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	<title>Alejandro Boverio archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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	<description>Una Revista de Opinión</description>
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	<title>Alejandro Boverio archivos - La Tecl@ Eñe Revista</title>
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		<title>Chile y el futuro de América &#8211; Por Alejandro Boverio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Nov 2021 16:46:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Boverio]]></category>
		<category><![CDATA[Política Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Boric]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>La política del significante propugnada por ciertas filosofías francesas de fin de siglo, sin un sujeto histórico fuerte, está siendo comandada por lógicas comunicativas autocentradas que permiten el ascenso de personajes de una ultraderecha que hasta el pasado reciente no habían ganado elecciones. La elección en Chile revela este proceso y también que el estallido de 2019 no cristalizó en un sujeto político compacto.&nbsp; También pone de manifiesto que en ella se juega más que la presidencia de Chile: Se juega el destino del estallido de 2019, su horizonte emancipatorio y el recomienzo del futuro político para la región.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Alejandro Boverio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:41px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ya no resulta sorpresivo que candidatos que no provienen de partidos tradicionales crezcan de manera exponencial producto del aceleracionismo existente en los modos de comunicación contemporáneos, algoritmo mediante, y se impongan electoralmente. El príncipe moderno, como supo llamarlo Gramsci, esto es, el partido, está siendo relevado, aquí y allá, por procesos que gozan de la ausencia de toda mediación, y en donde la <em>imago</em> y un cierto consignismo vaciado de sentido por la misma lógica del algoritmo captura, desde la inmanencia de la <em>second life</em>, la verdadera vida. La política del significante propugnada por ciertas filosofías francesas de fin de siglo, sin un sujeto histórico fuerte, está siendo comandada por lógicas comunicativas autocentradas que permiten el ascenso de personajes de una ultraderecha que hasta el pasado reciente no habían ganado elecciones.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Kast se suma a la lista continental de los personajes oscuros que valiéndose de estas lógicas comunicativas acelera su crecimiento electoral hasta terminar imponiéndose en una elección general. Sabemos lo que sucedió, por caso, con Bolsonaro. Luego de imponerse electoralmente -después, cabe decir, que se produjera un golpe a través del <em>impeachment</em> que destituyó a Dilma-, ya en el poder, al no contar con mediaciones partidarias, se abre a la locura política. A la misma locura política a la que se abrió Trump en el poder. En el caso de Trump, si bien pertenecía a uno de los dos partidos norteamericanos tradicionales, ganó las elecciones <em>a pesar</em> del partido republicano y <em>contra</em> los medios tradicionales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Boric también creció al margen de los partidos tradicionales. Su ascenso, a la vera de los movimientos estudiantiles que tomaron fuerza desde el 2011 en Chile, encuentra carnadura luego del estallido social de 2019 que abrió la brecha política que permitió el llamado al plebiscito y el proceso constituyente en Chile. Es difícil imaginar que un proceso político que se inaugura con una profunda crisis política de un gobierno de derecha termine resolviéndose por el lado de Kast, un candidato de ultra-derecha. Sin embargo, cuando la elección es, como se dice habitualmente <em>palo y palo</em>, el sistema de ballotaje se abre a una cuantificación muchas veces caprichosa. El verdadero problema en Chile es que, producto del estallido, no se cristalizó un sujeto político compacto. El estallido fue dispersión y, como cualquier estallido, produce anomalías difícilmente controlables.