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	<title>David Sibio archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>David Sibio archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>RESONANCIAS &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Apr 2024 12:37:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[Anarcocapitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Kemplerer]]></category>
		<category><![CDATA[lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Milei]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuál fue la primera palabra específicamente anarcocapitalista que escuchamos? El docente de filosofía David Sibio sostiene que las palabras-arsénico siguen actuando sobre el cuerpo social y han descompuesto lo que hasta hace poco funcionaba como una lengua democrática. Y afirma: Necesitamos un antídoto para el lenguaje de la Argentina 2024.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-f902d5d425abba6e4fbb64f5df246486 wp-block-paragraph"><strong><em>¿Cuál fue la primera palabra específicamente anarcocapitalista que escuchamos? El docente de filosofía David Sibio sostiene que las palabras-arsénico siguen actuando sobre el cuerpo social y han descompuesto lo que hasta hace poco funcionaba como una lengua democrática. Y afirma: Necesitamos un antídoto para el lenguaje de la Argentina 2024.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee90429b0b820142aaff8dd86c09159 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7ba69c980ce85bfb8705f3759fd9cff2 wp-block-paragraph">En un cuento que leí hace muchos años, un pueblo ingiere, a través del agua, algún tipo de sustancia que provoca la pérdida progresiva del lenguaje: a ver, o sea, digamos. El diálogo final del relato se deteriora hasta volverse incomprensible: las palabras se transforman en letras amontonadas, sin significado, que se leen como ruido. Así, el pueblo, como microcosmos del mundo, se desvanece en la oscuridad. Sin palabras no vemos cómo sigue esa historia y solo podemos imaginar lo que ocurre cuando se derrumba la civilización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b594d1c523d5e0355af1bc4022fd7ae8 wp-block-paragraph">Todo lo que sucede está mediado por el lenguaje. La literatura, en un sentido amplio, tal vez tenga como tarea (como misión) articular el lenguaje para imaginar posibles realidades, alternativas. En esta definición acotada, la literatura es un laboratorio: qué pasaría si… (<em>what if</em>…). Casi se podría asumir que leer es una <em>praxis</em> preventiva (asumamos que la buena ficción también tiene ese rol: nos muestra que hay mundos por los cuales es mejor no transitar, que es mejor hacer lo posible para evitarlos, incluso cuando esos mundos tienen su origen en algo que sí sucede aquí y ahora). Un hecho se desarrolla y es comprensible, como la ficción, por medio de las palabras. Así, las palabras iluminan los “posibles”. Mejor prevenir que curar, mejor leer que padecer.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e1eb7e30866c17f3a4049657c1b238d6 wp-block-paragraph">Un texto resuena en y con la realidad del lector. El cuento que mencionamos al principio nos dice: cuidado con lo que ingerís, podés perder el lenguaje, sin lenguaje hay un abismo, sin lenguaje no hay civilización, mirá lo que pasa con este relato, las palabras dejan de ser. Se pierden y ya no queda nada. Adiós. El horror, el horror: a ver, o sea, digamos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2e11fcaef3cc81ac45a1cb5522626947 wp-block-paragraph">Las palabras se pueden destruir para reducir el lenguaje y moldear el pensamiento único, como en la neolengua de <em>1984 </em>de George Orwell, o pueden sufrir una modificación para alterar su sentido y banalizar su carga histórica. Estas opciones no son excluyentes: se pueden destruir algunas palabras y cambiar el sentido de otras. El camino al pensamiento único no es ningún misterio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da7413cc16ad517703b1237f2574f046 wp-block-paragraph"><em>LTI</em> son las siglas de <em>Lingua Tertii Imperii</em>, lengua del Tercer Reich. Este es el título del inquietante libro del filólogo Victor Klemperer. En la Dresde de los años treinta del siglo XX, Klemperer era un estudioso de la filosofía francesa del siglo XVIII y ejercía, además, la docencia universitaria hasta que el nazismo llegó al poder y comenzó la persecución contra el pueblo judío. Desplazado, Klemperer se ocupó entonces de escuchar, registrar y pensar lo que pasaba con la lengua alemana (su lengua) mientras se desplegaba el régimen de Hitler y sus secuaces. Todo lo que pasa está mediado por el lenguaje, y el Tercer Reich no fue una excepción. De hecho, lo que Klemperer narra es que el nazismo pudo introducirse en la carne y en la sangre de las masas no a través de una propaganda adoctrinadora, ni a través de los discursos de Hitler y Goebbels, sino a través de palabras aisladas, de expresiones y formas sintácticas que se impusieron por medio de millones de repeticiones que luego fueron adoptadas de forma mecánica e inconsciente. Las palabras entraron al cuerpo social como veneno. Según Kemplerer, las palabras en la LTI son como dosis ínfimas de arsénico que se tragan y que parecen no tener efecto hasta que, luego de un tiempo, es demasiado tarde y producen su efecto tóxico: modifican la relación simbólica entre los seres humanos, y de los seres humanos con el mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-caeb3a24f8db782a1d02f99e904e8e6f wp-block-paragraph">En unas páginas dedicadas al registro de las primeras palabras que Klemperer identificó como específicamente nazis, el autor relata la historia de un muchacho muy joven al que llama T. Lo describe como un niño prodigio de origen humilde que logró hacerse desde abajo, a pesar de los obstáculos y condiciones adversas. Klemperer trabó amistad con el joven, y con el paso del tiempo el muchacho se convirtió, para Klemperer y su esposa, en una especie de hijo adoptivo. Pero la relación terminó por diferencias políticas cuando llegó el nacionalsocialismo. T. simpatizaba con los nazis y cuando Klemperer cuestionaba esa postura, T. le respondía convencido: “No quieren nada distinto que los socialistas, también son un partido obrero.” Klemperer insistía: “Pero, ¿no ves que quieren la guerra?”, y T. respondía: “A lo sumo una guerra de liberación en beneficio de toda la comunidad del pueblo y, por lo tanto, también de los trabajadores y de la gente humilde…” La escena continúa con Klemperer intentando que T. pueda entrar en razón desde el lado afectivo: “Has vivido durante años en mi casa, —le dice Klemperer a T.— ya sabés cómo pienso y a menudo decías haber aprendido mucho de nosotros y coincidir con nosotros en tus valoraciones morales…, ¿cómo podés entonces apoyar a un partido que me niega la condición de alemán y la humanidad por causa de mi origen?”. La respuesta de T. resuena de modo escalofriante en la actualidad argentina: “Te lo tomás demasiado en serio, <em>babba</em> —el uso del sajón <em>babba</em>, dice Klemperer, intenta bajar el tono de la discusión— Todo el lío con los judíos sólo sirve de propaganda. Ya vas a ver, cuando Hitler llegue al poder, tendrá otras cosas que hacer que insultar a los judíos&#8230;”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-105c8ccacf21398f474bb57318727675 wp-block-paragraph">La intención aquí no es afirmar que el gobierno votado en noviembre de 2023 es igual al nazismo. Lo que se busca es llamar la atención sobre el razonamiento de T. Hay una forma imposible de ignorar, algo que resuena como un eco siniestro en nuestro presente: ¿cuántas veces escuchamos esta extraña respuesta cuando advertimos a nuestrxs conciudadanxs sobre el peligro de votar a un sujeto que nos amenaza con una motosierra? ¿Cuántas veces escuchamos “lo voto porque sé que no va a hacer lo que dice”? ¿Acaso no es al revés, no se vota a un candidato a la presidencia por lo que dice que va a hacer? ¿Cómo es posible esta extraña respuesta? ¿A qué lógica responde? ¿Qué les pasó a nuestras palabras?