismo-humanismo-critico-horacio-gonzalez/">Peronismo y humanismo crítico &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong><em>Horacio González analiza las implicancias del llamado a la unidad del peronismo y sostiene que la base de un frente capaz de derrotar al macrismo está en la capacidad de amalgama de todos los que perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país. La peronización del macrismo y la urgencia electoral es otro de los puntos de análisis de González en este texto.</em></strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Persiste el ciclo del peronismo? Es necesario que los peronistas que actúan como tales –es decir, respondiendo sin mayores exigencias al llamado de una identidad-, perciban bien el modo profundo de esa significación, y por lo tanto, qué implica un llamado a la “unidad del peronismo”. A nadie puede dejar de llamarle la atención, ahora, que se llaman peronistas personajes ubicados en lugares de fuerte expresión política en el esquema macrista. Están tan a la vista, que el pensamiento crítico, absorto, no alcanza a dar cuenta de ello. ¿No será entonces mejor dejar de lado la reflexión sobre el jefe de la bancada <em>macrista</em> en el senado, el senador <em>peronista</em> Pichetto; el jefe de la bancada <em>macrista</em> en diputados, el <em>peronista</em> Monzó, los numerosos peronistas que votan la legislación que hace aprobar el gobierno en las cámaras, y los notarios gobernadores peronistas que rezan, y no sólo por intereses de “gobernabilidad presupuestaria”, por el cuadro de insignias del angélico presidente Macri y la incauta libélula Vidal? El que desee ingresar sin problemas al dilema existencial que propone la llamada “unidad del peronismo”, es aconsejable que aparte ese cáliz del peronismo enterrado por convicción en las arenas cambiantes de cambiemos. Pero esas arenas resisten con su difusa identidad a los juegos de espejos macristas a pesar de todos los temas que figuran en la carpeta del peronismo clásico; estatizaciones –se niegan-, industrialización –se la combate – distribución de la renta –se la hostiga. ¿Entonces el peronismo sería un rincón cultural de la conciencia que podría abarcar cualquier plan económico? Esta idea el menemismo no la inventó, pero la promovió por doquier. ¿Es la misma que se invoca hoy? Fijeza cultural y mutabilidad económica. ¿Es serio eso?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No cabe duda que pensar las cosas así, escudito en la solapa e integración a todos los planes neoliberales “exitosos” que se presenten, es el colmo del oportunismo, para calificarlo de una manera clásica. Los promotores de la “unidad del peronismo” en su trazo más grueso, ponen cierto empeño, a veces más o menos leve, en aclarar que esos peronistas no entrarían en la “unidad peronista”. Pero de inmediato se genera el problema de las categorías, “exhaustivas y excluyentes”. No se diga entonces que está aclarado este problema.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El peronismo sin más está atravesado por todas las reales y efectivas contradicciones económicas y existenciales del momento. Así que su unidad podría ser –por hablar filosóficamente- una mala infinitud. Se pensará que esto siempre es así; pero más fácil será decir que este sería un peronismo para reemplazar al macrismo, más o menos en sus mismos términos, corrigiendo tal o cual exceso en la política económica, tal o cual exceso en la “política verbal”, tal o cual exceso en la súper-representación de los intereses empresariales en estado puro, un empresario de sector = un ministro. Ahora bien, podrá decirse que esto es considerar con mucho escepticismo el modo en que se usa el vocablo “peronismo”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No lo es. Ningún compañero que se sienta incluido en esa identidad debe dejar de pensar en esos temas precisamente en nombre de una expresión verosímil e histórica de la identidad. Porque no existe un peronismo “verdadero”, que sería el que depurado después de sacarles las crestas menemistas, macristas, y que al final de la larga marcha hacia el carozo, no deje aparecer un Perón concluyente: tercermundista perfecto y para los más exigentes, un Cooke lector de Sartre o de Lenin. El peronismo es sólo y nada más que una memoria, y eso no es poco sin mucho. Son los que lo emplean para colocarlo como etiqueta de unidades indiferenciadas, como frascos de una farmacopea, o que toman todo según uno de los lados de la perinola, los que usufructúan el último mendrugo de la innegable capacidad que tiene esa invocación –que resuena con tintes dramáticos en los pliegues rememorantes del colectivo social argentino-, para congregar a entusiastas compañeros.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Que nadie sienta esto como una ofensa. El peronismo es un campo nominalista donde todos, incluso el macrismo, en especial el macrismo, hacen sus operaciones. Es el territorio donde no hay impostores porque de antemano se ha sustraído la idea de verdad. Al no haber peronismo verdadero –salvo el que sepa recrear como un hilo vibrante del pasado trágico del país-, tampoco hay impostores, sino solo especuladores del diccionario venerable de la historia nacional. Es duro decirlo, pero es así. La historia del peronismo hecha con criterios reformuladores y actuales está por hacerse porque lo impiden –sin saberlo, acaso debemos decir-, los que lo invocan protegidos, aún hoy, por la infinidad de frases contradictorias del General, una de las cuales siempre va a caber en el repertorio copioso de los practicantes habituales de la política no menos habitual.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para tener la conciencia tranquila frente a la historia del peronismo, hay que hacerla no como un historiador profesional con documentación exquisita en la mano, sino recordando todas las palabras que hemos empelado en nuestra vida militante que creímos que anudaban las necesidades de un presente dado con una herencia que obligatoriamente nos pertenecía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Tampoco es así. El peronismo formuló una maquinaria arácnida, iba desde el “peronistas somos todos” hasta la expresión habitual de la invectiva de “traidor”, y desde “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” hasta “si un peronista se cree más que lo que es, se trasforma en oligarca”. Evidencias de una identidad siempre en movimiento, lo que le garantizaba perdurabilidad y al mismo tiempo le daba tal dispersividad, que finalmente producía ortodoxias tan diversas, que cada ortodoxia tenía como reverso su propia heterodoxia. ¿Pero entonces no hay un piso mínimo de aglomeración de hechos que permita reconocer la identidad a través de sus mutaciones, y las mutaciones a través de la identidad?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Con el menemismo ya se hizo difícil pues estaban dispuestos a abandonar la idea del Estado centralizador y la soberanía económica del país –piezas molares del peronismo-, pero se mantenían ciertos rituales, diversas heráldicas, la idea del “jefe”, que además, en este caso, tenía una gran capacidad adaptativa, incluso reflejada en las estetizaciones diversas a las que era sometida su figura.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Miles y miles de peronistas aceptaron que ese nombre quedara como un pellejo vacío en cuanto a su memoria programática misma, mientras seguía en uso el conjunto de ritualidades, con su fuerza dramática tan reconocible. El mismo Perón, cuando consideraba las etapas con las que evolucionaba toda historia, mencionaba un período de construcción ideológica (equiparable a los enciclopedistas franceses), otro de institucionalización  y otro de consolidación doctrinaria. Así hablaba. Como sea, esta esquiva sucesión de etapas, con el que todo proyecto político sueña prolongarse en la historia, no tiene siempre la misma suerte de la Revolución francesa, quizás la que lo habría cumplido más acabadamente. De la publicidad de ideas a la creación de instituciones ya sólidamente rocosas, impermeables a lo social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La perdurabilidad casi siempre tiene que ver con el exceso de ritualización. En el caso del peronismo, fue alcanzado de distintas maneras por la paradoja central que lo fundó, postular la unidad nacional (y para ello era necesaria una movilización de masas que a la vez originaba rechazo) y promover un lenguaje revolucionario (que entretejía los ecos de las dos grandes revoluciones contradictorias de la época, y producía una división en las izquierdas y el nacionalismo). Toda esta complejidad estaba destinada a perdurar menos por su audaz operación política –que cerraba un ciclo entero en la Argentina-, que por los picos dramáticos a los que alcanzaba el peronismo con los constantes sacudones en la escena política. El concepto de “movilización”, tomado de viejas doctrinas prusianas –que en algún momento molestó al entonces peronista Carlos Astrada-, el fresco resumen de todos los enemigos en la idea de “oligarquía” –que atrajo a no pocos sectores de izquierda-, y el gusto por las vicisitudes cambiantes que elevaban la temperatura social constantemente, fueron núcleos de atracción del peronismo histórico que explican su arraigo y verosimilitud. Primero, el cautiverio de Perón y el modo en que irrumpió en la Plaza de “las patas en la fuente”. Luego, el bombardeo a la Plaza del 55; antes la ruptura con la Iglesia –uno de los pilares del 45-, después el vertiginoso incendio de las iglesias, los años de exilio, y un Perón que poco a poco se asentaba en lo que llamó “el rol de padre eterno”. La adopción del nombre de “resistencia” para miles de grupos, no necesariamente interligados entre sí, que se caracterizaban por distintos tipos de acciones contra los sucesivos gobiernos que habían proscripto al peronismo, generaban acciones arriesgadas y no pocos martirologios. Y como cierre de un largo ciclo de casi dos décadas, la vuelta de Perón, dónde tenía que optar qué actitud tomar frente a las “formaciones especiales “ –prefirió llamarlas así-, que eran un fuerte síntoma de época, entre el tercermundismo, los socialismos en cada nación dependiente, y la lucha armada como método de acción, todo lo cual hizo de los dos o tres años que antecedieron al gobierno de Perón, un ramillete de actividades entre la tragedia colectiva y el festejo de las figuras más arriesgadas de la hora, en el itinerario iluminado del “guerrillero heroico”. ¿Cómo no ver estrías poderosas de la memoria allí?</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://adribosch.files.wordpress.com/2015/10/elecciones-2015-2108528w620.gif?w=620&amp;h=349" alt="Resultado de imagen para peron menemismo" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo esto ocurrió en una napa superior de la actividad histórica, donde se movían miles y miles de nuevos movilizados, en una suerte de nueva superestructura cultural radicalizada que tenía distintas contemplaciones, alianzas  o aversiones hacía lo que permanecía, esos aires graníticos del antiguo peronismo doctrinario, que tenía su propia lista de sacrificados y su lenguaje ya definitivamente cerrado en una doctrina que admitía adhesiones de lenguas diversas –la de Arregui, Puiggrós, Jauretche, el marxismo nacional, el fanonismo sartreano populista, el malditismo cookista etc.-, pero que en su fondo último tenía guardado las 20 verdades, clavadas en la carne social durante la década estatal del peronismo, fortísima en dictámenes, consignas, imágenes, historias de redención. Y por añadidura, el “llevo en los oídos una música maravillosa”, que derramaba hacia un futuro de improbables lo que sin embargo es un balance siempre pendiente entre las acciones de igualitarismo social, de redención grupal, de astucias políticas diversas –en general arropadas bajo el nombre de “conducción”-, y de guerras internas, tal como las satirizó Soriano en su momento, pero que tenían más gravedad que el aire bufo que este novelista les dio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Al ocupar toda la escena, el peronismo –como obra magna de su conducción basada en “si voy con los buenos me quedo solo”, protagonizó una batalla campal en su propio seno, literalmente expresada en Ezeiza en 1973, donde puede considerarse que se cierra su ciclo vital.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Dicho esto, el peronismo en su forma activista y operante –en su praxis y su estética-, ha cerrado su productividad histórica. Pero no es lo mismo si lo consideramos una memoria abierta a múltiples significaciones, que deben originar –en los grupos y personas que lo invocan-, una actitud interpretativa novedosa. Una hermenéutica social, democrática y de izquierda popular, regida por lo que provisoriamente llamaremos un humanismo crítico. Ya en el intercambio de cartas entre Jorge Alemán y Ricardo Forster se esbozan estos lineamientos. Pero aunque inspirados en ellos, me hago cargo también en su integridad de lo que aquí se dice.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es evidente que hay una urgencia en 2019. La urgencia es una interesante categoría política. Significa que el tiempo es un ser inaprensible y pone límites a todo sin que sepamos cuándo ni dónde. “Actuamos a contrarreloj”. ¿Cuándo no es así en la acción política? Toda la discusión sobre el agrupamiento de fuerzas debe tener una dimensión temporal –en  este caso el ciclo electoral-, una dimensión cualitativa –el Frente se rige por una conceptualizad explícita y pública, en general de índole programática-, y una dimensión trans-profesional. Esta última se refiere a como proceden los políticos profesionales y cómo debe proceder el político de lo que surge, ante el numen de la urgencia que para muchos, también para mí, debe presidir lo que se haga. Me refiero a políticos que miden lo real en términos de “con esto no alcanza”, o sin esto es imposible pero con esto solo no va. Siempre el pensamiento de la escasez como posible de ser resuelto en una sumatoria de agregados ya existentes, sin que se prevea la emergencia de nada novedoso o contingente. ¡Si la escasez es siempre inspiradora así como está! La política se convierte entonces en un arte de trastienda oficiado por los profesionales que saben lo que “alcanza”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por otro lado, la urgencia tiene que ver también con la posibilidad de afinar la definición de lo que es el gobierno de Macri. Neoliberalismo, sí, de acuerdo. Offshore, of course. Deuda externa que después compran en parte ellos mismos, endeudamientos imposibles de pagar, desprecio del mundo del trabajo, no sólo salarial sino también en cuanto a la dignidad del trabajo, incesante conflicto de intereses, que dicen querer cuidar pero que es el motor interno de este grupo de “asaltantes del poder”, trabajar en forma determinista por los intereses que simultáneamente los poseen –ellos a los intereses y los intereses a ellos-, y que al mismo tiempo “representan” en su condición de “funcionarios con cargos en el Estado”. El Equipo, o sea, la gran conjuración de los tecnócratas. ¿Cómo definirla pues?