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La crisis del 2001, en nuestro país, habilitó que dos años después emergiera el kirchnerismo, proceso político impensable sin una crisis de tal magnitud. El gran desafío de Boric es entonces poder asumirse como el verdadero portavoz del horizonte de emancipación que abrió el estallido social y hacer explícito que Kast no hace sino cerrar ese proceso. Ello implica generar, de aquí a las elecciones, un amplio consenso con las fuerzas de centro y de centro-izquierda de cara a un balotaje que está real y abismalmente abierto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En términos de Nuestra América, un triunfo de Boric y, luego, el año próximo, un triunfo de Lula en Brasil, abriría una nueva etapa para la izquierda continental. Y serviría para apalancar los tibios gobiernos de López Obrador en México y de Alberto Fernández en Argentina. Por ello, en una época en donde las fronteras limítrofes de nuestros países tienen menos peso específico frente a las lógicas de comunicación contemporáneas que barren toda frontera, un triunfo de Boric es importante en una dinámica de dominó continental, producto de esta evanescencia de los límites nacionales, como bien supo aprovecharlo la derecha en años pasados y, entonces, el continente cambió de color. Hoy, en el continente, estamos, ni a la derecha, ni a la izquierda. Hay países de un color y otros de otro. Para decirlo aristotélicamente, estamos en el <em>justo medio</em>. Un triunfo de Boric podría iniciar el dominó para la izquierda. El de Kast, uno para la ultraderecha. Por eso tenemos que apoyar, cada uno desde su lugar, a Boric. En esta elección se juega más que la presidencia de Chile. Se juega el destino del estallido de 2019, su horizonte emancipatorio y el recomienzo del futuro político para la región.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 22 de noviembre de 2021.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Filósofo y ensayista.</p>
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		<title>Progresismo de superficie &#8211; Por Alejandro Boverio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jan 2022 16:43:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Boverio]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchnerismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El filósofo Alejandro Boverio sostiene en esta nota que el nudo gordiano del progresismo actual es que procura – y lo cree posible - quedar bien con todos, algo desde ya imposible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional, que encarna un progresismo twittero, anclado en la imagen, y que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad.</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>El filósofo Alejandro Boverio sostiene en esta nota que el nudo gordiano del progresismo actual es que procura – y lo cree posible &#8211; quedar bien con todos, algo desde ya imposible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional, que encarna un progresismo twittero, anclado en la imagen, y que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad.</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Alejandro Boverio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El devenir del progresismo lo ha convertido en una corriente cada vez más conservadora. Si bien es cierto que hay una fibra conservadora en todo progresismo, desde su origen, en tanto considera que los cambios pueden darse solo progresivamente y por ello las reformas siempre deben realizarse conservando las estructuras y las formas sociales dadas, esto es, <em>desde dentro</em> de ellas; en la actualidad el progresismo se ha vuelto un mero posibilismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El progresismo recae en el conocido “es lo que hay” y no avanza ni propone nada que no esté en el horizonte de lo dado. En el afán de ser políticamente correcto sostiene, en tanto principio, todo lo que la hora le demanda: puede ser feminista y ecologista en tanto afirmar esos principios no vaya en contra de sus intereses más inmediatos. El progresismo actual es principista por demás, si siente que por ello “no paga costos”. Sucede que el <em>desde dentro</em> del progresismo actual es “la agenda”, y como sabemos, por definición “la agenda” está lejos de ser dictada por los movimientos populares.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Si la tradicional crítica a la socialdemocracia desde un pensamiento verdaderamente revolucionario residía en que ella encarnaba una concepción progresista de la historia, esto es, la idea de que ésta se dirige hacia lo mejor, una concepción lineal y homogénea; la crítica al progresismo actual, que carece de cualquier tipo de concepción de la historia, es que no puede salir del presente absoluto de la <em>gestión</em>. Fórmulas vacías como “solucionarle los problemas a la gente” son los modos de intelección que alejan al progresismo de un proyectarse hacia atrás o hacia adelante, ahogándolo en el absoluto ahora en el que se mueve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Nadie reniega de la gestión, el problema es que la gestión siempre tiene que estar proyectada más allá de las coyunturas, en un horizonte histórico más amplio. Si ciertas filosofías de la historia revolucionarias supieron pensar la tarea emancipatoria como un hacer saltar el <em>continuum</em> de la historia, en la actualidad, donde la historia aparece aplanada en