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-cbb274c6df37fb464b495876d6e29239 wp-block-paragraph">La primera palabra específicamente nazi detectada por Klemperer fue <em>Strafexpedition</em>, que significa “expedición de castigo”. No se trataba de una palabra nueva creada por los nazis. Era una palabra existente sobre la que se operó un cambio de sentido, que modificó la forma de pensar de los seres hablantes de la época que le tocó atravesar a Klemperer. T. había participado de una <em>Strafexpedition</em> contra unos “comunistas insolentes”. La expedición de castigo consistía en “hacerlos pasar por un túnel de porras y darles un poco de aceite de ricino, <em>nada sangriento</em>, pero, eso sí, muy efectivo.” Fue la primera palabra específicamente nazi que escuchó Klemperer y la última que T. le dijo por teléfono. Luego Klemperer cortó la llamada y, con ese gesto, su vínculo con T. La palabra <em>Strafexpedition</em> transformaba el abuso y la agresión en la actividad lúdica de un grupo de amigos: nada sangriento, una expedición de castigo. Quien controla las palabras —dice Gramsci— controla la realidad.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-55226c1341b9ce82534f72afb140d3b0 wp-block-paragraph">¿Cuál fue la primera palabra específicamente anarcocapitalista que escuchamos? ¿Fue la palabra “libertad” como rienda suelta del resentimiento o de la razón del más fuerte? ¿O fue antes, cuando se asimiló la noción de “derechos humanos” al curro? ¿Fue la palabra “¿Estado” como un pedófilo en un jardín de infantes, o como una organización criminal? ¿Fue la vieja palabra “política” entendida ahora como una disciplina dedicada al hurto? ¿Fue la palabra “zurdo” con su historia banalizada para ser convertida en una palabra viral que aparenta no marcar un enemigo? ¿Fueron todas juntas? Las palabras-arsénico siguen actuando sobre el cuerpo social y han descompuesto lo que hasta hace poco, con sus más y sus menos, funcionaba como una lengua democrática. Necesitamos un antídoto para el lenguaje de la Argentina 2024. Debemos recuperar nuestras palabras si queremos recuperar una vida democrática. Las palabras que se alteraron (política, Estado, derechos, libertad, etc.) son las que hacen legibles y decibles los fundamentos civilizatorios que la Lengua Argentina 2024 busca socavar. Como en la LTI, se destruye el lenguaje de lo humano y se lo reemplaza por una articulación des-humanizada, in-humana, que pone en riesgo nuestra existencia. Es urgente un orden democrático de palabras que represente un orden democrático de las cosas. Ahora, antes de que las palabras solo sean un montón de letras amontonadas.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8d59ff84579e64dd3b2a785aae96fe8 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 26 de abril de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
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		<title>EL LOCO DE LA MOTOSIERRA &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
		<link>https://lateclaenerevista.com/el-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 May 2024 16:07:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[El loco de la motosierra]]></category>
		<category><![CDATA[Ficción-terror]]></category>
		<category><![CDATA[Milie]]></category>
		<category><![CDATA[motosierra]]></category>
		<category><![CDATA[Tobe Hooper]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“El loco de la motosierra” es el título argentino que los video-editores le pusieron a la película “La masacre de Texas” del norteamericano Tobe Hooper estrenada en 1974. ¿Título argentino que anticipaba el estado mental actual de los  argentinos?</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-531cd7019a49828bd1519a9369a0af89 wp-block-paragraph"><strong><em>“El loco de la motosierra” es el título argentino que los video-editores le pusieron a la película “La masacre de Texas”, del norteamericano Tobe Hooper estrenada en 1974. ¿Título que anticipaba el actual estado mental de los argentinos?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee90429b0b820142aaff8dd86c09159 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4278672678cdfa413064741178c20c28 wp-block-paragraph"><strong>1.</strong> Cuando Hitler y sus secuaces envenenaron la lengua de la sociedad alemana lograron constituir lo que Hannah Arendt denominó el objeto ideal de la dominación totalitaria: personas para quienes ya no existe la distinción entre un hecho de la realidad empírica y la ficción, ni tampoco la distinción entre lo verdadero y lo falso. Un envenenamiento similar padece la lengua de la Argentina 2024, en la que prolifera un sujeto incapaz de distinguir un hecho de una ficción, y lo verdadero de lo falso. Esta situación de límites difusos permite a las ficciones moldear una mentalidad, y lo que es únicamente posible en la ficción, se vuelve aceptable en la realidad de los hechos. La ficción, como sostiene Ricardo Piglia, construye un discurso que no es, y no pretende ser, verdadero ni falso: todo el efecto de la ficción se juega en “ese matiz indecidible entre verdad y falsedad”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-e45f81a14ef797993164a02069d3ef9b wp-block-paragraph"><strong>2.</strong> En el libro <em>El Tercer Reich de los sueños</em>, la periodista Charlotte Beradt presenta un archivo compuesto por los sueños de las personas de a pie de los primeros años del nazismo en el poder. Los distintos registros oníricos —los sueños que presenta Beradt— demuestran que los efectos de la “Lengua del Tercer Reich” (v. Victor Klemperer)&nbsp; llegaron hasta lo más íntimo de los sujetos: la dominación es total cuando el sujeto no es libre ni siquiera a la hora de dormir y soñar. Leandro Levi y Soledad Nívoli sostienen que los sueños del libro de Beradt son “testimonios vivos del Tercer Reich que revelan el achatamiento al que se vio reducida la <em>palabra</em>.” Alguien sueña: “Cuento un chiste prohibido, pero por precaución lo cuento mal, de este modo ya no tiene sentido.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-aa5c24013909cc43592d4b61702e9f2b wp-block-paragraph"><strong>3.</strong> Para Beradt los sueños funcionan como un “sismógrafo” que anticipa las catástrofes políticas, una alarma que se enciende cuando hay algo peligroso que amenaza la vida colectiva: captan lo que la conciencia de la vigilia aún no logra atender. La actividad onírica también es un registro de lo que pasa en las mentalidades de una época: los “sueños no son un efecto del <em>shock</em>, sino un reflejo de sus impactos mentales y morales en el interior de los soñantes.” Levi y Nívoli afirman que el texto de Beradt “muestra los efectos concretos de lo político en el sujeto, ya que sus relatos oníricos, al modo de «fábulas», nos transmiten los mecanismos de la realidad totalitaria que por esos días marcaban la subjetividad.” Vamos a suponer que las ficciones (las fábulas) que producimos y consumimos tienen también este rol: son anticipaciones enigmáticas del por-venir que pueden funcionar como alarmas a las que deberíamos prestar una especial atención.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0eb4e790cd9474bfc5b0127eb893b679 wp-block-paragraph"><strong>4.