</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.diariocalchaqui.com/img/2015/12/Macri-y-el-peronismo-1-650x400.jpg" alt="Resultado de imagen para macri peron" /></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VI</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Si recurrimos al saber de los politólogos, conjunto de técnicas gnoseológicas ya casi encaminadas de antemano a justificar las configuraciones de poder que presentan una adhesión actual a lo empírico del presente, esta es un democracia de derecha con los mismos problemas que tuvieron Alfonsín, Menem o Kirchner, donde haciendo suma y restas y aplicando algún que otro algoritmo más, se trataría de un momento constitucional distinto con problemas diferentes –algún que otro tiro por la espalda, varios jueces en la zona de indignidad, algún que otro desliz autoritario del presidente-, pero nada que no sea dentro de lo posible dentro de las democracias, en un mundo que sostiene con dificultad los viejos parámetros progresistas o iluministas. Este diagrama pasa por alto el modo en que la historia carga las palabras, todas las palabras.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No obstante, se tiene la indefinible sensación de que no está todo dicho sobre el macrismo ni que sea posible hacer algo interesante con esa o cualquier otra politología. ¿Cómo explicar las relaciones empresariales y políticas del macrismo, sus dilemas con el mismo mundo del que proviene, sus apuestas osadas para embeberse de cualquier tema que no controlan y especialmente la relación peronismo-macrismo? Está lejos de ser una relación fácilmente catalogable, cuanto más tengamos estos términos en un estante más o menos fijo, donde como conceptos supongamos que ya están dados e incluidos en los diccionarios de alguna real academia. No es así, es claro. Pero tengamos en cuenta el modo en que el macrismo subiste en sectores sociales bajos que se incorporaron sin esfuerzo en su campaña de moralismo ficcional, basado en los casos conocidos y ultra promocionados de la “corrupción” entendida como figura del mal, la inseguridad como forma de la vida que se estrecha, la ciudad como manera de circulación rápida y a la luz de un pragmatismo del orden y de la justicia como frágil cobertor de una venganza sangrienta contra una amenaza exterior, que puede ser un joven delincuente o un narcotraficante como rostros malignos que obstruyen un “ideal de existencia”. Es este estilo la religión de las mercancías macristas. Pero no sabemos mucho sobre el modo en que, a pesar de sus notorias políticas de rebajamiento del nivel salarial y otras consustanciales con este tozudo rumbo, es aceptado como ese tal ideal de existencia, tan indefinible como penetrante en el lenguaje cotidiano, ajeno a los que hablan los políticos tradicionales, pero no Macri con su ignorancia trágica de las complejidades del mundo histórico-social.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De tal modo, la urgencia (electoral) debe combinarse como lo que también urge no menos (la urgencia argumental y enunciativa). Esto último no es aparentemente una zona propicia en las reuniones para crear un frente opositor que se han realizado en diversos ámbitos de país, y se seguirán realizando. Se trata, para decirlo cabalmente, de un problema de índole intelectual que trasciende a todos y que a veces es apartado con desgano en nombre de la primera urgencia sin percibir que es parte de la misma urgencia. Cuál es la de definir el fenómeno por el cual el macrismo se “peroniza” en ciertas áreas de su actuación y el peronismo en sus áreas derechistas y otras no menos difusas, va y viene de los alrededores de Macri y la Vidal, no sólo por explicaciones basadas en cuestiones presupuestarias de los distritos que manejan- comprensibles desde ya-, sino que dejan entrever oscuras y sistemáticas compatibilidades.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Muchas veces la “primer urgencia” –electoral-, deja escapar de la boca de compañeros la idea que el orden intelectual siempre involucrado en la política, puede resolverse acusando a los que supuestamente lo cultivan, de estar en un termo, de hablar en difícil o escribir cosas largas. El problema es conocido, es antiguo y atravesó todas las corrientes de expresión. ¿Para qué repetir lo ya sabido? Ni hay que enrarecer las cosas porque sí, en nombre de deleites “intelectuales “, ni pasearse por los patios de la política olfateando “intelectualismo” a toda costa, denunciado con dos o tres frases de ocasión que provinieron también de intelectuales de la tradición popular, quizás acertados en su momento, pero equivocados en su forzado trasplante al hoy. Estos prejuicios, sorprendentemente, son muy amplios y a veces tropiezan más de la cuenta en ellos, los que quieren verse “embarrados de militancia viva, y no en el tapper”, y nada más que porque fueron a una reunión en algún ateneo suburbano, adquieren el derecho a fastidiarse cuando se desciende a las maquinarias conceptuales últimas de los problemas históricos. Hace siglos que nadie sale ganando exponiendo estas ofuscaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>VII</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No, mis amigos. El problema intelectual en la actual situación tiene varias aristas. Por ejemplo, ¿se pusieron a analizar qué significa la visita de Patti Smith a la Argentina? El numeroso público que se dio cita en el Centro Kirchner es un público juvenil, entremezclado, variado en edades y gustos, motivado por una cantante y poeta destacada de las contraculturas norteamericanas de los años 60. No es eso lo que está en discusión, ni el arte de Patti Smith ni mucho menos las fotografías de Maplethorpe. Sino las condiciones de producción de ese tipo de espectáculos, financiado por fundaciones internacionales –en este caso la Fundación Cartier, una suerte de FMI para artistas de retro-vanguardia-, condiciones de producción que están lejos de ser discutidas por Patti Smith –quizás porque cree estar en un país que se sacó de encima un odioso “populismo”-, y que en verdad corresponden al estadio más elevado de la industria cultural en el mundo, donde ya da lo mismo Alejandra Pizarnik, Duchamp, Perlongher o Aby Warburg. Pues fueron sustraídos de sus propias condiciones existenciales, y ya es el momento de extirparlos de sus mundos lingüísticos y fenomenológicos, para considerarlos como algo más que se le agrega a Lollapallooza o algún torneo de ese tipo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Doy apenas otro ejemplo, más complejo. En estos días el Teatro Nacional Cervantes organiza un festejo sobre el bicentenario de Marx, con figuras intelectuales competentes y grupos teatrales de vanguardia. ¿Quién se animaría a decir que ésta no sería una muestra de amplitud en un órgano oficial de la cultura que tiene la reputación de ese venerable instituto teatral? En los gobiernos Kirchner hubo muchos de esos actos –y alguno de ellos, muy importante, precisamente en ese lugar, con prominentes figuras de la izquierda mundial-, pero más allá de que el kirchnerismo es una proyección inevitable pero no fácil de definir de una mutación del peronismo –lo que hoy, muchos que lo aceptaron en su momento, lo niegan para no caer bajo los balinazos de Madmoiselle et Monsieur Carpetá-, no es difícil aceptar que por ser el peronismo <em>latu sensu</em> una cultura con sus propios héroes culturales, alguno de ellos del primer nivel literario del país, se susciten ciertos resquemores con Marx, con Borges, etc.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero ocurre que esta dos figuras, como tantas otras, ya están globalizadas. No es por eso que subsisten, sino porque aun contienen el alma secreta de un horizonte general del pensamiento crítico y de la literatura que se expresa luciendo sus raíces milenarias. ¿Pero salvando esta peculiar situación, no sería posible debatir qué significa que una “política cultural” del macrismo incluya a Marx? ¿Pluralismo, oportunismo, imposibilidad de pensar un gobierno como un todo y un sector que se peroniza, otro se marxistiza, con convocatorias a figuras culturales relevantes? Todo eso puede ser y es, menos aceptar que el macrismo es un generoso pluralismo que se suma al feminismo mundial, al marxismo conmemorativo o al ecologismo radical.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">¿Por qué entonces no pensar también en las condiciones de producción de eventos como éstos en medio de un gobierno neo liberal proscriptivo, insensible a las demandas sociales y practicante de justificaciones atroces a las muertes en la calle que producen por goteo y con diferentes excusas dirigidas a su público conservador –popular y no popular-, que poco se interesa por el cumpleaños fantasmal del hombre de Tréveris? ¿O será que los intelectuales que estudian marxismo o que aceptan genuinamente esa identidad van a denunciar a este gobierno en uno de sus más importantes recintos teatrales? Quizás. Ojalá. Y aun así algún funcionario dirá que fue una gesta del pluralismo.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://www.unidiversidad.com.ar/cache_2/cfk2_1000_750.jpg" alt="Imagen relacionada" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Volviendo a la tan mentada  y urgente “unidad del peronismo”, veo en ella un conjunto de problemas ostensibles. Esta no puede ser una lógica lineal para juzgar lo que “alcanza” o no “alcanza”, sino un logro del pensamiento crítico expandido y renovado. Y en esa misma medida, no escindible de un gesto que nada tiene que ver con agregados, añadidos, lechos de procusto o pensamientos sobre “amplio y flojo versus enérgico y escaso”, sino con la emisión de un grito o una voz propiciatoria.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No habrá frente ni ningún otro ensamble productivo de nuevas historias, si queda en manos de pragmatismos de última hora, profesionales del reacomodo incesante y permanente. No lo habrá si no se revisa el pensamiento mismo del corazón del peronismo. Y así, cuando queden sus piezas expuestas a las críticas de su osatura última, nada impedirá que funciones mucho más ambiciosas en términos de memoria proyectual o imán para novedades teórico-prácticas, queden disponibles para un conjunto social renovado. Hay una maquinaria cultural perono-macrista-ucerreísta o macrista-radico-peronista que se ha conjugado bajo banderas de la derecha que absorbe todo en nombre de un pluralismo de fachada, que como nunca escinde vida cultural de furias destructivas de las bases formativas del país, tal como se entendían en momento muy importante de su historia durante el siglo XIX y XX.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La base de este frente capaz de derrotar al macrismo está en verdad en la capacidad de amalgama de todos los que al unísono perciban el modo de expropiación económica y cultural al que está sometido el país y –si le damos una extensión un poquito más dramática- el pueblo nación. Esta última –omitimos el guion- no es una entidad metafísica sino un linaje cultural que en este justo momento de la torsión política argentina, merece el esfuerzo superior de crear palabra nuevas, segundas y terceras identidades que no abandonen necesariamente las de cuño tradicional-, y estos nuevos vocablos son los que merecerán estar esparcidos por todas partes, en numerosas tradiciones políticas. Y que aunque no lo parezca, a veces no viene mal que grupos o personas específicas, con su clamor angustioso, lo susciten, fuera de toda regla, de expectativa ya trillada o de horizontes axiomáticamente transitados. En este contexto, valga la palabra, no parece oportuno abandonar el “vamos a volver”, pues no tiene correlato en las cosas sino en las ideas aun no formuladas de la historia.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 20 de marzo de 2018</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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		<title>Brasil: el PT y una breve historia cultural &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2018 13:36:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Braisl Cultura 1970]]></category>
		<category><![CDATA[Chico Buarque]]></category>
		<category><![CDATA[Glauber Rocha]]></category>
		<category><![CDATA[Guattari]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Lula]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González analiza en este articulo la relación entre el surgimiento del PT y los movimientos culturales, políticos e intelectuales del Brasil de los 70. González afirma que un vasto aprendizaje está ocurriendo ante millones de brasileros y latinoamericanos que develará una fuerza social, cultural e intelectual nueva en Brasil, que será torbellino inspirador para el resto de los países.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/brasil-pt-una-breve-historia-cultural-horacio-gonzalez/">Brasil: el PT y una breve historia cultural &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Horacio González analiza en este articulo la relación entre el surgimiento del PT y los movimientos culturales, políticos e intelectuales del Brasil de los 70. González afirma que un vasto aprendizaje está ocurriendo ante millones de brasileros y latinoamericanos que develará una fuerza social, cultural e intelectual que será torbellino inspirador para el resto de los países.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los comienzos del Partido dos Trabalhadores, no parecía fácil acertar con un tono cultural, un compuesto mayor de horizontes que contemplaran la riqueza de signos musicales, poéticos, teatrales y filosóficos que se imbrican en la historia brasilera. Surgido el PT del ambiente industrial e intelectual de la ciudad de San Pablo, en medio de las grandes huelgas metalúrgicas de finales de la década del 70, hubo un tajo en su origen. La nueva clase trabajadora no aceptó fácilmente una conjugación con el movimiento intelectual que emanaba de la mayor universidad brasilera, la universidad de San Pablo. Luego de salir de las primeras detenciones en los departamentos de la policía política de San Pablo, Lula –con el aspecto de un barbado anarquista del siglo XIX, rostro ceñudo y atravesado por tupidos presagios-, insistía en que el movimiento sindical y el movimiento estudiantil debían marchar separados. Eso duró poco.