relación al más chato ahora, se le suma el problema de historizar el presente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Lo más interesante de la experiencia kirchnerista fue, sin dudas, la audacia de salir por arriba del laberinto de lo establecido. No tanto articular demandas (fue algo que hizo sin dudas en tanto <em>razón populista</em>), sino crear proyectándose hacia atrás o hacia adelante, según el caso, desfasado de las lógicas de las “agendas” dadas. El kirchnerismo fue, en sentido estricto, creador de demandas. Y en un punto fue víctima de no poder sostener las demandas que él mismo había creado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El progresismo diluido actual, que es esencial a varios personajes del gobierno nacional, es lo que lo aleja de eso interesante que tuvo el kirchnerismo. Un acting de progresismo que no es creído ni por sí mismo. Una suerte de progresismo devaluado que finge preocupación por la realidad pero que está completamente por fuera de ella.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Esta semana un ministro intimidó en privado a un docente veinteañero porque éste criticó públicamente un error técnico en un programa estatal de turismo. En ese gesto se anuda el vaciamiento de todo progresismo que reina en la actualidad. Todo principio de progreso social se pone en suspenso en el momento en que, digámoslo así, <em>se aprieta</em> a un docente. La célebre foto de Olivos en medio del aislamiento estricto, con la que el <em>stablishment</em> se hizo un festín, señala la misma ambivalencia propia del progresismo actual. Públicamente se esgrimen razones que íntimamente no se creen ni se siguen: el progresismo actual es cínico.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Es un progresismo de la imagen, sí, un progresismo twittero que le da más importancia a las redes sociales que a la realidad. Pero también: un progresismo que le dice públicamente a cada quien lo que éste quiere escuchar. El nudo gordiano del progresismo actual es que procura quedar bien con todos, algo desde ya imposible. El verdadero problema es que este progresismo lo cree posible. En ello reside la superficialidad que corroe desde adentro al gobierno nacional.</p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 22 de enero de 2022.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Filósofo y ensayista. Co-editor de la revista El ojo mocho.</p>
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		<title>MILEI Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL &#8211; POR ALEJANDRO BOVERIO</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Tecl@ Eñe]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 14 Oct 2023 00:10:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alejandro Boverio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el presente ensayo, el filósofo Alejandro Boverio se pregunta qué significa que el ultraliberalismo se emocione con la posibilidad de que nos pueda gobernar la inteligencia artificial. Se propone pensar a fondo ese anudamiento entre ultraliberalismo e inteligencia artificial a fin de plantear que lejos de pensarlo como una distopía de ciencia ficción, hoy mismo estamos bajo el dominio y, en algún sentido, somos gobernados por lógicas algorítmicas que no elegimos más que superficialmente a partir de plataformas de las que desconocemos su funcionamiento sutil. Que el ultraliberalismo sueñe con que nos gobierne la inteligencia artificial, se articula con la idea de Estado mínimo que tiene en mente: un Estado destinado solamente a proteger la propiedad, y por lo tanto un Estado cuyo alcance solo se restrinja a brindar seguridad y justicia</p>
<p>La entrada <a href="https://lateclaenerevista.com/milei-y-la-inteligencia-artificial-por-alejandro-boverio/">MILEI Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL &#8211; POR ALEJANDRO BOVERIO</a> se publicó primero en <a href="https://lateclaenerevista.com">La Tecl@ Eñe Revista</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong><em>En el presente ensayo, el filósofo Alejandro Boverio se pregunta qué significa que el ultraliberalismo se emocione con la posibilidad de que nos pueda gobernar la inteligencia artificial. Se propone pensar a fondo ese anudamiento entre ultraliberalismo e inteligencia artificial a fin de plantear que lejos de pensarlo como una distopía de ciencia ficción, hoy mismo estamos bajo el dominio y, en algún sentido, somos gobernados por lógicas algorítmicas que no elegimos más que superficialmente a partir de plataformas de las que desconocemos su funcionamiento sutil. Que el ultraliberalismo sueñe con que nos gobierne la inteligencia artificial, se articula con la idea de Estado mínimo que tiene en mente: un Estado destinado solamente a proteger la propiedad, y por lo tanto un Estado cuyo alcance solo se restrinja a brindar seguridad y justicia</em></strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>Por Alejandro Boverio*</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><em>(para La Tecl@ Eñe)</em></p>