</strong> La ficción es un elemento que suele aparecer en la política argentina. “Habría que hacer una historia del lugar de la ficción en la sociedad argentina. El discurso del poder —sostiene Piglia— ha adquirido a menudo la forma de una ficción criminal.” Los escritores suelen percibir en su presente los elementos y las formas de la realidad futura. No se trata de un poder profético, sino de una capacidad para comprender en el arte de la ficción, desde los restos del presente, lo que aún no es. “La ficción —continúa Piglia— construye enigmas con los materiales ideológicos y políticos, los disfraza, los transforma, los pone siempre en otro lugar.” Así, en cierto sentido, toda película es como el sueño de otro y nos puede dar las claves de una mentalidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-778a268aa2d4643e1670aeedcf73182b wp-block-paragraph"><strong>5.</strong> “¿Las películas de terror de Hollywood reflejan un estado mental norteamericano?” es la pregunta-título de un texto de Siegfried Kracauer. Allí podemos leer que en EE.UU&nbsp; fueron estrenadas tantas películas colmadas de terror y sadismo que se volvieron un lugar común. “El objetivo inicial era transmitir al público norteamericano la amenaza del nazismo: las torturas de la Gestapo, los desfiles relucientes alternándose con agonías silenciosas, la vida cotidiana en la atmósfera opresiva de una Europa conquistada por los nazis, etc.” Y finalizada la guerra, explica Kracauer, las películas de terror continuaron su marcha: “la extraña y velada inseguridad de la vida diaria bajo el régimen nazi se traslada a la escena norteamericana. Conspiraciones siniestras se incuban puerta de por medio, dentro de un mundo que parece normal: cualquier vecino confiable puede convertirse en un demonio.” El artículo es del año 1946, pero de haber sido escrito en 1960 seguramente podría haber incorporado a la película <em>Psicosis</em> de Alfred Hitchcock, entre los ejemplos que Kracauer nos ofrece. No solo porque incluye en su análisis algunos títulos de Hitchcock previos a <em>Psicosis</em>, sino porque la expresión “cualquier vecino confiable puede convertirse en un demonio” parece describir lo que pasa con <em>Norman</em> Bates cuando se convierte en <em>Norma</em> Bates.</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/I54LCHUTGVBBDKKLOZJQQKOHBI.jpg?auth=607b0c88ee4bcf9f1e56e645e1bec5020ee9d7a0ca5e5a49d4408604ebd4be75&amp;width=1960&amp;height=1470&amp;focal=3490%2C2080" alt="" style="width:488px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Natasha Pisarenko<em> (AP)</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-181623f94d573923e07684bbc4de45b7 wp-block-paragraph"><strong>6.</strong> La novela de Robert Bloch en la que se inspira esta película de Hitchcock, se basa en un hecho real: los crímenes del asesino y profanador de tumbas Edward Theodore Gein en el Estado de Wisconsin, EE.UU. Otra película, estrenada catorce años más tarde, también se basa en el mismo hecho real pero lo ficcionaliza de otro modo: en lugar de un individuo asesino, nos presenta una familia asesina. En este sentido, <em>La masacre de Texas</em> (1974) de Tobe Hooper, puede ser pensada como la ficcionalización del estado mental norteamericano luego de los crímenes del clan Manson. La película de Hooper&nbsp; narra la pesadilla que vive un grupo de cinco jóvenes amigos y amigas (entre ellos Sally y su hermano parapléjico Franklin) que viajan a una zona rural del Estado de Texas. El plan de Sally y Franklin es visitar la casa de sus abuelos, en la que pasaron momentos de su infancia. La casa, en el presente de la película, está deshabitada y en ruinas. Y mientras paran para visitarla, dos integrantes de ese grupo de amigos se van a recorrer los alrededores y se topan con otra casa. Es una zona rural desolada, y como espectadores podemos percibir algo extraño: pasa algo raro. Este punto de la película es el encuentro fatal con un monstruo, mejor dicho, con la familia de monstruos: un grupo de personas que trabajaban en los mataderos de la zona y que ahora (porque fueron reemplazados por un avance tecnológico, o porque los mataderos cerraron) están desempleadas y han quedado al margen de la sociedad, lumpenizadas: son asesinos caníbales, y el grupo de jóvenes, sus víctimas. <em>La masacre de Texas</em> es en realidad una ficción, pero una ficción que se basa en un hecho real. Entonces, <em>La masacre de Texas</em> transforma un hecho real en una ficción: transforma una pesadilla viva, una pesadilla real, en una pesadilla cinematográfica. La película comienza con una narración introductoria que le advierte al espectador sobre lo que va a mirar a continuación: los eventos de uno de los crímenes más extraños de los anales de la historia (norte)americana. El terror del film de Hooper se basa en este piso de realidad que vuelve más intensa la experiencia de sus espectadores. Pero por suerte, la película es una ficción y todos y todas estamos a salvo&#8230; ¿O no?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1636acb3a6d57e9e7cdb59212e1c6744 wp-block-paragraph"><strong>7.</strong> El monstruo que más destaca, en la familia de caníbales, es uno que lleva una máscara hecha con piel humana y usa una motosierra. <em>Asesina con una motosierra</em>. El título original de la película incluye la palabra “motosierra”, que en inglés es “chainsaw”: <em>The Texas Chainsaw Massacre</em>.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Que la palabra “motosierra” forme parte del título de una película de terror no tiene nada de raro. “Motosierra” y “película de terror” maridan bien, como el vino tinto y el asado. Raro es que esa palabra (motosierra) forme parte de otra cosa. <em>Lo raro</em>, pariente cercando de <em>lo siniestro</em> freudiano (<em>unheimlich</em>), según una definición precisa de Mark Fisher, es cuando hay algo que no debería estar donde está: “lo raro es <em>aquello que no debería estar allí</em>.” Podemos pensar o darnos cuenta que pasa algo raro cuando en nuestro ámbito familiar aparece algún objeto o alguien que no es de ese ámbito, un objeto o alguien que no es familiar. <em>Lo raro</em> —sigue Fisher— también es indicio de que los conceptos y marcos teóricos que hemos empleado hasta el momento se han quedado obsoletos. Raro es encontrar la palabra “motosierra” junto a la palabra “presidente” o junto a la palabra “democracia”, o junto a otras palabras del vocabulario político que consideramos democrático. A veces la ficción, como sostiene Piglia, habla de lo que está por venir, de lo que aún no es: una ficción es un modo enigmático de anticipar y construir el futuro. Por eso es importante prestar atención a películas como <em>La masacre de Texas</em>. Recuerdo que la película, en los años noventa, se podía alquilar en cualquier video club cercano. El título que tenía en ese entonces no era “La masacre de Texas”. Para hacerla más atractiva los video-editores de la época le habían puesto otro título: “El loco de la motosierra”. ¿Título argentino que anticipaba el estado mental argentino? En la imagen del frente de la caja de la película se veía, a contraluz, una silueta oscura con una motosierra en sus manos, levantada sobre su cabeza. Y si uno miraba la imagen con atención, aparecía un detalle que en nuestro contexto resuena de forma siniestra: el monstruo lleva puesta una peluca. Si alguna vez vieron un monstruo con una peluca y una motosierra en sus manos, espero que haya sido en la película.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c8955baf7fa1118990013f1ec0d8006d wp-block-paragraph"><strong>8.</strong> Las ficciones son alarmas de lo que está por-venir: “las películas —afirma Kracauer— no sólo responden a las demandas populares; también reflejan las tendencias e inclinaciones populares. De aquí se concluye que la desintegración [mental] interna […] es ahora un fenómeno extendido. Y las imágenes que reiteran las pantallas de nuestros cines sugieren que el sadismo y la aprensión descontrolada son parte de esa desintegración.”