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Ya no había pasado mucho tiempo, que la novedad del PT –o lo que de inmediato sería el PT-, mostraba la realidad indisimulable de una nueva clase obrera movilizada que ante las patronales de la Volkswagen pedía más, haciendo de la barriada donde estaba el sindicato –no el voluminoso  edificio que veíamos días pasados por televisión, sino un modesto local acorde con la poca importancia que les deparaba a la vida sindical en el país-, un constante pulular de obreros movilizados dispuestos a las “últimas consecuencias” y grupos estudiantiles que enseguida habían visto allí un nuevo despertar del “sujeto de la historia”. En algún momento Lula dirá que la solución para el movimiento obrero era tener su propio partido, lo que seguramente hubo de ser una ardua discusión. Porque Lula, aun con su  estilo ultrista –lo que fue motivo de reflexión en su último discurso antes de marchar a la ergástula infame que le propinó el juez Moro-, atraía la atención de los partidos políticos que en pleno régimen militar ya declinante, se preparaba para saltar a escena. Uno de esos partidos era el MDB, formado y tolerado por los propios militares como “oposición consentida”, que se movía con un pequeño abanico de candidatos de modestos opositores republicanos al régimen militar. Uno de ellos era el conocido profesor Fernando Henrique Cardoso, que en años anteriores debió marchar al exilio y se había hecho conocido en toda Latinoamérica por su Teoría de la Dependencia.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Se puede decir que el primer choque importante de Lula con la política establecida, fue su paso elíptico y bien elaborado para evitar ser enlazado por ese partido de antiguos políticos provenientes de viejos partidos social-liberales previos al golpe del 64, que a través de la incorporación de Cardoso, no se les escapaba que Lula podía representar un “brazo social” o una “prolongación trabajadora” de esa timorata burguesía civil, a la manera de un frente ante los militares en declinación, que a la vez, lentamente acariciaban una sucesión civil segura. Parecía incluso que Cardoso, que en la época era tenido como un enhiesto hombre de la centroizquierda latinoamericana -aunque para entonces se lo escuchaba con énfasis apartarse del “tercermundismo revolucionario”, denominando así el ámbito de ideas al que para algunos parecía estar filiado-, consideraba el movimiento sindical nuevo como un modelo socialdemócrata a ser integrado a lo que imaginaba como las nuevas democracias acauteladas en última instancia por licencias sigilosas otorgadas por militares y empresarios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Pero a la primera  prueba electoral –la elección por la intendencia de San Pablo- el PT presenta su propio candidato. Fue su prueba de fuego, el acta de nacimiento. Cardoso pierde la elección ante el caricaturesco ex presidente Jânio Quadros, pues le faltaron los votos que estrenaba el PT como “partido político de los trabajadores”, votos que fueron al joven legislador Suplicy, desde entonces acompañando a Lula en el largo ciclo que vino después.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Modelo político para estudiar: si Lula hubiera aceptado el frente más anchuroso contra un candidato tan dudoso como Quadros –para no exponer al progresismo alivianado a que perdiera su candidato Cardoso-,  no hubiera habido nunca PT. A lo largo de todas las circunvalaciones de la historia, la actitud del PSDB –el partido que luego fundó Cardoso, hoy con 85 años-, durante el juicio a Dilma, podría considerarse un demorado y oscuro resarcimiento, tan sibarítico como comprometido con las derechas más alucinadas. El partido de Cardoso le dio el primer Canciller a Temer, una figura hoy opaca y taimada que como Cardoso había revistado en las izquierdas “antidependencia” en los años 60.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por la época en que nace el PT –con al apoyo de diversas izquierdas políticas y estudiantiles, y muy en especial por las comunidades eclesiales de base-, esta clase obrera no reclamaba reflejarse en raíces antiguas, el capítulo anterior del Trabalhismo de Vargas, luego de Goulart y luego de Brizola –ese operariado de la preindustrialización de Brasil, y para más datos, del “populismo” con aquellos dudosos aires populistas, pero acompañado por antropólogos como Darcy Ribeiro, con su gracejo de apologista de la cultura del mestizaje brasileño como categoría nacional y popular. No eran estos temas del PT.  Entraba a la historia sin recelos ni autolimitaciones.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter" src="http://elfurgon.com.ar/wp-content/uploads/2018/02/Lula-portada.jpg" alt="Imagen relacionada" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>Lula y Guattari</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Todo se presentaba fácil, masivo, alegre, orgulloso. Los políticos se inclinaban pero los que buscaban los votos de esos torneros mecánicos y autopartistas de las fábricas alemanas de los suburbios paulistas, volvían trasquilados. En esos momentos de fines de los 70, años felices fundacionales, Guattari iba a Brasil a enseñarle a los petistas cómo instalar redes de radios “rizomáticas” y daba conferencias sobre porqué “los grandes movimientos colectivos no toman necesariamente un rumbo emancipador”. Advertía, con razón, algunos riesgos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El tejido cultural petista, más ligado a la gran metrópolis paulista, con su poderosa universidad –sostenida en la bibliografía corriente basada en las nutritivas ondas de lectura universales de la época, muchas de las cuales aún perduran-, relativizó no siempre sin válidas razones, las corrientes artísticas que se venían amando desde los años 60, acompañando los aires de aquellos momentos en que también en Brasil actuaban los “asaltantes del cielo”. Pero, musicalmente, ya se escuchaba no solo en Brasil sino en toda Latinoamérica el Funeral de Labrador, una de las partes del magnífico poemario “Muerte y vida severina” de Joâo Cabral de Melo Neto, con música compuesta por el joven Chico Buarque. Era un oratorio fúnebre de rigurosa elaboración poético-musical, que de alguna manera contaba la historia del propio Lula. Los migrantes acosados por la seca y el latifundio, emigrando a las grandes ciudades acompañados por el sufrimiento y la muerte. Lula aún no sabía que ya su vida era un tema de la gran poesía nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por la misma época, Glauber Rocha daba a conocer una de sus grandes películas –de las más importantes del cine del siglo XX-, a la que Deleuze es una de las pocas que incluye en su estudio sobre el tiempo, el movimiento y el cine-, <em>“Dios el diablo en la tierra del sol”,</em> basada en el milenarismo del bandolerismo social nordestino. Este fundamental cineasta muere al comienzo de los años 80. El PT ya estaba asentado, y poco después gobernaría la nación mediante variadas alianzas, sobre la base de conocimientos donde predominaban las ciencias sociales, encuadres económicos y lenguajes político-sindicales ajenos al cine alegórico-épico de Rocha, quien había criticado la “sociología del profesor Cardoso”, como demasiado cerca de la Fundación Ford y demasiado lejos del acervo literario brasilero, Guimarães Rosa o Jorge Amado.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el dramático acto de Sâo Bernardo do Campo, hace unos días, alguien le dijo a Lula que estaba Glauber Rocha filmando. Era un error, quien filmaba era su hijo. Lula exclama ¡Glauber Rocha! La historia como todos sabemos tiene raros vericuetos. Los nombres son muchas veces la sintaxis atrancada de nuestra conciencia. Lula quizás pensó que Glauber vivía, pero estaba el hijo con su cámara, y en ese fundamental acontecimiento donde todo se arracimaba sobre su cabeza, su corazón y sus recuerdos, en su error acertaba.  Y entonces, igual se iba produciendo un gran evento, que era el máximo dirigente popular brasileño anudando en su memoria todos los lienzos sueltos, volátiles de la compleja cultura brasilera. Glauber tenía en su poder un secreto sobre Lula, y sus valoraciones diferentes sobre el decurso histórico los separaban. Pero no demoró mucho para que Lula hubiese abierto su conciencia a todos los rumbos pasados y presentes de la cultura brasilera, y estaba despojado de los prejuicios sobre Glauber que una parte aligerada de la vida intelectual paulista seguía manteniendo, por acentuar más el peso incómodo de las opiniones políticas del gran director de cine, antes que sus enigmáticas y preciosas filmaciones.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-2940 size-full alignnone" src="http://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/glauber_rocha-1-1024x420.jpg" alt="" width="1024" height="420" /></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>Glauber Rocha</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Otro caso a ser considerado es la relación más estrecha que encarna Chico Buarque con Lula, luego del episodio del enjuiciamiento parlamentario a Dilma. Chico Buarque es hoy, probablemente, la máxima figura cultural de Brasil, no solo en el ámbito de la música y la poesía conjugadas, también en el de la novela y el compromiso público. Vástago del movimiento de la bossa nova, de algún modo recogiendo también las tradiciones del tropicalismo pero inclinándolas hacia un fuerte lirismo social, Buarque es hijo de un gran historiador del liberalismo republicano brasilero –tomando muchos temas de los libros de su padre para sus canciones-, un inspirado libretista de obras teatrales, y sus canciones tienen un reverbero de extraordinaria exaltación cauta e ingeniosa en los temas sociales y amorosos. Mantiene viva la memora de Tom Jobim, sus novelas no son un simple agregado a sus grandes canciones sino originales piezas con ribetes vanguardistas y excepcionales vislumbres de lo que es la novelística contemporánea. Durante décadas mantuvo un conjunto de definiciones democráticas, socialmente avanzadas y llamativamente asociadas a un sistemático coraje para defenderlas, lo que combinaba con la alta calidad de su obra. Ejemplo poco común en Latinoamérica, pues de los tantos casos parecidos, éste descuella por la profundidad de su poética social, de su reflexión sobre la escritura y las ironías de la historia que infunde sentido a sus temas. Los últimos acontecimientos bañados con el ácido infausto del golpismo lo vieron en la primera fila del apoyo a Lula, de símbolo a símbolo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un vasto aprendizaje está ocurriendo como comedia y como tragedia ante millones de brasileros y latinoamericanos. “Mais cedo que tarde” se develará una fuerza social, cultural e intelectual nueva en Brasil, que será torbellino inspirador para el resto de los países. La derecha brasilera es dura, granítica, educada por Tradición Familia y Propiedad, proviniendo de los integralismos protofascistas de los años 20, pasando por rebordes del varguismo en los mediados de los treinta, cuestión muy delicada que tiene dos caras, el golpismo del ejército brasileño en los años 60, influido por el generalato norteamericano, del cual depende su formación, y el suicidio de Vargas, ya cercano a una visión soberanista del Brasil, de vuelta de sus efusiones corporativistas, dejando una clase trabajadora anterior al PT cuya memoria no es desdeñable.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-2942 size-full" src="http://lateclaenerevista.com/wp-content/uploads/2018/04/lulas-1.jpg" alt="" width="512" height="341" /></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Son hilos a ser tejidos nuevamente, fibras sueltas que implican debates sobre estrategias políticas y culturales por igual, que por un momento, sin caudillismo ninguno, sin una voz única que apague a las demás sino que las reponga multiplicandamente, pasan por la voz ruda de Lula haciendo desfilar por sus recuerdos minuciosos y sutiles, varias historias al mismo tiempo. Las que él protagonizara en el vórtice de los acontecimientos y las que quedaron en el camino, que un nuevo y fino cordón de enhebrar podrá nuevamente aglomerar. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 18 de abril de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</em></span></p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Biografías políticas (I) Martín Sabbatella &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 May 2018 21:58:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[campo nacional y popular]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Sabbatella]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González escribe una biografía política de Martín Sabbatella como recreación de un amplísimo patrimonio de ideas sociales y culturales que exceden la pobre apología del codazo sectario.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/biografias-politicas-i-martin-sabbatella-horacio-gonzalez/">Biografías políticas (I) Martín Sabbatella &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>Horacio González escribe una biografía política de Martín Sabbatella como recreación de un amplísimo patrimonio de ideas sociales y culturales que exceden la pobre apología del codazo sectario.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Martín Sabbattella en su breve y palpitante trayecto político, es un caso singular que nos permite reflexionar sobre lo digno, lo azaroso y lo antojadizas que suelen ser las escenas políticas. En este último caso, se trata de cuestiones de precedencias, constancia de los tramos de vida ya atravesados. Se juzgan coincidencias ya encasilladas y surgen agrupamientos que se cierran sobre identidades que procuran un exterior no asimilable para confirmar su momentánea cerrazón. Su ocasional precinto para feligreses. La noción de carrera política no es siempre la mejor para juzgar a las personas que se lanzan a ese abismo creyendo que es una autopista con estaciones donde el tren tarda más o menos en llegar, pero un día arriba. Martín atravesó un camino áspero repleto de curvas inesperadas. Como muchos, quizás la mayoría de los dirigentes argentinos -de cualquier ámbito-, en los patios de las escuelas y universidades comenzó a pensar el problema público, la cultura política como dilema y la decisión personal de involucrarse en el torbellino. En esos patios rumorosos se escuchan muchas voces, palabras encadenadas como slogans, citas con todas las tradiciones políticas. La escucha de Martín tomó señales que transitaban las izquierdas populares posteriores al período dictatorial.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Vida de militante en un Centro de Estudiantes. Es lógico que al pasar a dirigir la Intendencia de Morón, se abriera un mundo inesperado y complejo. El lugar estaba gobernado por un polichinela del menemismo -su voz de locutor almibarado y solemne lo ayudaba-, y la nota característica de ese gobierno era la de la cofradía de negocios, indistinción entre fondos públicos y privados y todo adecuado a la palabra runfla, que aunque tiene origen incierto significa una cofradía que se mueve entre oscuros pactos de protección y tenebrosos negocios, en medio de una crispada violencia. Sabattella derrotó a esa ralea y realizó un gobierno ejemplar. Morón es un típico partido del conurbano, con un casco urbano habitado por una clase media popular, diversificada comercial y laboralmente, y un núcleo periférico afectado por añejas desigualdades, que se sostenía en contradicciones sociales -las habituales en los suburbios de la gran Metrópolis, asimismo sede de innumerables asimetrías-, que tuvieron tratamiento democrático y poroso a toda clase de sensibilidades sociales. Para muchos todo esto mereció ser festejado como la acción valiente de un grupo de jóvenes que venía a desalojar electoralmente a un elenco mafioso que hacía negocios particulares con la excusa de gobernar un municipio.