<div style="height:40px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-drop-cap has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Hace apenas cinco años, en el marco de una entrevista, intentando justificar la necesidad del achicamiento del Estado, esto es, de un Estado llevado a su mínima expresión, y frente a la pregunta del entrevistador de quiénes eran los que deberían conducir ese Estado mínimo, si los políticos, los tecnócratas o los intelectuales, frente a esa pregunta, un político que todavía no era tal, pero que en su destino estaba ganar las elecciones Primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias de 2023, respondía: “está la posibilidad, ahora lo han diseñado, que sea conducido por robots”. Frente a esta respuesta, el entrevistador, sorprendido, señala que deben faltar muchos años para que eso pueda ser real y, en todo caso, que una sociedad gobernada por robots no puede ser una sociedad <em>humana</em>. Frente a lo que su interlocutor insiste que está hablando de la sociedad actual y señala: “De hecho hay un hotel en Japón que está manejado por robots, con capacidad de empatía y en España hay robots con trece sentimientos”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Más allá de lo disparatada que pueda ser la afirmación, insiste en ella en al menos otra oportunidad, utilizando el mismo ejemplo del hotel automatizado y, señalando, para darle fuerza a su argumento, que ese hotel era el más económico en comparación al resto de los hoteles de la ciudad. Pequeña digresión: el hotel en el que estoy escribiendo estas líneas, uno de los más baratos de San Miguel de Tucumán, no es atendido por robots y dudo mucho que si fuera atendido por robots pudiera ser más económico de lo que es.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Indudablemente, cuando Milei hacía esas afirmaciones en 2018 no se imaginaba que él mismo estaría con posibilidades de ganar una elección presidencial, o al menos no tan pronto. ¿O lo que tenemos que imaginar es que se piensa a sí mismo como un robot?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Ahora bien, pensar a fondo esa afirmación, significa dejar de pensarla como una fabulosa distopía de ciencia ficción en donde en un futuro cercano un humano le pasará los atributos presidenciales a un robot que, a partir de entonces empezará a gobernarnos del modo en que los robots atienden el hotel japonés. Pensar a fondo esa afirmación significa pensar que hoy mismo estamos bajo el dominio y, en algún sentido, somos gobernados por lógicas algorítmicas que no elegimos más que superficialmente a partir de plataformas de las que desconocemos su funcionamiento sutil, y que ya están aquí, operando en todos los dispositivos electrónicos que creemos manipular y que, secretamente, nos manipulan más de lo que creemos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Que el ultraliberalismo se emocione con esta posibilidad, esto es, que nos gobierne la inteligencia artificial, se articula con la idea de Estado mínimo que tiene en mente: un Estado destinado solamente a proteger la propiedad, y por lo tanto un Estado cuyo alcance solo se restrinja a brindar seguridad y justicia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El problema reside en que la pretendida <em>neutralidad</em> de lo que para el ultraliberalismo significa la seguridad y la justicia no es tal, y esta confusión (sea ingenua o intencional, no importa) se engarza en la abstracción conceptual en la que descansa todo su andamiaje teórico. También su concepto de libertad es abstracto, en tanto ella pueda significar “morir de hambre”, como se ha dicho con un desmedido cinismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El ultraliberalismo actual persiste en los principios anticuados de una libertad que es considerada eminentemente como una libertad negativa, esto es, lo que en su momento Benjamin Constant llamó “la libertad de los modernos” referida a una libertad de “no interferencia” para que los individuos puedan realizar sus acciones en el ámbito privado como mejor les plazca. ¿Qué significa esto? Que no merece importancia el principio público de despliegue de la libertad, la célebre “libertad de los antiguos”, sino simplemente la posibilidad de su desarrollo en el ámbito privado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Así, amparado en un discurso de la libertad privatista, se deja a las corporaciones reinantes determinar el modo en el que se construye positivamente nuestra forma de ser colectiva. Se destruye así la voz pública que puede definir qué es lo que queremos ser como sociedad. El ultraliberalismo termina coincidiendo con un fascismo corporativo. No es un fascismo estatalista, como lo fue el del siglo XX, sino que éste, el del siglo XXI, es un fascismo empresarial que se vuelve difícil de precisar justamente porque circula a través de la inteligencia artificial, entre billeteras digitales, bitcoins y criptomonedas. Es decir: de manera anónima.