&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6ebfcb6740dc7bb95a2d5ad4b6d977c9 wp-block-paragraph">La pregunta que formula el título del texto de Kracauer se puede desplazar a la realidad argentina: ¿las películas de terror de Hollywood pueden ayudar a comprender el estado mental argentino? Específicamente: el estado mental del poder político neo-colonial que llegó al gobierno en diciembre de 2023. Para explorar la mentalidad de tal proyecto debemos indagar en las ficciones de la nación colonizadora. En la mentalidad del colonizador podemos encontrar la imaginación que estructura el deseo del colonizado. Esto tal vez nos permita comprender cómo fue posible el consenso en torno a elementos y palabras que pertenecen al universo de una película de terror y no al universo de una democracia constitucional. Las ficciones son alarmas que debemos atender para que no se transformen en acontecimientos indeseables, para escapar de Texas y volver a la democracia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fe4c8c75b489bbed4afda52c412b5ba7 wp-block-paragraph"><a id="_ftn1" href="#_ftnref1">[1]</a>En un ciclo de películas sobre monstruos organizado por el cineasta Benjamín Naishtat, el historiador Martín Wasserman expuso que la película de Tobe Hooper se hace eco de los efectos de la crisis del petroleo de los años setenta: el grupo de monstruos representa al sector dominante en crisis (son dueños de la estación de servicio, es decir, de la energía), que recurre al más brutal de sus miembros (uno que usa una motosierra) para resolver sus dificultades. Sally, Franklin y sus amigos representan a la juventud (la nueva generación) que recorre las rutas del país, de visita en lugares otrora prósperos y ahora en decadencia, y no encuentran combustible debido a la crisis. Wasserman observó que, según lo muestra una escena de la película, los jóvenes intentan comprender su destino leyendo el horóscopo, son orientados por “las fuerzas del cielo”. (Presentación de <em>La Masacre de Texas</em> en el Cine Oriente, CABA, 2 de mayo de 2024).&nbsp;&nbsp;</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a8d59ff84579e64dd3b2a785aae96fe8 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 26 de abril de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
<p><a class="a2a_button_facebook" href="https://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="Facebook" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_twitter" href="https://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="Twitter" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_whatsapp" href="https://www.addtoany.com/add_to/whatsapp?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="WhatsApp" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_telegram" href="https://www.addtoany.com/add_to/telegram?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="Telegram" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_email" href="https://www.addtoany.com/add_to/email?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="Email" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_button_print" href="https://www.addtoany.com/add_to/print?linkurl=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&amp;linkname=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" title="Print" rel="nofollow noopener" target="_blank"></a><a class="a2a_dd a2a_counter addtoany_share_save addtoany_share" href="https://www.addtoany.com/share#url=https%3A%2F%2Flateclaenerevista.com%2Fel-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio%2F&#038;title=EL%20LOCO%20DE%20LA%20MOTOSIERRA%20%E2%80%93%20POR%20DAVID%20SIBIO" data-a2a-url="https://lateclaenerevista.com/el-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio/" data-a2a-title="EL LOCO DE LA MOTOSIERRA – POR DAVID SIBIO"></a></p><p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/el-loco-de-la-motosierra-por-david-sibio/">EL LOCO DE LA MOTOSIERRA &#8211; POR DAVID SIBIO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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		<title>ÉRASE UNA VEZ EN.… DEMOCRACIA &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Jul 2024 22:21:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
		<category><![CDATA[Madres de Plaza de Mayo]]></category>
		<category><![CDATA[teoría del recipiente]]></category>
		<category><![CDATA[Ursula K. Le Guin]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Nuestra democracia fue parida cuando el relato basado en el arma para torturar y desaparecer había perpetrado un genocidio. Ante ello, un grupo de Madres se organizó y volvió al primer objeto cultural, el recipiente que contiene, transformándolo en el fundamento de nuestra democracia. Necesitamos volver a pensar nuestra democracia a partir del recipiente y no del relato individual del asesino.</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/erase-una-vez-en-democracia-por-david-sibio/">ÉRASE UNA VEZ EN.… DEMOCRACIA &#8211; POR DAVID SIBIO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b0e7e39e6c76865498a1f305ecb69d05 wp-block-paragraph"><strong><em>Nuestra democracia fue parida cuando el relato basado en el arma para torturar y desaparecer había perpetrado un genocidio. Ante ello, un grupo de Madres se organizó y volvió al primer objeto cultural, el recipiente que contiene, transformándolo en el fundamento de nuestra democracia. Necesitamos volver a pensar nuestra democracia a partir del recipiente y no del relato individual del asesino.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee90429b0b820142aaff8dd86c09159 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-927adbaefe13abc67868c60369dbad97 wp-block-paragraph">Hace poco más de 40 años, la forma de gobierno adoptada por el pueblo argentino volvía a llamarse democracia. Desde entonces, hemos intentado poner en equilibrio los valores de la libertad y la igualdad, a veces con más éxito, otras, con cierta dificultad. Y en eso estamos: luchando para vivir en base a la fuerza del derecho y no en base a la fuerza de los hechos. La vida en base al derecho supone un esfuerzo de la imaginación ciudadana: frente a la fuerza de los hechos tenemos que imaginar cómo deberían ser las cosas para poder exigir nuestros derechos. Por ello, la imaginación ciudadana requiere una forma de la ficción para el pensamiento democrático. ¿Qué forma de ficción necesita nuestra imaginación ciudadana?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-0255ff11c0bd30ac747579544cf19d64 wp-block-paragraph">La escritora norteamericana Ursula K. Le Guin cuenta que, al evolucionar los homínidos a seres humanos, el principal alimento que consumíamos era vegetal. Lo que comíamos se recolectaba, y sólo en el extremo Ártico la carne era el alimento básico. A pesar de que las pinturas de cazadores de mamuts ocupaban las paredes de las cavernas y, actualmente, nuestras mentes, Le Guin sostiene que “lo que realmente hicimos para mantenernos con la barriga llena fue comer semillas, raíces, brotes, tallos, hojas, nueces, vainas, frutos y granos, añadiendo insectos y moluscos junto a la captura de aves, peces, ratones, conejos y otros pequeños animales inofensivos” con los que pudimos aumentar la cantidad de proteína necesaria. A los humanos de entonces no les requería mucho tiempo de trabajo poder alimentarse: solo se trabajaba durante quince horas a la semana para tener una buena vida.