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esta noción constitutiva de la ética del militante y del funcionario nunca abandonó a Sabbattella. Convocado por el vértigo que originó el kirchnerismo, vinieron la fundación del partido Nuevo Encuentro, las disputas electorales en la Provincia, donde fue en listas separadas a las de Néstor Kirchner, la posterior incorporación a los horizontes a los que nunca dejó de invitar el propio Kirchner, y la asunción de responsabilidades en el Ente regulador de los medios de comunicación. Le tocó la difícil, y más que difícil, conmocionante tarea de hacer cumplir la Ley de Medios de Comunicación aprobada por el Parlamento, la Corte, y resguardada por multitudinarias expresiones públicas. En la dirección del organismo estatal encargado de la reorganización de los cuadros empresariales propietarios de medios y audiencias, Sabattella, solo sostenido por la fuerza etérea del signo democrático y con un escribano-, llegó a la aparentemente inocua vereda de <em>Clarín</em>. Fue una de las vibrantes simbologías de la época, la ley común vulnerada por el aparato supralegal que impone una secreta ley a las leyes. Pero puso a este medio de comunicación en el umbral de la segmentación de su “organum hegemonicus” -de todos modos realizada de manera encubridora-, situándose él en la tabla de abjuraciones virulentas que practica esta concentración mediática con toda clase de técnicas ultrajadoras y maniobras de aniquilación de persona. Se avecinaba un malogro, que poco después se transformaría en naufragio con la derrota electoral del 2015, donde Sabbattella, en las forzadas composiciones que impuso un inimaginable desafío electoral, acompañaba al candidato a Gobernador de la Provincia en calidad de Vice.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Caído el gobierno de Cristina, Sabbattella recorrió las primeras plazas donde se manifestaba el sentimiento resistente, sorprendido pero no atónito, de un sector muy amplio de la juventud que había acompañado al gobierno. No era un simple cambio de autoridades, era una sacudida en los cimientos constitutivos de la memoria social y de la institucionalidad heredada, con sus defectos y virtudes. No dejaron de llover sobre Sabbattella causas judiciales salidas del escarnio y sudor de tribunalicias manos pringosas. Fue y es una de las víctimas de la episteme punitiva de la justicia, o mejor dicho del poder judicial, convertido en un puntero electrónico de la caza de personas. No en nombre de ninguna legislación aceptable, sino de una violencia mítica y fundacional, la del vengador que fue descubierto en su falsa neutralidad valorativa y ahora goza con aplicarla revestida de una túnica remendada, donde con alfileres han pegado una o dos frases leguleyas vacías de sentido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No es un único caso, pero el de Sabbattella ilustra muy acabadamente cómo vive un político que debió elaborar en su conciencia variados y complejos sentimientos, todos ellos vertiginosos. El hombre festejado por su coraje cívico, es ahora el hombre juzgado por indecorosos jueces. Y un inexacto sector del mundo político a cuya vigencia y solidez él mismo contribuyera hace cálculos, que afinando el oído, cargan rumores displicentes. Usualmente, y mucho más en momentos tan delicados, no parece adecuada una negligencia hacia quien se acercaba desde ambientes circundantes al centro de una situación tempestuosa. Sabattella proviene de las izquierdas juveniles, estudiantiles, suburbanas, que en las aulas tempranas de la adolescencia comienza a hablar de política en medio de las tensiones de las palabras que ha escuchado en su familia y en los ambientes de la inquietud social de la época. Las izquierdas, las tradiciones nacional-populares, los impulsos democráticos y libertarios. Su acercamiento a la veta nacional popular no lo es de cualquier modo. Acontece porque carga aquellas memorias versátiles que se iban entremezclado en su biografía.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los momentos agrios para las políticas emancipacionistas, el piso de desconciertos por el que caminamos se cuartea. Las quebraduras llevan a crear todo tipo de fantasmas que en general, aunque esta palabra no se emplee, cargan oscuros motivos de culpabilización y obcecaciones. Nadie puede ser indicado con reservas -que generan infinitas urdimbres de recelo-, si por las razones que sea, alguien siente el impulso de señalar rutas de alejamiento mientras habla de trazos unificadores. Si este sentimiento que brota de estratos profundos de cada memoria personal irresuelta se torna perdurable, no solo es dañado quien es contemplado por una idea antojadiza -que conduce al camino estéril de la desconfianza-, sino que es debilitado el movimiento social en su conjunto operativo más valioso. He allí una cuestión. ¿O es preferible el ambiguo archipiélago de empellones de nunca acabar?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es preciso que muchos militantes como Sabbattella, que carga su propio distintivo que lo califica para las grandes jornadas que se avecinan, se hagan presentes en el terreno donde se jugarán las cifras del inmediato futuro. Allí donde se trate no de una unidad abstracta basada en un nombre que se acaba empleando de modo expulsivo. Cuando en verdad es lo contrario lo que debe ocurrir. No parecen útiles ahora las formas de unidad a las que se llama, si no se piensan las singularidades e historias específicas. Es evidente que proclamar una preferencia “peronista” sin cuidados analíticos (¿acaso no hay personas que así se denominan que apoyan el FMI como antes apoyaron el pago a los fondos buitre?), no pueden ser estas afirmaciones superiores a considerar el itinerario de Martín Sabbattella como proveedor de una historia que trae frescura política antes que experiencias sujetas a negligencia. Será muy pobre el ámbito o la situación que se cree para recuperar el país de este vil castigo al que es sometido, si prospera una interpretación obstruida y arrasada de los nombres, antes que una recreación de un amplísimo patrimonio de ideas sociales y culturales que exceden la pobre apología del codazo sectario.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 17 de mayo de 2018</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></p>
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		<title>Los vulnerables &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Jun 2018 21:56:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Horacio González se interroga sobre cómo los organismos gubernamentales y de financiación internacional aprendieron que sus decisiones opresivas se deberían presentar bajo el ropaje de un plan de atención a los humillados de la tierra, invirtiendo sus lógicas para presentarlos como el montaje de actos de preocupación por los pobres, que tan buenos resultados le diera al macrismo.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/los-vulnerables-horacio-gonzalez/">Los vulnerables &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em><strong><span style="color: #000000;">Horacio González se interroga sobre cómo los organismos gubernamentales y de financiación internacional aprendieron que sus decisiones opresivas se deberían presentar bajo el ropaje de un plan de atención a los humillados de la tierra, invirtiendo sus lógicas para presentarlos como el montaje de actos de preocupación por los pobres, que tan buenos resultados le diera al macrismo.</span></strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #000000;">Por Horacio González</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En el comunicado gubernamental sobre las condiciones que impone el Fondo Monetario Internacional, leemos la palabra “vulnerables”. El préstamo “preventivo” tiene en cuenta a los vulnerables. Sería el indicio de “cómo cambió el Fondo”. Se declara que habrá excepciones en el plan con los efectos que provoque en los más desfavorecidos. Recordemos la jerga que emplean. “El programa es innovador ya que protege especialmente a los sectores más vulnerables. En efecto, se incluye explícitamente el monitoreo de indicadores sociales y, por primera vez en la historia en un programa con el FMI, una salvaguarda que permite incrementar el gasto social si el gobierno argentino lo considerara necesario. Esto significa que en caso de que la economía no creciera como esperamos, podrán realizarse ampliaciones de gasto focalizadas especialmente en los programas de asignaciones por hijo y embarazo. Nuestro plan también incorpora medidas para promover la equidad de género y estimular la participación de la mujer en el mercado laboral”.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hace tiempo los organismos internacionales promueven vocabularios, diccionarios que hurgan en “nuevas sensibilidades” donde yacen las palabras clave para explicar procedimientos que tienen alto tenor de sometimiento y pérdida de las autonomías nacionales, pero todo ello intenta ser presentado con una terminología bondadosa y edificante. Nunca dejó de ser así, pero ahora es una cuestión más explícita. Ya el Banco Mundial había originado palabras como “empoderamiento”, que los gobiernos democráticos con horizontes muy amplios de genuina sensibilidad social, comenzaron también a emplear. Es que esas palabras suelen ser “tentadoras”. En décadas pasadas se habló de población carenciada, una suerte de neologismo que apuntaba a señalar los yacimientos humanos donde habitaban los desprotegidos, explotados o marginados. Pero al hablar así… ¿No estamos empleando también un repertorio semejante al de esos organismos?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Porque ellos emiten frases como éstas: «Esto significa que en caso de que la economía no creciera como esperamos, podrán realizarse ampliaciones de gasto focalizadas especialmente en los programas de asignaciones por hijo y embarazo”. Lagarde, por su lado, indicó su preocupación por la pobreza y la igualdad entre hombres y mujeres. En caso de ser necesario, se derivarán más recursos. El rudo corazón blindado de las finanzas, parece haberse conmovido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Estas pequeñas maniobras publicitarias ejercitadas sobre medidas económicas de fondo que comprometen severamente el destino de país, son una marca del neoliberalismo reinante no sólo en la economía sino en el modo de describirla. No en vano, en esta materia, el gobierno macrista puede anotarse varios éxitos, según lo expresado en reciente discurso del senador Pino Solanas en el Senado. Que un sector importante de la población creyera que las tarifas eléctricas y de energía en general eran demasiado bajas y concuerde con un “sinceramiento” que los perjudica, es efectivamente un logro de gran magnitud. Los afectados aprueban la medida que los lleva a esa condición de menoscabados materiales, pero en nombre de un supuesto rasgo moral, la sinceridad. Podríamos afirmar así que hay una nueva manera de exponer decisiones económicas con reconocible poder de descalabrar las economías nacionales. Abundan los ejemplos de países heridos en el corazón de su vida económica, que viven atenazados por controles de FMI, que es reconocible portador de las fórmulas de rebajar costos laborales, jubilatorios, gasto público, y en el caso argentino, imponer una relación de ajuste/deuda de porcentajes más estrechos que los que calculaba el gobierno. No obstante, un sesgo calamitoso es vestido con tules que arropan a desamparados, pobres y endebles.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es que el reino de los eufemismos predomina aquí: el gradualismo es el primero de ellos, pues se actúa a sabiendas de que se tomarán medidas dañosas, pero se las expresa consolatoriamente; “serán graduales”. ¿Pero es tan simple hacer que miles y miles de personas festejen la manera en que son lesionados? Y que incluso discutan en foros públicos la necesidad de que fueran alcanzados por esos daños a sus cálculos de vida, porque “pagar tan barato los servicios” … ¡no podía ser! Efectivamente, algo profundo en materia de los alcances y sostenes de las creencias colectivas ha ocurrido.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En la discusión sobre las tarifas eléctricas en el Senado escuchamos dos sólidos discursos, el de Cristina Kirchner y el de Pino Solanas. En ambos aparece una cuestión fundamental, cual es la de la manera en que aparece “la presentación de los hechos”. Llamamos así a la facultad del poder político de narrar siempre a su favor los más disímiles episodios, incluso los que bajo una primera vista del sentido común, se evidencian como totalmente desfavorables a la vida de los habitantes sencillos de un país. Cristina mostró tapas de diarios de <em>La Nación </em>y <em>Clarín</em> de la época de sus mandatos; en ellos se atacaban las menores subas de tarifas en los servicios públicos, que son liliputienses comparadas con las desmesuras que ocurren hoy, ante el silencio o aprobación de esos mismos órganos de prensa y sus ramificaciones. Sin temor a brutales incoherencias, ese condensado final del mando comunicacional y simbólico, aprueba la forma mayúscula que hoy aherroja al pueblo llano, mientras ayer ponía el grito en el cielo por ocurrencias muy menores o insignificantes, si comparadas con las que ahora ocurren. Solanas se refirió, en tono irónico, al “éxito” que tuvieron las maquinarias publicitarias del gobierno en hacer creer a buena parte de la población, que el aumento de un servicio los favorecía, en vez de empobrecerlos más.