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Los caminos recorridos – Por Horacio Rovelli

Horacio Rovelli analiza en esta nota el recorrido histórico de la subordinación y dependencia económica de nuestro país y destaca cómo con la llegada del kirchnerismo se procuró la generación de empleo, la defensa de la producción nacional y la búsqueda de nuevos mercados para nuestra producción fuera de la subordinación al capital internacional.

Por Horacio Rovelli*

(para La Tecl@ Eñe)

El nacimiento de nuestro país surgió subordinado al interés del imperio inglés, que no pudiendo tomar militarmente posesión del Virreinato del Río de la Plata lo hizo mediante acuerdos con un sector de la incipiente burguesía local atada a las importaciones y posteriormente, fue ganando cada vez más importancia, con la compra de carne y trigo y después otros alimentos y materias primas, con lo cual abaratar el costo de la mano de obra de sus trabajadores, de los esclavos, para insumos para sus industrias, y generar mercados para sus productos.

Ese modelo de subordinación se resintió durante la crisis de 1930, obligando a la burguesía Argentina a cierto  grado de industrialización que básicamente fue llevada a cabo por empresas extranjeras que se radicaron en el país, y en menor medida, por los estancieros que se reconvirtieron en industriales, la más de las veces asociadas al capital extranjero, pero esa etapa (Plan Pinedo) iba a profundizarse y desarrollarse en el peronismo, lo que por un lado reconvierte la economía local al pasar a sustituir parte de los que se importaba, y por otra parte, aparece el movimiento obrero como factor de poder en la nueva sociedad.

Los sectores conservadores, pese a que seguían siendo los más beneficiados porque en ningún momento se les cuestionó su derecho de propiedad, sí tuvieron que hacer concesiones y aceptar las regulaciones por el Estado, entre ellas la de que el Estado se apropió de parte de los ahorros monetarios de los exportadores y reguló su comercio mediante el IAPI,  que sumado a la hegemonía que iba teniendo y que acrecentó tras la segunda guerra mundial el capitalismo estadounidense, con lo que ambos sectores vislumbraron ponerle fin  a la experiencia justicialista, pero dado la importancia del mercado interno en la Argentina de mediados de la década de 50 del siglo pasado, y que vendemos al mundo alimentos cuyo mercado de referencia y principal productor son los EEUU, se continuó con el mismo modelo económico adaptado a los nuevos tiempos. Esto fue así hasta que fruto de las grandes fábricas con miles de obreros, quienes iban acrecentando la resistencia a las condiciones de trabajo y por mejor salario, por una parte, y la restricción energética por la crisis del petróleo por otro lado, pusieron fin al modelo de sustitución de importaciones generados por Pinedo y por Perón.

Durante la segunda guerra mundial los exportadores locales le vendieron carne y trigo a los dos frentes, recién Argentina rompió relaciones con el eje al final de la guerra y cuando el triunfo aliado era inevitable. Pero en esa época atesoraban sus superávit en pesos y en el Banco Central, basta recordar quiénes fueron sus presidentes y directores desde que se creó en 1933, para ver que eran todos de esa “oligarquía con olor a bosta” que decía Sarmiento. Perón nombró como Presidente del BCRA a un gallego, que vivía y trabajaba de chatarrero en Lanús –Gran Buenos Aires, Don Miguel Miranda, quién más que duplicó la emisión monetaria licuando la riqueza atesorada y transfiriendo recursos a los trabajadores y a la industria.

Cuenta la historia que Don Roque Vasalli se entrevista con Perón y le pregunta que hacía en Italia antes de hacer tanques y cañones para el Duce. Vasalli le dice que hacía cosechadoras y demás maquinarias agrícolas. Perón le pide que se instale en el país, pero Vasalli le dice que no tiene capitales suficientes; Perón le dio el predio en Firmat-Santa Fe, y a través del Banco Industrial le concedió generosos créditos (a tasas negativas) para la compra de maquinarias, equipos e insumos y pago varios meses a los trabajadores contratados que Vasalli formó y enseñó en el uso de las mismas.  Los recursos los había provisto el campo argentino gracias a la inteligencia de Don Miguel Miranda y sus colaboradores.

