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Argentina: de la Estancia a la banca offshore – Por Horacio Rovelli

Horacio Rovelli realiza en esta nota un análisis histórico y económico sobre la formación de los sectores dominantes en Argentina para afirmar que no es lo mismo el productor que la cofradía de especuladores financieros y bancos, aunque todos operan con banca offshore y tienen negocios interrelacionados.

Por Horacio Rovelli*

(para La Tecl@ Eñe)

Nuestros sectores dominantes nacieron y se forjaron subordinándose a Inglaterra que era la gran potencia en el Siglo XIX hasta perder su lugar tras la segunda guerra mundial a mediados del siglo XX. La burguesía porteña se endeudaba hipotecando los destinos del país, fue Bernardino Rivadavia, en esa época su principal referente, como Ministro de Martín Rodríguez en 1824, que tomó el crédito con la Baring Brothers, cediendo en garantía del empréstito la hipoteca de todas las tierras y demás bienes inmuebles de propiedad pública, prohibiendo su venta, y se cedía su uso en enfiteusis, mediante el cual se arrendaban contra el pago de un canon.  La deuda fue de un millón de libras esterlinas, una parte menor llegó al país para financiar las importaciones, pero se terminó pagando más de veinte veces esa suma hasta saldarla en la presidencia de Manuel Quintana (quién antes y después de ser Presidente de la República fue abogado principal del Banco de Londres en el Río de la Plata), en el año 1904.

Fue Bernardino Rivadavia como primer presidente unitario, quién nombró a Juan Manuel de Rosas comandante de los ejércitos de campaña a fin de mantener pacificada la frontera con la población indígena de la región pampeana, dado su conocimiento y oficio demostrado en la primera campaña del desierto bajo las órdenes del Gobernador Martín Rodríguez. Y fue Rosas, paralelamente, y los sectores ligados a él que visualizaron que podían basarse en la producción de carne y cuero, quién defendió la independencia de los estancieros porteños: “Orden por sobre todas las cosas, contra los perturbadores de adentro y de afuera”, es en la Argentina de Rosas donde se consolida una sola institución capitalista: LA ESTANCIA.

Derrotado Rosas por las amplias y variopintas fuerzas que se pusieron bajo las órdenes de Justo José de Urquiza en Caseros, el 3 de febrero de 1852, los defensores del puerto de Buenos Aires, formado por antiguos unitarios y rosistas, se negaron a organizar la Nación a través de una Constitución federal en pie de igualdad con las demás provincias. De modo que se separaron del resto del país, estableciendo lo que se conoce como Estado de Buenos Aires, que no participó en la sanción de la Constitución Argentina de 1853,  ni se incorpora a la Confederación Argentina.

Al no ceder los porteños la renta aduanera, la “Confederación, Argentina” tenía serios problemas económicos que no lograba resolver; el comercio exterior seguía pasando casi exclusivamente por la aduana de Buenos Aires, que era ―por mucho― la mayor fuente de ingresos fiscales del país.

En 1859 se produce la Batalla de Cepeda donde las fuerzas porteñas confiadas a su abanderado, Bartolomé Mitre, son vencidas. Urquiza y sus tropas se detuvieron en San José de Flores y firman el pacto donde se incorpora a Buenos Aires a la Confederación, pero se le garantizaba la continuidad de las rentas de la aduana por seis años.  Esto le permitió a Buenos Aires “influir” sobre los gobiernos provinciales y fortalecerse militarmente (pasaron de tener 14.000 a 22.000 soldados) para enfrentar a Urquiza en Pavón en 1861. En Pavón, la caballería de Urquiza diezmó las fuerzas porteñas, corriéndolas hasta arroyo del medio, sin embargo la infantería mitrista doblegó a los de la Confederación, con lo que Urquiza sin comprometer su ejército de reserva (más de 4.000 hombres) abandonó el campo de batalla. Bartolomé Mitre se hizo cargo provisoriamente del Poder Ejecutivo Nacional, para posteriormente de obtener el triunfo en las elecciones generales, y asumir formalmente la presidencia de la República el 12 de octubre de 1862.