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los dos discursos referidos, hay algo común a pesar de que subyacen diferencias de trayectoria, intención y estilo. Solanas se inspira en una autocomprensión biográfica ligada desde tiempos muy anteriores por la preocupación energética, que situó en un ciclo que atraviesa las presidencias de Yrigoyen y Perón, que incluye la notoria participación de los generales Savio y Mosconi -al que presentó como numen de la austeridad administrativa-, sin olvidar al presidente Alvear. Es cierto que durante su presidencia se fundó YPF, pero no deja de llamar la atención este recordatorio, no habitual en las tradiciones directa o indirectamente vinculadas al “forjismo”, el grupo caro a Solanas que en tiempos ya lejanos se expresó en términos del yrigoyenismo antialvearista. Este señalamiento no pequeño en el debate histórico exigiría mayores detalles y precisiones, que por ahora dejamos de lado. Otro tema de importancia en la exposición de Pino -que festeja el cincuentenario del estreno en el Festival de Pesaro de <em>La Hora de los Hornos</em>, para la cual -dice- “vi todos los clásicos del cine ruso”-, fueron las consideraciones sobre Vaca Muerta. Señaló lo riesgoso de ese convenio, tanto en lo que se refiere a la llamada “letra chica” en los acuerdos con Chevron, como en el riesgo para el medio ambiente que supone ese método exploratorio, el fracking, ya prohibido en varios países, y que sin embargo acá se lo festeja siendo aún más dificultosas las condiciones de extracción del crudo, pues se halla a tres mil metros de profundidad. La ex-presidenta aludió también a Vaca Muerta, pero de manera diferente. Siendo un convenio realizado durante su gobierno -no sin polémicas diversas-, reprochó a Macri que se exhibiera con esas instalaciones de fondo, aferrado despegadamente a los monolitos e instalaciones de acero que dejó la tan criticada “pesada herencia”. Pino utilizó su acostumbrado tono épico, el del “gran proyecto de nación”, que el macrismo por su propia esencia no sólo diluye, sino que esa expresión sólo cuenta -si cuenta-, en su diccionario de vituperios. Para Pino, a la luz del abrazo Perón-Balbín, acto efusivo y componedor bajo el cual él se sitúa, aun tendría sentido un llamado de lo que todavía quedaría hundido en las frágiles y titubeantes reservas anímicas que restarían en el trasfondo olvidadizo de radicales y peronistas. Llamado para despojarse de sus caparazones amnésicas y volver a los orígenes. ¿Pero eso aun parece posible? Permítasenos escribir el vocablo dudoso. Por la misma razón que el discurso de Pino propone examinar: ¿por qué hay un sector vulnerado de la población que festeja que lo sigan humillando? ¿Qué lo sostiene? ¿Avalados por cuáles razones piensan que les conviene saludar un aumento de las tarifas o condiciones de vida evidentemente más ruinosas?</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Para Cristina la tarea discursiva presentaba otros ángulos que eran necesarios porque lo que salga de su boca debe dirigirse, aunque sea de un modo indirecto, a resguardar en la memoria pública activa, los actos de su gobierno, vilipendiados por un engranaje hasta hoy casi inconmovible. Un entrelazamiento granítico de medios que han generado mitologías de escarnio presentadas como “información pura y dura” -frase salida del laboratorio de rimas de las derechas del dispositivo semiológico del poder-, cuestiones que exigen respuestas en gran parte irónicas, tema en el que la ex presidenta se ha lucido, no siempre produciendo los resultados que esperaba. Pero esta vez, su blanco era la pobre figura vicepresidencial, símbolo del macrismo en el Senado, que en el pasado había emitido opiniones contrarias a las suaves regulaciones de aquel tiempo, esos reducidos aumentos de precios en el servicio que se imponían sobre el sector energético, ínfimas medidas que harían sonrojar al “Recaudador Zaqueo” que aún no ha despertado de su delirio de colector de gabelas, ante el chistido alarmado de los obispos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En los dos discursos veo una similar preocupación por temas tales como el acto de sustraer las variables económicas de su ámbito de historicidad (Cristina: los billetes de banco extirpados de las figuras de la memoria nacional; Pino: la historia energética del país que cruza a los partidos populares olvidados de su memoria) pero con diferentes encuadres discursivos y políticos. En una, dirigirse con incisivo sarcasmo a los débiles sustentos del gobierno macrista que exacerba los mismos males que antes decía combatir. En el otro, la pregunta por el manto de incongruencias con las que los grandes medios productores de lenguajes e imágenes masacran a diario la vida popular. Por esas vías, amplias franjas agraviadas objetivamente, agravian a la vez a quienes dedicaron esfuerzos en levantarlas socialmente, mientras agasajan a los que con toda precisión rebajan sus condiciones existenciales. Grandes enigmas de la conciencia colectiva que estamos lejos de poder comprender y desanudar de sus complejos nudos espirituales y morales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Desvío por fin este breve comentario a un episodio fundamental del debate sobre tarifas -cuyo resultado final fue de inmediato y desfachatado veto por el gobierno-, para detenerme en las consecuencias de la parte que destaco de ese debate – ¿cómo los organismos gubernamentales y de financiación internacional aprendieron a que sus decisiones opresivas se deberían presentar bajo el ropaje de un plan de atender a los pobres y humillados de la tierra? El acuerdo con el FMI, aun no firmado cuando escribo estas líneas, significa un porcentaje mayor de ajuste, restricción y apisonamiento forzado del marco inflacionario, más de lo que el gobierno tenía ya pautado. El resultado, aun si evitamos recaer en la figura de la “causa y el efecto” -tan cultivada por quienes somos los históricos adversarios de estos planes restrictivos para la vida en general-, es un regresivo escalón más a recorrer en los términos de achicamiento del sector público, opacamiento de las soberanías de las instituciones políticas y económicas, gobierno central, banco nación, banco central, paradójicamente llamado “independiente”, etc. Todas las sórdidas consecuencias para trabajadores, empleados, ciudadanía en general y pautas genéricas del mínimo de autonomismo nacional que garanticen el sentido de toda vida política, ya fueron suficientemente analizados. La foto de Macri en la primera fila de los representantes del G7 como cobayo -roedor roído-, explica la lógica del laboratorio donde los poderes financieros mundiales, mientras discuten sus propios dilemas arancelarios, tienen a la Argentina como gran hangar de pruebas para controlar financiera, económica, policial, militar y existencialmente a la población. El recinto de la experimentación no es diferente al de otras épocas, pero ahora incluye, con más énfasis que antes, la idea que hay una variabilidad de recursos -según marchen las demás medidas de encogimiento de la vida colectiva popular- que podrían aplicarse a reformar asignaciones familiares, partidas por embarazo y otras urgentes cuestiones sociales.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Invirtiendo sus lógicas bien conocidas, ahora el Fondo, inspirándose en el macrismo que a su vez se ha inspirado en el Fondo, encubre todos los proyectos para rehacer el país hasta llevarlo a su ruina histórica y a su agonía social y su mendacidad cultural. Los presenta como un acto de preocupación por los pobres. Es el rastro de un montaje que tan buenos resultados le diera al macrismo, que en vez de construir un Arsat, construyó o dejó que su propio ser fuera construido por una Ingeniería Mediática que extremaba los medios para hablar falsariamente desde un sector quebrantado de la vida popular. Pero presentado con felicidad balsámica. “Vamos juntos”. Prestándole así el lenguaje de la imputación a los otros o ejerciendo la alquimia de crearlo artificiosamente para que esa inocente voz hueca fuera asumida como propia por los estratos más agobiados y encolerizados de la población. Sembraron piedras en las vejigas del país. Luego, se haría fácil dirigir con una regla de cálculo esos fastidios hacia los que quisieron remediarlos genuinamente (con los defectos que hoy puedan reconocerse), tanto como elaborar series mecanizadas de sonrisas almibaradas ante los viejos patrones que retornaban. Con la venida prepotente del Fondo a co-gobernar el país -si se desea, extráigase por innecesaria la partícula “co”- también se ensayará el mesianismo financiero para ser aplaudido por el regazo borroso de una vida popular entrecruzada por ráfagas complejas de creencias, consumos de imágenes y deseos irredentos que desatan cargas que antes parecían llevarse con comodidad, la correlación entre vidas golpeadas o experiencias laborales explotadas y creencias políticas de emancipación. El Fondo, el Macrismo Monetario, el fraude moral Internacional sigue existiendo porque confían cada vez más en que el pueblo nunca más será pueblo, sino ataduras ya solidificadas entre la pesadumbre social y el apoyo al autor de las desdichas, acompañado con el improperio hacia las tradiciones y gobiernos populares que respiran, con las dificultades conocidas, los aires de una historia mayor de visos emancipatorios.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por eso, reseñábamos rápidamente dos discursos en el Senado de la Nación que percibían estos problemas y con obvias fórmulas de dicción heterogéneas, pero no ausentes de posibles complementaciones, pues hablaban no desde posibles rutinas expositivas, sino desde la hondonada trágica que se diseña ante nosotros. La de que, si no se hace lo necesario, pero también lo profundo y no lo improvisadamente rejuntado, pueda proseguir, luego del año 19, este gobierno que al sentido de la estafa le agrega las señales de la impostura masiva. Rústicos vasos de burócratas y falsarios, que es imperativo que se les rompan en las manos antes de beber el último sorbo. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 11 de junio de 2018</span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</em></span></p>
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		<title>Calles &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Jun 2018 23:45:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Calles]]></category>
		<category><![CDATA[George canning]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
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		<category><![CDATA[revista La barraca]]></category>
		<category><![CDATA[Scalabrini Ortíz]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A partir de la nota “Los nombres de la ciudad” escrita por Martín Kohan y publicada en la revista La/barraca, Horacio González responde con este texto que inicia una amistosa discusión sobre la relación entre nombres, política e historia.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/calles-horacio-gonzalez/">Calles &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><strong><em>A partir de la nota </em>“Los nombres de la ciudad”<em> escrita por Martín Kohan y publicada en la revista La/barraca, Horacio González responde con este texto que inicia una amistosa discusión sobre la relación entre nombres, política e historia.</em></strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Una ruda confusión una vez amenazó amablemente a los habitantes de la Capital. Había dos estaciones de subte con el nombre de Canning. Creo que solo los muy despistados podían bajarse en la “Canning” que se cruzaba con la calle Corrientes si querían ir a la “Canning” que se cruzaba con Avenida Santa Fe. Todos sabían sin preocuparse demasiado por el origen de ese saber -era una ciudad con menos habitantes, o quizás se tenía más tolerancia hacia los nombres redundantes y como ahora dice Wikipedia, se “desambiguaba” con más facilidad-, y un significante Canning significaba bajarse y subir en “Villa Crespo” y el otro, a no dudarlo, nos dirigía hacia el significado de “Barrio Norte”. Pero es comprensible que los ediles -se los podía llar así entonces, aunque eran concejales-, quedaran preocupados por el ciudadano desorientado que podía protestar por una ineficaz nomenclatura urbana ante los órganos competentes. Las vicisitudes de la historia nacional permitieron finalmente el acto legítimo de desambiguar. Se llamó Malabia a la Canning de Corrientes, pues aquella era la segunda calle más cercana, decisión fundada en un hecho incontrastable, que alcanza notablemente para refutar el cuento de Cortázar sobre el Subte A, donde su aniñada y bien humorada sentimentalidad ligeramente patafísica, declaraba que el conteo de ciudadanos que entraba por la boca de la cabecera de la estación Plaza de Mayo no arrojaba los mismos resultados respecto a los que iban bajando en el transcurso, hasta llegar a Primera Junta. Una falla cósmica habitaba las entrañas de la ciudad y cobraba viajeros para una misteriosa disipación de viajantes, sin razón manifiesta para que los tragara la tierra. Esto desmiente la absoluta correlación cielo-tierra en que habían pensado las legiones de ediles que desde 1914 dieron nombres a las estaciones del Subte, que incluso tuvieron la precaución de no llamarlo “Metro”. Homenajeaban a un orden simétrico que no existía en otras áreas. Entonces, esas estaciones llevaban abajo el nombre de la calle que estaba arriba, sin que ningún pasajero sobrara o se disipara. Todo iba coincidiendo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El acto mimético fue reproducido casi un siglo después con la ficción de las estaciones de Metrobús. Reapareció el nombre que había desplazado la deliciosa abreviatura subte -que quedó como palabra completa, como si el feo aditivo de “rráneo” nunca hubiera existido-, y las estaciones de metrobús de la Avenida 9 de Julio, por ejemplo, se tornaron simulacros de estaciones de tren, pero sin la compleja tecnología de señales, boleterías, quioscos, túneles, un ámbito de espera que tiene una singularidad que le es solo inherente a ella. Las estaciones sobre la calle se llaman como lo indica, en cortés mimetismo, la perpendicular en que se sitúan. De ahí que hay una estación de Metrobús Perón, que tiene la misma inocencia que ya tiene la calle del mismo nombre que le es transversal. Pero volviendo a los nombres del Subterráneo, ya sabemos que muestran que hay más nombres posibles que puntos de localización dispuestos a distinguirse con ellos. Así Malabia-Pugliese, o Entre Ríos-Walsh. La cuestión ahora es que el mundo de arriba está historizado, por decirlo así, y episodios que ocurrieron sobre las baldosas que techan el canal que metros abajo permite circular los trenes, son agregados como severa señal recordatoria. El caso de Rodolfo Walsh impide abundar en detalles, pues todos lo conocen. Lo cierto que ahora está unido al terminante nombre de Entre Ríos, que por un lado es una provincia, y en lo que hace a un rol de avenida urbana, en un punto trágico de esas veredas fue muerto Walsh. Esta extraña conjunción ya pone al subterráneo y sus nombres en una encrucijada importante. Registra sucesos dramáticos ocurridos allí arriba, mientras pasan los apáticos trenes, y ahora el pasajero tiene que aceptar interpretar la supuesta ambigüedad con un pequeño relato: he aquí la estación Entre Ríos, que se nombra con el indicio del nomenclador en relación a lo que sucedió a unos metros encima, pero justo en los metros cuadrados donde una partida militar inmoló con certeros balazos al escritor de Operación Masacre. Todo esto recuerda que proceder de un modo complementario con los emblemas toponímicos de la ciudad, no se corresponde con otros procedimientos. Como el de la calle Scalabrini Ortiz y el nombre anterior que sustituye: Canning. O continuidad de los parques, o un nombre borrando el anterior. ¿Qué sucede?