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-812754cfa0bbbdb87c01d5d1cb16f879 wp-block-paragraph">“Quince horas a la semana para la subsistencia deja mucho tiempo para otras cosas. Tanto tiempo que tal vez los inquietos que no tenían un bebé cerca para animar su vida, o habilidad para construir, cocinar o cantar, o pensamientos muy interesantes para ser pensados, decidieron ocuparse y cazar mamuts. Los hábiles cazadores volverían entonces tambaleándose con un montón de carne, mucho marfil y un relato. No fue la carne lo que marcó la diferencia, fue el relato.” Lo que tenían para contar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-860fb9c41871f2c4884ca754612ecc93 wp-block-paragraph">Según Le Guin, es difícil contar una historia apasionante sobre cómo se saca una semilla de su cáscara, y luego otra, y otra, y otra semilla. Contar que, después de eso, uno se rasca las picaduras de mosquito, y que alguien dice algo gracioso y entonces nos vamos al arroyo a beber agua, y que luego observamos a los tritones, y que, más tarde, encontré un grano de avena. Sí. Es difícil que semejante relato sea apasionante. Esto no se compara con la historia que puede contar un cazador que tuvo que enfrentar con una lanza a un mamut, mientras el mamut atravesaba con su colmillo a otro cazador del grupo, que se retorcía y gritaba entre torrentes de sangre provenientes de su cuerpo, para finalizar la historia con el mamut derrotado en el suelo, con la lanza clavada en la cabeza, luego de caer y aplastar, claro, a un tercer cazador del grupo. Este relato contiene acción y, además, unhéroe. “Los héroes son poderosos.” Tanto que todo es puesto al servicio del héroe y de su relato. Por ello, Le Guin propone una revisión del relato del héroe: “yo propongo la botella como héroe”: “[…] la botella en su sentido más ancestral y amplio de recipiente en general, una cosa que contiene otra cosa.” Un<em> recipiente</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-3257ca48b83fc54e55cb343f3cf35430 wp-block-paragraph">“El primer dispositivo cultural fue probablemente un recipiente… Muchos teóricos consideran que los primeros inventos culturales deben haber sido recipientes para guardar productos recolectados y algún tipo de bandolera o transportador en forma de red.” Le Guin continúa: “Así lo expresa Elizabeth Fisher en <em>Women&#8217;s Creation</em>. Pero no, esto no puede ser. ¿Dónde está esa cosa maravillosa, grande, larga y dura, un hueso, creo, con el que el hombre mono de la película golpea a alguien por primera vez y luego, gruñendo en éxtasis por haber perpetrado el primer asesinato propiamente dicho, lo arroja al cielo, donde girando [el hueso] se transforma en una nave espacial, [que] penetra en el cosmos para fecundarlo y produce al final de la película un hermoso feto, un niño por supuesto, a la deriva por la Vía Láctea sin (curiosamente) ningún útero, ninguna matriz en absoluto? No lo sé. Ni siquiera me importa. No estoy contando este relato. Ya lo hemos oído, todos hemos oído todo sobre palos, lanzas y espadas, sobre las cosas para aplastar, pinchar y golpear, sobre las cosas largas y duras, pero no hemos oído nada sobre la cosa para poner cosas dentro, sobre el recipiente para la cosa recibida. Esa es una nueva historia. Eso es noticia.”</p>



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<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://fotos.perfil.com/2021/08/23/trim/987/555/abuelas-de-plaza-de-mayo-1220895.jpg" alt=""/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Madres de Plaza de Mayo | Cedoc</em></figcaption></figure>
</div>


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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-212412d722918d34b54850577887552b wp-block-paragraph">Antes del cuchillo o del hacha, o de un garrote, o de cualquier otro tipo de arma (que en definitiva es una herramienta tardía, lujosa y superflua), mucho antes que las indispensables guadañas y palas para trabajar la tierra, creamos una herramienta que nos servía para traer cosas a casa. Fisher, nos cuenta Le Guin, llama a esto “teoría de la bolsa de la evolución humana”. Nuestro primer paso evolutivo lo dimos cuando creamos un recipiente que nos permitió traer la energía a casa y no simplemente impulsar la energía hacía afuera, como el hombre-mono de la película de Stanley Kubrick, <em>2001: una odisea espacial</em>. <em>Nuestro primer instrumento cultural no fue un arma, fue un recipiente.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-68bd638f8266252a644ce3b2353c5992 wp-block-paragraph">Le Guin afirma que pensar la cultura humana desde la teoría de la bolsa, desde la teoría del recipiente, nos permite evitar confusiones y teorías absurdas. Cuando pensamos la cultura a partir de objetos largos y duros construidos para pinchar, golpear y matar, Le Guin no quiere tener ningún tipo de participación en ella. No quiere ser leal a esa civilización y a esa forma de ser humano en la que se narra la historia de cómo el mamut cayó sobre un cazador, “y cómo Caín cayó sobre Abel, y cómo la bomba cayó sobre Nagasaki, y cómo los misiles cayeron sobre el Imperio del Mal, y todos los demás pasos en la Ascensión del Hombre.”</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a7882211a65da762f3f4a9f67cb9db7 wp-block-paragraph">“La teoría de la bolsa de la evolución humana” nos permite pensar una “teoría de la ficción alternativa” a la teoría de la ficción (del héroe) que se funda en un arma para pinchar, golpear y matar. Le Guin propone una teoría que no sea el relato del asesino. Hay que hacer una teoría de la ficción fundada en el primer objeto cultural: el recipiente. De esta manera no nos vamos a convertir en parte del relato del asesino, ni a reproducirlo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4e38203892c11af7a37004de96912630 wp-block-paragraph">Creo que <a>la democracia también debe ser pensada a partir del recipiente. En una democracia no hay un héroe individual, ni es el lugar de los asesinos. </a>Es el lugar de la ciudadanía, del héroe colectivo, del pueblo. El relato del héroe es el relato de la tiranía, del tirano que pincha, golpea y mata con un arma. Un relato asociado con el “poder cinegético”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> del que nos habla Grégoire Chamayou en su libro <em>Las cacerías del hombre</em>;una forma de poder(el poder del cazador de humanos) querima con la lógica darwinista social del neoliberalismo imperante. “Ver la vida como una batalla es tener una visión del mundo muy limitada, social-darwinista y muy masculina.”, sostiene Le Guin. Esto no implica que debemos negar o eliminar el conflicto de nuestras historias, solo no nutrirlas exclusivamente del conflicto, porque “las historias pueden tratar de un sinfín de cosas diferentes”. No todo se reduce a preguntarnos dónde está el conflicto de nuestros relatos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-62e3e6dc764523b31218be943b9598ee wp-block-paragraph">Nuestra democracia fue parida cuando el relato basado en el arma para pinchar, golpear, torturar y desaparecer había perpetrado un genocidio. Entonces un grupo de mujeres (madres ellas) se organizó y en lugar de responder con un palo, construyeron un recipiente, volvieron al primer objeto cultural y lo convirtieron en el espíritu de nuestra democracia. Hasta el día de la fecha, el recipiente procuró poner a todos y todas adentro. Por supuesto que hubo (hay y habrá) conflictos, pero no todo fue absurdamente reducido al conflicto, como pretende el relato del asesino, el relato de los cazadores.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-86399c84b2567895a873af5719007479 wp-block-paragraph">Le Guin sostiene que escribir un relato apasionante de cómo pelamos una semilla es muy difícil, pero no es imposible. Su obra literaria es un ejemplo de ello. La obra de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, también. A ellas les debemos este recipiente que llamamos democracia. El recipiente donde llevamos el poder del pueblo.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-eff5885f0f3a518e02ab94517a46c45c wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1adffbac9ca39b76fb4522c3c41b0b49 wp-block-paragraph"><a id="_ftn1" href="#_ftnref1">[1]</a>Cinegético: adjetivo que refiere al arte de cazar. Chamayou usa la palabra “cinegético” para caracterizar la forma de poder desplegada en la cacería de seres humanos: “designa fenómenos concretos en los que los seres humanos fueron acosados, perseguidos, capturados o muertos mediante formas de caza; prácticas regulares, a veces masivas, cuyas primeras manifestaciones fueron teorizadas en la antigüedad griega antes de conocer un auge formidable en el período moderno, junto con el desarrollo de un capitalismo transatlántico.”  </p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d9191fe76464891b33262e1cc0942435 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 22 de julio de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