Su primer objetivo fue remover las autoridades provinciales federales para garantizar la subordinación de todo el país al modelo de integración que se sujetaba a su vez al capital británico. Desde Córdoba, foco liberal del interior del país, el ejército mitrista avanzó sobre otras provincias — Mendoza, San Juan, San Luis, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero y Salta— donde fueron desalojados por la fuerza los gobernadores federales  por las tropas enviadas por los porteños, bajo el mando de Venancio Flores, Paunedo, Arredondo, Irrazabal, Sandes, que eran del partido Colorado de Uruguay y en 1863 derrocaron al gobierno Blanco de Bernardo Berro, campaña a la que denominaron, paradójicamente, “Cruzada Civilizadora”.

El gobierno de Paraguay consciente que quedaba aislada y sin el puerto de Montevideo donde sacar sus productos, salió en su defensa y su ejército cruza nuestra Mesopotamia sin autorización, lo que sirvió de pretexto a Mitre para conformar la alianza con Brasil del Emperador esclavista Pedro II, e invadir Paraguay en nombre de la “libertad”, la civilización y el progreso. Paraguay era un país independiente que requería del puerto de Buenos Aires y de Montevideo para exportar tabaco, yerba, azúcar con lo que pagar los indispensables insumos para sus talleres metalúrgicos, su industria textil y los servicios del mejor nivel de toda la región. Ese gran mentiroso de Mitre sostuvo: “En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en 3 meses en Asunción”, pero lo cierto es que la guerra duró casi cinco años, y le costó a la Argentina más de 50.000 muertos. Sin embargo, benefició a comerciantes y ganaderos porteños y entrerrianos cercanos al poder, que hicieron grandes negocios abasteciendo a las tropas aliadas, o como lo explicara el mismo Mitre: “En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio (se refiere a la libertad de comercio) Cuando nuestros guerreros vuelvan de su campaña, podrá el comercio ver inscripto en sus banderas victoriosas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado”. 

 El mercado de cambio de Buenos Aires se creó con la Guerra al Paraguay por los empréstitos tomados por Norberto De La Riestra en nombre del gobierno mitrista de 2.500.000 libras esterlinas, y por el ingreso de divisas del imperio de Brasil para financiar la guerra  y comprar caballos, mulas, vacas, etc.

Al terminar su mandato, Mitre había logrado el propósito de la burguesía mercantil porteña de dejar estructurada una Argentina políticamente liberal y dependiente del capital internacional, para ello se valió principalmente del endeudamiento que enriqueció como comisionista a nuestra incipiente burguesía porteña e hipotecó a la población. El origen y objetivo de la deuda fue y es no es solo el negocio rentístico y facilitar altas tasas de retornos a los acreedores y sus socios, sino también, como trasfondo, el de constituir un modelo dependiente del capital financiero internacional, con determinados segmentos que se desarrollan en el país.

Toda la caterva de funcionarios de los distintos gobiernos que continuaron a Mitre hasta el gobierno constitucional de Don Hipólito Yrigoyen, defendió la subordinación a Inglaterra y los negocios de la deuda, produciéndose de hecho una alianza entre la burguesía comercial y los estancieros de la pampa húmeda productora de cueros y carnes saladas para exportación, ambos asociados al capital inglés, generando el pperiodo de transición que permite el marco institucional y político al modelo agro exportador, con el objetivo de insertarse en el mercado mundial a través de la especialización en actividades agrícola-ganaderas donde contaba con “ventajas comparativas naturales” y establecer una economía complementaria con Gran Bretaña.

Sin embargo, lo que era redituable para la minoría dueña de las pampas y del puerto de Buenos Aires, no lo era para nuestro pueblo y las provincias, y a su vez la minoría beneficiada enfrentaba tres grandes restricciones que no pudieron resolver:

  • Debió contraer fuertes deudas para financiar las obras de infraestructura (obras públicas portuarias y sanitarias, FFCC, establecimientos ganaderos, alambrado de la pampa, más tarde los frigoríficos, construcción de viviendas, etc.)
  • Exportaba productos de escaso valor agregado, a excepción de la carne enfriada (con el invento de Charles Tellier para conservar el frio a fines del siglo XIX), mientras las importaciones eran cada vez de mayor valor. 
  • Concentración de tierras en pocas manos, y la renta de la tierra como eje central del proceso de acumulación.