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un artículo de <a href="https://www.revistalabarraca.com.ar/los-nombres-de-la-ciudad/">Martín Kohan en <em>La/barraca</em></a>, -autor y revista digital que leo con gran placer, al primero desde hace mucho, a la revista desde hace poco, pues es de salida reciente y festejable ,hace interesantes observaciones sobre las motivaciones del cambio y el modo en que, a la manera de un retorno de los reprimido, el viejo nombre de Canning -con la natural expansividad que ciertas palabras de enigmática fuerza irradian en su redor-, prestaba nombres a locales de electricidad o mercería que hoy subsisten con esa denominación que ha perdido su sujeto. (O su sostén, o su soporte, si nos expresamos en términos informáticos).</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El subsuelo en apariencia “sublevado” de Scalabrini sería Canning, ya vimos, pero el método empleado con Cangallo fue distinto. Como ocurrió con muchos episodios de la toponimia peronista, quiso la fatalidad que se sustituyera con ese infinito álbum un nombre de aroma incaico. Ya había sucedido antes, con La Pampa y el Chaco, cuyos cambios de identidad en los años del primer peronismo merecieron el reproche de Arturo Jauretche. Según cuenta él mismo, le habría dicho a Perón por esta voracidad de absorber todos los nombres en un nombre: “usted por esto puede llegar a caer”. Pero sin entrar en este delicado problema, no ausente de una caprichosa verosimilitud, la solución encontrada en el caso de Perón, que figura con grado militar, en paralelo a Bartolomé Mitre, es que las dos últimas cuadras de la ex Cangallo se siguen llamando Cangallo. Chistosos que nunca faltan, llegaron a prefabricar el sintagma -si es que así se dice-, Juan Domingo Cangallo, para expresar quizás un descontento o una forma intrincada de adhesión. Con Mitre, de esto hace mucho tiempo, hubo que suplantarse una calle de nombre colonial, cuanto menos: La Piedad. La iglesia de La piedad, de la cual es probable que la calle tomara su nombre, y las tiendas La Piedad, que subsistieron hasta los años 70 mientras la arteria ya se llamaba Mitre desde comienzos del siglo XX, nombre puesto incluso en vida de en aquel momento el octogenario general. De modo que el cambio de nombre por una decisión del Estado, por un lado, deja descolocados a los ingenuos san juanes bautistas de los comercios de todo tipo de ramo, que aprovechan el supuesto prestigio de un nombre municipal para inspirar allí el de su comercio, sea zapatería o menudeo de chucherías. ¿Por qué deberíamos ocuparnos de estas cosas? ¿Vale la pena conjeturar que el nombre de un General poco adicto a las cuestiones religiosas se emplaza allí donde yacía uno de los máximos nombres de la actitud teologal? ¿O señalar al Otro General octogenario como alguien destinado a erigirse en lugar donde antes había monolitos con otros nombres del pasado de prosapia indigenista o colonial? Este último era el caso de la estación Retiro, en los años 50 rebautizada Estación Presidente Perón. Soy un hombre viejo. Recuerdo que en los pocos viajes que hacía de chico al centro, desde una remota estación barrial me veo pidiendo un boleto hasta la estación “Presidente Perón”. Con el paso de las décadas, se podrá decir que uno ha cambiado por golpes mutantes difíciles de explicar, pero las palabras que había que pronunciar para la bagatela de un traslado en tren también han cambiado y vuelto a cambiar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Habría mucho para decir respecto a la correlación entre historia política y la mudanza de los nombres, que acaban como chapas oxidadas que a veces caen, a veces se sustraen para decorar una pared domiciliaria, o a veces el diligente preboste municipal pinta con pintura fosforescente para revelar que le preocupa la comodidad visual de los automovilistas ensimismados. Kohan intenta con Scalabrini Ortiz ir revelando el modo en que un cambio de insignias de una calle, deja como quien dice pataleando en el aire a los comercios que adoptan ese mismo nombre con algo de oportunismo. Agrego a sus evocaciones, el de la Sedería Canning 444, o Canning 555, no recuerdo bien, que a la resonancia british del nombre le añadía la feliz consonancia numérica. Por lo que creo, esa Sedería estuvo muchos años más, enhiesta, luego del cambio de nombre, confiante en que tenía como sostenerlo, pues el terso Canning, el ministro pre-victoriano, era más aceptable para un comercio de ese tipo, que su enemigo Scalabrini Ortiz, más urgente que sedoso. El nombre fue puesto durante el gobierno de Cámpora -tengo que seguir confiando en mis recuerdos-, y el cambio del primer ministro inglés acompañó el cambio del presidente norteamericano Monroe, calle que pasó a llamarse Juan Manuel de Rosas. Esta calle es muy larga, desde el Bajo Belgrano hasta Villa Pueyrredón o Villa Urquiza. Quiso el infortunio histórico que el golpe del 76 cambiara ambos nombres, y que solo volviera, con el alfonsinismo, el del autor de <em>El Hombre que está solo y espera</em>, pero no el del Señor de los Cerrillos. Aunque este tuvo su tajada. En los años 90, la estación de subterráneo que llega hasta Villa Urquiza y desemboca en Monroe -el que proclamó sin ventaja nada más que para él mismo, que américa era para los americanos-, se llamará Juan Manuel de Rosas. Como si desde los sótanos de la ciudad, el derrotado de Caseros aun le proporcionara picazones al habitante monroísta del altillo, que sigue recibiendo la brisa acogedora de demasiados políticos argentinos. ¿Qué conclusiones podemos sacar de estas nostalgias y empecinamientos? Kohan traza una sucinta hipótesis respecto a que estamos ante una larga referencialidad o recaída de la historia argentina en el factor inglés. Recuerda que San Martín y Alvear llegaron de Londres en el barco Canning. Lo que no puede dejar de verse revelado en el futuro por este pase de manos de las placas con que nombran plazas y avenidas. Basta que resurja un cartel apolillado de una cerrajería que recuerde cómo se llamaba antes ese locus urbano, para que se rompa una ilusión, la de un país orgulloso de como anuló interferencias exógenas.</span></p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://pbs.twimg.com/media/DVcVXXGX0AE4NMM.jpg" alt="Resultado de imagen para estación subte canning scalabrini ortiz" /></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Claro que existe ese britanismo de gran volumen, una gruesa cuerda que atraviesa buena parte de la historia nacional. La prudencia de Moreno con el tema, Rivadavia en Londres, Alvear y Lord Strangford en Brasil -fuerte referencia de los políticos porteños- y Lord Ponsonby, en Buenos Aires, que no era menos fundamental en la cuestión de la Banda Oriental. Por su parte, Rosas nunca desmintió su aprecio por Lord Palmerston, en cuanto sus antiguos cañones de Obligado hacían fuerte mella en los barcos de Su Majestad. En un sentido más amplio, al que le damos el carácter de un drástico resumen, la diplomacia inglesa sobre las tierras sudamericanas y su proyecto de independencia, tienen una fuerte manifestación en la relación de Francisco Miranda y Míster William Pitt, cuyo probable eco son las invasiones de 1806 y todo lo que refleja el diario inglés publicado en Montevideo, <em>The Southtern Star</em>, que está escrito por independentistas criollos que aceptan una regencia inglesa. La literatura argentina sobrelleva una señal inglesa durante todo el siglo XIX, cuya cúspide es Hudson “el escritor argentino en lengua inglesa”, expresión de anchas consecuencias posteriores. No obstante, Echeverría, que por muchos motivos es más importante de lo que suele pensarse, trae porciones culturales de fuente francesa o italiana, aunque no descarta al bien ostensible Byron. Pero si el primer Alvear piensa en una suerte de protectorado inglés, Belgrano se inclina por un descendiente del incario, y pasando un siglo o más, un descendiente del general Roca, su hijo del mismo nombre y Míster Runciman firman el gravoso acuerdo sobre carnes, que en su momento mereció el repudio de Lisandro de la Torre, de Rodolfo Irazusta y de Scalabrini Ortiz, que es el que conecta más decididamente este protocolo con el empréstito Baring, tomado por Rivadavia en 1822. Este es el antecedente del pseudo empréstito inglés de más de un siglo después, que a cambio de una implorada cuota de exportación de carnes, cerraba estrepitosamente todo el esquema ferroviario y financiero que sostenía el poder inglés en el país. Tomamos nota de esto que sucedió, pero a la distancia. Nada nos impide el derecho a condenar esos acontecimientos, que tienen condición repetitiva hasta hoy, pero no hay porqué tolerar que se presenten con su capa de fantasma fondomonetarista, crédulo de que nunca dejaría de visitarnos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Quizás la tónica antimperialista en el mundo intelectual latinoamericano dio enfático comienzo con la guerra entre Estados Unidos y España, a fin del siglo XIX. La onda antinorteamericana se hace fuerte en la Argentina recién en 1945, debido a la intervención del embajador Braden en los conflictos de la época del surgimiento del peronismo, ocasión en que pueden leerse también las memorias del embajador inglés en ese mismo tiempo, Sir Kelly, hombre práctico que no dramatizó el 1945 peronista, a diferencia del gobierno norteamericano. No por esto, sino por una serie de sinuosidades pertenecientes a los meandros conspirativos de la historia, Julio Irazusta, mucho después de estos célebres acontecimientos, y como parte del derrocamiento de Perón, acusó a éste de “agente inglés”. Julio era más “escritor” que su hermano Rodolfo, pero sus exaltadas reflexiones no tenían ni un mísero respaldo en hechos que pudieran ser comprobables. Pero Scalabrini Ortiz, mucho más coherente, aunque también con perseverancias tan incólumes que hubieran exigido más atención a como la historia desviaba las intenciones primigenias de hombres y partidos, sostuvo hasta el fin que el problema era el imperialismo inglés y no el norteamericano, que aun estaba en su naciente. George Canning, tal como todos saben, fue un primer ministro -sucesor de Pitt-, dedicado entre otras especialidades a resguardar las independencias sudamericanas del intento español de recuperar sus posesiones. Para esto llega a enfrentarse al mismísimo primer ministro Metternich, que desde la Santa Alianza -condenada por Marx en su famoso manifiesto- apoyaba al retorno latinoamericano al regazo español. Canning vivía cuando San Martín y Alvear desembarcan en el “Canning” en 1812 en la lejana Buenos Aires. San Martín, con un pasaporte falso que le consiguiera Lord Macduff. Pero habrá que averiguar bien si el nombre del barco, dado que es apellido común, pertenecía al del primer ministro o al de un armador naviero del mismo apellido. Si fuera así, el britanismo infalible y velado que se desearía ver en la historia nacional, pierde una ficha importante. ¿Había un reglamento británico que impidiera poner nombres de hombres públicos en instituciones o barcos de vela? ¿O estamos antedatando veleidades de nuestros debates más prescindibles?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Canning firma con Rivadavia el primer tratado comercial de estas tierras con Inglaterra, y esta relación es un hilo conductor que de ninguna manera debe desdeñarse en el modo en cómo se fueron conduciendo los sucesivos gobiernos argentinos, más o menos convencidos de que la economía del país debía configurarse con un intercambio primario que justificaba los suministros de manufacturas inglesas, con la carga político-cultural que eso significaba. Rosas, el amigo de Palmerston, fue un largo paréntesis a este esquema, que al mismo tiempo se exponía a la crítica de los “modernizadores”, incluso de otro saladerista como él, Urquiza, que sin embargo tenía un ojo diferente para considerar las relaciones diplomáticas y comerciales con Europa, tal como tantas veces lo explicó su embajador Alberdi. Ciertamente, el nombre de una calle, de mero poste topográfico en la voz del diarero que orienta nuestro paso extraviado o del taxista que no conoce donde queda la escondida calle Emile Zola, tiene una dupla valía. La que dijimos: meros grafos de orientación como en una selva lo son las ramas quebradas o las huellas de un animal que precedió nuestro paso en varios días o en minutos. O llevarnos desde los modos conmemorativos de la historia, una melancolía erigida a cal y canto desde los ladrillos de las paredes de confiterías, casas de deporte o las viejas y pocas ferreterías que quedan en los barrios, hasta la querella sobre la idea de nación, “Renan dixit”. En este último caso podemos asistir con gusto real, no fingido, a las ironías de Kohan. Desde lo que revela una calle, que cuando desaparece su nombre semánticamente insinuante, no puede evitar que queden restos arqueológicos que agitan oscuramente la memoria, hasta la interpretación de la historia argentina como una sustancia legendaria, moldeada en los nombres pétreos de la ciudad, que nos engañan sobre nuestra real condición de ser una hoja en la tormenta sin la más mínima conciencia hegeliana de sí. En vano Scalabrini. Rehaciéndose desde su pintura desvaída resurgiría Canning.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Los ingleses fueron extraños aliado e invasores, esa paradoja es la misma del tejido histórico, su minucia y su espantajo. Scalabrini se acerca a pensarlo sin abandonar su anterior impregnación literaria, no digo sus cuentos algo decadentistas de los años 20, sino su metafísica macedoniana de los 30. Por eso el “hombre colectivo” hace fuerza para alojarse en los poros de la teoría del imperialismo de Lenin. Su escribir delata una circunstancia, la del intelectual que carga sobre sus espaldas una tarea redentora a costa de denunciar las inagotables falsedades mundanas. Este arquetipo lo vemos hoy desfalleciente. Su indicio contrapuesto es precisamente, entre tantos otros, el del propio Martín Kohan. Debo confesar, individuo gustoso de lo reversible que soy, que me interesa por eso. Aunque no solo por eso, porque permite seguir pensado el acaecer que llamamos historia en el filo de la crítica a un esencialismo que nos lleve al vacío de creernos repletos. Pero también a un barrido irónico que, si apunta mal su flechazo cáustico y elegante, nos deja solo con una sonrisa mordaz en que se escurren escenas que resultan constantemente adversas a todo compromiso. No digo con lo histórico consabido, sino con los sagaces enredos de un burlón pasado que a pesar de todo nos permite la rareza de ser argentinuchos. Este delicado juego no es inocente; cierto que podría no tener una sola pieza hecha de briznas despojadas de encanto, si lo dejamos a cargo de los “ideologues” de una persistente integralidad comunitaria. Nos darían como único consuelo para la fruición historiográfica, un origen mítico que para Kohan resulta siempre pobremente redactado, insignificante estuco apto para el gran ironista. ¿Y si no fuera así? Cuando en una calle que no se llama más Canning, una pizzería se sigue llamando Canning, es claro que vemos una resistencia de todo nombre a desaparecer por completo. Interesa como síntoma de lo incoloro que sin embargo nos persigue con su letrero despintado. ¿Pero será eso el colorete del Canning que navega sarcástico por los ríos subterráneos del país?</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Por más que Scalabrini no recibe de Kohan ningún maltrato en el artículo que comentamos, no puede escapar del ciego destino de una obturación, desde la que se permitiría la sospecha de que todo este vértigo habría algo de malvinoide, de nacionalistacho. ¿Quién no sabe que al escribir una historia la debe escribir otra vez, aunque sea por su reverso? Además, en los letreros de la calle, Scalabrini Ortiz tiene la desdicha de ser un nombre largo, dos apellidos, uno italiano y otro español. Su padre coleccionaba huesos en el Paraná, y era amigo de Ameghino, que le puso scalabriniteriun a un mastodonte de miles de años, sus huesos hundidos en la llanura. Cuando se construyen subterráneos suelen surgir esas osaturas. Ahora bien, caminando por esa avenida he podido consignar que el munícipe, optando por lógicas abreviaturas, decidió escribir “S. Ortiz”. Y así es probable que se lo vaya recordando, con esas sinopsis que, por obra de comprensibles molicies, lo deje convertido en Ortiz, a secas. Como el “Coronel Díaz”. ¿Quién es? ¿Alguien lo sabe? Hay decenas de coroneles díaz en el discurrir de la historia argentina, sea o no una abstracción. Dada su condición de representar a todos los Coroneles y a todos los Díaz, es difícil que alguna vez este significante vacío, permítaseme decirlo, cambie de nombre. Hay que poner allí las tintorerías; tienen garantía que jamás quedarán huérfanas de amparo patente en las placas de una eterna señalética, con perdón de la palabra. Todavía es lindo caminar por la ciudad y pensar en cosas muy variadas. Pero si uno piensa en la historia, hay que tenerle menos miedo que cuando cruzamos distraídos una calle.</span></p>