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		<title>DOBLES POR TODOS LADOS &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Sep 2024 14:18:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Doppelganger]]></category>
		<category><![CDATA[Inframundo]]></category>
		<category><![CDATA[Noami Klein]]></category>
		<category><![CDATA[Película Nosostros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El libro Doppelganger de Naomi Klein es una herramienta hermenéutica extraordinaria para hallar respuestas al vértigo general mediante el cual nuestra cultura de la duplicación ha transformado las sociedades, y en particular algunas regiones, en un inframundo habitado por dobles-sombra que sostienen a las regiones más ricas del planeta.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-78ec2fb3965c6da051f6c3f0e3dd47be wp-block-paragraph"><strong><em>El libro Doppelganger de Naomi Klein es una herramienta hermenéutica extraordinaria para hallar respuestas al vértigo general mediante el cual nuestra cultura de la duplicación ha transformado las sociedades, y en particular algunas regiones, en un inframundo habitado por dobles-sombra que sostienen a las regiones más ricas del planeta.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-4ee90429b0b820142aaff8dd86c09159 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7314eec3d3af53987b37beafec1496cc wp-block-paragraph">“El caos es un orden por descifrar”</p>



<p class="has-text-align-right has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5ccd07cbd86afe5f3a97f06129c597fe wp-block-paragraph">José Saramago, <em>El hombre duplicado</em>.</p>



<div style="height:36px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-245123cdc2dc82533ed76944b7523c99 wp-block-paragraph">Estamos duplicados. No lo digo en sentido metafórico, sino en un sentido bien concreto. De repente todos y todas tenemos un doble. El doble replica los movimientos, los gestos, la cara, la postura al caminar, la voz, los pensamientos. Como si cada uno y cada una tuviera su personal y talentoso Mr.Ripley. La sociedad está duplicada porque todo el mundo tiene un doble. Las ficciones sobre esta cuestión son abundantes: primero la literatura y luego el cine han tratado y tratan el problema de los dobles, de la duplicación. Sigmund Freud relaciona esta figura inquietante con la noción de lo siniestro: el doble es aquel que es conocido (porque es igual a uno mismo) y a la vez es desconocido (porque el doble no es uno mismo). No se trata de una alteridad basada en la pura diferencia. El doble es diferente y a la vez no lo es.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-5512f01e8134bce4d1478f0359c2d73d wp-block-paragraph">El último libro de la investigadora canadiense Naomi Klein lleva por título la palabra alemana <em>Doppelganger</em>. Es el término que se suele utilizar para denominar el fenómeno de esta duplicación. “La palabra <em>doppelganger</em> -nos cuenta Naomi Klein- procede del alemán y es una combinación de <em>Doppel</em> (“doble”) y <em>Gänger</em> (“caminante”). A veces se traduce como “caminante doble”, y doy fe de que la experiencia de tener un doble tuyo caminando por ahí es de lo más inquietante.”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Klein se puso a pensar y escribir sobre esta cuestión a partir de una experiencia que comenzó a vivir con mucha intensidad cuando llegó la pandemia del covid y, aislados en nuestros hogares, intensificamos, como nunca lo habíamos hecho, el uso de las pantallas. La excepcionalidad posibilitó que Internet y las redes sociales se transformaran en el espacio de socialización privilegiado. Según Klein, a partir de ese momento, la duplicación se desató con una fuerza inusitada y comenzaron a proliferar dobles por todos lados.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-9b13a75f61b37107d31eebfec0419cdc wp-block-paragraph">El libro de Klein explora <s>&nbsp;</s>a partir de esta forma de lo siniestro&nbsp;su propia experiencia de duplicación. Cuando llegó el covid y nuestra vida social se trasladó al mundo virtual, Naomi Klein comenzó a ser confundida e interpelada como otra Naomi (Wolf).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-a810fc33fe5a65716b5c1bb3d9656e16 wp-block-paragraph">Klein utiliza su experiencia como <em>doppelganger</em> para adentrarse y abrirse paso en lo que entiende como “nuestra cultura <em>doppelganger</em>. Una cultura repleta de distintas formas de duplicación, en la que todos los que tenemos una imagen pública o un avatar en Internet creamos nuestros propios <em>doppelgangers</em>, versiones virtuales de nosotros mismos que nos representan ante los demás. Una cultura en la que muchos hemos llegado a considerar que somos nuestra propia marca personal y hemos forjado una identidad fragmentada que es nosotros y a la vez no lo es, un <em>doppelganger</em> que personificamos sin cesar en el éter digital a cambio de tener acceso a la insaciable economía de la atención.”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a> Klein se pregunta “¿cómo nos está afectando esta duplicación? ¿Cómo está rigiendo a qué prestamos atención y -muy especialmente- a qué no?”<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> Estas preguntas no se circunscriben exclusivamente a la vida de un individuo. Según Klein, la parte más escalofriante de la travesía por el mundo de los dobles es que los individuos no son los únicos afectados por la duplicación; las culturas y las naciones también pueden tener sus propios <em>doppelgangers</em>.</p>



<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" src="https://media.vanityfair.com/photos/64d2a654d538573524759b44/1:1/w_1500,h_1500,c_limit/0923-Doppleganger-embeded-1.jpg" alt="" style="width:484px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>Moami Kelin fotografiada por Martin Schoeller.</em></figcaption></figure>
</div>


<div style="height:25px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-47919b8446c2091ba022513b4c1b0aa3 wp-block-paragraph">“… esta es la forma de <em>doppelganger</em> que me tiene más preocupada: el estado fascista caricaturesco que es el gemelo omnipresente de las democracias occidentales y la amenaza perpetua de que nos engullan sus llamas hechas de pertenencia selectiva y brutal desprecio. La figura del <em>doppelganger</em> lleva siglos utilizándose para advertirnos de estas versiones umbráticas de nuestro yo colectivo, de esos monstruosos futuros posibles.”<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-83064f759b1cd6effa530bbcb78da890 wp-block-paragraph">El año previo a la pandemia y a la posterior escalada de duplicación (de dobles por todos lados) se estrenó una película de la que Naomi Klein se vale para su estudio sobre los peligros del mundo <em>doppelganger.