También Perón le confió a Miguel Miranda la expropiación de los ferrocarriles a los ingleses como parte de pago de la deuda que ese país había contraído con nosotros, y lo nombró Director del IAPI, e incluso fue el impulsor de productos nacionales (ropa, calzado, enseres personales, etc.) a bajo precio para el acceso a la población, sin embargo, mientras pululan calles, avenidas, plazas, y hasta estatuas de agentes del imperio inglés en el país, no hay una placa recordatoria a ese patriota que murió en el mayor de los olvidos.

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No estaba agotado el modelo de sustitución de importaciones, es más, había llegado a fases de industrialización y exportaciones de ese origen que garantizaban el financiamiento de un crecimiento sostenido. El problema era el conflicto social, el repudio de los trabajadores apoyados por la población de la política represiva de los empresarios y del gobierno militar que se reflejaron en los “Cordobazos”, “Tucumanazos”, “Mendozasos”, y en que aparecen organizaciones armadas que enfrentan la situación. En ese marco es que Agustín Lanusse y un sector de la burguesía nacional (nacional porque está en el país) deciden jugar la carta de hacerlo volver a Juan Perón, que viejo y enfermo acepta retornar a un país que ya no es el que él conoce.

La historia habla con hechos, los López Rega y la burocracia sindical con el aval de los EEUU,  llevaron a crear las condiciones para que se ejecute el mayor genocidio de nuestra patria e imponer un modelo de subordinación al capital financiero internacional reflejado en la “tablita de Martínez de Hoz”, que posibilitó el endeudamiento para financiar la fuga de capitales, dejando una minoría enriquecida e internacionalizada, y el país con una deuda externa limitante y condicionante de su futuro.

Los planes stan by del FMI,  el acatamiento por el gobierno de Raúl Alfonsín tras la renuncia de ese otro patriota, también olvidado, Don Bernardo Grinspun, la legitimación de la deuda, el derrape por híper inflación de 1989, el menemismo  y sus diez años de gobierno con las privatizaciones, y la convertibilidad de la moneda con el dólar como si fuera un vale de $1.- = U$s 1, dando lugar a la “Alianza” con total incomprensión de la situación que termina en las aciagas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Es más, la crisis del plan de convertibilidad de diciembre de 2001 y la posterior devaluación de nuestra moneda (en abril de 2002 la cotización del dólar era de $ 4.- en el mercado de Montevideo, una de las plazas del mercado negro de divisas de la Argentina) fue traspasada al pueblo argentino con medidas como la de asegurar a los empresarios la conversión de su deuda en dólares a $ 1,40.- , la brutal diferencia con el valor del mercado la pagó el pueblo con endeudamiento para subvencionar a las empresas.

En todo ese escarnio, la rotura del modelo de integración en el mercado interno y su reemplazo por el de valorización financiera, en esa brutal transferencia de recursos de la población a los más ricos, se genera el dominio ideológico que hace que gran parte de la población acepte el culto al individualismo, el sálvese quién pueda, a que cada uno se forja su porvenir independientemente como le va a la sociedad, la falsa meritocracia. Perón anciano repetía “no puede haber realización personal en una sociedad que no se realiza”, por lo que el aislamiento de cada uno es funcional al modelo de valorización financiera que tiene a los sectores más favorecidos como únicos beneficiarios.

Lo que pasa con el sistema previsional es un claro ejemplo, el exacerbado individualismo dice que cada uno se procure su jubilación  y que reciba según lo aportado. Lo plantea el gobierno de Macri como fundamento de su reforma previsional, que no es otra cosa que modificar el sistema de ajuste para reducir los haberes previsionales incluido el haber previsional inicial, que prácticamente era el 60% de los que se cobrara en actividad y ahora pasa a ser en torno al 40%.

Terminado en desastre el sistema de capitalización del menemismo, el gobierno de Cambiemos desiste del sistema de reparto en el sentido que no comprende que es el Estado el que debe garantizar una jubilación o pensión digna, independientemente de cuanto hayan aportado, porque lo dice la Constitución Nacional, debe velarse por la vida y su dignidad por el solo hecho de habitar el suelo argentino,  aunque en la realidad se trate de trabajadores que fueron tales por más de 30 años, con aportes plenos o no, pero que trabajaron para poder vivir y que viva su familia, la mayoría de la veces percibiendo salarios de miseria, miseria que el gobierno de Cambiemos trata de perpetuar hasta el último día de su existencia.