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<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 18 de junio de 2018</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, escritor y ensayista. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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		<title>La espesura &#8211; Por Horacio González</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Jul 2018 17:07:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Horacio González]]></category>
		<category><![CDATA[Clausewitz]]></category>
		<category><![CDATA[Cooke]]></category>
		<category><![CDATA[Eva Perón]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></category>
		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La espesura del peronismo es de carácter trágico y está compuesta de momentos elevados, tormentosos, de fervores y caídas. Horacio González reflexiona acerca de qué clase de espesura contiene hoy el peronismo para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/la-espesura-por-horacio-gonzalez/">La espesura &#8211; Por Horacio González</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em><strong>La espesura del peronismo es de carácter trágico y está compuesta de momentos elevados, tormentosos, de fervores y caídas. Horacio González reflexiona acerca de qué clase de espesura contiene hoy el peronismo para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</strong></em></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>Por Horacio González*</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>I</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Hay una espesura en la historia compuesta de momentos elevados, fervores tormentosos, sangre, alborozos y caídas. Se hace cierto que lo que perdura contiene los trazos más dramáticos del ascenso y los rasgos más notorios de la caída. Si los pensamientos habituales, cuando nos ponemos un capote de seriedad, son aquellos del tiempo lineal y acumulativo, cuando nos dirigimos hacia lo real vivo como historia, en cambio sobrevuela sobre nuestras cabezas y nuestro espíritu un desorden repetitivo, una madeja que se dio una y mil veces y para desesperación nuestra, nunca del mismo modo. El peronismo, la expresión peronismo, habla principalmente de eso. No es que se la descarte como una de las tantas formas en que se extiende en el tiempo una identidad política. Pero en realidad lo que parece interesar más de ella es decir hoy qué clase de espesura contiene para que siga despertando querellas, debates e interpretaciones.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Véanse varias circunstancias de esa espesura, es decir, de la frondosidad de planos que se superponen y a veces enroscan en una jungla de significados dormidos, que se despiertan ante cualquier viento en la hojarasca. El peronismo según el que le dio nombre, se preparó largamente. Tuvo sus escritos y letanías, canciones percusivas y palabras de amor y de guerra desde los estrados. A las tradiciones de ideas que gobernaban la argentina, positivistas, yrigoyenistas, socialistas, nacionalistas, les antepuso un cuadro clasificatorio con normas de acción, moralidades y sentencias que intentaban codificar la astucia. Lo llamó conducción política, y puso así ante una ostensible dificultad a los intelectuales que lo apoyaron, pues ninguno de los que al cabo resultaron los más relevantes, abandonó su lenguaje propio para comenzar a hablar “el idioma de la conducción”. Este idioma suponía “conocer a los hombres”, saber cuánto podía esperar de ellos según la persuasión que les era dirigida, la compensación de un paso en un sentido con otro en el sentido inverso, el resumen de esos “choque de voluntades” con la creación de una posición especial de mira, que era el saber desde la colina, punto de vista que solo le era reservado al conductor. Scalabrini, Jauretche, Marechal, Puiggrós y muchos otros se las arreglaron para apoyar de distintas maneras, empleando diversos ángulos y matices, sin perder su lenguaje propio, que era el que tenían (la gauchipolítica, el hombre colectivo, la alegoría adánica, la etapa democrátrico-nacional-, respectivamente) antes de aparecer las palabras que se decían en nombre de Clausewitz y el propio nombre de Clausewitz.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo llevaba al peronismo a hablar de revolución mientras tenía, en su conciencia previa, el espectáculo de un mundo donde competían dos clases de revoluciones, la bolchevique y la fascista. No quiso parecerse a ninguna de ellas ni mirarlas solamente por el reverso; quiso en cambio contenerlas en sí mismo, en una simultaneidad que implicaba aplacarlas, limitarlas, pulirlas, quizás moderarlas para siempre. Es posible que como en los grandes momentos de crítica a las revoluciones, esos espíritus templados eligieran también un lenguaje revolucionario para interceptar unas revoluciones que parecían, y eran verdaderamente, grandes movilizaciones que en un caso suponía expropiar a las burguesías y en el otro purificar la raza. La movilización peronista fue una metáfora combinatoria, el inconsciente mitigado de las otras dos, sigilosa en la lengua de su creador, esa composición de esas dos revoluciones entrelazadas, mejor dicho tornasoladas, tejidas con ambos hilos pero todo con matices que fueran los máximos posibles. ¿Entonces no aportó nada el peronismo? De ninguna manera, aportaba a su sentido de movilización un semejante sentido de control, de disciplina, de lengua doctrinaria que se fusionara en la horma feliz de la “comunidad organizada”. Sin embargo, albergaba en su seno la palabra revolución, la había dicho, la había escrito, la hizo figurar en los escritos oficiales.  Y es fama que también dijo que los hombres empresarios, los poderosos de siempre, los oligarcas, mejor la aceptasen antes de que debieran enfrentarse con revoluciones más huracanadas, que ya se conocían y eran las que el peronismo, revolucionariamente, venía a conjurar, sin duda a evocar, y seguramente a frenar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Esto originó una espesura y esa espesura fue la tragedia del peronismo. La espesura no hace preguntas a su identidad previa sino se tienta por un origen donde enreda las secuencias preexistentes, las combina, las sopesa, las pone en platillos distintos, y los desea equilibrados. Que uno compense al otro, que lo que se mueve de un lado, se contrapese del otro. ¿Cómo proceder antes esos movimientos que parecían tomados de alguna ciencia física? El conductor, figura extraída de textos muy antiguos y que en Clausewitz -lectura favorita de Perón-, no aparece con ese nombre necesariamente, sino bajo las designaciones de jefe, o comandante en jefe. En el capítulo sobre el genio militar -que envidiarían tanto los positivistas como los vitalistas-, Clausewitz dice que <em>“a Napoleón le asistía por completo la razón cuando afirmaba que muchas de las decisiones que tiene que tomar un general constituyen un problema de cálculo matemático, digno del talento de un Newton.”</em> La introducción de este lenguaje en la política habitual en torno a las ideologías políticas argentinas entrañó una gran mutación. De las ideologías en pugna se pasó a la lucha de voluntades y a los campos de fuerza, entendidos de una manera geométrica. Al declararse más allá de las ideologías, con frase de sabor nietzscheano, Perón inferiorizó al “ideólogo” -como Napoleón-, y postuló la primacía del profesional de la <em>conducción</em>. Lo caracterizó y se caracterizó entonces como un profesional de la mediación, la astucia, la oportunidad y también, como en Clausewitz, de la indeterminación y el azar. Pero menos. No pensó que tantos juegos con el peligro -esto es también Clausewitz puro, al que también leyó Lenin-, terminaran en tragedia. La espesura del peronismo es de carácter trágico.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>II</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">A eso me refiero entonces cuando postulo el concepto de <em>espesura</em> para interpretar el peronismo. Primero, su origen sobre-determinado, donde confluyen socialistas, comunistas, anarquistas, radicales, en fin, el peronismo surge del vacío que se produce en la conciencia de esos militantes- o de la fisura que se da en esas tradiciones políticas-, pero faltaba el nombre del que por las noches viajaba a Berisso a hablar con los obreros de la carne, y hacía discursos obreristas para obreros y para empresarios, con tonalidades diferenciales en cada caso. (Para una interpretación de actualidad véase la filmación que difundió el Grupo Octubre de la recreación de la reunión de Perón en 1944 -encarnado por Palomino, muy bien por cierto-, con los empresarios de la Chade, o algo parecido; un modelo de negociación muy elocuente). Por lo que podemos apreciar, las tesis sobre “preparar las acciones, ejecutarlas y explotar el éxito”, que guiaban el pensamiento de Perón, a la manera de un partidario de la acción racional con arreglo a fines, se superponían al drama en curso. La reclusión en Martín García, las cartas a Evita, el retorno, el discurso en la Plaza, el “dónde estuvo” de la multitud de futuros peronistas, las teas encendidas con el diario la época del yrigoyenista Colom, el balcón, tan filmado por el cine argentino: solo dos ejemplos, De Sanzo con guión de  J. P. Feinmann (las figuras tomadas desde atrás: novedad), y por Favio (también tomadas desde atrás, pero las figuras contornándose en un sutil balanceo de derecha a izquierda: otra novedad), donde era posible ver la forja del mito y a la vez la forja de los relatos posteriores sobre el mito. ¿Quién hizo todo eso, Evita, Blanca Luz Brum, Cipriano Reyes, Perelman… o ese síntoma difuso que parece un vacío y en su fondo último era un llamado? En todo caso, muchos se lo atribuyeron. Ya estaba allí la espesura del peronismo. Peronismo y espesura de un acto legendario -con interpretación económico-social-, ya iban de la mano. Incluso a la hora de dar un nombre a todo aquello, Perón comenta que finamente no quedó otra alternativa que darle el suyo, en tanto síntesis maestra, llave conceptual del todo.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Decimos espesura para querer significar las estaciones de una serie dramática, espectacular. A los cuadros que había pintado Clausewitz sobre el jefe y las pasiones del soldado, lo hacían temblar los numerosos pasajes con que se iba configurando la identidad peronista, sin el metodismo asombroso que le otorga el teórico austríaco-prusiano a su teoría de las pasiones. Blasones, banderas, escudos que replicaban con estilo art-decó el escudo nacional, canciones, la marchita desde las periferias carnavalescas de los años 30 hasta la sinfónica del Colón y la voz de  Hugo del Carril, que acaso luego pensó en que no podía deshacerse más de ese sello definitivo que ofrecía a la movilización social su timbre épico, las parábolas de Mordisquito, el juego entre la fiesta y el odio, el fuego y los bombardeos, los mártires, los conspiradores, el peronismo como nombre general de todo el enjambre comunitario y el sistema educativo, la foto del tranvía con los muchachos subidos en su techo, componiendo un trascendente y raro conjunto humano y mecánico, movilizado por el peronismo y la electricidad.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La Iglesia: su apoyo al comienzo fue evidente y una inmensa documentación lo confirma. De todo ello ni quedaría el padre Filippo, aunque como siempre la voz de alerta del padre Benítez siguió hasta el final, pues el confesor de Evita, como eminente teólogo que era se dispuso a acompañarlo todo hasta el final. En las tesis de Horacio Verbitsky, el golpe sangriento del 55, fue un golpe primigeniamente eclesiástico con un ala militar, y no al revés. Sugestiva cuestión. Si es así, el modo de aceptar tal derramamiento de sangre, tan desproporcional -las quemas de iglesias habían subido a su vez la apuesta, pero asimismo eran reacción a las bombas colocadas entre la multitud por los comandos civiles-, indicaría de que se trataba de una iglesia que aceptaba las proposiciones de la “salvación por la sangre”, tal como lo expresan los textos ultramontanos de Joseph de Maistre contra la Revolución Francesa. Lo mismo ocurría a mediados de los 70. El largo exilio de Perón es quizás el aspecto dramatúrgico más importante de lo que aquí llamamos la espesura del peronismo. La correspondencia que el exilado entabla con Cooke es una pieza candente, no hay nada parecido por la intensidad polémica que tiene y la lección humana que contiene respecto a la “pérdida del reino”, el habla de los conspiradores que están fuera del Estado que antes poseyeron. Los nombres de los resistentes armados fueron muchos y abundan los martirologios, los torturados y los primeros desaparecidos. Los episodios del retorno se realizan en un clima de tercermundismo, socialismo y empuje revolucionario. La fusión de los dos grupos armados más importantes, Far y Montoneros, es saludada por la revista Pasado y Presente, conocida publicación de los gramscianos argentinos, como el hecho más relevante de la época.