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>II</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Nuestro interés reside en señalar que la inteligencia artificial está asentada en una política y ella misma es política. Frente a los juegos distópicos que se preguntan si las inteligencias artificiales algún día dominarán al humano, o si la vida humana estará en riesgo de ser exterminada por una inteligencia artificial que se independice lo suficiente para volverse contra ella, la realidad es que día a día la inteligencia artificial acecha la vida de diversos modos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El extractivismo de la inteligencia artificial corroe la vida de forma cotidiana, puesto que ella misma no puede sino existir fundada en la extracción de los recursos minerales del planeta, como así también de la extracción de datos a escala masiva, a lo que se suma la mano de obra barata.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La inteligencia artificial, como señala Kate Crawford en su <em>Atlas de inteligencia artificial</em>, “es otro tipo de megamáquina, un conjunto de enfoques tecnológicos que depende de infraestructuras industriales, cadenas de suministros y mano de obra extendidas por todo el mundo, pero que se mantienen en segundo plano”. Esa infraestructura que depende fundamentalmente de los recursos naturales, entre ellos actualmente el litio (componente fundamental para las baterías recargables que utilizan desde nuestros <em>smartphones</em> hasta los autos eléctricos), no puede sino ponerse en funcionamiento sino a través de la energía eléctrica. Por ello mismo es importante mostrar la materialidad extractivista que está en la base de cualquier tipo de <em>data mining</em> o “minería de datos” que es un tipo de extractivismo desdoblado. Este extractivismo de recursos naturales normalmente tiende a ocultarse a partir de unas retóricas en donde todo el andamiaje digital se resume en la idea de “nube”, que pretende mostrarlo de forma evanescente, como si comportara una estructura meramente ideal. Por esto mismo tampoco es casual que los poderes financieros que se benefician directamente de este extractivismo le hagan decir a sus portavoces, de manera increíble, que el “calentamiento global” no existe.</p>



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<figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="https://media.tiempodesanjuan.com/p/7c2d245d95e211fe90d2308675c8b4d3/adjuntos/331/imagenes/000/708/0000708089/790x0/smart/eleciconesjpg.jpg" alt=""/></figure></div>


<div style="height:27px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>III</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El desarrollo de maquinaria, en su fundamental ensamblaje con el desarrollo científico aplicado a la producción, lleva a una tendencial desaparición del trabajo. Pero eso no significa una desaparición de la pobreza ni de la exclusión, muy por el contrario, se necesita menos cantidad de mano de obra a medida que los procesos productivos-cognitivos son realizados por la maquinaria-algoritmo. Y en paralelo el proceso de concentración se vuelve cada vez más extremo, llegando a niveles pocas veces vistos en el pasado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Marx decía con razón que “el valor objetivado en la maquinaria se presenta además como supuesto frente al cual la fuerza valorizadora de la capacidad laboral individual desaparece como algo infinitamente pequeño”. Y ello cuando el nivel maquínico-algorítmico es de niveles gigantescos como los actuales, la capacidad laboral se vuelve directamente invisible y hasta gratuita. Trabajamos diariamente para los algoritmos, dándoles información a través de nuestras interacciones y búsquedas, insumos básicos para que los algoritmos de rankings de <em>Google</em> y <em>Meta</em> sigan procesando la información de todos y de cada uno bajo la lógica estadística del <em>Big Data</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">El <em>feedback</em> del que se nutre el algoritmo lleva al extremo la sociedad de consumo en el sentido en que no sólo genera estadísticas para ofrecer mejor “en general” los productos que se ofrecen, sino que, a la manera del poder pastoral, opera en <em>omnes et singulatim</em>, es decir, en todos pero también y, esto es lo importante, en cada singularidad en particular. El algoritmo así puede ofrecernos lo que estamos buscando, o