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Ideología de la beneficencia – Por Mario de Casas

La diputada Elisa Carrió propuso reivindicar changas y propinas como modo de paliar la crisis social y económica que el gobierno nacional ha generado. A través de la ya extensa cadena de exabruptos proferidos, Carrió pone de manifiesto lo medular del plan neoliberal-macrista, es decir, su ideología: el quiebre del Estado Social de Derecho.

Por Mario de Casas*

(para La Tecl@ Eñe)

 

“A la clase media le pido que dé propina y changas”.

“Hay que mantener las propinas y las coimas”.

Diputada de la Nación Elisa Carrió.

 

En la cadena de asertos y lapsus -exabruptos incluidos- de la Dra. Carrió se puede ver la médula del plan neoliberal-macrista, es decir, su ideología. La Diputada está haciendo un aporte invalorable a la sociedad argentina, que la Historia sabrá reconocer: su inclaudicable locuacidad tiene la virtud de desarmar la principal herramienta comunicacional del gobierno al que pertenece, que no es otra que un crudo cinismo.

En esta senda, la insistencia carrioteana en pedir por la propina me llevó a visualizar un fenómeno que inspira pero a la vez es consecuencia de las políticas que impulsa la alianza Cambiemos. El despiadado neoliberalismo produce lo que bien se podría llamar paternalismo neoliberal: la estructura social emergente en la que el Estado desempeña un rol paradójico, se encarga -por un lado- de articular todos los resortes de la sociedad al servicio de los privilegiados del “libre” mercado, mientras -por otro- ejerce y promueve el control de los pobres, para lo cual sustituye cualquier consenso por represión y, como complemento, PROpone sustituir justicia social por caridad.

En semejante contexto, el receptor de una propina deja de ser alguien que recibe un reconocimiento adicional por su trabajo y pasa a ser una víctima a quien el sistema le impone la propina como medio de subsistencia. Con la changa pasa lo mismo, una cosa es hacer una changa en condiciones de empleo digno y otra muy distinta es que la changa sea el único medio de vida; la condición límite está dada por la limosna, dádiva que no implica contraprestación alguna. Todas modalidades que tienen en común la informalidad, dependen de la voluntad del potencial otorgante, humillan a quien las recibe y constituyen formas privadas de asistencialismo, beneficencia pura y dura: el Estado ha dejado de reconocer derechos básicos a los más vulnerables.

Si los sectores dominantes han hecho alguna vez uso de la asistencia estatal para reproducir las relaciones sociales de producción y garantizar la continuidad de su hegemonía, es decir, como instrumento de legitimación, paliativo de la miseria que generaban y uno de los sostenes del statu quo; el pedido de Carrió es el anuncio de que el macrismo, que está batiendo todos los récords en materia de generación de miseria y crisis por unidad de tiempo, pretende privatizarla. Es evidente que la señora de la mirada esquiva padece la misma inocultable desorientación del elenco al que pertenece y, portadora de la soberbia del insensible, se permite reivindicar changas y propinas en un país cuya plebe conoce y defiende sus derechos y ha puesto en jaque al Gobierno que los vulnera.

No obstante, es oportuno relacionar aquellas prácticas y su circunstancial PROmotora con ciertos aspectos de la cuestión religiosa: en nuestro país, más allá de los discursos y documentos de ocasión, la Jerarquía -con honrosas excepciones- ha hecho que la Iglesia las difundiera históricamente con una insistencia y continuidad dignas de otras causas, hasta lograr que se incorporaran al código de la moral formal de las buenas costumbres, que alcanzaran rango cultural. Así, la jefa de la Coalición Cívica, que hace alarde de misticismo, al extremo de ausentarse del debate por la ley de interrupción voluntaria del embarazo para ir a rezar a un santuario, cumple el rol de PROpagandista de una añeja alianza entre capitalismo y clericalismo; maridaje que podría adquirir especial relevancia en la fase denominada neoliberalismo, ese presente griego que esta vez nos han traído Macri y sus cómplices.

La tesis de la religión como opio del pueblo, que ha sido tergiversada y convertida en uno de los argumentos utilizados para denostar íntegramente los aportes del pensamiento marxiano, puede ayudarnos a comprender de qué se trata.

Quien haya leído atentamente la Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, el texto en el que Marx caracteriza la religión como el “opio del pueblo y complemento espiritual de un mundo sin alma”, como la “conciencia invertida del mundo”, no podrá interpretar tales afirmaciones como un rechazo radical a la práctica religiosa en sí, como opción espiritual, sino a la función social que cumple la religión en un mundo dominado por la explotación y la alienación del hombre; en otras palabras, a una religión que se adapta a las necesidades de la ideología dominante y se convierte en un mecanismo de compensación, que asume una doble función: por un lado, sirve de consuelo a las almas atormentadas que sufren los rigores de la opresión y, por otro, legitima el orden establecido en tanto se constituye en “aroma espiritual” de un mundo cruel. Vale decir que la crítica marxiana se dirige a la instrumentalización social y política de la religión.

Si bien queda poco para decir respecto de los estragos que producen el neoliberalismo, su ideología y su programa, lo cierto es que hacen de la cuestión social un problema que el Estado no tiene que resolver, lo tiene que disolver. Y entonces aparece la Diputada en representación de aquellos que pretenden someter nuestra sociedad a las exigencias del capital y descomponer todas las relaciones humanas en relaciones mercantiles: necesitan de la religión como suplemento espiritual que brinde a todos y todas lo que no encontrarán en la realidad social. Es lo que PROpone Carrió y rechaza Marx. Es la forma PRO de compensar la destrucción de los derechos sociales que vienen realizando planificada e implacablemente; es la ruptura no ya y no sólo del Estado de Derecho, sino del Estado Social de Derecho, ése que entre nosotros siempre ha sido construido por el tan denostado populismo.

Así, abandonado el papel que le corresponde cumplir al Estado como legítimo garante de los derechos y las libertades de todos los ciudadanos -según el liberalismo progresista- y enterrada la justicia social bajo las “aguas heladas del cálculo egoísta”, la miseria se hace más visible y real que nunca, y no queda más remedio que recurrir a la represión para los rebeldes y a la caridad para los dóciles. De unos se encargan Patricia Bullrich y sus muchachxs; de los otros, la Iglesia y otras organizaciones espirituales y benéficas -otra cesión de poder a las corporaciones-, y la “clase media”, que aportará, ¿aportará?, changas propinas y limosnas, original iniciativa de la nueva derecha.

 

Mendoza, 11 de julio de 2018

*Ingeniero civil. Diplomado en Economía Política, con Mención en Economía Regional, FLACSO Argentina – UNCuyo. 

1 Comment

  1. Sara Berlfein dice:

    Tristeza impotencia. Pero nunca resignación Nooo

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