A las deudas tomadas por Rivadavia y Mitre se le debía sumar las deudas que financiaron las inversiones directas y el constante incremento de las importaciones, que producen déficit en la balanza de pagos. La situación estalló con la “Crisis de 1890” donde se incurre en el primer default (en cesación de pagos) de la historia Argentina.

La crisis de 1890 demostraba palpablemente que el país para pocos era incluso insustentable por la deuda y la necesidad de importar la mayoría de los bienes industriales, principalmente de Gran Bretaña, a la vez que el precio de nuestras exportaciones también lo fijaba Gran Bretaña, de donde eran la mayoría de las embarcaciones comerciales y el seguro. De allí que los sectores medios apoyados por las crecientes corrientes de inmigrantes van a constituir la Unión Cívica, para presentarse como alternativa de gobierno de los conservadores.

 

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LA SITUACION ACTUAL

Pero todo este relato histórico tiene como fin demostrar que pese a la interrelación que existe, no es lo mismo el productor, en la actualidad serían los grandes terratenientes y productores agropecuarios como Grobocopatel, Benetton, Lewis, Turner, la sociedad de los Macri con Alejandro Jaime Braun Peña en Salta, la UIA (esencialmente los dos grupos dominantes Techint y Arcor) y las entidades representativas de los industriales, de los constructores, etc., que la cofradía de especuladores financieros y bancos, aunque todos operan con banca offshore y tienen negocios interrelacionados.

Esto es, los grandes productores pueden reciclar una parte de sus ganancias en el capital financiero y beneficiarse con el “carry trade” y la diferencial entre las tasas altas de las LEBAC y el menor ajuste cambiario, pero ello a su vez le va minando su capital productivo fruto de la competencia desleal que implica en un mundo sobre producido (con fuertes stocks a liquidar), el atraso cambiario, donde las importaciones sustituyen producción local por un lado, y las dificultades que tienen para exportar, porque la suba de las tasas de interés y de las tarifas incrementaron fuertemente los costos internos.

Siempre nuestros sectores dominantes fueron un mosaico difícil de definir, más ahora, donde todos se subordinan a la lógica del capital financiero internacional, pero el gobierno de Macri ha favorecido esencialmente al capital financiero y a las grandes empresas energéticas (donde paradójicamente también hay grandes productores como el caso de Joseph Lewis, poseedor de amplias extensiones de tierra en nuestra Patagonia y socio de Marcelo Mindlin en Edenor).

Techint por ejemplo se benefició con la instalación de sus plantas de caños sin costura en Houston –EEUU y con las medidas de protección arancelaria (el único producto en la Argentina que tiene un arancel del 40% para la importación es el acero) e incluso con el pedido del Presidente Macri al Presidente Trump que deje afuera de la modificación arancelaria al acero proveniente de nuestro país (léase Techint), pero pese a tener un mercado cautivo, el menor nivel de industrialización interno (producción de automóviles, línea blanca, envases de hojalata, etc.) significó menor demanda interna y por ende menor ganancia.

A Arcor, la otra gran trasnacional de origen argentino, que produce y distribuye caramelos, dulces, chocolates, helados, galletas, conservas, etc., que tiene una fuerte integración vertical que le permite elaborar la mayoría de los insumos que utiliza y también los envases de papel, cartón y celofán, puso el grito en el cielo cuando denunció que en el último año ingresaron 26 millones de latas de tomate de conserva desde Italia, en un salto que ponía al producto importado en el equivalente al 40% de la producción local.

Y si esto les pasa a los grandes, es necesario pensar lo que les sucede a las empresas medianas, pequeñas y micro emprendimientos que es el 98% del total de las firmas que producen en el país, máxime aquellas que son de mano de obra intensiva como el caso de las industrias textiles, calzados, gráficos, etc., que deben competir con un dólar atrasado que de hecho subvenciona las importaciones y los tours de compras al exterior.

La unidad del capital es la empresa productiva (como lo fue la estancia en el siglo XIX), pese a los buenos negocios generados para la minoría más rica del país, que compra dólares baratos porque los déficit fiscal y comercial obligan al gobierno a endeudarse por unos U$S 35.000 millones por año (alrededor del 7% del PIB), pero nada es para siempre, lo que beneficia a la faz rentista de nuestra burguesía, perjudica a la faz productiva y es allí donde los empresarios que tienen inversiones físicas y concretas en nuestro país, que compraron dólares baratos y participaron de los carry trade, se dan cuenta que los perjudica cuando ven que tienen altos costos internos para producir y que el mercado interno se les reduce por las crecientes importaciones.