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">En Ezeiza, a la hora del retorno definitivo, Perón tuvo que optar, rompiendo de hecho la trama arácnida que había compuesto con los equilibrios entre las facciones que adoptaban el nombre del peronismo -pues él así lo había consentido-. Eligió una de las versiones que sintió más cercana. No se podría decir, en tanto, que al descartar, progresiva o súbitamente al ala socializante, no haya sentido cierto escozor. Eran sus propias lecturas y formulaciones estratégicas, y el mismo operador vacío que había dispuesto en torno a su figura de conductor, lo que se estaba despedazando.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>III</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte oscura de ese espesor histórico del peronismo es entonces la quiebra del nombre. Su línea interior organizativa -gremios, partidos, ramas, movimiento, veinte verdades-, y su línea elegíaca -nunca mejor confirmada en el llanto por Evita y la elaboración moral de su Altar Cívico-, podían entonces formar parte, ya, de los grandes motivos del recuerdo de una época de la que se dijo que fueron los “años más felices de la vida popular”. No podía imaginar el peronismo que si irrupción, tan preparada como casual en la historia nacional, iba a dar otro resultado que el autoasignado, el de la “felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”. Pero tocó tantos nervios sensibles de los antiguos poderes con los que intentó no pocas alianzas, que exigió de la cruz y la espada protagonizar los actos siniestros que bien conocemos -el ataque militar sorpresivo a una ciudad capital con bombardeos aéreos múltiples y desatinados-, y que originaron una onda persistente de repudios, que acentuaron la fragua resistente, la leyenda vivía de la lucha, el sacrificio y el retorno.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Algo intuyó Perón de lo que significaba esa época de militantes armados. La idea de la conducción incluía averiguar, interceptar, contener. Taco Ralo, hecho sin el acuerdo de Cooke en el mismo año en que éste fallecía -amargado, sin embargo irónico ante la muerte, donando sus restos a los estudiantes de medicina-, mostraba que Perón deseaba tener su propia guerrilla, tan improvisada como fuere, dócil, y no fuertes organización complejas, con cuadros que venían de la izquierda y que aunque uno de ellos fuera uno de los máximos filósofos jóvenes de su tiempo -Carlos Olmedo-, dijera que el peronismo “no era un club donde uno entraba, sino una forma de la historia popular donde siempre se había estado aun sin saberlo”, parecía evidente que esos núcleos tan ensamblados en sus ejes propios, no iban a aceptar la orden propia de las guerras clásicas concluidas, la orden de “desmovilización”. La quiebra del nombre no es fácil. Decir “infiltrados”, “traición”, “burocracias burguesas”, podían ser diferencias válidas de trinchera, pero la tragedia, en el sentido de la lucha por un nombre que, respecto del pueblo, “se lo había sabido conquistar”, según definía la célebre marchita, seguía ingresando como aceite viscoso en la memoria militante del país y en capas profundas de la sociedad.  </span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">No estiraremos más de este punto una historia conocida, toda sombreada por este tinte de despilfarro de vidas, desgarro de identidades y cuerpos entendidos como materia prima que mostraba hasta dónde estaba dispuesto a llegar el Estado, ente oscuramente aglutinador donde parte del peronismo estaba incluida y su espejo inverso era, por cierto, antiestatal. Perón, ya muerto -el “muerto” como le dijo secamente Balbín en el discurso de despedida-, no lo hubiera imaginado de este modo. Arguyó que su revolución era en paz, y es posible creerle en absoluto. Su viaje por Italia y España en fines de los años 30, lo había convencido de dos cosas. Que las masas populares acompañaban en situaciónes extremas las ideas revolucionarias (Rusia, Italia) y que cuando ambas posiciones extremaban sus diferencias, una nación marchaba inexorablemente hacia la guerra civil (España). Por eso había que ensayar una forma débil de enhebrar aquellos ecos de las multitudes romanas y soviéticas, para encuadrarlos en una revolución nacional con promoción de amplias políticas sociales, y comenzar a dar indicios de pacificación en un país donde   hasta hacía poco, nacionalistas y comunistas expresaban en las calles sus diferendos, unos con las Ligas Patrióticas, otros con el Buró Latinoamericano de la III Internacional, que había apoyado la revolución de Prestes en Brasil, sin faltar los yrigoyenistas armados, que hasta mediados de los 30 contaban incluso con un sector militar.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Es posible concebir a un Perón dubitativo en el trasfondo último de su conciencia de jefe, que no filtraba fáciles indicios de intimidad. ¿Dubitativo de qué? De si había hecho bien romper tan tajantemente con los que hasta hacía poco había alentado. Sus últimas palabras sobre la herencia -es el “pueblo”-, dejan una filigrana de vacilación. Estaba en juego su ideal del Conductor, que contenía todo lo que pronunciase él y lo que se pronunciase en su nombre. Eso ya no era posible, incluso porque en su retorno, había intuido con fuerza insospechada, que en el fondo venía a reponer su nombre sobre su propia figura como sujeto unívoco de enunciación. Todas estas circunstancias en torno a la herencia podrían ser todo lo épico-trágicas que nadie interesado por la convulsión social argentina podría desmentir, pero no podía escaparse del espíritu avizor de cualquier peronista que de ahí en adelante el peronismo cargaría su espesura histórica como un gabinete de puertas entornadas, un diadorama observable en góndolas vidriadas, una espesura gélida.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La espesura gélida corresponde a un peronismo que tiene una vastísima historia repleta de momentos hagiográficos, relatos al modo de la vida de santos, el Acta Sanctorum erigida en la memoria como pocos pueden tenerla, pero he aquí el problema, de un modo congelado. Los manuales de tratamiento ritual están a la orden del día, no les falta acompañamiento popular pues si bien no todo “está grabado en la memoria”, como dice León Gieco, persiste en sectores incluso juveniles de la población una atracción por la gesta del peronismo, que hoy, y por esa vía, puede evitar a las militancias de izquierda tanto como a la los intercesores con el capital financiero mundial de los que ofertan como “peronistas racionales”. Pero la apelación al peronismo sin más es una pieza arrojada a un complicado campo de operaciones políticas, donde lo que está a la orden del día es la captura del voto kirchnerista-peronista y en segundo lugar, diseñar un concepto de “peronismo” capaz de horadar las vicisitudes concretas del reciente tiempo histórico, a fin de absorber al kirchnerismo –“que de una señal de generosidad y se abstenga”-, y de artificiosa vida a su espesura escultórica ya consolidada, para ser un posible relevo de una “nueva argentina” -pero sin novedad y sin argentina, sin nada de lo que conocimos bajo ese nombre.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>IV</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">El kirchnerismo tiene su espesura propia también. En cierto sentido se superpone a la del peronismo, pero contiene zonas propias y específicas. Son zonas vivas, que no siempre suelen ser reconocidas de ese modo por los propios kirchneristas. En primer lugar, el “modelo de llegada” al gobierno consistió en una aserie de contingencias inhabituales aun en un mundo político del cual siempre se sabe que se caracteriza por hechos impensados y acontecimientos inesperados. Luego, la clara certeza de que habían cambiado los tiempos -como se le recomendaba al príncipe maquiaveliano, el tiempo gira &#8211;<em>e le cose girano</em>-, y que había que marcar con simbolismo de súbita pureza ese hecho: descolgar un cuadro fundamental en un lugar fundamental, abrir la ex Esma, reforzar los juicios. Y después el aire de excepcionalidad acontecimiental. Convivían en el gobierno kirchnerista actitudes sumamente acogedoras de la novedad no fundada en rígidos antecedentes peronistas. Se libraron así fuerzas significantes que estaban paralizadas desde los años 70 y se dejó abierto el problema del guión que separaba a kirchnerismo y peronismo. El guión los unía y los separaba al mismo tiempo, e impedía el debate urgente sobre si había allí en reposo, pero a punto de despertar una dialéctica por la cual del peronismo cuyos signos estaban estancados, el kirchnerismo extraía su fuerza en la capacidad selectiva de desbrozar uno de otros y de absorber en su propio nombre el nombre del peronismo. No obstante, nadie se animó a decir tanto, y por momentos, el refugio del kirchnerismo en el peronismo salvaguardaba de las inclemencias de la real-politik, mientras por acciones laterales se buscaba implícitamente desligar la zona activa del peronismo de su atadura ritual, y volcarla como letra viva en las entrelíneas del peronismo. El nombre de Cámpora, invocado nuevamente, servía para ello.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">De tal modo en el kirchnerismo hay también una espesura propia, que comparte y refina la del peronismo, no siempre de una manera asumida teóricamente, sino con un ademán culposo. ¿No sería mejor invocar al “peronismo sin más” en vez de idealizar secuencias innovadoras con planteos frentistas más coherentes? Porque el peronismo sin más es un mar sin contornos, donde habita una derecha ideológica encubierta en los más diversos matices. Por eso el alfonsinismo tuvo con el radicalismo la misma relación que el kirchnerismo con el peronismo: síntoma de reposición de temas movilizantes, quitándoles el moho, actualización desprejuiciada de conceptos, y formulación de una tibia dialéctica que permitía “superarlos, pero conservándolos en su carácter de veneros de la memoria”. Pichetto y Morales representarían en este cuadro la “implementación” de las antiguas gestas entumecidas y heridas fatalmente por la ambigüedad que destilaban, al servicio del macrismo, tomándolas ya como el eslabón final donde cancelan de su pasado todo lo que salía de un núcleo de orden estatal conservador, con raíces en una porción popular atemorizada por el avance del neoliberalismo represivo, al cual se acepta como nueva etapa de la historia.</span></p>
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<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;"><strong>V</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">La situación actual del país supone una apertura total de sus fronteras territoriales, imaginarias, institucionales, simbólicas; en suma, la extinción del soberanismo clásico al conjuro de la extinción de las pretensiones anteriores de contar con un núcleo industrial ligado al mercado interno y un Estado regulador con la fuerza de sus empresas públicas y bancos controlados por organismos e instancias públicas. La porción planetaria llamada “argentina” no propone ya ningún obstáculo a la circulación libre de mercancías de consumo final o ensamblaje, desde semillas transgénicas a autopartes, derivados financieros, fusiones corporativas -telefónicas y cables-, desmantelamiento de porciones completas del Estado anterior, endeudamientos colosales que dan paso a sismos especulativos periódicos, una hipótesis general de dotar al ex país de una circulación financiera reduplicada por deudas montadas sobre deudas, manejo de la ilegalidad a través del aparato judicial y de las fuerzas armadas-guardias nacionales que son parte de la circulación y meta-circulación del capital con la metáfora de “fuerzas de despliegue rápido”, la creación de un enemigo interior perenne, con un significante vacío nombrado como narcotráfico, donde pueden caber todos los movimientos sociales, desde el feminismo al indigenismo, según el grado de dificultad que ofrezca cada uno y el grado de cooptación que pueda ejercerse sobre ellos.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Un soberanismo que apele a nociones más enriquecidas -como se dice del uranio enriquecido-, de impulsos autonomistas, liberacionistas, autoreflexivos, con capacidad readquirida de esquivar o rehacer los sentidos comunes, de ver las identidades no desprovistas de dialécticas propias, sería así un soberanismo capaz de rever la cuestión nacional con criterios más auspiciosos que aquellos hoy en práctica. Es decir, la dilución nacional en el juego de fuerzas financieras y sus derivados de todo tipo, donde finanzas y políticas de dominio mundial se conjugan. El espesor ya configurado de un peronismo, que declama su unidad como una sumatoria reactiva a su propio autoanálisis, no podrá ser la base efectiva de un gran territorio de ideas que alimente el flechazo masivo, en su momento y lugar, en su hora y su espacio correspondiente, que deberá ser asestado al proyecto de asfixia de las estrías de la vida nacional.</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #000000;">Parte de ese espesor, recaído en el kirchnerismo, que lo tiene a su vez como propio (en lo que innova y en lo que lo lastra, aquellas deficiencias ostensibles sobre las que nunca serán inoportunas las reflexiones de auto indagación) no puede ser nuevamente transferido a la casamata central del Peronismo con sus bustos ya barnizados. El abismo del que ya estamos cerca, merece que revivan las fuerzas conocidas más lúcidas para entrever de sí mismas -de su espesor histórico-, cuales de ellas deben ser explicadas nuevamente, cuales deben ser mentadas con respeto o melancolía, cuáles deben ser replanteadas, cuáles descartadas. Y toda composición ya conocida también sabe que su trama interna exige no solo la reiteración de sus estimables rutinas, sino cultivar la ansiedad por saber lo que todavía no se conoce. Revolver memorias, porque para que haya nuevas instituciones de lucha autonomista tiene que haber una relación con el espesor de la historia, que equivale a liberar memorias, consagrarlas como tales cuando desean ser institución y no aceptar instituciones que solo saben de sí mismas que su afán y tarea es petrificar memorias.  Nos parece que al momento, silenciosa o no, misteriosa o locuaz, el nombre de Cristina Kirchner aparece privilegiadamente para darle un sentido -no personal, sino colectivo-, a la serie desglosada de espesuras de distintos alcances que parecen flotar inconsecuentes ante nosotros.</span></p>
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<p><span style="color: #000000;">Buenos Aires, 28 de julio</span></p>
<p><em><span style="color: #000000;">*Sociólogo, ensayista y escritor. Ex Director de la Biblioteca Nacional</span></em></p>
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