lo que se orienta a través de nuestras búsquedas y de esta forma maximizar su productividad y la productividad del capital. Y eso no solo tiene que ser un producto físico, por supuesto, sino también millares de productos digitales que crecen de manera acelerada: desde imágenes y videos, pasando por infinidad de servicios de <em>streaming</em>, hasta <em>apps</em> de todo tipo. De esta forma el algoritmo va construyendo perfiles para cada individuo al que le ofrece contenido <em>en la línea</em> del que consume habitualmente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Estos nuevos procesos significan un cambio radical en nuestros modos de existencia, puesto que llevan la dimensión del yo al límite de una <em>mismidad </em>absoluta, disminuyendo al extremo la posibilidad de un encuentro con algo verdaderamente novedoso, extraño o diferente a lo que estamos acostumbrados. Y, por supuesto, este proceso no sólo se remite a productos sino también a opiniones y corrientes de opinión: en general, el algoritmo nos muestra aquello con lo que solemos acordar, con lo que se reafirman nuestras habituales convicciones y se cierra así nuestra experiencia en el círculo de una homogeneidad totalitaria. De este modo, nuestra existencia se separa radicalmente de lo otro, en el sentido en que se refuerza la construcción de una individualidad absoluta tras la soledad de nuestras pantallas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Al ultraliberalismo no le resulta difícil montarse sobre esta dinámica existencial que produce el algoritmo y de este modo crece en acumulación política. Su concepción de la libertad como mera “no interferencia” encaja a la perfección con la individuación que técnicamente produce el algoritmo. Así todo conflicto público debe ser reprimido de la misma forma en que pueden ser silenciadas las <em>stories</em> de <em>Instagram</em> que ya no queremos ver. La fascinación del ultraliberalismo con la inteligencia artificial es que, con ella, empieza a acercarse tendencialmente la posibilidad de que todo conflicto público pueda silenciarse con un <em>click</em>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size"><strong>IV</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Que las mercancías parezcan que valen independientemente de las relaciones humanas que las sustentan, ese <em>quid pro quo,</em> como dice Marx, ese tomar una cosa por otra, de escamotear lo que es producto de relaciones humanas y ponerlo como si fuera una relación de las cosas con ellas mismas es lo que pretende desmontarse como la mayor ficción que sustenta al capitalismo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">En su célebre “Fragmento sobre las máquinas” de los <em>Grundrisse, </em>Marx se refiere al proceso de autonomización del capital frente al trabajo a partir del creciente desarrollo de la maquinaria como capital fijo. El proceso de enajenación que tan bien explica en los <em>Manuscritos</em>, aquí se ve en su progresiva expansión a partir de la maquinaria. Si el productor podía tomar como ajenas a las cosas producidas por él mismo es porque en el proceso productivo se encuentra el origen de esa enajenación y dominación: “En la maquinaria el trabajo objetivado se le presenta al trabajo vivo, dentro del proceso laboral mismo, como el poder que lo domina”. La labor del trabajador pasa a ser así un apéndice de una fuerza que se le aparece como externa y, en tanto tal, se le impone. Luego es un efecto de ello que, en el día a día, las mercancías se le aparezcan como algo completamente ajeno y las relaciones sociales que son el fundamento de su valor se muestren como relaciones entre las cosas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">La inteligencia artificial en tanto maquinaria etérea también ejerce ese <em>quid pro quo</em>: se muestra como algo independiente, ajeno e inhumano que nos domina, pero en tanto trabajo objetivado es, de hecho, producto de nosotros mismos. Y en ese sentido responde a un qué, a un quién y a un para qué. Mostrar el modo en que se engarza con formas políticas ultraliberales y éstas, a su vez, con un capitalismo financiero globalizado es lo que no tenemos que perder de vista en una época en donde el algoritmo está alcanzando un nivel de autonomización extremo.</p>



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<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">Buenos Aires, 13 de octubre de 2023.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Filósofo y ensayista, co-editor de la revista <em>El ojo mocho</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-medium-font-size">*Extracto de su conferencia dictada en el marco del XX Congreso Nacional de Filosofía AFRA, San Miguel de Tucumán, del 20 al 23 de septiembre de 2023.</p>
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