Pero Macri y el gobierno de Cambiemos son Rivadavia, son Mitre, esto es una burguesía portuaria y rentística, los principales funcionarios de Cambiemos fueron puestos por los grandes bancos y solo conocen de “bicicleta financiera” y de fuga de capitales a las bancas offshore. Francisco Cabrera, Gerente General de la AFJP Máxima del Grupo HSBC es el Ministro de Producción, que Luis “Toto” Caputo sea el Ministro de Finanzas, cuando negó ser socio dueño del Fondo Noctua Partners y la documentación de la SEC (Comisión de Valores de los EEUU) demuestra que era propietario, fondo que litigó contra la Argentina por poseer títulos de deudas no pagados en la gestión Cavallo. Que Leandro Cuccioli sea nombrado titular de la AFIP (Administración Federal de Ingresos Públicos) cuando tiene la mayor parte de su capital en el exterior e integró el directorio de El Tejar, uno de los más grandes emprendimientos agropecuarios de la Argentina y el Cono Sur, pero que como empresa fijó su sede en las islas Bermudas, no se diferencian de los banqueros y financistas como Victorino de la Plaza, Manuel Quintana o José Figueroa Alcorta.

Sin embargo, llega un momento en que esa alianza, esa comunidad de intereses y de negocios se rompe, y por la misma combinación que se rompió en 1890, por la deuda creciente e impagable que termina en estrangulamiento del sector externo, por la fuerte concentración económica y por la desocupación y los bajos salarios.

Lo sufrimos en vivo y en directo en los años 2001 y 2002, déficit fiscal y déficit comercial muy similar al alcanzado por la impericia del gobierno de Macri (8% el consolidado de todo el sector público nacional y 4,5% el comercial) y ante ello, la banca acreedora propuso un plan canje, el 4 de junio de 2001, que refinanciaba los vencimientos a cinco años y a una tasa que iba del 14 al 18% anual en dólares, por supuesto todo derrapo en diciembre de ese año.

Como a ese final nos acercamos, cada sector busca llevar agua para su molino y allí salta la contradicción de los que aparecían apoyando a un gobierno liberal y subordinado a tomar deuda y que permite el ingreso de productos del exterior que se producen en el país, que ahora se vuelven a parar en la vereda del frente acusando con el dedo

La UIA será lo que será, pero es la que tiene inversiones en el país y una importante generadora de fuente de trabajo (si se quiere súper explotados, etc. etc., pero en la Argentina actual hay 1.350.000 trabajadores en la industria). Por eso, cuando Miguel Acevedo, Presidente de la UIA, que representa a las grandes exportadoras de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), entre ellas Cargill, Molinos Río de la Plata, COFCO (que es la empresa China que compró Nidera y Noble) y la empresa de la que es Director, Aceitera General Deheza, ante el ingreso de productos alimenticios, enseres personales, calzado, textiles, etc., diga “Hoy más que el supermercado del mundo tenemos el mundo en nuestros supermercados”

La idea del macrismo, es hacer negocios, financiarse con deuda (ahora vuelve a colocar Letras de Tesoro de 182 días de plazo, en dólares, lo que es ganancia segura para los que las compren y encima va a ser con la modalidad que la tasa la ofrecen los compradores y la determina el Ministerio de Finanzas en el “corte”) y seguir, como puede el Manual de la OCDE (que aspira a ser como Chile y que la dejen integrar ese listón de países desarrollados – y ya sabemos lo que entiende ellos por desarrollo). 

En fin es largo el Rosario, pero los que tienen más intereses en producir que en especular, saben que la buena época se acabó, que el costo es cada vez mayor y que el futuro lo conocen y le temen, y que ganaban más plata y producían más cuando se defendía el mercado interno, y que podían repetir el proceso permanentemente, ahora ven que llegó el final del juego y que por más dólares baratos que compraron (y fugaron) la situación social y política se les puede ir de a mano y no confían en los CEOS de Macri, en su visión financiera.

Buenos Aires, 13 de marzo de 2018

*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).

2 Comments

  1. Alicia Baltiérrez dice:

    ¡¡Excelente artículo!! Muchas gracias!

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