Todos los jubilados y pensionados actuales y los que lo van a ser, son fruto del golpe cívico-militar de 1976 y de las pobres democracias que lo sucedieron, con plan austral, de convertibilidad y de emergencia económica, mientras se aceptaba y legitimaba la deuda contraída por los grandes empresarios que operan en el país, se aceptan sus precios y tarifas y se pagan tasas de interés astronómica por un crédito.

Lo cínico es que los hijos de esos empresarios, socios partícipes y principales beneficiados de la dictadura, pretenden seguir viviendo de rentas, de la bicicleta financiera con nuevas y mayores deudas externas, y seguir descargando sobre los trabajadores (en actividad o pasividad) los costos y las pérdidas.

En este país, tan siniestro como lo que hemos contado, aparece el gobierno encabezado en primer lugar por Néstor Kirchner, que por un lado impulsó el aumento de salarios por decreto, no decreto para anular leyes y derechos como hizo siempre la derecha en nuestro país, sino un decreto presidencial para recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores. Después armó las paritarias que no se tenían desde antes del golpe cívico-militar y se concedieron todas las libertades para que se ejerza la democracia sindical. Paralelamente generó jubilaciones y pensiones a quienes teniendo la edad (y los problemas físicos que se tienen a la edad) no tenían los aportes por la desocupación o por haber trabajado en negro en  todo el período referido. Finalmente terminó con el negocio de las AFJP, acto que le causó, le causa y le causará la persecución de la burguesía rentista a Amado Boudou, y la creación con los títulos y acciones que las AFJP tenían en su poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES (FGS). Todo ello con la construcción de un sistema de ajuste por salarios estables por convenio (RIPTE) o el ingreso del FGS el mayor de los dos, que garantizó la movilidad previsional y hasta su recomposición.

En un marco de crecimiento económico y creación de puestos de trabajo, el kirchnerismo defendió la producción nacional y fue capaz de generar nuevos mercados para nuestra producción basándose en los acuerdos del MERCOSUR, del UNASUR, de la CELAC, de convenios de inversión y comerciales con China y Rusia, de abrir nuevos mercados fuera de la subordinación al capital internacional, que permitieron tener record de exportaciones (medidas en dólares nunca se obtuvieron las cifras de ventas externas de ese período) y dentro de ella de productos industriales, poniéndose afuera del alcance de las garras del capital financiero internacional, que el macrismo considera que es la forma (lacaya) que tenemos de vincularnos al mundo.

La alianza Cambiemos recibió el 41% de los sufragios de los que votaron con un gobierno pro capital (que empodera a los empresarios como dice Gustavo Grobocopatel), sin un programa, sin proyectos claros, más allá de la mentira de la “lluvia de inversiones” y ahora del modelo Público Privado de  inversión pública y la sarta de promesas y buenas intenciones que dicen en los medios, pero sin fundamentos y sí siguiendo los pasos de los gobiernos militares, de Menem y de De la Rúa, que son los que acuerdan y se subordinan con el capital financiero internacional. Encima pide que le den tiempo, sí, tiempo para seguir fugando capitales y empobreciendo a la población.

La culpa del Kirchnerismo fue tratar de hacer un país independiente y pretender disciplinar a la clase empresaria, por ejemplo con los acuerdos con China, que los obligaba a tener que reinvertir al menos parte de su renta, sí aprovechando las ventajas naturales que el país tiene (la tierra más fértil del mundo agua, petróleo, litio, mano de obra capacitada y que se puede capacitar más), pero incorporando constantemente nuevas tecnologías y aumentando considerablemente la escala de producción, solos o asociados, para satisfacer la creciente demanda que dicho acuerdo estratégico e integral significaba.

Salvando el tiempo y la distancia, fue como los acuerdos que firmó con Rusia José Ber Gelbard en 1973 y 1974, incluso obligando a las empresas norteamericanas a venderles a los países socialistas, cumpliendo órdenes nacionales por estar radicadas en nuestro país. Bastó eso para que la conspiración tomara cuerpo, forma y dirección

Antes por golpe militar y ahora por la debilidad ideológica de gran parte de nuestra población, troncharon el camino recorrido. Debemos retomarlo más temprano que tarde por el pueblo argentino y todo lo que ello significa.

Buenos Aires, 26 de enero de 2018

*Economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía. Miembro de EPA (Economía Política para la Argentina).

9 Comments

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