</em> En la película <em>Nosotros</em> (<em>Us</em>), escrita y dirigida por Jordan Peele, se logró prever, captar y dar forma al mundo duplicado que la pandemia intensificó. En su libro, Klein escribe: “La película de terror de 2019 <em>Us</em>, de Jordan Peele, también es una historia de <em>doppelgangers</em>: imagina un mundo muy parecido al nuestro, situado encima de un inframundo de sombras habitado por dobles de todas las personas de la superficie, y unidos a ellas por un lazo invisible. Cada movimiento que se produce arriba debe tener su reflejo abajo, en un entorno de oscuridad y miseria. El sufrimiento de la gente bajo tierra hace posible la cómoda vida de los de arriba, una dinámica que muchos interpretaron como una analogía de los horrores de clase en el capitalismo racial. Pero en <em>Us</em> la gente del inframundo está harta de vivir vidas distorsionadas que no son sino sombras de otras vidas, por lo que suben a la superficie, donde siembran el caos.”<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp; Klein se pregunta quiénes son esas sombras que habitan en las sombras. La película da una respuesta precisa: son los americanos (“<em>We&#8217;re Americans</em>”, dice la <em>doppelganger</em> de la protagonista).</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-394408d8f86d8bc5083f3ae2138cc5e4 wp-block-paragraph">En otro lugar del libro, Klein, sostiene que “el capitalismo no se agota en las capas superficiales de los mercados en las que opera directamente la clase media de las regiones más ricas del planeta (supermercados y gasolineras bien iluminados, atractivas páginas web y anodinas oficinas); todo eso no es más que su escaparate. Esas actividades requieren cierto grado de explotación de sus trabajadores, dependientes y consumidores, pero también se asientan sobre las zonas más ocultas de la cadena de suministros, zonas donde hay hiperexplotación, confinamiento de personas y envenenamiento de ecosistemas que no son fallos accidentales del sistema, sino que forman parte desde siempre del mecanismo que hace funcionar nuestro mundo.”<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a> En otros términos, sin la acumulación mediante la expropiación extractivista, no es posible la acumulación que posibilita la explotación ni la plusvalía que generan las diferencias entre valor y precio en los intercambios.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-66840434954609ab95381c2649556b8e wp-block-paragraph">Con esto, Klein plantea que cuando creíamos que los dobles eran otros, los que resultaron ser los dobles en este mundo de la injusticia social pospandémica somos, de forma pura y exclusiva, nosotros. Lo que requiere el actual proceso de neo-colonización que está en marcha, y que busca transformar a nuestro país en un inframundo dador de materias primas, parece ser una sociedad de sombras sumergida en la sombra. Un inframundo habitado por dobles-sombra que sostienen a las regiones más ricas del planeta. Si bien esto es cierto, no se debe perder de vista que en la película de Peele los dobles llegan para sembrar el caos y, como en toda historia de <em>doppelgangers</em>, eliminar a los habitantes de la superficie para ocupar exactamente su lugar, lo cual no quiere decir que lleguen para alterar el sistema que los tenía marginados. Lo único que parece interesarles es volver a la superficie y recrear una campaña para concientizar y combatir la pobreza que fue conocida como <em>Hands Across America</em>. El tipo de campaña que lava las culpas de una parte de la población que goza de un estilo de vida consumista basado en la miseria de millones de seres humanos. La historia de Peele nos hace pensar que esos dobles, antes arrojados fuera del sistema, reingresan con la forma del <em>lumpen</em>.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-af2289d362c1dcffef919d9f2ed8683b wp-block-paragraph">Y en los “escenarios de caos -sostiene Alberto Mayol-, la palabra «gobierno» (<em>kyberne</em>, control, timón) carece de sentido, aun cuando formalmente exista ese ser siempre conjetural al que llamamos «Estado». Cuando el caos impera y una aparente democratización fluye bajo nuestros pies, lo que estamos viviendo es la <em>oclocracia</em>, el gobierno de la turba, el espasmo convertido en ley. Y en ese escenario, la obra de teatro tendrá como protagonista a meros agentes del caos (lumpen).”<a id="_ftnref7" href="#_ftn7">[7]</a> El caos -dice Mayol- es el poder del lumpen. Este es el orden por descifrar en la Argentina 2024. El libro <em>Doppelganger</em> de Naomi Klein es una herramienta hermenéutica extraordinaria para esta urgente tarea. Para “salir de este vértigo general y, juntos, llegar a un lugar mucho mejor.”<a id="_ftnref8" href="#_ftn8">[8]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-15ceae391eafde0d2a532b8b9d15d302 wp-block-paragraph"><strong>Referencias:</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-6aa35251c40649dd0b91e8356e4aa3ea wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a>Klein, N., <em>Doppelganger. Un viaje al mundo del espejo</em>, Buenos Aires, Paidós, 2024, p. 16.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-424716def02276790901590c9e2dce67 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a>Klein, N., <em>op. cit.</em>, p. 21.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-6c41b6d06d8c75565403950ea5cdec10 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a>Klein, N., <em>op. cit.</em>, p. 22.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-7708f6d74963e0d404bf6524d1e03ba5 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a>Klein, N., <em>op. cit.</em>, p. 23.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-a8263d173d7316533669146102dea203 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a>Klein, N., <em>op. cit.</em>, p. 279.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-db753bbd1d1d410628382238d3d5c0a4 wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a>Klein, N., <em>op. cit.</em>, p. 271.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-3ee4db5f7cfd487bb956d40326b3647e wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a>Mayol, A., <em>Las 50 leyes del poder en </em>El Padrino, Barcelona, Arpa, 2023, p. 291.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-4f94a5e29541b56362cf5f94b2289c5c wp-block-paragraph"><a id="_ftn8" href="#_ftnref8">[8]</a>Klein, N., <em>op. cit</em>., p. 24.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-49fa97dcd4a8a0f92b6450d57b44d391 wp-block-paragraph">Buenos Aires, 30 de septiembre de 2024.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
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		<title>ESPECTADORES Y PROTAGONISTAS &#8211; POR DAVID SIBIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 15:14:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[David Sibio]]></category>
		<category><![CDATA[El huevo dorado]]></category>
		<category><![CDATA[El mal]]></category>
		<category><![CDATA[La desaparición]]></category>
		<category><![CDATA[Tim Krabbé]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Podemos, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas.?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-37646f7ea002b18d7217d330c0a1b0ef wp-block-paragraph"><strong><em>¿Podemos, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas.?</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-c03e3f24eaf9a693b05f1d05434f75c7 wp-block-paragraph"><strong>Por David Sibio</strong>*</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d5e18531e670bd10ca130847a62fe9c1 wp-block-paragraph"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:60px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-fc46dfbfd6eaddcd9b410cfff9f57407 wp-block-paragraph">La novela corta <em>Het gouden ei</em> (<em>El huevo dorado</em>) del neerlandés Tim Krabbé, que en castellano fue editada con el título <em>La desaparición,</em> narra una perturbadora historia que podría concebirse como una ficción en torno al problema del mal. Podríamos decir que la novela de Krabbé funciona como un testimonio. El mal es algo de lo que puede hablar quien lo ha experimentado: un testigo… Solo el testigo perfecto puede saber qué es eso. “Testigo perfecto” es cómo el filósofo italiano Giorgio Agamben llama a Primo Levi, el superviviente del campo de exterminio de Auschwitz.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-6803715ae746574475a2137a92220648 wp-block-paragraph">En <em>La desaparición</em>, una pareja de neerlandeses, Rex y Saskia, viajan por vacaciones desde Ámsterdam hacia Francia. El medidor del tanque de combustible no funciona y el auto se queda sin nafta en un túnel oscuro porque Rex no prestó atención al cuenta kilómetros con el que controlaba el consumo del vehículo. Esto conduce a una discusión de la pareja y Rex deja el auto, bidón en mano, en busca de combustible. Luego retoman el viaje y se detienen en una estación de servicio para llenar el tanque y disipar la tensión que quedó entre ambos. Saskia, que hasta ese momento hacía de copiloto, se dispone a conducir. Pero antes, va a la cafetería de la estación de servicio en busca de unas bebidas. Rex se queda en el auto y Saskia nunca regresa. <em>Desaparece</em>, como si se la hubiera tragado la tierra. Tres años más tarde, Rex continúa la búsqueda. Recorre caminos y carreteras, y deja carteles con la foto de Saskia. Rex <em>necesita</em> saber qué pasó con ella. Sale en los medios de comunicación con la esperanza de encontrar una pista, o de que el responsable de la desaparición de Saskia brinde alguna información sobre su destino. En un programa de televisión, Rex interpela, mirando a cámara, a la persona responsable de la desaparición de Saskia&#8230;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-443ef85ffd88bd2d1242260ae103a167 wp-block-paragraph">Lo que sucede a continuación, sin entrar en mucho detalle, es que el responsable de la desaparición de Saskia decide contactarlo. El nombre del responsable de la desaparición de Saskia es Raymond Lemorne, un ciudadano francés, profesor de química, un hombre común y corriente como cualquier otro hombre común y corriente, a quien conocemos desde el principio de la historia; un hombre de clase media, con esposa e hijas, e insospechado de haber cometido crimen alguno. Pero Raymond Lemorne es un asesino despiadado que se oculta a la vista de todos: es un hombre de familia y profesor de instituto al que nadie sería capaz de adjudicarle siquiera una falta leve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1cfabf7e00a7d646dc46e870799c9b49 wp-block-paragraph">Sin embargo, cuando Raymond Lemorne tenía dieciséis años —nos cuenta Tim Krabbé en su novela— “había ido con su madre a la casa de sus tíos en Dijon” y una mañana de domingo los adultos salieron y él quedó solo en la casa. “Estaba en la segunda planta del edificio. Había llevado una silla de la cocina al balcón y leía un libro. Al cabo de un rato dejó la lectura y fue a apoyarse en la barandilla. Debajo había un jardín pequeño con el césped recién cortado […] Se preguntó qué pasaría si saltaba. Sopesó detenidamente los pros y los contras, albergando en su interior el oscuro convencimiento de que acabaría saltando. Aquello le pareció extraño: ¿cómo podía estar tan seguro, si saltar era a todas luces un disparate?” Saltar era la única forma de mostrar que podría hacerlo. Estuvo sentado media hora en la barandilla y de pronto saltó. Eso le costó seis semanas en el hospital, con una pierna rota y una fractura doble en el brazo. <em>Saltar lo hizo experimentar una libertad sin límites</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-48be26dcedd4744ce5dc7bfbde985f6a wp-block-paragraph">Veintiún años más tarde, Lemorne tuvo una experiencia parecida. Durante un paseo, en unas vacaciones con su familia, volvió a saltar, pero esta vez lo hizo para salvar a una niña pequeña que se ahogaba en el canal de un río. Luego de salvarla, mientras paseaba nuevamente con su familia, Lemorne se preguntó si sería igualmente capaz de cometer un crimen.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-2c71eec67da14d7f38bce22550548f2c wp-block-paragraph">“Se imaginó el acto más cruel que pudo concebir.” Y durante tres años, todos los días pensó en eso. Al igual que la vez que saltó desde el balcón, el solo hecho de tener un pensamiento, aunque este sea un pensamiento criminal, venía acompañado de una obligación: debía pasar al acto, transformar el pensamiento en una acción. Raymond Lemorne no se quedaba fantaseando, ejecutaba el pensamiento.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1a8deeb911e2209f19ac12cc9010208e wp-block-paragraph">La novela de Krabbé fue llevada al cine y estrenada en 1988 con el título <em>Spoorloos</em> (que significa “sin dejar rastro”). Allí, como en la novela, Lemorne ensaya la forma de secuestrar a una mujer y cometer el acto más cruel que alguien pueda concebir. Saskia es la víctima que Lemorne logra atrapar y adormecer con cloroformo. Cuando, años más tarde, Lemorne se contacta con Rex, le ofrece conocer qué fue lo que le hizo a Saskia. Pero no le cuenta qué le pasó, le ofrece experimentar <em>exactamente lo mismo</em> que le pasó a Saskia. Para eso, Rex debe beber un café que tiene un somnífero. Si no lo hace, Lemorne nunca hablará, ni podrá ser atrapado porque no hay pruebas que lo incriminen. Y si Rex decide matarlo, tampoco sabrá qué fue lo que pasó con Saskia. Así que Rex decide asumir el riesgo y toma el café. <em>Necesita saber qué fue lo que le pasó a Saskia</em>. El somnífero hace efecto y luego de un sueño se despierta encerrado en una caja estrecha, en posición horizontal, en la oscuridad total y sin posibilidad de escapar porque Raymond Lemorne lo ha enterrado vivo. <em>Exactamente</em> como hizo, tres años antes, con Saskia. Lemorne convierte a Rex en un “testigo perfecto” del mal, del acto más cruel que pudo concebir. Un testigo que paradójicamente no podrá dar testimonio.&nbsp;</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-514767166eee64e7199184be8299119c wp-block-paragraph">La novela de Tim Krabbé fue adaptada dos veces a la gran pantalla. La versión de 1988 es fiel al texto original, y termina con Rex enterrado vivo y con Lemorne, como encarnación del mal, impune. Años más tarde, en 1993, se estrenó la versión norteamericana de la película, un <em>remake</em> titulado <em>The Vanishing</em>, también dirigido por George Sluizer, el mismo director de la versión de 1988, aunque esta versión contaba un final distinto. En la segunda versión, a diferencia de la primera, Lemorne no se sale con la suya y Rex es rescatado del espantoso destino. Por eso puede volver para dar su testimonio sobre el mal.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-1ef3b93df441334196b0936c5129ded1 wp-block-paragraph">Creo que el “final feliz” del <em>remake</em> no debe leerse simplemente como un final “hecho en Hollywood” en el que todo termina bien cuando el mal es derrotado. La versión de 1993 debe ser pensada como otra cosa: se trata de un sueño de Rex cuando está enterrado dentro de la caja, allí sueña que es norteamericano y que se parece al actor Kiefer Sutherland. Sueña cómo deberían haber sido las cosas si todo fuera como Hollywood lo cuenta: luego de haber sido rescatado de su tumba, Rex (que en la versión norteamericana se llama Jeff) se hace escritor y lo primero que publica es una historia que nos permite, por medio de la ficción, ser los testigos perfectos del mal sin llegar nunca a ser sus víctimas. Esa es la suerte que tenemos lxs espectadores, y el precio que deben pagar siempre lxs protagonistas.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-d909a3c2f5411fa4e8f1d3acb2f3f19e wp-block-paragraph">Buenos Aires, 4 de abril de 2025.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-ec2bb82761e54e3609df87df3f34f013 wp-block-paragraph">*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.</p>
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